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Transcripción completa

-¿De dónde eres tú, Günter?

-Vivo en España, pero soy de Austria, de Salzburgo.

-Salzburgo, Austria.

-¿Lo conoces? -Sí, y además,

fue una cosa que me impactó, fue una cosa especial.

-¿Qué te sugiere?

-Felicidad y dolor.

-Fui atropellada y apuñalada.

Fui degollada por una persona

que ha sido mi pareja durante 23 años.

De una manera brutal, y bueno, la gente piensa que una vez

que una sale viva de una agresión, ahí acaba todo,

y no se dan cuenta que en realidad, es ahí donde empieza todo.

Mi familia se fue, desde que me dieron el alta

y entonces, me dejaron sola en mi casa

con dos niñas de 12 y 15 años en una silla de ruedas,

con un brazo escayolado, y una pierna escayolada,

y entonces, la situación la verdad fue muy traumática,

tanto para las niñas como para mí.

Que qué escandalazo había formado yo,

eso fue lo primero que me dijo mi madre en la UVI

cuando entró, la primera vez que me vio,

sin saber si salía viva de la operación.

Lo curioso es que mi familia no me apoyó,

y la familia de él lo apoya a él, al asesino.

A la gente le importa mucho lo que piensen los demás, de ti no.

Entonces, la mala era yo, y el bueno era él,

y encima de todo lo que has pasado, te estigmatizan y tú eres la mala,

y bueno, la sociedad no quiere ver que esto, ha existido siempre,

y mientras no se pongan los medios

va a existir, pero no lo quieren ver.

Está ahí, y no lo quieren ver.

Cuando empiezo a salir, en el 2007, entonces,

me llama la Policía Nacional, la Guardia Civil,

el Instituto de la Mujer, me dicen: "Mira, vete,

porque este hombre va a salir, él sabe dónde vives,

y entonces, te puede localizar.

Corres peligro, es mejor que te vayas."

Y entonces, digo yo: "¿Irme yo? ¿Por qué?"

Tengo miedo, no lo puedo evitar, el miedo es libre.

Y puedo dominar, controlar otras cosas,

pero el miedo, no.

¿Qué lo va a volver a hacer?

Por supuesto que lo va a volver a hacer.

De eso estoy convencida, y lo dije la primera vez,

y lo vuelvo a decir otra vez: lo va a volver a hacer.

Eso no es vivir, porque eso es para toda la vida, y ahora ya,

que ha salido definitivamente, a él le han dado la libertad,

y a mí, me la han quitado.

Y sigue, y sigue, y sigue...

Y han pasado 12 años, y sigue todavía.

¿Y qué esperan? ¿Hasta que yo me muera que siga?

No, no.

Me niego, mientras que esté viva, voy a seguir hablando.

Estamos hablando del año 2000,

yo llevaba ya un año y medio separada.

Y en la noche de Halloween, yo tenía cinco amiguitas,

bueno cuatro y mi hija cinco.

Y estaba en casa, se quedaron a dormir,

hicieron una fiesta, y al día siguiente,

yo nunca había ido a por churros, pero, se me ocurrió.

"Niñas, ¿queréis desayunar churros? ¡Sí, mamá! ¡Venga".

Voy tranquilamente, donde yo vivo es un círculo,

y entonces, siempre vas por la mitad,

no vas a ir por los extremos,

él sabía perfectamente por dónde iba a ir,

me estaba vigilando, cosa que yo no sabía.

Me enteré posteriormente que me controlaba.

Entonces, nada, yo atravieso la calle,

y resulta que de pronto me atropella.

Tuve el reflejo de tener sangre fría en ese momento, y vi pasar el coche.

O sea, me dio tiempo a ver.

Me atropelló y a mí me dio tiempo a ver la matrícula del coche,

cuando yo vi la matrícula del coche dije: "Tierra, trágame".

Y entonces veo, que baja con un cuchillo.

Me habla, y me dice: "Hija de puta, me has arruinado la vida,

y no vas a vivir para contarlo".

Tú en ese momento piensas...

Lo ves bajar con el arma, y dices...

Primero no te lo crees,

te viene una reacción de decir: "No pasa, no pasa, no pasa".

Ves que te van a matar, porque no tienes nada,

y encima, estás en el suelo con dos piernas rotas,

y no tienes nada para defenderte.

Entonces me agrede de frente,

y yo me protejo con el pelo y con las manos.

Agarro el cuchillo con las manos, con furia y todo,

pero preferí las manos, a mi cuello, indudablemente.

Como él es farmacéutico, dio en todos los órganos vitales.

Cuando él vio que por delante yo me defendía, se puso atrás.

Entonces, atrás no podía defenderme. No me podía girar,

entonces fue cuando me degolló de aquí a aquí,

y dio puñaladas aquí y aquí.

O sea, tengo puñaladas desde aquí, hasta aquí, el cuello y atrás.

