Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 41 - ver ahora
Transcripción completa

Cuando alguien al que se lo das todo te roba...

-Pero él dice que está muy arrepentido.

Y lo hizo por su hermana.

-Pero si no tienes que convencerme. Yo sé que Jonathan es buen chaval.

Eso lo sé. Además, de hecho,

ha empezado ya a devolvernos el dinero.

-Ah, ¿sí? No lo sabía.

Si hoy pudiera tener la tarde libre, me iba a ver a mi hijo.

¿Que está con la abuela?

Sí. Hasta que yo esté mejor.

Si ya estás bien, mujer.

Sí, ya no tengo ansiedad.

Pues ¿entonces? Venga, vete a buscarle.

Sí, hombre. Ahora. Que sí, que me encargo yo.

¡Lorena! Perdona, ¿tienes un minuto?

Sí.

Eh... ¿Qué pasa?

¿Te importa quedarte en el puesto? Me ha surgido un imprevisto.

Sí. Noa está en el bar. Sin problema.

Puf, no sabes cómo te lo agradezco. ¿Todo bien?

Sí. Que resuelvo un tema y vuelvo enseguida.

Vale. ¡Corre!

Yo me ocupo, como si fuera mío.

Oye, de verdad, te debo la vida. Gracias.

Ya me lo cobraré. Hecho. Chao.

Él es consciente.

Estuvo a punto de decirle la verdad.

De cargar con las consecuencias.

Su madre y yo no queríamos.

Y si al final no lo hizo es porque no pudo hacerlo.

-Pobrecito. Pobre Samuel.

-Su abuela le convenció. -Ya.

¿Ninguno pensáis en Carla?

Si se entera, le arruináis la vida.

-Por favor, Jonathan, no removamos más el pasado.

No te voy a dejar solo nunca.

¿Lo entiendes?

Sí.

Yo no abandono, David. No es mi carácter.

Yo voy a estar contigo siempre. Siempre, pase lo que pase.

¿Te queda claro?

Que mi hijo Marcos es mayor. Está crecidito.

Que no es un niño. No me tienes que dar explicaciones.

Lo sé, pero hay mujeres que no les gusta salir con hombres con hijos.

Hay hombres que no les gusta... Sí.

Lo ven como una carga y no lo es. Bueno... Tranquilo, Jorge.

Sé perfectamente que me estás contando esto

porque lo nuestro va muy en serio.

Pues sí. Ahora me voy...

Lo he dicho. Vale.

Dar mala imagen, en el fondo, te beneficia.

Nadie sospechará que estás detrás de todo esto si te perjudica.

Sí. Visto así, sí. Llevas razón.

Venga, adelante, llama a tu amigo. Vamos.

Muy bien.

Has tomado la mejor decisión, papá. Ya.

Va a salir todo de perlas, ya verás.

Te puedes ir despidiendo del puñetero tejado ese.

¿Cómo que se te echó encima?

¿Qué se puso enferma? -No, Rosa.

Que intentó algo más. Que quiso liarse conmigo.

-¿Contigo? -Sí. Yo le paré los pies.

La llevé a su casa y punto.

Pero fue muy incómodo. Muy desagradable.

¿Quién intenta liarse con el marido de su hermana?

Es asqueroso solo de pensarlo.

(Risas)

(Besos)

(Risas)

Ha merecido la pena el madrugón. ¿No?

¡Ñam! -¡Eh, cuidado!

-Ay, tengo mucha hambre. ¿Tú no?

-¿Te preparo un café? -No. Todavía, no, después.

¡Ey! -Paolo, ¿cómo estás?

-Bien, ¿tú? -¿Qué tal tu madre?

-Bien. Gracias. -La operación...

-No, no la operaron al final.

-Y... ¿qué tal el tiempo?

-¿Ahí en Nápoles? -Sí.

-Bien. Sí. -¿Todo bien?

Cristina, tengo que abrir. -Ay...

-Anoche no pude preparar nada. -No sé por qué.

-Déjame, anda.

¿Mucho lío hoy? -Mmm. Tengo una en la floristería...

-Entonces, voy a tener que darte el día libre, ¿no?

-¿Tienes un hueco a las dos para alegrarme la mañana?

-¿A las dos? ¿Qué dices?

Sabes cómo se pone la pizzería a esa hora.

-Ya encontraremos un hueco. Me voy al baño.

(CRISTINA SUSPIRA)

(PAOLO) No, al final, no la operaron. (HOMBRE) ¿No? ¿Qué tal por allí?

(PAOLO) Bien, a Napoli, muy bien.

¡Ey, Dome! Perdona, ¿eh? ¡Doménico!

¡Ey!

¡Doménico! ¿Cómo estás? ¡Ey!

¡Doménico! (RÍE)

¿No me has oído?

-¡Paolo! ¿Cómo estás?

-Feliz. -Me alegro de verte.

¿Cómo está la "mamma"?

-Bien. Mucho mejor. Sí. -¿Está bien?

¿Te preparo un "ristretto", sí? ¿Un café?

-Va, va. -Bien.

-¿Y... ya la han operado?

-No. Al final, no la van a operar. Porque no se había roto nada.

-Ah... Bueno. -Ya, ya.

Tendrá que hacer un poco de descanso, de rehabilitación.

Tomárselo con calma.

Pero los médicos dicen que, en un par de semanas,

ya puede volver a caminar.

-Me alegro muchísimo, de verdad. -Ya. Yo también.

Ya, ha sido un susto, pero me alegro de haber ido a verla.

Así me quedo más tranquilo.

-Has hecho bien. Créeme.

-¿Y tú qué tal?

¿Cómo ha ido por aquí, eh? -Ha ido bien.

Perfectamente. Sí.

-Doménico, veo que no has perdido el tiempo, ¿eh?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Paolo, de verdad, te puedo explicar.

Deja... déjalo.

-¡Bravo, Doménico!

Te gusta el sexo mañanero, ¿eh?

Como se dice aquí: "Desde que amanece, ya apetece".

¿Eh? -Paolo... ¡Dame!

-¿Quién es? -Por favor.

-¿La conozco? -¡Trae!

-¿Es del mercado? -¡Trae!

-Dame un besito. Ay, dame un besito.

-Paolo... Paolo, por fa...

-¡Qué sorpresa!

-Quería darte una sorpresa. -Sí, sí.

-¿Por qué no me has llamado? La sorpresa me la has dado, sí.

-Porque mi madre está mucho mejor.

Ya veréis, nos va a enterrar a todos. -Sí.

Yo es que he venido a tomarme un café...

Buenos días, no te he dicho nada. -Buenos días.

