Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 36 - ver ahora
Transcripción completa

Ojalá pudiera volver atrás y cambiar todo lo que he hecho.

Ojalá hubiera cogido un taxi.

José y Laura seguirían vivos, yo andaría

y todos seríamos felices y comeríamos perdices.

Pero es imposible ser feliz sabiendo que eres un asesino.

-Que sí, me gusta un poco,

pero no estoy segura de si yo soy su tipo, ya está.

-Pues entonces habrá que averiguarlo.

Y, para eso, tienes que mover ficha tú.

Porque te voy a decir una cosa:

Jorge es un tipo encantador, pero es un poco paradito.

-Mmm. -¿Por qué no le invitas a tomar algo?

-A lo mejor le invito.

Si estoy segura de que le gusto o le intereso, puede ser.

-¿Cómo no le va a interesar una mujer como tú, Lorena?

-Mamá, estoy orgulloso de ti.

Eres muy valiente. (SUSURRA) Gracias.

Voy a coger el primer vuelo para Nápoles, ¿eh?

Doménico, ¿puedes ocuparte de la pizzería unos días, por favor?

¿O querías decirme que vas a trabajar al Covadonga?

-No, claro que no, solo quería darte las gracias por ayudarme.

Me ocupo yo de la pizzería, tranquilo.

¿Has hecho lo que te pedí?

Sí, claro que lo he hecho. Ya.

Me extraña que no se hayan enterado aún.

Todo va a salir como tú querías.

Pues, entonces, alegra esa cara, ¿mmm?

Entiendo que no des saltos de alegría,

pero parece que te vas a morir.

Papá, es que me sabe fatal.

Están ilusionadísimas, les vamos a joder la fiesta.

Cuando te cuente por qué lo he hecho, lo entenderás.

¿Estás segura?

-No pensarás que es que te voy a planchar la camisa.

-Pues ya va siendo hora de conocer el resto de la casa. Vamos.

-¿Seguro?

-Ya no tengo miedo.

-Desnúdate.

-Apaga la luz, por favor.

-¿Qué pasa ahora, amor?

-Apaga la luz, por favor, Nacho.

-Chist...

No puedes sentirte responsable de algo que hizo otra persona.

¿Entiendes?

Escúchame.

Yo te he perdonado.

Ahora te toca perdonarte a ti mismo.

Sigue adelante con tu vida, Samu, por favor.

Que sí, que yo te lo llevo.

Sí, te lo llevo luego.

Venga. Te dejo, estoy en el ascensor y se pierde la cobertura.

Nos vemos, un beso.

¿Qué quiere Lorena?

Un poco de maquillaje.

Quiere estar guapa para la muestra gastronómica.

Pues a ver si pasa pronto, porque están muy pesaditas, ¿eh?

Bueno, están ilusionadas. Y tú también tendrías que estarlo.

¿O no te alegra ver que están tan unidas otra vez?

Sí, mucho, muchísimo.

Tanto como para gastarme un dineral en las dichosas flores de calabacín.

Espero que todo salga bien.

Es importante para la familia y el Mercado.

Y, sobre todo, para Lorena.

Creo que ha encontrado su sitio en el Mercado.

Y un éxito así es lo que necesita para acabar de reafirmarse.

Claro, claro.

Valeria...

¿Qué pasa, pareja?

Bueno, pues yo ya me iba.

¿No quieres tomarte un cafelito?

-Yo me apunto al café, ¿te quedas? -No.

Si es que ya me he entretenido demasiado.

Tengo a mi hija sola en el puesto.

-Ah, pues te acompaño a... No, no.

Que tengo que comentarte una cosa de las rutas.

-Ah, pues muy bien. Pues yo ya me voy.

Vuelve cuando quieras. Gracias.

-¡Ahora bajo!

(Puerta)

¿Qué querías contarme?

Ah. No, hombre, que, para la próxima vez,

que la invites a comer.

Y así conocemos mejor a la chavalina.

No hace falta, hijo, la conoces de sobra.

Ya, pero, hombre,

ahora que es tu novia,

pues necesitará una presentación oficial.

Si quieres verla más, tiene un puesto en el Mercado.

¿Qué me dices? Sí.

Carnes El Tejo.

Allí podrás verla cada día.

Primera noticia.

¿Ves como eres idiota? Anda, abre.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(CARRASPEA)

No tomes más café, que el médico te ha dicho...

Él no se acuesta todos los días a las tantas

ni se levanta a las seis de la mañana, ¿mmm?

¿Tú no has visto cómo está mi padre? ¿Eh?

Está joven, está jovial, está...

Pues tenemos los mismos genes.

Los De la Cruz envejecemos muy bien.

Te gusta picarle,

pero en el fondo estás encantado por él.

¿Tú sabes lo que me sorprende?

La ironía.

Mi padre, en los últimos años, era un viejo verde.

Nada más que con jovencitas, ahí,

baboso, detrás de...

Y, al final, termina enamorándose de una...

No digas eso, que Valeria está estupenda.

Bueno, pues de una señora madura, muy madura. Eso se puede decir, ¿no?

(Mensaje)

Es tu hermana otra vez.

Que quiere laca para el pelo.

Está muy nerviosa la pobre.

Me voy a preparar, que no se me haga tarde.

¿Me esperas y nos vamos juntos?

No, yo casi me voy yendo ya y así les ayudo.

Por si hago falta. Nos vemos allí.

(Mensaje)

(LORENA CONTENTA) ¡Hermanita!

Mira cómo queda tu bar, ¿qué te parece?

-¡Ah! ¡Ah!

¡Me encanta! (SUSPIRA)

Chicas, llegó el gran día.

¿Vamos a por ello? Sí.

Necesito que una vaya sacando las tapas que ya estén preparadas

y la otra se meta conmigo en la cocina para ayudarme con...

Lorena... Buen trabajo de sala.

¿Nos ponemos con lo importante? La comida.

Lo tengo todo preparado para montar los canapés fríos.

Genial. Lorena, ve enfriando el vino.

Saca las flores de calabacín.

Y yo voy preparando la tempura para freírlas.

Saca la crema de setas,

que tu hermana la añada a los canapés de rosbif.

-Sí, señor. Rosa.

