Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 51 - ver ahora
Transcripción completa

No me digas que sufres por nosotras, porque lo único que te mueve

es no quedarte solo con tu mierda de sueldo.

Buena suerte con la mierda de padres que te han tocado.

Lo siento por dejarte solo, pero no puedo hacer otra cosa.

Esa mujer juega con nosotros, ¿no lo ves?

¿"Ma che dici", Cristina?

Te invitó a Formentera porque ha visto lo nuestro.

No le importas, Doménico.

Yo sabía que papá te estaba engañando.

Lo sé. Lo siento, lo siento.

Enfádate si quieres, tienes todo el derecho del mundo.

Vete. Vete, Germán. ¿Qué? No, mamá, por favor.

Vete, por favor, vete. Mamá, lo he hecho muy mal, lo sé.

Me siento una mierda, pero... ¡Vete, por favor! ¡Fuera!

¡Vete! ¡Quítate de mi vista!

¡Quítate de mi vista!

Te he traído un regalo.

Un libro. Sí.

Un libro de cocina.

Y escrito por ti.

Con todos vosotros, ¡Rossa della Croce!

Un aplauso, por favor.

Rosa. -"Grazie".

"Grazie, grazie, caro Paolo".

Pero no te pases, por favor, que nos la jugamos.

"Ciao", ¿cómo estáis "tutti" el mundo?

"Io" soy "felichísima" de estar aquí.

A mí también me gusta Jorge. Como a ti.

Deberías decirle lo que me dijiste el otro día,

que estás un poco enamorada de él. No, cariño.

Eso no se puede decir. Eso es un secreto.

¿Por qué? Si tú también le gustas. No dijo tu nombre,

pero es obvio que la mujer oscura de la que me habló eras tú.

Pero no le hacías caso, por eso se fue con Lorena.

Vamos a ver, David, escúchame.

Esto es asunto mío

y yo decido qué hago y cómo lo hago, ¿lo entiendes?

¿Y si me pregunta? No dices nada.

Es un secreto, hijo.

Pues ya lo he contado.

Vamos a ver, ¿a quién se lo has contado?

A Adela. ¡Ay, Dios mío!

No te he visto el pelo en todo el día.

Estamos cerrando y no tengo el informe que te pedí.

He estado liado toda la tarde. -Ya te he visto.

Liadísimo con la chica de la limpieza.

Es mi novia.

Como si es tu prima de Pernambuco.

No te puedes despistar en el trabajo.

Tú no estás hecha para pasarte el día metida en casa

planchando y ordenando armarios. Y lo sabes.

¿Tu tía Lorena está al tanto del plan?

Ha sido idea suya.

Ya.

A Lorena le gustaría mucho que volvieras.

A todos nos gustaría.

Bueno, a todos menos a papá, claro.

¿Todavía estás en pijama? ¿No te has duchado?

Adela está en el baño y no sale.

¿Y llevas mucho esperando? Sí.

Da igual. Estoy leyendo el libro de Jorge.

Bueno, más que leer, es un libro para practicar. Son recetas ¿no?

Ya las haré. Pero primero me las quiero aprender.

Quiero saberme todos los porcentajes.

Muy bien, ¿y cómo lo llevas? Bien, algunas ya las conocía,

como la crema de calabacín. Pero a mí me la explicó diferente.

Le preguntaré por qué la cambió. Pues sí, venga.

Se lo preguntas cuando lleguemos al mercado.

Venga, anda, cariño, vamos a desayunar que llegas tarde.

Hay 40 recetas de primeros, 35 de segundos y 12 de postres.

Ese libro es un regalo. ¿no?

Te lo puedes leer tranquilamente, tienes todo el tiempo del mundo.

Además, leer con prisas es igual que comer con prisas,

no lo disfrutas igual.

Bueno, ya me lo he leído dos veces.

¿Qué libro, este? ¿Cuándo?

Entre anoche y esta mañana. Me vine al salón para no despertarte.

¿O sea que no has dormido nada?

Sí, pero menos que otras veces. Unas 4 horas y 23 minutos.

Vale, David, no puedes hacer eso, mi vida,

luego estarás todo el día cansado y te duermes en clase.

¿Me quieres mirar cuando te hablo?

Puedo leer y escucharte a la vez.

Muy bien. Se acabó.

Eso es mío. Dámelo. Sé que es tuyo y te lo devolveré.

¿Cuándo? Eso no lo tengo tan claro.

David, este libro te ha quitado horas de sueño

y ahora no pienso permitir que te quite horas de estudio.

¿Primero el bar y ahora esto?

Pues lo siento mucho, pero lo primero es lo primero.

¿Por qué es lo primero? Me interesa más que los estudios.

Lo sé, mi vida, pero en la vida hay prioridades.

Tu prioridad son los estudios,

luego ya con tu tiempo haces lo que te dé la gana.

¿No piensas desayunar?

No tengo hambre. Vale, pues venga.

Vete a la ducha que seguro que Adela ha terminado.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra # en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Buenos días.

Buenos días.

¿Qué te pasa?

Vale, antes de cabrearte, escúchame bien. ¿Vale?

¿Qué has hecho?

¿Me vas a escuchar?

Sí, pero dime qué has hecho, que me asustas.

Ayer hablé con mamá.

¿Y?

Le conté que sabía lo de tus infidelidades.

La madre que te parió.

Ella misma, precisamente, así que se lo debía.

Pero ¿tú eres tonto o qué? ¿Para qué lo has hecho?

Tenía que decírselo. ¿Qué has ganado con ello?

¿Hacerle daño a tu madre? ¿Castigarte a ti mismo?

Se enfadó mucho conmigo.

¿Lo ves?

A lo mejor si se ha enfadado es porque me lo merezco.

Por cubrirte y por ser tu cómplice. ¿Y qué tal?

¿Se ha quedado tu conciencia tranquila?

¿A que no le has dicho

que me chantajeaste para que te contratara?

Eso no, ¿verdad? Eso no afecta a tu conciencia, ¿a que no?

También te interesa que yo me calle según qué cosas.

¿Prefieres que sepa que me contrastaste para hundir el mercado?

Mira, he hecho lo que creía que tenía que hacer.

