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Transcripción completa

Hace unos meses, el equipo responsable de este documental,

hizo un viaje de 750 kilómetros a través de Argelia;

desde Orán hasta la aldea de Hadjerat M'Guil,

a las puertas del Sáhara.

El objetivo era encontrar las tumbas

de, al menos, cuatro republicanos españoles,

víctimas de la barbarie instalada

en el campo disciplinario de Hadjerat M'Guil,

durante la II Guerra Mundial.

Hoy, en Francia, a este campo,

que fue dirigido por oficiales del régimen pronazi francés,

se le conoce como el "Ruhen Tal del Sáhara".

Este campo de Hadjerat M'Guil, le llamábamos "el valle de la muerte"

El único dato que tenemos para localizar las tumbas,

procede del testimonio de José Muñoz Congost,

un republicano superviviente de la barbarie de Hadjerat M'Guil,

ya fallecido.

Congost dejó escrito

que las tumbas sin inscripción alguna

se encontraban en un pequeño cementerio,

a dos kilómetros al sur de los que fue el infierno

de este campo disciplinario.

Este hombre nos indica el lugar donde hay unas tumbas

de lo que él cree, judíos.

Antes, en la aldea,

nos habían hablado de las tumbas de los españoles.

No son tumbas de judíos,

son tumbas de militares coloniales franceses.

Pero, al lado, aparecen estos túmulos,

semienterrados en la arena.

Es aquí donde reposan los restos

de, al menos, cuatro republicanos españoles,

de los que no se sabe mucho más que el apellido.

Moreno, Mozas, Álvarez... y otro Álvarez.

¿Cómo llegaron, estos republicanos españoles,

hasta este lugar tan siniestro?

Lo mejor será que contemos la historia

desde el principio.

Pocas semanas antes de terminar la Guerra Civil,

dos tercios del territorio español

están controlados por el ejercito sublevado.

Algo antes, las tropas de Franco,

habían llegado hasta la frontera francesa,

forzando un éxodo de medio millón de ciudadanos que huyen a Francia,

para escapar de las represalias franquistas.

Estas imágenes de la retirada, a través de los Pirineos,

son la cara más conocida del exilio republicano.

Una de las mayores tragedias de la historia de España.

Pero hay otro exilio, prácticamente ignorado:

el de los ciudadanos que, en marzo de 1939,

siguen defendiendo la causa de la libertad,

en lo que queda de territorio republicano;

y saben que, en caso de derrota,

no tienen otra escapatoria que el mar;

e intentan llegar a la orilla segura más próxima: Argelia.

¿Por qué temían represalias?

Teníamos la experiencia de lo que habían hecho.

Y lo que habían hecho,

no ya con personas que hubiesen tenido una gran actividad...

que hubiesen podido acusar de cosas,

como ellos tenían la costumbre de acusar,

de crímenes que no habían existido,

sino pobres, inocentes, que pagaron las consecuencias

simplemente por tener un carnet sindical,

o por tener una opinión, un poco, de izquierdas.

Cayetano Zaplana era un chaval de 16,

militante de la CNT.

Ignacio López Maroto se fugó de casa de sus padres

para combatir a los sublevados que cercaban Madrid.

Pues, yo tenía un historial, aunque era un crío,

porque yo tenía 16 años cuando estalló la guerra,

pero era voluntario, durante la guerra,

pues claro... todo eso... eran...

pues, qué digo yo... puntos para que te machacaran.

Cristina Sempere era una joven enfermera

que militaba en las Juventudes del partido comunista.

Franco traía la tropa esta Real, que decía él,

que era todo de los árabes, de los moros...

Pues oye, para contentarlos,

el señor Franco les daba campo abierto.

En los primeros momentos,

estoy de acuerdo que tanto en una zona como en otra,

se hizo... se hizo mal.

Pero es que, los otros fue en los primeros momentos...

y en las primeras esas...

Pero es que ellos, cada vez que iban avanzando,

iban entrando en un sitio,

se iban cargando a la gente así, a punta pala.

A finales de marzo,

los franquistas inician, la que será, su ofensiva final.

Cunde el pánico en las filas republicanas.

Disparos

En Madrid, el chofer oficial, Vicente Bailón,

toma la decisión de ponerse a salvo con su familia.

Mi padre había llegado diciendo que, rápidamente,

preparásemos unas cuantas cosas en una maleta,

que venía a buscarnos.

En principio,

el soldado de reemplazo, Nazario González,

no tenía nada que temer.

Pero pensó que sería mejor no caer en manos de los sublevados.

Él sabía perfectamente que, a pesar de que él

no... no se había manchado las manos de sangre, como decían,

sabía muy bien que no... que no convenía que nos quedáramos.

Mi madre dice: "pero bueno, ¿dónde vamos?"

Sacarnos así de casa.

Nos dijo que nos teníamos que descalzar para bajar la escalera,

que nadie nos oyera, como si estuviéramos...

yo que sé, haciendo un crimen.

-Precisamente, cuando nos vieron que íbamos hacia la estación,

pues... la estación se llenó de gente que no se iba a ir tampoco.

Es decir, eran curiosos, se habían enterado que nos íbamos.

Uno de los señores que nos encontró, dijo, en valenciano:

(Habla en valenciano).

"Como no he hecho nada, no tengo porqué irme".

Mi madre decía: "Pero bueno, pero, ¿dónde vamos?".

Entonces, mi padre dice: "No lo sé, no lo sé,

donde podamos, vamos a quitarnos de en medio,

porque vienen como hienas".

-Luego, mi madre cuenta, en su libro,

que cuando llegaron a Orán y consiguieron un periódico,

que se llama... se llamaba "La Republique d'Oran",

allí pudo leer...

que uno de los primeros ajusticiados fue este señor.

Un disparo

A mediados de marzo,

comienzan las evacuaciones de los ciudadanos

más comprometidos con la causa republicana.

El Gobierno había fletado algunos barcos

en los puertos de Levante, especialmente en el de Alicante.

Entonces, afluyeron de lo que quedaba de la geografía republicana,

desde Valencia, desde Castilla-La Mancha,

hasta Alicante..., los últimos días, miles y miles de personas,

que se fueron concentrando en la zona del puerto de Alicante.

Estaba negro de gente.

Lo pienso y lo veo, todavía.

Era increíble.

En estos mismos muelles, atiborrados de gente desesperada,

se encontraba el funcionario de policía, José Espinós,

con el resto de su familia.

Íbamos vestidas con dos vestidos, dos faldas y dos jerseys...

Todo lo llevábamos encima.

Y... llovía, llovía, no podíamos... bueno, los paraguas no se abrían,

porque la gente no podía abrir paraguas y...

Fue una mañana muy... muy fuerte.

Yo sentía la tristeza.

Pero, mi hermana era más pequeñita y todo era:

"y qué infame, y qué infame, y qué infame"...

pero... no podíamos darle ni de comer.

Y lloviendo y lloviendo, sin parar;

la gente, ya empezó a insultarse, a... decirse, en fin.

Ya empezó a moverse... nerviosa.

La familia Espinós embarcó en el "African Trade",

uno de los primeros barcos que partió hacia el exilio argelino.

Entonces ya, oímos las cadenas del barco,

cuando se... se pone en marcha,

se mueve, se...

en fin, todo eso...

"Ya se va, ya se va, ya nos vamos, ya nos vamos..."

de uno a otro, de unos a otros.

Y había... yo me acuerdo que había muchos chicos... jóvenes y chicas,

y se pusieron a cantar: "Ya se va el vapor".

Ya se va el vapor,

el vapor, el vapor ya se va,

ya se va...no sé qué, ya no me acuerdo.

Ya no me acuerdo, pero la canción era esa.

Y todo el mundo se puso... a entonar la canción de esos jóvenes

que estaban cantando,

y fue... fue una tristeza... todo el mundo llorando,

en fin, fue muy fuerte.

Fue muy, muy, muy fuerte.

El 28 de marzo, a menos de 100 horas del final de la guerra,

el "Stanbrook" es el único barco que se encuentra en Alicante,

para poner a salvo a decenas de miles de ciudadanos

que huyen del avance franquista.

Primero nos dieron la orden que teníamos que subir solo un bulto.

Llevábamos una maleta y una manta.

Tuvimos que tirar la manta al mar.

Llegamos y pasamos al pie de la escalera que subía al barco.

Ahí fue cuando era muy difícil subir,

entonces, ahí fue cuando nos empujaron,

los que venían con nosotros y así...

o sea, subimos como ya, empujadas por la masa;

por todo lo que venía detrás.

Nosotros ya no éramos dueños de nosotros mismos.

-Y allá, arriba del barco, estaba el capitán.

Ese, yo me acordaré toda mi vida,

toda mi vida, porque...

daba la mano...,

te daba la mano y te tiraba para dentro...

y a otro y a otro...

Fue una avalancha que... te empujó, así... y...

Es que, se metieron más gente de lo que podía...

nadie imaginar allí, porque un carguero, carbonero,

no tenía tanta capacidad.

No nos dábamos cuenta;

eso fue una cosa... no puedo explicarlo.

Y, me acuerdo que, nos quedamos en proa...

Con la avalancha empujándonos, llegamos hasta el puente de mando.

