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Desde su inicio, las sociedades humanas

han necesitado expresarse artísticamente.

Es un rasgo distintivo de nuestra naturaleza.

Necesitamos mostrar nuestra forma de comprender el mundo

de entender nuestra relación con lo que nos rodea,

incluso con nosotros mismos.

Hemos representado las relaciones humanas, las existentes,

las dominantes y las deseadas.

Con el arte, el hombre ha exteriorizado lo que es

lo que quiere ser y también lo que debe ser.

De forma singular,

en la pintura ha cristalizado este afán,

esta necesidad, esta pasión por plasmar más allá de la mirada.

Una mirada guardada por las élites de cada época

para su propio deleite y vanagloria,

a veces expuesta al pueblo con ánimo ideologizante y moralizador.

Hasta que el pensamiento ilustrado

entendió que al menos,

una parte del arte y la pintura, en particular,

las obras que procedían de las colecciones reales,

debían ser para el conocimiento y el servicio de la nación soberana.

Es el momento de la creación de las grandes pinacotecas.

Es el momento de la construcción

de una de las grandes catedrales de la pintura de todos los tiempos:

el Museo Nacional del Prado.

Situado en pleno corazón de Madrid, la capital de España,

el Prado forma junto al Thyssen

y al Museo Reina Sofía

el llamado triángulo del Arte.

Al penetrar en sus espaciosas salas,

descubrimos que El Museo Nacional del Prado

no es una galería de pintura en formato grande.

Sus muros albergan uno de los mayores tesoros pictóricos.

Como decía el pintor Antonio Saura,

El Prado es la mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado

que existe en el mundo.

Podemos guiarnos por el placer en sí del descubrimiento.

Andar en busca de ciertos cuadros.

Pero existen recorridos infinitos, a veces de toda la vida.

Porque el Prado es infinito.

Se puede ver cronológica, histórica, temática o técnicamente.

Hacia adelante o hacia detrás,

comparando estilos o encontrando bellezas repetidas en el tiempo.

Un juego tridimensional que sin embargo, no es nada virtual.

Nuestra visita es completamente sensorial, material,

sentimental, pasional...

Al fin y al cabo este es el objeto del arte:

más que exponer, trasmitir,

más que transmitir, emocionar.

Un viaje donde cada espacio, cada rincón,

puede ser estación donde apearse para contemplar,

o por dónde pasar para llegar a entender

lo que vamos a descubrir más adelante,

e ir completando la ruta iniciada.

Muchos artistas, poetas, escritores y por supuesto pintores

han tomado estos interiores del Prado

como lugar de estancia preceptiva,

como sitio de culto casi diario desde donde llenarse de sabiduría

y donde invocar a la inspiración.

Este es, precisamente, uno de los espacios

donde mejor podemos ver la evolución del arte,

de sus corrientes, de la dialéctica entre las distintas mentalidades

que hicieron progresar las técnicas y la visión sobre el mundo.

Porque al fin y al cabo

la pintura no es sino que un espejo

donde los hombre de diferentes épocas nos miramos

para entender un poco más lo que somos y lo que fuimos.

Aquí queda muy claro este discurso.

Precisamente las últimas escuelas que tienen cabida, las del XIX,

aquellas que van a marcar el tránsito al siglo de las vanguardias

acaban donde empieza el recorrido de las primeras pinturas.

Un símbolo para comprender que el arte es un camino de ida y vuelta

un ciclo permanente desde el cual sigue evolucionando

la creación y el ser humano.

El Prado no expone una muestra de lo que se hizo en distintas épocas,

sino lo mejor que produjo cada una de ellas.

Una colección de pintores admirados por pintores.

Las primeras obras del Prado son ciertamente singulares.

Un excepcional ejemplo del estilo románico

que proliferó en la península en plena Edad Media.

Las distintas variantes del periodo gótico

están recogidas en magníficos retablos

que reflejan el ya imparable despegue y auge

de las ciudades y del comercio.

Precisamente las grandes colecciones del Prado

comienzan a partir de la revolución artística del Quattrocento.

El primer Renacimiento también está representado

por obras Pedro Berruguete y Juan de Flandes,

el que fuera pintor de corte de Isabel la Católica.

