Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 66 - ver ahora
Transcripción completa

Sí, hija, sí. Era un desastre para todo.

Hasta para mí misma.

-Sobre todo, para ti misma.

-Pues sí.

Pero ahora soy capaz de controlar mi vida, mi enfermedad.

Y creo que estoy preparada para recuperar a mis hijas.

Si tú me dejas, claro.

-Claro que sí.

-Sé que quieres el Mercado

y que tú encargaste que me dieran una paliza.

Pero no hay que llegar tan lejos, hombre.

Si tú me ayudas, yo te ayudo.

-¿Qué quieres?

-Lo que todos. Dinero.

-Te doy la mañana libre, así que...

Lárgate de aquí

y déjame tranquilo, por favor.

-Está bien, te dejo solo.

-Rosa.

Vete con Nacho.

Aprovecha que tú tienes a alguien a tu lado

y cuida de él.

-Ha vuelto a demostrar que es un buen hombre y un gran padre.

-Entonces, ¿ya no quiere que Andrea viva con él?

-No, no es que no quiera,

piensa que lo mejor es que se venga conmigo.

-¿Y Andrea qué ha dicho? -¿Andrea?

Andrea está muy enfadado,

pero al final ha cedido.

-¿Sí? -Sí, estoy tan contenta.

¡Ay, Doménico!

-Empiezo a estar harto del pizzero.

Y de que cualquiera

sea más importante que yo para ti.

-Por favor...

-Me ha venido bien encontrarme con Javier.

Ha perdido los nervios y me ha agredido.

-¿Qué dices? No te ha agredido.

-Eso lo sabemos tú y yo, pero, cuando te llamen para declarar,

tú testificarás que me dio un puñetazo.

-Oye, la gente del Mercado es muy simpática, ¿sabes?

Es una pena que todo esto vaya a arder hasta los cimientos.

¿Qué harás con la grabación?

Voy a llevársela a un amigo periodista

y vamos a hundir a Hortuño.

Que se sepa quién es y qué quiere hacer con el Mercado.

No todos se comprometerían así el puesto de gerente. Gracias.

Verás, cuando Hortuño decidió contratar a un matón

para darme una paliza, cometió un grave error.

El Mercado Central no es solo un trabajo, es algo personal.

-Estás jugando a dos bandas.

Y lo peor es que uno de esos hombres es mi hermano,

el marido de tu mejor amiga, la mujer con la que vives.

La mujer que te ayudó cuando llegaste a este mercado.

¿Quién te lo ha dicho?

Pues no me lo ha dicho nadie, porque lo he visto yo.

Os vi besándoos a mi hermano y a ti.

Lorena, ¿puedes parar un momento? Tenemos que hablar.

Ahora no puedo, tengo la cocina empantanada con las comidas.

No le cuentes nada a Adela.

Ya veo que tienes comunicación directa con tu amante.

No es mi amante, no te equivoques.

Así que te pido que no confundas a Adela.

¿Y lo que vi qué fue?

¿Un besito de buenas noches? Un error.

Cuando lo haces un día sí y otro no,

no es un error, Elías, es una costumbre.

¿Qué te pasa?

Llevas días suplicándole a Adela una oportunidad

y, a la que tienes la menor ocasión, le pones los cuernos.

Es que no es fácil de explicar.

Es que no lo entiendo.

Si no quieres a Adela, ¿por qué quieres volver?

Y, si la quieres, ¿cómo eres capaz de hacerle eso?

Oye, vamos a ver una cosa, ¿eh?

Adela dejó claro que no quiere seguir conmigo,

que nuestro matrimonio se ha roto.

Pues no tengo que darle explicaciones a nadie.

Ah, ¿sí? ¿Y qué haces aquí, entonces? ¿Por qué te importa que se entere?

Joder, Elías, y, además, ¿con Celia?

Con su mejor amiga, con su socia.

La que la ha acogido en su casa.

Ni hecho aposta. Oye.

No soy tan cabrón como para hacerlo queriendo.

Eres capaz de eso y de mucho más.

Qué mejor manera de castigar a tu mujer por haberte dejado

que enrollarte con su amiga. ¡No digas tonterías!

No tienes ni idea de lo que estás hablando, ¡ni idea!

Aunque te lo explique, no lo ibas a entender.

No me lo tienes que explicar a mí.

Es a tu mujer.

Yo ya te he cubierto muchas veces, Elías.

No te pienso cubrir más.

¿Y de qué sirve que vayas echando más leña al fuego?

Porque no voy a tolerar que Adela siga confiando en la mujer

que se enrolla con su marido. Otra vez.

Que no nos estamos enrollando, que no estamos liados.

Fue solo un beso. Y estaba borracho.

¿Y ella estaba borracha? Olvídate de ella.

Ella no tiene nada que ver con esto, somos tú y yo, tú y yo.

Esto va de ti y de mí.

De dos hermanos. Y uno está pidiendo un favor.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Ya me he callado muchas cosas, Elías.

Muy bien.

Así me pagas todo lo que he hecho yo por ti, ¿eh?

¿Quién te abrió las puertas de casa

cuando llegaste con el rabo entre las piernas?

Chantaje emocional.

Elías en su pura esencia.

Sí.

Elías, el auténtico y genuino.

Elías, el Elías de siempre.

El Elías que te abrió las puertas

cuando ni papá ni Rosa querían verte ni en pintura.

El Elías que siempre ha estado ahí, ¡siempre!

Siempre que lo has necesitado. Ahí estaba tu hermano.

¿Y así me lo pagas, eh?

¿Jodiéndome la vida?

Mira, hermana,

yo no sabía ni lo que hacía.

Estaba borracho, fue solo un beso, necesitaba un poco de cariño.

Ya está, yo qué sé.

Si es que, además, no significó nada.

¿Y para Celia? Para Celia, menos que para nadie.

Tal y cómo están las cosas,

tendría que suceder un milagro para que Adela volviese conmigo.

Pero, si tú vas ahora y le cuentas esto, pues...

Seguro que esto se acaba para siempre.

Solo te estoy pidiendo

que me des la oportunidad que yo siempre te he dado a ti.

Y te lo estoy pidiendo por favor.

¿Ya?

Ven aquí.

Hey, que te vas a enamorar de Napoli, ya lo verás.

