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Para todos los públicos Teresa de Jesús, una vida de experiencia mística - Capítulo 1 - ver ahora
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Subtitulado por TVE.

Este medallón,

situado en la fachada principal de la Biblioteca Nacional de España,

en el Paseo de Recoletos, en Madrid,

perpetúa desde hace más de cien años la imagen de Santa Teresa

como una de las mayores figuras de la cultura española,

en un lugar de honor, junto a los grandes del Siglo de Oro.

Puede resultar sorprendente que una mujer,

en tiempos recios, como eran aquellos,

en una etapa en la que España se está retrayendo sobre sí,

está fuera de la etapa expansiva.

El emperador Carlos ha vuelto a Yuste, se ha refugiado en Yuste,

y todo está dominado por la guerra interna contra los luteranos.

Es extraño y puede resultar extraño que Teresa de Jesús,

una monja,

se convierta en una gran autora literaria.

De entre sus coetáneas, algunas de ellas grandes literatas de su época,

ninguna ha alcanzado la expansión que ha tenido Teresa de Jesús.

Parte de su importancia actual radica en sus escritos.

Ya en 1610, por iniciativa de su discípula Ana de Jesús,

se publica en Flandes la primera edición de Las Fundaciones,

y el padre Jerónimo Gracián

publica el Comentario al Cantar de los Cantares, en Bruselas, en 1611,

adquiriendo una gran popularidad.

Nunca pudo soñar

que iba a ser coronada o reconocida como gran escritora.

Pero hay algo mucho más indicativo todavía del valor de su escritura.

Y es que quien prepara la edición de sus obras,

es nada más, y nada menos, que Fray Luis de León.

Este hombre, que no solo de manera teórica, sino de manera práctica

es el gran maestro de la expresión en lengua castellana

de la espiritualidad,

este hombre señala a Teresa de Jesús

como una persona que escribe de manera tan hermosa,

tan absolutamente extraordinaria, que dice textualmente:

"Tal se diría que la mano de Dios le está llevando la escritura".

Es decir,

está en la línea de la interpretación de la inspiración divina,

como quien sopla al oído y escribe.

La intención expresada por Felipe II

de ocuparse personalmente de sus manuscritos,

es un ejemplo de la admiración que despertó Santa Teresa en su época.

Son años de conquista del Nuevo Mundo,

de la primera vuelta al planeta por Elcano

y de gran esplendor por parte de escritores y de artistas,

tanto en Europa como en España.

Una sociedad sacralizada en aquel tiempo,

donde el valor supremo que lo condiciona todo

es el religioso.

En 1519 se iniciaba la Reforma Protestante de Martín Lutero,

que provocó la mayor crisis en la historia de la Iglesia católica,

produciendo una inmensa fractura en la cristiandad.

El XVI es el siglo de la Mística,

propicio para escribir sobre temas del conocimiento de Dios y lo divino

Es un tiempo peculiar, un tiempo especial.

Es un tiempo ya no solo de místicos,

que supieron expresar su experiencia religiosa,

su experiencia mística tras su vida espiritual.

Pero también para nuestra literatura, para la literatura española,

que encontró estos grandes maestros de las lenguas y de la Lengua.

Y tenemos un Fray Luis de Granada,

tenemos un San Juan de la Cruz,

tenemos una Santa Teresa...

- Bueno, ella, como mística,

podemos decir que es la cabeza de los místicos españoles.

Los místicos españoles son distintos

a los místicos germanos bajomedievales, es decir,

de la última fase de la Edad Media,

que eran místicos de paz, de serenidad.

Los místicos españoles son místicos de pasión,

son místicos de entusiasmo, místicos de llama interior.

Entonces, desde este punto de vista,

no hay místico español más representativo que Teresa de Jesús.

Además de El libro de la vida y Camino de Perfección,

otras obras como Las Fundaciones y Visita de Descalzas

enriquecieron esta biblioteca de El Escorial.

Las dos primeras, junto con su obra cumbre, Las Moradas,

que se conserva en el Carmelo de Sevilla,

forman un conjunto narrativo

de consideraciones sobre su camino interior,

que comienza con la lectura de un libro que le fascina:

el Tercer Abecedario Espiritual, de Francisco de Osuna.

Su lectura desempeña un papel determinante en la vida de Teresa

que lo toma como maestro y guía

al encontrar en él una orientación para la oración contemplativa.

Hoy podría definirse como una meditación silenciosa,

sin palabras ni pensamientos,

un silencio como lo exige

el camino místico contemplativo hacia la unión con Dios.

Pues, por aquí empiezan los místicos.

Es quitar todas las interferencias del mundo exterior

y encerrarte en ti mismo, para escucharte en ese silencio interior.

-Los yoguis hablan de un estado llamado pratyahara,

que es "retirada de los sentidos",

y que San Juan de la Cruz dice

"enajenación de todas las cosas exteriores".

Es lo mismo, ¿no?

Todas estas corrientes utilizan diferentes expresiones

pero están hablando de lo mismo, de algo que es muy difícil de hablar,

que es la comunión con Dios en el silencio.

Y esta una corriente viva en todas las confesiones religiosas,

a lo largo de los siglos.

Por lo que a mí respecta, diré que a veces tengo ráfagas

de que esa visión es una visión que no es visión,

pero que llena el corazón de dulzura.

Los grandes místicos, por otro lado, son gente muy sencilla,

hablan con una sencillez espantosa

de algo que es realmente patrimonio de cualquier ser humano,

que es el ser un ser con hambre de divinidad, ¿no?

El poeta Luis Cernuda,

que en ocasiones tiene un espíritu muy parejo a ella,

y que le dedicó un capítulo titulado "Santa",

en su libro de poesía en prosa, "Ocnos",

interpreta a Teresa desde su propia vivencia

como un gran deseo insatisfecho.