La adrenalina que te crea eso, es impresionante,

porque si él tenía fuerza, más fuerza tenía yo.

Y yo, vamos...

no sé cómo lo pude hacer, pero lo hice, porque yo creo

el instinto de supervivencia es fundamental en estos casos.

A parte, yo tenía dos hijas y yo pensé en mis hijas, y pensé:

"Si él está en la cárcel, y a mí me mata,

¿qué es de mis hijas?" ¿Qué hubiera sido de ellas?

Mis hijas me necesitan, y yo a ellas.

Entonces, me tumbaron, lo retuvieron...

Se pasa muy mal.

Menos mal que la mente humana tiene esa capacidad de olvidar,

pero se pasa muy mal.

-Estamos en los en los jardines Mirabell,

y detrás de ustedes está el Palacio Mirabell.

Fue construido en 1606,

por el arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau.

Imagínense, lo hizo construir para su familia,

para su amante y los 15 hijos que tenía con ella.

Es curioso que un obispo católico tuviera una familia tan grande, ¿no?

En el palacio, se encuentra también

la habitación más feliz de Salzburgo,

nuestro registro matrimonial.

Vienen parejas del mundo entero para casarse aquí.

A lo mejor,

es porque se promete una garantía de diez años.

-¿Qué tal vas? -Al principio, no tan bien.

Otra vez estuvimos a punto de romper la relación.

Fue tremendo.

A principios de abril, fue tremendo,

tuvimos una pelea tremenda hasta en el jardín.

Primero, no hablé. Pero al final, exploté y la pegué.

Desde entonces, no sé cómo decirlo.

Hay un nuevo intento de acercamiento.

-¿Qué tipos de hombres acuden a vuestra consulta?

-Son hombres de todas las capas sociales.

Hombres al fin y al cabo,

como tú y yo, que tienen trabajo, y familias.

Hay jóvenes,

algunos desde los 10 años, hasta hombres que pasan de los 70.

Desde académicos, hasta gente con retraso educativo.

-Si tú levantas la mano, es violencia.

Y punto. Y la violencia física,

perturba aún más la posibilidad de un reencuentro.

Y lo siguiente, es el mensaje que das a tus hijos,

que cada vez que ocurre,

reciben algo así como "Vale, eso también es una solución".

-Dos días más tarde, ya había pasado tiempo.

Volvimos a hablar de ello, ella me dijo

que le gustaría que le avisara antes de perder los estribos.

Diciendo algo así como:

"Estoy llegando a un punto límite. Ahora te podría pegar".

Yo le pedí a ella, que también se controlara emocionalmente,

para no calentarse demasiado, porque sino pierdo el control.

-Puedo imaginar que una mujer que ha sufrido violencia

se pregunte: "¿Cómo alguien puede solidarizarse

con un hombre así, o entenderle?"

-Entiendo a la persona, no su violencia.

Entiendo las condiciones de esta persona,

y entiendo sus necesidades.

Intento fomentar su "yo",

y activar el dialogo interior dentro de este hombre.

Cuanto más corresponde una persona al perfil de agresor,

más fuerte es su enfoque externo.

Su percepción, está dirigida hacia afuera,

la percepción interior está atrofiada.

-Todos los agresores cuentan una historia que les hace víctimas.

A veces, muy banales, y tan forzadas como por ejemplo:

"Tuve un padre que trabajaba mucho, y estaba poco en casa".

Los agresores intentan con facilidad presentarse en un papel de víctima.

-Sí, lo hacen muchos, pero yo le diría que claramente,

¿esto le parece una legitimación para pegar a su mujer?

-¿Para qué nos sirve preguntarnos internamente

por la razón del cliente, de contarnos esta historia?

-Lo hace para desviar la atención de su papel de agresor.

-Cuando preguntamos a los hombres,

si les parece bien acosar a sus mujeres,

pocas veces nos contestan con un rotundo "sí",

y enseguida se justifican porque las acosan igualmente.

Desenmascaramos esas justificaciones,

excusas, razones o explicaciones, porque lo que buscan,

es desentenderse de la responsabilidad.

Culpan al alcohol, a la mujer, al estrés laboral,

o a la propia infancia, diciendo: "No aprendí otra cosa".

Todo ello, no son más que justificaciones

para volver a levantar la propia identidad.

Para poder decir: "Yo, en el fondo, no soy así.

En realidad, yo no quiero ser así"

-Yo provengo de una ciudad pequeñita

de Andalucía, en el sur de España, que se llama Jaén.

Mi padre era terrateniente,

y mi madre, de una gente con muchas posibilidades.

Hasta bastante mayorcita, he sido una niña feliz,

porque eres inocente, y entonces, no te das cuenta de muchas cosas.

Luego ya, cuando vas creciendo, te vas dando cuenta de muchas cosas.

Jaén para mí era un suplicio, era como estar encadenada,

como si me quitaran la libertad.

No podía salir con gente que no fuera de tu clase social

porque tenías que tener una pandilla dentro de tu clase social,

porque sino no te dejaba.

