Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 58 - ver ahora
Transcripción completa

¿Y esas caras?

-Doménico vuelve a Napoli.

A montar su propio restaurante.

-Pues... pues muy bien. Me alegro mucho por ti.

Que tengas mucha suerte. -Gracias.

-Pero, a ver, tío. ¿Has hablado con ella?

¿Le has dicho qué sientes?

-Bueno, he estado a punto, pero, al final, pues...

Al final, nada.

-Pues entonces ya está, tío.

Hasta que no habléis, no la des por perdida.

-Era mi padre el que estaba desviando el dinero de la empresa a Costa Rica.

No, yo no sabía nada, me enteré después.

No apruebo lo que hizo mi padre,

pero ese es un tema familiar, ya lo arreglaré con él.

-Tú, el profesor este, ¿lo conoces?

¿Te da mala espina por algo más que la edad?

-Solamente lo he visto una vez y así, de refilón, pero...

-Entonces, ¿por qué no le das una oportunidad? Va.

No le juzgues sin conocerle.

No te hagas la víctima, que conmigo eso ya no cuela.

Y lo de comprarme la floristería tampoco,

así que no tires el dinero.

No le ha faltado tiempo a Cristina para venirte con el cuento.

¿Y qué esperas? Si es mi amiga.

Las cosas no se arreglan comprando regalos,

por caros que sean.

Javier es un tío guay y además hay rollito entre vosotros.

Yo le daría una oportunidad.

-No digo que... que no sea atractivo.

Vaya, que está muy bueno, sí. -Sí.

-Y es buen tío, es muy buen tío, pero no creo que tenga nada con él.

-Soy un desastre.

Samu, por eso no quiero ser madre.

No quiero.

Lo siento.

-Pues no tenía ni idea

de este pasado tan "heavy" tuyo, mamá.

-Pero ¿quién no se ha vuelto un poco loco en su juventud?

-Pero tú eres la más divertida, con diferencia.

-Por eso tu abuela la llamaba Cascabel.

Porque no paraba de armar jaleo.

-Pues me habría encantado conocerte entonces.

-Genaro merece uno y mil homenajes.

Hombre más bueno y más trabajador no había en el Mercado.

Voy a coger la carta...

No está.

¡Ah! ¡Ahí va!

Se la debió llevar Germán con todos los papeles.

Voy a llamarle.

-Mira, o averiguas algo que me ayude a tumbar a ese tío

o se te va a acabar el chollo.

¿Te queda claro o te hago un croquis?

Ese cuello esculpido por Michelangelo.

Pero si fuera solo el cuello...

Es que eres toda una obra de arte, "amore mio".

-No empieces, tengo que sacar las flores.

-Te ayudo yo.

Rosa está en la pizzería y estoy libre.

-Venga, ayúdame a sacar los cactus.

¿Qué te pasa, tío?

-Creo que es gripe.

A quien le ha pegado fuerte es a mi madre.

Yo tengo unas décimas, ella parece un zombi.

(ESTORNUDA)

-¡Salud! -Gracias.

¿Por qué tu madre no quiere que tu padre le bese el cuello?

-¿Eh? -No le gusta.

Se ha apartado.

-No sé, será porque no le gusta que le vean en público.

-Están casados, no tienen nada que ocultar.

-Bueno, ¿y qué? No todas las parejas son igual de empalagosas.

-Tu padre es bastante empalagoso.

-Sí, tío. Sí, la verdad es que sí.

Está todo el día dándole besitos, cogiéndole así por detrás y todo.

Y, claro, pues mi madre se agobia, como es lógico.

-O quizás no le gusta tu padre.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Qué dices, tío?

-Podría ser.

-A ti la fiebre te afecta un poquito la cabeza, ¿no?

-Bueno, yo no soy un experto.

Normalmente no me fijo en estas cosas.

Por eso la psicóloga me insiste en ello.

-¿Con qué te insiste la psicóloga?

-Con la comunicación no verbal.

¿Sabías que en una conversación normal

solo captamos el 7 % de lo que se dice por las palabras?

Los gestos corporales indican el 55 % del contenido.

-Ya. Pues menos mal que no eras un experto, David.

¿Y me puedes explicar qué tiene que ver con mis padres?

-Según sus gestos corporales, tu madre no tolera bien a tu padre.

Y no lo digo yo, lo dice Mehrabian.

-¿Quién es Mehrabian?

-Un antropólogo que estudió la comunicación no verbal.

-Ya, pero ¿sabes lo que pasa, David?

Que Mehrabian no conoce a mis padres y yo sí conozco a mis padres.

-¿Te has enfadado?

-David, yo sé que no lo haces con mala intención, tío,

pero hay veces que te pasas.

-Lo siento. No quiero que te enfades.

Fuiste tú quien dijiste que los amigos se dicen la verdad.

Y yo solo te digo lo que veo:

que tu madre parece harta de tu padre.

-¿Has acabado o tienes algo más que decir sobre mis padres?

¿Podemos dejar ya el tema?

Luego te veo, que tengo lío.

Chao.

-Rechazo clarísimo, vamos.

-Pero creo que siempre hueles bien, siempre rodeada de esa maravilla.

(Móvil)

-Y, ahora, haz esto.

-¿Sí?

Sí, soy yo.

¿Qué ha hecho?

Sí, sí, claro. ¿Dónde ha dicho que está?

Ahora vengo. Sí, sí. Gracias.

-¿Qué pasa? ¿Quién era?

-La policía. -¿Policía?

-Han detenido a Doménico.

Voy a la comisaría.

(ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

Ay...

(TOSE)

(Móvil)

La madre que... (SUSPIRA)

¡David!

Hijo, pero, bueno, ¿dónde estabas?

Solo he ido a comprar caramelos de jengibre para ti.

Ya, pero no se tarda tanto en comprar caramelos.

He ido al Mercado.

La tienda de Suárez tiene los mejores.

Me he encontrado a Andrea y...

Qué caramelos ni qué caramelos.

No te puedes ir sin avisar y sin llevarte el teléfono.

Y, encima, tienes fiebre. Pero estabas dormida.

