Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 54 - ver ahora
Transcripción completa

Ah, no, claro, tú estás enamorado, ¿no?

¿Y no ha sido un movimiento rastrero? -¡Que sí! Que la cagué.

Eso era lo que quería decirte.

Metí la pata hasta el fondo y simplemente me gustaría que...

que Noa no pagara los platos rotos.

Vamos, que... que soy un idiota.

No quiero causar más problemas. (DAVID) Adela tampoco se va.

Que sí. ¡Que no!

Hoy es ella la que está mal, pero mañana podrías ser tú o yo.

Lo dijo Andrea.

Bueno, pues si Andrea lo dice...

En el colegio hablaron de la empatía.

Al parecer, es bueno tenerla.

-Yo no he visto nada entre ellos. -Bueno, pues yo sí.

Rosa está cambiada.

Ese rollo de la pizzería la está cambiando.

-Pues igual es que le gusta el trabajo, ¿no?

-Mira, he visto cómo tu marido la abrazaba.

¿Tiene las manos muy largas?

-Ese nos puede fastidiar.

Bueno, tranquilo, que ya nos estamos encargando personalmente de ello.

Es cuestión de tiempo que lo echemos.

Eso espero.

Mientras Javier Quílez esté dentro del Mercado,

vosotros dos no vais a volver a ver ni un duro.

-¡Claro! En eso se basa la amistad, tío.

En ayudar a tus amigos cuando están mal,

ponerte en su lugar

y en soportar que te digan cosas que a veces no te gustan, ¿sabes?

-Yo siempre digo la verdad.

-Por eso está bien que te entrenes para cuando te la decimos a ti.

-Anímate. -Si pensáis que lo puedo hacer...

Mirad, ella es la dueña de la carnicería.

Seguro que os lo explica la mar de bien.

Carmen, solo tienes que explicarles

qué es tu puesto para ti y qué significa el Mercado.

Ha dicho que "per" pedir disculpas

os quiere invitar a cenar a Cristina y a ti.

-¡Yo, encantado, eh!

Pero los dos nos tenéis que acompañar.

-"Ma", no, yo creo que es una cena para parejas.

-Claro. -Para los dos.

-¿Qué hay mejor que un plan de parejas?

Va, Doménico, ¿te apuntas?

-Por mí, genial.

-No sé ni por qué me ofendo. Si no eres más que una verdulera.

¿Cómo me has llamado?

¿Eh? ¡Verdulera!

¡Eh, eh, eh! ¿Qué pasa, Adela?

Aquí, la eminencia esta.

Ha venido a provocar la muy cretina.

Me enamoré de verdad.

Y, si tú quieres desaprovecharlo, pues allá tú.

Así que ya podéis estar tranquilos, tenemos el dinero.

¿Seguro qué ha vendido la casa?

Otra vez, que sí. Me lo ha dicho Lorena.

¿Pero lo sabe a ciencia cierta

o es el típico rumor que corre por el Mercado?

Que no, que lo sabe de verdad.

Estaba delante cuando Valeria lo ha anunciado.

¡Vamos, Luis!

Anda, que sea yo el que tiene que ir a por la fruta...

¿Y cuánto le han dado por la casa? No lo sé.

Pero, si la ha vendido tan rápido, mucho no va a ser.

Creo que lo invertirán en el puesto.

Como si se lo gastan en pipas, tu abuelo ya no está con Valeria.

Ya. ¿Y si vuelven? Me da igual.

Tu abuelo no se podrá gastar ese pastizal en la casa.

Creí que nos llevaba a la ruina. Sí.

Y hay otra cosita.

Solo buenas noticias no podía haber, ¿verdad?

Mira, esto es un avance

de lo que va a salir esta tarde en "España Directo".

(CARMEN) "Pues, para mí,

el Mercado no es solo un grupo de puestos".

"Son los clientes,

somos las personas que trabajamos aquí, día a día, codo con codo".

"Es... es... es todo".

"Yo me he criado en este mercado".

"Hasta me he distanciado de... de mi madre

por intentar salvar el Mercado".

"Si ahora cierran el Mercado, yo pierdo el puesto, es que...

a mí se me quitan las ganas de vivir,

así de sencillo".

"Perdón".

¿Esta quién se cree que es?

¿La reina del drama?

Pues lo ha hecho bien, ¿eh? ¿Bien?

Lágrimas de cocodrilo, hombre. Mmm.

Esto lo va a ver mucha gente, fijo.

El fragmento de Carmen llorando ya se está viralizando.

¿Cómo que ya? ¿Tan pronto? Hombre, tan pronto.

Han creado un "hashtag":

#SalvarMercadoCentral.

Bueno, tampoco... Tú sabes cómo va esto.

Se pone de moda y mañana la gente ve otra cosa...

Ya, ojalá, pero no estoy tan seguro.

No es una anécdota, es una historia personal.

Eso engancha así a la gente y, además, la movilizan, mira.

Se ha iniciado una campaña en una plataforma de recoger firmas

para salvar el Mercado Central.

La madre que parió Internet. Ajá.

¿Y todo por un vídeo? Sí, y no está entero.

Las Pachecas, amargándonos la vida siempre.

Pues hay que hacer algo para pararlas.

Ya, lo que pasa es que no han empezado ellas.

No, ¿no?

Javier. Javier.

Hizo que viniera la tele.

O sea, que, si hay que parar a alguien, es a él.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Si vas a insultarme, mejor te vas.

Cristina, vengo a pedirte disculpas.

Te dije muchísimas cosas que no pensaba.

Para no pensarlas, te quedaste a gusto.

Ya, es que me pillaste en un mal día y estallé.

Me había encontrado con Elías y me puse muy nerviosa y...

Y, vamos, que necesitaba pagarlo con alguien.

Y te tocó a ti, y lo siento.

¿Qué ha pasado? ¿De qué hablas?

De Elías.

He descubierto, bueno, no,

he confirmado que... que me engaña con otras mujeres.

Ay, cuánto lo siento, Adela.

Ya lo sé, ya sé que lo sientes de verdad,

pero es que... estaba muy enfadada.

