Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 45 - ver ahora
Transcripción completa

¿Recuerdas cuando me ayudabas con los diseños?

-Hace años de eso.

No está bien que lo diga, pero no se me daba mal dibujar.

-No, lo hacías muy bien.

Seguro que todavía tienes buena mano.

¿Por qué no vuelves a hacerlo?

Me vendría bien una ayudante.

Has dicho que la arquitecta va a dar la puntilla a nuestro plan.

Puedes pasarte un par de días sin mí, me lo he ganado.

Dos días, ni uno más, dos días.

Ahora para él es muy importante

tener un modelo que seguir y te está cogiendo mucho cariño.

Yo a él también.

¿Te vas a otro restaurante?

-Ya te dije lo que pensaba.

-Sí, yo también.

Pero lo que dices y lo que haces no es lo mismo.

Javier, un amigo, Lorena.

Hola, encantada. -Encantado.

-¿De qué os conocéis? -¿No te ha hablado de mí?

-No. -Soy su fan número uno.

Ya bueno, llámalo fan, llámalo...

Javier lleva tirándome los trastos desde...¿2012?

Y siempre me dice que no, pero no pierdo la esperanza.

No hace falta que la veas para saber cosas de ella.

Basta con que la busques en sus redes sociales.

-No, no voy a hacer eso.

-Seguro que a ella le gustan cosas y las sube a sus redes.

Si tuvieras esa información, podrías sorprenderla

y hacer que se volviera a enamorar de ti.

-A lo mejor lo que dices no es ninguna tontería.

Tiene que ser terrible desperdiciar

toda tu vida durmiendo con una persona que no conoces.

-Oye, mira, estoy harta de que una y otra vez

intentes enfrentarme con mi marido.

Yo no tengo por qué aguantarte.

La única mentirosa que hay en esta mesa eres tú.

No voy a perder nunca la confianza en mi marido.

¡He recibido un aviso de goteras y no ha movido ni un dedo!

¿Qué ha pasado, Samuel? Que el puesto le queda grande.

Con lo contenta que estabas porque empezabas el curso.

-Ya, es por el profesor.

Es un fotógrafo buenísimo, pero es un borde.

-Bueno, tranquila, dale tiempo.

Algunos artistas son así, son egocéntricos,

son arrogantes.

Seguro que es un profesor muy exigente.

Con un poquito de ternura e imaginación,

podemos disfrutar igual que antes.

¿Te ha gustado? Sí.

Ha sido maravilloso.

¡Buenos días!

Buenos días, Jesús.

¿Solo vas a desayunar eso, un café?

He quedado con Valeria para desayunar.

Ah.

El otro día estaba tomando algo con Rosa y apareció Lorena.

Conseguí que se sentara e intenté reconciliarlas.

¿Y?

Pues imagínate, fracaso total.

Fue salir el nombre de Nacho y Rosa se tensó,

acusó a Lorena de malmeter contra su marido y se largó.

¿Nacho tiene algo que ver?

osa dijo que confiaba al cien por cien en su marido

y Lorena le contestó que no debería hacerlo.

Pues si es una cuestión de confianza,

a lo mejor debería tener un cara a cara con mi yerno.

Buenos días. Se te han pegado las sábanas.

¿A que llego antes que tú?

Lo dudo, yo ya me voy. Ha quedado con Valeria.

Acuérdate de que tienes que ir a ver a Genaro.

Se lo prometiste a Concha. Después de la asamblea.

Voy contigo. Bueno.

¡Hombre, ya ha llegado el ibicenco!

-Hola, abuelo.

-Huy, ¿esa carita?

Te has tirado dos noches sin dormir. Ya me contarás.

O no, que hay cosas que es mejor no saber.

(RÍE)

¡Hasta luego!

Bueno, ¿qué tal? Bien.

¿Has desayunado? No.

Venga, pasa. ¿Qué?

No has perdido el tiempo ni para desayunar.

¿Lo has pasado bien?

¿Tú qué crees, mamá?

Del hotel a la playa y de la playa al hotel.

Querrás decir hotelazo.

Esa pulsera es de un hotel de lujo de la playa de Talamanca.

No sabía que te conocías los hoteles de Ibiza.

¿Tú de qué vas?

Ese hotel se me quedó marcado cuando estuvimos tu padre y yo.

Intentamos quedarnos una noche, pero no había habitaciones.

¿De dónde has sacado tanto dinero?

Tenía algo ahorrado y un chollo que he pillado por internet.

Vaya, pues a ver si nos consigues algo igual.

¿Y estas gafas, qué, también son de oferta?

¿Son chulas, ¿eh? (ASIENTE)

¿No habrás empezado otra vez...? Anda ya, mamá.

Eso fue una etapa, se me fue mazo la cabeza, pero ya está.

Aparte, con lo de Delic Fruta sacaste un pellizco.

Sí, porque era una idea muy buena, pero como no la veías...

Bueno, vamos a dejar el temita. Bueno.

Me tengo que ir al mercado.

Desayuna y recoged esto.

Adiós.

Chao.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Podrías ser un poco más discreto con tus caprichitos. ¿No?

Soy discreto, pero mamá parece el CSI Miami.

Que si la pulsera, que si las gafas.

Vale.

Pero que te quede clara una cosa.

Ni tu madre ni nadie se puede enterar

de que trabajas para Ortuño y que el dinero lo sacas de él.

Lo siento.

¿Cómo ha quedado lo de los planos con la arquitecta?

Ah, muy bien. Hemos hinchado el presupuesto como un globo.

Voy a convocar una reunión para enseñarles el presupuesto.

A ver qué cara ponen.

Rosa, ¿quieres algo más?

-No, gracias. La cuenta. -Ahora mismo.

Creo que es la primera vez que te veo desayunar sin prisas.

-Es que me apetecía darme un capricho.

-¿Y has dejado a Lorena sola en el bar?

-Sí, supongo.

-Pues seguro que te echa mucho de menos.

