Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 60 - ver ahora
Transcripción completa

¿Te has creído que somos novios?

-Pues claro que no. Eso es absurdo.

-Claro que es absurdo, pero lo has hecho.

-Vete a la mierda, Luis.

¿Tú vas a estar bien?

-Pues no, claro que no, ¿cómo voy a estar bien?

No entiendo lo que está pasando. ¿Qué haces?

-Yo sé que no lo vas a entender. Me preocupa que me sigas queriendo.

-Pero ¿y papá qué, mamá?

-Lo siento mucho, cariño. -No sabes cómo se lo va a tomar.

Es que no sabes cómo es, mamá.

-Ven aquí, mi amor, ven aquí, ven.

Vale. David, yo me acerco, ¿mmm?

Vale. Date prisa.

"Iré cuando pueda. Compro algo en la farmacia".

Tranquilo, ¿eh? Cálmate. Ahora te veo.

Lorena nunca hizo nada malo.

Toda la culpa es mía, Rosa.

Lorena nunca se interpuso entre nosotros.

Fui yo quien intenté seducirla.

Quise besarla una noche que estaba borracha,

pero ella me rechazó.

-No, eso no es así.

-Te digo la verdad, Rosa.

-Pero, a ver, ¿por qué puñetas me dices esto ahora?

-Carla está embarazada.

-Ay, caray, Samuel.

¿Y... y qué pensáis hacer?

-No sé. Carla no quiere tenerlo.

-¿Y tú?

-Yo voy a respetar su decisión a muerte.

Cuando me enteré de que estaba embarazada, pues...

me ilusioné.

Necesito unos paños con agua muy fría.

Hay que bajar la fiebre como sea.

Ya está.

Cuando te fuiste y estuve un tiempo sin verte,

pues... hice todo lo posible por olvidarte.

Pero nada, tía.

Y ahora que has vuelto es peor.

Ya, ya, sé que tú no sientes lo mismo por mí.

Pero, bueno, yo... tenía que decírtelo, ¿no?

Me llevo los contratos.

Y, cuando los tenga modificados y firmados,

te los envío, ¿te parece?

Vale. Gracias. Oye.

Y, ahora que os vais a Nápoles, ¿también vendéis la pizzería?

No. No, Paolo se queda.

Ah. Entiendo.

¿En serio, Lorena?

¿En serio?

Que seas tú la que me llames a mí para decirme que he ofendido,

como tú dices, ¿eh?, ofendido a la familia.

Pues porque llevas media vida dándonos disgustos, hija.

Sí, tú.

Bueno, anda, lo hablamos en otro momento.

Adiós.

(ROSA) ¡Elías! Déjame que adivine.

Tú también has recibido el mensaje de Adela.

Pero ¿en qué estabas pensando? Oye, Rosa. Déjalo, de verdad, ¿eh?

Me ha llamado tu hermana para echarme la bronca.

No me vengas tú también.

Pero, bueno, ¿y te parece tan extraño?

Si se te ha llenado la boca siempre diciendo que si la familia esto,

la familia lo otro,

los De la Cruz tenemos que estar unidos...

Y ahora vas y lo tiras todo por la ventana

para liarte con una petarda,

Elías.

¡Y encima pones en el mensaje que tu familia es... un peñazo!

Pues sí, hermana. Soy lo peor, hija. Soy lo peor.

Ahora entiendo por qué se ha ido Adela.

¿Cómo le has podido hacer algo así?

Oye, ya, se acabó. Para, Rosa.

No te metas en mi matrimonio. ¿O me meto yo en el tuyo?

Ni Nacho ni yo haríamos nunca una cosa así, ¿eh?

Lo que pasa en una pareja lo sabe la pareja,

no se puede saber desde fuera.

Que le has puesto los cuernos a tu mujer es un hecho,

no es una opinión.

Yo ya te hubiera pedido el divorcio.

Te estás pasando, ¿eh? No.

Estoy diciendo lo que pienso, como siempre he hecho.

Soy tu hermana, ya sé que la familia no te importa,

pero yo necesito decirte la verdad. No digas tonterías, ¿eh?

A mí la familia me importa mucho, muchísimo.

No se pueden sacar conclusiones por un mensaje.

Y mi matrimonio me importa.

¿Sí? Pues entonces trágate el orgullo

y rectifica el error este que has cometido.

¿Y qué te crees que estoy haciendo?

(SUSPIRA) Vas a tener que poner un poquito más de tu parte, ¿eh?

Porque, si no, te vas a arrepentir de perder a una mujer como Adela.

¿Qué crees? ¿Que no lo sé?

Espero que todavía estés a tiempo.

(Móvil)

El que faltaba.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

No puede ser que tu madre reenvíe el mensaje a toda la familia.

Eso está mal, lo ha hecho solo para fastidiarme.

Claro. Es que lo ha hecho para fastidiarte, o sea, entérate.

Como la fastidiaste tú. Que sí, que muy bien, que ya lo sé.

Lo he hecho mal, soy un idiota, un imbécil, la he cagado.

Pero intento arreglarlo.

¿Sí? ¿Cómo?

Pues le he comprado la floristería a Cristina.

Para regalársela a tu madre. ¿Te parece poco?

No la vas a reconquistar con regalos.

Y mucho menos haciendo el ridículo montándole escenitas de celos.

¿De qué estás hablando?

Pues que te has mosqueado porque la viste hablando con Javier.

Hablando, no, ¿eh? Hablando no.

Tonteando descaradamente con el imbécil ese...

Que haga lo que quiera.

Además, yo es que de Javier no me preocuparía demasiado.

