Presentado por: Ramon Colom Dirigido por: Ramon Colom

La Sociedad de la Información pone a nuestro servicio una cantidad ingente de datos, de argumentos, de detalles para que estemos mejor informados. No obstante, a menudo quedamos sepultados frente a todas estas informaciones pues nos faltan los grandes argumentos, las ideas que están detrás de muchas de las informaciones y los posicionamientos en relación a los grandes temas de actualidad. "MILLENNIUM" es el programa, la plataforma de ideas que pretende ser útil a los espectadores de hoy, acompañándoles en el análisis de los acontecimientos cotidianos.

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Millennium - Leyendas de la tele - ver ahora
Transcripción completa

José María Íñigo decía que si a la televisión

le echamos basura, sale basura,

pero si le echamos oro, salen unos magníficos lingotes de oro.

Pedro Erquicia López de Montenegro decía que la actualidad

hay que servirla, pero en forma de relato televisivo,

hay que contar cosas y contarlas con un ritmo determinado.

Y Antonio Mercero decía que a las historias

hay que contarlas con amor, humor y dolor.

Ese era el trío de ideas que presidían también

sus guiones y sus obras.

Son tres magníficos de la televisión que nos han dejado recientemente.

Son tres leyendas a las que hoy queremos rendirles homenaje.

(Música cabecera)

No vamos a empezar a discutir de fechas

porque seguro que esa discusión iría a más.

Oficialmente la televisión nació en España el 28 de octubre de 1956,

aunque las primeras pruebas de televisión se hicieron en Barcelona,

ciudad que está muy... ¿Cómo se dice?

Orgullosa de haber sido el escenario

de la puesta en marcha de la televisión,

pero las emisiones regulares empezaron

en Madrid en el paseo de la Habana

en un edificio que fue...

Contratado, alquilado, no sé de quién era,

porque tenía grandes ventanales y así entraba mucha luz

y no había que poner muchos focos, cosas que se creían en esa época.

Todo eso realmente ha cambiado, como también ha cambiado

que los espectadores ya no ven la televisión solo en el televisor,

sino que los más jóvenes lo ven en el ordenador,

y, además, lo ven no de una manera lineal,

sino que se ve de otra manera completamente distinta.

Hoy queremos rendir homenaje

a unas cuantas personas,

de las cuales destacan tres, que han desaparecido

en los últimos meses.

Son personas que van desde José María Íñigo

a Pedro Erquicia,

pasando también por la persona

que dio vida a "Verano azul", Antonio Mercero,

pero podríamos añadir más cosas o más personas.

Por ejemplo, Manolo Almendros.

Por ejemplo, Javier Caballé, que es uno de los padres

de los programas musicales y de entretenimiento de esta casa.

Trabajó, por ejemplo, con José María Íñigo.

De tal modo que el entretenimiento,

la información, la actualidad,

y también la ficción,

de alguna manera, se han quedado mermadas

con su desaparición.

Podíamos añadir incluso un nombre de otra persona,

que fue corresponsal de TVE en Buenos Aires, Toni Travería,

que también falleció hace escasas semanas.

Este es el último programa de "Millennium" de esta temporada

y queremos rendirle un homenaje a todos estos compañeros

que han pasado también por delante de estas cámaras

y nos han ofrecido desde esta misma antena

géneros de televisión de todo tipo.

Nuestros invitados de hoy, en primer lugar, Piluca Íñigo.

Hola, buenas noches. Hola. Es hija de José María Íñigo.

Cuando ella nació hace 30 años su padre había consagrado

una carrera de éxitos en televisión con programas memorables

como "Estudio abierto", como "Directísimo",

como "Esta noche... fiesta".

Juntos compartían su pasión por el periodismo, la gastronomía,

los idiomas, la magia...

Piluca es periodista como su padre.

Se ha especializado en gastronomía y viajes

y escribe en ganasdeviajar.com,

la versión digital de la revista sobre viajes y vacaciones

que crearon sus padres.

Así es. Así es. Yo quise seguir sus pasos

y fíjate que la primera cosa que me dijo cuando le dije:

"Quiero estudiar periodismo", fue: "Otra más al paro".

Y con esas yo dije: "Yo quiero estudiarlo y lo voy a hacer".

Y se cumplió. Que sabéis que a veces nos da como rabia

darle la razón a los padres, no sé si os pasa a los demás,

pero se cumplió y a los dos años por una historia de la empresa

en la que trabajaba, estaba en radio, me vi obligada a cambiar de trabajo,

pero lo hice porque quise y también por seguir los pasos

que yo había visto en casa.

Y de una manera u otra lo hice y encaminé mi carrera

a lo que comentabas tú del periodismo gastronómico y de viajes.

Que a mí nunca me gustó comer, pero en realidad

lo hacía para compartir esa afición con él

e ir los dos de la mano a diferentes sitios que nos invitaban

y continuar con la profesión.

¿A él le gustaba comer? Bueno... (RÍE) Habría que verle.

Como buen vasco... Si estuviera aquí, me mata, pero sí.

Le encantaba y, además, le encantaba comer bien. Bien, bien.

De ir a restaurantes y siempre era: "Señor Íñigo, ¿qué quiere?

¿Está bien? ¿Está a su gusto? ¿No? ¿Hay mesa?"

Todo, todo, todo tipo de facilidades.

Muchas gracias, Piluca, por estar con nosotros.

Espero que luego nos cuentes más cosas

de cómo veía José María Íñigo su trabajo en la televisión.

Claro que sí, gracias. Muy bien.

Baltasar Magro, bienvenido. Hola.

Periodista, escritor, tengo aquí uno de sus libros,

editado por Alianza Editorial, "El círculo de Juanelo".

¿Todo eso vino después de dejar la televisión

o ya simultaneabas el periodismo televisivo

con la narración de relatos y novelas?

Fue algo simultáneo. ¿Sí?

Sí, en la última parte de mi carrera profesional

decidí contar otro tipo de historias y embarcarme en la ficción,

tal vez para desahogarme o no sé, para buscar otras formas de expresión

y de contar historias,

pero la verdad es que uno echa en falta,

precisamente, el periodismo, por lo que significa

y por lo que representa alguien que tiene vocación

de palpar y de transmitir lo que pasa en la calle,

de los hechos, la realidad. Y eso también es fundamental.

Y tenía que decirte que me gusta lo de "Leyendas de la tele",

pero, "Leyendas y maestros de la tele",

porque hemos mencionado profesionales extraordinarios

que nos enseñaron muchísimas cosas a nosotros.

Lo que pasa es que alguien dirá: "Bueno, estos señores,

como ya son un poco mayorcitos, pues ¿qué van a hablar?

Van a hablar bien del pasado y de aquellos profesionales".

Es cierto que estos compañeros

tenían un nivel de exigencia altísimo en cuanto a la calidad.

Mucha gente se preguntará: "Pero ¿es cierto que eran tan buenos?

¿Eran mejores que los de ahora?".

