'Mujeres viajeras' reconstruye las aventuras extraordinarias llevadas a cabo por mujeres durante el siglo XIX y principios del siglo XX, a través de sus diarios escritos. Historias de mujeres valientes que supieron desafiar a la propia época enfrentándose a empresas propiamente masculinas: escaladas solitarias al Tíbet para llegar a la cima del mundo, viajes por África en canoa, cruzando de incógnito tierras prohibidas.


Las vivencias de las protagonistas están narradas en primera persona, una voz en off sobre una animación muy particular, inspirada en el teatro de sombras. Como complemento, una serie de expertas aporta las claves históricas, económicas y políticas para entender la repercusión real de la aventura dentro del contexto social de la época.

Cada episodio cuenta la vida de una de estas pioneras y el viaje realizado, utilizando un tipo muy original de grafismo entremezclado con imágenes de archivo.

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Para todos los públicos Mujeres viajeras - Mary Kingsley, "La Reina de África" - ver ahora
Transcripción completa

Recuerdo el viento

que hacía volar mi larga falda negra,

y recuerdo el cansancio y el esfuerzo terrible

para escalar la cumbre del Monte Camerún.

La roca se desmoronaba bajo mis pies

y a cada paso me arriesgaba a precipitarme al vacío,

pero resistí y llegué hasta la cima.

Ante mí se extendía el continente africano

y el mar del Golfo de Guinea.

Hacía un año y medio que me había marchado de Liverpool

vestida de luto después de la muerte de mis padres.

En aquel momento, en la cima del "Trono del Trueno",

me sentí la Reina de África.

Me llamo Mary Henrietta Kingsley,

nací el 13 de octubre de 1862 en Islington,

al norte de Londres.

Me educaron según las costumbres victorianas,

así que no pude ir a la escuela.

Fue mi madre quien me enseñó a leer y a escribir.

Sin embargo, tenía permiso

para estudiar en la gran biblioteca de mi padre,

que era el médico personal de un lord inglés

y viajaba en su séquito, sobre todo por el norte de América.

¡Allí empezó a interesarse

por los usos y costumbres de los nativos Sioux!

Su padre era un trotamundos, un aventurero,

que dejó embarazada a una de sus sirvientas.

Lo que pasa es que tuvo la delicadeza

de casarse con ella cuatro días antes

de que diera luz, a Mary Kingsley, por cierto.

-Mi padre se dio cuenta de que yo era curiosa

y estaba dotada para los estudios,

así que hizo una excepción

y empecé a recibir clases particulares de alemán,

la lengua en la que estaban escritos

la mayor parte de los textos científicos.

No lo sabía entonces,

pero me iba a resultar muy útil en el futuro.

Un día entra al despacho de su padre

y le dice muy seriamente: "Déjame que te ayude.

Déjame que te ayude en tus estudios de antropología,

de botánica, de zoología,

a traducir libros,

que muchos de ellos vienen en alemán."

-Cuando él regresaba de sus viajes,

pasábamos horas y horas juntos en la biblioteca,

y mi obligación

era ordenar sus apuntes siguiendo sus indicaciones.

-En aquella época, a finales de 1800,

las mujeres no iban a la universidad,

así que Mary Kingsley nunca recibió formación académica.

Incluso aunque a su hermano le pagaran la universidad,

sin ser tan inteligente como Mary.

Él sí fue a la universidad, pero ella no.

-De este modo

me apasioné por la medicina y las ciencias naturales

y empecé a escribir mis primeros ensayos.

Recuerdo que mi padre decía siempre:

"que un hombre se entrega a la escritura por miedo,

una mujer para curarse".

Tenía 30 años cuando mi padre murió por unas fiebres reumáticas

que contrajo durante uno de sus viajes.

Mi madre, que estaba enferma desde hacía años,

le siguió y murió seis semanas después.

El dolor atroz del luto

se mezclaba con una especie de sentimiento de liberación.

De repente me encontré sola.

-Así que creció en un hogar muy oscuro,

miserable y triste.

Sus padres fallecieron con una diferencia se semanas,

en 1892,

y Mary Kingsley se haya de repente, a los 30,

con una libertad sorprendente.

-Disfrutaba de una renta anual de 500 libras esterlinas

y era libre de decidir mi futuro,

dado que mi hermano se había marchado a China

y yo no estaba bajo su tutela.

