Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 52 - ver ahora
Transcripción completa

Yo te quiero.

Y no quiero perderte.

Pues haberlo pensado antes de humillarme,

de traicionarme y de avergonzarme.

Porque lo sabe hasta tu hijo.

¿Quién más lo sabe? No lo sabe nadie más.

Sí, lo saben ellas.

¿Alguien más que yo conozca, eh? Aparte de la arquitecta, claro.

Tengo la sensación

de que lo hago todo mal. No, no, no.

Para nada. Lo siento. Solo quiero que David sea feliz.

Ajá.

Y, por favor, en cuanto al tema de la educación,

me gustaría que te mantuvieras al margen.

Claro.

¿Y tú sabes quién esa Rita?

No. Pero no creo que sea de por aquí.

Pues eso espero.

Porque lo único que me faltaba

era tener que encontrarme con sus amiguitas.

¿Estás molesto por lo que te dije ayer?

No era mi intención ofenderte.

No tengo ningún problema en que tu chica trabaje aquí.

Solo espero que, si te pido algo, tengas claras tus prioridades.

-Tranquilo, que las tengo clarísimas. Si no, no llevaría aquí tanto tiempo.

-Yo solo necesitaba a una amiga que me escuchara.

Y pensé que te ibas a alegrar

al saber que intentaba salvar mi matrimonio.

Las amigas no solo están para reír las gracias.

También están para decir lo que piensan a la cara, aunque duela.

Adela, pareces otra persona, de verdad.

Quizás será que no me conoces como crees.

Pues cuéntame qué es lo que te pasa.

No importa. Olvídalo.

-La decisión es tuya.

Y, hagas lo que hagas, yo te voy a apoyar.

¿Mmm?

Eso sí,

si todo esto al final no es más que... que un pronto de Paolo,

si Doménico vuelve y no te va a necesitar

o si decide que no lo va a hacer para no tener un mal rollo con Elías,

espero que no te me hundas.

Mira, se me ocurre algo:

¿por qué no llamamos a tu madre para tranquilizarla

y luego tú y yo nos vamos a comer por ahí?

Yo invito.

Mientras sea un buen sitio.

Vale.

-Tú pagas por compañía.

-Esa fue la única vez que he hecho algo así.

Y no me siento orgulloso.

-Bueno, pues yo tampoco.

Pero eso ya pasó.

Espero que no lo cuentes. -Tranquilo.

Soy el primer interesado en que esto no se sepa.

-Pues espero que se te dé mejor guardar secretos que pagar.

-No tengo por qué rendirle cuentas a la mujer de nadie.

Claro, a ti te da igual,

porque como eres una fresca y una fulana...

Pero qué poquita clase tienes.

Cómo se nota que trabajas en una frutería.

Normal que Elías se busque otras.

¡Será...! No, déjalo.

¡Adela! ¡Adela!

(Timbre)

¡Tu mujer está loca!

Pero loca de verdad.

Deberías pensar seriamente en llevarla a un psiquiatra.

¿Tú has hablado con Adela? ¿Hablar?

Pero si casi sin mediar palabra

me ha tirado un cubo de una guarrada que no sé qué es.

¿Qué ha hecho qué? ¡Delante de todo el mundo!

Está como una cabra.

¿Tú por qué no me has avisado de que sabe lo nuestro?

No sabía que pensabas pasarte por el Mercado.

No pensaba hacerlo,

pero me citó el gerente en su despacho.

¿Javier? ¿Para qué? Yo qué sé.

Pero no querrás que me presente

regada con esto que me ha tirado tu mujer.

Julia, no puedes ir por el Mercado sin avisarme.

No te preocupes, guapo, que no pienso volver a hacerlo.

Eso es lo que venía a decirte, que te busques otro arquitecto

que te haga ese chanchullo. Oye, no, no me puedes hacer esto.

Claro que sí, porque no pienso volver a pisar el Central.

Chao, querido.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Papá, ¿te has vuelto a liar con la arquitecta?

¿En el despacho? ¡No digas tonterías!

Iba colocándose la blusa.

Ya, porque, al parecer,

tu madre le ha tirado un cubo de agua sucia.

Eso me ha dicho. ¿Mamá?

Sí.

¡Qué pena haberme perdido eso!

¿Tú lo has visto? No.

Pero, vamos, que maldita la gracia.

No quiere hacer el presupuesto de la reforma.

Buah. Vale, vale.

¿Y qué hacemos?

Pues no lo sé.

¿Por qué no se estará quieta tu madre?

Hombre, papá, porque los cuernos duelen mucho.

¿Tú de qué lado estás?

Pues, mira, en lo del Mercado, del tuyo.

Pero, en lo vuestro, con mamá.

Ahora tenemos dos problemas.

Uno, apaciguar a tu madre

y, dos, buscar un arquitecto que quiera engordar el presupuesto.

Pues con lo de mamá no te puedo ayudar mucho.

Con lo otro, puede que sí.

¿Cómo? Que conozco a varios arquitectos.

¿Tú?

Sí, yo. Amigos de amigos.

Puedo preguntar a ver si alguno nos quiere ayudar, tantearlo.

Pues hazlo.

Y ya, Javier se mueve muy rápido y no podemos dejar que se adelante.

¿Mmm?

Pues, tranquilo, que ya me ocupo yo.

(NOA) ¡Hola!

-(TRISTE) Hola...

-Mamá, ¿estás bien?

-Sí. ¿Qué tal tu curso?

-Muy bien, pero tú no tienes buena cara.

¿Te encuentras bien?

-Sí. Le estaba dando vueltas a unas cosas que tengo en la cabeza.

-¿En volver al bar? -(SUSPIRA) No, al bar, no.

Paolo me ha propuesto trabajar en la pizzería.

-¡Pero eso es genial! ¿No?

-¿Sí? -Con lo que a ti te gusta el Mercado.

Y, bueno, ya que has decidido no volver más al bar, pues...

Pero ¿por qué estás así?

-Es que no sé.

Por varias cosas.

Voy a pasar mucho tiempo fuera de casa.