La verdad es que las circunstancias, circunstancias especiales

las que vivimos todos, el nacimiento de la televisión

y los primeros años de la televisión,

pues de alguna manera tenían también una ventaja,

y es que la calidad está reñida o está sumada con los medios.

Y es cierto que en nuestra época había más medios

o, por lo menos, no se miraba tanto la rentabilidad

y no era necesaria porque la primera televisión española

ganaba muchísimo dinero y tenía recursos más que suficientes

como para permitir que aquellos que querían hacer cosas bien hechas

tuvieran los recursos imprescindibles para que lo lograsen

y se les dieran los medios necesarios para conseguir esos objetivos.

Tal vez por esa razón se hacían las cosas tan bien,

pero no es porque fueran todos unos genios,

sino simplemente porque las circunstancias

tal vez lo permitieran, pero lo que es cierto

es que las cosas se hacían muy bien y que eran profesionales

que, además de leyendas, son maestros.

José María Íñigo decía y lo recordaba yo

en la presentación del programa,

que tú a la televisión, si le echas basura, sale basura,

y si le echas oro, salen unos lingotes fantásticos y magníficos.

O sea que en eso tiene razón. Yo...

Hay un único problema, es la única oportunidad

que yo creo que tendré en la vida de contarlo,

que los títulos de los programas de cada capítulo

dan como máximo, por la construcción tecnológica digital

para poner tres palabras. Tres palabras. (RÍE)

Entonces, por mucho que yo... También son leyendas.

...quisiera o que quisiéramos ponerle "leyendas y maestros",

no cabe. No cabe "tele".

No cabe "tele", entonces se queda en eso.

Ya está explicado, pero cada semana es la misma discusión,

"Es que me parece poco".

Y en rara ocasión lo recortas.

Por ejemplo, hace unas semanas hacíamos un programa

sobre los tipos de interés. Yo dije "Esta es la mía".

"Tipos de interés", que no se sabe si son tipos interesantes

o es lo que afecta a nuestra hipoteca.

Y voy a contar una cosa que no sé si tú,

si a ti te gusta que la cuente o no, pero yo la voy a decir,

tú eres maestro.

Yo estudié Magisterio, es verdad, Ramón, cuando era un chavalín,

porque estudié Magisterio,

terminé los estudios de Magisterio con diecisiete años,

en aquella época eran estudios que no eran una enseñanza superior,

y a los diecisiete años me puse a trabajar como maestro

y trabajé como maestro dos años, sí.

Luego estudiaste Periodismo.

Estudié Periodismo, estudié Filosofía, sí, sí.

Y tuve la suerte de empezar a trabajar

en la televisión, eso bien lo sabes tú.

Contigo. (RÍE) Sí, aquí hay que contarles.

Contigo. Entramos el mismo día a trabajar.

Entramos en el mismo día en televisión.

En el mismo programa, o sea que... Hemos ido...

Luego las cosas llevan a cada uno por un camino distinto,

pero yo sí voy a decir, porque lo puedo decir,

si los señores de atrás, del título, son leyendas y maestros,

Baltasar Magro es de las personas más cultas

que yo he encontrado en los pasillos,

en las antiguas moviolas, en las salas de montaje de esta casa

y, por tanto, es un personaje muy apreciado,

un personaje, una persona muy apreciada

en esta casa, aunque los vaivenes políticos

nos llevaban a vaya usted a saber dónde.

Dejémoslo ahí. Dejémoslo ahí. (RÍE)

Tú trabajaste muy codo a codo, tenías una relación muy especial

con Pedro Erquicia.

Incluso él te quiso llevar de corresponsal a Nueva York

y luego al final la cosa se frustró por razones económicas,

si yo no recuerdo mal.

Es cierto, yo trabajé muy de cerca con Pedro,

incluso trabajamos en otra televisión,

fuimos a montar Telemadrid, estuvimos allí un año

y montamos aquella televisión autonómica,

y Pedro es para mí, la verdad,

la persona, yo creo, de la que más aprendí en este oficio,

el oficio de la televisión.

Él me inculcó

que las cosas había que hacerlas muy bien,

lo que hablaba antes de la calidad.

Y su amor por el reportaje, tal vez como el formato,

o uno de los formatos más interesantes en la televisión,

por la razón obvia de que el reportaje permite desarrollar,

profundizar en hechos noticiosos y, sobre todo,

porque si se aplica bien con un lenguaje audiovisual,

es el formato ideal porque es contar una historia con imágenes.

Y eso resulta muy interesante, muy atractivo para el público

y te permite, además, irle ofreciendo elementos suficientes

para que tenga una comprensión completa

de lo que ha sido cualquier hecho noticioso.

Era muy exigente, era muy exigente, y eso es muy bueno.

Yo antes decía que estábamos hablando de profesionales de la televisión

que eran muy exigentes en la calidad, y eso era para mí fundamental.

Es el nivel de exigencia a mí me parece esencial

cuando se hace un trabajo que tiene una proyección exterior

y que se dirige a muchísima gente. Tú hablabas antes

de lo que te contó Íñigo, de que si le echas basura, es basura,

y si le echas oro, es oro.

A mí Pedro me contó una historia que me pareció fundamental

para luego el desarrollo profesional y él me dijo

que hay un periodista americano, Edward Murrow,

que es el periodista protagonista

de la película "Buenas noches, y buena suerte",

de la película de George Clooney,

se cuenta la historia de Edward Murrow,

dice que trabajaba en una televisión privada en los Estados Unidos

y los directivos le decían: "Oye, Edward,

tenemos que meter cosas de este tipo, que es lo que le gusta al público,

y no esto que estás haciendo. Tú mete esto, que es lo fundamental".

Y dice que ya un día harto llegó y le dijo a los jefes:

"Tened en cuenta una cosa:

que lo que le interesa al público no siempre coincide

con lo que es verdaderamente de interés público".

Vamos a hacer una propuesta, al menos que sea por parte nuestra,

a los responsables actuales de Televisión Española

para que en algún sitio, en algún edificio, en la entrada,

pongan esa regla

para que todos los que pasen por allí cada día

se acuerden de que no es lo mismo una cosa que la otra.

Y más en una televisión pública. Y más en una televisión pública.

Gracias por estar aquí también hoy,

porque toca presentar a Juanjo Artero.

Antonio Mercero...

Hizo "La cabina" que nos dejó chocados

a prácticamente todos,

pero luego hizo también una serie de televisión.

Hizo muchas más cosas, pero por hacerlo corto,

hizo una serie de televisión que era "Verano azul"

y uno de los protagonistas de "Verano azul",

que era un reparto muy colectivo,

era Juanjo Artero, que era un niño.

¿Cuántos años tenías entonces? Catorce y quince años.

¿Y representabas catorce o quince o no?

Sí, sí, era la edad que representaba, sí.

Desde entonces no ha parado de trabajar

en series de televisión, en cine, en el teatro...

Actualmente interpreta el papel de comisario Bremón

en la serie "Servir y proteger",

que emite la primera cadena.

Protagoniza una obra de teatro

en un escenario en Madrid, "Aguacates", de Tirso Calero.

