Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 73 - ver ahora
Transcripción completa

Ha sido Cristina

quien ha perdido a un hombre bueno, noble, generoso...

Y te puedo asegurar

que le va a costar mucho, mucho, encontrar a alguien como tú.

No, no, no, no.

Perdona. -No, no, no.

No te equivoques, ¿eh? -No quería...

¡Que estáis colocados!

No os preocupéis. Los pastelitos están buenísimos.

Y además, no engordan.

Tranquila, que no nos va a dar un coma diabético.

(CARMEN) ¡Ay, mama, por Dios! (JESÚS) ¡Valeria!

(ANDREA) ¿Sabes por qué...

...por qué me quedé contigo? (PAULO) No.

Pues porque sé que tú no traicionarías a un amigo, papá.

Y mucho menos romperías una familia de esta forma.

Prométeme que no habrá más mentiras entre nosotros. Prométemelo.

Buah. Eh...

(RESOPLA) No...

No puedo.

No puedo. O sea, así no.

¿Qué pasa? ¿Te...?

¿Te asusta lo que te he comentado? -No.

No, no, no, no.

O sea, te quiero hacer esta promesa, ¿vale?, pero...

tengo que arreglar unas cosas para poder hacerte esta promesa.

No te imaginas hasta qué punto te quiero, Rosa.

Bueno, si nos parecemos tanto, deberíamos repelernos.

Son los polos opuestos los que se atraen, ¿no? Eso dice la gente.

La gente...

La gente se equivoca.

Puedes hablar conmigo y contarme lo que quieras, sin miedo. En serio.

Es del accidente.

Samu, tío, ¿no habíamos dicho que dejaríamos eso atrás?

Cuando desperté del coma, yo no recordaba absolutamente nada.

Y me creí la versión que Jonathan contó a la Policía.

Pero, hace poco, me contó la verdad.

José, nuestro amigo, el que murió...

no era el que llevaba el coche.

¿Quién conducía?

Yo, Carla.

Yo conducía el coche.

¿Por qué?

¿Por qué Jonathan mintió a la Policía?

¿Por qué culpó a José?

Él murió en el acto y...

y los dos salimos disparados del coche.

Es imposible saber quién conducía.

Jonathan... decidió protegerme.

¿Protegerte?

Lo siento.

Si yo hubiera estado consciente, nada de eso habría pasado.

Pero no recordaba nada, te lo juro.

No me mires así, Carla.

Por favor.

Dime algo... -Tú vives conmigo.

Tú te acuestas conmigo cada noche, abrazado a mí

y me haces el amor cada noche.

A mí. ¿Cómo has podido mirarme a los ojos?

Me estaba matando por dentro.

Pero tenía miedo.

Tenía miedo a perderte.

¡Yo perdí a mi hermana por ti!

¡Soy idiota!

Lo siento.

Daría lo que fuera por cambiarlo todo.

Te lo juro, pero no puedo.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Entonces, está bien, seguro. ¿No hay que ingresarla ni nada?

Le digo que lleva medicación para el corazón.

Ha tenido suerte.

La próxima vez podría tener un problema.

No, no va a haber próxima vez.

¿Lo has oído, mamá? -No me grites, hija.

¿No ves que estoy convaleciente?

¿Convaleciente? Colocada, hija. lo que estás es colocada.

Que nos has dado un susto de muerte.

Bueno, voy a por un vaso de agua, para mantenerte hidratada,

que lo como ha dicho el paramédico. -¿Qué tal, preciosa?

De todo menos preciosa.

Estoy hecha una mierda, hijo.

Siento haber arruinado la cena. -No,

tú no has arruinado nada.

En todo caso la habré arruinado yo...

y esos malditos pastelitos.

Si te llega a pasar algo...

Estoy bien... -Sí. Oye,

lo de invitarlos a cenar era una excusa para darles la noticia,

y aún estamos a tiempo. -Quita. Quita de encima.

Tiene que respirar.

Lo último que necesita es a un viejo encima.

Venga, mamá, bebe. -Ay...

(CARLA) ¿Y los padres de José, qué?

¿Eh? ¿Has estado haciéndoles creer a esa pobre gente

que tu amigo era el culpable de esas muertes?

¿Y qué, les vas a contar ahora la verdad?

¿Lo vas a hacer, Samu?

¡Eres un cobarde!

¡Eres un cobarde

y no tienes lo que hay que tener para afrontar lo que has hecho

y para pagar las consecuencias de tus actos!

-Vivo pagando las consecuencias. -¡Te mereces haberte quedado

en una puta silla de ruedas! -¡Lo sé! ¡Lo sé, Carla!

Ya es tarde. Jonathan intentó protegerme

y ahora ya... -Sí, y ahora,

quieres protegerlo tú a él, ¿no?

¿Y quién protegía a mi hermana de ti, de alguien como tú?

Perdóname, Carla, por favor. -¡No me toques!

¡No me toques nunca más en tu vida!

No quiero saber nada de ti.

¡Y en la vida, mírame bien, nunca, nunca te voy a perdonar!

En mi vida.

(JONATHAN) ¿Qué son esos gritos? -¡Que me dejes!

¡No quiero saber nada de ti! -¿Y eso?

Olvídate de mí, mentiroso de mierda.

Por mí como si te vas con tu colega

y os protegéis el uno al otro hasta que os muráis.

Se lo has contado, ¿verdad?

¿Se lo has dicho?

Joder, Samu, tío, que ahora... ¿Ahora qué, eh?

Mira... no sé, seguro que acabará entendiéndolo.

Seguro que acabará entendiendo que... que fue un accidente. No sé.

Tú no has visto cómo me miraba. -Que no, tío, que no. No sé.

Carla entenderá que fue un accidente.

Lo tiene que entender. Lo superaremos. Lo superaréis.

Eh.

(SAMUEL) Que no, Jonathan.

La he perdido.

Es para lo único que me ha servido contarle la verdad.

La he perdido para siempre, Jonathan.

(SAMUEL LLORA)

(LORENA) Hola.

Ha debido pasar algo,

porque había dos sanitarios en el portal.

(JESÚS) Valeria, que está indispuesta.

Valeria, ¿estás bien? -Sí.

No es nada, me he mareado un poco. -"Mareado", dice...

Le ha dado es un amarillo.

Pregúntale a tu padre, que es el culpable de todo.

(VALERIA) Que otra vez.

