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Transcripción completa

(Música)

Existe un rincón en el mundo donde la muerte no es ruptura ni fin,

sino una puerta que se abre para que la vida continúe.

Este lugar pertenece a una tierra remota y salvaje,

de gran belleza, habitada desde hace siglos

por un pueblo orgulloso que llegó del océano.

Allí hay una tumba,

un monumento funerario que conecta dos culturas muy distintas

y que representa el punto de partida de una estirpe única.

(Música)

(MEGAFONÍA) "Bienvenido al aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid Barajas".

(Música)

Mi nombre es George Clarke y tengo 68 años.

Mi madre, que fue bisnieta de Manuel José,

se aseguró de que estuviéramos informados

y orgullosos de dónde procedemos y quiénes somos,

especialmente, de nuestra herencia española.

Tengo un hijo que tiene 39 años, una hija que tiene 38

y también tengo una nieta de 7 años.

-¿Quién es Manuel José?

-Manuel José es mi tatarabuelo.

Eso significa que él es tu tataratatarabuelo.

Y él procede de aquí, de Segovia, de Valverde del Majano.

-Muy bien.

Muchas gracias. -De nada.

Fue a Nueva Zelanda en 1833

o 1834, sobre esa fecha.

Consiguió trabajo en un barco cazando ballenas

y un buen día arribó a nuestra pequeña bahía

llamada Port Awanui,

en la costa este.

Y allí vivió el resto de su vida

con la tribu maorí de los ngati porou,

y tú eres una pequeña ngati porou. -Qué interesante.

-Entonces, ¿quién es aquí la pequeña ngati porou?

-¡Yo!

-Y una descendiente de José. -Soy yo.

(Música)

John Manuel, al que todos conocen como Big John,

es, por encima de todo, maorí,

pero también podría decirse de él que es un patriarca.

La familia a la que representa es la más numerosa de Nueva Zelanda

y muy diferente de todas las demás.

(Música)

Saludos, me llamo John Manuel.

Soy tataranieto de Manuel José y Tapita.

De Manuel José y Tapita desciende Mapaku.

De Mapaku desciende Rapata.

De Rapata desciende Henare y de Henare desciendo yo.

Quinta generación.

Me gusta ser quien soy.

Mi parte maorí y también mi parte española.

Ambas van de la mano dentro de mí.

Me siento cómodo con ambas identidades, muy cómodo.

La cultura maorí emerge del Océano Pacífico.

Se cree que proceden de las islas Cook, las Marquesas o Taití,

desde donde emigraron a Nueva Zelanda.

Fueron los primeros pobladores de este país,

en el que llevan viviendo, al menos, siete siglos.

Sin embargo, en la isla norte surgió un clan especial.

Sus relatos familiares contienen términos

completamente ajenos al universo polinesio.

Fiesta. -Amor.

-Hola. -Familia.

-Gracias. -Reunión.

-Manuel José.

-Valverde.

-España. -Paniora.

¿Cómo llegaron estas palabras hasta aquí?

Para comprenderlo, tenemos que echar la vista atrás en el tiempo.

Esta historia arranca con un hombre, Manuel José de Frutos.

Nació en 1811 en Valverde del Majano,

en la provincia de Segovia.

Fue un comerciante de lana que un día dejó su negocio y su casa

para hacerse a la mar en busca de fortuna.

Llegó a Perú, donde se enroló en el barco ballenero inglés Elizabeth,

con el que atravesó el Océano Pacífico.

Tras muchas peripecias, en la década de 1830

recaló en la isla norte de Nueva Zelanda.

Se marchó, pero regresó dos veces más

para terminar estableciéndose definitivamente en la costa este.

Manuel José entabló amistad con las poblaciones maoríes de la zona,

pertenecientes a la tribu ngati porou,

y su relación con ellas llegó a ser tan estrecha,

que desposó a cinco mujeres nativas.

Tapita, Kataraina, Mihi Taheke, Uruhana y Maraea.

Instalado a orillas del río Waiapu, Manuel José prosperó.

Se convirtió en un comerciante reconocido

y la familia creció con nueve hijos, 41 nietos y 299 bisnietos.

Hoy, casi 200 años después, sus descendientes son más de 20 000.

Son el clan de los Paniora,

el clan de los españoles en lengua maorí.

(Música)

Un olivo que, según la leyenda,

plantó Manuel José con sus propias manos,

marca la tierra donde construyó su nuevo hogar.

Aquí murió este segoviano errante con más de 80 años.

Quiso que lo enterraran muy cerca del árbol, en Tikapa,

junto a su querido río Waiapu.

Dos siglos después,

¿cómo han conservado sus descendientes maoríes

la memoria del ancestro español?

(Música)

Estamos de vuelta en Valverde del Majano.

En este lugar se hallaba la casa familiar de Manuel José.

La construcción original desapareció con el paso de los años.

En el solar que una vez ocupara, se levanta ahora otra vivienda,

sin relación con la antigua familia de Frutos.

En homenaje al viejo patriarca, aquí se plantó un olivo,

igual al que crece muy cerca de su tumba,

en la otra punta del mundo.

(Música)

Todos estos son descendientes de la hermana de Manuel José.

Ellos son la conexión que es tan importante para nosotros.

Especialmente, esta mujer.

