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Para todos los públicos Página Dos - Andrea Camilleri - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Música)

"Professore", nos hacía mucha ilusión

inaugurar esta nueva temporada de "Página dos" con usted.

Además acaba de aparecer una nueva entrega

de su famosa serie protagonizada por Salvo Montalbano.

Pero lo primero.

A sus 92 años, ¿cómo se encuentra de salud? ¿Qué tal está?

Tengo que decir que me encuentro bien.

Porque en unos meses cumpliré 92 años.

Y mi doctor me ha dicho que no sufro de otra cosa

que del desgaste debido a la edad.

Soy como un coche viejo,

cuyo motor aún funciona,

a pesar de que lleve tanto tiempo funcionando.

Se dice en la contraportada de un "Nido de víboras",

que es la 25 entrega de la serie.

Es decir que tenemos un aniversario redondo.

La serie se empezó a publicar en 1994.

¿Usted pensaba entonces que alcanzaría este éxito,

no solo en Italia, sino en todo el mundo?

Yo empecé a escribir las novelas de Montalbano por una necesidad.

Me pregunté:

"¿Eres capaz de escribir una novela con todas las reglas?".

Y la mejor jaula en la que debes meterte

para escribir una novela así es la novela policiaca.

Y así escribí la primera novela policiaca, "La forma del agua".

Pero al acabar esta novela,

me di cuenta de que no había conseguido

diseñar completamente la figura del protagonista.

Y entonces decidí escribir una segunda, "El perro de terracota",

para definir el diseño del personaje.

Tras mandarlo a Elvira Sellerio,

ella lo publicó

y para mí la experiencia Montalbano

ya estaba totalmente cerrada.

Pasados seis o siete meses

recibí una llamada de Elvira Sellerio que me dijo:

"¿Cuándo me das otro Montalbano?".

"¿Por qué? No habrá más, Elvira. Se han acabado".

"Eso lo dices tú", me dijo.

"Cuando te mande el balance de las ventas,

te darás cuenta de que Montalbano lo tienes que continuar".

Si nos centramos en "Un nido de víboras",

tenemos aquí a un asesinado, es Barletta,

que es un perito comercial,

un tipo corrupto que seduce a chicas jóvenes para luego chantajearlas,

es un usurero...

Yo tenía la sensación leyendo su novela

que me recordaba algo a las novelas de Agatha Christie,

donde había muchos sospechosos.

Y en esta novela también hay muchos sospechosos.

Claro, una persona así tiene un montón de enemigos.

Me he divertido mucho escribiendo esto.

Que Montalbano consiga entender en cierto modo

que su campo de búsqueda no es tan grande como tendría que ser

dada la personalidad del asesinado,

sino que se reduce mucho.

Y en efecto, después,

la investigación se cierra casi en el ámbito familiar.

Conocemos a Montalbano en 1994 con "La forma del agua".

Tenía, creo, 43 años.

Y ahora en esta nueva novela tiene 58.

Ha pasado el tiempo, le vemos mucho más cansado.

¿Ese cansancio, esa evolución del personaje,

ha provocado que Montalbano

ahora lo que busque sea su propia verdad,

pero a su vez esté un poco más alejado de la ley?

Con el tiempo, Montalbano

se ha convertido en un investigador que busca una verdad

que le sirva a él mismo como verdad

que no una verdad que le sirva a la justicia.

Entonces se convierte

casi en la búsqueda de una verdad personal

si luego la justicia, el proceso,

los tres grados de la jurisdicción italiana

declaran inocente a la persona que él ha indicado como culpable

esto a él ya no le importa nada.

-"Yo soy simplemente un observador de la realidad nuestra,

una realidad para la cual tengo una sensibilidad especial,

por eso me cuesta mucho trabajo salirme de mi mundo,

porque tengo una sensibilidad especial para este mundo en que nací.

Y es con esa sensibilidad con la que yo trabajo".

"Cien años de soledad" cumple 50 años.

Y el origen de esta mítica novela sigue siendo un misterio.

Su autor, Gabriel García Márquez,

aseguraba en "El olor de la guayaba",

libro de conversaciones con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza

que el inicio de la novela se le ocurrió de repente,

mientras conducía en dirección a Acapulco.

Y no tuvo más remedio que dar media vuelta

y ponerse a escribir.

Años más tarde Gabo confesaría

que en realidad siguió con su viaje familiar.