Te lo preparo. -Sí, sí.

Que estoy muerta.

Tu madre, mucho mejor. -Sí, sí.

-Por eso estás aquí. Si no, cómo ibas a venir.

-Ya. -Claro. Sí.

Y ¿de dónde ha salido esto?

-Eso pregúntaselo al Casanova.

Ha tenido un ligue, pero no me quiere decir quién es.

-Ah. (SUSURRA) Déjale en paz, Paolo.

-Entre amigos no hay secretos.

Además, si no me lo quiere decir, es porque yo la conozco.

¿O no, Doménico? ¿Eh?

(RÍE)

¿A que sí?

Ah...

Ya entiendo lo que está pasando aquí. -¿Qué?

-Cristina, a mí no me engañas... -¿Yo?

-Tú también sabes quién es. ¿Eh? -¿Yo? No, no, no. Yo...

-Que sí. -Que no, no.

-Estás mintiendo, cuando mientes, tienes las mejillas rojas.

Va, ¿quién es? Es del Mercado, ¿no?

Yo la conozco, seguro.

-Que no sé. -Cristi.

Si no me lo dices, voy ahora mismo a las Pachecas.

Seguro que no tienen problema en decirme quién ha estado rondado.

-Bueno, que no hace falta, ¿eh? Te lo voy a contar.

Pero prométeme que vas a ser discreto. ¿Eh?

-Como siempre.

¿Me pones un café para llevar? ¿Solo?

Y sin compromiso. Mira, como yo.

Marchando un café.

¿Qué haces para comer?

Comer. ¿Y tú?

Invitarte a comer.

Ah, ¿sí? ¿Y eso? Sí.

Creo que te debo una, por quedarte ayer en la tienda.

No, no hay de qué.

Me lo cobré, te robé los bombones de macadamia.

¿En serio? Pues entonces pagas tú, ladrona.

Con lo bien que ibas.

¿Dónde me vas a llevar a comer? Me tienes muy mal acostumbrada.

Tú déjate llevar. ¿Te recojo a las dos?

Sí, pero recógeme en casa,

quería coger un bolso muy grande que tengo

para que me quepa toda la cubertería de plata del restaurante.

Qué miedo me das.

No lo sabes tú bien.

¿Qué tal?

Os habéis enterado, ¿no? La madre que los parió.

¿Qué pasa? ¿Que qué pasa?

No salimos de una y nos metemos en otra.

Y esta nos va a salir cara.

¿Hortuño otra vez? No...

Ahora los palos vienen de otro sitio.

Están rajando de nosotros en la radio.

Que si el Ayuntamiento nos va a dar un dinero por la cara,

que si los viejecitos, los del asilo,

están desatendidos si el dinero va para nosotros,

lo del chanchullo con el arquitecto... Todo.

¿En qué programa hablan?

En la tertulia del imbécil este, hombre, ¿cómo se llama...?

Valledor, ¿no es?

Raúl Valledor.

Menuda faena, ese programa lo oye todo el mundo.

¿Y qué ganan metiéndose con nosotros?

No seas ingenua, hermana.

Van a por el Ayuntamiento,

pero vamos a salir todo el mundo escaldado.

Si hay politiqueo de por medio...

Dice que mañana va a dar todos los detalles.

Van a ir a degüello a por el Ayuntamiento y el Mercado.

La gente está llamando indignada... Normal.

Pues... qué bien.

Ya os digo yo dónde van a tirar el vídeo que les hemos mandado.

Y adivina qué nombre ha salido a relucir.

El mío.

No. ¿También va a ir a por ti? Sí.

Me acusan de estar detrás del chanchullo con el arquitecto.

En mala hora se me ocurrió

ahorrarnos cuatro duros con la reforma del techo, de verdad.

Bueno, mira, para eso ya no hay solución.

En aquel momento diste la cara por nosotros. Ya está.

Ya, pues, a lo hecho, pecho.

Tenemos que pensar cómo paramos esta bola para que no se haga mayor.

Si no se ha hecho ya.

Pues nada, la reforma, la subvención... a la basura.

Luego te veo.

¿Y qué hago yo aquí todo el día? Bueno, pues me echas una mano.

Prefiero ayudar a Jorge.

Ay, perdonad. Buenos días. ¿Puedo ordenar los vinos?

David... David...

Primero le pides permiso a ver si no le importa.

¿Te importa? Es que no tengo clase. No, no. Claro.

Te echaba de menos, compañero. ¿Lo ves?

Gracias. De nada.

La verdad es que me viene de perlas, estoy esperando mucho género

y tengo que salir a la hora de comer.

Yo me encargo. Le echo un ojo.

Tengo una reunión con Adela, si no te importa...

Sí, sí. No te preocupes. Bien.

¿Has oído lo de la radio?

Sí. Lo he escuchado esta mañana. ¿Ha sido tan "heavy"?

Elías dice que nos han puesto finos.

Sobre todo, a él.

El presentador decía que somos unos aprovechados

y que queríamos quitarle la subvención a los ancianitos.

Pues qué bien.

Todo el esfuerzo para grabar el vídeo, para nada.

Jorge, pase lo que pase,

tu idea era genial. Ya.

Has emocionado a todos hablando del Mercado.

Bueno, hasta yo, que llevo aquí dos días,

casi lloro como una magdalena.

Ya, ya te vi. Ya.

Bueno, voy a tener que irme, que me está esperando Adela.

¿Te importa si... le echas...? Este ya vuela solo.

Sí. Venga.

Gracias. De nada.

(RESOPLA)

No encuentro los albariños.

No los encuentras porque se vendieron todos ayer.

Los vendió Lorena. ¿La chica del bar?

Sí. En un par de horas improvisó una cata y los vendió.

A mí me gustaría organizar una cata, pero no se me daría tan bien.

¿Cómo que no? También eres un crac.

Bueno, el otro día le vendí un pintalabios a la Pacheca.

Pero mi psicóloga dice que debo hablar más con la gente

para mejorar mis habilidades sociales.

Pues nada, a organizar catas se ha dicho.

Podríamos organizar una hoy mismo.

No te vayas, por si me quedo en blanco.

Mejor otro día, David. ¿Vale?

Es que hoy he quedado con Lorena para comer

y quiero agradecerle que se quedara ayer con la tienda.

Nunca me has invitado a comer por quedarme en la tienda.

¿Te gusta la del bar?

Mira qué buen ojo tienes, chaval.

No, no sé. Bueno.

Lorena es una chica muy especial y...

Pero lo único que hay entre nosotros ahora es una comida pendiente.

Claro, tú no le gustas. Te ve muy viejo.