Ya, ¿y te parece normal

que yo me levante y no haya ni una nota y tú no estés?

Lo siento, es que me encontraba bien y era solo un momento.

No ha sido buena idea. Tengo frío y me ha subido la fiebre.

Ay, qué cabeza tienes, hijo. Siéntate.

Te voy a poner el termómetro.

(ESTORNUDA)

Toma.

¿Tú estás bien?

Sí, estoy mejor.

¿Has pensado qué harás con el aumento del precio del colegio?

Para ti es importante seguir en el mismo colegio,

¿verdad, cariño? Sí.

Cambiar de colegio aumenta un 15 % la probabilidad de fracaso escolar.

No te preocupes, que ya me inventaré algo para encontrar ese dinero, ¿eh?

Pero no te voy a cambiar.

¿Cómo están los enfermos?

Bien, la fiebre va remitiendo.

Pues os he traído una cosa

que lo cura todo. Qué bien.

El caldo de pollo que prepara mi cuñada Rosa.

Os sentará de maravilla.

¿Es pollo de corral? ¿Cómo?

Si es pollo de corral certificado.

Si no, no me gusta, por las hormonas.

Sí, sí. Pollo de corral certificado.

No ha salido del corral. ¿Ves?

Entonces quiero uno.

¿Tú quieres uno? Sí, yo también.

A ver, dame el termómetro.

"Unas décimas", dice.

Hijo, tienes 38,5.

No es para tanto. Sería lo normal si fuese un perro.

Bueno, un perro adulto.

Los cachorros nacen con 36 y luego aumenta hasta la adultez.

Chist, chist.

Me he enterado de que tienes novio.

-¿Quién te lo ha dicho?

-He ido a por un tiramisú

y a Paolo le ha faltado tiempo para contármelo.

-Pues, si lo sabe Paolo, ya lo sabe todo el mundo.

Bueno, la verdad es que...

Que nos estamos conociendo.

No se puede decir que estemos saliendo,

pero estamos muy a gusto juntos.

-Es mayorcete, ¿no?

-Por favor, no empieces tú también con la chapa

de que si es muy mayor para mí y que si mejor uno de mi edad,

que esta relación no tiene futuro...

-Que no, si yo soy la primera que defiende

que los tipos interesantes y con experiencia

son los que más molan.

Pero, bueno, ten cuidado con... -Ya sabía que me tocaba otra chapa.

-Que no, que no. ¿Te han caído muchas o qué?

-Las normales para mis padres.

-Yo no te voy a dar la chapa. Es tu vida.

Tú puedes hacer lo que quieras. Qué te voy a decir yo.

Y tu madre, pues no te rayes, chica.

Es una madre, tiene que ejercer de madre.

-Ya.

Bueno, ¿tú qué tal? ¿Bien sola en el puesto?

Sí, sí, sí. He estado con el encargo de Sofía.

¿Qué tal? ¿Está contenta? ¿Ha quedado bien?

Contentísima.

Solo por ver su cara cuando las ha visto,

ha merecido la pena. Oh.

Pero, además, para ser un día de trabajo,

hemos sacado bastante dinero.

He pensado que, si a Cristina

le parece bien y a ti también,... Sí.

...podríamos juntarnos y aceptar más encargos de este tipo.

Pues a mí me vendría muy bien.

Justo ahora estaba hablando con David

y necesito encontrar un extra económico.

Me han subido la cuota del colegio. Ah, ¿sí?

Sí. ¿Y es mucho?

Un pico, sí.

Yo creo que esto tiene bastante futuro.

Así que podrías apañarte.

¿A Cristina le interesará?

Últimamente tenéis muy mal rollo. Ya.

A lo mejor tenéis que hablar primero, ¿no?

(Móvil)

Perdona.

Uy, es Marisol.

¿Sí, Marisol?

Ay...

Ay, la cabeza. Toma.

¿Quieres que te la caliente más? No, cariño, así está bien, gracias.

Mmm. Está bien.

Pues en un rato te digo algo.

Marisol.

Me ha recordado lo de la convención de productos ecológicos.

Es esta noche y en Toledo. Se me había olvidado por completo.

¡Ay, pues a mí también!

¿Pero tú no le dijiste nada?

¿Yo? Sí.

Pues no sé, supongo que no.

Se me habrá ido el santo al cielo.

Pero yo, ahora mismo,

no estoy para ir, ni siguiera al puesto esta tarde.

¿Y vosotros no preferís que me quede cuidándoos?

No hace falta, sabemos cuidarnos solos.

No pasa nada, Adela. Nos apañamos, de verdad que sí.

Lo mejor para el negocio es que vayas a esa convención

y que veas qué productos son buenos para nosotras, para el puesto.

Y te despejas un poco, te lo mereces.

Pues la verdad es que sí.

Voy a hacer una pequeña maleta y le confirmo.

¿Te parece? Venga, sí.

Por fin, una noche solos.

¡Chist!

(Puerta)

(ESTORNUDA)

Jo... Jo...

Ay, cómo me duele la cabeza.

Oye, y... ¿Antonio es el novio que le levantaste a mi madre?

-Sí, bueno, eso es lo que dice ella.

Ay, pero no quiero hablar de ese señor.

Le saludé como una adulta.

Y... y ya está. -Ya.

Oye, ¿ya tienes sorpresa para Jorge?

-He comprado dos billetes de AVE para Valladolid,

he pillado un hotelazo que flipas y he reservado mesa en La Fanega.

-¿No es el restaurante de su hijo?

-Sí.

-Un poquito "heavy", ¿no?

-Un poquito, pero Jorge quiere mucho a su hijo,

y ahora no se ve capaz de dar el primer paso, así que...

-O sea, Jorge no sabe que vais a ver a su hijo.

-No. Le he dicho que vamos a un concierto de música clásica.

-¿Su hijo sabe que vais?

-No, pero seguro que está deseando verle.

No se ven desde que estuvieron en el hospital.

Y no era momento para hablar.

-Ya, pero ¿y si no quiere verle?

-Hombre, cuando vea que su padre ha dado el primer paso....

-Pero es que no ha dado el primer paso, lo has dado tú.

