Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 69 - ver ahora
Transcripción completa

Ella me escuchó a mí en un momento muy difícil.

Y ahora me toca a mí escucharla a ella.

-Ya.

Pues relájate, que yo también la quiero a ella.

Que me parece estupendo que seáis amigos.

-Pues entonces, Nacho, respétala más.

¿Me estás diciendo que prefieres ayudar a tu novia aquí,

en una cocina con dos fuegos de butano antes ayudarme a mí,

que soy tu hijo, me estás diciendo eso?

Que lo digo de buen rollo.

Marcos, me estás pidiendo que vuelva a la alta cocina.

Y me juré que nunca lo haría.

Estoy seguro de que tarde o temprano

acabará perdonando a su madre.

Pero necesita su tiempo, su espacio.

También tiene derecho a enfadarse.

Sí, pero todos tenemos derechos.

Y no sé si vale la pena que Cristina lo pase fatal,

tú lo pases fatal...

Si a Cristina le hubiera importado su bienestar,

no habría hecho lo que ha hecho.

Estoy pensando que cuando él vuelva de Barcelona,

lo mismo podíamos quedar a tomar algo los tres.

Si a ti te apetece.

Habrá que preguntar a tu hijo, a ver qué le parece.

Yo creo que a poco que os conozcáis,

os vais a llevar bien.

Se ve que mi madre lleva una pulsera de vigilancia policial.

-Hala. ¿Y eso por qué, qué ha hecho?

-Pues yo qué sé.

Lo que sea que es ha quedado atrás.

Porque mi madre ha cambiado de verdad, de la noche a la mañana.

(ASIENTE)

"Hola, Nacho.

Solo quería decirte que ha sido una velada superinteresante.

Me flipa que nos entendamos tan bien.

Qué gozada.

Bueno, mañana nos vemos en la puerta del hotel.

Besitos".

¿Habéis visto a los obreros? -Están en el puesto común.

-Han pasado hace un minuto. -Vale.

-¡Aaaaah!

¡Ayuda, ayuda! -¿Qué es eso?

¡Ay, Dios, Dios!

-¡No, no lo toquéis, hay que llamar a la ambulancia!

¿Nacho?

Nacho.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Tengo una reunión, volveré tarde.

Perfecto.

Habitaciones por horas.

¿Qué es esto?

(SUSPIRA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Nada raro, pero no sé. -Es normal.

-Es normal, pero me esperaba un poco más de ilusión.

No sé, más alegría. -Es tu mejor amiga.

-Huy, hola. -Buenos días, Rosa.

-¿Qué haces todavía en pijama, hoy no vas a la pizzería?

-No, es que no me encuentro bien, he dormido fatal.

Creo que me duele el estómago.

Estaba pensando en meterme en la cama.

Y creo que lo voy a hacer.

-¿Quieres que te lleve una infusión a la cama o algo?

-Gracias, cielo, no hace falta.

¿Y vosotros qué hacéis aquí tan pronto?

-He venido a por el pasaporte. -Ajá.

-Lo necesito para solicitar el visado de Estados Unidos.

Un poco lío, ya sabes.

-Bueno, si no os importa,

me voy a meter en la cama, a ver si se me asienta el estómago.

¿Has visto cómo tenía los ojos?

Ha estado llorando.

-Eso es que habrá pasado muy mala noche.

El dolor de estómago es lo peor cuando te pega fuerte.

-Voy a por el pasaporte. -Vale.

¿Cómo puede pasar algo así?

No lo sé, habrá que investigarlo.

-¿Hay reunión o no? -Sí, estaba a punto de salir.

Pero Elías ha empezado...

-Quiere saber si está el operario bien.

-El operario se llama Wilson.

-Queremos saber si Wilson está grave o no está grave.

El golpe fue fuerte.

-Lo importante es mantener la calma y que permanezcamos unidos.

-Yo creo que lo importante es que se recupere el operario.

Efectivamente. -Sí, Wilson es lo primero.

Y en lo que a él respecta, está todo bajo control.

No hay por qué preocuparse.

-Si hubiera estado bajo control, no estaríamos así.

-El operario accidentado... -Wilson.

Bueno, Carmen, vamos a dejar que se explique.

-Wilson está ingresado. (ASIENTE)

Está en observación, le están tratando de las contusiones.

-Al grano, ¿está bien o no está bien?

¿Nos va a costar dinero, lo va a cubrir el seguro?

-La buena noticia es que Wilson, dentro de la gravedad, está bien.

Perdona, Javier, ¿te importaría explicarte mejor?

Dentro de la gravedad no suena muy bien.

O está bien o no está bien. -Eso.

-Está bien, Wilson está bien, está fuera de peligro.

Bueno, muy bien. -¡Oh!

-La mala noticia es que quiere denunciarnos.

Lo que nos faltaba.

-Pero si está bien, ¿por qué nos quiere denunciar?

Oye, Javier, ya somos mayorcitos.

¿Qué ha pasado?

Adela, perdona, que llego tarde.

Estaba a punto de llamarte.

¿Te importa acompañarme a la droguería?

Y me vas contando lo de Miras. Pues...

Verás, por un lado parece que quiere trabajar con nosotras.

Bien.

Pero por otro lado, hay algo que no me está gustando.

Yo creo que no deberíamos aceptar ese encargo.

¿Por qué, ha pasado algo?

No, en realidad, nada, es un pálpito.

No sé por qué, pero hay algo que me desconcierta.

Pero ¿te ha dicho algo, te ha tratado mal?

No, no, se ha comportado estupendamente.

Y, además, todo le parecía sensacional.

Pero me ha invitado para cerrar el trato a cenar.

Bueno, ¿entonces?

¿Sabes? Él siempre ha sido un poco tiburón.

En el peor de los sentidos.

Y no sé, me preocupa que crea

que cerrar este contrato le da ciertos derechos.

Tú ya me entiendes.

¿Por qué piensas eso?

No sé, Celia, es algo de su actitud.

Ya sé que vas a pensar que estoy loca, pero...

Creo que no deberíamos trabajar para él.

Algo me dice que esto no va a acabar bien.

