Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 57 - ver ahora
Transcripción completa

Pero, como tú sabes, necesito dinero.

¿Puede ser que Genaro dejara escrito algo que tú preferirías no saber?

-Ah... Aquí pondrá más o menos lo que todos imaginamos.

Ya te enterarás en el bar.

Y luego me lo contáis.

-¿Que no vas a ir?

-No, no creo que a Genaro, esté donde esté, le importe mucho.

-Pero, papá, esto sí que es una marcianada.

¿No vas a estar en el funeral?

Si te lo ha encargado a ti.

Si era tu amigo. Si te ha dejado una carta.

Cubro a Cristina, ha tenido que hacer un recado importantísimo.

¿Satisfecho? Pues ya te puedes ir.

¿Soy yo o he notado un cierto retintín en "importantísimo"?

¿Ha pasado algo? ¿Habéis discutido? ¿Os habéis peleado?

No. Simplemente que me da rabia

que descuide un puesto tan bonito y tan bueno.

¿Porque tú crees que tú lo harías mejor?

¿Tú no opinas lo mismo?

Cincuenta veces mejor.

Tengo más ideas y, sobre todo, más ganas.

Si quieres ver a tu hijo, ¿por qué no lo intentas?

(RESOPLA) Ni siquiera sé por dónde empezar.

Pues puedes empezar por llamarle, por intentar quedar con él.

-Si no te alejas de mi hija, haré que dejes de dar clase.

No me va a costar mucho hablar mal de ti

a unas cuantas personas del medio, ¿mmm?

-Eres un fantasma.

-¡Nina Hagen! -¿Quién?

-Una de las diosas del "punk" de los ochenta.

-Ah, o sea, que era famosa.

-¡Muchísimo!

-Entonces el chaleco debe costar una pasta, ¿no?

-Bueno, cualquier coleccionista pagaría millones por esto.

Pero esto es para mí,

para mi recuerdo, no se la presto a nadie.

-Se ha dejado Javier el maletín.

¿Qué te parece? Anda, que también tiene la cabeza...

A ver si tengo un rato y se la llevo. -No.

No te preocupes.

Se lo llevo yo, tú estás muy liada.

-¿Sí? ¿No te importa? Pues me haces un favor, ¿eh?

-Me has puesto en un compromiso, Noa.

-Vale, lo siento.

Quería enfadar a mi padre y que me dejaran en paz.

-Pues tendrías que habérmelo consultado antes.

-Bueno, tranquilo.

Mi padre solo quiere manipularte.

Como me manipula a mí y a mi madre.

-¿Empezamos de cero? -Venga.

-Soy Javier Quílez, el nuevo gerente.

Encantado. -Un placer.

soy Germán de la Cruz, de Frutas y Transportes de la Cruz.

(JAVIER RÍE)

-Guárdate el cheque. La floristería no está en venta.

Muy bien, como quieras.

Pero, si cambias de opinión, la oferta sigue en pie, ¿eh?

¿Eso es una raya?

-No, creo que son dos.

-¿Dos?

-Sí, madre mía...

-¿Entonces...?

-Ay, Dios mío. -¿Estás...?

(CRISTINA) ¡Hola!

Aquí están.

Las flores de falsa pimienta que pediste.

Me ha costado, pero lo he conseguido.

Pues por los pelos, guapa.

Menos mal que yo he podido conseguir otras

y voy adelantando trabajo. Ay, lo siento.

Debí llamar al proveedor cuando me lo pediste, me despisté.

Dijiste que podía contar con las flores.

El lío en el que me podía haber metido.

Ya. Pero, claro,

como estás en babia con el dichoso Doménico...

Ay, no empieces con eso otra vez.

Allá tú con lo que haces.

Pero no puedes dejar que esta historia afecte a tu negocio.

Claro. Porque tú lo harías mejor, ¿verdad?

Como eres doña Perfecta...

Por eso se presentó Elías ayer para comprar la floristería.

¿Perdona? Ah, ¿no lo sabías? Sí.

Se presentó ayer con un cheque en blanco.

Le dije que nanai, que yo no vendo. Que me podía haber aprovechado.

Te juro que yo no sabía nada, ¿eh?

Lo que es capaz de hacer para que le perdones.

Que digo yo que esta idea no le habrá venido del aire.

¿Qué le has dicho?

¿Que lo harías mejor que yo?

¿Yo? Sí, no te hagas la tonta, ¿eh?

Estoy harta de que me critiques.

Aunque, según tú, las amigas están para esto.

A ver, no te confundas conmigo, ¿eh? Que yo no estoy cuestionando nada.

Pero se ve que no estás a lo que estás.

Y no me digas que Doménico es agua pasada.

Sí, mira cómo te pones solamente con oírlo nombrar.

Haz el favor de espabilar.

Esto va a terminar como el rosario de la aurora.

Tú mira a tu familia, que tienes trabajo.

(Móvil)

¿Sí, Celia?

Adela, oye, perdóname.

Me he quedado frita, he pasado muy mala noche.

Pero ¿y eso?

"Pues tengo fiebre. No lo sé".

Me he puesto el termómetro y estoy con 38.

Y David tiene pinta de que va a caer.

"Vaya, lo siento".

Bueno, no... no pasa nada, quédate... quédate ahí y descansa.

No, no, no. Me pego una ducha y estoy ahí cuanto antes.

No te quiero dejar con lo de las cestas.

"No, no. Ya me encargo yo".

Tú quédate en casa y no salgas con esa fiebre, ¿eh?

¿Estás segura? "Sí".

Bueno, vamos a hacer una cosa.

Si me necesitas, me llamas y voy para allá. ¿Te parece?

Luego... luego te llamo.

Germán, Germán. Llámame, por favor, que es urgente.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(JESÚS TOSE)

(TOSE)

(TOSE)

(TOSE)

(TOSE)

-Abuelo, ¿has visto mi móvil? -No.

(TOSE) Si quieres, te llamo.

-No, qué va, si es que está en silencio.

Anoche lo dejé por aquí, creo, porque en mi cuarto no está.

(TOSE)

(TOSE)

-¿Cómo estás?

-Estupendamente.

He oído en la radio que hay una epidemia de gripe.

Y la he cogido como un niño.

Vaya racha que llevo.

Si cae un meteorito, me alcanza seguro.

-No me extraña que estés de bajón, se te ha juntado todo:

lo de Valeria, lo de Genaro...