(Móvil)

Mamá se ha llevado un disgusto, pero...

no me arrepiento.

No está mal ser sincero de vez en cuando.

Al menos lo necesito para no darme tanto asco.

(Móvil)

Hola. (MÓVIL) "Sí, ¿puedes hablar?

Lo siento, es que estoy muy preocupada".

German le ha dicho a Adela que sabía de tus infidelidades.

Sí. Yo me acabo de entrar. El niño no podía quedarse calladito.

¿Tu hijo sabe lo nuestro?

No, no, no lo sabe.

No lo sabe, salvo que tú se lo hayas contado.

Yo no se lo he contado a nadie. Menos mal.

Yo lo siento pero no puedo seguir siendo tan falsa con Adela.

Oye, Celia... "No, escúchame".

Se lo voy a tener que contar.

Prefiero eso a que se entere por otro lado.

Qué manía os ha entrado a todos ahora con la sinceridad.

No se va a enterar porque no lo sabe nadie.

Y la mejor manera de que no lo sepa nadie es dejar de hablar del tema.

Tampoco se lo he contado a nadie.

Ya, pero me llamas a primera hora de la mañana aquí, a la frutería.

Oye, olvídate del tema, era lo que querías, ¿no?

Sí, es lo que quería.

Celia, me voy a casa que quiero coger unas cosas.

Sí, Asunción.

"Venga, que tengas un buen viaje. Chao, hasta luego".

Ya está. Perdona.

No sabía que estabas al teléfono. No pasa nada.

¿Así que vas a ir a por tus cosas a casa?

Sí. Bien.

¿Te importa a ti abrir la tienda? Claro que no. Me encargo.

Es que prefiero ir ahora y no encontrarme con Elías.

Claro.

Los geles y los champús estaban desordenados, otra vez.

Ay, perdona, he sido yo.

Es que los recoloqué para poder poner los míos,

pero si te molestan los pongo en una bolsa y...

No. Sí me molesta.

Me gusta tener mis cosas ordenadas. No es tan difícil de entender.

Tampoco es tan difícil de entender que Adela es nuestra invitada

y debemos ser educados con ella. Ser sincero no es ser maleducado.

Ella me ha preguntado. David, ya está.

Ve a por la mochila.

Lo siento. No, no, no, no.

Adela, por favor, no te preocupes.

Yo hablo con él, ¿eh? Gracias.

Venga.

David, cariño. No se puede ser así ¿eh?

¿Por qué no? Me coge las cosas, las cambia de sitio, ocupa mi cama.

¿Para qué quieres la cama si te dedicas por las noches a leer?

Pues para leer en ella.

Ya no soy un niño, no tengo que dormir con mi madre.

Así que o le dices a tu amiga que se vaya o se lo digo yo.

Ah, muy bien, lo que faltaba, que vengas a amenazarme.

No es una amenaza. Solo quiero que se vaya.

Mira, David. espérate un momento.

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

Lo siento, no estoy interesada en cambiar de compañía.

(Puerta cerrándose)

¿David?

¡David!

Tú, lo que tienes que hacer es no atarte.

Disfruta de la vida, que todavía eres muy joven,

y no te comprometas con nadie.

El amor romántico no existe.

Nos lo venden en las películas,

pero al final todos buscamos

nuestro propio interés y nuestro egoísmo.

Si no, pregúntaselo a Valeria que al principio...

Voy al baño, que ya estoy harta de oírte hablar de esa señora.

Tienes razón, perdóname. Te estoy aburriendo, ¿no?

Pero te voy a compensar este rollo

invitándote a una marisquería, ¿eh?

Eso ya me parece un plan mejor. -¿Eh?

No te cansas, ¿eh?

No. Ya te lo dije, tenemos que hablar.

Y yo te dije que no me importan tus milongas.

Ah, claro, mucho mejor mantener una conversación profunda

con una chavalita que podría ser tu hija

que escuchar la explicación de alguien

con quien tenías algo importante. -Pues sí.

Porque ella no va a tener segundas intenciones.

Sé perfectamente a qué atenerme.

No me va engañar con falsas promesas cuando quiere lo que todas:

sacar beneficio.

Yo no te engañé en lo que sentía. -Ah, ¿no?

¿Y cuándo te diste cuenta?

¿Cuando dije que te iba a pagar la reforma de la casa?

Ahí fue cuando te enamoraste de mí, ¿no?

Valeria, cuando murió mi mujer,

cerré una puerta,

la de querer a alguien de verdad.

Empecé a salir con chicas que sabía que no eran importantes para mí.

Pero cuando te conocí,

volví a abrir la puerta.

Empecé a sentir cosas que...

creía que ya no iba a volver a sentir.

¿Entiendes?

Pero está claro que me equivoqué al compararte con ella.

Al pensar que ibas a ser compañera de vida.

Fue una decepción terrible.

Menos mal que me di cuenta a tiempo.

Supongo...

que he vuelto a cerrar esa puerta.

Por favor,

preferiría no verte.

No vengas a buscarme, no me llames.

Si nos cruzamos por la calle, no me saludes.

Para mí es como si tú y yo no nos hubiésemos conocido nunca.

Hola.

Hola.

He venido a por unas cosas. No sabía que estabas aquí.

Es que no tengo cuerpo para ir al despacho.

¡Pues qué raro! Con lo bien que te lo pasas allí con tus amiguitas.

Adela. Adela.

Lo siento.

y entiendo perfectamente que estés dolida.

Pero intenta entenderme tú a mí.

Yo lo necesitaba para sentirme...

Para sentirte ¿qué?

¿Para sentirte hombre?

Pues mira, sí.

¿Y eso dónde me deja a mí?

Adela, es muy duro, ¿sabes?

Para mí es muy duro no poder...

no poder ser el que era antes.

Yo necesitaba el sexo para sentirme vivo

y como no quieres que tome pastillas

pues probé con otras mujeres. Pero esto es el colmo.

Ahora tengo yo la culpa por preocuparme por tu salud

y por no querer que te diera un infarto.

¿Tú crees que a mí me gusta estar con un marido que no puede...?

Con un marido que no puede ser como antes.

Adela, te quiero.

