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Para todos los públicos Página Dos - Almudena Grandes - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

La portada es fantástica.

Está muy bien, porque es una foto muy difícil de interpretar,

muy inquietante, ¿no?

Está muy bien esta portada. Muy bonita.

Y el título, "Los besos en el pan",

en unos segundos, Almudena nos explicará qué significa.

(Música)

Ayer se fue,

cogió sus cosas y se puso a navegar.

Una camisa, un pantalón vaquero...

Almudena, ¿no te parece que la crisis económica

ha generado un montón de literatura y tu última novela es un ejemplo?

Ha generado mucha literatura y generará mucho más,

porque esta crisis, que creo que no ha sido una crisis,

que ha sido una guerra más que hemos perdido,

una guerra del poder económico

contra la soberanía de las democracias,

ha cambiado tan profundamente la forma de vida

en este país y en otros de nuestro entorno,

que, con el tiempo, una gran cantidad de libros

tendrán que explicar lo que está pasando.

Casi podemos decir que es una novela sobre una posguerra económica.

Por eso lo he escrito.

Este libro arranca de la publicación de "Manolita",

de toda la gente que me decía que lo que cuenta el libro,

una novela que contaba los años del hambre,

y me decía la gente: "Desahucios, paro...

No es tan distinto de lo que estamos viendo ahora".

Esto fue una apuesta personal.

En ese momento, no es que me sintiera injusta ni mal por mirar al pasado

y no al presente, pero pensé:

"Yo que me he preocupado tanto por intentar comprender lo que pasó,

puedo hacer un esfuerzo por comprender lo que pasa,

a ver si soy capaz".

¿Es una novela social, política?

Es una novela social más que política,

porque esta novela cuenta la vida de un barrio durante un año

en una situación de crisis económica, la que estamos viviendo ahora mismo.

Es un barrio de clase media

en el que vive gente más rica y más pobre

y en la novela se ve cómo todos pierden,

cómo todos se han empobrecido

y todos sienten que su forma de vida está amenazada.

Es una novela de víctimas, pero también de resistentes.

Podría haber sido un libro de relatos

protagonizados por personas que sufren la crisis

y reaccionan ante ella,

pero apuestas por escribir una novela coral

donde muchos de estos personajes se encuentran y se relacionan.

¿Lo tenías claro desde el principio?

Me parecía que el protagonista del libro tenía que ser el barrio,

el protagonista del libro es el barrio, todos los vecinos,

y eso encajaba mejor, me parece a mí,

soy más novelista que cuentista, para que nos vamos a engañar,

me parecía que encajaba mejor

en una novela que en un libro de relatos

y pensé: "Voy a intentarlo",

ha sido todo un "Voy a intentarlo" que ha llegado hasta aquí.

Encontramos a muchos personajes,

como el propietario de un bar que ayuda en lo que haga falta...

Como este. Como este.

Encontramos a la propietaria de una peluquería, que lo mismo,

hay un aparejador que se arruina

y se reinventa como portero de un parking.

En general, y lo comentabas al principio,

son personajes, todos ellos, resistentes,

pero también solidarios.

Sí, claro.

Es una novela sobre las víctimas de una guerra

y sus enemigos no viven en el barrio.

Los malos en esta novela están muy lejos y, además,

son malos que no tienen cara,

no tienen cara, no tienen nombre, no sabemos quiénes son.

Estamos luchando a ciegas

en una situación provocada por gente a la que no conocemos.

En este elenco de víctimas,

hay algunos más simpáticos, otros más antipáticos,

pero hay algunos que son pequeños héroes.

Has citado al aparejador que trabaja de portero,

uno de mis personajes favoritos, creo que es un héroe contemporáneo.

Cuando me pidieron una frase para la faja,

dije una frase que dice él en el libro:

"Hay que ser muy valiente para pedir ayuda,

pero todavía hay que ser más valiente para aceptarla",

ese es el emblema de este personaje.

(Música)

"Vine a Madrid a matar a un hombre a quien no había visto nunca".

Con esta contundente frase, Antonio Muñoz Molina

da el pistoletazo de salida de "Beltenebros".

