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Millennium - La sociedad cansada - ver ahora
Transcripción completa

¿Has oído hablar ustedes de Byung-Chul Han?

Es un filósofo coreano que está de moda.

Pero no una cosa gratuita,

sino porque lo que dice es muy interesante.

Cuántas veces ustedes han llegado a su casa por la noche, cansados,

extenuados, y de pronto cuándo han terminado de cenar

dicen: "No, no, voy a acabar el trabajo

que me ha quedado pendiente de la oficina,

o voy a acabar de estudiar lo que me falta".

Byung-Chul Han dice

que eso es porque formamos parte de la sociedad de hoy.

Una sociedad que él llama "la sociedad del cansancio".

Y es verdad.

Nos estimulan, nos excitan para que trabajemos más,

para que demos el do de pecho,

para que seamos los primeros en todo.

Y eso nos cansa.

Nos fatiga.

Y genera a unos seres

que luego son incapaces de pensar en otras cosas.

Hoy hablaremos de esta sociedad del cansancio.

Bienvenidos a "Millennium".

(Música)

El libro de Byung-Chul Han "La sociedad del cansancio"

es un libro editado por la Editorial Herder,

que tiene 108 páginas, que se lee como un suspiro,

y que incluso aquellos que son lejanos,

o que no les interesa la filosofía,

se sentirán reconfortados con él.

Lo cierto es que yo,

todos los libros que publica Byung-Chul Han en España,

que los hace todos a través de la misma editorial,

he de decir que son un pozo de ciencia,

y que nos permiten conocer más y mejor

cómo es la sociedad de nuestros días.

Byung-Chul Han hace una diferenciación clara,

por ejemplo, con otro filósofo, Foucault.

Foucault decía que vivimos

en una sociedad disciplinaria de hospitales,

de psiquiátricos, de cárceles, de cuarteles, de fábricas,

y, sin embargo,

el filósofo coreano afincado en Alemania

dice que no es verdad,

que nuestra sociedad es una sociedad de gimnasios,

de torres de oficina, de bancos, de aviones,

de grandes centros comerciales, y de laboratorios genéticos.

De ese principio de que hay que rendir, rendir,

se deriva una obligación de vida sana, de mucho deporte,

de comida sana, y de suficiente sueño

para rendir, rendir,

que es lo que hablábamos antes.

Si la sociedad disciplinaria de Foucault

generaba locos y criminales,

la del rendimiento, y ahí está la diferencia,

produce muchas veces depresivos y fracasados.

Como sea, aquellas personas que ya no pueden más.

Según Byung-Chul Han,

dice que "el exceso del rendimiento

provoca el infarto de alma".

Lo cual es una definición bastante modélica,

y bastante anecdótica.

Vamos a hablar con cuatro invitados

sobre este libro,

y sobre toda la sociedad del cansancio,

que es lo que nos interesa a nosotros.

En primer lugar, tenemos al doctor Víctor Vidal,

usted es Doctor en Medicina, Cirugía,

especialista en Medicina de Trabajo,

inspector médico nacional de la Seguridad Social,

ha estudiado el impacto del estrés en el ámbito laboral,

y su influencia en la aparición de muchas enfermedades.

Asegura que estamos ante el mayor problema

de salud pública en estos momentos.

En opinión suya, el estrés ha sido el causante

de la muerte de grandes empresarios de este país.

Tengo aquí una publicación suya,

"El estrés laboral. Análisis y prevención"

del Dr. Víctor Vidal Lacosta.

¿Tan enferma está la gente de estrés?

Pues realmente sí que lo está, y vivimos demasiado rápido,

y es un grave problema que podemos atajar.

Yo creo que vivimos en unas circunstancias, pues,

con grandes retos.

Nos exige cada vez la sociedad estar a la última,

y ese agotamiento y ese cansancio del que hablaba nos pone en alerta.

Así es.

¿A usted no le han dicho nunca

sus responsables en la Seguridad Social

que rinde poco y que debería de rendir más?

Bueno, exactamente eso no me han dicho,

pero sí que he observado que los médicos nos dedicamos mucho

a solucionar las consecuencias, y no vamos al origen.

Y el origen, muchas veces, es a dónde tendremos que ir,

como es la prevención del estrés.

Cuando una persona tiene estrés, ¿usted qué le recita?

Generalmente, intento abordar la situación,

y ver de dónde viene el origen del estrés.

Y, generalmente,

los médicos tenemos la herramienta más fácil

de la prescripción de ansiolíticos,

que es un grave error,

porque lo ideal sería utilizar otras técnicas

que, en esta sociedad, y en la medicina actual,

se utilizan muy poco.

Como pueden ser técnicas de relajación,

técnicas de alimentación correcta, de descanso, de lectura,

de potenciar la felicidad, las emociones,

que muchas veces nos olvidamos

que el ser humano está lleno de emociones,

y hacemos poco caso,

y en las empresas, naturalmente, usted bien sabe,

que poco se hace en el ámbito de la prevención de la salud mental.

Pero en muchas ocasiones,

supongo que cuando acuden a verle

es porque alguno de sus pacientes lo que quiere es la baja.

Naturalmente, naturalmente.

Pero yo creo que la baja médica, a veces,

está para que el paciente pueda recuperarse de esa enfermedad.

Y como le vuelvo a decir,

nos centramos en la consecuencia del estrés,

y nunca ponemos el foco de atención en lo que lo produce.

Gracias.

Tenemos también con nosotros a la Catedrática de Psicología,

María Dolores Avia,

que imparte psicología de la personalidad,

en el Departamento de Personalidad,

Evaluación y Tratamiento psicológico de la UCM.

Según Avia,

y en línea de lo que argumenta Han

sobre que en los últimos años

se ha puesto de moda un optimismo ingenuo,

que muy poco tiene que ver con la psicología positiva.

Usted argumenta que el optimismo inteligente

no es un "si quieres puedes",

sino otra cosa distinta.

Ahora me gustará que usted me lo explique.

En palabras suyas:

"La felicidad es un objetivo legítimo,

pero no debe confundirse con el optimismo ingenuo,

carente de fundamento y común entre los libros de autoayuda

con esa mítica frase de 'si quieres puedes'".

Yo tengo aquí uno de sus libros,

escrito conjuntamente con Carmelo Vázquez,

"Optimismo inteligente",

y que está editado por Alianza Editorial.