Yo te quiero.

Y no quiero perderte.

Pues haberlo pensado

antes de humillarme, de traicionarme y de avergonzarme.

Porque lo sabe hasta tu hijo.

¿Quién más lo sabe? No lo sabe nadie más.

Sí, lo saben ellas.

¿Alguien más que yo conozca, eh? Aparte de la arquitecta, claro.

Cariño, por favor.

No estés aquí cuando salga.

(Puerta cerrándose)

¡"Buongiorno, principessa"!

¡Venga, Paolo, que yo no hacía así con las manos!

¡Claro que lo hacías!

¿Cómo estás? Te veo bien.

¿No habrás pensado en lo que hablamos del bar?

Sí, y le he estado dando muchas vueltas.

¿Y? -Creo que lo tengo claro, ¿sabes?

El bar forma parte de mi vida y ya está terminada.

Si esa es tu conclusión, no tengo nada que decirte.

Bueno, sí.

Que no te dejes arrastrar por la nostalgia, ¿eh?

Tú, a partir de ahora, para atrás, ni para coger impulso.

Tienes que mirar siempre hacia adelante,

porque tienes muchas oportunidades en tu vida.

Fíjate ¿eh? ¿Quién te lo iba a decir a ti?

Has montado una pizzería, en otro país,

a miles de kilómetros del lugar donde naciste.

Eso es lo que tengo que hacer: confiar en mí

y, no sé, disfrutar de lo que sea que vaya a venir.

Que Dios sabe lo que será, pero bueno.

Bueno, de momento las clases de cocina se te dan muy bien.

Tenemos que trabajar un poco todavía con el italiano.

¡Oh, madre!

Pero si la clase fue un éxito, Rosa, fue gracias a tu talento culinario.

Bueno, perdona. También a mis dotes interpretativas. ¿no?

Por supuesto, por supuesto.

Pero de verdad,

yo no he conocido a nadie con tanta capacidad resolutiva en una cocina.

Es que 20 años trabajando en la cocina del Central dan para mucho.

Ya, ya.

¡Rosa!

¿Qué? -Acabo de tener una idea.

¡Ay, "mamma mia"! -¿Te apetecería

trabajar conmigo en la pizzería? -¿De traductora?

No, no, en serio, Rosa.

Yo necesito ayuda y no solo con las clases.

Doménico ahora se ha ido unos días a Formentera y no doy abasto.

Además, yo estoy seguro que mi amigo, muy pronto,

se irá definitivamente con Giuliana.

Pero vamos a ver. ¿Andrea no te está ayudando?

Andrea seguirá ocupándose de los pedidos pero... hasta que pueda.

Su futuro está en la música, Rosa.

Pero tú, tú eres exactamente lo que busco.

Eres una cocinera extraordinaria

y además tienes don de gentes. Y conoces a todo el mundo por aquí.

¿Qué te parece?

¡Va, Rosa!

Ay, perdóname, pero es que no sé, no me esperaba esta propuesta.

Ya, yo tampoco me esperaba encontrar mi candidata ideal delante de mí.

¿Qué me dices? ¿Un sí?

No lo sé.

Rosa, va a ser perfecto para los dos.

Va, que tú echas de menos el Mercado, ¿o no?

Sí.

Y además te apetece cocinar, charlar con la gente, como a mí.

Y en la pizzería vas a tener esto y mucho más.

Pero si a mí me encanta venir aquí, lo que pasa es que..., no sé.

A ver, me lo tengo que pensar y además debería consultarlo.

Ah, sí, sí, sí. Tómate tu tiempo, por supuesto.

Pero piénsalo en serio, ¿eh?

Sobre todo porque sería

"il ritorno de Rossa della Croce".

Oh, venga, por favor. -Ven aquí.

Valeria.

¿Estás bien?

Sí, muy bien.

Ya sé que no soy la persona más indicada para consolarte,

pero si puedo ayudarte en algo...

No hace falta, gracias.

¿Has hablado con Carmen?

Esta situación es absurda, Valeria.

No hay nada más importante que la familia.

Tiene gracia que me digas tú eso

cuando gran parte de lo que ha pasado es por tu culpa.

Ya, si ya me quedó clara tu opinión.

Si yo fuera capaz de mantener a mi familia,

Carmen no habría actuado a la desesperada. Es verdad.

Pero bueno, ya sabías cuando me casé con Carmen

que no tenía mucho que ofrecerle.

Yo nunca le dije a mi hija que eso fuera un problema.

Ya lo sé, y te lo agradezco.

Es que, a lo mejor,

me tenía que haber esforzado un poco más y no relajarme.

No lo que se merece Carmen.

Mira, Valeria,

siempre has sido muy importante para mí.

Me trataste como a un hijo

y por eso siento haberte decepcionado.

Pero no eres la única que lo está pasando mal.

Carmen está deshecha.

Por lo menos Carmen te tiene a ti.

Os podéis apoyar el uno en el otro, pero ¿yo a quién tengo?

Estoy sola. Me daba miedo perder mi casa

y al final he perdido mucho más:

la relación con mi hija y mi última oportunidad de ser feliz.

Jorge.

Oye, ¿no ha pasado David por aquí?

No. ¿No tendría que estar en el colegio?

Sí.

¿Has desayunado? Te invito a un café.

No, gracias, tengo que abrir el puesto.

¿Va todo bien? Te veo un poco agobiada.

Pues es que esta mañana he discutido con David.

Se ha ido muy enfadado de casa y no sé dónde está.

Vengo del cole y allí no está.

Estará en casa de la abuela.

Asunción está de viaje. ¿Lo has llamado al móvil?

No me coge.

Mira, no quiero perder los nervios, quiero...

Celia no te preocupes.

David sabe cuidarse solo.

Sí, lo sé. Tengo que confiar en él.

Tengo que permitirle ser autónomo e independiente

y no tratarlo como a un niño pequeño.

Ya, pero eso no quita que estés preocupada por él. Es normal.

¿Por qué se ha cabreado?

Últimamente está muy irascible.

Le gusta tener cada cosa en su sitio

y la convivencia con Adela es complicada.

¿Y habéis discutido por eso? No, bueno, sí, también.

