Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 32 - ver ahora
Transcripción completa

Si tenéis cualquier duda o consulta, estoy en el puesto.

Espera, Jorge, por favor.

Lorena, meterme en la cocina, rotundamente no, ¿mmm?

Hablaré con la que me vende el desodorante, es amiga mía.

Tiene unas cremas maravillosas,

que fabrica en un pueblecito de la Sierra.

Y todo con productos naturales.

Adela, por favor, por favor, no te molestes.

Si no es ninguna molestia.

Igual a ella también le conviene.

Que yo sepa, solo vende a los que van a comprar.

Puede ser una idea estupenda que tú vendas sus productos aquí.

Y, además, ganaríais las dos.

No se pierde nada por intentarlo, ¿no?

Pues no, no se pierde nada.

¿Cuántas noches has reservado?

-Eh... No tengo que contártelo todo, deja algo para el misterio.

-No, es que las sorpresas son para los niños.

Yo quiero ir preparada.

-Bueno, pues he reservado dos noches.

-Ah. -En...

En una casa rural. -Ah.

Sobre todo, por la cosa esta de lo prohibido, del morbo.

Pero lo importante es que no hagas nada,

nada de lo que te puedas arrepentir.

Adela...

No.

¿Qué has hecho?

Le he dado un beso.

Pero tú estás de atar.

No, no, a casa no ha ido. -¿Cómo que no?

-Que no, que no, que no, que no sé...

¿Y si le ha pasado algo?

-¿Y si está tirado con la silla? -Que no, que no.

-No. -Habrá una explicación.

¿No lo ha hecho nunca antes?

-No, no, no, no.

No venir a casa y no avisarnos, no, nunca.

Voy a empezar a llamar a todos los hospitales.

Celia.

¿Te importa echarle un ojo al puesto?

Voy a decirle a Lorena que cuenten conmigo.

¿Tú llegas aquí nuevo y ya vas de listillo o qué?

¿Crees que puedes llamarnos a todos "antiguos" y todas estas cosas?

¿Por qué? Porque a ti se te ha ocurrido la genial idea

de meter frutita en unas cestitas con lacitos y celofán.

A ver, papá, que yo solo quiero aportar.

No digo que el modelo de negocio sea malo, solo quiero ampliarlo.

¿Quieres aportar algo a la empresa?

Pues haz lo que te he dicho, las dichosas hojas de ruta.

¿Qué significa que te lo sacó?

-Yo qué sé.

Me inventé que era para un préstamo, no se lo tragó.

-Joder, Jonathan, me lo habías jurado.

-Lo siento, es mi mejor amigo y me sentía fatal mintiéndole.

Sí, gracias, sí, así lo haré.

En el Policlínico tampoco está.

-¿Nos hemos dejado alguno? -He llamado a los públicos.

-Empecemos con los privados. -Voy.

-¿Alguna novedad?

-Nada, es como si se lo hubiera tragado la tierra.

-Acabo de llamar a la comisaría del barrio,

por si saben de algún accidente y...

Solo pensarlo... -¿Qué te han dicho?

-Nada, que no saben nada.

-Pues hay que denunciar la desaparición.

-No, me han dicho que tenemos que esperar 72 horas.

-¿Y se quedan tan anchos? -(RESOPLA)

-Lo hacen para asegurarse de que no es una falsa alarma.

-¿Quieren que nos quedemos de brazos cruzados,

mientras igual nos está necesitando?

-Carmen, por favor. -No.

Ya está, se acabó, yo voy a la policía ya.

-¿Qué les vas a decir? -¡No sé! ¡Que lo busquen!

¡Que pongan la ciudad patas arriba!

-Vamos a ver, cariño, estoy convencido

de que la policía hará lo que sea para ayudarnos,

pero no pueden hacer nada.

-Pero... pero ¿qué estás diciendo?

¿Quieres que encuentren el cuerpo, sin remedio?

-Por favor, no digas tonterías, eso no va a pasar.

(CHASCA LA LENGUA) Cálmate. -¿Que me calme?

No entiendo cómo estás tan calmado tú.

-Relájate, por favor.

¿Por qué no sales fuera? -No.

-Acompáñala. -Tenemos que llamar.

-Carmen, por favor, lo hago yo.

Hazme caso, sal fuera, te hará bien.

-Vamos a dar una vuelta,

hablamos con la gente, igual lo han visto.

-Sí, venga. -Vamos.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¡Nicolás!

-¿Dónde estabas? Tenemos que encontrar a Samu ya.

Carmen va a llamar a la policía. -Tranquilo, que sé dónde está.

-¿Lo has encontrado? -No.

Bueno, sí, se dejó la tablet.

Como la tiene conectada y vinculada al móvil,

lo he localizado con el GPS.

-¿Y dónde se ha metido? -Está aquí.

-El cementerio.

-¿El cemen...?

¿Qué ha ido a hacer allí?

-Es donde está enterrada Laura Rivas.

Jonathan, no te muevas de aquí.

Y, por lo que más quieras, no le cuentes nada a Carmen.

Hombre, contigo quería yo hablar.

Si vienes a hacerme la bromita de pedirme hora,

ahórratela. (RESOPLA)

Es una pena lo del reloj ese, ¿eh?

Tenía que costar una pasta.

Podías haberte comprado una moto o una bicicleta con motor,

que seguro que a ti te van esas cosas, ¿eh?

Ya, yo prefiero tener la conciencia tranquila.

Ya, ya lo sé, hombre.

Jorge, tú y yo hemos tenido nuestras diferencias,

pero también tenemos algunas cosas en común.

¿En serio?

Sorpréndeme.

(SUSPIRA)

Los dos queremos lo mejor para el Mercado.

Y eso es lo que importa, ¿no?

(SUSPIRA) Mira, en eso tienes razón.

Ese libro tiene más grasa que el palo de un churrero, ¿no?

Estaba buscando algo para ayudar a tus hermanas.

Ah, sí, sí, lo de la muestra gastronómica.

Ya me han dicho que las vas a ayudar.

Es el viejo recetario de mi restaurante, La Fanega.

Aquí está toda mi experiencia como cocinero.

Me dejé media vida en estas páginas. ¿Cómo las vas a ayudar?

Estaba pensando en hacer una tapa original,

resultona y fácil de hacer.

¿Y qué? ¿La encuentras?

Tengo algunas ideas, sí.

Igual, no sé, un tartar de atún o de solomillo.

O un salpicón de marisco.