Y vi en ti comportamientos parecidos a los de Elías y...

y me sentí como si te estuvieras riendo de mí

en mi propia cara.

Mujer, esa no era mi intención. Ya lo sé, Cristina.

Si yo no te reprocho nada.

¿Qué te ha dicho él?

Pues... que está muy arrepentido y que no va a volver a pasar.

Ya sabes, lo típico.

No se ha molestado en ser original para darme explicaciones.

¿Y qué vas a hacer ahora?

No lo sé, Cristina.

Te preguntaría a ti qué harías,

pero creo que no estás para dar consejos.

Bueno, mi situación es diferente, ¿eh?

Lo mío con Doménico no tiene nada que ver.

Y, además, ya ha terminado.

Y a saber si Paolo está haciendo lo mismo.

¿Qué dices? Anda ya, mujer, ¿te has vuelto loca?

Paolo bebe los vientos por ti.

Eso creía yo, pero desde que Rosa trabaja en la pizzería...

No sé, ¿eh?, no sé qué decirte. Pero, Cristina, ¿te estás oyendo?

Paolo no es un santo.

A ver, no le eches las culpas a quien no debes.

Ahora te viene bien escuchar que él también lo ha podido hacer.

Pero ¿Paolo y Rosa? ¡Eso es imposible, hombre!

Es una forma muy fea y cobarde de limpiar tu conciencia.

Yo no sé qué pensar.

Cuando Nacho ha venido a contármelo, he pensado que podría ser.

-Hola.

-Hola. ¿Puedo ayudarte en algo?

-Eh... Sí, venía por unos cactus, pero ¿qué has dicho de mi padre?

-¿Yo? Nada.

-Cristina, te he oído, has dicho que estuviste hablando con él.

-Bueno, ¿y qué?

-Pues ¿te puedo preguntar sobre qué?

-Nada en particular, cosas del Mercado.

-Ya.

Y de que mi madre trabaje en la pizzería.

Voy a irme, luego si eso ya vuelvo. -No, no te vayas.

No creo que Noa me robe mucho tiempo, ¿verdad?

-No, no.

Eh... ¿Solo tienes estos cactus?

-Tengo más, pero, mira, ¿no te gusta este?

Este es muy bonito, ¿eh? -Ah, pues sí. Sí, sí.

Vale, pues me lo llevo.

-No te pinches, cuidado.

Te... te cobro ahora.

Jorge. Hola. Hola.

¿Qué tal? Bien.

¿Y tú?

Bien, bien.

Liado, como siempre.

Mmm... Ya.

Mmm... Entiendo.

¿Querías algo?

Sí, es que tengo la noche libre y la estaba reservando

por si te apetecía hacer algo conmigo,

pero, si no puedes, nada, me busco otro plan con alguna amiga.

Vale, bueno, como quieras. Otro día si quieres.

¿Vale? Vale.

Guay, pues ya... ya me dices.

Lorena.

¿Qué?

¿Podemos empezar de nuevo? Te juro que sé hacerlo mejor.

¿El qué? Esta conversación.

"Hola, ¿qué tal?". "Bien, liado".

Es que parezco idiota. Un poquito, sí, la verdad.

Un poquito solo...

No te mereces que te hable así, de manera tan fría, y...

Mira, tú eres una tía estupenda.

Oh. Ahora es cuando viene el pero, ¿no?

¿Te importa?

(RESOPLA)

Verás, quería... quería contarte algo.

Es evidente que me gustas, Lorena, me gustas mucho y...

Y te juro que me encantaría lanzarme a la piscina

sin pensarlo. No me debes explicaciones.

Pero es que quiero dártelas. Necesito dártelas, ¿mmm?

Jorge, los dos empezamos esto sin ataduras y sin preguntas.

Estábamos de acuerdo en que fuera así.

Si tú no quieres continuar, me lo dices y nos decimos adiós

como buenos amigos, ya está, no pasa nada.

Es que no sé si es lo que quiero.

Bueno, pues... aclárate y me dices.

Mira, la idea de estar a malas contigo me mata.

Y la de no verte también.

¿Entonces?

Pues quiero ser sincero contigo.

Hay otra mujer.

¿Te apetece un poco de licor?

Hay una botella por aquí.

No tengo ni idea de lo que es. -Ratafía.

Es un licor catalán, me lo regaló un proveedor y no me lo he llevado.

-Pues tenemos dos opciones.

Te la devuelvo y te vas enfadado.

O tomamos unos chupitos y hablamos como gente civilizada.

-Tú decides, tú mandas.

-No te he llamado para tener aquí una lucha de egos.

-¿Entonces qué hago aquí?

-Quería felicitarte.

Has hecho un gran trabajo a pesar de los roces.

Has puesto al día los balances y has actualizado los archivos.

-He hecho lo que tenía que hacer. -No, has hecho mucho más.

Me ha llamado el productor del equipo de televisión

para decirme que estaban encantados contigo.

Les has facilitado muchísimo el trabajo.

-Para mí, ese reportaje es muy importante.

Este mercado es parte de mi vida.

-Va a quedar genial. Y, en gran parte, gracias a ti.

No sé de dónde has sacado tiempo para hacerlo todo y tan bien.

Enhorabuena.

-Pues gracias.

-Bueno, ¿qué? ¿Qué hacemos con esto?

-No si, al final, no va a ser tan malo tener un jefe nuevo.

Y por más que lo intento no consigo sacármela de la cabeza.

Y es justo que sepas de quién se trata.

Es Celia.

Cuando llegó al Mercado, me sacaba un poquito de quicio.

Luego fui conociéndola un poquito mejor.

Conocí a su hijo.

Empecé a cogerle mucho cariño y... y la cosa ha ido a más.

¿Estás enamorado de ella?

No. No, ya no.

Estoy convencido de que lo mío con Celia es imposible.

Tiene todo para convertirse en una relación tóxica

y yo... yo no quiero eso.

Yo quiero algo sencillo, Lorena,

como lo que tenemos tú y yo.

¿Me dices que te conformas conmigo?

¡No, no, no, no!

No se trata de conformarse.

Se trata de elegir.