¡Eh! Eh.

Pero hay que ir para arriba, abuelo.

Eres el pilar de la familia y te necesitamos.

Tú has pasado cosas peores que esta.

-Sí. La muerte de tu abuela fue un... un golpe muy duro.

El dolor me comía por dentro, pero salí adelante.

En cambio, esto...

No soy capaz de hacerlo igual.

-¿Por qué?

-Ya no tengo las fuerzas de antes.

Me hago viejo, Germán.

-No digas eso, no digas eso. ¡Eh!

Tú eres eterno.

Y estás estupendo, ya me gustaría a mí estar así a tu edad.

-A lo mejor me he rendido con esta familia.

Tanto esfuerzo para nada.

Todo se desmorona en cuanto me descuido un segundo:

Rosa y Lorena, tu padre y tu madre.

¡Eh! Venga, abuelo.

¿Sabes qué necesitas para quitarte este mal rollo,

Jesusín?

¡Un buen chuletón!

Te invito a comer, ¿a qué hora te recojo?

-Te lo agradezco, no estoy para fiestas.

Vete para el despacho, tu padre ha salido ya hace un rato.

Ay... Ay.

-Oye, ¿es este tu móvil?

-Sí, sí, gracias.

Si cambias de opinión con lo del chuletón,

me avisas y te recojo, ¿vale? -Gracias, hijo.

-Ven aquí.

-¡Hala, quita, quita! A ver si te lo pego.

-Anda ya.

Te quiero, abuelo.

(JESÚS TOSE)

Tu café.

¿Azúcar?

-Ya sabes que no.

¿Qué haces tú aquí hoy?

Tendrías que estar en la escuela, ¿no?

-No, hoy no voy a clase.

Lorena me ha pedido que me quede esta mañana,

tiene que hacer gestiones.

¿Contento?

-¿Y no será que no has querido ir para no coincidir con Luis?

Supongo que no te ha dicho que ayer estuvimos hablando, ¿no?

Fue muy interesante.

Es un cobarde, se arrugó nada más verme.

No me costó mucho que entrara en razón.

Estás cabreada conmigo por meterme, pero te he hecho un favor, ¿mmm?

Con el tiempo me darás las gracias por librarte de ese pintamonas.

-Hola.

-Hola.

-¿Me pones un café, por favor?

¿Qué tal has pasado la noche?

-Mmm... Bien.

¿Largo y con poca leche?

-Sí, como siempre.

Por cierto, ¿te apetece ir hoy a la filmoteca?

Hay un ciclo de Storaro.

Ponen "Novecento", que es una pasada.

-Vale.

Oye, que dice mi padre que ayer estuvisteis hablando.

¿Qué tal?

-Sí.

Una charla agradable.

Lo dejamos todo muy clarito, ¿verdad?

-Aquí te dejo lo del café, Noa.

-Eh... Vale, ¿me explicas? Porque estoy flipando.

Hola. -Hey.

Me voy al gestor.

Tú no sabes cómo me apetece.

-Ya me imagino.

-Por lo menos tomaré un poco de aire. -Ya.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Gracias.

(Móvil)

Perdona.

Hola.

Sí. Sí, me va bien.

A las cinco, en el bar de siempre.

Perfecto. Gracias, Álvaro.

Hasta luego. "Ciao".

-¿Qué quiere ese impresentable?

-Tranquilo, Paolo, le he llamado yo. Es por un asunto de negocios.

-¿Con el que te rompió un dedo?

Ese tío es peligroso, Doménico.

Ya has tenido problemas con él.

Quizá tú te has olvidado, pero yo no.

-Paolo, esta vez es diferente.

-Pero ¿cómo va ser diferente? A ver.

Escucha, Doménico, yo entiendo que tú estés dolido por lo de Giuliana.

Pero, amigo mío, no hagas tonterías,

no tomes decisiones de las que te arrepentirás.

-Que no te preocupes, esta vez tengo las cosas claras.

Llevo mucho tiempo dando tumbos, ¿sabes?

Pero ahora sé lo que quiero.

He estado pensando en Nápoles mucho.

Y en la "trattoria" de Gio

desde que me dijiste que la habías visto cerrada.

-Ya.

-Voy a intentar comprarla.

Pero, como tú sabes, necesito dinero.

-Ya, pero no puedes volver a asociarte con Montes.

Es demasiado peligroso. Tiene que haber alternativas.

-¿Qué alternativa tengo, Paolo? Dime.

-Pero cuidado con Montes, ¿eh? -Sí.

-Y, cualquier problema, me avisas a mí primero, ¿estamos?

-Estamos.

-¿Has hablado con Gio del precio de la "trattoria"?

-Paolo, antes tengo que ver de cuánto dinero dispongo.

En todo caso, si no será la "trattoria" de Gio,

será otra esta vez.

-Te voy a echar de menos, ¿eh? -Yo también.

-¿Qué pasa?

-Hola.

-¿Y esas caras?

-Doménico vuelve a Napoli.

A montar su propio restaurante.

-Ah, pues... pues muy bien. Me alegro mucho por ti.

Que tengas mucha suerte.

-Gracias.

Voy.

Voy a terminar.

-Tengo que ir al gestor.

Hablamos luego. -Sí.

Pues muchas gracias por ayudarme, de verdad.

Mi padre se ha tragado que somos novios cien por cien.

Cuando te he visto entrar, creí que te ibas poner de su lado

y me ibais a empezar a echar la bronca los dos.

-A punto he estado de hacerlo. Solo por ver tu cara.

Que no, que no es verdad.

Jamás apoyaría a alguien como tu padre.

Vamos, eso lo tengo claro desde hace años.

-¿Por qué?

-Es una historia que no me gusta contar mucho,

pero... tampoco quiero que te imagines cosas que no son.

Hace unos años estuve haciendo un reportaje por India, por Rajastán,

que es un sitio increíble para hacer fotos.

Muchos colores, contrastes...

-Tiene que ser una pasada. -Sí.

Y un día estaba haciendo fotos en una calle

y vi a un hombre golpeando a su mujer.

Nadie estaba haciendo nada para ayudarla.

Yo iba con un ayudante local y,

cuando intenté meterme para ayudarla, él me lo impidió.

Me dijo que era su marido y que, bueno,

tenía todo el derecho a hacer lo que hacía.