No, pero, bueno...

¿Sabes? En realidad, no es eso lo que quiero hacer.

Claro.

Y ahora es cuando te sale el chef que llevas ahí escondido.

Estaba pensando en unas flores de calabacín

rellenas de queso idiazábal,

con unos taquitos de jamón ibérico o morcilla,

rebozadas en una tempura fina.

Suena delicioso.

Sí. E imposible. ¿Imposible por qué?

Porque no es temporada de flores de calabacín.

Siempre es temporada de todo en alguna parte del mundo.

Hay que saber a quién llamar.

¿Podrías conseguirlas?

Que me dedico a esto, hombre.

Cuenta con ellas.

Vale.

Cuando te lleguen, arreglamos cuentas.

No, no, de eso nada, no me debes nada.

Elías, baratas no son. Oye.

Que ya las pago yo.

Tómatelo como mi aportación

a la muestra gastronómica.

Estamos juntos en esto, ¿no?

Pues nada, oye, muchas gracias.

Solo falta que el resto del Mercado piense como tú, que estamos juntos.

Con lo del reloj, hasta tu hermana Rosa dudó de mí.

Anda, hombre, que eso es agua pasada ya.

Sí, gracias a ti, que me defendiste ante Valeria.

A mí no me tienes que dar las gracias de nada.

Salta a la vista que estás por el Mercado. No, no.

Y ninguna de las estrategias que Hortuño se saque bajo la manga

va a hacer que vuelvan a desconfiar de ti.

Y el que lo haga se va a tener que enfrentar conmigo.

¿De acuerdo?

Y ahora me voy.

Que alguien tiene que levantar este país.

"Por descontado".

Que sí, que se respetará la filosofía de tu negocio.

Claro, y precisamente el Mercado

es el lugar ideal para tus cremas y tus geles

porque no existe otro negocio con cosméticos ecológicos

ni dentro ni fuera.

Eso es, y no habrá competencia.

Ah, y otra cosa te voy a decir.

Ahora, con la renovación del Mercado,

es el momento para meterse en el negocio,

hazme caso.

¿Sí? De acuerdo.

Pues entonces ya me dices tú.

Muy bien. Pues un abrazo, Marisol.

Dale recuerdos a Héctor.

De tu parte.

Adiós, guapa.

¿Tú qué vas a montar?

¿Una tienda de potingues ecológicos o qué?

¿Y por qué no? Es el negocio del futuro.

Sí, no te digo yo que no, pero ¿tú qué sabes de eso?

Pues sé lo suficiente.

Mira, para empezar,

sé que la gente está muy concienciada.

Y está dispuesta a pagar más para contaminar menos.

Y, lo más importante, que tengo la proveedora perfecta.

¿De dónde la has sacado?

¿No te acuerdas de mi amiga Marisol Quevedo?

¿Eh?

Ay, Elías. Bueno, es igual.

¿Y qué pasa con el negocio familiar?

Lo que has hecho toda la vida es vender frutas y verduras.

Bueno, es que yo soy capaz de vender lo que me proponga.

Para algo me tienen que servir los años que he pasado aquí.

¿Me lo estás diciendo en serio?

Claro que no, tonto. Ah, coño.

No, es que estoy ayudando a Celia.

¿Qué tiene que ver Celia en todo esto?

Bueno, quiere invertir y reorientar su negocio.

Básicamente, quitarse de encima las fajas

y meter productos de cosméticos ecológicos,

ya sabes, respetuosos, artesanales.

Todo esto. Ajá. Muy bien, muy bien.

Aparte de las flores de calabacín,

vamos a hacer un salpicón de marisco,

un tataki de atún y una crema fría de nécoras.

Aquí están los ingredientes que necesitaremos

y las cantidades correspondientes.

Madre mía, ha metido todo el Mercado en la lista.

-Hoy sin falta voy a buscarlo a los puestos que colaboran.

La carne y el pescado los dejas para el último día.

Tienen que llegar lo más frescos a la mesa.

De acuerdo.

¿Y crees que todo esto nos va a caber en la cámara frigorífica?

-A ver, ¿nos ponemos con el montadito?

Entrecapas. ¿El qué?

Entrecapas de sardina y beicon con alioli de peras.

Ah, lo que sea.

Hago la salsa. ¿Tienes claras las cantidades?

Es un alioli, Jorge.

Ya.

Rosa, vamos tú y yo con el atún.

¿Vale? -Perfecto.

Vamos a trabajar con una pieza delicada.

Es importante que esté saneada y libre de sangre.

Y vamos a quitar la piel.

Que el cuchillo esté afilado, no queremos dar muchos tajos.

De una sola pasada, aquí, a ras de piel.

Ajá. Continúas con el cuchillo ahí.

Ya sale sola, ¿de acuerdo?

Pues ya está lista.

Ahora solo tienes que cortar de manera perpendicular a la veta.

Y listo.

¡Uh! ¡Uf! ¿Te ocupas tú?

Sí.

(SUSPIRA)

Sin miedo, dale.

Mmm, tienes buena mano.

¿Sí? Sí.

No sé, no veo yo a Celia muy apta para llevar un negocio así, ¿no?

Aparte, no creo que tenga el capital para invertir.

Por eso estoy ayudándola a ponerse en contacto con Marisol

y a que pueda negociar buenos precios.

¿Y tú qué ganas con esto?

Pues ayudar a una amiga, para empezar.

Pero ¿qué amiga? Si la conoces hace cuatro días.

Y ayudar al Mercado.

A todos nos conviene

que los comerciantes renueven los puestos

y que sean negocios atractivos y modernos.

Cuantos más haya, más clientes vendrán.

Sí, muy bonito. Y mejor para todos.

Y tú dices que hay que implicarse en la renovación del Mercado.

Pues eso estoy haciendo.

Pues tú dirás lo que quieras,

pero creo que deberíamos tomar ejemplo

y renovarnos un poquito.

¿"Reno" qué? ¿Qué dices?

Lo de las cestas regalo por internet que ha inventado Germán.

Yo creo que deberíamos ayudarle en Delic Fruta.

Modernizarse no siempre es garantía de éxito.

Y hacer lo que llevamos haciendo toda la vida sin cambiar nada

tampoco. ¿Seguro?

Miras las frutas exóticas. ¿Qué pasa?

Que nos cuestan más y se venden peor.

El mundo no se cambia en dos días.

Pero un negocio se va al garete en menos tiempo.