Tu madre caería en los brazos de ese idiota solo por fastidiarme.

Difícil lo veo. Por no decir imposible.

Que el Sandokán le estaba echando los tejos

y que tu madre reía.

Papá, que Javier es gay.

¡Venga ya!

Si es que...

¿Te das cuentas por qué es ridícula la escena?

Ya tendrías que saber que no todos los gais tienen pluma.

¡Que no, hombre! Que te digo yo que no, hombre.

Ya sé que presumís de que tenéis un radar especial

y los detectáis antes, pero te ha fallado el radar.

Vamos... Créeme, que no me ha fallado.

Que Javier es tan gay como yo.

(CARRASPEA)

-Creía que antes ya nos habíamos dicho todo.

-Esta mañana he dicho muchas tonterías.

Te he pedido que vinieras para disculparme.

-Bueno, yo... también me pasé de la raya.

-Ya, pero la culpa es mía por meterme en tu vida.

No tenías por qué contarme nada de tu hija.

-Y yo no tenía por qué llamarte "novia celosa".

-Bueno...

Algo de razón tenías.

A ver, me da un poco de vergüenza decirte esto, pero...

Poco a poco, he acabado sintiendo algo por ti.

Sé que no es mutuo, y no pasa nada, pero prefiero que lo sepas.

-Yo empecé con la tontería esta de que éramos novios, o sea, que,

si hay alguien responsable de lo que ha pasado, también soy yo.

-Ya.

Pero yo me aproveché de la situación.

Me encantó ver a mi padre acorralado, lo reconozco.

Pero es mejor que acabemos ya con esto.

-Como veas, sí.

-Ya buscaré otra forma de pararle los pies a mi padre.

-¿Recuerdas su cara cuando supo que estábamos juntos?

-Mira, tan solo por ese momento,

ha valido la pena montar toda esta movida.

-Bueno.

¿Y... cómo quieres que deshagamos todo esto?

-Eh... Déjame a mí, ¿vale? Ya te contaré.

Ahora tengo que atender el bar.

Estoy pensando que... que sea gay lo mismo nos viene bien.

No sé si estás pensando lo que estás pensando,

pero... pero olvídalo.

¿Por qué?

Es un... Es un tío guapo, ¿no?

Papá, que lo olvides. ¿Pero por qué?

No me voy a enrollar con Javier.

Pero ¿por qué no? ¿Tú no tienes límite o qué?

¿No ves que es lo que necesitamos? Es demasiado, papá.

Que me acueste con un tío. No.

Que te acuestes con él, no.

Que lo engatuses.

Que hagas que se encapriche de ti.

Que termines volviéndolo loco.

Que lo manejes para que haga lo que nosotros queremos.

¿Qué pasa? ¿Te estoy pidiendo mucho?

¿A ti no te lo parece?

No hablamos nunca de acostarme con nadie.

Venga ya, hombre. Has hecho cosas peores.

¿Y quién es Javier para ti? Nadie, es un don nadie.

Habrá otra forma de controlarlo. ¿Mejor que esta? Ninguna.

Germán, fuiste tú el que me pidió empezar a trabajar en esta empresa.

Hay que hacer de todo para que esto salga adelante.

¡Oye!

¿No estás viendo cómo estoy? Que no puedo.

Entre Hortuño, tu madre, el Mercado...

Noto que estoy tocando fondo, estoy al límite.

(CHASQUEA LA LENGUA) Pero esto está mal. O sea, de base.

¡Que no pienses en eso!

Tú piensa en el dinero de Hortuño.

(SUSPIRA)

Javier, ¿tienes el cuadro de proveedores de esta última semana?

-Aquí lo tengo.

-Muy bien. Muchas gracias.

-Oye, Samuel, ¿tú sabes qué le pasa a este cajón?

-No. ¿Qué le pasa?

-Está atascado.

-Hablo con mi padre y que venga a echarle un vistazo.

-Oye, ¿y sabes si os ha dado problemas antes?

Porque no recuerdo que se haya atascado nunca.

-No, yo tampoco recuerdo.

-¿Sabes si ha entrado alguna persona sin estar tú y yo?

-Los únicos que tenemos llave somos tú y yo.

Pero dejamos la puerta abierta.

-Me refiero a si has dejado a alguna persona sola

mientras ibas a hacer un recado, ibas a hacer la ronda...

-No. Bueno, Germán.

Vino ayer contándome un problema de la pescadería

y se quedó a cargar el móvil, pero...

-Entiendo.

-¿Ha tenido que ver?

-No te preocupes. Ya... ya hablaré yo con él.

Avisa a tu padre, por favor.

-Ahora mismo.

Chao.

Sí, justo está aquí.

Se ve que, con las prisas, te lo dejaste.

Escucha, ¿quieres que eche el cierre y vaya a relevarte?

¿No? ¿Seguro?

Bueno, pero, si necesitas que te eche una mano, dímelo, ¿eh?

Sí, lo importante es que le baje la fiebre y empiece a mejorar.

Por el puesto, todo tranquilo.

Te he vendido un par de cositas, ya te contaré.

Pues llámame para lo que quieras, ¿eh?

Venga, adiós.

Hola, Adela.

¿Cómo estás?

Bueno. Tirando.

Sabes que quiero mucho a Elías,

pero en esto estoy totalmente de tu parte.

Puedes contar conmigo y con Nacho para lo que sea.

Lo sé, Rosa.

Y te lo agradezco.

Afortunadamente, no todos los hombres son como mi hermano.

Bueno, tú es que tienes muchísima suerte con Nacho.

Esa es la diferencia.