Maravilloso "mise en place".

Me hubiera encantado tenerte en el restaurante.

-Muchísimas gracias, no sabes lo que significa para mí.

El mérito es tuyo.

Si te parece, monto yo esta primera tapa

y tú sigues luego, ¿vale?

Perfecto. Mira, ponemos...

Regamos el pan

con un poquito de aceite de trufa.

(ROSA) Ajá. Ajá.

Ajá.

Y... añadimos

las lascas de "parmigiano" -No, no, ¡no, no, no, no!

¡No puede ser!

¿Qué ha pasado? ¿Cómo que qué ha pasado?

¡He abierto el frigorífico, me ha venido un golpe de mal olor!

¡Está... está todo destrozado!

-No se ha podido estropear, lo revisaron hace dos semanas.

-Desenchufado.

-¡Eso es imposible!

(SUSPIRA)

Oye, qué bonito, ¿no? Qué de lucecitas.

Si parece otro bar.

¿Qué pasa? ¿Que qué pasa?

Mira.

Tus flores de calabacín.

¿Qué habéis hecho? -¿Cómo que qué hemos hecho?

Nos hemos encontrado el frigorífico desenchufado.

Nada, no se ha salvado nada.

Estamos bien jodidos.

-Es que no lo entiendo, porque estaba enchufado.

¿Seguro? Seguro.

-Es que alguien lo ha desenchufado.

Lorena tiene razón.

Estos enchufes no se desconectan por accidente.

Está claro, estamos ante un boicot en toda regla.

Y sabemos quién está detrás.

Hortuño, ¿no?

Ha tenido que ser él.

¡Será hijo de...!

(SUSPIRA) Es culpa mía, no debí implicarme tanto.

Ese cerdo va a por mí.

Y quiere que todos piensen que estoy detrás de esto.

-Sí, pero no lo van a pensar, no se lo vamos a permitir.

Tú has estado aquí y te has dejado la piel.

-No solo va a por ti, va a por todos, nos quiere hundir y lo ha conseguido.

-¿Y qué vamos a hacer?

¿Qué les vamos a decir a los clientes?

La verdad.

La comida se ha estropeado.

Y la salud de los clientes es lo primero.

Y que, hasta nuevo aviso, la muestra queda anulada.

Pues esto no va a quedar así, ¿eh?

Hortuño va a pagar por esto.

(SUSPIRA)

Amigo mío. -Paolo.

-"Augurami buon viaggio".

"Parto per Napoli en due ore". -Vuelves a casa, un poco te envidio.

-Yo me cambiaría por ti,

lo que tengo que aguantar con mi madre...

-¿Qué dices? Que tu madre es una mujer encantadora.

-No cuando está lesionada,

se convierte en una paciente insoportable.

-Entonces ya sé a quién has salido.

-¡Eh! Te voy a perdonar solo porque me haces un gran favor

quedándote al frente de la pizzería.

-Paolo, lo hago con gusto, de verdad.

Por favor, no te preocupes por nada.

Ahora solo importa tu madre. -Ya.

"Grazie, da vero", hermano. -No.

-Gracias por quedarte a mi lado. -"Ti voglio".

-Me despido de Cristina.

-Está... Mira. -Ahí.

-Tendría que acompañarte a Nápoles. -"Amore mio".

Te agradezco el detalle y me encantaría ir allí contigo.

Pero no es posible en este momento, lo sabes.

Y sé que no soportas a mi madre.

-Es ella la que no me soporta.

Mira, sería una buena oportunidad

para demostrarle que me preocupo por ella.

-Ya, pero sería inútil intentar complacerla, ya la conoces.

Solo nos regañaría a los dos por dejar a Andrea solo.

-Andrea no es un niño, se puede quedar solo perfectamente.

-Sí, sí, pero ¿y Doménico?

-¿Mmm? -Por mí no hay problema, ¿eh?

Yo puedo ocuparme de la pizzería perfectamente.

-¿Lo ves? No hay problema.

-Cristina, por favor.

Quiero que te quedes aquí a echar una mano a Doménico.

Hoy tenemos una reserva para diez personas,

aparte de las habituales.

Uno no puede solo.

Y tú tienes la floristería.

No nos lo podemos permitir, de verdad.

-Vale, si es lo que quieres.

-Me quedo más tranquilo sabiendo

que estás con Andrea y que gestionas los negocios.

Te lo agradezco mucho, Cristina.

Gracias por la comprensión, "amore mio".

Te juro que el próximo viaje a Napoli lo haremos juntos.

Bueno, no alargo más la despedida.

Os llamaré cuando aterrice.

Cristi, dale un beso a Andrea de mi parte.

Cuidaos mucho, ¿eh?

-Vale, Paolo, buen viaje. -"Ciao. Grazie!".

-Escucha.

Sé lo que te ha pedido Paolo, pero, créeme,

estoy seguro que puedo apañarme sin necesitar tu ayuda.

-No, Paolo tiene razón.

Necesitas a alguien para servir las cenas.

No seré yo, pero encontraré a alguien que te pueda ayudar.

-Me parece muy buena solución.

Pero no tenemos mucho tiempo para conseguir un camarero extra.

Y Lorena me parece que está ocupada con la muestra gastronómica.

-No, se ha cancelado, ¿no te has enterado?

-¿Cancelado? ¿Por?

-Alguien la ha saboteado.

Han desenchufado los frigoríficos de Rosa.

Elías dice que puede ser Hortuño, no sé.

-¿Hortuño?

Pero ¿cómo se puede caer tan bajo?

-La buena noticia es que Lorena podrá ayudarte.

¿No? -Ya.

Sí. -No tendremos que estar juntos.

Me voy a la floristería.

¿Quién soy? (RÍE) -¡Ay!

(RESOPLA)

No hagas eso más, ¿eh? -Lo siento.

¿Qué? ¿Cómo estás? ¿Estás mejor?

No me pensaba que te afectaría tanto hablar de mi hermana.

-No sé por qué me he puesto así.

Estoy bien, no te preocupes. -No, si no me preocupo.

Y me gusta que te abras conmigo.

¿Qué? ¿Me perdonas por el sustito?

-Sí.