David, un día de estos,

tenemos que hablar de tu nivel de sinceridad, ¿eh?

Y, mira, fíjate, no me ve tan viejo.

Yo creo que le gusto.

Al menos esa sensación tuve la última vez que quedé con ella.

¿Os habéis besado?

Bueno...

No sé.

Eso es que sí.

Si te pones nervioso, es que sí.

Es normal, si te gusta y no te ve viejo...

Ya. Ojalá fuera tan fácil.

La cosa es que, antes de conocer a Lorena,

conocí a otra mujer y...

Y creo que tengo un cacao en la cabeza...

¿Te gustaba más que Lorena?

No sé. Me confundo un poco, la verdad.

Un día me mira y creo que le gusto, me sonríe.

Y, al día siguiente, me ignora por completo.

No sé por qué los neurotípicos os complicáis tanto la vida.

Es fácil decir la verdad.

¿A que sí? Eso pienso yo.

Pero, con esta mujer, nada es fácil.

La verdad es que no la culpo.

Tiene una situación complicada, tiene problemas personales y...

Y, bueno, hay más gente en su vida.

Creo que me gusta más Lorena.

Bueno, habló el experto.

No lo sé, con Lorena todo es más fácil.

Ella es más... más luminosa, más... más divertida...

No como la rara.

No como la rara. Eso es.

Pues olvídate de la rara.

Ya.

La cosa es que creo que igual estoy quedando con Lorena

para olvidarme de... de la rara.

Quizás estás enamorado de ella.

Mi madre siempre dice que tú no eliges el amor,

el amor te elige a ti.

Tu madre tiene mucha razón.

Ese aceite de coco tiene muy buena pinta

y, a ese precio, nos deja buen margen.

Aquí tienes el tique y la vuelta, ¿mmm?

¿Hacemos un pedido pequeño a Marisol y así vemos qué salida tiene?

Pues, mira, justo lo que estaba pensando.

¿Verdad que sí?

¡Ay! Cristina.

¿Qué te parece el aceite de coco? ¿Lo has probado?

Soy más de aceite de oliva.

No, mujer, no me refiero a cocinar. Me refiero a un aceite corporal.

También fortalece mucho el pelo, las uñas...

A ver, Celia, que me parece a mí

que Cristina no está para aceites ahora.

Necesito que me hagáis un favor.

Bueno...

Necesito que tú me hagas un favor.

Pero claro, Cristina. ¿Qué pasa?

Lo que te voy a pedir es algo muy raro,

pero mi matrimonio depende de que no digas nada.

¿Nada de qué?

Bueno, más bien de que no desmientas nada.

Es que le he contado a Paolo que... Sí.

Bueno, que tú tienes... Que tienes algo con Doménico.

Pero ¿qué Doménico?

¿El amigo de Paolo? Sí.

¿Por qué has dicho eso, Cristina? Estás fatal, Cristina.

¿Me harás el favor? Él ya está avisado.

Será unos días, luego se le olvida. Vamos a ver.

¿Quién está avisado? ¿Y quién se tiene que olvidar?

Mira, si no me cuentas las cosas, no sé si te puedo ayudar o no.

Yo soy la que he tenido algo con Doménico.

¿Mmm?

Y Paolo casi nos pilla esta mañana. Madre mía, madre mía.

(SUSURRA) Te lo advertí. Bueno, que ya lo sé.

Que no necesito que me hagas de conciencia.

Hija,

de toda la gente que hay en este mercado,

¿tenías que meterme a mí?

Lo siento, se me quedó la mente en blanco, no sabía qué decir.

Y la primera que pensé sin pareja eras tú.

Lo siento mucho, de verdad que lo siento.

¿Cómo pensabas que iba a acabar todo esto?

Como mi marido se entere de esto, se va a liar muy gorda.

No, si te has liado con su mejor amigo...

Me hace a mí eso Elías y de una patada lo mando a la Luna.

Bueno, Adela, no me martirices más. ¿Vale?

Mira, solamente lo sabemos nosotras.

Bueno, y Paolo y Doménico. No tiene que enterarse nadie más.

¿Me harás el favor, por favor?

Vale. Vale, pero...

Pero que sea la última vez que me metes en un lío así.

Por favor.

Muchas gracias. Vale, vale.

Te debo una. Y grande, ¿eh? Sí.

Me voy al puesto.

¿Qué ha pasado? ¡Otra vez!

Pues nada, han saltado los automáticos.

Esta instalación falla más que una escopeta de feria.

Cómo está este mercado... Voy a avisar a Nicolás.

Que le eche un vistazo. Voy contigo.

¿Sí? Sí.

Carla, sí, sí.

Pero ¿y tú por dónde andas?

Ah, ¿en el despacho de Samuel?

Ya. Pero él no está, ¿no?

Ah, vale. Vale.

Sí, sí. No, no. Por nada.

Si estoy aquí en la puerta.

Te echo una mano con las cajas, ¿va? Venga.

¿Qué pasa? -¿Qué pasa?

¡"Yepa"! -¿Dónde están esas cajitas?

-¿Has desayunado? ¿Nos tomamos un café?

-Eh... vale. Sí. Luego nos lo tomamos en el bar.

Es que no... no me apetece estar mucho rato aquí.

-Tampoco sería tan grave, ¿no?

-Tía, Carla, de verdad, que no me apetece hablar del tema.

Nos ponemos al lío y luego nos tomamos un café.

-Pero qué motivado. ¿No quieres un café?

Hay un montón de cajas por bajar al almacén.

-Ya me dirás dónde están, yo no veo ninguna caja.

-Hola. (ENFADADO) ¿Este qué hace aquí?

-Tía, ya te vale. -No.

-Ya te vale. -Ya te vale, no.

No entiendo por qué estáis tan cabezotas, sois amigos.

-Carla, no te metas en esto. -Será porque tú lo digas. Pues no.

Mira, yo no sé qué rollo os traéis entre vosotros, ¿vale?

Y si ninguno de los dos tiene valor

de dar el primer paso, lo daré yo.

-Adiós. -No, espera un momento.

¿Recuerdas cuando estabas en contra de todo

y te organizamos un "escape room"?

Pues ahora os toca a los dos. -Paso de perder el tiempo...

-Cuanto antes habléis y antes os entendáis,

antes conseguiréis sacar la llave.

-No seas plasta.

-Ya sabéis cómo funciona.

¡"Good luck"!

-Eh... Carla, ¡no! ¡Espera! Joder...

¿Qué pasa Lorena? -Hola, guapa.

-Oye, Carla, cielo, vengo del almacén y está un poco sucio.

¿A ti te importa bajar y...? -No, qué va. Ahora voy.