Y yo te elijo a ti.

Quiero ser feliz, Lorena.

Y contigo lo soy.

¿No dices nada?

Sí.

Que ya sabía lo de Celia.

¿Lo sabías desde cuándo?

Es que tengo ojos en la cara.

Y desde que me lo confirmó Adela.

¿Te ha contado lo mío con Celia?

Me lo ha advertido más bien.

No quiere que me pase contigo lo que a ella con Elías.

Bueno, no es comparable.

Lo dijo con buena intención, de verdad.

¿Y tú qué piensas?

La razón me dice que deberíamos cortar esto antes de hacernos daño.

Ya. ¿Me entiendes?

(CARRASPEA) Sí. Perfectamente.

Dices que entre tú y yo las cosas son fáciles,

pero llevamos un minuto y medio saliendo

y ¿tenemos esta conversación?

Pero, bueno, por otro lado pienso...

Los únicos que no se dicen lo que verdaderamente sienten

son los muertos, ¿no?

Y tú y yo estamos vivos.

Vivir es complicado, es...

Es peligroso, a veces es tremendamente duro.

Pero, si le damos la espalda a las complicaciones,

si no luchamos por lo que verdaderamente queremos,

¿de qué sirve estar vivos?

¿Y eso significa que...?

¿Sabes esa frase de Pascal?

"El corazón entiende de razones que la razón no entiende".

Me gustas.

Me encanta estar contigo.

Y estar contigo significa asumir que te colgaste de otra.

Me podría haber pasado a mí, ¿no?

O puede que nos pase a alguno en el futuro, no lo sé.

¿Merece eso que nos perdamos la oportunidad de estar juntos?

¿De estar bien?

Para mí, no.

Para mí, tampoco.

¿Adelante?

Adelante.

¡Ah!

¿Cómo has dicho que se llama? -Ratafía.

-Pues yo creo que ya te lo puedes llevar a casa.

(Llaman)

Perdón. Creí que estabas solo.

Vuelvo más tarde. -No, si yo me tengo que ir.

Tengo que revisar unos suministros.

-Bueno, Samu, gracias.

Y a seguir currando a tope.

-Nos vemos. No corras.

-¿En qué puedo ayudarte, Elías?

¿Tú crees que lo ha oído?

No me gustaría que se enterara.

No, yo creo que le ha picado la curiosidad

cuando ha oído "Nacho".

Pero luego se ha ido muy tranquila con los cactus.

Eso espero. Lo que no entiendo

son las insinuaciones de Nacho sobre Paolo y Rosa.

¿Tú estás segura de que lo has entendido bien?

Dice que desde que Rosa trabaja en la pizzería

la nota como cambiada, diferente.

Pero eso se puede deber a muchísimas cosas.

Se sentirá realizada... Yo qué sé.

No sé. Pero que estén liados...

Dice que los ha visto tocarse, abrazarse.

A ver, como si no conocieras a tu marido.

Que ya sabes cómo es él.

Y, no sé, Nacho...

Yo creo que está viendo fantasmas donde no los hay.

Lo que no entiendo es por qué viene a ti a calentarte la cabeza.

¿Sabes lo que pienso? ¿Mmm?

Que él es un hombre enamorado de su mujer

y tiene miedo a perderla.

Y en el fondo le envidio, ¿sabes?

¿Por qué dices eso?

Porque me gustaría sentir lo mismo que él.

Cuando ha venido a contarme esos miedos, yo...

No me ha importado nada, ¿sabes?

Yo no he sentido nada.

Bueno, te miento.

Me he sentido aliviada.

He pensado que, si Paolo se enamorara de otra mujer,

no me sentiría tan culpable de todo.

Ya. Y así tendrías vía libre con Doménico.

No. No tiene nada que ver.

Hombre, algo tiene que ver, creo yo, ¿no?

Doménico es el síntoma, no la enfermedad.

¿El síntoma de qué?

De que ya no estoy enamorada de Paolo, Adela.

(CHASQUEA LA LENGUA) Se ha convertido en otra cosa.

Es un compañero de viaje, un amigo,

pero ya no... no le quiero como pareja.

Ya no.

Pues qué lástima. Ya.

¿Vamos? Sí.

Y he revisado la vigencia de las subcontratas.

Mira, en el caso de la limpieza, habrá que negociar un nuevo contrato.

Anda, qué bien. Has hecho ya muchísimas cosas.

Y las que me quedan.

Echa un vistazo al montón de papeles que hay sobre las mesas.

Me alegro mucho, sinceramente, el Mercado está en buenas manos.

Solo intento hacer bien mi trabajo. Bueno.

Has hecho mucho más.

Estás comprometido con los comerciantes.

¿Mmm?

Esa idea tuya de lo del anuncio de televisión.

A mí no se me hubiese ocurrido, ¿eh?

Y llegas tú, ¡pam!, lo haces y funciona.

Has hecho mucho más que otros que están desde la prehistoria.

Tampoco hay que exagerar. No, las cosas como son.

Las cosas como son. Si lo has hecho, lo has hecho.

Has hecho mucho más de lo que te corresponde.

Y mucho más de lo que le corresponde a tu sueldo,

que sabemos que mucho no es.

Es lo que hay. Ya, hombre, ya.

Pero es una pena que alguien como tú, de tu valía,

se tenga que conformar con eso.

¿Mmm?

Yo podría solucionar ese problema.

Si quieres. Tranquilo.

No hay tal problema.

Ya, pero una pequeña ayudita le viene bien a todo el mundo.

¿No? Te lo agradezco.

Pero estoy satisfecho con lo que gano.

Además, no creo que sea muy normal

subirle el sueldo a alguien que lleva dos días.

El Mercado no está para gastos extra.

Imagínate la imagen que daríamos si lo primero que hacemos

es subirle el sueldo al nuevo gerente.

Imagínate si no se entera nadie.

Ya está bien, Elías.

Si quieres,

cuando acabe la renovación y el Mercado esté a salvo,

vienes y hablamos de lo mismo, ¿te parece?

Pero ahora no es el momento.

Bueno, cualquiera diría que no te gusta el dinero.