Ya.

Ayúdame a levantar la persiana.

Wilson ha declarado que no tenía el material de seguridad necesario.

Y que los arneses estaban defectuosos.

-Madre mía, qué desastre.

Pero un momento.

La normativa de seguridad en ese tema es muy estricta.

Entonces, los responsables somos nosotros.

Nos van a sacar hasta los higadillos.

-Los arneses estaban perfectamente.

Wilson está mintiendo.

La obra se está llevando a cabo cumpliendo

la normativa de seguridad que exige la ley.

Y si los arneses estaban bien o no,

tendrá que decidirlo una inspección de trabajo y nuestro seguro.

-¿Y por qué dice Wilson eso, quiere sacarnos la pasta?

Evidentemente.

-Quiere sacar tajada del accidente, pero no hay que preocuparse.

Poco a poco, se irán aclarando las cosas.

Pues perdona que te diga.

Yo creo que sí tenemos que preocuparnos. Y mucho.

Si Wilson se mantiene en su declaración,

esto al final llega a juicio. -Es su palabra contra la nuestra.

Y si va a juicio, no te digo nada

lo que se va a dilatar en el tiempo.

Y a preparar la cartera, los abogados no son baratos.

Y ya no es el dinero, Carmen. Si me apuras, es lo de menos.

Es la imagen que estamos dando.

Un accidente laboral. ¿Sabes lo que es eso?

En el Ayuntamiento darán palmas cuando se enteren.

Como si ya no nos tuvieran ojeriza, imagínate.

Nos ha mirado un tuerto. -No nos pongamos en lo peor.

Ha sido un accidente desafortunado.

No creo que lleguemos a juicio, no ha sido grave.

Vamos a avisar al resto de comerciantes.

Ya veréis como salimos de esta.

-No nos queda otra, Javi.

Oye, una cosa.

¿Y el artículo que se iba a publicar

denunciando las artimañas de Hortuño y todo eso dónde está?

Estamos esperando. Es verdad.

-No he conseguido que ningún medio lo publique.

¡Vaya, hombre! ¿Por qué será?

Porque Hortuño es poderoso.

Pero no se puede comprar a todo el mundo.

Ahí lo tienes.

El gerente.

Vaya decepción.

De momento, ¿qué ha hecho?

Poner en marcha la reforma de la cubierta.

Mucho ponerse medallitas, pero ¿qué ha conseguido?

Que nos denuncien. Menuda rachita llevamos.

Pues mira, me vas a perdonar, pero no lo entiendo.

Ese hombre nos ha encargado 500 cestas. ¡500!

Y solo es el principio.

¿Sabes lo bien que me viene ese dinero?

No podemos renunciar a un cliente porque te da mal rollo.

Mira, Celia, si algo he aprendido de Elías,

es que los negocios más jugosos suelen acabar mal.

¿Sabes por qué? Porque tienen truco.

Ya, pero es que ese negocio es importante para mí.

Bueno, importante para ti, para la droguería.

Hemos invertido 3000 euros en material.

Que sí, que tienes razón, pero no puedo evitarlo.

Leopoldo me está dando mala espina, ya está.

¿Y no será que te recuerda a tu marido?

Y por eso no te fías.

Puede que sí, a lo mejor, no sé.

Vamos a hacer una cosa.

Yo hablo con Miras y cierro con él el contrato.

Y si a mí también me da mal rollo, no colaboramos más con él.

¿Cómo lo ves?

¿Y por qué no llamamos a un abogado y que nos aconseje?

Podemos decir que no entendemos de números

y evitamos tener que reunirnos con Miras otra vez.

No lo sé. ¿Me dejas que lo piense?

Piénsatelo. Voy a abrir la floristería.

Y llama a Nicolás para que te arregle eso.

Vale, gracias.

Lo que faltaba.

Dos sacos de dormir, eso es.

Sí, eso también, todo lo que tenga que ver con un vivac.

Ya, se me nota, es que no tengo mucha idea.

¿Y hasta qué hora me lo podría reservar?

Vale. Si le parece, me acerco esta tarde.

¿De acuerdo? Muy bien, gracias.

Hasta luego.

¿Va todo bien?

Sí. Parecían enfadados.

Sí, están preocupados con lo del accidente

porque piensan que les pueden repercutir las consecuencias.

Si Javier dice que está todo bien, no me preocuparía.

Tengo otras cosas en la cabeza.

¿Cómo van las cosas con tu hijo?

Bien, bien, mejor.

Ha vuelto a disculparse por lo de ayer.

Se pasó de frenada y se dio cuenta.

Al menos se ha enterado de algo.

Igual está madurando. Sí, hombre, eso está muy bien.

El chico tiene carácter.

Y mucho criterio en la cocina. Casi tanto como su padre.

Casi tanto, tú lo has dicho. Le falta un hervor.

Y nunca mejor dicho.

Oye.

Se me hizo raro que me presentaras como tu novia.

Me pilló por sorpresa.

Raro.

¿No te gustó?

Sí, sí me gustó, me gustó mucho.

Es más, quiero ser tu novia todo el rato.

Incluso prometo ejercer el cargo con honor y lealtad.

Siempre. Vale. Genial.

Yo también espero ejercer ese cargo.

Estoy cansado de ser solo el cocinero y el ayudante.

Sabes que yo te lo agradezco.

Y hablando de cosas más terrenales,

¿tu hijo a qué ha venido, solo a verte?

No.

Solo a verme, no.

¿Entonces?

Andrea, no hace falta que vayas tan rápido.

Luego, sí, pero ahora estás aprendiendo.

No hay prisa, piano, piano.

-Mira quién fue a hablar.

El que quiere aprender a tocar la guitarra en un día.

-Ya. Como tú con la guitarra,

yo me he pasado una vida haciendo pizzas.

Y tú estás aprendiendo. Así que despacito.

-Papá, no es la primera pizza que hago.

-Andrea, hacer buenas pizzas es un arte.

Y tú todavía estás aprendiendo a crear tu obra.

¿Entiendes?

-Poco a poco.

-Poco a poco, mucho mejo.