-Ya, pero él no lo sabe.

-Tú sabrás lo que haces,

pero a mí me parece un poco loco todo.

-Sí, bueno, un poquito sí, no te lo voy a negar.

Pero hay que arriesgar para conseguir las cosas.

Y a mí, chica, pues ya me conoces, me gusta el riesgo.

-Sí, pues, entre el AVE, el hotel y el restaurante,

te habrás dejado una pasta, ¿no? -Me he quedado tiesa.

-¿De dónde lo has sacado?

-Debí dejarte el chaleco de Nina Hagen

cuando me lo pediste. -¿Lo has vendido?

-En una tienda "vintage". 400 napos me han dado por él.

-Uf, pues ya puede salir bien el viajecito...

Bueno, anda, me voy,

tengo que preparar una sesión de fotos.

(SUSPIRA)

¿Quieres un poco de agua? -No.

-¿Algo más fuerte?

-No, Paolo.

-¿Te preparo algo de comer?

-Gracias, de verdad.

-Como no hay nadie, siéntate un poco.

-Gracias por venir a por mí.

Y por pagar la fianza.

En cuanto pueda, te lo devuelvo.

-No te preocupes.

Tú habrías hecho lo mismo por mí.

Y, por el dinero, no hay prisa.

¿Qué pasa? ¿Te duele?

-Solo cuando me río.

-No hace gracia, Doménico.

Yo te lo dije.

De tener cuidado con Montes,

que no era de fiar.

-Sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

No es que Montes me haya engañado.

Simplemente ha salido mal.

-¿Qué ha pasado exactamente?

-Fui a pedirle trabajo a Álvaro.

Uno de esos que se hacen rápido, no haces preguntas y te pagan mucho.

Tenía que dar un susto a un empresario de la noche.

No, Celia, prométeme que mañana, si tienes fiebre,

no sales en casa, ¿eh?

Da igual que yo esté en Toledo.

Porque estemos cerradas un día no pasa nada.

Venga, no te agobies.

No, lo importante es que tú te recuperes.

Eso es. Venga, mejórate.

Un beso. Y dale otro a David.

Adiós.

¡Nicolás! Dime.

¿Se sabe ya algo de Valeria? ¿Ha aparecido?

Nada. Vaya.

Bueno, seguro que se encuentra bien.

Sí, si tranquilos estamos, Samuel ha hablado con ella.

Algo es algo. Mira, pues me alegro.

¿Y Carmen? ¿Cómo está la pobre? ¿Cómo lo lleva?

Pues imagínate.

Lo peor es que no creo que se arregle cuando vuelva su madre.

Esa relación se ha quedado tocada para siempre.

No digas eso, el tiempo lo cura todo.

Ojalá.

Bueno, dale un beso de mi parte.

Yo le doy. Y gracias por preguntar.

¡Nicolás!

¿Sabes dónde puedo dejar un móvil para reciclar?

Sí. Hay aquí un punto limpio. ¿Quieres que lo tire?

No. Dime dónde es y ya lo llevo yo.

No te preocupes. Si no es molestia.

Paso cada día por delante. Dame.

Ah, bueno, pues muchas gracias.

Oye, ¿estás segura de que quieres tirarlo?

Parece que funciona.

No me lo puedo creer.

Se me cayó en el agua el otro día y pensaba que estaba muerto.

Los móviles es lo que tienen.

Lo mismo le das un toquecillo y se te rompen

que sobreviven a una bomba nuclear.

¿Te lo quedas entonces?

Sí, sí. Voy a ver si funciona. Muy bien.

Gracias de todas maneras. De nada.

Ya ves, lo que haga falta.

Pero, cuando llegué, se ve que estaba prevenido.

Y sus matones también.

Y se ha liado un poco.

-¿Pero tú te escuchas?

¡Es que estás loco!

Podrían haberte matado.

-Pues sí.

Suerte que llegó la policía enseguida.

Y que me han detenido por participar en una pelea,

no por hacer de matón.

Si no, no me hubieran dejado salir tan fácilmente.

-¿Y cuánto te han pagado?

-¿Qué me han pagado?

Suficiente para dar una pequeña entrada del restaurante de Napoli.

Es que eso iba a ser el primero de varios encargos,

pero ha salido mal, no creo que me encargue nada más.

-Es que yo no me lo puedo creer.

¿Tú pensabas pagar el restaurante de Nápoles

a base de palizas y encargos de matón?

No, lo de Giuliana te ha afectado demasiado, ¿eh?

Tú no estás bien de la cabeza. -¡Lo sé, Paolo! ¿Qué te crees?

Sé que he elegido un mal camino.

No sé a dónde va mi vida.

Estoy dispuesto a todo para conseguir este restaurante.

-Pero puedes seguir trabajando aquí, conmigo,

y ahorrar poco a poco, como decimos, ¿no?

Te daré todas las horas extra que pueda,

y vamos a hacer todas las clases de cocina que sean posibles.

A lo mejor no va a ser tan rápido, pero yo te voy a ayudar.

Te prometo que vas a tener tu propio restaurante, Doménico.

Te lo prometo.

Carla, mira.

He buscado en Internet

y he encontrado las mejores clínicas.

Quiero acompañarte y apoyarte en todo.

Y... y perdóname.

Es verdad, me he ilusionado demasiado pronto

y quizás no es el momento.

(CARLA RESOPLA)

Es que... No lo tengo claro, Samu.

No sé, yo... yo lo tenía muy claro.

Pero es que ahora que tengo los papeles delante, en mis manos,

te juro que es que no sé qué hacer.

Y yo sé que no es un buen momento. Yo lo sé.

Pero, no sé, no paro de pensar que... que estoy embarazada de ti.

De la persona a la que amo.

Igualmente, no sé.

No quiero tomar una decisión que... que nos repercuta toda la vida.

-Carla.

Yo voy a apoyarte en todo lo que decidas.

-Es que no sé qué hacer.

-Yo quiero tener un hijo contigo.

Y, si tiene que ser ahora, pues adelante.

Y, si es en otro momento, pues en otro momento.

Mira, aunque haya mucha gente en el mundo,

sigue faltando buena gente.