Cualquiera diría que a ti te gusta demasiado.

¿Me disculpas?

Oye.

Perdona si te he molestado, ¿eh? No, no, no, para nada, hombre.

Un imbécil, ¡un imbécil!

La reunión ha ido de maravilla con Javier.

Que no quiere más pasta, dice.

¡Que está contento con su mierda de sueldo de gerente que tiene!

A lo mejor es verdad, papá.

Vamos a ver, niño, que estamos en España.

¿Quién no quiere un aumento de sueldo?

Te va a dar algo.

¡Si es que es tan perfectito y tan honradito que da asco!

Que te tranquilices.

Sabíamos que Javier iba a ser un hueso duro de roer,

pero ningún hueso es irrompible, ¿no? No, este es diferente.

Lo del Mercado Central para él es algo personal.

Tiene un pasado con Hortuño.

Bueno, pero todo el mundo tiene un punto débil.

¿Has averiguado tú algo o qué?

No.

No, bueno, pero algo rascaré, no te preocupes.

Todo el mundo tiene un punto débil y ese capullo no va a ser menos.

Ah.

A ver si nos ponemos las pilas,

es capaz de convertir el Mercado en patrimonio de la UNESCO.

Ya. ¿Y tú no piensas hacer nada?

Yo estoy intentando recuperar a tu madre.

Pues buena suerte.

No, no, oye, no te creas, que... vamos avanzando, ¿eh?

Más pronto que tarde vamos a estar reconciliados.

¿Qué hay para comer?

He comprado chino.

¿Otra vez?

Pues ve a comprar tú. Y ayer fue "japo".

¡Y venga arroz!

Buenas.

Jorge, por favor, ahora mismo no es el momento.

No hablo contigo.

Ya me has dejado claro todo.

¿Mmm?

Han traído esto para ti, Adela.

¿Para mí? Ajá.

¿Y de dónde venía?

Ni idea.

Bueno, pues gracias. De nada.

Celia.

Dime.

Hace días que tendría que haberte explicado algo.

Me estás asustando, ¿qué ha pasado?

Es algo que...

A ver, eh...

David me explicó lo tuyo con Jorge.

(SUSPIRA)

Mira que le dije que me tenía que guardar el secreto.

No pasa nada, ya me lo ha dicho.

Pues no se lo tengas en cuenta.

No, si no lo hago.

Mira, Adela, de verdad, no te lo conté

porque creo que es cosa mía. No tienes que darme explicaciones.

Soy yo la que tiene... la que tiene que pedirte disculpas.

¿Y eso por qué?

Porque me encontré con Lorena

y quise avisarla de que Jorge tenía a otra mujer en la cabeza.

¿Le contaste que era yo?

Lo siento.

Gracias por contárselo.

¿Sí?

Sí, Lorena tiene todo el derecho del mundo a saberlo.

Si está con él es porque quiere, sin secretos ni mentiras.

Le has hecho un favor.

Y a mí también.

¿Sí? ¿Por qué?

Porque la próxima vez que me la encuentre

no me voy a sentir como si le ocultara algo.

Entonces... tu historia con Jorge está terminada.

Del todo, sí.

Hey... "Grazie".

Estaba sedienta.

-Un brindis. -Mmm.

-A nosotros. -A nosotros.

-Ah.

-Mmm...

-Esa escapada a Formentera ha sido una experiencia inolvidable.

Me muero de ganas de repetir.

-Formentera es maravillosa.

"Sono enamorata".

-Pero no hablaba de la isla, sino de la compañía.

El próximo viaje podríamos hacerlo a Nápoles.

Volver al restaurante Pergolesi

y luego ir a ese bar bajo de los arcos de la Sanità,

¿te acuerdas?

-"Piano, piano", Doménico.

Hemos estado años sin vernos y ahora todo el día juntos.

No quiero que te pilles una sobredosis de mí.

-Es imposible.

Nunca tendré suficiente, contigo quiero siempre más.

Giuliana, en todos esos años que he pasado apartado de ti,

nunca me he sentido completo.

Era como... como si me faltara una parte,

como si nada me pudiera hacer completamente feliz.

Y... y me he dado cuenta de que eso pasaba porque no te tenía a ti.

Giuliana, yo... yo quiero estar contigo toda mi vida.

-"Ma tu sei un burlone".

-Lo digo completamente en serio.

-"Ma" sabes que eso no puede ser.

-¿Por qué dices esto?

Porque ya lo intentamos una vez

y los dos sabemos cómo acabó todo, Doménico.

-Ya, pero entonces no... no nos conocíamos tanto,

ahora es diferente.

-Seguimos siendo los mismos, Doménico,

por eso lo pasamos tan bien en Formentera.

Pero tú y yo no estamos hechos para estar juntos.

-¿Y... y todo eso no ha significado nada para ti?

-No, "ma" no seas dramático.

"Ma" tú y yo tenemos una química "speziale",

seguramente única.

Pero una pareja son muchas más cosas, Doménico.

Ah.

¿No vas a abrir el paquete?

Huy, sí, se me había olvidado.

"Desde ahora, no tengo nada que esconderte".

No entiendo nada. ¿De quién es el móvil?

Es de Elías.

Es el móvil que usaba para sus citas.

Y me ha puesto el pin.

¿Y por qué te lo manda? Bueno.

Dice que está dispuesto a cambiar.

¿Y tú le crees?

No lo sé.

Supongo que dependerá de lo que encuentre aquí dentro.

¿Seguro que quieres encenderlo?

(SUSPIRA)

Pues yo creo que has hecho muy bien, de verdad que sí.

Voy al bar a llevar las tazas, ¿vale?

(CHASQUEA LA LENGUA)

Y me muevo en un mundo distinto.

-Sí, pero... yo podría entrar en este mundo, ¿no?

-Doménico, "per favore".

-Estás con otro hombre, ¿verdad?

-¿Hasta ahora no te habías dado cuenta?

-Ya.

-"Ancora" me sorprende

cuánto ingenuo eres para según qué cosas,

Doménico. -Ya.

-Hey.

¿Por qué no somos amigos?

Ya está.

¿Mmm?