-Poco a poco.

-El secreto, Andrea, es el equilibrio.

La belleza, ¿entiendes?

La estética también es importante.

Que la comida también entra por los ojos.

-Papá, ¿por qué no confías un poco en mí?

-Yo confío, Andrea, confío.

Tienes razón.

Perdona.

Me he pasado un poco.

Yo voy a atender la terraza.

Tú sigue, pero recuerda.

El equilibrio es el secreto de la buena pizza.

-Sí, vete ya, Humphrey.

-Vamos.

En cuanto le he apretado, ha salido su verdadera intención.

¿Entones, cuál es?

Quiere que le ayude a relanzar el restaurante.

Que le ayude a preparar un menú para sorprender a Carlos Rey,

un crítico gastronómico muy importante.

Pero esa es una oportunidad para estar juntos,

para cerrar las heridas. Ya.

Pero significa volver al restaurante, cerrar el puesto.

Dejar de vernos.

No sé, la idea no me apasiona mucho.

No es para tanto.

Me encanta que no te quieras separar de mí, pero es tu hijo.

De alguna manera, estás en deuda con él.

Ya, pero es volver a La Fanega.

Son demasiados recuerdos. Demasiados malos recuerdos.

Y Carolina también esta allí.

Me llevo bien con ella, pero prefiero mantener la distancia.

A lo mejor es una tontería, pero...

¿Por qué no lo hacéis aquí?

¿Aquí, en el Central? Sí.

Aquí tienes de todo.

Solo necesitaría unos utensilios de cocina,

que se los puedo pedir a un colega o comprarlos.

Y es verdad que el mercado tiene muy buena materia prima.

Carne, pescado, verdura.

¿No he dicho una tontería?

No, has tenido una idea brillante, como tú.

Oye, no hagas nada esta noche. No hagas planes.

Tengo una sorpresa para ti.

No te cuento lo que es porque si no, no sería una sorpresa.

Solo quiero que estés a las 20:30 en el puesto.

Vale.

Que no se te olvide. No, no soy como tú.

Eso ha dolido.

(SUSPIRA)

Hola. -Hey, hola.

-He visto a tu padre fuera. ¿Qué haces?

-Pues aquí estoy, haciendo pizzas como un loco.

Como mi padre está lesionado, me toca hacer todo.

Y encima, como se aburre, no para de estar encima de mí.

Está más pesado.

-Dile que se vaya a casa.

-Ya, pero no puedo hacer eso, le necesito.

Además, Rosa está enferma y no tengo ni idea.

No me puedo quedar solo.

-Yo te podría ayudar.

-Eh...

Bueno, no sé si es muy buena idea, David.

-Ayer te ayudé y fue bien, ¿no?

-Mmm...

Sí, bueno, eh...

Estuvo bien la cocina,

pero los clientes se quejaron de ti.

Tienes que ser más amable con la gente,

lo tienes que intentar.

-No es mi culpa que no sepan pedir.

Si no saben pedir, se lo digo.

-Vale, escucha.

Métete esto en la cabeza.

Los clientes siempre tienen la razón.

No es un consejo, es la ley de cualquier negocio.

-¿Puedo quedarme a echar una mano?

Los dos saldríamos ganando.

Tú tendrías un ayudante y yo podría practicar

los ejercicios de la terapeuta para socializar.

-Venga, vale, sí.

Vale, pero acuérdate de la norma, importante.

-El cliente siempre tiene la razón.

No es muy lógico, pero tiene sentido porque pone el dinero.

-Eso es.

(Mensaje de móvil)

¡No, tío!

¡No me lo puedo creer, se nos acaba de caer el concierto!

Han cerrado el sitio donde íbamos a tocar

por problemas de ruido. -¿No hay más sitios para tocar?

-No, es complicado encontrar un sitio para tocar.

Además, queríamos practicar las nuevas canciones en directo

antes del festival de jazz y blues.

No es lo mismo tocar en un local de ensayo

que con el público, que es cuando ves si las canciones funcionan.

-Podríais tocar aquí.

-¿En la pizzería?

No. ¿Con mi padre por aquí dándonos la lata todo el rato?

No, no, quita.

Me quedo como estoy y me quito de problemas.

(RESOPLA)

¿Entonces no hay nada que podamos hacer?

¿Seguro?

Vale, pues mantenme informado, por favor.

Muy bien.

De acuerdo, gracias. Adiós, adiós.

-¿Qué, malas noticias?

-De las peores. Era el abogado.

Otro operario está dispuesto a confirmar

la declaración de Wilson, aunque sea mentira.

Como nos denuncien, el mercado está perdido.

-Vaya.

-No sé si me estoy volviendo paranoico,

pero creo que Hortuño está detrás de todo esto.

¿No te parece mucha casualidad? -Pues...

No sé.

Venga, que seguro que lo arreglas.

-No sé cómo, no se me ocurre nada, al menos, nada legal.

Si tienes una idea o cualquier cosa que aportar, dímela.

-Vale.

-"Pues justo vengo de la pescadería".

Es que llevo unos días que no doy abasto.

Yo ya se lo he dicho a Javier, pero es que ni caso.

Y luego pasa lo que pasa.

Al final me echarán a mí la culpa de lo del niño ese.

Es verdad, pobrecito. ¿Cómo está?

Pues mira, no lo sé, unos dicen que está fatal.

Otros, que no es para tanto.

Como nos denuncie, la vamos a tener, Celia.

Eso acaba mal. Bueno, mira, eso ya está.

¿Necesitas algo más? No, muchas gracias, Nicolás.

Venga, hasta luego. Hasta luego.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

Adela.

No, no, soy Celia, soy su socia.

Pero si necesitas algo, puedes hablar conmigo.

Llamaba para cerrar los detalles del contrato.

Sí, de hecho, te paso el número de teléfono

del abogado para que hables los temas legales con él.

"Celia, yo no hablo con abogados".

Quiero resolver el asunto personalmente con vosotras.

"Me pareció que Adela no estuvo muy receptiva.

No sé si estáis interesadas en el negocio.

Si no lo estáis, me lo decís".

