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Para todos los públicos Otros documentales - Tongóbriga (El espíritu de un lugar) - ver ahora
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A lo largo de los tiempos ha habido lugares especiales

para el hombre.

Lugares escogidos para reflexionar.

Lugares donde protegerse.

Lugares donde vivir.

Lugares donde imaginar y crear.

Sitios sagrados.

En ellos, las huellas del hombre quedaron marcadas

y la imaginación se apodera de la mente, viniendo a proponer

las posibles historias que allí acontecieron.

En el noroeste de la península ibérica, en el norte de Portugal,

hay uno de estos lugares mágicos.

Hace mucho tiempo, los habitantes de estas tierras

ya se dieron cuenta que habitaban en un lugar especial.

Misteriosas ruinas surgían del suelo,

y objetos extraños aparecían cuando escarbaban.

El conocimiento sobre los tiempos pasados

que aquellas sencillas gentes tenían,

no alcanzaban muchos años atrás.

Las historias no quedaban escritas

y pasaban de hijos a padres de viva voz.

Lo más antiguo que habían oído

hacía referencia a los tiempos de los moros.

Los tiempos de los moros era una herencia de la época

de las invasiones musulmanas, que en el imaginario popular,

representaba uno de los símbolos de oscuridad y peligro.

Sin ciencia, ni espíritu crítico,

esas humildes gentes no tenían oportunidad

de acceder a la verdad del lugar,

y las supersticiones vinieron a dar respuestas.

La leyenda que se forjó es que aquellos restos

pertenecieron a un antiguo y sagrado templo moro.

Una leyenda que fue alimentada por más de 200 años.

Durante todo ese tiempo,

muchas dificultades y necesidades acecharon,

y poco espacio quedó para el respeto por lo antiguo.

Los lugareños aprovecharon

muchos de los magníficos y sorprendentes bloques de piedra

que las ruinas ofrecían, para construir sus casas e iglesias.

Y buscaron y recogieron todas las piezas de valor

que fueron capaces de encontrar.

Con el expolio, una parte de la historia del lugar

se perdió para siempre.

Pero en el siglo XX,

la ciencia estaba dando respuesta a muchas preguntas.

Y el conocimiento pronto dio paso

a un sentimiento de admiración y respeto por el pasado.

Los lugares antiguos comenzaron a protegerse y estudiarse

en medio mundo.

En 1980 comenzaron las primeras excavaciones arqueológicas

en este lugar.

Pronto se dieron cuenta que aquí se escondía una historia

mucho más antigua, intensa y apasionante,

de lo que nunca nadie había imaginado.

La arqueología es maravillosa.

Descubrir las piezas, acariciarlas y contemplarlas,

hacen sentir una gran curiosidad y un gran respeto.

Sin duda, llevan muchos años sin ver la luz.

Y las últimas manos que las tocaron fueron las de alguien que vivió

hace mucho tiempo.

Cada una de ellas encierra una o multitud de historias.

Intentar descubrirlas es apasionante.

Gracias a modernas tecnologías,

como, por ejemplo, la termoluminiscencia,

podemos saber, con error de no muchos años,

cuando una pieza de cerámica fue horneada.

De esta forma, hemos descubierto que esta pieza en concreto,

tiene unos dos mil años.

La información aportada por las piezas de cerámica es muy valiosa.

Pero también la aportada por los restos de las edificaciones

y la huella que estas dejaron.

En el sureste del yacimiento se encontraron unos canales en la roca.

Son huellas constructivas.

Tras los estudios, se descubrió que estos entalles en la piedra,

sirvieron para el apoyo y sujeción de los muros de una casa.

El hueco de en medio era para encajar el pilar central.

Con estos datos, los restos encontrados,

y lo descubierto en otros yacimientos similares,

es posible imaginar con cierto detalle,

la casa que aquí se encontraba.

Construida con piedras, troncos, barro y paja,

esta casa perteneció a un grupo de 2 o 3 viviendas,

una de ellas con vestíbulo,

organizadas alrededor de un patio descubierto

que estaba empedrado.

Otras cabañas aledañas servían de almacén.