-No creo, ¿eh?

Ella se las apaña muy bien sola. -Ya.

-¿Y qué tal te va el negocio?

¿Crees que podrás pagar la reforma?

-Bueno, no estamos para tirar cohetes,

pero yo creo que sí, que podremos pagarla.

Además, vamos a empezar a dar clases de cocina napolitana.

-¿Ah, sí, dónde?

Aquí mismo, en la pizzería, antes de la comida.

-Bueno, eso es genial. -Pues sí.

Me apetece muchísimo.

Aunque tendré que invertir un buen pico.

Solo en cartelería se me van cientos de euros.

-Ya.

-Bueno, ahora que lo pienso, podría pedirle a Nacho

que me haga el diseño a precio de amigo.

Y que me ayude a buscar una imprenta

que me haga el trabajo a precio de amigo del amigo.

-Puedo hablar con él.

-Que no, Rosa, que no. -¿Sabes qué pasa?

Que está hasta arriba de trabajo. -Ya, era una broma.

(RÍE)

-Oye, Paolo.

¿Sabes que Nacho me está enseñando

y que estoy trabajando con él? -¿En serio?

-Si te fías de una diseñadora novata, puedo intentarlo.

Si te gusta lo que hago,

lo único que tendrías que pagar sería la impresión.

-Rosa. -¿Qué?

-¡Claro que me fío! -¿Seguro?

-"Certo".

-¿Entonces, tengo mi primer encargo?

-Absolutamente.

"Grazie". -Gracias a ti.

Pues me voy a poner ya con ello. -Perfecto.

-Gracias, Paolo. -A ti. ¡Mua!

(RÍEN)

Hola.

¿No está mi madre?

No, está con el distribuidor de la lencería.

¿Necesitas algo?

Sí, 20 euros para una cosa del cole.

Ah, pues toma.

Como estos.

¿No aceptas dinero de la socia de tu madre?

Gracias.

Se ve todo mucho más moderno.

Sí, y le hacía falta, ¿verdad?

Sí, siempre se lo digo a mi madre, pero no me hace caso.

No hace caso a nadie.

Bueno, a mí sí que me está haciendo caso.

Primero, con los cosméticos eco y luego, con las nuevas fragancias.

Creo que le viene bien tener una socia.

Y le viene bien que seas tú.

Me dijo que le ayudaste mucho cuando estaba tan mal.

Bueno, también estaba Lorena.

Ya, pero Lorena no está aquí, así que te lo digo a ti.

Vale, pues le daré las gracias cuando la vea.

Me gusta que haya alguien

que se preocupe de mi madre, aparte de mí.

Ya.

Estás muy preocupado por ella, ¿no?

Sí, quiere que parezca que puede con todo, pero no es así.

Los neurotípicos siempre intentan ocultar sus debilidades.

A veces, es que...

saber que uno tiene limitaciones no es fácil.

A mí no me queda otra.

Tengo muchas y no encajo en ningún sitio.

Hola. -Hola, amore mio.

-Debes de ser el primer ninja italiano.

Te has ido y no te he escuchado.

-Ya, he madrugado porque quería abrir yo

y dejar descansar a Doménico.

-¿Y eso?

-Es que últimamente me preocupa un poco.

Lo noto como extraño.

Más introvertido de lo normal. ¿No te has dado cuenta?

-No sé, ya sabes cómo es.

-Ya, pero...

Yo creo que se siente solo.

Le ha afectado mucho el fracaso de lo suyo con Silvia.

-Ah. -Tenemos que buscarle una novia.

-¡No digas tonterías!

Él ya es mayorcito para buscarse una novia.

-Ya. -¿Tú sabes lo que le pasa?

Que está obsesionado con Giuliana. -Eso, seguro.

Pero ¿te ha dicho algo?

-No, no, me lo has dicho tú.

-Sí.

-¡Huy, no me gusta nada esa sonrisa!

-He tenido una idea. -Eso es lo que pasa.

Detrás de esa sonrisa viene una idea que no es buena.

¿Recuerdas lo que hicieron Samuel y Celia por Serafina?

-Sí.

-Le ayudaron a reencontrar a su gran amor.

Tenemos que hacer lo mismo.

¡Vamos a encontrar a Giuliana!

-¡Y dale! ¿Quiénes somos nosotros para meternos en su vida?

-Sus mejores amigos y las personas que le quieren más.

¿Te parece poco?

-No sabemos si quiere saber algo de ella.

No sabemos por qué terminó ni si ella ha rehecho su vida.

Ni si quiere verle. -¡Qué más da!

Tenemos que intentarlo. ¿Sabes por qué?

Porque el amor siempre triunfa.

Siempre.

Me gusta mucho cómo eres.

Tienes las cosas más claras

que la mayoría de la gente...adulta.

Bueno, tampoco es tan difícil.

A veces, aceptarse significa ser flexible con uno mismo.

Eso dice la psicóloga, pero a mí me cuesta mucho

porque necesito rutinas para sentirme bien.

Supongo que tienes razón.

¿Sabes?

Todos nos tenemos que agarrar a algo que nos haga sentir seguros.

¿A qué te agarras tú? ¿Yo?

Pues a mi familia y, sobre toso, a mi marido.

Yo soy muy independiente, muy así,

pero en el fondo, necesito saber que cuento con él.

Mi madre también se agarraba a mi padre,

pero ya no puede contar con él.

Y yo tampoco.

Perdona que haya sacado el tema.

No tienes la culpa de que esté muerto.

¿Qué te parecen las plantas que hemos comprado para decorar?

Son aloe vera.

¿No hay que regarlas? No, se riegan muy poco.

¿Quieres ayudarme a colocarlas? No, tengo que ir al cole.

¿Y luego, a la vuelta?

Sí, a lo mejor me paso.

Adiós. Adiós.

Bueno, vamos, un poco de silencio, por favor.

Eh, eh, ¿nos callamos?