Ella sabía mucho de la antigua generación

que vincula nuestra familia con la generación anterior a Manuel José

y con su hermana más joven.

Sí...

Aquí dos familiares.

Sí, murió en 2016.

Según la costumbre maorí,

debe haber una barrera entre los vivos y los muertos.

Cuando entras en un cementerio, los espíritus allí están vivos.

Y cuando sales, ellos deben quedarse,

y los vivos deben mantenerse separados.

Siempre hay una barrera entre los vivos y los muertos.

El agua te purifica y preserva esa barrera.

Los Paniora conocían sus raíces españolas,

pero de una forma muy vaga.

No fue hasta el año 2006

cuando descubrieron la conexión con Valverde del Majano.

Fue gracias al trabajo de investigación

realizado por una periodista neozelandesa llamada Diana Burns

y la historiadora local María Teresa Llorente.

El ancestro europeo procedía de una localidad

ubicada en la provincia de Segovia.

En la actualidad,

Valverde del Majano es un pueblo de poco más de 1000 habitantes,

en el que casi nada se parece a lo que conoció Manuel José

a comienzos del siglo XIX.

La iglesia parroquial es uno de los pocos edificios que quedan en pie

de aquella época.

En su registro se guardaron las actas de bautismo,

matrimonio y defunción,

de los habitantes del pueblo durante décadas.

Nosotros aquí en Valverde desconocíamos absolutamente

quién era Manuel José.

Y Diana debió haber conocido muy bien a los Paniora

porque les había ya entrevistado.

Había hecho con ellos una serie de reportajes

sobre las reuniones que se celebraban cada 10 años.

Al entrevistar a la persona más mayor de Nueva Zelanda de los Paniora,

la tía Sui,

ella dijo: "Yo recuerdo que mi antepasado,

que he oído hablar a mis abuelos,

que era de España, de Castilla,

y de Segovia". O sea, ellos tenían esa idea.

Y dice: "¿Y nos dijo nada de algún lugar?"

Dice: "Yo creo que nos habló

de un valle verde, de Valverde".

Entonces, tenían ya los datos. Era Castilla y León,

era Segovia,

y entonces llamaron...

Miraron primero en un mapa

y vieron que el único pueblo que se llamaba Valverde,

Valverde del Majano, era este donde estamos.

Manuel de Frutos, hijo de José y María Huerta.

A partir de ese momento,

los dos extremos del mundo se conectaron.

Hasta Valverde del Majano llegaron en peregrinación

dos expediciones procedentes de Nueva Zelanda.

Fue en los años 2007 y 2012.

De manera recíproca, un pequeño grupo de valverdanos

viajó a la costa este en 2010.

(CANTAN)

Los Panioras no solo se encontraron

con los descendientes de la hermana de Manuel José,

sus parientes españoles, también hallaron el origen,

el lugar donde, según la tradición maorí,

poder clavar la lanza

y cerrar el círculo donde la tribu construye su identidad.

Es importante para nosotros ser Panioras

y escuchar lo que nuestros ancestros,

nuestros abuelos, nos han transmitido cuando éramos jóvenes,

que siempre fue: "Recuerda tu herencia española".

Ellos estaban muy orgullosos de ella.

Y nos dijeron muchas veces todo lo que nuestro ancestro Manuel José

afrontó cuando llegó a Nueva Zelanda.

Y de qué parte de España había venido.

Y a lo largo de sus vidas,

nuestros padres se aseguraron de transmitirnos

todo lo que sabían sobre nuestra herencia española.

Durante mi infancia,

España era esa tierra lejana y misteriosa

con la que siempre sueñas y a la que nunca has podido ir.

Hasta que un día mis padres nos dijeron:

"¿Sabéis una cosa?

Si cavas un agujero aquí, en Nueva Zelanda,

y cavas y cavas, llegarás a España".

Nosotros, como niños que éramos, pensamos:

"Tenemos que ser buenos chicos

y reunirnos con nuestros primos españoles".

Así que cogimos una pala y salimos al patio de casa

y empezamos a cavar.

Mi madre salió y nos preguntó: "¿Qué hacéis ahí con la pala?"

Y contestamos: "Estamos cavando,

queremos ir a España a ver a la familia".

Ella se sorprendió mucho y nos dijo: "¿Sí? ¿De verdad?"

Y entonces pensó: "¿Cómo podría hacer

para que estos chicos dejen de agujerearme el jardín?"

Entonces nos dijo:

"¿Sabéis que los toros allí son bravos y fieros

y, seguís cavando, podrían salir por ahí?"

Y eso hizo que dejásemos de cavar.

Era algo muy nuestro.

España siempre estuvo ahí y nosotros formábamos parte de ella.

Las familias de Valverde del Majano

y la costa este de la isla norte de Nueva Zelanda

descubrieron el profundo vínculo que las unía.

Estaban separadas por un mundo entero,

pero compartían una misma sangre.

A mí me sorprendió bastante el interés que tenían los Paniora

por saber sus antecesores, de dónde provenían.

Ese interés que parece que parece que los mayores,

tener esa espinita que, si no lo descubrían,

se morían con algo pendiente.

-Nos lo transmitieron así y nosotros bastante sorprendidos

por tanto que nos daban con sus gestos.