Todo el conjunto respondía muy probablemente a un núcleo familiar.

Las huellas constructivas en el terreno y diversos estudios

han permitido determinar que, además de estos núcleos familiares,

había diversos edificios de uso comunitario.

Todas las construcciones

se distribuían en una estructura proto urbana,

atravesada por diversas calles.

Las investigaciones revelaron también la existencia

de una muralla de un kilómetro y medio,

rodeado en muchos lugares por un profundo foso.

Aunque todavía no se han encontrado vestigios que lo confirmen,

la estructura sugiere la existencia de 4 puertas.

Uniendo todo el conocimiento logrado

se descubrió que este conjunto arqueológico

pertenece a un antiguo poblado de la cultura castreña.

Para comprender su origen, tenemos que remontarnos a mucho tiempo atrás

Hacia el año 700 a. C.,

Europa se encuentra poblada

por una multitud de etnias y pueblos diferentes.

No se trata de pueblos cohesionados,

sino, de grupos dispersos organizados en tribus o clanes.

Algunos de estos grupos forman aldeas y poblados.

Otros son nómadas.

Todos ellos tienen una gran tradición por la guerra

debido a sus constantes rivalidades y frecuentes disputas.

Pero también mantienen importantes relaciones,

que les lleva a compartir diversos rasgos culturales

como lenguas emparentadas, y ciertas ideas y creencias.

Se están fraguando algunas de las culturas más importantes

de la vieja Europa.

Y esto también está ocurriendo en el noroeste de la península ibérica.

En los confines del continente europeo

donde acaba la tierra y comienza el océano.

Una tierra de montañas y densos bosques, de caudalosos ríos,

de fértiles y amplios valles.

Una zona rica en recursos naturales, llena de vida,

que sostiene con comodidad a los diversos pueblos que aquí habitan.

La situación remota y periférica de estos territorios,

y el estar limitados con el océano,

podría hacer pensar que estos pueblos están aislados.

Pero nada más lejos de la realidad.

Otros pueblos del centro de Europa están llegando por el noroeste.

Además, las relaciones comerciales

con el centro y el sur de la península

son cada vez más intensas.

Y por el norte se establecen contactos

con otras regiones atlánticas como Bretaña y las islas británicas.

Pero además, los griegos y los fenicios,

que están fundando ciudades a lo largo y ancho del mar Mediterráneo,

buscando construir una gran red de rutas comerciales

han alcanzado también las costas del oeste peninsular.

Todas estas complejas relaciones comerciales

e importantes influencias del exterior,

está provocando que para estos pueblos,

la supervivencia haya dado paso a un comercio de cierta escala.

Para muchos, sobrevivir ya no es suficiente,

ahora se desea el lujo y las riquezas,

y es necesario competir.

Las rivalidades y las guerras están aumentando,

así que, como ya ocurría hace mucho tiempo

en otras partes de la península ibérica y del resto de Europa,

los poblados abiertos están evolucionando

hacia poblados fortificados,

que suelen ser construidos en lugares elevados

para facilitar la vigilancia y la defensa.

Algunos con murallas e incluso fosos.

De esta manera, historia y arqueología se unen

para confirmarnos la existencia hace unos dos mil años

de un poblado en este lugar.

Las investigaciones arqueológicas y el cruce con los datos históricos

están permitiendo avanzar considerablemente

el conocimiento del yacimiento.

El hallazgo de un trozo de granito perteneciente a un altar

arrojó el nombre del castro,

Tongobriga.

Un nombre que los estudios parecen indicar proviene del sufijo "tongo",

probablemente como homenaje a un dios o a una personalidad relevante,

y el sufijo "briga",

que, genéricamente significa "colina fortificada".

Muchas de las piezas de piedra encontradas en el yacimiento

no solo pertenecieron a estructuras o construcciones,

también hay piezas de piedra que, claramente, fueron utensilios.

Esta pieza, por ejemplo, se empleó para moler cereales.