-Vale. Gracias.

-¿Dónde has ido a por el café? ¿A Colombia?

-He barrido el almacén.

A alguien se le ha roto un paquete de azúcar

y no lo ha recogido.

-Y ese alguien misterioso soy yo, ¿no?

-Perdona, pero tú de misteriosa no tienes nada.

A ti se te ve a la legua.

-¿Disculpa?

Oye, llevas toda la mañana tirándome pullas.

Si no me dices qué te pasa, no te puedo ayudar.

-Déjame en paz.

-Ahora tenemos que trabajar juntas el resto del día,

así que ¿por qué no me dices qué está sucediendo?

-Yo ya sabía que, a ti, cuando te interesa un hombre,

eres capaz de pasar por encima de quien sea o de lo que sea.

Pero pensaba que a la familia la respetabas.

-¿La familia?

Jorge no es de la familia.

Y fuiste tú quien me animó a salir con él.

¿Ya no quieres o qué?

-¿Jorge? (SUSPIRA)

A ese pobre desgraciado

alguien debería de decirle a quién se está arrimando.

-Bueno, se acabó. Te estás pasando.

¿Me vas a decir qué sucede?

-A ti te da igual, ¿verdad?

Te da igual tirarle los tejos

al marido de tu hermana o a quien sea.

Si cae, cae, ¿no?

-¿Yo... con Nacho?

A ti se te va la pinza, vamos.

-Hazte la tonta, que se te da muy bien.

Me lo ha contado todo.

-¿Qué te ha contado?

-¿Recuerdas la boda de Ricardo?

-Sí. ¿Y qué?

-¿Cómo que "y qué"?

¿No te acuerdas de lo que pasó en el coche con Nacho?

Sí, ¿eh?

¿Cómo te atreves a ponerle una mano encima a mi marido?

-Estás mal de la cabeza.

Yo no le he puesto una mano encima a tu marido.

-Pues no es eso lo que él dice. -Ya.

¿Y qué se supone que dice?

-¿Te lo tengo que contar?

Está bien. Perfecto.

Pues que, cuando estabais volviendo, en el coche, ¿eh?, a Madrid,

tú le estabas comentando, que se te había quedado mal cuerpo

porque te habías ido de la boda "en blanco".

-(RÍE) Por el amor de Dios, Rosa.

¿Y por eso le metí mano? ¿No? Y tú vas y te lo crees.

-Pues no lo sé, dímelo tú.

¿A lo mejor, mi hermanita iba tan borracha

que pensó que esa noche podía tener "arreglo"?

-Yo no tengo por qué soportar esto. ¿Te digo la verdad?

¡Fue él quien me intentó meter mano a mí!

-Cómo puedes ser tan mentirosa.

-Recuerdo perfectamente cómo puso su asquerosa mano sobre mi muslo,

yo se la retiré, y ahí se acabó todo.

-¿Y por qué no me lo contaste?

-Te lo podía haber contado. Te podía haber dicho:

"¿Te acuerdas de la boda de Ricardo, en la que me presenté sin avisar?

Bueno, pues cuando Nacho se ofreció a llevarme al aeropuerto,

y, en el coche, yo pensaba, nada, que iba a meter tercera

y, en realidad, me sobó la pierna".

-Pues sí. Me lo podías haber dicho. Sí.

-Y meter veneno en vuestro matrimonio, ¿no?

Rosa, fue una situación muy... muy extraña,

muy... muy rara, muy incómoda.

Decidí no darle importancia y olvidarla.

Ya está. Se acabó.

-Pues a él no se le olvidó.

Y, fíjate, te voy a decir una cosa:

tu versión no se parece en nada a la suya.

-Claro, porque Nacho no tiene el menor problema

en soltar mentiras por esa boca de sapo que tiene.

-¿Y a quién tengo que creer? ¿Eh?

¿A mi hermanita la alcohólica que iba borracha esa noche

o a él, que no había bebido?

-Diga lo que diga, estoy condenada.

-Siempre te ha gustado jugar con fuego, reconócelo.

A tu amiga Eva también la perdiste por algo parecido, ¿no?

¿O vas a decir que a su novio solo le tocaste la rodilla?

-Por favor, ¿a qué viene ahora

sacar una absurda anécdota de mi adolescencia?

¿No te das cuenta de que lo que quiere Nacho es enfrentarnos?

Si no, ¿por qué se iba a inventar

una historia sobre una boda que pasó hace mil años?

-Porque, por suerte, en aquella época nos dejaste.

Ahora has vuelto para fastidiarlo todo.

(SUSPIRA)

(PAOLO) ¡Celia!

¡Celia, un momento! Sí.

¿Tienes un minuto?

Me está esperando mi hijo.

¡Je, je! Os habéis puesto de acuerdo los dos, ¿eh?

¿Perdona?

Que Doménico tampoco suelta prenda, ¡je, je, je!,

pero yo lo sé, entre los dos hay mucha pasión.

(RIENDO) ¿Eh?

De verdad, me alegro por vosotros. Gracias.

¿Te apetece algo? ¿Un café?

¿Un capuchino...? No. Mi hijo me está esperando.

Ah... Pero bueno...

¡Ey! ¡Jorge! ¿Has vuelto?

¿Qué tal tu madre? Bien, bien.

No ha sido nada, por suerte.

¿Vuelves al curro? Sí. Claro.

Ponme unos "cannolis" para llevar.

¿Vale? Lo ha pedido David.

Que apetito no le falta, ¿eh? No, no, no.

Pues "cannoli per tutti".

Así celebramos... ¿Eh, Celia? ¿Eh?

Necesito una buena noticia después de lo de la radio.

Nada. No hay que celebrar nada. ¿Cómo que nada?

Esta "bella ragazza" ha conquistado el corazón de mi amigo Doménico. ¿Eh?

Bueno, nos estamos conociendo un poco.

Celia, yo porque soy caballero y no quiero dar detalles,

pero a mí me parece que esta fase ya está más que superada, ¿eh?

(RÍE) Bueno, ya está bien, ¿no?

Ay, lo siento. Perdona, soy un bocazas.

Eh... Pero es que solo yo quería darte...

Felicitarte. A ti y a Doménico.

Bueno, pues te lo agradezco, pero no te alegres tanto.

¿Por qué? Pues porque no.

Entre Doménico y yo no ha pasado nada.

Anoche ocurrió lo que ocurrió, y ya está.

Anoche, no. Esta mañana.

¿Eh? ¿Esta mañana?

(RÍE) Esta mañana. Eso es.

Pero, de verdad, que yo ahora mismo no... no estoy centrada en el amor.