-No quiero un premio de consolación.

-"Ma" la amistad nunca lo es, Doménico.

Discúlpame, yo nunca pretendía

ni engañarte ni... ni hacerte daño.

-Para no pretenderlo, lo has hecho a la perfección.

Por segunda vez.

Muchas gracias.

-Todo tuyo.

-¿Cómo dices?

-Que tienes vía libre con Doménico.

Lo que querías.

-Yo no tengo ningún interés.

-"Ciao, cara".

(RÍE) No sé qué pasa hoy con los aguacates,

todo el mundo los compra.

¿Qué pasa, que es San Guacamole hoy o qué?

Germán.

-¿Qué pasa? -No sé, dímelo tú.

¿Pasa algo con la mercancía o qué?

-Eh... No, no, no.

Estaba aquí con los pedidos.

Me he puesto a repasar el balance financiero y...

-Y algo no cuadra.

-Eh... No, qué va, seguro que no es nada grave.

-¿Y has hablado con tu padre?

-Pues eso intento,

pero le llamo y no me lo coge, ni mi abuelo.

(Teléfono)

-Ya va, ya va.

Frutas De la Cruz, ¿dígame?

Eh... Sí, sí, Germán está aquí.

¿Te lo paso?

Ah, vale, vale. No, sí, ahora se lo digo.

Que sí, que sí.

Venga, hasta ahora.

Era Javier.

Dice que necesitan a alguien de tu familia en la reunión.

-¿Qué reunión? No había ninguna prevista.

-Pregúntaselo a él.

La acaba de convocar y parecía importante.

-¿Y no te ha dicho por qué?

-Ni idea, pero dice que es urgente.

-(SUSPIRA) Vale, gracias. -Venga.

Tanta prisa y aquí todos esperando.

-Querrá asegurarse de que estemos todos.

-¿Para qué? ¿A qué viene tanta reunión ahora?

(PAOLO) Carmen, si es algo positivo para el Mercado,

mejor que nos apuntemos todos a las reuniones.

-No sé qué tiene de positivo perder el tiempo.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Y disculpad que convocara la reunión precipitadamente,

pero... la ocasión lo demanda.

¿Ha pasado algo malo, Javier? No, no, todo lo contrario.

Han emitido el reportaje y ha sido todo un éxito,

sobre todo en Internet.

Al parecer se ha viralizado y está causando muchísimas simpatías.

Quería felicitaros a todos y en especial a Carmen Pacheco.

Tu testimonio está llegando al corazón de mucha gente.

(CARMEN) ¡Ay! -¡Brava, Carmen!

¿Ves como no se puede ir siempre con la queja por delante?

-Si mi sufrimiento ha servido para algo...

-¿Y para decirnos esto convocas una reunión?

-Quería deciros que, gracias al reportaje,

ha contactado conmigo

un empresario criado en el barrio.

Le tiene mucho cariño al Mercado

y dice que hará todo lo posible para salvarlo.

Para empezar, se ha comprometido a donar el material

y la mano de obra necesaria para acabar

con las obras de la cubierta. (PAOLO) ¡Pero bueno!

-¡Eso es maravilloso! -¡Bravo, Javier!

(NICOLÁS) ¡Qué bueno!

-Eres un genio, Javier.

Llevas nada aquí y ya has conseguido todo esto.

Tú eres el mejor gerente que podíamos pedir.

¿Pero qué digo gerente?

¡Gerentísimo!

-Mucha gracias, Paolo.

Creo que merecía la pena convocar la reunión.

-¡Hombre! -Sí.

-Pues vuelta al trabajo, esperan los clientes.

-Sí, tengo lío. -Ven aquí.

¡Ah!

Bravo, Javier. -Gracias, gracias.

-Muchas gracias, de verdad. -Gracias a ti.

-Gracias. -Has estado genial.

-Gerentísimo...

-¿Qué te pasa? ¿Te molesta o qué?

-Ah... No, no, no.

Lo que no sé es si les caerías tan simpático

si supieran que eres un putero.

-Eso es mentira, no soy ningún putero.

-¿Sabes qué pasa?

Que da igual lo que sea mentira o verdad.

Lo que importa es lo que la gente está dispuesta a creer.

Y créeme que en este mercado los rumores corren como la pólvora.

Sería una lástima que el gerentísimo se viera implicado en algo así.

-¿Por qué me haces esto? ¿Es por aquel día o hay algo más?

-Ah, ¿que te parece poco? -Perdona, pero sí.

Te ofrecí el dinero que dices que te hice perder.

Que tú no lo cojas es cosa tuya.

¿Tan mal te caigo que me amenazas?

-Odio a la gente como tú.

-Pero si no me conoces, chaval. -Ni ganas, tío.

Ni ganas.

Doménico.

-Vete, por favor. -¿Estás bien?

-¡Que te vayas! ¡Quiero estar solo! ¿Puedo?

-Es que te he visto con Giuliana

y he pensado que a lo mejor te apetecía...

-Entonces ya sabes qué ha pasado, ¿no?

-Pues... No lo sé, lo supongo.

Y, si es así, creo que no es bueno que estés solo.

-Debes estar contenta.

-No, no te creas. -¿Seguro?

Mírame, soy el mismo de siempre, ¿verdad?

Un imbécil que no ha aprendido nada en todos estos años.

-No, no, no eres nada de eso.

Que Giuliana no sea capaz de valorarte

no significa... -No hables de Giuliana.

No la conoces de nada. Ni a mí tampoco.

-Te conozco más de lo que te crees.

Sé lo que piensas y lo que sientes con solo mirarte a los ojos.

-Ah, ¿sí?

"Dai", mírame.

Mírame a los ojos y dime qué ves.

-Veo un hombre frustrado y rabioso.

-Estoy harto de oírte, ¿entiendes?

-Doménico. -¡Déjame en paz, Cristina!

-No, no, no.

No puedo dejarte.

No puedo dejarte así, solo, destrozado...

Yo no soy capaz. Te quiero demasiado.

-Que no vuelvas con eso, por favor.

-Es la verdad, te quiero. Estoy enamorada de ti.

