Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 84 - ver ahora
Transcripción completa

¿Sabes qué pasa?

Que por más que le doy vueltas a toda esta movida,

siempre llego a la misma conclusión.

Y es que ese álbum de fotos solo tenía valor para ti.

Por eso no tiene sentido que nadie se lo haya llevado.

Y da la casualidad que la única que puede moverse por el mercado

sin levantar sospecha eres tú, incluso en el despacho de Javier.

-No me esperaba esto de ti. -No, Carla, por ahí conmigo, no.

No te me pongas digna, porque no he mentido.

-Puf.

Lo que pasa es que no has tenido el valor suficiente

para decirme que Adela paró los trámites del divorcio.

Eso es lo que pasa.

Celia, por favor.

Adela me tiene loco, cambia de opinión continuamente,

por eso no te he dicho nada.

Elías, tienes excusa para todo, ¿te das cuenta?

Lo siento mucho, pero se acabó. Ya no puedo más con esto, de verdad.

No, por favor, no.

Las invitaciones no son para mí,

son para el concejal de Obras del Ayuntamiento,

Carlos Arrabal. A cambio, quiero traerle aquí

y que reactive la subvención para mejorar los puestos.

¿Te estás quedando conmigo? No.

Os digo que estoy a muerte con el Central.

Tú consígueme las invitaciones y yo saco petróleo con ellas.

Ayer...

estaba desquiciado, ¿sabes?

Por favor,

necesito saber la verdad.

¿Te pegó él?

¿Fue Nacho?

Oh, Dios.

Tú no sabes nada.

¿De acuerdo? -Pues sé más de lo que te crees.

Así que ya puedes ir corriendo a pedirle perdón.

-Lo que vamos a hacer tú y yo es olvidarnos del tema

y no darle más importancia de la que tiene.

-¿Para ti no tiene importancia que mamá lo pase mal?

-No vas a decirle nada, ¿de acuerdo?

Este tema está más que zanjado.

Y no quiero abrir ninguna herida.

Lo digo por el bien de todos,

pero, sobre todo, por el de tu madre.

Ya sabes que es muy sensible.

Ay.

Es la maleta de Elí...

(LEE) "Ya tienes el vestido.

Se te acabaron las excusas".

Hola, Noa. ¿Dónde estás?

Está aquí la reportera de "España Directo",

quieren hacer un reportaje de la exposición

y les gustaría entrevistarte.

Pues las típicas preguntas: ¿En qué te has inspirado?,

¿Cuál es tu visión del mercado? Todas esas cosas.

Venga, ven volando. Te espero. Adiós.

¡Buenas! ¿Qué?

Han venido los de la tele. Ah, genial.

¿Lo van a emitir en directo? No, creo que lo emiten esta tarde.

Han grabado el mercado, han hablando con los comerciantes;

aún no tienen un material bueno.

Pero están grabando la exposición; a ver si mejora.

Va a quedar un poco desangelado. Hago lo que puedo.

No tengo culpa de que la gente no se involucre.

Te lo digo de buen rollo, tranquilo. ¿No estabas a tope con el mercado?

Lo estoy. Debo reconocer que al principio, la iniciativa...

No me impliqué mucho con ella, pero ahora estoy a tope.

Me parece una idea maravillosa. Me alegro.

Ahora viene Noa, van a entrevistarla. Genial.

Tengo una sorpresa para ti, pero...

Déjalo, igual en otro momento.

No, no, dime, dime, cuenta.

No sé, es que igual...

¿Cómo ves tú que se pase por aquí

el concejal de Obras del Ayuntamiento?

Porque va a venir.

No. Sí.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y cómo lo has conseguido?

Le he llamado mil veces y ni me responde.

Bueno, mi fama de chef me precede.

Al parecer, era un gran admirador mío.

No te creo. Pues claro que no, es mentira.

He tenido que prometerle que le voy a llevar

al palco del Bernabéu y luego, le he reservado mesa

en un restaurante que era imposible conseguir una.

He movido mis hilos y ya está. Vamos, que lo has comprado.

¡No!

Simplemente le he sugerido

que sería interesante que pasara por el mercado

para que comprobara en primera persona

los esfuerzos que estamos haciendo para resurgir.

Si para eso debo llevarle al Bernabéu y a cenar, lo haré.

Muchas gracias. Te va a costar un ojo de la cara.

No tanto como a ti. ¿A mí?

Te recuerdo que me dijiste que comprarías mis latas de anchoa

y tengo un montón. Espero que me dejes pagar a plazos.

Ya, para eso están los amigos.

Oye, ¿sabes a qué hora viene?

Estaría genial que le grabaran los de la tele.

Lleva un rato por aquí.

Haciéndose fotos con los comerciantes,

pavoneándose por los puestos...

Qué personaje. Vaya jeta el tío.

A mí que soy el gerente no me ha hecho ni caso

y a ti, mira, le ha faltado tiempo para venir.

Es que con buenas palabras no se llega a ningún sitio.

Te ha faltado... motivación.

Llámalo motivación, llámalo "unas entraditas para el Bernabéu,

una cena vip"... Eso también.

Y hablando del rey de Roma, por ahí se suena.

-Verá como les gustan los chuletones, que me los traen de Ávila.

Se va a arrepentir de no haber cogido más.

-¿Quiere usted que le guarde las bolsas?

No me cuesta nada. Tengo todas las llaves, mire.

-Es que mi marido es el jefe de mantenimiento del mercado.

-Es una gran responsabilidad, pero alguien tiene que hacerlo.

Esto es como ser concejal, que no se hace por el sueldo,

sino por vocación de servir a los demás.

-Voy a saludarlo y a ver si le rescato de estos.

Igual tienes que arrancarle el brazo a la Pacheca para que lo suelte.

Chicos..., grabad esto.

Concejal.

Damas, caballeros, muy buenas tardes.

Para nosotros es un orgullo presentarles esta exposición,

de la joven artista del periodismo gráfico Noa Salinas,

que ha sabido plasmar fielmente

la esencia de este nuestro Mercado Central.

También queríamos agradecer la presencia

del concejal de Obras del Ayuntamiento, Carlos Arrabal.

Y quería hacerlo públicamente, concejal,

porque es un orgullo saber que el consistorio está abierto

para nuevas propuestas y peticiones.

Y que comparta un día tan importante para nosotros es de agradecer.

Siempre es un placer poder colaborar. Genial. Muchas gracias.

Entendemos su presencia aquí

como un compromiso por parte del Ayuntamiento

para reactivar la subvención que en un momento dado fue denegada

y ahora entendemos que se reactivará

para la reforma de los puestos del mercado.