-Pero es que yo no quiero ir allí, quiero estar aquí contigo.

-Pero piénsalo así.

Que vas a aprender un poco de italiano, ¿eh?

Porque aquí no hay quien te lo haga hablar.

Además, verás que, después de un mes, te va a encantar,

te olvidarás de Madrid, del Mercado, de todo.

-Seguro.

-Y la "nonna" Francesca "ti aspetta", ¿eh?

Prepárate para engordarte

como mínimo treinta kilos, ¿eh, gordito?

¿Qué pasa, Andrea?

-Que yo no sé si voy a poder estar en Nápoles sin ti.

-Hey...

No te vas a librar de mí tan fácilmente, ¿eh?

El puente del mes que viene, ya estaré allí, ¿eh?

Vamos a alquilar "due motorini" y vamos a explorar la bahía.

Tú no sabes la ilusión que me hace

que mi ciudad sea también la tuya.

-¿Tú estás bien?

-Espero que algún día me podrás perdonar.

-¿A ti, por qué, papá?

-Me hubiera gustado estar más a tu lado.

Escucharte más. -No.

No digas eso, papá, eres un padre increíble.

De verdad, eres increíble.

-Tú sí que eres un hijo increíble.

-Te voy a echar de menos.

-Yo, a tú, no.

Cuando te vas de aquí,

cierro la pizzería y me voy a jugar al pádel, ¿eh?

-Andrea, cariño, el taxi nos espera.

-Hey.

Cuida de tu madre, ¿eh?

¿Me lo prometes?

"Figlio mio".

"Buon viaggio". (CRISTINA) Vamos.

Gracias.

Si no le gusta a tu suegra, que me la traiga y se la cambio.

Hasta luego.

Adela, ¿querías verme?

Sí, gracias por venir.

Espera. Dime.

Toma.

¿Qué es esto?

Es un detalle por las molestias que os estoy causando.

Es algo más que un detalle.

Pero espero que llegue

para compensar la subida de la cuota del colegio de David unos meses.

Lo siento mucho, no lo puedo aceptar.

No seas tonta.

Me estás ayudando muchísimo y ahora me toca echarte un cable.

Vamos a ver, Adela.

La droguería va mejor que nunca,

lo de las cestas vino por Sonia, una clienta tuya,

¿qué más quieres hacer?

Oye, no digas tonterías.

Llevo muchísimos días viviendo en tu casa a mesa puesta.

Es que es lo mínimo.

Pero tú has llenado la nevera un montón de veces.

No me hagas sentir mal, toma.

¿Sentirte mal por qué? ¿Me lo puedes explicar?

Vamos a ver, vamos a hacer una cosa.

Si no lo quieres aceptar como un regalo,

considéralo el pago del alquiler de la habitación.

Me parece justo, ¿no?

No, me parece fatal.

Oye, no me lo pongas más difícil.

Muchas gracias, Adela,

pero no merezco esto. Ay.

No digas tonterías, claro que te lo mereces.

Además, falta lo más importante.

¿Qué?

Que me des un abrazo.

Verás como todo se soluciona.

Bueno, voy a...

(TOSE)

¿Qué, dónde te metes? Que llevo un buen rato buscándote.

Resolviendo un tema urgente.

¿Del negocio? Si quieres, te ayudo.

No, no te preocupes, gracias.

Ya lo tengo medio solucionado. O eso espero.

Cuéntame, ¿qué querías?

Pues, mira, esto.

El pedido de fruta de esta semana.

Me lo imaginaba.

Tengo una reunión pendiente con Jonathan.

Le diré que se ponga las pilas. Pues más nos vale.

Desde que no está mamá, hemos bajado las ventas casi un 13 %.

Pues entre eso y que tu abuelo está apollardado...

Mira quién fue a hablar.

Oye, menos criticar y más arrimar el hombro.

Lo que nos preocupa ahora es...

tu amiguito Javier.

¿Cómo vas con su asunto?

¿Cómo voy de qué?

Hortuño lo va a denunciar.

Con eso nos vale. No.

Eso no va a llegar a nada.

Como mucho, le pondrán una multa.

Dentro de poco, está aquí otra vez.

A ver, si estabas a tope con eso. Y Hortuño me ha pedido que declare.

Eso está por ver, ¿eh?

No quiero que declares, te puede salpicar la mierda.

Y estaba a tope con eso porque Hortuño estaba delante.

Vale, pues ¿qué quieres que hagamos?

No lo sé.

Pero hay que quitárselo de en medio y para siempre a nuestra manera.

¿Hortuño te está apretando a ti?

Pues es hora de que tú le aprietes a Javier.

Aquí la tienes.

Muchas gracias, Jesús.

Es que no la encontraba y...

No me apetecía ir a casa y ver de nuevo a Elías.

No me extraña.

No sé si he acertado, ¿eh?

Había varias cajas con papeles.

Ah, ¿a ver?

Pues no, esta no es la de los bancos.

Es donde tengo el libro de familia y... y los papeles médicos.

Pues lo siento.

Dámela, me la llevo. Espera.

Mira, ¿te suena esto?

Claro que me suena.

Es la pulsera que pusieron a Germán cuando nació.

Menudo hartón de llorar se llevó tu suegra

cuando vio a su niño por primera vez.

Es que se hizo tanto de rogar...

Sí, tardó en llegar.

Y no lo digo por la noche del parto.

No había manera de que te quedases preñada.

Sí, fue duro.

¿Cuánto tiempo estuvimos intentándolo?

Pues cerca de tres años.

Hombre, señor gerente.

¿Qué tal el día?

Ya me ha contado Germán que has tenido una visita.

Sí, ese animal me hizo hacer la digestión de golpe,

pero ya estoy bien, gracias.

Ándate con ojo, ¿eh?

Ese Hortuño es un mal bicho, pero de verdad.

Ya, ya lo sé.

Pero, con un poco de suerte, igual nos lo quitamos de en medio.

No soy el único al que tiene entre ceja y ceja.

No, no, no.

A mí también me la tiene jurada, sí.

En cuanto intenté arreglar un presupuesto con el arquitecto,

le faltó tiempo para filtrar mi nombre al Ayuntamiento.

-No, y acuérdate de lo de la radio.

Casi nos hunde con la tertulia en nuestra contra.