Tampoco sé si a tu tío Elías le va a gustar la idea.

Y también porque... -Papá ya te ha puesto mil pegas, ¿no?

-No, no, no. Al contrario.

Él me ha dado libertad.

-Mamá, pero ¿tú te estás escuchando?

"Me ha dado libertad".

Él no te tiene que dar nada, tú ya eres libre.

-Bueno, no te pongas quisquillosa.

Que es una manera de hablar, ya está.

-Bueno, ¿por qué te lo estás pensando tanto?

La pizzería no es competencia con el bar.

O sea, que al tío Elías no le va a molestar.

Vamos, al revés, se alegrará de verte feliz, digo yo.

-Ya.

-Oye. -¿Qué?

-¿Rechazas algo que te interesa sin haberlo probado antes? ¿Mmm?

-Debería intentarlo, ¿no?

-¡Pues claro, mamá!

Lo que no puedes hacer es quedarte todo el día en casa.

Tienes que salir y hacer cosas que te gusten.

Además, estoy segura de que lo vas a hacer genial.

Bueno y, alguna pizza gratis caerá, ¿no?

-Oye, que tienes mucho morro, ¿no?

¿Sabes qué te digo?

Voy a llamar a Paolo y le voy a decir que cuente conmigo.

-Pues me parece estupendo.

-Gracias, amor.

Gracias.

¡David, hijo, cariño!

Bueno, ¿qué tal? ¿Dónde habéis comido?

Me ha llevado a un vietnamita.

Vaya por Dios. Creo que nunca he estado en uno.

Hacen comida muy rara pero muy rica.

Comimos alitas de pollo rellenas de cerdo.

Se llaman "cahn ga".

¿Y cómo rellenan una alita? Es una cosa muy pequeña.

Bueno, todo se puede deshuesar.

Con un poquito de maña y un cuchillo bien afilado.

¿Habéis hecho la compra?

Sí, para hacer la cena, si me dejas cocinar.

Claro que sí, cariño.

Escúchame, David, yo quería pedirte perdón

por lo que te he dicho y por cómo te lo he dicho.

Toma. Qué bien.

Miraré unos datos que había olvidado. Claro.

¿Perdona?

En el almacén te he aclarado todas las dudas.

O sea, que confías más en mi libro que en mí. ¿Es eso?

Me fío de ti,

pero en el libro eres más claro y puedo ver las fotos.

Y son las recetas de tu abuela.

Ya.

¡Cristina!

¡Ya estoy aquí!

¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

-Sí. Perfectamente.

-¿Cómo perfectamente?

¿Y... y todos esos mensajes? -¿Qué mensajes?

-Los que me has enviado al móvil.

-Ah. Es que han traído los sacos de abono

y quería que me ayudaras, pesaban mucho.

-¿Tan urgente era? -¿He dicho yo que fuera urgente?

-Nueve mensajes en menos de un minuto.

Y el tono: "Paolo, ¿dónde estás?".

"Paolo, ayuda".

"Paolo, SOS".

-Bueno, porque es que el repartidor los ha dejado aquí en medio

y estorbaban el paso y ya se los han llevado al almacén.

-¿Entonces ya no me necesitas?

-No, pero gracias de todas formas.

-Chao.

-¡Paolo! -¿Qué?

-Que, ya que estás aquí, me podías hacer un favor.

-¿Qué necesitas?

-No encuentro un pendiente.

-¿Dónde está? -Pues por aquí.

A ver si tú tienes más suerte, ¿mmm?

Hay que pagarle a Jorge lo que hemos comprado.

Sí, claro. ¿Cuánto te debo? No, no, no hace falta.

Es casi todo de mi tienda. Que no, que te lo pago.

¿Cuánto es? Nada.

¿Te quedas a cenar?

Así pruebas mi cocina.

Ah, pues, mira, es verdad. Tiene razón. Qué menos, ¿no?

Vale. Por mí, perfecto.

Sí. ¿Sí? Seremos cuatro.

Acuérdate de Adela, ¿eh?

¿Aún no has hablado con ella? No me gusta que viva aquí.

Ya lo sé, mi vida.

En cuanto pueda, hablo con ella, ¿vale?

Si vas a cenar, ¿por qué no me ayudas a cocinar?

No, no, no, David, ya está.

No te aproveches tanto de su buena voluntad.

Ha pagado la comida, ¿quieres que te cocine?

Y tiene mucho que hacer en el puesto.

Mira, se me ocurre algo.

Eh... Yo te ayudo a prepararlo todo

y, mientras estoy en el Mercado, tú cocinas.

Perdona, un momento.

¿Tú estás seguro?

Sí. Sí, sí.

¿Tienes claro ya el menú?

Tenías dudas de cómo hacer la alcachofa, ¿no?

Pensaba confitarlas y servirlas con pesto.

Pero, en lugar de piñones, usar nueces.

Mmm... Esa es buena.

Y, de segundo, brochetas de rape. Ajá.

Yo creo que me voy a ir, que aquí sobro.

Pues sí.

Gracias, cariño.

Mira, creo que, para la brocheta, tenía por aquí una receta,

que podemos cambiar al condimentarla.

A ver si doy con ella.

Mmm...

(PAOLO) ¿Estás segura de que estaba por aquí?

-Sí, sí. -Yo no encuentro nada.

-¿No lo ves? -¿Qué forma tenía el pendiente?

-Un aro dorado.

-No, bueno... La única cosa que encuentro es esta.

¿Qué es esto?

-¡Anda! ¿Y eso? ¡Un regalo!

-Ah, no, "amore mio".

Estaba ahí caído. Se le habrá caído a un cliente.

-Que no, que digo que es un regalo.

-Lo siento, yo no te he hecho ningún regalo.

-Que no, Paolo, que te lo hago yo a ti.

-¿A mí? -Sí.

-¿Y por qué?

-Porque hace dos semanas fue el aniversario

de la primera vez que estuvimos juntos.

-¡Es verdad!

-Nuestra primera noche juntos.

-Y la primera vez que nos dijimos "te quiero".

