Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 76 - ver ahora
Transcripción completa

Sé que no es justo para él.

Está compitiendo contra José.

Lo quería tanto, mamá.

Ya me lo imagino, porque no hay más que verte.

Pero la vida te ha puesto a Javier en tu camino.

Y yo creo que estas cosas no pasan nunca por casualidad.

Aprovecha la oportunidad.

La próxima vez que tenga una negociación dura,

te llamo, que hacemos un buen equipo.

¿Sabes lo que pasa? Que el equipo lo hago con tu mujer.

Ya le he dicho que lo que haga con mi vida es cosa mía.

Y, por más que me diga que no,

me dan ganas de mandarlo todo a la porra

para irme a vivir con Jesús.

Pues muy bien dicho.

Es tu vida y debes hacer lo que quieras.

Pues eso mismo dice mi nieto. Pues, entonces,

si tu nieto, el afectado, está de acuerdo, ni te lo pienses.

-Si lo llego a saber, no le dejo que me preste el dinero.

Pero Nacho es así, antes muerto que reconocer que no le va bien.

-Oye, Fuentes, si te enteras de algo,

¿tú le podrías hacer llegar esa información de alguna manera?

-Sí, claro que sí, no te preocupes.

-El delito ha prescrito.

-¿Qué?

-Sí.

-O sea, que por eso ha decidido contármelo ahora.

No le iba a pasar nada malo.

-Primero, juegas conmigo

hasta que me entrego a ti y, luego, me rechazas sin una explicación.

¿Y ahora quieres controlar mi vida?

Será mejor que te vayas.

Elías, por favor, no es una buena idea.

Si ya hemos hablado de esto, ya hemos hablado.

No sé qué me pasa contigo, por favor.

¿Sabes cómo se llama?

Se llama química.

Y es incontrolable.

Oh, por favor... Voy a ir al infierno.

Bueno, tú ya no puedes hacer nada más.

No se puede ayudar a quien no sabe que necesita ayuda.

Sí, sí puedo hacer algo, sí.

¿Qué piensas? ¿Qué vas a hacer?

Llamar a Carolina y pedirle que cierre La Fanega una temporada.

Le voy a quitar lo que más quiere.

Es la manera de que reaccione.

Que sé que el delito no ha prescrito.

Como lo dijo Jonathan, ¿verdad?

He hablado con mi abogada y todavía te puedo denunciar.

Pensabas que ibas a estar a salvo.

Pues no lo vas a estar.

Te voy a denunciar, Samuel.

Ven. Ah.

Que todavía tengo un rato. Estate quieto.

Estate quieto, tengo que ir al puesto.

Te prometo que después te dejo.

Te lo prometo. Que no, Elías, por favor.

Venga, tonta. No.

(Timbre)

¿Esperas a alguien?

No.

No será tu hijo, ¿no? No.

Está en la sierra con su abuela y tiene llaves.

Algún paquete.

Los adolescentes están siempre pidiendo cosas.

Escóndete, por si acaso, venga. Vale. Chist.

Chist. Venga, escóndete.

Chist.

¿Sí? Hola, Celia.

Adela.

Hija, qué cara de susto, parece que has visto un fantasma.

No. ¿Y qué haces con las medias?

Vas a pillar frío.

Me he manchado cuando cocinaba, me las estaba cambiando.

Ah. Pues yo es que estaba cerca, haciendo unas gestiones.

Y he pensado en subir y que tomemos café juntas.

Y ya luego vamos al Mercado. Sí.

Y así me cuentas qué tal han ido

los detalles de la negociación con Maldonado.

¿Qué tal Elías? ¿Te ha dejado meter baza?

Sí, sí, estaba muy profesional.

Y hemos conseguido un precio de envío estupendo.

¿En serio? Sí.

Vaya, eso es genial.

Pero ¿qué haces, Celia?

¿Por qué te sientas? ¿No has visto la hora?

Sí, que me voy a poner las medias ahora.

Ah. Para irnos.

Y, por cierto, ¿Elías... te ha dicho algo de mí?

No. No, no.

¿Por qué? ¿Me tenía que decir algo? No.

Nada, pero...

Le gusta echar porquería y... y es muy listo.

Y sabe que tú eres mi amiga y que estás de mi parte.

Después de lo que me ha hecho.

Tirar tantos años de matrimonio a la basura

por una vulgar aventura.

Bueno, pues listo.

¿Nos vamos? Sí.

Vale.

¡Dónde vas! Perdona, ¿dónde vas?

Voy un momento al baño, es un momento.

Vale.

¡Ay! ¡Ay! ¿Qué pasa?

¿La vecina aún no te ha taponado la salida al patio de luces?

Es por ahí por donde se te cuelan las cucarachas.

Había un par de ellas ahí, alrededor del váter.

Pues... Qué asco.

Qué mal cuerpo, sí.

Mejor nos vamos, le diré al portero que se encargue.

Vamos.

Me dan un asco.

Sí, a mí también.

Pasa.

Vamos. Pero ¿no echas la llave?

Con esas cosas hay que andar con mucho ojo.

Ay, sí, perdona, que es que llevo un día...

Ahora.

(Llaves cerrando puerta)

Listo. Venga, vamos.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(CARMEN) ¿Sabéis para qué nos ha reunido?

-Tiene que ver con Carla y el accidente.

Y me da a mí que bueno no es, ¿eh?

-Yo sé eso, que quiere hablar con nosotros.

-Perdonad, chicos.

¿Habéis comido ya o pedimos algo?

-Yo tengo que volver a la frutería, no tengo tiempo.

-Venga, hijo, cuéntanos. -Eso.

-Os he hecho venir para contaros algo que os afecta.

Carla se ha llevado un palo al conocer la verdad del accidente.

-Sí, eso ya lo sabemos.

-Vale, pues ha decidido denunciarme.

Que la justicia actúe.

-Eso no... no puede pasar.

El delito ha prescrito.

-Sí, ya me lo dijo Carla.

¿De dónde has sacado tú eso?

-Pues estuve rápido

y lo consulté con el hermano de un colega que estudia Derecho.

Y me lo dijo.

-La próxima vez no estés tan rápido

y espera a que acabe para consultarle algo.

-¿Por?

-Carla está hablando con una abogada especializada.

Cuando la pena que caería es muy alta,

el delito no prescribe tan rápido.

-O sea, es según la gravedad.

-Sí, parece ser.

Conducir borracho, sin carné y matar a alguien

es una pena bastante larga.

-O sea, ¿dices que va a haber juicio?

-Y seguramente condena, mama.

Voy a ir a la cárcel.

Celia.

