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Millennium - Más y más adicciones - ver ahora
Transcripción completa

Desde hace unos años,

se consume menos alcohol y menos drogas en España,

pero, aún así, somos el país de la Comunidad Europea

con mayor índice de consumo.

Pero hay más consumos, por ejemplo, de fármacos legales.

Pero los más jóvenes son los que están más expuestos,

porque cada día hay nuevas adicciones.

Adicción a los teléfonos móviles, adicción a las redes sociales,

adicción a según qué parejas.

Podríamos hablar largo y tendido.

La pregunta es: ¿por qué necesitamos esas adicciones?

Hoy, en "Millennium", adicciones.

(Música cabecera)

Queríamos hacer un programa sobre adicciones,

pero no únicamente adicción a las drogas

o adicción al alcohol,

adición en general y a muchas otras cosas,

porque lo que nos parecía interesante era saber

el porqué necesitamos esas adicciones

y qué es lo que pasa en nuestro cerebro

cuando las buscan.

Nuestro primer invitado, el señor Eusebio Megías,

en los años 60 y 70, según tengo entendido,

era de los pocos que entendían que el alcohol

no era tan bueno como la patria decía.

E iba por los pueblos contando: "Oiga, que esto

no es tan sano como ustedes creen.

Que hay que tomar medidas.".

Yo recuerdo, incluso, que en esta casa

hubo una vez una serie sobre los vinos de España,

algo tan normal.

Nosotros estamos preparando un programa sobre vinos en España,

y la verdad es que se provocó una gran polémica

de los que estaban a favor y de los que estaban en contra.

Pero todo eso será a lo largo del programa.

Ustedes se preguntarán

por qué hemos empezado a hablar del alcohol,

y es que yo creo que todos hemos visto

esa campaña de publicidad

de la Fundación de la Ayuda contra la Drogadicción.

Él es director técnico de esa fundación, de la FAD,

es psiquiatra y, por eso, hemos empezado hablando de alcohol,

que es una de las adicciones.

A ver, ¿qué es lo que deberíamos conseguir de los más jóvenes?

¿Que beban, que beban con control o mejor que no beban?

Depende a qué llamemos "más jóvenes".

Los niños, que no beban. Los menores, pues que no beban.

A partir de esa edad en que ya se empieza a ser mayor...

¿Qué edad es esa? Digamos que la aspiración realista

sería que beban con conciencia,

con control, con moderación, etc.

Podíamos decir que no beban hasta los 18 años,

que es lo que dice la ley,

pero también sabemos que es una ley que se incumple el 86 % de los casos.

Por tanto, una ley que tiene 86 % de fallos

hay que preguntarse si es una ley eficaz, ¿no?

En cualquier caso, la pregunta

que motivó la campaña a la que hacías referencia,

no es qué tienen que hacer los jóvenes,

qué tienen que hacer los menores,

sino la pregunta era: ¿qué tenemos que hacer nosotros,

que no somos menores, para poder establecer un diálogo,

mínimamente legítimo,

mínimamente creíble, con esos jóvenes?

Un diálogo que, en este momento, no tenemos

y que no tenemos por, y hay que decirlo,

por una hipocresía absoluta de la sociedad adulta.

En España, hacías referencia a los años 60, 70, pero de siempre

no ha habido nunca conciencia

de que existiera un problema alcohólico, nunca.

Cuando, con mucha diferencia, con mucha diferencia,

el alcohol ha producido más problemas,

no solo de salud, sino de todo tipo,

que todas las demás sustancias hipoactivas juntas.

A mucha distancia.

Y, sin embargo, nunca ha habido conciencia de que hubiera problema.

En España, el problema no era beber, era no saber beber.

Y algo que se supone que la inmensa mayoría de la sociedad sabía hacer,

cuando era evidente que no se producía,

cuando había un problema,

en primer lugar, había una gran tolerancia

hacia las borracheras, hacia la bebida excesiva, etc.

Después, cuando ya no había forma de tolerar más,

la salida, para alguien que no sabía hacer

lo que la inmensa mayoría sí sabía,

era entender que era o un perverso, un vicioso

o que era un enfermo mental, con un déficit.

Las dos salidas clásicas eran o el manicomio o la cárcel,

las casas de templanza.

Pero nunca hubo un problema de conciencia

de problema de alcoholismo.

¿Qué pasó en la sociedad española en los años 80?

En los años 80, lo que pasa es que aparece

una nueva forma de beber que escandaliza a la sociedad.

Aparece una forma de beber que cambia las bebidas,

que se eligen,

que cambia la forma y el rito con que se bebe,

que cambia el perfil de los bebedores,

que cambia, incluso, el recipiente del que se bebe,

aparecen las litronas, los tanques, aparecen toda una serie de productos,

aparecen mezclas nuevas, etc.

Y eso genera,

más que una preocupación de salud colectiva,

que es lo que decimos para quedarnos con buena conciencia,

pero lo que sería realmente es un escándalo por desorden público.

Lo que se produce es una alteración del orden público,

y eso empieza a condicionar que la sociedad española diga:

"Tenemos un problema con la bebida",

y al decir "Tenemos un problema con la bebida",

lo que hacen es señalar a los jóvenes

y señalar esa forma rara de beber de los jóvenes.

Que sirve de coartada

para no preocuparnos de la forma nuestra.

No se me ofenda, pero si le dejo, me hace usted el programa entero

sin que los demás no hablen. (RÍE) Perdón.

Y yo creo que tengo que presentar también a los invitados.

Sin duda. Al resto de invitados.

Pero alguna de las cosas que ha dicho, yo...

¿Por qué los jóvenes? Pero no me lo conteste ahora, ¿eh?

No, no. (RÍEN)

Porque los mayores también beben y las mujeres

y siempre pensamos en los ciudadanos de menor edad.

El señor Marc Masip es psicólogo,

es experto en nuevas tecnologías,

es director del programa "Desconecta",

creador de FaceUp, una aplicación

que mide el grado de dependencia del móvil o al móvil.

¿Puede hacer tanto daño ser adicto al móvil

como a otras drogas?

Muy buenas. Categóricamente, sí.

Sé que existe un debate, y seguro que lo podemos tener,

pero para mí, la adicción a las nuevas tecnologías,

videojuegos, teléfono móvil, redes sociales, ordenador,

es igual de peligroso, ni más ni menos,

que la adicción a las drogas, al sexo, el alcohol, al juego...

Y, actualmente, nos está causando muchos problemas.

Oía al doctor y estoy muy de acuerdo en que los jóvenes no saben beber.

De hecho, creo que los jóvenes, actualmente, beben cuando deben salir

y es la excusa, ¿no?