Mi padre, muy controlador, siempre nos ha vigilado mucho.

-¿Cómo ha tratado tu padre a tu madre?

-Mi padre tenía dos caras, una cara fuera y otra dentro.

No muy bien.

Un día me di cuenta

de que lo que había en mi casa no era normal.

Empecé a perder seguridad en mí misma,

porque cuando llegaba a mi casa no sabía el ambiente que habría.

Cariño, ninguno,

ni por parte de mi padre ni de mi madre.

Me tenía que casar con un dentista, con un notario, con un registrador.

Eso era lo que mi madre hubiera querido,

pero no era lo que yo quería.

Poco a poco nos fuimos a estudiar fuera

porque en Jaén no había universidad.

Nos fuimos a Granada, otras a Sevilla.

Caí en manos de un maltratador,

pero distinto a lo que yo había visto en mi casa.

Busqué una cosa opuesta y no me di cuenta

que era un maltrato aún peor.

-¿Recuerdas la primera vez que él te faltó al respeto,

te ridiculizó ante vuestros amigos?

-Él empezó tan poco a poco que no te puedo decir cuándo empezó.

Fue una cosa sibilina y perversa.

Siempre intentas disculpar porqué esa persona ha hecho esto

o lo otro, porque es lo que tú harías.

No hubo un flechazo,

pero sí hubo una química especial entre él y yo.

Esa química fue cambiando con el tiempo.

Fue como una telaraña que te va atrapando

y al final te atrapa.

Cuando realmente me doy cuenta de que estoy sufriendo malos tratos,

tengo dos soluciones:

o me busco la vida o lo voy a pasar fatal.

Entonces encuentro un negocio y lo pongo.

Yo ya no dependía de él para nada.

¿Qué hace? Intentar machacarme.

Si estábamos juntos era una lucha constante.

Yo no quería que mis hijas vieran eso.

Ellas estaban siendo maltratadas igual que yo.

Estuve tres años sin que me hablara.

Hasta que llegó un momento que un amigo mío me dijo:

"Sepárate porque si no va a acabar contigo".

Me separo,

encuentro a una persona estupenda y maravillosa,

que me da a conocer una cosa que yo no sabía que existía,

que es valorarme.

Entonces vivo en una especie de paraíso.

Pido el divorcio.

Él ve que ya no tiene ninguna posibilidad

y el 1 de noviembre sucedió la agresión.

-Los hombres no están acostumbrados a hablar sobre las emociones.

Algunos, incluso,

están limitados en la percepción de su emocionalidad.

Potenciando eso, al final se potencia la capacidad social.

Las organizaciones de víctimas exigen desde hace años,

en el trabajo con los hombres violentos,

empatía con las víctimas.

Pero la empatía con otra persona sólo es posible

si hay una autopercepción emocional

y de esa manera se impulsa la empatía con otras personas.

Tengo que reconocer que tuve miedo ante mi primera llamada.

Tuve miedo a llamar y reconocer ante otra persona

que soy un hombre que pega a las mujeres.

En esta llamada me quitasteis el miedo,

no me metisteis en un cajón con un tratamiento cualquiera,

sino que me dijisteis:

"Eres un hombre normal, pero ha pasado algo equivocado.

Juntos intentaremos encontrar una solución y un nuevo camino".

Contigo me sentí como agresor, pero no como criminal.

Para mí estaba claro que aquí recibiría ayuda

para no volver a caer en una situación así.

-¿Cómo ves ahora tu historia

en relación con la violencia psíquica?

-Era un joven

que desconocía por completo el equilibrio y la fuerza interior.

Aparentaba seguridad hacia afuera, ejerciendo poder,

ya fuera con palabras, inteligencia, bromas o cualquier cosa.

Hasta ese momento ser hombre significaba para mí ser el fuerte,

el viril, el implacable, una mezcla entre Bruce Willis y Rambo.

Quería controlar todo. Era celoso al máximo.

Prohibía a mi novia de entonces cualquier contacto con hombres.

Para mí eran competidores y cazadores furtivos en mi terreno.

Quería el poder sobre mi novia.

La vi como mi propiedad física y psíquica.

-¿Cómo viviste entonces la situación

cuando utilizaste por primera vez la violencia brutal contra tu novia?

-Voy a explicar la situación. Desde mi punto de vista de entonces

pensaba que mis celos estaban justificados

porque ella tonteaba continuamente con tíos.

Desde mi punto de vista de hoy no era más que charlar con personas.

No era consciente de que simplemente era una conversación con hombres.

Enseguida caí en el cliché.

No me quiere, está tonteando con otros,

me está tomando el pelo, se interesa por otros.

En mi cabeza veía

casi películas porno con todas las posibilidades que había.

Esa ruedecita seguía y se convirtió en una enorme bola de nieve.

El catalizador para empezar a pegar fue el alcohol.