Yo sé que un hijo nuestro sería buena gente.

-Qué tonto que eres. -No, lo digo en serio.

No se me ocurre mejor compañera que tú para tener un hijo.

Además, sé que serás una madre increíble.

-Eso no lo tengo yo tan claro.

-Venga, eso lo dices porque tienes a Martina en la cabeza.

Recupera la relación con ella, yo te ayudo si me dejas.

-Creo que no se puede recuperar. -¿Cómo no se va a poder recuperar?

Si es tu hermana. -Ya.

-Vale que, a lo mejor, al principio, pues no estuvieras a la altura,

pero el pasado, pasado está.

Y ahora tienes que pensar en el presente

y en cuidar esa relación.

Y yo te voy a ayudar si me dejas.

-Miramos los papeles en casa, ¿vale?

¿Ese es el móvil de papá?

Pero, Dios, ¿para qué te torturas?

¿No habías decidido no leer los mensajes?

Pues no he podido evitar caer en la tentación.

Y ojalá no los hubiera leído.

¿Y qué hay?

Nada que no supieras, ¿no?

Bueno, sabía que me engañaba a mí, pero no que engañaba a la familia.

Mucho discursito de "la familia es lo primero"

y "los De la Cruz somos lo más", pero luego, mira,

mira qué mensaje le mandó a la Rita esa.

"Es el cumpleaños de Rosa, pero paso de ir".

"Estará toda mi familia. Un peñazo. ¿Nos vemos en el hotel?".

Sí. Y yo me acuerdo de ese día.

No podía venir porque tenía un follón de última hora,

que un camión se había averiado... En fin.

Vale, vale, sí, es un imbécil,

pero ¿qué ganas recreándote en estas mierdas?

Pasa. Mamá, pasa, no leas más, es que te hace daño.

Sí, tienes razón.

Pero me he pasado tanto tiempo con los ojos cerrados

que los quiero abrir de golpe, aunque sea tarde.

Nicolás.

Mira, que esto no funciona.

¿Te importa tirarlo en el punto ese de recogida de móviles?

-Claro, yo lo tiro. Pues gracias.

Venga, hasta luego.

-Pásatelo muy bien en Toledo, ¿vale?

Gracias.

¡Ay, perdón!

-Hola. -No quería molestar.

-Abuela, ¿estás bien? -Ay.

Samuel, bonito.

¡Qué alegría!

-Hola, guapa. -Carla, bonita.

Solo he venido a acompañar a Concha.

Debo estar con mi amiga en un momento tan doloroso.

-¿Y después?

-No lo sé.

No les digas a tus padres que he vuelto.

No tengo cuerpo para verlos ahora.

-Vale. ¿Dónde has estado?

-Lejos.

Tenía que poner tierra de por medio.

-Me tenías preocupado, ¿eh?

Hola.

¿Por qué estás tan contenta?

Vale. Es que tengo algo para ti.

¿Me has comprado el avión? Todavía no.

Ay... ¿Y qué es?

Es una sorpresa, no te lo voy a decir.

¿No me vas a dar una pista? No. Hasta mañana, nada.

¿Qué haces mañana?

Supongo que trabajar todo el día

y luego igual me paso por el homenaje a Genaro, ¿por?

Vale. ¿Después?

Después, soy todo tuyo.

Vale, pues te voy a llevar a un sitio,

pero todavía no te voy a decir a dónde.

Así que tienes que estar aquí mañana a las ocho.

Vale. ¿Te acordarás?

Sí, claro.

Básicamente, porque tú y yo, hasta esa hora,

nos veremos... ¿Qué? ¿Veinte veces?

Uf. Pocas me parecen.

Adiós.

Adiós.

¿Y qué se supone que tengo que hacer?

¿Te cojo de la mano?

¿O con compartir el postre ya es suficiente?

-Lo que quieras.

Pero, con que estemos así hablando, ya damos el pego como pareja.

-¿Y de qué quieres hablar?

-Pues no sé.... Cuéntame cómo eras a mi edad.

-¿Yo? Pues un tío muy normal.

Lo que más me gustaba hacer era ir a cazar mamuts con flechas y lanzas.

-No, en serio.

-A tu edad fue cuando me fui a vivir a Nueva York. Sí.

-¿En serio viviste en Nueva York? -Sí.

Iba para pocos meses, sin un duro.

Y me enamoré de la ciudad y me quedé como unos ocho años.

-¿Y qué hacías ahí?

-Un poco de todo.

Al principio fue duro, no encontraba trabajo de lo mío,

así que hice de camarero, de portero, de friegaplatos...

Fue difícil,

pero me sirvió para darme cuenta de que quería vivir de la fotografía.

-¿Y cómo comenzaste a ganarte la vida como fotógrafo?

-Pues estuve un mes viajando por Sudamérica,

haciendo reportajes antropológicos.

Tuvieron bastante repercusión, y una revista me hizo una oferta.

Y, bueno, a partir de ahí, todo fue rodado.

-Nueva York tiene que ser una ciudad increíble, ¿no?

-Sí. Sí lo es.

Es una ciudad llena de vida y de oportunidades.

-¿Y por qué te fuiste? -Porque prefiero vivir aquí.

Nueva York puede ser una ciudad muy dura.

Me aportó mucho,

pero, bueno, ahora puedo trabajar desde cualquier sitio.

Y aquí puedo ser mucho más selectivo y hacer solo lo que me apetece.

-Como, por ejemplo, dar clases.

-Por ejemplo.

Siempre me ha gustado ayudar a gente con talento

a encontrar su camino y abrirse paso.

La enseñanza no está bien pagada, pero, bueno,

aquí se puede vivir muy bien con mucho menos dinero.

-A mí me encantaría viajar, pero casi no he salido de Madrid.

-En todos los sitios hay personas y rincones para fotografiar.

¿En qué te gustaría especializarte?

-Pues no lo tengo muy claro todavía.

-No sé, ¿en moda, en publicidad, en retratos, naturaleza...?

-Creo que me gusta lo mismo que a ti: la gente.

-A mí la gente no me gusta mucho.