Ya, muy cerca de la chimenea...

-...uno al lado del otro, muy hacinados...

-...allí fue donde nos quedamos acurrucadas,

porque ya, en el otro lado, también estaba todo ocupado.

Mientras se llevaba a cabo

el apocalíptico embarque del "Stanbrook"

cerca del mediodía, llego la noticia

de que Madrid había capitulado ante las fuerzas nacionales.

(Locutor radio:

Rotas las débiles fronteras que separaban

lo que se llamaba "zona roja" y lo que era "zona nacional",

Madrid, como enseguida, España entera,

queda libre de la criminal opresión marxista.

La falange clandestina y el pueblo

salen al encuentro de nuestros soldados.

Los brazos, con la mano alzada al cielo,

saludan a las banderas

con los colores de nuestra gloriosa enseña,

y a las tropas de Franco que anuncian,

con su triunfal aparición, el fin de la espantosa pesadilla.

A partir de este momento,

se hundieron todos los frentes republicanos

y la desbandada fue general.

Mientras media España vitoreaba al fascismo,

el "Stanbrook" aún seguía acogiendo a centenares de derrotados.

Mucho miliciano, mucho soldado, pues pobres...,

venían todos corriendo,

pues de los frentes... llegaban allí corriendo.

Y las familias, pues también había allí familias que ya,

cuando nosotros subimos al buque, que eran las diez y media o algo así,

que ya el buque estaba lleno, hasta arriba.

Estábamos tan apelotonados que, de verdad, que levantabas un píe,

y al ponerle otra vez en la cubierta, ya te había ocupado el sitio otro.

Las bodegas estaban llenas;

pero estaba todo lleno de mujeres y niños.

Nosotros, entonces, eso no lo sabíamos.

No podemos olvidar el gesto noble y digno que tuvo el comandante,

porque, cada vez que veía un grupo en el puerto,

bajaba la escala para que subiésemos.

Y yo subí, casi en el último momento,

y después de mí, todavía..., subieron otros.

Igual que el barco, parecía que se ensanchaba;

el corazón del capitán Dickson, también.

-Que yo, tenía una imagen,

como si estuviera, ahora mismo, delante de mí;

de simpatía y de fuerza...

Porque esa mano en la mía se quedó para siempre, ¿sabes?

Esa fuerza.

El papel exacto de Archibal Dickson, capitán del Stanbrook,

en la historia del embarque masivo, sigue siendo controvertida.

Algunos decían que se lo habían llevado de juerga

para trazar la salida del barco,

y dar lugar a que llegaran personas que estaban esperando...

Sea como sea, este señor estuvo todo el tiempo,

todo el tiempo estuvo pendiente de todo.

Diez minutos antes de las 11 de la noche,

la hora oficial en que el barco tenía que partir,

Dickson dio la orden de zarpar.

Se hace un llamamiento, en primer lugar,

que no nos movamos,

que estemos quietos,

que hay un peligro,

porque dicen que la carga humana es la peor que había,

debido a esto,

al desplazamiento,

y que esto podía contribuir, pues... a otras... catástrofes,

a lo mejor.

Entonces, de verdad, bueno... hubo un silencio enorme,

nada de... fumar.

Casi el barco despegando, casi...

Algunos gatearon, ¿eh? por el barco, para subir al barco.

Y les tiraron, una cuerda, de estas, de maroma, porque eso lo he visto yo,

por la punta esta que sale ahí, en las fotografías...

les tiraron la "esa" y..., trepando como pudieron, subieron.

Pero es que en el barco ya no cabían más.

No cabía más gente.

Esos fueron los últimos.

El "Stanbrook" zarpó con 3028 personas a bordo;

entre ellos 147 niños,

15 de los cuales no llegaban al año de edad.

Todos los testimonios afirman que el adelanto de la partida,

decidido por el capitán, le salvó la vida.

Antes de que el "Stanbrook" abandonase el puerto,

se escuchó un rugido.

Llegó la aviación...

y bombardeó...

justo... vamos, la apreciación que nosotros hacíamos desde el barco,

es que había bombardeado, justo, donde estábamos nosotros.

Fue, pues imagínate, un... unas escenas de pánico tremendas.

Algunos se querían volver.

Un militar... de las brigadas...

internacionales,

un chico inglés, se tiró desde la chimenea,

desde la parte de la chimenea; nosotros estábamos debajo.

Sí, se tiró y se suicidó.

Este chico le dio, con su bota, en el hombro a mi madre.

Mi madre acababa, en ese momento, por segundos...,

de cambiarse a mi hermanita de hombro porque estaba cansada por la postura,

y la acababa de salvar la vida a mi hermana,

porque si le da la bota, desde luego, no... no se salva.

Ese dolor de hombro le ha durado a mi madre toda la vida.

Ajeno ya a lo que sigue sucediendo en Alicante,

el "Stanbrook" emprende su rumbo en mar abierto,

pero el barco no estaba a salvo.

Porque, se decía que, la Armada de Franco,

los barcos de guerra de Franco, estaban a la caza nuestra.

El capitán fue desviando la ruta para que no nos pudieran seguir

y pudieran pensar que íbamos a Orán.

Entonces, alguien que entendía del rumbo, dijo:

"Nos han traicionado, nos llevan a Baleares".

Aquello fue..., bueno... tremendo.

Era una verdadera revolución en el barco,

sin poderse casi mover del sitio.

Es que, el peligro era total.

Podíamos dar la vuelta.

Y entonces, mucha gente tiró por la borda documentos...

comprometedores del Gobierno, documentos propios,

carnets de afiliación...

por si acaso, cuando llegáramos a Baleares,

pues... nos iban a investigar.

Él, entonces, nos tranquilizó, el capitán nos tranquilizó,

y nos mandó estar quietos,

que no pusiéramos en peligro la estabilidad del barco,

que no íbamos a Baleares,

que nos estaba... y nos contó lo que era, claro.

Eso lo refiere mi madre y...

y eso fue una de las escenas más trágicas, una de ellas,

porque hubieron varias.

¿Se sentían derrotados?

No... no del todo.

Había un algo en nuestro interior que nos incitaba...

con esas perspectivas de... de la justeza...,

de la lucha que mantenías,

el reconquistar, precisamente, ese... grado que habías tenido,

pequeño pero importante,

grado de libertad que habías tenido durante el periodo de la República.

¿Tiene un recuerdo muy nítido?

Sí, de muchas escenas...

las cosas son muy claras, muy claras.

Recuerdo, perfectamente,

personas que estaban al lado nuestro, en el "Stanbrook".

Esas personas, hay rostros, que no se me han borrado.

Me dicen: ¿Cómo es posible que puedas contar algo de ese viaje?

Pues, es posible.

Hay cosas que no se pueden olvidar.

El "Stanbrook" avistó la costa argelina

a primeras horas de la mañana del día siguiente.

Sus 3028 pasajeros ansiaban por llegar a una tierra de promisión

pero pronto sabrían lo que, realmente, les esperaba.

No nos dejaron entrar porque, parece ser que, bueno...

de eso me he enterado yo después, parece ser que ya, el día antes,

ya había habido dos o tres barcos llenos de gente, también,

de mujeres y niños y no nos quisieron entrar;

y allí nos quedamos.

En la bocana del puerto de Orán,

los pasajeros del "Stanbrook" encontraron al "African Trade",

el barco que había partido unos días antes.

Las autoridades coloniales francesas no habían permitido desembarcar

a sus 859 pasajeros.

Rodolfo Llopis,

quien sería secretario general del PSOE, en el exilio,

relata que los funcionarios franceses

cortaron las amarras del barco

para impedir que siguiera atracado en Orán.

La tripulación ideó una treta.

Para que no saliera del puerto,

la gente que estaba en el barco,

cogió una pieza esencial del barco,

para que ese barco no pudiese zarpar hacia Inglaterra.

Mientras los barcos esperaban en el puerto de Orán,

en los muelles de Alicante

se aglomeraba una masa de desesperados

que anhelaba tomar un barco que jamás llegaría.

El "Stanbrook" fue... bueno,

el penúltimo barco que salió.

El único que salió con más de 2000 pasajeros a bordo,

porque el último salió pocas horas después,

y ya solo fueron, aproximadamente, unas 30 autoridades republicanas,

los que el capitán del barco dejó embarcar;

dejando ya una multitud de miles de personas

sobre los muelles de Alicante.

A la ratonera, ¿eh?

Que aquello de puerto tenía poco.

Era una ratonera, como yo la he calificado siempre.

No había esperanza de barco pues ya habíamos visto

que el "Canarias", el "Vulcano" y el "Júpiter",

ya estaban a las órdenes de Franco,

y este había bloqueado la llegada de los barcos,

y aquí, el consulado británico y el francés,

habían propiciado para evacuar a los que estábamos aquí.

Muñiz y Aguilera estaban entre los 15.000 republicanos

que quedaron atrapados entre Franco y el mar.

Estas imágenes captan aquellos momentos

de incertidumbre y desesperación.

Allí estuvieron hasta que, realmente,

la ciudad de Alicante cayó.

Los barcos... nunca llegaron.

Y el ambiente de desesperación, por supuesto, porque claro,

esta fue la muerte de la esperanza.