Una explosión de ira, odio e impotencia.

En ese momento uno no es consciente de su propia tristeza interior.

Uno explota hacia afuera con la fuerza de una bomba nuclear.

Uno no es consciente de que sea posible sacar tanta ira,

energía y fuerza desde el interior.

De pronto empiezas a gritar y a herir verbalmente,

reprimir al otro verbalmente y decir:

"Tú eres culpable de mi estado".

Uno responsabiliza al otro de su propio sentimiento

y ella encima tuvo la desfachatez de rechazar esa responsabilidad.

Fue entonces cuando le di la primera hostia.

Entonces perdí el control.

Estaba borracho, la golpeé

y ella quiso decir algo y entonces le solté los puñetazos.

Cinco minutos después de la paliza ya empezó el arrepentimiento.

"¿Qué he hecho? ¿Por qué?

¿Soy culpable yo?"

Pensaba que tenía que huir,

suplicar perdón, suicidio, soy la peor persona del mundo.

Cuando vi su cara destrozada de pronto me entró el miedo.

Me dije: "Si no dejo que me ayuden,

si no hago algo en contra soy capaz de cualquier cosa

y entonces es posible que estando borracho

o en otra situación pueda llegar al extremo

de matar a alguien a palos".

-Hola, Günter.

Os llamo porque me ha surgido una cosa que me ha alarmado bastante

porque hablé con mi hija pequeña,

la llamé yo, que vive en la casa donde yo vivía,

ha tenido tres sábados seguidos una llamada, no al portero,

sino a la puerta de arriba, a distinta hora

pero siempre de noche, a las 6:45, cuando no hay luz.

La primera vez no le dio importancia,

a la segunda, se mosqueó un poquito y ayer salió a ver quién era.

Miró por la mirilla y no vio a nadie.

Se alarmó y me lo contó.

Enseguida me alarmé también porque sé como funciona mi agresor.

Dio la casualidad que estamos en fin de semana

y no hay guardias para tomar denuncia

ni en la Policía Nacional ni en la Guardia Civil,

con lo cual tengo que esperar a esta mañana

que he pasado una noche horrorosa y mi hija una noche horrorosa.

Sí que es él.

¿Que no lo he visto? No lo he visto.

¿Que mi hija no lo ha visto? No lo ha visto.

Cuando me agredió la primera vez, tampoco me dio tiempo a verlo.

Sé como es y sé como actúa. Es muy listo y muy inteligente.

Ahora mismo está en libertad condicional,

no ha cumplido los años que tenía que cumplir,

no ha habido arrepentimiento tampoco y ninguna terapia.

Él tiene una orden de alejamiento pero, como todos, se la salta.

Como no tiene vigilancia ni control, se la salta.

Él lo que quieres es meter miedo y si puede algo más, hará algo más.

Lo estoy diciendo. Lo sigo diciendo.

Quizá ahora cambie de táctica,

otra y luego hará otra y así hasta que pase algo.

-¿Por qué no estás con tu hija? -Estoy oculta.

Me dijeron que me fuera porque corría peligro

y ellos no me podían proteger.

Si me cambiaba a un sitio que, por lo menos,

ya que me iba a matar, se lo pusiera más difícil.

Esa fue la respuesta que me dieron.

Con todo el dolor de mi corazón, hablé con mi hija y lo entendió.

Yo tuve que salir y tuve que dejarla sola.

Voy a intentar denunciar y protegerme y sobre todo,

hablar con la que llegó a mi casa de Amnistía Internacional

que se llama María Naredo, para ver qué consejo me da ella.

-¿Y tú familia?

-Mi familia me va a echar de donde estoy oculta.

Lo que a mí me pasa, a ellos les da igual.

Incluso sienten vergüenza de lo que a mí me ha pasado.

En vez de apoyarme, lo único que han hecho ha sido

quitarme del medio y quitarme lo poco que yo podía tener.

Yo soy la única de mi familia que está separada

y soy la única que he roto la dinámica.

No quieren saber nada

y llamo para hablar con mi madre y me cuelga.

No quiere saber nada, por romper las reglas.

(Grita)

Nunca pensé que iba a pegar a una mujer.

Siempre dije "algo así nunca me pasará".

Pero luego pasó.

En aquel entonces, reconocí que era tan capaz de dar una paliza

como aquel tipo de hombre que siempre había despreciado.

Un tipo alcohólico, asocial, que pega a su mujer.

Ahora para mí, lo femenino, los sentimientos en una relación,

han cobrado otro significado.

Tengo una conexión con la mujer y la respeto.

Es tan persona como yo.

-Muchas encuestas nos indican que uno de cada cinco o diez hombres

ejerce a lo largo de su vida violencia física grave,

sea contra su compañera o en el espacio público.

La mayoría de los hombres

que están dispuestos a ser violentos,

no consigue desbloquear sus agresiones en la vida diaria.

Quiere decir que son conformistas. Siempre dicen sí a todo.