Porque, aunque no nos entendíamos,

pero esas maneras de acogerte, la cara, de tocarte y eso,

para ellos era muy... Es la manera que nos entendíamos

y muy emocionante. -Por gestos.

Porque con palabras...

-Con unos gestos que, verdaderamente, transmitían mucho.

-Yo creo que es emoción.

La palabra clave es emoción.

Fuerte por su parte y ya por la nuestra

porque no teníamos, en principio, esas motivaciones,

pero bueno, al final todo se llegaba a contagiar, mutuo.

Para ellos era algo como más pendiente.

Nosotros desconocíamos eso. Entonces, bueno, no...

-No sabíamos que había aquello

y ellos lo llevaban buscando toda su vida.

-No sabían dónde estábamos.

Nosotros no teníamos conocimiento de ello.

-El interés de ellos era mucho mayor.

-Yo creo que si, desde aquí y desde Nueva Zelanda,

intentamos mantener esto,

va a seguir, pero también es verdad

que, cuando vinieron por segunda vez, porque ellos volvieron en el 2012,

digamos que, dentro del grupo, había dos tipos de personas.

Las personas mayores,

que venían con ese sentimiento de conocer la tierra

de su antepasado, dónde nació Manuel José,

y las personas jóvenes,

que en vez de estar tanto tiempo en los monumentos, en la iglesia,

en el cementerio, estaban en el bar.

Es distinto.

Quizás sea difícil de mantener todo esto

con la profundidad que hay ahora.

Pero, bueno, espero que con la colaboración

y después del hermanamiento,

con la colaboración del ayuntamiento de aquí y el de allí,

esto que se ha creado es algo muy bonito como para que desaparezca.

Entonces, yo creo que seguirá, sin ninguna duda.

(Música)

Aotearoa, la tierra de la larga nube blanca.

Así llaman los maoríes a su país, Nueva Zelanda.

Este poético nombre está en consonancia

con su belleza superlativa,

moldeada durante miles de años por una naturaleza poderosa

que se ha encargado de producir paisajes de ensueño.

Aotearoa es tierra de un verde inagotable,

salpicada por el blanco de millones de ovejas

convertidas en una parte más de este espectacular decorado natural.

(Música)

Nos encontramos en las antípodas de la península ibérica.

En el planeta Tierra no hay un lugar más alejado.

Auckland es el centro económico de Nueva Zelanda,

donde vive más de una cuarta parte de su población total.

Se trata de la ciudad más dinámica y multicultural

de un país cuya sociedad destaca

por su alto grado de integración y tolerancia.

También es conocida como la capital de la Polinesia

porque en esta urbe de 1 300 000 habitantes

conviven la mayor parte de los pueblos del Pacífico Sur.

Pero esta relevancia actual

contrasta con el Auckland del siglo XIX,

cuando solo era una población diminuta

en proceso de formación.

La actividad económica se localizaba en otros puntos del país,

como la costa este,

la principal puerta de entrada desde el Océano Pacífico.

Manuel José de Frutos solo fue uno de los miles de colonos

que llegaron a esta tierra en busca de una vida nueva.

(Música)

Ha llegado el momento de abandonar la gran ciudad

para poner rumbo hacia la tierra de los Paniora.

Nos adentramos en la isla norte.

El objetivo, llegar a la costa este,

donde Manuel José de Frutos levantó su hogar.

(Música)

La escasez de registros documentales impide que conozcamos

la mayor parte de la vida del protagonista de esta historia.

Sin embargo, acudiremos al encuentro con sus descendientes.

Vamos a descubrir quiénes son, su modo de vida,

el territorio en el que habitan.

Y sobre todo, intentaremos desentrañar

cómo han logrado mantener vivo

ese vínculo que les une con tanta fuerza a su antepasado español.

Aunque la cuna de los Paniora se encuentra en la costa este,

los integrantes de la familia están actualmente muy diseminados

por Nueva Zelanda y también por diferentes países del extranjero.

En la ciudad de Rotorua nos encontramos a dos hermanas,

Lydia y Marleina Rickard.

Su madre fue la histórica activista Eva Rickard,

que fundó el partido político Movimiento Mana Maori.

Sin embargo, el linaje Paniora les llega por vía paterna.

Nuestra familia es realmente grande,

y por eso es muy muy importante para mí

conocer la identidad de mi familia

y conocer todas las conexiones con la familia de Manuel José.

Por eso hemos sido muy afortunados

al haber reconstruido el vínculo con Segovia.

-Creo que, desde que se estableció el vínculo

con nuestra familia en España,

este se ha fortalecido entre los Paniora de Nueva Zelanda.

Sé que cada vez hay más gente que quiere saber quiénes son,

con quién están conectados en España.

A veces me preocupa que nuestros familiares españoles

se vean desbordados por la visita de miles de Panioras de Nueva Zelanda

porque los neozelandeses somos muy viajeros.

Nos gusta viajar

porque vivimos lejos de cualquier otro país,

y por eso viajar para nosotros es algo natural.

Creo que nuestros familiares en España podrían llegar a sorprenderse

del número de visitantes de Nueva Zelanda en los próximos años.

-No podría explicar qué son,

y en qué consisten los vínculos familiares

y la importancia de ser una familia.

Cuando nos reunimos, aunque no vivamos cerca,

en el momento en el que estamos juntos,

se produce una fuerte conexión entre nosotros.