-¡Ábrelo!

-¿Y eso?

-Es la llave de un hotel.

Bueno, el hotel donde pasamos nuestra primera noche juntos.

-¿El de la calle Arenal?

-Sí. Lo he reservado para esta noche.

-"Amore mio".

No sabes la ilusión que me hace este regalo.

Es que yo he pasado las últimas dos semanas

agobiadísimo, pensaba de perderte,

que yo lo hacía mal, que no estaba a la altura.

(RESOPLA) Pero, como siempre,

ahora sé que me equivocaba.

-He pensado que podíamos ir a un restaurante del centro.

-Ah. Eso déjamelo a mí, ¿mmm?

"Grazie, amore mio".

Lorena, ¿me pones un cortado, por favor?

Sí, ahora mismo.

Vale. Me lo llevo al puesto, te traigo la taza luego, ¿vale?

Celia. ¿Sí?

Eh... Yo quería pedirte disculpas.

¿A mí? ¿Por qué?

Por haber prescindido de David en el bar.

Es que... me pilló un mal día y... lo pagué con él, pobre.

Yo tenía que haber sido más paciente.

Lo siento.

Ya. Reconozco que al principio me sentó un poco mal,

pero yo mejor que nadie conozco a mi hijo.

Sé lo difícil que es. Olvídate.

¿Y cómo se lo ha tomado?

Es que le ha dado muy fuerte con la cocina.

Se obsesiona mucho cuando algo le gusta y...

Esto le interesa demasiado, no sé qué voy a hacer.

Bueno, a lo mejor ha encontrado su vocación.

Parte de la culpa la tiene Jorge.

Ahora se estará arrepintiendo por meterle el veneno en el cuerpo.

¿Sí? Sí.

¿Por qué? Están en casa,

haciendo una comida especial para esta noche.

Ah, mira qué bien. Sí.

Si es que Jorge tiene una paciencia con él

que a veces a mí me falta con mi propio hijo.

No sé qué es, pero...

Pero, chica, le calma.

Ya. Sí, la verdad es que se llevan muy bien.

Sí, es algo más que eso.

¿Sabes? Antes, David ha tenido un gesto muy raro con él.

Ah, ¿sí? Sí.

¿Qué ha hecho?

Le ha puesto la mano en el hombro a Jorge.

Y a David el contacto físico le incomoda mucho.

Yo le tengo que pedir permiso para darle un abrazo o un beso.

Qué curioso. Sí, ha sido algo extraordinario.

Con Jorge le sale natural.

Pues deberías decírselo a Jorge, le hará muchísima ilusión saberlo.

Tienes mucha suerte de tenerle.

Sí, creo que sí.

Oye, ahora que lo pienso.

David ha invitado a Jorge a cenar y vosotros teníais planes o algo.

No, de verdad, de verdad que no.

No. ¿Segura?

No. ¿Por qué no te vienes?

Va a venir Adela y, conociendo a estos dos,

cocinarán para un montón.

Te lo agradezco muchísimo, Celia, pero no...

Hoy he quedado con una amiga para cenar.

Bueno, pues para la próxima.

Vale. ¿Sí?

A ver. No, de verdad, hoy invita la casa.

Pues gracias.

Ya te contaré con qué me sorprenden.

Vale. Hasta luego, Lorena, gracias.

Que lo paséis bien en la cena. Sí.

¿Qué hacen estas cajas aquí fuera? ¿Te echo una mano?

No. Viene Nicolás con una carretilla y se lo lleva todo al almacén.

¿Devuelves género?

Qué va, ojalá. Me lo ha devuelto un cliente.

¿Y eso? (RESOPLA)

Dice que no es la calidad a la que está acostumbrado.

Bueno, qué tontería.

Siempre habéis trabajado un género de primera.

Ya, pero, con los gastos, los recortes,

hemos cambiado de proveedores y...

Ya.

Bueno, igual en eso te puedo echar una mano.

¿Quién es?

El que me suministraba cuando yo tenía el restaurante.

Mueve una carne de primerísima calidad

y es buen amigo mío.

Me debe muchos favores, si lo llamas

y dices que vas de mi parte, te hará precio.

Muchísimas gracias, Jorge.

Y, si se lo pides, te puede fraccionar los pagos.

Ay, de verdad, no sé cómo agradecértelo.

Y más nosotros, ¿no?,

que hemos tenido tantas diferencias últimamente.

Bueno, eso es agua pasada.

Muchas gracias, de verdad. De nada.

Tanta amabilidad me parece sospechosa.

Tú estás un poco raro, ¿no? No, solo estoy contento.

Bueno, que me lío. Tengo una cena y necesito panceta.

Ah, claro. Un buen trozo.

Pero de la buena, ¿eh? No la que vas a devolver.

(RÍE) No, esta es una panceta ibérica

buenísima. Mmm.

El proveedor de carne de cerdo no lo hemos cambiado, ¿sabes?

Así, me vale con ese trozo. Venga.

Dime qué te debo. No, no, no, nada.

Déjame que tenga un detalle.

Por el proveedor, ¿vale? Por tu amigo.

Vale, pues nada, muchas gracias.

Mira, por ahí viene tu marido.

Chao. Chao. Gracias, Jorge.

(SAMU) Y estas las colocáis ahí, junto a la pared, ¿vale?

Daos un poquito de prisa,

en quince minutos tenemos la remesa de pescadería.

¿Han llegado cajas de aceite para mí?

Ahí las tienes. Llévatelas y me despejas ya esto.

¿Te importaría decirles que las dejen en el puesto?

Tengo prisa, tengo que preparar una cena.

Tira, anda. Tira, que yo me encargo.

Vale. Gracias.

Oye, ¿qué tal con Javier?

(RESOPLA) Pues no me hagas hablar, que es tu amigo.

¿No os lleváis bien?

Más bien no se lleva bien él conmigo.

Me pilló la matrícula desde que llegó.

Nah... Es un tío estricto, pero es una bellísima persona.

No, si eso no lo dudo, pero a mí me tiene enfilado.