Yo... yo a veces me odio por sentir lo que siento,

pero quiero... quiero salvarte, ayudarte, besarte, estar contigo,

lo que sea, pero no me pidas que me vaya.

-¿Cómo voy a estar yo con una mujer que engaña a su marido?

-Eso que has dicho no es justo. -¡Eso es la verdad!

Tú haces daño a la gente que te quiere

solo por dar rienda suelta a un capricho.

¿De verdad tú te crees

que iba a plantearme ni por un segundo estar contigo?

Cristina, no vuelvas a hablarme nunca más, Cristina, ¿entiendes?

¡Nunca más!

¿Cómo crees?

¿Cómo crees?

Hola.

-Mmm... ¿Qué haces tú aquí?

-Nada, estaba por el barrio y me apetecía una birra fresquita.

-Voy.

-Oye, este amigo tuyo, Jonathan,

el que hizo de modelo, es un buen chaval, ¿no?

Se preocupa mucho por ti.

-¿Has venido aquí a hablar sobre mi amigo?

-No, no. Es que nos hemos encontrado y, bueno, hemos estado hablando.

No, he venido a arreglar esto.

-¿El qué?

-Sé que no hemos empezado con el mejor pie.

Y el curso va a ser largo

y no me gustaría estar de mal rollo con una alumna por un malentendido.

Así que... quería disculparme.

No tenía ningún derecho a decirte lo que te dije.

-Bueno, yo tampoco estuve muy fina.

Lo dije todo sin pensar.

-Ya, ya me ha contado Jonathan.

-Lo siento, apenas sé nada de tu vida.

-Bueno, ni yo de la tuya.

Solo que haces fotos y que trabajas en el bar.

-Entonces supongo que esto es una especie de nuevo comienzo,

¿no?

-¿Has visto mi correo?

-No he tenido tiempo. ¿Por?

-No, porque ya he calificado tus últimas fotos.

No hace falta que lo mires.

Ya te digo que has sacado buena nota.

-¿Buena? Muy buena, diría yo.

-Lo que ha pasado entre nosotros no cambiará al valorar tu trabajo.

Así que si un día me entregas unas fotos de mierda te lo diré,

al igual que hoy te felicito por estas.

-Gracias.

Eh... ¿Me perdonas un momento?

Tienes que parar ya.

-¿Qué dices?

-Has estado en la floristería rajando sobre mamá y Paolo.

-¿Qué tontería es esa? -No te hagas el tonto.

Ya me conozco tus jueguecitos.

Deja a mamá en paz.

Está feliz en la pizzería.

No me voy a quedar de brazos cruzados si le quitas esto.

Suéltame. -Yo sé lo que le conviene a tu madre.

-¡Que me sueltes! -¡Hey! ¿Algún problema?

-No te metas donde no te llaman.

-Me meto donde me da la gana.

-Déjalo, Luis, está todo bien.

-Sí, ya la has oído. Déjalo.

-¿Por qué le has agarrado? -Me ha dado la gana.

¿Pasa algo? -Que te parto la cara.

-¿Queréis parar ya?

-¡Díselo a este, no sé quién se cree! -¡Es mi profesor de fotografía, papá!

-¿Papá? -¡Pues claro, soy su padre, imbécil!

Ahora, mi hija y yo estamos teniendo una conversación privada.

-Yo ya te he dicho lo que te tenía que decir.

-Espera, Noa.

¿Dónde estabas?

-A ver si voy a tener que darte explicaciones.

-Eh... Pues, mira, sí, tengo que hablar contigo.

No encuentro a papá.

-Creo que está en una reunión con unos clientes.

-Pues a ver si me puedes explicar tú esto.

-¿No puedes esperar?

-Abuelo, falta dinero.

En las cuentas.

-¿Cómo que falta dinero?

Pues eso, que estaba repasando las cuentas de las sociedades

y he visto esta transferencia, mira.

Es que es mucha pasta.

Pensaba que era para inyectar liquidez a otra empresa,

pero no veo el destino del dinero.

O es una transferencia por error.

O alguien nos ha hecho un desfalco.

No sé, pero, sea lo que sea, tengo que hablar con papá.

-Tu padre no tiene que saberlo.

-¿Qué dices?

¿Tú has visto cuánto dinero es esto? ¿Cómo no...?

¿Lo has hecho tú?

-Te recuerdo que puedo hacer y deshacer

con el dinero de las sociedades De la Cruz

lo que quiera.

Así que puedo gastármelo en lo que me dé la gana.

-Ya, abuelo.

Cumpliendo normas y justificando pagos.

No es tu cuenta de ahorros personal.

-No te preocupes, ya los justificaré cuando llegue el momento.

-Ya. ¿Se puede saber por qué necesitas tanto dinero?

-Eso da igual. -No, no da igual.

O me lo cuentas ahora o se lo cuento a papá.

-Lo he invertido.

-Lo has invertido. Ah.

¿En qué? ¿En un negocio? ¿En bolsa? ¿En qué, abuelo?

-En un inmueble. Es todo lo que tienes que saber.

-¿Y dónde está ese inmueble? ¿Está en Madrid?

-No. Está fuera, en la costa.

-En la costa.

No.

No me lo creo. ¿Le has comprado la casa a Valeria?

Vamos a ver, vamos a ver.

¿Qué sentido tiene esto? Que ya no estás con ella.

-Tengo mis motivos, ¿mmm?

-Ya.

Y me imagino que no serán buenos precisamente, ¿no?

¿Qué quieres hacer con esa casa?

-¡Eso es asunto mío!

Y te lo advierto:

como vayas con el cuento a tu padre o a quien sea,

te las vas a tener que ver conmigo.

Esto es una cosa entre tú y yo.

Es mejor tenerme como abuelo que como enemigo.

¿Estamos?

-Estamos.

Perdona que me haya puesto así, pero no sabía que era tu padre.

¿Por qué no me lo dijiste el otro día?

-No es algo de lo que vaya presumiendo.

-Ya.

-¿Recuerdas eso que me dijiste?

¿Que los fotógrafos se esconden detrás sus cámaras

para ocultar sus secretos?