Que no sabíamos que los pastelitos tenían marihuana.

Ha sido un accidente. (RÍE)

¿Marihuana?

Tu padre confundió la sativa con la estevia.

Creían que eran dulces sin azúcar...

y se han puesto ciegos, en todos los sentidos, vaya.

¿Tú de qué te ríes? No tiene maldita la gracia.

Podíamos haber acabado en el hospital.

Hija, tranquilízate un poquito, hija.

Estoy bien.

Pues si estás bien, nos vamos. Ya está. A casa.

No, todavía no podéis iros.

(LORENA) Tiene razón.

¿Por qué no la dejas aquí que descanse

hasta que se le pase el globo a la pobre?

De mi madre me encargo yo.

Ocúpate de tu padre, que va colocado,

y es el culpable. -Entiendo que te enfades,

pero ha sido un accidente. -Pero ¿qué accidente?

Con el primero, han visto los efectos

y se han comido todos.

Deja de defenderlos.

(JESÚS) Sé que estás enfadada y con razón, Carmen.

Pero os hemos invitado a cenar

para daros una noticia y... -Ya tengo bastante

con lo que he visto hoy. ¿De acuerdo?

Estamos cansados y es tarde. Vámonos.

Ayúdame a levantarla, Nicolás. -No, no, no.

Pies al suelo. -No, no, no, no.

-Por ahí. -Papá...

(Notificación de móvil)

(Notificación de móvil)

(Notificación de móvil)

(ROSA SUSPIRA) (NACHO) Pronto empiezan.

Ay, cariño...

¿Quién te manda mensajes tan pronto? -Qué susto, que no te había visto.

Iba a darte los buenos días, pero tu móvil se ha puesto a sonar.

(ROSA) Ayer me quedé sin batería

y me están entrando muchas llamadas de Lorena,

supongo que por la cena que organizó ayer mi padre con los Pacheco.

Como yo no pude ir...

Luego lo llamo.

Lo primero es lo primero.

Buenos días.

Buenos días.

Eso está mejor.

¿Qué estás haciendo?

No... Mandando unos "mails" a un par de empresas,

de diseño, constructoras...

(ROSA) Ya.

Estoy segura de que enseguida vas a encontrar trabajo.

Ya lo verás.

No quiero que te agobies, Nacho.

Te has pasado toda la noche dando vueltas en la cama.

Lo siento si no te he dejado dormir a ti.

Si tú estás bien, yo estoy bien.

Pensaba que...

que...

con lo de anoche, pues que ibas a dormir un poco mejor.

Significa mucho oírtelo decir.

Y espero que ya, nada ni nadie se interponga entre nosotros.

Ni te hagan dudar de mí.

Eso no va a volver a pasar, te lo prometo.

(NACHO) Bueno, solo hay una forma de sellar esa promesa.

Te he dejado café hecho.

Desayuna, yo tengo que seguir con esto, ¿eh?

Pero, tómatelo con calma, ¿eh, Nacho?

Mira, yo creo que con todo el dinero que gano en la pizzería,

podemos tirar tranquilamente.

Y con tu currículum y tu experiencia,

vas a encontrar trabajo enseguida. -No tengo la menor duda.

Sé lo que puedo aportar a una empresa.

En cuanto consiga una entrevista, tendré un nuevo contrato.

Me gusta esa actitud.

Voy a desayunar.

(CARRASPEA)

Buenos días.

Buenos días.

Supongo que ya te habrás enterado

del numerito que montaron ayer tu abuelo y Valeria.

Sí, me lo contó la tía anoche.

Sí, a mí también me llamaron por teléfono.

Te esperaba anoche para hablar contigo,

pero no viniste a dormir.

No. Tenía motivos para no querer dormir en casa.

Supongo que sabrás los motivos por los que se organizó esa cena.

Sí, nos lo ha contado el abuelo.

Quieren vivir juntos, y a mí me parece bien.

¿A ti no?

Pues no. Por supuesto que no. Es una locura.

¿Sabes la que nos puede caer encima con esos dos de vecinos?

Están descontrolados. Son dos adolescentes.

Lo pasan bien y quieren aprovechar el tiempo juntos.

Se lo han ganado. Germán,

si vienes a hablar de eso, no hace falta,

porque tu abuelo hará lo que quiera,

me guste a mí o no.

No hace falta que me convenzas de nada.

No, he venido a hablar de trabajo.

¿Cómo te va? Bien.

Pero, ya te digo, que estoy muy... muy centrada en el trabajo.

Mejor. Así no tienes tiempo de tener tentaciones.

¿Tentaciones de qué?

No sé por qué te empeñas en ocultarme cosas

si te lo veo todo a un kilómetro de distancia.

Ah, ¿sí? ¿Y qué ves? Que has caído, Celia.

Has caído con el chico ese.

¿Cómo se llamaba? ¿Elías?

Al que te ibas a resistir tanto. (RESOPLA)

Bueno, vale, sí. He caído. ¿Y qué?

¿Lo ves? Pero no pasa nada.

Chica, ¿tú no sabes eso de que para superar una tentación,

lo mejor es caer en ella?

Ya, pero es que...

No sé si esto está llegando demasiado lejos.

Además, Adela... Bueno, Adela es su mujer, su exmujer.

Adela además es mi socia. ¿Eh? ¿Elías se ha separado?

Eso cambia un poco las cosas. No, está...

Está separándose, en proceso.

Pero Adela es mi socia y es mi amiga, Pilar,

y yo no quiero esto para ella.

Pero ¿ella sabe que su ex y tú...? No.

No, no, para nada.

Y no quiero que se entere. O sea, no quiero.

Pero ese hombre te arrastra, te desconecta la cabeza.

¿No me dijiste eso?

Sí.

Es que no sé lo que me pasa.

Es ridículo, te lo juro, ridículo, no sé por qué. Es que...

Siempre he querido que me dejes formar parte de la empresa familiar,

pero no quiero seguir trabajando para Hortuño.

Es que no trabajas para Hortuño, trabajas para mí.

Lo que hago es traicionar al mercado

y a la gente que trabaja allí, a nuestra gente.

(SUSPIRA) Ay... Otra vez.

Vamos a ver, niño, ya te lo he explicado.

Ese mercado, con reforma o sin reforma, está condenado.

No. Eso no lo sabes.

Hay mercados en Madrid

que se han reformado, modernizado, y se han puesto de moda.

