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Para todos los públicos Página 2 - Maylis de Kerangal - ver ahora
Transcripción completa

"Es la hora.

Los tres muchachos se preparan, metódicos,

según un orden determinado que todavía es un ritual.

Enceran las tablas, revisan las correas del "leash",

se embuten la ropa interior de polipropileno

antes de enfundarse los monos

contorsionándose en el aparcamiento.

Ahora descienden hacia el mar, tablas bajo el brazo, ligeros.

De súbito la ve llegar.

Allí está, se acerca a velocidad constante y bruscamente.

Simón se lanza y rema con todas sus fuerzas

a fin de coger la ola en su velocidad justa.

¡Y ahora llega el "take off" en el que hay que inhalar

con fuerza y concentrar el cuerpo en una sola acción,

infundirle el impulso vertical que lo hará erguirse

sobre la tabla con los pies bien separados!

Y una vez encaramado...

Estirar el espacio,

alargar el tiempo,

agotar la energía de cada átomo de mar.

Convertirse en rompiente,

convertirse en ola".

Hoy necesitamos que estéis concentrados,

tenemos un programa muy especial.

Enseguida charlaremos con Maylis de Kerangal,

que ha escrito una novela sobre la donación de órganos.

A raíz de esto, hemos pedido a nuestro impostor

que nos prepare un post sobre los héroes.

En el cine veremos cómo ha ido

la adaptación de "El francotirador".

Y por último, hoy tenemos una nueva ciudad literaria:

Nueva York. ¿Qué, os atrevéis a surfear este "Pagina Dos"?

Ayúdeme a situar argumentalmente la novela

a nuestros espectadores. Tenemos a Simon, un joven de 20 años,

que sale a practicar surf con unos amigos.

Y cuando regresa a casa, sufre un accidente de tráfico.

Y a partir de ahí, ¿qué más podemos contar?

A raíz del accidente, ingresa

en la unidad de reanimación de un hospital

donde entra en coma y, posteriormente,

en un estado de muerte cerebral.

A partir de ese momento, surge la posibilidad

de donar sus órganos.

La novela se convierte entonces en la historia de un corazón,

del corazón de Simon que va a ser transferido,

que va a migrar de su cuerpo

al de una mujer que se llama Claire, que vive en París.

Usted se podía haber centrado

en la angustia y dolor de esos padres,

que tienen que decidir en muy poco tiempo

si donar o no los órganos de su hijo fallecido.

Sin embargo, tengo la impresión

de que convierte esta historia en una novela coral.

Todos los personajes tienen mucha importancia,

porque están los padres pero también el doctor,

está la enfermera, la receptora del corazón de Simon.

Y todos son personajes con su propia biografía.

Sí, me parecía muy importante

que, en el libro, aparecieran personajes con una vida personal;

conocer sus historias singulares

y que juntos aunaran una gesta común.

Me interesa mostrar que, en definitiva,

siempre hay un espacio común

y un espacio privado.

Y que la escritura puede captar ambos momentos.

¿Su novela es un canto a la vida,

es una reflexión sobre la muerte,

es las dos cosas?

Pues es muchas cosas a la vez,

porque el tema de la donación de órganos

está relacionado con la muerte.

Pero también nos dice que hay algo que se puede salvar.

Es verdad que hay una dimensión, en cierto modo,

metafísica en el texto.

Sobre todo porque en Francia la legislación

relativa a los trasplantes

es muy complicada...

Y aúna ética, filosofía, metafísica y ciencia.

Me parece interesante que la literatura

se aproxime también a estos territorios.

Los personajes de la novela se mueven alrededor

de ese corazón que va a ser trasplantado.

Y que yo creo que en su novela trasciende

al mero hecho de ser un órgano vital;

porque tengo la impresión de que el corazón sigue siendo

el símbolo de nuestros afectos. ¿Es así?

Sí, es verdad que cuando trabajaba en el libro me fascinó,

descubrí que el corazón siempre había tenido una doble dimensión.

La dimensión de una bomba, de un músculo, de un órgano;

pero también y, sobre todo, la del lugar del amor,

de los afectos y de los sentimientos del hombre.

Es verdad que en Francia,

tras los descubrimientos médicos sobre el coma,

el corazón perdió por completo su protagonismo,

al afirmarse que no es este órgano

el que determina si un cuerpo

está vivo o muerto, sino el cerebro.

Esto supuso una revolución muy importante.

Pues gracias a esta nueva definición de la muerte

y quizá incluso del hombre,

se pudo empezar a plantear los trasplantes.