Es que yo creo que, si hay problemas en el matrimonio,

lo que hay que hacer es sentarse y hablar.

Elías se ha comportado como un cobarde.

¿Sabes?

Siempre habíamos pensado en él como en alguien fuerte.

Y ya lo ves.

En el fondo es un débil. Ya.

Y yo me he dado cuenta ahora.

Más vale tarde que nunca.

Pero, bueno, cambiando de tema.

Me alegro de tenerte de vuelta en el Mercado.

Yo también estoy contenta.

Que sepas que se te ha echado mucho de menos.

Tu sitio está aquí, con nosotros.

Oye, ¿es impresión mía

o las cosas se han calmado con Lorena?

Hemos pactado una especie de tregua. Bueno.

Espera un momento, por favor. Rosa.

Si vienes a montarle la bronca, no te lo voy a permitir, ¿eh?

Tranquila, solo será un momento y vengo a hablar civilizadamente.

Espero que sea solamente eso, un momento,

tengo muchas cosas que hacer.

Unos minutos, solo unos minutos.

¿Te importaría dejarme hablar a solas con mi mujer?

¿"Mi mujer"? Eso deberías haberlo tenido en cuenta antes, ¿no?

Estarás contenta.

Ya has puesto a toda mi familia en mi contra.

El mérito es tuyo, ¿eh?

Ellos tienen derecho a saber cómo eres realmente.

Gracias.

-Es una alegría verte por aquí, Valeria.

-Mmm. No podía faltar a la despedida de Genaro.

-¡Qué hombre!

De pequeña me encantaba ir a visitarle a la pescadería.

Y me regalaba las caracolitas de las cajas de marisco.

Una vez me dijo que él conocía a una sirena.

-Era un hombre maravilloso.

Qué pena, todos estos años, con esa horrible enfermedad.

-Bueno.

Debemos quedarnos

con los buenos momentos que pasamos con él y...

y con que era una gran persona.

Todos le queríamos.

-Tienes razón.

Hala, ya está. Ahora cuéntame algo de ti, anda.

¿Cómo va todo?

¿Mmm? -Muy bien.

-¿Mmm? -Muy bien, la verdad.

-Huy, se te nota...

Si se te ha iluminado la cara cuando lo has dicho.

-Es que estoy un poco emocionada, estoy nerviosa.

-¿Y eso?

-Le he preparado una sorpresa a Jorge.

-Ahora lo entiendo todo.

¿Y qué sorpresa es esa?

Venga, que te prometo que te guardo el secreto.

-Le he preparado un viaje a Valladolid

para que vaya a ver a su hijo.

Para que tengan un encuentro de verdad.

-Le va a encantar.

Me alegro tanto de que os vaya tan bien juntos.

-Sí.

Parece que por fin... hemos conectado.

-Jorge es un chico muy majo. Y muy guapo.

Y serio.

Eso salta a la vista.

-¿Verdad?

-Disfruta mientras puedas,

porque no hay nada mejor que amar y ser correspondida.

-Valeria, por favor, no te pongas triste.

-Hija, vaya día que llevo, de verdad.

Ya está, no me hagas caso.

-¿Cómo están las cosas con mi padre? -Buah.

Yo ya he tirado la toalla, Lorena. Ya no hay nada que hacer.

-No, no digas eso. -Es verdad.

Tu padre es un cabezota y un orgulloso.

No me va a perdonar nunca.

Ya lo tengo asumido.

-Bueno, mi padre es un cabezota, es verdad.

Pero también se acaba ablandando, y lo sabes.

Mira, a mí me perdonó. Fíjate el daño que hice a la familia.

-Pero no es lo mismo. Tú eres su hija.

Y a un hijo se le perdona todo.

-Bueno, Valeria, ten paciencia.

Seguro que se le pasa el enfado.

-Bueno, gracias por los ánimos, pero ya he perdido la esperanza.

Lo has hecho para humillarme delante de ellos.

¿Tú hablas de humillación?

Qué cara más dura tienes, Elías.

Has probado tu propia medicina.

Ahora sabes cómo me he sentido estos días.

¿Querías decirme eso? El tiempo se te acaba.

He venido a traerte esto.

¿Y esto qué es? Míralo.

Es lo que yo he estado haciendo mientras tú mandabas el mensajito.

A ver, Elías, déjate de jueguecitos y dime qué es

o lárgate por donde has venido.

Cristina me ha vendido la floristería.

Si pones ahí tu nombre y lo firmas, el negocio pasa a ser tuyo.

¿Que Cristina te ha vendido a ti la floristería?

Me extraña mucho. Pues no deberías.

¿Y Cristina qué va a hacer?

¿Ponerse a trabajar con Paolo en la pizzería?

Porque una cosa es echar una mano

y otra cosa es pasarse el día ahí sirviendo mesas.

Esa no aguanta ni una semana.

Pues me parece a mí que el futuro de Cristina

no pasa por estar con Paolo ni por el Mercado Central.

Pero, bueno, lo dicho.

Míralo, fírmalo y el negocio es tuyo.

Demasiado tarde.

No quiero nada que venga de ti, Elías.

Así que, si eso era todo,

se te ha acabado el tiempo.

Y no te olvides de estos papeles.

Quédatelos.

Por si cambias de opinión.

Yo no me voy a rendir tan fácilmente.

Hola, hija.

-Hola, papá.

-Valeria, no te vayas.

Quisiera hablar contigo.

Si tienes un momento.

-Bueno, yo me voy para allá, tengo el lavavajillas a punto de...

-¿Y de qué quieres hablar? (JESÚS CARRASPEA)

Solo quería... que firmes esto.