Todos estos hallazgos ofrecen pistas valiosísimas de cómo construían,

vestían o se alimentaban las gentes que aquí habitaron,

por lo que juntando todos estos datos, es posible determinar

cuándo estuvo habitado este lugar,

y aventurarnos a imaginar con bastante precisión,

cómo se vivía en Tongobriga.

Muchos de los miembros del poblado se dedican a la agricultura.

El trigo, el panizo, los guisantes, las habas y la cebada

son cultivos habituales.

Otros miembros del poblado se ocupan del pastoreo.

Los caballos, las ovejas, las vacas y los cerdos

son muy apreciados porque aportan al castro lana, leche y carne.

Los más fuertes y ágiles se dedican a la caza y a la pesca.

La caza se considera, además, un entrenamiento para la guerra.

La vida en el castro es tranquila.

El trabajo se comparte según habilidad, sexo y edad.

Las mujeres y los niños muelen los cereales cosechados,

y las bellotas recolectadas en el bosque.

Con harina producirán diversos alimentos, especialmente pan.

Muchos individuos se han especializado en tareas complejas.

Unos elaborando tejidos, principalmente con lana y lino.

Otros, creando objetos de cerámica y de madera.

Otros han aprendido a trabajar los metales para forjar herramientas

y elementos de adorno.

Tanto hombres como mujeres

engalanan sus cuerpos con ropajes, joyas y adornos.

Las mujeres usan faldas, mantos, túnicas y hebillas de bronce,

joyería de oro y plata,

y cuidan con esmero su cabello.

Las ropas y los adornos en las mujeres,

y las armas en los hombres,

son identificativos de su estatus social.

Los lazos que unen a los habitantes del castro son, sobre todo,

el pertenecer a la misma familia, o al mismo linaje.

Entre los restos del yacimiento

se ha encontrado una estructura particular y peculiar,

que es muy similar a las encontradas en los yacimientos arqueológicos

de otros castros.

Suelen recibir el nombre de "pedra formosa".

Corresponde a un lugar público y utilitario del poblado castreño,

destinado a tomar baños de vapor,

con toda probabilidad, con una función sagrada o ritual.

La serpiente dibujada en el pavimento de la sala de entrada

nos indica que, seguramente,

esta función ritual estaría relacionada con la purificación

a través del agua.

A la salida encontramos la misma serpiente, pero con la cabeza girada

Muy probablemente, en representación

de la supuesta expulsión de lo maligno,

a través de la exposición al vapor caliente.

Además de lo sagrado, también tendría un uso de higiene y ocio.

En una de las paredes hay un alquerque,

un tablero de juego grabado en el granito que apunta a esta idea.

El estudio de estos restos y de otros similares

sugiere que este balneario castreño, funcionaba de la siguiente forma:

El agua llegaba por una canalización que fue esculpida en la piedra.

Una guillotina de madera controlaba el caudal que entraba

a la cámara principal, llamada "horno".

Allí el agua se evaporaba al caer sobre piedras

que se habían calentado previamente en hogueras.

El vapor pasaba por una pequeña apertura a la sala adyacente,

que era el espacio de sauna, propiamente dicho.

A ella se accedía a través de una estrecha apertura

que conectaba con otra sala, la sala de espera.

Para lograr esta apertura se empleaba un bloque autónomo,

bellamente tallado con un motivo cruciforme.

Este bloque es el responsable

de que los baños castreños reciban el nombre de pedra formosa,

ya que es algo común y característico en todos ellos.

El acceso a la sala de espera se producía a través de un patio amplio

o atrio, que estaba excavado en el afloramiento granítico.

Todo parece indicar que a la función utilitaria, higiénica y medicinal

de estas estructuras,

se les unía una función litúrgica,

probablemente relacionados con la iniciación de guerreros,

y la solicitud de protección a los dioses.

Los estudios arqueológicos del espacio exterior a la muralla

reveló sorprendentemente un enorme recinto cerrado

delimitado por muros de piedra.

En su interior se identificaron signos evidentes

de que allí se erigieron numerosas construcciones

hechas con materiales perecederos, muy probablemente madera.