La gota que ha colmado el vaso ha sido quitarle tu libro.

¿El libro de recetas que le regalé?

¿Por qué?

Así que quién mejor que ella para trabajar en la pizzería, ¿no?

¿Qué pasa?

¿No te parece bien?

No sé. Me parece que, como siempre, te estás precipitado.

Porque él se ha ido, pero ¿cuando vuelva?

No va a haber trabajo para los dos.

Conozco a Doménico

y seguro que, tarde o temprano, se irá con Giuliana definitivamente.

Bueno, o no. Porque esos romances así, tan repentinos...

¿Repentinos? -Sí.

Cristina, Doménico lleva toda la vida enamorado de ella.

Ese amor se ha cocinado lentamente a través de los años.

Él nunca la olvidó. Ella es la mujer de su vida.

Y además está forrada. -¿Y eso qué tiene que ver?

Que Giuliana tiene varios negocios

y Doménico tiene mucho talento.

Seguro que ella le va a encontrar un lugar donde trabajar mucho mejor.

Ya lo sé, Cristi.

Es que lo vamos a echar de menos, ¿eh?

Sí, claro. Sí.

Es que Doménico se hace querer mucho.

Pero no te preocupes,

porque Giuliana seguro nos va a invitar a la casa de Formentera.

Sería un planazo, ¿no?, estar allí los cuatro.

Mira que eres interesado.

No, Cristi, pero ¿qué hay de malo en pasar unos días juntos en la playa?

Casi no ha dormido en toda la noche.

¡Se ha leído tu libro dos veces!

Bueno, mujer, hay cosas peores que pasarse la noche leyendo, ¿no?

No es la primera vez que pasa por algo parecido.

Le da por un tema, se obsesiona, no quiere ir al colegio,

no quiere ir al psicólogo, no come, no duerme.

¡Ay, Dios! Tenía que haberme dado cuenta de que esto podía pasar.

Quitándole el libro no creo que consigas el efecto que buscas.

Igual, todo lo contrario.

¿Y tú qué habrías hecho?

¿Esperar a que se desmayara por no comer y por no dormir?

Celia, no te estoy diciendo cómo tienes que actuar con tu hijo.

Solo creo que, por lo poco que conozco a David,

lo mejor es hablar con él y que entre en razón.

Tú lo has dicho.

Lo conoces poco.

Cuando se pone así, no se puede razonar con él.

¿Tú sabes la cantidad de chavales con asperger que dejan de estudiar?

Ay, qué tonta, no lo tendría que haber animado con la cocina.

Vi a David muy feliz cuando cocinaba.

Y creo que tú también. Tiene talento.

Si dejas que se desarrolle, se puede convertir en un buen chef.

¿Y me lo estás diciendo tú que has dejado la profesión por el estrés?

¿De verdad crees que David puede gestionar

el ritmo frenético de una cocina? Pues no lo sé.

Al principio será difícil, pero...

Que me haya pasado factura a mí, no significa que pueda pasar a él.

En serio, ¿de verdad crees eso?

Lo que creo es que no te hace mucha gracia

que yo anime a David a cocinar.

Y no sé, estoy un poco perdido, no....

Me da que puede ser por mí, ¿es algo personal?

Tengo la sensación de que últimamente lo hago todo mal.

No, no, no, para nada. Lo siento. Solo quiero que David sea feliz.

Ajá.

Y, por favor, en cuanto al tema de la educación,

me gustaría que te mantuvieras al margen.

Claro. Claro, como quieras.

Voy a abrir el puesto.

(PAOLO) Va.

Hace mucho que no nos hacemos unas vacaciones como Dios manda.

Bueno,

de aquel verano de la costa amalfitana,

¿te acuerdas? Tú y yo,

antes de que naciera Andrea.

¿Te acuerdas de que volvimos más blancos que cuando llegamos?

Porque no queríamos salir del hotel.

¿Te acuerdas? Que nos traían la comida a la habitación,

porque no queríamos salir de la cama.

¿Qué, "amore mio"?

¿Nos vamos a encender el horno? -¡Uy!

Es un poco temprano para encender el horno, ¿no? Anda, quita.

Pero no es demasiado temprano para según qué cosas, ¿no?

No, que es muy tarde, es muy tarde y...

No, no puedo. Tengo que abrir la tienda.

Ya encontraremos otro momento mejor.

Ya, pero es que últimamente nunca es el momento.

Y cuando lo es, parece que no estás.

¿No te vas a poner serio ahora

porque no quiero hacerlo en el horno de la pizzería?

Ay, Cristi, que no soy tonto, ¿eh?

Llevamos años juntos, y nunca hemos pasado por un periodo así.

Yo no sé qué pasa,

pero hace semanas que estás como fría, distante.

¿Qué pasa? -Tú lo has dicho.

¿Qué? ¿Soy yo? -No, no.

¿He hecho algo?

Llevamos muchos años juntos.

Las cosas no pueden ser como al principio.

Ya, pero entre el principio y esto hay un mundo, ¿no?

Las parejas pasan por muchos altibajos en la cama

y yo, ahora, por lo que sea, me siento que tengo, pues,

la libido, pues más baja de la cuenta, eso es todo.

Tienes razón.

Perdona, perdona, es que...

Tú tienes todo el derecho a que no te apetezca,

y tú solo tienes que decírmelo.

Claro, ya sabes que siempre te lo digo todo.

Ya, es que... Perdón. Es que me pongo muy pesado.

Pero valoro mucho nuestra relación.

Tenemos la confianza para decirlo todo, ¿no?

Te quiero mucho, "amore mio".

Pero eso sí, si alguna vez a mí no me apetece te lo voy a decir.

¡Si es que alguna vez pasa!

Qué, ¿lo quieres?

Sí, me lo quedo y me voy a la tienda, sí.

Voy adentro.

Hola, Celia.

Perdona que haya llegado tan tarde.

Nada. Es que...

me he encontrado allí con Elías.

¿Cómo ha ido? Pues imagínate.

Se ha pasado todo el rato justificándose.

En fin, que vengo peor de lo que estaba.

Ya me imagino, ya.

Oye, un cosa, ¿no habrás visto a David por ahí?

¿Dónde?