Siempre se esfuerzan.

Siempre quieren agradar a todos. El caso clásico,

hacia afuera amable con el cliente y siempre cortés.

Dicen sí a todo, reprimiendo las frustraciones.

Y luego, en privado,

cuando nadie les ve, de pronto se vuelven violentos.

Algo de lo que nadie les creía capaces.

Muchas veces oímos "jamás pensé que él pudiera hacer eso".

Günter está rodando una película sobre violencia de género,

una parte se hace en España

allí describe la historia de una mujer.

Sobrevivió por los pelos a un intento de asesinato.

Dos operaciones de 12 y 3 horas. Ha vivido un infierno.

El pasó 11 años en prisión por intento de asesinato

y rechazó cualquier terapia. No se arrepiente de nada.

Ella vive con la certeza de que si él la quiere matar,

la va a matar.

Existe esta categoría de agresores.

Aquí ya no se trata de ofrecer más terapia

sino protección máxima para la víctima.

Hay que sancionar cualquier nueva agresión,

sea acoso o amenazas.

Y si hace falta, quitarle la libertad condicional.

-Me encanta que me den abracitos. -¿Qué tal?

Quería verte también Virginia ¿Te acuerdas de Virginia?

-Sí.

-Me acuerdo cuando nos conocimos que tu caso fue paradigmático

en el sentido de la sentencia,

la frustración de la sentencia favorable.

Es decir, este señor está condenado, se le reconoce

una responsabilidad civil, una indemnización.

Pero a fin de cuentas

es lo que el Estado está haciendo en el caso de Marta.

Y en aquel entonces la cuestión de la indemnización,

de la completa recuperación eran las cuestiones más prioritarias.

Pero ahora es la protección frente a futuras agresiones,

las garantías de no repetición. -A mí me avisan unos 3 días antes

que el 15 sale en libertad condicional,

pero yo no sé en qué consiste esa libertad condicional.

-Él tiene una orden de alejamiento de 500 metros

y no están haciendo nada para verificar que eso se cumple.

-Me puse en contacto con María me dio la dirección,

mandé un correo electrónico a instituciones penitenciarias

y me han escrito una carta que es para llorar.

Es que no tiene ningún control.

-Vamos a tomar tu caso de cara al gobierno central

para que adopte las medidas de coordinación

que considere oportunas, o que son necesarias

y si hay que coordinarse

con Consejo General del Poder Judicial también lo haga.

-Lo importante es seguir planteando

todas estas trabas y obstáculos y no parar.

Es decir, que esto no es: "Hicimos una ley hace siete años

y ahora ya nos hemos cruzado de brazos".

-No considero justo porque un político

tiene que tener guardaespaldas y yo no.

¿Y porque yo no puedo estar con mi hija y en mi casa?

¿Por qué yo no puedo estar y él sí? ¿Por qué él

puede andar tranquilamente y yo tengo que ir mirando para atrás

a ver quién pasa y quién viene? Mi cuerpo en alerta.

¿Por qué tengo que pasar por eso?

-Yo creo lo que dice María, hay que hacer mucha pedagogía

porque igual que a veces

te miran a ti como si fueras marciana,

a nosotras también.

Cuando llegamos y recordamos que el Estado español

tiene una serie de obligaciones de Derechos Humanos,

y que no puede eximirse de su cumplimiento,

nos miran como si fuéramos marcianos.

Hay una ley mejorable, hay algo, antes no había nada.

¿Pero esa ley se está implementando? -No.

-¿Se están resolviendo los problemas que existen?

-No.

-Y nos seguimos encontrando con casos en los que al final

muchas mujeres deciden esconderse porque no están teniendo

ningún amparo judicial.

-Yo por ahí no paso, que no me victimizan más.

A mí no me tienen que controlar, lo tienen que controlar a él.

Es que ya no soy yo, están mis hijas que también corren peligro.

Mi hija, dentro de lo que cabe, bastante bien

pero cuando yo le comuniqué que su padre había salido

el 15 de febrero pasaron un trago muy malo,

lo pasaron mal.

Con el tiempo lo vas aceptando y te vas adaptando,

pero tenían miedo igual que yo.

¿Y sabes quién me protege a mí?

Mi portero, el que está vigilando quién entra,

si lo conoce, dónde sube y si llega o no llega.

Es el que me está controlando a mí ahora mismo, mi portero.

-Estamos comentando que los talleres

que te ofrecieron en el Instituto de la Mujer.

-Es de la Junta de Andalucía, por lo visto,

lo único que salía era reponedoras de supermercado

o limpiadoras.

-En ese ejemplo que es muy gráfico de cómo se plantean las políticas

y las medidas para mujeres que han vivido la violencia.

Por un lado solo se dirigen a un perfil muy empobrecido

o con muy poca cualificación profesional.

Que además son cursos de formación pero luego

que se inserten laboralmente eso es otra cosa.

Se parte de la base que ese es el perfil de mujer víctima.

