Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 72 - ver ahora
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No puedo abusar del dulce. -¡Pero son "light"!

Están hechos con sativa.

¿Con qué? -Con ese edulcorante natural

que sale de una planta.

Ah. Querrás decir con estevia.

Como se llame. Toma mordisquito.

¿Otro?

¿Qué pasa? -Nada, que...

me he acordado de que tengo una reunión ahora mismo.

Se me había olvidado. -Ah, ¿y nuestra comida?

Tendrá que esperar, ¿vale? -Vale, ok.

¡Te odio!

Me escuchas, ¿verdad? ¡Te odio!

¡Andrea!

¡Andrea!

Paolo, eh.

Paolo, vale, ¿eh?

Está rallado. No sabe lo que dice.

No se lo tengas en cuenta, por favor.

Pero ¿cómo se va a venir a vivir aquí

si hace diez minutos ni os hablabais

y ahora vais a vivir juntos? Vosotros estáis fatal.

Os estáis comportando como niños.

No sabéis bien con quién os estáis metiendo.

Os voy a hundir a las dos, ¿me oyes? Mira, cállate ya.

Vas a hacer lo que teníamos acordado, ¿vale?

A ver si aprendes a cumplir con tu palabra

y a no meter mano a mujeres que no te dan su consentimiento.

500 cestas o le envío las pruebas a tu mujer.

Nos vamos a Valladolid. En cuanto pasen las fiestas.

Estaremos el tiempo que sea necesario

y lo haremos hasta que quede perfecto.

Luego yo volveré al Mercado,

volveré a mi vida.

De la que espero que no salgas, Marcos.

Rosa, si quieres te paso el teléfono de los dos.

Estoy seguro de que estarán encantados

de aclararte cualquier duda.

Toma.

Toma, llama.

No hace falta.

Lamento que en un momento tan complicado para mí,

cuando me han echado del trabajo,

cuando más necesitaba el apoyo de los míos,

encontrarme, en cambio, toda esta desconfianza.

Muchas gracias, Matilde.

Ya verás qué bueno te sale el lechazo.

Vas a triunfar. Son buenísimos. De Segovia me los traen.

Gracias. -Hasta luego, guapa.

Hola, Carmen. -Hola.

¿Has visto a Javier? No lo encuentro por ningún lado.

Por aquí no ha pasado. -Vale.

Si lo ves, dile que lo estoy buscando. Es importante.

Oye, tu madre, ¿cómo está?

El otro día estuvimos charlando y estaba muy entera,

pero imagino que la procesión va por dentro.

Mi madre está muy animada y disfrutando de su nuevo negocio.

Qué bien, está bien que tenga una ilusión en la que centrarse.

¿Y tú cómo estás?

¿Yo? Muy bueno. Como siempre. Ya ves.

(RÍE) Ya te veo, ya. Tú eres igual que tu madre,

igual de duro, pero también igual de sensible,

a mí no me engañas. -Gracias por preocuparte, de verdad,

pero no es necesario.

Ahora que mi madre y tu abuelo están juntos,

que sepas que aquí tienes una familia para lo que necesites.

Los hijos siempre son los que más sufren con los divorcios.

Ya me imagino. Pero no lo sé, la verdad,

porque mis padres no se han divorciado.

¿No han firmado nada todavía? Qué alegría me das.

Ya tienes la exclusiva que buscabas,

los de La Cruz no se han divorciado.

Supongo que los cotillas del Mercado están deseando escucharte..

Me intereso con la mejor de las intenciones.

Sé que tienes buena intención

y también que no vas a poder evitar contárselo a todo el mundo.

Que tú a mí tampoco me engañas.

¿Me puede dejar la llave del baño?

Los baños son de uso exclusivo de los clientes,

así que tendrá que consumir.

Si quiere, le pongo salchichas, que están muy buenas.

Vaya usted y se las voy preparando. ¿Cuánto le pongo?

Medio kilo. -No, un kilito mejor,

que salen muy buenas. Venga. (CHASQUEA LA LENGUA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pero qué morro le echas, guapa. -Morro, ¿por qué?

Los baños no son públicos, con para los clientes.

Lo único que hago es que se cumpla la norma.

Ya, ¿y si quieren comprar aguacates?

¿No tienen derecho a ir al baño las clientas vegetarianas?

Te aprovechas de esa llave para vender.

Encima que me hago responsable de la dichosa llavecita

y os hago un favor a todos. No tengo por qué aguantar...

¡Javier, Javier! -Oye, ¿adónde vas?

¡No me dejes con la palabra en la boca!

¿Qué tal la reunión? -Bien.

Al final se ha complicado

y tenemos que volver a reunirnos ahora otra vez.

Te invito a un café y me cuentas. Tenemos una conversación pendiente.

Bueno, no es buen momento.

Tengo que coger cosas del despacho y volver.

Te acompaño y me cuentas.

No es buen momento para que hablemos.

Lo siento, en otro momento. -Pues nada,

ya espero a que termines la reunión

y me expliques por qué saliste corriendo después de que te besara.

Me marcho. Adiós.

(Móvil)

(Móvil)

¿Carolina?

Carol, ¿qué tal, cómo estás?

Sí, sí, mucho tiempo.

También le he preguntado a Marcos por ti.

Tenía ganas de hablar contigo.

Bien, bueno...

Sí, nos está sirviendo para cerrar viejas heridas

y pasar tiempo juntos, ya sabes.

Espera, no lo entiendo. ¿Cómo que no sabías que estaba aquí?

¿Desde cuándo?

Ya, lo siento, lo siento.

Siento que nuestro hijo esté repitiendo mis mismos errores.

Lo siento.

Lo sé y no volverá a ocurrir.

Ya os dejé tirados una vez y...

Podéis contar conmigo para lo que queráis, te lo prometo.

Claro, hablaré con él, con lo que sea te llamo.

Vale, chao.

¿Qué pasa con tu hijo?

Mi hijo esta descontrolado.