-Menos mal, no me gustaría que se cabreara conmigo

el gerente suplente. -Bueno.

-Y menos para pedirle un favor. -Ah, ¿sí?

-Sí. -A ver, dispara.

-No he terminado mi turno, pero debo salir a un recado.

-¿Ya está? -Sí.

-Bueno, pues permiso concedido.

-Tira. -Genial.

Además, cuando vuelva, voy a traerte un regalito.

-¿Por qué? -Porque eres muy guapo.

-Y tú más. -No, tú más.

-Por favor, vengo "atacá".

He hablado con Elías.

Nos han boicoteado la muestra gastronómica.

Alguien ha desenchufado todos los frigoríficos.

-¿Qué dices? ¿Quién? -No sé, no lo sabemos.

Bueno, ha sido cosa de Hortuño, esto está claro.

Pero no ha debido venir él, habrá mandado a alguien.

Yo no me fío de Jorge.

Pero como Elías lo defiende. -Vamos a ver, mama.

Yo tampoco creo que haya sido Jorge.

-Además, todo el mundo se puede colar en el bar.

-Se ha involucrado para perder su producto.

-Igual tenéis razón.

Pero nos han hecho perder una pasta.

-Ya.

Que llego tarde.

Me sabe muy mal, espero que encontréis al responsable.

Guapo.

(SAMU SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¿Qué le pongo, caballero? ¿Cerveza o algo más fuerte?

¿Sigues aquí? Sí.

Cristina me ha pedido que ayude a Doménico.

Y como no tengo nada mejor que hacer...

Pues sí que eres dura, sí.

¿De dónde sacas las energías?

(SUSPIRA)

Pensé que te habías ido a casa, como Rosa.

Está destrozada, cansada... Bueno, y yo también, ¿eh?

Yo estoy más furiosa que cansada.

Necesitaba quemar ansiedad.

Aunque lo que me gustaría hacer es decirle un par de cositas

al cabrón que desenchufó el frigorífico.

Pero, bueno, a falta de pan...

No debí dejar que pasara.

Yo sé lo retorcido que puede llegar a ser Hortuño.

No debí bajar la guardia.

Yo también me he torturado, ¿eh?

"¿Cómo no me di cuenta?". "No estuve pendiente".

Pero no es culpa nuestra.

Nosotros somos las víctimas, no es justo.

¿Sabes lo que me jode de verdad?

Haber perdido el dinero de la gente que había colaborado.

No, ellos colaboraban porque les interesaba.

Para ellos era una buena oportunidad también.

Has invertido mucho tiempo y dinero para sacar esto adelante.

Sí, tanto esfuerzo y tanto trabajo para nada.

Bueno, en realidad,

a mí esta experiencia me ha servido de mucho.

Sí, he tenido la oportunidad

de trabajar con el mejor cocinero que conozco

y aprender mucho.

A lo mejor os lo tengo que agradecer yo.

Me habéis liberado de viejos traumas.

He vuelto a divertirme en la cocina.

¿Seguro? Porque yo creo que te he desquiciado un poquito.

Ya, un poquito.

¿Eh?

Soy intolerante con el desorden en la cocina.

Ya lo has visto.

Eres un poquito caótica, pero valoro tu esfuerzo.

"Un poquito caótica", dice. Gracias por el eufemismo.

Soy un desastre. No.

Bueno, hay gente desordenada y gente como tú, inquieta, creativa.

Y con mucho que aportar.

Cállate, que me lo voy a creer.

¿Qué te pongo, anda?

Sorpréndeme con un buen vino.

Elígelo tú. Mmm.

Acepto el reto.

Es que hay que ser muy cretino para hacer algo así, vamos.

El disgusto que tenían Lorena y Rosa, las pobres.

-Ya, ya imagino. Con lo ilusionadas que estaban.

-Oye, y Carla, ¿por qué se va?

¿Ha acabado su turno? No. -A ver, mamá.

Me ha pedido permiso y la he dejado.

Quería comprarme un regalo, espero que no se gaste dinero.

-Lo dices como si fuera malo.

-Y lo es.

No querría hacerlo si supiera la verdad.

Y yo me siento un mamón por... seguir engañándola.

-No digas esas cosas, Samu.

Hasta hace cuatro días, tampoco sabías la verdad.

-Ya, pero ahora lo sé.

Y lo justo sería que ella lo supiera.

Mamá, cuando Carla me mira

o me besa, me siento muy culpable.

-Hijo, por favor. -No, escucha.

Lo he estado pensando mucho y...

Para pasar página, debo decirle la verdad.

-La vas a perder.

-¿Y no lo he hecho ya?

-Solo te digo que lo pienses, que lo pienses bien

antes de hacer algo sin vuelta atrás y te arrepientas.

-Ya es tarde.

Lo que no quiero es tener que arrepentirme de nada.

Está decidido, mamá.

"Hortuño".

Supongo que esperabas mi llamada.

Mmm.

Sí, sí, sí, todo solucionado.

Sí, sí, la muestra gastronómica se ha cancelado, claro.

Ya, ya, ya, suponía que lo sabrías, claro que sí, hombre.

¿Y qué más te han contado tus fuentes?

Correcto, correctísimo, sí, señor.

Sigo teniendo el respeto y la confianza

de todos los comerciantes,

incluso la de Jorge, que ha bajado la guardia.

(RÍE)

Sí, sí, sí.

No, ¿eh?

No ha sido nada fácil, no te equivoques.

Eh, eh, para, para.

Oye, yo no necesito que me des palmaditas en la espalda,

no soy tu empleado.

A ver si te queda claro que tú y yo trabajamos juntos, ¿mmm?

Todo esto lo estoy haciendo porque me interesa, ¿de acuerdo?

Muy bien, seguiremos en contacto.

(SUSPIRA)

(CARRASPEA)

"Grazie mile".

Espero que las dos no sean para mí.

No, es que no hay mucho lío

y me la voy a tomar contigo, ¿puede ser?

Por favor.

Odio beber solo.

¿Por qué bridamos? ¿Por...?

¿Por los perdedores? Por los perdedores.

¿Qué tal la elección?

Oye, eres una cajita de sorpresas.

Oye, Jorge, de verdad,

es que he aprendido mucho contigo estos días.

