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Para todos los públicos Para Todos La 2 - 09/11/19 - ver ahora
Transcripción completa

aquí en La 2.

La Tierra

y los números rojos que genera la contaminación,

los conceptos que no se entienden del islam;

o en materia de innovación ciudadana,

los derechos de los internautas a no sufrir sospechosos apagones

serán algunos de nuestros contenidos de hoy.

También hablaremos de la competitividad,

y si se está imponiendo en nuestra sociedad

en detrimento de otros conceptos como la empatía o la cooperación.

Ahora, como les decíamos,

nuestra vida en la Tierra va a empeorar, y mucho,

si no tomamos medidas radicales para frenar la crisis climática.

No lo dicen solamente ecologistas de todo el mundo,

sino científicos tan reconocidos

como del grupo intergubernamental

de expertos sobre el cambio climático

de la ONU.

El filósofo y ecologista Jorge Riechmann

responde con una propuesta concreta.

Autoconstrucción.

Paloma Vidal ha hablado con él.

"Vista así, parece infinita, pero sus recursos no lo son.

La Tierra se calienta y la vida en ella empeora.

'No tenemos un planeta B', gritan los jóvenes ecologistas.

'Necesitamos mantener los combustibles fósiles

en el suelo

y debemos centrarnos en la equidad',

afirma Greta Thunberg,

la cabeza visible de este nuevo movimiento juvenil.

Los veteranos ecologistas como Jorge Riechmann

llevan años alertando sobre la situación.

Están contentos

de que los jóvenes hayan levantado la voz."

Es muy positivo

que tengamos a escolares y universitarios

tratando de hacerse cargo de la realidad, que es durísima,

y de que el conjunto de la sociedad se haga cargo también.

A mí me sorprendía hace unos años que esto no hubiese ocurrido antes.

Todos estos problemas están sobradamente diagnosticados

desde hace bastante tiempo.

De hecho, desde los años 70 del siglo XX.

"Jorge Riechmann se licenció en Matemáticas y en Filosofía.

Enseña filosofía moral en la Autónoma de Madrid.

Doctor en Ciencias Políticas,

dedicó su tesis a los verdes alemanes.

Su último ensayo se llama 'Autoconstrucción',

y suya es la frase

'el síntoma se llama cambio climático,

pero la enfermedad se llama capitalismo'.

'Una rueda infernal de producción y consumo

que ha desbordado los límites del planeta',

añade."

Sabemos

que en sociedades sobredesarrolladas como la nuestra

tendríamos que estar reduciendo las emisiones

de gases de efecto invernadero

entre un 6 % y un 10 % anual en los años que siguen, ¿no?

Sabemos también que eso es imposible sin ponerlo todo patas arriba.

Sin una conmoción económica, política y cultural

completa.

Sin una revolución, en realidad.

Y eso lo dicen no los economistas marginales,

lo dice el IPCC.

Si vamos a los informes del IPBES,

que es el equivalente del IPCC

para biodiversidad y la trama de la vida,

encontramos lo mismo, ¿no?

Ellos hablan...

Como no usan la palabra "revolución",

dicen "transformación sistémica en todas las dimensiones".

Pero se trata de lo mismo.

Se acaba de publicar en castellano un libro importante

para darse cuenta de esto.

El de David Wallace-Wells, ¿no? Se llama "El planeta inhóspito".

Es un libro solo sobre calentamiento global

y sobre los escenarios

en los cuales, seguramente, vamos a encontrarnos

según distintas trayectorias

y a partir, insisto, de esa ciencia conservadora

que es la del IPCC.

El conocimiento científico validado,

si acaso con un sesgo optimista del que disponemos.

Lo que pinta es un mundo infernal.

Si vamos a un mundo

2 °C, 3 °C, 4 °C por encima de las temperaturas preindustriales,

serán infiernos mejores o peores.