Aunque la novela es de 1989, no hace mucho que la leí

y llego a Madrid para seguir los pasos de su protagonista.

(Música)

"Por los andenes y vestíbulos de la estación

cundía un desorden desesperado e inmundo,

una angustia de trenes perdidos o interminablemente retrasados".

Darman es un excombatiente republicano,

miembro del Partido Comunista y exmiembro del SIM.

Aunque vive retirado en Brighton,

sigue recibiendo órdenes del partido.

Su última misión,

matar a un posible traidor llamado Andrade.

La misma misión que tuvo que cumplir 20 años antes,

durante la Guerra Civil.

Entonces, su objetivo era Walter

que, como tapadera, regentaba un cine como el Doré,

que me encuentro al girar una esquina

en la calle Santa Isabel.

Entre butacas viejas y películas en blanco y negro,

Darman también conoce a la escritora pareja de Walter, Rebeca Osorio,

una mujer que nunca olvidará.

"Cada vez que volvía a Madrid,

era como si perdiese la piel de la indiferencia y olvido

que el tiempo había agregado a la memoria".

-Para Muñoz Molina las ciudades son muy importantes.

Ciudades por las que se entra siempre por una estación,

una estación llena de humo de tabaco, de taxistas somnolientos,

de bares de calamares.

El Madrid de Muñoz Molina

me parece que es una ciudad de paso,

una ciudad un poco extraña, a la que se tiene ganas de llegar,

pero que cuando estás, no te sientes protegido, reconocido.

(Música)

En una cosa me identifiqué con Darman,

y es que las ciudades

lo transfiguran como un amor reciente.

En Madrid, vuelve a los espacios que le enfrentan a su pasado

y a un recuerdo que lleva años rehuyendo,

la Cibeles...

"El edificio de Correos,

los rumorosos árboles del Paseo del Prado

y las verjas del Botánico".

Darman seguirá la pista y no solo se topará

con los escondites y rastros del posible traidor,

sino también con una nueva Rebeca Osorio,

una copia de la que conoció, pero aún joven.

Una cantante de un club nocturno

en el que los hombres pagan dinero a cambio de sueños.

Finalmente, Darman encontrará a Andrade

y, tras una persecución por la calle Atocha,

se topará con el final de su misión.

(Disparos)

(Música)

El amor reencontrado, la culpa revivida

y el descubrimiento de una tradición le revelan a Darman

el verdadero Beltenebros, rey de las tinieblas.

"Porque cada minuto que permaneciera en Madrid

estaría atrapándome como una de esas ciénagas

que se abren en el tiempo, sin permitir retroceso ni avance".

(Música)

Menciono tres libros esenciales:

"Don Casmurro" de Machado de Assis,

"Pedro Páramo" de Juan Rulfo

e inseparables, "Ilíada" y "Odisea", de Homero.

"Don Casmurro", del brasileño Machado de Assis,

un hombre del siglo XIX, es una novela extraordinaria,

de gran modernidad porque explota de una manera excelente

la cuestión de la ambigüedad.

"Pedro Páramo, de Juan Rulfo, mexicano,

es una pequeña novela espléndida, extraordinaria.

Es la historia de la música del padre.

Es un cuento necesario que regenera el espíritu y el futuro,

pero en "Pedro Páramo" no hay futuro

y el infierno no resulta de una mala conciencia.

Son inseparables, a mi juicio, "Ilíada" y "Odisea".

Uno se podría decir que es la primera parte bélica,

de una cierta juventud, de una actitud desabrida, crueldad,

momentos de gran piedad cuando Aquiles, por ejemplo,

devuelve a Príamo, arrodillado, los despojos de su hijo,

es un momento de la más alta dominancia de la civilización.

El papel del hogar en "La Odisea"

es su sitio, la geografía central,

para la cual Ulises se encamina, pero no llega.

(Música)

Yo no entiendo cómo sigue aún esta relación

que no debió comenzar jamás entre los dos.

En tu novela creo que hay dos claros homenajes,

uno de ellos, a los movimientos vecinales solidarios

que aquí queda patente en la manifestación

para evitar el cierre de un centro de salud

o en esa campaña que se realiza en el colegio

para alimentar a los niños desnutridos.

