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Transcripción completa

Los soldados avanzan sobre la multitud

que se refugia en unos macizos escarpados.

Los huidos lanzan piedras de molino.

Disparan mosquetones viejos.

Se enfrentan a pecho descubierto con la tropa que los aniquila.

Unas mujeres se suicidan al lanzarse con sus hijos en brazos.

La victoria es clara, contundente. Una masacre.

Los supervivientes son arrastrados hasta el mar.

En las costas, los barcos recogen a los que van a ser expulsados.

Extrañamente, las playas están repletas de gente

como si se tratara de una fiesta.

Los ancianos son llevados en brazos hasta las barcas.

Unos gritan de alegría por ir a la Tierra Prometida,

abandonando así un país que los persigue y los condena.

Otros lloran lo que dejan atrás. La tierra de sus antepasados.

Los rumores se extienden. Se dice que los barcos no son seguros.

Que los capitanes echan al mar a los pasajeros incómodos.

Les han robado durante el camino.

Les roban en la playa, les roban en los barcos.

Afirman que en las costas de enfrente

les esperan mayores males.

Que tribus nómadas del norte de África les atacan,

les asaltan, les violan y les asesinan.

Dicen que es el castigo por sus pecados.

Pero ¿qué han hecho todas estas personas

para sufrir esta inusitada serie de castigos?

¿Qué han hecho para ser arrancados de su tierra

y ser expulsados a unos lugares que ni conocen ni han visto jamás?

Esta es la crónica que explica las claves de una expulsión

de varios cientos de miles de personas,

que se realizó de 1609 a 1614

en todo el territorio peninsular.

La expulsión de los moriscos.

Pero, ¿quiénes eran los moriscos?

¿Venían de algún lejano territorio?

¿Era un grupo minoritario

o, por el contrario, conformaban la mayoría de la población?

Los moriscos eran descendientes de los habitantes de Al-Andalus,

territorio de la Península, que estuvo bajo poder musulmán

entre los años 711 y 1492.

En este período, muchos antiguos cristianos adoptaron el árabe

y se convirtieron a la religión musulmana.

-Los moriscos, en el momento de la expulsión,

podemos decir que son 350 000, alrededor de esta cifra,

quizá un poco más, un poco menos.

Están divididos en, fundamentalmente, tres grupos.

Los valencianos, que son más o menos 120, 130 000

y que representan la tercera parte del antiguo Reino de Valencia.

Luego los aragoneses,

que son 70 000 personas más o menos,

que representan 20, 25% de la población de Aragón.

Y los castellanos, muy dispersados ellos

por casi todos los territorios de la Corona de Castilla,

es decir, desde el Cantábrico hasta Andalucía,

pero en el norte hay muy pocos.

Galicia, Asturias, País Vasco no los conoce.

Pero más al sur sí que son importantes.

Hay ciudades, como Ávila,

que tienen un presencia morisca importante, de manera generativa.

Y así todas las ciudades de Castila La Vieja, Castilla La Nueva,

de Castilla-La Mancha de hoy, de Andalucía, de Extremadura,

tienen una comunidad morisca.

La procedencia de los moriscos hay que buscarla, por tanto,

dentro de la misma Península Ibérica.

No venían de fuera. Más bien todo lo contrario.

Se trataba de familias que, generación tras generación,

llevaban muchos años y siglos, en el territorio peninsular.

Habían nacido en estas tierras, habían crecido en estas tierras

y habían visto nacer y crecer a sus hijos en estas tierras.

Fueron, inicialmente, el grupo mayoritario.

Habitaban la mayor parte del territorio

frente al grupo reducido de conquistadores cristianos,

ubicados en el norte de la Península.

Las fuerzas cristianas fueron avanzando sobre Al-Andalus

y ocuparon sucesivamente amplios territorios del Valle del Duero,

del Ebro y del Tajo.

Finalmente, Levante, Murcia y Andalucía.

Algunos de los habitantes de las tierras conquistadas

huyeron hacia el sur o se desplazaron al norte de África.

Otros quedaron bajo dominio cristiano

y mantuvieron su religión musulmana.

Se les llamó mudéjares, los domesticados.

Eran musulmanes que quedaron en tierra de cristianos.

Tenían ciertos derechos, como conservar su religión,

aunque pagando más impuestos que los cristianos.

O siendo siervos de los señores.

Más tarde, cuando fueron obligados a convertirse al cristianismo,

se les denominó cristianos nuevos de moros.

El pueblo los llamó moriscos, término que se impuso.

-Mudéjar, en realidad, quiere decir domesticado.

Es una palabra árabe adaptada por los conquistadores cristianos

en el sentido de que se ha domesticado la población mora.

Se puede decir perfectamente,

por lo que he dicho de que no hay intención ofensiva.

Y se les deja a estos moros una amplia área de libertad

de culto, de institución, de derecho y de costumbres.

