Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 11 - ver ahora
Transcripción completa

(JONA) "Tu madre está peor, tu tía Lorena no para de hacer preguntas".

-¿Lorena está en el barrio?

-Sí, sí.

Supongo que estará una temporada en el barrio.

-¿Qué pasa? Veo más futuro

en la industria cárnica, pagan mejor y libro los sábados.

Tú lo que tienes es la cara de cemento armado.

La ley del mercado, papá. Si quieres,

mejora las condiciones y vuelvo sin problema.

¡Es el negocio de la familia, niño!

Una de las condiciones de la subvención

es que yo tengo que llevar el negocio.

¿Vas a llevar tú la droguería? Sí.

Ah. Por eso me alegro mucho

de que todo haya quedado arreglado entre tú y yo,

porque si las cosas van bien, voy a...

voy a estar aquí todos los días.

Siento ser así, tan egoísta, pero a mí estas cosas no me van.

¿Cómo lo sabes? No lo has probado. Porque lo sé, Adela.

Estas cosas se saben, se...

¿Insinúas que la manipulo en tu contra?

-No, no lo insinúo. Lo afirmo.

-Si abrirle los ojos respeto a ti es manipular,

sí, lo admito.

¡Ah, tío!

Voy a necesitar veinte como este, ¿eh?

Vas a acabar conmigo, tío. No puedo seguirte el ritmo.

-No, anoche lo aguantaste muy bien. Lo diste todo con las drag.

-¡Con las drag!

Tío, pues tú te perdiste lo mejor

cuando te fuiste con el tío ese a darte el lote, ¿lo sabes, no?

Que, por cierto, no estaba nada mal, ¿no?

-¿El qué, el tío? ¿Qué pasa, te moló?

-¿Qué dices, "colgao"?

Digo que hacíais buena pareja. ¿Qué haces, Germán?

-Nada, nada de parejas, no. Fue cosa de una noche esto.

-Sí, una noche. -No voy a repetir.

Demasiados tíos buenos como para ir repitiendo.

-Joder, Germán, flipo contigo, tío.

Encima pillas cada noche que sales, cabrón.

-¿Tú qué te piensas, chaval? Mira, tigre y dragón.

¡Que soy un bomboncito!

Tú podrías pillar cada noche. Tienes un buen culo,

lo que pasa que, claro,

con estas pintas no se aprecia el material.

-¿Qué pintas? ¿Qué dices, desgraciado?

¿Qué te pasa a ti con mi ropa? -¿Tu ropa?

Esta noche te voy a prestar un modelito de matador

y me vas a entender.

-Tío, tú estás muy mal, ¿eh?

Llevamos casi 24 horas sin dormir, ¿vale?

-Aguantas menos que mi abuelo.

¿Quieres que te ayude a triunfar o no?

-Venga, va. Pero será la última antes que haga una cura de sueño.

Que quiero llegar a los 40.

-¿Qué 40? Vamos a llegar a los 100 conservados en alcohol.

Que me toca a mí abrir el puesto, ¿no?

-Tira antes de que llegue la Pacheca y nos caiga una buena.

Yo me voy a quedar un rato aquí, anda.

Me voy a tomar cuatro o cinco cafés más.

-Siete u ocho.

-¿Por qué has hecho eso?

¿Qué tienes que no quieres que vea?

-No sé, Rosa. ¿Mis cosas?

-¿Es Noa?

-¿Qué? ¡No!

-Entonces, ¿por qué te has puesto tan nervioso?

-¿Cómo quieres que me ponga si me miras así?

¿Qué haces, Rosa? Para. -¡Soy su madre!

¡Dámelo, enséñamelo! -¿Te has vuelto loca?

-¿Me quieres...? (NACHO) ¡Eh! ¿Qué pasa aquí?

-¿Qué? ¿Ya te has quedado a gusto?

-Perdona, creía que... -Ya sé lo que creías,

pero eso no te da derecho a quitarme el móvil por la fuerza, ¿vale?

-Tienes razón, lo siento.

-Será mejor que los dos olvidemos lo que acaba de pasar.

-¿Vas a explicarme a qué ha venido eso?

-Es que me dijeron

que Jonathan podía tener contacto con Noa.

-¿Te dijeron? ¿Quiénes?

Otra vez tu hermana, ¿no?

¡No puedes permitir que te haga esto! ¿Me oyes?

-Lo siento.

Lo siento.

-Tienes que hacerme más caso, Rosa.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Tenías razón.

La cama de Germán está intacta.

Vamos, no ha dormido aquí esta noche.

Este no ha dormido ni aquí ni en ningún sitio.

Este se ha ido de empalmada a trabajar.

No ha pasado ni a ducharse, vamos. Ya, pero es que le va a dar algo.

Ayer volvió de la sierra y quedó con otros amigos.

Y no puede ser, no puede estar todo el día trabajando

y las noches de farra.

Eso no hay cuerpo que lo resista.

Mira, si me apuras, hasta mejor, ¿sabes?

Así, más tarde o más temprano,

meterá la pata y las Pacheco le darán la patada.

Yo de ti no me haría muchas ilusiones, ¿eh?

Porque no está saliendo nada con Germán como tú esperabas.

¿Estás diciendo que es culpa mía?

Dímelo tú.

Me prometiste que no aguantaría en el mercado

y que volvería a estudiar. Chico, la cosa no hace más que empeorar.

Porque el niño lo que está haciendo es ponerme a prueba,

pero confía en mí, no te preocupes. Ese mocoso no va a poder conmigo.

Eo,

a los dos nos preocupa Germán,

pero a ti otra cosa te ha quitado el sueño esta noche.

¿No?

¿No crees que podríamos hablarlo con confianza?

Elías, que es un juguete.

A ver...

¿de verdad que Elías de la Cruz se siente intimidado por un juguete?

No es eso, Adela. No es eso y lo sabes.

Pues dime qué es.

Mira, pues...

sinceramente, me afecta que un cacharro de esos

esté en nuestra vida sexual, ¿qué quieres?

¿Tan difícil es de entender eso?

Pero ¡si ya cerramos el tema!

Ya te dije que ya estaba, que "kaputt",

que nos olvidábamos del asunto.

De verdad, ¿tan grave

te parece que te lo propusiera? No, no me parece grave.