Claro, yo tampoco quería llamarte por si estabas con Adela.

No, claro, no he podido salir.

Buscándolas por toda la...

Tienes una copia, muy bien.

Sí, no, busco por toda la casa, pero no la encuentro.

Sí, sí, ha estado a punto de pillarnos, sí.

¿Dónde está la copia? Que llego tarde a una reunión.

¿En la cocina? En la cocina, ¿dónde?

En la repisa.

Donde está el azucarero.

(Sonido metálico)

Un sitio muy lógico para guardar unas llaves.

Sí. Bueno, luego hablamos.

Venga, adiós.

Sí, estoy aquí, te espero dentro del Mercado.

Justo en Caramelos Suárez.

Venga, hasta ahora.

(CARLA RESOPLA) -¿Estás bien? ¿Te pasa algo?

-No, no me pasa nada. -Tienes mala cara, chica.

-No he dormido bien.

-¡Nacho!

-¡Hombre!

-¿Cómo estás? -Muy bien.

-Gracias por venir. -Nada.

Un placer. ¿Tomamos algo en el bar?

Lo lleva mi cuñada. -Ah.

-No es muy simpática, pero igual invita.

-Gracias, mejor en otra ocasión, tengo un poquito de prisa.

-¿Sí? -Quería verte para darte esto.

-¿Y esto?

-Tu dinero.

-Pero ¿no lo necesitabas para alquilar el piso ese?

-Ha habido suerte y me han ingresado alguna factura que me debían.

-Pues fantástico.

-Muchas gracias.

No todo el mundo hace favores así.

-Nada, para eso están los amigos, para ayudarse, ¿no?

No me quedaré de brazos cruzados.

-¿Y qué piensas hacer?

-Hablar con ella, convencerla. -Mama, ¿no te estás enterando?

Que está destrozada.

-Lo entiendo, pero ¿qué tiene que ver eso?

¿Qué soluciona arruinándote la vida? -No, sé, Carmen.

Samu tiene razón, la situación es muy complicada.

Hay que pensar qué pasos damos.

-Carla está totalmente en su derecho de denunciarme.

-Que sí, Carmen, tienen razón.

Si la rayas, igual se mosquea más. -Estoy con Jonathan.

A veces, remover las cosas es peor.

-Lo peor es que piensa

que le he dicho que conducía porque el delito había prescrito.

No razona, ni diciéndole que no lo sabía.

-Se habrá sentido más engañada.

-Tú le has dicho que no y ya está. -Sí, pero que ya da igual, mama.

Da igual, lo único que me importa

es que no pringuen a papá y a Jonathan.

-Pero... -Me pego un tiro ya.

-¿Y crees que eso puede pasar? -No sé.

No sé por dónde tirarán el juez y la abogada de Carla.

-¿Tiene abogada y toda la movida? -Que sí, que sí.

-Ella va a por todas.

-A ver, tranquilos.

Calma, por favor.

Si hay alguna responsabilidad, yo cargaré con ella.

Samu es mi hijo, ¿vale?

Y yo decidí que lo mejor era

callarse y protegerle. -Que no, papá.

Aquí, toda la culpa la tengo yo.

-A ver, hijo, pero déjanos que... -Que no, mamá, de verdad.

Con que pague yo las consecuencias, a Carla le vale.

Ella no sabe que mi padre cambió la historia.

Y yo no se lo voy a decir.

Ni a ella ni a nadie.

El otro día, en la fiesta,

me dio la sensación de que estabas muy quemado en tu empresa.

-Pues sí, ya sabes.

Gente incompetente, mediocres.

Les da rabia que tengas talento, envidias.

En el fondo, tienen miedo a que les quite el trabajo.

-Nacho. -¿Sí?

-Que, aparte de devolverte el dinero, quería hablarte de otro tema.

Por lo que dices, si te vas, les haces una faena,

pero me he enterado de que hay una nueva agencia que está creciendo

y necesitan a alguien de tu perfil.

-Diseñador gráfico.

-Sí.

Si te presentas, te cogen.

Necesitan a alguien con mucha experiencia.

-¿Cuál es?

-EAP7, se llaman.

Tienes en Londres, en Berlín y... bueno,

no sé dónde más. -Ah, sí, sí.

Pero la oficina de aquí es pequeña todavía, ¿no?

-Exacto. -Ah.

-Pero son una multinacional.

Lo mejor de los dos mundos.

Sería un puesto de responsabilidad

en una empresa que empieza con posibilidades de crecer.

-Bah. -Te doy el contacto.

-No sé, no... no sé si me interesa.

Esas empresas tan grandes son un poco desnaturalizadas, ¿no?

Se pierde la calidad en aras de la cantidad.

-Ya.

La que hace la selección es bastante amiga mía.

¿Eh? -Bah. No.

-Si te decides, yo les doy referencias tuyas.

-Creo que no me interesa.

-Bueno, pues... pues nada.

Si prefieres ser fiel a tu empresa...

Pero un profesional como tú, currante, creativo,

se merece desafíos profesionales más estimulantes.

-Venga, le echo un vistazo.

-¡Hombre! Bien.

Huy, te dejo.

Ya me dices qué has decidido.

-Claro.

Gracias por acordarte de mí. -Venga.

Hablamos.

-Adiós, Fuentes. -Hasta luego.

Pues ya me dirás...

Ya me diréis cómo justifico que estos años he estado contando

que conducía José. -Tranquilo.

No creo que se ceben contigo, ya me encargaré.

Nos podemos inventar

que... te quedaste dormido y no te enteraste de nada.

-Encontraremos una solución. -Es que esto no puede ser.

Es que no te lo mereces.

¿Por qué le van a arruinar la vida? -¡Mamá!

He vivido todos estos años de regalo.

¿Eh?

Así que ahora me toca pagar, ya está.

-Contrataremos al mejor abogado. -Eso es.

-Ya está.

-No quiero que contratéis abogado

ni que nos gastemos el dinero que no tenemos.

Me cogeré uno de oficio, no merece la pena.

-¿Cómo no va a merecer la pena? -Quiero pagar por lo que hice.

Solo me importa que he perdido a Carla.

Lo demás me da igual.

Y este es perfecto.

De los espumosos catalanes, este es mi favorito.

No solo tiene una buena relación calidad-precio,

sino que es de viñedos ecológicos, eso es un plus.

Es un buen caldo...

¿Quién eres para cerrar el restaurante?

Ya no pintas nada allí.

Déjame que termine de atenderla, enseguida estoy contigo, ¿mmm?

Ni se moleste con los 15 euros, este cava es una porquería.