Por ejemplo,

el desplome de las cosechas mundiales

a partir de dos o tres grados de incremento de las temperaturas

con los efectos de hambrunas masivas que eso puede tener

y desplazamientos masivos de gente

porque regiones enteras de las tierras emergidas

serán inhabitables antes de finales del siglo XXI.

Incluyendo, posiblemente, la península ibérica.

No sé si habéis visto el último de los informes regionales

que se referían al Mediterráneo.

Arrojaba

en las trayectorias en las que estamos

la desertificación de casi toda la península ibérica

antes de finales del siglo XXI.

Excepto la franja atlántica de Asturias, Galicia y eso;

el resto, desierto.

Nosotros pensamos en los problemas de acogida de inmigrantes

sin pensar

que muy posiblemente regiones como esta

tengan que ser también regiones de emigración masiva

en los decenios que vienen.

"Ecologistas jóvenes y mayores piden medidas drásticas

para frenar el cambio climático.

Para frenarlo,

y para no ahondar más en la brecha entre países ricos y pobres.

Cambiar el modelo de movilidad es una de ellas."

Si hablamos de verdad de una movilidad sustentable,

tenemos que estar hablando de renunciar al automóvil privado

y pensar en transporte colectivo, bicicleta y caminar

básicamente.

Eso sería sustentable

para la enorme población humana que somos actualmente.

Para un mundo

de 7700, 8000 o 9000 millones de seres humanos.

Si estamos hablando de una sociedad excluyente

en la cual una pequeña minoría siga teniendo sus autos eléctricos

mientras la inmensa mayoría de la humanidad

se ve relegada,

eso es otra cosa, ¿no?

La dinámica en la que estamos lleva hacia eso.

Aunque nos prometen otra cosa.

"Riechmann sostiene

que este es el siglo de la gran prueba.

Técnicamente, nos dice, sería factible

llevar a cabo los cambios profundos que se precisan.

Otra cosa es si hay alguien ahí para ponerle el cascabel al gato."

Yo creo que antes de hablar de pesimismo y optimismo

tenemos que intentar hacernos cargo de la realidad.

Eso es lo difícil, ¿no?

Hace un par de días, un climatólogo...

Valladares, me parece que se llama.

En "El País" había una entrevista de casi una página con él

y decía:

"Si se dice a la gente la verdad sobre el cambio climático

sin anestesia,

se produce una reacción de depresión y de rechazo grande, ¿no?".

Y eso es cierto,

porque la situación ha empeorado tremendamente

por nuestra inacción en el tiempo que tenemos detrás.

Hay que contar con eso, pero no podemos cerrar los ojos.

Una cosa es suministrar un poquito de anestesia

a la hora de decir la verdad,

y otra cosa es decir:

"No queremos enterarnos de la verdad.

Venga, más anestesia".

Eso es lo que no podemos permitirnos.

Islamista, musulmán, sharía, yihad son algunos términos

relacionados con la doctrina del islam,

y que escuchamos a menudo.

Sin embargo, nos preguntamos

si sabemos exactamente a qué nos referimos.

Dolors Bramon, nuestra siguiente invitada,

es doctora en Filología Semítica e Historia Medieval

y profesora emérita de Estudios Árabes e Islámicos

de la Universidad de Barcelona.

¿Qué tal? Bienvenida, Dolors. Muchas gracias, buenos días.

A ver si nos aclaramos.

Para empezar,

¿musulmán e isla se pueden usar indistintamente?

Prácticamente, sí.

Un musulmán es una persona que cree en Dios

de la manera que lo predica el islam.

Lo que no se puede confundir es musulmán

con árabe.

Pero musulmán e islam ambos son...

¿Y musulmán y árabe en qué se diferencian?

Un árabe es una...

El árabe es referencia geográfica y cultural,

pero no religiosa.

Hay árabes que son católicos, hay árabes que son ateos,

otros son judíos o lo que sea.