Y realmente hay un desconocimiento de eso,

de lo que hemos comentado tantas veces.

-Que perfiles no hay. -No hay perfiles.

Hay mujeres diversas, con circunstancias de vida.

-Y una cosa que hay que tener muy presente.

Que hoy me ha pasado a mí,

mañana te puede pasar a ti o a algún familiar tuyo.

Porque en todas las familias hay alguien.

-Yo creo que el caso de Marta es un caso

que enseña mucho sobre la violencia de género,

porque es un caso en el que antes de intentar asesinarla,

el agresor nunca le puso la mano encima.

Fue toda una violencia psicológica bastante atroz,

pero violencia psicológica.

Y hay más casos como este,

lo que pasa que lo que la población cree

y también algunos funcionarios y personal de juzgados,

consideran que si no hay violencia física,

la violencia psicológica no merece ni orden de protección,

no es problema,

no corren riesgo las mujeres que sufren ese tipo de violencia.

Y sin embargo, las personas del perfil del agresor de Marta,

que buscó hacer lo que hacía, que lo hizo creyendo

que tenía todas las opciones de llegar a asesinarla,

de no fallar.

Ese hombre ahora está en libertad, no me consta ni le consta a Marta

que haya hecho ningún tipo de terapia,

de arrepentirse o estar transformado de algún modo.

Con lo cual, por supuesto, que tiene un riesgo muy alto.

Porque es la misma persona que intentó,

de la manera tan calculada, acabar con su vida.

Sí ha pasado en prisión unos años, pero quizá ha salido y no sé

si le importaría pasar otros años o de alguna manera

la determinación que tuvo de querer asesinarla sigue viva.

Yo sí creo que desde niñas nos enseñan

a temer los peligros difusos y mal orientados,

peligros como los monstruos o los descampados,

los violadores sin rostro. Y sin embargo,

no nos enseñan a defendernos de las relaciones insanas,

de hombres visibles que incluso puede ser el novio

que toda madre querría para su hija.

La propia sociedad nos plantea

un ideal de amor y de pareja que es insano,

fomentan las dependencias, los celos, toda una serie

de cuestiones que tienen que ver con la violencia de género.

Y que en el fondo son micro-violencias

que están siendo toleradas por la sociedad.

No hay justicia, se queda coja la obtención de justicia.

Y digo esto porque muchas veces las víctimas de violencia de género

llegan a la puerta de la justicia con el sambenito de que

algo querrán, algún móvil es puro, con el sambenito de que quizás

lo que quieren es aprovecharse con la denuncia,

sacar algún provecho en su separación o divorcio.

Todo esto que para cualquier víctima de un delito,

una víctima de robo o de estafa, normalmente no sucede,

ese prejuicio judicial no está ahí.

Sin embargo, para las víctimas de violencia de género

es una traba añadida que les hace más difícil el camino

de búsqueda y de obtención de justicia.

-El Centro de Protección contra la Violencia de Salzburgo

organiza regularmente estos encuentros.

Estamos aquí los que trabajamos contra la violencia de género

desde los diferentes campos.

Trataremos de intercambiar experiencias,

no solo sobre los temas del centro de violencia,

también propuestas y deseos para mejorar la colaboración.

-En la casa de acogida atendimos el año pasado 83 mujeres y 81 niños.

Es un promedio normal por año,

tuvimos que rechazar 92 mujeres a falta de espacio.

No pudimos acoger una de cada dos mujeres.

Alguna pudimos acoger más tarde, pero es muy duro tener que rechazar

a una mujer que necesita protección por falta de espacio.

-Estoy contento de que exista la Casa de Acogida,

y sé que funciona fenomenal. Pero yo soy policía

y no me ayuda mucho si la casa de acogida está llena.

Los políticos tienen que crear tantas plazas como sean necesarias.

-También es una cuestión de invertir dinero en ello.

Cuando se trata de la seguridad en un partido de futbol

nadie lo cuestiona.

Se ponen 100 policías, a veces 1.000.

Allí no hay problemas.

-Hay casos donde hubo una orden de alejamiento

y el agresor estuvo un tiempo en la cárcel.

Avisamos a la víctima que el agresor saldría de prisión

y si intentaba contactar con ella que por favor

llamara enseguida a la policía. Por desgracia,

la víctima no llamó a la policía sino a él para que volviera a casa.

Y entonces volvimos por la noche porque el agresor había prendido

fuego a la víctima. Había una orden de alejamiento.

-Es demasiado poco, eso es lo que pasa.

-Había una orden de alejamiento y todos lo sabían.

-Hubiera sido muy fácil decir: "El agresor ha contactado conmigo".

Hay que hablar de estas cosas, es inevitable.

-Por eso en estos casos de asesinatos implican a psiquiatras

porque hay que contar con clientes que son tan peligrosos

porque tienen un trastorno disocial.

En estos casos se podría plantear una estancia

en un psiquiátrico, de eso no se habla en absoluto.