Y que al volver escribió de un tirón la primera frase de la novela.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento,

el coronel Aureliano Buendía

había de recordar aquella tarde remota

en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

Lo que sí parece cierto es que después de estar 18 meses

encerrado en la "Cueva de la mafia",

nombre con el que bautizó su despacho en Ciudad de México,

el autor y su familia pasaban por severos problemas económicos.

Cuenta la leyenda que solo pudo mandar

a la editorial Sudamericana de Buenos Aires

la mitad del voluminoso manuscrito

compuesto por más de 500 páginas.

Y que tuvo que empeñar los pocos electrodomésticos que le quedaban

para enviar el resto.

La publicación de "Cien años de soledad"

fue un éxito instantáneo.

Los 8000 ejemplares de su primera edición,

una cifra enorme para la época, se agotaron en tres semanas.

A partir de entonces la vida de Gabo nunca volvió a ser igual.

"Cien años de soledad" se ha convertido

en una de las novelas más vendidas, influyentes y leídas

de la historia de la literatura.

Gabriel García Márquez mezcló con maestría lo real y lo mágico

para construir Macondo, un lugar ficticio

que ya había utilizado antes en relatos

y en su primera novela,

pero que en "Cien años de soledad"

adquiere la condición de escenario imaginado más universal.

no solo es la transposición poética de Aracataca,

el lugar de nacimiento de Gabo,

sino también la metáfora de la evolución histórica

de Latinoamérica y su literatura.

Una historia trágica que su autor conocía de primera mano

y que mostró al final de la novela.

Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad

no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

"La palabra no sabe antes que yo comprenda.

Ni veo yo nada antes que ella me encuentre.

como el establecido entre cuerpo y aliento,

entre camino y paso,

entre todo y parte me desplazo

por el cable de acero y su alma,

la del cable, sostiene la mía.

Visto y no visto, es muy veloz el viaje.

Cojo un lápiz

y una escuadra y hasta un cartabón,

el que me preceden no sirve para orientarme.

Levanto la vista por encima de los ojos, me giro deprisa

para que nadie pueda adivinar, me descubro,

y después digo: "Sigo".

Un pie calzado y el otro no.

No miro hacia atrás

Solo a un punto muy cercano,

tan cercano que parece este mismo.

Y este.

Y este.

Como si no me moviera, avanzo.

De esa forma, la forma de estar aquí

y de estar ahora que estoy aquí con las palabras puestas como camisas

y como sombreros.

Como guantes en una mano

y en la otra no, en la otra hojas y tinteros.

He vuelto para decir que sé lo que no tengo que saber.

(Música)

(Ópera)

Tanto en esta entrega, "Un nido de víboras",

como en toda la serie,

el humor está muy presente.

¿Eso forma parte del carácter siciliano,

que también está tan presente en esta serie?

Hay una buena dosis de humor.

Pero esto le sirve a Montalbano,

como me sirve a mí, su autor,

para tomar una cierta distancia

entre la realidad y sí mismo.

El humor es como un fino velo.

Que se extiende entre la realidad y yo.

La realidad tomada con un poco de humor,

un poco de ironía,

creo que ayuda mucho a soportar la crueldad

y la pesadez de esta misma realidad.

En todos los libros en general,

pero en las novelas de género, en particular,

los personajes secundarios son muy importantes.

Aquí tenemos a los ayudantes de Montalbano,

está Fazio, Catarella, está Mimí.

Y desde luego está Livia, su amante,

la mujer de la que él está absolutamente enamorado.

Muchos lectores a lo largo de la serie esperaron

que acabaran viviendo juntos.

Pero usted sigue teniéndolos separados. ¿Por qué?

Creo que tanto para Montalbano como para Livia

hay un temor no confesado.

Teniendo ambos dos caracteres

sustancialmente angulosos, como decimos nosotros,

y sustancialmente inclinados

a un estar bien solos,

creo que los dos temen que la convivencia cotidiana

pueda llevar a una fractura real entre ellos.

Yo personalmente he hecho una excepción,

ya que hace 60 años que convivo con la misma mujer,

que es mi esposa.

Montalbano destaca por la fuerza de sus interrogatorios

y usted destaca por la fuerza de sus diálogos.

¿Es ese un matrimonio perfecto?

Esto se lo debo a mi larguísima experiencia teatral.

El diálogo en el teatro lo es todo.

Y esta relación entre las preguntas de Montalbano

y las que puedo dar yo, es absolutamente positiva.

Y debo decir que es calculada, muy calculada.