Aparte de que la bodega es un bluf, la uva la traen de fuera.

Ya está, solucionado, ya puedes hablar.

¿Era necesario el numerito?

Tú me revientas el negocio y yo te lo destrozo a ti.

Vale.

Has venido a devolvérmela, ¿es eso? Sí.

Para que empatices con el daño que vas haciendo.

¿Sabes eso de que no ofende el que quiere sino el que puede?

¿Ya me estás atacando? No, Marcos.

No te estoy atacando.

Solo te digo que no vas a conseguir que me enfade contigo.

Lo que menos soporto de ti es ese buenrollismo.

No es buenrollismo.

Es cariño.

El cariño está por encima

de esas palabras que utilizas para ofenderme.

No lo conseguirás. Cariño, no.

Es condescendencia.

Te encanta estar por encima de la gente.

¿Crees que no se te nota?

Te encanta estar sobre el bien y el mal.

Deberías calmarte un poco, ¿eh?

Con esa agresividad no llegarás a ninguna parte.

Tu problema lo hablamos cuando estés sereno.

¿Quién eres tú para darme consejos?

Fuiste un cocainómano y un déspota hasta antes de ayer.

Caíste muy bajo.

Sí, lo sé, por eso sé de lo que hablo.

Sé por el infierno que estás pasando.

Me has cerrado el restaurante.

No te atrevas a darme lecciones. Sí, lo hemos cerrado.

Tu madre y yo hemos tomado esa decisión, sí.

Deberías reflexionar sobre por qué lo hemos hecho.

Mi madre no lo hubiera cerrado si no le hubieras comida la cabeza.

Ella sabe lo difícil que es perder clientes.

Y que se diga que tenemos problemas. Es que tenéis un problema, Marcos.

Tienes un problema, ¿eh?

Y estás a tiempo de solucionarlo. Sí, eres joven.

Y tu madre y yo te apoyaremos. Que estoy perfectamente.

No necesito que te metas en mi vida. No, no lo estás.

Deberías pensar en tu salud física y mental.

¡Estoy perfectamente!

En mal momento se me ocurrió venir a pedirte ayuda.

¿Cómo no me di cuenta de que eres el mismo farsante?

Dices una cosa a la cara

y haces todo lo contrario.

Siento que tengas esa opinión de mí.

Yo solo pretendo ayudarte, Marcos.

Y que no cometas mis mismos errores.

¿Ayudarme? ¿Tú a mí?

Si pudiera, me borraba tu apellido.

Ser el hijo del gran Jorge Santos solo me ha traído problemas.

Te crees uno de los grandes, ¿no?

Pero no eres nadie, eres un idiota que está aquí,

trabajando en un mercaducho que se va a derrumbar.

Con...

Ya está.

Es esto lo que querías, ¿no?

Que entrara en tu provocación, ¿es eso?

Pues ya está, ya lo tienes.

Te llevas una bofetada como si fueras un niño malcriado.

Porque es exactamente como te estás comportando.

¡Como un auténtico niñato!

(ANDREA) "¿Diga?"

"Yes, this is him".

"I'm Andrea".

"Eh... Ok".

"Ok, ok".

"Thank you".

-¿Qué pasa, malas noticias?

-Malas, tampoco.

-¿Entonces?

Y no me digas que era tu madre, que no entiende inglés.

-No, no, mi madre no tiene nada que ver con esto.

Bueno, o eso creo.

Noa.

¿Qué sacrificarías por cumplir un sueño que tienes desde pequeña?

-¿Cómo? Pero... pero ¿quién era?

-Vale, a ver, eh...

(TOSE)

Escucha, ¿vale? Esto es importante.

Si pudieras cumplir un sueño que tienes de toda la vida,

¿sacrificarías algo importante a cambio?

-Pero ¿me vas a decir quién era?

-Contéstame, por favor.

-Vale, a ver.

Pues... antes te habría dicho que sí.

Pero tuve la oportunidad de irme con Luis a Nueva York

y, ya me ves, lo rechacé por quedarme con mi madre.

Pero, a ver, ¿quién te ha llamado?

-Me han llamado de una escuela de música de Inglaterra.

Bueno, de Liverpool, para ser más exactos.

-¿Qué dices, tío?

-Sí, se ha quedado libre una plaza.

Y soy el primero en la lista, solo tengo que aceptar.

-¿Y cómo no estás dando saltos de alegría?

-Debería estar flipando, ¿no?

Pues lo único en que lo puedo pensar es la mala suerte que tengo.

-Por favor, ¿cómo vas a tener mala suerte?

Que te vas a Liverpool. -¿Cómo voy a dejar a mi padre solo?

¿Tú has visto que no se entera?

Casi se corta un dedo haciendo una pizza.

-Te entiendo.

Pero ¿qué vas a hacer?

-Es que... es que no sé.

¿Tú qué harías? ¿Me voy?

¿O me quedo para ayudar a mi padre?

-No lo sé, Andrea.

Es algo que tienes que valorar tú.

Hola.

-Hola.

-No he bajado por casualidad, me han dicho que estabas.

-Si te manda Samuel para que no siga con la denuncia,

estás perdiendo el tiempo. -Déjame explicarte.

-Ayer fue Carmen quien me echó la chapa.

Ahora, tú. ¿Qué pretendéis?

-Está muy claro, somos sus padres, estamos muy preocupados.

-¿Y qué quieres decirme?

¿Que Samu es un buen chico

y que ya tuvo castigo quedándose paralítico?

Mira, ¿sabes qué? Te lo puedes ahorrar.

-Espera un minuto, por favor, deja por lo menos que hable.

-Sois unos manipuladores.

¿Qué vas a decirme, que esta denuncia va a destrozar vuestra familia?

Lo siento mucho, pero Samu hizo lo que hizo.

Y también destrozó mi familia.

Así que es lo que hay.

-No es eso, Carla.

Quiero saber si se lo has contado a los padres de José.

Imagino que te lo habrás planteado.

-Mira, yo tengo derecho a decírselo y contarlo a quien me dé la gana

y decir lo que quiera. -Por supuesto.

Solo te pido que medites las consecuencias.

Les afectará saber la verdad después de tanto tiempo, ¿no?

¿No te da miedo que conocer la verdad les perjudique?

-Si van al juicio, se acabarán enterando.

-Por eso te pido que lo pienses bien.

Es humano tratar de proteger a quien quieres.

Es lo que hizo Jonathan con Samuel y lo que Samuel hizo contigo.

-Claro.

Claro.

Por eso me tuvo durante meses en una mentira, ¿no?

Mira, mira, Nicolás, tu hijo es un mentiroso, un cobarde.