Ya sé que tenéis mucha prisa por abrir vuestros puestos.

Muchas gracias por venir. Vamos a intentar que sea breve.

Elías, antes de empezar. Tenemos pendiente

buscar un nuevo encargado para el puesto de gerente.

¿Alguien ha hablado con Lola?

Sí, parece que sigue de baja por un tema de salud

y no tiene intención de volver al mercado.

-¿Qué pasa con Samuel?

Samu nos ha echado una mano todo este tiempo

y en vista de los últimos acontecimientos,

está claro que el puesto de gerente le queda grande.

-Lo ha hecho estupendamente, ha tenido un error.

Un error lo tiene cualquiera. No he dicho lo contrario.

Pero lo que iba a ser una suplencia se está alargando.

Y yo creo que el puesto debería ocuparlo alguien con experiencia.

Samu puede seguir como ayudante, que es su puesto.

Bueno, ya lo veremos.

Efectivamente, ya lo veremos, porque la reunión de hoy

es para tratar otro tema mucho más importante,

que es el presupuesto de la reforma.

El Ayuntamiento no nos va a dar ninguna ayuda.

¿Qué quiere decir eso? Que nos toca apoquinar a todos.

Tenemos que soltar pasta para arreglar la cubierta,

las humedades del almacén... -¿De cuánto dinero hablamos?

-Sí, ¿a cuánto tocamos? Bueno.

He hecho un presupuesto, aquí lo tenéis detallado,

echadle un ojo, por favor,

lo comentamos ahora y me decís qué os parece.

-¡Esto tiene que ser una broma! ¿Cómo puede ser tan caro?

Elías, esto es una barbaridad.

El que quiera puede buscar otro presupuesto.

Pero yo he hablado con todos los arquitectos posibles.

Con todos.

El presupuesto es el que es, no se puede ajustar más.

Y este lo ha hecho una íntima amiga mía.

Como favor personal, ha ajustado su sueldo lo más que ha podido.

-Pues menos mal que lo ha ajustado.

Lo que no se puede ajustar

es ni la mano de obra ni los materiales.

Si no os importa, voy a consultar a otro arquitecto.

No me importa en absoluto. ¿Pones en duda mi presupuesto?

No, solo pretendo que salga un poco más barato.

Solo quiero ayudar. ¿Ayudar?

¿Cómo, retrasando esto otra vez?

Tenía entendido que no querías saber nada

ni del mercado ni de la renovación.

Os lo digo muy en serio.

Es lo que vais a conseguir, no se puede ajustar más.

El presupuesto es el que es.

Jorge, Elías tiene razón.

Él conoce a todo el mundo.

Si no ha podido rebajar el presupuesto, es que no se puede.

Carmen, ¿tú cómo lo ves?

-Que no tengo ni idea de cómo vamos a pagar esto.

Espera, que me estoy mareando. -Carmen.

-¡Uf! -Carmen.

¡Eh!

¡Agua, por favor!

-¡Haced hueco, por favor!

-¡Carmen! -Para, para.

Quita, que me ha debido dar una bajada de tensión.

Es que da gusto verte comer. Disfrutas como una niña.

-Comer es lo que más me gusta del mundo.

Ni los años ni los disgustos me han quitado el apetito.

Yo he llegado a estar con 39 de fiebre

y pidiendo la merienda.

-Por ti no pasan los años.

Se te nota en los ojos.

Brillan, Valeria. -¡Huy!

Tú estás más zalamero de lo normal.

¿Qué quieres? Que ya nos vamos conociendo.

-Nada, nada.

¿Qué pasa, no se puede piropear sin que te acusen de pedir algo?

-Anda, ¿de qué se trata? -Bueno.

Que conste que los piropos eran sinceros.

Pero sí, quiero pedirte algo.

Que me acompañes a ver a Genaro.

-Pero ¿no ibas con tu hijo? -Sí, pero no es lo mismo.

Está muy fastidiado y no sé cómo voy a reaccionar cuando lo vea.

Por eso te pido que vengas.

Mi hijo no va a apretarme la mano para confortarme.

-Lo siento, pero es que a mí

estas situaciones también me afectan mucho.

He estado estos últimos meses acompañando a Concha

para que diera un paseo, para que se desahogara.

Pero he sido incapaz de ir a ver a Genaro.

-Porque no estabas conmigo. Yendo los dos será diferente.

-No insistas, Jesús. No se me da bien.

No me gusta ir a ver a viejos enfermos.

Me pongo muy nerviosa y lo notan.

-Mujer, una vez solo.

Oye, papá.

No has venido a la asamblea. ¿Ya ha acabado?

Ahora iba. ¿Cómo ha ido?

Movidita.

Cuando les he presentado el presupuesto de la arquitecta,

natural, a nadie le viene bien desembolsar tanto dinero.

Y supongo que producto de los nervios, de la tensión,

a Carmen le ha dado un mareo.

-¿Qué le ha pasado? Nada.

Nada, nada, no le ha pasado nada.

Habrá sido por el calor.

Estaba tomando el aire, he ido a verla

y me ha dicho que si puedes abrir la carnicería.

Sí, claro. Mientras ella se despeja.

Voy ahora mismo. Adiós, me voy corriendo.

Da besos a Genaro. No corras.

A ver si te vas a caer. ¡Ay!

¿Vamos?

(SUSPIRA)

Papá.

Que van a ser solo 20 minutillos y te lo va a agradecer.

Bueno.

Eso, si se entera.

Que sí, hombre.

Gracias, gracias, ya estoy mejor.

Ha sido solo un mareo, que...

Que me he llevado un disgusto muy grande y el calor.

Que...

Que como la baja de Lola va para largo,

quieren buscar un nuevo gerente.

-Por lo de la inundación del almacén, ¿no?

-Jorge está indignadísimo. -¿Te van a despedir?

-No, quieren que vuelva a ser ayudante.

-Eso está por ver, que hay que votarlo.

Nadie se ha currado más este trabajo que tú.

