Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 35 - ver ahora
Transcripción completa

Oiga, el que está ahí dentro, salga y devuélvame a mi padre.

¡Tú eres idiota o que?

Pues si la Pacheca quiere mambo,

va a tenerlo.

Menos mal, hombre, ese es mi padre.

Por fin has vuelto.

¿A mí? ¿Jorge? -¿Sí o no?

-Pero ¿qué dices?

A ver, vamos a aclararnos.

Esto es trabajo.

-No, no, no, no, no. Venga, por favor.

Vamos a ver, ¿te gusta o no te gusta?

Hay confianza, ¿no? Digo yo.

Dime que no es atractivo.

-Bueno, sí, tiene su rollo, pero...

Mira, me pone, me pone.

-Lo sabía.

Si la quieres como creo que la quieres,

no se lo digas.

¿Y vivir con esa mentira toda la vida?

Con el tiempo se aprende a olvidar, ya lo verás.

Desde luego, tiene mérito sacarle 20 euros a la Pacheco.

Eres un crack. Lo reconozco.

Si al final me decido a hacer lo de los productos eco,

me vendrá bien alguien como tú.

Yo no te cuento esto para que me juzgues,

sino para que me ayudes.

No. Tu no me cuentas esto para que te ayude,

sino para que te anime a seguir adelante con esta película.

Pero ¿sabes lo que te digo?

Que lo siento mucho,

que si quieres cargarte tu matrimonio,

lo hagas tu solita.

También tengo una familia que me necesita.

Así que primero, los míos; después, yo

y después de mí, otra vez yo.

-Pues si lo tienes tan claro, tienes razón.

-Pues claro que sí.

Y si tu padre no quiere saber nada de mí, peor para él.

Vamos a dejar ya el temita del Internet, ¿eh?

Vamos a tener la fiesta en paz.

Yo te prometo que lo estudio con detenimiento

y ya veremos qué hacemos. Ya te digo yo lo que hacemos.

Tirar para adelante sí o sí.

A mí me da igual si no quieres comer porque tienes hambre.

Yo lo único que quiero es que te sientes a mi lado

y me mires así como me estas mirando ahora.

Muy bien.

Sí que has madrugado hoy, ¿no?

¿Qué pasa, que las empresas por Internet abren más temprano?

No.

He venido antes para terminar lo que me has pedido.

Y aquí lo tienes, un modelo para ahorrar gasolina y tiempo

en la distribución.

Que no es por presumir, pero bastante más eficiente

que el que teníamos hasta ahora.

Tarde.

Pero por lo menos lo has hecho.

En los negocios, no vale con entregar el trabajo,

hay que hacerlo a tiempo.

Grábate esto a fuego y recuérdalo la próxima vez

que sientas la tentación de ignorar una orden.

Tranquilo, no volverá a ocurrir.

Ya te dije por qué lo hice.

Sigo pensando que es una idea buenísima.

Y tu madre también lo piensa.

¿Has hablado con mamá? Pues claro.

Y sé que es ella quien te animó a seguir con tu empresa en Internet.

O sea, que...

O sea, que nada.

No estamos de acuerdo; y sabes que tratándose de la empresa,

yo tomo las decisiones.

Siento que discutierais el otro día por mi culpa.

No te preocupes, hijo.

No te lo vas a creer, pero no es la primera vez.

Ni va a ser la última.

¿Sabes?

Mamá apoya mis ideas,

esta en concreto,

porque... porque confía en mí.

Molaría que tú también lo hicieras.

Sí, sí que molaría, sí,

pero mi confianza te la tienes que ganar.

No es que me hayas dado muchas oportunidades que digamos.

Siempre que te propongo algo, me dices: "No, porque lo digo yo".

Sí, en esencia es eso.

Ah, y te hace gracia.

No, no me hace gracia. Era un poquito de sentido del humor,

cosa que tú no tienes, no has salido a mí.

Tengo una pregunta.

Solo por curiosidad.

¿Realmente no confías en mis ideas porque son malas,

o porque son mías?

Contigo no tengo nada.

¿Seguro? Seguro.

Porque creo que no confías en mí.

Pues te equivocas. Demuéstramelo.

Demuéstrame tú que esta confianza es total,

que está a prueba de bombas. ¿Qué quieres que haga?

Algo que no te va a gustar.

No te entiendo. ¿Algo como qué?

Hay cosas que no sabes. ¿Sobre qué?

Sobre el mercado.

Cosas que afectan al futuro

y que nos afecta a todos.

Pues cuéntamelas.

Primero tienes que hacer algo por mí, sin preguntas.

Lo que tú digas.

Y, por supuesto, sin decirle nada ni a tu madre ni a tu abuelo.

Pide por esa boquita... y lo haré.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Jorge y Lorena, ¿quién lo iba a decir?

-No sé por qué te extraña. -¿Café?

-Son casi de la misma edad, están solteros, disponibles.

Más a huevo no podía estar.

-Pero nunca se me hubiera ocurrido juntarlos.

No sé. El caso es que Jorge me cae muy bien.

Espero que Lorena no le haga daño, porque ya sabes

el pasado sentimental tan poco brillante que tiene.

Y a Jorge tampoco se le conocen muchas relaciones,

por lo menos que yo sepa.

-A lo mejor es muy discreto y no nos hemos enterado.

Pero te estás adelantando, aún no ha pasado nada,

a lo mejor no les interesa una relación.

-¡Por favor!

Si ayer estaban tonteando delante de nosotros.

-Aunque tú no te dieras ni cuenta. -¡Oh!

¡Pero serás tonto!

Para eso tengo yo un maridito que me abre los ojos.

¿Sabes? Me encantaría verla feliz.

Espero que esto prospere, que les vaya bien.

¿A ti no te gustaría verla contenta?

-Me gustaría más verte contenta a ti.

-Yo ya lo estoy, qué bobo eres.

-No siempre.

Las cosas se complicaron cuando Noa se fue.