Sí, sí. Y tanto que sí.

No has parado de dar vueltas toda la noche en la cama.

No te lo has quitado de la cabeza. Que te conozco, Elías.

Bueno, pues sí.

Tengo el temita un poco atravesado, qué quieres.

Ya, ya lo sé. Y lo que no entiendo es el porqué.

Muchas parejas usan ese tipo de juguetes

con normalidad para estimular su vida sexual.

Por ejemplo, Cristina me dijo que... ¿Cristina?

Sí.

¿Tu amiga Cristina?

¿Le has contado nuestra vida sexual a tu amiga Cristina? ¿En serio?

¿Qué le has dicho exactamente?

"No, mi marido es un inútil y no funciona en la cama".

¿Eso le has contado? A ver, Elías.

¿Por qué te lo tomas como un ataque personal?

Nadie quiere humillarte.

Es mi intimidad, Adela.

También es la mía.

Necesitaba hablarlo con alguien.

Confío en Cristina. ¡Pues yo no!

Yo no confío ni en Cristina ni en su marido.

¡A estas alturas lo sabe todo el mercado!

"Adela, que se ha tenido que comprar un vibrador

porque al inútil de Elías no se le levanta".

No, Adela no se ha comprado nada.

Cristina me lo regaló.

¿Te lo regaló Cristina? Lo hizo para ayudarme.

¿Sí? No para ser el cotilleo del mercado.

Mira qué bien. Ya que te lo ha regalado,

¿por qué no le dices que se meta en nuestra cama

y nos diga cómo usarlo?

Basta ya, Elías.

No saques las cosas de quicio.

¡Yo al menos no saco nuestros trapos sucios

de nuestro dormitorio!

Sí, tenemos cita esta mañana.

Bueno, yo ya estoy lista y lo tengo todo preparado.

La documentación.

(Puerta)

Muy bien. De acuerdo, entonces nos vemos más tarde.

Gracias por llamar. Vale, hasta luego. Hasta luego.

David, ¿qué haces aquí? ¿Por qué no estás en el colegio?

No me han dejado entrar. ¿Quién no te ha dejado entrar?

Hasta que no pagues las facturas no puedo volver.

¿Te han dicho eso en el colegio? ¡Serán cabrones!

Mamá, no grites. David, cariño, yo...

Cielo, he tenido un pequeño problema a la hora de pagar

la cuota del colegio, pero lo voy a solucionar.

Mamá, no tienes dinero,

te han robado la moto y no has vendido el puesto.

Ya, pero me queda la subvención, ¿eh?

Tengo un 90 % de probabilidades, ¿te acuerdas?

Un 87. Y aún hay un 13 de que no te la den, no es seguro.

El dinero de la abuela sí es seguro. No.

No quiero que hables de esto con tu abuela.

¿Vale?

Ya he hablado con ella.

¿Cómo que has hablado con ella?

¿Cuándo has hablado con ella?

Tu móvil comunicaba, así que la llamé.

Muchas gracias. Buenos días.

¿Qué tal te está sentando esa tila? ¿Estás mejor?

-Gracias, cariño.

Gracias por tener tanta paciencia conmigo.

-Lo único que me importa es que estés bien.

Sé perfectamente cómo te sientes.

Ahora te agarrarías a un clavo ardiendo.

Tu hermana lo sabe y lo utiliza para acercarse a ti.

-No. No puedo culpar a Lorena de lo que ha pasado, no.

He perdido completamente los papeles

porque no puedo aceptar que mi hija

haya decidido marcharse de casa

y apartarme de mi lado.

-Es la primera vez que te lo oigo decir.

-Pero es la verdad, ¿no?

Tengo que asumirlo para tener un poco de paz.

-Estoy orgulloso de ti, cariño.

Ahora empezarás a sentirte mejor

y pronto podrás volver a centrarte en mí.

Bueno, en nosotros, en tu vida.

-Nacho, ¿sabes qué pasa? Que reconocer un problema

no significa que esté superado.

-Lo sé, no estás sola.

-Ya, ya lo sé, mi amor, pero...

Verás, es que hay una parte

que depende solamente de mí.

Y yo creo que ahí es donde me puede ayudar un profesional,

un buen psicólogo.

-No creo que necesites un psicólogo.

No estás loca, Rosa, solo eres una madre angustiada.

-Claro, y un psicólogo me puede ayudar

a gestionar toda esa angustia.

Necesito que estés a mi lado.

¿Me vas a apoyar en esto?

¿Lo harás?

-Claro que sí.

Ya te lo he dicho:

estoy orgulloso de ti.

¡"Boungiorno", Elías!

Por fin vienes a desayunar mis "cannolis", ¿eh?

Uy, qué ojeras traes, campeón.

Tú necesitas un "ristretto" bien cargado.

-¿Todo bien, Elías?

-Cristi, déjale. No ha dormido, ¿no ves?

Seguro que la culpa es de Adela, ¿eh?

Campeón. (RÍE)

¿Tú te estás cachondeando de mí?

"Io! Figurati."

Sé lo duro que es

satisfacer a una mujer insaciable.

-¡Ay, Paolo, deja de decir tonterías, por favor!

-Cristi, que con Elías

hay confianza, ¿verdad, Elías?

No.

No la hay.

Aunque ya veo que os hace mucha gracia

nuestra vida sexual, ¿verdad?

Supongo que también os reiríais mucho

al regalarle un vibrador a Adela, ¿sí?

¿Perdón, que has dicho?

-Escucha un momento, Elías... ¡Escúchame tú!

Escuchadme vosotros dos.

Dejadnos en paz.

No necesitamos vuestros juguetitos obscenos,

esos que vosotros usáis, ni consejos sobre nuestra vida sexual, ¿estamos?

Buscaos otro entretenimiento, no os metáis más en nuestra vida.

¿"Capito"?

Cristina,

espero que me puedas explicar lo que acaba de pasar.

-Yo te lo explico, pero dame un vaso de agua,

que se me está secando la boca.

David, cariño, necesito que entiendas

que no puedes hablar con tu abuela de este tema,

¿de acuerdo?

Hijo, tienes que confiar en mí y dejar esto en mis manos,

porque lo voy a solucionar.

¿Me entiendes? ¿Eh?