Si queréis, pasaos por casa, que he hecho cocido.

Tengo algunos tupper en la nevera para vosotros.

-¿Cocido? -Sí.

-¿Quieres fastidiarnos nuestra convivencia?

-No seas tonto. No le hagas caso.

Muchas gracias, no tenías por qué.

-Qué va, mujer, si no es molestia. ¿Que me cuesta hacer un poco más?

Me hubiera gustado haceros un buen regalo,

pero no me lo puedo permitir.

-Con que nos metas de vez en cuando un tupper, arreglado.

Todo se va a solucionar.

-Sé que no me tengo que agobiar por el dinero,

pero es que estoy superada.

No se me ocurre nada más.

No sé cómo vamos a pagar la reforma

ni la derrama del tejado.

Parece que a nadie le importa.

-Al final, todo se arregla. No te preocupes, por favor.

-Solo de pensar que tengo que malvender el puesto

después de tanto sacrificio, no sé lo que me da.

Bueno, sí, me da un mareo. Como hace un rato.

-Mamá.

Tú eres una luchadora.

Y nunca has tirado la toalla.

-Si es que ya no me quedan más toallas.

Va, venga, que ya estoy bien.

Me voy al puesto, que está sola la abuela.

-Que por nosotros no sea. Yo me voy a currar.

-Yo también tengo que trabajar, cariño.

Que ya está, hala.

Lo de la reforma es un marrón.

-¿Qué podemos hacer?

-Como no nos toque la lotería, no sé qué vamos a hacer.

-Igual podemos organizar algo para pillar pasta.

Hacer camisetas y venderlas, una fiesta, una rifa.

-Eso está muy bien para un viaje de fin de curso.

Aquí se necesita más pasta.

Necesitamos algo como...

-¿Qué?

-Voy a llamar a Lucas. -¿Quién es Lucas?

-El de la panadería. Tiene un contacto buenísimo.

Vende tablets y ordenadores a precio de coste.

Y que se puede sacar una pasta.

Él no entra porque no tiene dinero.

-¿Tú crees que...?

-Con el puesto en el aire, tenemos que buscarnos la vida.

(ASIENTE)

Cariño, ¿cuál de estos bocetos te gusta más?

-Ay, no sé, mamá.

Hasta que no me tomo el café, no soy persona.

-Venga, que tú tienes mucho gusto para esto.

Los he hecho para Paolo.

-Este.

Es un diseño sencillo, pero a la vez, moderno.

-Vaya por Dios, has elegido el más complicado.

-¿Para qué me preguntas? -Porque necesito ayuda, amor.

Yo había pensado en este. Es mucho más sencillo

y podemos introducir fotografías

de los platos de Paolo.

-Ah, no, mamá, yo ya me hice un currazo con lo del vídeo.

¿Quieres que haga fotos a platos?

-¿Y si te pago el trabajo? -¿Qué trabajo?

-Ya te lo he dicho, Nacho.

El de Paolo. Le voy a diseñar los carteles

para su curso de cocina napolitana.

-Si que me ha durado poco la ayudante.

¿A la primera de cambio me dejas tirado?

-Qué dramático te pones.

Mira, soy mujer, soy madre.

Puedo hacer varias cosas a la vez y puedo ayudarte.

-¿Piensas que estás preparada para hacer un diseño profesional?

-Tiene muy buenas ideas, que es lo importante.

Además, me he ofrecido para ayudarle haciendo fotos.

-Gracias, hija.

Voy a llamar a Paolo.

¿Cómo estás?

El hombre está y no está.

Y a mí me parece...

mal.

Pobre Genaro.

La verdad es que sí.

Yo sabía que estaba mal, pero no tanto.

No se puede mover, no puede hablar.

No nos ha reconocido.

Aunque me cueste decirlo,

lo mejor que podemos desearle es una muerte rápida.

Vivir así no merece la pena.

Ya.

Yo todavía estoy en shock.

Yo no soy su amigo, imagino cómo estarás tú.

Oye, pero Concha...

Concha, qué fortaleza.

Qué mujer, cuidando de él todos los días.

Eso no es vida.

Aunque no te lo diga, está agotada.

Estoy más preocupado por ella que por él.

No tiene edad para soportar todo eso.

Llevas mucha razón, papá, llevas mucha razón.

¿Vas a hacer las fotos para ayudar a tu madre

o para provocarme a mí?

-¿Y por qué te ibas a sentir provocado porque le ayude?

¿Te molesta verla realizada y feliz?

-Me preocupa que haga algo

para lo que no está preparada, la cague y lo pase mal.

No tiene ni idea de diseño.

-Mamá ya es mayorcita para tomar sus propias decisiones.

Sabes tan bien como yo que mamá no necesita

ni protección ni quedarse encerrada en casa

porque su marido lo quiera así.

-Te estás pasando, ¿eh?

No voy a permitir que sigas faltándome al respeto.

-Ya he hablado con Paolo.

Esta tarde tiene los platos para que los fotografiemos.

-Perfecto.

-Gracias.

Espero que no se dé el caso,

pero si me veo así, que ya esté legalizada la muerte digna.

No quiero ver a Adela, mi mujer, el amor de mi vida,

esclava, tener que estar cuidando de mí

el resto de su vida. ¿Sabes lo que es eso?

Yo no he querido preguntárselo.

¿Han pensado en la eutanasia?

Pero aunque quisieran, en este país está prohibido

y no sé por qué.

Solo hay que tener casos como este.

Ya. Estás pensando en Valeria, ¿verdad?

Habíamos soñado con una especie de vejez dorada.

Pero ¿y si no sale como esperamos?

Imagínate que acabo como Genaro.

Yo no quiero que Valeria pase lo que está pasando Concha.

Bueno, hombre, no te pongas en lo peor.

Vamos al mercado.

No. Gracias por acompañarme.

¿No habías quedado con Valeria?

No quiero que me vea así.

Además, tengo asuntos que resolver.