Lo que sí sé es cómo es Hortuño,

y sé que siempre se sale con la suya.

Con nuestra ayuda o sin ella, va a conseguir su objetivo,

y nosotros tenemos la oportunidad de ganar mucho dinero, mucho,

antes de tener que saltar del barco.

Es que ya tenemos mucho dinero, papá, no necesitamos más.

No quiero seguir traicionando a la gente que quiero por dinero.

"A la gente que quiero"...

Es por Javier, ¿verdad?

(SUSPIRA) Ay, si la culpa es mía. Tenía que haberme dado cuenta.

Me equivoqué al encargarte esto. Eres un inmaduro.

Puedes llamarme como quieras, papá,

pero me he enamorado de él y... no puedo seguir con esto.

Germán, Germán...

Mira, te hablo como padre, no como jefe.

De verdad, ¿eh?

Yo no creo que te vayas a casar con Javier.

No lo creo.

(PILI) Es un calentón.

Ya está. No pasa nada, ¿vale? No te tortures tanto.

No sé, disfrútalo. Mientras dure...

Lo importante es no confundirse.

Ese es el problema. ¿Y el otro?

El que te gustaba de verdad, ¿qué?

¿Jorge?

Eso es imposible. Ya está saliendo con otra persona, así que...

Vaya. El que no corre, vuela.

De todas formas, yo tampoco lo tenía muy claro.

Tenía mucho miedo y lo volví un poco loco, la verdad.

Tienes un lío en la cabeza que no te aclaras.

Ay, perdona.

Si es que es normal.

Es normal que estés preocupada y que te confundas,

porque debe ser muy difícil de superar lo de Manuel.

Mucho.

Pero si quieres un consejo,

no te castigues más de la cuenta, ¿vale?

Lo que hagas, estará bien.

No está bien, Pilar.

No está nada bien.

Debo dejar de acostarme con Elías. No le puedo hacer esto a Adela.

¿Mejor? Gracias.

Dichosos los ojos, Ginés.

Espero que vengas a darnos la enhorabuena

por conseguir que abran investigación

contra la empresa de reformas.

Le van a rescindir el contrato. Lo sé.

Lo que no sé es dónde está Wilson.

Creía que ya lo tendríamos localizado.

Pues no. Nadie lo sabe.

Se lo ha tragado la tierra.

No te preocupes, no creo que aparezca por aquí.

No va a ser un problema.

Más te vale...

Si no, serías el primero en lamentarlo.

Otra vez con las amenazas. Con lo bien que habías entrado.

Lo siento.

Mira, reconozco que tienes razón,

cerrar el mercado de un día para otro pues es algo imposible.

Soy impaciente, qué le vamos a hacer.

Pues me alegro que hayas pensado en lo que te dije.

¿Sabéis una cosa?

Creo que estáis haciendo un buen trabajo...

y que os merecéis una recompensa.

Para que continuéis haciéndolo... hasta conseguir nuestro objetivo.

¿Qué? Vendrá bien para la cuesta de enero, ¿no?

(HORTUÑO RÍE) Sí. Una cuesta muy larga.

Espero que te parezca bien la cantidad.

(CARMEN) Mira qué horas son. Y el puesto sin abrir.

Va llegar la gente.

Otra vez me toca a mí hacerlo todo sola.

Yo no tengo mucha faena, puedo echarte una mano, si quieres.

Me tendrás que echar las dos.

Abrimos, lo ponemos en marcha

y luego ya, pues mira, me quedo yo atendiendo a la gente.

Vale, tranquila.

¿Y tu madre? ¿Crees que vendrá más tarde?

Bueno, cuando se le pase la resaca por el colocón.

Con mi madre, no cuento.

He pasado por su habitación y estaba dormidísima.

Es que los pasteles de Jesús la ha dejado KO.

Bueno, se le pasará.

Ya oíste lo que dijeron los sanitarios,

solo le hace falta tiempo y mantenerse hidratada.

Ya. Eso dijeron.

Y también dijeron lo que podría haber pasado

si no hubiéramos llegado a tiempo.

Mira, Jesús ha puesto en riesgo la salud de mi madre.

No me fío de él, ¿eh? Es una mala influencia.

Él tampoco sabía lo que se estaban tomando.

También a él le podía haber sentado mal, ¿no?

Él no me importa. Me importa mi madre.

Él está acostumbrado a ir con chiquillas y seguir ese ritmo.

Pero mi madre necesita otra cosa, lo que nece...

¿Y esto qué hace aquí? ¿Qué hacen aquí las cosas de Samu?

Pues no lo sé, pero no parecen buenas noticias, ¿eh?

No me lo puedo creer.

Ayer dijo que tenía que hablar con ella

y dar un paso importante.

Tiene mala pinta, Carmen.

Buenas.

Perdón por dejar las cosas aquí, pero no podía meterlas en el puesto.

Si luego tienes un rato, papá,

las bajamos al almacén o las llevamos a casa.

Nacho Salinas.

No, solo quería confirmar

que habían recibido mi currículum y el dosier de proyectos.

Ya, bueno, estoy seguro de que le interesaría si lo hubiera leído.

Pero bueno, entiendo que... que no ha tenido tiempo.

Por eso quiero facilitarle las cosas.

Oiga, deme una cita

y le presentaré unas ideas que le harán ganar mucho dinero.

No, espere, por favor.

Solo le pido una par minutos.

¡Un par de...!

¡Hijo de...!

(TOSE)

Papá... ¿Estás bien? (NACHO TOSE)

(NACHO) Sí, sí.

Estoy bien.

Se me ha habrá atravesado el desayuno,

pero ya se me ha pasado.

¿Y... no deberías descansar un poco?

Ya te he dicho que estoy bien, ¿vale? Además, tengo trabajo.

Ah, ¿te ha salido un proyecto?

¿A qué viene tanto interés?

¿Qué pasa, no tienes a nadie que me espíe

y te has decidido a hablarme directamente o qué?

Oye, hablando de espías, ¿qué pasa con el novio tuyo ese?

Te habrás dado cuenta de que es un mentiroso y un liante.

¿Todavía piensas en irte a Nueva York con él?

¿Eh?

Oye. Oye, respóndeme cuando te pregunto.

Res...

(TOSE)

(CONTINÚA TOSIENDO)

¿Qué pasa? ¿Estás bien?

No, mamá, no lo estoy.