Y después del verano volverá otra vez a la gira porque no paras.

Posiblemente es de los actores que más trabaja,

tanto...

¿Por qué cruzas los dedos? Para que siga la cosa así.

(Risas)

Pero antes nos quejábamos de que, a pesar del mucho trabajo,

es difícil llegar a fin de mes.

Sí, sí, ha cambiado todo mucho y sí, los actores... Cuesta.

Pagamos muchos impuestos, está regulándose todo esto.

Tienes un año bueno y pagas un 45 y el 15 al representante

y luego puedes tener tres años malos y nadie te ayuda ni nada.

Es una profesión muy dura. Y en los últimos tiempos, más.

Pero bueno, yo no me puedo quejar porque no paro de trabajar,

teatro, televisión, pero no es fácil, no.

¿Cómo era el trabajo con Antonio Mercero

en el sentido actor, director?

Era, y sobre todo, en la relación actor, director, niño,

porque éramos niños. Antonio era un ser maravilloso,

era un Peter Pan intelectual

y él sabía crear una complicidad contigo como niño

para ponerse a tu altura y elevarte a la altura que él quería.

Era maravilloso. Antes, que has hablado de la comida,

también, buen vasco, buen comedor, le gustaba exprimir la vida,

le gustaba en todos los sentidos y eso lo inculcaba.

Era un líder al que seguías, que no necesitaba gritar

para que todo el mundo le respetara, para que todo el mundo

estuviera en el trabajo, sabía lo que tenía que dar a cada persona

y es una suerte empezar con una persona como Antonio

en este mundo. Luego te das cuenta con el tiempo,

con la distancia, de lo que es tu vida.

Dices: "Qué bien que empecé con gente...".

Y luego con mis padres, con todo tu entorno,

pero es muy importante empezar en esta profesión

con alguien como Antonio.

No deja de ser curioso que los tres de los que hemos hablado hasta ahora

los tres son vascos. Olé. Algo tendrán.

Cierto. -Es verdad.

-Bilbao, Donosti y... -La ciencia vasca, ¿no?

-Lasarte. Lasarte.

Lasarte en el caso de Mercero. O sea que...

Muchas cosas nos ha traído el País Vasco, sí.

Es curioso, es curioso porque nunca ha parecido

que el País Vasco fuese un sitio

en donde la televisión prosperase, creciese,

y, sin embargo, han salido grandes profesionales

de la comunidad, o sea que... Y directores de cine, fíjate también.

-Pero tal vez porque su carrera no la continuaron allí,

sí que la empezaron. En el caso de mi padre, salió con 14 años.

En esa época no se podía seguir allí,

o sea, o te ibas a Madrid, o a Barcelona y no había mucho más.

En su caso, en el caso de mi padre, he dicho 14,

pero creo que fue a los 16 o 17, y cogió y se fue a dedo a Londres.

En auto stop. Efectivamente.

Y nos lo contaba siempre y decía:

"Joe, ¿y si nosotros lo hacemos ahora?".

"No, no, ahora los tiempos han cambiado, es imposible.

No llegas más allá de Andorra". Y yo: "Bueno, vale, vale".

Cuando eres joven, que te apetece experimentar y aventurarte y demás.

Y él se fue así y luego siempre decía

que cuando volvió a España era "el de Londres".

Entonces, como era "el de Londres" ya le abrían las puertas.

Que igual, si se hubiera quedado aquí,

¿quién sabe si...? -"El de Bilbao".

-Claro, le hubieran abierto o no, o la repercusión que habría tenido.

Pero al ser "el de Londres" y venir con todo lo que allí aprendió...

Solamente hay que ver las fotos y la estética.

-Vino con camisas de flores, con el bigotón,

las patillas y los pelos Beatles y eso llamaba muchísimo la atención.

-Sí, sí. -Es verdad, claro.

-Era el hippie español.

Me falta por presentar a un invitado, lo siento,

él es Víctor Amela periodista, escritor, crítico de televisión.

Desde hace 33 años, casi nada,

ejerce con maestría la crítica de televisión en "La Vanguardia",

donde además fue cofundador de una sección

titulada "La contra", es decir, se coge el periódico

por la parte de atrás. La contraportada, sí.

Hay muchos a lectores, muchos, muchos más de los que ustedes creen

que lo primero que hacen es coger el periódico

por la parte de atrás, de la contra, para ver la entrevista que publican

uno de los tres periodistas que la hacen,

y entre los tres esta Víctor Amela.

También trabaja en la radio, en la tele, en 8tv.

Lo que puedo, como dice aquí Juanjo, hay que buscarse las habichuelas.

Aquí y allá.

Es autor de varios libros y aquí tengo el último,

que me parece una excelente idea.

Se llama "Los inspiradores de Amela".

Está editado por Libros de la Vanguardia.

El título es muy humilde. El título es muy modesto.

Soy yo. (RÍEN)

Es decir, yo aquí os cuento qué personajes

de los que durante mi vida he leído o he conocido me han inspirado.

Y si me han inspirado a mí, pues quizá puedan inspirar a algún lector.

¿A Oscar Wilde, por ejemplo, le conociste?

Por ejemplo. No, no. A él hubiera querido entrevistarle

porque es uno de los generadores de frases brillantes

mayores de la historia. Es una maravilla constante.

Por ejemplo, cuando decía: "Cuando demasiada gente

está de acuerdo conmigo, siempre pienso que debo estar equivocado".

O decía aquello de: "Solo hay una cosa peor a que hablen mal de ti

y es que no hablen de ti". (RÍEN)

-Qué grande. -En eso estamos de acuerdo todos.

Muy bien, tenemos un reportaje.

Vamos a verlo porque una vez centrado el programa,

nos permitirá hablar de los maestros y de las leyendas

y de lo que tú has apuntado, que son las diferencias

entre las grandes estrellas o los grandes maestros de ayer

y los de hoy. ¿Vale? Vamos a verlo.

(Música)

En nuestro país la televisión no puede entenderse

sin nombres como el de Pedro Erquicia,

Javier Caballé, José María Íñigo, Antonio Mercero...

Su legado es importantísimo, tanto por los años que se mantuvieron

en primera línea, como por la calidad de los proyectos

que impulsaron, todos destacaron, cada uno en su campo:

la información, el entretenimiento, la ficción...

Ellos son grandes profesionales que forman parte

de la historia de la televisión y que nos han dejado

momentos como estos.

"Crónicas de un pueblo". 14, 1, primera.

Los que tienen más de 50 años todavía recuerdan aquel pueblo.

¿Barrer? -¡Sí, barrer!

Los de 40, siguen silbando esta sintonía.

(Música cabecera "Verano azul")

Y los treintañeros no olvidan que durante mucho tiempo

hubo en la tele una farmacia de guardia.

Una vez que ponéis el cartel con esto, daos un besito así.

Son tres hitos de la televisión y los tres los firmó Antonio Mercero.

Detrás de una cámara y dirigiendo a actores

soy el hombre más feliz del mundo.