Pues no sé. Por la calle, por el barrio según venías hacia acá.

No, ¿cómo iba a verlo si tiene que estar..? ¿No está en el colegio?

No, es que cuando te has marchado hemos seguido discutiendo

y al final se ha ido enfadado.

He llamado al cole, no está y no me coge el teléfono.

Lo siento, Celia.

Esto es por culpa mía.

¡No! Sí.

¡No! Celia,

David no quiere que esté en casa y yo lo entiendo.

Y tú has sido muy amable conmigo,

pero yo creo que es mejor que me marche.

No, Adela, no digas tonterías.

No es por tu culpa, es por un libro.

Se ha pasado la noche leyendo, me he enfadado y se lo he quitado.

¿Qué libro era? Uno que le ha regalado Jorge.

Pero no es por el libro en sí.

Es que David enseguida se obsesiona con las cosas

y no atiende a nada más, y no puede ser.

Bueno, entonces no te preocupes, que seguro que vuelve pronto.

Ojalá. Y eso sí.

Si me permites un consejo: cuando vuelva, no seas muy dura con él.

A los hijos se les perdona todo, ¿no?

Mamá, ¿podemos hablar un momento, por favor?

Bueno, yo os dejo que habléis tranquilamente, ¿eh?

Voy a dar una vuelta, a ver si encuentro a David.

No lo habrás visto, ¿verdad? No.

Vale, antes de que me grites, con toda la razón del mundo,

quería pedirte perdón.

Sé que estás muy enfadada conmigo

y lo entiendo perfectamente,

pero no quería que pasaras por esto tú sola.

La verdad es que sí, que estoy muy enfadada.

Mejor dicho, estoy defraudada.

Pero ya sé que para ti tampoco es fácil.

Estás en una situación complicada entre tu padre y yo.

No era solo eso, ¿eh?

Tampoco quería que sufrieras si te lo contaba.

Ya. Y yo lo entiendo.

Tampoco vas a pagar tú por las aventuras de tu padre, ¿no?

Entonces, ¿me perdonas?

A los hijos se les perdona todo.

¿Cómo lo descubriste?

¿En serio quieres hablar de esto ahora?

Sí.

Pues le pillé un mensaje en el móvil de papá, pero de una tal Rita.

¿Y qué decía?

Pues que a ver si se encontraban, aunque fuera una última vez y...

No sé, no me acuerdo.

Pero se lo eché en cara a papá

y no lo negó.

Vaya que no pudo, que estaba clarísimo.

Ya.

¿Y tú sabes quién esa Rita?

No. Pero no creo que sea de por aquí.

Pues eso espero.

Porque lo único que me faltaba

era tener que encontrarme con sus amiguitas.

¿Hola? ¿Julia Miralles? ¿Qué tal?

Soy Javier Quílez, el nuevo gerente del Mercado Central.

Encantado.

¿Es usted es la arquitecta que llevará a cabo la reforma?

Me gustaría ultimar con usted algunos detalles

y, bueno, aclarar algunas cosas más.

¿Cuándo le vendría a usted bien que quedemos?

Perfecto.

Sí, aquí la espero entonces. Gracias.

¡Buenos días! -Toma.

El informe con el organigrama del Mercado y todas mis competencias.

Y lo de mi padre. Te lo he puesto por colores, espero que te guste.

Seguro que sí.

Si no quieres nada más. -Espera.

¿Estás molesto por lo que te dije ayer?

No era mi intención ofenderte.

No tengo ningún problema en que tu chica trabaje en el Mercado.

Solo espero que, si te pido algo,

tengas claras cuáles son tus prioridades.

Tranquilo, las tengo clarísimas.

Si no, no llevaría aquí tanto tiempo.

Hasta ahora he cumplido

y nadie ha tenido que decirme ni cómo ni cuándo hacer mi trabajo.

Hola. Hola.

¿Esos jabones son para hombre también?

Son unisex. ¿Qué quieres? ¿Hacer un regalito?

A Paolo.

Ya, claro. Para tapar la culpa, ¿no?

Chica, estás actualizando un clásico.

Antes eran los hombres

quienes compraban joyas a las mujeres después de...

¡Eh! Ya te vale, ¿no? He decidido apostar por Paolo.

No se merece lo que le estoy haciendo.

¿Y a qué viene ese cambio tan repentino?

No te creas que es tan repentino.

Ojalá me hubiera dado cuenta antes

y hubiera reaccionado y no me hubiera metido en este lío.

Pero me he dado cuenta de que Paolo es el hombre que necesito.

Doménico ya no me importa.

¿No te importa? ¿No será que no le importas tú a él?

A lo mejor me he engañado pensando que era algo más que una aventura.

¿Qué ha pasado?

Yo realmente creía que él sentía cosas.

Pero ha sido aparecer Giuliana

y le ha faltado tiempo para irse con ella y pasar de mí.

Tampoco le quiero dar más vueltas.

Espero que todo esto sirva para reforzar mi relación con Paolo.

Pensar que casi lo pierdo...

Sí, es que no hay como estar a punto de perder algo

para darse cuenta de lo que vale, ¿verdad?

¡Pues mira sí! Porque Paolo es...

generoso, es divertido,

es el hombre más bueno que he conocido nunca.

Ya puedes decirlo, sí.

(NACHO) ¡Hola! -¡Hola!

Ya estás aquí. Qué pronto, ¿no?

¿Quiere decir que la reunión ha ido muy bien?

Les han encantado mis diseños.

Habrá que abrir una botella de buen vino para celebrarlo.

Ya vamos a aprovechar para celebrar también mis novedades.

Siéntate, te las cuento.

Verás, es que esta mañana he salido muy temprano para hacer la compra,

me he encontrado con Paolo. -Ajá.

Y me ha hablado de una oferta de trabajo.

A ver, a ver, a ver, cuéntame bien eso, que yo me entere.

Pues no le he dicho nada,

porque le he comentado que quería pensármelo

y lo quería hablar contigo.

Pero me hace mucha ilusión, Nacho.

Ya sabes que echo mucho de menos el Mercado.

Y, bueno,

estar aquí todos los días, ¿sabes?,

haciendo las tareas de la casa y viendo la tele,

no es lo mío.