"No puedo salir si no bebo." o "No sé salir sin beber.".

"Lo hago de forma compulsiva para estar borracho y desinhibido.".

Al final, esa relajación, esa evasión,

también la encuentran, en el día a día, en las pantallas.

Todo viene precedido de un problema anterior.

Y la evasión, el sentirse a gusto, el sentirse pertenecientes

o admirados, incluso, lo encuentran a través de las pantallas.

Y no la culpa, pero sí la responsabilidad, es nuestra.

Sin enrollarme mucho,

no hace tanto, íbamos en moto sin casco y no pasaba nada,

en los aviones había humo

y el pediatra, cuando te ponía el termómetro,

se estaba fumando un cigarro.

Ha habido alguien que ha dicho: "Cuidado, que se caen y se matan.",

"Esto no es sano.", ya vamos poniendo normas.

Espero que pongamos ya normas sobre cuándo se puede tener teléfono móvil

y qué se puede y qué no se puede hacer con él.

Está bien visto, pero, para empezar, todos los demás,

deberíamos prohibirnos algunas cosas, ¿no?

Por ejemplo, estar en un restaurante comiendo

e ir poniendo mensajes

o estar en el trabajo e ir recibiendo correos

e irlos contestando, no de trabajo ni de nada,

sino de cotilleos o de información.

Gracias por estar aquí, Marc. Gracias a ti.

La señora Esther Aguado, bienvenida. Gracias.

Ella es presidenta y directora de la Asociación Aragonesa

de Jugadores de Azar en Rehabilitación, Azajer.

Exacto.

Mira que es feo también lo de la contracción esa,

pero yo le felicito por el trabajo que hace.

Estuvo seis años de su vida enganchada al juego.

Sí, sí.

Desde 1993, en Azajer... 91.

Ayuda a personas con adicción al juego

y a sus familias.

Pero la sorpresa de hoy

es que cada vez llegan a su asociación

jugadores más jóvenes

o llegan padres preocupados porque sus hijos se han enganchado

al juego online y se gastan el dinero.

También explicar que el juego, hasta el año 70 y algo,

estaba prohibido en España y luego, hubo un boom de juego

que, entonces, es cuando la mayoría de la población

o un gran porcentaje de la población,

se enganchó al bingo, que era novedad,

y a las máquinas tragaperras.

Había muchísima gente jugando. Gente ya de una cierta edad.

Realmente, también decir que nunca ha habido prevención

y se llegó al juego, en este caso, de una forma totalmente virginal,

que nadie sabía los peligros, ¿no?

En estos momentos, bueno, yo sí que me enganché,

en el año 85 hasta el año 91.

Me enganché, primero, al bingo y luego, a las máquinas,

porque el bingo abría a las cinco de la tarde.

Si hubiese sido en estos momentos, seguramente, estaría enganchada

a las nuevas tecnologías, en este caso,

a las apuestas deportivas seguro o a la ruleta o lo que fuera.

Nosotros, en estos momentos, lo que estamos atendiendo,

nosotros, es una plantilla donde, realmente, hay psicólogos,

neurofisiólogos, trabajadores sociales,

hay un equipo multidisciplinar, donde atendemos cada vez más jóvenes.

También han llegado, como yo en mi tiempo,

de una manera totalmente virginal,

donde no ha habido ningún tipo de prevención.

Primero, efectivamente, han estado enganchados

a los videojuegos muchos,

la mayoría, bueno, todos, al teléfono y a internet.

Luego, han dado el salto jugando muy poco dinero,

ganando en una primera ocasión, y se han enganchado, sobre todo,

lo que estamos viendo nosotros ahora, a las apuestas deportivas.

Seguimos sin prevención,

con muy poca ayuda en investigación...

¿El Estado es hipócrita? Totalmente.

Además, hay una cosa que es clara, el alcohol produce...

El alcohol, las drogas, produce gastos al Estado.

El que bebe, puede tener una cirrosis,

el alcohólico puede tener un brote esquizofrénico

o puede tener cualquier tipo de enfermedad, ¿no?

Pero, realmente, el ludópata,

realmente, una ludopatía se queda en casa.

Si hay deudas, normalmente, se reúne todas las deudas,

sobre todo, de los créditos rápidos que están anunciando continuamente

y se queda en casa, no hay un gasto del Estado,

no hay una alerta social.

Los créditos rápidos, cree usted, no lo sé, ¿eh?,

que sirven para... Para jugar. Sí, sí.

¿O para pagar deudas de juego? Sí, pero da igual.

Si ya has pagado deudas de juego, es que has jugado anteriormente,

entonces, es la pescadilla que se muerde la cola.

Y luego, la publicidad, que es superagresiva.

Superagresiva.

Es que te están anunciando continuamente, además, famosos,

el juego, y te invitan a jugar, y te regalan dinero para jugar.

Entonces, vamos... Es increíble. Y eso, estamos, pues en una epidemia.

Que acabamos de empezar hace muy pocos años,

pero que dentro de unos años, como no lo regulen

y hagan una cosa realmente nacional,

porque el juego privado, en este caso, es autonómico,

yo no puedo jugar en un salón de juegos en Aragón,

pero sí que puedo jugar en Madrid.

Entonces, o nos ponemos todos de acuerdo y hay una ley

y hay un reglamento común,

o esto, desde luego, va a terminar muy mal.

Y luego, también decir que, muchas veces,

en la mayoría de los casos, estamos hablando de jóvenes,

estamos hablando de jóvenes de 18, 20, 22 años,

están enganchados también a las drogas,

porque, a veces, jugar hasta las dos de la mañana,

aunque sea sin dinero,

necesitas un tipo de droga para poder aguantar

y también al alcohol.

Entonces, realmente,

hay que analizar muchos factores y muchas cosas.

Hace falta, pues eso, expertos que investiguen

y que, realmente, se impliquen. Pero falta dinero.

El problema en este país

es que destinan dinero a muchas cosas y en otras, muy pocas.

Para analizar y para darnos su opinión

sobre esos puntos que usted dice,

hemos invitado al doctor Manuel Martín-Loeches,

que es catedrático de Psicobiología de la Universidad Complutense,

en Madrid,

responsable de la sección de Neurociencia Cognitiva

del centro UCM-ISC3... Sí, sí.

También el nombre es fino, ¿eh? Es largo, es largo.

(RÍEN) -Aún le queda.

¿Cómo? Aún queda.

De Evolución y Comportamiento Humano.

Sí, sí, es que no lo he terminado porque, además,

ya me ha llenado la línea y tengo que ir a la siguiente.

Sección de Neurociencia Cognitiva

del centro de la Universidad Complutense de Madrid

y del Instituto Carlos III

de Evolución y Comportamientos Humanos.