Sin embargo, el corazón ha mantenido su carga simbólica.

¿Tenía usted la intención de poner al lector en ese dilema moral

de tener que decidir qué haría uno si su hijo de 20 años muere

y le piden los órganos para ser trasplantados?

La intención del libro no era plantearle

la donación de órganos al lector.

Aunque evidentemente

el libro induce a seguir este camino.

Mi intención era trazar una epopeya colectiva

que pusiera en juego cuestiones que son fundamentales

para entender quiénes somos, cómo vivimos...

Y que, justamente, como decíamos antes,

hay distintas maneras de morir.

He tenido la sensación, viendo a estos padres,

como que ha habido un esfuerzo por su parte

en que tuvieran una imagen

muy humana. Me explico: que no fueran meros héroes literarios.

Sí, son heroicos pero, de algún modo son ordinarios,

simples. No quería ponerme ante unas personas

que deciden de inmediato

donar los órganos de su hijo y que todo fuera tan fácil.

No sé vosotros pero yo necesito héroes;

ídolos que nos liberan de nuestras debilidades,

que encarnan nuestras mayores esperanzas,

que nos hacen soñar. Y la literatura está repleta.

Claro que el héroe clásico, intrépido y portentoso

ya no está de moda y predomina otro más imperfecto,

que lejos de parecerse a aquellos personajes mitológicos,

se asemeja mucho más a sus mortales creadores.

Como los de Eduardo Mendoza, que ahora celebra

el 40 aniversario de la publicación de su primer libro:

"La verdad sobre el caso Savolta".

Yo tengo una gran simpatía por este personaje al que...

Alguna gente... no críticos sino gente que ha hablado conmigo,

ha criticado duramente, ha dicho que era un individuo

indeciso, poco claro...

Creo que sí, es un individuo indeciso y poco claro.

Pero yo quería contar en él una historia

que me parecía bastante

frecuente, la del individuo que se encuentra entre...

En una sociedad muy polarizada,

entre dos polos que le atraen igualmente,

pero a los que no está dispuesto a ir porque es muy aventurado.

Y cuando se da cuenta de que no hay más remedio que definirse,

hace las maletas y se va.

Siempre he pensado que la mitología grecorromana

es como la Teoría del Big Bang para la Literatura.

A ella debemos héroes tan gloriosos y mitificados

como Ulises, el Cid,

los caballeros de la Mesa Redonda, Robinson Crusoe o Aragorn.

Paternidad que comparten con otros de heroicidad

más desenfocada pero igualmente legendaria,

como el capitán Ahab, Oliver Twist, Fausto, Hamlet o el padre Brown.

Pero es de justicia recordar que la armadura del héroe clásico

la agrietó nuestro don Quijote, abriendo las puertas al antihéroe,

un protagonista literario muy alejado de la perfección,

ambiguo y algo débil, que también se asoma

en "Memorias del subsuelo", de Dostoievski;

o en "El indeciso Bartleby el escribiente", de H. Melville.

Me viene a la cabeza Ignatius J. Reilly

de "La conjura de los necios";

el Frank Bascombe de "Acción de gracias" de R. Ford;

o el anciano Mustio Collado

de "Memorias de mis putas tristes" de García Márquez.

Pero en los últimos tiempos

me parece que el héroe se ha vuelto más perverso.

Las series televisivas basadas en obras literarias

lo exprimen a la perfección.

Ahí está el tenebroso político encarnado por Kevin Spacey

en "House of Cards"; los asesinos en serie

de las adaptaciones de "Dexter" y "Hannibal"

o los detectives depresivos y adúlteros de "True Detectives".

¿No tenéis la impresión de que, cuanto más desagradables

y contradictorios son nuestros héroes mucho mejor?

En realidad Lolita es una niña de 12 años

y el personaje de Humbert es un hombre maduro.

Es la diferencia de edad lo que produce el vacío.

Pero fuera de la mirada maniaca de Humbert,

no existe ninguna ínfula.

Lolita sólo existe por la obsesión que destruye a Humbert.

Este es un aspecto esencial de un libro singular

que ha sido falseado por una fama artificiosa.

Entre mis querencias se encuentran los tebeos.

Y es justo recordar que el horror de la I Guerra Mundial

provocó el nacimiento de un nuevo personaje

que, a su manera, también tenía un pie en la mitología:

los superhéroes del cómic.

En 1938, nació Superman, dibujado por Joe Shuster

y escrito por Jerry Siegel,

al que siguió una lista interminable

de personajes enmascarados y con superpoderes

que marcaron a generaciones de lectores.