Las cosas irán mermando conforme avance cronológicamente el tiempo

y conforme avance la desigualdad numérica,

conforme se vaya equilibrando. Y acabarán estos moros

practicando el Islam, siendo obligados a bautizarse,

a bautizarse por la fuerza

y, por tanto, se iniciará el llamado drama morisco,

que califico de drama porque, siendo bautizados sin su voluntad,

en general, evidentemente, las autoridades eclesiásticas

acordaron dar por válidos estos bautismos.

Y eso es un drama individual, también colectivo,

pero, evidentemente, cuando se toca las creencias de una persona

se toca más que su físico.

Así, los mudéjares, y luego los moriscos,

constituyeron una comunidad muy numerosa, mayoritaria,

que, progresivamente, fue minorizada.

Y, más tarde, expulsada.

Primero, se les había obligado a bautizarse

y a abandonar sus prácticas religiosas y culturales.

Aún así, se les siguió considerando sospechosos.

La idea de su expulsión empezaba a tomar forma.

Pero pasó un siglo hasta que se adoptó una decisión definitiva.

-Uno de los hechos más sobresalientes, más sorprendentes,

cuando uno se acerca al fenómeno de la expulsión de los moriscos,

es que se trata de una decisión que, en principio, se toma,

o por lo menos se intuye, en el año 1582

y, de hecho, se retrasa hasta el año 1609.

El hecho de que pasen aproximadamente tres décadas

entre una circunstancia y la otra, pues puede llevar a pensar,

y así puede certificarse, que en algunos momentos de ese período

parece oportuno y pertinente proceder a esta expulsión,

mientras que en otro, parece aún así no tener ningún sentido

llevar a cabo esta medida.

En el año 1609, durante el gobierno del duque de Lerma,

valido del rey Felipe III, la medida se adoptó.

Ese año se ordenó la expulsión definitiva de los moriscos.

Alrededor de 300 000 se vieron obligados a abandonar la Península

y, con ella, la mayor parte de sus pertenencias,

de sus talleres, de sus cultivos, de sus casas, de sus orígenes.

Atrás quedaron muchos años de convivencia, a veces apacible,

a veces, agitada con los pobladores cristianos.

Atrás quedó un amplio y rico legado cultural y científico.

Atrás quedó un gran acervo de conocimiento agrícola y artesano.

Atrás quedó la historia de una expulsión,

cuyas consecuencias fueron tan amplias como profundas.

-Felipe III sucedió a su padre Felipe II en 1598

y tuvo que afrontar una situación bastante difícil,

porque, por ejemplo, la situación en Flandes, es decir

es decir, lo que es hoy Bélgica y Países Bajos, era preocupante

con parte de la población sublevada.

Y se encuentra con una serie de distintos frentes.

En el Mediterráneo también, con preocupación, con las facciones,

con, en particular, Marruecos, porque muere

el rey de Marruecos, el Sultán, Muere en 1603.

Entonces era una situación bastante compleja y podemos añadir

una epidemia de peste particularmente fuerte

que azota a casi toda España

entre 1597 y 1602.

Con lo cual, Felipe III

tiene que pensar en una situación difícil,

cómo mantener la reputación de España.

Y es en este marco, cuando se examina la posibilidad

de expulsar a los moriscos, medida que está

en los planes desde hace algún tiempo.

Hay partidarios y adversarios, y Felipe III se inclinó

pronto por la expulsión.

¿A qué se dedicaban los moriscos? ¿Había moriscos ricos?

¿Eran todos cristianos? ¿Eran todos musulmanes?

¿Disponían de algún tipo de organización?

Los moriscos desarrollaron un universo cultural,

tecnológico y científico de gran variedad y riqueza.

Su legado perdura todavía tanto en la Península,

como en el norte de África.

"Todos son uno en el mal".

Con esta afirmación, el clérigo valenciano Jaime Bleda,

uno de los grandes partidarios de la expulsión,

intentaba unificar a todos los moriscos.

Una acusación normal y frecuente de los contrarios de los moriscos.

Y era también una aseveración imprecisa, injusta, prerracista.

Intentar unificar todas las actitudes de los moriscos

resultaba tan excluyente, como unificar las de los cristianos.

No existió un bloque en ninguno de los dos casos,

aunque, todavía hoy, hay extremistas que lo afirmen.

Existían moriscos dedicados a las tareas agrícolas. Muchos.

También había destacados zapateros, curtidores u orfebres.

Otros fueron médicos, literatos e, incluso,

algunos llegaron a ejercer como inquisidores.

Además, aunque eran una minoría,

también podemos hablar de moriscos ricos, poderosos, respetados.

En el Reino de Granada, hubo familias que se convirtieron

al cristianismo durante el período mudéjar.

A través de casamientos, muchos de ellos lograron

integrarse en la oligarquía cristiana.