Juan de Flandes y Berruguete

son los pintores que llevan a Castilla en el siglo XV

las influencias del Renacimiento italiano y Los Países Bajos.

Los enclaves donde se está gestando una auténtica revolución en el arte,

que va a dejar atrás la concepción del mundo medieval.

La captación de la luz, la reproducción del espacio,

apoyado en las reglas de la perspectiva,

y la representación de la expresión humana,

acercaban la realidad al espectador.

Los protagonistas abandonan el plano frontal

y ocupan el espacio creando diagonales.

El detalle y la calidad cromática

ayudaban a que todas las partes compusieran un todo.

La pintura de Fra Angélico representa el paso natural

entre la tradición gótica y el primer Renacimiento Italiano.

En una de sus piezas maestras, La Anunciación,

las formas góticas conviven ya con una sensible preocupación

por la perspectiva y el relieve.

De manera innovadora,

la paleta de Mantegna dota a los personajes de volumen y peso.

Ayudado por un dibujo que adquiere un papel sin precedentes

en busca del canon de belleza clásica.

La historia de Nastagio Degli Onesti

da color a la venganza amorosa que se narra en el Decamerón.

La religión se mezcla con el mito

y los valores de la antigüedad se dan la mano

con el naciente humanismo.

El individuo adquiere el protagonismo

como la creación más importante de Dios.

A Botticelli se le conoce como el pintor poeta del Renacimiento.

De forma paralela a las nuevas ideas provenientes de Italia,

en los Países Bajos también eclosiona

uno de los pensamientos más avanzados en pintura.

Los flamencos aportan en sus cuadros una técnica diferente,

la pintura al oleo,

que proporciona a la obra una mayor gama de colores e intensidad.

A la vez que abren la puerta a nuevos temas que representar.

Campin, Van Eyck o Weyden serán los nombres más destacados

en los inicios de una escuela

que renovó definitivamente la mirada y la manera de hacer pintura.

Todavía hoy provoca el asombro y admiración de quien lo contempla.

Es El descendimiento de Weyden.

El cuadro es un prodigio en el tratamiento del color

que resume todos los avances de la pintura flamenca.

Destaca la cuidada composición y el tratamiento del espacio.

El volumen, el peso y la naturalidad de los personajes.

La expresividad de los rostros

hace que el espectador sienta piedad,

creando una identificación afectiva

que potencia el lado humano de los protagonistas.

Pero si los cambios a nivel artístico

se daban lejos de España, los políticos estaban más cerca.

A finales del siglo XV los Reyes Católicos,

Isabel y Fernando, unen con su matrimonio

los dos grandes reinos de la Península Ibérica.

Este hito, junto con la llegada de Cristóbal Colón al nuevo mundo,

va determinar el inicio de la supremacía española

en el orbe occidental.

Con los Reyes Católicos termina una época, la Edad Media,

y comienza la Edad Moderna.

Siempre centro de interés en el Museo,

la Gioconda del Prado congrega la atención del espectador.

Según se ha podido demostrar recientemente,

la copia de la Gioconda de Madrid

se hizo de forma simultánea al original.

En la cima de su madurez,

el Renacimiento Italiano sigue creando iconos plásticos

que van a quedar como legados de la Historia del Arte.

Rafael,

conocedor de la obra de Leonardo y Miguel Ángel,

es uno de los grandes maestros de la época.

Sus retratos no sólo hablan de la jerarquía del personaje

sino que dejan traslucir al individuo que hay detrás.

De procedencia alemana,

Durero es un nombre propio de esta etapa.

El Museo del Prado cuenta

con una importante colección de su obra

gracias a que décadas más tarde,

Felipe IV se apasionó por su pintura.

Amigo de Erasmo de Rotterdam, Durero fue un artista total.

Un buscador de la belleza y las proporciones ideales.

Un hombre del renacimiento con preocupaciones artísticas,

pero también científicas y humanistas.

Aunque la exaltación del individuo también lleva a otros autores

a reflexionar sobre el sentido de la vida y de la propia belleza.

¿Existe un canon absoluto?

¿Permanece o es efímera?

Cuestiones existencialistas que parecían olvidadas

en aquella prospera y lúdica Italia renacentista.