Un hijo de mala madre, vamos.

Lo que viene siendo un auténtico hijo de mala madre.

¿Y cuál es tu plan para pararle los pies?

Si nos lo quieres contar.

Prefiero no entrar en detalles.

La idea es pagarle con algo parecido a lo que os hizo en la radio.

¿Y no nos lo vas a contar?

A ver, yo sé que hemos tenido nuestras diferencias,

pero estamos juntos en esto.

El Mercado es nuestra vida, de siempre.

¿O iba a ser yo el presidente de los comerciantes?

-Venga, que puedes confiar en nosotros.

-Eso me gustaría creer.

Os pido total discreción,

por lo menos hasta que publiquen el artículo.

¿Qué artículo?

El que van a publicar denunciando el acoso que me hizo Hortuño

para acabar con el Mercado.

Pero ¿van a publicar...? No creo.

No creo que haya ningún periodista que publique algo sin tener pruebas.

El caso es que tengo pruebas.

Quedé con él esta mañana y lo tengo bien grabado.

Ha quedado muy bien retratado.

Pero ya os avisaré cuando publiquen el artículo.

Pues ya tienes faena.

Hay que borrar ese audio a la voz de ya.

¿Cómo que ya? Ni que fuera tan fácil.

Pues tú verás, tú verás cómo lo resuelves, ¿eh?

Pero, sin ese audio, no hay prueba.

Y nuestro culo está a salvo. ¿Lo entiendes?

Ya, ¿y me explicas tú cómo accedo a su teléfono móvil?

Pues, sí, te lo voy a explicar.

Lo tienes medio camelado, me he dado cuenta

de las miraditas que hay entre los dos.

Tienes que asestar el golpe definitivo.

Ya, y, si no lo consigo, ¿qué?

Lo conseguirás.

La verdad es que lo pasamos mal.

Los médicos no veían nada, pero...

Pero yo estaba convencida de que nunca podría ser madre.

Y, en cuanto os relajasteis un poco, ¡rapataplam!

Llegó el tunante este.

Sí, madre mía.

Veinte años ya, parece mentira.

Elías no se lo podía creer.

No sé la cantidad de cajas de puros

que pudo comprar para invitar a todo el mundo.

Aquellos días había un tufo a habanos en todo el Mercado

que echaba para atrás, ¿te acuerdas?

Sí, sí que me acuerdo.

No sé si es bueno o malo, pero... me acuerdo de todo.

Elías estaba como loco por ser padre, por tener una familia.

Eso sí, lo tenía clarísimo, ¿eh?

Viniesen o no viniesen los bebés,

él... Siempre iba a estar a mi lado.

Sí. Sí.

Me lo dijo tantas veces

que, hasta hace dos días, yo también lo seguía creyendo.

Y no lo decía por decir.

Se conformaba con que estuvieses a su lado.

Porque Elías es un idiota y está metiendo la pata siempre,

pero te quiere igual que antes.

Por eso está que no da pie con bola. Ya, pero yo no puedo verle así.

El otro día estaba borracho y en ese estado y...

Se me parte el corazón.

Mira, Adela, Elías se merece todo lo que le está pasando y más.

Él se lo ha buscado.

Pero yo soy su padre y, si no te lo digo, reviento.

¿No crees que tendrías que aflojar un poco?

Darle algo de tiempo para... para que se recupere.

Pues gracias por el consejo, Jesús.

Y tú deberías aplicártelo también, ¿no?,

y darle un poco de tregua a la pobre Valeria,

¿no te parece?

¿Estás bien?

-Andrea... se la ha olvidado.

Es su chaqueta favorita.

-Bueno.

Suerte que en Nápoles no hace tanto frío como aquí, ¿no?

Se la puedes mandar por correo.

O, mejor, se la podrías llevar tú mismo.

Paolo, mira, escúchame, entiendo que quieras estar solo,

pero creo que ahora no es lo que más te conviene.

-Rosa.

Perdóname por lo de antes, de verdad.

Es que no quería...

(RESOPLA)

Es lo único que me queda de Andrea.

Disculpa.

-No tienes que disculparte, de verdad.

Es normal lo que te está pasando.

¿Sabes? Cuando Noa se fue de casa, yo pensaba que me moría.

Tú, por lo menos, tienes la certeza de saber que está con su madre.

-Ya, pero... es que le voy a echar tanto de menos.

-Pero va a estar muy bien, ya lo verás.

Y tú también.

Además, hoy en día, llegar a Nápoles cuesta menos que llegar a Gandía.

Te digo yo que en un tris tras te has plantado allí.

-Ya, pero no es tan fácil, Rosa.

Ya lo sabes, hay más que kilómetros por medio.

-Esas cosas, el tiempo las irá curando,

ya lo verás.

Tienes que estar muy orgulloso de ti

por lo que has hecho. -Ya. El ridículo he hecho.

-Ay, que no, que no, por favor. Has sido muy valiente.

Porque has sacrificado lo que más quieres en el mundo,

poder ver a tu hijo todos los días, para que esté con su madre.

¿Mmm?

Eso, a Andrea, no se le va a olvidar en la vida.

-No lo sé, Rosa.

Es que hace tiempo que Andrea no me admira como antes.

Cuando era pequeño, me miraba como un Dios,

pero... pero ahora...

-Pero si él no quería irse de tu lado.

-Porque estaba enfadado con su madre, claro, pero...

Pero se le pasará.

Y, cuando eso ocurra, ella estará allí, con él,

y yo aquí.

Verás que con el tiempo yo me convertiré en un extraño,

en aquel imbécil que se ha quedado en Madrid haciendo pizzas,

al que hay que ir a ver

como mucho una vez al año

para que se quede tranquilo y se calle.

-Andrea ya no es un niño, ¿eh?

Y, pase lo que pase, sabrá muy bien quién es su padre.

Ajá.

-¿Y quién soy, Rosa?

Porque yo, hasta ayer, era padre,

era marido.

Y hoy...

Hoy no soy nada.

-Paolo... Oh.

Ven aquí.

Ya está.

Sí, dígame.

¿Rita?

¿Cómo has conseguido este número?

Pues sí, sí me importa que lo hayas conseguido.

Te dejé muy claro que no quería volver a verte.