Escúchame, ahora tengo una reunión importante

con la funcionaria del Ayuntamiento en el mercado.

Te quedas en casa.

¿Y qué hago sin las rutinas de clase?

Espera un momento.

Listo.

Mira, separas la ropa blanca

de la ropa de color,

pones lavadoras y las tiendes.

¿Eh?

No hay mejor rutina que hacer la colada.

Disfrútalo, mi vida.

¿Dónde coño está la dichosa libreta?

-¿La pequeña? -Tienes que haberla visto, Samu, sí.

-¿La roja? ¿La de las anillas para arriba?

-¡Sí, esa! -Ni idea, no la he visto.

-Qué mamón eres, ¿eh? -¡No tiene ninguna gracia!

Necesito el teléfono de mantenimiento de las neveras.

Falla un regulador y se puede liar una gorda.

-¿Qué hago? Llama a Lola y que te lo dé ella.

-No me lo coge.

¡Tú deberías ordenar esta pocilga, hombre!

-¡Jonathan, que te duermes! -Joder.

-¿Qué pasa? ¿Demasiada juerga con de la Cruz "junior"?

-¡Qué dices! Me tomé un par de copas.

Lo que pasa es que yo qué sé, habré dormido mal.

-Ya, ya. Imagino. Como a ninguno os va el cancaneo,

seguro que fuisteis de tranquis, ¿no? -Sí, ¿qué pasa?

-Os estáis haciendo muy coleguitas, ¿no?

-¡Aquí está, por fin!

-Cojonudo, ya podéis iros y dejarme currar.

-No, tú te vienes conmigo, Samu.

Jonathan tiene que llevar unos pedidos,

ayúdame a vaciar el frigorífico.

-No puedo, he quedado con Carla.

Tengo que sellarle lo de la ETT.

-Espero que no intentes nada con ella.

-¿Por qué?

-Yo diría que tiene novio.

-A ver, experto, ¿por qué dirías que tiene novio?

-Ayer la vi hablando muy animada por el móvil con un chico.

-¿Era un chico? ¿Ya lo sabes tú? No podía ser su prima o su amiga o...

-Me da igual. Esa chica lleva escrito en la frente "problemas".

Hay demasiadas muchachas ahí fuera

que merecen mucho más la pena. Díselo tú, Jonathan.

-Sí. Sí, claro.

-¿Se puede?

-Sí, pasa, adelante.

Justo estábamos hablando de ti.

Estamos encantados de que te quedes a trabajar, ¿verdad?

-Gracias, yo también estoy muy contenta.

-Me voy a vaciar el frigorífico.

Jonathan, te puedes quedar aquí un rato, que falta te hace.

-Sí, sí.

(PAOLO RÍE)

El gran de la Cruz no puede levantar la espada.

-Paolo, no tiene gracia.

-Un poco de gracia sí que tiene, reconócelo.

La única cosa que Elías no puede controlar

es lo que cuelga entre sus las piernas.

-¡Oye, Paolo, en serio!

Estamos hablando de Adela, mi amiga.

Y lo está pasando mal.

Y yo solo le he complicado las cosas.

-Cristi, tú eres una buena amiga y te preocupas por Adela.

No tienes la culpa de que su marido sea un retrógrado acomplejado.

-Desde luego.

Vamos, yo no esperaba que se lo fuera a tomar tan mal, ¿eh?

¡Si es un juguete inofensivo!

-Elías es un ingrato, debería darte las gracias

y aprender a disfrutar en la cama con su mujer.

-Pues sí.

Pero le ha sentado a cuerno quemado.

Lo peor es que estaba convencido de que te burlabas de él.

-¡Si yo ni siquiera lo sabía!

-Ya lo sé, Paolo.

Pero él es un hombre acomplejado.

Teme que se corra la voz y se rían de él.

-Si fuera tan hombre como se cree,

tendría que buscar una solución a su problema

en vez de preocuparse de lo que hablen los demás.

-Haga lo que haga Elías,

necesito pedirte un favor. Lo hago por Adela.

-Cristi, por mucho que quieras ayudar a tu amiga,

no puedes pedirme que yo cumpla con ella por su marido.

Elías no lo entendería. -¡Ay, Paolo! ¡No seas tonto!

-(HABLA EN ITALIANO) No más bromas. -No.

Prométeme

que no le vas a decir ni una palabra de esto a nadie.

Ni a Doménico, a Nicolás... ¡A nadie!

-Ni una palabra a nadie.

-¿Prometido?

-Palabra de San Genaro.

¿Qué haces?

-Estoy mandando un currículum para una entrevista.

-¿Para qué trabajo? -Cajera de supermercado.

Y esta tarde tengo una entrevista

para currar en una gasolinera. -Tú vales mucho más que eso.

Qué pena que no tengas titulaciones para demostrarlo.

-Uh, habló el señor frutero.

-Yo no soy frutero.

(Timbre)

Soy un emprendedor que ha levantado

una de las empresas más importantes de Madrid

de transporte e importación.

-Buenos días, Jesús.

Venía buscando a Lorena. -Buenos días.

Ahí la tienes.

Bueno, os dejo.

Voy a ver si me doy una ducha.

-¿Podemos hablar un momento?

A ver. Aquí tengo la copia del DNI...

-Ajá. -La copia de la tarjeta sanitaria,

las fotos de carné y, bueno, el formulario rellenado.

Jolín, qué serio te pones cuando curras, ¿no?

-Estás demasiado acostumbrada a verme hacer el payaso,

pero puedo ser serio.

-Ya veo, ya.

-Te falta la dirección.

Es un campo obligatorio.

-¿Cómo?

¿Es obligatorio vivir en el campo?

-¿Eh?

-Muy ingeniosa, pero tienes que poner algo.

-Hace muy poco que no hemos mudado y no me sé el código postal,

pero luego vuelvo y lo relleno todo.

-Vale. ¿Necesitas algo más?

-No, supongo que eso es todo.

-Gracias.

-Vaya.

Sí que ha hecho efecto el discurso de tu viejo.

La has dejado seca.

-En realidad me da igual lo que piense mi padre,

sé que con Carla no iba a funcionar. Es muy complicado.

-Desde luego, tío, ella es complicada.

-No, ella no. La situación.

No puedo ser tan imbécil de enamorarme de Carla.