Celia que ande con ojo si no quiere acabar mal.

Toma.

Lorena, ¿cómo vamos?

Mmm... No cuaja. ¿Qué has hecho?

Pues nada.

He metido los ingredientes como ponía la receta,

pero yo creo que se ha cortado o algo.

¿Has calculado bien las cantidades?

Eh... Sí... O sea...

Sí, más o menos a...

A ojo. ¿A ojo?

Ahí tienes una báscula.

Ah, sí.

Bueno, es un alioli, no es física cuántica.

Lorena, la cocina requiere precisión, orden y técnica.

Da igual si haces un alioli o una esferificación.

Vale. Organízate mejor.

Vale, me organizo, me organizo, a mi manera, me organizo.

¿Esto te parece organizado?

Mira la "mise en place" de tu hermana y la tuya.

¿La "mis"...? ¿La qué? Da igual, déjalo.

Hay que seguir la receta o esto se va a la mierda.

No, no te enfades, mira.

La voy a hacer otra vez y ya está.

No lo tires ahí.

Es que necesito el bote para repetirlo.

Yo me encargo de la salsa, tú ve cortando el beicon.

Dame. Vale.

Ese cuchillo, no, lo he usado para el pescado.

Bueno, pues lo lavo, ya ves qué problema.

Lorena, Lorena, un segundito, verás.

Rosa, ¿qué te parece si le pedimos a Lorena

que nos deje la cocina, que atienda el bar,

así no está desatendido,

y tú y yo nos quedamos con esto?

-Yo, lo que tú digas. (LORENA) Ah. Muy bien.

He captado el mensaje.

Me voy al bar, no sea que al chef le dé un ataquito.

¿Cómo vas?

Bueno, a ver qué te parece.

¿Seguro que no has hecho esto antes? No.

Está muy bien.

Te juro que no lo he hecho. Vale, vale.

Mira, yo el atún solamente lo he comido en estofado.

Oye, ¿sabes que mi madre acompañaba esto

con berenjena frita picada muy finita, muy finita?

Mmm.

¿Qué te parece si ponemos una capa de berenjena

y encima ponemos el atún y el beicon?

No es mala.

Luego lo miramos.

¿Sí? Sí.

A trabajar.

Recuérdale a Elías que mañana y pasado

se tiene que encargar él de supervisar la mercancía.

Vale.

¿Entonces, al final, os vais dos días?

¿Te parece mucho?

No, al contrario.

A mí me parece fenomenal que te vaya tan bien con Valeria.

Ya. ¿Qué pasa?

¿No tienes ganas de ir?

Sí, claro. Sí.

Si fue idea mía lo de ir a la Sierra.

Lo que pasa

es que es la primera noche que vamos a pasar juntos.

¿Y qué?

Pues que estoy un poco nervioso, la verdad.

Ay, deja. Pero ¿nervioso por qué?

Tú ya me entiendes.

Ay, por Dios, Jesús.

Venga, por favor, pero ¿qué me dices?

Oye, si te vas a burlar... No, no, al contrario.

Pero ¿de qué vas a tener nervios tú?

Con la cantidad de mujeres con las que has estado.

Sí, muchas.

Era un pasatiempo, un juego en el que tenía todas las de ganar.

Ya.

Y Valeria te importa más que eso, ¿no?

Es la primera vez desde hace muchos años

que tengo la sensación de que va en serio.

Pues mucho mejor así.

A ver, Jesús.

Si una mujer te importa como para que te tiemblen las piernas,

estoy segura de que nada va a salir mal.

Si te tiemblan mucho las piernas, es más fácil caerte y pegártela.

Ay, Dios mío, estás como un adolescente enamorado.

Te he dicho que no te burles. ¡Que no!

Si es que lo que te está pasando es precioso.

Y tienes miedo de perderlo.

No tienes que preocuparte de nada. ¿Y sabes por qué?

Porque seguramente Valeria está igual que tú.

¡Qué va!

Eso es lo que me preocupa más.

Valeria no tiene ningún miedo.

-Estoy muerta de miedo, Lorena. -Vale, ¿por qué?

-Pero ¿tú ves esto?

-Sí, veo una mujer estupenda y enamorada.

Una mujer descerebrada, querrás decir.

Creo que ha sido un error. -A ver.

¿Qué te da miedo? ¿El sexo?

-¡Chist! -Que no creo

que mi padre te vaya a enseñar algo que tú no sepas ya.

-Pero si no es eso.

Es que hace años que no estoy con un hombre.

-Ah... Años.

-Desde que enviudé, nada de nada.

Bueno, a ver, algún baile agarrado

y un par de besos tontos, pero nada más.

-Dicen que eso es como montar en bicicleta.

-Pero una con la cadena oxidada y las ruedas deshinchadas.

-Bueno, pues se engrasa la cadena y se hinchan las ruedas.

Esto lo importante es que funcione.

-Pero eso es lo que no sé.

¿Y si no acabo de pedalear bien?

-Ay, Valeria, por favor, qué tonterías dices.

-Si tuvieras mi edad, no te parecerían tonterías.

-¿Mi padre te gusta?

-Sí, es un hombre muy atractivo.

-Sí, pero no te pregunto si te gusta cómo le quedan los trajes.

Te estoy preguntando si se lo quieres arrancar.

(EN VOZ BAJA) Pues sí.

La verdad es que sí.

-Entonces ¿qué problema hay?

-Pues que el problema no es que yo le quite la ropa a él,

es que él me la va a quitar a mí.

Y está acostumbrado a ir con mujeres muy jóvenes.

¿Cómo voy a competir con ellas?

-Una mujer como Dios manda, así me ha conquistado Valeria.

Y yo soy un vulgar frutero

que solo sabe tratar con chicas de compañía.

Tú eres muchísimo más que eso y lo sabes.

Sí, pero tiene que saberlo ella.

Bueno, pero solamente hay una manera de que lo descubra, ¿eh?

Y es siendo tú mismo.

Eso nunca ha sido una buena estrategia.

Pero es que no hay que seguir ninguna estrategia.

Basta con que te comportes con naturalidad.

Sé sincero con ella y ya verás como todo sale bien.

¿Y si hago algo que le moleste y lo estropeo todo?

Pues claro que vas a hacer algo que le moleste.

Ay, no me estás ayudando nada,

Adela. Es que es lo que va a pasar.

Tú harás algo que le moleste a ella, ella hará algo que te moleste a ti.

¿Y sabes qué? Que no pasará nada.