Y me gustaría seguir aprendiendo.

Quería proponerte que siguieras colaborando con nosotras.

¿Me ofreces un contrato?

¿De cuánto hablamos?

Ya sabes que no te podemos pagar mucho,

pero, no sé, se trataría de un par de clases magistrales.

Te he visto enseñar. Te gusta mucho.

Ah, vale, o sea, que en realidad lo estás haciendo

por hacerme un favor a mí, ¿es eso?

Bueno, es un "quid pro quo".

Vale. Vale, "quid pro quo".

En serio, no entiendo por qué dejaste la cocina.

Te he visto, eres como...

como un músico componiendo una canción

cuando trabajas.

Tan apasionado. Lo llevas dentro.

Sí.

Tan dentro que no había sitio para otra cosa.

No tenía tiempo ni siquiera para degustar mi propia comida.

Solo tenía en la cabeza el trabajo.

"Elige un trabajo que te guste

y no trabajarás ni un solo día de tu vida".

Muy buena.

¿Es tuya?

No, es de Confucio.

Tenía un novio que no paraba de repetírmela.

Era apasionado, era adicto al trabajo, como tú.

En realidad, os parecéis un poquito.

Bueno, pues mira qué bien.

Por tu novio.

Bueno, ¿entonces me enseñarás a manejarme en la cocina?

Tengo alma de "gourmet".

Me encanta la buena comida.

Me gustaría saber más sobre lo que pasa entre fogones.

Ya. ¿Estás segura?

Ya me has visto con el desorden.

Bueno, en realidad, has tenido tanta paciencia conmigo...

Creo que te lo puedo compensar. Te invito a cenar esta noche.

Hoy, imposible.

Me queda mucho jaleo todavía en el puesto.

Y estoy muerto. Cuando salga de aquí, para la cama.

Sí, es verdad, es un poco tarde.

Y yo, en realidad, tengo que seguir trabajando.

Creo que... creo que empieza el lío ahora.

Así que, nada, disfruta del vino.

Gracias.

(SUSPIRA)

"(Timbre)"

Siéntate, por favor, te estaba esperando.

Si te he hecho venir es porque... porque quería darte las gracias.

Gracias por confiar en mí por una vez en tu vida

y hacer lo que te dije que hicieras.

Y sé que no ha sido fácil.

No hace falta que me las des,

por tu culpa me siento como una mierda.

Mira, yo sé que tú ahora..., que no lo entiendes y que no lo ves,

pero créeme cuando te digo que es por el bien de todos

y que el día de mañana

todos te agradecerán lo que has hecho.

Lo he hecho solo porque me dijiste que me explicarías el porqué,

así que... soy todos oídos.

Estoy trabajando con Hortuño.

¿Perdona?

Lo ayudo a evitar la renovación del Mercado.

No puede ser.

¿Te has vendido a Hortuño?

No, no te equivoques, yo no me vendo a nadie.

He llegado a un acuerdo con otro empresario.

Que puede salir bien.

Que va a salir bien.

Y me va a hacer ganar mucho dinero a mí, a ti, a toda la familia.

¿Cómo puedes ser tan hipócrita?

¿Cuántas veces, cuántas, te he escuchado decir

que empresarios como él son el cáncer del barrio?

Germán, hay guerras que no se pueden ganar.

Nos guste o no,

los tiempos están cambiando

y mercados como el nuestro no sobrevivirán.

Es mejor que lo aceptemos,

que no nos dejemos llevar por la nostalgia

y que esta nos arrastre a la ruina.

Te miro y... y no te reconozco.

El gran Elías de la Cruz bajándose los pantalones

ante Hortuño.

Cuidado, ¿eh?

Cuidado, que no te voy a permitir que me faltes al respeto.

Dime... Dime una cosa, papá.

¿No te da vergüenza mirarle a la cara a tu familia y al resto?

¿No te da asco ser un mentiroso y un traidor?

Lo siento, lo siento,

no voy a dejar que sigas traicionando la confianza del Mercado.

Voy ahora mismo a contárselo a todos.

Ah, ¿sí?

Venga, corre. Corre, ve, venga.

Nadie te va a creer.

Nadie.

Todos saben que tú y yo siempre estamos a la gresca.

No tienes credibilidad, Germán.

Y mucho menos si es para acusarme.

Mira, si yo no hubiese llegado a este acuerdo con Hortuño,

lo hubiese hecho otro.

Otro.

Y la familia habría perdido. Que te quede una cosa clara.

He hecho lo que tenía que hacer.

¿Dónde vas?

No hemos terminado. ¡Germán!

¡Germán!

¡Germán!

Lo que quiero es que me mandes el mismo pedido de la semana pasada

y que no me metas ese queso, quiero el cabrales.

Pues inclúyelo, no me hagas...

No digo que me hayas hecho ningún cambiazo,

quiero que mantengas el pedido, como yo te...

Va... Sí, sí.

Lo sé, perdona, mira,

está siendo un día muy largo.

Ese está bien, ese está bien.

No, a ti. Chao.

(SUSPIRA)

¿Qué necesitas? Si es cambio, estoy seco.

No necesito nada.

Venía a decirte que siento mucho lo que ha pasado.

Te has esforzado mucho y... Ya.

Espero que cojan al responsable.

Pues ya te digo yo quién es el responsable: Hortuño.

Ese tío siempre va a encontrar a un malnacido al que pagar

para que nos hunda. Estás hablando como si te rindieras.

No, no, no.

Voy a seguir luchando por este puesto y este mercado.

No me sacan ni con agua caliente.

Voy a ir sacando las cadenas entonces.

(RÍE)

Hasta que llegue el momento de encadenarnos a los puestos,

creo que te mereces el descanso del guerrero.

Es el mejor aliado para un baño relajante.

¿Es un regalo? Sí.

En realidad, te quiero utilizar como conejillo de Indias

para ver si los productos funcionan.

Mmm... Bien, pues entonces tendrás que hacer lo mismo por mí.

Verás, me ha llegado un vino... Oh.

...de un nuevo distribuidor y quiero saber tu opinión.

Vale, sí. ¿Mmm?

Eh. Samu.

¡Hola!