Cuénteme esas diferencias que usted ve.

¿Cuál es, por ejemplo,

o cuál es una posición de optimismo ingenuo?

Bueno, el optimismo ingenuo

es una posición que ya se dio mucho en Norteamérica,

y que tiende a suponer o a incitar a la gente

a que si él quiere hacer algo, va a poder lograrlo.

Lo cual, todos sabemos que no es verdad.

Hay muchas cosas que caen fuera del alcance

de nuestras posibilidades, de nuestro alcance.

La tendencia así, un poco bobalicona,

a decir que...

las cosas van a ir bien porque sí,

sin dar ninguna explicación de por qué van a ir bien,

incluso un matiz un tanto peligroso, de cara a la salud,

como que si alguien ha padecido o padece una enfermedad grave,

pues eso se podría haber evitado

porque él no ha tomado las medidas oportunas,

y eso es peligroso,

y hace pensar que las cosas verdaderamente van a caer del cielo

y que no se va a conseguir nada.

Eso es muy distinto del optimismo inteligente,

que, por cierto,

quiero señalar que este apellido que le pusimos mi compañero y yo

al libro es precisamente para distinguir bien eso,

y señalar que no todo vale,

pero que, sin embargo,

hay incluso una obligación de los psicólogos,

esto está dirigido sobre todo a los psicólogos,

a reconocer la parte más admirable de los humanos.

Los psicólogos hemos estado mucho tiempo

pensando en todo lo traumático y negativo,

en los problemas de la gente,

y, sin embargo, podemos observar en la desgracia,

la resiliencia de las personas,

cómo las personas toleramos situaciones muy difíciles,

y las resolvemos bien.

Y eso es lo que queríamos decir.

Que hay muchos aspectos de la vida de las personas

que merecen mucha consideración y que son muy positivas.

Por cierto, quiero decir que yo coincido totalmente

con el filósofo coreano en muchas de las cosas que dice,

pero hay una parte que es un poco falaz

que es decir que la sociedad del rendimiento

presiona para lo positivo,

que tiene que ver con un exceso de positividad,

que la depresión es un exceso de positividad,

lo cual, realmente hay que tomarlo...

Es un poco extraño decir eso.

No, hay una presión por ser el más guapo, el más alto,

el que hace más cosas, y todo eso, efectivamente, a veces,

queda fuera de nuestro alcance.

Y aquellos que quieren ser felices,

y piensan que el dinero no da la felicidad, pero ayuda,

y fijan su objetivo en la consecución en cobrar más,

en trabajar más, y tener mejores puestos...

Y tener el último smartphone,

y el que tenga muchos amigos de esos que se llaman amigos,

que son los que aparecen en la red, y, sin embargo,

van dejando las relaciones, los vínculos,

que son los que verdaderamente nos dan la felicidad.

¿Tiene sentido gastarse más de 1000 euros en un teléfono móvil?

Desde luego para mí, no, en absoluto.

Yo lo que veo es que hay una infantilización de la sociedad

que te hace, pues eso,

tener muchísimos amigos de esos que nunca ve uno,

y tener lo último que se ha producido.

Eso realmente no está relacionado con la felicidad.

Sin embargo, tener relaciones profundas,

y tener un tiempo más lento,

más espacio para uno mismo, más relacionado con la depresión,

que tenía que ver con lo que decía Aristóteles de la vida positiva,

de la vida buena,

eso es lo que estamos intentando trabajar.

Tengo aquí un libro de Jorge Moruno,

que es nuestro siguiente invitado, editado por Akal,

en su Colección de Pensamiento Crítico,

que se llama "No tengo tiempo. Geografías de la precariedad".

Su autor, el señor Moruno, es sociólogo,

se ha centrado en estudiar las transformaciones del trabajo.

También es autor del ensayo "La fábrica del emprendedor".

En su opinión, la crisis del año 2008,

hace ya más de 10 años ahora,

fue el detonante que colapsó el modelo laboral tradicional.

Ahora, el emprendimiento y la figura del emprendedor

han sustituido al modelo clásico del trabajo.

Y en esta tesitura, emprender significa

"convertirse a uno mismo en un producto

que se ofrece a otros".

Te conviertes, según el señor Moruno,

a ti mismo en un valor a explotar.

Cuénteme un poco más de eso.

Bueno, lo que vengo a comentar, en el 2008 colapsa,

pero es una crisis de un modelo centrado en el empleo

como garante de derechos,

como vía de acceso a la condición de ciudadanía,

como una fuente de seguridad,

y como toda esa sociedad del empleo que ya entra en crisis en los 70,

en el 2008 ya se derrumba casi del todo.

Es decir, cada vez más,

el trabajo deja de ser empleo

en el sentido de que ya no aporta tantas garantías,

ni tanta seguridad.

Tener un empleo ya no te garantiza una vida digna.

Esto nos lleva a la situación en la que el trabajo contemporáneo,

el trabajo precario, pasa a ser lo contrario,

pasa a ser la fuente de inseguridad,

pasa a ser una fuente de incertidumbre y, por tanto,

todas esas garantías y seguridades muchas veces colectivas,

en forma de derechos sociales, y derechos colectivos,

se ven sustituidos por un traslado al riesgo, digamos,

que debe adoptar uno individualmente y, por tanto,

todo nuestro tiempo de vida tiene que ser tiempo disponible

para lo que pueda surgir.

Es decir, para encontrar ingresos necesarios para poder vivir

toda vez que, cada vez más, en más esferas de la vida,

y más partes de la sociedad,

hay una incapacidad estructural

para reproducir la vida a través del salario.

Y esto genera un embudo,

porque aquel que no accede a los medios de empleo,

no accede a los medios de vida.

Y, por tanto, uno se puede convertir en una suerte de mercancía,

que no es capaz de venderse, y, por tanto, se vuelve obsoleta.

Y si te vuelves obsoleto,

te quedas fuera del circuito del trabajo y del dinero,

que en nuestra sociedad

es convertirse en una población superflua, y excluido.

De aquí surge también toda la economía colaborativa,

de la idea de la descomposición de la sociedad del empleo,

surge la economía colaborativa, que nos exhorta a tomar

las riendas de nuestra propia vida y aprovechar las oportunidades,

pero esto supone una total falta de protección y de voz,

y, por lo tanto, una sensación de inseguridad permanente.