No, le gusta hacer bien su trabajo y ya está,

pero no es personal.

Sí, será eso.

Créeme, no es nada personal.

Su objetivo es sacar adelante el Mercado cuanto antes.

Y que seamos rentables.

Si tiene que recortar en lo superfluo, lo hará.

Espera, ¿en lo superfluo?

No me ha dado más detalles.

Lo que tenga en la cabeza es por el bien del Mercado.

Confía en él y confía en mí, que lo conozco.

Te debo una por las cajas. Venga, anda.

Chao. Chao.

No había ni una libre.

He tenido que esperar a que descargaran los de la pescadería.

-Jorge me ha dado un contacto que sirve buena carne a buen precio.

Y que nos puede aplazar los pagos. -Ah, qué bien, ¿no?

Yo me encargo, dame la tarjeta.

(Teléfono)

-¿Sí?

No, no, no está.

¿De parte de quién?

Ah, pues, bueno, yo soy su hija, si quiere dejar el recado...

-¿Quién es?

-Bue... Vale, muchas gracias. Sí, yo se lo digo.

Gracias, gracias.

-¿Quién era, Carmen?

-Eh... La inmobiliaria de Comillas.

Que han recibido una oferta sobre la casa.

-¿Una buena oferta?

-Un pastizal, Nico.

-Pero bueno, Carmen, ¡eso es muy buena noticia!

-No, no lo es. -¿Cómo que no?

-No quiero que mi madre venda la casa.

No me voy a enfrentar con ella otra vez.

-Vamos a ver, esto hay que pensarlo. -No, no, no, no.

Lo único que me importa es que me perdone.

Como saque el tema, no me perdona jamás.

¿Tienes un minuto?

-Sí, claro. Siéntate.

¿Quieres un café o algo?

-No, nada. Quería hablar contigo.

-Dime.

-Antes que nada,

no he venido a hablar de nosotras y no he cambiado de opinión.

-¿Y de qué quieres hablar?

-De lo que está pasando en nuestra familia.

-¿Te refieres a Elías y Adela?

-Y también a la ruptura entre... entre papá y Valeria.

-Sí, ya, como está el patio, ¿no?

Pero son cosas de pareja.

Que lo arreglen entre ellos, poco podemos hacer nosotras, ¿no?

-Yo creo que podemos intentar, salvando nuestras diferencias,

ayudar a que reine un poco la paz en esta familia.

-Si por mí fuera, Rosa, entre tú y yo no habría ninguna diferencia.

-No he venido a hacer las paces, ya te lo he dicho.

-¿Entonces?

-Quería proponerte que firmáramos una tregua.

Así los demás no verían en nosotras un problema.

Quiero decir, papá y Elías se tendrían que centrar

en sus propios problemas y resolverlos.

Es lo único que se me ocurre. -De acuerdo.

-Sobre todo, papá.

Porque no es fácil enamorarse a su edad.

Y me siento un poco culpable,

creo que he contribuido a la ruptura de esa pareja.

-¿Por qué?

-Porque me opuse a él

y a todo este tema de la casa de Comillas

porque tú te habías posicionado de su parte.

Y solo quería atacarte a ti.

(SUSPIRA) Y no puede volver a pasar por el bien de la familia.

-Pues, si por esa misma razón has dejado el bar,

yo no tengo ningún problema

en aceptar la propuesta de papá y trabajar por turnos.

No tendremos que vernos y tendrás el camino libre.

-No, lo del bar se queda como está.

Y, por cierto, te agradecería mucho que no le sigas el juego a mi hija

con esas estrategias que os montáis para que vuelva aquí,

se os ve el plumero.

-Okey, no volverá a pasar.

Es que me duele mucho verte encerrada entre cuatro paredes todo el día.

-Uno, no estoy encerrada y, dos, tengo mis propios planes.

-Dime que no vas a trabajar con Nacho.

-Lorena, por favor, ¿eh?

(SUSPIRA) Tengo una propuesta de trabajo.

-Es maravilloso. -Pero no te metas en mi vida.

¿De acuerdo?

Vamos a hacer todo lo posible

para ayudar a esta familia a salir del bache.

Pues ya está todo dicho.

Hasta luego.

Adiós, Carmen. -Hasta luego.

Lorena, anda, ponme un café para llevar.

-Sí, café.

Ya verás como te deja la piel muy hidratada y muy suave.

Y como tiene ese olor tan agradable...

Te la pones cada noche antes de dormir.

Buenas tardes. Y verás.

En una semana, notas la diferencia.

Gracias, ¿eh?

¿Tú qué haces aquí?

Hazme el favor y lárgate por donde has venido.

Trabajamos en el mismo sitio, es imposible no vernos.

Bueno, pues de lejos y sin cruzar palabra.

En este puesto, no se te ha perdido nada, aire.

He venido a ver cómo estabas, sé lo que ha pasado antes.

¿Qué ha pasado antes?

Lo sabes perfectamente. Tu altercado con la arquitecta.

Huy, no he tenido ningún altercado con ninguna arquitecta.

He refrescado a tu amante, que venía muy acalorada.

¿Vienes a defenderla? No es mi amante.

¿No?

Haz el favor de tener la decencia de no quedar aquí con ella.

Y de tirártela en un hotel, que, si no, queda muy cutre.

Pues, mira, para que lo sepas, ha sido Javier quien la ha llamado.

Para que lo sepas, me da igual. A ver si te enteras.

Y no vas a volver a verla por el Mercado

porque yo he roto el contrato que tenía con ella

para el presupuesto de la reforma, que lo sepas.

Ah, ¿sí? ¿Y qué quieres, una medalla?

No. Simplemente quiero que te quede claro

que no tengo la más mínima intención de volver a verla.

Que cometí un error,

que te pido perdón otra vez y que no va a volver a ocurrir.

Anda y que te den, que tú te crees que yo soy tonta.

Te hace mucha gracia, pero yo he cambiado.

Tú no cambiarás nunca, Elías, por favor.

Entiendo perfectamente que estés enfadada conmigo,

tienes motivos.

Pero no puedes pretender que yo me rinda.