¿Todo eso le cabe en la tarjeta de visita o no?

No, no. Lo pongo muy abreviado, porque sino, no habría forma,

pongo un par de cosas solo. A ver,

aquí hemos hablado de unas cuantas adicciones...

Sí.

Pero es que no podíamos hablar de más, aunque existen,

por muchos motivos.

Porque hay cuatro invitados, no podíamos traer más expertos.

Podríamos hablar de la adicción al sexo,

podríamos hablar de la adicción a la pornografía,

que no sé si es lo mismo,

podíamos tratar de la adicción,

a veces, a personas equivocadas,

en algunos casos concretos,

de gente que quiere a los que no tienen que querer,

porque les crean... Es una dependencia, exacto.

Una dependencia.

¿Por qué hay personas que necesitan ser adictas?

Porque si uno no quisiese, no sería. Bueno, eso es como todo.

Ya hay mecanismos que tiene nuestro cerebro

que, de alguna manera, aún a pesar de nuestra voluntad

o de la actividad de ciertas partes del cerebro,

pueden parecer más razonables

o que tienen en cuenta datos objetivos y mensajes.

No obstante, como digo, hay partes del cerebro

que nos tienen esclavizados

y, de hecho, nos tienen bastante esclavizados.

En general, a todos.

Todos somos susceptibles de ser adictos.

Y todos, de alguna manera,

estamos esclavizados por estas áreas del cerebro

que tienen que ver con, que es muy básico

y lo buscan todos los mamíferos, buscar lo placentero y repetirlo

y alejarnos de lo que nos produzca dolor.

¿Perder dinero es placentero? El dinero es placentero.

Perderlo. Ah, perderlo. No.

Es doloroso.

Entonces, lo que se busca es no perderlo y ganarlo.

Por eso las adicciones al juego

no son otra cosa sino que hay un premio, que es el dinero.

¿Las resacas son placenteras? El absoluto. Pero...

se pasan, eso es lo malo, se pasa el dolor.

Los créditos, como decía Esther hace un momento,

te permiten suplir la temporal falta de dinero

y volver otra vez. Es decir, volvemos al cero.

Vamos a buscar eso que nos produce placer.

Cualquier adicción, efectivamente,

tiene sus efectos colaterales negativos,

pero la fuerza de lo positivo es mucho más fuerte.

El seguir buscando estímulos positivos.

Y si hemos determinado por costumbre o por asociación,

por cultura muchas veces, que lo placentero es esto,

lo seguiremos buscando, aún a pesar de los efectos colaterales.

Nunca nos importarán.

No serán nunca tan importantes a la hora de tomar una decisión.

Ustedes se preguntarán que dónde están los adictos.

Que hemos traído a "ólogos", que es como les llamamos nosotros,

a expertos, a gente que puede opinar,

pero que no tenemos personas que sufran esas adicciones.

No es exactamente así.

Tenemos, como siempre, nuestro primer reportaje,

donde vamos a conocer a algunas de estas personas.

Lo cual nos permitirá seguir adelante

con el propio programa. Vamos a verles.

Yo empecé el consumo cuando tenía unos 18 años.

Lo típico, que empecé bebiendo alcohol, como todo el mundo,

como algo normal. Con 15 años.

Esto lo que hace es que, cuando tú bebes mucho,

yo utilizaba la cocaína para aguantar el alcohol.

Entonces, se iba incrementando las horas del consumo.

Te ibas de after. Luego de un after a otro after.

Luego, a una casa y luego, otra vez por la noche.

Yo empecé con 20 años.

Me entró la curiosidad de meterme en una página online de apuestas

y, realmente, empecé con una cantidad baja, eran 10 E, lo recuerdo,

y, realmente, los perdí rápido, pero...

como que me gustó la experiencia de haber apostado online.

Me resulto tan fácil...

Tenía cuenta, igual, en cinco páginas online diferentes.

De hecho, muchas veces, cuando acababa de estar con mis amigos,

me metía en el coche y lo primero que hacía era sacar el móvil y jugar.

-Cuando empecé a trabajar ya jugaba... bastante.

Antes de casarme. Después de casarme seguí jugando.

Y siempre por la convicción de que no me descubrían...

De que... bueno, camuflaba, a lo mejor,

que ganaba menos y la diferencia me lo jugaba.

Pides créditos, te entrampas y el círculo es amplísimo.

Es una espiral de la que no puedes salir.

(TRAGAPERRAS) "Dos bonos por dos".

-Son los duros testimonios de personas que han vivido atrapadas

a una adicción y que, ahora mismo, intentan pasar página,

pero ojo, porque según han notado en esta asociación,

en los últimos cuatro años han aumentado el número de casos

de adicciones al juego online con respecto a otro tipo de adicciones

como pueden ser el alcohol o las drogas.

Y es que Internet, lo fácil que resulta acceder

a este tipo de páginas web

y lo sencillo que es hacerlo desde el teléfono móvil,

hacen que lo que empieza siendo un entretenimiento

se pueda convertir en un grave problema.

-Igual cada día me apostaba...

Bueno, para mí, apuestas de 50 E o 100 E eran lo habitual.

Cada día igual metía 100 E y los apostaba, y si los perdía,

igual llegaba a 200 o 300 en un día hasta que se acababan los recursos.

Y cuando se me acababan pedía créditos pequeños

a estas... las típicas páginas de créditos que se anuncian y tal.

Pedía más créditos y seguía apostando.

-Llegas a normalizar tanto las drogas

que lo ves como que es algo bueno, algo guay que hace todo el mundo.

En las discotecas tienes muy fácil acceso.

Está a la orden del día. Es como el alcohol.

En las drogas, cocaína en este caso,

aunque sea ilegal, es un narcótico muy accesible a cortas edades

y en cualquier sitio. En las discotecas, en cualquier sitio

tienes un camello que te vende o te ofrece.

-Desde fuera yo no he entendido nunca las adiciones de los demás

y siempre las he juzgado con una rigidez... incomprensible.

"Cómo esta persona puede beber"

o "cómo esta persona se puede haber dado a la droga"...

pero cuando tú te has visto metido en un tema de estos

es cuando realmente lo comprendes.

-¿Son los jóvenes de hoy más vulnerables a las adicciones?

¿Al alcohol y a las drogas y suma de manera alarmante

la tecnología como nueva fuente de adicción?

Ahí están las preguntas.

Yo añadiré otra que me ha parecido también muy interesante

que ha dicho el último invitado,

que decía que desde fuera tú no eres consciente

y que tienes que pasar por eso

para darte cuenta de que lo que vives y lo que sufres.

Vamos por las partes...