Pasó medio siglo detrás de la cámara y en la memoria colectiva

nos dejó momentos como este.

¡Chanquete ha muerto!

(LLORA) ¡Ha muerto Chanquete!

A través de la pantalla supo emocionar

y con "La cabina" consiguió el premio Emmy internacional

al Mejor telefilm.

¡Acción!

Antonio Mercero fue una ficción televisiva

lo que este hombre...,

Soy el responsable de este programa para lo bueno y para lo malo.

...Pedro Erquicia, fue a la información.

Pedro, tú, cuando me haces así...

Ese Pedro que le dio el "dentro" al rey

en esa noche clave del 23-F era Erquicia.

Su rostro fue siempre sinónimo de rigor.

Creó "Informe Semanal", un clásico de esta casa,

que 45 años después continúa.

Hoy, a partir de las 8:30 de la noche,

usted tiene una cita con la actualidad en "Informe Semanal".

-Hay que contar historias.

La historia es más importante que el guion.

Si no hay historia, da igual. Historias.

Entonces, ese yo creo que fue uno de los éxitos

que hizo agarrar al espectador, le contabas historias.

Él era otro de los grandes, Manuel Almendros.

Dirigió y presentó todo tipo de programas informativos

y fue el primer presentador del veterano "Parlamento",

todavía en antena.

Este programa que hoy se inicia arrancará siempre

dentro de las cámaras.

Y a José María Íñigo le debemos muchos míticos momentos.

Su nombre está ligado a grandes éxitos

de la historia de la tele.

Hola, buenas noches y bienvenidos a "Estudio abierto".

Su voz era la de todo un país y su bigote, un símbolo.

¿Tú me permites que te pegue un pequeño tironcito?

¿Vale, vale? -Vale.

Perdón. Perdón. -Mire usted, venga.

Ya ve usted que no, ¿ve?

Íñigo hizo magia como nadie.

Que se funde el mental.

(HABLA EN INGLÉS)

(Aplausos)

En aquella España de dos canales revolucionó la manera de entretener

y entrevistar, arriesgando, mirando a los ojos, dejando hablar.

Todos ellos son parte de nuestra televisión,

la de antes y la de ahora porque ellos ayudaron a inventarla.

¿Qué legado nos dejaron estos maestros

y cuáles son las virtudes y los defectos

de la escuela de la televisión en España?

(Música)

Para que esto no se convierta en un incensario,

deberíamos ser capaces de explicar virtudes y defectos

de esos programas que hacían estos maestros.

José María, tu padre,

¿de qué se quejaba de lo que hacía en la tele?

Bueno, yo nunca le escuché quejarse en realidad.

No le escuché quejarse. ¿Y crítica, autocrítica?

La hacía interna.

Y nunca nos avisaba de cuándo salía, en qué programa estaba,

en qué radio, nunca. De repente, nos enterábamos

porque nos llegaba un mensaje de algún amigo.

"Oye, que estoy viendo a tu padre". "¿Ah, sí?".

"Papá, ¿por qué no nos has avisado?". "Va, da igual".

O sea, no le daba mayor importancia.

No era un hecho que estuviéramos que estar todos, el resto,

pegados mirando qué es lo que estaba haciendo.

Y lo hacíamos porque nos encantaba y lo sigo haciendo.

A mí todas estas imágenes que estoy descubriendo ahora

me ayudan a ver... O sea, lo miro con una sonrisa.

Lo decía en la carta que escribió de despedida.

Decía: "Es que esto ayuda a transformar la tristeza.

No digo en alegría, pero sí más llevadero",

porque fíjate qué de cosas ha hecho, qué orgullosa estoy,

he descubierto que mi padre era muy guapo de joven.

(Risas)

De verdad lo digo, "pero qué guapo, hombre".

Igual que uno de mis hermanos, el siguiente a mí.

¿Te enseñó mucha música?

Sin parar. Todos los días, pero una cantidad de música,

que el día que falleció y vinieron al tanatorio

Amaya, del Consorcio también, yo decía:

"Es que yo me conozco, tengo 30 años, pero conozco todo su repertorio,

me lo canto desde la primera letra hasta la última, todas las canciones,

las de antes y las de ahora",

y eso nos ha llegado a todos los hermanos también.

Todos los días nos ponía algo de música,

nos enseñaba y, además, nos hacía preguntas

relacionadas con la canción que nos estaba poniendo

para que prestáramos atención.

Con lo cual, aprendíamos historia de la música y música en sí.

Colaboramos juntos en un programa en una radio

y hacíamos un programa de música también

con José Ramón Pardo y con su hija. Fue una época preciosa.

No parábamos, grabábamos, creo que eran dos a la semana,

pero bien intensos, dos horas de música,

diferentes secciones, que en un momento dado cogía él

y en 10 minutos tenía el programa hecho,

cosa a la que yo le hubiera dedicado más tiempo, claro.

Ahí se ven las tablas, yo no me comparo para nada con él.

Pero que era en un momento de "Venga, vamos a hacer

este programa. Toma, ya está, hecho". Y era muy fácil.

Yo he compartido muchos momentos con él en televisiones y en radios

y también en escribir y me enseñó eso,

a que toda improvisación, la mejor improvisación es la ensayada.

Si hiciésemos ahora,

diseñásemos líneas transversales,

encontraríamos a personajes comunes. Has dicho "José Ramón Pardo".

Y yo recuerdo que Pedro Erquicia también era

una especie de defensor o nexo de unión

con José Ramón Pardo. Incluso...

Trabajaron juntos. Trabajaron juntos.

Por tanto, eso llama un poco la atención.

Y había algún guionista del "Estudio abierto"

que era íntimo amigo de Pedro Erquicia.

O sea que a lo mejor si fuésemos más para allá...

Pero ahí seguramente descubrimos que detrás de todo está la radio.

El padre de Piluca era un enamorado de la radio,

él se fue a Londres para pinchar discos en una emisora de radio.

Y esa fusión entre el contar historias,

que decía Pedro Erquicia, contarle algo al oyente

y ponerle una música muy buena, y creo que está en el origen

de mucha creatividad, que luego se traduce

en reportajes, en películas.

-Hay una película, de hecho, que se llama "The Boat That Rocked",

que en español es "El barco pirata", creo, no me acuerdo,

que era un barco de la BBC

que emitía desde aguas internacionales

porque por aquel entonces el Gobierno lo prohibía,

era por los años 60 y demás, y yo vi la película y dije:

"Qué guay esta película, qué chula, qué de música,

me hubiera encantado vivir en esa época, tal".

-Y va y me dice... -"Yo estuve ahí".

-"Es que yo estuve ahí". -Increíble.

-Y digo: "No es posible, has estado en todos lados".

Yo siempre bromeaba diciéndole: "Yo creo que te lo estás inventando,

la mitad de las cosas, para empujarnos a nosotros,

a los hijos, a seguir trabajando".

Pero es que había estado en todos los sitios.

Entonces, las cosas que a nosotros nos gustaban,

además, él había participado en ellas.