-Una de las miradas diferentes que podemos echar

a la historia de los moriscos granadinos es la que nos lleva

a las familias colaboracionistas. Es decir, no todos los elementos

ni musulmanes ni moriscos

sufrieron la expulsión ni una humillación sistemática,

sino que una serie de familias, colaboradores de la monarquía,

de grado o por fuerza, pero que obtuvieron a cambio mercedes,

una serie de beneficios como intermediarios entre los moriscos

y la Corona, y, por tanto, les permitía no sólo mantenerse,

sino incluso aumentar su poder y su riqueza.

No todos los moriscos eran musulmanes.

No todos los moriscos eran cristianos.

Por un lado, aquellos convertidos forzosamente carecían

de la intención y de los medios para profesar el cristianismo.

Por otro, la constante persecución y la progresiva desaparición

de la élite religiosa musulmana, produjeron un empobrecimiento

de la memoria de la comunidad.

La organización social de los moriscos era compleja.

Eran vasallos de sus señores, pero tenían sus representantes.

Éstos se encargaban de mantener el orden en la comunidad.

En muchas poblaciones, existían dos instituciones.

La cristiana y la Aljama morisca.

Estas eran una especie de concejos organizados por los mudéjares.

Popularmente, se les llamó morerías.

Administraban la justicia interna,

regulaban los asuntos económicos y de propiedades.

Canalizaba las relaciones del grupo con la nobleza.

Y, entre otros asuntos, recaudaba los impuestos y las tasas a pagar.

La especialización o, mejor dicho, la reducción de sus trabajos,

llegó más tarde. Y de forma obligada.

Como una imposición.

Mediante prohibiciones y regulaciones de todo tipo.

Esta fue la manera en que las autoridades cristianas

impidieron a los moriscos desempeñar ciertos oficios.

Los artesanos cristianos fueron uno de los grupos profesionales

más xenófobos con los moriscos.

Su rechazo adquirió mayores dimensiones

en las tareas profesionales en que los moriscos competían con ellos.

E intentaron imponer estatutos de sangre en sus cofradías

y en sus gremios. El objetivo era claro.

Impedir la entrada de trabajadores con orígenes no cristianos.

Las profesiones liberales corrieron la misma suerte.

La medicina morisca, por ejemplo, sufrió durante el s. XVI

un fuerte acoso y una dura persecución.

Muchos moriscos fueron expulsados de la universidad.

A otros se les impidió directamente el acceso.

En este escenario, las falsificaciones se repetían.

Y así, muchos se hicieron pasar por cristianos viejos.

La situación era, sin duda, paradójica.

Los médicos musulmanes habían sido muy solicitados

por reyes y obispos cristianos.

Pero ahora eran perseguidos, aunque su medicina,

práctica y de observación, era excelente.

El propio monarca Felipe III, el que expulsó a los moriscos,

fue salvado de la muerte en su niñez por un médico morisco.

Gracias al mundo árabe, Europa se benefició de importantes avances

en diferentes campos científicos.

Sin los astrolabios y las brújulas,

no hubieran sido posible los viajes oceánicos.

Sin el cero, las ecuaciones y los algoritmos,

no se hubiera conseguido el desarrollo del sistema económico.

Sin el papel y las tintas,

la reducción de la imprenta no se hubiera alcanzado.

Sin los traductores de Toledo, muchas obras científicas

y filosóficas de la Antigüedad hubieran desaparecido.

Su aportación se limitó a los trabajos más duros.

La construcción y el campo.

Y también en estos ámbitos, demostraron un gran ingenio

y una generosa capacidad de trabajo, que muchas veces,

les valió las críticas y las envidias de los cristianos.

Los nobles eran conscientes del importante aporte de los moriscos.

Un dicho castellano apuntaba: "Quien tiene moro, tiene oro".

Es decir, un señor con vasallos moriscos solía acumular riquezas.

Era un señor próspero, rico, afortunado.

-Los marqueses eran muy partidarios de mantener en sus poblaciones

a los moriscos, porque constituían la base impositiva

sobre la que gravaban los impuestos,

puesto que los cristianos viejos, que traían de Castilla

para repoblar otros pueblos, no pagaban esos tributos,

pues para hacerles fácil el venirse hasta estas tierras.

Mientras que los moriscos, a cambio de que se quedaran en sus tierras,

tenían que costear al marqués

las guerras que estos hacían y otros gastos.

La agricultura fue trabajo de muchos moriscos.

Junto a otros aldeanos, desarrollaron un sofisticado

sistema de trabajo comunal.

Reparar las acequias, aplanar los caminos, distribuir los riegos.

Todos colaboraban, todos se beneficiaban.

Además, los moriscos introdujeron importantes avances en el campo,

desde los aparejos utilizados hasta los sistemas de regadío.

Desde nuevos cultivos introducidos a frutas exóticas.

Acequias, aljibes, norias.