Y me trató como a una idiota.

-Tenía miedo, sí.

Pero no por él,

que bastante sufrió en el accidente, aunque no lo creas, por ti.

-Venga ya. -Sí.

-Esto sí que... -Por ti.

Por el daño que la verdad podía hacerte.

¿O no recuerdas cómo estabas cuando llegaste al Mercado?

-Cuando llegué a este mercado estaba destrozada

porque mi hermana se había muerto en un accidente.

Y eso nos destrozó a mi familia y a mí, ¿lo entiendes?

¿O es que no te acuerdas?

(NACHO) Rosa.

¿A que no sabes con quién he estado? -Ni idea.

-Con Fuentes. -¡Anda!

-Y ha dicho que me va a poner en contacto

con una agencia potente que busca diseñadores gráficos.

-Qué bien, cómo me alegro. -Sí, es una multinacional.

Y hacen unos trabajos alucinantes, de lo mejor que hay en el sector.

Han abierto oficina en Madrid y están buscando gente.

-¿Por qué miras así? ¿Qué pasa?

-Porque todo te lo debo a ti, Rosa, todo.

Mi felicidad, mi trabajo, todo.

-Qué exagerado eres. -No.

Tú me animaste a ir a esa fiesta.

Gracias a eso hablé con Fuentes y me ha surgido esta oportunidad.

-Es que siempre es bueno ver a los amigos, Nacho.

Quedarse en casa si tienes problemas no es la solución.

-Te quiero, Rosa.

Piénsalo un momento,

¿tú qué hubieras hecho en el lugar de Samuel?

-¿Y qué hubiera hecho él en mi lugar?

-Pues no lo sé, pero... -Mira.

He compartido cama durante meses con el asesino de mi hermana

y él lo sabía y no dijo nada.

Eso solo lo hace un monstruo.

-Pero, Carla, dormíais juntos porque os queríais.

Porque el uno al otro os habéis hecho mucho bien.

-Yo no voy a poder perdonarlo jamás.

-Bueno. Veo que no hay nada que hacer.

-Te lo he dicho, te has hecho el paseo para nada.

-Carla, solo te pido un último favor.

No le cargues con más culpa.

Samuel te lo contó porque te quiere,

no porque el delito hubiera prescrito.

Me gustaría pedirte

que nos perdonaras a Carmen y a mí.

Para nosotros, ya eras como una más de la familia.

Nunca nos perdonaremos haberte hecho tanto daño.

¿Y los has visto ya?

-No, de momento, no hay nada concreto.

Pero pinta bien la cosa.

-¿Todavía no has hecho la entrevista?

-No, si acabo de hablar con Fuentes ahora.

Todavía no he llamado.

No quiero parecer desesperado.

En teoría, sigo trabajando en mi empresa.

-¿No le has dicho a Fuentes que te habían despedido?

-¿Y dar la imagen de fracasado? No, gracias.

-Venga, Nacho, por favor.

Esto es una oportunidad, no dejes pasar el tiempo.

Porque luego resulta que llamas y el puesto se lo han dado a otro.

-Tranquila, mañana llamo, en la calma, no pasa nada.

-¿Por qué no llamas hoy? -No, te lo estoy diciendo.

Si llamo ahora, a Fuentes le va a escamar.

Se supone que me va de maravilla en mi trabajo.

Tengo que esperar por lo menos un día,

que parezca que me lo pienso.

-Ya, pero la realidad es que no tienes trabajo.

¿Qué más da qué piense Fuentes?

-En esta profesión hay que hacerse valer,

no puedes ir persiguiendo a la gente.

-¿Sabes lo tranquilo que te vas a quedar

sabiendo que tienes trabajo?

-Mañana llamo, a primera hora, te lo prometo.

-A ver.

Esta gente que contrata quiere ver que el candidato tiene interés.

Así que, venga, llama.

Nacho, si no llamas tú, voy a llamar yo, ¿eh?

-Venga, va.

-Déjate de besitos y llama, venga.

-¿Fuentes?

Oye, mira, quería que me pusieras en contacto con los de EAP7.

Sí, no sé.

Podría interesarme el trabajo.

Hola, Carla.

Espera, te ayudo.

¿Qué tal, cómo estás?

-"Tranqui", no la voy a volver a liar.

-¿Estás más tranquila?

-Pues sí. Y gracias por la abogada.

Se ha interesado mucho por el caso y parece que domina mucho.

-Sí. Si no hubiera sido competente, no te hubiera pasado el teléfono.

-No, es más que eso.

Sus padres murieron en un accidente y ella forma parte de una asociación.

O sea, que no me va a cobrar mucha pasta.

-Ah, pues qué guay.

¿Y cómo ve el caso?

-Pues fatal.

A la policía no le mola nada reabrir los casos,

es como cuestionarles.

-Ya, bueno, pues peor para ellos. -Ya.

Ahora habrá que recopilar todos los papeles,

volver a citar a todos los testigos

y habrá que obligar a declarar a Samuel y a Jonathan.

-Bueno, puedes contar conmigo para lo que quieras.

Estoy a tu lado.

Y, si quieres que testifique yo también

y cuente lo que me ha dicho Samu del tema, pues...

-¡Carla!

Necesito hablar contigo.

-No tengo nada de qué hablar contigo.

Cuanta más distancia, mejor.

-No quiero convencerte de nada ni que cambies de opinión sobre mí.

Pienso asumir las consecuencias.

Pero quiero hablarte de Jonathan.

-La próxima vez que tú y yo hablemos

será en el juzgado y con abogados de por medio.

Pues aquí tienes.

Ah.

A ver.

Mira, toma, gracias. Gracias.

Javier.

¿Tienes un minuto?

Muy buenas.

Claro.

Cuéntame.

No te entretengo, es para comentarte una cosa.

Soy todo oídos.

¿Es del trabajo, vamos a la oficina?

No, no, no tiene nada que ver con el Mercado.

Es... sobre lo otro.

Tú dirás.

A ver, no pretendo meterme en tu vida,

pero pensaba que hablarías con Germán.

Lo he hecho, pero no ha servido de nada.

Para complicar más las cosas.

Está claro que lo mío con tu hijo no va a ninguna parte.

Vaya.

(CHASQUEA LA LENGUA) Pues qué lástima.

Pues sí.

Por un momento, pensé que teníamos sintonía.

Es que... es que todavía es muy joven y tiene dudas.

¿Dudas? Sí.

Yo creo que se lo ha pensado y no le intereso.

No, no, Javier, no es eso, es...

Es que Germán está pasando un momento muy complicado.