(SUSPIRA)

A ver, contadme.

-Carla y yo tenemos una idea increíble para sacar dinero.

-¿Qué? -Lucas.

-¿Lucas, qué? -El de la panadería.

Tiene un amigo que cierra su tienda de electrónica

y vende tables y ordenadores a precio de coste.

-¿Y para qué queremos ordenadores y tablets?

-Nos los deja tirados de precio.

Hemos estado calculando según lo que cuestan

y si vendemos todo, podemos sacar más de 20 000 euros.

-20 000 eurazos, mamá.

-¿Y por qué no los vende él?

-Porque necesita el dinero y no tiene tiempo.

¿Es un negocio o no?

-Pero ¿el chico es de fiar, lo conocéis?

Nadie da duros a cuatro pesetas.

-No lo conocemos personalmente, pero Lucas dice que es de fiar.

-Carla y yo hemos estado hablando.

Vamos a poner el dinero pidiendo un crédito rápido.

Vendemos las tablets y los ordenadores por internet

y lo que saquemos, para el crédito y la reforma.

-La verdad es que os lo agradecería muchísimo.

Yo sé que necesitáis el dinero.

-Qué va, si al final, todos comemos del mercado.

Es lo mínimo que podíamos hacer.

-No voy a dejar que os entrampéis.

El dinero lo pongo yo.

-¡Bien!

(RÍEN)

¿Cómo han quedado las cartas?

Están increíbles. ¿A que sí?

Pues si la jefe lo tiene a bien, las pongo en las mesas.

Vale, pero ¿no te tienes que ir a tu puesto?

No, he dicho que me avisen si viene algún cliente.

-Lorena, ¿me pones un bocata de tortilla para llevar?

-Sí, claro. ¿Cómo está Carmen?

Me ha dicho que se ha desmayado. -Sí, ya está bien, gracias.

Ha sido del agobio por el presupuesto.

-Claro.

-Jorge, ¿tú no conocerás a un arquitecto de confianza?

Sí, un par.

Pues podrías... Nicolás, para.

No voy a hacer nada hasta que no me lo pida la asociación.

Bastante marrones me he comido ya.

Si has dicho que igual lo mirabas.

Sí. ¿Y cómo ha saltado Elías?

Siempre que propongo algo, me como broncas y problemas.

Así que se acabó. Y tu mujer es la que más caña me da.

Ya. Bueno, ya lo miraré yo por mi cuenta.

Muy bien.

Gracias. Luego te traigo el plato.

¿A quién quieres engañar?

No te crees ni tú que vas a dejar de implicarte en el mercado.

Mira, Lorena, voy a ir preparando tapas.

Tía, me muero de hambre.

-¿No has desayunado?

-Un par de manzanas, peor la fruta no me quita el hambre.

Yo lo que necesito es algo con bien de grasa.

(RÍE)

-¿Sabe mi abuelo que coges fruta del puesto?

-No, ¿por?

-Que es broma, tonto.

-¡Que me has asustado!

A ver si el problema lo tenemos tú y yo.

Con tu abuelo me llevo guay. -¿Estás a gusto?

-Sí, tía, mucho. Mucho más que con las Pachecas.

Germán tenía razón, cambiar de puesto ha sido

como subir de nivel, como un ascenso.

¿Para qué te has traído la cámara? ¿Te vas luego a clase?

-No, me la he traído para que dé un paseo, la pobre.

Como siempre la tengo en casa.

-¡Ah, qué graciosa eres!

(RÍE)

¿Tienes que hacer fotos para clase?

-No, es para ayudar a mi madre.

Le va a diseñar unos carteles a Paolo

y esta tarde tengo que hacer unas fotos de sus platos.

Quiero practicar antes un poco.

-Qué guay, fotos de platos de macarrones.

De aquí al Prado, tía.

(RÍE)

-No es como fotografiar leones en la sabana, pero es lo que hay.

-Lo mismo los macarrones te sirven para algún trabajo de clase.

-Pues no creo porque he dejado las clases.

-¿Qué me estás contando?

Hola, Jesús.

-Quería hablar contigo.

-Tengo que hacer la compra. Hablamos en otro momento.

-Seré breve.

Verás, con esto de la renovación,

al mercado hay que darle una imagen más moderna.

Y habíamos pensado que te podíamos encargar a ti

un proyecto gráfico. No se lo he dicho a Elías.

Pero le va a parecer bien la idea.

Antes de decírselo, quería saber si te interesaba.

Si hay que encargárselo a alguien de fuera,

qué mejor que hacerlo tú.

-Muchas gracias por pensar en mí. Claro que me interesaría.

Ahora que Rosa ha dejado el bar, un extra nos vendrá muy bien.

-Y la matrícula de la niña.

Supongo que la economía familiar se habrá resentido.

-Sí, tenemos que hacer malabares para llegar a fin de mes.

-Para eso estoy yo. Si necesitáis algo...

-Te lo agradezco, pero no te preocupes.

De momento, no me falta trabajo.

Y si tenemos que recortar gastos, no me importa

con tal de que Rosa esté en casa, que es lo que quiere.

-¿Y cómo está?

-Bien, en casa siempre está bien.

Lo que le agobiaba era el estrés del bar.

-Ya, y las discusiones con Lorena.

-Sí. Supongo que son cosas normales entre hermanas.

-No es la primera vez que discuten.

Pero esta vez ha sido más grave.

No me gusta meterme en esto,

pero creo que voy a tener que intervenir.

-No, no te metas. Ya se les pasará.

-¿Tú sabes algo?

-Algo.

Pero de verdad, mejor no removerlo.

-Te pido por favor que me cuentes lo que sepas.

-Es que...

Esto es muy incómodo para mí.

Eres el padre de Lorena y hay cosas...

-Ya soy mayorcito y no me va a asustar nada.

(SUSPIRA)

Es que no me lo puedo creer.

Con la ilusión que te hacía y con lo que te ha costado entrar.