Entre estos vestigios se cuentan numerosos silos

que se utilizaron para almacenar granos de cereales

y los negativos de estructuras que se asemejan a los hórreos,

es decir, almacenes.

Todo indica que este sería un enorme espacio público,

muy probablemente un gran mercado.

Su tamaño, capaz de acoger a miles de personas, nos sorprende.

Tal vez fuera también un gran santuario.

Tal vez en él se prestara culto al propio Tongo,

pues era una divinidad o un héroe divinizado,

al cual se rendía homenaje a través del propio nombre del poblado que,

dedicado a él, se pasó a llamar Tongobriga.

Los restos nos hacen suponer que este espacio

tendría un aspecto similar a este.

Ampliamos así nuestra imagen de cómo debió de ser la Tongobriga

de los inicios de nuestra era.

Este mercado santuario tenía un aforo mucho mayor

que la población del castro.

Se refuerza así la idea de que la Tongobriga castreña

era un lugar neurálgico donde, probablemente,

acudía gente de un amplio territorio.

Esta idea coge más fuerza aún si tenemos en cuenta

la privilegiada ubicación del castro.

Pero cosas extraordinarias están aconteciendo lejos de estas tierras,

y que impactarán decisivamente en el futuro de estos pueblos.

En la península itálica, al este del río Tíber,

sobre un grupo de 7 colinas,

tribus sabinas, latinas y etruscas se han unido

para fundar una gran ciudad.

Una ciudad estado que crece rápidamente,

y a la que han llamado Roma.

Y al mismo tiempo, en una pequeña península de la costa africana,

otra ciudad estado fundada por los fenicios,

está también progresando rápidamente...

Una ciudad llamada Cártago.

Roma y Cártago se están expandiendo rápidamente,

conquistando todos los territorios que encuentran a su alcance.

Inevitablemente, Roma y Cártago terminan colisionando.

Y entran en guerra por el control de Sicilia.

Roma se impone, y Sicilia se convierte en provincia romana.

Derrotada, Cártago desiste de expandirse

por el centro del Mediterráneo

y decide en su lugar, concentrar sus esfuerzos en la península ibérica.

Para ello, funda una gran ciudad, Qart Hadasth.

Desde Qart Hadasth,

los cartagineses avanzan prioritariamente por el Mediterráneo

pero su cultura y comercio se despliega por toda la península,

alcanzando a los pueblos del noroeste peninsular.

En el año 218 a. C. Cártago asedia la ciudad mediterránea de Sagunto,

hasta destruirla.

Roma, que estaba inquieta con los progresos de los cartagineses,

y era protectora de Sagunto,

aprovecha las circunstancias

para entrar en guerra, nuevamente, con Cártago.

Roma desembarca en Iberia.

Tras doce años de guerra y esfuerzos,

Roma consigue expulsar a los cartagineses

de la península ibérica.

Y ahora, desde el este y el sur,

las secciones romanas avanzan hacia el oeste y el norte.

Roma está conquistando toda la península.

A medida que los soldados romanos avanzan,

los pueblos indígenas que pactan con Roma, reciben un trato benigno,

pero los que resisten, son conquistados a la fuerza.

El proceso es tan implacable como la voluntad romana.

Cuando hacia el 138 a. C., las legiones romanas cruzan el río Duero

y alcanzan los pueblos peninsulares del noroeste,

se encuentran con un territorio

salpicado de centenares de poblados fortificados

de pequeña y mediana dimensión.

Los romanos bautizan con el nombre de castros

a estos poblados.

Los castros darán 20 siglos después nombre histórico

a la cultura predominante del noroeste peninsular,

la cultura castreña.

Los pueblos castreños se encuentran ahora en territorio romano.

Y los soldados los utilizan de paso y soporte

para sus campañas de conquista del norte de la península

donde cántabros y astures, resisten ferozmente.

La contienda con los pueblos del norte durará más de 100 años.

Y durante todo ese tiempo, poco a poco, pero de forma inexorable,

la cultura romana despliega sobre los castreños

toda su fuerza transformadora,

la romanización.

La romanización, el proceso por el cual la cultura romana

se implanta en los territorios conquistados,

tiene su corazón en las ciudades.