-Lo que tú digas, tronco. Está claro que ella no te conviene.

-No es por ella. Es por mí, Jona. -¿Cómo?

-Es la hermana de la que murió en el accidente por nuestra culpa.

Y eso no...

no es fácil de digerir.

-Bien pensado, tío.

Pero va...

¡no te rayes, tronco! Ya aparecerá otra piba

que te la saque de la cabeza. -Sí, seguro.

-Me piro, ahí te quedas. -¿Qué haces?

Como vuelvas a hacer eso, me levanto.

-No hay huevos. -¿Que no?

(NACHO) Ayer fui muy injusto.

Pagué mi frustración contigo y por eso he venido a disculparme.

-Eso sí que no me lo esperaba.

-Me preocupaba la reacción de Rosa por lo que le contaste.

Y tenía motivos.

Esta mañana ha perdido el control

con Jonathan porque creía que le ocultaba mensajes de Noa.

-Vaya, lo siento.

-Yo sé que tú no querías provocar eso, pero tu hermana está...

sufriendo demasiado.

Anda siempre

en la cuerda floja. Bueno, igual que yo.

-La verdad, te mostrabas tan frío

que llegué a pensar que no querías que Noa volviera a casa.

-No digas eso.

Por favor.

No hay nada que yo desee más.

Lo que pasa es que...

la chica que tú conociste desapareció mucho antes de que Noa se marchara.

Mi hija se convirtió en una joven egoísta, manipuladora,

siempre enfadada.

Y su rabia se dirigía siempre contra un mismo objetivo: nosotros.

-Nacho, la adolescencia es compleja.

Todos cometemos actos estúpidos,

pero detrás de eso siempre hay una razón.

Es frustración, sufrimiento...

-¿Tienes idea de las cosas que llegó a hacernos?

Insultar y amenazar a tu hermana, robarnos...

-Nacho, debió ser difícil, pero Noa no es así.

Tenía que pasarle algo.

Quizás necesite hablar con alguien.

-Lo intentamos todo, pero fue inútil.

Puede que haya cometido errores y que no haya sido el mejor padre,

pero créeme, Lorena.

Noa no es una buena hija.

...un par de botellas de vino, ¿por favor?

¿Tinto o blanco?

Tinto. Del bueno. ¡Buenas!

Luego te las acerco.

Gracias a todos por venir. A ver,

os he reunido porque me acaban de llamar del Ayuntamiento.

(Pasos)

Celia, llegas a tiempo.

No son buenas noticias.

No vamos a recibir ningún tipo de ayuda económica

del Ayuntamiento para la reforma.

-¿Qué solución nos dan? Mi mujer no puede pedir otro crédito.

No tenemos un duro para la reforma.

Yo estoy en la misma situación.

Cristina y yo tampoco podemos asumir el gasto.

Venga ya, Paolo. Saca ya el dinero que tienes ahí escondido

debajo del colchón. Tu local necesita una reforma sí o sí.

No hay más que ver la mierda de sillas y mesas que tienes.

Ya me gustaría, Elías, tener dinero debajo de la almohada,

pero no tengo nada.

Así que tendrás que aguantar esas sillas

y esas mesas durante mucho tiempo.

¿Y lo que te ahorras con la mierda de "limoncello" nacional

que estás poniendo? Pero ¿qué dices?

¡No pones uno italiano en tu vida!

¡Eso no es verdad! ¡Es una mierda!

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

No estamos aquí para discutir sobre el "limoncello" de Paolo.

Que, por cierto...

hay otras formas de conseguir dinero.

A ver, el mercado no solo es

nuestro medio de vida, es el alma del barrio.

Si mejora y crece, todo el barrio se beneficiará.

Lo que tenemos es que creer en nuestro proyecto

e intentar implicar a los comerciantes de la zona.

Sí.

Llevas razón, sí. Sí, no, no está mal pensado.

Cuanto mejor esté el mercado, mejor estará el barrio

y mejor para todos.

Dudo yo que estén dispuestos a rascarse el bolsillo.

Supongo que no perdemos nada por intentarlo.

-Tenemos algo, ¿no? Tenemos una idea sobre la que podemos trabajar.

La estudiaremos y la desarrollaremos en la próxima reunión, ¿os parece?

¿Quedamos emplazados

para la siguiente convocatoria? ¿Ya?

Sí, ya está, ¿qué más quieres? ¡Vamos a trabajar!

-Elías, ¿podemos hablar un momento?

Escucha, yo sé que estás cabreado conmigo,

pero te aseguro que esta mañana no estaba burlándome de ti.

Que yo ni siquiera sabía que no...

que no puedes... que...

¿sabes? Lo de tu problemilla.

¿Qué haces?

¡Por favor! Escúchame una cosa.

Como vuelvas a hacer algún comentario

en tu puta vida sobre mi problemilla,

el que vas a tener un problemilla, pero ahí abajo,

vas a ser tú. ¿"Capito"?

"Assolutamente".

-¡Eh! Chicos, ¿qué pasa? Yo no sé qué problema tenéis,

pero no hay por qué perder los nervios.

No, hombre, no. Si estamos... estamos bromeando.

¿Verdad, Paolo? ¿A qué estamos de broma?

Sí, sí, claro... Que Elías, sabes, tiene un gran sentido del humor.

A que sí, ¿eh? Pues nada.

Ya nos seguimos riendo en otro momento, ¿eh?

Me voy, que tengo que trabajar.

Paolo, ¿me vas a contar de qué coño iba esa broma?

No os he visto reír.

-Nicolás, cállate. ¡No me tientes!

Porque tengo el cotilleo del siglo y me lo tengo que tragar

si quiero sobrevivir.

¿De qué iba todo eso?

Eso me gustaría saber a mí y no creo que nos enteremos.

Paolo se muere de ganas por contarlo,

pero Elías lo tiene acojonado.

Bueno, ahora me voy, que tengo mucho trabajo.

Hola.

Vienes muy elegante.

Si lo que quieres es quitarme la clientela, lo vas a conseguir.

Lo que quiero es conseguir una subvención.

Tengo una reunión ahora con una funcionaria.

Tengo experiencia en conseguir subvenciones, si quieres...

(Móvil)

Perdona, perdona. ¿Hola?