¿No te ha contado nada?

Lo que hablamos.

Que tenía que arreglar unos asuntos, no ha especificado más.

A ver, mi hijo...

Mi hijo te tiene muchísimo afecto.

Pero antes de trabajar aquí, con su padre, ha pasado unos años...

¿Cómo diríamos? Turbulentos, ¿mmm?

Y, a lo mejor, pensar que se va a estabilizar con alguien como tú

le hace sentirse inseguro.

¿Inseguro? Sí.

¿Por qué? Es que no quiero entrar en detalles.

Es mejor que te lo cuente él.

Mira, la comunicación con tu hijo está muy deteriorada.

Si crees que debo saber algo, cuéntamelo tú.

Si no, pues nada.

Tienes razón.

Germán ha recibido una noticia que le ha afectado muchísimo.

Él, hace años, tuvo una relación con un chico

del que estaba muy enamorado, se llamaba José.

¿José? Sí.

¿El chico que murió en el accidente de Jonathan y Samuel?

Sí.

Trabajaba aquí, en el Mercado, era almacenista.

Nadie sabía que Germán y él estaban juntos.

Vamos, ni siquiera yo lo sabía.

El padre de José parece que es muy conservador

y al chico le daba miedo salir del armario.

El caso es que, cuando José murió,

Germán tuvo que pasar ese duelo en secreto.

Y tuvo que asumir que el chico del que había estado tan enamorado

había sido el culpable de la muerte de una persona

y que había dejado parapléjica a otra.

Y ahora se descubre que no era José quien conducía, sino que era...

Ya, Samuel. Sí.

Así que Germán se ha pasado muchos años

con una imagen muy equivocada de José.

Y ahora tiene que recolocarlo todo.

Por eso te estoy pidiendo que tengas paciencia con él.

Dale tiempo para que lo asuma y para que pueda retomar su vida.

Porque una cosa sí que es cierta, y es que...

Tú le gustas.

De verdad.

Seguramente por eso te dijo que tenía cosas que arreglar.

Ahora entiendo por qué lo estaba pasando tan mal.

Sí.

Muchas gracias, Adela.

Gracias por la confianza.

¿Sabes? No siempre he sabido apoyar a mi hijo.

Cuando murió José, ya te he dicho que ni siquiera lo sabía.

Pero ahora significaría mucho para mí poder ayudarle.

Entre tu hijo y yo han pasado demasiadas cosas.

No sé si vamos a poder arreglarlo.

Javier.

Todo depende de vosotros, ¿mmm?

(Mensaje de móvil)

Buenas.

Espero que eso sea cierto y en el juzgado digas la verdad.

-¿Tú por qué te metes?

Me porté como un imbécil con Carla, pero ¿por qué te metes tú?

-Carla es mi amiga y perdió a su hermana.

-Y yo me quedé aquí y la perdí a ella.

No entiendo qué tiene que ver contigo.

-No es solo por Carla, también por José.

-Sí, os llevabais bien.

Había buen rollo, pero no era tu amigo del alma.

-Todo esto lo hago por Carla,

está desesperada y anoche casi hace una locura.

Mira... -Germán, un momento.

¿Qué dices?

-Nada, nada. -Germán.

Por favor.

-Pues que anoche la pillé...

en los almacenes, había hecho una mezcla de productos de limpieza.

-¿Qué dices?

-Eran productos tóxicos y los había mezclado para...

Si no llego a aparecer, Carla ahora estaría muerta.

Así que, me guste o no me guste, estoy en esto hasta el cuello.

-¿Cómo está ella ahora?

-(SUSPIRA) Ya la has visto, hundida y dispuesta a hundirte a ti.

Y te pediría, por favor, que no se lo contaras, ¿vale?

Ahora que te gusta tanto contar las verdades...

Ella no quiere que se sepa, ¿estamos?

(Pasos)

¡Hola! -Hola. ¿Eres Paolo?

-Eh... No, soy su hijo, ¿por?

-Por el anuncio del grupo.

-¿Qué... qué grupo?

Papá, este está preguntando por un anuncio de un grupo.

-Ah, pero habíamos quedado a las seis y media, ¿no?

Te has adelantado un poco.

Y luego dicen que los músicos no son de fiar.

-Espera un momento, "compi".

(PAOLO TOSE)

¿Qué pasa?

-¿Me explicas de qué va esto?

-Andrea, como tú no querías saber nada de tus antiguos compañeros,

y yo te veo un poco alicaído,

he puesto un anuncio para darte un empujoncito.

Ah, va.

-Eh, tío, perdona, que ha habido un malentendido.

Que mi padre se ha rallado. Bueno, que, eso, que no me interesa.

Gracias por venir. (PAOLO) ¿Qué? No, no.

Andrea, no le eches, Andrea.

Si no hemos hablado con él.

Ni sabemos qué instrumento toca.

-Te dije que no hicieses nada, tío.

-Tú me dijiste que no llamara a tus antiguos compañeros.

Y no lo he hecho.

Pero hay más músicos.

-Pero que no soy un niño. -Ya lo sé, Andrea.

-¿Y por qué me buscas amiguitos para que juegue como con cinco años?

-Andrea, a veces, las personas que nos quieren

desde fuera ven mejor que nosotros

lo que necesitamos. -Pues sí.

-Y tú necesitas un nuevo grupo. -Claro, pero no con un "heavy".

Es que yo toco "jazz".

La música que él escucha no me sirve, no me gusta.

-Era voz, Andrea.

No te preocupes porque, a las siete, tenemos otra cita.

Una chica teclista.

Que no tiene mucha experiencia, pero sí muchas ganas.

-Mira, tío, he tenido mucha paciencia contigo, papá.

Porque desde que se fue mamá lo estás pasando muy mal.

Pero es que esto ya es demasiado, en serio.

Se nota que no me entiendes y que no haces nada por entenderme.

Así que toma. -Andrea, escucha, ¡Andrea!

¡Que a las nueve tenemos otra cita!

¡Con un saxo y una batería!

(CHASQUEA LA LENGUA Y RESOPLA)

Sí.

Oye, ¿te importa si te llamo luego?

Gracias. Hasta luego.

Mira a quién me encuentro.

Ya tenía yo ganas

de decirte un par de cosas por lo que ocurrió el otro día.

Eh... Mire, señora, no sé de qué me está hablando.

"Señora", empezamos bien. (CARRASPEA)

Bueno, no te preocupes, yo te lo recuerdo.

El otro día, aquí, en el Mercado, empujaste a mi hijo.

Ah... vale.

Que usted es la madre del chico ese rarito.