Pensé que decir la verdad me liberaría, me acercaría a Carla,

pero he conseguido lo contrario.

¿Qué le has dicho, hijo?

Pues todo.

Todo, que yo conducía el coche que mató a su hermana,

que no recordaba nada

y que, cuando me enteré, se lo oculté.

Tranquilo, no le he dicho nada de ti.

No le he dicho que pagabas a Jonathan para que se callara.

Lo siento mucho hijo.

Puede que con el tiempo... -No.

He perdido a Carla.

No quiere vivir con el responsable de la muerte su hermana.

¿Y dónde has dormido?

Porque en casa no has estado, ¿no? -Jonathan.

Me ha ayudado a recoger las cosas esta mañana.

No me ha hecho falta ni entrar, me las había dejado en el rellano.

(CARMEN) Vale, hijo, esto es muy duro,

pero has hecho lo que creías que tenías que hacer. Ya está.

No quería que hubiera secretos entre nosotros. Quería...

Quería que viera que podía confiar en mí.

Bueno, y lo has demostrado, lo ha visto.

Te lo has demostrado a ti, a ella. Ya está.

Ahora tienes que darle tiempo.

Las cosas cambian. Bueno, mira a tu abuela y Jesús.

Mamá, la abuela no ha matado a nadie.

Qué... -Carla me ve como un monstruo,

como... el borracho tullido que le ha jodido la vida.

Samu, no hables así, hijo. -Es la verdad, papá, es una mierda.

Ahora me odia.

¿Y bien?

(SUSPIRA) Adela es mi amiga.

No puedo volver a hacer esto.

David se ha presentado esta mañana en el mercado

y ha dicho delante de ella que ayer llegué tarde a casa.

Me he inventado que estaba enferma, que fui a urgencias y no sé más.

Y a mí no me gusta mentir, Elías, no me gusta.

Ya...

Pues no es la primera vez, ¿no?

Y ayer fuiste tú la que te presentaste en mi despacho.

Ya lo sé. Lo sé y lo siento. Ne...

Necesitaba decirte lo de Miras.

No sé por qué, pero... quería compartirlo contigo.

Te sentías poderosa.

Sí.

Y necesitabas contárselo a alguien que te entendiese.

Mira, se acabó. De verdad, cortamos aquí.

Vale.

Lo positivo es que hemos puesto las cartas boca arriba

y podemos hablar con sinceridad.

Pero ¿de qué quieres hablar?

A ver, ¿tú no quieres recuperar a Adela?

Sí. ¿Entonces?

Yo quiero muchísimo a mi mujer...

pero no puedo evitar desearte.

(JONATHAN) Hombre, Jesús. Por fin te dignas a aparecer.

¿Y mis pastelitos?

No me calientes, que nos fastidiaste la noche.

Yo no te fastidié nada, tú te lleva...

Bueno, más bien, me los robaste. ¿Eh?

Y la maría que llevaban también.

Si llego a saber que llevan esa mierda, no me los llevo.

Y menos aún se los doy a Valeria.

¿Cómo? ¿Valeria se los comió?

Entre los dos nos los comimos casi todos.

¿Estáis locos, Jesús? ¡Os pudo dar un chungo!

-¿Y qué te crees que pasó?

Valeria se puso malísima y tuvimos que llamar a emergencias.

Bueno, de ahí no pasó. Pero puedo acabar ingresada.

No lo entiendo.

No lo entiendo, te dije lo que llevaban.

No, solo me dijiste que llevaban un edulcorante.

¿Cómo? ¿Qué edul...? Te dije que llevaban sativa, Jesús.

Bueno, sativa, estevia... Si suena todo lo mismo.

¡Podías haber sido más claro! -No, Jesús...

Mira, a ver, a ver.

¿Con...? ¿Confundiste la sativa con estevia?

¿En serio, Jesús? ¿Ya estamos así?

Mira, borra esa cara de idiota o te la borro yo, ¿eh?

Perdona, Jesús. Solo me río porque... porque...

bueno, porque me has dicho que Valeria está bien,

pero es que tiene mucha gracia. ¿Cómo se te ocurre?

No, no, no. No tiene mucha gracia.

Carmen y Nicolás estaban en casa cuando se puso mala Valeria.

Y menos mal, porque yo no estaba en disposición de ayudarla.

Hombre, normal que...

No, que digo que se habrán llevado un buen susto, ¿no?

Sí, sí. Nos lo llevamos todos, sí.

Carmen no me perdona.

Me echa la culpa a mí de todo

y no quiere que me acerque a Valeria.

Ya, bueno, y con... con la mala leche que se gasta la Pacheca...

Llevará un cabreo del 15, ¿no?

Por eso tienes que convencerla de que la culpa no ha sido mía.

Tengo que hacerme perdonar.

Valeria y yo tenemos planes

y no quiero que se estropeen por esto.

Vamos a ver, podemos y debemos acabar con esto.

¿Vale? Se supone que somos adultos responsables.

En esta historia tenemos mucho más que perder que ganar.

Tienes toda la razón del mundo. Pues ya está.

Pero ¿qué quieres que haga? Yo quiero mucho a mi mujer, sí.

Pero es que tú me vuelves loco.

Es que no puedo dejar de pensar en ti.

¿Te das cuenta del daño que le puedes hacer a Adela

si te escucha hablar así? Adela no puede enterarse.

Prométeme que no le dirás nada. Yo no diré nada.

Pero si seguimos, nos pillarán.

Recuerda lo de tu hermana. Olvídala.

Lorena está controlada y no va a decir nada.

Bueno, pues entonces ya está.

Todo aclarado. Esta es la última vez que tú y yo nos vemos a solas.

¿Ya está?

Ojalá yo lo tuviera tan claro como tú.

Pero si te digo la verdad,

yo no sé si voy a ser capaz de renunciar a esto.

Va a ser más fácil de lo que piensas, ya verás.

Mira, los dos tenemos un objetivo bien claro:

tú, recuperar a tu mujer y yo, conservar a mi socia.

¿Vale?

Te dejo, tengo un pedido importante y no quiero fallar.

Pues, lo siento mucho, Jesús,

pero es no es el mejor momento para tener líos con Carmen.

Que ahí viene.

(Tacones acercándose

Buenos días, Carmen.

Precisamente le decía a Jonathan

que me voy a acercar por la carnicería

para ver cómo está tu madre. -Pues te puedes ahorrar el paseo.