Al parecer unos empleados de La Fanega se están despidiendo

porque no soportan la actitud de mi hijo

y entre ellos está su novia.

Es la repostera del restaurante

y está a punto de aceptar otro curro en otro restaurante.

Bueno...

Tu hijo está superado. Tocará fondo y reaccionará.

Sí, y será demasiado tarde.

Sé exactamente por lo que va a pasar y cómo se va a sentir.

Mi hijo está tirando su vida por la borda

por haber heredado el carácter obsesivo de su padre.

Bastante tienes con culparte de tu propia vida.

No puedes responsabilizarte de las elecciones de los demás.

Está cometiendo mis mismos errores, lo mismo, clavadito.

Deja que su autoestima dependa de su éxito profesional

y olvida lo que de verdad importa.

Explícaselo. Díselo así, seguro que te escucha.

Mi hijo no va a escuchar a nadie.

Ahora mismo lo que tiene en la cabeza es tener una buena crítica

y no creo que nada ni nadie le vaya a apartar de ese camino.

Y lo está arriesgando todo.

Hasta su salud.

¿A qué te refieres?

(LUIS) Debí mantenerme apartado,

no tenía derecho a meterme en los problemas entre tus padres.

Qué va. Intentabas ayudar. Y no fue culpa tuya.

Todos pensamos lo mismo al ver las fotos

y queríamos enseñárselas. -Ya.

Pero solo he conseguido empeorar las cosas

y darle más credibilidad a tu padre a los ojos de tu madre.

No es la primera vez, Luis.

Él siempre le da la vuelta a todo y al final sale ganando él.

La culpa es mía por volver a subestimarlo.

¿Tú crees que lo tenía todo planeado desde el principio?

Lo que creo es que ha jugado a poner celosa a mi madre

para luego hacerle creer que está loca.

Y, como siempre, lo ha conseguido. -He sido un estúpido.

Caí en su trampa y os arrastré a las dos.

Que no, Luis, deja de machacarte, por favor.

Mi padre es un profesional de la manipulación.

Tiene a todo el mundo engañado.

A todos, menos a ti.

Eres la única capaz de verlo de verdad.

Y la única capaz de ayudar a tu madre.

No te preocupes, no te lo voy a poner difícil, te lo prometo.

Lo siento.

Nada me gustaría más que irme contigo, Luis, pero no puedo.

No puedo dejarla aquí e irme tan lejos.

Lo entiendo y lo respeto. Yo haría lo mismo si fuera mi madre.

¿No estás enfadado?

¿Cómo voy a estar enfadado? Al contrario.

Todo esto hace que me enamore más de ti.

No te hagas la sorprendida.

Que no me vaya contigo no significa que tengamos que dejarlo.

No sé, podemos hacer videollamadas

y cuando pueda, iré a verte.

Mira, yo tampoco me quiero despedir,

pero las relaciones a distancia son más difícil de lo que parecen.

Y no voy a condenarte a algo que sé que no va a funcionar.

No es justo que nos hagamos esto.

Al final acabarías cansándote de esperar y no tiene sentido.

¿Por qué lo tienes tan claro?

Porque ya lo he vivido.

Quiero que puedas seguir con tu vida

sin sentirte atada a alguien que no está a tu lado

y que no te puede dar lo que necesitas.

La vida es larga y los dos vamos a ser fotógrafos de éxito.

Nos volveremos a encontrar

y, si tú quieres, pues...

podremos intentarlo.

No hace mucho echaron del restaurante a Xavi,

un chico joven, ayudante de cocina,

por consumir coca.

Carol me ha dicho que Marcos pasa mucho tiempo con él.

Eso no significa, necesariamente, que tu hijo consuma.

A eso hay que sumarle sus repentinos cambios de humor,

horas de trabajo sin dormir.

Es evidente que todo apunta a eso.

Lo siento.

Cuando perdí a mi familia,

creí que ya había pagado por mis errores del pasado.

Nunca imaginé que mi hijo tuviera que sufrir las consecuencias.

Tu hijo va a salir adelante. Tú le has enseñado.

Él ha visto cómo has tocado fondo y te has levantado.

Lo va a aprender de ti.

Ya.

Es la nueva creación de tu hijo. Me ha pedido que la pruebes.

Lo único que quiero hacer es estampar esta tapa contra el suelo

y sacar a mi hijo de la droga, aunque sea a rastras.

No, Jorge, esa no es la manera.

Sé lo que es estar enganchada

y que traten de ayudarte sin haberlo pedido.

Al final te aíslas más.

Me tengo que ir.

Ahora te veo.

¿Dónde se ha metido esta mujer?

¿Qué pasa? ¿Ya ni saludas?

No pensé que fuéramos a perder la educación, Elías.

Perdona, no te había visto.

De todas formas, según tengo entendido,

seguíais enfadadas tu socia y tú conmigo por haberos ofendido.

Simplemente por brindaros mi ayuda.

Olvídalo, más valía no saludarte. Ha sido una pérdida de tiempo.

Adela,

que no es contigo, es con mi padre.

¿Otra vez?

Deberíais ser capaces de trabajar juntos sin pelearos por todo.

No, no es por trabajo.

Se ha vuelto loco.

¿Qué? Se ha vuelto loco, Adela.

Ahora me viene con que quiere que Valeria se vaya a vivir a casa.

Ahora que se han arreglado no quieren perder el tiempo.

Es lógico, ¿no? ¡Es una locura!

Hace dos días ni se hablaban

y ahora, de buenas a primeras, se van a vivir juntos.

No sabe si se puede fiar de ella. Parecen dos adolescentes.

Elías, están enamorados y ya tienen edad para lanzarse.

Confía en tu padre y déjale disfrutar de su momento.

Que confié en ellos, ¿no? Sí.

Tú no has visto el cuadro que me encontrado en casa.

Valeria con tu bata puesta y las zapatillas de Lorena.

Borrachos, diciendo tonterías

riéndose a carcajadas y dándome la noticia con una sonrisa de...