Y que, si me metía, iba a ser mucho peor para ella.

-Qué asco.

-Me insistió en que así era su cultura

y que era mejor dejarlo pasar.

Y eso hice.

Seguí con mi viaje por India y, días más tarde, regresé a Jaipur.

Y volvimos a pasar por la misma calle.

Nos encontramos con una comitiva fúnebre.

Yo me acerqué para hacer fotos, sin pensarlo.

Y entonces le vi.

Vi al mismo hombre que había golpeado a su mujer días atrás.

Estaba llorando desconsolado.

Su mujer había muerto

y... él ahora era el pobre viudo al que todos consolaban.

-¿La mató él?

-Pues no lo sé, pero, vamos, seguramente.

A veces me odio por no haber hecho nada aquel día.

Porque quizás le podría haber salvado la vida a aquella mujer,

pero no hice nada.

Tu padre me advirtió para que me alejara de ti.

Fue desagradable.

Pero nada que ver con lo que viví en India.

Así que, como ves, ha conseguido justo lo opuesto a lo quería.

Bueno.

¿Y cuánto va a durar nuestro noviazgo?

-Lo importante ya está hecho.

Ahora, si quieres, podemos ser novios durante unos días,

hasta que nos aburramos el uno del otro

y caigamos en la rutina.

Entonces, entramos en crisis y rompemos,

como todas las parejas.

-Al final te tendré que evaluar de dos asignaturas:

de foto y de interpretación.

-Oye, que, hablando de evaluar,

¿cuándo vas a colgar las notas del último trabajo?

-Ah, pues lo tengo que mirar esta tarde, ¿vale?

-Espero que me pongas buena nota. -Que sí.

-¿Seguro? -Que sí.

Ponme otro café.

Jonathan.

Oye.

Que lo siento. Por lo que pasó ayer.

Estuve un poco borde. -"Un poco", dice.

Un poco bastante diría yo, ¿no?

-Tuve un mal día y lo pagué contigo. Lo siento mucho.

Y me sabe fatal, te enfadaste con Samu.

-Bueno, tía, que tampoco te agobies, ¿eh? No te rayes.

Como habrás podido comprobar,

no es la primera vez que nos enganchamos.

Además, que, mira, que paso.

Ahora hay otras cosas que me preocupen más.

-Tío, pues ya sabes que puedes desahogarte conmigo.

Mira, yo soy malísima dando consejos,

pero soy la mejor escuchando, te lo juro.

Venga.

¿Tiene que ver con Samu? ¿Es por nosotros?

Yo sabía que te había sentado mal lo de que nos fuimos a vivir juntos,

pero creí que se te había pasado. -Yo no me enfadé por eso.

-¿Seguro? -Sí.

Bueno... Bueno, a ver, puede que sí me rayara un poco,

pero... pero porque pensaba que sentía algo por ti, ¿sabes?

Bueno, y lo sentía y lo siento,

pero en plan buen rollo, amistad. -Sí, sí, sí.

-Ya... ya me entiendes.

El caso es que me di cuenta de que, con toda esta movida nuestra,

estaba intentando olvidar a, bueno, a otra persona.

-O sea, que hay otra pava por ahí.

-Eh... Bueno, fue una historia de hace tiempo.

Y ahora no hay nada.

-¿La conozco?

¡O sea, que sí que la conozco! Cuéntame.

-Es Noa.

-¿Qué dices? -Sí.

Pero, bueno, yo estaba bastante pillado.

Se ve que ella no, porque cortó la relación.

-No te preocupes.

Hay muchas relaciones que se rompen y, con el tiempo, la gente vuelve.

Es normal. Cuando ha habido un rollo, luego siempre queda algo, ¿sabes?

¿Lo has intentado con ella?

-No.

Bueno, a ver, lo he pensado,

pero intentarlo, lo que se dice intentarlo, pues no.

-Pues, tío, ¿a qué esperas?

No hay nada que perder.

-Bueno, no sé. Es que... ¿Sabes qué pasa?

Que ahora estamos bien y no me gustaría cagarla, ¿sabes?

Es que, cuando Noa se fue de casa solo mantuvo el contacto conmigo y,

bueno, con la distancia,

a mí se me hizo más o menos fácil toda esta movida.

Pero, cuando volvió, pues...

Me... me di cuenta de que todavía estaba pillado por ella.

Aún más que antes y...

Bueno, no sé por qué me dio que ella también quería intentarlo

y, bueno, yo me lo pensé más de la cuenta y cuando...

Bueno, pues estaba con otro.

-¿Qué dices? ¿Con quién se ha liado? No lo sabía.

-Con su "profe" de foto, un tío mayor pero bastante legal.

Vamos, y con muchas aventurillas que contar y tal.

Otra liga en la que no puedo competir.

-Pero, a ver, tío.

¿Has hablado con ella? ¿Le has dicho qué sientes?

-Bueno, he estado a punto, pero, al final, pues...

Al final, nada.

-Pues entonces ya está, tío.

Hasta que no hables con ella, no la des por perdida.

Samu no tenía nada que hacer conmigo. -Bueno.

-Estamos juntos. -Él y yo somos distintos.

Es que tú me ves con el rollo pasota, que voy de malote y tal, pero yo...

Yo soy como muy sentido, ¿sabes?

Y... el profe es un tío guay, es que yo no tengo nada que hacer.

¿Yo qué soy? Un frutero de aquí. Eh...

¿Unas rastas con patas? ¿Qué soy? -¡No!

¡Tú eres es un tío genial!

Y yo, por lo poco que conozco a Noa, sé que le dará igual

si eres frutero o eres concejal del Ayuntamiento.

Que no, tío, que no puedes estar ahí lamiéndote las heridas.

No sabes qué hay entre ellos.

A lo mejor solo son colegas y ya está.

Así que tienes que lanzarte y... y preguntarle qué hay.

Y, si te dice que está con el profesor, pues mira.

Lo peor que te podría pasar es quedarte tal y como estás.

-Oye, pues... pues igual no eres tan mala consejera como dices.

-Son cincuenta euros.

-Gracias.

¿Tú no trabajas o qué?

-Oye, que te estaba haciendo de psicóloga.

-De psicóloga...

Buenos días, Adela.

Pues serán para ti.

Te pillo liadísima, ¿no?

Sí. No te robo ni un minuto.

Estoy informando

sobre el wifi y la página web.