Tengo muchas cosas que hacer con mi familia y con mi negocio.

Lo siento.

Con la ilusión que me hacía... Bueno.

Jorge, voy a por tus "cannolis".

Luego paso a por ellos.

Escucha, es un...

Rosa, ¿qué va a pasar con lo de la subvención para la cubierta?

Los de la radio se han despachado a gusto contra nosotros, ¿eh?

Nos tocará pagar, como siempre.

Sí, pero a mí, por partida doble, porque, además de la frutería,

tengo los gastos de la droguería.

Dicen que sarna con gusto no pica.

Uy, sí que pica. Y tanto que pica.

Pero, bueno, me compensa.

¿Tú sabes la ilusión que me hace sacar adelante mi propio negocio?

Con Celia me entiendo muy bien y eso me da mucha tranquilidad, ¿eh?

Rosa.

¿Qué te pasa?

Nada. Que he dormido fatal.

¿Y qué haces aquí? ¿Por qué no te vas a descansar?

¿Dónde está Lorena?

¿Lorena? ¡Uf! ¡Dios sabe dónde!

Uy, ese "Dios sabe dónde" me suena

a que os habéis vuelto a enfadar, ¿no?

Ay, de verdad.

Los De la Cruz sois de traca, ¿eh?

(CARMEN) No hay dinero, no hay dinero.

Pero todo el mundo paga con billetes de cincuenta.

Anda, Rosa, dame cambio.

Rosa no está, la hemos perdido. Si la encuentras, dile que vuelva.

-Qué graciosilla, ¿eh? Anda, trae.

-¿Habéis oído la radio esta mañana?

Nos van a hacer falta de esos para pagar la cubierta.

Valeria habrá puesto el grito en el cielo.

Si ni se ha enterado. Ya no tiene cabeza para nada.

Solo para la casa de Comillas, lo que le quita el sueño.

¿El patriarca y su churri dónde están?

Se suponía que volvían hoy.

Ah, ¿sí? Claro que, a lo mejor,

deciden pararse en mitad del camino

y pasar otra noche romántica a la altura de Burgos.

Yo no daba un duro por esa pareja. Pero, míralos, felices como perdices.

Lo importante es que se quieran y que disfruten el momento.

Ya está.

Mira, por ahí vienen los tortolitos.

-Hola, hija. -Hola, guapa.

¡Ay, la mamita mía! Estábamos hablando de vosotros.

¿Qué tal por Comillas? -Pues muy bien, como siempre.

-Qué preciosidad de casa.

No me extraña que tu madre no quiera perderla por nada del mundo.

Tiene unas vistas sobre el mar que solo verlas te caes de culo.

-Con la reforma va a quedar espectacular.

-Ya veréis, ya veréis.

Cuando esté acabada, nos vamos a ir allí a celebrarlo.

Oye, no te precipites.

La casa es de Valeria y la pones en un compromiso.

-No. Compromiso ninguno.

Si la casa está para eso. -La casa está para tirar.

Así que menos promesas y más dinerito.

Sin esto, como el que tiene un tío en "Graná",

ni tiene tío ni tiene "na".

-Tranquila, que del dinero me encargo yo.

Jesús, ¿tú sabes la fortuna que puede costar

reformar una casona como esa?

Bah, sobre doscientos mil euros.

Pero, cuando veas las vistas, te va a parecer barato.

(SAMU) "Ahí está".

(JONATHAN) ¿Qué hace con un perrito? (RÍE)

-Rápido me pide uno.

-Ya te digo. ¿Qué pasa?

-¿Escaqueándote del curro?

Pero, bueno, ¿cómo se llama?

-¡Bimba! -Hola...

Ay, qué cosa. -Sí.

-Te invito a desayunar donde Paolo.

-Toma, anda.

-Habéis salido muy rápido, ¿no?

-Tú y tus ideas de flipada, tía. ¡Flipada! Que eres una flipada.

-Vale. ¿Cómo ha ido? ¿Habéis hablado?

-Sí, del tiempo. Que va a abrir. ¿Verdad?

-Ya te digo, hermano.

-Bueno, parece que no ha ido tan mal.

-Podría haber ido mejor si no fuera tan cabezota.

-Habló. Habló el cabeza buque este.

-A cabezotas no os gana nadie. Eso ya me ha quedado claro.

Bueno, lo importante es que volvéis a ser colegas.

Habéis dejado los malos rollos atrás.

-Lo que hay que hacer por tener a tu pibita contenta.

-Habla de cabezotas, pero ella no se queda corta.

-Ya te digo. -Anda, que me teníais contenta

con todo esto, ¿eh?

Por lo que más queráis, no lo volváis a hacer, ¿vale?

-Que sí... -Me voy a currar.

¡Eh! Luego nos y nos tomamos algo.

-Sí. -Eh...

Yo... yo lo tengo un poco complicado.

Es que había quedado con mi hermana en pasarme por su casa y no...

-Venga, que será solo un momento.

Nos tomamos la birra de la paz y luego te vas donde quieras.

-La birra de la paz.

Hacemos una cosita:

me mandáis un mensaje, me decís dónde estáis y...

Luego, yo, si puedo, pues me paso.

-Vale. -¡Como no vengas, te mato!

-Que sí, flipada. Que eres una flipada.

Que tía. -Qué bien se te da hacer el paripé.

-Pues anda que a ti. ¿Eh?

No sé cómo puedes mirarla sabiendo... -¡Cállate la boca!

¿En qué hemos quedado? -Que sí.

Si se lo quieres contar, se lo cuentas.

Es tu vida, y ahí no pienso meterme.

-Te ha costado, ¿eh?

-No lo hago por ti, lo hago por ella.

Está de lujo contigo y no seré yo quien la líe.

-Si te callas, no tiene por qué pasar nada.

-Ojalá le eches valor y seas capaz de decírselo tú.

Como se entere por otro lado, la vas a mandar de nuevo al hoyo.

Y te acordarás de mí y de esta conversación.

Oye, dile a Carla que, no sé,

que mi hermana me ha pedido que me ocupe de mi sobrino.

-Vale. -¿Vale?

-Y gracias.

-Dáselas a Carla... y a tu padre.

No sabes la suerte que tienes de contar con él.

(SAMU SUSPIRA)

Jesús, que doscientos mil euros no son una tontería.

Yo creo que tú deberías hablar antes con Elías, ¿eh?

¿Con el aguafiestas de tu marido? ¿Para qué? Ya sé lo que va a decirme.

¿Sí? ¿Y también sabes que, seguramente,

nos van a denegar la subvención para lo del techo?

Sí. Fermín me ha puesto al día.