Y yo creo que lo interpreta bien,

porque en Teresa lo que está aleteando continuamente

es un gran deseo:

a ella no le gusta nada el mundo en el que vive.

Y la gente que no le gusta nada el mundo en el que vive

puede salir por revolución,

pero también puede ser por transposición.

La Mística, a veces, es una transposición de insatisfacciones.

Cernuda interpreta a Teresa desde su propia vivencia heterodoxa

como un gran deseo insatisfecho que se confronta con las realidades.

Los monasterios de su orden, en número de 750,

presentes en 81 países,

con un total de 11.400 monjas carmelitas descalzas

y casi 4.000 frailes,

se encuentran diseminados por los cinco continentes.

Es el fruto de su tesón ante las adversidades

y de su personalidad luchadora, inteligente y emprendedora.

La personalidad de Santa Teresa de Jesús

era una personalidad auténticamente seductora.

Y este adjetivo lo empleo con total consciencia:

seductora, en el mejor sentido de la palabra.

Seductora, porque sabía atraer a sus posiciones dialécticas

y también espirituales, al interlocutor.

-Trata de desarrollarse con una personalidad en doble vertiente:

en la vertiente de la intimidad y en la vertiente de la integración social

Y yo creo que este es el gran ejemplo,

uno de los grandes ejemplos,

que nos da la personalidad de la monja Teresa de Jesús

que, en ambas vertientes,

era una personalidad de lo que hoy se llama "resiliente",

personalidad que se crece ante la adversidad.

Teresa, que encuentra efímero y banal todo lo terreno,

no se va a enfrentar a la vida mundana que alcanza pronto su fin.

Cautivada por la idea de eternidad, va a optar por la vida conventual.

Una de las frases más repetidas,

continuamente repetidas a lo largo de toda la obra de Teresa,

es "Todo pasa";

esto no tiene permanencia.

Buscar los bienes que son estables, Dios no se muda...

Es decir, la vivencia es de tránsito.

Es una vivencia existencialista muy importante.

Ella es una gran existencialista, existencialista en su sentido:

para ella, la existencia es un problema.

Ella tiene unas vivencias muy tremendas de pérdida.

Teresa pierde a la madre con 13 años,

pierde a la familia,

porque todos los hermanos mayores se marchan a las Indias,

el padre se muere a los 43...

El mundo de la realidad le parece insuficiente.

¿Y por qué es insuficiente?

Por lo mismo que en el budismo:

porque no tiene estabilidad,

porque se nos va, porque envejecemos, porque morimos...

Y ella está buscando un enraizamiento,

que es el enraizamiento orante.

Mucho antes de que empiecen a aparecerse

y a hacerse los manifiestos, las visiones.

Esos procesos de búsqueda, creo que han sido poco resaltados;

a mí son los que más me interesan, porque está muy sola.

A través de la oración contemplativa y el recogimiento

Teresa va a experimentar una forma inusual de conciencia:

un estado de quietud y sosiego

en el que, según confiesa, quisiera quedarse para siempre.

El prestigios psicólogo alemán, Carl Albrecht,

lo llama "conciencia de arrobamiento"

y es, al instalarse en ese estado,

cuando pueden aparecer percepciones de índole no cotidiana,

como visiones imaginarias, intelectuales, sensoriales,

o audiciones.

En un principio, ella habla siempre como de visiones mentales.

Ella dice que sentía la presencia de Dios,

como cuando estás a oscuras y sientes que alguien está a tu lado.

No lo ves, como podemos ver las cosas reales, pero sí sientes esa presencia

-Yo no he tenido ninguna de estas experiencias.

Ya me gustaría, ¿no?

Pero en el evangelio de San Juan se habla constantemente.

Es una visión que Santa Teresa dice exactamente, visión "inteletual",

o sea, visión intelectual.

Una visión de la mente que no es una visión cifrada en una figura,

por lo tanto, a veces habla de visión de la imaginación.

Y San Juan de la Cruz dice:

"Descubre tu presencia y tu figura,

mira que la dolencia de amor que no se cura,

sino con la presencia y la figura".

Pero esa figura ya parece ser que en su experiencia

es una figura trascendida por otra visión

en la que ella experimenta un contacto

con una realidad mucho más viva y más real que la realidad cotidiana

pero, al mismo tiempo, no es visión de la imaginación

ni mucho menos, visión sensorial, visión de los ojos, ¿no?

Entre las casas solariegas

que aún mantienen en pie su fachada primitiva, en Ávila,

está la que fue de doña Guiomar de Ulloa,

una joven y acaudalada viuda de 28 años, nacida en Toro,

con la que Teresa entabla tales lazos de amistad

que más tarde escribiría que la consideraba más que una hermana.

Entre 1555 y 1560, la visita con frecuencia.

En esos años, bien en la tranquilidad de su casa

o en el convento de La Encarnación, donde ella profesa desde 1535,

en forma de visiones o alucinaciones

se le presentan imágenes visibles de Cristo,

que manifiestan una estrecha relación con él.

La alucinación no es un fenómeno tan patológico como muchas veces se cree.

Las alucinaciones, ya sean visuales o auditivas,

es decir, ver cosas que no existen y oír cosas que únicamente oye uno,

son fenómenos que se presentan cuando la persona

se encuentra por dentro arrebatada por la pasión emocional

y por el aislamiento, la soledad, el vacío.

Esto tiene mucha importancia.

-Lo que va a suceder es que Teresa de Jesús,

que desde el año 1538 por lo menos,

cuando su tío en Ortigosa le regala el Abecedario de Osuna,

para Teresa, en un proceso muy largo

de casi 20 0 25 años de introspección solitaria y personal,

los libros habían sido lo que en psicoanálisis se llamaría

el principio de realidad.

Y ella se refiere a los libros.