Musulmán alude únicamente a religión.

Árabe, a geografía y a cultura.

Y a lengua.

Los fieles al islam, los musulmanes...

Si me equivoco, corrígeme,

porque me considero analfabeta en este tema.

Pero los fieles al islam

profesan una religión basada en qué fuentes.

¿En qué fuentes doctrinales? ¿En el Corán?

En el Corán,

que es la fuente que nadie más tiene.

Vamos a hablar así.

Ellos creen que el Corán es un libro

cuyo contenido ha sido dictado por Dios.

Esto no lo puede decir ninguna otra religión.

Dictado, ¿eh?

Dictado.

¿Y de qué fuentes bebe este Corán?

¿Tiene distintas interpretaciones? ¿Infinitas interpretaciones?

Infinitas quizás no, pero muchas sí.

Algunas, muy buenas y correctas; y algunas incluso malévolas.

Además,

el Corán empezaron enseguida a interpretarlo

porque, aunque sea palabra de Dios,

no siempre parece que Dios estuviera por la labor.

Hay algunos pasajes que no quedan del todo claros

y hay que interpretar.

Y entonces ya entramos en la mentalidad del intérprete.

En la capacidad científica o lingüística

del intérprete.

Por eso, hay muchos islames variados.

Unos buenos, y otros no tanto.

Y unos muy peores, pero entonces ya no son islam.

Más términos.

La sharía.

¿Qué es en concreto la sharía?

Es un cajón de sastre, es la manera cómoda de decirlo,

donde los que tienen el poder, o bien religioso, o bien político,

de un territorio

dicen que es la ley del islam.

Pero la sharía es algo variable en todos los países.

En unos países, según la sharía, se lapida a una mujer adúltera.

El Corán no lo dice.

Por tanto,

quienes lapidan están en contra de la palabra de Dios.

Y así podríamos ir enumerando diversas cuestiones

en función de qué dicen los que mandan

y qué es sharía y qué no.

Lo cierto, a mi modo de ver,

es que si tienen un libro dictado por Dios,

le hagan caso.

Es lo mínimo que se puede hacer.

Pero a veces se prefiere la tradición del profeta

a lo que dictó la persona que dicen ellos que adoran,

que es infinitamente sabia, etcétera.

Hay contradicciones como ve.

La confusión llega también entre los no islámicos

a la hora de entender términos como el yihad

y no la yihad.

Sí.

Usted dice que no es 'guerra santa'.

No.

Evidentemente,

la expresión "guerra santa" es propia del catolicismo.

Se acuña y se propaga en ocasión de la primera cruzada.

Estamos en el siglo XI

cuando el papa Urbano II arenga las tropas

que van a reconquistar tierra santa

y les dice que están haciendo una guerra santa.

Guerras santas no las hay,

o no tendrían que ser consideradas santas ninguna.

Yihad es una palabra distinta que aparece en el Corán.

Por tanto, Dios la usa, según los musulmanes,

y se tiene entonces la ventaja de poder decir qué significa

si la usa Dios,

que es quien más sabio será en lengua árabe.

En realidad, es un 'esfuerzo'.

Por tanto,

sostengo que hay que pronunciarla como palabra masculina.

Si me permite, me extiendo aquí.

No se lo voy a poder permitir. Lástima.

La veo utilizar en femenino por culpa, y digo culpa,

de los miembros de la Real Academia Española

que en este caso ni lucieron ni pulieron ni dieron esplendor.

Iba a decir que es otra guerra santa,

pero vamos a centrarnos en lo que nos atañe.

Es el islam hoy.

No el islam del siglo VII o el islam del siglo XI.

El islam hoy.

Por lo que se refiere a la mujer.

Usted dice que hay muchos tópicos

y que se podría interpretar el islam

como una revolución de la mujer.

Sí. Cuénteme eso.

