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No recomendado para menores de 16 años Metrópolis - Miguel Trillo. Doble exposición - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

A lo largo del pasado año se han podido ver en Madrid

tres exposiciones en torno a la efervescente

escena artística madrileña desde finales de los años 70

a principios de los 90.

En una serie de tres programas consecutivos

"Metrópolis" ofrece un recorrido por estas tres muestras

de la mano de algunos de sus más destacados artistas y gestores.

El primero de ellos se centra en Doble Exposición.

Comisariada por Juan Albarrán para el Centro de Arte Dos de Mayo

y donde se recuperan las dos primeras muestras individuales

de Miguel Trillo,

fotógrafo que supo retratar la subcultura de esos jóvenes

que encontraron en la música y su estética

una forma de expresión ideológica y emocional

en respuesta a las transformaciones sociales de su tiempo.

Salta, salta conmigo.

¡Salta!

Trillo llega a Madrid en el año 74-75.

En torno al año 76, empieza a relacionarse con los fotógrafos

del entorno de la revista "Nueva lente".

Este digamos que fue el aterrizaje de Trillo

en el ámbito de la cultura fotográfica

en un momento en el que su obra participaba

de la corriente fantástica de una tendencia "neosubralizante"

que digamos que era el "main street" de la fotografía artística

de la época.

En este contexto empieza a trazar algunas relaciones

que van a ser muy importantes para su carrera,

pero también entra en contacto con la obra de algunos autores fundamentales

en la construcción de lo que va a ser su proyecto fotográfico.

Por ejemplo, en Venecia 79 entra en contacto por primera vez

con la obra de Diane Arbus y también con la obra de August Sander,

que digamos que son dos clásicos

de la historia de la fotografía documental

que van a condicionar de una manera notable su fotografía.

Durante la segunda mitad de los años 70 y la primera mitad de los años 80,

en el contexto fotográfico español digamos que las instituciones,

las administraciones, no prestaron demasiada atención

al medio fotográfico y fueron varias iniciativas privadas

las que impulsaron el desarrollo de la fotografía,

las que hicieron una labor importante de difusión, de educación.

Una labor educativa.

Entre el año 81 y el año 84 fue importante la labor que hicieron

las jornadas universitarias de fotografía,

una iniciativa que se gestó en los colegios mayores

de Ciudad Universitaria y que dio cobijo,

cabida a una serie de talleres y encuentros con fotógrafos.

A principios de los años 80,

varias administraciones, varias instituciones públicas

y también algunas fundaciones privadas

empezaron a programar fotografía, empezaron a darse cuenta

de la importancia social que estaba teniendo el medio

y al mismo tiempo, con sus exposiciones,

empezaron a legitimar la fotografía como un medio artístico más,

con un medio artístico de pleno derecho.

Este proceso de paulatina institucionalización

del medio fotográfico, tiene un punto de inflexión importante

en el año 85.

Aparece FOCO, el festival de fotografía contemporánea de Madrid.

También el museo español de arte contemporáneo, el MEAC,

realiza su primera gran exposición de fotografía

titulada precisamente "La fotografía en el museo"

y coincidiendo con ella, realiza la primera compra importante

de fotografía española contemporánea.

-Un, dos, tres, cuatro.

(Música)

Rosario se ha escapado,

se ha ido de su casa.

En el año 82, Miguel Trillo expuso su serie "Popurrí"

en la galería Ovidio.

La galería Ovidio no era una galería especializada en fotografía,

era una galería de arte contemporánea.

Habían mostrado algunos de sus proyectos artistas próximos

a los nuevos comportamientos, como Concha Jerez

y también algunos pintores importantes

en el contexto de los años 70 y 80, como Santiago Serrano.

Bernardo se ha escapado,

se ha ido de su casa.

Fue una exposición, para mí,

muy importante porque era exponer fotografía en una galería de arte

y que me dijeran que sí.

Además fotografía con una temática pop,

una temática juvenil y no era fotografía de alta cultura.

Eran fotos de conciertos de la nueva ola madrileña, eso es importante.

Ponme como referencia en Madrid musical,

y de todas las opciones musicales, la nueva ola que venía de Londres.

El futuro ya está aquí.

Y yo caí,

enamorado de la moda juvenil,

de los precios y rebajas que yo vi,

enamorado de ti.

Y yo caí

enamorado de la moda juvenil,

de los chicos, de las chicas, de los maniquíes,

enamorado de ti.

Los cantautores casi siempre eran... eran en blanco y negro.

No solamente eran en blanco y negro, sino que el canta autor

lo importante de esa película era un karaoke en masa.

Donde todo el mundo cantaba el subtítulo de ese karaoke.

La imagen en sí no era importante.

Casi se pedía perdón por la imagen.