Conseguiste que tu padre te pagara la matrícula.

-Ya, bueno, yo qué sé, no se me da bien estudiar.

-Una cosa es el instituto, que sí, que es un pelmazo,

pero otra cosa es el curso de fotografía.

A ti te mola hacer fotos. ¿O ya no?

-¡Que sí, pero las cosas han cambiado!

Mi madre ha dejado el bar y está triste, se lo noto.

-O sea, que ahora la culpa es de tu madre, ¿no?

Venga ya, tía, no cuela.

¿Ha pasado algo o qué?

-Que no estoy a la altura de los demás.

Y paso de que me humillen todos los días.

-No me lo creo. Las fotos que me has enseñado

están hechas con altura.

Ha pasado algo, ¿no? Es eso.

-Que me ha tocado un profesor que es un borde.

-El que te pilló empanada el otro día.

-Sí.

El último día me tiró las fotos a la basura.

Me las borró del ordenador, ya me entiendes.

-¿Para qué hace eso?

-Porque por lo visto, no eran buenas.

-Para eso vas al curso, para aprender a hacer buenas fotos.

(CHISTA)

De todas formas, menudo personaje.

Aunque por personaje que sea, no te puedes rendir tan fácil.

Mira, Noa, que diga lo que quiera.

Lo que no puedes hacer tú

es dudar de tu talento a la primera de cambio.

-Ya. ¿Y tú qué sabes si tengo talento o no?

-Yo no sabré de muchas cosas.

No te digo que no. Pero de carne, de frutas

y de ti controlo como el que más.

¿Mm?

Y te vas a arrepentir como dejes el curso de fotografía.

Imagínate la cara de placer de tu padre

cuando se entere de que lo has dejado.

Dime que vas a volver porque me pongo pesado, ya lo sabes.

Dímelo. -Yo qué sé, Jona.

-¡Señora, que me lo diga!

-Que te calles. Que vale.

¡Cállate, que sí!

Vale, iré a ver qué pasa.

-¿Me vas a dar la razón, me vas a hacer caso?

Porque no me lo creo. Esto solo ha pasado una vez.

-Qué exagerado eres, tío. -¿Exagerado?

¿Recuerdas cuando te dije que no te liaras con el yonqui aquel?

-Tío, que no era yonqui.

Lo que pasa es que estaba muy chupado.

-Lo que tú digas.

Te enrollaste con él. ¿Y después qué hiciste?

Venir a llorar a este hombro. ¿Te acuerdas?

¡Ay, Jona, que me ha dejado!

(RÍE)

-Sí, la verdad es que mucho caso no te hago.

-¿También me vas a dar la razón ahora?

Espera, que me lo apunto en mi diario personal.

Oye, que a lo mejor estás madurando.

Esto hay que celebrarlo, digo yo.

¿Por qué no te invito al chino nuevo que han abierto?

-¿Han abierto un chino nuevo? -Sí. Enfrente del estanco.

¿Te hace el plan o qué?

-Vale.

-Vale, en la entrada del mercado, a las dos.

¿Te hace? -Venga, guay.

-Vale.

-¿No te vas a pillar un trozo de pizza?

-No. A ver, tengo hambre, pero...

Es que el chino es bufé.

Prefiero amortizar, ir con el estómago vacío

y le saco provecho al primer sueldo.

-¡Anda, tira!

(JONATHAN RÍE)

Y cuando estaba llevando a Lorena de vuelta a casa,

ella había bebido un poco de más.

Se me insinuó.

Yo no lo tuve en cuenta porque ya sabemos cómo es Lorena

y estábamos en una boda.

No le quise dar importancia.

-¿Y se lo contaste a Rosa?

-No, y ese fue mi error.

No quise decir nada para no liarla

y ahora, años después, Lorena se lo cuenta, pero al revés.

Le ha dicho que fui yo el que intentó algo.

-A lo mejor lo recuerda así. Estaba bebida.

-Podría ser.

Pero yo creo que se acuerda perfectamente

y lo ha sacado para hacerme daño.

Menos mal que Rosa no es tonta

y nos conoce bien a los dos.

-Te agradezco que me lo hayas contado.

Y siento que hayas pasado por algo así.

No habrá sido cómodo para ti.

Hablaré con Lorena. -No, déjalo, de verdad.

Ya hemos discutido bastante por una tontería.

-Las discusiones familiares no son tonterías.

Déjamelo a mí. Ya no te entretengo más.

Hablaremos de la imagen del mercado.

-Claro.

Hola. -Hola.

-Me había parecido que eras tú.

¿Y todo esto que tienes aquí montado?

-Unas fotos que voy a hacer para un amigo.

-¿Y no te parece que hay una luz demasiado plana?

-Tranquilo, que si salen mal, las borraré.

-Eso siempre es una opción.

-Perdona, ¿qué haces?

-Pilla ese plato y vente para dentro.

Si encontramos un buen foco de luz,

vamos a conseguir mucho más volumen, ya verás.

¿Tienes un minutito para mí? Sí, claro.

Te voy a decir lo que pienso, te guste o no.

Sé lo importante que es el mercado para ti.

Basta ya de engañarte.

¿Lo dices por lo que le he dicho a Nicolás?

Sí, y eso solo ha servido para confirmar

lo que yo ya sabía que iba a pasar.

No te has podido aguantar, has participado en la asamblea.

Si es que tú eres como yo. Si te callas, revientas.

Mira, me cuesta mantenerme al margen, sí.

De hecho, tenía una propuesta para el nuevo gerente.

Javier, el amigo que te presenté.

Pero he pensado: "¿Para qué?

Mejor me quedo callado y ya está".

No, no, no, ¿por qué no?

Es amigo tuyo de confianza, dices que es buen gerente,

que lo hizo muy bien en aquel hotel.

¡Sería estupendo! Ya.

Díselo a Elías. ¡Sí!

Seguro que le parece una idea brillante.

Sobre todo, viniendo de mí.