Pues, entre eso y la reforma de los puestos,

nos va a tocar pagar lo que no está escrito.

Mira, Adela, que no te siente mal,

pero te digo lo que le voy a decir a mi hijo:

con mi dinero, hago lo que me da la gana,

para eso me lo he ganado a pulso.

Y ya está.

-Mira, papá, no te pongas así, ¿eh?

Adela solo dice que no te precipites.

-Está más que decidido.

Si arreglar la casa le hace feliz a Valeria,

me hace feliz a mí.

Y punto pelota.

-No voy a ser yo la que diga nada

de cómo se tiene que gastar el dinero tu padre y tu suegro.

Si al hombre le hace ilusión y se lo puede permitir...

No sé yo a quién le hace más ilusión, ¿eh?

-A ver, hija, entiendo que no las tengas todas contigo.

(JESÚS) ¿En qué quedamos?

Que no teníamos que dar explicaciones.

Creo que somos bastante mayorcitos... -Ya, ya, ya, Jesús.

Tranquilo, solo estamos hablando.

A ver, chicas, yo os entiendo.

Pero yo no soy tonta

y tampoco soy ninguna aprovechada.

Pondré la casa a nombre de los dos. -¿Perdona?

Es la herencia de la abuela Roberta. -Ya.

Pero lo que no voy a permitir es que Jesús se gaste ese dineral

sin constar en las escrituras.

-¡Pero la casa deja de ser nuestra!

(VALERIA) ¿Y a ti cuánto te importa eso?

Si hasta ayer me insistías para que la vendiera.

-Mamá, piénsalo bien, ¿eh?

-Mira, te voy a decir lo mismo que estaba diciendo antes Jesús.

Aplícate el cuento:

la casa es mía y hago con ella lo que me dé la gana,

que es compartirla con este señor, que es el que hará mi sueño realidad.

-Amén.

(VALERIA SUSPIRA)

¡Germán! ¿No has oído mis llamadas?

Buah, lo siento, lo siento.

Te quería llamar, pero me pasaron un montón de papeles

y llevo toda la mañana de gestorías.

Supongo que sabes lo de la radio.

Eh... sí. Me lo ha contado mi padre, vaya marrón.

Los del Ayuntamiento deben tener un cabreo flipante.

Ya. Pues ahí, ni te cuento.

Si nos quitan la subvención, nos hacen polvo.

Llevamos una racha de mierda.

Bueno, igual tú podrías ayudarnos.

¿Yo?

¿Sabes qué periodista ha sido el que ha levantado la noticia?

No. Mi padre me ha dicho que lo ha escuchado en la radio.

¿Tú sabes algo más?

Raúl Valledor.

¿Raúl Valledor?

Le he estado investigando por Internet

y estudió en el instituto San Gregorio.

Tú estudiaste ahí también, ¿no? Sí, sí.

¿Lo conoces? Sí, si... iba a mi clase.

Es un trepa de cuidado este tío.

Ya, me imagino.

¿Tú podrías hablar con él y pedirle que venga al Mercado?

Cuando quiera. Al Mercado, ¿para qué?

Pues para contarle nuestra versión. Es que nos ha llamado de todo:

chanchulleros, ladrones,

y no ha entrevistado a nadie del Mercado.

Lo que te digo, es un trepa de cuidado.

Sí, pero no estaría de más aclararle

que el chanchullo con el arquitecto fue por pura necesidad.

Que aquí somos currantes,

no empresarios en B, como nos ha llamado.

(RESOPLA) Si es que no sé cómo hacerlo, de verdad.

Hace años que no hablamos. Bueno, no tengo ni su teléfono.

¿Y algún amigo en común que te lo pueda dar?

No, difícil.

¿Y en la web de su programa?

No sé, Jorge, que...

Conociéndolo, no me va a hacer ni caso.

Eso no lo sabremos hasta que no lo intentemos, Germán.

Eres nuestra mejor opción.

Bueno, eres... eres nuestra única opción.

El ambiente en el Mercado es demoledor, parece un funeral.

Ese programa nos está matando.

Intenta hablar con él. Hazle ver la realidad del Mercado.

Vale. Vale. Lo intento.

No prometo nada, te he dicho cómo es.

No. Vale.

Ya me cuentas cuando hables con él. ¿Vale?

(Móvil)

Perdóname. Vale.

Marcos.

Sí, sí. Me coges en buen momento. Dime.

Oye, ¿tú cómo te encuentras?

¿Qué? ¿Algún problema con el delicadito?

Hemos estado hablando de lo de la radio.

Sabe que conozco a Raúl Valledor.

Ya... ¿Y es grave?

No.

Anda, vamos.

(Puerta)

¡Hola!

¡Cariño!

(ROSA SUSPIRA)

Hola.

-¿Y esa cara?

-He discutido con Lorena.

Y lo ha negado todo.

-No tenías que haber entrado al trapo.

Estaba claro que lo iba a negar todo.

-¿Y qué querías que hiciera?

¿Qué me pasara todo el día a su lado,

riéndole las gracias como si no hubiera pasado nada?

-Si lo sé, no abro la boca.

Te habría ahorrado el disgusto... -Que no.

No te martirices, si la culpa siempre es de ella.

Es la persona más egoísta que conozco.

¿Sabes?

Desde que éramos crías, su única misión en la vida

ha sido hacerme sentir pequeña.

(Timbre)

-Voy a ver quién es.

(LORENA) ¿Y mi hermana?

(NACHO) No es buen momento. Está muy alterada.

-Ah, ¿sí? Me da igual. Voy a hablar con ella.

-Lorena...

(Portazo)

-No tenemos nada que hablar.

-A mí no me dejas ni un minuto más con el mal rollo de esta mañana.

¿Tú de qué vas? -Por favor.

Respeta a tu hermana. -¡No! ¡Respétala tú, imbécil!

He venido aquí a que nos eches a las dos el cuentito de la boda.

-Los dos sabemos lo que pasó.

-Nacho, ¿qué me enrollé contigo? ¡Por favor!

-Ibas muy perjudicada, pero sabías bien lo que hacías.

-Sí, seguramente iba muy borracha, pero tengo memoria, ¿eh?

Y recuerdo cómo me comías la oreja

y cómo decías: "Uh, ¡cómo se liga en las bodas, Lorena!".

"Seguro que pillamos en esta boda". ¿Y lo que pasó en el coche?

-¿Qué? Estás muy confundida. Lo estabas entonces y lo estás ahora.

-¡No! ¡Eres tú quien la confunde a ella!

¡Es un manipulador!

-¿Ahora te preocupa tu hermana? Esa noche no parecía preocuparte.