La pregunta es, en mi opinión,

¿cómo pasar de la sociedad del "no tengo tiempo",

a generar las condiciones

para transitar hacia una sociedad del "tiempo garantizado"?

Que todo el mundo tenga el mismo,

el igual derecho a ejercer la libertad,

que no es otra cosa que la democracia

como la entendía Aristóteles, el tiempo libre de los pobres...

¿Usted tiene tiempo?

Pues muchas veces no, porque obviamente,

esto es una dimensión relacional.

Vivimos en una sociedad inserta en la cual

todo tu tiempo tienes que estar pensando en cómo buscarte la vida.

Y toda la dimensión comunicativa contemporánea

transforma por completo lo que entendemos por comunidad,

porque al transformarse la cultura,

la comunicación transporta la cultura en una comunidad,

vivimos en una sociedad constantemente expuesta.

De hecho, Instagram, que viene de "instante",

genera una sucesión de instantes continuos

donde tenemos que estar exponiendo nuestra intimidad en público,

que es todo lo contrario

a lo que venía ser la primera modernidad.

E, incluso, el propio concepto de autoestima se ha modificado.

No es el mismo en la sociedad premoderna,

en la primera modernidad,

que actualmente que se ve como una suerte de proyección

del yo en la sociedad,

y un estatus de equilibrio psicológico.

El problema de todo esto

es que nos podemos llegar a convertir en marcas

que tienen que estar vendiéndose constantemente.

Y, por lo tanto,

hay una suerte de pugna discursiva por cómo nos pensamos en sociedad.

Hay toda una tendencia a pensar

que en lugar de tener una fuerza de trabajo que tiene que venderse

para poder cobrar un salario,

tienes un capital,

que tiene que hacer inversiones en sí mismo,

y el salario viene a ser un beneficio,

un nexo en un imaginario

que conecta la subjetividad de empresa

con el propio individuo en sociedad.

A mí me parece fantástico, pero me gustaría también

que luego, en la tertulia, nuestros invitados opinen,

o le den réplica a ese planteamiento,

porque todavía nos queda una persona por presentar.

El señor Luis Galindo, yo tengo aquí uno de sus libros,

"Reilusionarse: Apasiónate por la vida".

Ha llegado a su 15 edición y está editado por Alienta.

"Un libro de lectura obligada.

A más de 50.000 lectores ya les ha cambiado la vida".

¿Usted cree que un libro, de verdad, cambia la vida?

En absoluto.

Creo que un libro, una conversación, una película, una lectura,

puede hacer ese clip

que, a veces, todos necesitamos para darnos cuenta de algo.

Yo siempre digo que, el ser humano, a veces,

necesita que pase algo a su alrededor,

puede ser un hecho,

puede ser una inspiración a través de una conferencia,

una lectura de una conversación,

que te haga darte cuenta de que vas por el camino equivocado,

o que tienes que cambiar algo sustancial en tu vida.

Entonces, el libro, insisto,

como un medio puede ayudar a que alguien se dé cuenta,

se vea identificado.

Ahora veníamos por el pasillo

comentando que alguno de nosotros, al leer al filósofo coreano,

se había visto identificado.

Pues evidentemente, eso hace que diga:

"¡Guau! Esto que está diciendo me pasa...".

Un libro, una conferencia,

pretende eso simplemente, ayudarte a mirarte al espejo.

Usted dice en su libro que "en un entorno deprimido,

las personas con ilusión marcan la diferencia".

Yo diría que esta es una de las ideas

que el filósofo surcoreano critica en su libro

de "La sociedad cansada".

Él cree que la búsqueda de la optimización personal

es una forma de autoexplotación total.

Si estuviese aquí Han, ¿qué le diría?

¿Que está de acuerdo o no?

Yo le diría que nada importante

en la historia de la humanidad lo ha conseguido alguien

que no estuviera lleno de ilusión, de pasión, de entusiasmo.

Hablo de la ciencia, de los descubrimientos,

hablo del aspecto político...

Los grandes hitos de la humanidad los ha conseguido alguien

que estaba entusiasmado, apasionado por algo.

Creo que las emociones positivas,

supongo que después hablaremos con María Dolores del tema,

las emociones positivas sacan lo mejor del ser humano,

luego yo soy un enamorado de las personas

que ponen ilusión en el deporte, en la música, en el estudio,

en el trabajo, en la familia...

Y todos, yo creo que los que nos están escuchando,

han visto ejemplos de trabajos muy sencillos,

como puede ser el de un camarero, el de alguien...

Trabajos socialmente poco reconocidos,

que cuando ponen ilusión marcan la diferencia.

En una de las tesis que mantengo en el libro

es que tú puedes hacer de algo normal, algo especial,

y me vale para el ámbito laboral,

para el familiar, y para el deportivo.

Todos a nuestro alrededor tenemos ejemplos de gente

que cuando la ves, te contagia emoción positiva,

te contagia ganas de hacer cosas, te contagia espíritu emprendedor,

y eso, en mi opinión, solo tiene connotaciones positivas.

Vamos a verlo ahora, es el momento del reportaje.

Un reportaje que nos ayudará, espero,

a analizar las tesis principales que defiende Byung-Chul Han

en su libro de "La sociedad del cansancio",

que está editado por Editorial Herder,

y en la que habla de la asfixiante competencia laboral,

de la explotación a la que nos sometemos

como algunos de los males contemporáneos.

Vamos a ver el reportaje y volvemos otra vez.

(Música)

"La sociedad cambia.

El mundo va cada vez más rápido.

Hoy, la gente anda corriendo de un lado para otro

a alta velocidad.

A veces, incluso, sin saber por qué.

Estamos viviendo un cambio de paradigma que nos encamina,

en opinión del filósofo surcoreano Byung-Chul Han,

del deber de hacer una cosa, al poder hacerla.

Se vive con la angustia de no hacer siempre

todo lo que se puede.

La sociedad se vuelca en decirle al individuo

que todo cuanto le pasa es culpa suya.

Si no se triunfa, si muere pobre o fracasado,

la culpa se le carga solo a él.

Incluso tener una identidad es ya una pesada responsabilidad.