Porque al principio usted ha dicho algo

que yo le he dicho que le preguntaría más tarde.

¿Son los jóvenes los más vulnerables a las adicciones?

¿La estructura del cerebro les pide más a ellos?

¿Es esa inseguridad

que provoca la adolescencia y la postadolescencia

que les obliga a hacer cosas

que les permita considerarse más en serio?

Sí, yo, hay...

Yo pienso que hay dos cosas ahí, en la juventud.

Bueno, decían al final de lo que nos ha presentado,

"¿son los jóvenes más adictos?"... Como si los de antes no lo fueran...

Ahora serán más adictos o no. Yo creo que son igual de adictos.

Es, sencillamente, que ahora hay más medios

o más... oportunidades de ser adicto.

Pero yo creo que en el joven ocurren varias cosas,

o por lo menos dos principales.

La primera, que su cerebro aún no ha madurado.

Contra lo que se creía hasta hace poco,

la maduración del cerebro no se produce hasta los 20 o 21 años,

dependiendo del sexo de la persona.

Y, de hecho, las últimas partes en madurar

son las que nos ayudan a controlar nuestro comportamiento en sociedad.

Y esas, hasta los 20 o 21 años, no las hemos completado.

Y el segundo factor, que creo que es muy importante,

es que los jóvenes están en una edad que nosotros, por nuestra biología,

tendemos a buscar pareja...

Como animal que somos, es la edad ideal, digámoslo así,

o la edad por la que estamos biológicamente programados

para cortejar, para competir con otros de nuestro mismo género

y buscar pareja, ¿no?

Entonces, es donde se hacen muchas de las barbaridades que se parecen...

Demostraciones de capacidad, demostraciones de fuerza...

Y, entonces, muchas veces, en estas edades,

lo que se hace es buscar experiencias nuevas y demostrar que se es capaz

de hacer lo que hacen los demás y hacerlo más que los demás

y eso podría ser un factor.

-No sé, yo creo que tendríamos, en alguna medida, que clarificar...

que estamos utilizando un término, adicto, que es un término...

excesivamente genérico. Estamos llamando adictos

a personas que quizás lo sean o quizás no lo sean.

Ser adicto o adicta no es una situación patológica,

no es una enfermedad como otras enfermedades.

Tú tienes una vida normal, de pronto tienes una noxa causal,

tienes un accidente, tienes una infección o lo que sea,

te pones enfermo y después te tratan.

Eso es una enfermedad, en el sentido neopositivo y tal, del término.

Así no son las adicciones. La adicción es un proceso.

Es un proceso que empieza por consumir una droga

sin ser adicto. Hablo de la droga o del alcohol.

Y el hacerse adicto es una situación que se produce con el tiempo.

Entonces, cuando hablamos de raíces,

por lo menos tenemos que hablar de dos cosas diferentes.

Una, cuáles son los factores que hacen, en este caso la pregunta

era a los jóvenes, ser más usuarios de las drogas.

¿Cuáles son los factores que les llevan a consumir?

Y otra pregunta totalmente distinta es cuáles son los factores

que, una vez que empiezan a consumir, les llevan a ser adictos.

Evidentemente el cerebro de los jóvenes es más frágil.

Están construyéndose y, por tanto, tienen, digamos,

en ese sentido, más vulnerabilidad.

Hay otro elemento que genera una importantísima vulnerabilidad

y es que tienen mucho más tiempo por delante y, por tanto,

tienen mucho más tiempo para hacerse adictos.

Tienes mucho más tiempo para consumir e ir haciendo una adicción.

Pero la pregunta real, la que a mí me importa,

es qué pasa para que, en momentos determinados

de la historia de una sociedad, grupos de población muy importantes

se pongan a consumir. ¿Qué pasa? ¿Se han vuelto locos?

¿Han sido víctimas de una fragilidad especial de su cerebro?

¿Son inmaduros? ¿Ha aumentado los traumas infantiles? No.

La única explicación que cabe ahí es que ha habido un proceso

de culturización, un proceso social, que condiciona, no el ser adicto,

pero sí el empezar ese camino, ese proceso.

Por ejemplo, y con esto termino...

El crecimiento... importantísimo...

en las prevalencias de todos los consumos de drogas

que se dieron en España en todas las edades,

dicho entre paréntesis, no son los jóvenes los que más consumen,

consumen mucho más los más adultos,

entre 25 y 35 mucho más que los adolescentes y los menores,

pero... cuál fue el proceso que en España hizo

que a partir de finales de los años 80, de 95 en adelante,

se produjera un imparable crecimiento de todas las prevalencias de consumo,

no de los adictos. ¿Cuál fue? Evidentemente...

llegó un momento en que consumir una droga

era algo sintónico con la cultura social.

Consumir una droga no era un factor de marginación como había sido,

sino era un factor de integración.

Y eso hizo que grupos enteros se pasaran al consumo.

-Me ha gustado mucho el cambio social.

Ha habido un cambio social

y ese cambio social viene por las nuevas tecnologías.

-Exacto. Sí, sí, sí. -Las nuevas tecnologías permiten...

a cualquiera, pero hablando de los adolescentes,

estar drogándose en medio de la clase,

en el sofá de casa...

o paseando. -Comunicándose rápidamente.

-Porque, si algún joven saca una raya aquí de cocaína y la esnifa,

nos asustaremos. Si se pone a chatear...

¿Por qué un joven? Siempre estamos penalizando...

¿Los jóvenes tienen dinero para comprar rayas de cocaína?

Bueno, tampoco tienen dinero para comprar un iPhone Plus

y lo tienen. -Ni para jugárselo.

Pero yo creo que ahí puede haber razones familiares,

razones de regalos, reunir dinero...

Sí, pero todos los niños tienen smartphone.

-Claro, pero digamos que una vez que tienen su smartphone hay opciones

y son baratas. -¿Y quién le ha dado esa opción?

-Son gratis, muchas veces, los juegos.

-Sí, pero la acción, que es el teléfono móvil, el aparato...

Hay veces en que... Puede ser que los padres compren uno nuevo

y el anterior se lo den al niño.

-Estoy muy de acuerdo con lo que decías antes.

Que la publicidad nos... El otro día estaba viendo el Barça-Madrid

y en el descanso hubieron siete casas de apuestas

que ofrecieron sus servicios.

Yo pienso que el adolescente...,

me preguntabas que por qué el adolescente,

el adolescente es más impaciente, es más exigente,

lo quiere todo de inmediato

y, además, tiene más tiempo libre que el adulto.

El adolescente ve no pasar y lee pasar.

O tengo que pasar o quiero pasar.

Yo pienso que el adolescente está mucho más en riesgo

de ser adicto que el adulto.