Eso es lo que tú te crees.

No, porque os estáis conociendo, estáis aprendiendo a quereros,

y, para eso, tenéis que descubrir vuestros defectos.

Sí, para descubrir mis defectos estoy yo ahora.

A ver, ¿qué dices tú siempre de la fruta que se vendía antes?

Pues que era más fea pero más sabrosa

que la fruta perfecta que se vende hoy en día.

Pues eso.

No intentes ser perfecto.

Valeria te querrá con tus defectos y por lo que tú eres realmente.

Eso pasa con los melocotones, con las personas es distinto.

No, ya te digo yo a ti que no.

No sé, no sé, Adela,

pero es que... ahora mismo estoy muy perdido.

-Nunca he conocido a un hombre tan seguro de sí mismo.

Lo tiene todo tan claro.

-Eso es todo fachada, te lo digo yo.

-Precisamente eso es lo que yo necesitaba.

Un poquito más de fachada aquí delante.

-Ay, ya está bien, Valeria.

Eres una mujer increíble.

¿Crees que, si solo le interesara la fachada, estaría contigo?

-Pero si no es eso.

Pero tampoco querrá nada conmigo si no le doy lo que necesita.

-Ya, y tú ya has asumido

que no serás capaz de darle lo que necesita.

-Es que esto no puede salir bien. -Eso no lo sabes.

-No, no puede.

A ver, es por lógica, Lorena.

Si llevas mucho tiempo sin hacer algo,

¿cómo vas a pretender hacerlo bien a la primera?

-¿Quién quiere que salga todo bien a la primera?

¿Son unas oposiciones?

-Ya me entiendes. -No.

Lo que entiendo es que te metes una presión innecesaria.

A ver, ¿qué puede pasar? ¿Que salga mal el primer polvo?

Pues seguro que sale mal.

Es lo lógico.

Pero habrá un segundo polvo.

-Chist. -Un tercer polvo.

Y, cuando vayáis ganando intimidad, te olvidarás de esos miedos absurdos

y empezarás a disfrutar como la que más.

-Eso es mucho suponer.

-Valeria, nunca había visto a mi padre

mirar a una mujer como te mira a ti.

-¿Y a tu madre tampoco?

-Sí, pero ya me entiendes, eso es otra cosa.

Mi padre nunca se había vuelto a enamorar.

Y lo ha hecho, de ti, por cómo tú eres, sin fachadas.

-¿Lo crees de verdad? -Sí.

No le dejes escapar

sucumbiendo a esas inseguridades tuyas.

-¿Sabes qué? Que tienes razón.

Mira, en cuanto vuelva Jonathan,

me voy a comprar un conjunto de lencería

que tu padre se caerá de espaldas.

(LORENA) ¿Qué dices?

¿De qué color? (VALERIA RÍE)

Bueno, pero qué bien se lo pasan algunas, ¿no?

¿Qué os hace tanta gracia?

Que... -Nada, estaba aquí,

contándole a Valeria mis correrías por el mundo.

-¿Sí? Mientras ella se lo pasaba en grande,

otros estábamos aquí no tan contentos...

Venga.

Buenas tardes, Jorge. Hola.

¿Tienes un momento?

¿Un momento? Ojalá.

Tengo que volver al bar, estamos con las tapas.

Ah, con lo de la muestra, ¿no?

Paolo se ha puesto las pilas, a ver.

Yo me conformo con recaudar un poco de dinero para la reforma.

Y, de camino, acallar ciertos rumores.

No lo dirás por mí.

Pues no lo sé, dímelo tú.

Nunca pensé que estuvieras conchabado con Hortuño.

Pues me alegra oír eso,

porque no estoy para reproches absurdos.

No, yo no vengo a reprocharte nada.

Vengo a pedirte un favor.

Cris, pero que no es buen momento.

Ya, te lo cuento rápido. Tengo un amigo que necesita trabajo.

Tiene mucha experiencia como jefe de sala y cocinero.

Como eres del mundo de la hostelería y tienes tantos contactos...

Bueno, no tantos.

Hace mucho que dejé ese mundo y estoy desconectado.

Alguno tendrás.

Así se empieza a correr la voz entre ellos, ¿no?

Sí, pero es que esto no va así.

Es muy bueno, ¿eh? Muy buen trabajador.

No te va a dar problemas. Yo pongo la mano en el fuego por él.

El problema no es que la pongas tú, es que la tengo que poner yo.

No puedo aparecer ante alguien que hace años que no me ve

y proponerle alguien que ni conozco.

No te va a hacer quedar mal.

Cris, de verdad, no puedo.

Es Doménico.

¿No lo tenéis contratado en la pizzería?

El negocio no va bien.

Nos da mucha pena prescindir de él, pero es que los números no salen.

No lo sabía. Mmm.

Estamos aguantando hasta que encuentre otra cosa.

No queremos que se quede en la calle, como Serafina.

Bueno, si es Doménico...

(SUSPIRA)

¿Le vas a ayudar?

Voy a hacer un par de llamadas.

No prometo nada, Cris.

Muchas gracias, ¿eh?

Te juro que no te arrepentirás. Ya me estoy arrepintiendo. Chao.

Adiós.

Pues aquí tienes.

Ya me dirás cómo quedan esos pimientos rellenos.

¿Qué? ¿Has hablado con tu padre?

Sí. No ha servido de una mierda.

¿Qué te ha dicho? Lo de siempre.

No me toma en serio.

Cree que Delic Fruta es una idea ridícula.

¿Cómo puede decir eso? Es el negocio ideal para nosotros.

No me ha dejado contárselo bien.

Lo tenía todo preparado, mamá.

He hecho estudios de mercado, márgenes de beneficio, inversiones.

Y no ha servido de nada.

Bueno, ya sabes cómo es.

Quizás con un poco de tiempo vea que es una idea estupenda.

No quiere que aporte nada.

Me tiene ahí para cumplir órdenes sin rechistar.

Para hacer rutas de transporte y mierdas así.

Tú hazle caso durante un tiempo para tenerle contento,

hasta que se dé cuenta de que se ha equivocado.

¿Y cómo se va a dar cuenta? Que es un cabezón.

Y no asumirá que se equivocó.

Seguro que cambia de idea cuando vea los beneficios.

¿Qué quieres decir?

Mira, tu padre es de la vieja escuela,

no le gusta arriesgar y todo eso.

Pero no es tonto y nunca se va a oponer

a un negocio que sea bueno.