Oye, escúchame una cosa.

No sé quién te ha contado que estoy mal con mi mujer,

pero eso no quiere decir que yo vaya a volver contigo.

Pues porque todavía sigo enamorado de ella,

a ver si te queda claro.

Hola.

Hola.

He venido a por unos papeles.

Es que tu padre me trajo los que no eran.

No tienes que darme explicaciones, estás en tu casa.

Yo he venido a por unos papeles, pero recojo enseguida y me voy.

Por cierto.

Gracias por ayer.

Si no es por ti,

todavía estoy intentando meter la llave.

A mí no me gusta verte así, Elías.

Yo tampoco soy muy fan de mí mismo.

Y siento mucho el mal rato que te hice pasar.

Es que yo...

Yo no sé qué voy a hacer "senza il mio bambino".

Ay, perdona, Rosa, no quiero confundirte.

-¿Confundirme?

Por favor, que somos amigos, para eso están los amigos, ¿no?

Para ayudarse.

-Ya, pero... los gestos de afecto...

se pueden malinterpretar.

Y una cosa lleva a la otra, y yo no quiero malmeter.

Ni con Nacho, ni contigo, ni con nadie.

-¿Qué pinta Nacho aquí?

-Nada, que...que está preocupado por ti.

-¿Preocupado por qué?

¿Te ha preguntado algo?

No, por favor, contéstame. ¿Nacho ha venido a hablar contigo?

-Rosa, por favor...

Nacho tiene miedo de perderte, ¿eh?

Y yo lo entiendo.

Ahora sé lo jodido que es

que alguien se meta en tu relación.

Y yo no quiero ser vuestro Doménico, ¿eh?

Así que... me sabe muy mal, pero...

No sé, igual es mejor que dejemos de trabajar juntos.

-¿Qué? No, ni hablar. Yo no te voy a dejar ahora.

Tal y como estás...

No sé lo que ha podido ocurrir

entre Cristina y tu amigo, no lo sé, Paolo,

pero sí sé lo que hay entre nosotros dos.

Y es una bonita amistad.

Por lo menos, eso es para mí.

-Y para mí también, Rosa.

-Pues ya está. -Yo siento lo mismo que tú.

Y, la verdad, yo no sé cómo Nacho ha podido pensar

que entre tú y yo hay algo más.

¿Podemos hablar?

Tú dirás.

Lo he estado pensado y... y voy a parar lo del divorcio.

Bueno, pues entonces... Entonces, nada, Elías.

Lo hago porque prefiero no tomar una decisión precipitada.

Tú lo estás pasando bastante mal,

no hay más que verte, y yo...

Tú también.

Lo estás pasándolo mal y por mi culpa, y lo siento.

El caso es que creo que es mejor que nos tomemos un tiempo

antes de ir a ver a un abogado.

Pues gracias.

Es la única buena noticia desde que empezó este infierno.

Desde que empezaste este infierno, querrás decir.

Que no tire adelante con lo del divorcio

no significa que te perdone.

Y el gesto de tu amante...

llega tarde.

Pero te lo agradezco.

Pues... habrá muchos más gestos, Adela.

Todos los que quieras, te lo prometo.

Me has hecho mucho daño, Elías.

Y, ni siquiera recordando lo bueno que hemos vivido juntos,

yo consigo consolarme.

Dime qué puedo hacer para compensarte.

Dímelo y... y lo haré.

Deja de luchar por mí.

¿Cómo?

Si eres capaz de hacer cualquier cosa, como dices,

lucha por ti, deja de beber.

Eso es ahora lo más importante.

¿Y servirá de algo?

Eso solo lo sabrás si vuelves a ser el de antes.

Bueno, alguien mejor que el de antes.

Todavía me has tenido a mí en la puerta para ayudarte,

pero, más adelante,

es posible que no haya nadie.

(Mensaje de móvil)

Oye, que, si no te viene bien, me siento en la mesa de al lado y...

-Faltaría más.

Además, te debo una disculpa.

No sé cómo pude pensar

que tenías algo que ver con el matón.

-Disculpas aceptadas.

Aunque fisgonear en tus cajones no ayuda mucho a que te fíes de mí.

Perdona, perdona, fue una cagada.

-La verdad es que te portaste como un capullo.

Pero, bueno, dejémoslo en que fue un error de juventud.

-¿Y que me gustes?

¿También fue un error?

Porque en eso fui muy sincero contigo.

-Ya lo sé, Germán, ya lo sé.

-Aún no te fías de mí, ¿eh? -No, ni de ti ni de nadie.

Verás, cuando la persona a la que más quieres

te engaña y condiciona tu vida, es muy difícil confiar.

-Creo que no soy el único capullo que se ha cruzado en tu vida.

-Ahí lo has clavado.

-¿Qué pasó? ¿Tu ex te engañó con otro?

Si quieres, te puedo ayudar a devolvérsela.

-Es más complicado que todo eso.

Mira, no te quiero aburrir contándote mi vida ni...

Digamos que el resumen de esta triste historia es...

que no estoy listo para tener algo con nadie.

-Amén.

Pero tengo una preguntita.

Eh... Entonces, ¿qué hacías buscando guerra por la aplicación?

-No, buscando guerra, no,

buscando amistad. -Ajá.

-No solo de sexo vive el hombre.

-Ah, ¿no? ¿De qué vive entonces?

No, va, hey.

Ahora en serio.

Eh... Puedes contar conmigo para lo que necesites, ¿vale?

Hasta para ser amigos sin derecho a roce.

-Gracias.

-Bueno, habrá que celebrarlo, ¿no?

¿Pedimos unas cañitas? -Qué menos.

-Venga. No, eh, pago yo.

-No, no, no, esta va de mi cuenta. -Bueno, pues la próxima, pago yo.

(HORTUÑO) "Este mercado tiene los días contados".

"Cuando caiga, lo compraré".

"Si la cosa se retrasa, siempre puedo utilizar mis métodos".

-Pobre Paolo, está hecho polvo.

-Sí, ¿sabes lo de su mujer con el camarero?

-Cómo no voy a saberlo, todo el Mercado habla del tema.

-Menudo culebrón.

-Se te queda cara de idiota cuando te engañan así.

Seguro que ni se lo vio venir.

-No sé si lo dices por mí, pero no todos somos tan capullos.