Siendo así, me gustaría sellarlo con un apretón de manos.

Desde luego.

Adela, ¿han llegado ya las dalias? Tengo que montar las cestas.

¡No sé cómo he podido dejarme engañar de nuevo!

¿Elías?

No va a cambiar en la vida.

Es increíble, es un cerdo. Me ha vuelto a mentir en la cara.

Pero ¿qué ha pasado? En el hotel, todo fue bien.

¿Que qué ha pasado?

Que ese asqueroso está con otra.

Vamos a ver.

Tú estabas segura de que esto se podía arreglar.

Pues ya no.

Es su maleta.

Es una de esas que va en un juego que son cuatro o cinco

y yo tengo una igual. Y cuando he salido del coche,

me he confundido y he cogido la suya.

¿Y?

Mira lo que había entre sus cosas.

Un vestido.

¿Qué hacía esto en su maleta? ¿Para qué llevaba un vestido?

Yo qué sé, a lo mejor era un regalo.

A lo mejor quiere una reconciliación romántica.

Vete tú a saber. No, Celia.

Él no sabía que yo iba a ir al hotel.

Me he presentado en el portal para sorprenderle.

Y nos hemos ido directos.

Así que si llevaba esto es porque era para una amiga

con la que había quedado allí y yo le he chafado el plan.

Claro,

por eso se ha puesto tan blanco cuando me ha visto.

Vamos a ver.

Vamos a pensar, y no te embales.

A lo mejor alguien que sabía que tú ibas, se lo dijo.

Celia, si es que ni siquiera es mi talla.

Y además...,

había una nota junto con el vestido.

Lo había planeado para encontrarse allí con su amiga.

Y no contaba conmigo.

Y solo...

hay que ver el vestido

para darse cuenta que tiene que ser una mujer muy atractiva

y que le importa mucho.

Vas a tener que hablar con él, Adela.

Es la única manera de que se solucionen las cosas.

Si le he mandado antes un mensaje

para ver si nos veíamos a la hora de comer

y ni siquiera me ha contestado. Vete a saber si no estaba con ella.

Tenéis que hablar porque él te lo va a explicar todo, seguro.

¿Explicarme?

Claro, es que Elías de La Cruz siempre tiene una explicación.

¡Porque se las inventa!

Y estoy harta.

Estoy harta de que no tenga las agallas suficientes

como para mirarme a la cara y decirme la verdad.

Venga, ya está, vete a descansar. ¡Déjame!

Perdona.

Perdona.

Perdona, Celia, he perdido los papeles.

No, no.

Celia, ya sé lo que estás haciendo.

Lo haces con la mejor intención,

para que a mí no me lleven los demonios.

Pero reconócelo...,

no te lo crees ni tú.

Esto es lo que es y no hay vuelta de hoja.

¿Qué vas a hacer?

Pues, por lo pronto, averiguar con quién se ha liado.

No. Vamos a ver.

Adela, ¿para qué?

En serio, ¿qué ganas con eso?

El que te ha sido infiel ha sido Elías, ¿no?

Y esa mujer, sea quien sea, es una inconsciente y una idiota.

Es él el que te debe una explicación.

Pues puede que tengas razón.

Ya me dirás tú qué hago yo con eso.

"Hola". ¿Dónde estás?

En la puerta del hotel Golden Luxury,

que tengo una reunión muy importante.

Tengo que hablar contigo. Es urgente.

"Espero que sea para decirme que se te pasó el cabreo

y que todo sigue igual". No, es para hablar de eso.

Por favor, es porque... Antes de que digas nada, por favor,

escúchame, te tengo que pedir perdón.

"Sí, perdona, tenía que haberte avisado"

de que Adela retiró los papeles del divorcio.

Mira, no quiero hablar de eso. No tengo tiempo.

¿Me quieres escuchar, por favor? Sí, claro, claro que te escucho.

Celia.

Celia.

Tengo que entrar en la reunión ahora mismo.

"No puedo hablar.

La reunión va a ser muy cortita, te llamo cuando acabe.

O si es tan importante lo que me quieres contar,"

¿por qué no vienes al hotel y me lo cuentas personalmente?

Venga, adiós.

¿Elías?

(LLORA)

(Ruido)

He venido a buscar un friegasuelos, que se me ha terminado.

-Eh... No te he preguntado.

Si te quieres escaquear es tu problema.

¿Has metido el friegasuelos en el bolso?

Se te va a estropear.

Lo tenías tú, ¿verdad?

Lo has tenido tú todo este tiempo. Pero ¿de qué vas?

Nos has mentido a todos haciéndote la víctima y la dramas

y resulta que lo tenías tú. ¡Eres una falsa!

-¿Me estás llamando falsa a mí? -¡Sí!

-Sabías que Samu conducía y no me dijiste nada a mí.

-Lo hice para proteger a Samu o para protegerme a mí,

lo que tú quieras. Pero ¿tú qué pretendes con esto?

¿Que Samuel se desquicie? ¿Que se vuelva loco?

La única que se está volviendo loca eres tú.

Como tu madre, tía.

¡Buenas tardes, Adela!

(LLORA) Ay. Hola, Jesús.

¿Qué tal con Valeria? Muy bien.

Aunque casi me tengo que ir de casa para que entraran sus cosas.

Me ha conquistado el corazón y el espacio.

Oye, ¿sabes si Elías ha vuelto ya?

¿Elías?

No, ¿de dónde? ¿No te ha contado nada?

Tiene una reunión en el hotel ese donde han inaugurado la terraza.

Le estoy llamando por teléfono, pero no me lo coge.

Bua, seguirá allí.

Pues no, ni idea.

Ah, por cierto,

he reservado en el gallego de Príncipe de Vergara.

Os invito a cenar una mariscada.

Hay que celebrar por todo lo alto tu vuelta a casa.

¿No te hace ilusión?

Que si quieres un japonés de esos que tanto te gustan,

pues un japonés. Hoy mandas tú.

(LLORA)

¿Estás llorando?

Gracias, Jesús. Pero...

no hay nada que celebrar.

No voy a volver a casa.

No voy a perdonar a Elías. ¿Y eso?

Si te he dejado este mediodía con la maleta en casa.

Me has dicho que la cita en el hotel había salido muy bien

y que por eso regresabas.

Pues me he enterado de que tu hijo...

tiene otra amante.

No. Sí.

¿Seguro? Sí.

Este hijo mío es idiota.

En cuánto le vea, voy a tener con él más que palabras.

No le digas nada.

La idiota he sido yo por creer que había cambiado.

Yo también lo había creído. Pero no entiendo nada.

