'Mujeres viajeras' reconstruye las aventuras extraordinarias llevadas a cabo por mujeres durante el siglo XIX y principios del siglo XX, a través de sus diarios escritos. Historias de mujeres valientes que supieron desafiar a la propia época enfrentándose a empresas propiamente masculinas: escaladas solitarias al Tíbet para llegar a la cima del mundo, viajes por África en canoa, cruzando de incógnito tierras prohibidas.


Las vivencias de las protagonistas están narradas en primera persona, una voz en off sobre una animación muy particular, inspirada en el teatro de sombras. Como complemento, una serie de expertas aporta las claves históricas, económicas y políticas para entender la repercusión real de la aventura dentro del contexto social de la época.

Cada episodio cuenta la vida de una de estas pioneras y el viaje realizado, utilizando un tipo muy original de grafismo entremezclado con imágenes de archivo.

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Para todos los públicos Mujeres viajeras - Isabella Bird (La muchacha del oeste) - ver ahora
Transcripción completa

Recorrí a caballo más de 1.200 kilómetros

por las Montañas Rocosas del salvaje Oeste.

Me topé con tormentas de nieve, dormí a la intemperie

bajo las estrellas durante noches y noches,

me hice amiga de los buscadores de oro

y de los pioneros del Oeste,

aprendí a defenderme de los osos Grizzly

y de las serpientes cascabel,

tuve que trabajar como vaquera en un rancho

y he vivido y admirado la naturaleza salvaje,

llevando un ligero vestido hawaiano que yo misma había diseñado

y que era perfecto para cabalgar.

Escalé el Long's Peak, una de las cimas más altas

de las Montañas Rocosas junto a Mountain Jim,

un bandido que me robó el corazón.

¿Quién habría podido reconocer en mí

a la joven muchacha paralizada por problemas de espalda

desde que tenía 18 años?

Nací el 15 de octubre de 1831 en Inglaterra,

en el condado de Yorkshire.

Puedo decir que conozco cada rincón de las colinas de mi tierra

porque las recorrí todas a caballo con mi padre.

Desde niña sufría crisis nerviosas

y estar al aire libre me ayudaba a sentirme mejor.

Mientras cabalgábamos, mi padre, que era pastor anglicano,

me hablaba de la Biblia y me enseñaba a amar la naturaleza.

Como lectora empedernida de libros de viajes y aventuras que era,

mientras atravesaba los tranquilos senderos

de la campiña inglesa a caballo, me imaginaba que estaba

en otra parte del mundo, sobre todo en el salvaje Oeste.

Las Montañas Rocosas eran mi sueño,

las había visto retratadas en algunos dibujos

que literalmente habían iluminado mi fantasía infantil.

A pesar de mi corta edad, de repente enfermé.

Tenía fortísimos dolores de espalda,

pero en el hospital no sabían qué diagnosticarme.

Es muy joven, empieza a tener doloresde espalda.

Varios médicos que vienen a verla le dicen que lo mejor es el reposo.

Según los médicos que me visitaron,

en el mejor de los casos, estaba condenada a pasar

mi vida en una silla de ruedas.

No me lo podía creer y desde ese momento

empecé a pensar que cada día que podía vivir

como una persona normal, era un regalo.

La hija perfecta de un vicario

que padece enfermedades desconocidas

y a la que apenas le permiten levantarse de su sofá,

en el que solía pasar mucho tiempo tumbada.

Tenía 42 años cuando me quedé sin padres,

corría el año 1872 y sorprendentemente yo seguía viva

y caminaba con mis propias piernas.

Los médicos se habían equivocado o quizá mi voluntad

había sido más fuerte que una enfermedad misteriosa.

Ahora solo sabía que no tenía ningunas ganas

de enterrarme en vida junto a mi hermana Henrietta,

que había decidido irse a la Isla de Mull,

en la costa occidental de Escocia.

Nos peleamos "a muerte", pero yo hice caso omiso a sus palabras.

Tenía que vivir, viajar y realizar mis sueños.