Me voy a convertir en el marido que te mereces.

Y te lo voy a demostrar, y no con palabras, con hechos.

Ahórrate el esfuerzo, hombre.

Y márchate, que me estás entreteniendo.

¿Todo bien, Adela?

Mira, Carmen, no estoy de humor para alimentar cotilleos.

Perdona, pero no era con mala intención.

Pero, ya me voy, no pretendía molestar.

Espera, espera, espera.

Perdona, es que estoy a la que salto.

Tranquila, lo entiendo. No estáis bien entre vosotros, ¿no?

Supongo que ya lo sabe todo el mundo, ¿no?

Ya sabes cómo es esto.

Te quería decir que,

si necesitas cualquier cosa, aquí estoy.

Gracias, Carmen, pero nadie puede hacer nada.

Y tú, ¿cómo estás? Porque, perdona que te lo diga,

pero también tienes una cara que es un poema, ¿eh?

Ya. No estoy en mi mejor momento.

Por lo de tu madre y lo de Jesús, ¿no?

Pues sí, a estas alturas también sabrás que he sido una bocazas.

Lo que pasa entre ellos es por mi culpa.

Bueno, tampoco te flageles, Carmen.

Y te digo lo mismo que me has dicho tú:

si hay algo en mi mano que yo pueda hacer, me lo dices.

Muchas gracias, Adela.

Nunca hemos sido especialmente amigas,

pero a mí no me gusta vértelo pasar tan mal.

Entre mujeres hay que apoyarse.

Pues te digo lo mismo y pienso lo mismo.

Muchas gracias. (SUSPIRA)

Hablando de que, esto, las noticias vuelan,

la próxima vez que le tires agua sucia

a la mamarracha de la arquitecta, avísame, ¿eh?

Que no me lo quiero perder por nada del mundo. (RÍE)

Pues quedas apuntada.

Papa, tenemos un problema.

-Ya lo sé, hijo.

¿Te ha contado tu madre lo de la oferta por la casa?

-No, me refiero a esto. Estaba en la mesa de Javier.

-Tengo las manos manchadas. ¿Qué son?

-Un informe de una nueva subcontrata.

-¿Por qué has cogido eso?

-¿Qué más da? ¿Sabes qué he dicho? Que quiere cambiar la subcontrata.

-¿Para la limpieza? -No, eso ya sería grave.

Pero quiere incluir el mantenimiento general.

-Bueno. -¿Sabes qué significa?

-No es más que un informe. No saques conclusiones.

-Según el cual, con esta empresa, el Central se ahorra una pasta.

-Javier no puede tomar una decisión sin consultar a los comerciantes.

-Jorge me dijo: "Javier quiere recortar en lo superfluo".

Blanco y en botella.

-Bueno, él no puede hacer nada sin la correspondiente autorización.

-¿No entiendes? Nos podemos quedar en la calle.

Y Carla también. ¿Qué hacemos? Nos quedamos de brazos cruzados, ¿no?

-¿Tú piensas que eso es lo que está planeando?

-Yo qué sé. Este tío es un flipado.

Le llevé los informes que me pidió y tuvimos un roce.

-Buah. Pues lo que nos faltaba, quedarnos en la calle.

Toma. -¿Qué es esto?

-Lo que me has reclamado. Ya estamos en paz.

-Yo no te he reclamado nada. No lo quiero.

-¿No te hice perder un cliente? Pues ahí tienes el dinero.

-¿Por qué dices esto en voz alta? ¿Y por qué me das esto aquí?

-Cuanto antes arreglemos esto, mejor.

-Mira, solo pretendes humillarme, pero no... no lo vas a conseguir.

-Estoy saldando la deuda. ¿Dónde ves la humillación?

-En la forma en que me hablas,

en tu comportamiento, como perdonándome la vida.

No necesito tu dinero. Guárdatelo.

-Contigo no hay quién se aclare.

-O, mira, mejor, mejor. ¿Sabes qué? Úsalo, úsalo.

Págate a otro para que te dé un masajito.

-Esa ha sido la única vez. -Ya, sí, lo que tú digas.

-Además, en cualquier caso,

no creo que seas el más adecuado para juzgarme,

teniendo en cuenta... -¿Teniendo en cuenta qué?

¿Qué? Venga, dímelo a la cara.

-No estoy aquí para discutir ni caer en tus provocaciones.

Si no quieres el dinero, allá tú. Estamos en paz.

-Javier, Javier, un momentito, tenemos que hablar contigo.

-Claro. ¿Vamos a mi despacho? (SAMUEL) No.

No, queremos saber qué tenemos que hacer para que no nos eches.

-¿Y por qué iba a echaros? -¿No es lo que piensas hacer?

-¿De dónde habéis sacado esa idea? -Mira.

Has pedido un presupuesto a una subcontrata

para la limpieza y el mantenimiento del Mercado.

-Yo no he pedido ningún presupuesto.

Imagino que os referís a un informe

que hay en una carpeta en la mesa de mi despacho, ¿verdad?

-No. No, no, no, no.

O sea, sí.

Pero no te he hurgado en ningún sitio.

Cuando fui a ver unos informes,

abrí la carpeta y estaba ahí, estaba ahí y no pude evitar leerlo.

-Me lo mandó esa empresa sin que yo se lo solicitara.

Lo leí, sí,

pero descarté la propuesta inmediatamente.

-¿No habrá despidos?

-¿Qué clase de persona creéis que soy?

He venido aquí a salvar el Mercado, no a arruinar a sus trabajadores.

-Comprenderás que nos hayamos preocupado al ver ese informe.

-A ver, el Mercado Central es como una gran familia.

Me lo explicó Jorge y no puedo estar más de acuerdo.

Ese es su gran valor.

Mi plan no consiste en aplicar un ERE salvaje.

-Pero tienes un plan. -Sí, tengo un plan.

Cuando tenga todo bien atado, os lo explicaré.

Puedo deciros que no incluye despedir a nadie de la actual plantilla.

¿Contentos?

-Gracias.