Quería seguir con los estudios científicos y etnográficos

iniciados con mi padre y decidí viajar a África,

donde él nunca estuvo.

Yo iría por los dos y contaría todo lo posible.

-Mary Kingsley adoraba a su padre tanto como sentía rencor hacia él.

Sentía rencor por limitarle la vida en muchos sentidos,

pero creo que también sentía una admiración secreta por él

y quería ser como él.

Diría, que tenía una relación de amor-odio con su padre.

-Los amigos médicos de mi padre

me desaconsejaron hacer un viaje así.

Uno me enseñó un mapa

con la distribución geográfica de las enfermedades

y otro me dijo con sorna:

"Si de verdad quieres marcharte a África,

tienes que organizar tu viaje a la perfección

y cuando estés lista ¡vete a Escocia!

Pero si no eres inteligente y decides marcharte,

toma 4 gramos de quinina al día."

-África Occidental era conocida como la tumba del hombre blanco.

La gente viajaba allí habiendo enfermedades terribles

como el tifus, el cólera, la malaria...

Era muy normal que los viajeros fueran y nunca regresaran.

-El único que creyó en mí fue el doctor Albert Gunther,

zoólogo del Mueso Británico.

Les propone...

recolectar especies, peces, escarabajos, insectos,

en una zona que solo es recorrida en aquella época

por comerciantes de esclavos,

o por hombres de negocios.

-Me llenó de contenedores y formol en los que debía conservar

las muestras de animales que encontrase en África

y que tendría que entregarle a mi regreso a Londres.

Y uno piensa, cómo podía moverse esta mujer con esos frascos,

esas cajas llenas de frascos, llenas de peces, de escarabajos,

de arañas que va recolectando.

Cómo los trasportaba, cómo se movía con ellos.

-Me embarqué en Liverpool directa al continente Africano

el 23 de diciembre de 1894.

-Quería descubrir otras cosas,

lugares nuevos, nueva gente,

pero por encima de todo quería descubrirse a sí misma.

No obstante, pienso que ella quería renacer.

-En la aduana africana me pararon inmediatamente.

Un oficial me señaló que no podía entrar en África,

porque era una mujer no acompañada.

Lo miré y le respondí

que en el manual de viaje de la Royal Geographical Society

no se mencionaba el hecho de que para entrar en África

fuese necesario un marido.

El oficial selló mi pasaporte

diciéndome que no iba a tener protección alguna.

¡Mucho mejor!

-La primera dificultad que las mujeres tenían al viajar

era el marcharse.

La partida era el momento más difícil.

Pero una vez se había marchado,

no creo que fuera mucho más difícil que en Gran Bretaña.

Para una mujer del siglo XIX ir a África Occidental,

en términos de conseguir agua y luz,

era menos traumático

de lo que sería para mí en la actualidad.

-En Freetown

enseguida me puse en contacto con los Traders,

los comerciantes europeos que ya conocían la zona

y las poblaciones más remotas que quería visitar

para mis estudios etnográficos.

Me ayudaron a montar un equipo de expedición

formado por unos cuantos hombres.

El jefe del grupo hablaba un poco de inglés

y los dialectos principales de las tribus,

de modo que podía ser un buen intérprete.

Además de él llevaba tres porteadores.

Pactamos una cifra por sus servicios

y emprendimos viaje.

Cuando no puede seguir en barco de vapor

ella se va a subir a las piraguas

con las tribus de allí.

-Enseguida me di cuenta

de que si quería recorrer el río Ogooué

para recoger muestras de peces, tenía que aprender a remar.

Le pedí a mi jefe de expedición que me enseñara.

No fue fácil, sobre todo porque yo siempre

llevaba puesto mi vestido victoriano negro

y un sombrero de piel.

-En el caso de Mary Kingsley

su reafirmación pasaba por el hecho de medirse con el entorno,

con las fuerzas de la naturaleza,

y es por eso que remonta ese río.

-Fue mucho más complicado de lo que parecía.

Una infinidad de veces la canoa volcó

y terminé en el agua.

Si las sanguijuelas no me devoraron

fue gracias a mi pesado vestido de cuello alto

y a las espesas y largas medias de lana

que nunca me quité.

Mi vestuario también fue una gran barrera

contra la malaria,

porque mantenía alejados a los insectos.

-Las mujeres viajeras se preocupaban realmente de vestir

exactamente igual en África o en Asia

a como lo hacían en Londres, París o Madrid.