Entonces ¿qué pasa? Que había una hambruna visual.

Nosotros teníamos un voto de silencio a los ojos

porque todo era en blanco y negro, todo había sido gris.

Mi exposición habla de todo lo contrario.

La libertad no solamente es con palabras,

sino también puede ser con imágenes y color.

Refleja un cambio importante, estético, que había ocurrido.

En el 80 prácticamente hay una explosión juvenil.

Y de colores.

Yo siento que aquí necesito vivir dos veces.

El pasado que no puede vivir y el presente,

que aquello era una fiesta permanente.

Y no perdérmela.

Contarla con imágenes.

Se estaban viendo cosas que antes no estaban permitidas.

No sé cómo voy a escapar.

No sé cómo voy a escapar.

No sé cómo voy...

Entonces había terminado lingüística hispánica

y era estudiante de ciencias de la información,

de la rama de imagen.

Yo quería ser director de cine. Quería hacer películas.

Esta sensación de tira alargada era como los fotogramas.

Una película que estaba viviendo, que era ese Madrid de vibraciones,

ese Madrid nocturno.

Entonces pensé que las fotografías fueron en tiras de madera

y a modo, como los dientes de la película.

Era una historia visual que yo estaba contando.

Tenía la opción de poner la película en color o diapositiva.

¿Y por qué ponía diapositiva?

Porque me gustaba mucho hacer proyecciones.

Además,

en aquel momento, los laboratorios fotográficos

aseguraban una garantía de calidad de permanencia de la copia

si era de sistema de diapositiva a papel.

Bailaré sobre tu tumba.

Me consideraba, vamos a decir, un ensayista que era extraño,

porque estaba tomando notas de unos conciertos

y, en un principio, era porque me gustaba.

Lo que pasa es que vivimos en un contexto en aquel momento,

en el que los fotógrafos quieren exponer en galerías.

(Música)

Aquí estamos en la planta baja del bar museo Madrid me Mata de Madrid.

Y veis que todo es color.

En los años 70 había una primera generación

a la que yo pertenezco, de una serie de personas

que queríamos convertir la fotografía en un lenguaje moderno

y no la fotografía para hacer la típica foto de concurso

y ganar un premio. Que aquello fuera un medallero.

No. Había una manera de querer contar con imágenes.

Tengo los huesos desencajados,

el fémur tengo muy dislocado,

tengo el cuerpo muy mal,

pero una gran vida social.

En la fotografía hay, dos ramas, por lo menos así la veo yo.

El fotógrafo que viene de bellas artes

en el que utiliza la fotografía de una manera plástica

y el fotógrafo que viene de la literatura.

Yo sería de esa segunda rama.

En la fotografía como ensayo más que como obra novelística.

Pero en el ensayo hay mucho de creación.

En mi caso, la fotografía tenía banda sonora.

La fotografía que es muda, porque está hecha para el silencio,

yo hacía silencio de una música.

No se concibe el joven de una tribu urbana

si no va unido a una banda sonora.

(Música)

Rococó era un fanzine.

Un fanzine de fotos.

Ahora se puede llamar un foto fanzine.

Tenía la particularidad

que parecía que era una obra colectiva de varios fotógrafos,

no aparecían firmas porque, lógicamente,

los fanzines o aparecían seudónimos

o no tenían firmas detrás, ¿no?

Yo me lo plantee como mi brazo armado, mi ojo armado, mejor.

Era como un heterónimo de Miguel Trillo

luego era mi fotografía en blanco y negro.

Yo llevaba las dos cámaras.

Una con las diapositivas y otra con el negativo en blanco y negro.

Y era una fotografía más espontánea, más gamberra, más punk,

más de flash más directo, de pasillos.

Me gusta ser una zorra.

Me gusta ser una zorra.

Me gusta ser una zorra.

Eh.

Nació de una manera espontánea,

ante las dificultades de dar a conocer mi fotografía

por falta de publicaciones y también dentro de un contexto

de que empiecen a aparecer fanzines de la nueva ola madrileña.

Malos tiempos para la lírica.

Malos tiempos para la lírica.

Esas fotos que ahora vuelven a ser conocidas

con la reedición del fanzine

llevaban unos años expuestas en Madrid

en este bar.

Eso para mí es una satisfacción también.

Tiene sentido.

Fotos hechas, en un principio, al lado de una barra de un bar,

están ahora también al lado de una barra de bar.

(Música)

Los bares, qué lugares,

tan gratos para conversar.

No hay como el calor del amor en un bar.

Estas fotografías son de un periodo muy claro,

que es cuando se llamaba la nueva ola madrileña.

Siempre son retratos frontales,

porque me gusta a mí mucho la mirada.

En la pose del fotografiado está su actitud.

¿Por qué miran a la cámara? ¿Por qué están posando?