Si uno lee el Corán,

que es lo que debe hacer todo buen musulmán,

y lo intentar entender

y busca quien se lo interprete como Dios manda,

es un libro

que yo podría incluso calificar de feminista.

¿Por qué?

Porque se dicta en el siglo VII.

Hay algo que no funciona con el siglo XXI.

Pero se debe leer e interpretar con ojos del siglo XXI.

Entonces, es un libro progresista,

que da unos derechos a la mujer que jamás había o ha tenido.

Pero las lapidaciones por adulterio,

la ablación genital, la circuncisión...

Todo esto no se contempla en el Corán

en principio.

Y no forma parte.

Pero hay muchos países que lo aplican.

Pues entienden erróneamente la palabra de Dios.

Quizás en beneficio de una interpretación concreta

para ejercer un poder determinado.

Seguramente.

El de la mutilación está claro.

Ya lo dijo un clásico.

La mutilación... Él no dice mutilación.

La ablación de las niñas sirve para que no estén tan lubrificadas.

Por tanto,

"no habrá tanto adulterio como hay en los países europeos",

dice él.

Es un control del sexo de la mujer.

Clarísimo.

En beneficio del varón

que es quien quiere aprovecharse de este sexo.

Un tema de actualidad

que sigue en debate con muchas revoluciones

hechas y por hacer.

Dolors Bramon, gracias por al menos intentar aproximarnos.

Hemos hecho lo que hemos podido con el tiempo del que disponemos,

pero le agradecemos mucho que haya estado aquí

intentando contar qué es el islam hoy.

Muchas gracias.

Momento ahora para echar un vistazo

a la innovación ciudadana más solidaria

con Antonella Broglia.

En nuestra sección de innovación social

vamos a hablar de defender el derecho de internet

y de la importancia de los apagones de la red.

Antonella, cuéntanos.

-Y la gravedad de los apagones.

Internet significa información.

El ciudadano tiene derecho a la información.

Es su derecho.

Apagar internet por parte de los Gobiernos

es un acto muy grave en contra de ese derecho.

Y sucede.

Sucede mucho más a menudo y en muchísimos más lugares

de los que nosotros pensamos.

Sobre todo,

en tiempo de volatilidad social o política.

En elecciones, exámenes,

desastres naturales o ataques terroristas

los Gobiernos apagan internet durante horas o a lo mejor días.

Quitan al ciudadano ese derecho a la información

cuando más lo necesitan.

Imagínate nuestra vida sin internet.

Ahora es inimaginable.

Entonces, imagina qué es quitar eso.

Es como quitar el derecho a hablar.

-Cada vez el uso de internet es más común.

-Exactamente.

No solo eso, sino que hay efecto en la economía.

Los inversores internacionales no invierten en países

donde el acceso a internet no sea seguro, estable y de calidad.

-Llegará un momento

en que las compras se harán por internet.

-Por eso.

-Y los negocios. -Exactamente.

El Gobierno no puede apagarlo.

Imagínate en África.

La mayoría de los sistemas funcionan por GPS.

Quitas internet y las ambulancias no funcionan.

O también cosa que vemos frecuentemente.

En países durante periodos electorales

el Gobierno apaga internet

para ralentizar la campaña adversaria.

O en India,

donde el Gobierno ha apagado internet

durante estos grandes exámenes de ingreso a la universidad.

-Lo hacen habitualmente.

Apagan internet durante el periodo de exámenes.

-Es muy curioso. -Sí.

No quieren que la gente copie,

pero al mismo tiempo

has quitado a millones de personas el derecho a la información.

Lo que hace este emprendedor social de origen turco,

aunque trabaja en Inglaterra,

Alp Toker,

es crear una serie de instrumentos para medir,

ofrecer pruebas de que ese apagón ha sucedido,

y recolectar los datos y la información necesaria

para que en diferentes países

las organizaciones ciudadanas, periodistas y activistas

puedan reclamar sus derechos.