Está muy presente en el libro. Claro.

Es un homenaje a esa parte de la sociedad civil

que se ha movilizado

y que, creo, va muy por delante

de los partidos políticos en este país.

Lo verdaderamente interesante e importante

que ha pasado en España en los últimos tiempos

tiene que ver con estos impulsos individuales de gente que lucha.

Elegí el centro de salud

porque la movilización en la Comunidad de Madrid

contra la privatización de la Sanidad publica

fue muy fuerte y, además, venció,

porque hemos perdido la guerra, pero se han ganado algunas batallas.

Me parecía que, si tenía que reflejar

la resistencia contra la crisis, era de esa manera.

Hay un segundo homenaje, a la figura de los abuelos,

a esos protagonistas, precisamente, de tu serie,

"Episodios de una guerra interminable".

Por eso el libro se llama "Los besos en el pan".

Eso alude a aquella vieja costumbre, que los españoles

de la generación de mis hijos no tienen ni idea de lo que es,

de que, cuando éramos pequeños,

nos obligaban a besar el pan cuando se caía en el suelo.

Este libro es una reivindicación de la cultura de la pobreza,

de la forma en la que nuestros abuelos

supieron ser pobres con dignidad.

Cuando empezó la crisis, pensaba que si trajera a mis abuelos

y les dijera: "Mirad qué crisis tan horrorosa",

mis abuelos se partirían de risa, porque para ellos no lo sería.

Creo que el problema de los españoles es que, en los últimos 20 años,

nos hemos creído que éramos ricos y que lo íbamos a ser para siempre,

nos hemos convertido en un país muy hortera y muy desagradable

y hemos perdido los vínculos con esa cultura

que ahora nos ayudaría a resistir mucho mejor.

Por la novela desfilan pérdidas de empleo, desahucios,

jóvenes que tienen que emigrar para buscarse la vida,

¿hay alguna de esas consecuencias de la crisis económica

que te duela de una manera especial?

Creo que son todas dolorosas.

Quizá, trascendiendo la propia sensibilidad,

pensando en la colectividad, en el país,

lo que es un fracaso absoluto es lo de los jóvenes.

Que la generación mejor formada de la historia,

el esfuerzo que ha hecho un país

donde la educación nunca ha ocupado el lugar que le correspondía,

por formar bien a una generación que, por fin, era competitiva,

hablaba idiomas...

Que ese esfuerzo haya terminado,

no con la emigración de jóvenes científicos solo,

con la emigración de muchos jóvenes bien preparados

que están en Stuttgart lavando platos.

¿Cómo es posible que una novela que muestra las consecuencias,

terribles de esa crisis económica, sea una novela esperanzada?

Porque es una novela de resistentes.

Es una novela esperanzada, optimista no, pero esperanzada sí,

porque demuestra cómo

esta gente consigue, verdaderamente, llegar al final del libro

sin haber renunciado a ser quienes son.

(Música)

Roald Dahl pilotó aviones de guerra.

En 1940, un aterrizaje forzoso en medio del desierto africano

lo dejó ciego durante dos meses.

Dos años más tarde, aceptó un puesto diplomático,

viajó a Washington

y cambió sus medallas al valor por bolígrafos y libretas.

Este mes se cumplen 25 años de su muerte

y el mundo literario le rinde pleitesía

con homenajes y reediciones.

Publicó su primer libro en 1943, después de que Walt Disney

le propusiera escribir una película que nunca rodaría.

Era un libro infantil, "Los Gremlins", que fue un éxito.

No fue hasta cinco años después

cuando publicó su primera novela para adultos,

"Sometime never",

del que solo recibió críticas negativas.

(Música)

Sin embargo, muy pronto se labró

una prometedora carrera en el relato corto.

Sus cuentos, que se caracterizan por la abundancia de humor negro

y por los finales construidos a base de giros sorprendentes,

se publicaron en las revistas más importantes.

Este triunfo literario le granjeó adaptaciones televisivas,

algún que otro trabajo alimenticio, como el guion

de "Solo se vive dos veces" de James Bond

y varios premios Edgar.