Al quitarle los libros, la tensión es tan fuerte

que ella dice que Cristo se le aparece y le dice:

"Yo seré para ti libro vivo".

Sea Cristo real, o transposición de Teresa, que se lo imagina como real,

el hecho es que psicológicamente ella tiene un revulsivo.

Y ahora, inmediatamente, a los pocos meses, empiezan las visiones.

Los libros ya no los puede tener, pero vive directamente las visiones.

En ese tiempo, se prohíben los textos bíblicos en lengua romance.

La Inquisición no solo los condena, sino que los quita y los quema

en los autos de fe.

Teresa se queja de que le quiten los libros de sus lecturas espirituales.

En 1559, el inquisidor Valdés Salas

lanza un índice que prohíbe los libros de oración en vulgar.

¿Por qué?

Porque la oración se había convertido en una especie de costumbre popular.

Pero, incluso eso se veía peligroso,

porque si tú iniciabas un camino existencial

de introspección meditativa, como puede ser hoy el yoga o el zen,

podías o no admitir el cauce institucional eclesiástico,

que en la Iglesia occidental era el cauce sacramental

y la mediación eclesiástica.

La Iglesia establecida veía con sospecha

los cauces que hoy podríamos llamar de "anarquismo a lo divino",

es decir, las personas que hacían hilo directo con la divinidad

a través de su propia experiencia existencial.

Y entonces Valdés prohíbe los libros en vulgar;

no los de latín,

ya que el latín era la lengua culta del grupo dirigente, los clérigos.

Cuando Teresa conoce a doña Guiomar

buscaba un nuevo confesor que la comprendiese.

Apreciaba a los religiosos de una orden reciente, muy moderna,

como era la de la Compañía de Jesús,

cuya sede, el Colegio de San Gil, estaba junto a su casa.

Además de no darle ninguna respuesta,

sus consejeros no contribuían

a la tranquilidad de espíritu que necesitaba,

puesto que sus experiencias místicas

no eran entendidas ni aprobadas por ellos.

La Inquisición,

instaurada en España durante el reinado de los Reyes Católicos,

en 1478,

para mantener la ortodoxia católica en sus posesiones,

estaba en guardia contra los herejes,

así como contra todos aquellos cuya vida se salía de lo común

y discurría por caminos de visiones o revelaciones sobrenaturales.

Las mujeres, y más si eran espirituales,

se consideraban sospechosas de herejía.

Las experiencias místicas de la madre Teresa tenían, por tanto,

que ser refrendadas por confesores y consejeros espirituales,

a fin de descartar que su inspirador fuera el demonio,

cuya creencia estaba arraigada en Europa en el siglo XVI

y formaba parte del imaginario popular.

Había muchísimas mujeres que habían sido condenadas por la Inquisición

por "simuladoras", según las llamaban,

y por decir que sufrían estigmas, que tenían visiones,

y después lo único que hacían era engañar, inventárselo todo.

La obsesión de ella es que todas esas visiones no son producto del diablo.

En aquella época se pensaba

que la mujer tenía una inteligencia más débil que el hombre.

Y se pensaba también que la mujer encerraba cierta malignidad

desde la primera mujer, Eva, que cayó en el pecado original.

El resto de las mujeres, desde entonces, tenemos ese estigma.

Ella se esforzó en demostrar

que esas visiones que ella tiene no son engaño del diablo.

Alarmados por el aumento de sus visiones

y temiendo que estuviese endemoniada,

su confesor y allegados, convencidos de que rayaba en la herejía,

llegaron a recomendarle que,

si se le presentasen de nuevo imágenes visibles de Cristo,

se santiguase, le hiciese higas y le escupiese.

El libro de la vida surge como una justificación frente sus confesores

a causa de sus experiencias místicas entre 1555 y 1560.

Llevaba tiempo anotando en un diario su experiencia interior.

Sin embargo, no le era fácil encontrar las palabras adecuadas

para expresar sus vivencias.

Lo que ella necesita es expresar qué siente su alma, qué siente ella.

En toda la literatura española y en la literatura europea,

hasta ese momento, no hay modelos que le puedan servir para ver

cómo se puede hacer la expresión de las vivencias interiores.

Ella dice: "Yo no quiero hablar de teoría.

Yo no sé lo que es la divina unión,

qué diferencia hay entre alma y espíritu...

Eso, los teólogos sabrán expresarlo.

Yo lo que quiero decir es qué siento yo..."

Ella no va a obedecer, en su escritura, en su expresión,

a las normas canónicas establecidas por la retórica.

Ella tendrá que ser también una fundadora,

una recreadora de la retórica.

Finalmente, su capacidad creativa toma cuerpo en Toledo en 1562.

Allí, en el palacio de doña Luisa de la Cerda,

a quien ha ido a consolar en su viudedad, enviada por sus superiores

va a escribir la primera versión de su autobiografía, hoy desparecida

La segunda versión, que ha llegado hasta nosotros

y se conserva en la biblioteca de El Escorial,

la escribe basándose en el texto inicial,

sobre este poyete, en la que fue su celda del convento de San José,

entre 1563 y 1565, cuando contaba ya cerca de 50 años.

El libro de la vida no es el primero sobre las explicaciones, digamos,

que ella da sobre su vivencia interior,

porque ella, con anterioridad al Libro de la vida,

había escrito algunas Cuentas de Conciencia.

El Libro de la vida es el libro de una monja, mujer,

que tiene un proceso de introspección que hoy llamaríamos existencialista

que pudiera chocar con los niveles ortodoxos de la Iglesia oficial,

tanto a nivel de fe dogmática, como de costumbres.

Hay muchas visiones, muchas imaginaciones, muchas hablas;

cuestiones que a los teólogos serios de la época

siempre les parecía peligrosas.