Tiene 42 años, ha pasado 10 años muy malos,

postrada prácticamente en la cama,

ha intentado viajar, pero no ha podido

por los dolores de espalda y es precisamente Henrietta

la que le anima a tomarse unos calmantes y a embarcarse.

Me marché el 1 de enero de 1873 con el dinero de mi herencia,

y desembarqué 26 días después en Honolulú,

la capital de las "islas del verano sin fin".

Si algo marca realmente un antes y un después

en la vida de Isabella Bird es su desembarco en Honolulú,

en lasactuales Hawái, en las islas Sándwich de antes.

Los habitantes me llamaron la atención

por sus maravillosos vestidos llenos de color,

completamente diferentes a los que se llevaban en Inglaterra.

Estos vestidos me parecieron comodísimos,

sobre todo para cabalgar como los hombres sin escandalizar.

Así que pedí que me hicieran algunos modelos

siguiendo un diseño mío: una larga casaca abotonada

por encima de una falda que llegaba hasta los pies.

Por debajo había diseñado un par de pantalones

modelo turco, recogidos en los tobillos.

Estaba feliz con mi creación, todos me admiraban.

Se consideraba incorrecto que las mujeres montaran a caballo.

Así que hubo un gran escándalo cuando se supo que Isabella Bird

había montado a horcajadas con su femenino atuendo hawaiano.

Las mujeres viajeras buscaban el confort y la libertad

con su manera de vestir en el extranjero,

cosa que no podían hacer en su tierra natal.

En Hawái conocí a la reina Emma Kaleleonalani,

hice amistad con los indígenas locales siempre vestidos

con estampados de flores y subí al volcán Mauna Loa,

pero todo esto no me parecía suficiente,

quería ver las Montañas Rocosas.

Su cuerpo se fortalece, la columna se fortalece,

empieza a no tener dolores por primera vez en mucho tiempo,

la musculatura, todo su cuerpo, resiste grandes jornadas a caballo

y sobretodo se fortalece mentalmente.

En septiembre de 1873 llegué a Truckee, una ciudad

de Sierra Nevada a más de 200 millas de San Francisco.

Todos me miraban con extrañeza porque llevaba puesto

mi colorido traje hawaiano.

No me importó, la comodidad de mis vestidos compensaba

todas las miradas del Oeste.

Poco después de llegar me hice con un caballo

de un verdadero vaquero del lugar.

El hombre tenía hombros anchos, llevaba un sombrero

de ala grande, botas, masticaba tabaco y lo escupía.

Se quedó asombrado cuando le demostré

que sabía cabalgar como un hombre y,

sin perder más tiempo, me marché hacia el lago Tahoe.

Se trataba de una sencilla sociedad fronteriza

e Isabella Bird quería formar parte de ella.

Las Montañas Rocosas también suponían grandes retos físicos

para alguien que había estado inválida por estar enferma.

Durante el viaje tuve que pararme para acortar el estribo

de la silla de montar. Detrás de mí sentí un crujido...,

y un momento después apareció un enorme oso Grizzly.

El caballo se desbocó y huyó al galope

mientras yo me tiré al suelo, haciéndome la muerta.

Funcionó. El grizzly me olfateó,

pero no me debió encontrar muy interesante,

porque poco después corrió en sentido contrario

al que había escapado el caballo.

Yo estaba tan aterrorizada que no conseguía moverme.

Esquivé el peligro, pero ¿cómo podía regresar?

Afortunadamente, mientras recobraba el sentido,

me encontraron un par de cazadores que habían recuperado mi caballo.

Volví a Truckee con ellos.

Desde allí hice etapa en Cheyenne, una clásica ciudad fronteriza:

barracas en lugar de casas, muchos salones del Oeste

y bandidos ajusticiados que todavía colgaban de la soga.

Un lugar infernal, parada obligatoria antes de Foot Hills,

al pie de las Montañas Rocosas.

Ha terminado la guerra civil, en 1862,

y ha arrojado todoun regimiento de buscavidas

a esa zona inexplorada,

bueno inexplorada..., salvaje,

donde impera la ley del revólver.