-Estamos hablando de gente con mucho talento.

Y con un gran amor por la comunicación,

por transmitir cosas al público.

Y, además, muy exigente, en el sentido de hacer las cosas bien,

pero claro, con una buena base, que es talento, talento.

Talento, además, encauzado adecuadamente,

como decía antes, al principio, por los medios, que te están apoyando

y que permiten, además, que florezca ese talento.

Y eso es fundamental. Por empresas que lo apoyan.

Mira, estamos viendo aquí ahora imágenes de Balbín en "La Clave",

un programa emblemático. No lo veo.

(Risas)

Está en este momento, me he fijado porque estaba detrás,

en la pantalla, entonces, hoy día, nadie haría una "Clave", por ejemplo.

-Bueno, esto es un poquito una "Clave", este programa.

-Pero una "Clave", en prime time, ocupando todo el prime time.

Y, además... -Cuatro horas.

-Exactamente, donde se buscaba gente que tiene cosas que decir.

No gente que tiene que gritar y que pelearse.

Y, además, que tenían cosas, que sabían escucharse.

Como una especie de escuela de diálogo, que eso es maravilloso.

-Yo aprendí muchísimas cosas viendo ese programa. Muchísimas.

Quizá más que en muchos pupitres de la escuela.

-Entonces, esas cosas, eso sí que ha desaparecido lamentablemente.

Es decir, el talento de Balbín tenía el espacio adecuado

para poder proyectarse.

El talento de Íñigo tenía los espacios también

que permitían que se proyectara ese talento.

Y, además, que le permitían innovar y apostar por cosas

que podían ser muy atractivas para el público y muy interesantes.

En el caso de Pedro, le permitieron crear un programa

como "Informe Semanal", un programa muy exigente

en muchos tiempos de sus emisiones.

Tan exigentes, que en una ocasión

yo le pedí una entrevista a Delibes, que acababa de publicar "El hereje"

y entonces él estaba sondado porque había recibido,

tenía una intervención quirúrgica reciente

y me dijeron: "Eso es imposible. Imposible.

Vosotros sois un circo, no podéis venir aquí a Valladolid.

Un circo de la tele, vamos, el cámara, el ayudante, los focos...

El hombre está enfermo".

Entonces, vi una entrevista en "El País" al día siguiente

y volví a llamar. "Ha dado una entrevista a 'El País'".

"No, hombre, le han enviado las preguntas por fax

y las ha respondido". "Pero bueno, vamos a insistir.

Y me contestan y me dicen: "Ha dicho que vengáis

porque 'Informe Semanal' es un programa muy bien escrito".

Y le dije a mi gente: "El mejor halago que nos pueden decir

en la vida, que un escritor diga que hacemos un programa bien escrito,

aunque no es nuestra función ser leídos ni muchísimo menos,

pero cuidado".

El nivel de exigencia nos obligaba a cuidar cada cosa que decimos.

Esto es lo que esta gente exigía,

el nivel de calidad por encima de todo.

No digo que la calidad no exista ahora,

pero tal vez no haya los recursos suficientes a veces para conseguirla.

-Yo no sé si los recursos o las ganas,

porque estoy contigo en lo de la calidad.

Ahora hacemos un periodismo... "Hacemos" digo en general.

Luego hay quien cuida más y quien cuida menos.

Pero un periodista más rápido. -Y hay muchas inspecciones.

-Sí, por supuesto, no quiero generalizar.

Pero hay una diferencia con el periodismo

o la comunicación de antes.

Me preguntabas que qué criticaba mi padre.

Pues haciendo un poco de reflexión,

pienso que criticaba el no cuidar el lenguaje.

Al final, la herramienta de un periodista es el lenguaje,

sea escrito, verbal o audiovisual. No se cuidaba tanto como antes.

A mí siempre me decía: "Me obligaron a quitarme el acento vasco".

Antes no había acentos en las televisiones.

A la gente de Cataluña se le quitaba el acento,

a los del sur también.

No se escuchaba nunca un presentador en "prime time"

que tuviera un deje de un acento o una frase mal construida.

Las palabras malsonantes.

Ahora ponemos la televisión y ya nos es habitual

escuchar este tipo de palabras. No nos choca.

Antes sí que lo había. Y otro tipo de dificultades,

que, por supuesto, todos los tiempos tienen las suyas,

era la censura.

Recuerdo, a raíz de lo que me dices de la música, que había una canción.

Bueno, hay una canción, que es: "Con mis manos en tu cintura".

La original era "mis manos en tu cadera".

Y obligaron a cambiarla por la censura.

Porque no estaba igual de bien visto las manos en la cadera

que en la cintura.

Y así un sinfín de anécdotas en televisión

que a la hora de emitirse

lo tenían que cambiar sobre la marcha.

-Todo no era ideal, desde luego. -Exacto.

-Me acuerdo cuando entramos en "Informe Semanal"

que nos contaban lo de la figura del censor.

Era impresionante. Parecía algo tétrico.

Eso de que cuando estabas montando en la cabina

aparecía un señor cuando habías terminado el reportaje

a decirte qué se tenía que cortar. Me parecía una cosa tétrica.

Y eso existía.

-Hacía parodia en una cosa que hice de televisión,

que no me acuerdo el nombre, que hablaba de TVE.

Hacía parodia de esto del censor. No me acuerdo muy bien.

-Quizá te refieres a lo de Chicho Ibáñez Serrador,

que hizo como un mediometraje parodiando la censura.

-Ah, pues me he equivocado. Es verdad, sería de Chicho.

-Historias de la censura. -Otro genio.

-En televisión también le decían: "La bailarina lleva la falda

muy corta. Que la baje o que le cambien el vestuario".

El chal, había un chal famoso.

Y decía que a veces ponía corta la falda

para que el censor viera la falda y no lo que decían,

y se fijaba más en la falda. -Jugaban con eso.

-Valenzuela me contó, Laura Valenzuela,

que ese chal, en una ocasión, casi la mata.

Porque se enredó el chal en uno de esos ventiladores

para refrigerar el plató y casi le estrangula.

Pero mucho cuidado con el chal.

Oye, quizá me lo he inventado, pero ha quedado bien.

Sí, sí. Lo mejor es...

este tipo de... Pinceladas reales,

como las que tu padre te contaba a ti.

Que lo eran, ¿eh? -Con esto de las palabrotas,

nos contó una anécdota, que era que trajo a una persona,

no sé si era "Directísimo", "Estudio abierto"...

Bueno, a uno de estos programas.

Hacer una prueba con un cochea de acelerarlo y estamparse

con una pared, pero el coche no se quedaba abollado.

Era una historia para hacer una prueba con un coche en el plató.

Se le quedó el micrófono abierto y dijo,

y lo voy a reproducir aunque no quiero:

"Vaya hos... se va a pegar este ...pollas".

¿No? Por ahí. -Y se oyó.

-Lo escucharon, y le cayó una multa que tuvo que pagar.

-Vaya. -Eso ahora no pasa.