-Samu, ¿tú sabes en qué puede consistir ese plan?

-No tengo ni idea.

Y no sé lo que van a preparar,

pero creo que han comprado alcachofas y rape.

Bueno, me apetece llevar un aperitivo, un vinito... Algo.

Se te ve muy ilusionada con la cena.

Sí, bueno, es por David,

porque está encantado con el plan, así que...

Claro, me imagino.

Oye, por cierto, contamos contigo, ya lo sabes.

¿Conmigo esta noche? Sí.

No, no tengo cuerpo.

¿Por qué?

Elías me ha hecho una visita.

Y me ha puesto negra.

(JESÚS) Hola, Lorena. Ponme una cerveza, anda.

¿Qué es esto?

-Es uno de los nuevos montaditos de la carta.

Salmón con yogur

y miel trufada.

-No fastidies, Lorena.

-A la gente le encanta.

Pruébalo. -Ponme algo caliente.

¡Por el amor de Dios! -Es salmón noruego de primera.

Y el yogur y la miel son artesanos.

-Qué manera de complicarte la vida y de complicársela a los clientes.

¿No tienes un poco de chistorra?

¿Un pincho de tortilla de patata?

No me hagas tomarme un yogur como si fuera un niño.

O... -¡Te traigo la chistorra!

¡Te la traigo!

(NICOLÁS) Hola, Jesús. ¿Te importa que me siente?

-Pues sí, me importa. Tienes todo el bar para ti solo.

-Solo será un rato, hombre.

-Mira, estoy harto de los Pacheco.

-Oye, que yo no soy un Pacheco, ¿eh?

Estoy casado con una, no es lo mismo. -Te compadezco.

Te has metido en una familia de sanguijuelas.

-No, si comprendo que estés disgustado.

-¡Qué vas a comprender tú!

-Mira, Jesús, Carmen lo hizo porque estaba desesperada.

Y te lo contó porque era su única manera de salvar el puesto.

-Y aun así me dijo la verdad.

-No, quizás en un momento lo fuera,

cuando empezasteis a salir juntos Valeria y tú.

Pero después ella se enamoró de ti, ¿eh?

-Mira, si vienes de parte de esa bruja

para decirme cuánto me quiere,

ya te puedes ir por donde has venido.

-Tu chistorra.

-Ya se me ha quitado el hambre. -Espera, por favor.

-Mira.

Si quieres volver a hablarme, que sea sobre asuntos del Mercado.

Este tema no lo vuelvas a sacar nunca, ¿estamos?

(PAOLO) "Carissime".

¿Tenéis velas aromáticas?

De esas bonitas,

perfumadas, para crear una atmósfera romántica.

Sí. Claro que sí. ¿Cuántas quieres?

Todas las que tengáis.

Quiero llenar la pizzería con ellas.

¿Vas a hacer una promoción de enamorados o algo así?

Sí. ¿Sí?

Pero solo para dos. Cristina y yo.

Ah.

¿Una cena romántica para dos en tu pizzería?

Sí. Esta noche cerraré el local para que quede solo para nosotros.

Pero no le digáis nada a Cristina. Es un secreto.

Tenemos estas, a ver cuál te gusta más.

Esas. ¿Esa?

Sí. Me llevo una caja.

Sí, claro. ¿Dónde...?

Está aquí. Ah. Sí, sí.

¿Me la puedes apuntar en la cuenta?

Sí, claro. Claro. ¿La coges? Eso es.

Bueno, Romeo, que le prepares tu cena a Julieta.

¡"Grazie"!

Pobre infeliz, si supiera...

Bueno, Cristina quería arreglar el matrimonio, ¿no?

Bueno, hasta que se le ponga Doménico otra vez a tiro.

Con Cristina también la he tenido, ¿eh?

Antes ha venido a por un regalito "para Paolo"

y me ha puesto negra.

Yo, no sé si es que hay una fiebre de infidelidad o de engaños, no sé.

Habrá que concederle el beneficio de la duda.

Habría que abrirle los ojos Paolo y que viera con quién está casado.

Oye, no se lo irás a contar, ¿verdad?

Mira, Cristina es tu amiga.

¿Adela? ¡Que no!

Bueno.

Tranquilo, no le hagas ni caso. -(RESOPLA)

-Está hecho polvo desde que lo ha dejado.

-Madre mía, pues tengo miedo

de haber empeorado las cosas en vez de arreglarlas.

-Lo está pasando fatal y quiere volver con ella,

pero es tan orgulloso...

-Valeria está muy enfadada.

Es acercarme a ella y salgo escaldado.

Como ahora con tu padre.

-Ya. He intentado hablar con ella y arreglar las cosas.

Pero la cosa es complicada. -Madre mía.

Pues vaya panorama, ¿eh?

No se me ocurre ya más nada para solucionar esta papeleta.

-Está claro que no hemos conseguido ningún resultado

porque intentamos convencerles por separado.

-No comprendo.

-Sí. Pues que esto requiere una estrategia de terapia de choque.

De poner toda la carne en el asador,

de jugar fuerte.

-Perdona, Lorena, pero sigo sin comprender.

-Tenemos que juntar a tu suegra y a mi padre

delante de nosotros, de los De la Cruz y de los Pacheco.

Que se miren a los ojos.

Que se digan lo que sienten.

Delante de nosotros. -¿Y cómo conseguimos eso?

-Pues podemos inventarnos una reunión sorpresa en el bar.

Ocúpate de tu familia, yo me ocupo de la mía.

-Pero ¿tú crees que eso es buena idea?

¿Juntar a los De la Cruz y a los Pacheco?

Por menos han empezado guerras mundiales.

Después de ver cómo se pone tu padre nada más sacar el tema,

va a ser peor el remedio que la enfermedad.

-Pero ¿a ti te parece que podemos estar peor?

-(SUSPIRA) Bueno, está bien.

Pero, como tu padre se huela la tostada,

ese no aparece por aquí.

-Habla con Valeria, yo hablo con mi padre.

-Vale.

No, no te la lleves, me ha picado el gusanillo.

-¿No prefieres el salmón?