A mí me gustan las personas.

-Bueno, ya me entiendes.

Las... diferentes culturas.

No sé, a lo mejor me gustaría ser reportera de guerra.

Sí, no sé, siempre me han impresionado mucho

las fotografías de devastación, de denuncia, de supervivencia.

-Aquí tenéis.

-Ay, gracias.

-Os invito a cenar esta noche. En casa.

Lo he estado pensando y creo que tienes razón.

Luis se merece una oportunidad para que le conozcamos.

Verás, va a ser una cena absolutamente informal, ¿eh?

No te creas que es una encerrona. -No, claro.

-Entonces, ¿qué? ¿Vienes?

-Sí. Muchas gracias.

-¿Y papá?

-De papá ya me encargo yo.

¿Os espero entonces?

Perfecto.

Estos centros son más elegantes, más sofisticados,

por si te interesan. -Vale.

-Ponte aquí y los ves. -Perfecto.

¿Tienes un minuto?

Me marcho de viaje y quería comentarte una cosa.

-Ahora estoy con una clienta.

Para que luego no me digan que estoy a lo que no debo.

Vente luego y lo miras tranquilamente.

-Sí, sí. Venga, hasta luego.

-Muchas gracias por espantarme a una clienta.

La has espantado con tus borderías.

Tú me haces ser borde.

Ahora la culpa va a ser mía, ya verás.

Parece mentira que tú, con lo que estás pasando,

no entiendas que cuesta centrarse cuando se piensa en otra cosa.

Vale. Lo siento, ¿mmm?

Me estresé muchísimo con lo de la falsa pimienta.

Pero también creo que, si trabajamos juntas,

podríamos conseguir más encargos así.

Sonia ha quedado muy contenta.

Así que ¿por qué no seguimos juntas? ¿Qué te parece?

¿Celia sabe que me lo propones? Sí. Solo falta que tú digas que sí.

¿Tengo que decírtelo ahora?

No. Piénsalo si quieres.

Pues sí, eso voy a hacer.

Me lo voy a pensar, no sé qué voy a hacer con mi vida.

Tómate el tiempo que necesites.

Y, si puedo ayudarte en algo, no tienes más que decírmelo, ¿mmm?

Gracias.

Me marcho, que pierdo el tren a Toledo.

Quería pasarme por el despacho de Javier

para agradecerle su ayuda con las cestas.

¿Por qué no me vendes una plantita? Algo mono, no sé.

Pues no sé.

Mira, tengo esta. Pues muy mona.

¿Te gusta? Sí. ¿Cuánto es?

Nada. Regalo de la casa.

Muchas gracias.

Y me voy, que llego tarde. Venga, hasta luego.

(JAVIER) Muy bien. Guardo tu tarjeta.

En cuanto sepa si ponemos wifi seguro o no, ya te llamo.

Javier. Toma, para ti.

¿Y esto?

Bueno, para compensarte por la ayuda de las cestas.

Muchas gracias, pero soy malísimo con las plantas, se me mueren todas.

Ah, pues prueba a ver si Cristina te la cambia por un cactus.

No, no, no. Con esta lo voy a intentar.

No tenías que haberte molestado, es un placer ayudarte.

¿Y esa bolsa? ¿Te vas de viaje? Sí. Me voy a Toledo.

A una cena-convención de productos ecológicos.

Qué casualidad, en cuanto cerremos,

me voy a un pueblo cerca de Toledo, a ver a mi madre.

¿Cuándo vuelves? Mañana.

Pues, si te parece bien, podemos volver juntos.

Ah, de acuerdo. Estupendo.

Pero voy a decirte una cosa:

espero que no intentes ligar conmigo

porque no tengo humor, ni ganas, ni tiempo.

No te preocupes. Eres guapísima, pero no eres mi tipo.

A mí me va más... ¿Sabes el repartidor de refrescos?

¿El que viene por la mañana, el cachas? ¿Sabes quién?

¿En serio?

Ese nos gusta a todas.

Oye, que, si no te apetece nada, lo entiendo.

Lo dejamos y ya está.

-Es que una cosa es darle a tu padre en las narices

y tontear un poco delante de todo el mundo

y otra muy diferente una cena familiar.

Me van a hacer el tercer grado.

-Bueno, eso seguro.

Pero, tan solo por ver la cara de mi padre cenando los cuatro,

seguro que merece la pena.

-Eso también me da palo:

que para hacer el paripé con tu padre tenemos que engañar a tu madre.

-Ya.

¿Quieres que le diga que te ha surgido algo?

-No, no, no.

Mira, vamos a hacer una cosa.

En unos días les decimos que hemos roto y ya está.

Esta noche, le tocamos los huevos a tu padre.

Tenemos que preparar bien lo que vamos a decir,

nos van a hacer mil preguntas.

-Hay que inventar algunas historias para que quede creíble.

Podemos decir que, al principio, nos caíamos mal,

pero que, con las clases prácticas,

empezamos a conectar y nos acabamos enamorando.

-Bueno, es lo que ha pasado, ¿no?

Solo que no nos hemos enamorado, claro.

Bueno, no te entretengo. Tienes mi teléfono, ¿verdad?

Sí. Pues hablamos.

De acuerdo.

Hola, Adela.

Hola, Jesús.

Espero que esa bolsa signifique que vuelves a casa.

No. Me voy a Toledo a una convención.

Desde que te fuiste, esa casa no es lo mismo.

Lo siento. No, no, si te entiendo.

Yo también estoy defraudado de los asuntos amorosos

y creo que haces bien en centrarte en el trabajo.

Por cierto, me han dicho que estás trabajando con Cristina.

Sí.

Tengo más tiempo para el trabajo y queremos expandir el negocio.

No eres mi hija, pero lo pareces.

Eres ambiciosa y competitiva como una De la Cruz.

Ya sé que no estás para aplaudir a Elías,

pero, a lo mejor, algo de eso te lo ha pegado él.

Seguramente.

No voy a negar que me ha aportado muchas cosas muy bonitas.

Pues, si me permites un consejo

de alguien que ha perdido su pareja de vida,

antes de tomar una decisión drástica,

acuérdate de todas las cosas que forman el matrimonio.