Llevo toda la mañana llamando al colegio

para hablar con usted y no ha habido manera.

Ya, pero es que lo que están haciendo con mi hijo

es injustificable. No se puede tener a un chico como David,

con los problemas que tiene, sin ir a clase

por mucho que yo haya dejado de pagar una cuota. Sí.

Sí, un momento.

Ya, pero la junta escolar no está teniendo en cuenta

todo el dinero que la abuela de David ha donado al colegio.

¿El qué?

¿Asunción ha hablado con el colegio? ¿Qué les ha dicho?

Joder, o sea...

¿qué le parece si me acerco

al colegio ahora mismo y hablamos?

Sí, sí.

De acuerdo, gracias. Gracias.

Oye Jorge, ¿me puedes echar un vistazo al puesto?

Sí, claro. ¿Va todo bien? Sí, sí, perfecto. Gracias.

Rosa, me pones un café solo para llevar, ¿por favor?

(ROSA) Sí, marchando.

¿Conoces a esas clientas?

-No. Pero no conozco a casi nadie aquí.

-¿Me puedes hacer un favor?

¿Podrías decirles que las mesas que están libres están reservadas

y que yo soy un cliente habitual que me suelo sentar ahí?

Donde están ellas.

Vamos, haz la buena acción del día

y gánate la mejor propina del mes.

-¿Quieres que dejen la mesa?

-Quiero sentarme con ellas.

-No acepto propinas, gracias.

-Pues entonces hazlo para darle una alegría a este pobre viejo.

-Disculpen, señoras. -¿Sí?

-Esta mesa estaba reservada para ese caballero.

-Ah, bueno, pero hay más mesas libres... no sé.

-Es un cliente habitual un poco maniático.

Y siempre le reservamos esta mesa.

-Vale, nos cambiamos de sitio, no hay problema.

-El señor me ha pedido que les diga

que estaría encantado de compartir esta mesa con ustedes.

-¡Ah! (RÍE)

Ya. Eh...

Bueno, dile que sí, que se siente, no sé. Puede ser divertido.

-¿Sí? -Sí.

-Las señoritas lo invitan a sentarse en su mesa.

-Buen trabajo. Tú y yo vamos a llevarnos bien.

Si me permitís sentarme. -Sí, claro. Siéntate.

Claro.

¿Qué quieres tomar?

-Ahora pido yo, pido yo. -Vale.

¿Qué haces?

Coger mi libro de récords Guinness.

Mis libros tienen que estar organizados,

no pueden estar en cajas.

Si quieres, yo te ayudo.

Ordenamos esta y luego seguimos

con las otras cajas de tu habitación. Venga, ponte ahí.

Yo te los voy pasando y los pones en la estantería.

¿Sabes? He estado hablando con la directora del colegio.

¿Lo has solucionado? ¿Mañana podré volver a clase?

Mañana no, pero en cuanto pague la cuota, podrás volver.

Además, mira, a mí me viene muy bien.

Tengo ayuda en casa.

Yo no me puedo quedar en casa. Tengo que entregar un trabajo.

Voy a llamar a la abuela.

A ver, David, por última vez.

No metas a tu abuela en esto, por favor.

¿Por qué no puedo llamarla? Tiene dinero.

¡Ella ha sido la que ha conseguido que te expulsen

hablando con la directora para fastidiarme a mí!

¡Por eso no puedes hablar con ella!

David.

¡Que te estoy diciendo que no puedes hablar con ella!

No te creo. La abuela no haría eso. ¡David, por favor! ¡David!

Voy a hablar con ella.

Nos haremos daño. ¡Suelta el teléfono!

Joder, joder.

¡La funcionaria! ¡Ay, la funcionaria!

¡David, cariño, tengo que volver al mercado!

"Sí, claro, hijo".

Te voy a mandar dos cajas para sacarte del apuro.

Oye, te voy a dar el teléfono de Rodri, ¿eh?

Es un poquito más caro, pero no te va a dejar tirado.

Luego te lo paso. Hijo, te llamo luego. ¡Chao, chao!

¡Perdone! Perdone.

Debe ser la funcionaria del Ayuntamiento, ¿no?

Sí, estoy buscando a Celia Mendoza.

Sí, es mi jefa, me dijo que vendría.

He venido a por el formulario de la subvención que ha solicitado.

Si le parece se lo entrego yo, ¿eh? Así no la hago esperar.

Venga por aquí. Muchas gracias.

Me dijo que vendría, pero no tan pronto.

No la esperaba... Y que estaba en la carpeta blanca.

Aquí.

Y mire, el primero. A ver.

Usted me da un resguardo, ¿verdad? Sí.

Ajá. Mira, este papel es para Celia.

Perfecto. Muy bien, muchas gracias. Muy amable.

A usted. Hasta luego. Buen día.

Pero ¿qué haces ahí?

¿Ahora también vendes fajas para Celia?

Anda, no digas gilipolleces. Déjame salir.

Celia es una compañera a la que le estoy echando una mano.

Como haría con cualquiera. Tranquilo, no voy a preguntar más.

Solo te daré un consejo de amigo. Vale.

No seas pagafantas, hombre.

Está claro que la chica te gusta y ella se está aprovechando.

Mira, Celia ni siquiera me lo ha pedido.

Le hago un favor porque la veo desbordada, como siempre.

Esa chica lleva mucho encima.

¿Lo dices por el niño ese medio tonto que tiene?

¡Nico, no seas burro, tío!

David es un niño muy sensible.

Tiene necesidades especiales, y un ser excepcional.

Claro. Y, además, su madre es muy guapa.

Tú no tienes remedio. ¡Eh! Ni una broma en ese sentido

delante de tu suegra o tu mujer. Que me la lías, por favor.

Me portaré bien. Vale.

Pero no me vas a quitar una idea de la cabeza.

Te preocupas demasiado por ella.

Sí. Me preocupo porque me da pena. Eso es todo.

Y ahora, si no te importa, algunos tenemos trabajo.

Aplícate el cuento. (RÍE)

¡Hasta luego! ¡Chao!

Por supuesto que os acompaño.

Cuando veáis mi coche,

vais a alucinar. -Seguro que tienes un deportivo.

-¡Me has pillado, Antonia!

Descapotable... -¡Guau!

-Rojo.