Tú solo tienes que hacerle ver que funciona

con los números encima de la mesa.

¿Me estás diciendo que siga adelante con Delic Fruta sin su permiso?

Yo no te estoy diciendo nada.

Mamá, que, como se entere, me mata.

¿Como se entere de qué?

Vale.

Si lo hiciera, tendría que solucionar otro problema.

He estado hablando con Jorge

y no lo veo yo muy dispuesto a asociarse conmigo.

¿Y eso por qué?

Pues porque no ve claro lo de mezclar sus vinos y sus chocolates

con cestas de fruta.

Bueno, pues tú céntrate solamente en la fruta,

para eso no necesitas a nadie y para empezar es suficiente.

Me voy a poner con eso "right now".

Pero no descuides lo que te mande tu padre.

No te preocupes, no va a tener ninguna queja.

Por favor.

Mamá, que voy a hacer las hojas de ruta

más eficientes de la historia de la empresa.

¿Hotel Vancouver?

Sí, me llamo Adela Villar y quería hablar Leopoldo Miras.

Sí, con el director.

Gracias, espero.

¿Leopoldo?

¿Cuántas fajas caben en este puesto?

Ay, no lo sé, pero no hacen más que salir por todas partes.

No sé qué haré con este material.

¿No se lo puedes devolver al fabricante?

Imposible, a ver dónde están los albaranes.

Me lo tengo que comer.

Yo, de todas formas, no me desharía de todas ellas,

no vayas a cambiar de opinión.

Ah, no, no, no, lo siento,

no quiero volver a ver una faja de estas.

La cosmética ecológica, ese es el futuro.

Sí, sí, es un buen negocio. Ajá.

Un negocio que hay que saber llevar en condiciones.

Sí, esa es la idea.

Y que supondrá una inversión importante, supongo.

Sí, ahí irá a parar la segunda parte de la subvención.

No te quedará nada para reformar el puesto.

Durante la reforma del Mercado yo le voy a dar un lavado de cara.

Y luego, cuando tenga beneficios, pues hago una reforma individual.

Lo tienes todo bien pensado. Sí. (RÍE)

Estoy muy ilusionada.

Por primera vez pienso que esto no es una condena para mí.

No sé, creo que va a ir bien.

¿Lo crees o lo sabes?

Es como una intuición.

¡Tarán!

-¿Mejillones con carne, Paolo?

-Contraste de sabores.

El mar y montaña de la alta cocina llevado al mundo de la pizza.

-Pensaba que ya no querías buscar otros platos para la carta.

-Bueno, me enfadé un poco cuando Jorge criticó mi pizza.

Pero luego pensé que por algo lo diría.

Digo, un chef tan reputado como él

tiene algo de crítico, ¿no?, digo yo.

Así que, al final, decidí aplicar sus consejos.

-¿Metiendo mejillones a una pizza boloñesa, Paolo?

-Innovando, Doménico, innovando.

Saliendo de la zona de confort para descubrir nuevos sabores.

-A veces, en la zona de confort se está muy bien.

-¡Ah!

Si hasta yo creo que la podré colar en la muestra gastronómica.

Así Jorge verá de lo que soy capaz.

Va, pruébala y me dices.

¿Qué tal? ¿Eh? Está buena, ¿eh?

-"Ma che schifo", Paolo, has puesto mejillones en escabeche.

-Para darle más sabor.

Eh, qué exagerado eres, va.

Cristi, ven aquí.

Prueba, es mi nueva "creazione".

-¿Qué le has metido a esto?

-Talento culinario le he metido. Va.

Toma asiento y pruébala. (RÍE)

-Perdón, ¿eh?

-Cristina, ni se te ocurra.

-Mejor otro día, ¿mmm?

-Vosotros la perdéis.

"Questo è comme dare perle ai porci".

-¿Sí?

Sí, soy yo.

La intuición es importante. Sí.

Aunque mejor un exhaustivo estudio de mercado.

Ya lo habrás hecho.

Sí.

Bueno, exhaustivo tampoco... No sé, es un poco exagerado, ¿no?

No sé, tú verás.

Yo, si me pongo a vender un producto,

me aseguro que soy el único que lo vende.

Y nadie más lo vende en un puesto por el barrio.

No por nada, sino porque te puedes ver con mucho material

que después no puedes colocar a nadie,

como las medias y las fajas y estas cosas.

Pues por eso no te preocupes.

Porque los productos de Marisol, la amiga de Adela, son exclusivos.

O sea, caros.

Celia,

esto es un mercado municipal.

Aquí la gente no compra cosas caras.

Mírame a mí en la frutería.

De verdad, lo que yo vendo, naranjas y manzanas de toda la vida.

Pero puedo traer productos de donde sea, lo más sofisticado,

pero, de verdad, de verdad, naranjas y manzanas.

Que me da igual, somos una empresa grande,

puedo darle salida al producto.

Pero tú... Una mala inversión puede ser fatal.

Aparte de que vendrán los extras.

Y el dinero para reformar... Vale.

Elías, Elías, es que se me va a caer el alma a los pies.

Perdona, que yo no quiero desanimarte ni mucho menos.

Pero no quiero que te lances a un negocio

de forma temeraria.

De verdad, lo he pensado mucho.

Pero tú no eres una mujer de negocios.

No quiero que tu inexperiencia

te haga cometer errores irreparables.

Bueno, pero Adela sí es una mujer de negocios.

Y le ha parecido muy buena idea.

Claro, porque ella no está invirtiendo su dinero.

No, está invirtiendo en otras cosas.

En apoyo, en contactos.

Ah, claro.

Que es eso lo que te molesta, ¿no?

¿El qué? ¿Qué me molesta? Pues eso.

Que Adela me esté ayudando con todo esto.

Así que vienes a decirme que no va a funcionar.

Mira, me estás malinterpretando.

Ya. Yo quiero para ti lo mejor.

Te lo digo de corazón.

Pero sé realista.

Es que estoy siendo realista.

Voy a sacar este negocio adelante.

Y ni tú ni nadie me va a desanimar.

Pues me alegro. Ajá.

Por supuesto que lo tendré en cuenta, le prometo que lo pensaré.

Ya.

De acuerdo, de acuerdo.

Perfecto.

Y muchas gracias por pensar en mí.

Okey, vale.

Muchas gracias aún.

Chao, chao, chao, chao.

-¿Todo bien? ¿Quién era?

-Eh...

El chef del restaurante Covadonga.