El Libro de vida, con tantas intervenciones demoníacas,

con tanto mundo de palabras y de visiones, era sospechoso.

La reacción de quienes leen la obra,

en la que cuenta con detalle los fenómenos sobrenaturales,

coloca a Teresa en una situación delicada,

además de hacerle sentirse insegura.

Entre sus confesores o directores espirituales a los que acudía,

no faltaban inquisidores,

por lo que puso El Libro de la vida en manos del Santo Oficio,

para que lo examinara.

Ella iba a autorizar:

"Han leído estos, han visto estos mis experiencias,

he consultado con ellos, luego es correcto, es legítimo,

no hay nada de herejía, sino que todo va según la doctrina de la Iglesia".

-Además, para eso, ella se blinda porque...

Sea, como algunos dicen, por astucia,

o, sea como yo creo, porque realmente ella se siente insegura.

Entonces, ella necesita un referente,

y el referente es los cauces oficiales teológicos de su época.

La identificación con el adversario formaba parte de su estrategia

para neutralizar el recelo con el que la Iglesia veía sus experiencias

Tenemos que perder esa imagen de Santa Teresa

perseguida por la Inquisición, acosada por la Inquisición,

puesto que la Inquisición solamente intervino

para algunas delaciones que hubo de unas monjas, de algún cura,

en Sevilla, y sin nada trascendental.

No pasó a más.

En segundo lugar, el colocar a la Inquisición ya

persiguiendo a doña Teresa de Ahumada hasta en la misma Encarnación,

en el monasterio de la Encarnación, es algo totalmente infundado,

viene bien para la fantasía, viene bien para la imaginación,

pero tiene que quedarse en eso:

en un mundo de fantasías y en un mundo de imaginación.

A Santa Teresa, la Inquisición quiso examinarla,

nada de procesarla, nada de condenarla,

primero en alguno de sus escritos, concretamente en El Libro de la vida,

donde narra esas experiencias, esas visiones, esas revelaciones,

en la que habla de mártires y demás,

y eso la acercaba, según los delatores,

a la herejía que entonces se perseguía más,

que era la de los "alumbrados".

-El "alumbradismo" era un movimiento místico

de interiorización existencialista

por el cual la experiencia particular que tú tenías,

independientemente del cauce sacramental,

del mundo de ese nivel de lo divino,

eso justificaba, salvaba y, por tanto,

podía convertir ser "alumbrado"

en una Iglesia periférica, al margen de las dos cosas importantes:

el cauce sacramental, controlado por los clérigos,

y el cauce moral.

Un "alumbrado" es aquel, de alguna manera, en toda religión,

que tiende a buscar en su experiencia personal

la relación directa con ese otro nivel de realidad

que podemos llamar Dios o nirvana...

Se ha dicho que El Libro de la vida

es el primero que escrito en lengua castellana por una mujer,

entra en el patrimonio de Occidente.

En él, muestra ya la atípica preparación

que ha adquirido con sus lecturas

dentro de la sociedad española del siglo XVI.

No hay que pensar que es una monja iletrada, espontánea...

No, no, no...

Es una monja con mucha preparación.

Tiene una formación literaria y religiosa de lecturas muy buenas.

Por ejemplo, una Vita Christi, un Kempis...

Sobre todo, le van a marcar tres lecturas espirituales:

San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín,

o sea, tres grandes de los grandes.

Ha sabido seleccionar muy bien sus lecturas desde siempre.

Quiero insistir en este aspecto

porque, como se habla de un estilo espontáneo y sencillo,

parece como si eso fuera obra

de la inspiración directa del Espíritu Santo, y no es así.

Hay una preparación, una formación y una técnica.

Se habla de Santa Teresa escritora y eso hoy nos parece normal,

pero en su época era una auténtica excepción.

De hecho, la mujer estaba excluida, por el hecho de ser mujer,

del acceso a la cultura, al saber.

Así que eran todas idiotas,

en el sentido etimológico del término idiota:

esto es, carecían de educación.

-Las Confesiones de San Agustín circulaban en latín.

Se tradujeron al castellano en febrero del año 1554.

Y, posiblemente, quince días más tarde ya las tiene Teresa

y las devora.

Cuando Teresa lee el libro de Las Confesiones,

lo lee como un libro "espejo":

"esta no es Agustín, soy yo".

Y le produjo tal impacto que, prácticamente, se puede decir

que es el libro que caldea su conversión.

Esta formación libresca se complementa con la formación oral.

Teresa de Jesús se codeó con los mejores espirituales de su época:

San Pedro de Alcántara, San Francisco de Borja,

jesuitas, dominicos,

que algunos fueron catedráticos de la universidad de Salamanca,

o el Padre Ripalda,

autor de un famosísimo Catecismo vigente todavía en el siglo XX.

Y tenía interlocutores variadísimos, como san Juan de la Cruz.

O sea, lo más granado de los espíritus de su época

fueron interlocutores suyos.

Y con ellos tuvo conversaciones a través de la reja del locutorio,

con lo cual su formación fue continua y hasta el último día.

-Sabemos muy bien los libros que leyó.

Los subrayaba, los sabía de memoria,

Eran pocos, pero selectos.

Fue una persona que estuvo en contacto íntimo

con los grandes maestros de la espiritualidad.

Y hay muchas veces que ella dice:

"No sé si leí, u oí..."

Efectivamente, le viene una imagen, le viene un núcleo de expresión

que ella no recuerda si está en los libros, si lo oyó en un sermón...

Pero a ella le vale inmediatamente para tejer una alegoría;

por ejemplo, la alegoría del castillo interior.

El denominador común de sus escritos

es el empleo de un lenguaje llano y desenfadado,

engarzado con una sintaxis sencilla, espontánea y directa.

Escribe como habla y como vive.

No fingía ser rústica.

Ella escribía como hablaban las gentes de Ávila,

las gentes castellanas de su tiempo.