Es un escenario peligroso,

salvaje, inhabitado,

donde hay muy poca densidad de población.

Me alojé en la granja de la familia Chalmers.

Me prometieron guiarme hasta Estes Park,

el parque natural más bello de Colorado,

el lugar al que siempre había querido ir.

Me dijeron que lo conocían como la palma de la mano.

Mientras esperaba para partir hacia mi anhelado destino,

les ayudaba en las labores domésticas:

lavaba la ropa en un pozo, cocinaba, remendaba

y limpiaba aquel horrible cuchitril que llamaban casa.

La zona estaba infestada de serpientes cascabel.

Una noche encontré una que había conseguido meterse

en mi habitación.

Estaba cerca de mi camastro y acercándose a mí

sacudía el crótalo produciendo un ruido espantoso.

A mí me aterrorizaban los reptiles,

y no sé cómo conseguí superar el miedo.

Cogí mi cuchillo y le arranqué la cabeza de un tajo.

Fue el primer encuentro con serpientes de una larga serie.

Te podía morder una serpiente, te podían atacar los malhechores,

el ambiente era bastante inhóspito

así que se podía sufrir fácilmente en el frío glacial.

Y todo eso sin ninguna de las comodidades modernas.

Cuando por fin nos pusimos en marcha,

me di cuenta enseguida de que el señor Chalmers

no tenía ni idea de adónde nos dirigíamos.

Cabalgamos con tres animales maltrechos y mientras recorríamos

un sendero empinado junto al precipicio de una garganta,

nos caímos por un despeñadero.

Los caballos, demasiado viejos, rodaron uno por encima del otro.

Estuvimos a punto de morir

y nos quedamos sin agua y sin alimentos.

Todo se perdió en el cañón.

Llenos de contusiones y heridas, con los caballos que a duras penas

conseguían mantenerse en pie, tomé el mando de la situación

y los llevé a todos de regreso a casa.

Yo, una simple mujer extranjera nacida y crecida en Yorkshire.

Las Montañas Rocosas por un lado

despiertan en ella esas imágenes de aire puro,

vivificante, tonificante, frío,

ella es una amante de la naturaleza

y por el otro lado, ese territorio de Nevada

es el reverso luminoso, por decirlo así,

el reverso luminoso de la Inglaterra victoriana.

Dejé la casa de los Chalmers y llegué sola a Estes Park

donde encontré hospitalidad en un rancho de verdad,

gobernado por dos familias: los Edwards y los Evans.

Era estupendo. Dormía en una cabaña de troncos de madera,

bebía la leche recién ordeñada todos los días

y además de los caballos

había muchísimas cabezas de ganado pastando.

Al fondo, las cimas nevadas de las Montañas Rocosas

se recortaban en el cielo.

Como sabía cabalgar bien, los Evans me pidieron ayuda

para reunir a los animales.

A lomos de una bellísima yegua, a la que llamé Birdie,

¡les ayudé arecuperar más de dos mil cabezas de ganado!

No faltaron lospeligros: una vaca enloquecida por el miedo

me atacó embistiendo a mi caballo.

Antes de que me tirara,

Evans le disparó y me salvó la vida.

La vida de vaquera no era fácil: los Grizzly y los pumas

atacaban a las vacas.

Era necesario proteger a los animales y a nosotros mismos,

pero nunca me eché atrás.

El hecho de ser mujer en algunos casos

les merecía el respeto de los lugareños de las regiones

a las que llegaban, pero el hecho de ser mujer

les convertía en seres mucho más vulnerables

y algunas iban viajando

con una pistola para poder defenderse.

Un día vi una cabaña que parecía la guarida de un animal.

Estaba cubierta con pieles de castores colgadas para secarse.

Enseguida llamó mi atención: ¿quién podía vivir allí?

La respuesta llegó enseguida a lomos de un caballo.

Frente a mí se presentó un hombre alto y fuerte,

con largos rizos rubios que le llegaban hasta la espalda.

Era guapísimo a pesar de ir vestido con andrajos

y armado hasta los dientes.