Supongo que es la conexión Paniora.

Cuando te encuentras con alguien, se manifiesta ese vínculo.

Si eres un José, aunque nunca nos hayamos visto,

de algún modo, se produce una conexión instantánea y real.

(Música)

A comienzos de la década de 1980,

el sentimiento Paniora resurgió con fuerza.

Los líderes del clan organizaron una gran reunión en la costa este

para celebrar su herencia española

y la memoria de su antepasado castellano.

(Música)

Acudieron 4000 personas.

Entre ellas, los últimos nietos vivos de Manuel José.

Aquel fue el momento en el que el clan

tomó conciencia de su verdadera magnitud.

Después, cada 10 años, estas reuniones se han repetido

bajo el nombre de "La fiesta de la década".

Desde entonces, el número de participantes

ha disminuido progresivamente,

pero el recuerdo de su ancestro común se perpetúa,

amparado en la tradición maorí,

una cultura en la que el respeto a los antepasados es esencial.

(Música)

Rorotua, situada en la región de Bay of Plenty,

está considerada como el centro neurálgico de la cultura maorí,

también llamada maoritanga.

(Canto maorí)

Nueva Zelanda es un país joven, geológicamente hablando.

Esta tierra no deja de moverse y de palpitar,

una circunstancia que no siempre le hace la vida fácil a los kiwis,

cómo se llaman a sí mismos los neozelandeses.

Los terremotos son habituales

y han tenido que aprender a convivir con ellos.

La actividad geotermal está también muy presente.

La más importante se da aquí, en Rotorua.

Esta población se asienta sobre la caldera de un inmenso volcán,

dentro de la meseta de Taupo,

la de mayor actividad volcánica del país.

Humeantes fuentes termales, géiseres o piscinas de lodo en ebullición,

son el paisaje habitual de la ciudad y sus alrededores.

La naturaleza tiene un protagonismo absoluto en Nueva Zelanda.

Los maoríes, desde el principio,

decidieron mantener con ella una relación basada en la armonía.

(Música)

Dejamos atrás Rotorua para alcanzar la costa este.

Aquí casi el 50 % de la población es maorí,

una proporción que triplica la media de Nueva Zelanda

y es donde tienen su origen los Paniora.

Con algo más de 34 000 habitantes,

Gisborne es la ciudad más importante de la región.

Hermanada con Valverde del Majano,

es también el hogar de muchos descendientes de Manuel José.

En este territorio se asienta la tribu ngati porou,

la segunda más numerosa del país,

con más de 70 000 miembros,

y en la que se integra el clan de los Paniora.

Los Paniora se precian de ser el mayor grupo familiar

de Nueva Zelanda.

A pesar de que no hay un censo oficial,

las últimas estimaciones hechas por ellos mismos

hablan de más de 20 000 componentes,

una cifra que no ha dejado de crecer con el paso de los años,

aunque la irrupción de las últimas generaciones

y sus formas de vida más modernas,

han conducido al clan una nueva encrucijada.

Tres de sus miembros con mayor peso,

Big John, James Barnes y Toti Tukaha hablan sobre ello.

Les acompañan Matiria, la esposa de Big John,

y el joven Idan.

La cuestión ahora es qué hacemos,

hacia dónde nos dirigimos,

cómo seguimos adelante.

Y parte de esta preocupación

es que nuestra familia se ha extendido por el mundo.

Ahora somos una familia global.

Somos conocidos en este país, en Nueva Zelanda,

como la mayor familia conocida.

Y además,

sumamos una buena parte de la tribu ngati porou.

Debemos ser capaces de lograr, de alguna manera,

que los jóvenes se identifiquen con lo que somos,

y de trasladar esta identidad a la era moderna de los medios digitales.

-Los medios electrónicos en mi época eran esto.

El teléfono.

-El asunto es entender

cómo está conectada globalmente nuestra familia.

Tenemos que concienciar a la gente joven

para que busquen su lugar en la familia.

Los Paniora miran al futuro con incertidumbre,

pero con la certeza de que lucharán por mantener su identidad

con el mismo espíritu combativo

que siempre ha definido al pueblo maorí.

Toti Tukaha sirvió en el ejército neozelandés

desde que era un adolescente

y participó en los conflictos de Corea, Borneo y Vietnam.

Este oficial retirado no duda en señalar el carácter aguerrido

como la principal virtud de su gente.

Cuando la guerra ha estallado más allá de nuestras fronteras,

nosotros nunca hemos vacilado para dar un paso al frente

e ir voluntarios a la lucha.

Corea, Malasia, Borneo, Vietnam, Dien Bien Phu,

servicios secretos, Ejército de Tierra, Mar y Aire,

cuerpos especiales...

La lista es interminable y hoy en día continúa.

El peligro no nos importa.

-Es algo que está en nuestros genes.

Es nuestro carácter guerrero.

-Creo que esta es la razón

por la que somos tan diferentes de otras razas,

y muchos saben lo diferentes que somos por ese motivo.

(Música)

La naturaleza combativa de los maoríes

se han transmitido simbólicamente

a otro tipo de lucha menos sangrienta.

Se trata del deporte al que los neozelandeses adoran con fanatismo,

el rugby.