(RÍE A CARCAJADAS)

Perdón, pero me habría gustado verlos.

Gracias por reírte también de mí, ha sido de gran ayuda.

Oye, tampoco te lo tomes así.

Prueba esta.

Tiene un toque más cítrico que la que te dio Lorena.

Vale.

¿Qué tal?

Me gusta la mezcla de texturas y el sabor final que deja en la boca.

Sí, pero le falta algo.

Aquí estoy muy limitado.

Cuando estemos en La Fanega, podremos innovar más.

Puedo añadirle esferificaciones de frutos rojos.

Los detalles son clave para conseguir una buena crítica

y quién sabe si una estrella.

Ya, y después ¿qué? ¿Qué será lo siguiente?

Pasaremos al siguiente nivel.

Piensa que tú y yo juntos somos imparables.

Conseguiremos otra crítica de Carlos Rey

e iremos a por la siguiente y a por la otra.

Como un cohete para arriba. No pararemos.

¿Y hasta cuándo, Marcos?

¿Dónde está el límite?

No es momento de ponerse límites, ¿no crees?

Yo creo que sí.

Y creo que hace mucho que has pasado por ellos,

pero no ves las señales.

¿Qué señales?

Tu novia, que está a punto de dejarte.

O los empleados de La Fanega que dejan el restaurante

porque no soportan la forma que tienes de hacer las cosas.

¡No tienes ni idea de lo que estás hablando!

Sí tengo, Marcos.

También sé el tiempo que pasas con Xavi,

ese amigo tuyo que decidió “automedicarse”

con sustancias ilegales.

¿Estás hablando en serio?

¿Vas a jugar al padre responsable a estas alturas?

Un poco tarde, ¿no crees? Sí, no, no.

No soy ningún ejemplo de padre modélico, desde luego.

Pero tienes la oportunidad de hacer las cosas mejor que yo.

Puedes reaccionar y recuperar tu vida.

Dios de mi vida, estás usando las mismas palabras que mamá.

Exactamente las mismas palabras. ¿Lleváis años sin hablar

y os habéis puesto de acuerdo para confabular contra mí?

¿Confabular? ¿Eso es lo que crees, Marcos?

Somos tus padres, te queremos y nos preocupamos por ti.

Ni siquiera me preguntas mi versión.

Te has limitado a creerte lo que te ha contado ella,

como si no supieras lo manipuladora que es.

¿Manipuladora? ¿De qué hablas?

¿Por qué te crees que me pasé tanto tiempo sin hablar contigo?

Fue ella quien me puso en tu contra.

Eso no solo no es verdad, sino que es injusto.

Lo que es injusto es que me culpes de perder a mis empleados.

Eran unos vagos

que no tenían la intención de comprometerse con La Fanega.

Vamos a hacer una cosa.

Nos sentamos en una mesa y charlamos.

Si quieres charlar, lo haremos camino a La Fanega.

No.

¿No? No voy a hacer eso, Marcos.

Puede que sea responsable de lo que te está pasando,

pero no voy a ser tu cómplice.

¿Vas a volver a dejarme tirado? No, solo quiero que frenes

y que recuperes tu vida.

Luego vamos a por una estrella, las que quieras,

Pero lo hacemos bien. ¿Hacerlo bien?

¿Tú sabes las horas que llevo aquí invertidas?

¿Lo que he sacrificado? Eso es hacerlo bien.

No pienso tirar la toalla. Por favor, confía en mí.

Sé lo que es perderlo todo por una obsesión.

Nunca tendrás suficiente.

Sé de lo que hablo, por favor. Ya está.

Recupera tu vida, eres joven. ¡Stop!

¡No!

Ya está.

Es culpa mía. Soy un idiota por creer que podría confiar en ti.

Te juro que no lo volveré a hacer.

¡El caradura es usted!

¡Si quiere usar el baño gratis, se va a su casa!

Anda ya.

Carmen, cálmate un poco. No puedes tratar así a la gente.

¿Que me calme? ¡Pero si me ha insultado!

En vez de defenderlo deberías partirle la cara.

Tranquila que me he quedado con su cara.

No voy ahora a meterle porque tengo mucho lío.

Si no, se iba a enterar. -No tiene ni pizca gracia.

No te hará gracia lo que te voy a decir.

Tienes que darme la llave del baño. No paro de recibir quejas

de clientes y de comerciantes. Esto se tiene que acabar.

Eso sí que tiene gracia. No, no te pienso dar la llave.

Carmen, te estoy hablando en serio.

Te están acusando de aprovecharte de las necesidades de la gente

para vender chuletas y solomillos. Para, por Dios.

Aquí había un problema que repercutía en el trabajo de Carla.

Lo gratis no lo valora nadie ni sabe utilizarlo.

Yo lo resuelvo. Deberían darme las gracias.

Tienes razón, había que tomar medidas,

pero hay otras soluciones que no levantarían tantas ampollas.

¿Darle la llave a otro para que haga lo mismo que yo?

No, yo qué sé, mira, se le da un pin a los tiques

para que la gente lo use para entrar a los baños.

¿Y qué hacen con el pin? -Meten la clave en un aparatito

que pongamos en la puerta del baño y no hay problema.

Se usa en centros comerciales. -¿Cuánto nos costaría?

Tendrías que cambiar las cajas registradoras de todos los puestos

y la puerta y la cerradura. Anda.

Sí. Habría que estudiarlo.

Igual se mete en el presupuesto de la reforma.

¡No! Mi solución es más rápida y más eficaz.

Hasta que la asociación de comerciantes no diga otra cosa,

me quedo la llave.

Déjame la llave del baño, mamá.

Es para uso exclusivo de los clientes. ¿Qué te pongo?

Que no, hombre.

Solo quería ver la cara de tontos que poníais.

Eso no tiene tanta gracia.

No te voy a quitar esa llave ni con agua caliente.

No. -Pues me voy,

que tengo un lío con los fluorescentes que para mí es.

Hola, Adela.

Estaba esperándote para comentarte algo importante.