Somos periodistas o relaciones públicas de nuestras vidas.

Si antes se conseguía que las personas

hicieran lo que debían a través de la disciplina,

y el castigo era la forma de control,

teniendo su forma más dura en la cárcel,

ahora son los premios e incentivos los que mantienen el orden.

(Música)

En la sociedad de consumo,

el deseo solo termina con otro deseo,

no con la satisfacción.

No hay producto eterno o definitivo.

Siempre hay más.

Antes, una profesión era para toda la vida.

Hoy las empresas mueven sus fábricas a países con mano de obra barata,

y los trabajadores deben de estar dispuestos a ser multitareas.

El trabajo ya no termina al acabar la jornada, se lleva a casa.

Y, por consiguiente, el estrés aumenta.

Nunca es suficiente,

pues alguien más podría desarrollar más habilidades.

Competir o morir."

-Una de las ideas centrales que defiende Byung-Chul Han

es que ya no hace falta que nos exploten,

nos explotamos nosotros mismos.

Según este filósofo,

nos hemos convertido en emprendedores de nosotros mismos

en busca de un supuesto éxito,

y señala el exceso de positividad,

la llamada a la motivación o a la iniciativa,

como las formas más eficaces de explotación

porque nos hace sentirnos libres,

nos hacen dueños y esclavos de nosotros mismos,

llegando a un nivel de autoexigencia agotadora.

"Con todo esto, no hay espacio para la contemplación.

Lo admirable no es que las personas mantengan su salud

y vivan sin estrés,

lo admirable es que se consuma esa salud.

Si la sociedad disciplinaria producía con su negatividad

locos y criminales,

la sociedad del cansancio genera depresión,

trastorno de déficit de atención por hiperactividad,

o el Síndrome de Desgaste Ocupacional.

¿Qué libertad existe en hacer sin reflexionar un por qué?

¿Estamos, como indica Byung-Chul Han,

en una sociedad centrada en el rendimiento

donde las personas, lanzadas a la búsqueda del éxito,

se autoexplotan a sí mismas?"

Ese es el gran punto o el gran debate.

¿Nos autoexplotamos a nosotros mismos?

¿Hace falta que haya alguien que nos explote?

¿O hemos dado un paso hacia adelante

en esa progresión de la sociedad explotadora?

Bueno, de algún modo,

la naturaleza de la ideología es la ideología hecha naturaleza.

El poder más refinado no es aquel que se impone desde fuera,

no es el látigo del negrero, ni la libreta del capataz,

es directamente cuando ya desaparece.

Es decir, cuando ya no se le ve, y solo nos vemos a partir de él,

y nos imaginamos la realidad y el conjunto del imaginario social

desde una perspectiva que ya no es cuestionada.

En el mundo en el que vivimos hoy,

que está sometido a una vorágine parecida a la velocidad financiera,

y, por tanto, eso genera y tiene una serie de requisitos,

de habilidades sociales,

que se exigen a la hora de poder participar en el mercado laboral.

Y si no las tienes, si no tienes esas habilidades,

esas capacidades,

te conviertes en alguien que se queda fuera,

y esto muchas veces lleva a una serie de...

Como decía antes, de batalla discursiva,

por definir el sentido social de aquello que nos sucede.

Porque muchas cosas, en sí mismas, no son ni buenas, ni malas.

El ser humano es un ser pasional por esencia.

Es constitutivo, las emociones.

La pregunta es,

¿en qué tipo de relaciones sociales se inscriben estas emociones?

Es decir, para qué y contra qué.

Y aquí, por tanto,

siempre hay una disputa por definir lo que es justo, lo que es injusto,

y para qué se hacen las cosas.

Como decía,

importan las relaciones sociales donde se inscriben.

Decía Hegel que:

"Nadie ha hecho nada grande en este mundo sin una gran pasión".

La pregunta es, ¿qué?

Para cambiar las cosas siempre hay que ilusionarse,

por supuesto, ¿pero qué tipo de ilusión?

Por ejemplo, podremos decir que "el lobo de Wall Street",

se ilusiona mucho a la hora de especular

con las vidas de la gente.

Y podemos decir que la gente,

cuando se reúne para parar un desahucio,

está junta y se deja la piel,

se ilusiona mucho para parar ese desahucio.

Son formas de ilusionarse que son profundamente antagónicas,

con objetivos totalmente distintos.

A mí me gusta mucho un escritor peruano

que se llamaba Juan Carlos Mariatti,

que tenía un artículo que se llamaba

"Pesimismo de la razón, optimismo del ideal".

Venía a decir que aquellos que pretenden transformar el mundo,

su vida, y transformar la sociedad,

son precisamente los más optimistas que hay,

porque la mayor de las resignaciones es resignarnos a lo que hay.

Esa idea de Thatcher de que no hay alternativa,

al contemporáneo "es lo que hay".

Impugnar esa situación de decir "no, no es lo que hay".

La situación se puede transformar, y podemos mejorar la vida.

Y podemos mejorar las condiciones de vida

para que todo el mundo pueda ejercer en igualdad

su derecho a la libertad,

que es su derecho a decidir sobre su propio tiempo.

-Estoy de acuerdo también con este planteamiento,

y, sobre todo, la ilusión siempre tiene que estar,

porque actualmente creo que vivimos en una sociedad

donde los trabajadores han perdido mucha ilusión

en lo que hacen,

y creo que volver a devolverles esa ilusión,

y plantear positividad en el trabajo

volvería a ser algo más constructivo que lo que es ahora.

Tenemos que tener esa visión

de ver un futuro de proyección positiva.

De todos modos, yo diría,

y le cedo la palabra inmediatamente,

que es difícil ser optimista

en según qué trabajos y en según qué empresas.

Por ejemplo, esas que los viernes

hacen el "pase usted por el departamento de personal",

se llame como se llame el departamento, y te dicen:

"Le hemos despedido,

tiene dos minutos para coger las cosas

que tenga personales en la mesa

y llevárselas en una caja de cartón".

Y eso sucede.

Eso sucede, efectivamente.

Esos contratos que no son fijos,

es verdad que cada vez se tiende al contrato temporal,

y la verdad es un condicionante más al cansancio,

al agotamiento del propio trabajador.

Yo creo que desde las instituciones deberían de velar a controlar eso.

Que se regularice más los contratos.