Naranjas, mandarinas, melocotones, albaricoques.

El legado árabe está aún presente en el campo español.

-Los moriscos, como musulmanes, que como he conocido,

cultivaron muy bien las tierras y que el sistema de la irrigación

también la practicaron mucho, hoy quedan vestigios

de esas acequias, de esas canalizaciones que permitía

levar el agua de este río, de Almanzora

a las tierras áridas del entorno.

Y supieron crear un vergel,

un oasis en torno a este castillo.

Son vestigios que, hoy día, todavía persisten.

De hecho, Cuevas de la Almanzora, hasta la actualidad,

ha sido en esta comarca, y no sólo en ella, sino en toda Almería,

un ejemplo de agricultura

característica de una zona árida.

Es una huella directamente de los moriscos,

que en su día vivieron en este pueblo.

Sumergirse en la cotidianeidad de una familia morisca

es la mejor manera de conocer un conjunto de tradiciones

y costumbres tan particulares como interesantes.

La cocina morisca respondía a criterios de la dieta mediterránea

exenta de carne de cerdo y de vino.

Verduras, hortalizas, aceite, frutos secos

y muchas especias que hoy hemos perdido.

Los detractores de los moriscos

la consideraban terrible para la salud.

Incluso, el religioso Jerónimo Aznar Cardona

llegó a afirmar que: "Comían cosas viles",

por la abundancia de gran variedad de frutas, verduras y semillas

en la alimentación morisca.

El propio Cardona añade que: "Bebían los aires".

Es decir, no bebían vino.

El uso del aceite estaba muy extendido en la cocina morisca.

Uno de los oficios típicos era el de buñolero.

La conservación y la confitura de frutas también era algo habitual.

El aprovechamiento de las tierras de secano impulsaba

el cultivo de la almendra y su transformación en dulces,

como mazapanes o turrones.

Las charlas o las partidas de ajedrez

llenaban gran parte de las horas de esparcimiento de los moriscos.

La mujer conservaba las tradiciones del hogar.

La cocina, los tejidos, los cantes de las zambras,

los peinados, los adornos con henna,

las canciones que rememoraban tradiciones.

Durante cerca de cien años, estas costumbres fueron perseguidas

y algunas erradicadas violentamente

al ser erróneamente asociadas a la religión musulmana.

La henna es un claro ejemplo.

Fue una de las tradiciones más reprimidas.

Estos adornos, con los que las mujeres decoraban su piel,

se entendían como marcas del Maligno.

Aquellas que se aventuraban a cubrir sus manos o su rostro

con estos dibujos, podían incurrir en graves penas y duros castigos.

Las prohibiciones relativas a la vestimenta

afectaron más a las mujeres moriscas que a los hombres.

Los ropajes femeninos se identificaron con la religión

y fueron perseguidos.

La ropa masculina apenas variaba de la de los cristianos.

Poco antes de la expulsión, sólo se mantenían ciertos elementos,

como los grandes sombreros o los velos

usados para protegerse del sol en el campo.

Los moriscos que mantenían la religión musulmana

encontraban en sus hogares el enclave perfecto para practicarla.

Allí se sentían protegidos y ocultos.

Las autoridades cristianas no tardaron en reaccionar.

En Granada, por ejemplo, les obligaban a mantener

las puertas abiertas los viernes.

-Los actos devocionales, prohibidos en España,

pues eran muy variados y afectaban

a los que están considerados como pilares del Islam.

Como son la oración, como son el mismo ayuno del mes de ramadán.

Aunque los musulmanes lo realizaban de forma privada, íntima, en casa,

la verdad es que siempre estaban acosados

y tenían, sentían esa presión muy importante del entorno,

que les llevaba a hacer unos actos muy simplificados

e, incluso, el mes de ramadán

no tenía todos los componentes de un ramadán de ayuno normal

en cualquier espacio del mundo islámico.

Muchas veces fueron mentiras.

En otros casos, imprecisiones. También, rumores y habladurías.

Y en la mayoría de ocasiones,

una absoluta incapacidad de comprender unas costumbres

y un modo de vida diferentes.

¿Falsificaban moneda los moriscos? ¿La escondían en lugares ocultos?

¿Eran sus costumbres higiénicas y saludables?

¿Poseían armas?

¿Eran traidores y asesinos por naturaleza?

¿Eran libidinosos e incestuosos?

Son muchos los tópicos y los arquetipos que circulaban,

y circulan aún hoy en torno a los moriscos.

-La identidad de los moriscos es muy compleja.

Desde luego, puede extraerse la idea de que hay tres niveles

en las señas de identidad de los moriscos.

Habría un primer nivel, que sería el nivel más privado,

El nivel de las ceremonias, de las oraciones,

que los moriscos realizan en privado.

Luego, el segundo nivel, sería el de las costumbres.

El de la proyección folclórica de su identidad.