Yo me busco otro proveedor y no hay ningún problema.

No, claro que nos interesa, estamos muy interesadas.

Si te parece, quedamos nosotros

y organizamos las cláusulas del contrato.

¿Lo ves bien? "¿Vendrá también Adela?".

No, Adela no va a poder porque está indispuesta.

Estaremos solos.

¿Qué te parece si nos vemos en 10 minutos

en la terraza de la calle San Matías?

"Sí, la conozco, fenomenal. Nos vemos en un rato".

Sensacional. Hasta ahora.

Hasta ahora.

He hablado con Carla, me ha contado lo de la pulsera de su madre.

Que ha cometido algún delito, pero que se está rehabilitando.

No se lo contó para no asustarla. -Me lo contó el otro día.

-Ya. Dice que son delitos menores.

A mí me suena a excusa, un delito es un delito.

¿Tú sabes lo que ha hecho la madre de Carla?

No le quería preguntar porque no hay confianza para eso.

-Yo qué sé, yo tampoco le he preguntado.

-Ya.

-Pero todos cometemos errores.

Da igual lo que haya hecho, se merece otra oportunidad.

-Sí.

-De todos modos, hay algo que no me cuadra en todo esto.

He mirado en internet y esas pulseras no se las ponen a todos.

Solo a reincidentes o casos muy concretos.

Carla confía en su madre.

Pero más de una vez ya se la ha liado.

-¿Se lo has contado a ella? -No.

La última vez que hablamos de esto tuvimos una muy gorda.

Y ahora que lo hemos arreglado, no quiero volver a cagarla.

Si confía en su madre, ya está, yo también, o me queda otra.

Acuérdate de mandarme los datos del pasaporte.

O le haces una foto y me la mandas al móvil.

¿Estás bien?

-Estaba dándole vueltas a lo de mi madre.

Es que estaba tan triste.

No ha salido de la habitación en todo el tiempo.

-Supongo que le da pena que te vayas a Estados Unidos.

Es normal que se le escapa alguna lágrima.

-Ya, pero le he dicho que si quería

que la trajésemos y me ha dicho que no.

Que quería ir andando para que le diera el aire.

No sé, tengo miedo de que caiga en una depresión cuando me vaya.

-No, tu madre es una mujer fuerte, es una luchadora.

Solo hay que verla.

-Mi tía Lorena me dijo que estuvo un tiempo con antidepresivos.

Espero que no vuelva a caer.

Se ha apoyado mucho en mí. -¿Y qué quieres hacer?

¿Quedarte con ella para siempre?

-Los hijos se van de casa, es lo normal.

Tienen que vivir su vida.

A algunos padres les cuesta aceptarlo,

pero es inevitable. -Mi familia no es como todas.

Ya lo sabes.

Y mi madre es mucho más vulnerable de lo que piensas.

Me da miedo que cuando me vaya, mi padre la aísle aún más.

-Ya, lo entiendo.

¿Entonces, qué quieres hacer?

¿O no te quieres venir conmigo a Nueva York? ¿Es eso?

-No, claro que no, Luis.

Pero no quiero que mi madre esté mal.

Y no sé, es que la noto muy rara estos días.

Bueno, anda, vamos dentro.

Qué bien que os veo.

Os tengo que decir una cosa.

(CARRASPEA)

Jesús y yo vamos a organizar una cena

en su casa para las dos familias.

Y no podéis decir que no, tenéis que venir.

-¿En casa de los De la Cruz? Eso es territorio comanche.

-Precisamente, vamos a celebrar nuestra reconciliación.

¿Eh?

Vamos a dar una noticia muy importante.

-¿Qué noticia? Cuenta.

-Si quieres saberlo, te vienes a la cena.

-¿No me vas a adelantar nada? -No.

-Pues ya te vale. Pues nada, me voy al almacén.

-Pero a la cena vienes, ¿eh?

-Vamos, no creo que la noticia sea para tanto.

-Ya veremos.

-Abuela, a mí sí me lo contarás, ¿no?

-Sí, pero a tu madre, ni una palabra.

-Palabrita.

-Me voy a ir a vivir con Jesús.

(RÍEN)

-Enhorabuena.

-Nos vamos a quedar en su casa. ¿Qué te parece?

-¿En su casa?

¿Qué me va a parecer? Me parece bien.

Si estáis seguros, para delante. -¿Sí? No sé, es que...

¿Qué va a decir tu madre? ¿Y los del mercado?

No quiero ser la comidilla, que la gente es muy mala.

-Ya ves tú lo que te importa lo que diga la gente.

Siempre has hecho lo que te ha salido del mis...

-Ahora sí que me importa.

No puedo perder el tiempo con bobadas, soy muy mayor.

Últimamente no he hecho más que meter la pata

y no quiero seguir metiéndola.

-Ya.

Gracias, Curro. Gracias.

El servicio de este bar es formidable.

Es mi segunda oficina.

Ah, muy bien.

Si te parece, podemos cerrar el acuerdo de las 500 cestas,

arrancamos con ello y luego hablamos de otros acuerdos.

Sensacional. ¿Sí?

Vas directa al grano.

Me gusta ser profesional.

Además, tengo el puesto a medio cerrar, tengo que volver.

¿Por qué no ha venido Adela?

Tenía un compromiso y no lo podía anular.

Me has dicho que estaba indispuesta.

¿Te he dicho yo eso?

Perdóname, me habrás pillado con muchas cosas en la cabeza.

¿Seguimos con esto, te parece?

Nos dijiste que serían unas 500 cestas.

¿Sabes el número exacto?

La verdad es que no.

Tendría que consultarlo, pero tengo los papeles en el despacho.

Ya.

Perdona, pero creía que era una reunión de trabajo

y si no has traído la documentación...

Así es muy difícil avanzar. Al contrario.

Hay que avanzar poco a poco, Celia.

La relación cliente-proveedor es muy importante.

La confianza es fundamental en los negocios.

Los números son muy aburridos. Ya los haremos al final.

Yo la verdad es que preferiría hacerlos ahora.

Mi hijo siempre dice que los números son importantes.