Y ahora que ha vuelto,

tampoco es que estemos mucho mejor.

Eh.

También nos merecemos ser felices.

Sí. -Va siendo hora, ¿no?

-Sí, seguro que sí.

-¿Qué te parece si nos escapamos hoy solos a comer,

en plan cita romántica? Hace tiempo que no lo hacemos.

-Me encantaría, mi amor,

pero hoy no puedo irme del bar a la hora de comer.

-¿Por qué no?

-La muestra gastronómica es esta tarde.

-Pero las tapas están preparadas, ¿no?

-Bueno, sí, más o menos.

Mira, no puedo, cielo.

Ayer, ya me fui por la tarde y los dejé solos a Lorena y Jorge.

No puedo, tengo que echar una mano.

-Venga, va. Aun así, podemos hacerlo.

Venga, me apetece comer juntos.

Luego, te vas al bar a ayudarles.

-Oye, cielo, ¿quieres dejar la cámara y sentarte a desayunar?

Que vas a llegar tarde. -Voy.

Es que no sé qué le pasa a esto.

-Oye, ¿tú podrías cubrir a tu madre este mediodía en el bar?

Serían un par de horas. Es que tiene una cosa que hacer.

Es así, ¿no?

-Sí, claro.

Tengo que ir a hacer unos recados.

Perdóname, cielo, que no te haya avisado con tiempo,

pero ¿te importa echar una mano a Lorena?

-No, mamá, tranquila. Tómate el tiempo que necesites.

-Gracias, amor, eres un cielo.

Hola. Hola, Carmen.

¿Sabes dónde está tu hijo?

He subido al despacho a darle unos papeles y no estaba.

Por cierto, allí dentro hay una colcha y una almohada.

¿Es que se está quedando a dormir aquí?

¿Samuel? No, no, no, no. Eso...

es de Jonathan que, de vez en cuando, duerme allí una siesta.

Es que ese niño nació cansado, vamos.

Ha dejado el trabajo por eso.

La juventud no sirve para nada. ¿Ya no trabaja con vosotras?

No te preocupes,

que yo le digo a Samuel que le devuelva sus cosas.

Es que se cree que eso es su casa, vamos.

Por mí no le digas nada, tampoco es para tanto.

No te preocupes, que yo me encargo. Venga, hasta luego.

Bueno. Hasta luego.

Adela.

Buenos días. Hola, Celia, ¿qué tal?

Muy bien, ahí vamos, que no es poco.

Oye, lo de los...

cosméticos ecológicos.

Que he decidido que sí, que los voy a vender.

¿En serio? Pues fenomenal. Sí.

Estoy un poco nerviosa.

Que no sea por lo que te dijo Elías.

Que él, de esto, ni caso.

Pues espero no equivocarme, pero...

Una cosa, ¿me puedes pasar el contacto de Marisol otra vez?

Sí, claro.

Hoy justamente he quedado con ella para tomar café.

Si quieres, le digo que se pase a verte

y que te traiga muestras de todo. Tiene unos jabones de lavanda...

Eso sería genial.

Así empiezo de una vez, porque esto es un embolado.

¿Tienes pensado por dónde vas a empezar?

¿A qué te refieres?

Es que a lo mejor...

No, seguro que es un poco precipitado,

pero se me está ocurriendo una cosa y no quiero callármela.

¿Qué te parecería si fuéramos socias?

¿Cómo socias, cómo? En el puesto.

Con toda la línea ecológica.

Yo tengo un poco de experiencia como vendedora.

Llevo toda la vida en el mercado, conozco a todas las clientas.

Además, soy muy amiga de Marisol.

Y tengo capital para invertir.

Es que, pensándolo bien,

soy un chollazo de socia.

¿No? Sí.

Sí, sí.

Es que no sé qué decirte, no lo había pensado.

No, ni yo tampoco. Es una locura...,

pero... yo estoy un poco cansada de la frutería.

Así que necesito un cambio,

algo nuevo que me ilusione, que sienta como mío.

No sé, dime tú, ¿cómo lo ves?

A ver, Adela, yo te agradezco muchísimo la oferta,

pero me pasa un poco como a ti, que quiero

tener algo propio.

Me gustaría demostrarme a mí misma que puedo salir adelante sola,

sin nadie, ¿me explico?

Sí, sí. Te entiendo.

Pero no sé, es que había pensado

que podría ser bonito comenzar esta aventura juntas.

Seguro que sí. Si no es por ti, es una cosa mía.

No quiero fallarme a la primera de cambio.

Me apetece conseguir que ese puesto rancio

sea un lugar cuqui.

Bueno, tampoco es tan rancio. Bueno...

Cutrecillo.

¿Elías sabe que te quieres asociar conmigo?

No, si ya te he dicho que se me ha ocurrido ahora mismo.

Pero piénsatelo, dale un par de vueltas, ¿eh?

Es que estoy segura de que formaríamos un buen equipo.

Y no lo dudo.

Pero no. Espero que lo entiendas.

Sí, claro que sí.

Pero si cambias de opinión, avísame, ¿vale?

No voy a cambiar, pero vale.

Es que es un buen negocio, ¿verdad?

Sí. Me gusta. Sí.

¡Hombre!

Menudo sitio para quedar.

-Toma.

-Muy bonito.

Aunque no estás muy inspirado.

Es la primera vez que recibo una tarjeta... en blanco.

-Es que no encontraba las palabras para expresar

cuánto siento lo que ha pasado.

Todas se me quedaban cortas.

-No me extraña.

No me he portado bien,

permitir que te hicieras ilusiones para luego dejarte plantada...

No sabes cómo me arrepiento de todo.

-Ah, ¿de todo?

Pues sí que estamos bien. -No quería decir eso.

-¡Pues explícate, hombre!

-Tenía miedo

de que nuestra excursión a la sierra no fuese bien.

No quería defraudarte

y que acabase lo nuestro.

-¿Algo más?

-Me he portado como un cobarde.