Muchísimas veces

los ciudadanos no saben que ese es su derecho

y que pueden llevar esos datos a los tribunales.

Es muy interesante

porque lleva dos años

y ha tenido influencia en muchos países.

El año pasado, en Chad, gracias a sus datos,

se ha ganado una causa contra el Gobierno

donde el tribunal sentenció

que el Gobierno apagó internet aposta

y que las elecciones eran corruptas.

-El caso de Chad es muy grave

porque han estado 16 meses sin internet.

-Imagina qué debe de haber sido para este país y estas personas.

Él es turco de origen.

Nace en Inglaterra.

Es un genio de la tecnología.

Desde muy pequeño trabaja

para estudiar inteligencia artificial

en relación con la lingüística,

y luego va a Turquía

para conocer de primera mano su país de origen

y en Ankara asiste a un atentado terrorista.

la gente está envuelta en el caos más absoluto.

Se buscan los cadáveres de los familiares,

e internet estaba apagado multiplicando el caos

y evitando a los ciudadanos comunicarse.

Ahí decide actuar.

Ha trabajado en Turquía e Inglaterra,

pero también para Venezuela, Chad, Pakistán,

India, Egipto y Ghana.

NetBlocks se llama su organización.

Alp Toker.

-Gracias, Antonella, por esta iniciativa.

-Gracias a vosotros.

Hoy se cumplen 30 años de la caída del muro de Berlín,

y durante toda la semana hemos podido ver imágenes

de la conmemoración de este acontecimiento histórico

que cambió el rumbo de Alemania y de Europa.

De todas ellas nos quedamos con esta instalación.

Es una inmensa red de 150 metros de largo

situada ante la famosa Puerta de Brandemburgo

que ha llevado a cabo

el artista visual estadounidense Patrick Shearn.

Está tejida con 100 000 serpentinas de colores.

Algunas de ellas llevan mensajes escritos

con los que los alemanes y los habitantes de Alemania

lanzan al viento sus deseos de amor y paz.

Desde la crisis migratoria de 2015,

otros muros no de cemento, pero sí de alambre y cuchillas,

ideológicos o incluso tecnológicos,

se han erigido en las fronteras

de distintos países de la Unión Europea

para frenar la llegada de refugiados.

Otra cuestión en la que nos hemos fijado.

La advertencia de Unicef

sobre el aumento de casos de sarampión

el año pasado en todo el mundo.

Lo recuerda con campañas como la que estamos viendo.

Primero ha aumentado en países

donde los brotes de este virus no se consideraban extinguidos

como Nigeria o la India,

pero también en otros

que sí se habían declarado libre de sarampión

como, por ejemplo, Estados Unidos.

Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia,

a principios de este año se registraron 110 000 casos

en todo el mundo.

Un dato que supone casi un 300 % más

que en el mismo periodo en 2018.

El sarampión es una enfermedad más contagiosa que el ébola,

la tuberculosis o la gripe.

Y, paradójicamente,

el precio de la vacuna se encuentra en su nivel más bajo

de todos los tiempos.

¿Quién lo hará mejor?

¿Cuál es la más preparada? ¿Con quién podré ganar más?

La competitividad parece dominar

la forma en que nos relacionamos con nosotros

hoy en día.

En eso se ha fijado Jorge de los Santos

para darnos su particular visión del mundo en que vivimos.

Jorge, bienvenido. Buenos días, Marta.

¿Nos planteas si realmente es visible

una sociedad basada en la competitividad?

Si es viable. Si es viable una sociedad...

Visible lo es desde luego. Sí, desde luego.

Desde luego.

Sí.

Planteábamos esto

en cuanto a entender el otro como un elemento

al que de alguna manera hay que sobrepasar.

De vencer.

Hay que acabar con él

olvidando cuestiones

como que, por ejemplo, solo soy capaz...

Lo colectivo es capaz de hacer cosas que tú sola no puedes hacer.