Que yo, contigo, rectifiqué a tiempo.

¿Amigos?

¡Sara! Toma, el correo.

Que tengas buen día. -Muchas gracias.

(CARMEN) Vaya... Menudas horitas de repartir el correo.

-¿Qué quieres que te diga?

-Hijo, estás a la que salta. Menudo carácter.

Espera. Toni.

Ahora te atiendo.

Luego te pasas, tengo una cosita para ti.

-Sí. A ver si acabo esto, madre mía...

-(SUSPIRA) Ay, hola.

-¡Hola! -¿Has visto a Carla?

Tiene el móvil apagado. -Pues no.

Creo que estaba limpiando los almacenes.

No hay cobertura. ¿Te acompaño? -Es que es muy tarde.

Habíamos quedado, pero tengo una entrevista de trabajo.

-Pues, si quieres, le digo yo algo.

-Que, a las 20:00, en el Oso y el Madroño.

¿Vale? -Claro.

-Mil gracias, guapo. -Nada.

-¡Qué torpe!

-¿Y ese "smartwatch"?

Es que llevo dos meses buscando uno y no doy con él.

¿De qué marca es? -Ni idea.

Que soy una negada yo para estas cosas, que no...

Me están esperando.

-A ver si un día me dejas trastearlo. -Sí.

Bueno, venga.

Hasta luego. -Chao.

Ya son y cuarto.

Estarán despegando.

Venga, Paolo, que tu hijo se va de Madrid,

pero no se va de tu vida.

-Eso todavía tenemos que verlo.

-Además, tenéis una relación estupenda.

-Ya.

Pero, Rosa, una relación estupenda con el mar Mediterráneo de por medio.

No es que se haya ido a Carabanchel, exactamente.

-Pero, bueno, yo ya te he dicho que, si te quieres ir,

yo me quedo encargada de la pizzería.

Y, además, el tiempo que haga falta.

-Ay, Rosa, es que eres tan generosa.

Pero...

¿Y si después de un tiempo ya no quiere verme?

-¿Tú te crees que la abuela Francesca va a dejar que él se olvide de ti?

¡Por favor!

Además, Nápoles, para él, eres tú.

-Tienes razón.

Mmm...

Ay... Es que si pudiera empezar de cero, Rosa,

haría todo tan diferente...

Le escucharía más, estaría más a su lado.

-Puede que tengas esa oportunidad.

-¡Andrea!

¡"Amore mio"!

¿Pero qué haces aquí? ¿Habéis perdido el vuelo?

-Papá, no me voy a ninguna parte.

-¿Y tu madre lo sabe? ¿Se lo has dicho?

-Sabe que tú me necesitas más que ella.

Tío, mi sitio está aquí,

contigo, en la pizzería.

Bueno, y la chaqueta. Es mi favorita y se me ha quedado.

-¡Andrea!

Me has alegrado las navidades.

¡Celia!

¿Dónde estabas?

No te he visto en toda la tarde.

No me estarás evitando, ¿no?

No, no.

Toma, para Lorena.

No te creo. Sí.

¿Perdona? (RÍE)

¿Cómo lo has conseguido? Lo habían vendido.

Una buena amiga conoce a los dueños de la tienda.

Y me dieron los datos de la compradora.

Hemos tenido suerte, era una clienta habitual.

Lorena va a flipar. Sí.

Va a flipar. Gracias.

Gracias. No, si no ha sido nada.

Un poco caro lo único, pero... Ay, perdóname.

Solo tengo cien euros. No, no.

Voy al cajero. No quiero.

Por favor, te lo pido, dime qué te debo.

Jorge, no me debes nada.

Solo te pido una cosa.

Dile a Lorena que lo has recuperado tú.

No, no, ¿eso por qué?

No. ¿Cómo que por qué?

Vamos a ver, la dejaste plantada para venir a cuidar de mí.

Es lo menos que puedo hacer por ella.

Bueno, por vosotros.

Vale, como quieras.

Gracias, de verdad.

De nada, de verdad.

Eh... Oye, Celia,

sé que nunca encontramos el momento oportuno.

Tenemos una conversación pendiente.

Después de lo de tu casa, con la fiebre y...

¿Quieres que lo hablemos ahora?

Sí, mira, yo creo que...

Que lo mejor es olvidar todo esto.

Tú lo has dicho, estaba delirando.

Vale, perdona, no lo entiendo.

¿De qué tienes miedo? ¿De mí? ¿O de ti?

Jorge, tenías razón, soy una egoísta.

Siempre estoy jugando al perro y al gato, era así, ¿no?

Un día me acerco, otro día te rechazo,

y así una vez y otra vez

y otra vez.

Vale. ¿Por qué no te olvidas de eso?

¿Por qué no dices de una vez lo que sientes?

Sin miedo, sin rodeos, sin inseguridades.

La verdad, Celia.

La verdad.

No puedo hacer esto, Jorge, de verdad que no puedo.

Mira, estos días en casa, con calma,

he podido pensar, no soy la mujer que tú te mereces.

De verdad, ese argumento, no. Escúchame, por favor, escúchame.

Vamos a aclarar las cosas, ¿vale?

Desde que he llegado, has estado a mi lado,

me has ayudado, y te lo voy a agradecer eternamente.

Pero esto se acaba aquí, Jorge.

Se acaba aquí, hoy se acaba.

De hecho, toma.

Toma.

¿Las llaves de mi moto?

Era un préstamo, y el préstamo se acaba hoy.

¿De verdad? Celia, ¿en serio?

Fue un gesto muy bonito, Jorge.

Pero motivado por unos sentimientos que no correspondo.

Vale.

¿Y qué debo hacer cuando te vea? ¿Darte la espalda?

No, seguir con Lorena.

Ya.

Dijiste que me querías,

que estabas enamorada de mí.

¿Tanto miedo tienes?

Venga, Jorge, déjalo ya, por favor, olvídalo.

¡No sé lo que dije, no sé lo que digo,

no sé lo que hago!

¿Es que no lo ves?

¡No sé qué coño hago!

¡Un día te digo que te quiero!

¡Y luego me acerco a Elías! Y yo soy así, soy...

No soy de fiar, ¿no te das cuenta?

Por favor...