Ya. Siento mucho lo que pasó anoche.

Pero estoy preocupado por Valeria.

¿Cómo está? Es que la estoy llamando y da siempre que está apagado.

Está durmiendo la mona.

Se ha pasado la noche en una feria: todo le daba vueltas.

No sabes la angustia. -Lo siento mucho.

-Eso ya lo has dicho.

Tú, en cambio, tienes buena pinta, ¿no?

A los crápulas os sienta mejor el consumo de sustancias.

-Mira, te juro que yo no sabía que había nada de sustancias...

-Para, porque ya sé lo que vas a decir, y no te creo.

Si te preocupas por mi madre, apártala de ti y de tus vicios.

(JONATHAN) Carmen.

Que Jesús... Jesús tiene razón. Te está diciendo la verdad.

Los... Los pastelitos eran míos,

Pero en realidad, fue todo un malentendido.

¿A que sí, Jesús? (JESÚS) Sí.

(JONATHAN) Sí. -¿Por qué dices eso?

Pues porque no fui claro.

No fui claro y no le dije que los pastelitos llevaban...

marihuana.

Tampoco pensé que se los llevaría, ¿eh?

Y mucho menos, que se los comería.

No tienes vergüenza.

-¿Por qué? ¿No oyes lo que dice el muchacho?

-Es asqueroso que le hagas mentir por ti. ¿Qué le has dado? ¿Eh?

¿Lo has amenazado con echarlo?

¿O le vas a dar un sobresueldo? -Ya estamos.

No me ha ofrecido nada. Jesús no... -Basta.

No voy a perder más tiempo con excusas y con mentiras.

Si quieres que estemos en paz, deja tranquila mi madre.

(Tacones alejándose)

No sabía que las cosas podían empeorar,

pero lo has conseguido.

Enhorabuena.

(ROSA CARRASPEA)

Rosa...

Tenemos que hablar. No podemos seguir así,

fingiendo que no haya pasado nada. -Sí.

Tienes... Tienes razón.

Deberíamos aclarar lo que pasó, ¿no? (PAOLO) Sí.

Eh... Pero entiéndeme,

es que para mí fue muy violento y...

yo preferiría no hablar de esto, ¿sabes?

Rosa, yo lo siento muchísimo.

Intenté llamarte para decírtelo, pero no contestaste al teléfono.

Ya... -Y, si estás enfadada,

yo lo entiendo perfectamente, pero...

Mira, eh...

No... No contesté porque es que no sé qué decirte,

Paolo.

El beso me pilló de improviso, ¿sabes?, y...

Bueno, eh...

me he sentido muy incómoda.

Lo siento, de verdad, si he hecho algo

que te ha llevado a pensar... -No...

-...que entre tú y yo... -No hiciste nada.

No, fue toda mi culpa.

No pensaba con claridad, no...

no sabía lo que hacía.

Lo siento.

Sé que pasas por un mal momento, y quiero apoyarte,

pero es que no voy a poder hacerlo

si malinterpretas las cosas de esta manera.

(PAOLO) Ya...

Fue una falta de respeto muy grande y... y te pido perdón.

Te aseguro que no se volverá a repetir.

Es que... yo no sé cómo explicártelo.

Pero... fue muy raro,

porque yo estaba pensando en Cristina.

Y tú yo bebimos algo, ¿no? Y... y me confundí.

Y por un momento fue como si... si tú fueras Cristina.

En fin, que... que lo siento mucho, la verdad.

Y...

te pido perdón.

Pues acepto las disculpas, y confío en ti, ¿eh?

No quiero perder a mi mejor amigo

y muchísimo menos este trabajo por un momento de debilidad.

"Grazie, Rosa, grazie mille. Grazie di cuore, veramente".

Dios, ¿vas a empezar con las clases de italiano a esta hora?

Es que tú eres la mejor amiga que se pueda desear.

Ven aquí.

(ROSA) Oye, Paolo, eh...

Perdona, Rosa, perdona. No...

Que es una broma, por favor.

A ver si ahora tampoco nos vamos a poder abrazar. Ven aquí.

(SUSPIRA) Te he echado mucho de menos.

Y yo a ti.

David, mi vida, ¿qué haces aquí? ¿Ha pasado algo en clase?

No.

¿Entonces?

No me digas que sigues preocupado por mí por lo que pasó anoche.

¿Por qué iba a estar preocupado? Ya me dijiste que estabas bien.

¿Entonces qué pasa? ¿Has discutido con algún compañero?

No. Solo le he pedido al profesor que me dejase marchar antes.

No estaba concentrado, y no iba a estar en clase

si no estoy pensando en lo que tengo que pensar.

Vale, ¿y en qué estabas pensando, si se puede saber?

Es que no me podía sacar de la cabeza lo que pasó con Marcos

y las cosas que le dijo a Jorge.

Cariño, Marcos es su hijo y estaba enfadado.

Y cuando las personas están enfadadas,

dicen lo primero que se les viene a la cabeza, sin pensar.

Pero le tiene mucho rencor a su padre.

Dijo que era una mala persona y que se aprovechaba de los demás.

¿Y tú crees que eso es cierto?

No lo sé. Nunca ha sido así conmigo.

¿Y por qué no confías

en la experiencia que tienes tú con Jorge?

Y que no te importe lo que piensen los demás.

Mira, cariño, el mundo es muy complejo

y las personas somos muy contradictorias.

Y a veces, la vida te pone en unas circunstancias complicadas

y nos vemos obligados a hacer cosas...

que jamás pensábamos que seríamos capaces de hacer.

Bueno, supongo que eso es lo que nos convierte en humanos, ¿no?

(DAVID) ¿Las contradicciones nos hacen humanos?

Ajá. Y los errores, las imperfecciones,

también la generosidad, el instinto de superación...

Bueno.

Y las matemáticas,

porque los animales no pueden contar.

(RÍE)

Sí, supongo que las matemáticas también.

De todas formas, cariño...

que Marcos se haya enfadado con su padre

no significa que Jorge sea mala persona.

De eso estoy totalmente segura. ¿Y cómo estás tan segura?

Porque la mayoría de las personas no somos ni buenos ni malos, David.

Simplemente, intentamos sobrevivir como buenamente podemos.

Y porque todos, todos nos equivocamos.

Hola.

Hola. David, qué bien que estés aquí.

Pensé que igual te pillaba en el cole.