Aquí, se terminó ya la esperanza.

Protagonizaron sobre los muelles,

durante, aproximadamente, tres días, un episodio, realmente,

como he dicho antes, de lo más trágico;

donde llegaron a haber hasta suicidios...

bastantes suicidios.

La cuantía no la puedo dar, porque... indudablemente,

antes de llegar nosotros, ya...

ya había habido algún que otro suicidio,

y mucha desesperación.

El joven periodista libertario, Eduardo de Guzmán, ya fallecido,

destripó con su escritura, aquellos momentos dantescos.

(Continúan los suicidios.

En la parte exterior del muelle,

dos cadáveres flotan junto al rompeolas.

Un individuo, que se pasea por el muelle,

con aparente tranquilidad, se pega un tiro en la cabeza.

Un muchacho se pega un tiro en la cabeza,

y la bala, después de atravesar su cuerpo,

hiere mortalmente a un viejo de pelo blanco.

Dos días más y el fascismo no tendrá nada que hacer,

porque nos habremos matados todos.)

Mientras Alicante estallaba de desesperación,

el puerto de Orán se convertía en un caos

por la llegada masiva de todo tipo de embarcaciones,

procedentes de España, repletas de exiliados.

He aquí la lista de los barcos que fletó la República,

rumbo a Argelia.

Pero el pánico desbordó todas las previsiones.

Venían muchas barcazas,

de Murcia, de Almería...

en una de esas vino mi cuñada.

Y venían en grandes barcazas,

la gente también, huyendo.

Y llegaban, pues al puerto, que, se conoce que era más próximo.

Iban llegando y llegando y llegando.

Me acuerdo solamente de dos barcos que vi.

Algunos que eran bastante grandes y otros que eran pequeños.

Yo recuerdo que mi madre me decía: ¿Cómo son?

Yo decía: Mamá, si parecen...

Josefina Samper era una niña,

cuando vio, desde los muelles de Orán,

aquella marabunta de embarcaciones desesperadas.

Josefina pertenecía

a una de las muchas familias de emigrantes económicos españoles

establecidos, décadas atrás, en la Argelia francesa.

Esta plaza de toros es el principal vestigio

de la presencia española en Orán.

El español era el idioma que más se hablaba

en las calles de la ciudad.

Yo, es que, miraba eso,

y parecía que todos se estaban hundiéndose,

todos los que se estaban hundiendo.

Si es que vino mucha gente,

si no se ve la gente, de tanta que viene.

Y parece que todos se están hundiendo.

Como no los saquen de ahí, se van a hundir.

Los funcionarios franceses,

también intentaron desentenderse de la suerte

de los miles de personas que abarrotaban el "Stanbrook".

Que menos mal, a la población de Orán,

que es la que respondió,

solidariamente, se portaron estupendamente,

y con barcas,

burlando inclusive la vigilancia de las autoridades,

que no lo permitían,

se acercaban al barco,

y nos llevaban... nos llevaban alimentos y agua.

Que inclusive el agua... no teníamos en el barco.

Los niños de la colonia española burlaron la prohibición.

Josefina iba a bordo de una de estas barquillas.

Entonces, subimos los niños.

Subimos niños, entre esos niños, pues, iba yo también.

Y entonces, cuando empezaron a echarnos... atados con cuerdas,

pues... con papeles.

Luego, nosotros llevábamos cestas, que atábamos las cestas,

que era dónde les subíamos... lo que nos pedían.

Lo primero que nos pedían fueron medicamentos,

porque había mucha gente que estaba enferma,

y nos pedían cosas para aliviar los dolores... todas esas cosas,

que fuimos de farmacia en farmacia a recoger, también.

Trueno

Y a eso de la... por la tarde, me parece que fue,

empezó a llover;

se levantó un poco de tempestad.

Entonces, cuando los...

los milicianos que llevábamos al lado nos taparon con sus capotes,

para no mojarnos.

Y aquello, lo que sirvió fue, que nos infectaron de piojos.

Mientras en Orán, la situación del "Stanbrook"

permanece en el limbo de la incertidumbre,

en España, las tropas de Franco toman Alicante.

Ya, conforme iba, podíamos decir: "Bueno, hemos perdido la guerra,

ahora que nos machaquen".

Que es lo que sabíamos que iba a ocurrir.

Pues, realmente, una resignación tremenda, diciendo:

"Me entrego en los brazos del "de arriba",

y que pase lo que pase.

Así fue, así fue.

¡Ah, eso sí!

La impresión no podía ser más dramática.

Bullicio

Este muelle de Alicante fue el último reducto de la República.

Así se captó el momento de la rendición

de quienes perdieron el último barco.

La foto, rescatada por el historiador Francisco Moreno,

congela un instante trascendental.

Es el momento en el que Franco da la guerra por finalizada.

Exactamente, finalizó cuando los últimos republicanos

salieron del puerto de Alicante en la madrugada y en la mañana

del 1 de abril de 1939.

El último parte de guerra se emite hacia las 9 de la mañana

del 1 de abril de 1939.

Y es el celebérrimo parte que dice:

"Cautivo y desarmado el ejercito rojo,

las tropas nacionales han alcanzado los últimos objetivos".

"La guerra ha terminado".

Nadie en el Tercio sabia,

quien era aquel legionario,

tan audaz y temerario,

que se alistó en la Legión.

A partir de este momento, empezaba una nueva Era.

En contra de la propaganda oficial, no llegaba la paz, sino la victoria;

y esta traía consigo toda su carga represiva.

"Albatera" sería el destino

de los republicanos que quedaron atrapados

en la ratonera del puerto de Alicante.

Aquí les esperaba un campo de concentración

que se levantó en este solar.

Bajo esta tierra, aún yacen, sin tumba y sin nombre,

decenas de víctimas de la barbarie franquista.

Un día después de que se emitiera en España

el parte de la victoria franquista, en Orán, las autoridades coloniales,

accedieron a desembarcar

a los varios centenares de mujeres y niños

que se hacinaban en el "Stanbrook".

Pues, allí vinieron unas camionetas, con unos senegaleses,

y entonces, estos senegaleses nos impusieron mucho,

porque aquellos hombres, que entonces,

nosotros a aquella gente no la conocíamos para nada,

se pusieron en dos filas,

y entre esa fila que ellos formaban,

teníamos que pasar los niños y las mujeres.

Y no dejaban que los niños que podían andar,

que los cogieran las madres.

Entonces, los niños lloraban mucho, chillaban...

y las madres, también lo estaban pasando mal.

Y yo también tenía miedo,

ver a aquellos hombres con aquellas caras,

que estaban todas marcadas,

y luego... habían puesto "bayoneta calada".

Entonces claro, por ahí tuvimos que pasar entre ellos.

(Hablan en francés).

Lo que más nos llamó la atención,

lo que más se me queda,

es el aroma... que hacía el pan,

cuando bajamos del "Stanbrook",

y nos encontramos con que había unas tablas

llenas de panes.

Nosotros, durante toda la guerra de... de España,

¡no habíamos olido a pan!

Y a mí, ese aroma del pan, es que ¡no se me ha ido nunca!

Me acuerdo, lo bonito que era, ver la gente bien vestida,

las calles tan limpias, comercios...,

y llevar ramos..., era un Domingo de Ramos,

y veía las palmeras de los ramos, eso se te queda,

porque claro, vienes de un sitio de guerra, donde todo esta oscuro,

y de noche y veías la ciudad tan iluminada.

Eso es lo que más llama la atención, ¿sabes?, se te queda para siempre.

Ángeles, Teresa, Cristina y Elia lo ignoraban,

pero el destino de esta comitiva de refugiadas con sus hijos,

era la antigua cárcel de Orán, entonces ya en desuso por obsoleta.

Aquello era inmensamente grande,

y había un "water" en el centro,

y tenía unas ventanitas pequeñas,

pero en lo alto, pegando ya con el techo,

muy lóbrego, muy húmedo...,

y allí nos metieron.

La estampa que debieron formar

las republicanas españolas con sus hijos en la antigua cárcel

sería prácticamente idéntica a la que se puede ver hoy,

en el interior del abandonado edificio.

La antigua cárcel es ahora donde encuentran refugio

decenas de esposas con sus hijos,

repudiadas por los maridos musulmanes.

Nos hicieron pasar a las duchas,

nos quitamos la ropa.

Lo pasamos muy mal,

porque, a pesar de que íbamos a ducharnos,

pues había hombres por allí, que se paseaban,

que ellos deberían tener costumbre

de verse duchar a las mujeres desnudas,

pero para nosotros no era tan normal.

Mi madre se negó a pasar desnuda por allí.

Y entonces, acababan de pasar a una chica que, por cierto,

estaba en las bodegas y del miedo que pasó, se quedó paralizada,

entonces a esa chica, la desnudaron y la pasaron, en una silla,

hacia las duchas.

Claro..., pues...

mi madre dijo que eso era una barbaridad,

pasearla por allí, delante de todo el mundo, desnuda.

La madre, toda eufórica ella, dijo:

"Esa desnudez es la muestra de la democracia

que vamos a vivir desde ahora".

Menos mal que todavía tenía humor para pensar en...

en una democracia que, verdaderamente,

lo que vivimos... fue tremendo, cuando llegamos allí.