No sé cómo ni por qué, pero Miras ha ingresado los 3000 euros.

Vaya, sí que se ha dado prisa, sí.

¿Se ha dado prisa? ¿Sabías que iba a hacerlo?

Digamos que tenía mucho que perder.

Su mujer habría recibido un vídeo bastante comprometido.

Celia, ¿de qué video hablas? Me estás asustando.

Lo siento, sé que te lo tenía que haber dicho,

pero no te quería preocupar.

Invité a Miras a casa a comer y, como sabía que intentaría algo,

lo preparé todo.

¿Dices que le has tendido una trampa para chantajearlo?

Sí. Lo siento, pero él tenía que cumplir con nosotras.

Tenía un contrato verbal.

Celia, ¿cómo se te ocurre hacer algo así?

Podría haberte hecho cualquier cosa.

Lo planeé bien.

Le dije que tenía el teléfono de su mujer

y que si me tocaba un pelo, se lo enviaba en ese mismo momento.

Se quedó muerto.

Ahora me río, pero...

¿Sabes qué te digo? No permitiré que me pisoteen.

No voy a ser víctima.

Alguien le tenía que parar los pies al asqueroso.

Pues he sido yo y ya está.

¿Te parece mal? ¿He hecho mal?

No, no es eso, es...

Es que me has recordado a Elías.

Él habría usado las mismas palabras.

Bueno, está bien saber que tengo una socia

capaz de defender el negocio así.

Eso sí.

Voy al puesto. Nos vemos luego.

Esta noche cenamos en casa de los De la Cruz.

Cuando Carla acabe el segundo turno, te la traes.

No podemos ir. La llave, por favor, que me meo.

Deberíamos ir todos. Tu abuela contará algo importante.

Lo sé, ya he hablado con la abuela y tengo un plan con Carla.

¿Qué? ¿Se va a mudar con Jesús de la Cruz?

Sí.

¿Por qué lo sabes?

Hombre, una cena con las dos familias,

están superraros, nerviosísimos. Había que sumar dos más dos.

Pues sí. Cuando vayas, hazte la sorprendida.

Están muy ilusionados

y quieren nuestro apoyo.

¿Qué te pasa?

Ahora que tú también te has ido, la casa se queda muy sola.

Bueno, ya ves tú. Así papá y tú os quedáis

con vuestro nidito de amor y mucho más sitio.

Y nunca se sabe cuánto tiempo va a durar eso.

Vamos, igual, de repente,

alguien vuelve antes de lo previsto

y se acaba el chollo.

¿Tienes algún problema con Carla?

No, no, mamá, pero...

también voy a dar un paso importante en la relación,

y pueden cambiar las cosas.

Luego te veo. -De vuelta.

Hola. ¿Te has comprado una guitarra nueva?

No, me la han dejado de Escuela de Música

para ensayar y tocar para el festival de jazz y blues.

Mi banda sigue cabreada conmigo por haberle perdido los instrumentos.

Y estás enfadado con tu padre. ¿Por eso no entras a la pizzería?

Otra vez con el lenguaje no verbal.

Según mi terapeuta, se me da bien

y me ayuda a entender a los demás. ¿He acertado?

Sí, estoy enfadado, pero no con mi padre.

Estoy enfadado conmigo mismo.

No tuviste la culpa de que robaran los instrumentos.

Sí, la tuve, David. Mi padre estaba muy borracho

y estaba fastidiado.

Tendría que haber sido yo quien se ocupase de los instrumentos.

Y además no debería haberle dicho todo lo que le dije.

Pagué con él el cabreo que tenía con mi madre.

Eso no se puede hacer.

Si la cosa es con tu madre, ¿por qué no hablas con ella?

¿Para qué? No sirve para nada.

Si te desahogas con ella, no tendrás que hacerlo con tu padre.

Te sentirás mejor y quizás incluso puedas entrar a la pizzería.

¿Siempre tienes que tener la razón?

Es pura lógica. Cada vez os entiendo más.

Qué suerte la nuestra...

Eso no sé si lo entiendo.

Bueno, me voy a ver a mi madre.

Hasta luego.

Andrea, cariño, ¿cómo estás?

Estoy bien.

"Gracias por llamarme. Qué alegría escuchar tu voz".

¿Qué pasó en el aeropuerto?

Ibas detrás de mí en la cola de embarque,

subimos al avión y ya no estabas.

"Recibí un mensaje y me dio un vuelco el corazón".

Lo siento, mamá, pero tenía que hacerlo.

Yo también lo siento. Debí salir a buscarte,

pero es que cerraron las puertas del avión.

Andrea, si no querías venir, ¿por qué no me lo dijiste?

"Porque no lo supe hasta el último momento".

Hasta que salí del baño, volví a la cola de embarque

y vi a Doménico cómo te cogía de la cintura y te besaba.

Puede que te molestara, pero, hijo...

"No, mamá, no me molestó".

Me revolvió el estómago. Sentí asco, ganas de vomitar.

"Comprendí que eso no lo iba a aceptar nunca".

Mira, yo me alegro mucho de que seas feliz con Doménico,

pero no estoy preparado para verlo, ni para ser cómplice.

Esto no es ningún crimen. Y no eres cómplice de nada.

"Sí, lo sería si fuese con vosotros en plan familia feliz".

Cuando ahora mi familia es mi padre.

Andrea, cariño,

si no vuelves a Nápoles, me voy a Madrid,

yo solo quiero estar contigo.

No, mamá, si no vuelves por papá, prefiero que no vengas.

Le harías mucho más daño.

Yo te prometo que...

"en cuanto pueda iré a verte a Nápoles".

¿Qué quieres que haga con tu ropa?

¿Te la envío o guardo aquí para cuando vuelvas?

"No sé, déjamela ahí

así aprovecho para comprarme ropa nueva".

Es una nueva etapa, ¿no, mamá? Para todos.

Vida nueva, ropa nueva...

Adiós, ya hablaremos.

Adiós.

Cilantro.

Cebollino, jengibre.