Me acaban de ofrecer un puesto

como ayudante de cocina.

-Pero ¡eso es maravilloso! ¿Has oído, Paolo?

Que se nos rifan a Doménico.

-Ya. Ya, ya. Me alegro mucho, Dome.

Entonces Valeria se ha comprometido a separarnos los mejores solomillos.

Y, gracias a Rosa, en la pescadería nos guardarán el atún más fresco.

Así que tenemos a todo el Mercado a tope con la muestra.

Muy bien. Ahora solo falta decidir qué tapas sacamos.

Sí, mira, estas, estas.

Han quedado brutales.

Ya, pero no podemos sacar todas.

Aún faltan por probar

las flores de calabacín y la crema de nécoras.

Con un paño, Lorena.

Pero si tengo las manos limpias.

Ah, pues sirve el salpicón con las manos.

Vale. ¡Lorena, es una broma!

¡Perdón, perdón! Perdona. Da igual que te laves con lejía.

En la cocina hay un protocolo. Sí, lo siento, soy un poco caos.

¿Un poco caos? Eres un terremoto.

Es que, no sé, funciono por instinto.

Y tú tienes mucha disciplina, tienes mucho protocolo.

Gracias a esos protocolos y disciplina, esto saldrá bien.

¿Mmm? Así que, o te pones las pilas...

¡No, no, no, por favor!

Te lo pido por favor, no nos dejes colgadas ahora.

Te prometo que lo voy a hacer todo súper, súper, superbién.

Ajá. Pues empieza por limpiar todo esto,

que no parezca que ha habido una batalla.

Vale, pero que sepas

que una cocina sucia es una cocina viva.

Una cocina sucia solo es garantía de gastroenteritis.

¿Tú no querrás...?

No.

A limpiar.

Señor, sí, señor.

Lo que no entiendo es por qué me ha llamado.

-Porque eres muy buen cocinero, ¿mmm?

-Pero no les he dejado ningún currículum.

-Igual lo dejaste cuando buscabas trabajo.

¿No recuerdas haberlo dejado en el Covadonga?

-Puede, no hay restaurante en Madrid que no lo tenga.

Pero... -Pues esto lo explica entonces.

Pero lo raro es que lo conservaran todo este tiempo.

-Porque habrán visto que vale la pena.

Aún así, yo me alegro mucho por ti, de verdad.

-Espera, Cristina.

Doménico todavía no ha aceptado el trabajo.

-¿Por qué no lo va a aceptar?

Es un restaurante que seguramente le pagarán más sueldo,

podrá crecer más como cocinero.

-A ver.

Doménico ya es un gran cocinero y tiene muchísima experiencia.

En un restaurante así, ¿lo quieren para qué?

Como ayudante de cocina.

¿Sabes lo que hace un ayudante de cocina?

En un lugar así, solo pelar patatas y lavar cacerolas.

-Al principio, puede ser, pero con el tiempo...

-Con el tiempo, nada, Cristina.

En un lugar así, o eres el chef o un mandado que no vale para nada.

Estas son como fábricas de platos perfectos,

pero sin alma.

-Tú eso no lo sabes.

-Jorge me lo ha explicado muchas veces.

¿Por qué crees que lo dejó?

En un lugar así, no puedes estar feliz.

-Que no sea para Jorge no significa sea malo para él.

-No os preocupéis porque no lo será.

-¿Qué quieres decir?

-No lo será porque no entiendo aceptar el trabajo.

-Pero ¿cómo que no? Si es una oportunidad maravillosa.

-Aquí estoy muy bien, Cristina.

El trabajo es sencillo, sí, pero...

Tengo al lado al mejor amigo que puedo desear y...

Paolo me ofreció trabajo en mi peor momento

y no tengo intención de dejarle.

De dejaros tirados ahora entiendo.

-No, a nosotros no nos dejas tirados.

-Está decidido, Cristina.

Siempre si os parece bien, claramente.

-Claro que sí.

Ven aquí, amigo mío.

"Grazie". -Bueno.

A trabajar, va.

-¿Lo has visto?

Ahora solo falta encontrar

un conejillo de Indias que pruebe las tapas.

Pues díselo a un cliente, ya sabes, comida gratis...

(RÍE) No, creo que he encontrado al catador perfecto.

Y sincero te aseguro que va a ser.

David, perdona, ¿tienes un momento?

¿Qué quieres? Acércate, por favor.

Ven, pasa.

Dime, ¿qué te parecen estas tapas?

Bien. Ajá.

Si tuvieras que probar una, ¿cuál elegirías?

Ninguna porque no tengo hambre.

Ya. Imagina que tienes hambre, ¿cuál prefieres?

No tiene sentido imaginar que voy a comer si no tengo hambre.

Claro.

Dime al menos cuál te entra por los ojos.

¿Estéticamente, dices? Ajá.

Eh... Estas tienen buen color y buena textura.

Pero el plato de marisco me da bastante asco, sinceramente.

-Mira, ¿no querías tú sinceridad? Pues toma un poquito de sinceridad.

-¿Ahora trabajas aquí de cocinero?

No, no, es algo puntual. Estoy ayudando a Rosa y a Lorena.

¿Y quién se ocupa del puesto?

Pues nadie, he tenido que cerrarlo.

Pero eso es malo para el negocio.

Ya, pero no puedo estar en dos sitios a la vez.

Yo podría ocuparme.

Mientras tú estás aquí.

No sé si es una buena idea.

Yo sé cómo funciona todo.

Y me he memorizado los precios.

Sí, pero tú tienes otras cosas que hacer.

Tienes que ir al cole, los deberes.

No creo que a tu madre le parezca buena idea.

El colegio lo puedo combinar.

Y a mi madre le encantará tenerme enfrente.

Todo son ventajas.

Vale, pues lo voy a pensar, ¿mmm?

Puedo empezar mañana mismo.

Sí, lo sé. Y lo voy a pensar y te digo algo.

Si tuviera hambre, me comería las sardinas.

Muy bien.

(ROSA) Estaba un poco nerviosa, cariño.

Porque, verás, las tapas no es que sean muy difíciles de elaborar,

pero, claro, tener al lado a un chef como Jorge,

pues a mí me imponía un poco, ¿sabes?

Pero, en cuanto me he relajado,

es que se me ha pasado la tarde volando.

-¿Y cuántas habéis preparado?

-¿Hoy? Cuatro.

Te las he traído para que las pruebes.