A mí me parece bien lo que hagas.

Lo que tú veas. Me encantaría charlar contigo.

Pero es que... no tengo tiempo, tengo muchísimo lío.

Ya veo, menuda tienes montada. Sí.

¿Para qué es tanta cestita?

Bueno, son los recuerdos estos que se dan en las bodas.

Es un bodorrio y se celebra esta tarde.

Tengo que preparar un montón y no tengo ni la mitad.

Y Celia se ha puesto enferma y me tengo que encargar yo de todo.

Así que, por favor, no me entretengas,

que tengo que terminar esto.

Lo siento, no era mi intención entretenerte,

pero se me ocurre una cosa.

¿Qué haces? Echarte una mano. Si te parece bien.

No, no hace falta, déjalo.

Adela, soy el gerente de este mercado.

Una de mis funciones

es ayudar a los comerciantes siempre que sea posible,

así que no aceptaré un no por respuesta.

Incumpliría mi contrato.

Pues, entonces, fíjate bien cómo yo lo hago.

Parece fácil, pero tiene truco.

Pon las toallas primero.

Siento haber sido tan borde.

Pero, entre lo de Celia y lo del encargo,

estoy bastante agobiada.

Y me han llegado tardísimo las dichosas flores.

Te entiendo perfectamente. La dichosa ley de Murphy, Adela.

(Móvil)

Perdona.

¡Hombre, hijo, a buenas horas!

Mamá.

Sí, que he visto tu mensaje.

¿Para qué necesitabas mi ayuda?

"No, tranquilo, ya está todo solucionado".

Quería que me ayudaras con las cestas de la boda.

Pero ya no hace falta.

Me están ayudando. ¿Sabes quién?

Javier, el gerente.

Vale. Vale.

Si necesitas mi ayuda, me llamas, que estaré pendiente del móvil.

Venga, un besito. Chao, chao.

Pues parece que el gerente tiene una nueva fan: mamá.

¿A qué te refieres?

La está ayudando con un encargo al que no llegaba.

Qué bien, qué alegría. Está en todo el tío, ¿eh?

Oye, ¿cómo va lo que encontraste, la citación judicial?

Le di el número de expediente a una amiga que trabaja en el juzgado

para ver si investiga por qué Javier está pendiente de juicio.

No promete nada, lo va a intentar.

Muy bien. Pues a ese asunto no le pierdas la pista.

A ver si conseguimos algo para tocarle las pelotas.

¿Javier está ahora mismo con mamá?

¿En el puesto? ¿En el Mercado? Sí.

¿Por qué no te cuelas en su despacho?

A ver si encuentras algo que nos sirva.

Hemos jugado demasiado a los espías.

Confórmate con lo que había en su maletín.

Colarme en su despacho es arriesgado. Germán.

Hortuño nos paga para que nos la juguemos de vez en cuando.

Va incluido en el sueldo.

Pero no es tan fácil.

Samu puede entrar. ¿Samu?

Pues te libras de él. Es tu amigo, ¿no?

Venga.

A ver, ¿qué es eso tan importante que no me puedes contar por teléfono?

Y deprisa, le he pedido a Nicolás que se quede en el bar,

Lorena sigue de papeleo.

-Es que es un asunto muy delicado y quería hablarlo personalmente.

-Has hablado con papá, ¿no?

-Estamos muy preocupados por tu relación con ese hombre.

Luis es mayor que tú, Noa.

-Por lo que sé, no hay límite legal

de diferencia de edad a partir de los dieciocho.

Mira, te puedo poner mil ejemplos, empezando por el abuelo.

-Te voy a ser muy sincera.

Estoy muy preocupada, ¿sabes?

No me gusta nada que ese hombre sea tu profesor.

Es más, yo creo que se ha aprovechado de su posición

para acercarse a ti y seducirte.

-¿Seducirme? -Sí.

-¡Ay, mamá, por favor, no seas antigua!

Ni que yo fuera idiota.

-Entiendo perfectamente que te parezca

un hombre atractivo, interesante.

No eres la primera que se enamora de su profesor.

A mí me pasó.

Pero era un amor platónico, hija, no pasó nada más.

-Pues qué pena, ¿no?

A lo mejor te habrías librado de conocer a papá.

-Lo que quiero decirte es que se ha pasado de la raya.

Un profesor no puede tener relaciones con una alumna.

Es una falta de ética muy grave.

-Anda que no te gusta exagerar. -Bueno.

-A ver, mamá.

Estás juzgando a Luis sin conocerle.

Ni que nos fuéramos a casar.

No estamos haciendo nada malo,

simplemente, pues lo pasamos bien juntos.

A ver, ¿qué prefieres?

¿Que esté con un tío de mi edad emborrachándome y saliendo de fiesta?

Con Luis hago un montón de cosas. -Ah, ¿sí?

-Sí. Voy a ver pelis a la filmoteca que ni sabía que existían,

me lleva a ver exposiciones...

¿Dónde está el problema?

-Lo que quiero, hija mía, es que te lo pienses.

Que no hagas tonterías de las que luego te puedas arrepentir.

No le conoces.

-Claro, por eso nos estamos conociendo.

No le voy a conocer en cuatro días.

Hablas de oídas, mamá, no sabes nada de Luis.

Como a papá no le gusta, pues a ti tampoco.

-No, tengo mi propio criterio.

Estoy preocupada por mi hija

y en eso, precisamente, coincido con él.

-A papá no le gusta Luis

porque le planta cara. -Ya.

-Y el gallito del gallinero se siente amenazado. Pues que le den.

-Esto no es una pelea de gallos.

Somos unos padres

preocupados por su hija. -Su hija.

Que es tonta y se deja engañar.

Es lo que ibas a decir, ¿no?

-Sabes perfectamente que no.

-Mira, si tanto te molesta que esté con Luis,

¿por qué no quedas con él y le conoces?

¿O es que temes descubrir que hay hombres capaces de querer

sin ser unos controladores?

Pues estás hecho todo un experto, lo has hecho de maravilla.

He tenido la mejor maestra.

No sé qué habría hecho sin ti. Muchas gracias.

Gracias, a los curas. Estoy aquí para lo que necesites.

(Llaman)

Adelante.

-¿Puedes hablar con los de la pescadería?

Estoy hasta el gorro.

Han vuelto a bloquear el muelle de carga.