Y un toque ahumado en el pescado.

Pues lo has clavado.

Deberías dedicarte a esto.

Te forrabas, tío.

Pretendo hacerme rico, pero no con esto.

Tengo muchas otras habilidades. Ya, no lo dudo, la verdad.

El que podría hacerse rico con esto es Marcos.

Ha heredado la habilidad de su padre.

Sí, ha heredado la habilidad

y esa tendencia obsesiva por el trabajo.

Eh, hola, Marcos. -Hola.

Me alegro de verte.

Tu padre... -No me cuentes tu vida.

He venido a por los utensilios de trabajo.

¿Me los puedes dar, por favor?

Sí, claro, los tengo preparados. Imaginaba que vendrías a por ellos.

Aquí están. -Están todos, ¿no?

Sí. -Genial.

Marcos, antes de irte,

pásate a ver a tu padre. No lo dejéis así.

¿Vas a fingir ahora que te importa?

Sabes que te encanta que mi padre esté aquí.

Así puedes seguir controlándolo. Eres igual que mi madre.

¿Qué tonterías estas diciendo?

¿Quién organizó el viaje a Valladolid para que os vierais?

Mira, no quiero discutir.

Te pido que vayas a ver a tu padre.

Por favor, habla con él. Él se preocupa por ti.

¡Nunca le he importado una mierda! ¡Ni se preocupa ni nada!

Cálmate. -No.

No me calmo. No tienes ni idea. -No quiero problemas aquí.

Entonces no deberías salir con él, porque solo te traerá problemas.

Te crees muy especial,

que le importas muchísimo. No le importas nada, ni tú ni nadie.

Eso es mentira.

¿Y tú quién coño eres?

¡Ah, sí! El hijito adoptivo de mi padre.

Pues entérate, no lo conoces.

No tienes ni idea de las mierdas que he tenido que aguantar.

No sé cómo era antes, pero ahora es buena persona.

Va, cállate. -Eh, eh, eh.

No sabes de qué hablas. Marcos, ¿qué estás haciendo?

¿Qué? ¿Qué, me vas a pegar? Lárgate.

¡Lárgate de aquí! ¿Qué pasa aquí? David, cariño.

Tranquilos. Mírame, cariño.

Mírame y respira conmigo, David.

¿Se puede saber qué pasa? ¿Qué ha hecho?

No pasa nada, mamá, yo he iniciado la pelea.

Jorge solo me ha protegido.

Cariño... ¿Podemos irnos a casa?

Mi vida, claro. Te voy a abrazar, ¿vale?

David, quiero que respires. Levanta la cabeza y respira.

Eso es. Está bien.

(Puerta abriéndose)

¿Estás seguro de que quieres cerrar tan pronto?

Rosa, estoy agotado.

Y no tenías que haber venido si estabas mala de la tripa.

Bueno, es que me apetecía salir de casa

y tomar un poquito el aire.

Por eso he venido a trabajar. -¿Y eso por qué?

Cosas mías.

¿No será por Nacho?

Mira, Rosa, dejamos todo esto a un lado

y hacemos un brindis.

Por nuestra amistad.

Por tu amistad, Paolo.

Rosa...

¿Sabes lo que hablamos el otro día de que dejaras la pizzería?

Ya está olvidado.

Te lo dije sin pensar, porque estaba enfadado.

Ya lo sé.

Pero lo he reflexionado

y creo que es la mejor opción.

¿Qué dices? ¿Por qué?

Estas últimas semanas

tú has sido mi tabla de salvación.

Sin ti, la verdad, no sé qué habría podido llegar a hacer.

Venga, no digas tonterías.

Rosa, es la verdad.

Pero...

yo cada vez estoy peor

y creo que lo mejor es que te alejes de mí.

No quiero que te hundas y me llegues a odiar tú también.

Pero ¿qué dices? Eres un buen hombre y un buen amigo.

¿Cómo te voy a odiar? No te mereces nada de lo que te está pasando.

Sí me lo merezco. -No.

Tenías razón, no supe proteger mi matrimonio.

No quise decir exactamente eso. -Mira a Nacho.

Aunque sus celos fueran infundados,

está dispuesto a luchar por vuestro matrimonio.

No te equivoques, Paolo.

Los celos y la desconfianza hacen mucho daño.

A ver, tú eres un buen esposo, que ha confiado en su mujer.

No tienes nada que echarte en cara.

Mi hijo tiene razón. Soy un payaso.

Un inútil.

Mira, no tienes por qué aguantar todo esto.

Vete a casa, por favor, déjame solo.

Ni hablar, toma.

Conmigo puedes hablar, puedes llorar,

porque para eso están los amigos.

Es que la verdad, Rosa...

Yo todavía no lo entiendo.

¿Qué hice mal?

¿Cuándo perdí a mi Cristina? -Escúchame.

Ha sido Cristina quien ha perdido a un hombre bueno, noble y generoso.

Y te puedo asegurar que le va a costar mucho

encontrar a alguien como tú.

No, no, no, no.

Perdona. -No, no, no.

No te equivoques, ¿eh? -No quería...

Perdona, no sé qué estaba pensando. -Lo siento.

Rosa. ¡Rosa!

Mierda.

(Timbre de la puerta)

(CARMEN) ¡Mamá! ¡Jesús! ¿Estáis ahí?

(Timbre de la puerta)

Qué pronto llega tu hija.

¡Uy! Pero si les dijimos a las 21:00

y son y cuarto.

No puede ser.

¿Tantas horas llevamos aquí?

(NICOLÁS) ¿Hola?

¡Bajad la música y abrid la puerta ya!

Deja de reírte, tonto.

¿Qué vamos a hacer? No tenemos cena.

¿Cómo se lo vamos a explicar?

(Timbre de la puerta)

Tengo una idea.

Tú baja la música, que yo voy a abrir.

Sígueme la corriente.

(Timbre de la puerta)

(VALERIA) Ay, espera, espera.

(Timbre de la puerta)

(JESÚS) Pasad, pasad. Bienvenidos.