¿Y sabéis que tienen en común Spider-Man, X-Men,

los 4 Fantásticos, Iron Man o Hulk?

Pues que todos son hijos del gran Stan Lee.

Un superhéroe tiene que ser único, diferente, empático;

conseguir que los lectores le aprecien y con alguna debilidad.

Cuando los cómics eran importantes, no existía Internet

ni ordenadores ni efectos especiales.

Los cómics de superhéroes son cuentos de hadas para adultos.

A todos, cuando somos pequeños,

nos gustan las historias de gigantes y magos.

Pero cuando crecemos, nos parecen infantiles.

Y por eso tienen éxito los cómics de superhéroes,

porque sus personajes son como mitos inmortales.

Héroes cotidianos, mitológicos, superhéroes o antihéroes...

LLamadles como queráis, pero glorificad su existencia,

porque gracias a ellos nos sentimos capaces

de enfrentarnos en la vida real y en la ficción

a todos esos impostores que andan sueltos.

(RUIDO DE TRÁFICO)

Nueva York. Tan nerviosa,

tan poco propicia para filósofos serenos, según Timothy Leary.

Y si lo dice el psiquiatra, habrá que tomarla con calma.

Así que siempre viene bien un lugar donde descansar.

Entre la Séptima y la Octava Avenida

está el Chelsea Hotel,

donde Arthur C. Clarke escribió su "2001",

y donde Ginsberg y Corso intercambiaban poemas.

Pero también hay que caminar y qué mejor que desayunar

un cruasán frente al Tiffany's de Capote y de Audrey Hepburn.

O ir de compras por el Greenwich Village

que tan bien conoció Patricia Highsmith.

Aunque habrá quien prefiera visitar esos anticuarios de TriBeCa,

que nos abren sus puertas en "El jilguero" de Donna Tartt.

Pero no todo está en el centro,

El Bronx todavía conserva la casa museo de Edgar Allan Poe.

En el número 14 de West 10th Street vivió Mark Twain,

en el 54 de la misma calle Hart Crane.

Y un poema de Walt Whittman

tiene un monumento en Fort Green Park.

Hay que impregnarse de Nueva York,

de esta ciudad de locos, que diría Groucho Marx,

y de melocotones gigantes en Central Park

según Roald Dahl.

Y por cierto, no fue Batman sino Washington Irving

el primero en llamarla Gotham.

Pero que nadie pase página sin admitir

que hay que regresar mil veces a este lugar.

Porque es el Nueva York del Gran Gatsby,

de Paul Auster, Tom Wolfe y John Dos Passos.

Y, cómo no, también el de la muerte de John Lennon,

asesinado por Chapman tras leer

"El guardián entre el centeno" de Salinger.

Un 8 de diciembre de 1980 para olvidar.

Maylis, ¿está de acuerdo en que el estilo tiene

una importancia vital en esta novela por la manera

cómo están narrados los hechos?

Hay momentos muy acelerados, hay silencios dramáticos,

alguna tensión contenida...

Sí, es cierto.

Para mí toda esta historia

es ante todo una experiencia del lenguaje.

Creo que escribir la literatura es sobre todo encontrar una voz

que transmita la experiencia

de una emoción desde el lenguaje.

Es verdad que el estilo es muy importante.

También pensé en este libro como en un corazón,

con aceleraciones y momentos más tranquilos.

Algo así como una cardiografía.

Y luego es que todo está narrado

con una precisión como quirúrgica.

Y además todo muy detallado,

hay una grandísima documentación.

¿Toda esa información científica

que tiene que ver con el tema médico

cómo ha conseguido equilibrarla con toda la parte emocional

que también tiene la novela? ¿Era un reto?

Eso fue el gran reto,

llegar a conciliar algo tan preciso

como una investigación documental

y al mismo tiempo no fuera

una mera reproducción de lo real,

sino que fuera la vida. Es decir, la ficción.

Que hubiera poesía que resonara

en el imaginario de los personajes,

y en el imaginario del corazón.

Pero volviendo a la investigación documental,

lo realmente fantástico es que fui a ver los lugares.

Asistí a un trasplante

en el Hospital de la Salprêtière en París.

Fui a la Agencia de Biomedicina,

conocí a gente.

Y sobre todo tuve la suerte de hablar mucho

con un coordinador de extracciones.

Históricamente la literatura y la medicina

creo que han tenido una buena relación.

No sé qué relación mantiene usted con la medicina.

No tengo una relación particular.

Bueno, tengo un hermano cirujano

y hay médicos en mi familia.