Yo siempre he planteado departamentos de bienestar,

que ya lo están haciendo en Alemania, y en Reino Unido,

donde no solo se controle al trabajador,

cómo está situado en una silla, sino cómo se siente el trabajador.

Nos olvidamos de que somos emociones,

y que el trabajador que está ilusionado y feliz en el trabajo

va a estar en unas condiciones favorables

y va a aumentar la productividad de las empresas.

Olvidamos que la prevención es el mayor reto en esta sociedad,

que creo que ha estado muy abandonada,

y la crisis ha hecho que el foco de atención gire hacia otro plano

y nos olvidemos de la prevención de la salud mental

que, por supuesto, la salud mental mata.

-En relación con el reportaje que hemos visto,

creo que pone el punto, el dedo en la llaga,

sobre muchos problemas de la sociedad actual.

Aunque, creo que no tiene razón cuando dice que en este momento,

ya no hay explotación, con lo cual, uno se queda perplejo escuchar.

Y, sin embargo, todo es autoexplotación.

Es decir, de nuevo "culpa" al individuo

de los problemas que le suceden.

Yo creo que eso,

lo que habría que decir es que efectivamente las personas,

a veces, asumimos todos los mensajes que vienen,

que son incitaciones al consumo por parte del sistema.

Y efectivamente eso genera problemas.

Me llama la atención

que a este autor no le gusta nada esta frase del:

"Yes we can",

que considera realmente la clave de todos los problemas.

Incitar a la gente a hacer más de lo que pueden.

Y yo creo que el "Yes we can" ha sido sumamente útil

como mensaje a un montón de gente que no tenía voz,

igual que el "Sí se puede", que es lo mismo.

Y me alegra que hayas mencionado esa frase que a mí me horroriza

y que dice muchísima gente joven: "Es lo que hay".

Yo creo que la generación a la que yo pertenezco

se hubiera quedado espantada con eso,

no "es lo que hay", lo que hay lo haces tú,

hay que intentar luchar en pro de una a utopía,

pero gracias a esa utopía se han conseguido muchísimas cosas

que era imposibles de pensar.

A mí me parece bastante sintomático

que la gente diga con tanta tranquilidad:

"Es lo que hay". Pues no, no es lo que hay.

Debería ser lo que uno cree que debe de ser.

Y de hecho, cuando se hace eso, las cosas cambian,

y cambian muchas para bien.

-Uniendo con lo que está diciendo María Dolores,

la definición de Martin Seligman,

el creador de la psicología positiva,

dice que: "El optimismo inteligente es la capacidad

de observar la realidad con objetividad,

no perdiendo tiempo en quejarse,

sino haciendo algo para cambiar esa realidad que no te gusta,

y valorando, agradeciendo, y disfrutando, lo que va bien".

Me parece magistral la definición en el sentido

de que tiene que ver con lo que ha dicho María Dolores,

seamos muy críticos con esta sociedad,

pero propongamos soluciones,

no nos quedemos solo en la crítica.

Yo en muchos eventos he abanderado la frase de que:

"Estamos en una sociedad con una epidemia de resignación".

Yo veo muchas veces la frase que acaba de decir,

que la iba a comentar, la gente joven es como un eslogan,:

"Es lo que hay".

"No se puede cambiar nada". "Todos son iguales".

A mí me da mucho miedo ese tipo de reflexiones.

Parece que no se puede hacer nada por mejorar.

Y es todo lo contrario.

Creo que el ser humano tiene esa capacidad,

y esa necesidad de tener esperanza en el futuro,

de ver luz al final del túnel,

y es lo que pregona la psicología positiva.

Valorar, agradecer, disfrutar lo que va bien,

porque eso te da fuerza a nivel emocional

para pelear por todo aquello que no te gusta de tu entorno.

Puede ser entorno laboral, social, familiar.

Y otra pregunta que me hacen muchas veces

en los medios de comunicación, en radio o televisión es:

"¿Con la que está cayendo cómo habláis de ilusión?".

Justamente por eso.

Cuando el entorno es complejo

es cuando más falta hace buscar un antídoto.

Y otra frase que me dicen mucho es:

"¿Pero cómo puedes decir eso a alguien que está en el paro,

o a alguien que tiene un problema de salud o familiar?".

Justamente por eso.

Una de las preguntas que más me repiten es:

"¿Por qué tiene tanto éxito la psicología positiva hoy?"

Y yo digo porque hay hambre.

El ser humano necesita respuestas,

el entorno muchas veces no nos gusta,

pero nunca en la historia de la humanidad,

había habido tanto interés por estos temas,

tanta inquietud y sensibilidad por cuidar a la gente.

En los últimos años de la crisis,

muchos compañeros europeos me preguntaban:

"¿Cómo en España con un índice de paro que tenéis,

no hay una revolución en la calle?"

Yo decía que por el apoyo familiar.

Esa sensación de que la madre, la abuela,

te abre la casa para comer,

te abre la casa para volver a vivir en ella,

te va a recoger a los niños, te ayuda a pagar la hipoteca,

eso no existe en la Europa del norte.

Con lo cual, yo creo que tenemos motivos para ser optimistas

en cuanto a que tenemos los mimbres, evidentemente,

tremendamente críticos con la realidad,

pero aportando soluciones.

A mí me da mucho miedo que hoy en día

en muchas tertulias familiares,

de compañeros de trabajo, es más guay y quedas mejor si dices:

"Estoy quemado con mi empresa, quemado con mi mujer o mi marido,

quemado con la sociedad..."

Que si dices: "Pues yo estoy agradecido,

el mundo me está dando unas posibilidades

que nunca había tenido..."

He traído, no sabía si iba a tener ocasión o no de sacarlos,

con motivo del 40 aniversario de la Constitución,

ha habido muchos estudios estos últimos meses,

sobre la comparativa entre España 1978-2018,

y son bestiales las diferencias de esperanza de vida,

de inversión en educación,

inversión en sanidad, inversión social,

luego estamos en un país cada día mejor,

con muchas cosas que mejorar, y si ampliamos el espectro,

y no solo hablamos de España...

Entonces, ¿por qué se produce esa fatiga?

¿Lo asumimos o no?

Porque yo creo que hay un discurso oficial que contribuye a eso.

Lo hablábamos en el previo a entrar al estudio.