Todos esperando a que se muevan, pero pasan.

¿Les puedes dar un toque? -Eso no tiene nada que ver conmigo.

¿No será mejor que lo habléis? -¿Y no lo he hecho?

Pasan de mí, se ríen en mi cara, tío.

Samu, ve tú.

Tú caes bien, tío. Te respetan todos.

-Sí, eso es verdad. ¿No será mejor que vaya Javier?

Es el nuevo gerente, se tiene que comer esos marrones.

-A Javier no lo conoce nadie, Samu, acaba de aterrizar.

Se van a revolver, lo mismo se lía más.

(SAMU SUSPIRA) -Ve tú.

Que tienes más gracia

que ese estirado.

-Venga, anda. Ya voy yo.

¿Tú qué? ¿No vienes?

-Eh... No, si no te importa, me quedo un minuto por aquí.

Me he quedado sin batería, lo voy a cargar.

Y hago unas llamadas.

-Locales. -Locales.

-Que luego sale en la factura y Javier es un poco tiquismiquis.

¿Vale? ¡Venga, anda! -Venga.

(SAMU) Ay...

(JAVIER) No discuto tu manera de hacer las cosas.

Si no, no estaríamos hablando tú y yo ahora.

A ver, que seas mi abogado

no quiere decir que siempre tengas razón, Martín.

Ya, ya, si yo te escucho, pero...

Claro que era mi padre

el que desviaba dinero de la empresa a Costa Rica.

No, yo no sabía nada, me enteré después.

No apruebo lo que hizo mi padre,

pero es un tema familiar, ya lo arreglaré con él.

No, no pienso dejarle tirado, está con el agua al cuello.

Pues espero que lo entiendas.

Te llamo más tarde, tengo mucho lío en el trabajo.

No voy a cambiar de opinión, lo tengo muy claro.

Vale, vale, vale. Adiós.

¿Todo bien?

Sí, nada, era una llamada importante que tenía pendiente.

Las tijeras.

Sí que tenía que ser importante, porque traes una cara...

Es sobre las obras de la cubierta.

Os viene bien que trabajen por la noche,

pero para mí es un lío.

Tengo que estar pendiente las veinticuatro horas.

Bueno, pues vete a hacer lo que tienes que hacer.

Y no te preocupes por mí, ya me has ayudado, de verdad.

Además, ya queda muy poco que preparar

y tengo tiempo hasta que las recojan.

Prefiero quedarme aquí echándote una mano.

Es más divertido que discutir con un arquitecto.

Uy, no me hables de arquitectos, que si yo te contara...

¿Lo dices...

por la trifulca con Julia Miralles, la anterior arquitecta?

¿Tú cómo lo sabes? Mmm.

Aquí las noticias vuelan.

Bueno, no sé lo que te contarían.

Esa muchacha no me caía muy bien.

Y creo que se lo hiciste notar.

Digamos que se lo ha ganado a pulso. (RÍE)

Prefiero que no ande por aquí.

¿Y eso?

Pasó un presupuesto hinchadísimo. Era una locura.

Esa chica no es trigo limpio. No me fiaba de ella.

Pues ojalá todos los hombres fueran tan espabilados como tú.

(SAMU) Jona.

-¿Qué quieres? -Quiero pedirte disculpas.

Se me calentó el pico y me pasé tres pueblos.

-"Tres", dice.

Yo creo que fueron cuatro o cinco.

Ya me da igual.

Estoy cansado de tanta movida. -Lo sé.

-Está olvidado. -Yo también.

Cuando está Carla de por medio, pues... me pongo así, tío, perdona.

-¿Qué pasa? ¿Os habéis puesto todos de acuerdo en pedir perdón?

¿Carla te leyó la cartilla?

-Qué va, que no. Que esto lo he pensado yo.

-Ya.

-Que a veces pienso las cosas y...

Y llego a conclusiones.

Y he llegado a una conclusión y...

Que nosotros ya somos mayorcitos.

No somos unos niños, tenemos que afrontar las cosas

con madurez.

Y no estar peleándonos por chorradas y por historias.

-Vale.

Pues disculpas aceptadas, tío.

Me voy, ¿vale? Que tengo curro.

-Dale.

-¿Estabas discutiendo otra vez?

-No, qué va, todo lo contrario.

Le he estado pidiendo disculpas de una manera madura y adulta.

-Vale.

-¿Tú qué tal? ¿Cómo estás?

¿Tienes náuseas, mareos, algo? -Hoy, bien, bien.

-No hace falta que te hagas la dura, que yo estoy aquí para cuidar de ti.

¿Mmm? -Gracias, Samu, pero no hace falta.

-Bueno, he pensado nombres para el bebé.

De niño y de niña, ¿quieres oírlos?

De niña, Bárbara. -No tengo tiempo ni ganas.

-Mira, voy a hacer como que no he oído eso...

¿Por qué estás tan borde? Acaba de empezar.

Cuando tengas los antojos... -¡Vale, Samu!

¡Basta! -Vale, vale. Perdón, perdón.

Tienes razón, a veces me pongo un poco pesado con esto de ser padre.

Me hace mucha ilusión. -No tengas tantas ilusiones.

-¿Por qué?

-Samu, lo he estado pensando y...

Creo que no es una buena idea que tengamos un hijo.

-¿Cómo? -Siento decirte esto.

Aquí no es el sitio ni el momento. Ya hablaremos, ¿vale?

Ay, muchas gracias, ¿eh? "Arrivederci".

Rosa, ¿cómo van las tarjetas de fidelización que te encargué?

(ROSA SUSPIRA) -¿Ya has empezado?

-Eh... La verdad es que no he tenido tiempo para ponerme, lo siento.

-Bueno, no es tan urgente.

Pero me gustaría utilizarlas cuanto antes, a ver qué tal.

-Ajá. -Ya me dirás cuando las tengas.

-Vale.

-¿Todo bien, Rosa? No has hablado mucho hoy.

¿He dicho algo que te ha molestado? -No, no.

-Ah. -No.

-¿Estás a gusto aquí?

-¿En la pizzería?

Sí, mucho. -Menos mal.

Porque, ahora que Doménico vuelve a Napoli,

te necesito más que nunca.

Tú y yo hacemos un buen equipo, ¿no? (RÍE)

-Sí. -No quiero que te marches tú también.

Si hay algo que pueda hacer para hacerte más feliz en el trabajo,

solo dímelo.