Se habla de criminalización y me parece bien

porque es un delito criminal que antes era legal

y hoy ha sido criminalizado

poco a poco gracias también a instituciones de mujeres.

-No queremos meter a los agresores,

hombres y mujeres, 100 años en la cárcel.

Queremos que las afectadas tengan protección y seguridad,

queremos que los agresores cambien y no cambia nada

si las víctimas se separan porque él sigue igual.

-Creo que no hay nadie en la mesa que no quiera lo mismo.

-Muy bien, entonces hemos cerrado el círculo.

-Creo que todos tenemos la misma meta.

En general, en debates políticos,

judiciales tengo la impresión en que se exigen

cada vez más penas y endurecer los códigos penales.

Está de moda en la sociedad, sobre todo en la llamada lucha

contra el terrorismo introducir nuevos delitos.

Hay que tener cuidado para no errar el camino.

-Y tenemos un problema de la sociedad que plantea

qué tiene en común Sevilla y Salzburgo.

Cuando miras a ambas ciudades desde fuera parece

que no existe este problema y todos, especialmente los hombres,

se empeñan en que esto no cambie.

-Hay que meter este tema en la formación de los profesores

y los planes de estudio. Los profesores deben conocer

los apoyos que hay y cómo reconocer un caso.

Cambiar a una sociedad necesita tiempo,

sobre todo cambiar esta actitud en la sociedad.

Es interesante que entre los años 2001 y 2011,

la policía austriaca ha decretado 63.470 órdenes de alejamiento.

En los mismos años, los centros de protección

contra la violencia han ayudado a 120.000 personas.

-¿Es mucho o poco? ¿Está subiendo o bajando?

-Está subiendo.

¿Cuántos habitantes tiene Austria? -Ocho millones.

-¿Ya ocho millones? Nos multiplicamos.

¿Por qué será?

En relación con los habitantes,

120.000 son muchos.

Desde que existe la ley de 1997,

las estadísticas sobre órdenes de alejamiento dicen

que un 5% de mujeres reciben órdenes de alejamiento como agresoras.

Hay que rechazar la violencia siempre,

pero hay que fijarse en los detalles.

Las mujeres que han sufrido violencia

también tienen agresiones pero normalmente las reprimen

y las convierten en depresiones o suicidios.

Pero a veces también sale fuera y es posible que pueda ser violenta,

son un 2%.

Es una suma muy pequeña,

normalmente no es violencia planificada ni dosificada

pero con el cuchillo en la mano pueden pasar

cosas terribles.

Cuando los agresores dicen,

"tú me has provocado tanto, por eso tuve que pegarte",

esto no es nada más que una ofensa imaginaria.

No es real, es imaginaria.

Con esto él se hace la víctima y convierte a la mujer en agresora

porque si no hubieras hecho eso no te habría tenido que pegar.

A través de este truco

que se utiliza en el 100% de los casos,

las víctimas asumen mucha culpa

porque quieren seguir con la relación y se adaptan.

Pero es inútil porque se trata de imponer

el dominio y sin mentarlo, a través de la violencia.

Funciona porque la persona afectada se adapta al agresor,

intenta satisfacerle en todo.

Siempre puede haber algo que esté mal,

la servilleta puede estar torcida, en lugar de comida caliente

la quiere fría, en lugar de carne quiere verdura, etc.

En casos extremos, las afectadas se meten en el cerebro

del agresor para obedecer en todo,

eso lleva a que se olviden

y pierdan sus propias necesidades y capacidades.

Si no lo ha hecho ya el agresor se aíslan ellas mismas,

se "autoinculpan" del fracaso de la relación

y no son capaces de nada.

Y así son cada vez más débiles y la otra parte cada vez más fuerte;

esa fue una descripción

de la dinámica de la violencia y sus consecuencias.

-Que yo me lo he buscado. -Tampoco digas eso.

-Pero en cierto modo ha sido un cúmulo de cosas.

-Tu estabas como alguien a quien le educan

en un determinado patrón para encajar en un cliché,

en un molde o en un tipo

de relación y son relaciones que no nos hacen felices

y si no nos hacen felices al final buscamos una huida y es ahí

cuando creo que se desencadena la reacción.

-Cuando tienes hijos

te das cuenta que tú no quieres eso para tus hijos.

Tú puedes aguantar lo que sea pero tú no quieres eso para tus hijos.

-Fíjate lo que me sugiere lo que me estás diciendo,

en el fondo es otra enseñanza más del patriarcado.

Si una mujer sale de la violencia es por sus hijos,

si al final nos damos cuenta que no queremos una relación

es por nuestros hijos, ¿y nosotras?

¿Dónde está realmente nuestra libertad?

-Es que no la tenemos, yo no la tenía.

-Te había insultado, amenazado... -Él me insultaba siempre.

Era una cosa habitual

y delante de mi hija

me ponía como un trapo.