Caronte atravesando la laguna Estigia,

es una obra maestra

del más famoso pintor de paisajes de su época,

el pintor flamenco, Patinir.

El barquero conduce a las almas que deben elegir

entre la costa abrupta del paraíso o el lado amable del infierno.

Entre los nuevos temas que en el Renacimiento,

los flamencos aportan a la pintura, destaca el paisaje.

El escenario natural pasa a ser un personaje más en el cuadro,

llevando al espectador hacia un estado de ánimo.

Los fenómenos atmosféricos, la naturaleza viva,

aparecen por primera vez

como elementos dramáticos de la narración pictórica.

En el siglo XVI, las nuevas técnicas,

especialmente las relacionadas con la óptica,

influyen en la situación del punto de vista

y en cómo plasmar la naturaleza.

El idealismo simbólico contrasta

con la más cruda representación realista,

suscitando en el espectador una mezcla de miedos e incertidumbres.

Brueghel el Viejo, en su obra magna El triunfo de la muerte

hace convivir a vivos y muertos en una visión apocalíptica del mundo.

Brueghel bebió de las ideas de un adelantado de su tiempo:

Jerónimo Bosch, El Bosco.

El Bosco es, en términos actuales, un pintor moderno.

Un artista que combina el simbolismo gótico

con imágenes del subconsciente.

La extracción de la piedra de la locura

es una sátira contra los que dicen estar en posesión de la verdad

y pretenden extirpar la necedad

a aquellos que han convencido con la palabrería.

En el Carro de Heno plasma una aguda visión de la sociedad de clases,

donde papas o emperadores hasta la masa plebeya

buscan su ración de heno para satisfacer necesidades y placeres.

Sin embargo, si unos la tienen a mano,

otros necesitan pelear por las sobras.

El jardín de las delicias es sin duda,

una de las obras más fascinantes y misteriosas de la historia del arte.

Entre el Génesis y el infierno, la tabla central retrata

una Humanidad entregada a los placeres mundanos de la vida.

Deseos lujuriosos y efímeros

son protagonistas de un mundo ideal que vigilado por la moral,

parece condenado a su propia degradación.

Tres etapas o actos a modo de la tragedia clásica.

Tres estadios que nos invocan

las teorías del psicoanálisis moderno

y que serían fuente de inspiración para el surrealismo,

400 años más tarde.

El sucesor de los Reyes Católicos en el trono de España

fue su nieto Carlos de Austria.

Carlos I de España y V de Alemania

crea el mayor imperio conocido hasta entonces en occidente

y con él se inicia la lucha contra la Reforma Luterana

que va a dividir Europa durante siglos.

El emperador fue uno de los mayores admiradores de la escuela veneciana.

Es por lo que ha llegado hasta nuestro días

una de sus mayores colecciones,

de las que el Museo del Prado es hoy su albacea.

Pero si hay un pintor unido a la figura de Carlos V ese es Tiziano.

En Carlos V a caballo,

retrata al Rey tras la victoria sobre los protestantes

en la batalla en Mühlberg.

Magnífica expresión iconográfica del Rey de un imperio

y símbolo de la defensa de la fe católica.

Con esta obra se crea un modelo de retrato oficial

y un axioma que va a perdurar hasta nuestros días:

la necesidad del poder

de visualizarse e inmortalizarse como tal, ante el mundo.

La mirada de Tiziano

no se conforma con conseguir la más pura naturalidad del personaje.

Quiere llegar más allá,

mostrando otros elementos como su condición social

y sobre todo, sus valores morales.

Para ello se va a valer del elemento paisajístico,

hasta entonces rechazado en este tipo de pinturas.

Carlos V y su hijo y sucesor, Felipe II,

apadrinaron su trabajo durante más de 40 años.

Tiempo en el que produjo otras obras de carácter moralizante

en línea con las campañas y el espíritu de la contrarreforma.

En el genio veneciano podemos contemplar de forma excepcional

la transformación de la pintura del siglo XVI

y el compás que marcaron los profundos cambios de su época.

A través de Tiziano, Carlos V y Felipe II,

se interesan por otros pintores venecianos,

como Veronese o Tintoretto.

Estos son, sin duda,

los últimos grandes pintores del renacimiento italiano.