-Pero que estoy muy bien, de verdad. No tengo ninguna pega.

Estoy encantada.

En serio. -Y entonces...

¿Qué tienes? ¿Qué te preocupa?

(SUSPIRA) Es que es mi hija.

-Ah. -Es Noa.

Está saliendo con alguien que yo creo que no le conviene,

¿sabes?

Es que es su profesor, Paolo.

Y es un hombre mayor... Bueno, mayor.

Mayor que ella.

-¡"L'amore", Rosa! -Ya.

-Ya lo entiendo que estés preocupada por ella,

porque es tu hija, porque no quieres que le pase nada.

Pero la edad no es un problema,

nunca lo es.

A ver, tú, el profesor este, ¿lo conoces?

¿Te da mala espina por algo más que la edad?

-Solamente lo he visto una vez y así, de refilón.

Pero... -Eh, ¿entonces?

¿Por qué no le das una oportunidad?

Va.

No le juzgues sin conocerle, ¿mmm?

(Móvil)

Perdona, mi madre.

(Móvil)

¿Sí? ¡"Ciao, mamma"!

"Ciao, "come stai?".

Bien, bien. Ah.

Dime.

¿En serio?

Perfecto, "mamma". Sí, dime, dime, dime.

Ah. Tres, cuatro, seis... Perfecto.

¡Maravilloso!

Sí, ahora, ahora se lo digo, sí, sí.

Perfecto. "Ciao, mamma, ciao".

Ay. (CRISTINA) ¿Qué pasa?

-Mi madre.

Ha encontrado el contacto de la "trattoria" de Gio.

El restaurante que se traspasa en Napoli.

-Ah, sí. -Doménico quiere comprarlo. (RÍE)

Mi madre ya ha hablado con el propietario

y dice que todavía sigue en venta.

Y que está dispuesto a escuchar ofertas.

-Mmm. -¿"Non è magnífico"?

-Magnífico, sí.

Sí.

-Voy a decírselo a Doménico.

(CARRASPEA)

¿Qué quieres?

Me ha dicho Germán que tenías mucho lío con los pedidos

y venía a ayudarte.

Si quieres ayudarme, lo mejor es dejarme en paz.

Adela, no seas orgullosa, ¿eh?, que solo quiero ayudar.

Elías, no es orgullo, es dignidad.

No quiero ayuda de alguien que solo miente y manipula.

Adela, te dejo, voy a seguir con las llamadas.

Muchas gracias, Javier.

Adela, yo entiendo perfectamente que estés dolida y molesta, ¿eh?

Pero no es necesario montar numeritos delante de la gente.

Elías, no te hagas la víctima, que conmigo eso ya no cuela.

Y lo de comprarme la floristería tampoco,

así que no tires el dinero.

No le ha faltado tiempo a Cristina para venirte con el cuento.

¿Y qué esperas? Es mi amiga.

Las cosas no se arreglan comprando regalos,

por caros que sean.

Pero, bueno, eso solo me confirma lo que ya siempre había sospechado:

que eres más simple que el mecanismo de un botijo.

Tranquilo, papá, he hablado con el abogado.

No, no, yo me encargo.

Te llamo luego, estoy en el trabajo. Adiós.

¿Qué tal, Germán?

-Bien, ¿y tú?

-Acabo de hablar con tus amigas, simpatiquísimas. Harán la página web.

Tienen unas ideas buenísimas y el precio es genial,

así que no me lo he pensado.

Gracias por el contacto.

-Ya ves, de nada.

Si todo el mérito es suyo, soy un simple intermediario.

-Te veo un poco apagadillo hoy.

Te entiendo.

-¿Por qué?

-He estado con tu madre, ayudándola.

Ha venido tu padre y no están muy bien entre ellos.

Sé lo que es eso.

Sé lo duro que es ver a tus padres así.

Acabo de pasar por ello.

-¿Se han separado tus padres? -Se acaban de divorciar.

Mi padre tomó unas decisiones en la empresa

que afectaron al matrimonio.

A tus padres les va a ir muy bien, van a saber cómo salir de esto.

Van a solucionarlo.

Si necesitas hablar, ya sabes dónde estoy.

-Lo tendré en cuenta, gracias. -Venga.

-Así que de secretitos con el nuevo gerente, ¿eh?

-Va, va, no me vaciles, peque, que no estoy de humor.

-Ay, pues no sé por qué.

Hay, por lo menos,

dos muy buenas razones para que estés contento.

-Ah, ¿sí? A ver, ¿qué razones son esas?

-Pues, la primera,

que el nuevo gerente está tremendo.

Y, la segunda,

que hay química entre vosotros, no me lo niegues.

-Lo siento, pero te lo voy a negar.

A mí no me van tan maduritos como a ti.

Me lo ha contado tu madre.

-Es mentira.

-¿El qué?

-Pues lo mío con Luis.

No estamos liados. Es para fastidiar a mi padre.

-Vaya con mi primita. Has vuelto guerrera, ¿eh?

-Bueno, una hace lo que puede.

Así que ya me estás contando lo que pasa con Javier.

-Nada, nos llevamos bien porque nos conocíamos de antes.

-Ah, ¿sí? ¿De qué?

-Porque fue...

(RESOPLA)

Fue cliente cuando trabajaba de acompañante.

Va, no se lo cuentes a nadie.

Por favor.

No pasó nada, se arrepintió antes de que pasara, o sea que no...

-Ya.

Es que tiene que ser un rollo muy frío, ¿no?

-Bueno, depende para quién, prima.

-Bueno, mira,

si te eligió a ti entre tantos tíos, será porque le gustas, ¿no?

Tú no te cierres puertas.

No sé, Javier es un tío guay y además hay rollito entre vosotros.

Yo le daría una oportunidad.

(GERMÁN RESOPLA)

No sé, o sea, no...

No digo que... que no sea atractivo.

Vaya, que está muy bueno, sí, sí.

Y es buen tío, es muy buen tío.

Pero no creo que tenga nada con él. -¿Y por qué?

-No sé, pues porque somos muy diferentes, peque.

Así que no te emociones, ¿vale?

-Vale.

¿Tienes un momento?

-Claro.

-Te quería pedir perdón por lo de antes.

-No es culpa tuya.

Soy yo quien daba por hecho algo que tendríamos que hablar antes.

Te he estado agobiando.