Prueba de ello es que la danza de guerra maorí por excelencia,

la haka, se ha convertido en la principal seña de identidad

del rugby neozelandés

y también en la imagen más reconocible del país

en el mundo entero.

(Haka)

Alrededor del balón ovalado, convergen en cada uno de los pueblos

que dan forma a esta pequeña nación de 4 millones y medio de habitantes.

Desde la mayoría de ascendencia europea,

hasta las más recientes minorías asiáticas,

pasando por todas las etnias polinesias

cuya patria común es el Océano Pacífico.

(Música)

Este es el equipo Ngati Porou East Coast,

el único del país integrado por miembros de una misma tribu.

A lo largo de su historia, muchos Paniora han jugado en él,

como es el caso de Big John.

Cushla, su directora, también es Paniora.

Aquí, para la gente maorí,

el rugby es una parte natural de su vida.

Como puedes ver cuando viajas a lo largo de la costa este,

se trata de una zona rural muy aislada.

Y el rugby es el único deporte que se sigue jugando los sábados

y en el que los ngati porou y los maoríes triunfan.

No puedo imaginar la cultura maorí sin rugby porque van de la mano.

(Música)

La estirpe fundada por Manuel José de Frutos

tiene su epicentro en el lugar donde el antepasado español

decidió echar raíces, junto al cabo este.

Allí nos dirigimos.

Es hora de adentrarnos en el corazón del universo Paniora.

(Música)

Big John, el patriarca del clan, será nuestro guía en este viaje.

La genealogía es importante para conocer quién eres,

de dónde vienes

y de quién desciendes.

Y, sobre todo, para saber cuál es tu vínculo,

el de tus padres y tus ancestros

con la tierra.

Y así saber quién eres,

de dónde vienes y a qué familia perteneces.

Es algo muy importante.

(Música)

Estamos junto a los dos elementos naturales

más venerados por la tribu ngati porou,

el río Waiapu y el monte Hikurangi.

Aquí se levanta el marae Tairawhiti, del clan Paniora.

Un "marae" puede pertenecer a un determinado "iwi",

es decir, tribu,

"hapu", subtribu o clan, o "whanau", familia.

Está integrado por varios edificios

entre los que destaca el "wharenui",

destinado a la celebración de reuniones.

Pero un "marae" es mucho más que un lugar de reunión

o culto a los ancestros.

Es la máxima expresión de la identidad comunitaria maorí.

Aquí es donde celebramos todas nuestras reuniones.

Bodas, bautizos, debates...

Asuntos relacionados con la comunidad,

pero, sobre todo, velatorios.

Cuando alguien muere, se abren las puertas.

Los velatorios son el uso principal del "marae".

También es una iglesia.

Es un vestuario para el rugby. Ahí están las duchas.

Cuando los jugadores no tienen duchas en el campo, vienen aquí.

Estas son las principales funciones de este lugar

y, además, toda la vida social.

Esto es un parlamento, en este lugar debatimos.

Y en esos días se levanta polvo.

Cuando hay una discusión, se levanta mucho polvo.

Y cuando eso ocurre, es que ha sido una buena reunión.

Esto es lo que llamamos "marae atea",

el lugar de Tumatauenga, el dios de la guerra.

"Wharenui" significa literalmente gran casa,

y es un lugar ceremonial de reunión.

Su estructura representa simbólicamente el cuerpo humano

y entrar allí es como penetrar en un vientre protector.

La decoración del interior suele hacer referencia al "whakapapa"

o genealogía de la tribu,

así como a sus historias y leyendas particulares.

También son comunes los elementos representativos

de seres queridos que han fallecido.

Los familiares fallecidos ocupan un espacio destacado

en el corazón de los maoríes,

y su recuerdo se mantiene siempre vivo,

transmitido de una generación a otra como un preciado bien.

Solo así es posible conectar

a personas que han nacido con dos siglos de diferencia.

(HABLAN EN INGLÉS)

(Música)

La identidad maorí se construye sobre el recuerdo de los ancestros.

La genealogía o "whakapapa" tiene múltiples manifestaciones.

El tatuaje llamado "ta moko" es una de las más importantes.

Aunque cada "ta moko" es único

y está cargado de un intenso contenido espiritual,

mantiene una conexión directa

con los antepasados de la persona tatuada.

Es tradición que el tatuador pronuncie una oración

antes de comenzar su trabajo.

(Oración)

El tatuaje maorí es muy importante

porque es una rareza.

Un tesoro que ha sido transmitido por nuestros ancestros

y por eso es tan importante para nosotros

mantener vivo el arte del "moko".

Además, mantener vivas nuestras historias,

nuestra herencia cultural.

Una gran parte del "moko", del "ta moko",

se identifica con el "whakapapa",

con el vínculo genealógico que mantenemos con la tierra

y con los ancestros.

-El significado del diseño del tatuaje que llevo

es mi "whakapapa", mi genealogía.

En un lado está el "whakapapa" o genealogía de mi padre,

en el otro la genealogía o "whakapapa" de mi madre.

-Solo es una parte de mi viaje personal, supongo.

Primero aprendiendo el idioma

y después

adentrándome en el mundo maorí.

Sí.

Cuando comencé a aprender la lengua,

supe que tatuarme formaría parte del proceso.