Lo tendré en cuenta.

Ah, y no tengas miedo de crecer como empresaria, ¿eh?

Y, si necesitas algo, ya sabes que puedes contar conmigo.

Pues muchas gracias, Jesús, te lo agradezco muchísimo.

Pero, bueno, ¿tú cómo estás? Que últimamente te veo mala carita.

No, ha sido una gripe que he pasado, pero ya estoy curado.

¿Sí? Estoy hecho un toro.

Me alegro.

Cuídate.

Y tú también.

¿Y no se te ha ocurrido pedirme mi opinión primero?

-Lo siento. Fue un impulso.

-O sea, yo es que alucino.

¿Debemos hacer que nos parece bien que salga con el tío ese?

(ROSA SUSPIRA)

A ver, le vamos a dar la oportunidad de que nos presente a Luis.

Se lo debemos, ¿no?

Que luego no nos gusta, pues nada, se lo decimos.

Pero ¿cómo nos vamos a formar una opinión de él sin conocerle?

-Yo ya le conozco lo suficiente como para saber que no me cae bien.

¿Y sabes cuántos años tiene?

-¿Y qué más da, Nacho?

A mí tampoco me gusta saber que es su profesor.

Pero le tiene que gustar a ella. -¿Tú te estás escuchando?

¿Quién te ha metido esas ideas?

No pienso permitir que ponga los pies en mi casa.

-Oye, que te recuerdo que también es mi casa, ¿eh?

Y le he invitado yo.

Vamos a cenar te guste o no.

Y espero que la cena sea agradable.

Así tenemos la oportunidad de conocer a Luis

y que Noa vea que puede contar con nosotros.

-Rosa, que es su profesor.

Hay que ser rastrero y tener poca ética

para enrollarse con una alumna.

-¡Venga ya, por favor! Que son mayores de edad los dos.

-¿Mayores de edad?

Noa es una cría, no sabe qué hacer con su vida.

-Bueno, pues ya se dará cuenta.

Y, si se equivoca o no, que sepa que cuenta con nosotros.

(Mensaje)

¿Quién es?

-Nada.

Nada. Una cosa del trabajo.

Mira, si quieres dar esa cena, adelante.

Dala. Tienes razón, es tu casa, yo no te lo puedo impedir.

Pero conmigo no cuentes. -Venga, Nacho.

Por favor, no me hagas esto.

Para mí es muy importante.

-(SUSPIRA) Venga...

Está bien, está bien. Cenaremos todos juntos.

Pero no me digas que no me esfuerzo o que no la apoyo.

Y, si la cena es un desastre, no quiero reproches.

Yo ya te lo he advertido, ¿mmm? -Ajá.

Gracias.

Pues no sé, no sé, hijo.

No sé de qué mensaje me estás hablando.

En ese móvil había miles de mensajes.

Pues uno en el que le decías a Rita que tu familia era un peñazo.

En vez de ir al cumpleaños de Rosa, que si os ibais a un hotel.

¿De cuándo era? Yo qué sé.

Tiene que ser de hace mucho tiempo. ¿Por qué no los borraste todos?

Si le doy a tu madre un móvil con todos los mensajes borrados,

se daría cuenta. ¿De que eres un falso?

Oye, yo estoy intentando recuperar a tu madre, ¿de acuerdo?

Los de Hortuño los borraste.

Sí, eso sí, evidentemente. ¿Y por qué no los de Rita?

¡Y yo qué sé!

¿Y tu madre qué ha dicho? ¿Tú qué crees?

Ha pasado del cabreo a la decepción. Y con razón.

Bueno, vamos a dejarlo estar. Dame una buena noticia.

¿Qué sabemos de lo de la citación?

Pues nada nuevo.

¿Tú no tenías una amiga en el juzgado que te iba a llamar?

Si se enteraba de algo, sí.

¿Te ha llamado? No, a mí no.

Y, en su despacho, ¿no has encontrado nada?

No, nada.

¿Qué? ¿Encontraste la carta?

-La... la carta, no.

-¿Pero la buscaste bien?

Está entre los papeles que llevó Germán a la frutería.

-Sí, pensé que eran los papeles ya leídos y revisados

y la tiré a la... basura.

Pero fui a buscarla, ¿eh?

Fui a buscarla por si seguía allí, pero ya la habían echado

a los contenedores del muelle.

Vamos, que la he liado parda.

Lo siento, Jesús, lo siento mucho.

-No, si le culpa no es tuya.

La culpa es mía

por no enfrentarme a mis obligaciones.

Y ahora no voy a poder cumplir la última voluntad de mi amigo.

-Pero ¿no leíste la carta, así, ni por encima, a ver qué ponía?

-No tenía ánimo de abrir el sobre.

Cuando decidí no ir a la ceremonia,

pensé en dársela a Elías o a Rosa para que la leyesen.

Tenía que haberlo hecho.

Ahora no hay carta.

Y todos están esperando oír lo que les iba a decir Genaro.

¿Y qué se van a encontrar? Nada.

-Ya. Bueno, a ver, Jesús.

Lo mismo ya nadie se acuerda de la carta.

Entonces no... -¡Hombre! Concha sí.

Y Antonio, su sobrino, fue el que me la dio.

Y no sé cómo enfrentarme a su mirada.

Se me cae la cara de vergüenza si tengo que decirle

que he perdido las últimas voluntades de su marido.

Tengo que ir a verla y explicárselo antes de... de la ceremonia.

Bueno, a ella y a todos los que saben de la existencia de la carta.

Cuanto antes dé la cara y confiese mi error, mejor.

-Ya. (JESÚS TOSE)

-Oye, Jesús, ¿tú... tú...?

No sé. ¿Qué crees que ponía la carta o...?

-Y yo qué sé, si no la he leído.

-Ya, pero tú conocías muy bien a Genaro, ¿no?

-Sí, pero como para saber lo que decía la carta...

-Pasasteis mucho tiempo juntos, ¿no? Tanto en el Mercado como fuera.

Sabrás lo qué pensaba de todo.

Y de todos.