Si Durero abre la puerta

a una nueva concepción y papel social del retrato

al inmortalizar a la nueva burguesía emergente del renacimiento,

Tiziano lo dota de una relevancia regia desconocida hasta entonces.

Ellos iniciaron un camino que otros genios elevaron,

revisaron o trasgredieron.

La expresividad del personaje,

el fondo y los objetos que ayudan a definir su perfil psicológico

se integran en un todo

que contribuye a transmitir una imagen de poder

y un afán por pervivir en la memoria colectiva.

A partir del siglo XVI,

el retrato empieza a jugar un importante papel

incluso, en las relaciones entre Estados.

Miembros de la familia real española y de otras monarquías,

o personajes destacados de la corte

son retratados de forma natural y detallada.

Velázquez es el primero

que se atreve a situar la mirada más imperial del mundo

en el mismo punto de vista que el corriente de los mortales.

O Goya, que no solo nos coloca en el mismo plano,

sino que nos enseña el alma profunda de los individuos que inmortaliza.

El retrato con el paso del tiempo

se abrirá a todos los miembros de la sociedad,

independientemente de su pertenencia a una clase social u otra.

Una evolución en la mirada y también en el objeto de la misma:

de las élites a personajes de menor rango pero la más alta dignidad.

En la España del imperio y la guerra religiosa,

la actividad creativa empieza a ser frenética.

El Greco está considerado

como la gran figura de la pintura en la España de finales del siglo XVI.

Sus obras definen ya la ruptura con la tradición italiana.

En sus lienzos, el espacio se comprime,

los colores son inimitables y las figuras se alargan y retuercen

en busca de complejas posturas que en ocasiones,

parecen estar flotando en el propio cuadro.

Casi siempre dando forma a unos temas

al gusto de su mejor cliente,

una iglesia embarcada en una radical campaña de moralización.

Lo que no impidió las críticas incluso

de los más intransigentes contrarreformistas,

que veían sus licencias formales

alejadas de la función de incentivar en el espectador, el deseo de rezar.

El cretense fue otro de los más grandes retratistas.

Representando la figura del hombre refinado de la época.

Sobre un fondo tenebroso sin protagonismo,

surge el ademán sereno del personaje.

Retrato sobrio y austero

que únicamente completan los símbolos de fe e hidalguía.

Oscuridad que define,

luz que modela.

Imagen que exalta la vida

y el color en un entorno de tinieblas.

Con estos postulados

se genera en España, Nápoles y Sicilia,

una corriente que se ha venido a llamar Tenebrismo.

Caravaggio es con su manera peculiar,

el primer pintor que definitivamente dobla la esquina del Renacimiento.

Y con él el español José Ribera, el Españoleto.

Iluminación dramática, descripción sobria de lo natural,

personas comunes utilizadas como modelos.

Ribera consigue centrar toda nuestra atención

sobre los protagonistas y traspasar el espacio

que lo separa del espectador,

penetrándole con una sensación íntima de dolor,

intranquilidad o ternura.

Pero no todo el arte del momento

va a estar en la línea marcada por el Tenebrismo.

Dos actitudes ante el mundo

conviven y se enfrentan en el pensamiento europeo.

Uno de los más claros exponentes de la otra orilla será Rubens.

Con él llega la influencia barroca,

triunfante sobre el estilo de Caravaggio o Ribera.

Rubens trae el dinamismo y la luminosidad en la composición.

Un nuevo tratamiento del paisaje, y sobre todo del cuerpo humano.

La sensualidad de la figura humana se destaca hasta tal punto

que llega a ser considerado un pintor erótico.

El siglo XVII, el gran siglo de oro de la pintura española,

se verá claramente marcado por estas divergentes miradas.

El Siglo de Oro de la pintura española

tuvo como epicentro la ciudad de Sevilla:

la más rica y cosmopolita de Europa.

Principal enclave de los negocios del Imperio,

por allí circulaban grandes riquezas y con ellas,

demanda de productos, modas y como no, arte.

Una época que coincide con los descendientes de Felipe II,

los últimos Austria, que en términos políticos

significa el culmen y el inicio de la decadencia del imperio español.

De los talleres hispalenses

van a aparecer los grandes personajes

que firmarán este momento de esplendor de la pintura.