-Cuando perdí a mi padre, mi padre murió,

decidí dedicarle un "moko kauae"

para recordarle.

(Música)

(Ballenas)

Para la cultura maorí,

la ballena simboliza la protección y la fuerza.

Los grandes cetáceos tienen un carácter sagrado.

(Música)

En la pequeña comunidad de Whangara esta veneración es aún más intensa.

Aquí todo gira alrededor de Paikea,

uno de los ancestros más destacados de la tribu ngati porou

y, por tanto, también de los Paniora.

Según cuenta la leyenda,

Paikea fue rescatado de morir ahogado por una ballena.

Y sobre su lomo, convertido en jinete acuático,

llegó a este rincón de Aotearoa.

Un mito que no es del todo ajeno a la historia de los Paniora

ya que, de alguna manera, también fueron las ballenas

las que trajeron a Manuel José de Frutos

a las costas de Nueva Zelanda.

La pequeña comunidad Paniora que habita en la bahía de Tolaga,

ha vivido en primera persona el declive económico de la región,

un proceso lento,

cuya huella más visible es su inmenso muelle abandonado.

Con 600 m de longitud, la estructura aún permanece en pie,

como el recuerdo del intenso pasado comercial de esta tierra

a la que solo se podía acceder por mar.

Dejó de utilizarse en la década de 1960,

coincidiendo con el fin de la etapa de esplendor de la costa este

que, paradójicamente,

estuvo precedido por el desarrollo de las carreteras.

Los niños Panioras han crecido jugando

en las arenas de la playa de Tolaga, junto al viejo muelle

que ha visto pasar la vida entre barco y barco.

Juegos que son los mismos que llenaban los días infantiles

de sus padres y abuelos

porque recordemos que en el imaginario de los Paniora

los agujeros en el suelo son, en realidad,

túneles mágicos que conectan una y otra punta del mundo,

Nueva Zelanda y España,

y hay que tener cuidado porque de ellos pueden salir toros bravos.

(Música)

Unos kilómetros más adelante, la belleza de la bahía de Tokomaru

contrasta de nuevo con el rastro de una actividad comercial

de la que ya no queda nada.

La exportación de lana y de carne congelada

era el motor económico de la región, pero de eso hace ya muchos años.

Jack Chambers recuerda cómo sus antepasados Paniora

llegaron a este punto de la costa este en busca de trabajo.

Mis abuelos y mis padres

y todos los demás descendientes de Manuel José,

llegaron a este sitio, a la bahía de Tokomaru

en busca de trabajo.

Un trabajo que era físico,

todo hecho a mano, al que se adaptaron muy bien

porque ellos eran gente de campo y trabajaban muy duro.

Y su labor aquí era acarrear lana,

trabajar en el muelle,

y también en la industria del congelado.

Tengo aquí algunas fotos.

Esta de aquí es donde ellos vivían,

hacia el acceso oeste de la bahía de Tokomaru.

Aquí se muestra cómo llegaron. Había un muelle.

Este es el antiguo muelle.

Y la única forma de llegar en esa época a la bahía de Tokomaru

era por barco o bote.

Este pueblo fue fundado por balleneros.

Por eso no es extraño que los descendientes que vinieron aquí

con el mismo propósito que la gente que ya había,

tuvieran el mismo origen.

Como Manuel José, que llegó en un barco ballenero.

(Música)

Desde que los europeos las introdujeron masivamente

en la primera mitad del siglo XIX,

las ovejas se convirtieron en un elemento omnipresente del paisaje

y estos animales también pasaron a formar parte

de la vida de los Paniora.

Una actividad en la que Manuel José de Frutos,

seguramente, tuvo mucho que decir,

puesto que, recordemos,

su familia se dedicaba a este negocio en Valverde del Majano.

Según el último censo que corresponde a 2016,

el número de ovejas en Nueva Zelanda se encuentra en mínimos,

27 millones y medio de cabezas.

Esta cifra puede parecer elevada,

pero está muy lejos de los más de 70 millones de ejemplares

que se contabilizaban a principios de la década de 1980,

cuando alcanzó su máximo histórico.

La entrada del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea

en la década de 1970,

redujo drásticamente las exportaciones

al que era su mayor mercado.

Otra razón importante

ha sido la caída en picado del precio de la lana.

En la actualidad, muchos Paniora

siguen dedicándose a la cría de ganado ovino.

El beneficio obtenido por la venta de lana, carne y productos lácteos,

sigue siendo atractivo,

aunque la vida en la granja es dura y el negocio ya no es tan rentable.

Aotearoa siempre ha sido una tierra fecunda

y los Paniora han vivido muy apegados a ella,

ganándose la vida con la explotación de sus recursos naturales.

Rau Savage es una de las hijas de Big John

y se dedica al transporte de madera.

Con su camión recorre diariamente las carreteras de la costa este,

acarreando grandes troncos hasta las serrerías.

Recorrer la costa este, ¿no es algo bonito?

Esta es mi oficina todos los días.

Y haber regresado a mi hogar

para vivir y para tener mi propio negocio,

es como un sueño hecho realidad. Estar aquí y estar con mis padres.

Mis padres son mi hogar, donde quiera que se encuentren.

Y mis hijos.

Mis hijos están muy orgullosos de ser ngati porou

y de ser españoles.