-Pero es de la casa de Comillas. -Sí.

Tienes que firmarlo para que puedan reescriturar la casa a tu nombre.

-¿Cómo? Pero si la casa la he vendido.

-Sí. Ya lo sé.

-¿Entonces?

Ahora la propiedad es de una sociedad anónima.

No entiendo por qué van a querer que yo firme esto.

-Esa sociedad es mía.

Es una empresa de mi grupo.

-¿Que tú has comprado la casa? -Sí, a través de esa empresa.

-¿Por qué?

-En principio era para derribarla.

-Es lo que me dijo Francisco, el arquitecto,

que la iban a derribar.

-Y estaba dispuesto a hacerlo.

Pero la carta de Genaro me ha hecho cambiar de opinión.

No quiero hacer algo así por despecho.

-De todas maneras, no entiendo para qué quieres que firme esto.

-Para que la casa vuelva a estar a tu nombre.

Eso es lo que querías desde el principio, ¿no?

Así dejamos zanjado el asunto definitivamente.

-Yo no puedo aceptar esto, Jesús.

-Es la casa donde creciste.

El lugar donde te querías retirar.

Tu sueño.

-En mi sueño estabas tú a mi lado.

-A mi edad, no puedo permitirme más decepciones.

Mi corazón no lo aguantaría.

-Lo he perdido, Lorena.

Tu padre es un buen hombre y lo he perdido.

Samu, trae, que te ayude. -Toma.

Acuérdate de ir al despacho a arreglar el cajón de Javier.

-Pero eso no es urgente, ¿no?

-Hombre, cuando puedas. -Vale.

Hola, guapa. -Hola.

-Hola, cariño.

¿Cómo estás?

-Rara, la verdad.

-¿Tenemos que llamar al ginecólogo o vamos allí directamente?

-Ninguna de las dos.

-¿Por qué?

-Esta mañana me ha venido la regla.

-¿Cómo te va a venir si dio positivo en la prueba?

-He ido a urgencias y me han dicho que... que a veces da positivo

y el embarazo no sigue adelante y puedes tener un aborto natural.

-¿Por qué no me lo has dicho? Habría ido.

¿Estás bien?

(CARLA RESOPLA)

Bueno, la regla es más abundante de lo normal,

pero no me duele.

Y me han confirmado que... ha sido un aborto natural.

-¿Cómo te sientes?

-Pues estoy rara, ya te lo he dicho.

-Eh.

¿Sabes una cosa que sí tengo clara, pese a todo?

Te quiero más de lo que me imaginaba.

-Te quiero mucho.

Y te quiero dar las gracias por haber estado ahí, ¿vale?

Te amo.

39,5.

Voy a darte un antipirético y, si no baja, vamos a Urgencias.

¿David? Hey. Tranquila, tranquila.

¿Dónde está David? Ha ido con Andrea al puesto.

Me dejé el móvil allí, ahora vuelve. No te preocupes, ¿eh? Tranquila.

Ah... Ah...

Ay.

Ven, incorpórate. Toma.

Trágatela. Así.

Ahí.

Toma.

Ya está. Ah.

Lo he hecho todo tan mal contigo.

No. ¿Por qué dices eso? Celia, no...

He sido tan injusta, tan mal...

Celia, no hables, solo descansa.

Cuando te haga efecto la pastilla, te vas a encontrar mejor.

Eres bueno.

Tú eres muy bueno.

Y yo te quiero.

Te quiero tanto...

(Llaman)

¡Adelante!

-¿Querías verme? -Sí, Germán.

Gracias por venir.

Siéntate, por favor.

Acabo esto y enseguida estoy contigo.

-Oye, si es por lo que ha comentado mi padre esta mañana en la reunión...

-¿Sí?

-No, que no hace falta que me des ninguna explicación.

-No es de eso de lo que te quería hablar.

-Ah. Vale. Vale, guay.

Pues tú dirás.

-¿Por qué has hurgado en mis cajones?

-¿Yo? -Sí, tú.

Y no me mientas, va a ser peor.

-Yo no he tocado tus cajones. -Sé que has sido tú.

Aquí estaba la información sobre el juicio.

Es mi cajón de los documentos personales.

-Te digo que yo no he sido.

-Pues qué casualidad que esa información salga

después de que tú te las apañes para quedarte a solas en el despacho.

Y el cajón fue forzado.

Dos y dos son cuatro.

-Mira, yo no tengo nada que ver con lo que ha dicho mi padre.

Te lo juro. -No te creo.

Está claro que sigues enfadado conmigo.

Supongo que es por lo que nos pasó al principio

o porque tú quieres ser el gerente

y lo soy yo. -Javier, te estás equivocando.

-He intentado confiar en ti, Germán,

pero tú sigues mintiéndome.

Desde ahora, no quiero tener nada que ver contigo.

Ni siquiera me dirijas la palabra.

Y, ahora, fuera.

Como te vuelva a ver en este despacho, te denuncio.

(Puerta)

Hola. -"Ciao, amore mio".

-¿Estás solo? -Sí.

No había mucho lío y le he dicho a Rosa que se fuera.

Ahora llega Doménico para el turno de la cena.

-¿Podemos hablar? -Claro, dime.

-No, Paolo. ¿Puedes dejar lo que estás haciendo?

Es importante.

-¿Qué pasa?

-Ven.

Siéntate.

-Me estás asustando, Cristina. ¿Es Andrea?

¿Le ha pasado algo? -A ver.

Quiero contarte algo. -¿Qué?

-He vendido la floristería.

-¿Que has vendido la floristería? -Sí.

-¿Sin decirme nada?