Y luego habría un tercer nivel,

que es el de la ideología política, manifestada

a través de declaraciones un tanto altisonantes que algunos hacen.

En estos tres niveles, las autoridades encontraron

en la comunidad morisca una eficaz excusa y una buena justificación

a todos los problemas del reino.

Gracias a la capciosa propaganda impulsada desde el poder,

las causas de la evidente crisis económica, social y militar

se desplazaron sobre otras comunidades.

Alguien tenía que pagar las crecientes derrotas españolas.

Los moriscos fueron blanco principal de estos ataques.

En muchas ocasiones. Por muchos motivos.

En su mayoría, falsos.

El miedo a un levantamiento morisco era constante.

Por ello, los desarmes también lo fueron.

Especialmente, durante todo el siglo XVI.

Así, quedaron indefensos y expuestos a cualquier ataque.

El intento frustrado de rebelión en las tierras valencianas

de Laguar y de la Muela de Cortes fue claro ejemplo de ello.

Frente a la potente infantería del ejército español,

los moriscos se defendían con piedras, palos y ruedas de molino.

Los moriscos también fueron tildados de ser prolíficos

como las ratas, y libidinosos, como los conejos.

Existía la idea de que tenían más hijos que los cristianos.

Esta creencia llevaba directamente a dos aterradoras conclusiones.

Acabarían llenando España y sería la población mayoritaria.

Si bien, se estaba produciendo justamente lo contrario.

Además, a ello se unían las ideas de que se casaban antes.

No tenían clero, no iban a la guerra, ni emigraban a Las Indias.

Las profecías y los cuentos que auguraban un futuro mejor

estaban presentes en la literatura morisca.

Las creencias mágicas no islámicas

se mezclaban con los recuerdos de su religión.

Esto provocaba grandes y terribles confusiones.

Las acusaciones de brujería, especialmente, hacia las moriscas

eran constantes y generaban un gran temor entre los demás.

Algunas canciones de cuna de la época así lo muestran

con letras que han llegado hasta la actualidad.

"Que no venga la mora. La mora de dientes verdes.

Que no venga la mora. Ni te despierte".

Los moriscos también eran acusados de sucios,

pero no según la idea actual de higiene.

Se les acusaba de sucios de corazón por malvados,

o de sucios de origen por racismo.

Lo cierto es que se lavaban más que los conquistadores cristianos.

Incluso, una de las primeras medidas de las autoridades

fue cerrar los baños moriscos,

unos lugares misteriosos y propios de conspiradores.

"Por mucho que se laven, seguirán estando sucios",

exclamaba el religioso Jerónimo Aznar Cardona.

Se les conoce como los libros plúmbeos.

Aparecieron enterrados en el Sacromonte granadino.

Eran falsificaciones.

Concretamente, unas excelentes y detalladas falsificaciones

elaboradas con un sumo cuidado y una gran destreza.

Sus autores eran intelectuales moriscos.

Mezclaban la religión árabe y la cristiana.

Pretendían modificar la historia. Su objetivo era claro.

Facilitar la comprensión de las tradiciones moriscas

por parte de las autoridades cristianas.

-Los libros plúmbeos son una falsificación de los moriscos

entre los años 1595 y 1599,

que consistió en una especie de intento de Evangelio nuevo,

donde a las verdades cristianas de siempre, se añadían

una serie de principios de la religión musulmana

con objeto de crear una especie de sincretismo de religiones

que justificara la presencia de los moriscos y, de alguna forma,

evitar su posible expulsión, que se estaba preparando.

Los autores de los libros plúmbeos no consiguieron su objetivo.

Sin embargo, los libros plúmbeos son un claro ejemplo

de la capacidad y habilidad de la comunidad morisca.

El legado cultural de los moriscos fue amplio y variado.

Su impronta está presente en ámbitos tan variados,

como la medicina, la arquitectura o la literatura.

Junto a una medicina culta, se siguió practicando una popular,

basada en hierbas y compuestos.

En muchos casos, esta sabiduría pasó de generación a generación,

de madres a hijas.

Las mujeres eran, pues, quienes la practicaron.

Y este privilegio les valió un duro castigo.

Muchas fueron acusadas de brujería.

Las formas mudéjares continuaron en la arquitectura morisca.

Castillos, palacios e iglesias de todo el territorio de Aragón,

Valencia, el Reino de Murcia y Granada,

fueron edificadas por mano de obra morisca.

Sus trabajos están realizados básicamente con ladrillo,

adobe, artesonados de madera y decoraciones de yeso.

Y fueron también estos materiales los que predominaron

en la edificación de sus casas encaladas y de pocas ventanas.

La típica casa morisca era una vivienda de extrema sencillez.

La habitación principal era la cocina,

donde, incluso, se llegaba a dormir.

Este estilo de edificaciones, en su concepción y apariencia,

se puede todavía percibir en muchos pueblos de España.