Cualquier cosa que diga le parece mal.

Mi hermano te valora mucho más de lo que tú te crees.

¡Huy, seguro! Sí, seguro que sí.

No hay que ser muy listo para saber que eres un tío brillante.

Tú puedes con tu negocio

y con lo que se te ponga por delante.

Claro.

Dices eso porque eres mi amiga.

¿Tu amiga?

¿Nada más?

Bueno, una amiga especial.

Lorena, estamos bien juntos, nos divertimos.

No hay que ponerle nombre. ¿Para qué una etiqueta?

Sí, totalmente de acuerdo contigo.

Vale.

Uf, me voy, que viene un proveedor.

Luego me acerco y te ayudo con las comidas.

Voy a comprar pan. ¿Alguna otra cosa que se te ocurra?

No, creo que no. Vale, luego te veo.

Hola, Celia.

Hola, no te había visto, que llevo un día...

¿Y eso, ha pasado algo?

No, Adela, que me ha recomendado un proveedor,

pero se ha enrollado como las persianas

ye me ha regateado hasta el último céntimo.

Con Adela, todo bien, ¿no? Sí.

He visto que estaba el ambiente un poco tenso.

Igual lo que has notado es mi indignación

de ver lo falso que puedes llegar a ser.

Pues nada, muy bien, eso me pasa por preguntar.

Ya sé lo del tío que le ha ido con el cuento de tus infidelidades.

Y tú le has convencido de que lo ha hecho por el despido.

Y ahora, claro, vienes como maridito

que le invita a cenar, que la quiere mucho.

Me parece patético.

Si estás celosa, no tienes más que pedirme que te invite a cenar.

No digas tonterías, Elías.

Cada día me arrepiento más de lo que pasó.

Sí, te arrepientes, pero piensas mucho en ello.

Pues sí, es que no sé cómo pude ser tan tonta.

Te voy a decir una cosa. Y esto es muy serio.

No me juzgues tan a la ligera. ¿De acuerdo?

Yo quiero mucho a mi mujer.

Y no quiero hacerle daño.

Pero a veces, no es fácil.

Ya. No es fácil mantener cerrada la bragueta.

Pues no. ¿Sabes por qué?

Porque con ella no puedo disfrutar como contigo.

Jorge.

¿Vienes de comprar pan?

Sí, para tu hermana.

Pues mira, por ahí viene.

¿Dónde ibas? Voy a por cambio.

¿Puedes ir al bar? Está mi padre comiendo detrás de la barra.

No te preocupes.

¿Qué haría yo sin ti?

Qué bien, qué bonito, qué bien os lleváis.

Qué amigos sois ahora.

¿Amigos?

No, somos algo más que amigos.

Estamos saliendo.

¿No te lo había dicho?

No, no, no sabía nada, es que mi hermana es,

conmigo es muy reservada.

Pero me alegro mucho. Enhorabuena, parejita.

Ahora que somos medio familia,

cuando vaya al Delicatesen, me harás un descuento.

Sí, claro.

Pero para hacerte un descuento, tendrás que comprar algo.

Es verdad, que nunca he ido. Entonces, déjalo.

Bueno, hasta luego. Chao.

Chao. (RÍE)

¿En serio?

¿Qué?

¿No me digas que le tenías echado el ojo?

¿A Jorge? No, para nada.

No es mi tipo. Pues tu cara no dice eso.

Y dale, que no.

Aunque fuera así, no te tengo que dar explicaciones.

Bueno, tranquila, somos amigos.

No, no eres mi amigo. Eres un error, Elías.

Si no te importa, tengo mucho que hacer.

Te veo ahora. Vale.

Esto es tuyo.

Ya estoy aquí. ¿Has tenido mucho lío?

-Si no has tardado ni un minuto.

-Ya te puedes ir a comer. -Ya no tengo hambre.

Veo que tenéis carta nueva. -Sí.

La verdad es que estoy muy orgullosa.

Son tapas de toda la vida con un toque innovador.

Modernas, para el barrio. Como yo.

¿Qué pasa, no te gustan?

-Aquí la gente no está acostumbrada a estas cosas.

Vienen por la cocina de Rosa.

Y hay una máxima en los negocios.

Si algo funciona, no lo menees.

-Venían por la cocina de Rosa.

Pero es que Rosa ya no está. Ahora estoy yo.

Y digo yo que será mejor ofrecer algo distinto

que una copia de Rosa.

-Allá tú.

Pero creo que te equivocas.

Ay.

Lo siento, ya me conoces.

Creo que es mejor decir la verdad, aunque duela.

Y parar a tiempo, mientras las cosas tienen remedio.

-¿Parar el qué?

-Rosa es el alma del bar y lo ha sido siempre.

Y quizá...

Quizá el bar es demasiado pequeño para vuestras diferencias.

-Te recuerdo que fui yo quien se ofreció a irse y dejarla sola.

Pero ella no quiso.

¿Has hablado con ella?

-Eh...

Sí, he hablado con Rosa.

-Te ha contado lo de la boda. No es justo, papá.

¿Y tú de verdad crees que intenté liarme con Nacho?

-No sé, hija, es lo que me han contado.

-¿No quieres oír mi versión? -Ya sé tu versión.

Tengo que recordarte las veces que has perdido los papeles.

Y la liaste, borracha y hasta drogada.

Y luego no te acordabas de nada.

-Eso fue hace mucho tiempo. -Sí.

Ya sé que lo haces sin intención.

Pero no sabes el daño que puedes llegar a hacer.

-Yo ya no soy así, papá. -Estoy seguro de que no.

Pero si de verdad has madurado,

es el momento de demostrarlo.

Han quedado superchulas, tío.

Oye, muchísimas gracias, de verdad.

Sé que para ti habrá sido un rollo.

-¿Un rollo por qué?

¿Porque solo son fotos de bodegones?

Te recuerdo que hay grandes fotógrafos

especializados en bodegones. Incluso directores de cine.