-Elías me hizo una oferta muy buena y... y he firmado los papeles.

-Cristi, pero... pero ¿cómo haces algo así sin consultarme?

Quiero decir que, igual no me habría opuesto, pero...

Somos un matrimonio, ¿no?

Estas cosas las tenemos que hablar entre los dos.

-De eso también quería hablarte.

-¿De qué?

-Paolo, las cosas...

Ay, las cosas ya no son como eran antes.

-Bueno, Cristi, que... hemos pasado por una... por una pequeña crisis,

pero... pero ahora todo va mejor, ¿no?

¿O no te acuerdas la otra noche aquí,

los dos, bailando y recordando nuestros votos?

-Paolo, yo te juro que lo he intentado, de verdad.

-Cristi, ¿qué me está diciendo?

Los dos lo estamos intentando, ¿no?

Y seguro que lo vamos a conseguir.

-No, no, Paolo. Ya no, ya no. -Ya verás, Cristina.

-Ya no.

-¿Cómo no, "amore mio"?

-Tú eres un hombre maravilloso.

Maravilloso, Paolo, de verdad.

Y no te mereces tener a alguien como yo a tu lado.

-¿Qué estás diciendo? Por favor. -Yo no he hecho las cosas bien, no.

No me he portado bien contigo. Yo...

Paolo.

He estado con alguien.

-¿Qué?

¿Con otro hombre, quieres decir?

-Sí.

-¿Y estás enamorada de él?

-Bueno, ya es una historia que... Ya ha terminado.

-Es evidente que hemos tenido una crisis, pero...

Pero, si... si ya no estáis...

Yo puedo...

Podemos olvidarlo. -Ah, no, no, no, Paolo, no.

-Podemos. -No, no.

No se trata de él.

Se trata de mí.

Ya no... ya...

No estoy enamorada de ti.

-"No, amore mio, ascoltami".

Yo... yo sé que últimamente no he hecho las cosas bien.

Pero te juro que yo puedo cambiar.

-No quiero. -Puede mejorar.

-No es tuyo el cambio. -Por favor.

-El cambio que necesito es un cambio mucho más grande.

He pensado que,

con el dinero de la floristería,

pues me puedo ir a otro sitio, empezar de cero.

En otro lugar. -No. Esto tiene que ser una broma.

No puedes irte. -De verdad, lo siento.

Lo siento, perdóname, de verdad.

Perdóname.

Yo... yo no he sabido hacer las cosas mejor.

Pero necesito rehacer mi vida lejos de ti.

-¿Rehacer tu vida sin mí?

¿Sin Andrea?

¿Eh?

¿Eso es lo que quieres?

¿Quieres romper nuestra familia?

-Andrea ya no es un niño y...

Ya he hablado con él también.

(PAOLO SUSPIRA)

"Amore mio", yo te amo. -Paolo, de verdad.

-Te amo. -Lo siento.

-No me importa. -Lo siento mucho.

-Por favor, ¡Cristina! -Lo siento.

-Paolo.

¿Qué pasa?

Paolo. -Dome.

-¿Qué pasa?

-Que Cristina "mi ha lasciato".

-¿Qué dices?

-Ya no me quiere.

Se ha ido con otro hombre.

-No.

(ANTONIO) Ha sido un placer volver a verte.

-Yo también me alegro mucho de haberme reencontrado contigo.

La pena es que el motivo haya sido la muerte de Genaro,

pero ha sido bonito, ¿no?

Volver a hablar del pasado.

-Mi tío nos ha dado una lección a todos,

y eso que ya no está.

Su carta me ha hecho ver algunas cosas muy importantes.

-Sí. Tienes razón.

-Una es que no tiene sentido

guardar rencor a las personas que nos quieren

y a las que queremos.

-Imagino por qué lo dices.

-¿Has hablado con tu hermana?

-No, no, no, no. Aún no.

-No dejes de hacerlo.

-¿Sabes qué pasa?

Entre Lorena y yo han pasado muchas cosas

que... que no tienen que ver con nuestra relación contigo.

-Pero mi mentira no estuvo bien.

-Sí, pero no es la primera vez que ella huyó.

-Si yo hubiera dicho la verdad sobre lo que pasó,

las malas lenguas no se habrían propagado.

Todo habría sido distinto.

-Eso no lo podemos saber, ¿eh?

Y, de todas maneras, te lo vuelvo a decir:

la relación mía con Lorena

está mal desde hace mucho tiempo.

Vamos, puedo decir que de toda la vida.

De verdad.

-Hola.

-Hola. -Hola.

-Antonio, que me ha dicho mi abuelo que te diga si pasas a despedirte.

-Pues me encantaría, pero no sé si voy a poder.

Tengo que ocuparme de mi tía.

-¿Y si vienes otro día?

-Sí, claro.

Dile a Jesús que lo intentaré.

-Vale.

Bueno, yo me voy, quiero pasarme por la farmacia

antes de sustituir a Lorena en el bar.

-Ajá. -Bueno, un placer, Antonio.

-Me recuerda mucho a ti a su edad.

-Qué va, ella es muchísimo más guapa.

-¡Qué va, eso es mentira! -Sí.

-Pero ¿sabes qué?

Que espero haber heredado tu buen corazón.

-Conmigo has demostrado tenerlo

perdonándome viejos errores del pasado.

-Eh... Bueno, ¿tú no te tenías que ir, cariño?

Que vas a llegar tarde.

-El que se va soy yo.

Adiós, Rosa.

Espero que soluciones todas tus diferencias con Lorena.

-No... no te preocupes, sé lo que pasó entre vosotros.