Vais a hacer una entrada triunfal en la disco.

Pero primero daremos una vuelta por Madrid. ¿Os apetece?

-Sí, claro, nos apetece. -Bueno.

Pues voy a pagar

y vuelvo enseguida.

Nos os vayáis, ¿eh? -No nos vamos.

-¡Unas chicas encantadoras!

-Ya he visto que habéis pasado una velada agradable.

-Todavía nos queda diversión.

Esta noche me las llevo a la disco.

-Espero que lo paséis bien.

-No, hombre... Yo con estas es galanteo.

Una vueltecita en coche y las dejo en la puerta.

-Muy generoso por tu parte.

-Así estoy más rato con ellas.

Y ya sabes: quien siembra,

recoge.

Quédate con la vuelta. (DOMÉNICO) Gracias.

-Bueno, esperadme en el coche.

Lo encontraréis enseguida,

es el único deportivo rojo.

¡Ah! Y esta noche entraré con vosotras en la discoteca,

si no es inconveniente.

-Sí, claro, hombre, con lo simpático que eres, por favor.

Oye voy a retocarme un poquito. ¿Me acompañas?

-¿Qué tal, Valeria?

Nada, que te he visto ahí parada mirándome

y he pensado que querías algo.

-Tú no desaprovechas una oportunidad para pavonearte, ¿verdad?

Te encanta exhibirte con jovencitas.

-Tengo que reconocer

que se conservan bien, pero esas dos ya tienen una edad.

-Sí, en concreto la mitad que la tuya.

-No tanto. (RÍE) -Ya.

-No tanto.

Pero, de todas formas, si utilizaras esa rabia para liberarte

en vez de envidiar a los demás,

vivirías mucho mejor.

-Yo no necesito los consejos de un viejo ridículo

que se humilla a sí mismo yendo a discotecas

con mujeres que podían ser de la edad de su hijo.

-Me encanta la música y esta noche voy a emborracharme.

-Ah. -¿Y tú?

¿Qué plan tienes?

¿Ver programas de cotilleo en bata?

No, no, no, ya me lo contarás mañana, que me están esperando.

Bueno, chicas.

Vámonos. -Vamos.

(RÍEN)

Celia, ¿dónde te habías metido? Jorge, no me preguntes, por favor.

No tengo un buen día.

Oye, ¿no habrá venido una mujer buscándome?

Sí, una funcionaria. Ay, mierda.

Tranquila. Todo me sale mal.

No pasa nada. Todo me sale mal.

La voy a llamar a ver si me da otra cita

y me disculparé con ella... Celia, no pasa nada, tranquila.

Aquí está el resguardo de la solicitud para la subvención.

¿Eh?

Ha sido muy emocionante ser tu empleado por un día,

pero me temo que tendré que despedirme.

Y ahora te dejo, que no has tenido un buen día.

Jorge.

¿Sí?

Gracias.

No, no, tranquila.

Gracias, de verdad. Gracias por ayudarme.

No sabes cuánto te debo. He estado a punto de perder

la última oportunidad que me quedaba

y necesito desesperadamente la subvención.

Te la van a dar.

He mirado los requisitos y tienes puntos de sobra.

Con el dinero podrás hacer frente a la reforma de la droguería

y de camino comprarme alguna botella de vino. De las caras.

La verdad es que tengo planes más urgentes para ese dinero.

¿Planes?

Si no inviertes el dinero de la subvención en las reforma,

estarás cometiendo fraude.

Olvídalo.

No he dicho nada, no es asunto tuyo.

Ya, pero es que todo lo que afecte al mercado es asunto mío.

Todos nos hemos comprometido a invertir en la reforma.

¿Y qué vas a hacer?

¿Denunciarme?

¿Perdona?

¿Sabes para qué quiero el dinero?

Para pagar el colegio de mi hijo.

Hoy le han echado porque su madre

no se puede hacer cargo de los pagos.

Haz lo que tengas que hacer, Jorge.

Denúnciame si quieres, me da igual.

Mira, está también esta, las dos necesitan mucha luz.

¿A ver?

No, me llevo esta hortensia,

que es más elegante. A Lorena le va a gustar.

Quedará preciosa en su balcón.

Le encantará. Es un detalle muy bonito.

Quiero ayudarla para que tenga un espacio propio y acogedor.

No es fácil convivir otra vez con la familia

después de tantos años.

Desde luego. Yo no me imagino volver otra vez a casa de mis padres.

Por eso quiero que esté cómoda en su cuarto,

es su única parcela de intimidad.

Lo malo será cuando quiera compañía.

Bueno, no creo que ahora le preocupe mucho eso, ¿eh?

Tiene suficientes problemas como para pensar en hombres.

Mujer, problemas tenemos todos.

Dime qué te debo. No, nada, nada.

Que no. No se te ocurra. Oye, que no.

Esto corre por cuenta de la casa. Me siento mal.

Corre por cuenta de la casa. Con todo lo que me ayudas están pagadas.

Ya me hiciste un regalo.

Ya, y todavía estoy esperando a que me cuentes.

¿Qué le pareció a Elías? ¿Lo habéis probado?

Sí, a Elías... pues muy bien.

Adela, cariño, no hace falta que me engañes.

Ya sé que no le hizo ninguna gracia.

Siento mucho si te ha ocasionado algún problema con él.

Te ha dicho algo, ¿no?

Esta mañana hubo un malentendido:

se pensó que Paolo se estaba burlando de él.

Y la cosa se ha puesto seria. Cuando acabó la reunión,

Elías amenazó a Paolo por hacer mención del tema.

Espera, a ver si lo he entendido. ¿Paolo lo sabe?

A ver, es que...

Elías se puso tan violento sin motivo aparente que se lo tuve que contar.

No te preocupes, no va a decir nada. ¿Cómo no me voy a preocupar?

Paolo no sabe guardar un secreto, ¡se va a enterar todo el mercado!

No, mujer, ya verás como esta vez no. Confía en mí.

(Puerta)

Germán, ¿qué haces tan pronto en casa?

Germán, que qué haces tan pronto en casa.

Joder, mamá.

¡Que casi me da un puto infarto! Hijo,

¿no te alegras de ver por fin a tu madre?

Después de pasarte todo el día evitándome en el mercado.

Era por salud.