-¿Ahora? Si vamos a cenar dentro de un rato.

-Pero que no te las tienes que comer, simplemente tienes que probarlas.

Además, todavía no se han enfriado.

Bueno, empezamos con esta crema deliciosa, ¿mmm?

A ver qué te parece.

Bueno, Jorge no lo tiene muy claro porque, verás, es un formato

que no estamos muy seguros si sirve para la tapa,

porque es engorrosa de servir.

¿A que está rica?

¿Eh? (RÍE) Trae.

Este es un entrecapas, amor.

Toma, a ver qué te parece.

Huy, perdona.

Este lleva una guarnición que yo le he sugerido,

que es higos

con un poquito de rúcula.

Le ha parecido estupendo y me lo ha comprado.

¿Te gusta?

Mira, y ahora...

Perdona, ¿eh?

Para mí, el mejor es este.

A ver a qué te recuerda.

-Atún con berenjena.

-Como lo cocinaba mi madre, ¿te acuerdas?

Es que el original de Jorge

no tenía berenjena, pero le ha parecido

una idea estupenda y me lo ha comprado.

-Qué bien.

-Y mañana vamos a hacer las tapas más complicadas.

Hoy nos ha contado que quiere cocinar una flor de calabacín.

No sé cómo lo va a hacer, pero estoy loca por ir a trabajar.

-Así que os habéis entendido bien. -La verdad es que sí.

Y eso que yo tenía mis dudas, ¿te acuerdas?

Pero está tan implicado con nosotras en la muestra gastronómica...

La verdad es que hemos tenido mucha suerte.

(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

(NICOLÁS) Depende de cómo estemos. (SAMUEL) Ya.

-Tendremos que esperar. -Sí, ya.

-¡Que me escuches!

Yo...

Te pido perdón.

No sabes cuánto siento haberte ocultado la verdad.

Pero entiéndeme a mí,

solo lo hice para ahorrarte sufrimiento.

-¿Mintiéndome?

-¿Hubieses preferido saber la verdad?

-Tú no tenías que decidir eso. -¿Cómo que no?

Soy tu padre. Daría mi vida por la tuya.

Me cortaría un brazo si supiera que con eso ibas a sufrir menos.

Y, en ese momento, ocultarte la verdad

era la única manera de salvarte, de ahorrarte sufrimiento, hombre.

¿Estarías aquí si no lo hubiera hecho?

-Me hubiera buscado la vida.

-¿Crees que habrías sido capaz

de salir adelante

sabiendo que lo habías provocado tú? ¿Eh?

Y eso no lo sabes.

-Ni tú tampoco.

¿Acaso no superé mi accidente? ¿La parálisis?

-Samu, nunca habrías sido capaz de salir adelante

cargando con la culpa de la muerte de José y de esa chica.

-¿Superé el accidente porque me lo pusiste fácil?

-No, quiero que entiendas que lo hice por tu bien, y Jonathan.

Lo único que queríamos era protegerte.

-Yo no necesitaba ninguna protección.

-¡Habrías acabado en la cárcel!

Me habían dicho que era bueno, pero yo no pensaba que tanto.

No sabes cómo es, es muy creativo en la cocina, cariño.

Enseguida está preparando cosas nuevas, imaginando, creando.

Uf. Y, además, es muy buen jefe, ¿eh?

Porque tiene una manera de mandar...

No sé, no te hace sentir mal.

Tengo que decirte que ha alabado mucho mi trabajo.

-Ah, ¿sí? ¿Cómo es eso? -Sí.

Tú sabes que yo soy un poquito cuadriculada,

que me gusta tenerlo todo muy limpio, muy ordenado.

Resulta que esa es la virtud de un gran chef.

Nada que ver con Lorena.

Es que no sabes lo que ha sido.

Son como la noche y el día, Nacho, es que no se entendían.

Ha habido un momento en que Jorge

le ha tenido que decir que salga a servir las mesas.

Y ha estado genial.

Porque, de repente, nos hemos puesto a trabajar,

hemos adelantado trabajo.

Es que me encanta cocinar con él.

-Me alegro, cariño. (ROSA SUSPIRA)

-Por lo menos, la experiencia ha servido para eso.

Porque lo que son las tapas...

-Pero ¿no te han gustado? -No están mal.

Pero, vamos, tampoco son nada del otro mundo.

El salpicón este, por ejemplo.

No está bien marinado, tiene mucho vinagre

y os habéis pasado con la pimienta.

-Bueno, tú ya sabes que estamos probando, ¿no?

-Cariño, es un salpicón, no la Capilla Sixtina.

Esta especie de montadito tiene demasiadas cosas, demasiados sabores.

-Jorge dice que se complementan.

-Ah, bueno, si lo dice Jorge...

Qué importa lo que diga yo, tenemos la opinión

de un chef venido a menos. -Venido a menos...

No, Nacho, él lleva media vida en la cocina.

Sabrá más que tú y que yo. -No lo niego.

Pero hace tiempo que no se dedica a esto

y salta a la vista.

Mira, esto, ¿eh?

No hay que ser un profesional para ver que la berenjena

se carga el sabor del atún.

-Bueno, te recuerdo que esto ha sido idea mía.

-Ya.

Y Jorge te ha dicho que estaba muy bien, ¿no?

Y tú te lo has creído.

-Es lo que piensa, ¿por qué me va a decir otra cosa?

-Pues para que no te sientas mal, ¿no lo ves?

Cariño, mira, estoy seguro de que Jorge tiene muchísimas ideas

y que tú lo has dado todo.

Pero hay que hacer cosas más fáciles y asegurarse de hacerlo bien.

Sin experimentos raros, como tú siempre has hecho.

Eh, venga, no pongas esa cara.

A la gente le va a gustar igualmente, ya sabes que se comen cualquier cosa.

-Ya, pero nosotros no queríamos hacer cualquier cosa.

Queríamos hacer algo especial.

-Bueno, nadie dirá

que no lo habéis intentado, ¿eh?

Me he tirado años.

Años reconstruyendo mi vida.

Mi cuerpo.

Buscando... un motivo para levantarme cada mañana.

Y, cuando lo encuentro, venís y lo destrozáis todo.

Eso no os lo voy a perdonar jamás.

¿Cómo quieres que mire a Carla ahora?

¿O a ti?

¿O a Jonathan?

Habéis...

Habéis dejado que rehaga mi vida.

Y después me habéis quitado los motivos para vivir.

-No digas eso, hijo.