Porque es cuando ellos están manifestando el estilo.

Aquí está claro que es una gente que presume de un estilo chulo,

y ese estilo, para mí, como mejor se manifiesta

no es fotografiando a la persona, sorprendiéndola espontáneamente,

sino cuando posa.

Tengo un problema, tengo un problema sexual.

Es importante que,

para mí,

el público se había convertido en las estrellas.

Por eso, y además, ya no solamente que el público se había convertido

en las estrellas,

sino que la foto de concierto que tenía mucho de lenguaje,

de ver el color, de ver la luz, de no usar el flash,

se me había agotado ya.

Pero en cambio, el tema del retrato no se me había agotado,

Sino que estaba en plena...

Para mí era una necesidad de retratar a ese público.

Conozco la física muy bien

y sé que hay cosas que se atraen y otras no.

Lo pongo contra la pared, lo pongo posando,

para mí hay un componente muy de Diane Arbus,

de August Sander.

Aquello de ir tomando notas visuales de algo que has visto.

Aquí hay elementos diurnos, como podía ser el rastro.

Empezaba a ir a sitios donde se reunía la gente.

Mi fotografía no es la típica fotografía virtuosa

que está al margen de la realidad y siempre, lo que predomina

es esa belleza, ese preciosismo.

Lo que predomina es una historia que nos está contando.

Si no hay historia, para mí mi fotografía no valdría.

Yo, cuando elijo hacer fotos,

está claro que estoy tomando una actitud cultural,

una actitud estética, artística.

Si yo dejo la fotografía de los bodegones,

de la naturaleza muerta surrealista de los 70

era porque

había sido un camino que para mí se había secado.

Me pedía el cuerpo la calle.

En esta exposición dice también mucho de cómo yo veía la película,

de que ya no me estaba centrando solo en la movida,

sino que me estaba centrando en una ciudad.

En mi manera de contar

la llegada de la libertad,

de esta manera tan, vamos a decir frívola,

porque, precisamente,

estaba contándola con unos jóvenes que se estaban divirtiendo

pero, precisamente, en la diversión y entusiasmo tenía mucho de lucha.

Creo que la vida cotidiana era lo que más había que potenciar

y es una fotografía donde no pasa nada, donde no hay noticia.

No hay noticia porque es vida cotidiana.

A su vez me planteo que si estamos hablando

de una España en libertad, de una nueva generación,

estoy huyendo de la fotografía de los 70

y estoy huyendo también de esa fotografía

de blanco y negro de gran calidad que se le aprisiona en un paspartú

y luego se le mete con un cristal, como si fuera una jaula con su marco.

Es una especie de fotografía con corsé

y para mí, esta fotografía, estas copias que estén sueltas,

que estén en libertad en la sala

es solamente cogidas con estos celos,

pero que sean celos de colores.

¿Qué es lo que expongo?

Curiosamente expongo lo más pobre. La fotocopia en color.

¿Por qué hago eso?

Porque estoy hablando de una cultura alternativa.

Y más que alternativa, cultura underground.

Ha caído la tormenta en la ciudad.

Las luces se empiezan a apagar.

En el 80, en las vacaciones del verano pasé unos días en Londres.

Luego lo repito en el 81.

En esos viajes,

es verdad que son fotos de turista porque aquí están mezcladas

las fotos de Londres con las de Madrid.

Pero claro, es un turista especial, vamos a decir,

porque un turista que, en vez de hacer las fotos de los monumentos,

va por King's Road o va por Kensington-Market,

donde estaban las tiendas alternativas

que voy tomando retratos.

A pose fotográfica, el posado, que era lo que me gustaba a mí,

bien sea de una persona del público

o bien sea de un cantante o una cantante más conocida,

yo lo trato igual, como un documento que está pasando en aquel momento.

Así que no es una pose para hacer la portada en un disco.

En todas estas fotos hay un elemento común, documentalismo.

Las dos inauguraciones.

Tanto la inauguración de Ovidio como la inauguración de Amadís

fueron fiestas. Yo puse la música.

La galería ponía la bebida.

Pero no sabíamos qué público iba a venir.

Curiosamente, el público que vino fue total.

A mitad de los 80 aparece el grafiti del hip hop y rap

y yo digo: "Me paso".

(Música)

Vas a alucinar.

Vas a alucinar.

Vas a alucinar.

Cambio de chaqueta.

No, no es cambio de chaqueta.

Estamos hablado de que es una generación

que siempre está aprendiendo a crecer con una banda sonora

y yo voy detrás de esas bandas sonoras.

Hey, tú, que estás ahí, quítate la mano de la nariz.

Si estás entretenido y no estás aburrido,

escucha atentamente esto que te digo.

Somos unos ráper algo divertidos, nos gusta el funky,

no somos punkis, queremos llenar con algo de este ritmo.