Abuela, tengo una carta para ti.

-¿Es posible que no se puedan quitar las huellas de los dedos?

-¡Abuela! -¿Qué pasa?

-Una carta del Ayuntamiento de Comillas.

-¿De Comillas?

-¿Te ayudo con los cristales?

-No.

No, no... No me pueden hacer esto. -¿Qué pasa, abuela?

-Que han declarado mi casa en ruinas.

Si no la reformo entera, la van a echar abajo.

-¿Y cuánto te dan para reformarla?

-(LLORANDO) Muy poco. Es imposible.

No voy a poder salvar mi casa.

-Abuela, abuela.

Abuela, ¿dónde vas?

¿Y? ¿Qué puntuación le das?

Mmm. Ocho y medio.

Venga ya.

Eres muy blanda, Celia.

Esto no pasa del seis.

Pero la relación calidad/precio es buena,

así que igual hago un pedido.

Mira, yo creo que menos de un siete no es.

Así que me alegro de que le des una segunda oportunidad.

Y yo también de que le des una oportunidad a tu puesto.

Tú tienes mucha culpa de que me haya tirado a la piscina.

¿Sabes? Creo que tendrías que hacer charlas motivacionales.

Sí, para eso estoy yo.

Bueno, mira, me lo apunto.

Siempre es bueno tener un plan B.

Claro que sí. Yo es que estoy muy contenta.

La verdad es que tenía la necesidad de dar un paso hacia adelante

y de luchar por algo.

Y también me alegro de que tú estés ilusionado.

¿A qué te refieres?

Tenéis mucha química Lorena y tú y hacéis muy buena pareja.

No te embales, no te embales, solo somos amigos.

Pues, por cómo te mira y cómo habla de ti,

creo que estaría encantada de tener algo más.

No, no, no, no.

Es una tía muy especial.

Es caótica e impredecible.

Y con talento natural.

Y muy guapa.

Sí, eso también.

Oye, ¿David dónde... dónde está?

Hoy le he echado de menos.

Torneo de ajedrez.

Uh... Se habrá puesto su camisa azul.

Claro.

No olvidaré los datos que me dio del ajedrez.

"El número de partidas posibles

es superior al número de átomos del universo".

Soy incapaz de retener más datos en mi cabeza,

está así todo el día.

Ya imagino.

Es buen chaval, ¿eh? Sí.

Y fíjate que me ha ayudado mucho con el puesto.

¿Le ha sentado bien?

Sí, mucho mejor de lo que yo esperaba, está muy contento.

Pues me alegra oír eso.

Y yo me alegro de que podamos tener estas charlas.

Valoro mucho tu amistad, de verdad que sí.

Y yo la tuya.

Chinchín.

Ocho y medio...

Ocho y medio.

Hola.

Hola.

Qué buena propina, sabes ganarte a los clientes.

Sí, herencia de mi madre:

ella los conquistaba a todos con una buena sonrisa.

Pues, viéndote, seguro que tenía una sonrisa preciosa.

Sí que la tenía, sí.

Gracias. De nada.

¿Te vas por fin? No, me queda un ratito aún dentro.

No, venía a pedirte disculpas

y a proponerte que me dejes invitarte a cenar.

El día que te venga bien.

Vaya, eso sí que no me lo esperaba.

Has dicho que te gusta comer.

Y yo conozco los tesoros escondidos de Madrid.

Bueno, sí, sí, me encantaría, pero...

Ya, vale, ahora te toca a ti rechazarme a mí, ¿no?

No, no, está bien.

Lo tengo ganado por capullo, vale.

No, no, no es eso, es que...

Conociéndote, me imagino el nivel de restaurantes que tú frecuentas.

Y... yo estoy sin un duro.

Jorge, no me parece equilibrado que pagues un restaurante así tú.

¿Restaurantes?

(CHASQUEA LA LENGUA)

Los grandes tesoros se esconden en las viejas tascas.

Conozco una que hace las mejores croquetas de bacalao de Madrid.

Bueno, si se trata de una ración de croquetas,

creo que me lo puedo permitir. No te lo crees ni tú.

¡Ja! No te voy a llevar a una tasca.

Ni debes preocuparte por el dinero.

¿Por qué? ¿Dónde vamos?

A un dos estrellas.

El cocinero fue uno de mis mejores chefs hace años.

Y, por primera vez, voy a tirar de influencias.

Así que prepárate para cenar rico y gratis.

Vale.

Pero las copas las pago yo.

Vale, hecho.

Vale, hecho.

La planta.

Abuela, ¿estás bien? -(LLORANDO) Claro que no.

No me esperaba este palo. -Ya, yo tampoco.

¿Pero tan mal está la casa? -No.

La casa estaba bien.

Francisco había revisado todas las vigas, todo.

No parecía un edificio ruinoso.

Francisco.

Francisco me la ha jugado pero bien. -¿Crees que ha sido él?

-Estoy segura.

Seguro que ha presentado un informe falseado al Ayuntamiento.

No me perdona que lo plantara.

Y así se quiere vengar.

-Lo siento mucho, abuela.

-Si quería hacerme daño, lo ha conseguido el muy cabrito.

No es justo, no me pueden hacer esto.

-No te preocupes, si es solo una casa.

Además, que no hemos ni vivido ahí ni nada.

Ni me acuerdo el tiempo que hace que no voy.

-No sabes lo que esta casa significa para mí.

¡No sabes lo mal que me siento!

-Idea de lo que es sentirse mal sí que tengo,

¿sabes?

No estoy pasando mi mejor momento.

-Ay, perdona, cariño.

Sé que estás lidiando con... con cosas mucho más graves.

Pero no sabes qué significa perder esta casuca para mí.

-Deja de hacerte la víctima.

-¿Por qué me hablas así?

-Te has ligado al arquitecto para darle celos a Jesús

y te ha salido mal.

Y eso pasa por manipular y mentir.

¡Hola, Celia!

¡Hola! ¿Qué te pongo?

Pues, mira, un capuchino. Descafeinado, "porfa".

Vale. ¿Quieres acompañarlo con algo?

Doménico ha hecho un "babà" napolitano al "limoncello"

que te quieres caer de espaldas.

No, no.