Y allí, luego, nos llamaron, otra vez,

para que fuéramos a recoger la ropa limpia.

Ya, nos pudimos poner la ropa nuestra.

¿Y usted, qué sentía, en aquellos momentos?

Pues...

¿Tenía miedo,

se sentía humillada? Sí.

¿Miedo?

No, miedo no.

Humillada, sí.

Al mismo tiempo,

más de 1500 hombres permanecerían un mes entero,

a bordo del barco

que les había traído a una supuesta libertad.

Los funcionarios coloniales eran inflexibles.

El puerto de Orán fue muy duro.

Estuvimos un mes en él,

sin casi comida, sin agua,

sin higiene de ninguna clase.

Bueno, cuando empezaron a darnos algo de comer,

era un pan para 20 y una lata de sardinas para cuatro.

Hay que tener en cuenta que era un barco pequeño

y que las posibilidades que tenían, era para la pequeña tripulación.

Ni había aseo, no había aseo para 3000 personas;

yo no sé cómo teníamos que hacerlo.

-Del estreñimiento que teníamos por la falta de alimentación y tal,

salían de... los wáteres estos,

salía el personal, pero que daba pena verlo, aquello.

Llorando y con las manos llenas de excrementos, estamos, los dedos,

porque los metían en el... precisamente,

en el recto, los metían para poder hacer de vientre,

de ¡cómo estaban!

Pero bueno, es que había gente ya,

que... bueno gente y yo, era uno de ellos,

que hacíamos nuestras necesidades en la... en la esta del barco,

en la cubierta del barco, pero de espaldas al mar;

agarrados allí, a la barandilla del barco, ¿estamos?

y debido a los esfuerzos que hacíamos,

la debilidad que teníamos por la falta de alimentación, también

nos caíamos al mar.

Y allí tenían que echar un salvavidas o un cabo para traerte.

Un mes después,

el hacinamiento y la miseria a bordo del "Stanbrook"

degeneraron en lo que Rodolfo Llopis

que no cesaba de intentar negociar con los franceses, temía.

En un momento dado, se declaró un brote de tifus,

y entonces fue cuando se alarmó la prefectura.

Se alarmó y entonces, hizo salir a la gente...,

a toda la gente.

Pero cuando pensaba que el asunto estaba ya acabado,

la prefectura...

forzó la vuelta al barco de 40 personas.

Los franceses tomaron a estos 40 rehenes como garantía.

Finalmente, Llopis pagó las deudas del barco.

El "Stanbrook" fue desalojado.

Pero ahora, empezaba lo peor.

("No necesitábamos esta invasión").

("Entonces, ¿los mandamos de vuelta a casa?").

¿Por qué las autoridades francesas fueron tan hostiles?

Después estaba la intervención de un diputado de extrema derecha,

que en pleno Parlamento pidió

que Francia se librara de todos los republi...

rojos españoles que habíamos entrado en Francia en el 39;

porque éramos portadores de un virus revolucionario,

contra el cual no había antídoto.

("El peligro que ha hecho correr al país

la presencia en suelo francés...").

Había habido un interés muy marcado

en hacer pasar que éramos una especie de...

lobos que nos comíamos a los seres humanos.

La gente se creía que teníamos rabo.

Asábamos a la gente,

violábamos a las monjas

y matábamos a los frailes cada dos segundos...

("El diputado Albert Sarraut dijo, el otro día, en el Parlamento:

Había que mandar a estos indeseables al fondo del Pacífico.

Quiere decir a una isla, al fondo del Pacífico".)

Risas

Qué noticias y cómo les habrían llegado.

Que éramos unos criminales.

Esta gente que había luchado durante tres años,

por la libertad, por la democracia,

y que después lucharía en la resistencia francesa,

para que los franceses para que Francia lograse la libertad,

en el 39, esa gente es la mugre.

Es lo peor.

Mucha gente hablaba español.

Yo llegué a oír eso: "no tienen rabo".

Eran el diablo.

Mientras las mujeres republicanas seguían confinadas

en la antigua cárcel de Orán y otros centros de internamiento,

la gran mayoría de hombres que habían buscado refugio político

en la colonia francesa,

fueron deportados a Camp Morand, un campo de concentración blando,

donde los cautivos impidieron que el tedio les derrotara.

Inmediatamente, se organizaron escuelas allí,

se organizaron coros,

se organizaron campeonatos de ajedrez...

Y aquella escuela nos sirvió,

a mí, personalmente, me salvó de muchas cosas;

porque éramos demasiado jóvenes y yo pasaba la vida en la escuela,

más tiempo que en la barraca donde vivía.

En fin, toda una serie de actividades

que chocaban, precisamente, con la...

con la sintonía que habían comunicado las autoridades de allí, de Orán.

Las autoridades coloniales no estaban dispuestas

a que Camp Morand se convirtiera en un semillero de utopías.

En el último momento, nos hicieron trabajar,

ciertos trabajos... tonterías,

cosas propias de pasar más el tiempo que otra cosa.

Sí, eran trabajos forzados,

porque nos hacían transportar...

piedras...

de un extremo del campo de concentración

hasta el otro extremo.

Allí se tiraban, se descargaban,

y cuando se habían acabado las piedras, 15 días después,

se copian, otra vez las mismas,

y las llevabas a donde las habías cogido.

O sea, que además, vejación de decir: "Lo que hacéis no vale para nada".

Durante estos meses,

centenares de familias quedaron separadas,

y sus miembros tardarían meses en tener noticias

los unos de los otros.

Mi mamá no podía contestarnos.

Mi mamá todo lo pagaba llorando.

Todo lo pagaba llorando.

Había muchos policías que venían y nos consolaban a todos,

había muchas mujeres,

había..., todas estaban igual, estaban... deshechas, las pobres.

Deshechas.

1 de septiembre de 1939.

Hitler ataca a Polonia.

Comienza la II Guerra Mundial.

Francia e Inglaterra se oponen a la Alemania nazi.

Mientras tanto, en Argelia fructifican las gestiones de Llopis,

ante las autoridades para conseguir la reunificación

de las familias de exiliados.

Los padres que encuentran un trabajo

ya pueden establecerse junto con sus familiares.

Así, muchos españoles recobraron la libertad,

pero no la dignidad.

Pues, no teníamos para comer.

Para lo único que daba el dinero, el primero que ganó mi padre,

lo que daba, pues era para comer pan y plátanos.

Que era lo más barato.

Hemos vivido muy malamente,

de lo que nos daban...

y hasta..., ya le digo, hemos comido... hasta...

de limosna de un chico que tocaba la música en la calle,

y su mamá nos daba la limosna de su hijo.

Es que los plátanos, además, no eran plátanos, de decir:

los cojo de un racimo, no;

eran plátanos que los vendían por lote.

Que habían quitado

lo que se estaba empezando a estropear,

y eso estaba puesto por lotes,

y eso valía muy baratito.

Alquilamos una habitación,

que es lo único que había;

habitación con cocina y punto.

-Hemos dormido por el suelo.

Hemos tenido frío y hemos tenido hambre.

Nos han dado, luego, una cama, un somier...

no teníamos ni colchón, ni nada.

Y nos prestaban, cuando hacía frío, una manta de noche.

Nos la prestaban y...

para dormir encima del somier.

Entonces, mi padre,

para dormir, arrimaba la cama al fogón,

y hacía ahí su cama,

y nosotras, las tres mujeres,

dormíamos en la cama que no tenía colchón;

dormíamos en el somier.

Hemos pasado cinco años,

pero muy, muy, muy mal.

En la primera Navidad que pasamos

y que mi hermana, pues lloró,

porque no tuvo su regalo,

y... lloró y... yo... me dio mucha pena.

Entonces, me "revolté"...

contra mi padre,

y les dije que era culpa de ellos,

si nosotros estábamos allí, si no teníamos la familia cerca,

si padecíamos, si... si no teníamos de comer... si...,

en fin, lo dije todo con mucha rabia.

Con mucha rabia.

Y mis padres no me contestaron,

porque era verdad que...

se sentían culpables, ¿eh?

Mi papá, sobre todo, se sentía muy culpable,

de todo lo que nos pasó.

Mi hermana y yo no teníamos zapatos.

Estábamos con unas zapatillas, todas rotas...

Entonces, mi madre, durante la guerra,

aquí, el Gobierno, pidió el oro que la gente tuviese,

y mi madre entregó todo, menos los pendientes que llevaba puestos.

Con eso fue con lo que pudo comprarnos los zapatos.

Los republicanos en Argelia sufrieron un doble estigma.

Emigrantes y rojos.

Y eran sus propios compatriotas, los emigrantes económicos,

los que más se lo reprochaban.

Los patios de las escuelas,

también fueron escenario de este conflicto.

Ya no eran españoles,

socialmente eran franceses,

y a nosotros nos recibieron con bastante... xenofobia, un poco.

Porque, encima, nos decían que habíamos llegado

a quitarles el pan de la boca,

nos veían como rivales,

y además... eran los adultos que llegaban allí, los refugiados,

eran idealistas y no comprendían su idealismo.