Roma funda nuevas ciudades en los lugares más estratégicos

y las comunica con excelentes carreteras.

Muchas ciudades son nuevas.

Otras son ciudades existentes, que son adaptadas.

En ambos casos,

los romanos intentaban aplicar el modelo hipodámico griego de ciudad.

Este modelo consistía en articular la ciudad sobre dos ejes principales

el "cardo", o "cardo maximus",

una calle que se orientaba de norte a sur,

y el "decumanus maximus", otra calle perpendicular a esta,

que atravesaba la ciudad de este a oeste.

Paralelas a ellas se organizaba una malla de calles secundarias

que generaban manzanas o insulae, donde se situaban las viviendas

y otros equipamientos públicos y privados de la ciudad.

En la intersección de las dos calles principales

se habría normalmente el foro, la gran plaza pública rodeada

de diversos espacios y edificios

donde tenían lugar las actividades comerciales, financieras, festivas,

religiosas y administrativas.

El foro era el corazón de toda ciudad romana,

el equivalente al ágora en las ciudades griegas.

Cerca del foro se situaba el otro gran equipamiento fundamental

de la ciudad romana, las "termas" o baños públicos.

Foro, calles y termas quedaban envueltos con una muralla

que se abría al exterior por grandes accesos

situados en sus intersecciones con las calles principales.

No todas las ciudades romanas lograban mantener este modelo ideal

debido a los condicionantes del terreno,

o a que debían fundarse sobre un poblado o ciudad indígena.

Pero fuera como fuera, toda ciudad romana de cualquier dimensión,

intentaba conservar un cardo y un decumano,

las calles principales,

ordenar alrededor de estas calles los equipamientos y las casas

en una red de insulaes o manzanas, y disponía de algunos,

un foro y unas termas.

Estas fueron, sin duda,

las reglas que se pensaron aplicar en Tongobriga,

para convertirla en una ciudad romana.

En el norte del yacimiento, y dentro del área de las murallas castreñas

se han encontrado restos que corresponden a un cruce de calles

que, claramente, indican que había casas.

A diferencia de las casas tradicionales castreñas,

estas casas tienen planta cuadrada o rectangular.

Y su arquitectura mantiene una proporción

que corresponde con las indicadas

por las normas de la arquitectura romana.

Siguen así el diseño de las domus pompeyanas.

En esta casa se accedía desde la calle

a través de este pasillo o recibidor llamado "fauces".

El pasillo daba a un atrio o patio abierto porcicado

que ofrecía aire limpio y luz,

a las diversas estancias que se organizaban alrededor,

como la cocina, la despensa, el comedor o "triclinium",

o habitaciones para reposar.

Y las escaleras daban acceso al piso superior,

donde había más habitaciones destinadas a dormitorio.

Las cubiertas desplazaban el agua de lluvia al interior del atrio,

donde una pequeña alberca

la ponía a disposición para usos domésticos.

A pesar de que, comparada con las casas castreñas,

estas domus sorprenden por su diseño,

construcción y funcionalidad, en realidad,

son ejemplos de casas romanas humildes.

Las domus romanas solían contar con trabajados mosaicos,

esculturas y bellas pinturas,

y empleaban lujosos materiales de construcción como el mármol,

y otras piedras nobles.

Sin embargo, las casas romanas de Tongobriga carecen de todo ello.

Por esta razón, se sospecha que fueron obra de indígenas romanizados

intentando imitar las domus romanas.

Esto se puede trasladar a toda la imagen del poblado.

La reconstrucción de los restos encontrados

nos ofrece la imagen de una humilde ciudad romana,

con un cardo y un decumano, las calles principales,

fuertemente condicionadas por el terreno,

y probablemente por la necesidad de adaptarse

o respetar construcciones o calles anteriores.

Todo parece indicar con claridad que la Tongobriga romana

acometió la transformación que la topografía

y el urbanismo existente, le permitieron,

reformando la muralla y manteniendo su perímetro.

Mientras la romanización actúa en Tongobriga,

el emperador Augusto ha conseguido aplastar finalmente

a los pueblos del norte.