Lorena me contó que fue él quien le entró a ella.

-Huy, pero de eso hace tantísimo tiempo, hija.

-Sí.

Pero, si has podido perdonarle, deberías perdonarla a ella.

-Lo que pasa entre Lorena y yo no tiene que ver con Antonio.

-Ya.

Tiene que ver con una historia muy parecida, pero con papá.

-Bueno, ¿eso te lo ha contado Lorena?

-Mira, mamá.

La prueba de que Lorena no miente es lo que pasó con Antonio en su día.

Y tampoco miente cuando dice que papá le entró en la boda.

-Oh, por favor... -Mamá.

Solo te pido que lo pienses.

Que consideres la posibilidad

de que es papá quien miente ahora, igual que Antonio mintió en su día.

(ROSA SUSPIRA)

(Móvil)

¡Ah!

No, no puedo.

(Pitido)

Ah... Creo que ya está.

A ver...

Bueno, 37.

Esto es otra cosa. Sí.

Ya no tengo la cabeza tan embotada.

¿Tienes hambre?

No. Supongo que me vendrá bien echar algo al estómago, ¿no?

Estoy preparando un caldito. Te va a sentar muy bien.

Ay, Jorge, tienes desatendido el puesto.

Ya estoy bien. Márchate.

No te preocupes, Adela está allí encargándose de todo, ¿mmm?

Además, que yo soy tu médico y yo decido cuándo te doy el alta.

¿Estamos?

Es que ya has hecho bastante.

No sé ni cuánto tiempo llevas aquí

ni cuánto tiempo he estado dormida.

No has dormido mucho.

Estabas ahí, ahí, la fiebre no te dejaba.

Y te has puesto a hablar.

Ah, ¿sí?

¿Y qué te he dicho?

Nada. Estabas delirando.

¿Qué te he dicho?

(Móvil)

¿Quieres que conteste?

No, no. Atiendo yo.

Gracias.

(Móvil)

Gracias. De nada.

Adela, hola, dime.

¡Hola! Qué alegría escuchar tu voz.

Eso significa que estás mejor, ¿no?

Sí. Me acabo de poner el termómetro y me ha bajado la fiebre.

Menos mal.

Antes, cuando he hablado con Jorge, estabas todavía ardiendo.

Ya, me está cuidando muy bien. Me está preparando ahora un caldo.

Seguro que me asienta el estómago.

Bueno, no te quejarás, ¿eh?

Tienes un enfermero y un cocinero por el mismo precio.

No, no me quejo.

Claro que no me quejo.

Se está portando estupendamente.

"Ya. Yo, en cambio, te tengo muy abandonada".

No he podido pasar por casa desde que he vuelto de Toledo.

"No digas eso, Adela".

Soy yo la que te ha dejado sola.

¿Hay mucho lío en la droguería?

"Qué va. La droguería, muy tranquila".

"Ya la he cerrado, y el puesto de Jorge".

Y ahora tengo que preocuparme de otro asunto, pero ya te contaré.

En cuanto esté recuperada del todo, yo te compensaré todo el tiempo

"que estás metiendo en el puesto".

Ay, no digas bobadas.

Mira, hacemos una cosa.

Si sale un encargo como el de Sonia, lo coges tú y me voy de vacaciones.

¡Por supuesto que sí!

Ay, eso sería estupendo para el negocio.

Ojalá Cristina, al final,

"se comprometa con nosotras

y consigamos hacer cestas con las flores"

y los cosméticos para eventos, bautizos, comuniones.

Bueno, ya hablaremos de eso.

Ahora descansa, que tienes que coger fuerzas.

Vale. Te espero para cenar, ¿no?

A lo mejor llego muy tarde, ya picaré yo algo por ahí.

Vale, de acuerdo. Pues nos vemos luego.

Otra cosa, Celia.

Quería darte las gracias otra vez.

Por dejarme estar en tu casa y por todo el apoyo que me das.

No digas tonterías, mujer.

"Estamos encantados de tenerte aquí".

Venga. Un beso. Eres un sol.

¡Qué susto me has dado, David!

Esta dinámica la tenemos que romper.

¿Le has dicho que no sabías cómo pagarle todo lo que hace por ti?

Así es, tu madre se está portando muy bien conmigo.

Yo creo que sé qué podrías hacer para pagárselo.

Ah, ¿sí? Sí.

A ver, dime.

En mi escuela suben las cuotas y mi madre no puede pagarlo.

Si lo hicieras tú, no me cambiaría de colegio.

Y a mí me gusta mucho mi colegio.

Bueno, es una idea.

La tendré en cuenta.

Has venido a buscar el móvil de Jorge, ¿no?

Sí. Pues toma.

Me tengo que marchar.

Hasta luego. Venga.

¿Quieres algo, David? -Un bocadillo.

-Vale. ¿Puedes esperar un momentito?

Noa ahora viene. Yo es que me tengo que ir.

¿Dónde estás, Jorge?

(Móvil)

-El móvil de Jorge lo tengo yo.

-¿Y eso?

-Se lo dejó en su puesto.

-¿Y... y dónde está Jorge?

-En mi casa, con mi madre.

-¿Y qué hace ahí?

-La está cuidando, tiene mucha fiebre.

Si Noa va a tardar, ¿me puedes preparar el bocadillo?

Pues me voy a la panadería, a por un bollo.

-Ay, ya estoy aquí, perdona.

Había un montón de cola en la farmacia.

¿Qué te pasa, Lore?

¿Dónde está Jorge? ¿Y a qué hora sale el tren?

-Da igual.

-¿Cómo que da igual?

-Que ya no vamos a ninguna parte.