-Soy más de chistorra.

Gracias.

A ver, solo quedan velas de jazmín y de frutos del bosque.

Hay que encargar más.

¿Qué haces? Se va a enterar...

No estarás escribiendo a Paolo, ¿no?

No, mujer, a Paolo no. Ah.

A Alejo Sanchís.

Para el pobre Paolo ya es tarde.

Este está a tiempo de no cometer el error de su vida.

¿Quién es?

El prometido de la fulana esa.

¿Le estás contando al novio de la arquitecta

lo que pasó con tu marido?

Sí. ¿De dónde sacaste el contacto?

Si está tirado, todo el mundo está en las redes sociales.

Adela, que tú no conoces a ese hombre.

No te puedes meter en la vida de otros. Te va a estallar.

Pero, Celia, ¿qué tontería es esa?

¿No te gustaría que te advirtieran

si supieras que te vas a casar con un sinvergüenza

que te pone los cuernos antes de la boda?

Adela, por favor, no lo hagas.

En serio, no lo hagas.

Demasiado tarde. Ya no tiene remedio.

Se arrepentirá de haberse metido en la bragueta de mi marido.

Trae.

Una cervecita... Te pongo patatas, ¿vale, Alberto?

-¡Hola!

-Hola.

-Oye, mi madre ya se ha enterado de todas nuestras maquinaciones.

-Ya, ya lo sé.

He hablado con ella. -¿Habéis hecho las paces?

-Bueno, no exactamente.

Hemos limado asperezas. Hemos firmado una tregua.

-Ay, Lore, qué feliz me haces, por favor.

Creí que el plan no había funcionado. -No, y no ha funcionado.

Me ha pedido que firmemos una tregua

para reducir un poquito los problemas de la familia.

Cómo está la cosa, ¿eh?

-Bueno, da igual por lo que haya sido.

Y, además, Paolo nos está ayudando sin saberlo.

-¿Paolo por qué?

-Mi madre le echó una mano un día en la pizzería

y a Paolo le gustó tanto que le ha ofrecido trabajo.

-¿Y tu madre ha dicho que sí?

-Pues eso parece.

Aunque nuestro plan no haya funcionado,

conseguiremos que salga de casa y vuelva al Mercado.

Lo malo es que es algo temporal, pero, bueno, mira, algo es algo.

-A lo mejor es suficiente

para que tu madre le vea su verdadera cara a tu padre.

-¿A qué te refieres?

-Tu padre no va a soportar que tu madre trabaje con Paolo.

-¿Y crees que se pondrá celoso?

-A ver, él no soporta que ella se acerque a ningún hombre.

Y Paolo es italiano.

-Lore, pero es que es imposible que pase nada entre mi madre y Paolo.

-Ya, ya lo sé. Pero él es guapo, es simpático.

Se llevan superbién.

Más que suficiente para que tu padre se suba por las paredes.

-Pues, mira, ojalá.

A ver si mi madre se da cuenta de cómo es.

-Oye, ¿te parece que celebremos esto con unas cañas?

-Es que hoy no puedo, Lore.

Voy a una exposición de una compi de clase.

Bueno, me voy ya, la exposición empieza a las ocho.

-Anda, tira, tira.

Yo creo que esto ya está.

Ajá.

Pruébalo tú también.

¿Qué te parece?

¿Qué te parece a ti?

Fuerte de ajo.

Sí, un poco.

¿Cómo podemos arreglarlo? Mira la consistencia.

Está cremoso, como dice el libro.

Pero admite un poco más de queso, así suavizamos el sabor del ajo.

Si queda muy denso,

añadimos un poco de agua de la cocción de la pasta y listo.

¿Y qué queso le pongo? Hemos puesto parmesano y pecorino.

¿Cuál pondrías tú?

Quizás pecorino, es más fresco que el parmesano.

Dentro de nada no vas a necesitar mi libro ni a mí.

¡Hola! ¡Hola!

Ay, qué bien huele. Parece que estamos en el campo.

El pesto de albahaca y nueces que ha hecho David.

Me encanta la albahaca. ¿Has hablado con Adela?

¿Eh?

Bueno, sí, más o menos.

Hoy no puede venir a cenar, ha quedado con su hijo.

Y... Ay, por cierto, he cogido unas cosas para la cena.

Vino y... "foie".

Ajá. Vale.

Igual el vino lo dejamos para otro momento,

el tinto no va con el menú que hemos hecho.

Y el "foie"...

Con el "foie" lo mejor es un vino dulce, como un Sauternes.

Veo que te has empollado la sección de maridaje de mi libro.

Desgraciadamente, no tenemos Sauternes.

¿Qué otra opción me das?

Un champán o un cava.

Tenemos alguno fresquito en la nevera, ¿no?

Ah, pues me encargo yo.

Así hago algo, que os veo muy compenetrados.

Los cocineros nos merecemos una buena copita.

Sí, aunque uno que yo conozco se conformará con agua del grifo.

Ya lo sé. Me da igual.

Yo la abro, no te preocupes.

Sí, encárgate tú y yo... ¡Ay!

Se me había olvidado, había traído unas velas.

¡Pero bueno! ¿Y todo esto?

-¿Qué haces aquí? ¡No, has llegado muy pronto!

¡Papá, mamá ya está aquí!

(PAOLO) ¡Enseguida vengo! -Pero ¿esto lo has organizado tú?

-¿Yo? Qué va, no, no. Yo solamente he puesto las velitas.

Ha sido trabajo de papá.

-Ay, cariño, muchas gracias.

Ay, lo siento, que últimamente he estado muy dispersa.

-Mamá, que no te preocupes, de verdad.

Pero a quien se lo tienes que agradecer es a papá,

que se ha pegado el trabajo.

-"Ciao, amore mio". -Pero ¿cómo estás tan guapo?

-Es que es una noche especial.

Y me he vestido para la ocasión.

Tú también está guapísima.

-Pensé que íbamos a cenar al centro y luego...

-Al hotel. Sí, iremos, pero, antes,

quería que cenáramos los dos solos.