Ocúpese en enseñarle a no meterse en conversaciones ajenas

y déjeme tranquilo, no es el día.

El que aprenderá a comportarse como un hombre eres tú,

y no como un matón de colegio.

¿Sabes qué ha supuesto para David?

¡Te estoy hablando! ¿Sabes qué ha supuesto para mi hijo?

¡Le dio un ataque de ansiedad!

¡Y ha tenido que irse de Madrid, no puede acercarse al Mercado!

Vale, perdón, lo siento.

Te pido mis más sinceras disculpas por el daño causado.

Pero tu hijo es un poco delicado, no fue para tanto.

Igual no fue para tanto para ti,

pero David es especial, tiene síndrome de Asperger.

Bueno, a ti eso qué te importa.

Porque, total, como no va contigo, claro.

¿Tu hijo tiene ásperger? Sí.

Y gracias a tu padre, con cariño y con dedicación,

consiguió que tuviera más confianza en la gente y en sí mismo.

Hasta el otro día, contigo en el Mercado.

No tenía ni idea.

Pues claro que no tenías ni idea.

Porque no ves más allá de tus narices.

Y te llevas por delante a todo el que se pone en tu camino, ¿no?

Mira, yo... yo no sé cuáles son tus problemas.

Pero tendrás que aprender a gestionarlos mejor.

Y a poner tu mala leche en otro sitio.

Y no en personas que no te han hecho nada, por favor.

Lo siento. Lo siento, de verdad.

Pero nunca le hubiera hablado así si lo hubiera sabido.

Acepto tus disculpas.

Quizá deberías dárselas también a tu padre.

Piénsatelo.

Mamá, qué guapa estás.

Ven, que te hago una foto.

-Anda ya, ¿una foto ahora?

Que no me he arreglado ni nada.

-Estás guapísima, hazme caso. (ROSA SUSPIRA)

(Disparos de foto)

Lore, ponte con ella.

-Eh... Es que tengo... tengo el... -Venga, mujer.

Ponte para haceros una foto juntas las hermanas.

Si queda bien, se la regalo al abuelo.

(LORENA) Claro.

-Vale, juntaos un poquito más.

-Vale. -Sonreíd, tenéis cara de estreñidas.

Así.

(Disparo de foto)

Mucho mejor.

(Disparo de foto)

-Mira qué bonita estampa familiar.

Las hermanas unidas por el ojo de la sobrina.

-Hola, cariño. -Aunque solo sea para la foto.

-¿Te pongo algo, Nacho? -No, de momento, no.

-Huy, ¿y esto?

-Un regalo para mi mujer.

Para agradecerle todo lo que ha hecho por mí estos días.

-Bueno, cómo eres, ¿eh? Gracias.

¿A ver? -Ábrelo.

Si no te gusta, se puede devolver.

-Cómo no me va a gustar, pero, mira, es precioso.

Mira, Noa.

¿Te gusta? -Sí, muy bonito.

(SUSPIRA)

Celia me ha comentado que le has pedido perdón.

Sí.

Debes pensar que soy un idiota. No.

Solo creo que tienes un problema.

Y de los problemas se sale, hijo.

Sobre lo que me dijiste antes, tienes razón.

Me comporto como un niñato.

No, Marcos, estás pasando por una mala época, nada más.

No es bueno flagelarse, a la larga es peor.

Papá, lo he estado pensando.

Le he dado muchas vueltas.

Me estoy comportando como un imbécil.

Y lo peor es que creo que todo empezó con la crisis con Romina.

Discutíamos hasta las tantas, hasta las 5 de la mañana.

Y era todo un sinvivir, mucho estrés.

Tantas horas en la cocina y con ese nivel de estrés...

Se llevan los problemas a casa. Ya.

Además, yo estaba obsesionado con estar siempre arriba,

con subir el listón, y requiere mucho esfuerzo.

Y, al final, Romina y yo nos distanciamos.

Y eso me creó mucha inseguridad.

Y... supongo que la coca me la devolvía.

Marcos, en serio.

¿De verdad vas a culpar a Romina de que tú te drogues?

No la estoy culpando a ella, solo digo que con ella empezó todo.

Con las discusiones.

Con todo el estrés.

No podía dejar que me vieran débil, y mucho menos ella.

Puso a todo el equipo de cocina en mi contra.

Marcos, necesitas ayuda profesional.

De la droga, de la depresión, se sale.

Yo lo hice.

Eres joven, eres fuerte, puedes con esto.

Necesito que me ayudes tú.

Y lo voy a hacer.

No voy a dejarte solo, Marcos, ¿me oyes?

Pero necesito estar seguro de que estás comprometido,

que quieres salir de esta porquería.

Sí, sí, quiero.

Te lo juro que quiero.

Yo...

¿Por qué no reabrimos La Fanega?

Juntos.

Tú y yo.

Sería nuestro negocio, solo nuestro.

Contigo, volvería a ser quien soy.

"Porfa", papá.

He metido la pata, lo siento mucho.

Lo siento de verdad.

Pero ¿por qué no llamas a mamá?

Y le dices que te vienes conmigo una temporada.

Ya está.

Y, ahora, vamos a brindar.

Sácanos una sidra, Lorena.

-¿Una sidra, Nacho? -Sí.

(NOA) ¿Y... por qué brindamos? (NACHO) Bueno.

Quiero celebrar que, gracias a tu madre,

tengo un nuevo trabajo.

(ROSA) ¿Sí? -Me lo acaban de decir.

-Pues enhorabuena.

-Gracias.

-¿No prefieres brindar con un reservita o algo?

-No, la sidra está bien.

-Brindaremos por las historias que acaban bien, ¿no?

-Lorena, ¿nos vas preparando algo de picar?

-Mmm.

-Que voy.

-¡Marchando!

(NOA) Yo te ayudo.

-Yo estoy flipando.

Ahora, de repente, se llevan bien.

-Le ha venido de maravilla que le despidieran.

Una cura de humildad le ha puesto en su sitio.

-A ver si es verdad.

-Por lo menos, está más amable con ella.

-Yo no me fío, ¿eh?

¿No has visto la puyita que nos ha echado?

Un manipulador como él no cambia de la noche a la mañana.

-No, eso está claro, y menos, mi padre.

Pero, yo qué sé, con que la trate un poquito mejor,

pues ya es mucho.

Mírala, si es que está feliz.

Ya se le ha quitado toda esa angustia de estos días.

-No sé, Noa, yo creo que esto es un espejismo.

No sé si alegrarme, si preocuparme más...

No hay mayor ciego que el que no quiere ver.

Tu madre siempre ha estado muy ciega.