Ah, mira, eso me interesa. Cuéntame de ti.

¿Estás casada, eres madre soltera?

Bueno, eso no es importante.

¡Huy!

Si te enfadas, es porque estás soltera.

Sensacional.

¿Y cómo es que una mujer tan atractiva como tú

no tiene novio?

Mira, habíamos cogido Adela y yo

unos ejemplos de cestas para que eligieras.

Pero al final... ¿Se puede saber qué haces?

Venga, mujer, no te pongas así, tampoco es para tanto.

Solo te he tocado un poco la pierna.

Adela tenía razón, eres un asqueroso.

Eh, tampoco te pases, guapa.

Eres una estrecha impertinente. Hay que fastidiarse.

A lo mejor yo soy impertinente, pero tú eres un cerdo.

¿Qué pensabas, que ibais a conseguir

un negocio sensacional sin dar nada a cambio?

Puedo conseguir precios cien veces mejor que los vuestros así.

Con mujeres que saben lo que quieren.

Mucha suerte, a ver si lo encuentras.

¡Desgraciado!

Solo han pasado 10 minutos, tranquilízate.

Sí, me dijo que quería pasarse por una exhibición

en el recinto ferial, igual se ha liado un poco.

Oye.

¿Cuál va a ser mi sorpresa? Anda, dame una pista.

No, no te voy a dar ninguna pista.

Que eres muy lista y luego lo aciertas.

Lo que sí te digo es que creo que no te va a defraudar.

Qué presión, como no me guste...

Te va a encantar. Aquí está.

¡Eh! -¿Cómo estáis?

-Hola. ¿Qué tal la exhibición?

-Bien, bien, muy bien.

Perdonad el retraso. Nada.

-¿Quieres tomar algo?

-Un vinito, un Ribera. Si tenéis.

-No, no tengo, te puedo poner un vaso de agua y una aceituna.

Pues claro que tengo Ribera.

Bueno, papá.

¿Te has pensado lo que te dije de venirte a La Fanega?

Sí, lo he pensado.

Y no vamos a ir al restaurante.

Eso no significa que no te vaya a ayudar.

Lo vamos a hacer aquí, Marcos.

¿Aquí?

Estás de coña, ¿no?

Dime que estás de coña.

¿Quieres hacer un menú degustación para Carlos Rey

aquí, en el bar de un mercaducho de barrio?

-No tenemos nitrógeno líquido para hacer esferificaciones.

Pero tu padre elaboró aquí la carta de este local.

Y es bastante vanguardista. -Sí, tiene toda la pinta.

No hay más que ver el sitio.

No te ofendas, la alta cocina es otra cosa.

Marcos, eso ha sido innecesario y muy ofensivo.

Sabes que aquí no se puede hacer nada.

No estoy de acuerdo contigo.

Lo importante no es el lugar, son las personas.

Lo demás es secundario. ¡Qué tontería!

¿Te han lavado el cerebro?

De cocinero top a vender macarrones artesanos.

Menudo carrerón.

¿O me vas a decir que la pasta fresca que tú rellenabas

es lo mismo que la basura que vendes?

Vale, vale.

Si piensas eso de mí, ¿por qué has venido a buscarme?

Porque pensaba que había perdido a mi padre.

Siempre estaba tan ocupado en su restaurante,

su prestigioso restaurante. Nunca tenía tiempo para su hijo.

¿Quieres saber lo que eres?

Eres un fracasado.

Y un cobarde.

Papá, toma, me ha dado esto Samuel para ti.

-¿Qué es? -No sé.

-¡Mierda!

(RESOPLA)

-¿Qué pasa?

-Que me he olvidado de hacer la declaración del IVA.

Y ahora me han pegado...

Madonna!

-Tranquilízate, no pasa nada. -¡No puedo más, Andrea!

-Es una multa, no pasa nada.

-¡Ya, mira qué multa! ¿Cómo la pago?

-No sé, pero la vamos a pagar.

-Desde que se ha ido tu madre...

No puedo más.

Es que... -Tranquilízate, papá.

No pasa nada, tranquilo. -Desde que se ha ido tu madre...

-Está sufriendo un ataque de ansiedad.

Igual hasta se desmaya.

-A ver, papá, respira.

Tranquilo, ¿vale? Mírame, mírame, respira.

Respira tranquilo, así. Respira conmigo.

Coge aire.

Suelta el aire.

Tranquilo, ¿vale?

Ya está, no pasa nada, está todo bien.

Esto no va bien, hay que darle una vuelta.

-¿Cómo lo hago, Andrea?

Yo no veo salida. -Escúchame.

Escucha, tranquilízate. Respira tranquilo.

Tú te acuerdas de que yo iba a dar un concierto.

En un garito. -Sí.

-El garito lo han cerrado por problemas de ruido.

-¡Encima, esto! -No, escúchame.

Papá, por favor, atiéndeme.

He pensado que podríamos dar el concierto en la pizzería.

Así salimos los dos ganando.

Yo puedo practicar mis canciones con público,

escúchame, y tú ofreces música en directo, que siempre está bien.

Y con suerte, hacemos más caja.

-¿Y cómo lo hacemos, Andrea? Aquí no hay espacio.

-Nos adaptamos, apañamos el grupo como sea.

-Mejor hacedlo...

Hacedlo en el muelle.

Porque así involucramos al mercado.

-Vale, en el muelle. -Y yo podría...

Podría ofrecer limoncello.

-¿Para qué? -Por las molestias.

-¿Qué molestias, si ofreces música en directo?

-Ya. -Claro.

-Tienes razón.

En cualquier caso, tenemos que decírselo a Elías.

-¿Y qué pinta Elías en todo esto?

-Elías es el...

Es el presidente de la Asociación de Comerciantes y Vecinos.

Sin su permiso, aquí no hacemos nada.

-Vale, vale, tranquilo.

Si hay que avisar a Elías, avisamos a Elías.

Papá, mírame.

Va a salir todo bien.

¿Vale?

Dame un beso.

-Gracias por todo, Andrea.

Gracias. -Nada, tranquilo, ya está.