Hablaba de una manera tendida

pero, eso sí, después corregía buscando la expresión.

Su afición a la lectura proviene de sus padres.

En su casa había buenos libros al alcance de ella y de sus hermanos

El padre de Santa Teresa tenía inclinaciones erasmistas.

Y además tenía una buena biblioteca.

Según las ideas de entonces,

la biblioteca contenía, sobre todo, libros de formación, de instrucción.

Las niñas no iban a aprender a colegios.

Como no tuvieran preceptores, no aprendían.

Parece que debió de ser la propia madre de Santa Teresa

la que le enseñó a leer.

-El hogar de doña Teresa de Ahumada, de doña María, su hermana,

de doña Juana y de todos los otros hermanos, hasta once,

era un hogar privilegiado, un hogar excepcional.

Su padre tenía libros.

En su testamento y en la narración de sus bienes

constan algunos de los libros que tenía, cosa rara entonces,

salvo en profesionales como profesores de universidad,

catedráticos de universidad, abogados, curas y demás,

que tenían los libros de su oficio.

Doña Teresa de Ahumada, desde niña, fue una lectora empedernida.

No solo leyó las vidas de santos, que influyen mucho en ella

porque vida de santo que lee, vida de santo que quiere imitar.

Y se pone a hacer ermitas cuando lee santos eremitas, santos ermitaños,

o cuando lee vidas de mártires,

se escapa, dice ella, a tierra de moros,

que esa es otra cuestión de la que habría que hablar mucho,

pero es que leía libros de caballería.

Los libros de caballería entonces estaban proscritos.

Basta con que recordemos el sentido de El Quijote.

Estaban penados también en su lectura.

Dice ella que no estaba tranquila si no tenía un libro nuevo cada día.

Cuando la madre Teresa ya haya fundado conventos

y tenga que dar normas para sus prioras,

una de las cosas que les dice es, "y tengan buenos libros",

y cita ella unos cuantos que se pueden tener y dice:

"Porque el leer es tan importante para el alma,

como el comer para el cuerpo".

Este convento de la Encarnación,

construido sobre el solar de un antiguo cementerio judío

en las afueras de Ávila,

e inaugurado en 1515, año en que nació Teresa,

fue relativamente lujoso en su época.

Ya cumplidos los 20 años,

Teresa decide, contra la voluntad de su padre,

buscar la paz interior entre sus muros.

Probablemente, tras pensar que era una decisión más acertada

que un posible matrimonio de conveniencia.

Aunque este cuadro de Domingo Echevarría

muestra un ingreso apacible,

lo cierto es que abandonó su casa al amanecer

en lo que pudo ser un acto de rebeldía.

Ella ingresa en la Encarnación no buscando la libertad,

sino buscando un refugio contra el casamiento,

porque ella entiende que el casamiento

es la sumisión al varón.

Es ya una protesta femenina,

porque realmente ella es una adelantada

en la defensa de los derechos de la mujer.

Yo diría que es la primera feminista que aparece

en el plano de la Mística y de la Literatura.

Y, entonces, se rebela contra el padre.

-Ella tiene el ejemplo de su madre, que muere con 33 años

y tiene diez hijos en 18 años.

Con lo cual, en aquella época,

el matrimonio era estar debajo de la autoridad de tu marido

y tener un hijo detrás de otro.

Teresa se da cuenta pronto

de que el monasterio elegido no colma sus exigencias interiores

y de que allí no va a encontrar lo que busca.

A la represión en la edad escolar por su linaje

y la reacción que ha provocado en ella el alejamiento familiar,

tras internarla su padre en el convento de Gracia, en Ávila,

siendo adolescente,

se suma el choque traumático de su encuentro

con aquel ambiente superficial de la Encarnación

y la dificultad de poder concentrarse

en el recogimiento espiritual que tanto desea.

A su parecer, mientras se rezaba se pensaba en otra cosa.

Fue tal la decepción, que más tarde llamaría Babilonia a este monasterio

Ella se encontró, poco a poco, desilusionada

y esta grave frustración de ser la mejor monja y ser la mejor cristiana

incidió sobre sus genes ciclotímicos,

porque ella tenía un temperamento ciclotímico,

y esto la hizo sucumbir en un grave trastorno depresivo.

Ha vivido sin haber tenido infancia.

Ella,

como consecuencia de ver el acoso inquisitorial que sufría su familia,

se sintió traumatizada,

abandonó las muñecas y los juegos infantiles

por las preocupaciones de adulto.

Y, entonces, era una adulta chiquita ya a los cinco o seis años.

A los seis años fue cuando hizo la primera fuga.

Esto se califica de falsa maduración precoz de la personalidad

de la monja Teresa de Jesús,

y es una base importante

para entender quien había de ser la monja Teresa de Jesús

a lo largo de toda su vida.

Los acontecimientos que marcaron la temprana infancia de Teresa

son de aspectos muy diversos,

pero el que incidió de manera más traumática sobre ella

es su pertenencia a un linaje familiar judío.

El linaje la marcó toda la vida, en cierto sentido,

porque ya impuso una cierta disociación en su personalidad.

Su bisabuelo había sido judío completo

y su bisabuela también.

Luego ya, en la línea paterna,

su abuelo había sido castigado por la Inquisición en Toledo,

precisamente como "criptojudío" o judío secreto.

Y, precisamente por este motivo,

emigró la familia de Teresa de Toledo a Ávila,

porque en Toledo había sido humillado el abuelo.

Entonces en ella se desarrolló una gran vocación cristiana.

Diríamos que tenía la aspiración de ser la mejor cristiana posible.

Pero encontraba dentro de sí

el inconveniente que podía provocar en otras personas,

de que su linaje judío podía ser un impedimento

para ser la mejor cristiana del mundo.