Bajó del caballo y sonriendo se presentó:

"Mountain Jim, encantado".

Luego se echó el pelo hacia atrás

y vi que la mitad de su cara estaba desgarrada:

un grizzly le había sacado un ojo durante un combate.

Me preguntó qué hacía una señora inglesa por aquellos lugares.

Le conté mi gran deseo: escalar el Long's Peak.

Él, con cierta curiosidad hacia mí y atraído por la aventura,

se ofreció inmediatamente a acompañarme.

Acepté sin dudarlo.

Es en cierto sentido su alter ego,

porque él simboliza el deseo de la libertad,

el deseo de la aventura,

el deseo de vivir sin ataduras.

Isabella Bird ve en él un alma gemela.

Esa misma noche, mientras remendaba mis vestidos,

Evans, que en el pasado se había peleado con Mountain Jim,

me dijo que era un hombre peligroso,

un verdadero canalla.

De joven había sido cazador de indios.

Era un bandido y cuando bebía mucho

perdía el control y se volvía violento.

Sus advertencias no me detuvieron.

Borracho, pistolero, vive al margen de la ley.

Es esa metáfora del bandido, del trampero, del forajido,

del jugador de cartas, del que tiene siempre

cosas pendientes con la ley, y cuando Isabella Bird

se encuentra con este hombre es un choque de trenes.

Me marché hacia Long's Peak con Mountain Jim.

Sentía una gran atracción por él.

Era un hombre del que cualquier mujer

se hubiera podido enamorar pero con el que ninguna mujer

en su sano juicio se casaría jamás.

Además, el deseo de realizar mi sueño era demasiado fuerte.

Sabía que él, que conocía como nadie la montaña,

era el compañero perfecto.

Un hombre astuto, que vivía salvajemente en las montañas,

y que tenía una reputación nefasta,

lo que hizo que, por supuesto, a Isabella le gustara todavía más.

Nos pusimos en marcha al alba, y a los pocos kilómetros

tuvimos que abandonar los caballos para continuar a pie.

La altitud superaba los 4.000 metros

y nos arrastrábamos entre las rocas,

trepando por el hielo.

Yo empecé a sufrir de soroche, el mal de altura.

Me daba vueltas la cabeza, no conseguía estar en pie,

sentía que me desmayaba.

Él es su guardián, su ángel protector en aquel viaje

y es donde Isabella inconscientemente

se va a poner a prueba.

Ella debe pensar que si es capaz de sobrevivir a aquello

va a ser capaz de sobrevivir a cualquier prueba física y mental

y geográfica,

y él es la llave que abre esa puerta

que le va a permitir descubrir la fuerza que lleva dentro.

El oxígeno fue disminuyendo tanto que no podía respirar.

Me dolían los tobillos y no conseguía mover los brazos.

La sed me torturaba.

Aunque el hielo estaba por doquier no podíamos beber.

Era tal el frío, que no se deshacía

ni tan siquiera chupándolo.

Por todas partes había picos de granito liso

en donde era difícil apoyar el pie.

La compañía de Jim Nugett realmente es crucial,

si no ella posiblemente hubiera muerto de inanición,

de hipotermia, de sed.

No podían ni beber.

Estuve a punto de abandonar, cuando Mountain Jim

tomó el mando de la situación.

Sabía lo importante que era para mí

llegar a la cima de aquel maldito monte.

No habría dejado que desistiera bajo ningún pretexto.

Me ató una cuerda alrededor de la cintura

y cuando yo no podía avanzar, tiraba de mí

con la fuerza de sus brazos.

Hice el último trecho a gatas.

Exhaustos, al final conseguimos alcanzar la cima.

El corazón me explotaba en el pecho.

Lo que vi desde allá arriba me recompensó del cansancio,

de la sed y de todos mis miedos.

Entendí que la grandeza de Dios se manifestaba ante mí

como nunca antes la había visto.

Es una figura de una elegancia, de una inteligencia,

de una fortaleza, una fuerza vital,

una capacidad para romper con lo establecido.