-Solo quiero que me entiendas. -Te entiendo.

Lo entiendo.

Pero, cuando supe que estabas embarazada, pues...

pues me he ilusionado.

(SUSPIRA)

Carla...

Yo pensaba que podíamos construir algo bonito juntos,

que nos compensara por todas las cosas que nos han pasado.

Nos merecemos ser felices, ¿no?

-Claro.

Pero no podemos tomar una decisión así a lo loco, Samu.

Porque tener un hijo parece muy guay, superguay,

pero conlleva muchas responsabilidades,

mucho dinero también.

Puede ser una movida. -Ya, ya lo sé.

A lo mejor me he venido un poco arriba.

Pero reconóceme que habríamos sido unos padrazos.

-Sí, seguro que tú sí.

Pero yo no lo tengo tan claro.

Hay una cosa que no te he contado que...

que tiene que ver con todo esto.

Cuando murió mi hermana Laura,

mi madre ya estaba fatal.

Ya te he contado mil veces

que Laura es quien se encargaba de nosotras,

de cuidar de mi hermana pequeña, Martina, y yo.

Y, después de la muerte de Laura,

yo... yo no me vi...

con fuerzas de cuidar de Martina.

No pude.

No me vi capaz.

Y la mandaron a un centro de menores.

Y esto...

(SUSPIRA) ...lo llevo fatal.

Porque no solo...

No solo le fallé ella,

sino que he fallado a toda la familia.

Porque he sido incapaz de mantener

lo único que nos mantenía unidas, ¿sabes?

Y Laura nunca hubiera hecho algo así.

Ella cuidaba siempre de todas.

Siempre sin rechistar.

Ella era muy valiente.

Ella sí que hubiera sido una buena madre y no yo.

Y encima siento que...

que me he desecho de Martina, que la voy a ver solo cuatro veces

y la voy a ver por vergüenza y... (SAMU SUSPIRA)

-Cada vez que voy allí,

acabamos discutiendo por cualquier chorrada, ¿sabes?

Y te juro que es que es... es ir allí y verla y...

Y...

(SOLLOZA)

Me siento tan culpable.

Después de todo lo que nos ha pasado con mi madre.

-No tienes la culpa de esto, Carla.

La vida te ha puesto situaciones de mierda.

Bastante hemos hecho con llegar hasta aquí,

¿no?

-Ojalá fuera tan buena como ella y tan valiente como ella, te lo juro.

Pero es que no lo soy, soy...

Soy un...

Soy un desastre.

Samu, por eso no quiero ser madre.

No quiero.

Lo siento.

Perdona, Noa, cariño. Se me ha alargado el papeleo.

-Tranquila, me he apañado, más o menos.

Pero sabes que el papeleo lo puedes hacer "online", ¿no?

-(RIENDO) Sí, ahora lo sé.

De hecho, entre otras cosas,

he aprovechado para hacer eso del certificado digital.

Que no sabes tú qué odisea. -¡Lorena!

¡Cuánto tiempo! -Antonio.

Mucho tiempo, sí.

¿Qué tal?

-No tan bien como tú, pero no me quejo.

Vienes por el homenaje de tu tío, ¿no?

-Sí. -Noa.

Pues nada, he organizado un picoteo variado.

Las cantidades cambiarán según la gente que venga,

pero el precio, ajustado.

Y la bebida aparte, claro.

-No veo las tortillas de Rosa.

Eso no puede faltar. -Cuenta con ellas.

Ya está hablado con mi madre.

-Por mí está bien, gracias.

Hay que ver, el Central está igual.

No como nosotros.

-¿Venías mucho por aquí?

-A tu edad, me pasaba el día entero en el Mercado.

Metía más horas que en el colegio.

Todos mis amigos estaban aquí. Y mis amigas.

-Hola, Antonio. -¡Rosa!

Justo estábamos hablando de ti.

Bueno, de tus tortillas, en realidad.

-Pues, mira, a eso venía.

Quería saber cuántas quieres que te prepare.

Las voy a hacer en casa.

(LORENA) No, mujer.

¿Cómo vas a hacer las tortillas del Central en casa?

Tendrás que hacerlas aquí.

Es lo que quería tu tío, ¿no? Pues como homenaje a su memoria.

-Bueno, como queráis, a mí me da igual.

-Estaba contándole a tu hija lo bien que lo pasábamos de jóvenes.

¿Te acuerdas de la fiesta de cumpleaños?

-¡Ay, por favor! No me lo recuerdes.

-¿Cómo que no? Cuenta, cuenta.

-Convencimos al vigilante

para que nos dejara quedarnos por la noche en el Mercado.

Queríamos celebrar el cumpleaños de Rosa.

Montamos un fiestón que los del barrio aún se acuerdan.

Pero lo mejor fue el "show" que dio tu madre.

-¿Un "show"?

Bueno, ¿qué hiciste, mamá?

-Nada, una tontería y ya está. -¿Tontería? De tontería, nada.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Dime, Hortuño.

Sí, sí, sí.

Germán se ha enterado de que Javier está pendiente de juicio.

No, no lo sabemos todavía.

Oye, te tengo que dejar,

no estoy en el despacho, estoy en casa.

Si quieres algo, llama tú a Germán. (JESÚS TOSE)

Pues nada, no te preocupes, hombre,

mándanos otra vez las facturas y te las abonamos lo antes posible.

Disculpa el embrollo, Marcial.

Un abrazo, adiós.

(TOSE)

¿Qué haces en pijama? ¿No has salido de casa?

¿Qué quieres? Tengo gripe.

Oye.

¿Es cierto que no vas a ir al homenaje de Genaro?

¿Qué pasa, te parece mal?

Hombre.

Papá.

Yo ya sé que te ha afectado mucho.

Pero, hombre, era tu amigo.

Sí. Teníamos la misma edad.

Cuando fuimos al hospital a verle,

pensé que, para estar así, era mejor estar muerto.

Pero ahora que se ha ido...

Ha sido un palo muy gordo.

Y ahora yo también me pongo enfermo.

Bueno, enfermo, no, que tienes una gripe, ¿eh?

Que tienes una salud de hierro.

Muchas veces bromeo con eso, pero estás hecho un toro.

Eh... Un buey viejo, querrás decir.

(RÍEN)

Estuvo una semana preparando el número de Liza Minnelli,

de "Cabaret", "Money, money, money". -Sí.