Si se ha pasado llorando por los rincones desde que te fuiste.

Me ha dicho mil veces que estaba arrepentido,

y que tenía clarísimo que la mujer de su vida eras tú.

No sé qué le pasa por la cabeza a este chico.

Es que Elías no piensa con la cabeza.

Yo me alegro

de no haberle dicho que iba a volver.

¿Se lo has dicho tú?

No. Pues no lo hagas, por favor.

Quiero... al menos conservar un poco la dignidad.

Si es que me queda alguna.

No se lo voy a decir.

Y no por falta de ganas.

Ya sabes que tú para mí eres como una hija más.

Él se lo pierde por idiota.

Aunque soy su padre, tengo que reconocer...

que tú vales mucho más que él.

Si yo estuviese en su lugar...,

no te dejaría escapar por nada del mundo.

Gracias, Jesús.

A mí lo que me da rabia es que vaya de ese rollo de santo.

-Carla, Samuel no va de nada.

Tiene sus cosas, como todos, no te lo voy a negar.

Pero es buen chaval el tío.

-¿Ves? Eso es lo que no soporto, tío.

Ha estado yendo todo el rato

con el rollo ese de "mira lo bien que lo hago todo"

para que la gente le perdone.

Como si matar a alguien fuera algo que se pudiera perdonar.

Primero, ha camelado a Germán; luego, a los padres de José,

ahora quiere que yo le perdone.

Ha estado diciéndole a todo el mundo lo mal que lo ha pasado,

lo mucho que se esfuerza. -Es que lo ha pasado muy mal.

-Pero ¿que no te das cuenta, Jonathan?

¿Tú no te enteras que lo que quiere es darle la vuelta a la tortilla?

Quién ha perdido a una hermana he sido yo.

Y él fue quién la mató.

Y ahora, él va de víctima.

-Yo no digo que él sea la víctima...,

pero es verdad que lo ha pasado muy mal

y ha intentado hacer todo lo posible por ayudar.

El cabezón ha vendido un montón de cosas

para intentarle buscar un buen abogado a tu madre,

para intentarte buscar un buen terapeuta a ti.

-Para quedar bien delante de todos. -No, Carla.

No seas injusta.

Él no lo hizo para quedar bien,

él no quería que nadie se enterara que lo pagaba él.

Lo hizo..., no sé, tía, para que tú no te hundieras.

-Para demostrarse a sí mismo que es una buena persona.

A mí me da igual los abogados que pague

o los psicólogos que pague, ¿me entiendes?

A mí nadie me va a devolver a Laura.

-No, es verdad, es verdad.

Nadie te la va a devolver.

Y esta actitud tampoco.

Tía, tú le conoces, has convivido con él.

¿Sabes perfectamente que no todo lo que hace

lo hace por postureo o por quedar bien?

Carla, mírame.

Samuel te quiere mucho.

De verdad, tía.

Y aunque todo se haya ido a la mierda y estés cabreada con él,

no sé, quiero pensar que tú eso lo sabes.

-Para que te quieran así, mejor que no te quieran.

-Carla...

Él no sabía que él conducía cuando se enamoró de ti.

Y si luego no te lo contó, supongo que sería...

para no perderte, tía.

Por miedo a hacerte daño.

¿Yo que sé?

Lo que sí sé es que Samu es buen chaval y te quiere mucho.

Muchísimo, tía. Tú también lo sabes.

-Ni lo sé, ni me importa.

-Carla.

Mírame.

¿De verdad quieres ser la tía que has sido estos días,

fingiendo el robo del álbum para amargarnos,

para amargarle la vida a Samuel mientras te la amargas a ti misma?

¿De verdad quieres eso?

¿Crees que es lo que a tu hermana le hubiera gustado?

(CARLA LLORA)

(Puerta cerrándose)

Hola, cariño.

¿Llevas mucho esperando?

Perdona el retraso, pero me ha pillado

el pesado de mi jefe en la puerta

y no había forma de quitármelo de encima.

Qué bien que me hayas llamado para comer.

Tenemos que hacer esto más, encontrar tiempo para estar juntos.

-¿Cómo has podido?

-¿Qué te pasa?

¿Qué te pasa? ¿Vas a empezar con una de tus paranoias?

-No creo que el ojo de Paolo sea una paranoia.

¿Cómo has podido hacer algo así? -No tengo ni idea de lo que dices.

-Venga, más mentiras no, Nacho, por favor.

-¿Más mentiras? ¿Cuándo te he mentido yo a ti?

-Ahora mismo, ¿no?

Venga, dímelo.

Dime que tú no le has puesto el ojo morado.

-Vale.

¿Quieres que te lo cuente?

Te lo cuento.

Si no lo he hecho antes, ha sido para ahorrarte el mal trago.

A saber lo que te ha contado ese.

-Mira, por favor, más excusas no.

Nada justifica una agresión, y muchísimo menos los celos.

-Ah, ¿qué soy yo el agresor? ¿Eso te ha contado?

-Mira, de verdad, Nacho.

Es que ya no sé cómo decirte las cosas, ¿sabes?

No sé cómo explicarte que entre Paolo y yo

lo único que hay es una bonita amistad.

Por favor, no pienses cosas raras.

-Eres tú quien me da qué pensar con esa relación que tenéis.

Ponte en mi lugar.

¿Qué quieres? ¿Qué mire para otro lado?

Imagínate que yo tuviera una relación especial

con una compañera de trabajo. De hecho, no hace falta irse lejos.

Rocío. ¿Qué pasó con Rocío? -No pasó nada.

-Ah, ¿nada? ¿Me vas a negar que te pusiste celosa?

-No, pero a mí no se me ocurrió ir a pegarle.

-No, tú solo le pediste a Luis que me espiara y me hiciera fotos.

No sé lo que es peor.

Uf, menos mal que se ha largado. Es que no soporto a ese tío.

Vaya faena le has hecho, ni José Tomás en las mejores tardes.

Y lo mejor es que has conseguido sacarle una promesa.

Se ha visto acorralado y no ha podido hacer otra cosa.

Esto te costará más que un partido en el Bernabéu y una cena.

Si es así, tendrás que comprarme algo más que anchoas, ¿no?

¿Tú crees que reactivarán la subvención?

Con esta gente nunca se sabe.

Prometen el oro y el moro, y luego... No lo sé.

Hará lo que le dé la gana. Eso es lo que me preocupa.

Va a salir en la tele, con lo cual tiene dos opciones:

o cumplir su promesa o que lo pongan a parir

en todas las tertulias políticas. Ya. Eso nos daría fama.

Lo importante es que hablen de ti, bien o mal.