Yo veo poco mensaje ilusionante en nuestros políticos, muy poco,

pero es que veo muy poco mensaje ilusionante nuestros maestros,

y veo poco mensaje ilusionante nuestras empresas.

Por eso, no sé si es el momento de tocarlo...

Yo también veo a personas imbuidas de un mensaje ilusionante,

que se topan con la realidad.

Por eso hay que tener cuidado con lo que se dice...

Los mensajes de humo, los mensajes de un optimismo que yo llamo ñoños,

me parecen peligrosísimos...

Lo de: "Aquí no pasa nada", me parece...

No, ser emprendedor, ¿vale?,

Muchas veces uno quiere emprender algo porque ha tenido una idea,

porque cree que si no encuentra trabajo en una empresa,

él puede poner en marcha otra empresa.

Y realmente no sabe dónde se está metiendo.

En ocasiones hay una relación entre el aumento de la precariedad,

el aumento de la inseguridad, con el aumento de las soluciones.

Es decir, toda vez que ya no tienes garantías colectivas,

tú eres responsable de tu propia vida,

de tu propio éxito, y si no lo has conseguido,

también eres responsable de tu propio fracaso.

Es decir, que también hay condiciones sociales, por ejemplo,

los alquileres suben 12 veces más que los salarios,

el agua y la luz suben cinco veces más que los salarios, no sé,

España está a la cola de la OCDE en calidad del empleo.

Esto no se trata de repetirlo para recordarles a la gente,

que ya lo vive, lo mal que está,

por supuesto que hay que ofrecer una alternativa,

pero partiendo de esta situación

donde esa ilusión y esa capacidad innata del ser humano

de odiar y alegrarse, es decir,

del conjunto pasional de la vida humana

como decía antes, en relación a qué, contra qué, y a favor de qué.

Nunca podemos obviar el contexto de las relaciones de poder.

Y las relaciones temporales,

la distribución de quién tiene tiempo y quién no,

son relaciones de poder.

Por ejemplo, una madre soltera que tarda una hora en ir a trabajar,

una hora en volver, tiene los dos niños,

tiene que poner lavadoras,

no es mero voluntarismo el que se le puede exigir

para que sea feliz,

tiene que haber unas condiciones que le puedan garantizar,

unos derechos de existencia,

y ahí podríamos hablar de los límites

del trabajo remunerado para garantizar derechos,

y habría que explorar vías

que desvinculen el acceso a los derechos

del acceso al trabajo remunerado para garantizar

que el conjunto de la sociedad tiene una garantía de existencia.

Y ahí, no se pueden desatender las condiciones sociales

que hacen posible una realidad y otra.

¿Qué es lo que produce más estrés en las personas

en el ámbito laboral o personal?

Yo creo que es no tener ilusión y también la tensión

que sienten por no verse motivados,

es lo que comentaba, falta esta motivación,

y sobre todo no tener canales de fuga de estrés.

Los trabajadores no están formados,

no tienen la formación adecuada de cómo buscar alternativas

y cómo solucionar los problemas que tienen.

No olvidemos que en el estrés hay dos tipos,

el bueno, el positivo, el eustrés y el negativo que es el distrés

que es en el que hay poner el foco de atención.

Desde la evolución, el ser humano ha necesitado un eustrés,

no podemos vivir sin esa activación.

Por ello, creo que hay que volver a reilusionar,

como comentaba el compañero, vivir sin ilusión es complicado,

y en los trabajos hay que potenciar eso,

que el trabajador se encuentre a gusto,

y reducir la tensión que le hace en muchos casos enfermar.

Y buscar esa ilusión perdida.

-Y en relación a la pregunta que has hecho a Víctor,

una de las cosas que más estrés produce

es la sensación de impotencia.

La sensación de que no puedes hacer nada para cambiar tu vida.

Con lo cual, todo de una manera equilibrada.

Pero qué importante es darle el mensaje a la persona

que él tiene algo que decir en su vida,

en su respuesta.

Todos hemos oído hablar del famoso libro de Viktor Frankl

"El hombre en busca de sentido",

para mí el gran aporte de ese libro ha sido

que por muy difíciles que sean las circunstancias,

la actitud con la que tú respondes, es tu última decisión.

Y es tu decisión.

Y eso me parece fundamental trasladarlo a la gente,

que tú siempre puedes hacer algo.

-Yo lo que quiero señalar es que la ilusión

y el optimismo no pueden ser nunca una presión sobre una persona,

o una prescripción.

Quiero decir,

en psicología sabemos que existe un fenómeno

que se llama la reactancia psicológica,

y es que cuando alguien percibe que se le está presionando,

y se le está quitando su libertad, actúa de manera contraria.

Vamos a ver, está estupendo ilusionarse,

es genial ser optimista,

pero que me dejen a mí y no me digan pues eso,

que tengo que ser feliz de la manera que se dice,

porque eso genera una reacción contraria.

Nosotros insistimos mucho en el libro

de que el optimismo no es una exigencia para nadie,

porque si se hace de esa manera se convierte en lo contrario

de lo que pretende ser.

Y realmente hay muchos matices que podemos tener en cuenta,

pero todo lo que conlleva algo así como una consigna,

yo creo que puede ser contrario.

Vamos a ver ahora eso que estás diciendo,

vamos a ver el segundo video de esta noche,

en donde compañeros de informativos de Televisión Española

nos hablan cada vez más,

nos describen síntomas de depresión,

nos cuentan exactamente cuáles son los problemas

que ellos creen que existen.

"1200 encuestas online entre jóvenes de entre 15 y 29 años desvelan

que las mujeres tienen peor salud que los hombres.

El 27% de ellas sufren enfermedades de larga duración,

más de seis meses, frente al 23% de los hombres.

Cinco de cada 10 se automedica y preocupa la salud mental,

dos de cada 10 jóvenes cree sufrir una depresión moderada, o grave."

-El 21,6% de los jóvenes españoles

presentan cuadros de sintomatología depresiva.

Y aquí estamos incluyendo

tanto moderada como moderadamente grave.

"De ellos, solo el 11% ha sido diagnosticado,

a pesar de notar síntomas de esta enfermedad,

pocos piden ayuda."

Nos parece importante señalarlo, parece que hay un tabú,

un desconocimiento sobre estas cuestiones.