La impronta del estilo morisco sigue latente en sus barrios,

en sus calles y en sus viviendas.

Las escuelas y las madrazas desaparecieron

con las élites intelectuales que habían emigrado.

Los baños, símbolos identitarios de la comunidad morisca,

se cerraron o abandonaron.

Las bibliotecas habían sido destruidas durante la conquista.

Y los libros, quemados. El uso del árabe estaba prohibido.

Sin embargo, los moriscos fueron capaces de desarrollar

una literatura en clave, llamada literatura aljamiada.

Conservaba los caracteres árabes,

pero las palabras y sus significados eran castellanos.

Era un texto en romance, escrito en caracteres árabes.

Eran textos religiosos, literarios, poéticos,

médicos o de memorias biográficas.

-La literatura aljamiada es la literatura

que crean los moriscos, esencialmente de Aragón,

a partir del siglo XV, y utilizan del XV al XVI.

Tiene como característica fundamental el hecho

de que está escrita en castellano, pero con caracteres árabes.

En esa literatura, los moriscos lo que hacen es recoger

toda su herencia cultural y religiosa, esencialmente,

traduciendo diversas obras de literatura musulmana,

desde el Corán, pasando por los Jadizes

y diversos breviarios y devocionarios.

En este sentido, es bastante original el esfuerzo

de traducción y de adaptación a las realidades españolas.

Fue una fuente del legado morisco que hoy sigue desvelándose.

Fue una literatura de resistencia

que utilizó los signos árabes como signo de identidad.

Fue el último intento, repleto de belleza,

de una élite cultural en su lucha por sobrevivir.

-Esta lengua castellana escrita con caracteres árabes

que utilizaron los últimos musulmanes de España,

para producir en la clandestinidad

textos litúrgicos, textos religiosos,

textos didácticos,

tendentes a reforzar la fe musulmana

y la cohesión comunitaria por entre los miembros de la Aljama.

La aljamía, por consiguiente, es este español arabizado,

este español semitizado,

cuyo fundador fue Isâ ibn Jâbir,

en español, Içe de Gebir.

En muchos casos, la literatura religiosa

derivó en profecías y supersticiones.

La del Encubierto, el Mahdi o el Caballero del Caballo Blanco

era una de las más conocidas. Un personaje ficticio

que debía conducir a los moriscos a un futuro mejor.

Al esplendor del pasado.

-"Fue una noche de cuarto creciente.

El rayo de la luna dará en la cueva de la montaña

y su rayo claro, color de leche, se transformará

en un caballo blanco al que se subirá un guerrero,

llamado Al-Fatimí, con una gran túnica de color esmeralda,

por la que se le llamará el Caballero Verde.

Y este Caballero Verde, con su caballo Alborayque,

dirigirá la batalla, acabando con todos los enemigos

y restaurando el culto de Alá".

Pero ¿por qué fueron expulsados los moriscos?

¿Qué hubiera sucedido, si la expulsión no se hubiera producido?

¿Se podía haber evitado?

Resulta muy complicado, casi imposible, señalar

una sola causa para explicar la expulsión de los moriscos.

Sólo la justificación oficial de las autoridades cristianas,

esgrimida por una escuela de historiadores

hasta la actualidad, podría servir:

la imposibilidad de asimilar a la comunidad morisca.

Sin embargo, desde el comienzo de la Conquista,

muchos musulmanes se convirtieron al cristianismo.

-A partir de la Reconquista, sabemos que, de alguna forma,

la conversión era un poco, entre comillas, forzada o te ibas.

Claro, la mayoría optó... Esta era su tierra, esta era su familia,

esta era su vida... Optó por quedarse.

Y lógicamente, pues se convirtieron.

En los primero tiempos, seguramente, la conversión era

más bien de palabra, que de verdad. Era un poco aparentar.

Pero poco a poco se convirtieron en auténticos cristianos.

Pero esta conversión fue tan sólo un bálsamo efímero.

El cambio de fe de estos nuevos cristianos no fue suficiente.

En 1609, Felipe III ordenó la expulsión de sus reinos.

Se pretendía erradicar con cualquier resto

del pasado musulmán del territorio de la Península Ibérica.

En algunos casos, no obstante, fue necesario llevar a cabo

hasta tres intentos de expulsión de los moriscos de un mismo lugar.

El pueblo de Villarrubia de los Ojos, de Ciudad Real,

es un claro ejemplo.

-Villarrubia de los Ojos es un caso muy interesante,

porque es un pueblo pequeño, del Campo de Calatrava, La Mancha.

Y resulta que la mitad de la población eran moriscos.

Muy bien asimilados.

Parece que no había conflictos locales. Nada fuera de lo normal

en cualquier pueblo, digamos, de La Mancha.

Cuando llegan las expulsiones, se quedan muy sorprendidos,

porque creen que van a quedar exentos por estar bien asimilados.