Murillo fue el pintor sevillano

más representativo y famoso de la segunda mitad del XVII.

Formado en el naturalismo y el tenebrismo como sus predecesores,

Murillo acabó siendo su contrapunto.

De composiciones suaves y delicadas,

lo convirtieron en el gran pintor de la Virgen y del Niño.

Dentro de una obra variada y abundante,

representó con un estilo propio a la Inmaculada Concepción,

de la que pintó cerca de 20 versiones.

Las más famosas se encuentran en el Museo del Prado.

Zurbarán desarrolló casi toda su obra en los ambientes eclesiásticos.

Seguidor del tenebrismo,

su pintura quiere conmover al espectador

con unos temas de fe y misticismo.

Zurbarán busca la máxima expresividad

con los mínimos recursos y la simpleza compositiva.

Felipe IV tiene un papel propio en la historia del museo

como protector y mecenas de otro pintor sevillano,

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez

Velázquez pasó sus primeros años en Sevilla,

donde se embebió del intenso ambiente intelectual y artístico.

Allí desarrolló una pintura

influenciada por el tenebrismo y el espíritu religioso dominante

con una paleta de gamas cálidas

y un dibujo muy definido y meticuloso.

A los 24 años se traslado a Madrid donde fue nombrado pintor del Rey.

Velázquez abandona la pintura religiosa.

Y el estilo austero y rotundo evoluciona

tras el contacto diario con la colección real de Tiziano

y el encuentro con Rubens.

Su fecunda relación con el flamenco

va a provocar su primer viaje a Italia,

donde absorberá el conocimiento

y las tendencias que allí se están produciendo.

La fragua de Vulcano ya refleja el giro tomado por el artista.

El espacio es real y los personajes míticos,

esmeradamente reproducidos,

adquieren rostro, anatomía y expresiones de la plebe.

Con 32 años,

Velázquez estaba en posesión de una técnica extraordinaria.

De España salió un talentoso pintor.

De Italia volvería un artista completo.

En Madrid pinta La rendición de Breda,

recordad también como Las Lanzas.

Visión idealizada de la recuperación de aquella estratégica ciudad

por las tropas de Felipe IV a los holandeses.

Cada vez hay más luminosidad en su obra.

Las figuras están vivas,

incluso dirigen su mirada hacia nosotros.

No representa la humillación del contrario

sino la hidalguía y la nobleza de los contrincantes.

Una autentica ruptura con el modelo imperante de cuadro de batallas.

Una gran parte de su producción pictórica

lo tuvo que dedicar a retratar a la familia real,

con la que mantuvo una relación muy cercana

y en muchos aspectos, alejada de la mera pintura.

En sus retratos de Corte,

consigue infundir vitalidad al rígido esquema convencional.

A diferencia de Tiziano,

Velázquez no necesita de grandes simbologías

para ensalzar la magna figura, que se hace más real y cercana.

Al único que plasmó con una pose dominante y soberbia

fue al valido del rey, el Conde Duque de Olivares.

Tal vez, porque sin corona,

llegó a manejar más poder que el propio monarca.

En cualquier caso,

el mecenazgo de los últimos Habsburgo españoles,

lejos de coartarle su creatividad,

le permitió unas condiciones envidiables de independencia.

Pintó cómo y cuánto quiso, sin incómodas exigencias

propio de otros clientes del momento.

Velázquez no solo evidencia

la dignidad de los grandes personajes de la corte.

El sevillano también inmortaliza a los llamados hombres de placer.

Bufones, enanos o cortesanos crean un elenco pictórico

de los que intenta extraer su verdadero espíritu.

Aunque otras pinturas tienen más popularidad,

el reconocimiento internacional de Velázquez vino a partir de esta obra

Pablo de Valladolid

es el retrato de un actor donde no aparece ni suelo,

ni paredes, ni fondo, únicamente la sombra de sus pies.

Una auténtica lección de pintura que se adelantaba con mucho a su tiempo.

Paulatinamente Velázquez se aleja del dibujo.

Hacia el final de su carrera,

pintó la Fábula de Aracne, más conocido como Las Hilanderas.