Pues ya conoces el mío.

-¿Suele portarse así contigo?

-Todo el mundo piensa que es un tío genial,

calmado, buena persona.

Pero solo yo sé cómo es en realidad.

-No te habrá pegado, ¿no?

-No. -¿Seguro?

-Hay cosas peores que eso.

Pero es que es muy difícil demostrarlas o echárselas en cara.

Siempre le da la vuelta y acabo pareciendo yo la culpable.

-Ya.

Este tipo de gente hay que pararlos enfrentándote a ellos.

-Yo lo intenté.

Me armé de valor y pensé que podía cambiar las cosas.

-Si no quieres hablar de ello...

-Me fui de casa.

No soportaba sus manipulaciones,

cómo nos hacía responsables de todo, cómo controlaba a mi madre.

Pero volví por ella.

Pensé que podía quitarle la máscara

y demostrarles a todos la clase de tío que es.

Pero no he podido.

-Si necesitas ayuda para lo que sea...

-Gracias, pero es algo que tengo que solucionar yo sola.

-Ya, entiendo.

Pero quiero que sepas que puedes contar conmigo.

Si necesitas desahogarte otra vez o lo que sea, ¿vale?

-Perdona, no...

No era mi intención soltarte todo este rollo.

La verdad es que no le suelo contar estas cosas a nadie.

-Te agradezco que confíes en mí.

-Gracias por escucharme.

Y me alegro de que hayamos solucionado las cosas.

Quién lo iba a decir, después de cómo empezamos.

-Sí, yo también me alegro.

¿Sabes dónde está papá?

No, no le he visto en toda la tarde. (SUSPIRA)

¿Por qué?

Tengo que hablar con él y no me pilla el teléfono.

Pues ya somos dos.

¿Le has llamado?

Sí. ¿Por?

¿Por qué quieres hablar con él?

¿Vais a arreglar las cosas?

Bueno, tampoco te hagas ilusiones.

Quiero darle una oportunidad para que se explique.

¿Y eso? Me lo he pensado y...

Y quizás realmente esté dispuesto a cambiar.

Me ha mandado el teléfono móvil con toda su agenda de contactos

para que revise lo que quiera.

Vaya, pues sí, sí que quiere hacerse perdonar.

Espero que sea algo más que eso.

Y también hay otro gesto que ya ha hecho

y me lo ha contado, que es lo de echar a Julia.

¿Que ha echado a Julia te ha dicho?

Sí, me ha dicho que ha recapacitado sobre lo que pasó

y que no quiere tener más contacto con ella.

No ha sido así, ¿verdad?

Que sí, claro que sí.

Germán, ¿qué pasa?

Que nada, no pasa nada. ¿Entonces a qué viene esa cara?

¿Qué cara?

Pues la de "se ha roto un jarrón, pero yo no he sido"

que me pones desde que tienes cuatro años.

No la ha echado, ¿verdad?

No lo sé seguro.

Germán, me dijiste que no querías ser

un mentiroso y un cínico como tu padre.

¿Es así como vas a hacerlo?

Respóndeme, por favor.

No.

No, no la echó.

Ella ha roto el contrato y lo ha dejado plantado.

Jorge.

No podemos evitarnos eternamente.

Mira, en eso tienes razón.

Siento mucho haber sido tan brusca contigo,

pero no quiero que nos llevemos mal.

No, no estamos mal.

Bueno, cualquiera lo diría.

(SUSPIRA) ¿Qué pasa, Celia? ¿Qué te molesta ahora?

Que me hables así, por ejemplo.

Pues es lo que me nace.

O sea, que estamos mal. No.

Estamos estupendamente.

¿Qué quieres?

La cuestión es qué quieres tú, yo ya te he pedido perdón.

Pues estás perdonada. ¿Contenta?

No me merezco que me hables con este aire de superioridad.

Usted perdone. No me hace gracia.

Tendrás que aguantarte. ¡Tendrás que aguantarte tú!

¿Estás herido por no jugar contigo a la familia feliz?

A jugar me invitaste tú.

Bueno, pues me equivoqué.

Sí. Y, por último, pues chuletas de cordero son, sí.

Cinco kilos. -Hola, Francisco.

-Vale, perfecto. -Llego al Mercado ahora.

-No, esto sería todo, ya está.

Os quería agradecer... -No sé si está.

-...las facilidades de pago. -Dame un momento.

-Sí, me alegra que Jorge nos haya dado el contacto,

así da gusto.

-Perdona. -Te dejo, ¿vale?

No te entretengo. Hala, adiós.

-Mama, Francisco al teléfono. Llama a la abuela y no lo coge.

-¿Por qué te llama? -Yo qué sé.

Quiere hablar contigo urgentemente. -Trae.

Francisco, dime. Chist. -¿Tampoco sabes dónde está?

-No, pero me temo lo peor. -¿Lo peor por qué?

-Vengo de casa y he visto...

Espérate, lo tiene que saber tu madre.

Conmigo te equivocas constantemente. Y a Jorge, que le den, ¿no?

¿Qué pasa, que tú nunca te has equivocado?

¿Nunca pensaste que una idea era buena y a la mañana siguiente

has pensado que era una mierda? Por supuesto que sí.

Pero no le hago daño a nadie. Pues lo siento.

Siento ser contradictoria, siento dudar...

Vale, y te perdono, te perdono.

Te perdono por ser tan cobarde

y por haber perdido la oportunidad de ser feliz con alguien.

Y te perdono que vengas a marear la perdiz

cuando estoy empezando una relación.

¡Eso también te lo perdono! Eso es injusto.

No, es una verdad como un templo.

Y dice mucho de tu forma de ser: egoísta y caprichosa.

¡Por favor, no me insultes! ¡No me insultes tú a mí!

Cada vez que me pones una excusa, me estás insultando.

No, David no es una excusa.

No, no lo es. ¡Su sufrimiento no es una excusa!

No se puede encariñar de alguien que pueda desaparecer...

David es una excusa, Celia.

Y el recuerdo de tu marido también. No.

Excusas para que esté pendiente de ti.

¿De mí? ¿Pero qué coño dices ahora?