En aquel horizonte infinito, por primera vez me sentí parte

de un inmenso milagro. Había realizado mi sueño.

Mountain Jim me sonreía abrazándome fuerte para sostenerme.

Sin él nunca lo habría conseguido.

Dentro de una grieta metimos una cajita

con nuestros nombres y la fecha.

Ella fue tímida al respecto pero definitivamente

ellos tuvieron una relación, y evidentemente

era un tipo de relación totalmente inadmisible

para la sociedad británica.

Bajé arrastrándome por las rocas

apoyada en los fuertes hombros de Jim

y acampamos en un claro del bosque a los pies del sendero,

donde habíamos dejado los caballos.

Encendimos el fuego porque la temperatura era gélida.

Jim, aunque estaba exhausto, pasó la noche

cantándome canciones y recitandopoesías.

Luego me contó su desesperada vida.

Me dijo que era un delincuente,

un hombre perdido que bebía demasiado.

Me confesó que hubiera querido ser mejor de lo que era,

ahora que me había encontrado, pero que para él,

el futuro ya estaba escrito: no podía volver atrás.

Triste, dormí envuelta en siete mantas,

encima de blandas hojas de pino

y como techo un cielo estrellado.

Mantuvieron una relación amorosa, el tipo de relación

que solamente se tiene en ciertos lugares.

Era una relación que solo podía haber ocurrido

en las Montañas Rocosas.

Mountain Jim, junto a mí, tocaba la armónica.

Aquel fue, sin duda alguna, el momento más bello de mi vida.

Al día siguiente nos despedimos.

Sabía que pertenecíamos a mundos demasiado diferentes.

Él también lo sabía y no me retuvo.

Él le ha propuesto que se quede a vivir con él,

y ha estado tentada a hacerlo,

pero, ha descubierto que acaba de estrenar la libertad

y no puede... y no puede dejarla así como así, ¿no?

Recorrí más de 1.000 kilómetros a lomos de mi yegua,

envuelta en las mantas

porque el invierno se acercaba día tras día

y el frío era intenso.

Las nevadas se hacían cada vez más abundantes.

Esto hacía que el paisaje fuera mágico y fascinante.

Descubrió el poder de viajar y eso le encantó.

Viajar le abrió la mente

y le convirtió en alguien diferente,

en una persona mejor.

Vivir sola entre una naturaleza tan dura y extrema

hacía que me sintiera fuerte.

Alces, perros de pradera y gatos salvajes

fueron mis compañeros de viaje,

pero sobre todo, lo fue Birdie,

un caballo incansable que me llevaba donde yo quería.

Atravesé la pradera y pasé por los campamentos

de los indios UTE.

Un cúmulo de tiendas, de mujeres y niños

que vivían en la reserva con una pobreza degradante.

Es una escritora muy brillante.

Ese modo de viajar,

la empatía que muestra respecto a sus encuentros,

los pueblos que conoce, la vivacidad de las cosas que hace,

todo esto se refleja después en su escritura.

Tras casi tres meses de viaje

me encontré en serias dificultades económicas.

El dinero de la herencia casi se me había terminado

y sentí que tenía que regresar a casa,

pero antes quise volver a ver a Mountain Jim por última vez.

Nos encontramos en Estes Park y me acompañó una parte del camino.

Durante mi ausencia no me había olvidado,

más bien todo lo contrario.

Para que estuviera caliente,

me regaló un bellísimo abrigo de nutria.

En Saint Luis, en la posada en la que decidimos pasar la noche,

éramos dos celebridades: yo una lady que vagabundeaba sola

por las Montañas Rocosas y él un bandido famoso.

No había un rincón en Colorado donde no nos conocieran.

En las Montañas Rocosas no era simplemente una mujer,

era Isabella Bird, la famosa viajera

a la que todo el mundo quería conocer,

con la que todos querían quedar y charlar.

Llegó así la última noche. Intenté no pensar en ello.

En nuestro honor se había organizado un baile.

Todos se divertían, bailaban y bebían.