En un perfecto dominio de la luz y del color

consigue manifestar el aire, el espacio que arropa la figuras,

creando un efecto de captar el instante de una acción en movimiento

El dominio de Velázquez sobre los pinceles

le permite definir lo que desea pintar con mínimas pinceladas,

y convertir una mancha en figura, según la distancia al espectador.

Una destreza que ya consiguió en sus celebres Meninas.

Las Meninas suponen la culminación de la obra de Velázquez

en un proceso de síntesis

donde acabará primando la impresión visual.

Velázquez ilumina desde distintos lugares

para dirigir nuestra mirada incluso más allá de la propia escena

El espectador, se sitúa fuera del cuadro.

En el mismo plano en que se encuentran los Reyes,

reflejados en un espejo.

Pinta lo que no está en el cuadro.

Velázquez muestra el poder que puede ejercer el artista

sobre la visión de la realidad.

Como decía el pintor Luca Giordano:

este cuadro es la teología de la pintura.

A mediados del siglo XVII,

irrumpe la moda de un género hasta entonces secundario,

el bodegón.

Obras de pequeño tamaño con temáticas variadas,

composiciones con objetos, escenas naturales y cotidianas

que transmiten la imagen de una sociedad opulenta.

Este género de pintura se desarrollará con nuevos temas,

acordes a su tiempo y atentos al devenir de las modas.

Cuadros de galerías, ambientes cortesanos,

pintura de gabinete...

En Holanda se crea un mercado del arte

que rápidamente se desarrolla por toda Europa

para abastecer de pinturas a la emergente burguesía.

Sánchez Cotán, lo adapta al gusto de los españoles.

Frente al colorismo de Flandes el sobrio castellano.

Los temas de la pintura en general

también eran distintos de los holandeses.

La pintura de bodegón

cuenta con notables ejemplos en el museo del Prado

con obras de Meléndez, Zurbarán o Goya.

Con Felipe V llega una nueva dinastía

al trono de España.

Al morir sin descendencia Carlos II, hijo Felipe IV,

se provoca una cruenta Guerra Civil

con participación del resto de potencias europeas

que ven una oportunidad para partir el ya castigado botín imperial.

La guerra de sucesión española

y la llegada de los Borbón a la corona,

coincide con la pérdida definitiva de la influencia en Europa

y el auge del imperio inglés,

que cuestionaba la hegemonía hispana en Ultramar.

Nacido en Versalles, Felipe V es un rey ilustrado.

Con él, la imagen de la realeza española

pasa a manos de pintores franceses.

Del gusto de una ostentosa aristocracia

y de una altiva burguesía llega a la pintura el lirismo,

lo efímero, hedonista, sensual y caprichoso: el rococó.

La llegada de obras clasicistas

continúa con el reinado del rey ilustrado, Carlos III,

y su hijo Carlos IV,

quien también mantiene una tradición de los monarcas españoles,

el mecenazgo.

En esta ocasión, será el aragonés Francisco de Goya.

Goya, es el pintor que vive la transición

entre el final del viejo régimen, la ilustración,

y las revoluciones burguesas que abren la puerta a una nueva época.

En España ve desaparecer

la Inquisición y las antiguas instituciones,

mientras nace la primera constitución española en 1812,

la más liberal y trasformadora del momento.

Goya conoció la apertura del Museo del Prado,

fundado por iniciativa de Fernando VII.

Aquí, llegó a tener tres obras expuestas,

todavía en vida.

Goya pinta a la familia de Carlos IV

siguiendo el antecedente de Las Meninas.

El ambiente es distendido.

Sin embargo, la afilada mirada de Goya,

consigue sacar un perfil nada complaciente con los protagonistas.

El cuadro,

más que un recuerdo monárquico se va a convertir

en agudo retrato de un régimen en descomposición.

Pintor prolífico,

Goya está influenciado por Velázquez del que estudia toda su obra.

Pero desarrolla un estilo propio,

tanto técnicamente como en la elección de los contenidos.

Goya pinta numerosos retratos.

Con el paso del tiempo, cada vez más humanos,

desposeyéndoles de cualquier atributo.

En sus majas,

se retrata de cuerpo entero a una misma hermosa mujer

recostada plácidamente en un lecho y mirando directamente al observador

No se trata de un desnudo mitológico sino de una mujer real,

contemporánea a Goya.