¿Cómo se te ocurre quedar con ese impresentable sin decirme nada?

¡Y encima, le tiras un vaso de agua, es que de verdad!

Te he dicho que lo siento.

Pensé que podía arreglar las cosas, pero ha sido una cagada.

Tu corazonada era acertada, el tío es un chungo.

Si me lo hubieras dicho, habría ido contigo.

A ver si se metía con las dos. Si es que llamó.

Le dije que hablara con el abogado, pero me dijo que no quería.

Me dio a entender que buscaría otro proveedor

y me asusté porque no lo quería perder como cliente.

Además, pensé... Que estaba paranoica.

Sí, Adela, lo siento.

Lo que está claro es que no podemos hacer negocios con este tío.

Le damos las cestas, que nos pague y se acabó.

Espero que le dejaras bien empapado.

Pues sí.

(Móvil)

Te dejo, ¿vale? No, no, espera.

Es Miras.

Hola, Leopoldo.

Sí, así es, no nos convencen tus condiciones

y pensamos que este acuerdo no es sensacional.

Así que no vamos a poder cerrar el trato.

¿Cómo?

Espera un momento, eso no lo puedes hacer.

No, no, el pedido era en firme.

Hemos comprado el material y las cestas.

Ay, Dios.

Sí, ya sé que no hemos firmado nada.

¿Ah, no?

Pues yo creo que sí que tienes un problema.

¿Qué vas a decir de la calidad del producto si no lo has visto?

Sinvergüenza.

Vale, lo que quieres es vengarte de nosotras.

Pues te vas a enterar.

O nos pagas el pedido o te vamos a denunciar por acoso.

Se está riendo en mi cara. No te creo.

Leopoldo, mira una cosa que nunca te dije en el colegio.

¡Vete a la mierda!

No nos va a pagar.

¿Qué hacemos? Hemos invertido 3000 euros en esto.

No lo sé, pero no va a soltar un céntimo.

Y sabe que no vamos a ir a un abogado

porque solo es un acuerdo verbal.

Y no vamos a ningún sitio.

¿Qué está pasando aquí?

No lo sé, vendrán a tomarse un bocadillo de tortilla.

¿Entonces, qué hacemos?

Algo habrá que hacer.

El mierda de Wilson ha desaparecido.

Ha pedido el alta voluntaria y se ha largado.

Ahora busca a su familia y a él.

Y sin poner la denuncia. No me lo puedo creer.

Menudo pájaro. Seguro que ha cobrado para no ponerla.

¿No desconfiarás de mí? Estabas delante cuando negociamos.

No, ya sé que esto no es cosa vuestra.

Esto es cosa de Javier.

Estoy empezando a pensar que es el único con dos dedos de frente.

Claro, por eso estaba tan tranquilo en la reunión con los comerciantes,

porque ya había cerrado un acuerdo con Wilson.

Nos la ha colado. Nos la ha colado pero bien.

Pero esto no se va a quedar así.

No tiene ni idea de con quién se la está jugando.

Pero se va a enterar, este se va a enterar.

Vaya, parece que Javier también sabe jugar sucio.

No.

Javier no ha sido.

No es tan listo, lo estamos sobrevalorando.

Ha sido otro el que ha pagado a Wilson para que se largara.

¿Por qué estás tan seguro?

Porque Javier, en la reunión de comerciantes,

no estaba tranquilo, estaba muy nervioso.

No tenía ningún plan, estoy seguro.

¿Y quién ha sido? Porque él es el principal interesado.

Pues no lo sé.

Pero más tarde o más temprano, me enteraré.

Yo siempre me entero de estas cosas.

Oye.

Te dio tiempo a hacerlo todo en Barcelona y volviste muy rápido.

Sí, la reunión fue muy rápida y pude coger otro avión.

Prefería dormir en casa.

Qué casualidad que te diera tiempo a llegar

justo para ver el accidente de Wilson.

Pues sí, todo un espectáculo. ¿Por qué lo dices?

Mm, curiosidad.

Mierda.

Rosa.

Qué placer verte.

-¿Cómo está tu mano?

-Eh... Mucho mejor, gracias.

-Nacho me dijo que le habías pedido que volviera.

-Verás.

Rosa, tú eres mi mejor amiga.

Y una compañera de trabajo extraordinaria.

Y yo no quiero perderte.

-Ayer no estuve muy afortunada con las cosas que te dije.

Lo siento tanto. -Fue un malentendido.

Una discusión tonta que pasa hasta en las mejores familias.

-¿Entonces, qué, vuelvo a trabajar?

-Si quieres, me pongo de rodillas.

-Venga, no seas tonto.

-Ven aquí.

¡Aaaah! -Perdón, lo siento.

¿Te he hecho daño? Perdona. -¿Era broma!

-¡Eres idiota, de verdad!

¿Nos ponemos a trabajar? -Va.

Rosa.

¿Seguro que estás bien?

-Seguro.

Perdonad la tardanza, el marmitako es un plato muy delicado.

Hay que calentarlo en cazuela,

a fuego lento, nada de microondas.

Hay gente que lo hace al microondas.

Pero no os lo mismo. Bueno, no os doy más la brasa

con mis conocimientos culinarios,

no sea que me equivoque y alguien me eche la bronca.

Que aproveche.

Buenos días.

-¿Conoce a Elvira Gallardo?

-No, ¿por qué?

-No, nada.

¡Hola!

-Hola. -¿Qué tal?

No te había visto. ¿Quieres una cerveza?

Pasa, sírvetela tú, no sea que me pase de corona.

Ah, no, prefieres un vino. ¿Por qué no eliges una botella?

Creo que no tengo ninguna que esté a la altura de tu finísimo paladar.

-Dime lo que tengas que decir.

-Te has pasado un montón y has sido muy injusto con tu padre.

Vale, no es una estrella culinaria, pero es feliz.

Y se preocupa mucho por ti.

Así que como vuelvas a pasarte un pelo con él, te...

-¿Me darás un capón con la cuchara?

-Sí.

-Vale, por favor, relájate, he venido a pedirte perdón.