Lo importante no es lo que se fotografía,

sino la mirada del artista.

-Ya, lo que me extraña es que hayas sido tan majo conmigo.

-¿Por qué, tan borde te parezco?

-Que borraras mis fotos del ordenador no fue muy agradable.

-¿Por eso has faltado a clase?

-¿Tú qué crees?

-Pues siento que te lo tomaras así.

No es que no me gustaran tus fotos.

Es que no estaban a la altura de tu talento.

-¿En serio crees que tengo talento?

-Si no lo pensara, no estaría aquí.

-¿Has venido aquí por mí?

Pensaba que había sido casualidad.

-Bueno, la escuela está al lado y pensé que te había pasado algo.

Pero lo único que te pasa es que eres un poco susceptible.

-A nadie le gusta que le digan que su trabajo es una mierda.

-No, yo no dije eso.

Es verdad que las fotos tenían fallos,

pero apuntaban maneras.

Yo creo que tienes mucho potencial, de verdad.

Si trabajas duro y dejas a un lado tu ego,

la escuela te puede venir muy bien.

-¿Eso es una disculpa?

-No, para nada.

Es más, si vuelves a clase,

seguiré tirando las fotos que no me gusten.

Yo soy un profesor exigente.

Así que si quieres volver,

tendrás que aprender a encajar las críticas.

¿Qué te parece? ¿Podrás aguantarlo?

Porque si tú aguantas mis borderías,

yo puedo ayudar a que seas una gran fotógrafa.

-¿De verdad piensas que puedo ser una gran fotógrafa?

-Igual me he pasado, una buena, tirando a muy buena.

(RÍEN)

-Me vale.

-Me alegro de no haber venido para nada.

Porque tengo un hambre que me muero.

Tu amigo, mucho sacar platos, pero no nos ha puesto ni una tapa.

-Te invito a una pizza, qué menos.

Siéntate. -Vale, pago yo.

-No, tranqui, si seguro que Paolo nos invita.

Toma, las dos últimas. Ponlas ahí.

Perfecto.

Qué raro, tu madre no ha llegado todavía

y es la hora de comer.

Es verdad, no me había dado cuenta.

Mira.

Has cambiado la decoración.

Hemos, David me ha ayudado. ¿Qué te parece?

Que ibas a cambiar un estante y has cambiado todo el puesto.

¿No te gusta? No, no me gusta, David.

Has hecho como con las colonias, tomas tú las decisiones.

Celia, no te pongas así, que tampoco es para tanto.

Estoy harta de que hagas

lo que se te pone en la punta de la nariz.

Te recuerdo que somos socias. Y no me olvido. Por eso.

Porque quiero mejorar el negocio.

Cambiar la decoración sin avisarme

y utilizar a mi hijo no es la mejor manera.

No me está utilizando. ¡David, por favor, estoy hablando!

¡David, no, espera, hijo!

Muy bien.

Espero que no se te ocurra echarme la culpa de esto.

Creo que no ha sido muy buena idea esto de asociarnos.

O sea, que primero vienes de mala leche,

protestando por todo y ahora me sales con esas.

Si no me quieres como socia, ya sabes lo que tienes que hacer.

Disolver la sociedad.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

He cambiado unas cosas sin decirle nada.

Me he dejado llevar por la inspiración.

Una cosa llevaba a la otra y como quedaba bien...

No sabes cómo se ha puesto.

Me ha dicho que va a disolver la sociedad.

Que haga lo que quiera. Pues nada.

Ya mismo estás aquí a tiempo completo.

La parte positiva es que aquí vas a poder ser la jefa.

Lo que tu padre ha hecho es un golpe bajo.

Decir que tu trabajo no vale me parece muy injusto.

Los dos nos hemos esforzado mucho por sacar esto adelante.

Y la carta ha quedado espectacular.

Así que no me lo trago.

Tiene que haber algo más.

Y o bien no nos lo cuentan

o tú no me lo quieres decir.

No quiero condenarte a vivir con un viejo enfermo.

-¿Me estás diciendo que quieres romper por algo que no ha ocurrido?

-Me gustaría que te llevases un buen recuerdo de lo nuestro.

Y para ello, lo mejor

es romper antes de que las cosas se pongan feas.

Busco una página de compraventa de productos electrónicos.

Y creo que la he encontrado. -Ah.

¿Has comprado las tabletas? -No, voy a ir a por ellas.

-Bueno, pues mira, toma. Hala, el dinero.

Para comprarlas, guárdalo.

Estábamos mirando tapas nuevas para la carta del bar.

Podría ayudarte con eso, tengo experiencia de cocina.

¿En serio?

Te ayudé a hacer el catering del colegio.

Por mí, perfecto, pero lo que diga la jefa.

-Claro, me parece muy bien.

Sí, soy como soy, decidida y cabezota.

Pero lo hago por el bien del negocio.

¿Qué pasa, que yo no? Yo, por el mal del negocio.

¿Ves como eres muy susceptible?

¿Yo? ¡Bueno, serás...! ¿Seré qué?

Tengo que ir a agradecer un favor a un amigo.

-¿Agradecer qué?

-Sí, me ha ayudado a encontrar la solución

para hacer feliz a Doménico.

Giuliana.

¡Está aquí!

¿No es maravilloso?

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Mercado Central - Capítulo 45

25 nov 2019

Elías recurre a Genaro para lanzarle un mensaje muy claro a su padre.
Movida por sus sospechas sobre Nacho, Adela provoca la intervención de Jesús en el conflicto entre Rosa y Lorena.
Rosa decide ser ella quien diseñe los carteles para Paolo, a pesar de la desaprobación de su marido.
Elías presenta los presupuestos inflados.
Samuel inicia un plan para ayudar a su madre.
Noa se reencuentra con un profesor con el que no termina de llevarse demasiado bien: Luis.
Jorge movido por los celos hacia Celia y Elías, oficializa su relación con Lorena.

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