(AMBOS RÍEN COMO BOBOS)

Perdonad.

Teníamos la música muy alta y no oíamos el timbre.

Además, tenemos un problema en la cocina

y se nos ha quemado la cena.

Yo, yo, yo, que no controlo el horno.

Que es muy moderno, muy moderno.

Pero no os preocupéis.

Lo solucionamos llamando a Paolo y pidiéndole unas pizzas.

Voy a por mi móvil.

Yo voy a hacer pis.

Sentaos, poneos cómodos.

Poneos cómodos, cómodos. (CANTURREA) # Cómodos. #

¿Perdona?

¿Te has fijado, Carmen? Estos están colocados.

No sé. Pero es que mi madre no se ha drogado en la vida.

¡Dios! Esto canta a hierba que echa para atrás.

Por favor. ¿Cuántos se han comido? Por Dios, les va a dar algo.

Hay unas cosas en la pantalla que no paran de moverse.

Mira a ver, Nicolás, si encuentras el teléfono de Paolo.

Ah, ya veo que habéis encontrado los pastelitos del amor.

Están buenísimos. Coged uno.

No he probado una cosa más rica en mi vida.

Y esto lo vamos a mojar con vino del bueno.

¿Estás loca? ¿Qué quieres? ¿Acabar en el hospital?

Hija, no dramatices. ¿Qué son un par de copitas?

A ver, mamá, que estás drogada. ¿Cómo vas a beber también alcohol?

No tenéis ni idea de lo peligroso que es comer pasteles de marihuana.

¿Cuántos os habéis tomado? -¡Marihuana, dice!

Por favor, parad, que es serio.

¿Eh? Que estáis colocados.

No os preocupéis. Los pastelitos están buenísimos.

Y además, no engordan.

Tranquila, que no nos va a dar un coma diabético.

¡Ay, mamá, por Dios!

(JESÚS RÍE) Valeria...

Valeria. -Llama a una ambulancia, corre.

El teléfono, Jesús. -¿Qué?

-¡El teléfono! -Mamá, por Dios.

(JESÚS RÍE) Pero... -¡Por favor!

Andrea.

Hola, papá.

Papá, lo siento. Esta mañana dije cosas que no pienso.

No, Andrea.

Soy yo el que lo siente.

Me lo merecía por permitir que robaran vuestros instrumentos.

Eso también fue culpa mía.

Debí asegurarme de que estaban bien guardados, antes de largarme.

No. Tú solo confiaste en tu padre

y yo te he fallado.

Vamos, te he fallado en todo.

Mira, Andrea.

Yo lo he pensado bien

y creo que lo mejor es que te vayas a vivir con tu madre.

No, papá.

No.

Es ella la que me ha fallado

y es a ella a la que quería gritar esta mañana.

Estoy todo el día enfadado.

¿Por qué ha roto nuestra familia?

Estoy enfadado con ella por lo que te ha hecho.

Desde que mamá no está no eres el mismo.

Ya. Lo siento, Andrea.

Me da mucha vergüenza que me veas así.

Pero la verdad es que los problemas de pareja

siempre son cosa de dos.

Nunca es culpa de uno solo.

Bueno, yo solo sé que no te mereces todo lo que te ha pasado.

Es verdad que no nos ponemos de acuerdo,

es verdad que a veces no nos entendemos,

pero, papá, de verdad eres buena persona.

En serio.

Y estoy orgulloso de ti.

Andrea...

Tú no sabes lo que significa eso para mí.

Te lo tendría que haber dicho hace mucho tiempo.

¿Sabes por qué me quedé contigo?

No.

Porque sé que tú no traicionarías a un amigo,

ni mucho menos romperías una familia de esta forma.

Papá, ¿estás bien?

(PAOLO LLORA) -Eh.

¿Qué te pasa? -¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho?

Pero, papá...

Estaba un poco preocupado porque se me había hecho tarde,

pero veo que tú también eres un enfermo del trabajo.

Sí. Pero ya doy la jornada por terminada, me voy a casa.

Sé lo que intentas, pero no te vas a escapar.

Joder, me lo debes.

Germán, estoy agotado.

Lo único que quiero es llegar a casa y descansar.

Lo que quieras decirme, tendrá que esperar a mañana.

Estoy harto de esperar y de que me des largas.

Deja de hacer el tonto. No estoy de humor para jueguecitos.

Ya, estoy hablando muy en serio.

No vas a salir de este despacho hasta que me digas

por qué saliste corriendo después de que te besara

y por qué me rehúyes desde entonces.

Eh, no te atrevas a mentirme.

Sé que te gustó el beso y sé que te gusto yo.

Me gustas

y el beso... me encantó.

Pero también me asustó. Te lo he dicho.

No estoy preparado para volverme a enamorar.

Sencillamente, no puedo. -Ya lo sé.

Lo sé. Tu ex te hizo mucho daño.

Pero yo no soy él.

Y no tiene sentido que te cierres

a la posibilidad de ser feliz con otra persona.

Solo te castigas a ti mismo y a mí, ¿no lo ves?

El que no lo ve eres tú.

Te digo que no puedo tener una relación,

porqué soy incapaz de confiar en nadie.

¿Qué te hizo? No lo entiendo. Dijiste que no te engañó con otro

y no entiendo qué ha podido hacer para dejarte tan tocado.

Lo que me hiciera no es asunto tuyo ni de nadie.

Deja de presionarme.

No estás... No tienes derecho. -Ya lo sé.

No tengo ningún derecho, lo sé.

Y lo siento.

Pero necesito entenderlo para poder pasar página.

Me gustas demasiado, Javier, me gustas, y sé que yo a ti.

Necesito entender por qué tenemos

que abandonar esta historia antes de empezarla.

Me transmitió el VIH.

Perdona el desorden y el papeleo,

pero no esperaba visita a estas horas.

Ah, no, lo siento yo, que es muy tarde.

Imaginaba que estabas aquí.

¿En qué puedo ayudarte?