Pues sí.

Mandamos a la Pacheca a la tertulia y nos llena esto de gente.

¿Has visto con qué cara me ha mirado al subirse al coche el concejal?

Te la tiene jurada. Ya.

¿Y la cara que ha puesto cuando lo ha dado por hecho

y la cámara lo estaba grabando?

Espero que no se enfade mucho.

Si no, los partidos en el Bernabéu se me harán eternos.

-A ver, Carmen.

Si hay dinero para reformar el puesto,

se debe repartir según las bancas que tenga cada uno,

por porcentaje. -Es muy subjetivo.

-Pues habrá que hablarlo y llegar a un acuerdo.

-Se hará todo por amiguismo en vez de por necesidad.

-No discutáis, aún está por ver si nos dan la subvención.

Y si nos la dan, ¿cuándo nos la dan y cuánto dinero es?

Después ya nos reunimos y lo hablamos entre todos.

-Claro, eso digo yo.

-No vendamos la piel del oso antes de cazarlo.

Jorge ha estado magistral, pero eso no garantiza nada.

-Es verdad, Jorge. No te he dicho nada, buena jugada.

Nada, no ha sido nada.

-Es que ese dinero nos va a venir muy bien.

Yo llevo unos días muy malos, con muchos nervios.

Y la verdad es que lo de la reforma

lo único que hacía era sumarse a lo que ya llevo encima.

-Si es que lo más importante es la familia y la vida de cada uno.

Cuando hay problemillas ahí, pues uno se agarra al trabajo.

Y cuando fallan las dos cosas, ya es muy complicado, ¿verdad?

-Sí. Y en nuestro caso, no se sabe dónde empieza lo uno

y dónde acaba lo otro, así que ese dinero nos vendrá bien.

Aquí, toda la familia vive del mercado.

Muchísimas gracias, Jorge.

Nada, de verdad que no ha sido nada.

-No te quites méritos, al concejal lo trajiste tú.

Pero venía a ver la exposición de Noa.

Y ahí no tengo nada que ver. ¿Ves como no era ninguna tontería?

Todo suma. Todos somos el mercado.

Y cada paso que damos es un paso más cerca de la salvación.

Reconozco que no fue buena idea irme a ver a Paolo

con el cabreo que tenía después de discutir contigo.

Pero necesitaba explicarle cómo me sentía,

cómo me afecta ver esa relación tan íntima que tenéis

y pedirle que no fuera más allá.

-Pero es que eso no era necesario.

-Ya lo sé.

Pero tampoco esperaba que se fuera a poner como se puso.

Supongo que todavía le afecta mucho lo de Cristina,

y reaccionó muy mal.

Me dijo cosas muy feas, como intentando provocarme.

Me dijo que si tú buscabas afecto fuera,

sería porque yo no te daba lo que necesitabas.

-A ver, eso está muy feo, Nacho, sí,

pero de ahí a las manos, ¡por el amor de Dios!

-¡Es que no le pegué! ¿Vale? Y ganas no me faltaron, créeme.

Pero..., y reconozco que ahí igual me pasé,

le dije que no todos los matrimonios son como el suyo.

Y ahí sí que se puso hecho una fiera.

Me pegó un puñetazo en el estómago, otro en la cara, que esquivé.

Le pedí que se tranquilizara, pero cogió un vaso

para pegarme con él, tuve que defenderme.

Le pegué un puñetazo y me fui antes de que la cosa fuera a más.

-¿Es verdad que fue eso lo que pasó? -Tal cual.

Yo solo fui allí a hablar con él.

¿Qué pasa? ¿No me crees?

Ya desconfiaste de mí una vez y creíste a quien no debías.

Pero me prometiste que no volverías a hacerlo.

Qué poco te ha durado la promesa, ¿no?

-Tienes razón.

Perdóname, lo siento.

Te creo.

Pero sigo pensando que la violencia no justifica nada.

-¡Tuve que defenderme, Rosa!

-Está bien, ya está.

-¿Cuántas veces me he pegado yo desde que me conoces?

Por favor.

Anda, ven, dame un abrazo.

¿Eh?

Y a ver si con esto dejas de tener en un pedestal a Paolo.

No, no te preocupes, Andrea.

No.

Que el ojo, en dos días...

estoy como nuevo.

Sí.

No, te llamo porque, al final,

no voy a poder acompañarte al aeropuerto.

No, no, a mí también me sabe muy mal, pero ¿sabes qué pasa?

Que me acaban de llamar de la Escuela de Baile.

Me acaban de hacer un pedido muy importante

porque tienen no sé qué evento.

Bueno, y no estamos como para perder clientes, ¿no?

No, pero escucha, tú vente por aquí.

Sí, sí, con la maleta, la guitarra y todo.

Sí, sí, que te acompaño yo al taxi.

Hasta ahora. "Ciao, ciao".

Paolo.

Hola, Adela.

Me han contado lo del atraco. Menudo susto, ¿no?

Ya. Ya ves.

Pero esto se pasa en dos días.

Bueno...

Lo que tarda más es el dolor de corazón.

Eso...

¿Lo dices por Cristina?

No sufras ni un momento, Paolo.

Cuando una persona te traiciona, no merece la pena pensar en ella.

Lo digo por Cristina y no solo por Cristina.

Es que hoy se va Andrea.

Ah. Se va a Liverpool.

Ay, es verdad.

Le vas a echar de menos. Ya.

A ver, que yo estoy muy feliz por él, porque va a cumplir su sueño,

pero ¿sabes qué pasa?

Es que yo nunca he estado más de una semana sin él.

Y ahora... ahora me quedo solo.

No digas eso. Pero solo, solo, solo de verdad.

Que no digas eso, que nos tienes a nosotros,

a los compañeros del mercado, tus amigos.

¿A mis amigos? ¡Sí!

¿Qué amigos?

¿Aquellos amigos

que no me dijeron nada de la aventura de Cristina y Doménico?

Como tú, ¿no?

No me digas que tú no sabías nada.

Porque tú y Cristina erais muy amigas.

Porque tú sabías de sobra lo que estaba pasando a mis espaldas,

pero... elegiste no decirme nada.

¿No?

Lo siento mucho.

De verdad.

Qué honor.

El héroe del día

ha venido a visitarme.

Ya te has enterado, ¿no? Sí.

Ya sabes que las noticias vuelan aquí,

y más tratándose de una hazaña como la tuya.

No te rías de mí. Cada uno hace lo que puede.

Que te lo estoy diciendo completamente en serio.

Es la primera vez que todo el mundo habla bien de alguien en el mercado.