Se creen cristianos, católicos.

Y se les cae como una bomba el bando de expulsión.

Los expulsan la primera vez a Francia,

y con un mes o seis semanas, ya han vuelto todos al pueblo

y vuelven a sus casas, vuelven a sus vidas tranquilamente.

Andando desde Francia, que no es poca cosa.

La segunda expulsión tiene lugar unos meses después en 1612.

Y esta vez intentan echarlos a África, pensando

que, desde África, ya será más complicado.

Y aún así, pues consiguen volver.

Y las tercera expulsión la lleva a cabo el propio conde de Salazar,

el encargado de la expulsiones de Castilla,

porque ya no se fía de sus subordinados.

Y él mismo va a La Mancha a echar a todos los moriscos posibles.

Y con el mismo pobre resultado.

Y pocos años después, demográfica y económicamente,

está claro que la mayor parte, sino todos los moriscos,

están de vuelta, están de nuevo en el pueblo.

Claro, buena parte ni fueron expulsados,

porque ni expulsaron a los viejos, ni a los impedidos,

ni a las jóvenes casadas con cristianos viejos, etc.

Es decir, quedaron bastantes. Calculo que la mitad.

Y eso actúa como un apoyo, un imán para que vengan los demás.

Muchos moriscos del pueblo de Villarrubia de los Ojos

nunca se marcharon.

Otros, simplemente, regresaron poco tiempo después.

Su asimilación con el resto de aldeanos era total.

La población cristiana les apreciaba,

y su ayuda para burlar el decreto real fue decisiva.

Sin embargo, este es tan sólo un caso excepcional.

Existían partidarios acérrimos de la expulsión

Para ellos, no existía ninguna manera de asimilar a los moriscos.

Según ellos, la única solución era la expulsión.

Y necesitaban únicamente una buena excusa,

un escenario propicio.

De alguna manera y, por desgracia, encontraron varias excusas

y varios escenarios favorables a sus intenciones.

La tregua con los protestantes rebeldes holandeses

facilitó los medios y los recursos para materializar la expulsión.

La obsesión de los hidalgos por la llamada pureza de sangre.

El complejo de inferioridad ante una Europa

que veía en España un país de moros y judíos.

El afán de protagonismo de un monarca buscando reconocimiento.

La crisis económica generaba un clima propicio a la expulsión.

No olvidemos que, incluso, los propios moriscos

fueron acusados de provocar tal recesión.

El miedo a una hipotética e imposible sublevación morisca.

-¡Orden!

La vinculación de los moriscos con el Imperio Otomano,

el mayor enemigo de la monarquía hispánica.

Estas, junto a otras muchas motivaciones,

contribuyeron a generar esta coyuntura antimorisca.

-Enrique de Lara, conde de Aranda...

Y en abril de 1609, la decisión fue tomada.

-Y por mandato de su Majestad, el rey Felipe III,

se ordena que todos los llamados moriscos,

así hombres como mujeres con sus hijos, deben abandonar Almonacid.

Deben abandonar Almonacid y, por extensión, todo el reino.

Que en un plazo máximo de diez días, vayan a embarcarse

a la parte donde el comisario les ordenare.

Y el que no cumpliere, incurra en pena de vida,

que se ejecutará irremisiblemente.

(PROTESTAN TODOS A LA VEZ)

Se decretó la expulsión de los moriscos, aunque no sin miedo.

Las autoridades temían una reacción violenta de los moriscos,

que desencadenase una sublevación en varios puntos de la Península.

Murmullos de protesta.

-El gobierno de la monarquía tenía realmente miedo

que los moriscos fueran a sublevarse,

aprovechando la expulsión decretada por Felipe III.

Para ello, movilizó una gran cantidad de galeras y galeones,

y trajo tropas de Italia para prevenir esta posible sublevación.

Sin embargo, sorprendentemente, los moriscos se embarcaron

en orden, sin ofrecer resistencia.

Y se llegó a pensar que había sido una movilización innecesaria.

No obstante, a finales de octubre,

un mes después del inicio de la expulsión,

los moriscos de dos zonas importantes del Reino de Valencia,

una al interior de la actual provincia de Valencia,

en torno al Valle de Ayora y la Canal de Navarrés,

y otros en los valles próximos a las costas de Denia y Jávea,

se sublevaron.

El gobierno tuvo que plantearse la solución de este problema.

Los alfaquíes les habían alentado con profecías

que auguraban un éxito de su lucha.

Así, los sublevados pretendían resistir hasta la primavera,

y esperando una sublevación más general o, incluso,

que el Rey concediera su permanencia en España.

El desenlace fue muy diferente.

Armados básicamente con hondas, piedras

o ruedas de molino atravesadas con palos,

acabaron rindiéndose ante las fuerzas del ejército de la Corona.

Desde allí, fueron conducidos hasta las costas

para proceder a su embarque.