Hey, chico, no pongas caras raras.

No aprietes el ombligo que pones cara de higo

y no escuchas bien esto que te digo.

Coge a tu chica de la cintura

y entre los oídos hazle una ranura

para que escuche bien porque va música dura.

Estamos en el pasaje de Nuevos Ministerios,

de la salida de Nuevos Ministerios del metro,

pero en realidad es AZCA.

Aquí era el kilómetro cero del hip hop madrileño.

En aquel momento no se decía hip hop, se decía los breakers

o los grafiteros.

Los domingos por la mañana, como solamente había bancos,

edificios que cerraban los fines de semana,

eran paraíso de silencio.

Aquí venían los primeros breakers a bailar

con sus radiocasete, con sus loros,

y esta pared se convirtió como el muro,

más que de las lamentaciones, el muro de las firmas

y de los tags.

Empecé yo a utilizarlo como pared de mis retratos.

Y si eres un b-boy y estás harto,

si te ponen mala cara y se vuelven a mirarte,

si dice la gente que somos delincuentes,

cantaremos todos juntos para darles en los dientes.

(Música)

En esta segunda parte de los 80,

no es que yo me calme, ni me tranquilice y desaparezca,

lo que ocurre es que sí es cierto que no hago más exposiciones.

¿Por qué no las hago?

Porque estaba

trabajando, mirando,

observando, tomando notas,

como estas de estos domingos de hip hop en Nuevos Ministerios.

Pero, a su vez, en el verano del 88,

que es un momento muy interesante,

porque en Madrid a finales de los 80 hay como ebullición.

Eres lo mejor de mi trayectoria.

¿No ves que te quiero de verdad? ¿Es que no lo ves?

Te quiero de verdad.

Esta central eléctrica que tenemos atrás

era un centro donde estábamos una serie de artistas.

Yo, como fotógrafo, documentándolo.

A su vez, unos meses después,

estaba en otra fábrica abandonada,

que era la de Mazda del Puente de Vallecas.

Allí estuve colaborando, haciendo fotos,

e incluso hice una exposición.

Estaba, a su vez, con el frente del hip hop,

con el frente de punkis, okupas,

y eso vez con el frente artístico,

pero no de un colectivo artístico habitual,

pero que te centro muy poca gente.

En ese verano estábamos una serie que eran pintores,

una instalación también hubo. Yo lo estaba documentando.

Fue un boca a boca extraño.

Primero fue una chica francesa que consiguió cambiar

la cerradura de la puerta.

Yo consigo también una copia de esa llave.

Había, vamos a decir, como un jefe,

que es el que vive, y si no vive, prácticamente se pasa el día ahí

y los demás somos como satélites.

Haciendo algunas fotos, otra amiga pintora...

Y la reflexión que hago es que, para mí,

como la cumbre, no porque mi actividad aquí fuera muy importante,

sino que es la cumbre de mí, digamos, yo como fotógrafo.

Digo yo.

He hecho fanzines, he utilizado los circuitos underground

porque es una manera de ser autogestionario.

La autogestión es el arte que tú quieres hacer.

Por lo tanto, es un arte político.

No es lo que el mercado quiere que tú vendas

o que te quiere comprar,

sino que es aquello con lo que tú te sientes y quieres expresarte.

Cuando he visto la exposición de "La cara oculta de la luna"

rápidamente he dicho: "Voy a bucear, qué documentación tengo de los dos

sitios en los que se habla en la exposición de los años 80".

Es el Espacio P.

Cómo iba a recuperar...

Lo que no recordaba era que tenía foto del posado absoluto.

Que nunca volverá, ni aunque tú te empeñes,

aunque no lo tengas claro y quieres escapar.

Mi coco me dice que hoy mi vida entera pasará

ante mis ojos y pediré perdón.

Con la razón estudiaría,

un libro abierto es hoy mi corazón.

Y alma entera te daría.

Si yo tuviera garantías.

  • Miguel Trillo. Doble exposición

Metrópolis - Miguel Trillo. Doble exposición

25 abr 2018

A lo largo del pasado año, se han podido ver en Madrid tres exposiciones en torno a la efervescente escena artística madrileña desde finales de los años 70, a principios de los 90. En una serie de tres programas consecutivos, Metrópolis ofrece un recorrido por estas tres muestras de la mano de algunos de sus más destacados artistas y gestores.
El primero de ellos se centra en "Doble Exposición", comisariada por Juan Albarrán para el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles, donde se recuperan las dos primeras muestras individuales de Miguel Trillo, fotógrafo que supo retratar a esa joven generación que conformó una subcultura que encontraba en la música y su estética, una forma de expresión ideológica y emocional en respuesta a las transformaciones sociales de su tiempo.

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