Es verdad que el adulto también ha sido adolescente

y pienso que los adolescentes que ahora, no por su culpa,

sino seguramente por nuestra responsabilidad,

han nacido en una época muy complicada.

Y como ahora acaba de decir el doctor, todo "volumizado",

o todo explotado al máximo por las nuevas tecnologías.

Porque las drogas se compran a través del móvil,

quedan para beber a través del móvil

y, porque vuelvo a lo de antes,

no puedes controlar lo que está haciendo alguien,

y ahora sí que podíamos coger al adulto, cuando está con el móvil,

porque estar con el móvil es normal.

Y está aceptado.

No sabes lo que está haciendo.

Si sonríe se lo está pasando bien, pero tú, en una reunión,

no sabes si está viendo pornografía, violencia o está apostando.

Porque el móvil es tuyo. Es un tú para tú.

Pero ahí dentro hay una bomba...

enorme que un chico de 12, 13, 14, 15...

no está preparado para saber gestionar.

-Estoy totalmente de acuerdo.

Y luego, también hay un factor que cuenta mucho.

Los hijos de estos jóvenes... Uy, los padres, perdón...

de estos jóvenes o de estos adolescentes, realmente,

cuando acuden a pedir información,

es que no entienden de nueva tecnología.

Entienden algo, pero no están tan empapados como los jóvenes.

Y, bueno, pues no ha habido un aprendizaje

por parte de los tutores o del Estado.

No ha habido ningún factor que les haya dicho

que cuando tu hijo tenga 12 años o 14 años,

deja el ordenador en el comedor, que no se meta en su cuarto,

cierre la puerta y estemos en mundo de nadie.

Eso está claro. Y luego, lo que vuelvo a repetir,

que es verdad que quedan para, pues eso, para beber,

para comprar el alcohol... Bueno, quedan ahora y es inmediato.

No hay que hacer una reunión, no hay que preparar,

no hay que hacer una lista. Es totalmente inmediato.

Y luego, lo que estamos viendo también,

es que cuando estamos hablando de drogas,

que van unidos al alcohol y al juego,

pues hay muchos chicos que, para poder jugar, venden droga...

en pequeñas cantidades, pero la venden.

Y empeñan cosas o venden la Play,

venden joyas de la madre o del padre...

A ver, que realmente hay un mundo ahí sin explorar

y que la sociedad no se da cuenta.

Lo único que se da cuenta es que nos bombardean.

Y no solo en la tele.

Oyes un partido y a cada momento están diciendo cómo va un equipo,

como va otro, apuesta no sé qué, tal o cuál.

Y luego, la juventud, y los chicos, hablo de los chicos,

antes se reunían en un bar a ver un partido de fútbol.

Ahora se reúnen en casas de apuesta. Y están apostando.

Pequeñas cantidades que luego van a recuperar

y es lo que estabas diciendo, es que, realmente,

te provoca un descontrol de impulso y tu cerebro te pide más

y te pide recuperar y que hoy va a ser tu día de suerte.

¿Quién se vuelve... Quién se engancha?

Pues la mayoría de las personas o de los chicos, en este caso,

de la juventud, que en un principio ha tenido un premio y repite.

¿Cuándo se pasa la barrera? Cada uno pasa la barrera...

A veces no te das ni cuenta de cuándo has pasado la barrera.

Lo único, que tu cerebro te pide más y más y más.

Pues igual que con un teléfono móvil. Te pide más y...

El Candy Crush, mismamente.

Era superadictivo y había gente que estaba enganchada

y se pegaba horas y horas... y no se gastaba dinero,

pero es que hay juegos que... que enganchan.

Están hechos para enganchar.

Y están estudiados para que se enganche la gente.

Pero es que... Déjeme que haga... Tengo la impresión de que es que...

que todo es como muy malo.

Y que nosotros no tenemos nada que ver.

A mí, por ejemplo, la campaña de ustedes,

lo que me gustaba es porque nadie se siente concernido...

de que haya, ¿cuántos...? A eso es a lo que me refiero.

Es decir, todos nosotros,

y tanto más cuanto más cerca estemos del problema,

tenemos la tendencia a satanizar los problemas de los jóvenes.

Tenemos la tendencia a exagerarlos.

Ahora estamos hablando

como si los jóvenes fueran más alcohólicos que nunca.

Insisto. Yo me recuerdo a mí mismo, los años 70, sabíamos perfectamente

que la forma de beber, y entonces era la forma de beber mediterránea,

aumentaba de una forma disparatada a partir de los 16, 18 años,

se mantenía y después volvía a bajar. Evidentemente eso tiene un riesgo.

Evidentemente, la gente se quedaba ahí, algunos de ellos,

pero no eran, en ese sentido, diferentes de los jóvenes de ahora.

-Pero igual es más compulsivo ahora.

No sé... -Vamos a ver, por qué...

¿por qué va a ser compulsivo? Yo... -Antes te podías...

-Si estamos definiendo las nuevas tecnologías

como una especie de trampa en la que inevitablemente va a caer,

no entenderemos nunca ni para qué sirven

ni entenderemos nunca cómo podemos corregir los problemas.

-Pues previniendo. -Desde mi punto de vista,

las nuevas tecnologías, el problema de las nuevas tecnologías,

no es..., y no quiero que se me malinterprete,

el que haya todo este tipo de desviaciones, problemas,

perversiones, etc. -Pero habrá que saber utilizarlas.

Y ahí está el problema, que no se saben utilizar.

-Pero saber utilizarlas... -Claro, porque son nuevas.

Al ser nuevas todavía no es... -Pero saber utilizarlas no es...

"despertad, que son drogas",

lo hemos aprendido, los que lo han aprendido,

porque llevamos muchos años metiendo la pata,

enseñando el espantajo de las amenazas

y pensando que así la gente se va a alejar.

No es verdad. No se hace. No sirve eso.

El gusano ese que había... Era un error clarísimo

y producto de los tiempos. Y, visto desde ahora,

hay que decir que era un disparate. -A la gente le provocaba

más ansiedad aún para meterse. -Pero estaremos de acuerdo...,

estaréis de acuerdo conmigo, en que las nuevas tecnologías

potencian el consumo actual de muchísimas cosas.

-Las nuevas tecnologías son un instrumento muy poderoso

que puede tener un efecto de exageración de los problemas

o que puede tener un efecto de exageración de los beneficios.

-Pero yo, cuando tenía que ir al bingo, me tenía que desplazar.

-Lo potencia. -Potencia lo malo y lo bueno.

-Por lo tanto hay que luchar. Espera, espera.