Pero yo misma no tenía una experiencia particular.

Aunque es verdad que he leído autores

que eran escritores y médicos.

Entre ellos el que le da el título al libro, Chéjov,

"Reparar a los vivos"

está extraído de la obra "Platonov" de Chéjov.

Creo que entre otras cosas

usted ha sido editora de libros infantiles.

A nosotros nos interesa mucho el tema de fomentar la lectura

entre los lectores más jóvenes. No sé si tiene alguna idea

para conseguir que los niños y los adolescentes lean más.

La narración, la historia, la ficción, el imaginario...

Esos son los elementos que pueden hacer

que los jóvenes y los niños lean más.

De hecho hemos visto que hay algunas novelas,

sobre todo anglosajonas, que han tenido éxitos

considerables porque desplegaban mundos enteros,

personajes...

Están por ejemplo los libros de Tolkien,

los libros de J.K. Rowling y su "Harry Potter", etc.

Hoy vamos a presentar el libro

de "El misterio de la caca de perro abandonada"

que lo escribe Ana Cabeza.

Que va de tres abuelas que tienen que resolver

qué perro es el que se hace caca cada mañana

delante de la puerta de una vecina.

Trata de que una vecina está muy harta

de que un perro siempre caga delante de la puerta suya.

Y...

Y las tres abuelas...

pues quieren resolverlo.

Mi parte favorita es cuando una de las abuelas

ve a los gánsters y empieza a gritar: "¡Policía!"

La parte más divertida es cuando la vecina

va corriendo gritando ahí toda loca

a las tres hermanas, a las tres abuelas.

A mí me gusta leer porque...

porque me río leyendo,

descubro cosas nuevas

y amplío el vocabulario.

Definitivamente hay novelas que curan, que son medicinales,

como esta de Cynthia Ozick, una de las grandes escritoras

estadounidenses del siglo XX.

Una novela que todavía no se había traducido al castellano.

Aquí la protagonista es una funcionaria

que se construye un gólem y gracias a eso acabará

convirtiéndose en alcaldesa de Nueva York.

Ya os podéis imaginar

que estamos ante una novela muy muy irónica.

Leer a escritores como Héctor Abad Faciolince

es muy saludable y lo podréis comprobar si leéis

"La Oculta", una novela sobre la historia

reciente de Colombia que vivimos a través

de una familia de campesinos que tras años de trabajo

debe abandonar sus tierras y los descendientes

se dispersan por todo el mundo.

Es una magnífica novela sobre el apego y el desapego.

"Vente a Alemania, Pepe" es una de las películas

más conocidas de Alfredo Landa.

Pues bien, la novela de Carlos Clavijo nos cuenta

algo parecido, pero a la inversa.

Aquí tenemos a un profesor de economía alemán

que viaja a nuestro país para encontrar

a su antecesor, que ha desaparecido.

Pero ya os aviso que esta no es una novela policíaca.

Esta es una novela muy divertida.

Yo soy muy fan de Clint Eastwood.

Pero es que además esta película la espero

con muchas ganas porque creo que ha generado

una cierta polémica en Estados Unidos.

Sí, porque ya la base lo era, el libro de Chris Kyle,

las memorias de Chris Kyle, "El francotirador".

Es un biopic, es la historia de un soldado de EE.UU.

De los Seals, de las fuerzas especiales.

Que ostenta un tremendo récord de ser el francotirador

más letal de la historia de EE.UU.

Durante la Guerra de Irak. Durante la Guerra de Irak.

Por eso me imagino el tono, que ha generado polémica,

cómo se posiciona el propio Eastwood en esto.

Deja que te haga una pregunta, Chris.

¿Te sorprendería si te dijera que la Armada

te ha atribuido más de 160 muertes?

En el libro el papel de la mujer es importante.

Y no sé si lo es tanto también en la película.

En la película es un personaje importante porque la película

alterna por un lado la crónica de él en el frente

y cómo es su vida cuando vuelve a casa

y tiene que volver a incorporarse

a un entorno familiar y doméstico.

Y el personaje de la mujer aparece, pero no tiene

tanta importancia como en la novela

donde no sólo aparece, sino que escribe también.

Hay muchos fragmentos de la novela en cursiva

que son la voz de la mujer sacando su propias conclusiones

sobre lo que fue su vida con el protagonista.

Y nos lo muestra hasta el punto

de que casi debería aparecer como coautora.

Porque son muchos los fragmento que aparecen.

Sí, es curioso que haya tres autores en el libro

y que ella a la que se dedica mucho espacio

no aparezca como tal.