No he sido claro contigo.

Pero... quería arreglar las cosas.

Si a ti te parece bien, claro.

-Mira, te agradezco el esfuerzo, Jesús,

pero le he estado dando muchas vueltas a este asunto.

Desde que murió mi marido, he llevado una vida muy tranquila.

Me he dedicado a mi familia y a mi puesto,

aunque a veces no me hagan ni caso.

Y la verdad es que quiero seguir así.

Además, mi nieto está pasando

por un mal momento

y me necesita más que nunca.

Yo ya no tengo edad para esto de los novios, Jesús.

Tantas emociones, tantos disgustos; es que no me compensa.

-¡Pero...! -No, no, no.

No es que no me gustes,

creo que eres un buen hombre

y me río contigo.

Pero es mejor dejar las cosas como están,

y cada uno que siga con su camino.

-Respeto tu decisión,

aunque me duela.

Supongo que no puedo aspirar nada más que a ser amigos.

-La amistad entre personas que han sido algo más que amigos

siempre es extraña.

-Pero podemos intentarlo, ¿no?

Mira, ayer pasé por el puesto de Jorge

y le compré un jamón de Jabugo

que tenía una pinta.

¿Qué te parece si lo empezamos hoy al mediodía

con un buen vino?

Como buenos amigos. -¿Seguro que no va a ser raro?

-La verdad, Valeria,

no soportaría perderte también como amiga.

Ya he hecho bastante el tonto.

Hola, cariño.

-Buenos días.

Esta mañana, has salido muy temprano también.

¿Dónde has ido? -Estaba de compras.

Quería darte un regalo antes de ir a la floristería.

-¿Para mí? -Ajá.

-¿Y por qué?

-¿Necesito una excusa para hacer un regalo a mi marido?

Si la necesito, me la invento.

Toma.

-"El arte de combinar alimentos".

Esto es una buena indirecta. -No.

De hecho, es bastante directa.

Como sé que buscas la receta para tu nueva pizza,

he pensado que este libro te vendría bien.

-Claro que sí, "amore mio".

"Grazie mille".

-¿Te gusta de verdad?

-Muchísimo.

-Hola. -Pero tú me gustas más.

¡Doménico!

Mira lo que me ha regalado Cristina.

"El arte de combinar alimentos". -"Bellisimo".

-¿Soy o no soy el hombre más afortunado del mundo?

Es que me quiere..., me apoya.

He ganado la lotería, ¿sí o no? -Lo sé, lo sé.

-Voy a empezar a leerlo ahora mismo.

Esta vez, no voy a fallar.

"Grazie, amore mio".

(NICOLÁS SE LAMENTA)

-¿Qué te pasa? -La espalda, la tengo hecha polvo.

Luego me tomo un ibuprofeno. Ay. -Ah.

Eso es por no dormir en una cama como Dios manda.

-Sabes que no podemos ir gastando en hoteles.

-Hablo de la nuestra.

Esta noche, te vienes a casa.

-Carmen... -No te equivoques, no te perdono.

Pero no quiero ser la comidilla del mercado.

Adela ha visto que alguien ha dormido en el despacho.

La he despistado,

pero se va a correr la voz, y eso sí que no.

-Sea por lo que sea, me alegro de volver a casa.

La verdad es que os echo de menos. -Debiste pensarlo antes de mentirme.

-Lo hice para protegerte.

-¿Protegerme, cómo? ¿Mintiéndome sobre mi hijo?

-Mujer, entiéndelo. Fue para proteger a Samuel, y a ti.

Ocultar que nuestro hijo conducía es un delito.

Y no quería involucrarte por nada del mundo.

De habértelo contado, habrías cometido encubrimiento.

-Bueno...,

esta noche te hago los boquerones en vinagre

que tanto te gustan, para celebrar tu vuelta.

A ver.

Lo del libro no es nada,

es que necesito hacerme perdonar.

Tú ya sabes por qué.

Dicen que es normal sentirse atraída por otros hombres,

pero no puedo evitar sentirme muy miserable.

Paolo no se merece que le haga daño,

es... es el hombre más bueno que he conocido en la vida.

No se merece esto.

-No, claro que no.

-Pero ¿cómo no le voy a hacer daño si te veo todos los días aquí?

¿Cómo voy a controlar lo que siento por ti?

-¿Quieres que me vaya? ¿Que deje la pizzería?

-Ya sabes lo que dicen:

"Ojos que no ven, corazón que no siente".

Para mí sería mucho más fácil.

Volvería a la normalidad.

Por eso... por eso te busqué el restaurante.

-¿Fue cosa tuya?

-La oferta sigue en pie.

No me parecía justo pedirte que te marcharas

sin ofrecerte algo a cambio.

-¿Me estás pidiendo que me aleje de mi amigo?

-No, no, no.

Puedes seguir viendo a Paolo cuando quieras.

Tu amistad con él no peligra,

mi matrimonio sí.

Así que te pido por favor que aceptes el trabajo.

Papá va a volver a casa.

-¿Que vuelve a casa? Ah, qué bien.

Me parece muy bien que papá vuelva a casa.

Yo seguiré igual, no pienso dirigirle la palabra.

-A lo mejor lo hizo para protegernos a los dos.

-Lo mejor para los dos es ocultar que en casa tienes

a un farsante y un asesino. -No digas tonterías.

-¡Es la verdad, mamá! Es la verdad.

Ayer salí con Carla, como me dijo la abuela.

Intenté pasarlo bien, disfrutar, pero no pude.

No pude. Es difícil pasártelo bien sabiendo que yo maté a su hermana.

-Esto es muy doloroso, es difícil quitarse la culpa.

Ojalá pudiera decirte algo para que te sintieras mejor, pero...

-Es que tú no puedes ayudarme, mamá. Ni tú ni nadie.

Ojalá pudiera volver atrás y cambiar todo lo que he hecho.

Ojalá hubiera cogido un taxi en vez de ese coche.