Si pudiéramos subdividir el tiempo

que dedico para escribir los diálogos,

es siempre mayor al que dedico para el resto de la novela.

Pero ¿está orgulloso de su carrera literaria?

Claro.

No puedo no estar contento.

¿Por qué no debería estarlo?

He tenido un éxito casi mundial.

Claro que estoy contento.

Pero, mira.

Yo soy también una persona que es consciente de sus límites.

Quiero decir.

A medida que pasan los años y voy escribiendo,

me doy cuenta de la abismal distancia

que existe entre yo y otros escritores del pasado.

Y me entran casi ganas de reír.

Porque yo no he sido capaz nunca

de reproducir la subida de escaleras del asesino

en "Crimen y castigo" de Dostoievski.

Y no seré capaz nunca.

La industria editorial ama las redes sociales.

Será por la promoción instantánea y barata de sus novedades,

la conexión con potenciales lectores o el autobombo.

Pero lo cierto es que las ama.

Y los escritores tradicionalmente situados en una posición incómoda

entre lo público y lo privado,

parecen encantados con esta nueva vida virtual.

Sin duda, la más literaria de todas ellas es Twitter.

Por eso muchos la utilizan a diario

para expresar las más variopintas opiniones.

La de Stephen King es una de esas cuentas que no defraudan.

El famoso autor es capaz de escribir tuits sarcásticos sobre Trump,

colgar fotos de su perra Molly,

responder a sus lectores,

opinar sobre sus libros favoritos

y dar consejos a escritores noveles en un mismo día.

Otros como Margaret Atwood

son más de colgar opiniones ajenas en su "timeline"

que de generar contenido propio.

En los últimos meses abundan artículos,

comentarios halagadores

y fotos sobre la reciente adaptación televisiva de su novela

"El cuento de la criada".

Mantener una conexión directa con los lectores

es un sueño para muchos escritores

y para eso las redes sociales son la panacea.

La mayoría de superventas tienen una página oficial en Facebook,

aunque casi ninguno se encarga de su mantenimiento.

Carlos Ruiz Zafón, con más de 200 000 seguidores,

la utiliza solo para colgar noticias, entrevistas

o para alentar a sus seguidores

a mantener debates sobre sus personajes favoritos.

Incluso para colgar vídeos promocionales,

como este de la presentación de su última novela.

Otras, como la de María Dueñas, con más de 30 000 seguidores,

intentan ser más cercanas,

mostrando fotos de la autora en situaciones cotidianas

y utilizando la primera persona en los textos.

Pero también hay quien usa la redes con intenciones artísticas.

David Mitchell ha escrito cuentos

y escritores muy posmodernos como Tao Lin

han publicado libros con sus tuits.

Y ya puestos, incluso se ha dado el caso inverso.

Un libro que reduce a 140 caracteres

algunos clásicos de la literatura como "Hamlet" o "El gran Gatsby".

(Música)

Desde que Camilleri triunfó con su serie Montalbano,

la novela negra italiana se ha puesto de moda

Escritores como Manzini, Lucarelli o Donato Carrisi

han conseguido miles y miles de lectores.

En esa lista también podríamos poner nuestra primera recomendación de hoy

de Sandrone Dazieri.

Acaba de publicar "El ángel",

donde sus dos famosos investigadores se enfrentan a algo terrible

y es que ha llegado a Roma un tren de alta velocidad

con todos los pasajeros muertos.

Todo el mundo piensa que es cosa del terrorismo islámico, pero...

Pero mejor lo dejo ahí.

Hay muchas cosas que unen a Carvalho y Montalbano.

De la misma manera que hay muchas otras

que asocian a Camilleri y Vázquez Montalbán.

Una de ellas es, como no, la gastronomía.

Por eso me apetece mucho recomendaros

el libro de Yanet Acosta "Matar al padre",

porque ella es una gran especialista en unir crimen y gastronomía.

Y aquí vemos en el principio

cómo desaparece un prestigioso chef peruano

siendo testigo de lo ocurrido

la prestigiosa periodista gastronómica Lucy Belda.

¿No se os ha abierto el apetito literario?

Como homenaje a Andrea Camilleri,

hoy todas nuestras recomendaciones pertenecen al género policiaco.

Un género que vive un momento tan dulce,

que por ejemplo ha permitido

que se reedite la obra completa de Patricia Highsmith en Anagrama

o que nos lleguen talentos de todo el mundo

como el japonés Seicho Matsumoto

a quien muchos han comparado siempre con Simenon.