He sido un idiota, lo siento.

-Define idiota.

-Que no puedo con la presión, se me da muy mal.

Trato muy mal a la gente.

Me cuesta, me presiono a mí mismo y presiono a los demás.

-Es una buena definición de idiota.

¿Y qué vas a hacer para solucionarlo con tu padre?

Lo vas a solucionar con tu padre.

Eh, Rosa. ¿Qué tal?

-Bien. -¿Podemos hablar?

-Sí, claro. ¿Qué tal vuestros papeles?

¿Tenéis el visado? -Sí, todo bien.

-Tengo que ir a la pizzería. ¿Me acompañas?

Pues tú dirás.

-Nada, solo quería saber cómo estás.

-Estoy bien. ¿Por qué me lo preguntas?

-A ver, sé que estás muy unida a Noa

y entiendo que te preocupe que se vaya tan lejos.

Pero es que ella también lo está pasando mal.

-Ya. -No le gusta verte así.

Solo quiero que te quedes tranquila

y te prometo que voy a cuidar de ella.

-No me cabe la menor duda, te lo aseguro.

-No vas a perder a tu hija.

Y tienes todo el derecho a estar triste.

Pero cuando te ve así, ella duda de querer venirse conmigo.

-¿Sabes?

La verdad es que me produce mucha tristeza perder a Noa.

Sobre todo, ahora que la he recuperado.

Pero no es por eso por lo que estoy así.

-¿Y entonces, por qué es?

Si puedo ayudarte en algo, solo tienes que pedírmelo.

-¿Me prometes que no se lo vas a contar a nadie?

Y menos a Noa, porque si se entera...

-Te lo prometo.

(SUSPIRA)

Creo que Nacho tiene una amante.

Se llama Rocío.

-¿Cómo te has enterado?

-Porque le he descubierto un mensaje que ella le envió

y he visto una reserva que ha hecho

en uno de esos hoteles que alquilan habitaciones por horas.

Estoy segura de que todo empezó porque quería darme celos con ella.

Me parece que al final son amantes de verdad.

No puedo perderlo, no sabría qué hacer sin él.

-¿Estás segura de que es su amante?

-Yo qué sé.

-¿Y si es una amiga que se está prestando al juego?

La gente celosa es muy retorcida.

-No sé.

-No sé, quizá podría ayudarte.

Podría seguirle y comprobar si es verdad.

-Qué dices, ¿y si se entera? No, no.

Si se da cuenta o si todo esto es mentira,

se enfadaría mucho conmigo. -No me va a descubrir.

-Pero a ver...

Es una cadena de hoteles, ¿cómo sabrías dónde está?

-Yo me encargo, ¿vale? Tranquila.

-Rosa, ¿me podías echar una mano?

-Sí, claro, perdona.

Tengo que irme. -Vale.

-Sí.

Ya que estamos y ya que vamos a hacer el menú aquí,

hay que hacerlo bien, por lo menos.

Entonces.

Los utensilios.

Rallador de huevo.

Después tenemos el hacedor de pasta.

Que es una maravilla.

El hacedor de pasta complicada, como yo lo llamo,

que hace filigranas más especiales.

Tenemos colorante en gel de color rojo,

de color azul, de color verde.

Es lo único que nos haría falta.

Y nitrógeno líquido para las esferificaciones.

¿Qué te parece?

-Que me encanta el hacedor de pasta complicada.

Es tan mono.

-¿Lo quieres?

Si me perdonas, te lo doy.

-No, ya me has pedido perdón. Bueno, sí, me lo quedo.

-Muy bien.

Si al final, cualquier sitio es bueno para ponerse a cocinar.

-Pues claro que sí.

Lo importante es que tu padre y tú estéis juntos.

-Sí, tenemos mucho tiempo que recuperar.

-Eso piensa él.

-¿Te habla mucho de mí? -Mucho.

Se preocupa por ti.

Lo que pasa es que para él es difícil.

Yo...

Hace unos días intenté que os reencontrarais,

pero se me chafó el plan.

-¿A qué te refieres?

-Pues que intenté que os reunierais en La Fanega.

-¿Eras la Lorena para dos que canceló la semana pasada?

-Buena memoria.

-¡Ah! ¿Por qué no vinisteis, qué pasó?

-Bueno, digamos que tuvimos un percance

y se me estropeó la sorpresa.

Pero ahora la sorpresa se la has dado tú

y lo importante es que estáis juntos.

Buenas. -Hey.

Nada, que estaba...

disculpándome con Lorena.

Que bueno, no se me da muy bien.

Pero ¿a quién habré salido?

Ya te lo digo yo, a tu madre.

Ven aquí, anda.

Lo siento mucho, de verdad. Hey.

No pienso nada de lo que te dije, solo lo hice por hacer daño.

Vale, pues ya está olvidado.

¿Qué, nos ponemos a tope con lo del menú?

Por supuesto. Que tiemble Carlos Rey.

Que tiemble Carlos Rey.

Hola.

-¿Qué haces aquí?

-Que tengo que contarte una cosa,

pero quería decírtelo en persona.

-¿Es muy grave?

-No, es muy bueno.

Me han dado el trabajo.

Empiezo hoy, dentro de un rato. -¡Qué dices!

¡Enhorabuena!

(RÍE)

-Es un trabajo a media jornada, tampoco es para tanto.

-Qué dices, mamá, como me dijiste tú a mí.

No hay que quitarse méritos, está superbién.

Es superbuena noticia que te hayan pillado para un curro.

Estoy superorgullosa de ti.

-¿Tú estás orgullosa de mí?

Vaya, nunca pensé que iba a oírte decir eso.

Me gustaría mucho celebrarlo con Samu, contigo.

Os puedo invitar a comer.

-¡Amor, amor, que a mi madre le han pillado para el curro!

Y nos invita a comer.

-La Policía está registrando el mercado.

Te están buscando.

-¿Estás seguro de eso?

-La están buscando, me han enseñado una foto suya.

-¿Por qué?

-Pues no lo sé.

Será mejor que salgas a hablar con ellos.

-Claro que vamos a ir a hablar porque es un error.