Dentro de ella se formó un antagonismo, en este sentido,

que dio por resultado, elaborar una vocación cristiana auténtica

pero, al mismo tiempo,

sin renunciar del todo a la cultura judía.

Su padre, don Alonso Sánchez de Cepeda,

no pertenecía a la nobleza,

como se ha apuntado en repetidas ocasiones,

ni poseía el título de hidalgo, que consiguió en un juicio amañado,

con testigos comprados que testificaron en falso,

entre 1519 y 1523.

Ella tuvo que pasar, en la niñez,

por episodios que, indudablemente, se le tuvieron que quedar grabados.

Entre otros, el pleito que entabló su padre con los tíos de Teresa,

para comprar una hidalguía que equivalía al reconocimiento social

de su prestigio, de su limpieza de sangre;

es decir, que equivalía al resultado de uno de los intentos habituales

por borrar los orígenes.

Eran unos orígenes que hoy día son sobradamente conocidos,

pero han tardado siglos en descubrirse o en redescubrirse.

Descendía de judíos.

En la terminología de aquel tiempo,

habría que decir que Santa Teresa fue judeoconversa, fue conversa.

Esta condición se ocultó tanto, que no se ha logrado saber

hasta muy entrado el siglo XX, hasta 1946, en concreto.

El padre y los tíos de Santa Teresa

pleitearon aquí, en la cancillería de Valladolid.

Aquellos pleitos eran muy caros.

Pleitearon para que les reconociesen la condición de hidalgos.

La familia corrompió a los testigos.

Eran tan evidentes las corrupciones, que la primera tanda de testigos

tuvieron que ser rechazados por el fiscal de la cancillería.

Trajeron otros,

y algunos de ellos declaraban eso, que habían sido confesos

pero que, a pesar de eso, era gente honrada.

Este pleito se descubrió un poco en 1946

y desapareció totalmente de la cancillería.

Venga a ir, una vez y otra vez, y otra vez,

y hasta 40 años más tarde, no apareció.

Y apareció ese pleito, de nuevo, cuando ya no había tantos problemas.

La verdad es que, incluso en el siglo XX,

y después de conocido parte de donde se decía

que habían sido reconciliados, que habían salido en auto de fe,

que el sambenito de que eran conversos judaizados

estaba en una parroquia de Toledo, en Santa Leocadia,

todavía hasta los años 90 había tercianistas,

que son los que se dedican a Santa Teresa,

que aún se resistían a admitir la evidencia.

En sus escritos jamás cita a los judeoconversos,

presentes en la realidad social de la España de entonces,

aunque tanto en estos, como en sus cartas,

sí aparecen personajes judíos.

Teresa de Jesús nunca renunció del todo a esa cultura

a pesar de su vocación cristiana.

En la literatura de ella brillan, sobre todo, los personajes judíos.

Los personajes más admirados de ella

eran, realmente, Moisés, David y Salomón.

Yo diría que, entre los tres, su favorito era David,

y aparecía en sus escritos y en sus cartas

y, sin embargo, nadie sospechaba

que esta afición de ella por los grandes personajes bíblicos

podía partir de su simpatía por la cultura judía.

La monja Teresa de Jesús, para entenderla,

hay que entender que era judeoespañola

o, si quieren, hispanohebrea,

y que pertenecía, realmente,

a la religión cristiana y a la cultura judía

y que, desde mi modesto punto de vista,

yo entiendo que son compatibles,

que este es un ejemplo de demostración

de la monja Teresa de Jesús

que nos vale para la cultura presente,

de como la religiosidad cristiana y la cultura judía

pueden ser compatibles.

Ella nos lo ha demostrado.

-Ella elimina toda discriminación.

Es decir, mientras en otros conventos había estatutos de sangre

y si no tenías la sangre limpia no podías entrar,

ella elimina completamente esto en sus conventos.

Ella dice que no tiene que haber discriminación

entre hombres y mujeres

ni entre cristianos nuevos y cristianos viejos.

Hoy en día nos parece de lo más normal,

pero en el siglo XVI era revolucionario y perseguido,

porque era algo que se salía completamente de lo que era habitual.

En 1538, a los tres años de ingresar en la Encarnación,

embargada de sentimientos de soledad y tristeza,

Teresa sufre toda una serie de síntomas somáticos

que dan inicio a la grave enfermedad melancólica

que padeció durante su juventud,

prolongándose a lo largo de los casi 20 años

que pasó dividida entre el mundo y Dios,

según relata ella misma en su autobiografía.

Podría establecerse en esa época

una relación entre su insatisfacción personal y sus problemas de salud.

Ella tenía una enfermedad depresiva completa,

porque tenía tristeza, tenía abatimiento.

Tenía también, con relación a la comunicación con los demás,

sentimiento de soledad, desconfianza,

e, incluso, tenía dificultades para alimentarse y para dormir.

Tenía un trastorno depresivo completo presidido por el sentimiento de culpa

y acompañado de síntomas corporales de lo que hoy llamamos fibromialgia,

y, al mismo tiempo, de síntomas motores

que durante un cierto tiempo se llamaron síntomas histéricos

y que hoy llamamos síntomas disociativos.

El famoso neurólogo francés Jean-Martin Charcot,

precursor de la psicopatología, habló de histeria en el siglo XIX.

Y también Novoa Santos,

el prestigioso médico patólogo y pensador gallego,

atribuyó a la histeria la enfermedad de Santa Teresa.

Aunque la ciencia puede escapar siempre hacia la histeria,

tanto Marañón como algunos otros eminentes psiquiatras

no comparten este diagnóstico.

Marco Merenciano, Poveda Ariño y López-Ibor, en 1963,

publicaron unos artículos por separado

y además, en un simposium, ellos llegaron a la conclusión

de que no se puede atribuir a Santa Teresa en ningún proceso mental,

porque tenía una mente clara y perfecta, además.