Toda la península ibérica queda bajo el poder de Roma.

Iberia es ahora Hispania.

La paz y la estabilidad llegan a gran parte del imperio

para quedarse durante muchos años.

Y Roma pone su ingeniería al servicio del pueblo.

Se despliega una gran y extraordinaria red de carreteras.

Se construyen acueductos,

nuevas ciudades son fundadas,

y muchas de las existentes son ampliadas.

Y este pudo ser el caso de Tongobriga,

gracias a su situación tan favorable.

Tongobriga estaba situada en un punto idóneo

de intercambio comercial entre la costa y las montañas del interior.

Al lado del río Támega, justo en su límite navegable,

que conectaba con el importante río Duero.

Y a su lado, transcurría la importante ruta terrestre

que unía las ciudades de Bracara Augusta,

actual ciudad de Braga en el norte de Portugal,

y Emerita Augusta, actual ciudad de Mérida, en el sur de España.

Si Tongobriga llegó a convertirse en una ciudad romana importante,

deberíamos encontrar evidencias en el yacimiento,

y así fue.

Rápidamente fueron localizados los restos de las termas.

Las termas romanas de Tongobriga

ocuparon parte de los baños castreños, anulándolos para siempre.

También ocupó y dio un nuevo uso el foso exterior de la muralla.

Esto nos da idea del grado de transformación

que el castro y las costumbres castreñas sufrieron por esa época.

Los restos de las termas romanas de Tongobriga

confirman unas instalaciones de una ciudad importante.

Los estudios muestran que fueron construidas en distintas fases.

La obra fue realizada, principalmente,

con sillares de piedra y hormigón romano.

Su diseño responde al estilo pompeyano,

el estilo empleado en la mayoría de los complejos termales

levantados en la península ibérica y en la península itálica.

Gracias al conocimiento adquirido en el estudio de muchos de ellos

podemos atrevernos a proponer

cómo fueron las termas romanas de Tongobriga.

La entrada principal estaba situada en el lado oeste,

se accedía por una puerta que daba a una sala cubierta

que era el vestuario o "apoditerium".

Desde esta sala se tenía acceso a las letrinas,

uno de los grandes avances sanitarios de los romanos.

En ellas, los excrementos eran rápidamente evacuados

fuera de la ciudad, gracias a una corriente permanente de agua

proveniente de los baños.

A estas letrinas también se podía acceder desde el foro.

La sala de acceso también daba al vestíbulo y al "apoditerium",

donde el ciudadano podía desvestirse

y disponía de estantes en las paredes

para dejar sus objetos personales.

Desde allí se podía acceder a la primera sala de baño,

la "natatio",

una piscina de agua fría descubierta.

Al lado oeste la natatio daba acceso a la "palestra",

un espacio que permitía a los usuarios de los baños,

la realización de ejercicios físicos.

La natatio permitía el acceso a una sala

destinada a la realización de masajes

con aceites y esencias perfumadas, el "unctorium".

A través del unctorium se accedía a las diversas estancias

de baños calientes, tibios y fríos.

Por el exterior del edificio

se podía acceder a un pasillo de servicios,

que llevaba a la sala de las calderas.

Las calderas recibían agua de un depósito elevado.

En esta sala trabajaban los operarios

que alimentaban las calderas con leña,

y vigilaban que el funcionamiento de las instalaciones de los baños

fuera óptimo.

La sala de las calderas estaba colindante con las salas de baño,

de forma que el agua, nada más salir de las calderas,

llegara a las piscinas.

Las calderas no solo calentaban el agua, también calentaban el aire.

El aire caliente era empleado para calefactar las habitaciones.

Para ello, los suelos estaban elevados,

y sustentados sobre pilares de ladrillos.

Este era el gran, ingenioso y eficaz sistema de calefacción romano,

el "hipocausto", que fue muy empleado

tanto en edificios públicos como privados.

Las termas principales y el foro

se solían situar en el corazón de la ciudad romana.

Nunca fuera de ella.