Vamos, ¿verdad? Vamos.

¿Todo bien?

Sí, todo bien.

Espero que lo que tengas que decirme sea muy urgente

porque he dejado una reunión muy importante.

No tengo buenas noticias.

Con esto del mercado hemos sido muy sutiles y eso no sirve de nada.

Tenemos que tomar decisiones drásticas o todo se irá al garete.

Hay que acelerar el proceso.

Muy bien, ¿y cuál es el plan?

Tenemos que quemar el mercado.

Hortuño, no me fastidies, no estás hablando en serio.

Claro que estoy hablando en serio.

Es que...

Es que no.

Es que no puede ser, es una locura,

tiene que haber otra forma de hacer esto.

Es la mejor manera de conseguirlo

antes de que los comerciantes salven el mercado.

Escúchame una cosa, vamos a tener un poco de calma con esto.

No lo podemos hacer por dos cosas.

Eres el principal interesado en que el mercado se vaya al garete.

Y también sabe todo el mundo que eres el principal beneficiario.

Si se sabe esto, que tarde o temprano todo se sabrá,

tú serás el culpable sin duda. No, si hacemos las cosas bien.

Es que esto no hay manera de hacerlo bien.

No puedes prenderle fuego y que parezca un accidente.

¡Tenemos que hacerlo y no hay más que hablar!

¿Qué está pasando? Hay algo que no me has contado.

¿Te he hablado alguna vez de Antonio Velasco?

Es un empresario de los de antes, de la vieja escuela.

Está acostumbrado a hacer las cosas a su manera.

Por las buenas o por las malas. Hace tiempo que nos asociamos

y hemos hecho negocios de todo tipo.

Más limpios y menos limpios.

Ahora es mi socio principal en esto del mercado.

Hace poco que salió de la cárcel.

Estaba por blanqueo y estafa. Una joyita.

Y ahora tiene prisa.

Quiere que las cosas se hagan cuanto antes.

Quiere acelerar el proceso.

A base de gasolina.

A Velasco no se le puede decir que no.

Si quiere quemar el mercado, tendremos que quemar el mercado.

Si haces eso, tú terminarás en la cárcel.

Y sabes que tengo razón.

Mejor en la cárcel que muerto.

Aquí es donde trabajo yo, no tiene nada que ver con ella.

Mamá, díselo, por favor, que esto es un error.

No sé qué están buscando.

Es un error. -¿Es aquí?

¿Esta maleta es suya?

-¿Qué coño has hecho?

¡Joder!

(LLORANDO) Necesito hablar con ella.

Por favor, un momento.

¡Mamá! -Tranquilícese.

-¡Mamá! -Tranquilícese, por favor.

-¿Qué has hecho? -Lo siento.

-¡Tranquila, por favor! -¿Por qué has hecho eso?

-Tranquilícese, por favor. -¡Necesito hablar con ella!

¡Mamá!

(LLORA) -Carla.

Carla.

-¡Por favor!

-Carla, por favor.

Ven.

Tranquila.

(CARLA LLORA)

-Todo se va a solucionar.

(LLORA)

-Vale, vale.

Todo se va a arreglar, ¿vale?

(LLORA)

-Vale, vale.

Se va a solucionar, Carla.

Tranquila. (CARLA LLORA)

Aquí pone la pena que le puede caer.

De tres a seis años.

No, dice que si es una gran cantidad,

son de seis a nueve años.

Es una gran cantidad. -Pues sí.

Y si pertenece a una organización criminal, más todavía.

Déjalo, no hagas nada más.

-Pues tengo que decirte que ya lo he hecho.

-¿Le has estado siguiendo?

-Sí. ¿Y sabes dónde está?

-Sí, en su oficina. Me ha llamado para decirme que no viene a comer.

-Acabo de verle y te aseguro que en su oficina no está.

Me ha costado mucho que me vean como un músico y no como un niño.

Como la mascota de la banda.

Y tú, con tus comentarios

y con las fotitos no me ayudas nada, la verdad.

¡Si leyeras más libros de gastronomía, lo sabrías!

¿La Wikipedia? ¿Por qué discutimos por esto?

Eso, ¿por qué discutimos por esto

pudiendo discutir por los platos que estoy preparando para ti?

Te doy la oportunidad de que se lo cuentes a tu manera.

Por una vez en tu vida, trátala como se merece.

-¿Quien eres tú para decirme lo que tengo que hablar con mi mujer?

-Nadie, tienes toda la razón.

Pero o se lo cuentas tú o se lo cuento yo.

Tú no conoces a Elías. Pero te digo una cosa.

Si teníamos alguna posibilidad de recuperar los 3000 euros,

ve olvidándote de ella.

Me dijiste que el abogado dijo que era imposible.

¿Qué pinta Elías en todo esto?

Es lo que te estoy preguntando hace un rato.

Algunos comerciantes van comentando por ahí

que Carla pudo haber tenido algo que ver con lo de su madre.

-¿Qué estás diciendo, Jonathan?

Menos mal que no te gusta, no sé a qué viene esto.

Y tampoco te parece casualidad que presencies el accidente,

que tu médico te mande a recoger los análisis

el día que Wilson desaparece y en el mismo hospital.

-Vamos a ver, chico, si lo dices así,

pues sí, casualidad triple, pero estas cosas pasan.

-Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes.

Pero no me tomes por idiota y no te hagas pasar por mi colega.

Encantado de conocerte.

Dime, Elías, ¿qué hacemos exactamente aquí?

Quería hablar contigo para convencerte

de que quemar el mercado no es la mejor opción

para solucionar nuestros problemas.

¿Tú todavía me quieres?

-Tiene gracia que seas tú quien me hace esa pregunta y no al revés.

Cuando eres tú la que no me ha tenido

muy en cuenta últimamente.

¿Sabes?

Si tú me hicieras esa pregunta a mí,

no tendría ninguna duda al contestarte.

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Mercado Central - Capítulo 69

31 dic 2019

Serie que narra el día a día de un mercado de barrio a punto de ser convertido en un centro comercial, y su lucha por impedirlo.

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