Los síntomas que ella misma describiría más tarde,

episodios de fiebre, alteración de conciencia,

desmayos y mal de corazón,

también se han interpretado lejos de la psiquiatría.

¿Qué era eso del mal de corazón?

El mal de corazón, "morbus cordis", era la epilepsia.

Se manifestó inicialmente a través de episodios poco descritos

que son los iniciales desmayos, hasta que se van acentuando,

y entra en una situación muy grave en la que estuvo a punto de morir

e, incluso, se la amortajó, se abrió la sepultura

y se cantaron responsos,

que fue un estado epiléptico,

en el cual no había intervalos entre las crisis

y entró en un coma profundo, estuvo a punto de morir

y de todo esto tardó tres años en recuperarse.

¿Y qué tipo de epilepsia tenía?

Pues una epilepsia muy singular, única.

Apenas hay diez casos conocidos suficientemente bien

con ese tipo de epilepsia,

y estos episodios han sido estudiados

por un gran escritor y un gran conocedor del alma humana

que era Dostoievski.

Dostoievski padeció, a lo largo de su vida, de estos episodios,

en los cuales un enorme placer, una armonía con el mundo entero,

que por ello daría ella diez años de su vida,

si no su vida entera, así lo decía Dostoievski.

Curiosamente, la santa tiene los mismos episodios

y hasta utiliza los mismos términos verbales.

-Santa Teresa padeció una neurobrucelosis cuya causa

era la enfermedad producida por la infección de brucellas

que se transmite única y exclusivamente por la leche de cabra

y la santa la tomaba de su finca de Gotarrendura

y de ahí viene todo su problema.

El conjunto de convulsiones, con mordeduras de lengua,

el coma profundo de cuatro días,

y el estar encogida hecha un ovillo,

configuran el síndrome meningoencefalítico.

Y no hay ninguna otra conclusión correcta de tipo diagnóstico

más que esta.

Es en el año 1554, tras la conversión,

como suele llamarse al acontecimiento que supuso

su encuentro con esta imagen de Cristo llagado

en el oratorio del monasterio,

cuando se va a producir un antes y un después en su vida.

Este súbito despertar religioso

se va a acompañar de una recuperación repentina de la salud

y una entrega a la oración mental

desprovista ya de toda incapacidad para recogerse en sí misma.

Los carmelitas descalzos encargaron posteriormente a Gregorio Fernández,

el escultor que mejor ha retratado a la santa,

una representación de esta experiencia mística.

El artista lo concibió como un conjunto:

Santa Teresa arrodillada ante Cristo atado a la columna.

Una copia del mismo

se encuentra en el Museo Teresiano de 1.500 metros cuadrados

que, bajo el solar de la casa paterna, tras 16 años de obras,

inauguraron los carmelitas en Ávila, en 1999.

Sobre él, en 1630,

edificaron la iglesia que lleva el nombre de la santa

y el convento adosado a la misma.

La talla original de Teresa

se encuentra presidiendo la famosa capilla barroca,

remodelada en el siglo XVIII,

donde se considera que estaba la habitación en la que nació.

Y en un lateral de la iglesia, la otra talla original,

Cristo atado a la columna,

con la que Gregorio Fernández compuso el conjunto.

El museo contiene fondos bibliográficos, libros,

retratos, grabados o numismática.

Lo que era la antigua sala de campanas

del monasterio de la Encarnación,

convertida hoy en museo abierto al público,

contiene valiosas reliquias,

como este tronco de madera que le servía de almohada en penitencia.

El cojín en el que se reclinó en su toma de hábito

se conserva en una de las vitrinas.

Teresa adoraba esta talla de San José el "parlero",

a quien dedicó la mayor parte de los monasterios que fundó.

La vitrina central

guarda el dibujo original que pintó Fray Juan de la Cruz,

cuando estuvo de confesor del monasterio durante cinco años,

y que se dice inspiró el Cristo de Dalí.

Fray Juan de la Cruz vino para ser director espiritual

de la mano de la madre Teresa, en 1572,

un año después de que ella regresara para ser priora,

obligada por sus superiores,

cuando se encontraba en Medina del Campo.

Fue una época creativa en lo poético.

Aunque ella no se consideraba poetisa,

componía al alimón con Fray Juan de la Cruz,

como en el caso de "Vivo sin vivir en mí".

San Juan de la Cruz es un grandísimo poeta

y ella es una trovadora popular que hace unos ripios maravillosos,

pero tiene la fuerza, la gracia y el vuelo poético inmenso

que tenía esta mujer, de enorme fuerza y una inspiración increíble.

Ella dice:

"Oh, hermosura, que excedéis

a todas las hermosuras, sin herir dolor hacéis,

sin dolor deshacéis el amor de las criaturas".

Eso está lleno de ripios y es como una cancioncilla popular.

Pero si el psicoanalista Carlos Gustavo Jung

tuviera que analizar eso,

diría que es una expresión clarísima de lo que Jung decía,

la Coniunctio Oppositorum, es decir,

la conjunción de las fuerzas opuestas,

donde la dualidad se trasciende totalmente en otra cosa

que es una unidad que está más allá de esa tensión permanente

en la que vivimos instalados los hombres,

que es un desgarro, sí pero no, no pero sí,

blanco pero negro, ahora lo veo, pero ahora no lo veo...

Y ahí ella lo expresa cuando dice:

"Hermosura que excedéis a todas las hermosuras

sin herir dolor hacéis";

o sea, expresa esa fuerza paradójica del misterio divino

de una forma sencilla y con una poesía bella también,

pero San Juan de la Cruz es un poeta de una magnitud impresionante,

de un orden increíble.