-Eso no os lo voy a perdonar nunca.

-Samu, por favor...

-Y, ahora, déjame pasar. -No, no puedo.

-Que me dejes irme. -Samu.

Vuelve a casa, por favor.

Si no quieres perdonarme, no me perdones,

pero no le hagas esto a tu madre.

No sabe nada de todo esto.

No la cargues con un error que he cometido yo.

Por favor, Samu, vuelve a casa.

-Muy bien, voy a volver a casa.

Pero no por ti.

Voy a volver por ella.

Pero tú... tú no vuelvas a dirigirme la palabra jamás.

Ya no eres mi padre.

Mama, mama, ¿ha pasado Samu por allí?

No, no ha pasado nada.

Ay, que no ha pasado nada, ya sé que he llamado...

Ay, mamá, déjalo, no te enteras de nada,

vas solo a lo tuyo.

-¿Hay alguna novedad?

-No.

(CARLA RESOPLA)

Está empezando a ser muy raro.

Yo no entiendo nada. -Es que Samu es así.

A veces le dan movidas muy raras y se pasa el día rallado.

Te conté que le daba por colgar el cartelito

en la puerta de su habitación, eso.

-Ya, pero lo haría por algo. ¿Tú no sabes nada de verdad?

-Ni idea, tía.

(CARLA RESOPLA)

-Ay, Samu, hijo.

¿Dónde te habías metido?

-Con un amigo.

-¿Qué amigo?

-Uno que me encontré al llegar a casa.

Tomamos unas cervezas, era tarde y me quedé a dormir.

-Hijo, ¿y no podías llamar?

-No tenía batería.

Su cargador no me funcionaba.

-¿Y para qué están los fijos? -¿Crees que me sé algún número?

-Bueno, pues, si no los sabes, te los buscas.

Hemos estado pensando en lo peor. -Vale.

-Oye, que no.

Que no puedes desaparecer así, ¿lo entiendes?

¿Y tu hombro cómo está?

-Bien. Bien, mucho mejor.

-Como vuelvas a hacer algo así, no te lo perdono.

-Vale, tienes razón.

No va a volver a pasar.

-Eso espero.

Tonto.

-Venga, va, va.

Lo siento mucho, Carla.

-Es que me tenías preocupada.

Primero me dices que no podemos ir a Londres por lo del hombro

y luego te vas de fiesta con este tío.

Es que no te entiendo, Samu.

Bueno, ya hablaremos, ¿vale?

-Venga ya, tía.

Lo que te fastidia es que no te haya invitado a ti también.

-Pues también es eso.

-Samu, que... que nos alegramos mucho de que estés bien.

-Es lo importante, ¿verdad?

Que Samu esté bien.

-Bueno.

Oye, escúchame.

Mañana me cuentas, que tengo mucho curro.

Pero no vuelvas a desaparecer, ¿vale? ¿Sí o no?

-No me voy a ir más. -¿Seguro?

¿Sí?

-Hermano, que cuando...

(CARMEN) Menos mal, ha sido un susto.

Voy a llamar a la abuela... -No llames a nadie.

-¿Por qué? -Dejadme en paz.

¡Dejadme! -¿Qué pasa?

-Samu, por favor. -Tú cállate.

-¿Qué? -Cállate.

¿Te digo la verdad de dónde he estado?

No he estado en casa de ningún amigo.

Ni en el hospital.

He estado en el cementerio.

Viendo la tumba de Laura Rivas.

-¿Para qué vas tú...? -Porque yo la maté.

-¿Cómo? -Yo la maté, mamá.

¿Qué está diciendo, Nicolás?

-Soy un asesino.

Mamá, soy un asesino.

¿Cuánto va a durar? ¿Cuándo vais a perdonarme?

Samu, lo hice pensando en ti.

-No creo que pueda perdonarte nunca.

¿Del hotel Vancouver?

Sí, sí, claro, claro que colaboramos con hoteles.

Sí, mire, eh... Sí, el "e-mail" está en la página web.

Ajá. Eso es, mándenos sus necesidades y le enviamos un presupuesto.

-Tú y yo nos vamos a disfrutar de la casa rural y de todo lo demás.

Yo estoy deseando.

¿Tú no?

-Mucho.

-Gracias a mí va a poder ver

a esa mujer que le ha robado el corazón.

-¿Te lo ha dicho él?

-No, no directamente, pero yo le conozco.

Y es la única explicación.

Si no, ¿para qué Doménico va a pedir un día libre?

¿Va todo bien conmigo, Rosa?

A ver, vosotras me pedisteis ayuda.

Si no te gusta la manera en que dirijo la cocina,

lo entiendo, me vuelvo al puesto y ya está.

Claro que nos gusta, nos encanta cómo diriges la cocina,

¿verdad que sí, Rosa?

No te vas a ninguna parte.

-No tengo por qué seguir escuchando esto más.

-¿Qué vas a hacer?

-Largarme de aquí.

-¿Vas a ir a la policía?

Este es un puesto muy pequeño, Adela.

Y, si me sale mal, pierdo todo lo que tengo.

No es como vosotros en la frutería,

si no vendéis las frutas más exóticas y caras,

no os va a pasar nada porque tú sabes que vendes

las manzanas y las naranjas de toda la vida.

¿Tú has hablado con mi marido?

¿Por qué?

Si continúas, habla conmigo, por favor.

Así veo si... si te encuentro en algún sitio.

No, es que no te veo aún.

-Si lo cerró, igual es que no le iba tan bien como dice.

Ha acabado vendiendo vinos y aceitunas

en un puesto del Mercado.

-¡Quieres callarte ya! Que no paras de criticarlo todo.

Hombre, nada te parece bien, a todo le buscas inconvenientes.

No paras de criticar el bar, a Jorge, las tapas.

¡Qué cansino eres, de verdad!

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Mercado Central - Capítulo 32

06 nov 2019

La angustia por la desaparición de Samuel tiene en vilo a los Díaz Pacheco. ¿Dónde está el chico?
Germán, frustrado por la negativa de Elías, decide seguir adelante con el negocio web gracias al apoyo de su madre.
Adela ayuda a Celia con su plan de negocio. Elías no acaba de ver esta nueva unión.
Cristina necesita alejar a Doménico del mercado cuanto antes.
Valeria y Jesús, atormentados por las dudas, confiesan sus miedos e inseguridades.
Nacho siente celos de Jorge y comienza a boicotear la amistad entre él y Rosa.

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