-Ahora te premian. -Claro.

-Ahora te dicen: "¿Cuánto has dicho? Te pagamos más".

-Te renuevan. -Te renuevan. Sí, sí, sí.

Tú que has hecho crítica durante muchos años,

sería también bueno que valorásemos lo bueno y lo malo

de esos programas.

A veces es muy difícil separar una cosa de la otra.

Por ejemplo, "Crónicas de un pueblo".

"Crónicas de un pueblo" es un programa que yo...

Hemos visto una... Tengo memoria de haberlo visto.

Y solo pasados los años te das cuenta de que, en realidad,

era un intento de apología de los principios del Movimiento

y de los valores de la Iglesia católica.

Es decir, de las buenas costumbres y del civismo.

Pero tan bien presentado, con tanta gracia,

con esa mirada berlanguiana que tenía Mercero,

con esos personajes tan típicos y costumbristas,

que lo veías con mucho deleite y disfrute.

Pero también es verdad que ahí había un encargo.

"Vamos a explicar a la gente cómo hay que ser buen vecino

y cómo hay que comportarse". Había una moralina de fondo.

Yo lo disculpo, porque cuando se hace bien una cosa

y cuando se hace con exigencia, creo que está todo perdonado.

Pero es verdad que estábamos en una época, hablo del año 73,

en la que mandaba un señor que decidía lo que había que hacer.

Ese señor era el señor Franco.

Sin embargo, esos talentos sabían cómo encontrar las grietas

para hacer lo que hay que hacer, pero hacerlo muy bien.

Y oye, "La cabina" se ve hoy todavía como una obra de arte

que estremece y escalofría.

Luego algunos dijeron: "Es una velada y solapada crítica al franquismo".

Yo creo que lo que hace "La cabina" es decirnos que somos esclavos,

cada uno, de nuestras convenciones y elecciones en la vida.

Y esa cabina es la esclavitud que cada uno se busca en la vida.

Cuando yo eso lo vi con 13 años, pasé mucho miedo.

Y me pregunté: "¿Por qué nadie ayuda a López Vázquez a salir de ahí?".

Pero es que, amigo, estamos solos en la vida.

-Antonio decía que no quisieron hacer una crítica directa

al régimen de la época.

Pero cuando fue un éxito, le dieron premios...

-El Emmy, el único Emmy.

-Dijeron: "El mayor palo al franquismo".

Y decía que, posiblemente, sin querer sí estaba reflejada

toda esa sociedad con una mente... -La opresión.

-Con esa mente grande y libre... Qué mal ha sonado.

-Que tenía él. -Sí, que tenía Antonio,

que ni mucho menos... Tú le oías hablar

y no era de hablar de su ideología política,

pero yo le he oído hablar desde niño y le he oído decir cosas

que luego las he oído años después a Antonio

en muchas reflexiones de la vida, de la mujer, del hombre, del aborto,

que a mí me han influido, y yo he dicho: "Qué reflexión,

que nunca había oído", y luego, al cabo de los años, la he oído.

Y yo la había hecho gracias a que Antonio la había dicho.

-Fue un maestro para ti también.

-Hombre, claro. -De vida.

-De vida, y de cómo tiene que ser una profesión y de cómo encarar.

Y el amor a una profesión.

Lo que despreciaba, como todos, la mediocridad.

Ahora veo otro gran genio que no tuve la suerte de conocer,

Félix Rodríguez de la Fuente, que la gente se metía.

El día que murió Félix y sus compañeros,

gente del equipo de "Verano azul" habían estado.

Mercero suspendió el rodaje aquel día.

Y hablaban mucho.

Decían que Félix era una persona muy exigente

porque él era el primero.

No podías decir: "Son los ocho, yo me voy a casa".

No, no, tienes que esperar a que el lirón construya el nido,

o a que el lobo coja tal,

o esas imágenes que han hecho historia

del águila llevándose... -Una cabra.

-Que creo que el cámara que estuvo ahí aguantando,

cuando vio las imágenes, que antes no se podía ver en vídeo,

se puso a llorar y dijo: "Hemos hecho historia".

Y eso ahí está. Eso era una televisión maravillosa.

Y era una gente que me alegro tanto de haber coincidido con ellos,

y me siento tan a gusto de estar en este programa.

Da gusto oíros hablar a todos y espero estar a la altura,

pero desde el principio. -Estoy de acuerdo totalmente.

Ese momento en el que Íñigo, con Uri Geller, rompen la cuchara.

-Es mi infancia. -Yo estaba con mi abuelo.

Identifico a mi abuelo con ese momento.

Es parte de la historia de mi vida.

-Lo mejor no es lo de las cucharas, porque es lo que trasciende.

Para nosotros, lo he contado alguna vez,

no sé si lo habréis leído, lo puse en algún sitio,

que para convencerle de que doblaba las cucharas

tuvo que hacer un trabajo previo.

Porque a este señor lo encontró mi padre leyendo una revista y vio:

"Uri Geller, icono en no sé qué país por doblar las cucharas tal".

Y le llamó la atención y dijo: "Tengo que traerle".

Cuando le trajo, dijo: "Tú dime si es verdad o mentira,

porque es televisión y hay que hacer un espectáculo,

pero tengo que saber si es verdad o mentira".

Le dijo: "No, esto es verdad, y para que lo veas,

vamos a ir una tarde y lo vas a comprobar".

Salieron una tarde los dos juntos, subieron a la habitación

y desenchufó la televisión, el cable.

O sea, desenchufado. La televisión no estaba conectada

a la electricidad ni a la corriente.

Y al cabo de unos segundos, con la fuerza mental,

se encendió la televisión. Entonces, bueno...

Es lo que él me ha contado. -Qué maravilla, nunca lo había oído.

Y también le digo: "¿No guardarás alguna grabación o escrito

en el que diga que todo esto lo contaba

para ver la cara de ilusión del resto?".

No, no. Esto es algo de verdad.

Luego también lo experimentó el equipo de ese programa.

Entonces, sí que es algo que realmente sucedió.

-Hay que tener presente que 30 millones de pares de ojos

vieron eso. No es como ahora.

-No se hablaba de otra cosa al día siguiente.

-Todo el mundo vio eso. Eso cambia un país.

Yo estuve semanas intentando mover un vaso con la mente.

-Y yo. -Que es una tontería.

Ramón, te lo prometo. Porque yo de verdad pensé:

"Si él puede, yo puedo". -"Yo quiero hacerlo también".

-De alguna manera, empecé a interesarme por temas

más o menos extraños, esotéricos, raros,

que me llevaron a lecturas que han hecho de mí lo que soy ahora.

O sea que esa tontería, ese momento de televisión,

puede determinar la vida de una persona

o de millones de personas.

-La influencia que puede tener la televisión.

Ahí está, un medio de comunicación. De ahí la responsabilidad

de los que transmiten cosas a través de la televisión.

También la televisión ha cambiado mucho tecnológicamente.

Hoy es otra historia completamente distinta.