Espero a David, viene de clase de ajedrez,

quiero cenar con él.

Venga, pues capuchino descafeinado marchando.

Oye, estás muy contenta.

Me alegro, después del palo que os habéis llevado...

Sí, ha sido un palo, pero hay que sobreponerse,

hay que seguir adelante.

Y tengo una buena razón.

¿Sí?

Sí. Me han invitado a un restaurante

dos estrellas Michelin. ¡Anda!

Pues, mira, lo mereces.

Por el mal rato que habéis pasado.

Pues sí, la verdad, me lo merezco.

Y me van a dejar entrar en la cocina porque Jorge conoce al chef.

Ah, ¿que vas con Jorge?

Sí, claro, si no, no me dejan ni entrar

en un restaurante así. Claro.

(SUSURRA) Es que me ha invitado a salir.

Chica, parece la cita perfecta.

Sí, lo sé. Ojalá.

Sí.

Bueno, te lo traigo. Gracias.

(JESÚS) Este Hortuño no sabe dónde se ha metido.

Nadie juega con mi familia sin pagar las consecuencias.

Ya estoy aquí.

Hola. Ya estamos ya todos.

¿No? Sí.

Los ánimos estaban muy revueltos por culpa del boicot.

Y la mayoría de los puestos hemos cerrado pronto.

Normal. (SUSPIRA) Ha sido un día duro para todos.

No solo por el dinero que se ha perdido,

es que este tipo de cosas minan la moral de la gente

y ahora todos ponen en duda que se pueda renovar el Mercado.

Como coja la rata que hace el trabajito de Hortuño,

le rompo los huesos.

Eso no va a servir para nada, papá.

Hortuño buscará a otro que le haga el trabajo sucio.

Lo que debemos hacer, sabiendo ya cómo trabaja,

es ir un paso por delante de él.

No estás diciendo nada, Elías, ¿qué significa eso?

Para la próxima vez, estaremos prevenidos.

Ah, ¿sí? ¿Y cómo estamos prevenidos?

No podemos ir un paso por delante si no sabemos quién es su rata.

Creo que el abuelo tiene razón, habría que ir a por él.

Seguro.

Yo lo estoy haciendo tranquilo, poco a poco.

Estoy investigando.

Por cierto, tengo un par de ideas

para tu empresa nueva que me gustaría comentarte.

Bueno, voy haciendo la cena,

quiero acabar pronto e irme a la cama.

Te voy a echar una mano, así me aseguro

de que haces algo más que arroz con verduras al vapor

y cosas sanas de esas.

Haré una ensalada con queso de Burgos.

¿Lo ves? No te puedo dejar sola.

No vuelvas a provocarme delante de tu madre y de tu abuelo.

¿Provocarte? Ajá.

No, solo te estaba siguiendo el rollo, es lo que querías, ¿no?

No me vengas con chulerías.

Yo sé que a ti todo esto te molesta, y a mí también.

Pero, cuando se venda el Mercado, si seguimos del lado de Hortuño,

nos vamos a forrar, Germán.

¿Y qué pasará con el resto de comerciantes?

Porque no se forrarán.

Lo van a perder todo.

Mira, yo no puedo ir por ahí salvando a todo el mundo.

Yo soy un De la Cruz.

Y mi obligación es cuidar de mi familia.

Ajá.

Tus hermanas también son De la Cruz.

Y lo que me has hecho hacer, mmm,

demuestra que te importan muy poco.

No, no es verdad.

Si están unidas es gracias a mí.

¿Te crees que esto no me duele? Sí, me duele, pero es un mal menor.

No te preocupes, las compensaré por este mal trago.

Germán, ya eres un hombre.

Y, si algún día quieres dirigir la empresa familiar,

tienes que dejar a un lado las emociones

y pensar a largo plazo.

Eso será lo mejor para los tuyos.

(Llaman)

Hola. -Hola.

-Aquí te traigo el regalito que te he prometido.

-No tenías que comprarme nada.

-¿Te callas y lo abres?

Quería que llevara el 23, como tu Michel Jordan.

¿Te gusta?

-Me encanta.

Lo voy a estrenar ahora mismo.

-No, no, espera.

El llavero no es para eso, es para estas llaves.

He hecho una copia de las llaves de mi nuevo piso.

-¿Te has pillado un piso?

¿Cuándo?

-Acabo de pagar la fianza y de firmar el contrato.

Es un piso muy pequeñito, pero está muy bien

y está aquí al lado. (RÍE)

-No sabía que estabas buscando piso.

¿Y la "furgo"? Mira que te encantaba vivir ahí.

-Pues, mira, fue bonito mientras duró,

pero fue algo temporal.

Además, la furgoneta representaba cosas que ya he dejado atrás.

Significaba no atarme a nada ni a nadie.

Pero ahora te tengo a ti y no me da miedo establecerme

ni volver a confiar en la gente que quiero.

¿Qué? ¿No te alegras por mí?

-Sí, claro, claro que me alegro.

Me alegro mucho por ti.

-Pues genial porque, para celebrarlo, esta noche puedes venir a casa.

Hacemos una cenita, una peli... y lo que surja.

-Hombre, suena genial, la verdad.

-Y ahora vienen los peros, ¿no?

-Es que a lo mejor no puedo.

Quizá tú tampoco querrías si...

¿Te puedes sentar?

Tengo algo importante que decirte.

Tu padre se ha llevado el gato al agua.

Hay un redondo metido en el horno.

Oye, pues, entonces, mientras se termina de hornear,

voy a pasar

por el despacho. ¿Ahora?

¿Para qué?

Porque hay unos informes que quiero ver antes de acostarme.

¿Y esto qué es?

¿El nuevo plan de las rutas de transporte?

Sí. Lo ha hecho tu hijo.

Le pedí que lo reorganizara para minimizar gastos.

Y, mira, lo ha hecho muy bien.

Vale para empresario. Bueno, ha tenido a quien salir.

Cuanto más mayor se hace, más me recuerda a ti.

Bueno. Yo no era tan chulo, ¿eh? Ni le faltaba el respeto a mi padre.

Qué mala memoria tenemos para lo que queremos.

Desde que te conozco, andas a la gresca con tu padre.