José y Laura seguirían vivos, yo andaría

y todos seríamos felices y comeríamos perdices.

Pero es imposible ser feliz sabiendo que eres un asesino.

¿No te dijo nada de ir a tomar algo?

No me lo puedo creer, Lorena. -No, no me dijo nada.

-¡Pero si no se despega de ti!

Se ve a la legua que le gustas.

-No sé.

-Oye, yo creo que no me lo estás contando todo.

Aquí se está cociendo algo muy gordo, que lo huelo.

-Aquí no se está cociendo nada.

Simplemente estuvimos cocinando toda la tarde, ya está.

No hay nada más que contar, hermana.

-Pero ¿él te gusta o no te gusta?

-Sí, me gusta un poco,

pero no estoy segura de si yo soy su tipo, ya está.

-Pues entonces, habrá que averiguarlo.

Y para eso, tienes que mover ficha.

Porque te digo una cosa, Jorge es un tipo encantador,

pero es un poco paradito.

¿Por qué no le invitas tú a tomar algo?

-A lo mejor, si estoy segura de que le gusto o le intereso.

Puede que lo haga. -¡Por favor!

¿Cómo no le va a interesar una mujer como tú?

Es que ni en sus mejores sueños. -Estás boba, estás boba.

-Tú no tendrás miedo, ¿no?

Porque entonces, sí que no te reconozco.

-¿Cuándo he tenido yo miedo?

Simplemente me quiero tomar las cosas con calma.

No me voy a tirar a su yugular a la primera de cambio.

-¿Por qué no? A lo mejor es lo que tienes que hacer.

Sin pensarlo, tú vas, te tiras, lo enganchas

y le das un beso en los morros.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Que se quede cortado. Ya está.

Jolín, qué guarra es la gente.

¿Es que no pueden poner la basura en la papelera?

Estoy harta de tanto papel y tanta mandanga.

Toma, cariño.

La verdad es que tienes razón.

Si no fuera por ti, esto sería una pocilga.

No vendría aquí ni el Tato. Y porque no has visto los baños.

Yo no sé qué hace la gente, pero los suelos

de los baños de señoras están llenos de chapapote.

Pobre, qué asco.

Y mira mis manos, que por mucho que me las lavo,

huelen a lejía todo el rato. Uy, sí. Sí.

Espérate un momento, tengo algo para ti.

Huélelo.

Uy, qué bueno. ¿A que sí?

Son jabones ecológicos 100%, no tienen nada de químicos.

Se los compro a una señora, los hace en la sierra

y los vende allí, ¿no son un pasada? Tienen buena pinta, sí.

Y es mucho más que la pinta. Te digo una cosa,

si los pruebas, verás cómo te mejoran las manos

porque tienen aceite de caléndula.

Te van a dejar las manos como el culito de un bebé.

Y otra cosa, tengo...,

mira..., perfumes.

Pruébalo, son superoriginales. Y como ella no vende al por mayor,

no encontrarás a nadie que huela como tú.

Bueno, las otras clientes, ¿no?

Tú eres mi primera clienta.

¿Yo? Sí.

Ya. No...

Celia, me encanta tu perfume, tus perfumes, de verdad,

pero esto debe ser carísimo.

Si tuviera pasta para estas cosas,

no estaría todo el día con el mocho.

No te preocupes, no es tan caro como parece.

Y por ser la primera, te haré descuentazo.

Y la pastilla de jabón te la regalo.

Verás como notas la diferencia y vienes a por una.

¿Eh? Vaya.

¿Han llegado ya las flores de calabacín?

Sí, están aquí, en el frigorífico.

Deben estar refrigeradas en todo momento, son muy delicadas.

-No te preocupes, se está encargando de todo Lorena

y lo está haciendo muy bien. Genial.

-Hola. ¿Me ponéis un café, porfa? -Sí, claro.

-Hola, mi amor. -Hola.

-¿Qué tal va todo?

Bien, esto no hay quien lo pare.

Y detallazo lo de tu padre pagando las flores de calabacín;

es una pasta. Y que lo digas.

-Tu café. -Gracias, tía.

¿Dónde están esas flores ahora? No me digáis que no han llegado.

-Están aquí, en la cámara,

junto con las otras delicias que ha preparado Jorge:

el tataki de atún, la crema de nécora

y el salpicón de marisco. Lo hemos preparado entre todos.

Yo solo soy un mero pinche.

¿Y tú, vas a echar una mano?

-Eh... Pues sí, me intentaré pasar.

Ya me diréis lo que tengo que hacer.

-No, no, pásate, porque vamos a necesitar manos.

¿Sabes que está colaborando casi todo el mundo?

Hasta la Pacheca ha aportado algo,

y eso que lleva unos días con un careto...

-Sí.

Todos tenemos que arrimar el hombro.

Lo que saquemos va para la reforma.

Como dice tu padre: "Este mercado va a salir adelante sí o sí".

-O sí. Vamos ahí, equipo.

¿Equipo? ¿Equipo? Equipo.

Equipo.

¿Me ayudáis con eso? ¿Lo guardáis? Sí.

Listo.

Espera, esto no está testado con animales, ¿no?

Yo paso de ese rollo. No, no te preocupes.

Es artesano y ecológico 100%.

Ella lo prueba consigo misma y, si le gusta, tira para adelante.

Vale. Me dejas mucho más tranquila.

No te preocupes, llevas muy buena compra,

y la vas a disfrutar.

No es para mí, es para mi madre, la veré en la hora de la comida.

¡Carla, qué bien! Sí.

Le va a encantar, ya verás. Ya.

Bueno, gracias. A ti, a ti.

Chao. Adiós.

Guau.

Hola, mamá. Hola, cariño.

¿Qué te pasa? Parece que vas a llorar.

No, no. Es que estoy contenta porque he hecho mi primera venta.

Felicidades. Gracias.

Aunque no me extraña, según las estadísticas,

estos productos se venden un 30% más que los cosméticos normales.