En un principio, los cartones que pinta Goya

están concebidos como patrón previo a la elaboración de un tapiz de tela

pero el gusto y la técnica del aragonés

elevó este trabajo a auténticas obras de arte.

Goya no hace un dibujo convencional.

Huye del Rococó y del neoclasicismo imperante

creando un estilo propio con el retrata escenas del quehacer popular

Una primera aproximación a lo que sería la pintura

y más tarde la fotografía, de crónica.

Sus cuadros más famosos, El Dos y El Tres de Mayo.

provocan el estremecimiento frente a la escena que acontece.

Son composiciones basadas en el movimiento

y la dirección de las figuras en lugar del estatismo neoclásico.

Los personajes se mueven por una razón y no de forma mecánica.

Las líneas de fuerza

dan la sensación de prolongarse más allá del lienzo

superando los márgenes.

Goya despierta la curiosidad del espectador

y le hace reflexionar sobre unos personajes

representativos de un colectivo.

Extraordinario cronista de su tiempo,

Goya no es únicamente un pintor comprometido

o un testigo de los hechos históricos de su época

Su pintura adquiere un mensaje universal

cuyo contenido pervive hoy en día.

Al final de su vida el subconsciente aparecerá en su obra,

dejando las pinturas negras.

Dura y punzante expresión de una sociedad que se ahoga

y se frustra en la lucha por su propia existencia.

Goya miraba y retrataba desde el fondo de su carne

y desde lo profundo de su cerebro.

Tal vez, las pinturas negras

sean el epílogo de un artista que como nadie

mostró, a través de la pintura,

la realidad profunda de la sociedad que le proporcionó fama

y a la vez, incertidumbre y pesar.

Goya, va a ser el pintor que mejor va a retratar, sin sutilezas,

las entrañas de una sociedad que vive el sueño de la razón.

El pintor de las españas, de sus fantasmas y pesadillas

que expresó, crudamente,

lo que décadas más tarde iba a vivir y a sentir

Europa y el mundo.

El camino trazado por Goya

tendrá continuidad en las corrientes artísticas ya del siglo XX.

La pintura española del XIX

vuelve a estar dominada por el neoclasicismo.

El romanticismo que prospera en el resto de Europa

choca con el reinado absolutista de Fernando VII

y la carencia de una burguesía que cambie los gustos por los temas.

Por todo el continente se empiezan a constituir

los primeros estados-nación.

La pintura va a tener un papel destacado,

narrando aquellos sucesos que ayudaban a enaltecer la historia

y configuraban la identidad colectiva de un país.

Y junto a esta tendencia,

la permanente búsqueda de la belleza.

La pintura decimonónica será, en combinación con Goya,

la antesala de otra gran revolución en el arte,

la que van a generar las vanguardias en los albores del nuevo siglo.

Aquí no acaba este viaje, sino que empieza de nuevo.

Bien para continuar el recorrido por otras etapas del arte,

bien para redescubrir nuevos caminos dentro del propio Museo.

De Durero a Fortuny, del Bosco a Sorolla,

pasando por Tiziano o el Greco.

Y como no, Goya y Velázquez.

Una experiencia

donde nos damos cuenta de que no se trata de ver,

se trata de mirar,

de dejarse envolver por la magia de un espacio,

en el que cada sala, cada rincón, podrían ser un altar del arte.

Una catedral universal que no conoce fronteras.

Este es el Museo Nacional del Prado,

más que una pinacoteca un lugar de obligado peregrinaje

para todas las personas apasionadas por la belleza.

Porque aquí arte se pinta en mayúsculas.

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58:20 21 may 2017

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    Grandes diseños: T 15, Episodio 3

    46:10 pasado miércoles

    46:10 pasado miércoles Cerca de Belfast, Irlanda del Norte, el joven arquitecto Micah Jones, construye una casa familiar de dos plantas, sencilla y rectangular. Inspirada en el diseño de las casetas de la zona, la estructura de la planta baja es de bloques de hormigón y la superior de paneles de madera laminada. Contenido disponible hasta el 24 de enero de 2018.

  • 22:47 pasado miércoles Esta vez Jimmy viajará a Bulgaria para descubrir cómo acaba la esencia de rosas en nuestra comida y bebida. Kate averiguará por qué comer carne de cerdo rosa podría ser grave. Y Matt se cuestionará si una sencilla bolsa de plástico puede evitar la propagación de una bacteria mortal. Contenido disponible hasta el 24 de enero de 2018.