No sé si es más difícil eso o lograr la ayuda del ayuntamiento,

y es que tú has conseguido las dos cosas.

Vale, pero yo no me vendría muy arriba.

Hasta que no tengamos el dinero, de los políticos no hay que fiarse.

No, no, no, no, no.

Para una buena noticia que tenemos, no me pidas moderación.

Quiero estar contenta y alegrarme

y luego, si no sale, que nos quiten lo bailao.

Pero yo estoy feliz,

no me digas que tú no.

Sí, claro, claro.

Pero a veces,

a superdelicatessen le cuesta expresar sus emociones.

Pero estoy encantado de ver a todo el mundo tan emocionado.

Y para celebrarlo...,

he traído unas cositas.

Guau.

Superdelicatessen me ha traído una supermerienda.

Sí.

Para contrarrestar un poco

lo superborde que he estado estos días.

Creía que no sabías expresar tus sentimientos.

Yo creo que no es justo lo que te hizo,

pero ¿qué querías que hiciera?

¿Traicionar a una amiga y meterme en un matrimonio?

No, no, yo hasta puedo llegar a entenderte, Adela.

Pero al menos

no digas que soy tu amigo.

Mira, si te sirve de consuelo,

cuando me enteré de la historia, le dije que debía acabar con ella.

Que era una locura y que no te lo merecías.

Pero no me hizo caso.

Ya.

Pero mira, yo no puedo parar de pensar

que si lo hubiera sabido antes,

las cosas hubieran ido muy diversamente.

Paolo, no le des más vueltas. Ya.

Como si fuera fácil, ¿no?

Es que no es solo que Cristina me traicionara,

es que lo hizo con Doménico, mi mejor amigo.

¿Entiendes?

Sí.

Supongo que eso tiene que ser muy doloroso de asimilar.

No sabes cuánto.

Descubrir que la persona a quien conocías desde hace años,

a la que has estado ayudando durante meses,

a la que veías cada día,

se ríe de ti y te apuñala a tus espaldas,

no es fácil de digerir, Adela.

Pero mira, ahora los dos están en Nápoles

y yo espero que con el tiempo, eso se me pase.

Además,

sabes lo que se dice en Italia, ¿no?

"Lontano dagli occhi, lontano dal cuore".

Aquí también lo decimos: "Ojos que no ven,

corazón que no siente". Y es verdad, ¿no?

Pero a mí me gustaría saber más detalles.

¿Para qué?

¿Para hacerte más daño?

Para acabar de hacerme preguntas.

Para tener alguna respuesta.

Para que todo esto sea más fácil

de superar.

Es que...

es muy duro ser el último en enterarte.

Porque además de la traición,

te sientes un imbécil.

Puede que tengas razón...

y que sea mejor tener las cartas sobre la mesa.

Claro que sí.

Bueno, me voy a preparar la despedida de Andrea.

Nos vemos.

Uy, menudo homenaje os vais a dar.

-Sí, es que estamos celebrando que Jorge ha conseguido...

-Sí, que ha conseguido

que el concejal se comprometa a ayudarnos,

ya me he enterado. Enhorabuena. -Eso, enhorabuena.

Gracias.

¿Lo conoces?

-Claro que lo conozco.

No te voy a decir que lo bebo todos los días,

pero alguna botellita ha caído. Tienes buen gusto, ¿eh?

Me lo trae un amigo de la Alpujarra.

Es uva pinot noir, ¿no?

Sí. No sabía que estuvieras tan puesto en vinos.

Hombre,

si no sé de vinos, con la edad que tengo

y con lo que he alternado, apaga y vámonos.

¿Y esto lo tienes en la tienda?

En la tienda, tengo todos los vinos que me gustan.

Y los que no, los puedo conseguir. Bueno, pues alguno te pediré.

No te va a hacer falta, te mandaré una caja.

Por lo de las entradas del Bernabéu. Gracias.

Muchas gracias a ti.

-Oye, ¿qué...

qué os traéis entre manos vosotros dos?

-Nada, cosas entre tu novio y yo.

-Bueno, otro día seguís hablando de vinos

que ahora, esta pareja estaba a punto de merendar.

Si queréis una tapita, estáis invitados.

-No, no, no, no.

Nos vamos, que no que no queremos molestar.

Hay de sobra para los cuatro, si a Lorena no le importa.

-Claro que no me importa, por favor.

Por favor, tomad asiento, voy a por unas copitas.

-Venga, Valeria. -Bueno, bueno, bueno.

Mira tú.

¡Sorpresa!

-¡Sorpresa! -¡Feliz viaje!

-Pero ¿qué dices? -¡Buen viaje, Andrea!

-¿Cómo estáis? Pero ¿de qué vais vestidos?

-¿Tú qué crees?

¿De John Lennon o de Ringo Star? Porque no tenemos ni idea.

-Yo tampoco lo tengo muy claro.

Tío.

-Bueno, que yo me tengo ir.

-Oh, Rosa. -Adiós, Rosa.

-Y no me quería ir sin despedirme.

Disfruta mucho, por favor.

Y de vez en cuando, llama.

-Gracias, Rosa. Cuídate.

-Que vaya muy bien. -Gracias.

-Me voy. -¿No puedes quedarte un ratito más?

-No puedo, lo siento. Pasáoslo muy bien.

Chao. Suerte. -Hasta luego.

-Entonces, ¿qué, te gusta la sorpresa?

-Sí, pero no hacía falta, en nada me vais a tener por aquí.

-Pues espera otra sorpresa ahora.

Y seguro que te va a encantar.

Aunque no te la puedas llevar en el avión.

-De comer, no me digas más.

-No, no, frío, frío.

-Pero ¿frío de que es comida fría o de que no tengo ni idea?

-¿Te rindes? -¡Va, dímelo!

Sí, va.

-¡Adelante, chicos!

¡Tachán! -¿Qué dices?

¿Qué dices? ¿Qué tal, tío?

-Nos alegramos mucho por ti.

-Pero... ¡Alfredo!

Pero ¿qué hacéis aquí, chicos?

-Nada, que tu padre puede llegar a ser muy insistente.

-Yo solo les he dicho la verdad,

que no es tu culpa tener un padre tan torpe como yo.

Y ellos nos han perdonado.

-Es el mejor regalo que me podías haber hecho.

-También ha intentado que nos disfrazáramos de los Beatles.

-Claro, para que tocarais una última vez juntos,

como los Beatles en la azotea de Londres;

pero no sé por qué no han aceptado.

-Papá, porque ellos sí tienen sentido del ridículo.

-He estado calculando el tráfico

y, dado que es un vuelo internacional,

tienes que estar dos horas antes, tienes que facturar

y tardarás unos 20 minutos de media en llegar.