Fue a partir de 1960 cuando Roald Dahl

se dedicó en serio a la producción de literatura infantil.

Década en la que encadenó títulos míticos

como "James y el melocotón gigante", "Charlie y la fábrica de chocolate"

y "El Superzorro".

Así fue cómo miles de lectores

conectaron con el universo oscuro y misterioso de este autor.

Oscuridad, quizá alimentada,

por el accidente que padeció en 1960 su hijo de cuatro meses

o por la enfermedad vírica

que acabó con la vida de su otra hija dos años después.

Por aquel entonces,

el escritor decidió comprarse una casa de campo en Inglaterra

y se hizo construir una pequeña cabaña

a modo de estudio y que hoy en día,

se puede visitar en su estado original.

Aquella cabaña era un lugar mágico para el autor,

pero un sitio prohibido para el resto.

Ni siquiera su amigo e ilustrador de gran parte de sus libros,

Quentin Blake, lo pisó en más de una ocasión.

En la década de los 80 publicó la novela "Mi tío Oswald",

mientras aparecían libros infantiles tan exitosos como "Matilda".

Roald Dahl fue enterrado, siguiendo el rito vikingo,

con algunos de sus objetos más queridos.

No faltaron lápices, libretas, chocolate, vino,

y hasta un taco de billar.

Un final a la altura de uno de los más grandes escritores

del último siglo.

(Música)

Seguro que muchos de los personajes de la novela de Almudena Grandes

pasan habitualmente por este Metro de Madrid

donde hoy os quiero recomendar la novela de Yasmina Khadra,

"La última noche del Rais".

El personaje protagonista

es uno de los líderes más controvertidos del siglo XX,

Moammar al-Gaddafi,

y se explica cómo pasó la noche del 19 al 20 de octubre de 2011,

la última noche en que estuvo vivo.

(Música)

Se va Moammar al-Gaddafi y llega Kate Morton,

la autora de best sellers australiana,

que ya tiene una nueva novela en las librerías y, por lo tanto,

un nuevo ministerio.

En esta ocasión, la desaparición de un niño en 1933

y 70 años después, la inspectora londinense Sadie Sparrow

investiga los entresijos de una familia extraña y compleja

y, a partir de ahí, todo cobra sentido.

(Música)

Se cumplen 25 años de la muerte del poeta

y Lumen publica los diarios completos de Jaime Gil de Biedma,

fechados entre 1956 y 1985.

Encontraréis sus reflexiones más íntimas, morales y políticas

así como lo que pensaba sobre su propia obra

o la enfermedad que acabó con su vida, el sida.

Es un testimonio imprescindible.

(Música)

(NIÑA) Hoy estoy especialmente entretenida porque gracias

a "Illustration School: plantas y pequeñas criaturas"

estoy aprendiendo a dibujar plantas, flores, pájaros

e insectos de todo tipo.

Además, este precioso libro te da grandes ideas para cartas,

postales de felicitación y collage de fotos.

¿Qué nos traes tú, Ana?

-Bruna, traigo todo un "Laberinto",

así se llama el libro que estoy leyendo.

En él viven unas criaturas terribles, depredadoras,

pero un grupo de cazadores se adentra en el laberinto

para acabar con ellas.

Es una novela de lucha y resistencia, pero también hay fe y amor.

La recomiendo salvajemente.

(Música)

Tu novela nos vuelve a mostrar aquella máxima

de que la vida es muy frágil

y que aquello que le ocurre a los personajes de la novela

nos puede ocurrir a nosotros en cualquier momento.

Como dice uno que ha sufrido las consecuencias de la crisis:

"Ahora veo mi vida pasada como una película".

Claro, porque lo que cuenta la novela y personajes como la que dice esto,

eran como todas esas personas que estaban absolutamente convencidas

de que a ellos no les podía pasar nada

porque eran, prácticamente, trabajadores públicos,

funcionarios como para siempre.

El progreso no es una línea recta, el progreso es un milagro,

es un milagro azaroso.

En un instante se pueden perder conquistas

que han costado siglos de lucha.

¿Esta novela nos demuestra que, a veces, estamos más pendientes

de los grandes acontecimientos históricos,

grandes titulares en los medios de comunicación,

que de las historias pequeñas del día a día?