Las señoras no le quitaban los ojos de encima a Jim,

pero yo tenía miedo de que se emborrachara

y pudieradisparar a alguien.

Dejar a Jim fue la parte más desgarradora de mi viaje.

Le miré alejarse hacia Estes Park

cabalgando lentamente por la llanura.

A su lado le seguía Birdie, mi compañera de tantas aventuras.

Al día siguiente me volví a Inglaterra.

Estaba triste, claro, pero llevaba conmigo

muchas emociones y recuerdos.

Llegué a casa a finales de diciembre de 1873.

Mi hermana me esperaba, feliz de poder volver a abrazarme.

Y yo también estaba contenta de volver a verla.

Regresar a casa siempre es un momento de consuelo,

aunque dure poco tiempo.

Isabella Bird tenía una relación muy interesante con su hermana,

era realmente todo lo que ella no era.

Su hermana se quedó en casa y estuviera donde estuviera

le enviaba cartas muy largas.

Eso le permitió a Isabella poder ser la otra hija.

Con las cartas que le había escrito durante el viaje

publiqué un libro.

Un editor lo compró y se convirtió en un éxito.

De un día para otro me volví famosa y rica.

Fue un superventas. Había un morbo,

el público victoriano se volcó en aquella historia,

porque alentaba yo creo que esas fantasías de las mujeres...,

bueno, de encontrar ese amor salvaje

que medio te secuestra, medio te conquista, te seduce...

La Royal Geographical Society me acogió entre sus miembros.

Fui la primera mujer en recibir este honor.

Isabella Bird se convirtió en la primera mujer admitida

como miembro de la Royal Geographical Society.

Esto es sumamente importante, hasta entonces

sólo se había tomado en serio a los hombres como viajeros.

Incluso aunque fue admitida como miembro,

no daba ella las conferencias,

se sentaba al lado del miembro que hablaba por ella.

Nueve meses después de mi regreso, mientras estaba yendo

a dar una conferencia, recibí un cablegrama.

Pocas palabras para decir que Mountain Jim había muerto,

asesinado en un tiroteo.

Fue precisamente Evans el que apretó el gatillo.

Estrujé aquel papel en mi mano mientras la lluvia

golpeaba fuertemente contra la ventana...

Seguí viajando por el mundo, escribiendo y publicando libros

que tenían gran éxito.

Me casé y me quedé viuda, pero viví siempre

llevando en mi alma el peso de un amor imposible.

El 7 de octubre de 1904, con 73 años,

emprendí mi último viaje.

Cerrando los ojos, esperé volver a encontrarme

con aquel bandido fascinante y generoso, una última vez,

en la cima de una montaña nevada.

(Sintonía "Mujeres viajeras")

Mujeres viajeras - Isabella Bird (La muchacha del oeste)

26:28 24 mar 2018

La primera mujer admitida como miembro en la Royal Geographic Society. Tras visitar las Islas Sandwich, las actuales Hawai, Isabella Bird emprende una aventura por las Montañas Rocosas de Estados Unidos que le llevan a escalar el Long’s Peak junto al forajido Mountain Jim. Recorre sola a caballo kilómetros y kilómetros mezclándose con la gente del lugar. Tras volver a su Inglaterra natal dedica su vida a recorrer el mundo dejando escritas sus experiencias en numerosas publicaciones.

Contenido disponible hasta el 13 de diciembre de 2025.

Histórico de emisiones:
12/03/2016

La primera mujer admitida como miembro en la Royal Geographic Society. Tras visitar las Islas Sandwich, las actuales Hawai, Isabella Bird emprende una aventura por las Montañas Rocosas de Estados Unidos que le llevan a escalar el Long’s Peak junto al forajido Mountain Jim. Recorre sola a caballo kilómetros y kilómetros mezclándose con la gente del lugar. Tras volver a su Inglaterra natal dedica su vida a recorrer el mundo dejando escritas sus experiencias en numerosas publicaciones.

Contenido disponible hasta el 13 de diciembre de 2025.

Histórico de emisiones:
12/03/2016

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