Este programa es un ejemplo en lo colectivo.

Y, sobre todo...

Lo simbólico en la competencia está muy bien.

Es decir, en el deporte y en la guerra.

En la guerra y en el deporte lo simbólico está bien.

Lo competitivo está bien,

pero como núcleo de vinculación relacional

entre los seres humanos

es un auténtico desastre, ¿no?

Hay cosas que hoy querríamos denunciar aquí.

Denunciar, por ejemplo, lo que nos dicen.

La perversión de basar un sistema educativo

y la mayoría de sistemas y métodos electivos y de selección

en esa meritocracia que llamamos

en una competitividad absoluta

queriendo encumbrar la excelencia

en realidad lo que produce, lo que se encumbra,

es la mediocridad, es la maldad y es la sumisión.

Decimos estas tres cuestiones.

La mediocridad ya la abordamos en su momento.

El asumir un patrón, unos procedimientos,

de manera estándar

que son muy útiles y muy necesarios para pilotar un Airbus A-380

o para una operación a corazón abierto.

Ahí no puedes improvisar. No puedes tener ninguna genialidad.

La maldad

porque si la competitividad es la base

de la relación entre todos nosotros,

lo que vas a encumbrar son perfiles psicopáticos

y narcisistas

que son los ideales para arrasar al otro

sin ningún tipo de planteamiento ético

ni de procedimiento.

Y decimos también, y lo decimos con todas las letras,

la sumisión,

porque no hay que tener...

No hay que olvidar que detrás de un gran competidor,

de alguien

que ha tenido que someterse muchas veces

a pruebas, a ese marco de la meritocracia,

hay alguien extraordinariamente sumiso.

Alguien que acepta sin ningún tipo...

Independientemente de que tenga mucho talento

y mucha voluntad en lo suyo,

acepta sin ningún tipo de crítica lo que le dan.

Lo que le dicen que tiene que asumir para ser recompensado con el éxito.

Esas tres cuestiones, un sistema basado en la competición,

son las que proponen.

Pero tenemos que hacer frente a eso

en algún momento u otro de nuestra vida,

ya sea en el trabajo, ya sea en otros escenarios.

Tú tienes que ser competitivo en algo

porque eso no te puede...

Si te mueve la bondad... Sí, sí.

Si te mueven otros valores o la empatía,

quizás no te lleve a un lugar en el que puedas recibir

o en el que puedas ganarte la vida.

Sin embargo, Marta...

Todos hemos tenido que competir,

y he tenido que competir

desplazando a otros en esa jerarquía, meritocracia,

que estábamos denunciando.

Sin embargo, eso no es lo fundamental de ti.

Lo fundamental de ti, de Marta Cáceres,

no es que hayas ganado unas oposiciones

para estar en Televisión Española.

Es otra cosa.

Esa otra cosa es cómo te relacionas con los demás.

Cómo sabes que es algo trascendental que tú por ti misma no eres nada.

De eso hemos hablado muchas veces.

Cómo un ser humano

no alcanza esa condición de ser humano

si no es reconocido por el otro.

Pero no alcanza ni siquiera su yo.

Su identidad. Su propia identidad, ¿no?

Es decir, pero hay muchísimas soflamas

hoy en día.

Ahora veremos las causas por las que nos parece que eso pasa.

Muchas soflamas tienden hoy a producir eso.

Hazte competitivo y tal.

Yo recuerdo una muy ingeniosa y muy aplaudida

que es dice que es un refrán...

Un aforismo africano.

Aquello de decir

"para huir del león

no tienes que correr más que el león.

Tienes que correr más que la otra cebra".

Se dice que ese es el planteamiento.

"Tienes que competir. Tienes que vencer a los tuyos.

Del león no te preocupes".

¿Ahí que subyace?

Ahí subyace un fondo ético absurdo y ridículo

y falso sobre todo.