La poesía de San Juan de la Cruz es un vuelo donde se juntan

el dominio y la maestría poética,

el dominio del verbo y la palabra poética,

con la inspiración poderosísima de un místico.

-¿Teresa es poeta?

Pues, hombre, no en la misma calidad que Juan de la Cruz.

Pero hay una misma fuente común para ambos.

Y es que la experiencia mística pide otro lenguaje:

el lenguaje del símbolo, el lenguaje de la poesía, en definitiva.

Teresa dice, en el capítulo XVI de El libro de la vida:

"Yo soy persona que, con no ser poeta,

le acaecía de presto hacer coplas muy sentidas

declarando su pena bien".

Por supuesto, la mejor de todas es "Oh, hermosura, que excedéis...";

ese es el primer gran poema de Teresa.

Otro poema, que también es místico, hablando de este esposorio:

"Cuando el dulce Cazador me tiró y dejó rendida,

en los brazos del amor, mi alma quedó caída.

Y cobrando nueva vida, de tal manera he trocado,

que es mi Amado para mí, y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador me tiró y dejó rendida,

en los brazos del amor, mi alma quedó caída.

Y cobrando nueva vida, de tal manera he trocado,

que es mi Amado para mí, y yo soy para mi Amado.

Tirome con una flecha enherbolada de amor,

y mi alma quedo hecha una con su Criador.

Yo ya no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado".

Este poema, "Mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado",

recrea el Cantar de los Cantares.

Y el tercer poema podría ser el "Vivo sin vivir en mí",

que es la experiencia de San Pablo:

"Ya no vivo yo, vivo de otro que lleva mi vida,

que es el que me guía, vivo sin vivir en mí".

Este poema lo compuso con Juan de la Cruz, al alimón, en la Encarnación.

Se pusieron de acuerdo los dos para escribir un poema.

Teresa de Jesús lo dirige a la vida:

"Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero..."

a esa vida después de la muerte, tan alta vida espero,

"que muero porque no muero".

Juan de la Cruz, sin embargo, lo dirige a la esperanza:

"Vivo sin vivir en mí, y de tal manera espero,

que muero porque no muero".

Pero el poema es común:

ocho estrofas, 59 versos, pero con diferente dirección.

Y el cuarto poema místico, para mí, de Teresa

sería el "Cuan triste, Dios mío, la vida sin ti,

ansiosa de verte, deseo morir",

que refleja precisamente esos deseos vehementes con los que murió.

En clausura, en la que fue su celda prioral,

se conserva la misma cama que se usaba entonces

a base de un jergón con la almohada de paja.

A través de estas rejas del locutorio primitivo

y hablando del misterio de la Santísima Trinidad,

Fray Juan y la madre Teresa cayeron en éxtasis,

momento en que los sorprendió su sobrina, Beatriz de Cepeda,

y que queda recogido en el cuadro que cuelga en un lateral.

El éxtasis es el fenómeno místico central.

Por lo menos, el fenómeno místico que pone en comunicación

a la persona mística con el mundo.

Tenía un aspecto exterior, que era el bloqueo total,

el bloqueo de la motilidad,

el bloqueo de los órganos de los sentidos.

Era un mundo exclusivamente interior en el cual ella sentía luego elevarse

volar su espíritu y unirse a Dios.

Eso era la combinación de su éxtasis.

Hay algún éxtasis que, desde luego, nos llama mucho la atención:

El éxtasis de la Transverberación, inmortalizado por Bernini,

en donde ella tiene unas sensaciones

que pueden recordar a lo que es el deleite sexual femenino.

La expresión de la santa en pleno arrebato místico

constituye una de las más grandes realizaciones del arte barroco.

Es la más conocida de las obras de Bernini,

en la que se hace visible

la experiencia de la unión del ser humano con Jesucristo,

narrada por la madre Teresa.

Con sus ojos pesadamente cerrados y su boca entreabierta

recibe, a través del ángel, el dardo del amor divino.

Se ha dicho que la obra estaba destinada a figurar en el Vaticano,

pero que el papa Inocencio X la rechazó,

al ver en ella más erotismo que misticismo.

La idea de que santa Teresa

parece más estar experimentando un orgasmo, que el amor divino

se ha repetido muchas veces

y ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones,

también médicas, para avalar el origen de su enfermedad.

Sus éxtasis no eran fenómenos místicos,

aunque aparte de ello, ella era una gran mística,

pero esos fenómenos eran fenómenos orgánicos,

fenómenos médicos, fenómenos clínicos.

Se caracterizaban todos por una especie de comienzo

que era, generalmente, una luz que invadía todo,

una luz que ella describe como relámpagos,

todo ello revestido siempre de placer.

Después de la luz, había una especie de éxtasis,

en el sentido de parálisis, y ella se quedaba paralizada

como ocurre en el famoso conjunto escultórico de Bernini,

en el cual se ve la mano cayendo allí, paralizada,

con los sentidos anulados a lo exterior.

Y en este momento ella solo tiene atención a lo que va a venir después,

que son alucinaciones.

Sin embargo, Carl Albrecht,

lejos de justificar estos fenómenos como clínicos,

en sus trabajos sobre psicología mística

abunda en las explicaciones teológicas, según las cuales,

los místicos son personas con grandes cualidades

y capacidad para recibir la comunicación de Dios

y que estos fenómenos no son efectos de la naturaleza.

Teresa de Jesús, una vida de experiencia mística - Capítulo 1

55:27 01 abr 2015

El documental analiza  la personalidad, obra y figura mística de Santa Teresa, apoyándose en testimonios de profesionales tanto del campo de la medicina psiquiátrica, la investigación científica como de la literaria y filosófica.

 

El documental analiza  la personalidad, obra y figura mística de Santa Teresa, apoyándose en testimonios de profesionales tanto del campo de la medicina psiquiátrica, la investigación científica como de la literaria y filosófica.

 

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