Muchas gracias, David.

Si no es por ti, no hubiera tenido la fuerza suficiente.

Aún tienes mucho que aprender, pero yo te enseñaré.

Ah, muy bien,

¿qué me enseñarás, los secretos de las cremas hidratantes?

Para empezar, no deberías hacer descuentos.

Estos productos son caros por su origen artesanal,

así que no debes inflar los precios si quieres que sean competitivos.

Esto implica que es pequeño tu margen de beneficios,

y deberías protegerlo para no perder dinero.

¿A cuanta gente les has hecho descuento?

A Carla.

A Adela le he prometido también un pequeño descuento.

Pero solo porque estoy empezando.

Si regalas los productos, nunca recuperarás la inversión.

No estoy regalando nada.

Aunque espérate, ahora que lo dices,

a lo mejor tendría que hacerlo, al menos al principio.

¡Mamá! Que es una broma, David.

No te preocupes, mi amor. Por favor, no seas aguafiestas.

¡Esto hay que celebrarlo!

Si nos gastamos en fiestas, esto no sirve para nada.

Pues comemos en casa, de forma austera y sin gastos.

¿Te parece bien? Sí.

Pues hala, vete a casa.

Nos vemos a la hora de comer. Vale.

He salido pronto del colegio, pero tengo que estudiar.

Vale, muy bien.

Mamá, estoy orgulloso de ti.

Eres muy valiente.

Gracias.

¡Adela, espera!

¿Qué quieres?

Hablar contigo.

Prefiero no saber más de esa novela que te has montado con el mafioso.

No me cuentes nada si no quieres que te juzgue.

Tienes razón, no quiero que me juzgues.

Pero bueno, yo...

también lo hice cuando te ataqué hablando de Elías.

Es un tema muy complicado,

y a veces soy muy bocazas.

Te prometo que no voy a volver a hablar del tema.

Lo siento mucho, de verdad.

Vale.

¿Algo más? Sí.

Quería decirte que tus consejos no caen en saco roto.

Esta mañana, he hablado con Doménico y le he contado

que yo le conseguí el trabajo en otro restaurante.

Le he pedido que acepte y se vaya.

No sé qué hará,

pero espero que entienda que es lo mejor

y que esta locura tiene que acabar.

Has hecho lo que tenías que hacer, así que me alegro por ti.

Entonces, ¿somos amigas otra vez?

Nunca hemos dejado de serlo, Cristina.

No te preocupes por eso

y concéntrate en tu marido, que es estupendo.

Y atiéndeme la floristería,

que me la tienes muy abandonada últimamente.

Hemos dicho que nada de juzgar.

Tienes razón, perdona, es la costumbre.

Ahí tienes al Corleone.

Suerte.

Eh.

He hablado con los del restaurante, he aceptado la oferta.

Muy bien. -Ya.

-Si crees que lo mejor es que me vaya, es lo que haré.

-Sí, lo creo.

Gracias.

-Nada.

Ah, y vas a tener que ayudarme a darle la noticia a Paolo.

Ya sabes cómo es, no se lo va a tomar bien.

-Sí, seguramente se sentirá muy decepcionado.

-Ya. No te preocupes, que yo te ayudo a decírselo.

-Perfecto. Entonces, ya está, ¿no?

-Sí, ya está.

-Perfecto.

Pero ¿cómo que te vas? ¿Ahora?

¿Adónde te vas? -Tengo que hacer unos recados.

-Que es la hora de comer, esto se va a llenar.

No me puedes dejar sola. -No te dejaré sola,

Noa está viniendo para echarte una mano.

Además, yo volveré enseguida

y te ayudaré a montar las mesas para el evento.

-A ver, las tiendas están cerradas a mediodía.

¿Tú dónde vas? -Las tiendas del centro abren

y me tengo que comprar unos pantalones para trabajar,

los que tengo están hechos polvo.

¡Hombre! -Anda, tira.

Pero date prisa, por favor.

Como me dejes sola, es que me da algo.

¿Tú dónde vas? Me voy.

Ponme una cervecita, hermana.

No te voy a poner una cerveza.

¿Perdona?

Te voy a poner un vino blanco

que vamos a sacar esta tarde en la muestra

que vas a flipar.

Toma, pruébalo.

Pero si eso está helado.

No está helado, está casi helado,

y se tiene que tomar así. ¿Y eso quién lo dice?

Lo ha dicho Jorge.

Porque así es la única manera

de que potencie el sabor del albaricoque.

Pero ¿esto qué es, vino o zumo?

Que lo pruebes.

Está buenísimo.

¿Ves?

Nunca subestimes la palabra de un chef.

¿Tú quieres una copita también?

-No, estoy servido, gracias.

¿Y qué, lo tenéis ya todo preparado para el gran evento?

-Solo falta rematar tus flores de calabacín.

Lo demás está aquí refrigerándose: unos platos fríos

y unas salsas superdelicadas que ha preparado Jorge.

Aún no me habéis dado las gracias por las flores de calabacín.

Me han salido a precio de caviar. Sabía que eran caras, pero tanto...

Hermano, no seas rácano,

que se trata de salvar el mercado, que está en juego.

Para tacañas ya tenemos a las Pachecas.

Mira, ahí llevas razón, no les quitaré yo ese título.

De cualquier forma,

estoy convencido de que será un éxito.

Habéis trabajado muchísimo

y eso siempre tiene una recompensa. Sí.

A ver.

¿De qué queréis hablar conmigo?

Eh.

¿Qué son esas caras tan serias?

¿Tan grave es?

-Siéntate un momento, cariño, por favor.

-Escucha, Paolo...,

sabes que te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí.

¿No?

Fuiste muy generoso al darme trabajo en la pizzería.

Me ayudaste cuando más lo necesitaba.

Y eso no lo voy a olvidar nunca, de verdad.

-¿A qué viene todo esto?

Parece que te quieres marchar.

¿Es eso?

¿En serio?

No me digas, Doménico.