No comprendían el porqué habían luchado en España,

y muchos decían: "Hemos luchado por eso,

porque vosotros vinisteis,

porque no teníais medio para encontrar trabajo,

y hemos luchado para eso,

para una sociedad que de el trabajo a todos y...,

pero..., no se entendían, difícilmente, ¿no?,

no estaban preparados para ese discurso.

Muchos refugiados saldrían adelante vendiendo jabón.

Montaron algo así como el "top-manta" del jabón.

Como era tiempo ya de guerra,

pues el jabón en Orán no se veía.

Eran tiempos de guerra europea.

El jabón, empezaron unos cuantos, a hacer,

y todo eso, al mercado negro,

porque comercio no había nada, era ya guerra.

Entonces, tenías que buscar la sosa, mercado negro;

la grasa, mercado negro;

eh... todo, todo con lo que se hace un jabón, al mercado negro.

En total, había muchos que lo hacían, ¡muchos!

Allí, en unos ladrillos...

en una "esa" grande de zinc...

Era una lucha continua,

de llegar antes que otro para encontrar la grasa,

o de cordero o de buey... hasta...

bueno, hasta de pollo, si quieres.

Le poníamos perejil, para que... era jabón verde.

Porque decían las señoras que querían jabón verde.

Entonces le poníamos la alfalfa, ¿sabes?... y hacíamos el jabón verde.

Y bueno..., y luego a salir a venderlo.

A escondidas.

Que no..., que no se podía...

nadie podía saber que allí se estaba haciendo... el jabón.

A mí me detuvieron dos veces los "cabrones".

Porque es que, encima, se lo quedaban ellos.

Y te ponían una multa.

1940, Francia sucumbe ante Hitler,

a los nueve meses del inicio de la guerra.

Los republicanos españoles refugiados en la colonia argelina,

dejan de ser un estorbo políticamente peligroso

para convertirse en enemigos declarados

del régimen filonazi de Peten.

A partir de este momento,

el panorama se pondría muy feo para los refugiados españoles,

unos 2000, que seguían en los campos de concentración.

Les esperaban las arenas ardientes del Sáhara.

Su destino, trabajar como esclavos en un proyecto faraónico,

que ya se sabía, inviable.

Proseguir la construcción de una vía férrea

para unir las colonias africanas de Francia, cruzando el desierto.

Este ferrocarril se empezó a construir

durante la I Guerra Mundial,

utilizando prisioneros de guerra alemanes.

El paisaje era el mismo,

arena, sangre, calor y bayonetas caladas.

El ferrocarril ese, parecía ser que los franceses

tenían un interés máximo en construirlo,

y pararon la construcción del ferrocarril en el 1918,

que los alemanes lo dejaron allí.

Y desde entonces..., o 18 ó 22, no me acuerdo exactamente.

Desde entonces, ese ferrocarril, que tanta prisa tenían,

lo habían dejado completamente abandonado.

Y hasta que llegaron los otros esclavos...

y emprendieron el trabajo.

El proyecto del ferrocarril transahariano,

oficialmente denominado "Mediterranee-Niger",

se cobró un alto tributo de sudor y sangre,

entre los dos millares de españoles obligados a trabajar en él.

El del teniente Santucci,

es el rostro de la barbarie sahariana.

Algo que solo se puede comparar con los campos de exterminio nazis.

Santucci era el jefe de Hadjerat M'guil.

Le llamábamos "boca negra", al teniente Santucci.

Este aprovechaba la última formación diaria

y nos decía:

"yo se que no lo pasáis bien,

pero es la consigna, nadie saldrá vivo de aquí".

(Habla en árabe).

Media docena de tumbas anónimas, en medio de la nada.

Seis sepulturas a las que este programa

ha podido poner nombre a cinco de ellas.

El de los españoles Moreno, Álvarez, Pozas y otro Álvarez.

La quinta corresponde al judío Levinstein.

Al menos, cuatro republicanos españoles,

dejaron su piel donde buscaron una tierra de promisión.

El único rencor que siento es que los franceses...

se portaran tan mal con nosotros.

Se portaron muy mal.

Muy mal.

Siendo que nosotros,

lo único que habíamos hecho es... defender la libertad.

La trágica historia de "los cautivos en la arena"

comienza, precisamente, en este punto.

Bou-Arfa, Marruecos, 1941.

Con gran pompa, por parte de las autoridades francesas,

se lleva a cabo la inauguración

del primer tramo del ferrocarril transahariano.

(Locutor: Desde Lou-Arfa a Colom Béchar

el raíl se ha extendido, a través de la arena,

hasta el kilómetro 89.

Con la ayuda de una llave labrada en un hueso de camello,

el secretario de Estado

aprieta el último perno de 200 kilómetros de vía férrea.

Pronto será puesto en marcha un segundo tramo:

Colom Béchar-Beni Abbés.

Los equipos trabajan sin cesar para realizar esta conexión

que afirmará el empeño de Francia en forjar,

por la voluntad y el trabajo,

una nueva organización de sus riquezas.)

La línea tenía que conectar el Mediterráneo con el río Níger.

Así, Francia se aseguraba el transporte de mercancías

de sus colonias,

evitando el viaje por el Atlántico.

Faltaba un pequeño detalle

para que el documental contara toda la verdad.

Esta coreografía de peones indígenas esconde una tragedia.

El ferrocarril fue construido por manos de obra esclava,

compuesta, entre otros, por refugiados españoles.

Gran parte de las fotos sobre estos trabajos ferroviarios

son inéditas.

Proceden del archivo del ex-deportado Francisco Ruiz,

ya fallecido.

Y yo vi que allí había muchos españoles, sobre todo.

Había alemanes, había franceses, había judíos...

en fin, por lo visto era gente que habían sido represaliadas

por el gobierno de Vichy.

Aunque no estábamos concentrados en un campo,

sino que estábamos en campo abierto, porque...

las barreras nuestras eran el desierto.

Eran cientos de kilómetros de desierto

que... ¿quién se escapaba de allí?

Martillazos

Un día normal en el transahariano

ya sabe usted lo que era: pico y pala.

Pico y pala, un poco de comida y mucha sed.

No había otra solución.

Allí no había más que arena y... y cielo.

Martillazos

El trabajo consistía en darnos unos "equis",

no me acuerdo exactamente,

de metros cuadrados de tierra,

de remover, por ejemplo, si estábamos haciendo una zanja,

sacar esa tierra y nos medían la tierra

que habíamos sacado o no habíamos sacado.

Era un destajo.

Es lo que querían ahí.

Martillazos

-Había que picar piedra.

Y te ofrecían,

no se si era un metro y pico cúbico, diario.

Vamos, diario, las horas que teníamos de trabajo.

Y mucha gente que no podía o no quería o no lo hacía,

que hubo de todo...

-Lo que pasa que nosotros no hacíamos al destajo.

Nosotros procurábamos que nos durara todo el día.

Y, a veces, ni lo hacíamos.

Y, de aquí, venía luego la represión.

Pues..., efectivamente, a la disciplinaria.

Y en la disciplinaria, se quedaron mucha gente.

Las fotos de Francisco Ruiz no engañan.

Según el archivo histórico del partido comunista de España,

en 1941, ocho españoles ya habían muerto

en la disciplinaria del transahariano,

víctimas de miseria y de explotación cruel.

A esto se añadía otra condena:

La sed.

Nos metíamos piedras en la boca.

Y eso... hacia que la... las glándulas salivares funcionaran,

y amortiguabas un poco la sed, ¿sabes lo que te digo?

Pero, no obstante, no podías aguantar mucho.

Porque, es que, el sol es implacable.

Había un moro con cinco soldados árabes.

Generalmente, era marroquí.

Los que nosotros teníamos eran marroquíes,

pero claro, los desgraciados, eran como nosotros.

Estaban allí..., comían y vivían...

Y uno de ellos me pidió un vaso de agua.

Estábamos allí, yo cogí, estaba el depósito cerca,

y le di un vaso de agua.

Y tuve la desgracia de que el sargento... me vio.

Me armó la bronca padre.

Y me amenazó que si me veía otra vez, que me mandaba al quinto bidón.

El quinto bidón era un punto remoto en el desierto.

Nadie volvía de allí con vida.

Eso era estúpido.

Era ya, casi inhumano.

Yo considero que es una estupidez, a parte de lo inmoral que era,

significa que por darle un vaso de agua a un ser humano,

se le quiera enviar al quinto bidón.

-La comida era... era una pasta, no era comida aquello.

La alimentación, mezclada con arena...

Era agua con lentejas y... piedras y todo revuelto.

Era una comida muy mala, muy mala.

Y además, con 50 grados de calor y todo era... era horrible.

Una vez a la semana, nos daban carne de camello.

Una vez a la semana.

Allí, las moscas, había a millones, no a miles, a millones, a millones.

Teníamos los aseos, vamos los aseos,

los agujeros donde íbamos a hacer nuestras necesidades,

estaban en la parte sur del campo

y como era tan desagradable de... ir a hacer sus necesidades,

un día, yo... me dio la idea y digo:

"Bueno, en vez de ir hacia el sur, me voy hacia el norte".

Y giro, en dirección del norte,

y cuando ya llegó el momento en que yo consideré que podía...

hacer lo que necesitaba,

me vuelvo y me encontré con un espectáculo inesperado,

que me dejó completamente anonadado.