¿Piensas que has podido ver o hacer cosas allí

que desearías no haber hecho?

Ah, yo no soy de esos.

¿De esos?

¿Sabes qué me llama la atención?

Que aquí al enemigo le ponen nombre y apellidos.

Sí, eso es un recurso muy cinematográfico.

En lugar de hablar del enemigo como algo más abstracto,

simplemente como el bando contrario, lo que hacen

es buscar a una serie de personajes concretos

con nombre y apellido que no aparecen

o no coinciden exactamente con los personajes

que aparecen en el libro.

Estoy deseando conocer a mi creador...

y responder por cada uno de mis disparos.

No la cojas...

Y también tuve la impresión cuando lo leí,

algo que me llamó la atención

y era el tema de la compasión, ¿no?

Daba la sensación de que el protagonista,

el francotirador, hacía un trabajo, ¿no?

Hacía un trabajo en la guerra y punto.

No sé esto cómo lo han llevado a la película.

Es algo que también choca en la película.

Porque normalmente en este tipo de relatos

siempre hay un espacio para no tanto la compasión

como el remordimiento, ¿no? Sí, para las dudas.

Es una cosa que suele aparecer en muchas películas de guerra.

Y en cambio aquí se obvia esta parte.

¿Estás en casa?

¿Y qué... qué haces?

Pero sí que es verdad que hay un intento

por suavizar un poquito sólo al personaje.

Y en algunos momentos aunque no tiene remordimientos

sí que tiene un asomo, una sombra de duda

que en las memorias no se detectan en ningún sitio.

Lo que me quita el sueño son todas las personas

a las que no he podido salvar.

Está claro que este es un libro

para amantes del género bélico, ¿eh?

Porque el personaje se las trae.

Sí, la verdad es que sí. ¿Y la película qué?

Pues la película precisamente por lo extremo del personaje

yo creo que se echa de menos una escritura más precisa

y más matizada de este personaje, ¿no?

Pero por otro lado, claro, hablamos de Clint Eastwood,

con lo que te encuentras varias escenas extraordinarias.

Y luego yo creo que hay una muy buena interpretación

de Bradley Cooper, que podía haber caído

en un personaje como muy forzado

y muy exagerado y en cambio

hace un trabajo de contención muy interesante.

Dependemos de los demás, dependemos de su presencia,

de su apoyo y a menudo también de su generosidad.

Lo vemos en la magnífica novela de Maylis de Kerangal

y lo vivimos todas las semanas en este programa.

Porque sin vuestra cooperación y sin vuestro entusiasmo

"Página Dos" no sería una realidad.

(LATIDOS DE CORAZÓN)

(LATIDOS DE CORAZÓN)

Cae la noche.

En el extremo de la avenida

está iluminado el estadio oblongo

y su forma de anillo estampa en el cielo

un halo grisáceo que atraviesan los aviones.

Ha llegado el momento de prestar atención

a los que esperan dispersos en el territorio

y a veces allende las fronteras del país.

Personas inscritas en listas

según el órgano que se haya de trasplantar.

Personas que cada mañana se preguntan al despertarse

si se ha movido su turno,

si han ganado puestos en la lista.

Personas que no pueden plantearse futuro alguno

y que han restringido su vida

pendientes del estado de su órgano.

Tener una espada de Damocles

que se cierne por encima de tu cabeza.

Asusta imaginárselo.

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Página 2 - Maylis de Kerangal

01 mar 2015

Esta semana nos acompaña una autora francesa que no deja indiferente a nadie. Se trata de Maylis de Kerangal, autora de Reparar a los vivos (Anagrama/Angle), en la que aborda un tema muy especial: la donación de órganos. Lo que para muchos hubiera sido tema para un reportaje más o menos documentado, no lo es para de Kerangal, que ha optado por trasladarlo a la ficción pero sin olvidar la exhaustiva documentación médica del asunto. La historia es muy sencilla. Un joven muere en un accidente de tráfico tras practicar surf, y sus padres tienen unas pocas horas para encajar la muerte del chico y decidir si aceptan la propuesta de hospital de donar todos sus órganos.

Como algunos personajes de la historia tienen algo de héroes, nuestro impostor ha querido reflexionar sobre el tema de los héroes literarios, y ha conseguido la colaboración de ilustres autores como Eduardo Mendoza, Stan Lee y Vladímir Nabókov.

En el cine analizamos la adaptación de El francotirador, la última película rodada por Clint Eastwood. Y tendremos tiempo de visitar la ciudad literaria de Nueva York.

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