Y ahora vamos a ver una pequeña pieza,

en donde veremos ese cambio que se produce en la televisión.

De aquellos programas que hemos recordado, por ejemplo,

a "Operación Triunfo", que hemos visto hace unos meses

en La 1 de TVE.

Estoy eternamente agradecida.

Primer lunes sin "OT" superado, pero los seguidores apenas lo notan.

Aunque la academia haya cerrado, siguen la vida cotidiana

de sus ídolos a través de las redes sociales.

Intentas no estar pegada al móvil, pero es inevitable,

porque han hecho cosas superbonitas.

Han hecho unos vídeos recopilatorios maravillosos.

Estoy llena de memes, y me río mucho con mis memes.

-Estoy agradeciendo un montón porque creo que debo ser agradecida.

Porque si estoy donde estoy es porque me lo he trabajado,

pero también porque la gente me ha ayudado desde fuera.

Y creo que he recibido mucho apoyo.

-Esta semana han hecho un montón de directos en Instagram.

De hecho, los fans se quejaban en plan: "Organizaos".

En plan: "Haced un horario como el 24 horas".

¿Qué tal con tus redes sociales? ¿Cómo te apañas?

-Me acaba de dar un cursillo acelerado

de cómo manejarme con Twitter.

Vuelta al exterior, a la vida sin "OT",

también para ellas.

Carolina se encargaba de resumir la voz de los fans en el chat.

Al otro lado, Belena. Hasta ahora llevaba las cuentas

de los concursantes dentro de la academia.

Amaia nos dio mucha guerra durante el programa

porque no había manera de que subiera nada.

Pero ahora se ha aficionado a los directos.

-¿Ves, Alfred? No sé qué hacer. Me salen este tipo de cosas.

-Una semana más tarde, seguimos siendo trending topic

todos los días en Twitter. Somos de lo más comentado.

El formato sigue vivo, aunque este martes "OT" se despide.

Última gala. Una fiesta con los mejores momentos

para decir adiós, por lo menos, de la televisión.

Todo un fenómeno.

Un fenómeno social que me hace pensar que quizá la juventud intenta,

a través de las redes, a través de estas herramientas,

recuperar aquella sensación de que en el patio del colegio,

al día siguiente de Uri Geller e Íñigo,

todos comentábamos lo mismo porque habíamos visto lo mismo,

puesto que no había otra cosa. Ahora hay tantas cosas

que quizá ese patio de colegio que es Instagram

permite reunir en un mismo foro a gente que, si no,

estarían cada uno en una cosa.

Acabo de improvisar esta reflexión, Ramón,

pero me parece que es acertada, fíjate.

Mira qué bien.

Hombre, a mí me parece que está la conversación en Instagram.

Yo lo apoyo como tú. -Claro.

-Es una herramienta más. Es una red social,

pero actúa como un altavoz.

Ahora los actores, cantantes, gente que está de cara al público,

y al final crees que le conoces porque le ves

y forma parte de tu día a día, que es lo que me pasó con mi padre.

Digo: "Si es que le conoce más que yo.

Ha llorado más la muerte de mi padre que la de su abuela".

Me ha llegado a decir gente.

Al final, con los actores y los cantantes y la gente expuesta,

lo sientes como parte de tu familia,

y es una forma de estar conectados con ellos.

No hay que pasar el límite, pero se pasa.

Muchas veces dices: "Como está tan cercano, le escribo".

Escribirle se convierte en acoso, el acoso en...

Pero bueno, no suele ser el caso. -Eso ha pasado siempre.

Siempre ha habido acoso a actores. -Antes era por carta,

ahora es por redes. -Los Pecos eran agobiados

por masas en el hotel. Casi mueren más de una vez.

A ti te habrá pasado también. -Seguro que Juanjo lo puede contar.

-Puede explicar experiencias personales.

-Sí, en aquella época sí.

Alguna vez nos tuvo que sacar la policía.

En Jaén creo que fue. No, en Jaén no.

En Jerez una vez la policía.

Te tiraban del pelo. Una locura.

Y no había Instagram. -Pero había televisión, y solo una,

y te veían millones. Yo no sé la cantidad de millones.

Yo creo que lo último, "Verano azul", fueron 14 millones de personas.

Hoy en día, 3 millones es un éxito. -Claro, increíble.

-Pues la Champions y Eurovisión. -Sí.

Y como va por varias cadenas, creo que ni siquiera.

-A mí lo que me preocupa de algunas tendencias

que hay hoy en el mundo del show business y de la televisión

es que se han roto las fronteras de la intimidad.

Me preocupa muchísimo, porque hace unos años trabajé...,

tampoco fue demasiado tiempo, con alguien que es Valerio Lazarov.

Y me dijo: "A mí me han enviado a España

para hacer una televisión para porteras".

Y en aquella frase de Valerio

se intuía ya una tendencia ciertamente discutible

sobre algunos fenómenos de la televisión actuales.

Y son aquellos programas que tienen un formato interesante,

entretenido, ameno y tal, pero que además se sustentan

en el retrato de la intimidad de aquellos que participan

en el propio programa.

Esa barrera a mí me parece dolorosa, me parece preocupante.

Irrespetuosa, si se quiere.

Y también, de alguna manera,

orienta un poco lo que son aspectos de nuestra vida social.

Sobre todo, modelos que pueden ser negativos

para la sociedad desde mi punto de vista.

Por la trascendencia que tiene también

y la influencia que tienen los propios medios de comunicación.

El fenómeno aquel de fans de esta época era distinto.

Hoy día, hay una especie de falta de respeto

para meterse en la vida de los demás.

Yo creo que esa televisión que tú dices,

que ya ha sido superada por las propias redes sociales...

Las redes sociales, en efecto.

Porque al final, algunas de ellas...

Vamos, hay relaciones sexuales a través de algunas redes sociales.

Sí, las redes sociales han ido más lejos todavía.

Ha llevado más lejos.

Y leía yo hace unos días

una columna de opinión de un filósofo

que decía que el problema de las redes sociales

no es que ampliasen la democracia,

sino que pueden acabar con la democracia.

Porque las cosas...

No es lo mismo decir que trastocar, que ampliar, que lo que decías tú.

Claro, pero quizá, siendo cierto eso,

y si seguimos filosofando con el filósofo,

podríamos concluir que quizá no nos demos cuenta

de que hemos acabado con la democracia.

Y en la medida en que no nos damos cuenta,

no se ha terminado. Es decir, hasta qué punto

en este momento en el que estamos hablando

quizá ya no haya democracia, pero no lo hemos notado.

Creemos todavía que estamos viviendo en democracia.

Bueno, no quiero poneros nerviosos. Olvidaos de lo que acabo de decir.

No debería haberlo dicho. Es una improvisación reflexiva.

También, también. Pero quizá no debería haberlo dicho.

Bueno, no lo vamos a quitar.

Pero sí que es un elemento, yo creo,

digno de ser pensado.

Y las maneras también.

Los señores de Netflix dicen:

"Nosotros creemos que la industria americana

sirve para colonizar ideológicamente a todo el mundo,

pero nosotros tampoco estamos en contra".