-El tiempo dirá.

-Anda, vete llevando el pan.

Claro que sí. ¡David!

Cariño.

Mira, hijo, voy a dejarlo, ¿vale?

Te llamo en otro momento, no te oigo bien.

Te quiero, pórtate bien. Adiós.

Oh, pero...

Elías, ¿qué haces?

Chist. Nos van a ver.

Elías, para.

No hay nadie, ya he mirado yo.

Está casi todo el mundo fuera.

Están los puestos cerrados. Esta situación me estresa mucho.

Pues vamos a otro sitio. Toma.

¡Cachis!

Yo que me lo había dejado para tener una excusa para volver.

Todavía no sé cómo tienes el estómago para bromas.

Adela casi te pilla.

¿Te imaginas la situación?

Además, ha preguntado por ti.

No sé si lo escuchaste. Sí.

Lo escuché.

La próxima vez tenemos más cuidado.

¿Va a haber una próxima vez?

¿Qué pasa?

¿No quieres que haya una próxima vez?

Te lo digo en serio, esto me estresa un montón.

Yo no sé si me compensa

esta tensión constante.

Chist.

Te compensa.

Y te diré una cosa.

Aunque no te lo creas, esto no me pasa muy a menudo.

Sabemos el historial que tienes. Sí.

Y llevas toda la razón del mundo.

Pero con ninguna mujer me pasa lo que me pasa contigo.

Me has hecho recuperar una sensación que hacía mucho que había perdido.

Elías, no podemos hablar de esto aquí.

Pues dime un sitio, un lugar, la hora, yo estoy allí seguro.

Tú no estás bien, ¿eh? No.

No estoy bien, no.

Vale.

No sé qué me pasa contigo,

de verdad. Oye.

Sería de tontos renunciar a esto que nos está pasando, Celia.

Es que vivir así es muy bonito, pero yo no me lo puedo permitir.

Tengo un trabajo que me gustaría conservar.

Mi socia es tu exmujer.

Y estoy desatendiendo a mi hijo.

¿No te das cuenta de que me desestabilizas, Elías?

De verdad, que me vuelves loca, en el sentido literal de la palabra.

Y con todo esto que está pasando, ¿eh?,

¿tú no crees

que nos merecemos un poco,

aunque solo sea un poquito, de felicidad? ¿Eh?

No me extraña que seas tan bueno en los negocios.

Mira.

Por lo menos, hasta que David vuelva de vacaciones.

¿Eh? ¿Qué me dices?

Hasta que vuelva.

Lo siento.

Me equivoqué.

Cuando me llamaste,

me pillaste en un momento de debilidad.

Tendría que haberte dicho que no.

Estoy empezando una relación con otra persona

y me gustaría apostar por ella.

Te lo digo de corazón.

Es mejor que lo dejemos aquí, Tomás.

-No juegues con la gente. -Ya lo sé.

Ha sido una estupidez, lo siento.

No, no, deja que pague yo. -No hace falta.

¡Hola! Hola.

Uh, qué carita de cansado me traes.

Digamos que el día está siendo un poquito largo.

Tengo un remedio para eso.

Vamos a tu casa, cena, peli.

Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, lo sabes, ¿no?

Me lo vas a tener que repetir mucho, todavía no me lo creo.

Te agradezco mucho, Lorena,

todo lo que me estás ayudando con mi hijo.

Eres un buen tío.

Y eres un buen padre.

Bueno.

Eso no lo tengo tan claro.

Al menos, mi hijo me ha dado una alegría.

Le ha pedido perdón a Celia por lo que pasó con David.

Bueno, eso es un gran paso. Ajá.

Y me ha vuelto a pedir ayuda con La Fanega.

¿Con La Fanega?

Si ya le habías dicho que no.

Ya.

Pero, no sé, esta vez ha sido diferente.

Tengo la sensación de que ha tocado fondo

y que reconoce que tiene un problema grave.

Al parecer, su novia no se llevaba bien con él.

Apoyaba a los empleados que estaban en contra de mi hijo.

Hay gente que no alcanza a entender el estrés que genera la hostelería.

O sea, que la culpa es de su novia.

Zumo de tomate.

¿Y tu botella de "whisky"?

Pues, mira, me siento bien, he decidido cuidarme...

¿Quieres uno?

No, gracias, la verdad es que no me apetece nada.

Toma, anda, a ver si esto te anima un poco.

Cógelo.

Cuéntalo, a ver si cambias de opinión.

Cuéntalo.

(RESOPLA) Si es que aquí hay mucho dinero.

Ese dinero es para ti.

Para que te lo gastes con quien quieras

y donde te dé la gana.

Gracias.

Bueno, pues me alegro de que hayas cambiado de opinión.

Sería una tontería que desperdiciases todo ese dinero

por un ataque de romanticismo, eso ya está muy trasnochado.

Pues sí, me equivoqué con Javier, es un tío que no vale la pena.

Que, por mí, como si quieres seguir tonteando con él,

haciendo lo que quieras, pero sabiendo de qué lado estás.

Tranquilo, que lo tengo muy claro.

Muy bien, me parece perfecto, ¿mmm?

De hecho, nos conviene que sigas estando a su lado

y sacándole toda la información posible para intentar minar

los planes que se le ocurran para sacar el Mercado adelante, ¿eh?

Papá, yo preferiría no hacerlo.

¿Otra vez?

¿Ya estamos otra vez con las quejas? ¿Qué te acabo de decir?

¿No acabas de decir que te parece un impresentable?

Por eso mismo, cuanto más lejos, mejor.

Ahora no quiero verle. ¿Qué ha pasado?

¿Habéis discutido? Anda, siéntate.

No, no hemos discutido, pero...

No sé, que ya no me interesa.

Pues por eso mismo.

Cuando alguien te interesa poco es cuando mejor se le engaña.

A lo mejor, cerrar La Fanega ha sido demasiado drástico, ¿no?

¿Drástico? ¿Por qué?

Marcos ha estado a punto de arruinar el restaurante y su vida.

Igual él no es como tú y como yo.

Es joven.

Igual lo hemos cogido a tiempo

y puede recuperarse mientras trabaja.

Creo que, si no cambia de hábitos, no puede cambiar de vida, Jorge.

¿No lo ves capaz?

Su madre y yo estaremos para lo que necesite.

Yo no sé qué os habrá contado, pero...

Yo creo que os puede volver locos.

La adicción de Marcos, cualquier adicción,

te convierte en un mentiroso, en un manipulador.

Tú lo sabes como yo.

Nos creemos eso de "lo dejo cuando quiera"

y solo echamos balones fuera.