Amigo, estés donde estés,

gracias por tanto.

Y por sus sabios consejos.

Esa carta nos ha emocionado a todos. Mmm.

Siempre ha sido un tipo muy listo.

Y tú te querías perder su homenaje.

Te tengo que dar las gracias por hacerme ver que no podía faltar.

Si no hubiera leído esa carta, me hubiese arrepentido toda la vida.

Pues de nada.

Bueno, es tu contribución a este "peñazo" de familia.

Papá, no. Por favor, no.

Vamos a terminar la cena en paz, te lo pido.

Hijo, cuando alguien mete la pata

tan espectacularmente como la has metido tú,

no queda otra que pagar las consecuencias.

Ya, pero no es necesario que todos los miembros de la familia

me lo repitáis cada cinco minutos. Bueno.

Tengo que reconocer que me gusta el estilo de Adela.

En vez de comerse la humillación

que supondría a cualquiera una infidelidad,

la airea públicamente

y, por el efecto rebote, te estalla en la cara.

Sí, Adela puede ser muy hiriente cuando quiere.

Es dura de pelar.

Te has gastado un pastizal en la floristería para nada.

Tú no eres el más indicado

para hablarme a mí de un pastizal, ¿no?

¿Qué es eso? Lo sabes perfectamente.

Es un extracto del banco.

Has hecho una transferencia importante

de una de nuestras cuentas.

Sabes que no me gusta hablar de negocios durante la cena.

¿Pensabas que no me daría cuenta?

Mira, me daba exactamente igual que lo supieses o que no.

Has tardado tiempo en localizar el movimiento, ¿eh?

Tu hijo lo cazó a la primera. Pues no me ha dicho nada.

Porque le dije que cerrase el pico.

Es un movimiento de una cantidad muy importante

a una inmobiliaria de Comillas.

O sea, que has comprado la casa de Valeria.

Huy, no se te escapa ni una, ¿eh? Ya.

¿Qué piensas hacer?

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

¿Está rico?

Supongo que sí,

pero tengo una congestión que no me sabe a nada.

Bueno, tómatelo, que seguro que te sienta bien.

(SUSPIRA)

Gracias otra vez, Jorge.

Nada, por favor.

Lo he hecho encantado.

¿No me vas a contar eso que te he dicho mientras deliraba?

Oh, cosas sin sentido.

Bueno, ¿qué cosas?

¿Seguro que lo quieres saber? Claro que sí.

Pues... me has dicho que...

que no te habías portado bien conmigo.

Bueno, entonces no estaba delirando, porque eso es verdad.

Que soy muy bueno.

Eso también es cierto.

Y que me querías.

(Timbre)

Yo abro. (CARRASPEA)

Lorena... Pasa, por favor.

¿Qué tal está Celia?

Pues ahí la tienes.

Oh, ¿estás mejor?

Sí, estoy mejor. Gracias.

Me alegro.

Teníamos una cita.

Perdón, se me ha olvidado por completo.

Ha sido culpa mía. No, no te preocupes.

De verdad. Los amigos son lo primero.

Es que le había preparado una sorpresa a Jorge.

Se me ha ido el santo al cielo. Perdona.

¿Podemos dejarlo para mañana?

No.

Los billetes de tren eran para hoy, ya no se pueden cambiar.

Billetes de tren.

¿Y dónde pensabas llevarme?

Da igual.

Te has olvidado de nuestra cita.

Está claro que tienes que estar aquí.

Lo importante es que Celia se recupere.

Adiós.

(Puerta)

La idea inicial era derribarla.

Pero he cambiado de opinión.

Y he puesto las escrituras a su nombre.

¿Tú también quieres recuperar a Valeria?

No.

¿Y por qué has hecho semejante estupidez?

La culpa es tuya, la verdad.

¿Mía? ¿Qué tengo que ver con esto?

Si no me hubieras convencido de leer la carta de Genaro,

hubiera tirado esa casa abajo.

Pero, gracias a mi viejo amigo, me he dado cuenta

de que no merece la pena envenenarse por algo así.

Bueno, pues entonces supongo que Valeria te devolverá ese dinero.

Pues supones mal.

Y no sirve que protestes.

Pero, vamos a ver, es tirar un pastizal a la basura.

El dinero es mío, hago lo que me da la gana.

Vamos a ver, papá, no.

Yo entendería que tú te gastases ese pastizal

porque quieras recuperarla.

Yo me he gastado un dineral para que Adela vuelva a mi lado.

Con poco éxito.

Salvo milagro, no creo que tu mujer vuelva a pisar la casa.

(Puerta)

Hola.

Ave María Purísima.

He venido a devolverte esto.

¿Lo has firmado?

No. Ya te dije que no quería la floristería.

Adela.

Adela, por favor, dame otra oportunidad.

Déjame que te... Elías.

No caigas tan bajo como para suplicarme, no te pega.

Bueno, lo dejo aquí.

Que aproveche y perdona las molestias.

No te preocupes, Adela.

Dura de pelar, ¿eh?

(Puerta)

(SUSPIRA)

-Cristina.

¿Es cierto? ¿Te vas?

-Sí. Me voy.

-Paolo...

Paolo está destruido.

-Sí.

Sí, le he hecho muchísimo daño.

No sé si me lo voy a perdonar algún día, pero...

no he encontrado otra manera de hacerlo mejor.

-¿Y estás segura de tu decisión? -Completamente.

Esto no es asunto tuyo, ¿eh?

No tengo por qué darte explicaciones.

-Yo también me siento culpable del sufrimiento de mi amigo.

Y por eso creo...