Es que eso es exactamente lo que está pasando, ¿no?

Estamos viviendo un momento en el que, se supone,

la convulsión está en los parlamentos,

en los partidos políticos,

se habla todo el rato de grandes momentos,

decisiones trascendentales

y yo pienso: "Si estuviera en la tesitura de decidir

si puedo encender la calefacción en diciembre o no...",

ese sí sería un momento trascendental para mí, ¿no?

¿Esta novela tiene algo de catarsis personal?

¿Es la consecuencia de un cabreo generalizado por la situación?

Cuando empecé a escribir esta novela,

estaba escribiendo "Los pacientes del doctor García",

la cuarta entrega de los Episodios, en la que sigo trabajando,

en ese momento, a mi marido

se le ocurrió presentarse a las elecciones

como candidato de Izquierda Unida a la Comunidad de Madrid

y yo pensé: "Dos frentes, puedo, pero tres, no".

Cuando acabó la campaña electoral y Luis no entró en la asamblea

y gobernó la derecha y tal,

es verdad que el libro fue un refugio.

¿Volverás a las serie de "Episodios de una guerra interminable",

la cuarta entrega?

La cuarta entrega la llevo muy adelantada

y, además, me he conjurado conmigo misma,

me he puesto yo deberes,

me he puesto un calendario

para ir acabando las partes de la novela

y la acabamos.

La cuarta la acabaré con toda la certeza.

Y la serie la acabaré también. Dicho lo dicho,

creo que te has quedado muy a gusto escribiéndola.

Sí, me he quedado muy a gusto.

Ya se me ha quitado esa especie de inquietud

de decir: "Miro mucho al pasado y no miro al presente".

Ahora podré volver a mirar al pasado con la conciencia más tranquila.

¿Tienes la impresión de que estás mas productiva que nunca

o siempre has sido igual?

Esto ha sido una situación que es la primera vez que me pasa.

Esto de sacar un libro sobrevenido, digamos.

Es probable que esté mas productiva que nunca,

pero es que madurar...

no va a ser solo engordar y que te salgan arrugas.

(RÍEN)

Envejecer tendrá que tener alguna ventaja

y creo que, en la medida en la que me hago mayor,

cada vez me siento más poderosa y, a lo mejor,

por eso soy capaz de hacer estas cosas.

(Música)

Todos necesitamos un territorio acotado en el que vivir,

en el que sentirnos protegidos, seguros,

me atrevería a decir que salvados.

Los protagonistas de la novela de Almudena Grandes

lo encuentran en ese barrio por el que deambulan

y todos nosotros,

en la geografía literaria de los libros.

"La familia Martínez Salgado vuelve de las vacaciones

y parece que, de pronto, se llena el barrio de gente".

Aquí los despedimos,

en este barrio de Madrid que es el suyo.

Distinto, pero semejante a muchos otros barrios

de esta o de cualquier ciudad de España.

Con sus calles anchas y sus calles estrechas.

Pero cuánto darías por volver.

Sus casas buenas y sus casas peores.

Sus plazas, sus árboles, sus callejones, sus héroes,

sus santos y su crisis a cuestas.

Aquí se quedan sus vecinos,

familias completas, parejas con perro y sin perro,

con niños, sin ellos

y personas solas.

Jóvenes, maduras, ancianas, españolas, extranjeras.

A veces felices y a veces desgraciadas.

Casi siempre felices y desgraciadas a ratos,

pero iluminadas ya por la luz de otro septiembre.

Has tenido que decir: "Sí, señor. Sí, señor".

Pero cuánto darías por volver

a vivir ese tiempo una vez más,

fabricar aviones de papel,

no esperar a tu novia en su portal.

Pero cuánto darías por volver...

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Página Dos - Almudena Grandes

28 nov 2015

En Página Dos entrevistamos a Almudena Grandes por "Los besos en el pan", una novela sobre la crisis. De ruta por el Madrid de "Beltenebros" de Antonio Muñoz Molina. Nélida Piñon nos descubre su canon literario. Y conmemoraremos el 25 aniversario de la muerte de Roald Dahl.

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