Por lo tanto hay que luchar contra la potenciación negativa

y para hacer un buen uso de las mismas. Entonces,

yo pienso que al final, con matices, pero estamos los cuatro de acuerdo.

Al final aquí esta la dopamina, no sé qué...

Tú tendrás tus matices, yo los míos,

yo convivo con adolescentes de hoy en día,

no sé cómo eran los adolescentes de antes,

los de ahora sí que me parecen una sociedad algo idiotizada

y que si no encontramos una buena orientación, no sé,

pedirán matrimonio por Instagram y trabajo por Twitter,

pero mi pregunta para esta estupenda reunión, más allá de los matices...

Los adultos ya han estudiado, están trabajando,

les queda ir a pasear y disfrutar un poco del amor de su pareja y...

quizás intervenir. ¿Qué hacemos con ellos que son nuestro futuro?

Ramón, ¿qué podemos hacer para ayudarles?

Porque, para mí, prevención, educación, pero yo, lo siento,

pero límites y normas. -Exacto.

-Para el buen uso de las nuevas tecnologías

e intentar eliminar al máximo las drogas o el alcohol.

Escucha, Marc, límites y normas... si los van a cumplir.

Porque para hacer límites y normas y que se rían...

Me ha gustado mucho el principio que decías.

Se puede beber a partir de los 18... pero se bebe antes. Lo sabemos todos.

Pero en Singapur no pasa.

-Claro... Ya sé que no pasa.

Ni en Arabia Saudita. Pero si empezamos a hacer una comparación

nunca nos liaríamos. -Habló de sistemas educativos

que funcionan más allá de lo que acabas de nombrar,

que la respeten. Ramón, tú decías,

¿verdad que la gente no fuma en los restaurantes?

No. ¿Es verdad o no?

Sí, que sí. Salen a la calle.

Es verdad que ahora la gente lleva casco en las motos.

Sí. Es verdad que ahora los doctores

y los profesores no fuman. Sí, pero una cosa...

¿No podemos ponerles normas y límites a estos chicos?

Sí. Pero las normas y los límites... Cumpliendo las nosotros primero.

-Y educación.

Las normas y los límites yo creo que funcionan cuando...

no forman parte de la moral interna

y del funcionamiento interno de las personas.

Tú vas, y cuando subes a la moto, te pones el casco. ¿Vale?

Y el cinturón en el coche.

Primero los de delante y luego los de detrás.

Pero... para... estar en la habitación

con una aplicación puesta y jugar, o apostar...

Es que yo creo que lo que surge aquí es que las nuevas tecnologías

tienen el peligro de que son muy fáciles,

muy accesibles. Muy rápidas.

Es decir, ese control que deberíamos tener es muy difícil de tener.

-Pero hay controles parentales.

-Los chavales, en cuanto se quedan solos con el móvil,

pueden hacer lo que quieran. Y eso es muy difícil de controlar.

Es decir, un cinturón que no está puesto en el coche,

se puede controlar. Es evidente que una persona...

-Pero es difícil de controlar si tiene el aparato.

-Claro.

-La norma es que no puedan tener el aparato hasta que no hayan...

(HABLAN A LA VEZ)

-¿Cómo le vas a quitar el aparato si todos los demás lo tienen...?

-Pero hay niños de 12 años que van con el móvil.

-"Es que todos lo tienen, solo lo quiero para comunicarme.

Me podrás llamar,mamá". Perfecto,

pero volvemos a la misma. -Y luego está lo que dice Ramón.

-Que todos tengan aparato, ¿ha dependido de los adolescentes?

Es decir, ¿por qué se depende de ello?

Vamos a ver. -Eso es lo que estamos diciendo.

-Las normas y límites son absolutamente necesarias.

Un adolescente necesita, pero con dos condic..., con varias.

-No, no, no. -Necesita límites.

-Normas y límites. Sí, sí. -Sí, sí, sí, sí.

-Hombre, por favor. -Estoy de acuerdo.

Necesitan normas y límites, pero hacen falta, digamos,

varias condiciones para que funcione.

La primera, es que esas normas y límites

sean algo que encaje dentro del contexto de la sociedad

en la que estás. Me ponías el ejemplo de Singapur.

El contexto de Singapur, o el decir: "Y el control sirve,

porque fíjate lo que pasó con los opiómanos en China".

Hombre, claro que desaparecieron. Les cortaban la cabeza...

claro que desaparecían. Pero tiene que ser en virtud

de un contexto, lo que no puedes es hacer que funcione

de manera muy restrictiva la dinámica de un sector

mientras el conjunto de la sociedad está abierto.

No puedes. Primero, tienes que eso. Y lo segundo, para poner normas

y límites tienen que ser razonables y coherentes. Por ejemplo,

¿tiene sentido que un chico o una chica

en este momento puedan trabajar a los 16 años en un bar,

pero no puedan beber? ¿Eso es coherente?

Segundo, tiene que tener una legitimidad

¿Es legítimo o es creíble que nosotros le digamos

a un adolescente o a un joven: "No bebas en la calle.",

cuando todos los adultos están bebiendo en la calle,

o que digamos: "Abandona el exceso. Bebe, pero sin exceso.",

cuando ferias populares están montadas sobre el exceso?

-A ver, es que yo pienso que lo pasado es para aprender

y que nos sirva de experiencia, pero es que ahora estamos

en el presente y yo creo que han cambiado muchísimas cosas.

Voy a poner un ejemplo. ¿Me dejáis hacer una propuesta?

Si me permites terminar. A ver, yo cuando era joven

igual tenía menos poder adquisitivo, pero sí que me podía ir

a una discoteca y tomarme dos cubalibres. ¿Vale?

Igual el joven de ahora no se los puede tomar,

posiblemente... es que no, no se los puede tomar.

Es que al precio que están igual no tiene adquisitividad.

-Los toma fuera de la discoteca.

-Entonces, se las toma fuera de la discoteca.

Para eso compra el ron, mezcla la ginebra...

-Y otros no.

-No, claro, y beben más y más compulsivamente.

Entonces, es que yo creo que todo ha cambiado.

Ha cambiado el juego, ha cambiado... Y mucha gente se mete ahora...

-Ha cambiado a pesar de la norma. -Que sí, pero ha cambiado.

-Bueno, se van buscando recovecos. -Claro, pero algo tenemos que hacer.

-Como se hecho siempre. -Claro.

-Algo tendremos que hacer. Iba a proponerles un juego,

pero no lo hago porque sino podríamos todavía empantanarnos más.

Porque es verdad lo que ha dicho,

el spot el gusano, al final eso...

Si lo traemos, al final resulta que campañas,

que aparentemente, eran demoledoras se convirtieron en campañas

invitadoras a lo contrario de lo que proponían.