Pues, enhorabuena, eres muy buena mintiéndome.

Pero eres mejor mintiéndote a ti misma.

Ja. Muy bien.

Es lo mejor para los dos, Jorge, de verdad, hazme caso.

Vale.

Si es lo que quieres, se acabó.

No voy a volver a insistir, Celia.

Gracias.

Vas a hacer muy feliz a Lorena.

Y yo voy a hacer lo mismo,

intentaré darle la felicidad que se merece.

Porque eso es la vida, ¿no?

Sí.

¡Ah!

Pero, bueno, ¿será posible?

Ay.

No me lo puedo creer, de verdad.

Ay, por Dios.

¡La madre que parió a internet!

¡Socorro!

¡Ayuda!

¿Hay alguien?

¡Por favor!

Me... Ay, qué bien.

Sí, sí, así, así.

Así, así.

-¿Qué ha pasado?

-Esta puerta, se abre cuando le da la gana.

-Pues yo he abierto a la primera.

-Suerte que has tenido.

Estas puertas están más viejas que nosotros.

-Habla por ti. -Ah.

Perdone usted, joven.

-Si todo esto es muy fácil, hombre.

Hay que cogerle el tranquillo.

¿Eh? Verás.

Se coge.

Se mete aquí, con suavidad.

Y ya vas dando...

-Ya lo veo, sí.

-Bueno, tú, tranquila, que hoy cenas en casa.

-Eso espero, a estas horas, no hay nadie para abrirnos.

-¡La madre que...!

-Así que hay que cogerle el tranquillo, ¿no?

¡Socorro!

¿Hay alguien?

(Llaman a la puerta)

(Puerta)

¿Se puede?

-Si ya estás dentro.

-Toma. Estofado de ternera. -Comida de verdad.

Por fin. -Sí, para que no digas

que te tengo abandonado.

-Qué bien huele.

-Ya verás qué bueno.

-Hola. -Hola, churri.

-Hola, guapa. -¿Qué tal?

Mira lo que nos ha traído mi madre. -Estofado.

Así ya tenéis la cena resuelta. -¡Uh!

¡Guau!

Gracias, muchas gracias.

¿Oye, has visto a mi madre? He quedado con ella y no aparece.

La estoy intentando localizar y es imposible.

-Pues no, no la he visto.

-Jolín... -Le habrá surgido algo.

Se habrá quedado sin batería. -Es un poco raro.

Tengo dos llamadas perdidas de ella. -¿Ves?

Ha ido a avisarte y al final el móvil se ha quedado...

-No sé, voy a intentar llamarla otra vez. Jolín.

Adiós. (SAMU Y CARMEN) Chao.

-¿A qué ha venido eso? Si te he visto con Elvira.

-Ya lo sé.

Quiero proteger a Carla.

-¿Protegerla de qué? ¿De su madre?

-Pues sí.

Se lo ha hecho pasar mal y esta vez va por el mismo camino.

-¿El qué?

¿Qué pasa?

¿Para qué me enseñas relojes?

-Su madre lleva uno igual.

-¿Y qué? -No son relojes, ¿no lo ves?

-No.

-Son pulseras de control policial.

-¡Venga ya!

-Y no le ha dicho nada a su hija.

¿A ti te parece normal?

Cuanto menos tiempo pase con ella, mejor.

Y, de esto, ni una palabra a nadie.

No, es que te conozco. -Ah.

Nada.

Bueno. Imposible.

Que no hay manera.

En menudo embolado te he metido.

-De mañana no pasa que cambiemos el picaporte, ¿eh?

-En cuanto vea a Elías,

le digo que monte una asamblea para cambiar las puertas.

-A ver si es verdad.

(Crujido)

Oye, ¿eso no habrán sido tus tripas?

-Habrán sido las tuyas.

-Pues igual.

Tiene gracia la cosa, ¿eh?

Que estemos rodeados de comida y que no podamos probar bocado.

-Yo no tengo hambre.

-¿No te recuerda esta situación

a esas cosas que pasan en las series de la tele?

-Yo solo veo las noticias y el tiempo.

El de las series es mi nieto. -Ya.

Pues yo alguna serie sí que me veo.

-Bueno, pues a ver si haces memoria y te acuerdas de cómo salen.

-No, es que, en la tele, lo de menos es cómo salen.

Lo que importa es lo que hacen mientras les rescatan.

-¿Y qué hacen?

-Huy, pues... pues de todo.

Y... se cuentan sus secretos.

Y... pasar el rato, ya sabes.

-Valeria...

Eh... (CARRASPEA) Bueno.

Que quería pedirte perdón.

-¿Tú a mí?

-Tienes que comprender que fue un palo muy gordo

cuando tu hija me dijo lo que querías de verdad.

-Ay, Jesús, de verdad.

No puedo estar más arrepentida. -Sí, sí, si lo sé.

Y a eso voy.

Me lo has demostrado muchas veces en estos días.

¿Y yo cómo te he pagado esa sinceridad conmigo?

Con todo el desprecio que he podido.

-No digas eso.

Te has portado como un caballero.

-No, me he portado como un idiota.

Y tú no te mereces eso.

Una vez te dije que te había dejado entrar

donde solo había estado una mujer:

Consuelo.

Por eso me dio tanta rabia

tener que sacarte de mi vida a empujones.

-Si pudiera empezar otra vez,

habría sido todo tan diferente...

-Eso nos pasa a todos, Valeria, a todos.

Cuando me quedé viudo,

no tuve las narices de pasar la pena, que era mucha,

y me hice el fuerte.

Y me dediqué a rodearme de niñatas que querían sacarme el dinero.

Y, cuando vi que tú querías lo mismo,

me enfadé.

Me enfadé mucho.

Pero, ahora, que van pasando los días,

me doy cuenta de que lo que tengo es tristeza,

una enorme tristeza

que me come por dentro y no me deja vivir.

Valeria, soy un cobarde.

Estoy sufriendo contigo toda el dolor y la pena

que no tuve el coraje de sufrir cuando murió Consuelo.

-Lo siento.

Lo siento mucho

-Nos hemos hecho mucho daño.

Pero esto...

se acabó.

(NACHO) Dijisteis que el logo debía tener

más presencia, y lo puse en el centro.

¿Y me salís con que no os gusta, que parece un pegote?