Falso en el sentido

de que sí que tendrás que acabar corriendo más que el león.

Cuando ya no quede ninguna cebra,

ahí tendrás que correr más que el león.

Hay otro concepto, que es el opuesto a la competencia.

Es la incompetencia.

El hecho de que seas competente o que seas competitivo

tampoco te asegura que por encima de ti,

iba a decir "tengas otras cebras",

no tengas otra especie u otro ser humano

que quizás no se merezca eso.

Sí, sí, eso evidentemente.

Está enmarcado todo dentro del mismo ámbito

que tiende a seleccionar

a través de esa competitividad desaforada

quién vale y quién no vale.

A largo plazo quizás. Sí, sí, a largo plazo.

Pero, vamos, también a corto plazo.

Eso, yo creo,

que en nuestra sociedad hoy está tan enmarcado

por un proceso que ya hemos enunciado alguna vez

que es la empresarialización de nuestra existencia.

O sea, el entender, el construirnos, el contemplarnos a nosotros mismos,

y el gestionar nuestras relaciones como si fuéramos empresas.

¿Eso qué supone?

La empresa básicamente genera un individuo.

El considerarte una empresa genera un individuo.

Llamado el "Homo economicus", el buscador de ventajas,

el analista del cálculo.

El que siempre tiene los propósitos,

pero nunca reflexiona sobre los fines

porque la empresa...

Y el comercio como actividad de relación.

La relación entre empresas no es la relación entre dos humanos

evidentemente.

La empresa se maneja en dos apartados fundamentales.

Es el beneficio y el producto.

Para los humanos es una catástrofe.

Para relacionarnos como humanos

beneficio y producto es una catástrofe.

Una empresa se preocupa siempre

de eso que Aristóteles llamaba la causa eficiente.

Una empresa fabrica móviles

y fabrica móviles para ganar dinero

y para no caerse del mercado de los móviles

y le da cada vez más chorradas y más...

Añade más prestaciones y tal, ¿no?

Pero no sabe nada de la causa final.

No se preocupa en absoluto por la causa final,

que es la comunicación entre los seres humanos.

¿De qué puñetas nos sirve comunicarnos,

tener móviles,

si no sabemos comunicarnos?

Eso nos lleva a la conclusión

de olvidar esa causa final por la causa efectiva

de la pérdida del sentido del progreso.

O sea, de mucho movimiento, pero dentro de un estatismo.

Eso lo que los hermanos Marx decían en aquella frase célebre,

en aquel diálogo célebre,

cuando decían: "Vamos, vayamos más deprisa".

Dice:

"¿Para qué? No vamos a ninguna parte".

"Pues corramos y acabemos de una vez con esto".

Ese es nuestro...

Te tomamos la palabra, Jorge.

Nos vamos.

Y acabamos de una vez con esto. Y acabamos.

Nos vemos en siete días.

Más actualidad social el próximo sábado

un poquito antes de las 11:00.

Adiós.

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Para Todos La 2 - 09/11/19

09 nov 2019

Medio ambiente. "El síntoma se llama cambio climático pero la enfermedad se llama capitalismo". Esta frase es del filósofo y ecologista Jorge Riechmann que acaba de publicar "Autoconstrucción". Reportaje sobre la crisis climática en conversación con Jorge Riechmann.

Mundo global. Entrevista a Dolors Bramon, doctora en filología semítica e historia medieval y profesora emérita de estudios árabes e islámicos. El islam hoy.

Emprendedores sociales. Antonella Broglia nos presenta el trabajo de Alp Toker quien con Netblocks ayuda a ciudadanos y grupos de activistas a detectar apagones de internet provocados por gobiernos para silenciar e incomunicar. Pone a Turquía y Chad de ejemplo.

En qué mundo vivimos. Jorge de los Santos analiza la competitividad que parece dominar la forma como nos relacionamos con los otros. ¿Vivimos en una sociedad exageradamente competitiva?

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