Mary Kingsley decía, que el motivo

por el que no se le clavaban esos enormes pinchos

era que su gruesa falda le protegía.

-En el río Ogooué descubrí todo tipo de animales.

Una vez un hipopótamo salió del agua de repente

bloqueándome el camino y abriendo la boca de par en par.

Alargué lentamente mi paraguas negro

y con la punta empecé a rascarle detrás de las orejas.

Parece que le gustó y seguimos cada uno nuestro camino.

Todas las tribus de la zona,

sobre todo los Fang que eran antropófagos,

se hacen eco de aquella aventura.

Hablan de una mujer vestida de negro

y en piragua por el río Ogooué,

y se van corriendo familias enteras a las orillas

a ver este espectáculo

como si hubiera ido el Circo Price a verlos.

-En otra ocasión,

uno de los muchos cocodrilos que infestaban el rio,

intentó subirse a mi canoa.

Afortunadamente no era muy grande

y conseguí alejarlo empujándole con un remo.

El cocodrilo es un animal poco grato hasta para comérselo.

Incluso con especias

es imposible disfrazar su horrible sabor a fango.

Lo que ha hecho ha sido contagiar a una plétora de viajeras

de ese optimismo vital

y de ese disfrutar del momento,

de ese adaptarse a las circunstancias con humor.

-Un día, mientras estaba sola a la caza de insectos,

vi un grupo de indígenas con el cuerpo pintado

y la cabeza adornada con huesos, ramas y hojas.

Creyendo que estaban haciendo un ritual de magia

me escondí detrás de un árbol.

Cuando me descubrieron, me capturaron

y me llevaron bajo una gran planta llena de monos.

Temí que quisieran matarme.

Intenté ofrecerles tabaco y chicles para amansarlos,

como me habían enseñado los Traders,

pero los nativos querían otra cosa.

Eran cazadores

y viéndome vestida de aquella manera tan extraña

decidieron usarme como cebo

para llamar la atención de los monos.

-Recopilaba historias sobre las costumbres,

los hábitos, las leyendas,

la manera en que vestían

y la forma de actuar de la gente con la que viajaba.

-En otra ocasión,

me acababa de bajar de la canoa acompañada por mis tres porteadores

para entrar en la selva en busca de las tribus caníbales

que vivían a lo largo del río Ogooué,

cuando de repente una masa oscura de seres humanos

apareció entre las hojas.

Estaban en pie de guerra.

Tenían la cara pintada, lanzas puntiagudas

y robustos escudos de corteza.

Un instante antes de ser atacados, asesinados y devorados,

uno de los miembros de mi expedición

se acercó al jefe y pronunció el nombre "¡Kiva, Kiva!"

Hubo un momento de tensión.

El jefe lo miró con asombro y luego...

luego abrió los brazos hacia él, pero sin abrazarle,

porque este era su modo de demostrar afecto.

Todo cambió en tres segundos.

Esa noche dormí en una cabaña,

pero a las pocas horas me atormentó un olor áspero y picante.

No entendía qué era

y me puse a buscar por todas partes de dónde provenía.

Vi algunas bolsas colgadas.

Cogí una y la abrí.

Dentro había una mano bastante fresca,

tres dedos secos,

cuatro globos oculares con los que hacer amuletos,

dos orejas y otros fragmentos humanos.

No me sorprendió mucho.

Para ellos la carne humana era deliciosa

y hasta me invitaron a probarla.

Se interesa y aprende mucho,

y escribe sobre las costumbres tribales,

sobre los ritos,

sobre los antropófagos en un momento

en el que ningún blanco

se había adentrado en esas zonas, por lo menos,

o no había salido para contarlo.

-Otro día estaba vagando por la jungla

cuando de repente vi formarse en el cielo un enorme tornado.

Los árboles, grandes y gruesos,

eran azotados como si fueran espigas de trigo

y los truenos eran como disparos.

Corrí a cobijarme debajo de un enorme árbol

cerca de las rocas.

No me dio tiempo a recuperar el aliento cuando,

por el rabillo del ojo,

vi muy cerca de mí un leopardo enorme

tumbado en el suelo, inmóvil.

Tenía abiertos sus dos grandes ojos.

Fue una de las emociones más grandes de toda mi vida.

Me volví, lentamente, intentado no hacer ningún ruido.

Sentía su respiración.