Bueno, ya sabes que no te he pedido que hagas nada.

Precisamente tú me dijiste que te interesaba el diseño gráfico

y te estoy enseñando. ¿O no? -Sí, sí.

Además quería aprenderlo, pero no quiero engañarme.

A mí lo que me gusta es cocinar y además sé que se me da bien.

Entonces, ¿qué te ha propuesto exactamente Paolo?

Fue después de la clase que di de cocina napolitana, ¿te acuerdas?

Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario

para salvar mi matrimonio. Ojalá pueda solucionarlo,

bueno, y perdonarme a mí misma porque me siento tan culpable que...

¿A quién quieres engañar, Cristina?

Porque a mí, desde luego, no.

O sea que ahora apuestas por Paolo

solo porque Doménico te ha dejado tirada por otra.

Eso no es así.

Sabes que sí. Dime la verdad, Cristina.

Si Doménico vuelve

y te dice que lo suyo con Giuliana ya no funciona

y que quiere estar contigo, ¿que vas a hacer?

¿Vas a seguir apostando por Paolo?

No, no me contestes, porque yo creo que ya me sé la respuesta.

¿Y sabes también lo que creo? Eres una hipócrita y una cobarde.

Vienes aquí a calentarme la cabeza con tus historias

y hacerme confidente de cosas que desprecio

y a justificar lo injustificable. ¿Y sabes qué?

Que estoy harta. ¡Harta! ¿Te queda claro?

Mira, si te he contado esto es porque te considero mi amiga.

No. Me lo has contado porque te corroe la culpa

y tienes que sacarlo por algún lado.

Eso no es justo. ¿Me vas a hablar de justicia?

¿De verdad quieres saber lo que sería justo?

Sería que Paolo se enterase

y que terminaras consiguiendo lo que llevas buscando tanto tiempo:

que es quedarte sola.

Mira, Adela,

yo solo necesitaba a una amiga que me escuchara.

Y pensé que te ibas a alegrar

al saber que intentaba salvar mi matrimonio.

Las amigas no solo están para reír las gracias.

También están para decir lo que piensan a la cara, aunque duela.

Adela, pareces otra persona, de verdad.

Quizá es que no me conoces tanto como crees.

Pues cuéntame. Cuéntame qué es lo que te pasa.

¡Venga!

No importa. Olvídalo. ¿Te vas a llevar algo?

No. Ya lo he entiendo, ya.

Si es que no tenía que haber venido.

Vaya, el chico de moda.

¿Cómo? Nada, nada.

¿Qué escribes?

Mi madre me quitó el libro que me regalaste,

así que lo estoy haciendo otra vez con lo que recuerdo.

¿Y has escrito todo eso? Sí.

Pero, David, esto está casi palabra por palabra.

¿Ves algo distinto? Es que creo que hay errores.

En algunas recetas no recordaba las cantidades.

¿Me ayudas a comprobarlo? Sí, claro.

Bueno, a ver si me acuerdo.

Me alegra que te haya gustado tanto mi libro.

Me dijiste que lo escribiste porque te habría gustado tener uno igual.

Si no tenías libro, ¿qué tenías? Aparte de tu familia.

Pues eso precisamente. Mi libro era mi familia.

Sobre todo, mi abuela.

Cuando yo era muy pequeño,

se vino a vivir con nosotros y a ella le encantaba cocinar.

Era tan mayorcita la pobre que se le olvidaban las cosas,

así que decidí meterme en la cocina con ella para echarle una mano.

Creo que hasta ella se daba cuenta de que se le olvidaban.

Es raro que se te olviden las cosas. No, le puede pasar a cualquiera.

Mira, para eso están los libros, para recordar.

Así que mi abuela empezó a dictarme sus recetas

antes de que se le olvidaran y así nació el libro que te regalé.

Es verdad. Si escribes algo, dura para siempre.

A no ser que sea papel y se moje y se queme.

Ya, claro.

Pues así llegaron las recetas de mi abuela a mi libro

y así han llegado a ti.

Paolo se ha dado cuenta de que sé cocinar bien.

Y como resulta que tiene un poco de miedo,

porque cree que se va a quedar sin su ayudante,

me ha propuesto trabajar en la pizzería.

Entonces, ¿Doménico lo va a dejar?

Bueno, ahora sí, ya te lo he dicho, porque está de viaje.

Ah, entonces es solamente una sustitución temporal.

No, no, no, no. Paolo ha dicho que esto es un trabajo fijo.

Pero ¿tú qué sabes de cocina italiana?

Lo justo, cariño, pero tengo muchísimas ganas de aprender.

Paolo me ha dicho que me va a enseñar.

Y además voy a aprender un montón en la cocina con Doménico,

cocinando juntos.

Bueno, bueno, cuidado con Paolo, que ya sabemos cómo es de acelerado,

que dice una cosa sin pensar y luego se echa para atrás, ¿eh?

No sé. Pero yo lo he visto muy convencido.

Bueno, tú verás, pero sabes por tu hermana

que no es fácil trabajar codo con codo con alguien.

Paolo tiene un carácter muy distinto al tuyo.

Pero, cariño, nos conocemos desde hace años y además es un buenazo.

¿No te parece buena idea?

No sé.

Ya.

Reconozco que me hacía ilusión que te tomaras un descanso.

En la pizzería trabajarías día y noche, mucho más que en el bar,

que por lo menos tiene horario comercial.

Bueno, pero todavía no hemos hablado de turnos.

Ya.

Y lo peor es que volverías al Mercado.

Cerca de Lorena,

de Elías, de todo el mal rollo que has pasado últimamente.

¿Te has parado a pensar

cómo se tomará tu hermano que no trabajes en el bar

y lo hagas en un negocio que, de alguna forma, es su competencia?

Pues no, no lo había pensado.

Ni tú ni Paolo que, como siempre, se ha precipitado

al hacerte esa oferta sin pensar en las consecuencias.

Seguro que no lo ha hablado con su mujer y con su hijo,

que algo tendrán que decir, vamos, digo yo.

¿Y por qué no les va a parecer buena idea?

Yo qué sé, Rosa.