Es que no creo que esté echando balones fuera.

Yo creo que se ha abierto.

Me ha contado cómo empezó a consumir y por qué.

Claro, le echa la culpa a su novia, ¿no te das cuenta?

Que se llevaban fatal y las peleas generan mucha tensión.

Las discusiones con su novia no son las culpables

de que él tenga problemas con las drogas.

La culpa la tiene él,

por no enfrentarse a sus problemas como un adulto.

Cada uno se enfrenta a sus demonios como puede o como sabe.

Mira, a lo mejor el antecedente de ver mi relación con su madre,

las discusiones, ha hecho que él no sea capaz de...

Que esté incapacitado para... ¿Incapaz de qué, Jorge?

Te está camelando.

Yo sé que es tu hijo y quieres creerle, y lo entiendo,

pero su novia no es la responsable de que él sea adicto a las drogas.

Mira, en una cosa tiene razón.

Cerrar La Fanega así, de golpe, es peligroso.

La gente pierde el hábito de ir y da mala imagen.

Bueno, pues mala suerte.

No deberías reabrirla hasta que no se recupere.

No sé, igual podría trabajar media jornada.

Solo por las mañanas o solo por las noches.

Igual puede estar en tratamiento y trabajando a la vez, no lo sé.

Jorge, no te engañes.

Reabrir el restaurante sin haberse recuperado

sería como ponerse un obstáculo así de grande

delante de sus narices.

No me engaño, Lorena.

Solo quiero ayudarlo.

E intentar ver las cosas como él las ve.

¿Me esperas a que cierre y tomamos una caña?

Claro, dale.

Germán, seguir siendo amigo suyo te va a traer muchos beneficios,

te va a venir muy bien.

Y si, en algún momento,

no estás de acuerdo con algo que te pidamos,

nos lo dices y ya buscaremos otra forma de conseguirlo.

¿De acuerdo?

No sé.

No es tan fácil, yo no soy tan buen actor como tú.

Te has pasado una vida engañando a mamá.

Oye, ese golpe bajo ha sido completamente gratuito.

Ya.

Ya, perdona, es que llevo una tarde... muy complicada.

Bueno, hombre, no pasa nada.

Hay días malos y días buenos.

Mira, para eso, el dinero ayuda mucho.

Cuando tienes un día malo, con dinero te compras el caprichito

y conviertes ese día malo en un día estupendo.

El dinero no lo compra todo, papá. No, pero ya sabes lo que dicen:

ayuda.

Cuando acabe este tema del Mercado, vamos a hacer una cosa:

te vas de viaje donde te dé la gana, ¿dónde te gustaría ir?

(RESOPLA) Ojalá ese día llegue pronto.

Llegará, Germán, llegará.

Todos estos proyectos tardan en arrancar, ¿no?

Mira este, va poco a poco, pero, bueno, ya va funcionando.

Hasta Hortuño está más tratable.

¿Quieres que nos vayamos tú y yo a cenar por ahí?

No, me apetece comer algo aquí en casa.

Germán.

Eres muy joven, ¿eh?

Muy joven para tener una cara tan larga.

Y muy joven para desaprovechar una oportunidad así.

El mundo es de los hombres

que saben aprovechar este tipo de oportunidades.

¿Eres tú ese tipo de hombre?

Pues supongo que sí.

Quiero que trabajemos juntos.

No se me ha olvidado lo que me dijiste.

¿Y por qué hemos quedado aquí?

Aparte de los secretos de la cocina, también te he enseñado otras cosas.

-Oye, una cosa.

¿No puedes decirle a Carmen que vienes a dormir a mi casa?

Tendrá que entenderlo. -¿Mi hija?

Me tiene frita.

Después de lo que ha pasado,

no creo que le haga gracia que duerma contigo.

-A ver si me aclaro.

¿La madre quién es, tú o ella? -(CHASQUEA LA LENGUA)

-Buscaos otro diseñador.

No, lo siento, estoy hasta arriba.

Me ha salido un trabajo y no yo puedo ahora...

¿Cómo?

¿Perdona? No, yo he hecho mi trabajo y me tenéis que pagar lo que falta.

-Ah, ¿te vas a Liverpool?

-Al final, me voy, sí.

Me da un poco de pena por mi padre, ya sabes.

-¿No le has dicho que te vas?

-No he encontrado la forma ni el momento.

-Pues ya te puedes dar prisa,

sin su autorización no sales de España.

-¿Cómo que no salgo?

Elías, para un poco, para.

Oye, Elías, ¡para un poco, por favor!

Huy. No.

Te entiendo muy bien, más de lo que te imaginas.

Mira, esto... no debería ser una competición, pero...

José era mucho más que un amigo.

José era el amor de mi vida.

-Como haga una cosa chunga por mí,

te juro que voy detrás. -¿Qué cosa?

¿De qué estás hablando? ¿Detrás de qué?

-Que nada. -¿Cómo que nada?

¿Me lo cuentas o te lo tengo que sacar? ¿Eh?

-Se intentó suicidar.

-Ahora me falta convencer a tu padre para que deje las malditas pastillas.

-¿Qué pastillas? ¿Se está medicando?

-Peor, automedicando.

¡Quieta ahí, socia! ¡Ay!

Te estaba buscando.

He tenido una revelación.

Quiero saber qué te parece. ¿Sí?

Yo creo que te va a gustar.

¿Estás bien?

Me ha dado un tirón.

Un gesto raro al tirar la basura. No me digas.

¿Un mal gesto dices?

Sí, o que he cogido frío, no lo sé.

¿Conoces la constructora Quiñón? No.

Son lo peor de lo peor.

Personal poco cualificado, mano de obra barata,

materiales casi de deshecho

y seguridad cero.

Y tú vas a conseguir que sean ellos

quienes se ocupen de la reforma de la cubierta.

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Mercado Central - Capítulo 76

13 ene 2020

Celia y Elías siguen con su relación clandestina. A pesar de que Adela casi les pilla, deciden continuar con su aventura hasta que vuelva David.
Samuel comunica a su familia que Carla tiene la intención de denunciarles. Samuel está decidido a asumir las culpas: quiere proteger a Jonathan y Nicolás. Germán le desvela el intento de suicidio de Carla.
El amigo de Nacho le ofrece un trabajo y Nacho no se lo piensa dos veces.
Marcos está furioso por la decisión de sus padres de cerrar La Fanega e intenta que Jorge cambie de opinión.
Andrea duda si aceptar la beca a Liverpool.
Germán, resentido por la relación de Javier con Tomás, decide seguir colaborando con Hortuño en contra del mercado.

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