  • 22:45 pasado miércoles En este episodio, Jimmy viajará hasta Chipre para averiguar qué hace que el halloumi sea halloumi. Kate intentará descubrir si son ciertos los cuentos de viejas que afirman que las semillas de manzana contienen algo mortal. Y Matt se sorprenderá antes las maravillas de la fermentación. Contenido disponible hasta el 24 de enero de 2018.

  • 46:29 pasado martes Mark y Penny, un matrimonio de gustos opuestos, construyen en el norte de Londres dos edificio diferenciados por fuera, pero no por dentro. Un conjunto híbrido que combine lo tradicional y lo moderno: una cabaña del siglo XIX reconstruida y, al lado, una forma cúbica de ladrillo y cinc negro. Contenido disponible hasta el 23 de enero de 2018.

  • 22:59 pasado martes Jimmy viajará a Turquía para descubrir si es cierto que todos los higos maduros tienen avispas en su interior. Matt se reunirá con unos avestruces para averiguar por qué su carne es de color rojo. Y Kate intentará dejar los azúcares añadidos y se dará cuenta de que es extremadamente complicado. Contenido disponible hasta el 23 de enero de 2018.

  • 22:49 pasado martes Jimmy viajará a Italia para comprobar qué tomates son los más nutritivos, si los enlatados o los frescos. Kate hará una donación muy personal para enseñarnos la diferencia entre los alimentos probióticos y los prebióticos. Y Matt descubrirá qué hace que las gominolas sean tan pegajosas. Contenido disponible hasta el 23 de enero de 2018.

  • 46:35 pasado lunes En las colinas del condado inglés de Worcestershire, Jon y Jill quieren construir una casa familiar de tres plantas, en un terreno muy inclinado de granito. Una obra que ningún constructor se atreve a iniciar. Pero Jon sí; deja su empleo de piloto de la RAF y se pone manos a la obra. Contenido disponible hasta el 22 de enero de 2018.

  • 50:48 pasado lunes Viajamos por los lugares de E.E.U.U. y Canadá que marcaron la época del salvaje oeste americano en el siglo XIX. Los búfalos fueron exterminados y los indios masacrados y obligados a vivir recluidos en sus propias tierras. Contenido disponible hasta el 22 de enero de 2018. Histórico de emisiones: 19/05/2017

  • Planeta Tierra II: Montañas

    Planeta Tierra II: Montañas

    57:49 pasado domingo

    57:49 pasado domingo Solo unos pocos animales son capaces de sobrevivir en las altitudes extremas de las grandes montañas. Están entre los más huidizos del mundo, y este documental nos ofrece atisbos únicos e íntimos de las vidas del leopardo de las nieves, del oso grizzli y del águila dorada. Contenido disponible hasta el 21 de enero de 2018.

  • 50:15 pasado sábado La superficie de tierra fértil está desapareciendo por el avance imparable de los desiertos en todo el planeta. En África, el desierto del Sahara ha avanzado un un siglo más de 250 kms en una frente de 6000 kms de longitud, extendiéndose a lo largo de seis países. Contenido disponible hasta el 20 de enero de 2018.

  • 59:20 11 ene 2018 El documental narra la experiencia de Folco Terzani, quien quiere conocer Mustang, en Nepal, para recorrer los antiguos pasos de su padre. El Rey de Mustang que fue anfitrión de Tiziano Terzani, lo será ahora de su hijo Folco que ha emprendido un viaje físico pero también interior. Contenido disponible hasta el 26 de enero de 2018. Histórico de emisiones: 06/07/2014

  • El Papa Luna

    El Papa Luna

    57:38 11 ene 2018

    57:38 11 ene 2018 La película documental recoge en clave de "Thriller", parte del robo del supuesto cráneo del "Papa Luna" en el palacio de los condes de Arguillo de Sabiñan, en abril del 2000, difundiendo por otro lado la figura del aragonés más controvertido y relevante de los siglos XIV y XV. Contenido disponible hasta el 26 de enero de 2018. Histórico de emisiones: 30/12/2016

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