Mientras en el cielo se desataba la tormenta

una de las fieras más feroces del mundo

y una joven mujer victoriana, compartían el mismo refugio.

Así es África.

Emocionalmente me parecieron veinte meses,

pero cuando recuperé el juicio y la cordura

el tiempo se redujo a 20 minutos.

Fue un inmenso placer.

-Lo más importante de su viaje,

algo bastante común entre las viajeras,

es la capacidad de adaptación,

de desafiar a la naturaleza

en ese entorno complejo de África.

-En septiembre de 1895

decidí intentar una empresa jamás acometida

por ninguna mujer anteriormente,

el ascenso al Monte Camerún, de 4.095 metros de altura.

Solo Richard Francis Burton, en 1860, lo consiguió.

Yo quería imitarle, pero no seguí su camino.

Encontré en los mapas una ruta alternativa

y yo iba a ser la primera mujer en recorrerla.

Contraté un guía, Sasu, y seis hombres.

-Cocinaban para ella, hacían todo por ella.

Esta gente respaldaba sus viajes.

Era la época del colonialismo británico,

así que ser blanco significaba ser poderoso.

-Nos pusimos en marcha el 22 de septiembre de 1895.

La montaña estaba protegida por la selva.

Escalar entre aquellos árboles era difícil,

porque el terreno era resbaladizo

debido a las lluvias típicas de la estación.

Avanzábamos en fila india.

Yo me apoyaba en mi paraguas

que empezaba a dar signos de deterioro.

Un año y medio en África

empezaba a hacer mella también en él.

Mi equipo de expedición estaba aterrorizado,

porque decían que el Monte Camerún

era la morada de los espíritus malignos.

Estaban seguros, Sasu el primero,

de que después de un par de días me cansaría,

pero no fue así a pesar de los sabotajes.

De repente el agua desaparecía, o yo me encontraba subiendo sola,

porque el resto de los porteadores se habían parado,

los alimentos faltaban con frecuencia.

En definitiva, lo intentaron todo para hacerme desistir.

"¡Son los espíritus!", me decían,

pero normalmente es una mujer victoriana

la que da miedo a los fantasmas y no al contrario.

Es la viajera optimista, ingeniosa,

simpática, inteligente,

que restó importancia

a todo cuanto vivió en el áfrica occidental.

Es una mujer...

sin miedo,

impestuosa,

que hace todo porque le sale de dentro.

-Sasu dejó la expedición

convencido de que llegados a aquel punto yo lo seguiría,

pero no lo hice.

Tres portadores regresaron al valle

y yo proseguí con otros tres hacia la cumbre.

Les pagué con los últimos restos de tabaco

que me quedaban.

¡No quería abandonar la aventura!

Quería ser la primera mujer que escalara el Monte Camerún.

El último día, el desnivel que teníamos que superar era enorme

y el terreno muy escarpado.

La roca volcánica se derrumbó debajo de nosotros

y fue un milagro que no nos precipitáramos al vacío.

Era casi imposible que las cosas fueran a peor,

pero lo hicieron.

A lo lejos se veía llegar un tornado.

Teníamos poco tiempo para alcanzar la cumbre o moriríamos.

Los tres hombres que me acompañaban se pararon,

pero yo, empujada por una misteriosa fuerza interior,

de un golpe alcancé la cima.

Mi sueño se había cumplido.

-En cierta manera

creo que Mary Kingsley se vio obligada a ir a África Occidental

para ser alguien.

No podría haber sido, o hecho lo que hizo,

quedándose en casa.

Se arriesgó, viajó a la tumba del hombre blanco.

Hizo cosas que ninguna otra mujer blanca había hecho.

Fue a lugares donde ninguna otra mujer blanca

había estado.

-Satisfecha con el material que había recogido

y con mis descubrimientos científicos,

decidí que había llegado el momento de volver a Inglaterra.

Era noviembre de 1895

y yo tenía 33 años.

-Se inclinaba a permanecer en un sitio,

a hablar con la gente durante cierto tiempo,

a persistir.

No recorría cientos y cientos de kilómetros en sus viajes

como los anticuados hombres viajeros,

así que fue un viaje muy corto

y sabía que recibiría muchas críticas por ello.

-Cuando llegué a Londres,

llevé las muestras de los animales recogidos

al doctor Gunther del Museo de Historia Natural.