Si no te paro la mano, la tengo encima de la bragueta.

-Por favor, yo no me lío contigo ni con una pistola en la nuca.

-Madura de una vez.

Tu hermana se merece ser feliz.

Si tú no tienes lo que ella tiene,

es tu problema. -Eres repugnante. ¡Das asco!

-Bueno, ¡basta ya!

-Rosa, pero ¿cómo puedes creerle a él?

¿Cómo te iba a hacer yo a ti eso?

¡A mi propia hermana! ¡No le creas!

-Nacho es mi marido.

Mi marido.

¿Cómo pudiste? -Rosa.

Nos ha costado mucho volver a recuperar la confianza,

no dejes que él nos vuelva a distanciar.

¡Es mentira! ¡No puedes creerle!

-Quería que supieras de lo que es capaz tu hermana.

Destruyes todo lo bueno que hay a tu alrededor, eres tóxica.

Si tanto quieres a tu hermana, por favor, déjala en paz.

-Yo soy la tóxica, ¿eh?

¿Sabes por qué tu hija se fue de casa?

¿Tú sabes que tu marido le hizo la vida imposible?

-Por favor. -No metas a mi hija.

-Sí. Tiene razón.

Tú no puedes tapar tus errores con los problemas de los demás.

-Rosa, vives con un manipulador y un mentiroso.

Y llevas toda la vida creyéndole.

-Bueno, ¡ya está bien! ¡Cállate!

No te voy a permitir que hables así de Nacho.

Siempre has hecho lo mismo, ¿verdad?

Siempre has destruido todo lo que yo he creado a mi alrededor.

(NACHO) Tranquila, cariño.

Por favor, Lorena, por favor te lo pido.

Deja en paz a tu hermana.

¿Eh?

-Rosa, es la verdad.

Siento ser tan directa.

Pero es la verdad.

Lo hago por tu bien. Yo no quiero hacerte daño.

-Sí, ya lo has demostrado viniendo aquí.

Ahora, por favor, déjanos solos.

-Rosa. -Vete.

Ve...te. -¡Que te vayas de una vez!

Rosa, cariño... Shhh.

(SUSPIRA)

Joder con el chef.

No ha tardado ni un suspiro en conectarte al periodista ese.

Cuando me ha preguntado si le conocía,

reconozco que... bueno, que me he sorprendido.

Si ya te dije yo que lo teníamos que atar en corto.

Aunque reconozco que el tío se preocupa por la gente del Mercado.

¿Has visto a Almudena, la de los frutos secos?

Buah. Estaba destrozada.

Estaba llorando. ¡Eh!

¿A ti qué te pasa? Nada.

¿Nada, alma caritativa?

¿No pensarás en ayudarle?

Joder, papá, que sé perfectamente de qué va esto, ¿eh?

Tú y Hortuño podéis estar tranquilos, no os voy a fallar.

Eso es lo que quería oír.

Bebe.

"Ya, ya, lo sé".

Bueno, fue una situación incómoda para todos.

Lo sé, Marcos, pero esto es lo que queda, tío.

Yo también me alegré de verte.

Oye, te quedaba muy bien el pelo así.

Ya.

Ya, sí.

Sí, bien, bien. Ya, ya.

Claro, mañana me acerco a verte.

Oye, te quiero.

(RESOPLA)

(Pasos)

Eh... Dame cinco minutos.

Es que... Uf, acabo de llegar.

No... no me ha dado tiempo ni de cambiar...

Pasa. Pasa.

Me ha surgido un imprevisto. Siéntate.

¿Va todo bien?

La verdad es que podría ir mejor.

He vuelto a discutir con Rosa.

Nacho, ¿no?

Bingo.

Con lo majo que parecía...

Menudo personaje.

Te quedas corto, ¿eh?

Pero no... no, no quiero hablar de él.

Oye.

Tú tampoco tienes muy buena cara, ¿no?

Bueno, digamos que estoy teniendo lo que es un día de mierda.

Nos ha hecho polvo lo de la radio, ¿eh?

Sí, ha sido un golpe bajo, sí.

Igual tu sobrino nos puede echar una mano.

Ah, ¿sí?

Le he pedido que hable con el periodista

para que rectifique.

Bueno, pues... eso sí es una buena noticia.

Sí. A ver lo que nos dura.

Se te ve peor a ti que a mí, ¿eh?

(RÍE) Ya.

Lo siento, estamos...

Si quieres que dejemos la comida, lo entiendo.

No. (CHASQUEA LA LENGUA)

Tú y yo no somos de los que se escaquean.

Vamos a ir a ese restaurante, vamos a comer.

Vamos a pedir una botella de su mejor vino

y nos la vamos a acabar.

Y después vamos a pedir otra. Y nos la vamos a acabar.

Y, no contentos con eso, vamos a repetir postre.

¿Vamos a repetir postre? Sí. (RÍE)

¡Buah!

Los automáticos de la frutería siguen saltando cada poco.

Pero ya lo he arreglado.

-Raúl, el de la pollería, te está esperando.

-¿Las cámaras otra vez? -Dice que siguen sin enfriar.

-(RESOPLA) Jo, es que, desde que pasó lo del bar,

aquí ve fantasmas todo el mundo cada dos por tres.

Qué le vamos a hacer.

Dile que luego me paso.

¿Qué pasa?

-Has hablado con Jonathan.

-Claro, me lo encuentro siempre en el Mercado.

-No te hagas el loco.

Prefiere que le cuente yo a Carla quién conducía.

-Me alegro de que se lo haya pensado.

-No, eso no es cosa suya...

¿Por qué lo has hecho?

-Por la misma razón de siempre, Samu: para protegerte.

Mira, hijo, a lo mejor te parece que no soy una buena persona,

a lo mejor ni siquiera un buen padre,

pero hay una cosa de la que me siento realmente orgulloso,

solo una,

y es de haberte dado la vida.

¿Y sabes desde cuándo me pasa eso?

Desde la noche del accidente.

Cada vez que oigo sonar un teléfono más tarde de las diez y media,

me entra una cosa por el cuerpo que...

Y da igual que estés en casa o no, si es que eso da igual,

pero es superior a mí.

Ya sé que cuesta creer que alguien pueda sufrir tanto por otra persona.

Pero no hay dolor más grande que perder un hijo.

Fíjate que eso es lo que más me gusta de ti,

siempre ves la botella medio llena.

Que nos la vamos a beber juntos, tonto.

Por cierto, ¿qué me ha parecido oír?

"Lo que más me gusta de ti...". Que te gusto.

¿O sea, es que te gusto? Te debo de gustar mucho.

¿Cuánto te gusto? Dímelo.