Como si hubiese sido una columna de 30, 35 centímetros, redonda,

de unos tres o cuatro metros de longitud, de moscas.

Algo inimaginable.

Y a mí, lo que me sorprendió,

no fue la cantidad,

sino la intuición de aquellos animales,

que comprendieron donde yo iba y por qué iba.

Si no eran las moscas, eran las tormentas de arena;

el temible siroco.

Iba avanzando,

pero que iba avanzando de esta forma.

Formándote..., es decir, primero... recto, perpendicular a la tierra,

pero luego te hacía una especie de arco,

te arroyaba todo lo que levantaba,

todo lo que pillaba, te lo iba levantando.

Matojos, ramas, árboles..., lo que fuera.

Ellos llevaban gafas.

Todos los franceses;

ellos... y africanos, llevaban gafas,

pero a nosotros no nos dieron ni gafas ni nada.

Y la gente se perdía.

Cuando había una tempestad de arena,

la gente se perdía.

Aquello era... era infernal.

Allí, muchas noches, nos teníamos que levantar

para coger las cuerdas de la tienda para que no se llevara el aire.

Nos agarrábamos al palo,

al palo central.

A pesar de todo, cuando pasaba el siroco,

te había tirado...

pero bastantes tiendas, allí,

de los que éramos allí.

Mientras las divisiones nazis apabullaban Europa,

a principios de los 40,

la impotencia prendía entre los esclavos del transahariano

Los cautivos en la arena, confinados en el fin del mundo,

llegaron a pensar que aquello sería eterno.

Yo era joven, tenía mucho dinamismo, pero había momentos que... que yo,

me veía que no salía de allí.

Yo, a España no me atrevía a venir, porque había sido voluntario,

y todo mi historial, digo: "Cualquiera vuelve a España".

Y en Francia, pues allí lo pasé muy mal.

Hubo un momento que estuve en... en el...en Boarfa,

estuve completamente desesperado y creía que no... que no lo contaría.

Por la cabeza pasan muchas cosas.

Pasan muchas cosas:

Hay la indignación, hay la rabia, hay la impotencia,

hay el no derecho, hay la inmoralidad,

hay una cantidad de factores enorme.

Nosotros, sobretodo, que habíamos tenido...

aquellos principios de orden ético, de orden filosófico y moral y humano,

nos parecía aquello una monstruosidad.

El por qué no podíamos encontrar nosotros una explicación moral,

el por qué teníamos que estar nosotros

en esa situación que estábamos.

Ese por qué, yo no le he encontrado nunca respuesta,

y es mi eterna interrogación: ¿Por qué?

Meses después, las noticias de la contraofensiva soviética

en el frente bélico oriental,

y las primeras derrotas de la Alemania nazi,

fueron recibidas como una gota de esperanza

entre los esclavos del transahariano.

Ya, la... el ánimo se regeneró.

Entonces, nos atrevíamos más a hacer más, a hacer más cosas,

a presentar más lucha, en la comida, en todo.

De todo protestábamos, claro.

Estropeábamos carretillas.

A veces, de partir los picos... los astiles de los picos...,

las palas...,

en fin, cosas de estas, las que podíamos hacer,

no podíamos hacer otra cosa.

-Consistía en que se retrasase, lo máximo posible, la vía férrea.

Porque considerábamos nosotros, o se consideraba,

que era sabotear al ejercito fascista

o sea, al ejercito de Hitler.

Cualquier conato de resistencia era duramente reprimido.

Este documento especifica los castigos

que recibirían los esclavos por su mala conducta.

Por ejemplo, ser privados de vino.

Pero, al parecer, las letras de esta circular

se emborronaron entre los despachos de Argelia y el desierto,

y sobre el terreno, los castigos se convertían en duras condenas.

Por ejemplo, no se privó de vino, se privó de agua.

Cuando hemos tenido castigos,

pero no uno, sino en general, en la compañía,

ellos nos han cerrado los grifos.

Y allí te bañaban hasta a los perros y eso, de ellos, que tenían.

Y no te daban agua a ti.

Que cuando llegó el jefe del... del médico, el capitán médico,

cuando llegó allí, bueno,

les echó una bronca, bárbara.

Pues decían eso: "Es que, estaba prohibido".

Que era sagrado, el agua allí, en el desierto;

que no se podía castigar a nadie...

Otros castigos: El arrastre del caballo y el bidón.

Tal y como aparecen en los dibujos del deportado Muñoz Congost.

Pero aún había otro castigo más terrible.

El tombó o la tumba.

El tombó era...

Hacían un boquete,

en el suelo...

a pleno sol, que hay que notar que allí a 50 grados era normal,

que hubiera 50 grados.

Era como... hacerte un...

un hueco en la tierra, a lo largo de todo tu cuerpo.

Con una profundidad de un metro, una cosa así.

La profundidad que había... de un metro.

Pero este, rodeado de cuatro estacas, en los cuatro ángulos,

y alambre, de este de espino, que hay lleno de púas.

¿Y si alguien que estaba en el tombo sacaba la cabeza, qué pasaba?

¡Hombre!, le pegaban un tiro.

Es decir, que eso no...

Ahí tenían orden de eso.

Es que era una situación de muerte, aquello, ¿eh?

Era algo terrible, porque ten en cuenta

que estabas por la noche, allí metido, también, ¿eh?

Y que no había nada,

de que te daban ahí, mantas para taparte y cosas de esas.

¿Estamos?

Estabas en unas condiciones que "p'a qué".

Estos bárbaros castigos solo fueron anticipo de lo peor.

De pronto, se desató la caza a los comunistas.

Se hace una redada.

Y a mi me detienen.

Y conmigo, pues... ahí caen otros.

Nos detuvieron a sesenta y pico.

Entre ellos, yo.

Allí empiezan las palizas...

y tal y cual y bueno.

Me colgaron del techo,

y con una vara me pegaban en la planta de los pies,

para que dijera si fulano era comunista,

si no era comunista, si lo que fuera.

Yo claro, yo no conocía a nadie y me decían: ¿Este?

y yo: "no lo conozco".

Pero nosotros no soltamos prenda.

¿Cómo que no lo conoces, si duerme aquí al lado?

Pues nada, no... hasta que me dijeron:

"Bueno, pues detenido, y ya está".

Me llevaron...

me tuvieron allí un día,

allí hubo uno de los compañeros que intentó escaparse y lo mataron,

un tal Sintes, que era gallego,

y al cogerlo los "mohasnis", o sea, la policía,

se escapó, por en medio del campo, le pegaron un tiro y lo mataron.

Disparo

Los detenidos fueron juzgados en Orán.

Los refugiados españoles se movilizaron para denunciar

las refinadas torturas

a las que eran sometidos sus compatriotas.

Fue un simulacro, aquello.

Hicimos una defensa, grande, en el ese...

lo que pasa que no te permitían hablar,

te machaban,

incluso a los defensores, que eran de oficio;

algunos se portaron muy bien y fueron coaccionados también.

Y bueno... allí, nada.

¡Eh! Cantamos allí La Marsellesa.

Los nazis habían prohibido La Marsellesa,

hasta entonces el himno de la República francesa.

El juicio acabó con ocho condenas a muerte

que no se llegarían a ejecutar.

Los condenados fueron encerrados en estas mazmorrras

de la prisión de Barberousse, hoy fuera de servicio,

pero conservadas tal cual,

en memoria de la barbarie de la Francia colonial.

Te prohibían el que durmieras.

Y digo el que te pro... no te lo decían,

pero estabas obligado

a que cuando el guardián se asomaba por el cliché que había,

el chivato, le llamábamos nosotros,

que es para vigilarte..., que estaba,

tenías que contestar: "¡Presente!".

Es decir, que si estabas dormido,

entraban y con un garrote, te machacaban.

Una epidemia de tifus amenazaba

con convertir la prisión en un cementerio.

Y te pasaban al recuento, el guardián,

que normalmente llevaba un astil de pico, como bastón,

porque había al lado tuyo o más allá, un preso que no estaba firme.

Y le daban... y nada,

y le daban... ya machacándole... y es que estaba muerto.

Y así, diariamente.

A pesar del tifus,

el sistema penitenciario no prestaba ninguna atención a la higiene.

Estas gamelas, que eran para la comida,

luego, las dejabas allí,

donde estaban..., al lado de los wáteres,

las fuentes que estaban allí enfrente, es decir, al fondo.

La galería... y al fondo estaban los wáteres y tal.

Y las gamelas se quedaban allí.

Tú ibas al water...

y como no tenías papel, porque no te lo admitían,

tenías que lavarte con agua que cogías en las gamelas,

¡en las que comías!

que no te la daban, la gamela, para ti...

Esta la cogían y la metían entre todas, luego.

¡Tú fíjate...!, qué condiciones era aquello.

Y yo pesaba 43 kilos,

cuando... pasamos del régimen común al político,

después de la liberación de África del Norte.

Noviembre, 1942.

Los aliados invaden el norte de África.

Los republicanos españoles reciben la noticia con gran esperanza.

Por fin, vuelven a soplar vientos de libertad.

Cuando llegaron los americanos

fue la gran alegría nuestra,

¡enorme alegría!, porque ya eso representaba que estábamos libres.