Verás, eh... esta mañana me he levantado con tiempo

y me he puesto a cocinar, y...

esto es para ti.

Buenos días.

Solo venía a saludar. Prometo no molestar mucho.

Qué va, que tu no molestas, Nacho.

Rosa, eh... yo...

yo voy a rellenar neveras.

¿Cómo estás, cariño? -Hola, cariño. Pues, eh...

ahora bien, pero he estado revuelto del estómago, ¿sabes?

¿Cómo no me has dicho nada, cielo? ¿Por qué no te has quedado en casa?

Se me ha pasado ya. Estoy bien. -¿Seguro?

Porque nunca te has comido las uñas como ahora.

Y tampoco has tenido insomnio, ¿sabes?

Bueno, supongo que me está afectando la ansiedad.

Pero bueno, nada que no pueda controlar.

(ROSA SUSPIRA) ¿Sabes?

Cuando haces estas cosas, me echas de tu lado.

Tú mismo esta mañana me has dicho

que nada ni nadie se iba a interponer entre nosotros.

¿Por qué dices eso? ¿Qué he hecho? (ROSA) Fingir que no pasa nada.

Como cuando me ocultaste que habías perdido el trabajo.

A ver, no es que quiera apartarte, Rosa.

Pero tampoco quiero que pienses que soy un fracasado.

Oh, venga. Deja de decir esas cosas, por favor.

Pase lo que pase, nunca vas a ser un fracasado para mí.

¿Y si no vuelvo a conseguir un trabajo?

Las cosas están complicadas, y...

más ahora que se valora más la juventud que la experiencia.

Pues sí, están complicadas. Sí.

Pero no es culpa de nadie, cariño.

Y te digo una cosa, estás haciendo todo lo que puedes.

¿No? Pues lo único que queda es tener paciencia y confiar.

El tiempo juega en mi contra, ¿sabes?

Cuánto más tarde en salir un proyecto,

más difícil será que lo consiga.

Y si estás fuera del circuito, nadie te quiere.

Estás acabado.

Ay, no digas tonterías, cariño. Pero ¿cómo vas a estar acabado?

¿Eh, mi amor?

¿Por qué no te apoyas en mí?

Yo sé que, juntos, vamos a encontrar la manera de salir adelante.

Odio que me veas así.

Tú te mereces algo mejor.

No digas esas cosas.

Apóyate en mí, confía en mí, cariño.

Déjame que esté a tu lado.

Déjame que te demuestre lo mucho que te quiero.

Es mi receta especial de los huevos benedictinos.

Te encantan, ¿no?

Gracias, pero ya he desayunado. Y tengo que ir a clase.

Vale.

Lo siento. Sigue afectado por lo que ha pasado con Marcos.

Pero no te preocupes porque se le va a pasar. Seguro.

Oye, Celia, eh... lo siento.

Mi hijo se portó como un energúmeno.

Y siento no haber llegado a tiempo de evitar el empujón.

Mira, lo que más le ha afectado no es el empujón.

Lo que pasa es que David te quiere.

Y te quiere mucho.

Y está descolocado porque...

no termina de entender la imagen que Marcos tiene de ti.

Bueno, le he dado muchos motivos para que tenga esa imagen de mí.

Y todavía me queda mucho por demostrarle

hasta que llegue a perdonarme. Lo entiendo.

A David le cuesta entender que las personas tienen contradicciones,

sobre todo las personas a las que quiere.

Siento mucho haberlo confundido más.

Pues no lo sientas.

Debe aprender que la vida no es ni blanco ni negro,

y que la gente tiene defectos.

Esto que ha pasado lo ayudará a entenderlo mejor.

Ya está.

Eres una madre estupenda.

Bueno.

David tiene suerte de tenerte a su lado.

No digas eso.

Seguro que si supiera todas las cosas que hago, me repudiaría.

No, no lo creo. David te adora.

Oye, eh... ¿qué te parece si me lo llevo a comer

y le explico un poco todo lo ocurrido y charlamos un rato?

No, no. Te lo agradezco, pero...

¿Sabes? Creo que lo que debes hacer es arreglar las cosas con tu hijo.

Para que no se vuelva a ir de tu lado.

Sí, tienes razón.

Además, con David, hablo yo. Así que... no te preocupes.

Lo que más lo va a tranquilizar es saber que os habéis reconciliado.

Genial.

Gracias.

¿No abres el puesto?

No. (CARRASPEA)

Tengo algo más importante que hacer.

¿Qué? Nada de nada, ¿no?

No está en el hotel ni en La Fanega.

No sé dónde se ha metido. Parece que se lo ha tragado la tierra.

Con lo que me dijo Carolina, temo que haga una tontería.

No, no, no. Seguro que no, ya verás.

(Móvil)

Y esa cara, ¿por qué? ¿Quién es?

Un viejo conocido.

(Móvil)

Un periodista especializado en alta cocina.

Hugo.

¿Qué tal, hombre? Cuánto tiempo. ¿En qué puedo ayudarte?

Sí, muchas gracias. Muy bien.

Estoy disfrutando mucho de esta nueva etapa en el mercado, sí.

Claro, sigo vinculado con La Fanega,

es el restaurante de mi hijo.

Oye, verás, no sé qué has oído, pero estoy absolutamente orgulloso

del trabajo de Carolina y de Marcos en La Fanega.

Sigue siendo un referente de la alta cocina en España.

Vale, pues, nada más. Esa es mi opinión. Ya la tienes.

Te dejo, ¿eh? Que tengo lío. Chao.

Buscaba carroña.

Al parecer, ha oído que el chef de La Fanega tiene problemas

y quería tantearme.

Tú has estado muy bien, has mantenido el tipo, cariño.

No, este tío no va a parar.

Si no saca el titular de mí, lo sacará de otro.

No va a dejar correr la noticia. No.

Este imbécil es capaz de destrozar la reputación de mi hijo.

Bueno, pero aunque lo haga,

Marcos puede volver a ganarse el respeto de los demás.

Es un gran cocinero, y tú estás con él.

(Móvil)

Carol, sí te iba a llamar ahora.

Es que es imposible esperar a mañana.

Porque nosotras nos hemos comprometido con nuestra clienta

a entregar el pedido hoy, y usted...

Sí, sí, sí, usted, usted, se ha comprometido con nosotras.

Ya, pero es que a mí me dan igual las averías, los problemas.