-Son errores. Vamos a ver un vídeo.

Venga, que es la mejor manera de centrar la siguiente parte

en eso que podríamos llamar "la anatomía de la adicción".

Lo que sucede es que se produce una sensibilización

de determinados circuitos neuronales que están como en la base

del cerebro, muy cercanos al cerebro primitivo,

pero que tienen que ver con las emociones:

el sistema límbico, determinados núcleos,

el núcleo accumbens, asociados siempre al nivel

de satisfacción, al placer.

Están muy asociados a la satisfacción de necesidades básicas:

el hambre, la sed, el deseo sexual...

Si esos sistemas se sensibilizan por ser expuestos a determinados

estímulos, quedan sensibilizados. Entonces, se establece una relación

adictiva con la conducta o con la sustancia de la que se trate,

y esto hace que se perpetúe esa conducta, que se repita,

porque esa sensibilidad que han adquirido

esos circuitos neuronales son como un perro que ladra,

como una luz que se enciende que hace llevar a la persona

a la repetición de la conducta.

(Música)

¿Por qué nos movemos adictos? Y, la pregunta para mí

más importante: ¿qué podemos hacer para combatir las adicciones?

Educar.

-Prevenir. -Prevenir.

-Sí, pero no es la... Bueno, es eficaz, claro.

Es la única, claro. -No, no, no, por supuesto.

¿Hay pastillas para curar una adicción?

Bueno, hombre, hay varias pastillas para distintos tipos de adicciones

y según qué adicción, pero no son 100% eficaces

desafortunadamente. Es decir, todavía no se ha dado

con la clave que mejore esta situación.

Porque sí, se conocen algunos de los mecanismos

que producen las adicciones, ahí se han contado en el vídeo, ¿no?

Tiene mucho que ver con el núcleo accumbens,

que siempre sale. Ese que nos dice que algo...

Es el que nos causa placer, en general.

Es un núcleo que tiene mucho que ver con esto, ¿no?

Y cuando sube la dopamina y casi todas las drogas y adicciones,

sean todas las tecnologías o el sexo, producen un aumento importante

de esa dopamina y esta estimulación del accumbens.

Pero que sepamos eso no quiere decir que podamos intervenir

de manera directa en ese núcleo sin, por ejemplo,

alterar otros circuitos del cerebro o que lo podamos hacer

con toda la intensidad que se necesita.

Entonces, de momento, los tratamientos farmacológicos

lo que hacen muchas veces es anular la...

el placer que nos provoca la estimulación del accumbens

cuando definimos una droga, por ejemplo.

Pero lo ideal sería sustituir ese placer por otro placer

causado por otra cosa. Pero todo esto a nivel teórico.

¿Se puede deseducar? Sí, todo. Sí, claro. Por supuesto.

Con más o menos esfuerzo todo se puede reeducar

o deseducar. -Sí, no hay ninguna duda.

Vamos a ver, evidentemente el cerebro es el cerebro,

funciona como funciona y es inevitable que busquemos

una gratificación y que intentemos reiterarla.

Eso no va a cambiar. Entre otras cosas,

porque no forma parte de la evolución de la filogenia

y eso va a seguir así y es bueno que sea así.

Además, no tiene sentido. Otra cosa distinta es que en función

de también qué tipo de adicción o de que lo sea más o menos,

no quiero entrar en esa discusión porque ya sabemos.

Pero las clásicas, las de siempre, la droga y tal,

en la que también todo el mundo incluye

la ludopatía, no había menor duda, esas.

El factor fundamental para hacer la adicción,

diciéndolo simplemente, es que se consuma una cantidad

durante un tiempo. Así, al final, se hace la adicción.

Por tanto, el remedio simple, dicho en plan picapedrero,

sería: primero, intentar que haya menos que prueben;

segundo, que los que prueben... sigan menos tiempo

y que si tienen problemas enseguida intenten dejarlo.

Para eso, es para lo que hay muchísimas soluciones.

Vamos, muchísimas soluciones... intento de solución.

Algunas... de tipo de control, algunas de control razonable.

Evidentemente, hay límites y hay que poner límites y todo esto.

Otras, de carácter educativo, de carácter fortalecedor.

Estamos obsesionados al hablar de las adicciones

de hablar del riesgo de la sustancia, cuando probablemente tendríamos

que fijarnos más que en la sustancia en el sujeto consumidor.

Porque el problema... Por fin.

Más que en la sustancia, está en...

Ya sé que la sustancia en sí misma tiene un riesgo,

pero los riesgos no tienen nada que ver dependiendo de:

el perfil del consumidor, la intención con que se consuma,

el contexto en el que se consume, el contexto global de la vida

de esa persona. Por ejemplo, desde hace una serie de años,

nosotros, en la FAD, en nuestro programa de prevención,

empezamos a trabajar con unos recursos que nunca

se habían utilizado, que es en el cultivo

de los valores prosociales. ¿Por qué? Y ahí están las campañas.

Porque tenemos una convicción, que además, empíricamente

se ha demostrado en las encuestas.

Cuantos más intereses haya en la vida de una persona,

aunque consuma, las drogas van a ocupar menos espacio.

Correcto. Y por tanto, va a haber menos riesgo.

Repítalo otra vez. Cuantos más intereses

haya en la vida de una persona, cuanto una persona sea más vital,

más comprometida, tenga más acciones, tenga un proyecto de vida

más dinámico... cuanto más sea así, aunque consuma,

tiene muchos menos riesgos. -Eso es lo que yo llamaba

alternativas para estimularle el accumbens.

-Mucho menos.

-Y la principal que tienes es el deporte.

-Bueno, una de ellas. -Claro, claro.

Hay que tener en cuenta que el accumbens,

no solo, claro, hay muchos núcleos más,

se activan en función de, como decían, cosas básicas.

Siempre ha sido así: la comida cuando se tiene hambre,

la bebida cuando se tiene sed, el sexo...

Pero eso es básico. El ser humano tiene otras partes

del cerebro que son las que determinan

qué es lo que resulta un premio o no para nosotros,

que vienen condicionadas por la cultura, la sociedad,

las amistades, las experiencias... y que ya está más

en la corteza cerebral. Internas, ¿no?

Claro, exactamente.

Si alguien tiene un problema de autoestima...

Exacto, exacto. -Claro.

-Que es un problema social, y de hecho, estas áreas

tienen mucho que ver con esa maduración que yo decía antes

que tarda mucho en ocurrir en el ser humano.

Son las áreas más sociales, más anteriores al cerebro,

y ahí están lo que una persona va a determinar a lo largo

de su vida, lo que va a considerar como premios,

incluso, como castigos. No solo le gusta...