Mira, eso es lo de menos, ¿vale?

Mira, lo único que te digo es que te lo pienses.

En la vida todo es más complicado de lo que parece.

Pero, vamos, yo solo te doy mi opinión porque me has preguntado.

Ya. -La decisión es tuya.

Hagas lo que hagas, yo te voy a apoyar.

Eso sí.

Si todo esto al final no es más que... un pronto de Paolo,

si Doménico vuelve y no te va a necesitar

o si decide que no lo va a hacer para no tener mal rollo con Elías,

espero que no te me hundas.

¿Me acompañas al almacén?

¿Sabes? Los grandes cocineros,

todos han aprendido de sus madres o sus abuelas.

Los conocimientos culinarios

se transmiten de generación en generación.

Mi madre no cocina muy allá. No creo que me enseñe mucho.

Ya, bueno.

¿Qué porcentaje del libro dirías que es tuyo

y qué porcentaje es de tu abuela?

Pues, eh... 50-50, más o menos.

Entonces, ¿por qué no está ella en la portada?

Pues supongo que si hubiera seguido viva,

nos habríamos hecho una foto juntos, pero no llegamos a tiempo.

¿No has copiado la dedicatoria?

Sí.

"A Sagrario.

Gracias por despertar en mí la pasión por lo que más amo".

Pues Sagrario era mi abuela.

¿Cocinar es lo que más amas?

Cuando escribí el libro, desde luego que sí.

Veo que te ha dado fuerte por la cocina.

Sí. No sé si la amo, pero me gusta.

¿Te ves en un futuro trabajando como cocinero?

Pues me gustaría, pero con mi madre lo veo complicado,

porque a ella no le gusta y, si vivo con ella,

le tendré que hacer caso.

Tu madre tiene miedo de que abandones los estudios.

Yo creo que, si no los descuidas,

ella no tendrá inconveniente en que sigas cocinando.

Ya sé que me quiero dedicar a cocinar.

¿Para qué seguir estudiando?

Bueno, un buen chef tiene que formarse.

Y por la razón más importante, David,

por hacer feliz a tu madre.

No puedes hipotecar tu futuro por un capricho.

No es ningún capricho.

Ya. Quiero decir, hasta hace nada tú no sabías nada de cocina.

¿Y si el día de mañana descubres algo que te gusta más?

Tienes que seguir estudiando, formarte.

Si quieres puedes seguir cocinando como una actividad más.

Mi madre no tenía derecho a quitarme el libro. Es mío.

Te lo ha quitado porque se preocupa por ti, David. Y lo sabes.

Sí. También sabía que me molestaría y no le importó.

Seguro que a ella le ha dolido más que a ti.

Está muy preocupada porque no sabe dónde estás.

Tengo ya casi tengo 18 años.

No tengo por qué decirle todo el tiempo dónde estoy.

No es una cuestión de edad.

Es una cuestión de respeto y de cariño.

Sobre todo si faltas a clase y ella te llama y no coges el teléfono.

Aquí no tengo cobertura.

Quería concentrarme para rescribir el libro.

Ya.

¿Y a ti te preocupa que se preocupe mi madre?

Claro.

¿Por qué?

Pues porque me preocupa que la gente que me importa lo pase mal.

Es normal que me preocupe tu madre, ¿no?

Ah.

¿Por qué me has preguntado eso?

Bueno, esa información no te la puedo dar.

Ah, vale.

Oye, no sé el tiempo que llevas aquí.

Pero yo llevo un rato y me está entrando claustrofobia.

Y hambre. Mira se me ocurre algo.

¿Por qué no llamamos a tu madre para tranquilizarla

y luego tú y yo nos vamos a comer por ahí? Yo invito.

Bueno, mientras sea un buen sitio.

Vale.

Yo sí tengo cobertura.

Toma, dale.

¿Mamá? Soy yo.

Que no, hijo.

Que no, David, no estoy enfadada.

Bueno, un poquito,

pero como ya sé que estás bien, me quedo más tranquila.

Vale. Dale las gracias a Jorge de mi parte.

Te quiero, cariño. Luego hablamos. Hasta luego.

¿Qué?

Estaba en el almacén, se lo ha encontrado Jorge.

Se lo lleva ahora a comer por ahí. Qué bien. Menos mal.

Mira, una buena noticia, porque yo llevo una mañana...

Ay, es verdad, perdóname.

Me ha llamado David y no te he hecho caso. Dime.

No, mujer, lo primero es lo primero.

No, no. Dime, ¿has arreglado las cosas con Germán?

Sí. Me ha pedido perdón

y me ha dicho que le pilló a Elías un mensaje de una tal Rita.

Me pregunto cuántas Ritas habrá habido.

Déjalo ya, Adela.

De verdad, no le des más vueltas a este asunto.

Ya, tienes razón, pero es que me siento tan...

tan absurda pensando que me los ha estado poniendo

y que encima estaba haciendo ese papel como de marido fiel que...

De todas maneras, muchísimas gracias, Celia.

¿A mí? Sí.

Gracias por estar ahí y hacerme un sitio en tu casa.

Y sobre todo porque...

necesito una amiga en estos momentos.

Cristina ha perdido la cabeza del todo

y mi familia tampoco es que esté muy bien, la verdad.

No digas tonterías, mujer. La que está agradecida soy yo.

Sin ti no sé qué habría pasado con el puesto.

El puesto me va a venir muy bien para mantener la mente ocupada.

Por cierto, ¿qué te parece el set que ha mandado Marisol?

¿Y has visto los nuevos jabones?

Dice que son de algas del mar Muerto y que son maravillosos.

Ya los había visto, sí. ¿Qué te parece si los probamos?

Tenemos que saber qué vendemos.

Pues me parece una estupenda idea. ¿Sí?

Venga, sí. Elige el que más te guste.

Lo lleno de agua, ¿vale? Este.

Perdona, estaba buscando a Samuel, pero ya veo que no está.

(JAVIER) ¡Espera!

Creo que tú y yo tenemos una conversación pendiente, ¿no?

No. Yo creo que quedó bastante claro la noche que nos conocimos.

Pues yo creo que no.

Y creo que, si vamos a vernos por aquí,

lo mejor sería que hablásemos de lo que pasó.