Hemos sido muy afortunados

porque eso es algo que nos ha inculcado mi padre.

Mi padre está muy orgulloso de ser español y ngati porou.

Y ese es el mejor legado que deja a mis hijos.

Nuestro recorrido por la tierra de los descendientes de Manuel José

llega ahora a la localidad de Te Araroa,

donde se encuentra un árbol muy especial

al que los maoríes llaman La boca de Rerekohu.

El hecho de que tenga nombre propio da una idea de su importancia.

Este gigante vegetal,

cuyo nombre hace referencia a un antiguo jefe ngati porou,

tiene aproximadamente 600 años.

Los maoríes lo consideran "tapu", lo que le otorga carácter sagrado

y le hace merecedor de un respeto máximo.

Este árbol es tan importante y está cargado de tanto simbolismo,

que un colegio con su mismo nombre se ha levantado junto a él.

Un centro educativo en el que casi el 100 % de los alumnos son maoríes.

¿Qué es lo que hay sobre el "mana" en la canción que acabamos de cantar?

"Manatanata" y "manafinua".

Todo este "mana" que heredamos,

es ser de la mejor manera que podemos ser.

Tenemos un "wairua" todos nosotros.

Incluso lo tienen los que no son maoríes.

¿Cuál es el equivalente a "wairua"?

¿Cuál es la palabra para "wairua"?

Espíritu. Esto es importante para nosotros, ¿para ser qué?

Nuestro "whanau", nuestro "hapu", nuestro "iwi"...

Esto es nuestra familia, nuestro clan, nuestra tribu.

Es lo que nos mantiene unidos.

Los maoríes están tan aferrados a la tierra

como los árboles que tanto aman, y la tierra de los ngati porou,

la de los Paniora, es esta, la costa este.

Es una batalla continua, pero aquí intentamos inculcar a los niños

el orgullo de ser un ngati porou.

Ellos salen luego al mundo, y se comportan como tales,

y cuando vuelven, aún son ngati porou.

-Es importante plantar esta semilla,

aunque muchos de ellos, como adolescentes que son,

no comprendan su significado,

están más atentos a otras cosas maravillosas que hay en el mundo.

Pero la semilla está ahí, y cuando crezcan, se volverá más presente,

por eso es importante plantarla.

-Siento pena por los nuestros que han dejado su hogar,

y marchado hacia la dureza de la gran ciudad,

que saben que son ngati porou, y que no han regresado nunca.

Nosotros intentamos inculcar esto en los niños que crecen aquí,

porque si tienen presente que son ngati porou,

cuando se marchen serán más felices.

El muelle desvencijado de la bahía Hicks nos recuerda de nuevo

que esta región conoció tiempos mejores, al menos en lo económico.

(Música)

Al igual que las ovejas, los caballos forman parte

de la realidad cotidiana de los maoríes,

desde que los colonos europeos los llevaron a Nueva Zelanda.

Desde el primer momento se popularizaron

como medio de transporte y como ayuda en las granjas,

y se convirtieron en sus compañeros inseparables.

La llegada de los vehículos de motor

y la modernización de las labores del campo

no han conseguido acabar con esta vieja relación,

especialmente entre los Paniora,

quienes sienten verdadera pasión por los caballos,

y estos animales siguen ocupando un lugar destacado en su vida diaria

y en sus celebraciones.

(Haka)

El "marae" de Kutarere se ha preparado para acoger

una nueva reunión de los Paniora, organizada por Big John.

(Haka)

Desde la primera gran fiesta familiar de 1981,

las ceremonias han sido cada vez menos multitudinarias,

pero los descendientes de Manuel José

siempre acuden a la llamada de la sangre.

Es la celebración de algo muy importante para ellos...

(Campana)

Su espíritu colectivo.

Como en ocasiones anteriores, la cita es una excelente oportunidad

para recordar a los ancestros comunes

e impregnarse de la historia de la familia.

Una familia que mira hacia el pasado,

pero sobre todo hacia el futuro. En su bandera, la bandera Paniora,

está la consigna que se ha transmitido

de una generación a otra como su principal lema de vida:

"Adelante para siempre".

Port Awanui es el origen del universo Paniora.

Aquí desembarcó Manuel José tras atravesar el océano Pacífico,

y aquí, en una pequeña ladera, como testigo silencioso

de la historia de esta familia de raíces ibéricas,

aún se levanta el olivo que el fundador de la estirpe plantó,

y que lucha por mantenerse vivo después de que un incendio

casi acabara con él en 2007.

Seguramente en Nueva Zelanda no hay ningún otro rincón

tan íntimamente unido a España como este.

Fui por primera vez a España en 2005, en busca de Manuel José.

Cuando pisé el suelo español,

sentí que estaba en casa.

Me quité los zapatos,

levanté polvo,

y dije:

"Abuela, abuelo, estamos en casa, venid".

Llamé a mi abuelo, que murió en 1950, le dije: "Ven",

para respirar el aire de allí,

en España, porque en la cultura maorí nosotros sentimos

que estamos sobre la tierra, y por eso juntamos nuestras narices,

para compartir el aire que respiramos,

y por eso estábamos en casa, estaba en casa.

Tener sangre española nos ha ayudado a apreciar a otras culturas,

revalidar nuestra propia cultura mirando a los otros, y aceptándolos,

aceptando diferencias entre culturas y en la gente.