¿Vas a trabajar al Covadonga?

-Lo que quiero decir, Paolo...

(Móvil)

-Espera.

Me están llamando.

"Pronto?". Sí.

"Ciao". Sofia.

¿Mi madre?

¿Cuándo?

Oh, Dios.

Pero "sta bene?"

Oh.

(HABLA EN ITALIANO)

Sí, para el aeropuerto inmediatamente.

(HABLA EN ITALIANO)

"Ciao", Sofia.

"Grazie mille", de verdad.

"Ciao, ciao. Ciao".

-¿Qué pasa?

-"Mia" madre.

Se ha caído y...

puede que se haya roto la cadera. Está en el hospital.

-Pobre Francesca, ¿y cómo está? -¿Cómo va a estar?

Está dolida y desanimada.

Ya la conoces, no puede estar parada un minuto.

-Es una mujer fuerte, seguro que se recupera, ya verás.

-Pero tengo que ir ahora mismo.

Cogeré el primer vuelo para Nápoles.

Doménico...,

¿podrías ocuparte de la pizzería unos días, por favor?

¿O de verdad querías decirme que te vas al Covadonga?

-No, claro que no.

Solo quería darte las gracias por ayudarme.

Me ocupo yo de la pizzería, tranquilo.

-Ven aquí.

"Grazie", amigo mío. -De nada.

"Vai, vai".

-"Ciao".

-Cristina, espero que lo entiendas.

Si tengo que elegir entre mi amigo y tú,

elijo a mi amigo.

¿Cómo puedes ser tan cínico?

¿Has hecho lo que te pedí?

Claro que lo he hecho.

Y me extraña que no se hayan enterado aún.

Pero todo va a salir como querías.

Entonces, ¿a qué viene esa cara?

Vale que no des saltos de alegría, pero parece que te vas a morir.

Es que me sabe fatal,

están todos ilusionadísimos, les vamos a joder la fiesta.

Cuando te cuente por qué, lo entenderás.

No te culpes,

estamos haciendo esto por un bien mayor.

Pasa, pasa.

Espera. Cierra los ojos.

Cierra los ojos solo un momento.

Vale.

Ven.

Te llevarás una sorpresa. -Vale.

-Por aquí.

Un poquito más.

Un poquito más, un poquito más.

Abre los ojos.

¿Eh? ¿Qué te parece?

-Eh... Muy bien.

Pero pensaba que íbamos a ir a un restaurante.

-Queríamos una cita íntima,

¿dónde tendremos más intimidad que en casa?

-Eh...

-Vaya, no pareces muy entusiasmada.

-No, no, no. Que me encanta, cariño.

Lo que pasa es que no lo esperaba.

¡Madre mía, y has puesto el mantel de hilo!

Con lo que cuesta plancharlo.

-Ya puedes decirlo, ¿eh?

Prefiero enfrentarme a un ejército de camisas.

-Eres un amor.

Bueno...

-Espero no haberte defraudado, por lo menos no más de lo habitual.

Ya sé que hablamos de...

comer fuera, pero...

-Pero que no me has defraudado, cielo, está todo muy bien.

-¿Seguro? -Pues claro que sí.

Mira, tengo marisco, que es lo que más me gusta.

Mesa puesta con mantel de hilo precioso,

y en casa. ¿Qué más se puede pedir?

-Me hubiera gustado cocinar algo especial para ti,

pero no quería hacer el ridículo.

Yo no tengo el talento de Jorge.

El marisco era una apuesta segura porque sé que te encanta.

No iba a jugar con desventaja en mi propia casa.

-¿Y desventaja, por qué?

-Cuando os vi el otro día cocinando a ti y a Jorge...,

se os veía tan cómplices,

lo estabas pasando tan bien...

-¿Qué estás diciendo, Nacho?

-Estaba un poco celoso, la verdad.

Por eso he sido tan quejica y tan criticón estos días.

-¿Estás hablando en serio?

-Ahora me siento un poco ridículo, pero de verdad que sí.

-Pero, cariño, si Jorge y yo no somos ni amigos,

nos conocemos de trabajar en el mercado, ya está.

¿Y quién me dijo ayer que Jorge estaba por mi hermana?

¿Eh?

¿Y que Lorena le estaba tirando la caña?

-No te estoy acusando de nada, Rosa.

Sabes que confío en ti ciegamente.

Y tampoco tengo celos de Jorge,

sino del momento que estabais compartiendo.

¿Cuánto hace que no compartimos un momento así de feliz?

-Bueno,

la verdad es que estos últimos meses han sido muy duros,

por lo de Noa y todo eso.

-¿Te acuerdas cuando nos casamos?

No teníamos de nada, pero éramos tan felices.

Nos pasábamos los fines de semana encerrados en casa,

charlando, viendo la tele

acurrucados bajo la mantita.

-Uy, la mantita.

¿Qué habrá sido de esa mantita?

-No salíamos mucho porque no teníamos dinero,

pero con estar juntos era suficiente,

por lo menos para mí.

-Y para mí también, bobo.

"Los sábados de película".

-Comprábamos palomitas de microondas

y nos poníamos ciegos mientras bebíamos cerveza

y veíamos una peli. ¡Nuestro plan loco de los sábados!

Y cuando la cerveza hacía su efecto,

rematábamos la jugada en la habitación,

a lo grande.

-Había veces que ni llegábamos a la habitación.

-Hemos sido muy felices.

-Seguimos siendo muy felices.

Esto no ha sido más que...

un mal momento, ya está.

-Tenemos que recuperar ese espíritu, amor,

necesitamos tiempo para nosotros.

-Sí, tiempo para nosotros, ojalá.

Como si fuera tan fácil. -Tiene que serlo.

Para mí, la felicidad es esto:

estar los dos juntos, solos, en casa.

Eso no ha cambiado con los años.

Me sigues pareciendo preciosa.

Y si no fuera porque las gambas hay que comerlas ahora,

no te dejaría ni llegar a la habitación.