Y lo de ayudarte es una frase hecha.

No te quiero ofender.

Ya me ha quedado claro que no necesitas mi ayuda.

No, no necesito tu ayuda.

De hecho, venía a contarte una buena noticia.

He conseguido solucionar el problema de Miras

y nos ha devuelto todo el dinero.

Enhorabuena. ¿Cómo lo has conseguido?

He sacado las garras, como me dijiste.

Y he seguido alguna de tus estrategias,

He conseguido pruebas para chantajearlo después.

No me gustaría tenerte como enemiga.

En el fondo confirma algo que yo ya sabía.

Que tú y yo somos iguales.

Que no se te suba a la cabeza. La idea me la dio Javier.

Claro, porque Javier es como nosotros un tipo con recursos.

¿Una copita?

Sí.

Venga, cógemelo, por favor.

¡Maldita sea! Otra vez el buzón de voz.

Hola, cariño.

He intentado localizarte,

pero me salta constantemente el buzón de voz.

Tuve que silenciarlo por trabajo y se me olvidó.

No he oído tus llamadas.

No pasa nada. Ya estás en casa.

Estoy de paso. He quedado a cenar con Rocío y su marido.

¿Tienes pensado volver muy tarde?

Creo que necesitamos hablar de lo que ha pasado.

No tengo tiempo para hablar de esto. No me esperes levantada.

Y déjame un juego de sábanas y una almohada en el salón.

No, venga, Nacho, por favor,

Da igual a la hora que vengas, pero no quiero que durmamos separados.

Es lo más cómodo.

Así no tengo que andar a tientas para no despertarte.

Venga, no me hagas esto.

Perdóname, no debí haber hablado con Luis,

ni debí desconfiar de ti. Lo siento.

No, pero lo hiciste.

Preferiste confiar en un desconocido antes que hablar conmigo.

Sí, pero entiéndeme, porque tus silencios y tu indiferencia...

No sabía qué hacer, Nacho.

Mira, yo también tuve parte de culpa.

Fui yo el que te volvió loca con mis celos.

No digo que se culpa tuya. -No, es así, Rosa.

Te quiero tanto que a veces no sé lo que hago.

Perdóname.

Los dos nos hemos equivocado, ¿no crees?

Da igual de quién sea la culpa.

Lo cierto es que nos hemos hecho mucho daño.

Y lo que me preocupa es que no sé si tiene arreglo.

No me dijo que era portador y tuvimos relaciones de riesgo.

Lo descubrí en un chequeo rutinario.

Eh, no pongas esa cara, que no me estoy muriendo.

El virus está controlado gracias a los médicos y a los retrovirales.

Ya lo has visto, puedo hacer una vida normal.

Eh... siento haber reaccionado así.

No me lo esperaba.

Gracias por contármelo.

Bueno, ahora ya sabes por qué me cuesta confiar.

Y tú tampoco me lo has puesto fácil. No has jugado limpio

y has ayudado a tu padre a ponerme trampas desde que llegué.

Pero eso se acabó.

Y te lo demostré boicoteando los planes de Hortuño.

No me salió barato comprar al obrero

que iba a denunciarte por accidente laboral.

No creo que invirtieras mucho más dinero

de lo que te llevas gastado en ropa esta temporada.

¿Te estas riendo de mí?

No es solo el dinero,

me he jugado el tipo ante mi padre y ante Hortuño por ti.

¿Y por qué lo has hecho? Nadie te lo ha pedido.

Bueno, pues, porque el mercado te necesita.

Y también porque...

me he enamorado de ti como un idiota.

Supongo que lo que te he contado lo cambia todo, ¿no?

Imagino que ya no tendrás tan claro lo que quieres y lo entiendo.

Tengo muy claro lo que quiero, ¿y tú?

Te quiero a ti.

Pero debes prometerme que no habrá más mentiras entre nosotros.

Necesito poder confiar en ti, Germán.

No estoy preparado para sufrir otra traición, ¿entiendes?

Buf... No...

No puedo.

No puedo, o sea, así no.

¿Qué pasa? ¿Te asusta lo que te he contado?

No.

No, no, no, no.

Quiero hacerlo bien.

Javier, o sea, te quiero hacer esta promesa, pero...

Confía en mí.

¿Vale?

Tengo que arreglar unas cosas para poder hacerte esta promesa.

Tengo que irme. -No, por favor.

Por favor, Nacho, te juro que nunca más volverá a pasar.

Por favor.

No hagas promesas que no podrás cumplir.

Yo puedo cumplirla, ¿y tú?

¿Has tirado la toalla o vas a defender a esta familia?

Desde que Noa desapareció,

creo que no has vuelto a recuperar el control.

¿Qué tiene que ver Noa en esto? -Es lo mismo, Rosa.

Creas fantasías en tu cabeza y te las crees.

Pensabas que a Noa la habían secuestrado

y no escuchabas a nadie. -Porque estaba muy asustada

y me ponía en lo peor. -Lo sé, por eso lo soporté.

Pero ahora hemos llegado a un punto sin retorno.

Has hecho que me espíe el novio de tu hija.

¿Qué será lo siguiente?

Me duele decir esto, pero...

hace mucho que dejamos de ser un equipo.

Ya no te reconozco, Rosa.

Vamos a darnos otra oportunidad, por favor.

Te lo suplico.

Tú lo eres más importante de mi vida, Nacho.

Déjame que te lo demuestre.

¿Y cómo piensas hacerlo?

Porque sé lo que te gusta.

Y estoy dispuesta a dártelo.

No lo hagas.

No lo hagas si no lo deseas de verdad.

Es lo que más deseo.

No te imaginas hasta qué punto te quiero, Rosa.

Déjame que te recuerde todo lo que has hecho.

Echaste a Serafina, una pobre anciana, del puesto por dinero,

con Jorge no es que lo hayas hecho muy bien

y acabas de chantajear a Miras.

No estoy orgullosa de todo eso. Pues deberías.

Deberías sentirte orgullosa.