Me dolía demasiado la cabeza y sabía la turra que me esperaba.

Dame una tregua, por favor, que estoy reventado.

¿Ah sí? Pues mira, ya somos dos.

Cansada de trabajar y de pasarme las noches preocupada

por culpa del descerebrado de mi hijo.

A ver, salí y se me fue un poco de las manos ¿y qué?

Tengo la edad para hacerlo. Además, he cumplido en el curro,

que es lo importante. Carmen no tiene queja.

No, no vayas por ahí,

que tú sabes perfectamente que a mí me importa otra cosa,

que acabes tus estudios

y que te saques una... Ten piedad, mamá, por favor.

Que estoy de resaca.

¿Te importa si lo hablamos cuando haya dormido ocho horas

y pueda pensar?

¿Pensar? Pero si eso es lo único que no haces, hijo.

Si no, no perderías el tiempo trabajando por cuatro duros

para las Pacheco solo por jorobar a tu padre.

A ver, que lo de las Pacheco es temporal

hasta que encuentre un curro mejor pagado.

¡Germán, que no! No puedes aspirar a un buen trabajo...

(Puerta)

...sin estudios y sin experiencia.

Si quieres ser independiente,

haz algo que te permita ganar dinero de verdad.

Hola, Lorena. Hola, familia.

(SUSPIRA)

Estoy muerta.

-¿Qué te pasa? ¿Que también saliste de noche?

-No, solo vengo de coger

un interurbano, un cercanías y dos trasbordos

para volver de una entrevista de trabajo

en una puñetera gasolinera.

Y no.

No me han dado el trabajo. Te tienen tres horas

ahí currando para decirte que no vales.

A eso le llamo yo mano de obra barata, ¿eh?

No te preocupes, que seguramente encontrarás algo pronto.

Sí. Trabajo de mierda con un sueldo infame.

No se lo digáis a mi padre,

pero ahora sí que me arrepiento de no haberme sacado la carrera.

¿Y esas flores?

¿Te gustan? Son para tu habitación.

Eso sí, tendrás que cuidarlas tú.

Adela, qué bonitas. No tenías que haberte molestado.

Calla, mujer.

Lo único que quiero es que te relajes

y que te animes un poco.

Y ahora la que va a relajarse soy yo dándome un buen baño.

Ahí os dejo.

Venga, un poquito más de agua por aquí,

por aquí, así.

¡Qué bonitas! ¡Eh!

Hablas con las plantas, como las viejas.

Sí, es una cosa que heredé de mi madre. ¿En qué te puedo ayudar?

Venía a que me informases sobre los planes que tienes

para la reforma de la floristería.

¡Uy! Poco puedo contarte, ¿eh?

La verdad es que no tengo muchas ideas.

Si tienes alguna sugerencia...

Dame un papel y un boli, que te hago una lista.

El espacio está mal utilizado,

la decoración es un horror...

Se ve que también lo heredaste de tu madre,

¿verdad, hija? El gusto.

Después de intentar provocarme, ¿también vas a amenazarme

como a Paolo?

Elías, déjate de chorradas, los dos sabemos de qué va esto.

No tienes por qué preocuparte.

No, no, no te equivoques.

Los que tenéis de qué preocuparos sois tú y tu maridito.

Es un error reírse de mí.

Es que nadie se estaba riendo de ti,

pero como estás tan obsesionado con tus complejos,

todo lo malinterpretas. ¡Yo no tengo ningún complejo!

Uy, pues no lo parece.

Además, chico, no sé por qué te das tanta importancia.

Todas las parejas tienen problemas.

¡Uy, no, de verdad! Por ahí sí que no.

Psicología barata, así de verdulera...

No, si ya sé a lo que has venido.

A que tu secreto está a salvo, y tranquilo, que lo está.

Solo siento que te preocupe más tu orgullo que las necesidades

de tu mujer. Tú déjala y no te metas

en nuestro matrimonio.

Tu mujer es amiga mía y me preocupo por ella.

Y, en consecuencia, por ti.

El juguete no era un regalo para ella, era para los dos.

Pero no pensé que te lo fueras a tomar como una ofensa,

sino que pensé que te lo tomarías como una oportunidad

para daros placer, ya que no puedes, y dar momentos de felicidad,

pero veo que me equivoqué.

Y ahora voy a seguir regando mis romeros, ¿eh?

Venga, vamos allá.

Ha sido inoportuno, ¿no? El comentario de la carrera, digo.

-Joder, si es que no para de darme la brasa

con que termine los estudios. Espero que no empieces tú también.

-¿Yo? Qué va.

Si tienes la desgracia de parecerte a mí, harás lo que te dé la gana.

Tú tienes que ver las cosas por ti mismo. Tú no me preocupas.

Me preocupa Noa.

He estado hablando con tu tío Nacho

y me ha dicho, no sé, que se volvió un ser intratable.

¿Contigo también?

-No, nosotras nos hemos llevado siempre muy bien.

A ver, sí, "okey", se volvió ahí rebelde con sus padres,

pero, vaya, lo que hemos hecho todas, ¿no?

-Noa era muy amiga de Jonathan, ¿no?

Tú te llevas bien con él ¿no? -Sí, somos amigos.

-Y ahora trabajáis juntos.

Germán.

Necesito pedirte un favor:

necesito que vigiles a Jonathan.

Que te enteres de con quién habla por teléfono,

con quién se manda mensajes...

-¿Por qué me estás pidiendo esto?

Porque tengo razones para pensar que Jonathan sabe dónde está Noa.

¿Cuento contigo, Germán?

-A ver, con Jona no somos muy colegas, pero de eso a espiarle,

no sé, no me apetece mucho, tía.

-¿Tú has visto cómo están sus padres, mi hermana?

-Ya lo sé, y me da mucha pena la tía Rosa.

-Por favor, Germán.

-A ver, he quedado esta noche con él.

No sé, si se manda mensajes con Noa,

ya lo sabré.

-Gracias.

Tráeme algo de beber, ¿no?

-Ve tú.

Ve tú. -Ve tú.

(JONATHAN) ¡Guau! ¡Guau!

No sabía que manejabas una furgo, tía.

Esta está muy guapa.

¿Es tuya? -¿Te gusta?

Me la acabo de pillar, pero tiene mogollón de años.