Creyendo que pronto volveríamos.

Ese día que entraron,

para mí fue como el día de la República, que lo vi nacer.

Una alegría inmensa, de ver las banderitas,

la gente abrazando a los soldados subiéndose en los tanques...

Los americanos llegaron a los campos del transahariano

y se encontraron a esta hueste de harapientos,

tal y como muestran estas fotos, inéditas hasta hoy.

Pero estas imágenes,

poco dicen de lo que fue el infierno del transahariano.

A unos 100 kilómetros de Colom Béchar,

los aliados encontrarían el campo de castigo de Hadjerat M'Guil,

donde eran deportados los esclavos más irreductibles,

según consta en este documento interno

del régimen pro-nazi francés.

Juan Alcaraz es uno de los dos supervivientes vivos

de la barbarie de Hadjerat,

que este programa ha podido localizar.

Juan ya no se fía mucho de su memoria y, hace algunos años,

puso por escrito su paso por el infierno sahariano.

Donde todo se hacía a base de guantazos, patadas

y duros castigos.

Así estuve algo menos de tres meses.

Gracias a mi juventud,

mis intenciones de vivir y volver a mi familia,

pude salir vivo de aquel infierno.

Hadjerat M'Guil no solo fue un solar dantesco,

sino también un campo de vejaciones.

La del caldo salado era la especialidad más leve.

El ayudante jefe, Dauphin,

que llevaba los bolsillos llenos de sal,

echaba, cuando se le antojaba, un puñado de sal,

en la sopa de los... de los presos.

Y el tío, se divertía echando sal en la sopa de los...

para que no pudieran comérsela.

O si se la comían, les entrara una disentería que se murieran.

El suplicio sádico que recibió el español Moreno hasta su muerte,

fue el suceso más bárbaro que se recuerda

del infierno de Hadjerat.

Trajeron al campo a un tal Moreno.

En cuanto llego encadenado, al campo, lo llevaron al pequeño cementerio.

Le acercaron a una fosa.

"¿Ves esa tumba?, es para ti", le dijeron.

Ocho días más tarde, Moreno fue enterrado en ella.

"Morirás como un perro", le decían.

Más justo hubiese sido de un tiro en la cabeza,

pero había que maltratarlo, hacerle sufrir.

Lo sometieron a los más bárbaros e infernales suplicios.

Murió el octavo día, como habían decidido sus verdugos.

Hubo otros casos de muertos a palos o de enfermedad,

abandonados en las celdas de castigo, que morían ya sin fuerzas.

Como es un tal Pozas, Álvarez, Jarava y otros más.

Moreno, Pozas, Álvarez...

Estos son los nombres de los españoles

que yacen en las tumbas anónimas encontradas por este programa

a pocos kilómetros del campo disciplinario,

en la más completa soledad sahariana.

Meses más tarde, los verdugos de Hadjerat,

comparecieron ante un tribunal para responder de sus crímenes.

El máximo responsable del campo fue el teniente Santucci,

quien reconoció haber pronunciado, a menudo, la siguiente frase:

"Yo soy el amo de la vida y de la muerte".

Mosca, uno de los acusados, denunció como sus superiores se ensañaban,

hasta la muerte, contra algunos de sus prisioneros,

cuatro de los cuales, eran españoles.

Además del, ya conocido, caso de Moreno,

Mosca dio pelos y señales del asesinatos de los republicanos

Álvarez y Pozas.

El juicio contra los verdugos del "valle de la muerte"

acabó con cuatro penas de muerte.

Los mártires de la barbarie de Hadjerat M'Guil,

quedaron enterrados, bajo una tumba anónima,

en medio de la nada.

Pero su espíritu de lucha contra el fascismo,

permanecía vivo en el interior de todos aquellos

que sobrevivieron al cautiverio en la arena.

Ni tres años de guerra civil, ni una dolorosa derrota,

ni un exilio humillante,

consiguieron vencer a aquellos hombres.

Y, desde los confines del desierto,

muchos de aquellos antiguos cautivos en la arena

se disponían a batirse, de nuevo, por la causa de la libertad.

Esta foto corresponde

a la 9 Compañía de la 2 División Blindada,

dirigida por el general Leclerc, un militar fiel a De Gaulle.

Luis Rollo es uno de los últimos supervivientes

de esta compañía, formada, casi enteramente,

por voluntarios españoles en el exilio,

y era conocida, familiarmente, como "La Nueve".

La gran mayoría de españoles alistados en "La Nueve",

procedía del exilio argelino y, concretamente,

de los campos de concentración del desierto.

Entre ellos, el sargento jefe, Ignacio Moreno,

quien trabajó como esclavo para el régimen filonazi francés,

en las minas de Que Natcha, en un ramal del transahariano.

Pero la figura más conocida de "La Nueve",

es la del teniente Amado Granell.

Moreno y Granell llegaron a Argelia a bordo del "Stanbrook",

aquella gigantesca patera, que partió de Alicante,

a menos de 100 horas del término de la Guerra Civil.

¿Qué motivo a aquellos hombres maltrechos

por el horror del transahariano, a alistarse en las filas aliadas,

e intervenir en una guerra que, en principio, ya no era la suya?

Pues, era un poco, las ganas

de enfrentarnos con los alemanes

sin persona interpuesta.

Ya no con los franquistas y los italianos, ni los moros delante

sino los alemanes,

con los que teníamos...

como principales responsables de la victoria de Franco.

-Yo quería desquitarme.

Yo siempre lo he dicho.

Yo dije: "A mi me ha ganado, al hierro que tenían los franquistas"

En junio de 1944, tras el desembarco aliado en Normandía,

la división de Leclerc inicia su campaña en Francia.

Los republicanos de "La Nueve" se iban a batir,

por primera vez, en Europa, con las fuerzas nazis.

Durante los años anteriores, los hombres de Leclerc

se habían curtido en una victoriosa campaña

en el desierto norteafricano.

En el cementerio Decouché, al oeste de Paris,

una bandera francesa marca, solemnemente,

las sepulturas de varios soldados de "La Nueve";

los primeros que dieron su vida por expulsar a los nazis de Francia.

Eran muy buenos combatientes porque tenían mucha experiencia de guerra.

Eran mayores que la mayoría de los franceses.

Los jóvenes franceses

que se engancharon en la Francia libre,

en el ejército de De Gaulle, digamos,

y tenían experiencia,

compartían esa experiencia con los jóvenes soldados franceses,

pero eran muy buenos combatientes.

Este maltrecho tanque, situado en el centro de Decouché,

simboliza el recuerdo eterno, el honor y la valentía

de aquellos españoles que derramaron su sangre para liberar Francia;

aquel país que tan mal les había acogido, cinco años antes.

Decouché fue la primera gran batalla de la División Leclerc,

o sea, de la parte de la División Leclerc

donde estaban los españoles,

y fue..., pues... primero tomaron el pueblo,

y luego tuvieron que defender al pueblo

contra los contraataques alemanes durante cinco o seis días.

Yo he visto a los alemanes "caga'os" de miedo y estaban en los tanques...

Yo creo que lo hicimos bien,

porque cuando tú veías que los alemanes venían allí

y les "caput, caput, caga'os de miedo"

y decías: "¿y esto lo hemos hecho nosotros?"

Yo nunca me he "caga'o" por, por...

por el terreno con...

con la retirada y todo.

Durante el verano de 1944,

"La Nueve" realiza diversas incursiones en Francia.

Sus hombres son recibidos como héroes

en todas las poblaciones que libera.

Estas imágenes ilustran al milímetro el relato del teniente Granell.

"El vino corría a raudales,

y las muchachas estaban locas por contentarnos".

Bebían un poco, ¿eh?

Ten en cuenta que yo tenía 35 ó 36, 40 años y bebían,

bebían más que yo, que yo bebía agua.

Y esta gente...,

pues cogían y se...

se pimplaban un poco e iban.

Pero iban a buscar...

a los alemanes, ¿eh?

En donde fuera.

Y a los que encontraban, los traían.

Hicimos una cantidad de presos que metía miedo.

A finales de agosto,

el general De Gaulle ordena al general Leclerc

que haga avanzar a sus hombres hacia Paris, sin más tardanza.

Cuando termine usted este jaleo que hay por aquí,

(en francés),

es decir, "rápido hacia Paris",

"no se pare usted por caminos, nada, que no lo detenga nada",

"usted, (en francés)",

tire usted a tope hacia Paris".

Llegó Leclerc y dice: "Ahora vamos a Paris".

Lo dijo bien claro, ¿eh?

Estábamos locos, de contentos.

El 24 de agosto, el teniente Amado Granell,

natural de Burriana, el pasajero 2073 en el "Stanbrook",

se pone en marcha hacia Paris,

al mando de una escuadrilla de vehículos semiblindados,

todos bautizados con nombres de batallas de la guerra de España.

Al anochecer, Granell y sus hombres avanzan por las calles de Paris,

en dirección al Ayuntamiento de la capital.

No encuentran resistencia,

pero tampoco a ningún parisino en la calle.

La ciudad vive horas tensas que presagian lo peor.

En esta plaza, Granell descendió de su blindado

y anunció a los parisinos que se habían refugiado

en el edificio del Ayuntamiento,

que eran una avanzadilla de la División Leclerc.