El jamón.

Brindemos por nuestra amistad, ¿te parece?

Mmm. -Mmm.

-Gracias por aceptar mi invitación.

-De nada.

Pero me preocupa que Elías y Adela se enfaden

por haberles saqueado la nevera, ¿a ti no?

-Mujer, si han sido cuatro cosas.

Además, esta también es mi casa.

¿Qué te pasa?

¿No estás cómoda aquí?

-Es que se me hace un poco raro estar en tu casa a estas horas.

-Bueno, si te preocupa por si viene alguien,

olvídate.

Elías y Adela comen fuera,

y Germán también.

Y Lorena está en el bar.

Nadie nos va a molestar.

Pero si no estás a gusto...

-No. No, no, no. Estoy bien, estoy bien.

-Pues no lo parece.

Valeria.

Somos amigos,

y los amigos se cuentan los problemas.

No es que te lo vaya a solucionar de un plumazo,

pero sé escuchar.

-Bah. Déjalo, si es una tontería.

-Es por tu familia, ¿verdad? -Sí.

-Están últimamente un poco raros.

-Es mi yerno.

Nicolás es un buen hombre, pero a veces se equivoca

y esta vez, se ha equivocado mucho.

Quería proteger a la familia y lo ha hecho de la peor manera:

con una mentira.

Total, que se han enterado mi hija y mi nieto

y se ha armado la marimorena.

Como te puedes imaginar,

están muy decepcionados con él.

-Ya. Es que los padres de ahora

tienen una forma muy rara de proteger a los hijos.

Evitando que se enfrenten a los problemas,

no les protegen, les hacen más frágiles.

-Ahí está. -Lo digo por experiencia.

-¿En tu familia también están las cosas revueltas?

-¿Y en qué familia no?

Elías se metió en un lío por proteger a Germán.

Me mintió sobre un cliente.

Lo que tenía que haber hecho es

decirle las cosas claras y que asumiera su responsabilidad.

Pero no, es más fácil

ocultar las cosa.

Se cree que somos tontos y que no nos enteramos de nada,

pero a mí no se me escapa ni una.

-¿Y qué le has dicho a Elías? -Nada.

No voy a empeorar las cosas.

Los problemas se afrontan cuando los tienes delante,

no a toro pasado.

Ya sé que eso me hace cómplice,

pero es que mi nieto está pasando una época complicada

y no quiero hurgar en la herida.

-Creo que es la mejor decisión.

Se nota que quieres mucho a Germán.

-Por eso le cuido.

Hay que cuidar de las personas que te importan,

y vivir sin miedo.

Tiene narices que te diga yo esto,

cuando he metido la pata hasta el fondo.

-Ahora no estás hablando de Elías y Germán.

-No.

Hablo de nosotros,

de lo que siento por ti.

Hacía mucho tiempo que no era tan feliz con alguien...,

por eso me asusté.

Valeria.

Tú no eres una conquista más.

Desde que murió Consuelo...,

eres la única mujer que me ha llegado al corazón.

¿Estás segura?

-No pensarás que te voy a planchar la camisa.

-Pues va siendo hora de que conozcas el resto de la casa.

Vamos.

-¿Seguro?

-Ya no tengo miedo.

Ven.

Cariño...

Espera, espera un segundo.

Voy a cerrar la ventana.

-No cierres, ¿para qué? Que nos vean.

A lo mejor aprenden algo.

-Calla, hombre, que la mayoría son vecinos del mercado,

y a ver cómo les miro yo mañana.

-No cierres, Rosa.

-Cierra la puerta, mi amor. A ver si va a venir Noa.

-Noa está en el bar.

Venga, relájate, disfruta.

Estamos solos, tenemos que aprovechar.

-Espera un segundo. Ya está.

Nacho, apaga la luz, por favor.

-Quiero verte.

-Ya, cariño, pero ¿sabes qué pasa?

No sabía que la comida iba a acabar así,

y tengo una ropa interior muy fea.

-Me da igual.

-No me favorece. -Venga.

Desnúdate.

Despacio.

Y mírame...,

sabes que eso me gusta.

Venga, mujer, no seas tímida.

Si a mí me gusta cómo eres.

(SUSPIRA)

-¿Qué pasa, qué he dicho ahora?

-Pues que el tiempo pasa, Nacho.

Que no me gusto.

-Ya sé que tu cuerpo ha cambiado.

Y el mío también.

Oye, me encantaba

ese cuerpo adolescente y delicado que tenías cuando nos casamos.

Pero eso no importa,

yo te quiero por ser tú, por ser quién eres,

no porque tu cuerpo sea más o menos joven.

¿Vale?

Cuando nos conocimos...,

llevabas un traje verde muy bonito.

¿Te acuerdas?

Tenías un pelo precioso...,

me encantaba tu melena

y, sobre todo, ver cómo te la recogías.

¿Por qué no te lo recoges ahora como hacías entonces?

-¿Ahora?

-Sí.

Recógete el pelo,

que estás más guapa.

-¿Es necesario, Nacho?

-Por favor.

-¿Contento?

-Sí, mucho.

Desnúdate.

-Apaga la luz, por favor.

-¿Qué pasa ahora, amor?

-Apaga la luz, por favor, Nacho.

-Chist.

¿Qué tal?

¿Cómo ha ido la mañana? No te he visto en todo el día.

¿Me estás evitando otra vez? -No, ¿cómo te voy a estar evitando?

Pero he estado trabajando con llamadas y papeleo;

trabajo de despacho, ya sabes.

¿Y tú?

¿No comías hoy con tu madre?

-Ahora vengo de estar con ella, acabo de llegar,

pero no quería columpiarme con el curro.

-Ya. ¿Y qué tal ha ido?

-Pues no sé. Es que mi madre y yo tenemos un rollo raro.

No sé. No nos vemos nunca, solo cuando ella quiere y me llama.

Pero la he visto mejor que otros días, estaba...

como más serena, más feliz, creo.