Creo que es el legado que Manuel José me ha transmitido,

poder comprender que el mundo está cambiando y es más pequeño.

En nuestra familia española, Paniora, ahora tenemos chinos, alemanes,

japoneses... Tenemos miembros de muchos países.

Legados, países, sangre en nosotros ahora,

y eso nos ayuda a mirar, a aceptar y a comprender,

y poder decir que son nuestros,

y esta es la clase de personas que habrá en el mundo de este modo,

mejores personas.

(Música)

Con más de 180 años, este olivo es tan antiguo como el clan Paniora,

y se ha convertido en su símbolo más representativo.

El fuerte sentimiento que los define como familia

ha arraigado bajo su sombra.

(Canción en inglés)

Nuestra herencia, tal y como yo lo veo,

es más que historia, es un legado personal que nos ha sido transmitido,

por lo tanto, Manuel José nos ha legado su esencia personal,

su sangre, y todos la llevamos dentro,

no podemos deshacernos de ella.

Donde quiera que estemos, y para siempre,

un análisis de ADN revelará que venimos... ¡Venimos de España!

Soy maorí, lo sé,

pero prefiero contemplarme como parte de la raza humana,

más que como parte de la raza maorí.

(HABLA EN MAORÍ)

(Olas)

-Amo lo que soy,

no puedo evitarlo, porque está en la sangre, en los genes.

Mis mejores recuerdos son haberme reunido con gente

a la que no conocía,

y por supuesto, hablar con mis amigos maoríes

sobre las historias de Awanui,

del olivo, y del vínculo con la tierra,

me encanta eso.

No puedo evitar ser lo que soy,

no puedo desprenderme de ello.

(Música)

Concluimos nuestro viaje por territorio Paniora

en el lugar en el que comenzó todo,

donde hace casi dos siglos Manuel José de Frutos

levantó su hogar y actualmente está enterrado.

Sus restos descansan en la colina de Taumata,

muy cerca del olivo y del río Waiapu.

Su tumba mira hacia las aguas del Pacífico,

el mismo océano que trajo a los maoríes, y después también a él.

Este sencillo mausoleo representa el inicio de la estirpe,

y allí acuden para honrar la memoria de su antepasado español.

Pero lo que realmente impulsa a esta familia única,

no es algo inerte, sino repleto de vida,

es la sangre que corre por sus venas,

la identidad que palpita en su interior,

la lucha por aferrarse a aquello que les hace diferentes,

porque son los Paniora,

los descendientes de un hombre que atravesó el mundo

para que ellos pudiesen existir.

(Música)

(Música créditos)

Otros documentales - El clan español de Nueva Zelanda

56:11 10 jun 2018

Más de veinte mil maoríes neozelandeses llevan sangre española y un apodo familiar que lo recuerda: se llaman a sí mismos “Panioras”, que significa “españoles” en lengua maorí. Descienden de un segoviano, Manuel José de Frutos, que emigró a Nueva Zelanda en la década de 1830. Este documental sigue el rastro que dejó, y acude al encuentro con sus descendientes, quienes se sienten muy orgullosos de su herencia española.

Más de veinte mil maoríes neozelandeses llevan sangre española y un apodo familiar que lo recuerda: se llaman a sí mismos “Panioras”, que significa “españoles” en lengua maorí. Descienden de un segoviano, Manuel José de Frutos, que emigró a Nueva Zelanda en la década de 1830. Este documental sigue el rastro que dejó, y acude al encuentro con sus descendientes, quienes se sienten muy orgullosos de su herencia española.

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  1. Samuel

    Creo que no tengo nada más que añadir a lo que dice el comentario anterior, salvo que el trabajo de investigación que llevó a Valverde del Majano lo realizaron Diana Burns y María Teresa Llorente. Así es como nos lo han transmitido a nosotros diferentes fuentes, y así es como está contado en el documental.

    pasado viernes
  2. Juanma Cuéllar

    Emplazo a los espectadores a ver los dos documentales y que juzguen. Yo no conozco vuestro trabajo porque no está accesible y no tengo criterio en este sentido. Se ha publicado mucho sobre los Paniora, en prensa, en televisión, antes y después de los documentales. Son más de 20.000 personas; su historia, como tantas historias universales, no es propiedad de nadie... Nosotros hemos viajado a sus hogares y la hemos contado a nuestro modo. En cualquier caso, el vuestro es otro documento original como el nuestro y me alegra que se aborden estos proyectos.

    pasado viernes
  3. Fermín Senante

    Lo apropiado sería que los espectadores viesen los dos documentales y decidiesen si realmente uno plagia al otro. Yo, que lo he hecho, puedo decir que uno está a años luz del otro. Y que no tienen nada que ver más allá de los protagonistas.

    pasado viernes
  4. Angel Serrano

    Enhorabuena por un mal plagio del documental Debajo de tus pies, con guion y dirección de Álvaro Toepke, producido por Inko Producciones y Canal Sur, y galardonado con el premio Barbara Anson de documental. Gracias a la investigación realizada por el equipo de Debajo de tus pies se pudo hallar el nombre del ancestro de los Paniora, Manuel de Frutos Huerta. Ninguna mención de esto se hace en este reportaje. Muchas gracias.

    pasado lunes

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