Creo que debes pensar bien si eso es de verdad lo que quieres.

-Mi matrimonio ya no iba bien antes de que tú aparecieras.

Lo nuestro solo ha servido...

Solo ha servido para que me diera cuenta.

-Los dos le hemos fallado a Paolo.

-Yo no soy la mujer que se merece tener a su lado.

Por eso creo que es mejor que nos separarnos.

-¿Ya no lo quieres?

-Te dije que ya no estoy enamorada.

Quererle...

Quererle le voy a querer siempre.

Paolo es un hombre estupendo.

Y he vivido momentos muy felices con él.

Me ha dado un hijo al que adoro.

Pero las cosas no son para siempre.

-¿Y lo de irte?

Paolo...

Paolo dice que quieres cambiar de aires.

-Sí, me voy.

Me voy a Nápoles.

He comprado la "trattoria" de Gio.

Ya he arreglado los papeles.

-¿Y... y por qué precisamente Nápoles?

¿Y ese restaurante?

-Ya te he dicho que no tengo por qué darte explicaciones.

-Cristina.

Si me lo pides, me voy contigo. Sin pensármelo.

-¿Cómo?

No te entiendo.

El otro día me decías que era espantosa.

-Perdí los papeles y te pedí disculpas por ello.

Te expliqué que no pensaba lo que dije.

-Qué rápido has olvidado a Giuliana, ¿no?

-Lo intenté con ella para olvidarme de ti.

Tú eras la mujer de mi mejor amigo.

Y yo luchaba para no traicionarle. -¿Y ahora?

-No lo sé.

No lo sé.

Pero, si vuestro matrimonio está roto,

no hay daño que le pueda evitar.

-Yo no creo que Paolo piense lo mismo que tú, ¿eh?

-Tarde o temprano sabrá lo que pasó entre nosotros.

Sé que le haré mucho daño,

pero también sé que no quiero dejarte escapar.

"Sei bellisima".

Te amo, Cristina.

-Giuliana tenía razón.

-¿A qué te refieres?

-Te gustan las mujeres fuertes,

las poderosas, las que toman las riendas, ¿no?

-No te entiendo.

-No me creo ni una sola palabra de lo que dices.

¿Dices que me amas? Mmm.

Ahora, ¿no?

He comprado un restaurante, el restaurante que tú querías.

-Me gustan las mujeres poderosas, es posible.

Pero a ti te gustan los hombres que te hagan sentir así.

Y conmigo te pasa eso, ¿no es verdad?

Y espero solo que, con el tiempo, puedas perdonarme.

Solo esto.

(PAOLO) Desaparece de mi vida.

-¿Para qué quiero yo esa casa?

Si no puedo vivir en ella con el hombre al que amo.

-¡Ay, mamá, lo siento mucho! -¡Ay, Carmen!

-Te habrá dejado porque no te quiere como te quería antes, papá.

Pero que ha sido sincera, tío.

No te ha estado engañando, a tus espaldas, con otra persona.

Yo creo que ha hecho lo correcto, ¿no?

-Andrea, ¿qué es lo que te ha dicho tu madre?

¿Y para qué quiere Elías la floristería?

Era tu sueño, pero el suyo...

Porque su idea es regalármela.

Ajá.

Mira que a mí me encantaría, ¿eh? Y nos vendría fenomenal.

Pero le he dicho a Elías que se la meta por donde le quepa.

¡Aquí yo doy órdenes y tú obedeces! ¿Estamos? ¿Te ha quedado claro?

¡Que si te ha quedado claro! ¡Si no, ahí tienes la puerta!

Me dijo que fue él el que te besó a ti.

Que mintió.

Y que tú le rechazaste.

-Me alegro de que lo reconozca,

aunque haya sido después de tanto tiempo.

-(SUSPIRA) Te debo una disculpa, Lorena.

-Creía que querías que discutiéramos delante de ellos. Vale, vale.

-Si hiciéramos eso, seguramente me entraría la risa.

-Ya, y a mí.

-Aunque sería divertido.

-Le estás pillando el punto a esto del teatro, ¿eh?

-Bueno... ¿Entonces qué? ¿Montamos una escena en plan peli?

No quiero crearos problemas.

La verdad es que no estoy muy segura de que eso sea cierto.

Mira, Jorge es mi amigo.

Y yo quiero que sea feliz y él está contigo.

Quiero que seáis felices los dos, porque os lo merecéis.

No es a ti a quien tengo que pedir explicaciones.

-Yo no soy como mi padre.

-Los dos querríais verme lejos de este despacho.

-Te equivocas.

Mi padre, sí.

Yo, no.

Todo lo contrario.

-Sales igual de elegante que entraste.

-Bueno, es el mismo traje, pero pasado de moda, ¿no? Toma.

-Me alegro de verte

sin un cristal de por medio.

-¡Madre mía!

Siete años ahí metido.

En ese agujero.

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Mercado central - Capítulo 60

17 dic 2019

Elías compra la floristería a Cristina como regalo para Adela.
Con el dinero de Elías, Cristina tiene un plan que marcará su destino.
Elías descubre que Javier es gay y trama un plan recurriendo a Germán para conseguir manipularle. Javier, sin embargo, no piensa dejar que le ninguneen.
Jorge deja plantada a Lorena por ir a cuidar a Celia.
Paolo pilla a Doménico y Cristina con las manos en la masa.
La falsa relación entre Luis y Noa empieza a tener más verdad de lo que ellos pensaban.
Valeria descubre la verdad sobre el comprador de la casa de Comillas.
Carla, preocupada por su embarazo, descubre algo que da un giro completo a los acontecimientos.

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