El hallazgo de este importante complejo de baños termales romano

fuera del núcleo de casas urbanas parece indicar, claramente,

que Tongobriga progresó hacia una ciudad romana

de una dimensión respetable.

A esto se unen las evidencias que han arrojado los estudios

de los restos del gran mercado castrense

que muestran claramente que este fue convertido en foro romano.

Estos estudios nos han permitido conocer las transformaciones

que fueron proyectadas en los inicios del siglo II

para este foro.

Un foro enorme que apunta a mucha población.

Desde el aire, queremos una imagen reveladora de su tamaño y proporción

Una proporción que cumple con los principios de Vitruvio,

que rigen la arquitectura romana.

A partir de estas proporciones, y gracias al conocimiento disponible

de otros foros del imperio mejor conservados,

se pudo lanzar una hipótesis

de cómo debería haber sido el foro romano de Tongobriga.

Su caza de 150 metros por 60,

estaría rodeada por un gran porticado

que albergaría multitud de estancias regulares o "tabernae",

dedicadas a tiendas y servicios públicos.

Y en medio de la plaza, desplazado al oeste, se situaría un templo.

En su perímetro norte,

3 ábsides que servirían como espacios de culto.

Y en su perímetro sur,

una plataforma elevada con un gran espacio cuadrangular al centro.

Sin embargo, las excavaciones y estudios

que buscaron confirmar esta hipótesis,

dejaron perplejos a los arqueólogos y estudiosos.

No se encontró resto alguno de cimentaciones, columnas,

capiteles o estatuas pertenecientes a los porticados y al templo.

Cómo es posible que en un foro tan grande,

no haya quedado ninguno de estos restos.

Esto es un gran misterio, y nos hace pensar

que quizás el foro romano de Tongobriga, nunca fue terminado.

Esta inquietante posibilidad llevó a los especialistas

a acelerar la búsqueda de los restos

de los grandes edificios de espectáculos.

Toda ciudad romana de cierta dimensión,

debía disponer de los edificios de espectáculos fundamentales.

El teatro, donde se interpretaban obras griegas y latinas.

El anfiteatro, donde tenían lugar espectáculos y juegos,

en especial las luchas de animales y gladiadores.

Y el circo, un gran edificio

donde tenían lugar las carreras de cuádrigas.

Los restos de Tongobriga, de haber sido una gran ciudad,

deberían revelar la existencia de estos edificios,

además de la existencia de un foro

y unas termas de dimensiones relevantes.

Cuando se comenzó la búsqueda de los restos

de los edificios de espectáculos de Tongobriga,

la tarea no resultó fácil.

Gran parte del yacimiento se encuentra bajo el lugar de O'freixo,

un pequeño núcleo poblacional de pocas decenas de habitantes.

Otra parte se encuentra bajo terrenos agrícolas,

y otra, bajo zonas boscosas.

Es una gran superficie,

y la búsqueda de restos era enormemente dificultosa.

Los especialistas recurrieron entonces

a imágenes de satélite y fotografías aéreas.

Pero no consiguieron localizar rastros evidentes.

Pero en el análisis cuidadoso de fotografías aéreas,

obtenidas por los alemanes y los aliados

durante la Segunda Guerra Mundial,

se apreciaron algunas marcas sospechosas

que provocaron un minucioso análisis topográfico.

Al norte del foro, en el interior de una zona boscosa,

se encontraron afloramientos de granito tallados,

que indicaban la posible planta de un teatro romano

de unos 80 m de diámetro.

Y al norte del teatro, se encontraron huellas

que podrían haber sido la planta de un anfiteatro de unos 100 x 80 m.

Y algo más lejos, sucedió lo mismo con la planta de un circo.

Un circo, que habría tenido unas respetables dimensiones

de unos 148 x 64 m.

Pero en las excavaciones realizadas,

solo se encontraron tímidas huellas constructivas sobre el terreno.

Ni rastro de un sillar, una columna o una estatua

que pudiera pertenecer a estas construcciones.

Los edificios y espectáculos de Tongobriga,

lejos de ayudar a resolver el misterio, lo alimentaron.