-¿Y delante de la gente cuando estabais con otras parejas?

-Indudablemente me ridiculizaba.

Me acuerdo una vez que me fui a la feria

porque él estaba de guardia

y me fui con los amigos que teníamos ahí,

que éramos todos matrimonios y como él estaba

de guardia y yo estaba sola me fui a la feria.

Estábamos bailando y me armó una

que qué era eso de que él estaba trabajando

y yo en la feria.

-Desde luego yo creo que si no miramos en la base

de ese iceberg que son las violencias más sutiles,

los "micromachismos" y todo lo que al final va

debajo de la violencia física nos vamos a quedar rasgando

la superficie y contentándonos con paliar las cuestiones

más alarmantes a los ojos de la sociedad.

Más alarmante es para las mujeres que sufre la violencia,

en muchas ocasiones, son las dolencias psicológicas,

sociales y sexuales que están absolutamente

invisibilizadas con respecto a la violencia física.

-Tenía ayer cita con mi psiquiatra y ya entré con una decisión tomada

y que era reconocerle dos cosas que él siempre me había insistido mucho.

Una era que iba de víctima, que nunca lo hubiera reconocido;

y otra el daño psicológico que me había producido

y que yo no lo reconocía tampoco.

El daño no físico sino el del alma, las cicatrices

de mi alma yo no las reconocía y ayer las reconocí por primera vez.

Me dijo que había dado un gran paso.

-¿A qué te refieres cuando dices lo de no ir de víctima?

-Ya no era la víctima de esa persona,

sino era yo.

No era la víctima de mi asesino o del padre

de mis hijas sino era yo.

Ello como persona.

-¿Cómo te sentiste después de eso?

-Muy bien pero a la vez que me sentí muy bien,

me sentí liberada por una parte pero por otra salió

todo el dolor que tenía dentro. Lo saqué vomitando todo,

todo lo que había comido durante el día salió.

Vomité todo y me quedé nueva.

-Antes de darme el alta en el hospital mis padres se fueron,

mi hermana me llevó a casa, fuimos las dos solas,

mis hijas me estaban esperando, me dejó

en mi casa sola con dos niñas de 12 y 15 años escayolada,

en silla de ruedas con un brazo escayolado y una pierna escayolada.

Entonces, realmente ahí fue cuando yo me vine abajo,

intenté refugiarme en el alcohol

como una especie de salida

y pienso que mucha gente

se puede identificar conmigo en esas circunstancias.

Lo importante es reconocerlo, es algo que me costó mucho trabajo

pero mientras antes lo reconozcas mejor.

Intentaba pasar todo

el día durmiendo y no pensar en nada.

El cóctel del medicamento y el alcohol era

como si estuviera anestesiada, entonces estaba todo

el día durmiendo y tumbada, no era nada.

En cierto modo le estaba dando razón,

estaba yo cayendo en su trampa,

estaba consiguiendo lo que él quería;

no me había matado físicamente pero me estaba matando psicológicamente.

Mis hijas son las que hacen que me de cuenta de esa adicción,

yo estaba todo el día enganchada a una botella

y me daba igual de qué fuera. Me decían: "Mamá, por favor, no".

Entonces dice que se acabó,

porque me está matando y se acabó.

Mis hijas también han sufrido en lo vivido conmigo,

lo pasaron muy mal.

Yo se lo debía.

Duele, duele mucho, duele.

Sobre todo reconocerlo,

una vez que lo reconoces te liberas pero mientras tanto duele

y está ahí escondido y no te das cuenta.

Mis hijas me han dicho que eran la madre y yo la niña,

que me tenían que cuidar;

y era verdad, durante un tiempo

fui yo la niña y ellas las madres, con 12 y 15 años.

-¿Por qué no han querido estar en el documental?

-Porque es mi historia, ellas son parte de mi historia.

Yo les pedí permiso, me dijeron que sí pero es mi historia,

no la suya.

Ellas tienen su vida,

tienen sus amigos

y tienen su pudor,

sus miedos supongo.

Yo ya he pasado eso.

He pasado ya ese límite.

Son lo mejor que he tenido en mi vida.

Son mi pilar sobre todo para mí,

os quiero mucho.

A lo mejor mucho más que lo que vosotras pensáis o creáis.

Otros documentales - La maleta de Marta

01:14:04 23 nov 2017

El documental analiza tanto el sufrimiento y la lucha de una mujer maltratada, mostrado en primera persona, como la visión de quienes trabajan en contra de la violencia. Ha sido rodado entre España y Austria, lugares en los que vive el Dtor. como ejemplo de la universalidad del problema.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2017.

Histórico de emisiones:
24/11/2013
26/11/2014

El documental analiza tanto el sufrimiento y la lucha de una mujer maltratada, mostrado en primera persona, como la visión de quienes trabajan en contra de la violencia. Ha sido rodado entre España y Austria, lugares en los que vive el Dtor. como ejemplo de la universalidad del problema.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2017.

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