El mundo, esta vida es de los luchadores.

Déjate de moralismos, Celia. No es maldad.

Es instinto de supervivencia.

¿Supervivencia? Sí.

¿En serio te justificas así?

Yo no me justifico, yo me acepto.

El mundo está lleno de borregos y tú y yo no somos así.

¿Cuándo vas a dejar de negarlo?

Si nos parecemos tanto, deberíamos repelernos.

Son los polos opuestos los que se atraen, ¿no?

Eso dice la gente.

La gente.

La gente se equivoca.

Hola, mi amor. -Hola, cariño.

¿Te llevas el traje a casa? -Pues sí.

Está hecho un asco de tanto tute que le he dado.

¿Y cómo estás? Menuda paliza te has pegado.

No veía el final del día, te lo juro.

No pienso volver a hacer doble turno en mi vida.

Luci me debe una gorda.

Estoy reventada y los pies me están matando.

No te preocupes por los pies,

que tu chico te hará un masaje de esos que te dejan nueva.

¿Sí? -Y antes te llevo a cenar al chino.

¿Todo eso hace mi chico? -Todo eso.

Jolín, pues le tengo que decir a mi chico

que si hace todo eso, esta noche va a triunfar.

Pero quiero antes que hablemos un momento.

¿No podemos hablar de camino al chino?

Me rugen las tripas. Necesito salir de aquí.

Llevo todo el día encerrada en el Mercado.

Será un momento nada más.

Aquí estamos solos y podemos hablar tranquilos.

Es importante, por favor.

¿Qué pasa? ¿Por qué te has puesto tan serio?

He estado pensando en... (CARRASPEA)

He estado pensando en lo que me dijiste.

Cuando pasó lo de tu madre.

¿Te acuerdas?

Sí.

Creo que eres la única persona en la que puedo confiar.

Significa mucho para mí,

pero no quiero que me mires

con esa cara de tristeza y decepción

con la que mirabas a tu madre, cuando se la llevaban arrestada.

¿De qué estás hablando, amor? No te entiendo.

No quiero que haya secretos entre nosotros.

Y tengo que contarte algo que puede cambiarlo todo

incluso lo que sientes por mí. -Amor,

me cuentes lo que me cuentes, nunca, nunca cambiará eso.

Te lo juro.

Puedes hablar conmigo y contarme lo que quieras sin miedo.

En serio.

Es del accidente.

Samu, ¿no habíamos dicho que dejaríamos eso atrás?

Cuando desperté del coma, no recordaba absolutamente nada

y me creí la versión que Jonathan le contó a la policía.

Pero hace poco me contó la verdad.

José, nuestro amigo, el chico que murió,

no era el que llevaba el coche.

Él iba de copiloto.

¿Quién conducía?

Yo, Carla.

Yo conducía el coche.

Yo maté a tu hermana.

Y los padres de José, ¿qué?

¿Eh? ¿Has estado haciéndole creer a esa pobre gente

que tu amigo era el culpable de esas muertes?

¿Y qué? ¿Les vas a contar ahora la verdad?

¿Marihuana?

Tu padre ha confundido la sativa con la asteria.

Creían que eran dulces sin azúcar.

Se han puesto ciegos. En todos los sentidos vaya.

Espero que a partir de ahora nada ni nadie se interponga entre nosotros.

Ni te hagan dudar de mí.

Eso no va a volver a pasar te lo prometo.

Solo hay una forma de sellar esa promesa.

Con nuestra ayuda o sin ella va a conseguir su objetivo

y nosotros tenemos la oportunidad de ganar mucho dinero,

mucho, antes de tener que saltar del barco.

Pero es que ya tenemos mucho dinero, papá, no necesitamos más.

No quiero seguir traicionando a la gente que quiero por dinero.

A la gente que quiero.

Lo que hagas estará bien.

No, no está bien, Pilar.

No está nada bien.

Debo dejar de acostarme con Elías, no puedo hacerle esto a Adela.

¿Qué pasa con el novio tuyo ese?

Ya te has dado cuenta de que es un mentiroso y un liante, ¿no?

¿Todavía piensas en irte a Nueva York con él?

¿Eh?

¡Oye! ¡Respóndeme cuando te pregunto!

Carmen no me perdona, me echa la culpa de todo

y no quiere que me acerque a Valeria.

Ya, bueno, y con la mala leche que se gasta la Pacheca,

llevará un cabreo del quince, ¿no?

Por eso tienes que convencerla de que la culpa no ha sido mía.

Tengo que hacerme perdonar.

Valeria y yo tenemos planes y no quiero que se estropeen por esto.

Que nada de nada, ¿no?

No está en el hotel ni en La Fanega.

No sé dónde se ha metido. Parece que se lo ha tragado la tierra.

Después de lo que dijo Carolina me da miedo que haga una tontería.

No, seguro que no. Ya verás.

Te he pedido que confíes en mí, por favor.

Confié en ti al abrirte mi corazón y contarte lo de mi contagio.

Pero enseguida conseguiste que me arrepintiera.

¿Por qué? ¿No lo entiendo?

Lo entiendes perfectamente, Germán, pero no quieres reconocerlo.

Te fuiste corriendo porque te asustaste.

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Mercado Central - Capítulo 72

07 ene 2020

Jorge tiene que tomar una dura decisión para ayudar a su hijo y Marcos reacciona con violencia.
Carmen se adueña de la llave de los baños y la utiliza para subir las ventas.
Noa renuncia a su felicidad por Rosa.
Tras descubrir lo que ha hecho con Villar, Adela compara a Celia con Elías.
Gracias a David, Andrea se enfrenta por fin a la causa de su ira.
Paolo pierde el control y cruza una línea roja con Rosa.
Celia vuelve a buscar en Elías un desahogo sentimental.
Germán consigue romper las barreras de Javier y decide hacer las cosas bien.
Samuel evita la cena familiar para quedarse a solas con Carla y obedecer lo que le dicta su conciencia poniendo en jaque su relación..

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