Vamos, también supongo que sabrás a quién le habrá escrito la carta.

-¿A dónde quieres llegar?

-Si la carta es de Genaro, pero la vas a leer tú,

nadie puede saber si la letra es de Genaro o no.

¿No crees?

-¿Me estás sugiriendo que invente una carta?

"(Timbre)"

Pues, anda, ve y se lo cuentas a este,

a ver qué nos dice.

(SUSPIRA) Bueno, pues nada.

Me he asociado con los dos más inútiles de todo el Mercado.

Qué se le va a hacer.

Ya sé cuál es el motivo por el que nuestro querido Javier

tiene una citación judicial.

Anda, chaval, ponme un "whisky".

Al parecer, su padre desvió dinero de su empresa a un paraíso fiscal.

Y por entonces trabajaba con su hijo.

Así que es corresponsable.

Bingo. Muy bien. ¿Y qué le puede pasar?

Bueno, se trata de un delito de fraude fiscal

con el agravante de desvío de capitales,

y estamos hablando de una importante suma de dinero.

No sé si irá a la cárcel, pero un buen susto se lleva.

Entonces, nos lo vamos a quitar de en medio.

Cuando en el Mercado se enteren de todo su pasado,

no creo que muchos comerciantes le sigan dando crédito.

No cantemos victoria, que estas cosas van despacio.

Pero, por lo menos, ya sabemos por dónde tirar.

Y no gracias a vosotros, precisamente.

Hortuño, estábamos en ello.

Tranquilo, que no volverá a pasar.

Porque nos quitemos de en medio, de una vez,

a Sandokán el gerente.

(Brindis)

¿Y tú qué? ¿No brindas?

-"Queridos amigos y compañeros,

gracias por venir hoy a escuchar mis últimas palabras".

"La vejez es un castigo que hay que soportar

y que a todos os va a llegar".

"Después de ella, solo está la muerte".

"Y, a veces, es casi mejor morirse que estar vivo, enfermo,

viendo cómo se van los seres queridos".

"Y tú, o te quedas solo o empiezas a ser

una carga para quien está a tu lado".

¡Guau!

Te habrás quedado a gusto, ¿no?

-Te advertí que no era Shakespeare. -No hace falta que lo jures.

Vamos a ver, Jesús.

Con lo hecha polvo que está la gente con la muerte del pobre Genaro,

tú vas y les escribes... ¿Qué pretendes? ¿Que se suiciden?

-Fue a ti quien se te ocurrió que la escribiera.

-Sí, fue a mí, pero para que pensaras

en lo que le diría el pobre Genaro a sus compañeros de toda la vida.

¿En qué cabeza cabe que alguien escriba así algo tan deprimente?

-Es lo que me sale.

-Pues lo siento mucho.

Dudo que alguien pague una celebración en un bar

para amargar a la peña.

Esto no vale para nada. Lo siento mucho.

-Pero ¿qué haces? -Que no.

Escribe otra cosa, con otro enfoque, otro "flow", otro rollo.

-No me sale otro enfoque. Escríbela tú.

-Que no, que yo no podría.

No sé nada del Mercado en tiempos de los dinosaurios.

Anda, escribe otra cosa.

A ver si encuentro una solución.

-¿Qué solución? -Otra solución. Que te mejores.

"(Timbre)"

¡Hola! Pasad.

-Buenas.

Toma, he traído esto para la cena. No sé si os gustará.

-Seguro que sí. Gracias.

Pero no tenías que haber traído nada, ¿eh?

He preparado una cena informal, como ha sido todo tan improvisado...

-Seguro que está todo buenísimo.

Me ha dicho Noa que eres una cocinera estupenda.

-¿Y papá? ¿No cena con nosotros?

-Sí. -¡Sí!

Disculpad, no os he recibido,

estaba mandando un trabajo de última hora.

Hola, hija.

Bienvenido.

¿Qué te pongo? ¿Una cerveza? -Vale.

-¿Cerveza para todos? -Ajá.

-Bueno, sentaos, la cena todavía tardará un rato.

-Sí, es que me ha pillado el toro. Pero así nos vamos conociendo, ¿no?

-Bueno, tranquila, no hay prisa.

-Bueno ¿y cómo os conocisteis?

-Pues en la escuela, claro. Sí.

Bueno, al principio no empezamos muy bien, ¿no?

-Sí, bueno, mi primer trabajo lo borró sin mucho problema.

-Bueno, no es que fuera malo, pero sabía que podía dar mucho más.

-Si hubiera sido malo, me lo hubieras tirado a la cara.

-Bueno, son técnicas motivacionales que aprendí en Nueva York.

-Pero ¿tú has vivido en Nueva York?

-Sí. Estuve allí como unos ocho años, más o menos, buscándome la vida.

-Me encantaría conocer esa ciudad.

-¿Te gusta el cine?

-Sí, ¿por?

-Si has visto muchas películas, ya la conoces.

No hay una esquina en la que no se haya rodado una peli.

-Pues a lo mejor por eso quiero ir.

-En cuanto ahorremos un poco, vamos si quieres.

-Claro que sí.

-Oye, Luis, y, cuando vivías en Nueva York,

¿ya habías tenido a tu hija o aún no?

-No. Nació allí.

Y allí está con su madre.

Aunque las vacaciones las pasa conmigo.

-No, es que el hijo de un cliente mío hizo un curso en la escuela.

Y en una exposición de los profesores,

había fotos de la hija de Luis hechas por él.

(LUIS) Mmm. -Tú sabías que tenía una hija, ¿no?

-Sí, claro.

-Como no cuentas nada.

¿Y la conoces ya? -No. Todavía no.

-Pues seguro que os lleváis estupendamente,

porque... ¿Cuántos años tiene, Luis?

Es más o menos como Noa, ¿no?

-Sí. Más o menos.

-Bueno, pues pasamos a la mesa, ¿no?

(ROSA) Ajá.

Noa, cariño.

(CARLA SUSPIRA) -Bueno, entonces lo tienes claro.

-Bueno, todo lo claro que se pueda tener una decisión como esta.

Pero, bueno, antes de ir a la clínica

voy a pasar por el ginecólogo, a ver qué me dice.