Y ahí sigue Jorge como un perrito faldero.

Pendiente de ti, que te ayude con David, con el puesto.

¡Y que sigas siendo el centro!

Qué poco me conoces. ¡No, no te conozco, Celia! De nada.

¿Y sabes qué?

Pienso que nunca has sentido nada por mí.

Jorge, yo solo intento que tengamos una buena relación.

Eres muy falsa.

Eso no es verdad.

Pues no te creo, Celia, contigo todo es mentira.

¡Yo no soy falsa!

¡Falsa y cobarde! Jorge.

¿Pero qué haces?

Bien, pues muchas gracias por avisar. Sí. Adiós.

-¿Qué? ¿Qué quería?

-Que... un amigo suyo que trabaja en el Ayuntamiento de Comillas

le ha dicho que van a tirar la casa.

Para que supiéramos que él no tenía nada que ver.

-¿Cómo que la tiran?

-El nuevo dueño no ha dejado lugar a dudas.

-Hijo de puta. -La casa es suya.

Puede hacer lo que quiera.

-¿Cómo se lo digo a mi madre? -No. Espera un poco.

Como está la cosa... -¿Para qué voy a esperar?

¿Y que se lo cuente cualquiera? Tengo que ser yo.

-Carmen, ¿dónde vas?

-A casa de Concha, a hablar con mi madre.

-No, no, espera.

-¿Qué? -No creo que esté allí.

Tu madre... se ha marchado una temporada.

-¿Qué dices? -Pues, mira, que vengo de casa y...

(CHASQUEA LA LENGUA Y SUSPIRA)

Tu madre ha vaciado medio armario.

Y he visto que faltan dos maletas y parte de sus pertenencias.

Yo creo que se ha ido lejos.

-¿Cómo no me lo has dicho antes? -Te he estado llamando, comunicabas.

-Pero ¿dónde se ha metido esta mujer?

Anda que...

Pues haberlo preparado tú.

¿Has hablado con Adela?

Pero no me he quedado de brazos cruzados.

¿Y eso qué significa?

Pues significa que te he hecho caso, no me voy a resignar a perderla.

Le he dicho que voy a hacer lo que sea,

que cambiaré para que vuelva.

Ya, claro.

Es igual, entiendo que tú también estés más de su parte.

¿De dónde sacas eso?

A ti también te ha traicionado Valeria.

¿Y qué tiene que ver? Solidaridad entre víctimas.

No, espera.

Que quede claro que yo no soy una víctima de nada, ¿mmm?

Esa mujer no merece un suspiro de un De la Cruz.

En todo caso seré su verdugo.

Porque me voy a vengar de ella.

La única pena es no verle la cara cuando ocurra.

(Timbre)

¿Esperas a alguien?

Será Adela, ¿no?

Adela tiene llaves. A lo mejor se le ha olvidado.

¿Tan difícil te resulta creer en nuestra reconciliación o qué?

No, hombre.

-¿Elías de la Cruz? Sí, soy yo.

-¿Quién era?

Un mensajero.

Ha traído esto.

¿Le has comprado un anillo?

No, papá, no es mío.

Este anillo es de Adela.

¿Cómo que de Adela?

Es su alianza de boda.

Tú decías que estabas enamorado de mí

y has tardado muy poco en encontrar a otra.

Esto no va de mí, Celia.

Va de tus dudas, de tus miedos, de tus caprichos.

A partir de ahora, vamos a hablar solo de temas profesionales.

Toda una vida juntos y se acabó, así, por las buenas.

No, esto no puede acabar así.

Pues yo creo que sí.

Este matrimonio está roto, Elías.

Y no he sido yo la que se lo ha cargado.

He metido la pata, bueno, no, la he cagado y mucho.

Peor no lo podía haber hecho, lo siento.

Pero he cambiado, he cambiado, Adela.

Despedí a Julia, te mandé el móvil. ¿Qué más quieres? Dímelo.

Lo que quieres que haga, lo haré. Dame otra oportunidad.

No, Elías, no.

No hay más oportunidades.

¿Y sabes por qué?

Porque, a pesar de todo, me sigues mintiendo.

¿Te suena Jesús Carro?

-¿Que si me suena?

Ha sido finalista de World Photo un montón de veces.

-Te he conseguido una plaza en su escuela.

-¿Qué dices?

-¿Has visto el saldo?

-Sí, no lo quiero ver, me dan ganas de llorar.

-Pero de alegría, ¿no? -¿Por qué?

-¿Tú has visto esto? Mira. -¿El qué? ¿Qué es...?

¿Qué es esto? Debe de ser una broma.

¿Trescientos veinte mil euros? -Déjame ver.

Me da mucha pena tantos años juntos y...

Sí. Me siento como si hubiera vivido con un desconocido.

(SUSPIRA) ¿Qué vas a hacer?

¿Le vas a pedir el divorcio?

Supongo que es lo que debería, ¿no?

Es... es lo lógico en estos casos.

Que vienes aquí sin haber dormido.

Con esa cara.

No me gusta verte así.

¿Me explicas qué pasó con Giuliana?

-No me cogía el teléfono y fui a verla a su despacho.

-¿A quién se le pasa por la cabeza decirle eso de que echaste a Julia?

¿Has sido tú?

¿Te apetece que luego nos tomemos unas cañas o...?

-¡Claro! Guay.

-Sí, es que...

Bueno, tengo... tengo una cosa importante que decirte.

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Mercado Central - Capítulo 54

09 dic 2019

El plan de Javier ha tenido éxito, pero Elías no piensa quedarse con los brazos cruzados.
Elías da un paso más en su intento de hacerse perdonar por Adela, pero un descubrimiento sobre su marido hace que Adela tome una decisión drástica.
Jesús está desatado en sus planes de venganza contra Valeria. La Pacheca desaparece sin dejar rastro.
Jorge decide apostar por su relación con Lorena, pero una discusión con Celia acaba de forma inesperada.
Cristina empieza a darse cuenta de cuáles son realmente sus sentimientos y decide mover ficha.
Doménico sufre un golpe bajo en el amor y lo paga con Cristina.

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