Claro que se puede cambiar.

Gerardo me dice una cosa y tú, otra, me vais a volver loco.

¿Para mañana? Venga, hombre, ni en broma.

Eso, mínimo, no sé, dos días.

Bueno, habladlo entre vosotros y luego ya me decís el qué.

Venga, hasta luego.

-¿Todavía trabajando?

-¿Tú no tendrías que estar en la pizzería?

-Paolo me ha dejado salir un poco antes.

¿Sabes que su hijo se va a quedar en Madrid con él?

Bueno, ¿con qué andas? ¿Que estás con los pañales?

-¿Para qué lo quieres saber? Para lo que te importo...

-A ver, Nacho, tenemos que hablar.

-¿Ahora? Estoy hasta arriba de trabajo.

Y no me ayuda tenerte mareando por aquí.

-Pues es importante.

Me ha dicho Paolo que has ido a verle.

-Ha tardado mucho en largarlo, ¿no?

-¿Pero cómo puedes pensar que entre nosotros hay algo?

Solamente somos amigos.

-Un amigo con el que pasas más horas que conmigo.

-Estás siendo muy injusto conmigo.

Trabajamos juntos, es mi jefe.

-¿Injusto, yo? -Sí.

-He tenido un día de perros.

Toda la tarde esperando para hablar contigo.

En lugar de apoyarme,

te quedas con tu amiguito.

-¿Amiguito? Estaba trabajando, Nacho, trabajando, ¿entiendes?

Mira, ¿sabes qué te digo? Que lo vamos a dejar.

Está claro que no hoy no ha sido un buen día para ti.

-Muy bien. Vamos a dejarlo.

Pero, a partir de ahora,

yo también voy a decidir cuáles son mis prioridades.

Y no esperes ser una de ellas.

(Portazo)

-¿Estabais discutiendo? -No.

Es tu padre y el trabajo.

Le piden cambios y mira cómo se pone. Ya lo conoces.

-Ya. -Bueno.

Me voy para adentro, te dejo tranquila.

(Móvil)

(SUSPIRA)

(Móvil)

(Puerta)

Hola.

Llegas doce minutos tarde.

Sí, ya lo sé, cariño, me han entretenido.

(CARRASPEA) Me muero de hambre.

Ahora hago algo de cenar.

¿Adela está aquí?

En mi cuarto, discutiendo con su cuñada.

Parecía preocupada.

¿Preocupada o enfadada?

No lo sé. Enfadado estoy yo.

Cogió un champú y lo puso donde los geles,

como si fuera un gel.

Ay, Dios mío, David, por favor. Deja ya de meterte con ella, hijo.

Mira, nos está ayudando económicamente a pagar tu colegio,

espero que seas más generoso y más amable con ella.

Al final me ha hecho caso.

¿Cómo que te ha hecho caso?

No me digas que le has pedido tú el dinero.

Ella quería ayudar, yo solo le dije cómo.

Ay, Dios... Y, además, Andrea dice

que los De la Cruz están forrados. Pero, bueno, ese no es un motivo.

No es un motivo para ir a pedirle dinero.

Hola.

Vete a hacer los deberes a mi cuarto.

¿Ahora? Sí.

Y ponte los cascos,

no te distraigas con la conversación.

Anda.

¿Te apetece cenar algo?

No, no tengo nada de hambre.

Mira, Adela, lo siento mucho, pero me gustaría que me escucharas.

Entiendo que tu cuñada me ha puesto de vuelta y media,

pero me gustaría darte la versión de los hechos.

¿Habéis hablado?

Sí.

No sabía que tuvierais confianza. Y no la tenemos.

Pero a veces puede ser muy directa.

Y, ojo, no la juzgo por haber sido tan dura conmigo,

entiendo que tengo mi parte de culpa

y me lo tengo merecido.

Pero que sepas que no fue intencionado,

que no lo busqué. Vamos a ver, espera.

¿Por qué fue muy dura contigo? ¿Que le has hecho a Rosa?

¿A Rosa?

Sí, ¿de quién hablabas tú?

Bueno, yo hablaba de Lorena.

¿No has hablado con ella?

Me ha dejado una llamada perdida, no hemos hablado, ¿qué ha pasado?

Pues, nada, que ha venido al puesto y...

Y le he recomendado un perfume para un cumpleaños de una amiga.

Y resulta que se me ha olvidado pedírselo.

Así que creo que piensa que he podido hacerlo a propósito.

Bueno, que tampoco es tan grave.

No, sí, sí que lo es.

Porque ha venido a última hora del día,

estaban los puestos cerrados y la he dejado sin un plan B.

Ya, bueno.

Es que con esto del encargo de Irene,

andamos como pollos sin cabeza.

Seguramente, Lorena ha tenido un pronto.

Y mañana seguro que está tan feliz, tranquila.

Eso espero.

¿Y a ti qué te pasa?

(RESOPLA) Es muy largo de contar. Bah.

(Timbre)

Seguro que es tu padre, que se ha dejado las llaves.

-Hola, Rosa. -Hola.

-He venido a hablar con Noa.

-Pues, mira, ahí la tienes.

¡Voy a preparar la cena!

-¿Por qué no me coges el teléfono?

-No tenemos nada de qué hablar.

Ayer ya me dijiste todo lo que me tenías que decir.

-Noa, por favor, no quiero que acabemos así.

-Tú eres el que quiere que se acabe.

Pero ya no te echarán de ningún trabajo

por mi culpa. -Lo siento.

Lo siento, ¿vale?

Ayer estaba mal y la pagué contigo.

Lo que ha pasado en la escuela me lo he buscado yo solo.

Con la ayuda especial de tu padre, claro.

-Ahora ya sabes cómo es.

-Sí, ahora ya lo sé.

-Tiene gracia que lo nuestro haya terminado antes de empezar.

Pero me alegro de que hayas venido a despedirte.

-No he venido a despedirme.

He venido a buscarte.

Vente conmigo a Nueva York.

-¿Qué? -Vente conmigo.

Allí podemos empezar de cero, lejos de tu padre.

Nos merecemos esa oportunidad, ¿no?

Vamos a ver, ¿a qué viene tanta prisa?

Porque a estas horas solo tienes ojos para tu botellita de "whisky".