Sin que nada ni nadie nos moleste. -Sí, sí.

Yo me voy ya, no hagáis cositas que no quiero ver.

Hasta luego. -Andrea.

Espera, "amore mio".

He preparado unos "bellini".

-Sabes que me encantan los "bellini".

-Yo espero que te encante todo lo que te he preparado.

(Música romántica)

-No has dejado nada a la improvisación.

-Esto es solo el inicio.

Increíble, nos lo hemos comido todo.

¿Qué había, para cinco personas?

Eso es buena señal. Significa que estaba todo muy bueno.

Muy bueno, ¡riquísimo! Creo que voy a estallar.

Pues el mérito es de David. Lo ha hecho prácticamente todo.

Enhorabuena, cariño.

¿Me vas a dejar que siga cocinando?

Sí, voy a dejar que sigas cocinando.

Jorge dice que tienes mucho talento, pero te hace feliz.

Y no me voy a oponer a algo que te hace feliz.

Mañana haré tortitas para desayunar.

Son fáciles y tengo todos los ingredientes.

Pues ya me dirás cómo te salen.

O podrías quedarte a dormir y las pruebas mañana.

No, no, no.

Cariño, no hay sitio.

Adela está en tu cuarto y el otro, lleno de trastos.

¿Quieres que duerma en el sofá?

¿Por qué no?

Bueno, no, no. Mira, me voy a ir a casa a dormir.

Y mañana yo me acerco y las pruebo.

Bueno, eso sería genial, ¿no, mamá? Sí, claro.

¿Si quieres?

Sí, sí, sí, quiero.

Bien.

Bueno, igual me tengo que ir, que se está haciendo tarde.

Os ayudo con esto. No, no. Esto lo hacemos David y yo.

Ya te hemos hecho trabajar bastante.

Oye, David, gran trabajo, ¿eh, chaval?

Uy, perdona.

Toma.

Gracias.

Venga.

Buenas noches. Sí.

Chao.

Bueno, habrá que acabársela, ¿no?

-No, no, yo no puedo más.

Estaba todo riquísimo.

-¿El vino no te ha gustado?

-No querrás emborracharme, ¿no? -No.

Todavía no.

Porque, si no, no podríamos bailar.

(Música romántica)

-Nuestra canción.

¿Te has acordado?

-"Vieni qui, principessa mia".

Yo me acuerdo de todo.

-¿Te acuerdas de la primera vez que bailamos?

-Claro que sí.

Como si fuera ayer.

-¿Cuánto tiempo hace ya?

-Yo siento exactamente lo mismo.

Lo mismo que escribí en mis votos. ¿Te acuerdas?

-Sí.

No irás a recitarlos ahora, ¿no? -(RÍE)

"Cristina, ya no puedo vivir sin verte despertarte a mi lado".

"Tú has echado de mi vida a la tristeza y a la soledad,

y la has llenado de amor y felicidad".

"Tú, mi luz, mi amiga,

mi compañera, mi vida".

¿Y tú?

¿Te acuerdas de los tuyos?

-Sí, si me ayudas...

-"Paolo".

-"Tú cambiaste mi vida".

"Contigo siempre".

"Siempre contigo".

Anoche, entre tú y yo pasaron cosas.

Bueno, anoche fue una cena muy agradable.

A mi hijo le encanta estar contigo.

Y fue bonito hacer una cena para más de dos personas.

Nada más.

Tú sabes que fue algo más, Celia.

Cuando nos miramos.

Cuando nos rozamos.

En este momento estoy tan feliz de haberme reencontrado con Giuliana

que no me importa nada más.

Y, sobre todo, un estúpido mensaje.

¿Okey?

A mi madre le importas más tú.

¿Cómo le va a importar más una amiga que su hijo?

Tu madre se desvive por ti.

No se desvive, si lo hiciera, te habría echado ya.

¿Y te ha echado? No.

Prefiere que esté incómodo, le importas más que yo.

No te preocupes y deshaz esa maleta, que yo voy a hacer la mía.

¡Lorena! Un segundo.

Eh... ¿Tienes un momentito?

Quería hablar contigo. No.

Voy al banco a por cambio.

Luego vuelvo al bar, Noa está sola, y después hay reunión.

Vale. Vale.

Hemos decidido no contar con sus servicios.

Pero yo ya he contactado con otros arquitectos

y tengo un nuevo presupuesto.

(CARMEN) ¿Y cómo sale?

Pues igual, Carmen, igual.

La obra es la obra. -Un momentito, por favor.

Yo también he contactado con otro arquitecto

y, afortunadamente,

su presupuesto es muchísimo más razonable.

-Esas ideas se las metí yo en la cabeza.

-¿Qué ideas?

¿Lo del profesor acosador? -A ver.

Más bien lo del profesor conquistador.

Que intentaba aprovecharse de ella y tal.

Pero, que sí, que fue cosa mía.

-Elegir a los buenos compañeros de trabajo

es el secreto de una vida feliz.

¡Ven aquí!

(RÍEN)

Ay... Ay, me he enganchado. -Ay, espera.

Sí, se me ha enganchado el reloj. -Sí.

¿Ya está? -Sí, ya está.

-¡Ay, Nacho! -¿Qué pasa?

-Ya está. -No es lo que piensas, ¿eh?

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Mercado Central - Capítulo 52

04 dic 2019

Elías trata de utilizar su ruptura con Julia para ablandar a Adela, pero ésta tiene otros planes.
Germán y Javier siguen con las espadas en alto.
Jorge y Celia, con David, tienen una velada como si fuesen realmente una familia.
Lorena piensa que ha perdido a Jorge.
Lorena y Rosa establecen una tregua. Noa está contenta porque Rosa va a trabajar en la pizzería lejos de la influencia de Nacho.
Nicolás se implica con Lorena en tratar de resolver la crisis de Jesús y Valeria.
Paolo y Cristina tienen una cena romántica en la que renuevan sus votos, pero en realidad, su relación está tocada de muerte.

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  1. Esperanza

    Es una serie muy entretenida,me gusta

    04 dic 2019