Deberíais empezar a tocar ya, porque faltan 72 minutos.

-Vale, vale, pues tomad, chicos.

-Espera, espera, Andrea.

Antes, yo quiero decir unas palabras,

antes del concierto.

A ver por dónde empiezo.

Hoy es uno de los días

más tristes de mi vida.

Sí, porque... porque mi gordito se va.

Se va de casa.

Pero todo bien, ¿eh?

Porque yo sabía que este día tenía que llegar.

Pero lo que no sabía es...

que iba a estar tan orgulloso de él.

Y no me preocupa que se vaya a vivir solo,

no me preocupa que se vaya a otro país, tan lejos.

¿Y sabéis por qué?

Porque mi hijo es un crack,

y puede con todo.

Y por eso, porque...

porque la vida está llena de alegrías y de penas,

y a veces vienen todas juntas.

Hoy es también uno de los días más felices de mi vida...,

porque por fin

se realiza uno de mis deseos:

Ver como mi hijo realiza su sueño.

Así que...

a por ello, Andrea.

(Vítores)

-Bravo.

(Puerta)

Adelante.

-¿Cómo estás?

-Bien.

¿Querías algo?

¿Dónde estaba?

-No se había perdido.

Lo tenía yo.

Te juro que no lo tenía planeado, te lo prometo.

Yo te lo traje aquí porque quería que lo vieras, que lo tuvieras,

pero luego, me sentía tan mal

que me pareció justo que tú te sintieras igual de mal.

-Ya me estaba sintiendo igual de mal, Carla.

-No compares.

Yo estaba harta de escuchar a la gente

cómo me decía lo pobrecito que eras,

lo mal que lo estabas pasando,

que no tenías la culpa de nada.

Y, tío, yo creo que tienes que asumir lo que hiciste.

-¿Quieres que lo asuma yo o lo asuman los demás?

Porque yo sé perfectamente lo que hice.

Y lo único que he intentado ha sido

solucionar las cosas.

Cuando yo me enteré de la verdad, ya estaba enamorado de ti.

Y sé que hice mal...,

pero aunque no te lo creas,

lo hice por lo que tenía.

-Mentir y manipular se te da tan bien, Samu.

Tú lo que has intentado es que la gente te perdone

para poder continuar con tu vida.

Pero tienes que entender que a lo mejor otras

no podemos continuar con nuestras vidas.

Y eso...

Mírame. Eso duele muchísimo.

Y eso tienes que entenderlo.

-No pretendo que me perdonen.

Si me he disculpado es porque creo que es lo mínimo

que os merecéis de mi parte. No te equivoques.

-Tú quieres quedar bien con la gente y luego..., todo arreglado.

-Mira, Carla,

sé perfectamente lo que hice.

Y no sé los demás, pero yo no me lo voy a perdonar en la vida.

Y ojalá pudiera volver a esa noche y cambiarlo todo, pero no puedo.

Lo único que...

he intentado ha sido que al menos tú sufrieras lo menos posible.

No sabes... cómo me arrepiento...

de haber cogido el coche borracho esa noche.

-Sí que lo sé.

Sí que lo sé.

-Mira, no...

no pido que me perdonen,

solo quiero que sepáis que lo siento de verdad.

Sobre todo, tú.

Pero...

todo este jueguecito del álbum...

es una niñatada, Carla.

Tú no eres así.

(CARLA LLORA)

Ya lo sé, ya lo sé.

Ya lo sé. Lo siento muchísimo, de verdad.

Si por eso he venido, porque no...

Yo no sé si nunca podré perdonarte, pero...

tengo claro que no tendría que haber sido tan injusta contigo.

Porque yo sé que verte así

no me va a devolver a mi hermana.

Y estos días lo he pasado fatal viéndote así.

Ha sido como...

como echar más leña al fuego, ¿sabes?

A lo mejor...,

me tengo que ir de aquí.

Y con el tiempo,

intentar olvidar lo que ha pasado estos días.

-No te vayas, Carla, por favor.

Tú no tienes por qué renunciar a tu curro.

Al menos hasta que encuentres otra cosa mejor.

Y si hay alguien que se tiene que ir de aquí, ese soy yo.

-A lo mejor hay sitio para los dos en el mercado.

Al menos hasta que yo consiga

algo mejor.

Y no te he perdonado.

Así que ahora no me vengas con estos rollos, que nos conocemos,

de pedir perdón y todo eso, ¿vale?

Ahora,

lo mejor es que cada uno se quede en su sitio.

¿Vale?

-Vale.

Pero si en algún momento...

necesitas algo...,

lo que sea...

-Adiós.

¡Hola!

¿Qué tal, hija?

-Hola. -¿Todo bien?

¿Pasa algo?

Que estás ahí como un pasmarote viendo... la pantalla.

-Anda, ven, que quiero enseñarte una cosa.

-Uy..., miedo me das.

-Que no.

Mira.

Esta es la foto que tanto molestó a papá.

¿Te acuerdas?

-Como para no acordarme.

-Vale, pues mira.

Esta la hice segundos después.

-Pero...

Entonces, ¿era a tu padre a quien sonreía?

No puede ser, Noa.

Entonces, todo lo que ha pasado... -Otra vez el mismo rollo de siempre.

Papá te hace sufrir y encima, se equivoca.

¿Y sabes una cosa?

Me apuesto lo que quieras a que a Paolo no le atracaron,

fue papá quien le pegó.

¡Lo sabía!

¿Te lo ha contado él?

-No. Primero me lo contó Paolo y luego, papá me dio su versión.

Por lo visto, él..., no sé, se le tiró encima

y... papá tuvo que defenderse.

-¿Que Paolo se le tiró encima?

-Sí, hija, sí.

-¿A cuento de qué, si se puede saber?

-Pues no lo sé.

Paolo está pasando por una mala racha.

-¿Y?

-Y...

A ver, papá fue a hablar con él.

Paolo debió decir algo inadecuado, papá le respondió

y Paolo se le tiró encima.

-Mamá, por favor, que estamos hablando de Paolo.

Es el hombre menos violento que conozco.

-Tu padre también recibió algo. -Ah, ¿sí?

-Sí. -Pues no le veo con el ojo morado.

-Pues porque tuvo suerte.

-¡Ay, mamá, por favor! Pero ¿como puedes estar tan ciega?

O sea, papá ve la foto y piensa que es Paolo.

Y después, Paolo aparece con un puñetazo en el ojo.

-Mira, hija... -Es blanco y en botella.

Y descubro esta foto y papá no quiere que te la enseñe.