Te lo dije el otro día.

¿A quién no le gusta una mujer como tú?

Divertida, guapa, con personalidad...

Sigue, sigue, no te pares... Sigue, sigue.

Con mucho mundo...

Pues viniendo de ti es todo un halago.

Un hombre resuelto. Ajá.

Insultantemente atractivo.

Lo mismo te haces un menú de boda que un vídeo-reportaje.

El vídeo no es mérito mío. Es de Noa.

Oh... Y, además, modesto.

¿Qué más puede pedir una mujer? Pues un hombre como tú.

¿Sabes? Eh... Hace mucho que no oía a nadie hablar así de mí.

Es la verdad.

Ya, pero últimamente me comparan con exnovios.

Y no para bien, precisamente.

Y, bueno, que le masajeen a uno el ego de vez en cuando

sienta muy bien.

"Mea culpa". "Mea culpa". Lo siento.

Siento haberte comparado con mi exnovio,

pero, ahora que te conozco, puedo decir que le ganas por goleada.

Mmm... Sigue, por favor.

Ojalá hubiera tenido un novio como tú

y no los impresentables que han pasado por mi vida.

Bueno, eso estamos a tiempo de solucionarlo, ¿no?

Yo le prometí a tu madre que, si sobrevivías al accidente,

iba a hacer todo lo posible para hacerte feliz.

Y, por eso, no me puedo permitir estar mal contigo.

Por eso le dije a Jonathan que no te dijera nada.

Y se lo he vuelto a decir.

-¿Y cuánto te va a cobrar?

¿Eh? -Samu, no seas duro con él.

Él lo hace para protegerte.

-Una mierda para protegerme, él solo mira por su culo.

-Pero ¿es que no lo ves, Samu?

Él lo hace por ti. Y también por Carla.

-Resulta que Jonathan es un ángel.

-¿Por qué no se lo has dicho?

¿Por qué no se lo has dicho? Te lo voy a decir yo.

Porque la quieres con toda tu alma y sabes que eso la destrozaría.

-¿Me lo habrías dicho algún día? La verdad.

-No te lo habría dicho nunca.

Lo siento.

Espero que, cuando seas padre, puedas comprender lo que he hecho.

-Y claro que te entiendo.

Es lo que estoy haciendo yo con Carla.

-Ese accidente lo cambió todo, hijo.

Todo.

-Papá.

¿Sales antes de las seis?

Porque juega el Estu, y lo televisan y...

Puedes venir a verlo a casa.

-¿A tu casa?

-Sí, pero una cosa te voy a decir.

Acostúmbrate, no me vas a ver casi el pelo.

No pienso volver a casa y mucho menos dejar a Carla.

¿Vale?

-Yo llevo las birras.

-Trato hecho.

Chao, papá. -Adiós, Samu.

Yo tengo querencia a los canallas, ¿eh?

Eso es hasta que me conociste a mí.

Yo que creía que eras modesto...

¿Eso creías?

Pues yo estaba pensando en otra cosa.

Tenemos reserva en el restaurante...

¿Tú tienes hambre?

No sé. Pregúntamelo dentro de una hora.

¿Una hora?

Que sean dos.

Tú modesto no... no eres mucho.

Pero besas bien, ¿eh?

Lorena me gusta. Me gusta de verdad. Y mucho.

Y lo que es mejor: yo le gusto a ella.

Con la otra, eso no pasaba, solo le traía malos recuerdos.

No os entiendo.

Lorena es luz y... y la otra, oscuridad.

Tú no te enteras de nada. ¿Qué?

Ni de cómo lleva el negocio Elías ni de lo que hace cuando no le ves.

¿Y eso qué quiere decir?

Pues, un día, me crucé en la puerta del despacho de tu marido

con una mujer.

Muy guapa, por cierto. Y que salía abrochándose la blusa.

-Comillas es una zona privilegiada. Me da igual.

Ese dinero lo necesitamos para reformar el bar y la frutería.

Pones en riesgo la estrategia empresarial.

-Deberías habernos consultado una decisión así, papá.

Vamos, digo yo. -Soy vuestro padre.

No tengo que pediros permiso. ¡Faltaría más!

-La casa es mía y haré con ella lo que considere oportuno.

(CARMEN) A los demás, que nos den.

-Se trata de mi vida, Carmen.

Ni tú ni nadie me va a decir cómo debo vivirla.

-¡Tu padre es un especulador! ¡Quiere invertir!

-¡Y tu madre es una lianta que vive de nuestra familia!

-¿Qué has dicho? -¡Lo que has oído!

Sabes mejor que nadie que no puedo tener relaciones con otra mujer.

¿Te has olvidado de mi problemilla? No, no me he olvidado.

¿Y tú crees que yo me jugaría mi vida, mi vida,

por tener una aventurilla con otra mujer?

No lo sé. ¿Lo harías?

¿Qué clase de periodista no escucha las dos partes?

Uno vendido a los políticos de la oposición en el Ayuntamiento.

Que tenía razón, solo le mueve echar mierda al gobierno de ahora.

No os extrañe que detrás de todo esto esté Hortuño también.

-Él dudaba entre Lorena y otra mujer, pero se ha decidido por Lorena.

Ajá. ¿Y te ha dicho por qué?

Estaba enamorado de la otra, pero descubrió que estaba con otro.

Y no sería feliz. ¿Estaba enamorado?

Sí, pero ya da igual, Lorena es luz y la otra, oscuridad.

¿Eso te ha dicho?

-Aparte de ser hermanas, trabajáis juntas.

¿Cómo vas a cortar con ella si os veis todos los días?

-Es que para eso es para lo que quería verte, papá.

Para decirte que no voy a trabajar en el bar.

-¿Que dejas el bar? -Sí.

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Mercado Central - Capítulo 41

19 nov 2019

Una tertulia radiofónica pone en serio peligro la aportación del Ayuntamiento en la obra del techo. Jorge cree que Germán aún puede hacer algo para solucionarlo.
Para que Paolo no se entere de su infidelidad, Cristina le hace creer que el napolitano tiene una amante que no es precisamente ella. Los rumores se extienden por el mercado.
La mentira de Nacho hace tambalear los cimientos de la relación entre Rosa y Lorena. La pareja formada por Jorge y Lorena se va consolidando. Carla hace todo lo posible por solucionar los problemas entre Samuel y Jonathan, pero lo tiene muy difícil. Samuel y Nicolás intentan arreglar sus diferencias. Padre e hijo no pueden seguir sin hablarse.
Valeria y Jesús vuelven de Comillas y sorprenden a sus familias con una inesperada noticia sobre la reforma de la casa.

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