Siempre discutís, es vuestro estado natural.

Porque mi padre se pone imposible, si ya sabes cómo es.

Sí, y también sé cómo eres tú y cómo es tu hijo.

Dices que Germán es chulo, ¿no?

¿Tú ya no te acuerdas

de cómo te llamaban en el Mercado cuando eras un crío?

El Jirafa.

Porque siempre ibas con el cuello estirado

y pavoneándote. No, no, perdona.

Si iba pavoneándome y con el cuello estirado

era porque tenía la novia más guapa del Mercado.

Perdón, de todo el barrio.

Huy. A mí no me eches la culpa de ser un creído.

Siempre lo has sido.

Demasiado seguro de ti mismo, como tu hijo.

Siempre me ha dado envidia.

¿El qué? ¿Ser un estirado?

No.

Pero me gustaría tener más confianza en mí misma

y... y luchar por lo que quiero de verdad, sin miedo.

Pero ¿qué dices? ¿De qué estás hablando?

Yo creía que tú eras feliz con tu trabajo,

con el Mercado.

Sí, y lo soy,

pero... pero a veces siento que me falta algo.

Nunca me lo habías dicho.

Porque no sabía lo que era.

Pero ahora, viendo a Germán

y también a Celia,

que están tan ilusionados con sus proyectos

y luchando por ellos,

ostrás, he sentido un poquito de envidia y lo he entendido.

Quiero hacer algo que sea mío.

Sentirme realizada.

Pensaba que los dos nos sentíamos realizados

con nuestras vidas, con nuestra familia.

¿Nuestras vidas?

Elías, seamos sinceros.

Desde que te conozco,

yo he vivido tu vida siguiéndote en todo.

En el negocio familiar,

criando a Germán. ¿Me lo echas en cara?

¿Por qué no me lo has dicho antes? No te echo en cara nada.

Intento explicarte

que... que me gustaría hacer algo por mí misma y para mí misma.

¿Entiendes?

Sí, sí, lo entiendo.

Y lo siento.

Pero, bueno, entenderás que yo también me preocupe

cuando me dices que no te sientes satisfecha,

hay motivos para pensarlo.

No, no los hay.

No tienes motivos porque yo soy feliz contigo.

Ese no es el problema.

Entonces a ver si concretamos un poco, porque, no sé...

¿Hablamos de un negocio?

Algo así.

De hecho,

le he pedido a Celia que nos asociemos.

(CHASQUEA LA LENGUA) Pero lo ha rechazado.

De todas maneras, tengo otra cosa en mente.

Bueno, muy bien.

Ahí sí te puedo echar una mano.

Mmm... No. Sí, que tengo un local visto.

A un par de calles. Gracias, no.

No hace falta.

Yo ya sé el local y el tipo de negocio que quiero.

Vale.

Quiero comprarle la floristería a Cristina.

¿Pero a ti Cristina te ha dicho que la quiere vender?

No.

Pero estoy segura

de que tú la convencerás para que me la venda.

Oye, voy a darle la vuelta a la carne,

seguro que tu padre necesita ayuda.

Carla, yo no... no soy la persona que crees.

No soy tan bueno ni tan honesto como parece.

He hecho cosas de las que me arrepiento mucho.

No solo lo de la furgoneta, cuando llamé a la grúa.

-Basta, por favor.

Ya lo sé, la furgoneta fue una cosa muy fea,

pero, yo qué sé, al menos así llamaste mi atención

y así me sacaste del hoyo.

-Pero soy el culpable de que cayeras en él.

El accidente. -Basta ya, por favor.

¿Puedes parar de torturarte a ti

y torturarme a mí con el pasado, por favor?

Ahora yo creo que nos merecemos avanzar, Samu,

y aprovechar lo único bueno que ha salido de esto, nosotros,

al menos ahora nos tenemos el uno al otro.

-Es que tú no lo entiendes, no sabes que yo...

-¿Qué, qué, qué? ¿Qué me quieres decir?

-Pues que yo...

(SUSPIRA)

Yo estoy enamorado de ti.

Hasta las trancas.

Me muero de miedo de pensarlo.

-Pues igual que yo.

Sentimos lo mismo.

¿Así que no crees que es mejor morirnos de miedo juntos?

Pasa. Gracias. Gracias.

No te voy a robar mucho tiempo.

Pues es una lástima.

Porque me encanta disfrutar de la buena compañía.

Ya. ¿Te puedo ofrecer una copa?

Pues sí, la verdad es que no me vendría mal.

Muy bien.

¿Qué te apetece?

¿"Gin tonic"? ¿Vermú?

¿Un licor dulce? Un "whisky" solo estaría bien.

Está muy bien. Ajá.

Porque estás de suerte.

Tengo el mejor "whisky" escocés

que hayas probado en tu vida.

Cuéntame.

¿A qué debo este honor? No me esperaba tu visita.

Ya, supongo.

Bueno, me ofreciste tu ayuda y he decidido tomarte la palabra.

Ajá.

Está bueno, pero no es el mejor del mundo.

Le daría un ocho y medio.

¿Ocho y medio es la nota?

Sí.

Da igual, es una chorrada.

Aquí está el plan de ventas.

Para que le eches un ojo.

Tú ya sabes lo que yo pienso sobre esto, ¿no?

Creo que no es el mejor momento para montar un puesto nuevo.

La renovación del Mercado aún no es segura.

Ya, pero tú estás luchando para salvar el Mercado, ¿o no?

Nos convenciste a todos y te hicimos presidente.

Sí, sí, por supuesto y me voy a... Ya, ya, ya, ya, por favor.

Sé que hay cosas que yo no sé.

Y sé que no es el mejor momento para hacer un negocio en el Mercado.

Pero yo confío en ti, Elías, de verdad.

Y no tengo otra alternativa, tengo que seguir adelante.

Está bien.

Yo te prometí que te iba a ayudar y lo voy a hacer.

Gracias, gracias.

Muchas gracias. Vale.

La verdad es que te lo agradezco mucho

porque todavía estoy muy perdida con estos temas.

El funcionamiento del Mercado.

Si yo quiero más espacio que almacenaje,

¿a quién se lo tengo que pedir?

¿Por qué me miras así?