-Joder, pues estas valen una pasta.

Sí que te han pagado por disfrazarte de holandesa, ¿no?

-¡Qué va, tío!

Llevo un montón de tiempo ahorrando para poder invertir en ella.

Además, no la uso solo para moverme.

-¿Ah, no?

-Bueno, ¿qué más da, no? Al final os ibais a enterar. ¿Quieres verla?

-Sí.

-¡Bienvenido

a mi furgo-casa!

-¿Haces boxeo?

-Hay un montón de babosos por ahí de los que protegerse.

-Flipo contigo, ¿eh? Haces boxeo y encima vives en una furgoneta.

-Sí, llevaba un montón de tiempo planteándomelo

y yo qué sé, es una solución cojonuda.

Al menos hasta encontrar pasta para pillarme un piso.

-¿Solución cojonuda? -Sí, tío.

Es mi modo de transporte,

tengo libertad, tengo espacio suficiente para mí misma...

Puedo amanecer donde quiera cada día.

Y, además, no hay que madrugar para ir al curro,

porque vivo delante del curro. Y no sé, hay un hornillo.

Yo qué sé, Madrid está plagado de lavanderías donde poder ir

y poner una lavadora. -Ya, bueno, a ver.

Hay otras cosas más importantes, ¿no? Como, no sé...

¿un váter? ¿Una ducha?

-Ya, y por eso están

las cadenas de gimnasios y sus ofertas del primer mes gratis.

-¿Qué?

-Que sí, tío, que ahora

este mes estoy matriculada en un gimnasio que hay ahí

al fondo de la calle. -¿Qué me dices?

-Voy ahí, sudo un poquito

y luego me pego una ducha

y uso el váter.

-Joder. Sí que lo tienes bien pensado, ¿eh?

Al final va a ser una buena idea vivir en una furgoneta.

-Voy a dejar que lo compruebes tú mismo.

¿Quieres una birra? Entra.

Sí, que tengo un montón de latas aquí en mi furgo-neverita.

¿Entras o no?

-Eh...

No sé, tía. Es que...bueno, he quedado con Germán y no sé sí...

-Te estoy invitando a birra.

A ver si crees que te estoy invitando a cenar.

-Venga, va.

Pero que esté fresquita, ¿eh?

-Claro que sí.

¡Entra!

(Pasos)

(JESÚS TARAREA)

(Golpes)

Mierda...

¿Quién anda ahí? No es nada, hijo.

Vuelve a la cama... No hacía falta eso, hombre.

¿Tú estás borracho?

No, no estoy borracho.

Estoy herido.

¿Qué es lo que pasa? ¿Qué haces aquí, Jesús?

Nada, que necesito un antiinflamatorio.

¿Dónde los tenéis?

Ahí, ahí, en el armarito ese de ahí.

¿Te ayudo yo a cogerlos?

No, no, no.

(MURMURA)

Sí, son esos.

No te lo has hecho tú ahora mismo dándote un golpe, ¿verdad?

No.

He tenido un mal tropiezo.

Es un esguince, no os preocupéis.

He ido a Urgencias

antes de venir.

Al tercer salto dejó de ser divertido.

Las discotecas con tan poca luz son peligrosas.

Pero ¿qué hacías tú en una discoteca?

Pues...

bailar y oír música...

(TARAREA)

¡Como todo el mundo!

Bueno,

me tomo esto y me voy a la cama.

Siento haberos despertado, ¿eh?

(TARAREA)

¡Ah!

(JESÚS RÍE)

(Puerta)

Mi padre se ha lesionado

porque viene de estar bailando en una discoteca.

¿A ti eso te parece normal?

Pues no mucho, la verdad.

(RÍE)

Ay. Elías, tenemos que salir más.

Nos estamos quedando atrás. ¿Cómo?

Somos los abuelos de esta familia nosotros.

Eo.

Siento mucho la discusión de esta mañana.

Yo también.

Hoy ha sido un día un poco raro.

Bueno.

Me voy a la cama.

Ya vendrás.

Oye.

Que he estado pensando y...

que me gustaría probar

el cacharro ese.

Ah, pues perfecto.

Por mí bien.

Cuando tú quieras.

No, no.

Hoy. Vamos,

ahora.

¿Ahora? Sí.

Pero...

No, ni peros ni peras.

No voy a ser yo más antiguo que mi padre.

Bueno.

(TARAREA COMO JESÚS)

(RÍE)

Un colega no se fija en la tía que le gusta a su amigo.

-¿Te gusta Carla?

Pues muy bien. Para ti.

Mi niño lo que tiene se llama resaca.

Ahora,

te está bien empleado, ¿eh?

Porque le has contratado simplemente para darme por saco

y te ha salido mal la jugada.

Si necesitáis que os echen una mano en la pizzería,

conozco a la persona perfecta. Lorena, mi cuñada.

A mí lo que me gustaría es ir a un terapeuta de pareja con él,

pero como no cree en estas cosas...

De hecho, acabo de llamar a uno,

pero me da cita para dentro de un mes.

Te podrías haber muerto y no le habría importado a nadie.

-No seas exagerada. Nadie se ha muerto por una torcedura.

Pero ¿qué coño haces?

¡Vas a hacer en esta casa lo que se te diga!

Dame las llaves.

No. Que me des las llaves, papá.

No. Dame las llaves.

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Mercado Central - Capítulo 11

07 oct 2019

Elías paga con Paolo y Cristina su frustración.
Celia debe pagar el colegio de David si no quiere que le expulsen.
Rosa pierde los nervios con Jonathan al creer que está en contacto con Noa. Lorena piensa que el chaval sabe algo y pide ayuda a Germán.
Valeria humilla a Jesús que, picado, se va a un festival, con consecuencias inesperadas.
Samuel marca distancias con Carla y Jonathan aprovecha la ocasión.Elías paga con Paolo y Cristina su frustración.
Celia debe pagar el colegio de David si no quiere que le expulsen.
Rosa pierde los nervios con Jonathan al creer que está en contacto con Noa. Lorena piensa que el chaval sabe algo y pide ayuda a Germán.
Valeria humilla a Jesús que, picado, se va a un festival, con consecuencias inesperadas.
Samuel marca distancias con Carla y Jonathan aprovecha la ocasión.

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