-Bueno, ya está. -¿Cómo te puedes creer su versión?

Es mi marido y es tu padre, y nos la vamos a creer las dos.

Acuérdate de lo que pasó con Luis.

¿Eh? Desconfiamos de él

sin que se lo mereciera,

así que le prometí que no volvería a pasar.

-Mira, mamá,

vale, si quieres creerte su versión, estupendo.

Pero ¿y qué pasa con la foto?

Porque aquí no hay dobles versiones. La foto es la que es.

Y demuestra que papá es el que desconfía de ti.

-¿Sabes qué pasa? Que papá seguramente se sentía inseguro.

Verás, yo creo que...

lo que le pasa es que me quiere mucho...

y le da miedo perderme.

-Mamá.

¿Te das cuenta de que es lo que dicen las mujeres maltratadas?

-Pero ¿cómo puedes decir algo así?

El maltrato es una cosa muy seria, hija.

No te consiento que hables así de tu padre.

-Mamá, el maltrato no es solo físico.

-Vamos a ver.

He aguantado muchas broncas entre tu padre y tú,

pero esto ya se pasa de castaño oscuro.

¿Qué quieres de mí?

-¡Pues que abras los ojos de una vez, mamá!

-¿Sabes que el otro día me sentí muy feliz

cuando os vi abrazados a los dos?

Me ilusioné tanto...

que pensé...

que todo volvería a la normalidad, hija.

Pero ha durado muy poco.

¿Por qué la felicidad dura tan poco en esta casa?

¿Eh?

Tendríamos que haber llamado a un taxi.

-Que no, Andrea, confía en mí.

Siempre hay uno en la esquina.

Y si no hay, mira, llamamos uno y ya está.

Además, este avión lo vas a coger sí o sí.

¿Qué pasa?

¿Te has olvidado algo?

-No. No, no, papá que...

ha estado muy guay.

-Sí, habéis tocado de maravilla.

-No, no, no es solamente eso.

La fiesta, los disfraces,

que hayas convencido a Mauro y a Alfredo

para venir a tocar conmigo antes de irme

a pesar de, bueno, de eso que pasó. -Ya.

Pero Andrea,

¿cómo iba a permitir que te fueses

sin despedirte de las personas que te quieren?

-Ha sido la mejor fiesta de despedida de la historia,

a pesar de...

Es que no sé de qué vas vestido aún. -No me queda tan mal.

-La verdad que no.

Si sales esta noche a tomar algo, ligas y todo.

-Ya.

-Perdona.

-No. -¿Seguro que vas a estar bien?

-Que sí, Andrea.

Es solo que, bueno,

son mucha ausencias en poco tiempo.

Y la tuya es la que más me va a doler.

Y también la que más alegre me hace.

Porque es raro, es como una alegría triste,

una tristeza alegre, o... -Papá, déjalo.

Si ya me costaba antes irme, pues ahora, un poco más.

-Eso lo dices porque estás aquí,

pero una vez en Liverpool,

cuando vayas a los bares donde tocaron los Beatles,

te vas a olvidar de tu padre hasta que te falte dinero, claro.

-Que no digas tonterías. Te voy a llamar todos los días.

Pero te tienes que poner al día con el tema de las videollamadas.

-Claro que sí. -Vale.

-Te voy a videollamar dos o tres veces al día.

-A ver si es verdad.

¿Seguro que vas a estar bien?

-Sí, Andrea, ya te lo he dicho:

si tú estás feliz, yo estoy feliz.

Y no es una frase para decir, es la verdad.

Y si un día eres padre,

ya lo entenderás.

Ay. -Perdona, perdona. El ojo.

El ojo. Perdóname.

-Pero, por suerte, tengo otro.

-Me sabe mal dejarte así, no sé, como...

-¿Así cómo?

¿Vestido de mamarracho?

No está mal que la última vez que veas a tu padre

sea vestido de Sargento Pimienta y con un ojo tonto.

-No, no, no, no está mal. Original por lo menos.

-Andrea. Que no me he despedido porque no me gustan las despedidas,

pero he pensado que igual luego me arrepiento.

-Bien pensado. -Voy a llamar a un taxi.

-Nunca he tenido un amigo a distancia.

¿Seguiremos en contacto?

-Pues claro que sí. Si me voy aquí al lado.

Si podemos hablar todos los días por teléfono, chatear

o hacer alguna videollamada.

Si quieres, te voy contando lo que me va pasando.

-Bueno, entonces podremos ser amigos mucho tiempo.

-David, no me podría permitir perder un amigo como tú.

-¿Ya me has perdonado?

-¿Qué era exactamente lo que había que perdonar?

-Que le dije a tu padre todo eso... -Era una pregunta retórica.

Quiere decir que está todo perdonado,

que no pasa nada.

-Vale, guay.

-Al final, vas a tener razón, tío,

como siempre,

los neurotípicos estamos siempre pensando en...

mentir, en cómo podemos darle vueltas a las cosas,

y lo mejor es decir la verdad. -¿A que sí?

Te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti también, amigo.

¿Te puedo pedir un favor antes de irme?

-Claro.

-David, cuida de mi padre, porfa.

Que está aquí solo y...

-Vale.

Además, como mi padre está muerto, no se va a poner celoso.

-¿Guay?

-Andrea, el taxi está llegando.

Nos espera en la esquina.

-Bueno, David, ha sido un placer.

-Hasta ahora, David.

Celia.

Perdóname, que yo pensaba que la reunión era cortita

y, al final, nos hemos liado, pensaba que no acabábamos.

Esto sí que se ha acabado.

¿Qué?

Adela lo sabe.

¿Qué sabe, lo nuestro?

Sabe que estás con alguien, no sabe que soy yo.

Esto se lo ha contado mi hermana, seguro.

No se lo ha dicho nadie.

Ha encontrado el vestido en tu maleta

y, desde luego, sabe que no es para ella.

Pero ¿ha registrado mi maleta?

No, es que os confundisteis con las maletas

cuando estabais en el coche. Bueno, da igual.

Creo que la he convencido para que no averigüe quién es.

Pero ¿qué pasa con tu hermana?

Pues pasa que o se lo cuento yo o se lo cuenta ella.

Bueno...,

¿y cómo la vas a convencer para que no lo haga?

No lo sé.

Elías, esto se acaba aquí.

He venido para avisarte.

Es la última vez que nos vemos, ¿entendido?

Celia.

Por favor, tú eres muy importante para mí y...

Y nada.

Está relación no nos lleva a ningún sitio.

Nos está haciendo sufrir a los dos

y hará sufrir a Adela cuando se entere, ¿no lo ves?