Más de la mitad de los jóvenes

que declararon tener algún problema de salud mental, no pide ayuda.

"Ocho de cada 10 dice que cambiaría alguna o muchas partes de su físico,

el 40% sigue o ha seguido alguna vez una dieta, sin embargo,

se alimentan mal,

están muy lejos de las cinco porciones de fruta y verdura

que recomienda la Organización Mundial de la Salud."

Hay casi un 40% que lo come una vez a la semana,

o rara vez, casi nunca.

"A pesar de todo, la población joven en España

tiene la esperanza de vida más alta de la Unión Europea,

pudiendo superar los 83 años de edad."

El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico,

no sería bacterial ni viral como podía ser el pasado,

sino claramente neuronal.

Eso es una de las opiniones de Byung-Chul Han.

Ahora lo que domina es un paisaje de transtornos neuronales,

hago ahora e médico, copiando o hablando de lo que nos dice

el filósofo surcoreano.

Enfermedades como la depresión,

el transtorno por déficit de atención con hiperactividad,

el transtorno límite de la personalidad,

el síndrome de desgaste profesional y algunos más.

Todo eso cuando las cosas y las tareas

se suceden una tras otra,

vivimos acelerados, queremos llegar a todo,

y al forzar nos cansamos.

Yo incluso añadiría un poco más,

y es que queremos serlo todo.

Queremos ser los primeros de la empresa,

ser los más simpáticos, los más divertidos,

los mejores comentarios, los mejores escritores,

los mejores amantes...

Todo ser los primeros.

Esa presión que tenemos encima nos lleva prácticamente a la nada,

porque yo creo que es muy difícil ser el primero y desbordar en todo.

Somos vasos comunicantes.

Si destacas en algo siempre tienes déficit en otra cosa.

Yo quería comentar es que a veces idealizamos a alguien,

personajes históricos que yo utilizo en mis conferencias,

como Martin Luther King, o Mandela,

pero después en el ámbito familiar

los dos fracasaron de una manera importante.

Que tuvieron dificultades, como todos.

Con eso quiero decir que no existe nadie que triunfe en todo,

ni hoy, ni nunca ha habido.

Con lo cual, el aspirar eso es totalmente fuera de la realidad.

Yo diría que todas esas personas que hemos definido hace un momento,

que quieren ser los primeros en todo,

habría que darles alguna salida,

en el sentido de que no fuese eso de:

"Tomate estás pastillas y relájate".

Sino que fuera otra manera de entender

cómo pueden conseguir entender la sociedad de otra manera.

Quizás también eso tenga relación con la sensación de soledad.

Creo que en las sociedades occidentales

una de cada tres personas padece de soledad,

que por lo visto aumentan las posibilidades

de mortalidad prematura, del mismo modo que la obesidad.

En esta sociedad post tradicional,

de alguna manera se han desgarrado los tejidos,

las formas de comunidad, las formas de pertenencia,

y en ausencia de esto, muchas veces se trata de sustituirlo

proyectando el yo en la sociedad,

buscando experiencias, estetizando la vida cotidiana,

tratando de buscar un sentido

en algo que constantemente se desvanece.

Una sociedad con menos anclajes, y por tanto, con menos seguridad de:

"¿Quién soy yo y dónde estoy".

Y eso sustituido con una búsqueda incansable del éxito, a veces,

y cogiendo un poco lo que comentabas antes,

es especialmente preocupante cómo aspectos

o conceptos de la psicología como la resiliencia, por ejemplo,

que está pensado para la superación de traumas,

se apliquen al mercado laboral.

Esta idea de que la exigencia

tienes que tener el hábito de no tener hábitos,

saber adaptarte a cambios constantes,

saber superar esas situaciones...

Y esto puede llegar incluso a una dimensión totalizante,

por no decir totalitaria.

Hay una película que se llama "Trabajo basura",

que en una de las escenas, Jennifer Aniston,

que es la actriz, ella es camarera,

y el jefe le exige que se ponga muestras de encanto,

y lleva las mínimas, 17, que son chapitas,

y hay un momento dado que le dice:

"¿Por qué no te pones más muestras de encanto?", y dice:

"Me pongo las que me has dicho",

y contesta: "No, eres libre de poder decidir

cómo quieres mostrarte al mundo y cuánto encanto tienes".

Llega un momento que le exige un exceso de motivación,

enfocado en el caso de que ella es camarera,

y ella explota en un momento, y le deja tirado y se va,

pero muchas veces esa obligación

de estar constantemente mostrando una sonrisa,

de alguna manera amputa las otras dimensiones del ser humano.

La gente puede pasar momentos malos,

y en trabajos expuestos de cara al público tú tienes que estar

con una presencia siempre feliz, empática,

y eso a veces puede generar

contrastes duros en la propia persona

que no alcanzan a esas exigencias que exige el ritmo financiero.

-Volviendo al reportaje del consumo de ansiolíticos,

es alarmante ver que gente joven en edad activa

tenga que recurrir al uso de ansiolíticos,

cada vez se están prescribiendo con más rapidez.

Ahí está ocurriendo algo.

Quizás en el mundo occidental en el que estamos,

algo estamos haciendo mal para poder tomar una decisión y remediarlo.

-Yo creo que el problema de la depresión debe de hacernos pensar,

es un asunto muy serio.

No es a los 20 años, aparece antes, en la adolescencia.

Hay un incremento de la depresión que antes no estaba.

Se está incrementando la prevalencia de la depresión

y sobre todo esta apareciendo en edades más tempranas,

eso es muy serio.

Y todo lo que estamos comentando de la sociedad, es evidente,

que tiene una aplicación ahí,

ese aislamiento de la gente que está todo el rato con amigos virtuales,

con el móvil, falta de contacto profundo con la gente,

de vínculos afectivos, eso lo tenemos que arreglar.

Si no se vuelve en contra nuestro.

Pero puesto que esto es un problema social,

y tenemos que verlo así, creo que entre esas frases

que a algunos le ponen los pelos de punta,

hay una que a mí me produce esa sensación.

Es decirle al depresivo: "Tienes que poner algo de tu parte".

Este problema que te ha venido por una serie de cosas,

tú eres el que tiene que resolverlo.