Si no tiene furgonetas, alquile una.

Muy bien, pues entonces,

acaba de quedarse sin un par de buenas clientas. Muchas gracias.

No me digas que no tenemos transportista.

Vamos a tener que alquilar una furgoneta.

La verdad, es la única solución que se me ocurre.

Ay, Dios.

Buenos días.

Perdonad, pero es que es inevitable no escuchar los gritos desde casa.

Me estoy metiendo donde no me llaman,

sé que no tengo por qué hacer esto, que necesitáis mi ayuda, etcétera.

Pero que no me cuesta ningún trabajo,

que yo levanto el teléfono y consigo un transportista.

Está bien. Hazlo, por favor. Voy.

Adela, a mí, todo esto, tampoco me hace gracia,

pero, bueno, es un favor.

No le demos importancia, vamos a intentar normalizar las cosas.

No. No es tan fácil, Celia.

Yo conozco a mi marido y sé que sabe cobrarse los favores.

Pero contigo es distinto.

Él quiere recuperarte,

y tú no te das cuenta, pero juegas con ventaja, Adela.

Solucionado.

"Habemus" furgoneta. Lo que no tengo es conductor.

¿Tú te ves capaz? ¿Yo?

Yo no. Bueno...

No me meto donde no me llaman, pero conozco cómo conduce mi mujer.

Tengo la furgoneta vieja, la del embrague.

Vale.

Hoy tengo la mañana tranquila.

Si queréis, puedo hacer yo de conductor, si no os ofende.

No, al contrario... Te lo agradeceríamos. Sí.

Pero alguien se viene conmigo, una de las dos.

Yo solo no me como el marrón del reparto.

Adela va. Yo no...

Yo me quedo haciendo cestas. A mí me da igual.

A mí me vale cualquiera de las dos. La que vosotras queráis.

Voy a por la furgoneta y la que venga que me espere aquí.

Enseguida vengo.

Celia, ya sé que no te lo tendría que pedir,

pero necesito que lo hagas por mí.

No quiero quedarme a solas con Elías.

Ya, pero ¿no hablábamos de normalizar las cosas?

Sí, lo sé, pero es que no puedo.

No estoy preparada, es demasiado pronto.

Le he contado el momento de agresividad de Marcos, y...

y no lo ha sorprendido.

Al parecer, con ella también los tiene.

Sobre todo cuando coge dinero de la caja

y desaparece unos días porque se va de fiesta.

Con Xavi.

El chico aquel que despidieron de La Fanega porque consumía coca.

(SUSPIRA) Está claro, ¿no?

Pues sí. Lo siento, pero todo apunta a que sí.

Desgraciadamente, yo me reconozco en ese comportamiento.

Deberías haber estado más presente.

Debería haber estado allí con él.

Lorena...

sé lo que es dejar la coca.

Y sé lo por lo que va a pasar mi hijo.

¿Es que tú...?

¿Tú consumías?

Sí, durante un tiempo sí.

Fue una mala racha y luego lo dejé.

¿Y cuánto duró esa racha?

No, no mucho.

Decidí cortar por lo sano y salí de ahí.

Pero sé lo que cuesta.

Por eso me duele ver a mi hijo así.

Germán.

Germán.

(GERMÁN) Si subes un poco la esquina superior derecha,

te queda cuadradísimo.

No es un cuadro, es un cartel informativo.

Solo pretendía ayudar. Pensaba que eras un perfeccionista.

Lo soy, pero valoro mucho mi tiempo

y sé diferenciar dónde merece la pena invertirlo y dónde no.

Oye, ¿adónde vas?

Espera, que he venido para hablar contigo.

Te lo he dicho: valoro mucho mi tiempo. Adiós.

¿Por qué no quieres hablar conmigo? ¿Qué te pasa?

Así es, no quiero hablar contigo.

Y no tengo darte explicaciones, igual que tú no me las das a mí.

Mira, siento si te molestó la forma en la que me marché ayer, pero...

te pedí que confiaras en mí.

Por favor, es por un buen motivo.

Está bien. ¿Cuál es?

Te he pedido que confíes en mí, por favor.

Confié en ti al abrirte mi corazón y contarte lo de mi contagio.

Pero enseguida conseguiste que me arrepintiera.

¿Por qué? ¿Por qué? Es que no lo entiendo.

Lo entiendes perfectamente, Germán, pero no quieres reconocerlo.

Te fuiste corriendo porque te asustaste.

Te dio pánico intimar con un seropositivo

y te inventaste una excusa. -Eso es mentira.

(JAVIER) No lo tienes por qué justificar ni por qué defenderte.

Es normal, le pasa a mucha gente.

Fue mi culpa por creer que iba a ser diferente.

-Claro. No, no tengo que defenderme porque es mentira,

y me ofende que pienses eso. -Si estoy tan equivocado,

explícame por qué te fuiste corriendo a medio enrollarnos.

Y si pudiera contártelo, ya lo habría hecho, pero no puedo.

Entonces, yo tampoco puedo creerte.

Hola, pareja. Siento interrumpir,

pero necesito que me eche una mano con las cajas de las cestas.

Claro, Adela. No, no interrumpes.

Germán y yo no tenemos nada más de lo que hablar.

¿Qué ha pasado? ¿Habéis tenido algún problema?

Eh... Sí.

Hemos discutido porque no organiza bien las descargas en el muelle.

Da prioridad a otros camiones y los míos sufren retrasos.

Ajá, ya veo...

Pero me extraña que Javier se enfade tanto por un problema así.

Tendrá un mal día, ¿no? Pues mira, ya somos dos.

Oye, pues déjame que hable con él.

Nos entendemos y seguramente, yo lo puedo convencer.

No, mamá. No quiero que hables con él. Es algo entre nosotros dos.

Está bien, está bien, no le diré nada, tranquilo.

Pero espero que me puedas explicar

por qué te preocupa que hable con él.

No te puedo explicar nada más,

y no te puedo ayudar ahora porque tengo cosas que hacer. Lo siento.

Oye, Ger...

Creo que con estas cajas es suficiente para un primer viaje.

¿No te parece? Sí, y...

Bien. ¿Y mi mujer dónde está?

¿Dónde está Adela?

Eh... Al final, no va a venir. Me ha pedido que te acompañe.

Ya. Imagino que no quiere pasar mucho tiempo conmigo, ¿no?