Más vale una vez rojo que ciento amarillo, ¿no?

Mira, te recuerdo que, si acabamos mal,

no fue culpa mía precisamente.

Ya.

Verás. A ver cómo te explico esto.

Cuando nos conocimos, yo no estaba pasando mi mejor momento.

Acababa de romper con mi chico. -¿Y tenía yo la culpa?

Si estabas amargado, haber ido a un psicólogo.

Mira, en eso llevas razón.

No tendría que haber recurrido a un servicio de contactos,

pero estaba borracho y no sabía lo que hacía.

En el último momento me arrepentí y por eso te pedí que te fueras.

Y sin pagarme. Me hiciste perder tiempo y dinero.

Te pagué el taxi.

No iba a pagar tu tarifa sin hacer nada.

Tenía otro cliente y lo perdí por tu culpa.

Si te arrepientes, no es mi problema.

Habías visto mi foto en la web. -¿Tanto necesitabas el dinero?

¿Tanto como para hacer eso? -¿Perdona?

¿Me vas a juzgar tú a mí? Eres tú el que paga por compañía.

Esa ha sido la única vez que lo he hecho

y no me siento orgulloso.

Bueno, pues yo tampoco.

Pero eso ya pasó y espero que no se lo cuentes a nadie.

Tranquilo.

Soy el primer interesado en que esto no se sepa.

Bien, bien.

Espero que se te dé mejor guardar secretos que pagar.

Deja las manos suaves, suaves, ¿eh? Parecen seda.

Marisol tenía razón. Muy bien, me encantan.

¿Qué te pasa?

Es la tipeja esa que estaba con Elías el día de la arritmia.

Pues tú ni caso. Aquí conmigo con los jabones. ¡Adela!

¡Ay! Hola, Adela. ¿Qué tal está Elías? Vaya susto, ¿eh?

¿Por qué no se lo preguntas tú? Ya que tenéis tanta confianza.

No sé de qué me hablas.

Elías y yo solo tenemos una relación profesional.

En fin, espero que se recupere pronto.

¿Por qué quieres que se recupere?

¿Para salir corriendo otra vez detrás de él?

¡Qué poca vergüenza de presentarte en el Mercado

después de haberte acostado con mi marido!

Mira, yo he venido porque tengo una reunión con el nuevo gerente.

Si tienes problemas con tu marido, habla con él.

Yo no tengo que darte explicaciones. ¿Cómo que no?

Sabías que Elías estaba casado y no te importó lo más mínimo.

Te repito, no tengo por qué rendirle cuentas a la mujer de nadie.

Claro. A ti te da igual, porque eres una fresca y una fulana.

Pero qué poquita clase tienes.

Cómo se nota que trabajas en una frutería.

Vamos, normal que Elías se busque otras.

Será... No, déjalo.

¡Adela! ¡Adela!

La madre que te...

Búscate otro arquitecto que te haga ese chanchullo.

Oye, no, no me fastidies ¿eh? No me puedes hacer esto.

Claro que sí, porque no pienso volver a pisar el Central.

Chao, querido.

¿Sabes qué te digo?

Que sí, voy a llamar a Paolo y le voy a decir que cuente conmigo.

Pues me parece estupendo.

Gracias, amor.

¿Por qué no te quedas luego a cenar? Así pruebas mi cocina.

Ay, pues es verdad. David tiene razón, qué menos, ¿no?

Vale, por mí perfecto.

Sí. ¿Sí?

Seremos cuatro, acuérdate de Adela ¿eh?

¿Y eso?

Es la llave de un hotel, concretamente

el hotel donde pasamos nuestra primera noche juntos.

¿El de la calle Arenal?

Lo he reservado para esta noche.

"Amore mio",

tú no sabes la ilusión que me hace este regalo.

La inmobiliaria de Comillas,

que han recibido una oferta sobre la casa.

¿Una buena oferta?

Un pastizal, Nico.

Quería proponerte que firmáramos una tregua.

Así los demás no verían en nosotras un problema.

Quiero decir, papá y Elías

se tendrían que centrar en sus propios problemas y resolverlos.

Pues para que lo sepas yo no la he citado aquí.

Ha sido Javier quien la ha llamado.

Para que lo sepas, me da igual. A ver si te enteras.

Y no vas a volverla a ver nunca más por el mercado,

porque yo he roto el contrato que tenía con ella

para el presupuesto de la reforma. Que lo sepas también.

¿Sí? ¿Quieres que te de una medalla?

No. Simplemente quiero que te quede claro

que no tengo la más mínima intención de volverla a ver.

Javier no puede tomar una decisión como esa

sin consultar antes a los comerciantes.

Jorge me dijo: “Javier quiere recortar en lo superfluo”.

Blanco y en botella. -Te vuelvo a decir

que no puede hacer nada sin autorización.

¿No lo entiendes? Nos podemos quedar en la calle.

Y Carla también. ¿Nos quedamos de brazos cruzados?

No necesito tu dinero. Guárdatelo.

Contigo no hay quien se aclare, chaval.

No, mejor, mejor. ¿Sabes qué? Úsalo.

Págale a otro chavalín para que te haga un masajito.

Ya te he dicho que esa ha sido la única vez.

Hombre sí, lo que tú digas. -Además,

en cualquier caso no creo que seas

el más adecuado para juzgarme, teniendo en cuenta...

Teniendo en cuenta ¿qué?

Lo que habría que hacer es abrirle los ojos a Paolo

y que se enterara de con quién está casado.

Oye, Adela, no se lo irás a contar, ¿verdad?

Mira, Cristina es tu amiga.

Adela.

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Mercado Central - Capítulo 51

03 dic 2019

Adela paga su rabia con Cristina.
David empieza a obsesionarse con la cocina y Celia se lo reprocha a Jorge, que trata de tranquilizar al chaval.
Jesús explica a Valeria por qué está tan dolido con ella.
Paolo ofrece trabajo a Rosa en la pizzería. Nacho y Noa luchan por influir en Rosa.
Cristina, incapaz de olvidar a Doménico, empieza a tener problemas en la cama con su marido.
Descubrimos de qué conocía Germán a Javier.

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