Yo creo que evidentemente claro que uno tiene parte

en las cosas que le pasan, pero lo que no podemos hacer

es encima culpar a la persona depresiva,

de un problema que está sufriendo suficientemente.

-La medicación ayuda pero es el paciente

el que tiene que dar el primer paso.

Tener esa conciencia de querer salir del pozo.

-Es muy complicado. -Claro.

-Aquí hay un tema de fondo de valores.

Yo creo que esa soledad, esa incomunicación,

ese buscar otras formas artificiales de amistad,

hay una carencia de valores que parece

que es un tema también que da tabú hablarlo.

Muchos jóvenes...

intentar ser el primero en disfrutar de los valores...

Se han perdido...

Pero muchas veces con el tiempo que se ocupa en clase,

en intentar presumir, en el deporte...

Este verano último...

Vivo en una urbanización, tiene una piscina, estaba leyendo,

y la persona estaba detrás de una sombrilla, y no se me veía,

y había una chica solo en la piscina, era mediodía,

y estuvo media hora haciéndose selfies,

yo no daba crédito.

Ella a sí misma.

Ponía la máquina en una tumbona y hacía así, de espaldas,

de cráneo, de perfil...

Entonces, claro, eso a mí me da un dato de cómo estamos.

Estamos en un momento muy distinto

a cómo cuando nosotros teníamos esa edad.

Habrá que buscar soluciones diferentes a las tradicionales.

Porque estamos analizando el problema

con una visión tradicional,

y estamos hablando de un problema totalmente nuevo.

-No olvidemos que en la época de Tutankamón

los trabajadores tenían menos medidas de seguridad

pero vivían con un estrés muy inferior al actual.

Algo estaremos haciendo mal.

En esa época trabajaban con unas medidas de seguridad nulas,

no existían,

pero el nivel emocional y el nivel de estrés era mucho menor

al que actualmente estamos sufriendo.

Algo estamos haciendo mal.

-Según el Instituto Nacional de Estadística

el 59% de los trabajadores declaran que tienen estrés,

y acaba de salir hace poco un estudio...

-Tienen estrés amas de casa...

-Sí, sí, es que las amas de casa tienen muchas tareas,

y a veces dobles jornadas...

-Y no nos olvidemos de los ancianos,

que ahora están con todo esto de las pensiones,

en un pico de estrés.

-Sosteniendo a los hijos, a los nietos...

-Sosteniendo, siendo...

-Entonces...

-Hay un estudio de hace poco que salió

de la London School of Economics que venía a decir

que es que el trabajo precario era todavía más perjudicial

que el paro para la salud mental y física.

-Totalmente. Repite...

Que el trabajo precario es todavía más perjudicial

para la salud mental y física que el paro.

Y eso tiene mucho que ver con la lógica

que dice Jeff Bezos el de Amazon,

dice que hay que pasar de ser trabajadores a considerarnos

prestadores de servicios.

todos somos prestadores de servicios que contratan nuestros servicio,

pero si no contrato tu servicio, no comes.

Y claro, ahí viene toda la idea de los falsos autónomos,

del trabajo entendido como bolos,

eso se ve mucho en el mundo del periodismo, del arte,

esa cosa de lo que te va saliendo y cuando te va saliendo

en el momento en que te vaya saliendo.

Y eso, supone que todo tu tiempo de vida se convierte en tiempo

para lo que pueda llegar a salir.

Y ahí, claro, eso socava las bases de la propia democracia,

y el propio concepto de libertad.

Eso lo decía muy bien Marx, decía:

"El tiempo es el espacio donde se desarrolla el hombre".

Alguien que no tiene tiempo, solo para reponerse, para comer,

es peor que una bestia de carga.

Aquel que no tiene ninguna capacidad de decidir sobre su propia vida,

en ese sentido, está totalmente sometido y subordinado a normas

que le exceden, de forma individual y colectiva.

Vemos que el libro del que hemos hablado

ha dado bastante de sí esta noche,

no era tanto, insisto, en hablar sobre el libro,

sino en hablar sobre las aportaciones

que nos hace el filósofo surcoreano.

Yo creo que él ofrece algunas soluciones,

no estamos de acuerdo en todas las que nos sugiere,

pero sí que son o nos parecen interesantes.

Aquí tenemos los libros de nuestros invitados,

"El estrés laboral. Análisis y prevención",

del Dr. Víctor Vidal, tengo el de Luis Galindo,

"Reilusionarse" que está editado en Alienta.

Tenemos también el de la profesora María Dolores Avia,

"Optimismo inteligente", publicado por Alianza Editorial,

y el último es el de "No tengo tiempo.

Geografía de la precariedad", de Jorge Moruno.

¿Tuvo tiempo usted para escribirlo?

Sacándolo de donde podía, en los viajes, los trayectos,

en el autobús, y digamos, extrayendo el tiempo a las obligaciones.

Está muy bien eso del autobús, hay un escritor de novela negra,

en Barcelona, que me explico

que la mejor manera para escribir para él,

era el autobús.

Cogía el autobús en la Villa Olímpica,

que es dónde él vive,

se iba hasta el otro extremo de la ciudad,

y en el mismo autobús volvía.

Y eso lo hacía todos los días, o casi todos los días,

y le venía muy bien porque en el autobús escribía a mano,

y luego lo pasaba al ordenador.

O sea, que son métodos que podríamos pensar

en dar clases en el autobús...

Yo escribo mucho, pero escribo también así como dice su amigo,

y dar clases en el autobús es más complicado,

pero escribir en el autobús es muy importante.

Y se distraen los alumnos.

(RÍEN)

Lo dejamos aquí,

gracias a los cuatro por estar con nosotros.

Gracias a ustedes por seguirnos.

Y les esperamos la próxima semana. Gracias.

(Música)

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Millennium - La sociedad cansada

29 ene 2019

Esta semana, podemos escuchar la entrevista a Victor Vidal. Médico especialista en medicina del trabajo, nos habla de "La sociedad cansada"
Convertirse en lo que uno quiere ser o pensar siempre en ser el mejor, el mejor trabajador, el más capacitado, conduce al agotamiento, al cansancio.
Entre las recomendaciones esta semana hablamos sobre "Estamos cansados" el libro "No tengo tiempo" JorgeMoruno @AkalEditor
Ahora somos una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una "sociedad del rendimiento".

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