¿Qué tiene tanta gracia?

No sé.

Tengo mis dudas.

¿Esto por qué no se lo has pedido

a tu queridísimo amigo Jorge,

que seguro que hubiese estado encantado

en echarle un ojo a este plan de ventas?

Pues sí, podría haberlo hecho.

Pero resulta que tú te ofreciste,

que tú eres el que más experiencia tiene del Mercado

y eres el presidente de la Asociación de Comerciantes.

¿A qué viene esta pregunta? No sé.

Me descoloca un poco que estés aquí.

¿Perdona?

Ay.

Celia.

¿A qué has venido? Ya te lo he dicho.

No, tú me has dado la excusa.

Cuando entraste por esa puerta, dije: "No sé, no lo veo seguro".

Pero ahora sí.

Ahora sé que tú no has venido a que mire tu plan de ventas.

Qué inteligente eres.

Inteligente, no, pero listo, mucho.

Pues ya lo siento, siento romper tu fantasía.

Tú todavía no sabes cuál es mi fantasía.

Ni ganas.

¿Seguro? Ajá.

Creo que ya sé a qué he venido.

¿Ves? ¿Ves como no venías a que mirase tu plan de ventas?

No, no venía a eso.

Venía a decirte

que a lo mejor tú eres el escorpión de la fábula,

pero yo no soy la rana.

(SUSPIRA)

¡Ay!

-Ay, mira. Perdona, Cristina.

-No tiene gracia, podías tener más cuidado.

-Perdóname otra vez.

Solo he abierto la puerta.

-No necesito que me ayudes.

-Y yo no necesito aguantar tus borderías.

He venido por el "limoncello".

-Podías disimular mejor, ¿no?

Hay tres botellas de "limoncello" debajo de la barra.

-¿Disimular el qué?

-Me has visto pasar en dirección al almacén

y has venido con una excusa.

-Tú crees que te estoy siguiendo porque lo querrías tú, ¿no es esto?

-Yo fui sincera cuando me pillaste y no te mentí a la cara.

-Ni te estoy siguiendo ni te estoy mintiendo, Cristina.

Yo no soy como tú.

Las botellas se han gastado

porque han venido varias mesas grandes.

Y, además, he preparado "babà limoncello".

¿Me puedo ir ya?

-Sí, sí, perdona, perdóname.

-Es que no podemos seguir así, Cristina.

Me gustaría que pudiéramos tener una relación normal.

Ni eres capaz de ayudarme en la pizzería.

-Trato de poner distancia, una relación contigo es complicada.

¿Tú me reprochas que te ayude? Pero ¿tú qué pretendes?

-No pretendo nada.

Solo me gustaría que pudiéramos ser amigos.

-Si queríamos eso, ¿por qué me regalaste el libro?

¿Por qué me contaste cosas de tu infancia?

Tú sabías lo que eso ocasionaba en mí,

no me creo que no lo vieras.

Mira, no quiero que juegues conmigo.

No, no, Doménico.

Por más tatuaje que tengas, me pareces un cobarde.

Me merezco que seas sincero conmigo.

Mírame.

¿Qué sientes por mí?

-¿Qué más da lo que sienta?

¿Es que no entiendes que no puedo amar a nadie, no puedo?

-Eso no es verdad.

Yo sé que has estado enamorado antes. -Sí. Con toda mi alma.

Giuliana me rompió el corazón.

No podría volver a pasar por algo así.

Aprendí a protegerme hasta volverme incapaz de sentir.

¿Lo entiendes ahora o no lo entiendes?

-¿De verdad no sientes nada?

No pienso hacer nada para arruinar a la gente del Mercado.

Bueno, ya lo has hecho una vez. Sí, y será la última.

Y da gracias que no se lo haya dicho a mamá y al abuelo.

No lo has hecho porque no descartas volver a trabajar para nosotros.

-No estoy seguro de que sintamos lo mismo.

-Pero ¿cómo puedes decir eso?

Para mí es importante lo que siento y tan real como lo que pasó ayer.

¿Qué me vas a decir? ¿Que lo de ayer fue solo un revolcón?

-Lo siento si te he hecho creer otra cosa.

-¿Ya soy una cliente especial?

Sabes que no necesitas el chocolate para serlo.

Gracias. De nada.

Además sabes que esto es un buen sustituto, ¿no?

¿De qué?

Hay otra solución.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál es?

-Pues podíamos rehipotecar el piso y costear la reforma.

-¿Te has vuelto loca?

-Si conseguimos un buen trato, lo podemos asumir perfectamente.

-¿No rehipoteco el piso para la reforma del puesto

y lo voy a hacer por la casa de Comillas?

-¿Qué narices te traes con ese?

-Por favor, Nacho, si estábamos charlando de buen rollo.

-Ya me conozco ese buen rollo.

-Cariño, de verdad, no te imagines cosas raras.

-No tengo que imaginarme nada: he visto cómo te habla y te mira.

-Pero ¿irte a vivir con ella?

-Nunca he sentido esto por nadie.

Amo a Carla y quiero compartir mi vida con ella.

-No tiene nada que ver Francisco

con que no quieras que vaya a Comillas.

-Yo no he dicho que no quiera.

-¿Vas a verte con él, Valeria?

-Bueno, sí, seguramente,

tenemos que hablar de temas... -Sí, sí, entendido.

¿Qué te pasa? Tranquila. (RESPIRA AGITADA) No sé.

Estoy aquí, tranquila, tranquila.

¡Un poco de agua, por favor!

¡Celia, Celia! ¡Tranquila!

Tranquila, ¡Celia!

Respira, respira.

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Mercado Central - Capítulo 36

12 nov 2019

El plan de Hortuño funciona y el mercado sufre un nuevo bache.
Torturado por la culpa, Samuel está dispuesto a confesar la verdad ante Carla.
Cristina intenta marcharse a Nápoles con Paolo para evitar quedarse a solas con Doménico.
Valeria es informada de que su casa de Comillas será demolida si no la reforma.
Jorge se acerca a Lorena y la invita a cenar. Celia está inevitablemente celosa.
Adela siente la necesidad de ser independiente y buscar algo que la motive, la floristería de Cristina se convierte en su principal objetivo.

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