-Me parece bien. Te voy a apoyar en todo.

-¿A tu madre le hubiera hecho ilusión ser abuela?

-Seguro.

Y a mi abuela, bisabuela, ni te cuento ya.

¿Por qué me dices esto?

-No, porque antes la estaba viendo por los pasillos

y la he visto tan triste que he pensado

que igual esto le podría alegrar la vida, ¿sabes?

-Se le alegraría con hacer las paces con mi abuela.

-Ya.

¿Ya le has dicho que ha vuelto?

-No. Mi abuela me ha pedido que no lo haga y no lo hago.

Mañana se verán en el homenaje a Genaro.

-¡Buf! Vaya momentazo para tener un reencuentro.

-Parecen frías,

pero tiene un corazón enorme y se adoran.

Yo creo que se van a arreglar.

-¿Tú conoces mucho a Genaro, por cierto?

-Pues de toda la vida.

Ha trabajado siempre aquí, hasta que no pudo trabajar más.

Y Concha igual.

-¿Y cuánto años llevan juntos, casados?

-Buf. Pues creo que Genaro es el primer novio de Concha.

Imagínate, unos cincuenta años.

-¡Buf, madre mía!

Qué pereza casarte con el primer novio que tienes.

Y así, para toda la vida, venga. -Pues a mí me parece bien.

Si lo tienes claro, ¿para qué esperar?

(CARLA RESOPLA)

-Soy un clasicote, me encantaría ponerme de rodillas.

-No digas chorradas. -No. Ahora escúchame.

Hace años me sentía un desgraciado por estar en esta silla.

Pensaba que nadie me iba a querer.

Porque no me quería ni yo.

Luego, con el tiempo, pues me fui dando cuenta

de que con ganas se puede llegar más alto sentado que de pie.

Y, hoy,

estoy frente a la mujer más increíble

y que me hace sentir el hombre con más suerte del mundo.

Que me hace sentir como si volara.

Eso conmigo es difícil.

Hay pocas cosas que tenga claras en la vida,

pero algo que sí tengo clarísimo es...

que quiero seguir volando contigo.

Siempre.

Carla Rivas,... (CARLA RÍE)

-...¿quieres casarte conmigo?

-No.

No me quiero casar contigo

porque te quiero

y porque quiero seguir escogiéndote cada día.

Y no quiero dar por hecho lo que tenemos.

Y no quiero vernos obligados a tener que fingir

si un día lo que sentimos cambia.

¿Entiendes?

Yo quiero reconocerte cada día, casarme contigo cada día.

Y, para esto, no necesitamos ningún contrato.

El gerente está ligando con tu mujer.

Bueno, pues tú por Javier no te preocupes,

muy pronto va a estar desactivado.

Mira, cuando empiezas a hablar como los mafiosos de las películas,

no se te puede tomar en serio.

Quiero decir que le voy a arrebatar la gerencia.

(DAVID) ¿Pero no ibas a hacer huevos? Ay...

¡Mamá!

No pasa nada, ahora se me pasa, ya verás.

Sí pasa. Tienes mucha fiebre. Y temblores.

Voy a llamar a la abuela. No, ni se te ocurra.

-Tú y yo no somos nada, Noa.

No me puedes exigir que te cuente sobre mi vida.

Yo te estoy ayudando para hacerte un favor, nada más.

No necesito que me montes un numerito como si fueras una novia celosa.

¿Es eso lo que te pasa?

¿Te has creído que somos novios?

¿Qué son, celos? ¿Es eso? Pues te los comes con patatas.

He venido a decirte... No tienes nada que decirme.

Te has acostado con quien has querido

y te crees con el derecho de decirme qué tengo que hacer.

Pues voy a hacer lo que me dé la gana.

Yo al menos tengo la decencia de hacerlo

cuando no hay nada entre nosotros, no como tú.

Ya que estamos, te lo voy a decir.

Cada vez que me miras mal, cada vez discutimos

o cada vez que me lanzas una puya,

cada vez me escuece más.

Samu, éramos "brothers", tío.

Entonces eso de "hermano" significaba algo.

El que debe dar explicaciones es Javier.

¿Yo?

¿Por qué?

Pues porque has aceptado

el puesto de gerente del Mercado Central

aun a sabiendas de que estás acusado

por un delito fiscal por tener cuentas en paraísos fiscales.

-Javier, ¿es cierto lo que dice Elías?

-¿Que le vas a abandonar?

¿Y a mí?

-Hijo, dicho así... -No hay otra manera de decirlo.

¿A qué esperas para contárselo? -Primero prefería contártelo a ti.

No quería que te cogiera por sorpresa.

(ANTONIO) Enseguida estoy contigo. -Gracias.

-Creo que podemos empezar.

-¿Ya?

Pero... pero no estamos todos, ¿no? -Ya vamos diez minutos tarde.

Si os podéis ir sentando...

Vamos a empezar.

Qué luz tan bonita.

-¿Verdad? -Sí.

Forcé la sensibilidad para sacar mayor partido al contraluz

y apuré al máximo la exposición.

-Ya hablas como toda una profesional, ¿no?

-¿Has visto?

David, cariño, me encuentro mal. Celia, ¿qué haces levantada? Hey.

¿Qué haces levantada?

¡Mamá!

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Mercado central - Capítulo 58

13 dic 2019

Lorena le cuenta a Noa que ha vendido su chaqueta de la suerte para pagar el regalo de Jorge.
Doménico es detenido tras un trabajo fallido para Álvaro Montes. Paolo le ofrece su apoyo. David detecta los problemas conyugales de los padres de Andrea.
Rosa invita a Luis a cenar a casa ante la oposición de Nacho, que revela un secreto del profesor de fotografía.
Valeria regresa para el funeral de Genaro.
Celia y David están enfermos. Adela se marcha a un congreso en Toledo.
Germán oculta a Elías lo que descubrió de Javier, pero Hortuño lo ha descubierto por su cuenta
Samuel le hace una proposición completamente inesperada a Carla.
Jonathan revela a Jesús la verdad sobre la carta de Genaro.

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