Paris acababa de ser liberada

por un puñado de españoles idealistas,

que seguían creyendo firmemente en la libertad de los pueblos.

Así recuerda Granell aquellos momentos.

"La plaza se había llenado de gente,

se cantaba, se daban vivas estentóreas,

se bailaba, nos besaban, lloraban de alegría,

era la libertad.

Jamás me he sentido tan emocionado"

Se entonó una Marsellessa.

Yo quise cantarla pero no pude, se me puso un nudo en la garganta.

No quería pestañear,

para que las lágrimas que se me agolpaban en los ojos,

no se me derramaran sobre las mejillas.

¡París liberado!

¡Qué alegría!

Y yo, sin poderlo evitar, pensaba en Madrid y en España.

Al día siguiente,

De Gaulle presidió en Paris el desfile de la liberación.

A pocos metros, detrás del general,

están Moreno y otros hombres de "La Nueve".

El "Teruel" de "La Nueve" seguía con el estandarte

que había ostentado durante toda la campaña.

La bandera de la República española.

En el "Teruel" es donde se ve más bien, en la foto,

que está detrás, en un palo,

a lo mejor en el palo de una escoba.

Hay escobas que son heroicas, a veces..., históricas, vamos.

Después de liberar Paris y apresar a los altos mandos alemanes,

"La Nueve" penetró en Alsacia y en Lorena.

Posteriormente,

la compañía de los españoles llegó hasta el mítico "Nido del Águila",

el refugio secreto de Hitler en los Alpes;

un objetivo altamente simbólico.

El sargento mayor de "La Nueve", Federico Moreno,

uno de los miles de náufragos del "Stanbrook",

y excautivo en la arena, dirigió el pelotón de asedio.

En contra de lo que se esperaba, Hitler no estaba en el bunker.

Días después, los soviéticos entran en Berlín.

El nazismo ha sido derrotado.

Es la hora de volver a casa para los hombres de "La Nueve",

pero el sargento Moreno,

no se conforma con los objetivos conseguidos,

y se suma al sentir general

de aquellos españoles que lucharon contra los nazis,

fuera de su patria.

Ellos siguen fieles a su ideal.

Continúan pensando en Madrid, en España.

Los soldados no dejan de pensar en la liberación del pueblo español.

Vivíamos, aquellos momentos,

con una esperanza loca,

con la esperanza de lo que había sido prometido.

Ya, cuando estuviera liberada Europa,

nosotros volveríamos a España.

En vez de quedarse, como se quedaron,

en Francia, que la liberaron,

pensando siempre que la podían... haber liberado a un país fascista,

como era España.

Decíamos:

"Un poco más...

bajan a la frontera de los Pirineos,

y... este señor se va".

Pero Franco, el antiguo colaborador de Hitler y Mussolini,

pasaría a convertirse, a finales de los 40,

en una pieza útil para los aliados.

La Guerra Fría estaba en ciernes

y el amigo americano corteja al dictador.

Franco siguió en el poder

porque, sencillamente, no le interesó

a las potencias aliadas que hubiese otro régimen.

Porque Franco...

lo que comentaba ya,

era un oasis de paz...,

entre comillas.

La Europa democrática tardo menos que nada,

en olvidar el sacrificio de aquellos idealistas españoles.

Porque hay que partir del principio moral.

Ellos prometieron,

se supieron aprovechar de nuestros sacrificio,

nos hicieron muchas promesas...

promesas que todas fueron traicionadas.

Después de la guerra había que reconstruir Europa,

y no se podía abrir otro frente,

incluso si en ese frente

había habido colaboradores de los nazis

y de los fascistas italianos.

El concepto de libertad era universal en aquellos momentos,

se prometía la libertad para todos los pueblos,

y a nosotros, que habíamos sido el primer pueblo sacrificado,

se nos aceptó, cuando había que hacer el sacrificio.

Cuando había que eso...

aunque fuesen los "maquis", en el maqui francés,

como que fuese en las compañías y en la legión francesa,

y en todos los estamentos militares y en la resistencia en Francia,

había españoles por todos los lados.

Claro, hubo las promesas,

pero se quedaron en promesas.

Yo creo que fueron como Don Quijotes, estos españoles.

En luchar por la libertad y al final,

dejados de lado.

Porque se impusieron, digamos, los intereses nacionales...

de las democracias.

Y esto, la verdad, que es tremendo para estas personas,

que lucharon,

contra el fascismo y por la democracia.

Precisamente, Don Quijote, era el nombre del tanque

del sargento Moreno.

Él tenía... tenían todos, durante varios años,

un sentimiento de derrotados,

de acabados, de...

y el sentido... pues que era un hombre,

el que se había convertido en una...

que la guerra de España iba a ser ganada inmediatamente,

que Franco, empujado por los aliados, por las fuerzas aliadas,

iba a dejar el poder,

y que iban a regresar a su país, a su tierra,

que no habían visto y que la añoraban, tremendamente,

y eso..., esa ilusión, pues duró...

duró bastante tiempo.

Duró un par de años.

Poquito a poquito, se dio cuenta de que España... estaba perdida.

Que Franco no se iba... y que no se iría.

Y bueno, pues... adaptarse a meterse a...

encontrar un medio de vivir en Francia,

y... a esperar.

A esperar y a...

Y hacer una cruz sobre... sus recuerdos, sobre España,

sobre la añoranza que tenía,

había que rehacer su vida.

A pesar de todo, no se perdieron las esperanzas.

Los excautivos en la arena,

como todos los españoles antifranquistas,

seguían creyendo que otro país era posible.

Ignacio López Maroto,

el chaval que se fue voluntario a combatir el fascismo,

a sus 16 años, para pasar después por los infiernos

del transahariano y de la cárcel argelina,

entró, clandestinamente, en España

para reconstruir el partido comunista.

Fue detenido en 1948.

A mí me detuvieron, ahí en donde "La Casa de las maletas"

aquí en San Bernardo.

Levante los brazos, baje los brazos...

y yo así, "po, po",

digo: "póngase de acuerdo, a ver".

Total, allí me montaron... "bruuu"

A Gobernación.

En Gobernación, allí, pues...

los careos, las palizas, en fin... y cosas de estas, así.

Hasta que ya, me hacen el juicio.

Y me condenan a 28 años de cárcel.

Maroto estuvo 12 años preso.

Al salir en libertad, tenía 40.

Y en su currículum, solo había una línea.

Luchador antifascista.

¿Se arrepiente de algo?

En principio, por eso no.

A ver si se entiende,

por eso no crea que... ni me arrepiento ni nada,

al contrario, estoy muy contento de lo que he hecho.

Y lo que siento es que no... no pude hacer más.

¿La democracia española

está en deuda con los "cautivos en la arena"?

Hombre, yo considero...

yo considero...,que sí,

que están en deuda,

pero no están considerados de una forma personal;

sino, precisamente, están en deuda con una generación

que participó,

denodadamente,

y... sin interés ninguno,

sin interés personal ninguno,

precisamente participó en ese combate por la democracia.

Me siento víctima de una... de muchas cosas.

De una guerra... injusta,

de un genocidio, porque lo nuestro ha sido un genocidio,

lo que han hecho,

tanto dentro como fuera;

porque claro, lo de fuera no se cuenta,

o no se quiere contar.

Pero fuera han muerto muchísimos españoles.

Yo creo que ha habido, a mi manera de ver,

una política de silencio, es decir, bueno, vamos a no tocarlo,

que no haya más sangre, que no haya más...

De acuerdo, yo no quiero más sangre,

pero lo que quiero es que se reconozca lo que hemos hecho,

que se reconozca que hay gente que, si hemos sufrido,

ha sido por culpa de otras gentes, que nosotros no lo hemos provocado.

Se ha creado un ambiente de condescendencia

de...no de reconocimiento.

Para mí, no hay reconocimiento.

Se nos acepta,

se nos perdona,

se nos recibe...

y... democracia y todo bien.

Pero yo no estoy de acuerdo.

Yo no lo veo.

Lo peor que puede hacer una colectividad

es olvidar la historia;

porque la historia es la escuela más grande que se tiene.

El que se olvida de la historia, se olvida de sus raíces.

Y sufre las consecuencias posteriormente.

El "Stanbrook", el buque de la salvación,

para miles de españoles que arribaron a Argelia,

fue hundido por los nazis durante la guerra.

El proyecto de ferrocarril transahariano,

que tanta sangre se cobró,

fue abandonado, al poco de terminar la contienda.

Estos raíles, fríos y derrotados, son el único testimonio que pervive

de la tragedia de los "cautivos en la arena".

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

Otros documentales - Cautivos en la arena

01:29:58 03 abr 2019

Últimos días de la Guerra Civil. El 29 de marzo de 1939, el carguero británico Stanbrook parte del puerto de Alicante con 2.600 republicanos a bordo. Hacinados, viajan rumbo al puerto de Orán, en Argelia. Los hombres fueron llevados a campos de concentración y las mujeres y niños a una antigua cárcel. Fueron mirados como enemigos y muchos de ellos obligados a construir un ferrocarril, como esclavos, durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Se incluyen testimonios de algunos supervivientes.

Histórico de emisiones:
30/03/2012

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