Apuraban sus últimos días en el territorio peninsular.

Ya nada podían hacer. Su expulsión era inminente.

300 000 moriscos abandonaron la Península en 1609.

Otros ya lo habían hecho antes.

Nunca llegaremos a saber qué hubiera sucedido,

si la expulsión no se hubiera producido.

-La expulsión de los moriscos en España fue, a mi modo de ver,

una medida insensata, consentida por un rey, asimismo, consentido.

-La expulsión de los moriscos fue un drama terrible

que podía perfectamente haberse evitado.

Si se dio, fue porque Felipe III tenía un gran afán de protagonismo,

de prestigio, y los moriscos se entretuvieron

en vanas conspiraciones que no iban a llegar a ningún sitio.

-La expulsión, en pocas palabras, es una tragedia humana

y, al mismo tiempo, una pérdida económica.

De una hemorragia poblacional para la España del siglo XVII.

La razón de Estado se impone a la razón a secas.

-La expulsión de los moriscos, desde la historia

del enfrentamiento en el Mediterráneo, significa

que de la Península Ibérica, el mundo español

se traslada a lo largo de todo el Mediterráneo,

y en gran medida, el Mediterráneo vuelve a ser nuevamente un mar

dominado por las influencias españolas como consecuencia

de que los moriscos se instalan a lo largo de todo el mismo.

La Península Ibérica perdió una riqueza cultural y humana

que recibió el norte de África.

Allí, los barrios, la música, la artesanía,

los cuentos, las leyendas siguen recordando a día de hoy

que la comunidad morisca continúa viva.

Unos 80 000 moriscos llegaron a la Regencia de Túnez.

Después de varios desembarcos catastróficos en Orán,

donde la comunidad morisca fue asaltada por tribus nómadas,

el poder otomano organizó la acogida de los recién llegados.

Se crearon barrios nuevos y pueblos enteros para acogerlos.

La llegada de los moriscos era, sin duda,

sinónimo de prosperidad, desarrollo y riqueza.

Con su ayuda, se pretendía mejorar la industria,

la agricultura y la artesanía de la zona.

Lo consiguieron.

-En el momento de la llegada de los españoles,

gobernaba en Túnez Uzman Dey.

Un rey muy amable, muy generoso, muy tolerante,

y vivían en Túnez todas las minorías.

Había judíos, cristianos y también musulmanes.

Les acogió y estaba contento el rey, porque esa minoría

que llegaba era adinerada y de calidad.

Era lo que necesitaba, porque Túnez era un país primario,

que salía de una guerra, de unas epidemias, poca población,

y esa gente, para él, iba a cambiar toda la vida cotidiana de Túnez.

En todos los sentidos.

En los oficios, mercados. Se crearon nuevos mercados para ellos.

La élite muy adinerada se quedó en la capital

y algunos se quedaron también en el palacio trabajando con él.

Y los demás, se esparcieron. Labradores, comerciantes.

Se fueron un poco al norte y al sur.

La gran riqueza y el florecimiento que la llegada de los moriscos

generó en los territorios del norte resulta algo evidente.

Hoy el interrogante es otro.

La incógnita es más evidente.

La respuesta se muestra más difícil.

La pregunta es más sencilla.

¿Cómo hubiera sido ese espacio de convivencia

en una España que pudo ser y no fue?

Habría que unir esta medida intransigente de la expulsión

con otras muchas que acabaron con el magnífico Siglo de Oro español.

Comenzó una larga decadencia.

El Imperio no se hundió solo militarmente por la cerrazón

de unos gobernantes empeñados en ganar guerras imposibles.

También se hundió por esa misma cerrazón

frente a cualquier idea nueva o innovación

España no fue derrotada, sino que se derrotó a sí misma,

reprimiendo y expulsando lo mejor de sus gentes.

En las costas, los barcos recogen a los que van a ser expulsados.

Extrañamente, la playas están repletas de gente

como si se tratara de una fiesta.

Los ancianos son llevados en brazos hasta las barcas.

Unos gritan de alegría por ir a la Tierra Prometida,

abandonando así un país que los persigue y los condena.

Otros lloran lo que dejan atrás.

Otros documentales - La expulsión de los moriscos

52:20 14 oct 2018

Este documental nos cuenta quiénes eran los moriscos, cuál era su organización, las zonas en las que estaban asentados, costumbres y hábitos; y cómo fue posible realizar una expulsión de cerca de 300 mil personas a diferentes puntos del Magreb.

Histórico de emisiones:
10/12/2013
11/09/2014
02/05/2017

Este documental nos cuenta quiénes eran los moriscos, cuál era su organización, las zonas en las que estaban asentados, costumbres y hábitos; y cómo fue posible realizar una expulsión de cerca de 300 mil personas a diferentes puntos del Magreb.

Histórico de emisiones:
10/12/2013
11/09/2014
02/05/2017

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