Ahora podéis leer "La chica de Kyushu",

una historia donde este autor despliega todo su arte

al servicio del crimen.

Yo la verdad, de vosotros, no me la perdería.

(Música)

Hoy os voy a recomendar un libro que se llama

"Todo lo que una maestra nunca diría".

-Os voy a hablar de este libro, "Luces nocturnas", de Lorena Álvarez.

-El libro va de una maestra que dice lo contrario

de lo que tienen que hacer.

Que si no tienen papel pueden dibujar directamente en las mesas.

Y la de las mates me hizo gracia

porque es "hoy no damos mates, son superdifíciles".

Y no dan mates.

-Este libro va de una niña

que por la noche unas lucecitas

le entraban en su cuarto.

Entonces las atrapaba

y comenzaban a salir seres mágicos.

Y soñaba con ellos.

Y luego los dibuja para que ellos se queden con ella.

Para cantar.

-Este dibujo me gusta

porque no se dan cuenta de que todavía quedan tres cristales

y la portera sigue así.

Tiene muchos colores, muchas plantas, muchos animales.

Esto va cada vez más emocionante.

-Yo recomiendo este libro a un amigo mío que se llama Nuc.

Porque le gustan las tonterías y este libro es de muchas tonterías.

-Este libro lo recomiendo muchísimo, pero que muchísimo, a mi mejor amiga

y a todo el colegio.

(Música)

Usted lleva, creo, 70 años viviendo en Roma.

¿Sigue siendo un siciliano adoptado por Roma

o ya es un auténtico romano?

Yo soy un siciliano que vive en Roma.

En Roma me he encontrado muy bien

desde que puse el pie por primera vez.

Pero yo soy siciliano.

Bueno, soy.

Vosotros no os dais cuenta,

pero tengo un cordón umbilical larguísimo que llega hasta Sicilia.

Pero es Sicilia mi inspiración, mi descubrimiento y realidad.

Por lo que he podido leer,

después de "Un nido de víboras",

se publicará una novela más que se titula "Ricardino".

¿Será la última de la serie?

¿O hay la posibilidad de que surjan nuevos títulos en el futuro?

No, porque después de "Un nido de víboras",

se han publicado en Italia otros tres o cuatro volúmenes

que aún tienen que salir en España.

"La giostra degli scambi",

"L'altro capo del filo",

"La rete di protezione".

Son novelas ya escritas que tiene el editor.

"Ricardino" saldrá cuando me muera

o cuando no esté en condiciones de escribir.

Aunque usted llegó tarde a la literatura,

porque antes se había dedicado

sobre todo al teatro y a la televisión,

ya tiene una vasta obra literaria.

¿Piensa usted en la posteridad?

La posteridad no me interesa. A mí no me interesa.

A mí me interesa el presente.

Mientras dure este éxito, está bien.

Si después continuará o no,

es un problema que no me incumbe.

Nada de lo que pase

o pueda venir tras mi muerte,

puede mínimamente interesarme.

(Música)

Abrir esta nueva temporada con Andrea Camilleri

y cerrar este programa con Salvo Montalbano es un placer

que solo te ofrecen los libros,

esos libros que imagino que estaréis de acuerdo conmigo

cuando llega la noche,

adquieren un protagonismo y una dimensión especial.

Las historias se viven de otra manera.

"No, Montalbano.

Resiste con todas tus fuerzas.

Cierra el paso al horrible pensamiento

que trata de dinamitar tu cerebro,

las barreras que le pones por delante.

No le dejes ni una grieta, ni una rendija,

ni una mínima fisura,

porque entonces te despeñarás por un precipicio infernal".

"En ese momento oyó muy cerca el canto de un pájaro.

Un pájaro que entonaba variaciones fantasiosas

en torno al tema de 'Il cielo in una stanza'.

Se detuvo en seco. Qué cosa tan extraña.

Aquel canto lo había oído antes.

¿Era el del sueño del bosque?

¡Pero si estaba despierto!

No, no podía ser.

Y de pronto comprendió que era Mario, el vagabundo, quien silbaba".

(Música)

(Música créditos)

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Página Dos - Andrea Camilleri

12 sep 2017

Página Dos estrena nueva temporada, la undécima, y lo hace a lo grande: entrevistando a Andrea Camilleri en su casa de Roma. Celebramos los 50 años de "Cien años de soledad". E inauguramos dos nuevas secciones: La Red social y el Poema, en este programa recita Flavia Company.

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