Claro.

Con lo cual, es una posición de denuncia por un lado,

pero de freno... Pero business es business.

Los negocios son los negocios. Claro, pero yo tampoco creo...

Es que me parece muy loco que haya un grupo de personas

encerrados en una habitación diseñando guiones de series

para colonizar el mundo. Es que no me lo puedo creer.

Lo que sucede es que cuando uno crea una serie de televisión,

transmite cosas que ha aprendido en su entorno e, involuntariamente,

coloniza otras mentes. Pero no creo que haya un plan.

Por lo tanto... Y yo tampoco.

Todos tenemos la opción, más o menos consciente y lúcida,

de ver qué nos cuenta alguien, por qué nos lo cuenta.

Quizá sea porque es lo único que sabe contar.

Es decir, somos inteligentes para leer y descifrar.

Tú me llevarás la contra, pero yo particularmente creo

que las historias de ficción que vemos en las series

y que vemos supongo que en el teatro y en el cine

no son originales.

Es que los guionistas han vivido parte de eso

o lo pueden relacionar con otras historias

que les han contado.

Sí, la forma de construcción puede ser muy distinta,

pero cuando trabaja un guionista, una idea lleva a otra.

Tienes que crear personajes conflictivos

para que haya un conflicto,

y trabajan siempre la sociedad.

Cosas que ven, cosas que inventan, o cosas que analizan

y piensan que van a desembocar por la experiencia de la vida.

-Es como escribir una novela, ¿no?, que puede ser autobiográfica o no.

Yo creo que casi todo lo que escribimos o vemos...

Tiene algo de nosotros. -Es autobiográfico siempre.

Tú no puedes escapar de ti mismo, no puedes salir de ti mismo.

Es imposible. -Contaré una anécdota.

Carlos Ruiz Zafón, que conocemos todos,

que ha tenido mucho éxito en España, antes de tener ese éxito en España,

estaba en Los Ángeles escribiendo guiones

para cine y televisión allí, en Estados Unidos.

Y a raíz de que mi padre leyera su novela,

lo comentó aquí, en la radio, y él volvió a España.

Y contaba que tenía mucho de autobiográfico

lo que escribía allí.

Luego, las novelas aquí, toda la saga que ha escrito,

es otra cosa, es ficción. Está claro.

Pero sí que tiene mucha trascendencia y está muy ligado lo que es un guion

de cine, o de televisión, o de teatro, con una novela,

porque al final es creación.

Pero toda la creación no es en estado puro,

sino que parte, supongo, de alguna experiencia que has vivido

o algún relato que has leído.

De tu memoria, de tu propia experiencia.

Es inevitable.

-O puedes escribir un guion por encargo, que suele pasar.

"Hazme una serie de policías, hazme una serie de tal".

-Sí, pero ese guionista o creador por encargo

tendrá que buscar dentro de él algo que le permita generar esa historia.

Como tú cuando interpretas un personaje,

si ese personaje tiene un dolor, buscas en tu dolor.

-Circunstancias dadas, circunstancias imaginarias...

También dentro de la interpretación.

Hablando un día con mucho miedo,

el día que conocí a José Luis Sampedro,

que iba a hacer "El río que nos lleva",

me daba mucho respeto. Le admiraba muchísimo.

Y acabé esa cena hablando con él.

Yo le contaba cómo iba a hacer el personaje de El Rubio.

Había visto la imagen de un oso.

Decía: "¿Cómo un oso? ¿Pero tú trabajas animales?".

Y llegamos a la conclusión: "Tenemos el mismo trabajo al revés".

Yo me sentí tan orgulloso de poder hablar con José Luis Sampedro

y llegar a esa conclusión.

Luego hice una amistad con él maravillosa.

"Los inspiradores de Amela".

Ya que estamos en los minutos finales del programa,

a mí me gustaría que de todos estos sabios que has recopilado,

que son... ¿cuántos? 99.

99 sabios.

Eligieses uno o dos y nos echases luz.

Mira, Mark Twain, autor de "Tom Sawyer",

de "Huckleberry Finn",

dos de los libros que he leído con mayor placer cuando era chaval,

y por eso me interesó la personalidad de su autor,

decía que no hay éxito mayor en la vida que el que, al morir,

hasta tu enterrador lo lamente.

Se supone que el enterrador tiene que alegrarse, ¿no?,

porque vive de eso. Si hasta él lo lamenta,

es que has hecho algo bien en la vida,

es que has transmitido algún bienestar,

algún buen rollo, algo bonito a tu alrededor.

Y te miro a ti porque, sin duda, tu padre hizo muchas cosas buenas.

El día que se fue, cuánta gente no te hizo llegar

lo importante que había sido para ellos.

-Sí, fue tremendo.

-Y la huella que dejó a tantísimas personas.

-Y hay otra frase de Epicuro que quiero decir.

Venga. Dice Epicuro:

"De entre todos los bienes que la sabiduría nos procura

para ser más felices,

hay uno que está por encima de todos los demás.

La amistad".

-Muy bonito.

-De entre todos los bienes que la sabiduría procura

para ser felices, hay uno superior a los demás, que es la amistad.

Y eso a mí me hace pensar mucho acerca de...

A veces perseguimos no se sabe bien qué cosa,

cuando en realidad el tesoro está en la amistad.

Sabía yo que pondrías un broche final precioso.

Ahí hemos tenido muy buenos amigos en esa pantalla.

Aunque no los hayamos conocido personalmente.

Han sido amigos. Estoy de acuerdo.

Perdonad, es que estoy viendo a Los Chiripitifláuticos

y me he emocionado.

Los veía y era mi infancia. -Hombre.

Cuando entraba aquí, el realizador, David,

me decía que tiene una fotografía con el Capitán Tan...

Valentina... Valentina.

Y le he dicho que teníamos que ponerla ahí en una silla.

Aquí tengo también el libro de Baltasar Magro,

"El Círculo de Juanelo". ¿Sigues escribiendo? Sí.

Lo intento, sí. Es una labor que me anima mucho.

¿Cuántas novelas llevas? He publicado unas 13 novelas.

-Lo dice así como si tal cosa.

Yo he escrito cuatro y me parece que ya me he secado.

-Es mejor escribir poco y bueno.

-Seguro que es muy bueno todo lo que has escrito.

-Intento hacer lo que se puede.

Bueno, hemos terminado el programa.

Os agradezco a los cuatro, por supuesto también a ti,

que hayáis estado aquí.

Es el último programa de la temporada.

Volveremos en septiembre, ya lo sabemos, si Dios quiere.

Estoy pensando que deberías incorporarte

para hacer el cierre con una frase bonita,

con una opinión bonita. Encantadísimo.

La temporada que viene estaremos otra vez con todos ustedes.

Gracias por seguirnos.

Y espero reencontrarles cuando volvamos en el próximo...

En el otoño, dejémoslo ahí. Gracias.

(Música créditos)

Millennium - Leyendas de la tele

16 jul 2018

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