-Me alegro.

-El psiquiatra le ha cambiado la medicación,

ahora toma algo que se ve que le sienta mucho mejor.

Mira, por lo menos no la dejan medio lela, ¿sabes?

Porque antes, daba miedo verla.

Le he dicho que tengo novio.

-¿En serio?

¿Y qué ha dicho? -Nada.

Estaba contenta, dice que eres muy guapo.

-¿Le has enseñado una foto? -El selfi de la paz.

-¿Sabe quién soy?

Me refiero a si... si le has contado...

-Sí, sabe que ibas en el coche.

Pero ya le he dicho que...

que tú no tienes la culpa de lo que pasó.

Y me ha entendido.

Le ha parecido bien que estemos juntos,

dice que si yo soy feliz, que a ella le va bien.

Tú también fuiste una víctima de ese accidente.

Y hemos estado hablando de Laura, la primera vez desde el accidente.

Ha sido raro, porque no me gusta hablar de mi hermana,

todavía me duele,

la echo tanto de menos.

Pero no sé, hoy...

me ha gustado poder recordarla.

Y mi madre me ha contado una historia graciosísima.

Cuando yo estaba a punto de nacer, todos pensaban que yo sería un niño.

Y a mi hermana Laura le dio tal decepción

que, cuando nací, pidió que me pusieran calzoncillos.

¿Sabes? Para ver si la cosa mejoraba.

¿Sabes?

Eh, tío. Se supone que era una historia graciosa.

-Perdona. No sé qué me pasa.

-No, perdóname tú a mí.

No debería hablarte de Laura.

(RESOPLA)

Te estoy haciendo remover el accidente, lo siento.

-Es que es una mierda, Carla.

No dejo de pensar cada día...

que te he destrozado la vida.

Yo provoqué la muerte de tu hermana.

No has dejado de repetírmelo cada día.

Tienes razón, y lo siento. -Es verdad,

te lo he dicho mil veces,

pero no fui justa contigo, ¿vale?

Tenía muchos problemas,

y estaba metida en un hoyo y no sabía cómo salir.

Era mucho más fácil culpar a otros de mis propias mierdas

que afrontar mi propia vida. Pero eso quedó atrás.

Ya está, he aprendido la lección.

Ahora sé que cada uno es responsable de lo que le pasa

y de lo que hace.

Que por muchas desgracias que nos caigan encima,

siempre hay que seguir para adelante y seguir luchando.

Y eso lo aprendí de ti.

Así que ahora,

tienes que ponerlo en práctica en tu propia vida.

Tenemos que dejar el pasado atrás.

-Ya, pero yo...

-¡Tú no eres culpable de nada de lo que pasó!

Tú no conducías el coche, fue José.

-Pero yo también soy responsable de su muerte.

-¡No! ¡No!

Ya sé que te he acusado mil veces

de dejarle conducir borracho, ya lo sé,

pero tú no podías saber lo que iba a pasar.

Tú no puedes sentirte responsable de algo que hizo otra persona,

¡tú no eres José! ¿Entiendes?

¡Escúchame!

Yo te he perdonado...,

ahora te toca perdonarte a ti mismo

y seguir adelante con tu vida, Samu, por favor.

¡Es que no lo entiendo, porque estaba enchufado!

¿Seguro? Seguro.

Es que alguien lo ha desenchufado. Lorena tiene razón.

Estos enchufes no se desconectan por accidente, están muy duros.

Así que está claro, ¿no? Estamos ante un boicot.

Y todos sabemos quién está detrás. ¿Hortuño?

Ha tenido que ser él.

Cuando Carla me mira

o me besa, me siento muy culpable.

-Hijo, por favor... -No. Escucha.

Lo he estado pensando mucho, y...

para pasar página, tengo que decirle la verdad.

-La vas a perder.

Bueno, en realidad has tenido tanta paciencia conmigo.

Creo que te lo puedo compensar.

¿Qué haces esta noche? Te invito a cenar.

(RESOPLA) Hoy, imposible.

Me queda mucho jaleo todavía en el puesto y estoy muerto.

Cuando salga de aquí, me tiro para la cama.

Es verdad, es un poco tarde.

Y yo, en realidad, tengo que seguir trabajando,

creo que empieza el lío ahora.

Así que, nada, disfruta del vino.

¿No te da vergüenza mirarle a la cara a tu familia

y al resto de comerciantes?

¿No te da asco ser un mentiroso y un traidor?

Lo siento.

Lo siento, pero no voy a dejar que sigas traicionando

la confianza de todo el mercado. Voy a contárselo a todo el mundo.

¿Qué pasa, abuela? -Que han declarado mi casa en ruinas.

Si no la reformo entera, la van a echar abajo.

-¿Y cuánto tiempo te dan para reformarla?

-Muy poco; es imposible,

no voy a poder salvar mi casa. -Abuela.

¡Abuela! Abuela, ¿adónde vas?

He visto que tenéis mucha química Lorena y tú,

y hacéis muy buena pareja. No te embales, solo somos amigos.

Pues por cómo te mira y por cómo habla de ti,

creo que estaría encantada de tener algo más.

No, no, no.

Es una tía muy especial.

Es caótica e impredecible

y con mucho talento natural.

Y muy guapa.

Sí, eso también.

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Mercado Central - Capítulo 35

11 nov 2019

Germán, contra su voluntad, acaba obedeciendo a las órdenes de su padre. ¿Se ha convertido en su lacayo?
Nacho organiza a Rosa una comida romántica con segundas intenciones.
Valeria rompe con Jesús, que lucha por mantener la amistad y la invita a comer.
Cristina le ruega a Doménico que acepte el trabajo en el restaurante y se aleje de ella. Paolo debe ir a Nápoles y Doménico tiene que quedarse al frente de la pizzería.
Carmen y Nicolás tratan de arreglar sus cosas mientras que su hijo se rompe ante Carla al intentar sincerarse.

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