-Cuanto más insegura sea una persona, cuanto más quebradiza

sea su autoestima, cuanto menos autosuficiente se sienta,

más va a ser su necesidad de evadir el displacer

y de apoyarse en estímulos externos. Por tanto, es evidente

que el desarrollo de la personalidad ayuda a una maduración

que va a hacer que esa persona maneje mejor los riesgos.

Aunque los asuma, pero que los maneje mejor.

Eso es así. Pero, además, hay otra dimensión que todavía

es más amplia, que es la dimensión de las circunstancias sociales.

¿Por qué? Porque nosotros hemos visto de siempre

que el alcoholismo atacaba especialmente a demasiadas,

a determinadas profesiones. -¿Por ejemplo?

-Los comerciales.

O, por ejemplo, los guardas nocturnos. ¿Por qué?

Porque la oportunidad de la reiteración en la bebida

es, incluso, no solo mayor, sino, incluso, obligatoria.

Los comerciales que tienen que alternar etc., etc.

Ahí se dan mucho más los problemas, y ese es un factor que tiene que ver

con lo social.

Claro, al final todo se reduce en: ¿qué hacemos para que la persona

necesite menos? Siempre va a querer gratificación, siempre.

-Sí, sí.

-Salvo que sea un masoquista, un enfermo.

Lo sano es que quiera gratificación.

Pero, ¿qué hacemos para que necesite menos?

Una cosa es quererla y otra cosa es necesitarla.

Necesite menos la gratificación, sea capaz de aguantar la frustración,

sea más capaz de ampliar su dinámica de vida para depender menos de eso,

etc. ¿Cómo hacemos eso? Esa es la prevención más eficaz.

-Claro. -Habéis dicho una palabra

muy interesante que es la autoestima, que creo que es la base de todo.

Tenerla fortalecida nos ayuda a no caer en estas tentaciones

y en estas conductas. Desde luego, hay que fijarse en las conductas

y no solo en las sustancias o en los aparatos.

Pero pienso que cuando digo: "¿Qué hacemos?"

Debemos educar a esas personas, ¿no? Genial: conferencias, talleres,

casos reales que les puedes llevar a los más jóvenes, o incluso

a los adultos: terapias de grupo, terapia individual, anuncios,

campañas... Pero a la vez, todo esto incita, ¿no?

Por eso estoy tan a favor de límites y restricciones,

aunque creo en todo ello. De hecho, lo hago.

Pero creo que para combatir todo esto o creamos una educación real,

absoluta, de lo que se puede y no se puede hacer y no lo hacemos;

porque claro, si yo ahora digo esto y aquí sacó el móvil y me pongo

a chatear o este señor se enciende un cigarro con marihuana

pues no tendrá sentido, ¿no? Pero, o establecemos

unas normas absolutas y totales toda la sociedad

o iremos trampeando.

-Pero también hay que educar a los educadores y es complicado

porque es que, a veces, vas a comer a un restaurante

y ves que el papá está con el móvil, la mamá y los niños

y no hay ninguna comunicación. Y entonces, claro, ¿a quién educamos?

¿A quién prevenimos? -Puede ser que el papá le ha dejado

el iPad, por ejemplo, para que este callado.

-Que sí, que sí. -Lo explore, ¿no?

-No, no, yaya. -Eso hace mucho, sí.

-Pero sí hacen falta límites siempre que sean coherentes

con el contexto, siempre. -Pero yo creo que...

-Y de verdad, en el caso de la ludopatía...

-No, pero siempre que sean coherentes con el contexto.

Es decir, ¿por qué en España...?

-Pero no nos pueden poner anuncios como nos están poniendo.

No pueden publicitar como están publicitando

y ofrecer microcréditos y decir:

"Si juega la primera vez le damos 50 E".

-Vamos a ver, estoy de acuerdo contigo,

pero me coloco en el otro lado. Y entonces digo, mira...

-Pues yo no me colocó ningún lado. -En España ha habido varios intentos

de restringir eso. ¿Por qué han fracasado?

-¿En España? -Sí.

No me refiero al de ludopatía

sino a alcoholismo.

Ahora mismo.

-Vale, pero hemos llegado. Ya no se anuncia.

Ya no dicen ni que bebas ni que fumes ni que nada.

Se ha llegado a algo. Es que estamos aquí

y estamos comentando. ¿Ahora qué? Juega, juega, juega.

-Ahora, de hecho, en el tabaco te dicen que cuidado

con lo que acabas de comprar, que mata.

-Claro. Es que nadie te dice lo que te puede provocar.

-Ha habido varios intentos de estar restringida:

la publicidad... hay distintos hechos.

Pero cuando se ha intentado...

-Pero el Real Madrid cuando iba a Bwin, a ver, lo veía todo España

y parte del extranjero. -Déjame que termine el argumento.

Déjame terminar el argumento. -Claro. ¡Todo el mundo!

-Cuando en España se ha intentado aumentar la restricción,

y que yo conozca, por lo menos ha habido

en relación con el alcohol y los menores, que yo conozca,

seis proyectos de ley abortados. Seis, que yo conozca.

Bueno, ¿por qué se han abortado? Porque en cuanto ha aparecido eso

ha faltado tiempo para que las agencias de publicidad

hicieran una campaña específica diciendo que la transparencia

que eran ellos, que tal. Los medios de comunicación

hicieron una campaña diciendo que el código de autorregulación, etc.

Es decir, vivimos en una sociedad donde la publicidad funciona

como funciona y los medios de comunicación funcionan

como funcionan y tienen sus intereses legítimos.

-Ya no financia la Fórmula 1. A ver, que hemos llegado muchas cosas,

que estamos hablando de otras adiciones, que en este caso

es la ludopatía. -Eso son intereses económicos.

-¡Claro! -Claro que hay intereses económicos,

por eso. Pero tienen que ser coherentes con el contexto

porque si no no va a salir.

Si el problema no es que no esté de acuerdo,

es que te digo que no sale. Se ha acabado el tiempo.

Gracias a los cuatro por estar aquí, por dar sus argumentos

y razones.

Gracias los espectadores

que nos siguen y esperamos que también nos hayan seguido hoy

y les esperamos la próxima semana.

A ver si conseguimos

también discutir como hemos hecho esta noche.

Gracias.

(Música créditos)

  • Más y más adicciones

Millennium - Más y más adicciones

15 may 2017

El alcohol, las drogas, el juego y la tecnología son la punta del iceberg de todas las adicciones en las que podemos llegar a caer. Esta semana en Millennium: Eusebio Mejías, psiquiatra; Marc Masip, psicólogo; Esther Aguado, ex-jugadora y Manuel Martín Loeches, psicobiólogo.

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