Sin embargo, había indicios de las plantas de estos edificios,

y se procedió a elaborar un minucioso plano del terreno

y aplicar las reglas de la arquitectura e ingeniería romanas.

Las proporciones y las medidas resultaron ajustarse a la perfección

a las normas de los agrimensores e ingenieros romanos.

El tamaño del teatro y del anfiteatro

resultó completamente creíble

desde un punto de vista de proporciones y diseño.

Y también la distancia y posición entre ambos edificios.

Sorprendentemente, unas proporciones y diseño prácticamente idénticos

a las del teatro y anfiteatro de Emerita Augusta,

actual ciudad española de Mérida,

cuya imagen desde el cielo es tan impresionante como reveladora.

Suponiendo la existencia de estos edificios

y para completar la imagen de una gran transformación de Tongobriga,

a través de una ampliación de su perímetro urbano,

habría que añadir, siguiendo las normas y proporciones

de los ingenieros romanos,

una red de calles y manzanas de casas o insulas.

Estas hipótesis provocaron nuevas excavaciones y estudios

que arrojaron indicios de algunas calles

que se ajustaban a esas normas.

Sin embargo, hasta la fecha,

no han aparecido restos evidentes de viviendas o casas

fuera del perímetro amurallado.

Algo realmente enigmático.

Todo esto pertenece al gran misterio de Tongobriga.

Las excavaciones realizadas en la iglesia de Santa María de O'freixo

han puesto a la luz bellos mosaicos policromados,

probablemente de una domu romana

perteneciente a los últimos años del imperio.

pero los estudios indican que, seguramente,

esos mismos espacios y mosaicos

fueron aprovechados en los siglos V y VI

para un templo paleocristiano,

que fue levantado en la acrópolis de Tongobriga,

muy probablemente cuando el imperio ya no existía.

Esto demuestra que el imperio desapareció,

pero el espíritu de Tongobriga

como lugar de atracción y culto, perduró.

Los archivos religiosos más antiguos apuntan que a finales del siglo VI,

Tongobriga era una de las primitivas parroquias de la Diócesis de Oporto.

Desde finales de la Edad Media, año tras año,

y hasta hace, tan solo, un siglo,

aquí se ha celebrado la feria de Cuaresma,

una de las ferias de reunión más importantes del norte de Portugal,

y que han atraído a gentes de muchos lugares.

Las excavaciones de Tongobriga

han arrojado multitud de tumbas cristianas y medievales,

de muchas épocas.

Eso hace que Tongobriga no solo sea un yacimiento castreño,

romano, paleocristiano y cristiano,

sino también medieval, moderno y contemporáneo.

Un rico yacimiento

destinado a aportar un gran valor cultural y turístico

al municipio de Marco de Canaveses.

Miles de vidas e historias han transcurrido aquí.

Historias de amistad,

de supervivencia,

de muerte,

de amor,

de ambición,

de esperanza.

El tiempo es inexorable y apaga las vidas.

Olvida los sucesos.

Borra el recuerdo.

Nos hace sentir insignificantes.

Pero muchas huellas perduran.

Y la curiosidad y el interés permiten descubrirlas,

e interpretarlas.

Es entonces cuando las historias que el tiempo borró, resucitan.

Y gracias a ellas, conocemos nuestros orígenes.

Y entonces nuestras emociones conectan el presente...

con el pasado.

Por alguna misteriosa y fascinante razón, Tongobriga es un sitio mágico

Un lugar que, desde los albores de los tiempos,

ha sido sagrado.

Un lugar central que ha atraído miles de almas.

La apasionante historia de Tongobriga

sigue atrayendo a este lugar miles de personas de todo el mundo,

el impresionante poder de atracción de este sitio,

su capacidad de renovación

manteniéndose como lugar sagrado y de reunión,

a lo largo de todos estos siglos,

el "genius loki" de Tongobriga,

el espíritu de este fascinante lugar, continúa.

Subtitulado por Victoria Sánchez Mayo

Otros documentales - Tongóbriga (El espíritu de un lugar)

50:46 30 nov 2019

Documental sobre Tongóbriga.

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