Para ordenar las ideas y escribir mi diario de viaje

recreé en mi casa de Kengsinton

el ambiente africano lo mejor que pude,

talismanes, plantas, amuletos, fotografías,

esculturas de los nativos,

todo aquello que podía recordarme a África

e inspirarme en la escritura.

-Le desesperaba que no le tomaran en serio.

Una de las frases más habituales que empleaba Mary Kingsley

en su correspondencia era:

"Quiero que me tomen en serio."

-Mi diario de viaje fue un gran éxito editorial.

Hasta tal punto que se organizó una lectura

en la Liverpool Geographical Society.

La sociedad científica a la que mi padre nunca perteneció

me abría los brazos.

-Ella no daba las conferencias.

Eso era porque en aquella época

no se aprobaba que las mujeres dieran conferencias.

A mi entender, creo que quería ser lo más correcta posible

en Gran Bretaña.

-Pero yo era una mujer y la Geographical Society

no permitía que las mujeres leyeran en público.

Sentada en medio de los científicos y exploradores

escuché con atención a sir James Irvine

mientras leía mi trabajo.

-Amplió los límites de lo que se consideraba

el comportamiento correcto para las mujeres de aquella época.

Incluso aunque a ella le horrorizara decirlo,

ya que no quería que la vieran como una feminista,

como una sufragista.

Una vez más hizo campaña en contra de que las mujeres

fueran miembros de la Royal Geographical Society.

En 1892 hubo un gran debate

sobre a qué mujeres se deberían aceptar como miembros.

Creo que la aterrorizaba

ser una marginada en la sociedad británica.

-Algunos meses tras mi regreso murió también mi hermano,

que había vuelto a la patria ya enfermo.

Lo acompañé en su lecho de muerte

hasta el último instante sosteniéndole la mano.

Ahora estaba completamente sola.

Nada más me retenía en Inglaterra.

La nostalgia de África se hacía cada vez más poderosa

y decidí volver a marcharme.

Estaba preparando mi tercer viaje

cuando empezaron a llegar noticias cada vez más dramáticas

de Sudáfrica,

donde los ingleses combatían contra los Bóeres.

Quería ayudar en los hospitales de campo

curando a mis compatriotas heridos.

Mi padre era médico y yo había aprendido mucho de él.

Volví al continente africano como enfermera.

-Lo que pretendía hacer era usar esto como excusa

para llegar a su bien amado continente.

Estaba desesperada por volver allí.

Quería coger un barco hacia África Occidental

después de ejercer un tiempo de enfermera.

-Era el 11 de marzo de 1900.

Las guerras con frecuencia traen consigo epidemias.

Aunque me lavé escrupulosamente las manos

y seguí toda la profilaxis,

enfermé de tifus y morí en pocos días.

Tenía 38 años.

Mi cuerpo fue incinerado

y las cenizas esparcidas en el océano,

respetando mi última voluntad.

"Algunas especies de peces llevan mi nombre,

y me recuerdan por los libros

y por una temeraria empresa en el Monte Camerún,

pero de lo que me siento más orgullosa

es de haber aprendido a remar en canoa

Mujeres viajeras - Mary Kingsley, "La Reina de África"

23:03 17 mar 2018

Escritora y etnóloga inglesa, Mary Kingsley se fue sola a África en 1893, con 31 años. Volvió varias veces a África donde se centró en el estudio de las poblaciones indígenas. Recorrió en canoa el río Ogowe para acercarse a las poblaciones caníbales del África negra. Fue la primera mujer en subir al monte Camerún siguiendo una ruta jamás antes recorrida por otros europeos.

Contenido disponible hasta el 13 de diciembre de 2025.

Histórico de emisiones:
13/02/2016

Escritora y etnóloga inglesa, Mary Kingsley se fue sola a África en 1893, con 31 años. Volvió varias veces a África donde se centró en el estudio de las poblaciones indígenas. Recorrió en canoa el río Ogowe para acercarse a las poblaciones caníbales del África negra. Fue la primera mujer en subir al monte Camerún siguiendo una ruta jamás antes recorrida por otros europeos.

Contenido disponible hasta el 13 de diciembre de 2025.

Histórico de emisiones:
13/02/2016

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  1. Isabel

    Muy interesantes los documentales sobre biografías de grandes mujeres. Ya es hora que se haga justícia a las mujeres que sólo se habla de las azañas de los hombres. Me han gustado todos. A ver si hacéis mas.

    27 mar 2018

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