-Bueno, no sabes, aquí la gente alucinó.

-Un exitazo. Tenía talento para el espectáculo.

-Lástima que tu tía me perdió

una boa de plumas que tenía maravillosa,

porque, si no, lo hubiera clavado.

-No la perdí, Rosa.

-Eso fue lo que me dijiste.

-Como la querías negra, la llevé a casa, intenté teñirla y...

Y me la cargué.

Sí. ¡Ay, qué tonta fui!

Lo siento, yo solo quería que tu espectáculo fuera perfecto.

¿Me perdonarás alguna vez?

-Al final, nos pillaron.

Menos mal que Sorio se lo tomó bien.

Hasta contrató a Rosa para trabajar en el bar.

-¡Qué fuerte, mamá! Nunca me habías contado esto.

-Tu madre era la caña, tenía unas ideas muy locas.

-Pues no tenía ni idea de este pasado tan "heavy" tuyo, mamá.

-¿Quién no se ha vuelto un poco loco en su juventud?

-Pero tú eres la más divertida, con diferencia.

-Por eso tu abuela la llamaba Cascabel.

Porque no paraba de armar jaleo.

-Pues me habría encantado conocerte entonces.

Seguro que nos habríamos llevado muy bien.

(ROSA SUSPIRA)

Venga, hombre, anímate.

Tienes que ir al homenaje de Genaro.

Además, te confió una misión, su última voluntad.

Y el Jesús de la Cruz que yo conozco

no se arrugaría ante algo así.

¡Tienes razón!

No voy a arrugarme.

Genaro merece uno y mil homenajes.

Hombre más bueno y más trabajador no había en el Mercado.

Voy a coger la carta...

No está.

¡Ah! ¡Ahí va!

Se la debió llevar Germán con todos los papeles.

Voy a llamarle.

(Móvil)

Dime, abuelo.

-¿Qué has hecho con los papeles que te llevaste de casa?

-Los he dejado en la frutería, son los pedidos, ¿por qué?

-"Porque también iba la carta que me dejó Genaro para leérsela".

Necesito recuperarla, tráemela cuando puedas, anda.

-Eh... Pues dile a Jona, que él tiene todos los papeles.

(Timbre)

-"Ya lo llamo". -Te tengo que dejar.

Hablamos luego, un besito.

Bueno, ¿qué? ¿En esta casa no se come?

(SUSPIRA)

Mi padre no está.

-No importa, en realidad, vengo a verte a ti.

¿Cómo van las gestiones para desalojar al gerente?

-Bien, bien. No hemos encontrado nada que lo comprometa, pero bien.

-¿Me estás vacilando, chaval?

A ver si entiendes esto.

Tu padre me ha dicho

que el gerente está pendiente de una citación judicial.

Y da la casualidad de que esa información,...

(RÍE)

...precisamente, se la has pasado tú.

-Sí, es verdad, es verdad.

Pero no sabemos de qué se trata

y no quería decir nada hasta tener la información.

-A partir de ahora,

preocúpate de que la información me la pases a mí primero.

¿Qué es lo que sabes exactamente?

-Solo tenemos un número de expediente y un contacto en el juzgado,

pero aún no ha podido averiguar nada, o sea, que lo siento.

-Más lo vas a sentir como te pase tu factura de Ibiza.

Mira, o averiguas algo que me ayude a tumbar a ese tío

o se te va a acabar el chollo.

¿Está claro o te hago un croquis?

Así que no digas que no te lo he advertido.

(Puerta)

Lo siento. No quiero que te enfades.

Pero tú dijiste que los amigos se deben decir la verdad.

Y yo solo te digo lo que veo: tu madre parece harta de tu padre.

-Bien. ¿Y has acabado ya o tienes algo más que decir?

¿Dejamos la conversación?

Si a Cristina le parece bien,

y a ti también. Sí.

Podríamos juntarnos y aceptar más encargos de este tipo.

Pues a mí me vendría muy bien.

Justo ahora estaba hablando con David

y necesito un extra económico.

Han subido la cuota del colegio.

Ah, ¿sí? Sí.

¿Y es mucho? Un pico, sí.

Sí, sí, claro. ¿Dónde ha dicho que está?

Ahora vengo.

Sí, sí. Gracias.

-¿Qué pasa? ¿Quién era?

-La policía.

-¿La policía? -Han detenido a Doménico.

Voy a la comisaría. -Sí.

(NOA) ¿Ya tienes sorpresa para Jorge?

-He comprado dos billetes de AVE para Valladolid,

he pillado un hotelazo que flipas y he reservado mesa en La Fanega.

-¿No es el restaurante de su hijo?

-Sí.

-Es que... No lo tengo claro, Samu.

No sé, yo lo tenía muy claro,

pero es que ahora que tengo los papeles delante, en mis manos,

te juro que no sé qué hacer.

Y yo sé que no es un buen momento. Yo lo sé.

Pero, no sé, no paro de pensar que... que estoy embarazada de ti.

De la persona a la que amo.

¿Ese es el móvil de papá?

Pero... Dios, ¿para qué te torturas?

¿No me dijiste que habías decidido no leer los mensajes?

Pues no he podido evitar caer en la tentación.

Y ojalá no los hubiera leído.

-Os invito a cenar esta noche en casa.

Lo he estado pensando y creo que tienes razón.

Luis se merece una oportunidad para que le conozcamos.

Verás, va a ser una cena absolutamente informal, ¿eh?

No te creas que es una encerrona. -No, claro.

-Entonces, ¿qué? ¿Vienes?

-Sí, muchas gracias.

-¿Y papá?

-De papá ya me encargo yo.

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Mercado central - Capítulo 57

12 dic 2019

Adela, agobiada por el encargo de la boda, recibe la ayuda de Javier y sigue dándole largas a Elías, que no cesa en sus intentos de recuperarla.
Germán descubre un secreto muy jugoso sobre Javier, pero no sabe qué hacer con la información que tiene entre manos.
Noa y Luis fingen ante Nacho que son pareja. Rosa, preocupada, intenta que su hija se replantee la relación.
Cristina consigue información sobre el restaurante que Doménico quiere comprar.
Elías trata de convencer a Jesús para que cumpla la última voluntad de Genaro.
Carla anima a Jonathan a luchar por Noa y se plantea seriamente con Samuel cuál es el futuro que ella quiere.

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