Oye, ¿has visto a mi madre?

-David.

No, no la visto. ¿No está en el puesto?

-No. Lo ha cerrado, y no me contesta el móvil.

-No lo sé.

-Oye, no hace falta que disimules.

Según mi terapeuta, siempre es bueno desahogarse

y expresar los sentimientos.

Y tú estás triste, ¿no?

-Sí, un poco.

-Yo te lo digo por tu bien.

A mí me cuesta un poco y me obligan a hacer musicoterapia

y risoterapia y cosas en las que pasas vergüenza.

Y no quieres pasar por eso.

Oye, ¿quieres ir al cine?

-¿Al cine ahora?

-A la gente le gusta el cine.

Y he pensado que a ti también.

-Sí, sí, a mí también, pero...

es que no puedo dejar la pizzería.

Además, esta noche tengo una reserva de la Escuela de Baile.

-Bueno, entonces me quedo aquí contigo.

-David..., no hace falta, gracias.

-Es que Andrea me ha pedido que te cuidara.

-Te lo agradezco mucho, David...,

pero... estoy bien.

Además, tú tienes que ir a casa,

que igual tu madre te está buscando a ti también.

-Tú sabes que mi padre murió, ¿no?

-Sí, me acuerdo.

-Bueno, pues cuando murió,

yo no sabía muy bien qué hacer.

Y me dolía el pecho de tanto echarle de menos.

Así que cogí una foto de su álbum y me la llevaba a todas partes

porque así parecía que estaba un poquito más ahí.

-Ya.

-La única foto que tengo de Andrea...

es esta.

Sale muy mal, pero si quieres, te la mando.

-Es bellísima, David.

Sí, mándamela luego.

-Algunos estudios dicen que está bien tener a alguien al lado,

aunque sea en silencio, porque te sientes menos solo.

Incluso funciona con perros y con caballos.

Que no es que me esté comparando con un perro o un caballo.

-Claro.

Yo creo que tienes razón.

Quédate aquí un rato conmigo.

Adela, ¿dónde estás?

Ha venido un proveedor con un montón de cajas para ti

y se ha ido aburrido de esperarte.

"Tenías razón cuando me dijiste que no me fiara de Elías".

¿Qué ha pasado? Está con la otra.

Ha quedado con ella en el hotel

y yo voy a esperar en la puerta hasta que les vea salir juntos.

"Adela, ¿para qué te vas a hacer eso?"

¿No será mejor que hables con él antes?

No, Lorena. Estoy harta de que me niegue la evidencia

y de que encima, yo parezca una celosa paranoica, no.

Quiero pillarle in fraganti.

Sabes que lo vas a pasar muy mal, ¿no?

Claro que lo sé.

Pero quiero que se le caiga la cara de vergüenza

cuando tenga que darme explicaciones.

No, no, por favor, no te merece la pena hacer eso.

No vayas.

"Por favor, confía en mí, hazme caso".

¿Por qué dices eso?

¿Tú sabes algo

que yo no sepa?

Le pillé.

"Le pillé con otra"

y me pidió que no te lo dijera.

Y yo, por supuesto, le dije que te lo iba a decir,

"y me suplicó, me prometió que te lo iba a contar él".

"Y ya veo que no ha cumplido con su palabra, es un cobarde".

Entonces...,

¿tú sabes quién es?

¿Por qué no te pasas por aquí y te lo digo cara a cara?

"¿Adela? ¡Adela!"

Entonces, esto es una despedida, ¿no?

No, Elías.

Es un adiós.

¿Que mi marido y mi amiga estén liados tiene un lado bueno?

Porque yo no lo veo, Lorena.

Te has quitado la venda de los ojos.

Has visto cómo es realmente Elías.

Ahora, puedes olvidarlo para siempre.

Y seguir adelante con tu vida.

De eso no te quepa duda.

¿Dónde vas? ¿Vas a hablar con él?

No lo sé.

Pero no le cuentes nada a nadie. No, claro, por supuesto.

¿Sabes lo frustrante que es para mí

que me creas capaz de pegar a tu marido

y de mentirte a ti, cuando ha sido al revés?

¿Por qué crees que le dije a Nicolás que no mirara las cámaras?

-Es que estoy harta de que todos me quieran separar de mi marido.

Él me quiere, ¿sabes?

Todo lo que hace lo hace por mi bien.

Qué poco habladora estás esta mañana.

No, perdona...,

es que no he pasado una buena noche.

¿Y eso?

Dándole vueltas a temas que me preocupan.

Bueno, ¿son temas de la tienda? ¿Son temas personales?

Si te puedo ayudar... No, son tonterías, ya me conoces.

De tu padre no me extraña, pero que vengas tú a colármela...

-Que no, que no, abuelo, que no sé que son estos papeles.

-Ah, pues me alegro,

porque entonces no te va a molestar lo que hago.

Pasar el tiempo con mi hijo me ha removido muchas cosas

y ha sacado a flote sentimientos que creía que tenía controlados,

pero no es así.

Por primera vez desde que estoy aquí, tengo dudas.

No sé si seguir en el mercado

o volver a la Fanega.

A ver, Jorge, no temes decisiones precipitadas.

No te agobies, ¿vale?

Date un tiempo, organízate.

Ya veo que a tu padre no es al único al que le faltas al respeto.

Esa no es manera de tratar a los mayores.

Pídele cuentas a él que fue quien me educó.

Tu padre tiene una educación y un saber estar que ya quisieras tú.

Qué pena que no hayas salido a él.

¿Y meter las narices en asuntos que no te conciernen,

eso sí es muy educado?

Creo que es mejor que dejemos la conversación aquí.

En realidad, no está dormida, me ha dicho que no quiere verte.

-Pero ¿qué pasa,

que tú nunca te cansas de malmeter y mentir?

-¿Porqué crees que se ha ido de la pizzería tan rápido?

Ya no te soporta.

Bueno, es normal que no quiera ver

al animal que ha intentado agredir a su marido, ¿no crees?

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Mercado Central - Capítulo 84

23 ene 2020

Adela descubre el gran secreto de Elías.
Carla decide enterrar el hacha de guerra con Samuel.
Noa enseña a Rosa la foto del hombre misterioso.
La exposición de fotos organizada por Javier y Noa es un éxito gracias a que Jorge vuelve a implicarse en el mercado y arranca una promesa de financiación a un concejal.
Paolo organiza una despedida muy emotiva a Andrea, que se va a Liverpool con una beca de estudios de música. Paolo queda muy afectado por su marcha.
Lorena, por fin, ve feliz a Jorge en su vida dentro del mercado.

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