Oye, borracho o no, sigo siendo tu padre. ¿Queda claro?

¿Sabes qué? Te prefiero así,

borde, que hecho una piltrafa.

Pues la culpa la tiene tu madre.

De momento, no me va a pedir el divorcio.

¿En serio? ¿Te ha perdonado?

Ella dice que no, pero estamos en buen camino.

Y ese camino pasa por no tomar ni una gota de "whisky".

Ni "whisky" ni nada parecido.

Uh, pues qué largo se te va a hacer...

Qué me vas a contar.

No, en serio, papá, no la vuelvas a cagar.

Te lo prometo.

Además, tu madre se merece este esfuerzo

y cualquiera que me pida.

(Llaman a la puerta)

¿Esperas a alguien?

Esperamos a alguien.

¡Pasa, Ginés!

(Puerta)

¿Nos sentamos?

Tu padre me ha hablado del audio que grabó ese desgraciado.

¿Has conseguido borrarlo? -Ah...

No.

-¿Cómo que no? ¿No se encargaba de eso?

-Y me he encargaba.

Pero no ha sido fácil.

Me costó la vida conseguir el pin de su móvil.

Pero ¿lo has borrado o no lo has borrado?

No. Al final, no.

Javier me comentó que tenía otra copia en su ordenador.

Al ver que alguien la borraba del móvil,

iría a proteger la del ordenador, que es lógico.

Pues borra también la del portátil. A ver, papá, milagros a Lourdes.

No soy un "hacker".

¿Y si tiene más copias? Es un archivo superpequeño.

-Dais más trabajo del que quitáis.

-Ginés, Javier te conoce.

Sabe que ese artículo te puede hacer mucho daño.

Por eso se protege. No es fácil. -Mira.

Ese artículo no lo va a publicar ni Dios.

De eso me he encargado yo, como del resto.

Si tengo que esperar por vosotros, voy listo.

Oye, estamos en ello.

Bueno ¿y eso a mí de qué me sirve?

Quiero es excavadoras cuanto antes encima del Mercado.

Y, si por vosotros fuera,

no pararía de retrasarse. ¿Qué quieres que hagamos?

Dímelo, concreta.

¿Qué quieres que hagamos? Y lo hacemos.

Nada. No quiero que hagáis nada.

Estoy harto de perder el tiempo.

A partir de ahora, hago las cosas a mi manera.

Sé cómo dar el golpe definitivo.

Sé cómo acabar con Javier,

cómo echar la imagen por los suelos del Mercado Central.

¿Quieres que te lo cuente o... o tienes mucha prisa?

La reforma de la cubierta, por ahí podemos meter mano.

Meterle mano ¿cómo?

Ya tengo al accidentado,

solo hay que concretar el día y la hora.

Un empleado.

Está reformando la cubierta y va a sufrir un accidente,

previo pago generoso por nuestra parte, evidentemente.

Y va a acusar al gerente del Mercado Central.

-Acusarlo... ¿cómo?

Por hacerlo trabajar de noche,

por escatimar en medidas de seguridad...

Por lo que nos dé la gana.

¿Qué? ¿Cómo lo ves, Ginés?

-La idea es buena.

A ver si podéis llevarla a cabo. Si no, ya sabéis lo que hay.

Y tú,

ponte las pilas de una vez.

Ahí lleva razón, ¿eh?

(Puerta)

Vente a vivir conmigo.

-Pero... pero eso es una locura.

-¿Por qué? Lo estamos deseando, ¿cuál es el problema?

-Bueno, no te embales, ¿eh? Hasta hace nada ni nos hablábamos.

-¿Qué es lo que no me está contando?

-Tu madre lleva una pulsera de vigilancia policial en la muñeca.

Se la vi y se hizo la loca.

-Bueno, será una pulsera de esas digitales o un reloj.

-Que no, que no, Carla, que lo he comprobado.

Si tu madre lleva eso

es porque tiene o ha tenido movidas con la policía.

De verdad, entre ella y yo no hay nada.

Ella ha comprado el chaleco porque se sentía culpable

por haberte estropeado la sorpresa a Valladolid.

Solo quería tener un detalle contigo.

¿Eso te ha dicho ella? Sí.

Y también me pidió que te dijera que no había sido ella.

¿Y a qué viene tanta humildad?

Pensó que, si sabías que lo había comprado,

no lo ibas a aceptar.

¿No será una manera de mantenerme callada?

¿Callada por?

-Eh... Espera un momento, a ver si está, ¿eh?

Andrea, es tu madre, que quiere hablar contigo.

-Llego tarde a clase.

-Oye, Cristina, es que se ha marchado a clase.

Bueno, espero que todo este tiempo separados

nos sirva para aclararnos las ideas.

De hecho,

yo me he decidido a mudarme a un apartamento.

Pero bueno, pero bueno, pero bueno...

¿Pisito de soltera? Sí, más o menos.

¿Qué me estás contando?

¿Y la fiesta de inauguración? Yo llevo el cava.

¡Mamá!

Me alegra que os hayáis dado otra oportunidad.

¿Te alegras? Ajá.

Es que eres mucho de decir una cosa y luego hacer lo contrario, Celia.

-Hasta que tu madre no sea consciente de que tiene un problema,

poco se puede hacer.

-No quiero estar a millones de kilómetros cuando pase.

-Bueno, si es que pasa.

Y, si pasa, esos millones de kilómetros

los puedes hacer en un vuelo de siete horas.

No puedes salvar a nadie que no quiere ser salvado.

-Si tienes razón.

-¿Eso es un sí?

-Sí. -¡Sí!

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Mercado central - Capítulo 66

26 dic 2019

Elías presiona a Lorena para que no cuente lo de su beso con Celia.
Celia, por su parte, decide tratar de partir caminos con Jorge.
Germán es incapaz de borrar la grabación que hizo Javier y que compromete a Hortuño. Se posiciona en secreto a favor del gerente, pero Elías tiene otro plan para destruirle.
Adela, tocada por la nostalgia, se piensa mejor el tema de su divorcio.
Jesús y Valeria, encerrados en almacén, acaban sincerándose.
Andrea decide tomar una decisión final sobre su propia custodia.
Samuel oculta a Carla una visita de su madre. Quiere protegerla tras descubrir el pasado de ésta.

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