No lo sé. Eso se lo tendrás que preguntar a ella.

A mí me ha pedido que le haga el favor, y...

la verdad es que tampoco me hace mucha gracia.

Bueno, pues...

Dame, dame, dame, dame. Dame. Vale.

Espera, que te abro la puerta.

Come algo, mi niño. A ver si me alegras la cara.

¿Tanto se me nota?

Que eres igual que tu tía, hijo, o una lagartija o un alma en pena.

No puedes disimular, mi amor.

Venga, dime, qué te pasa.

(GERMÁN SUSPIRA) Nada...

Problemas en el curro que no me apetece hablar.

¿Quieres que hable con tu padre?

Porque sigo siendo su hermana favorita.

Ya. Ya lo sé. Gracias.

Pero prefiero reservarme esa baza.

Ah, vale.

Es que es un marrón en el que te ha metido tu padre.

Estás así por él, ¿no?

Y no quieres que hable con él

porque no quieres que piense que no lo puedes superar tú solo.

Sí. Es eso.

Bueno...

Javier, Javier.

¿Tienes un momento? Quería pedirte un favor.

Claro. Dime.

Eh... he pedido el traslado a la subcontrata de limpieza y...

y nada, quería pedirte que agilizaras el trámite.

¿Y eso? ¿Es algún problema con los horarios u otra cosa?

Te puedo ayudar. Me daría pena que te fueras.

No tiene nada que ver con los horarios, y...

y no me puedes ayudar.

Yo solo quiero irme de aquí ya.

Y... es un tema... un tema personal.

Está bien.

Hablo con la contrata y...

intento agilizar el trámite para tu traslado.

Te vamos a echar de menos. (SAMUEL) No.

No tienes que llamar a nadie.

No te metas, no es asunto tuyo.

Carla no tiene que renunciar, soy yo el que se va.

Hoy te presento mi dimisión. (CARLA) Pero tú, tío,

¿de qué vas?

¿Te crees que eres un héroe o algo así?

¿Crees que me voy a poner a llorar como una niña pequeña?

Eres patético, chaval.

Mira, me da igual lo que hagas.

Yo solo lo que voy a hacer es alejarme de ti y de este mercado,

porque no te quiero volver a ver en mi vida.

(JAVIER) Está claro que tenéis problemas,

y lo mejor es no tomar decisiones en caliente.

¿Por qué no os tomáis un tiempo y aparecerá una solución?

¡No, no, no, no! Es que aquí no hay una solución posible.

¿Sabes por qué? (SAMUEL) Por favor.

¿Qué pasa? Samu. ¿Que no quieres que sepa la verdad?

¿Quieres que todo el mundo siga culpando a otro

de lo que tú has hecho?

(JAVIER) Id a mi despacho. Allí podéis hablar.

(CARLA) ¿Sabes qué pasa? No me apetece. No quiero esperar.

Quiero que todos se enteren

de por qué él y yo no podemos solucionar las cosas.

Carla. -¡Samuel es el borracho y drogata

que conducía el coche que mató a mi hermana!

¡Es así! Y no quiero... -Por favor.

(CARLA) ¡Cállate!

No te quiero volver a oír.

¡Todo el mundo merece saber la verdad!

Tú conducías. Tú la mataste.

No dejes que nadie te arrebate ese recuerdo.

Ya...

Es que no lo puedo evitar.

No lo puedo evitar, me siento fatal

por todas las veces que he pensado en José al volante de ese coche...

matándose y matando a la hermana de Carla,

y... y todo era mentira.

Para mí, lo más importante es irme del mercado cuanto antes.

Pues no podría ser hasta dentro de 15 días.

Sería para ir a una fábrica en Boadilla, turno de noche.

Buf, está superlejos. ¿Y por qué dos semanas?

Sustituirías a una mujer de baja por maternidad.

No la coge hasta dentro de 15 días.

(SUSPIRA)

Vale, si es lo que hay, sí.

Jesús, deberíamos posponerlo.

Mira, aunque me fastidie, tienes razón.

Tendríamos que esperar unos días a que se calmen las cosas...

para comunicarles nuestra decisión.

No, no, no me estás entendiendo.

No hablo de posponerlo, hablo de nuestros planes.

¿Lo de irnos a vivir juntos? (VALERIA) Sí.

Lorena, voy a ayudar a mi hijo, quiera o no.

Lo sacaré de esto aunque sea a rastras.

No le puedes pedir a un padre que se quede sin hacer nada.

Si fueras madre, lo entenderías.

Bueno, no soy madre, pero... tengo empatía, ¿no?

Puedo entender lo que sientes.

Ahora no tengo a nadie que me apoyen ni mi madre.

Ya... Ya sé que la detuvieron aquí, en el mercado.

Germán, mi vida es una mierda.

Una gran mierda.

¿Carla Rivas?

¿Podemos hablar un momento?

Es sobre su madre.

Está bien. Mira, no me apetece ir a esa maldita fiesta...

porque no quiero que mis compañeros de la facultad

me restrieguen sus magníficos trabajos

y sus estupendos sueldos.

Carlos también me ha dicho que... bueno, que hay muchos críticos

que están deseando tener la oportunidad de atacar a Marcos

por su trabajo en La Fanega.

Guau, no sabía que en el mundo de la cocina,

la prensa fuera tan importante.

¿En la restauración?

Un periodista influyente puede hundir tu negocio

con una sola mala crítica. Ya.

Mucha presión. Sí.

Pero no voy a dejar que toquen a Marcos.

Ni que hundan La Fanega.

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Mercado Central - Capítulo 73

08 ene 2020

Tras el incidente con los pastelillos del amor, Carmen no quiere que Jesús se acerque a Valeria. Jesús, por su parte, pide a Jonathan que aclare con Carmen que él no quiso drogarla conscientemente.
Carla no quiere saber nada de Samuel tras la brutal confesión. Carmen y Nicolás se enteran de lo ocurrido y vuelven a acogerle en casa.
Elías y Celia intentan mantener las distancias tras su encuentro sexual, pero ambos son conscientes de que la tarea será ardua.
David siente rechazo hacia Jorge tras el incidente con Marcos. El chef no localiza a su hijo y es consciente, al igual que Lorena, de que no será fácil ayudarle.
Javier cree que Germán le rechaza por ser seropositivo y le pide que se aleje de él.
Carla confiesa en pleno mercado la verdad sobre Samuel.

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