Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

Según un informe tras una inspección municipal, en el mercado tiene que haber una reconversión y no se considera viable que continúe con su actividad. Tras esa decisión se encuentra un importante fondo de inversores que quiere convertirlo en un lujoso centro comercial. La asociación de comerciantes del mercado consigue que el consistorio aplace la decisión: tendrán un año para modernizar el recinto. Pero no todas las familias tienen la misma opinión, y prefieren aprovechar la oportunidad y obtener alguna ganancia.

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 20 - ver ahora
Transcripción completa

Lorena.

Lorena, perdona.

Perdona.

¿Sigue Rosa muy mosqueada por lo del cuarto de Noa?

-Yo intentaría no sacar el tema, Nacho.

-Sí, supongo que será lo mejor.

Igualmente, gracias por echarme un cable.

-"Gracias", dice.

¿Sabes lo que me va a costar que mi hermana me perdone?

-¿Por qué? ¿Te ha dicho algo? -¿Tú qué crees?

¿No viste con qué cara me miró cuando pensaba que apoyaba

tu genial idea de cambiar la habitación de Noa?

-Sí, ya me fijé.

Al día, me caen dos o tres miraditas de esas, mínimo.

-Bueno, mi hermana es así, descarga su rabia con nosotros

porque sabe que se lo aguantamos. -Yo tengo que andarme con ojo.

Porque todo esto empieza a pasarme factura en el trabajo.

¿Sabes?

Y pronto no seré capaz de concentrarme en nada.

Ponme un café, si no te importa. -Ahora mismo.

-No.

No, no, no, no. ¡Rosa! ¡Rosa!

¡No, no, Rosa! ¡Nacho, llama a una ambulancia!

-¿Qué ha pasado aquí? ¡Rosa! -¡Rosa!

-¿Qué pasa? -¡Llama a una ambulancia!

¡Llama a una ambulancia, coño! -¡Dios! No, no.

-Rosa, ¿me oyes, cariño? -¡Se ha cortado!

-¡Rosa! Joder, ¿qué pasa?

¿Qué ha hecho?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Seguro que estás bien? Aviso a tu padre y vamos al hospital.

-No es nada. -Tómate este ibuprofeno.

Si es que no cuesta nada. Vamos y te hacen una radiografía.

-Estoy bien, y la mitad de las cajas estaban vacías.

-Y la otra mitad estaban llenas. A ver, mueve el cuello.

¿Te duele? ¿Te duele mucho? -No.

Solo un poco el hombro del golpe, nada más.

-Como pille a la niñata esa, te juro que se va a enterar.

-Ella no ha tenido la culpa. -Encima, defiéndela.

Lo que debes hacer es denunciarla. -¿Denunciar? Ha sido un accidente.

-¿Qué accidente? ¿Te empujó o no? -Sí, pero porque...

-¡Pero nada! No se puede ir por ahí avasallando a la gente.

-Me lo tengo merecido. -¿Merecido de qué?

¿Te mereces que te traten como a un bulto?

-Cosas nuestras, ya está. -Es una desagradecida, eso es.

Encima que le ayudaste a encontrar trabajo.

-Eh, ¿dónde vas? -A hablar con tu padre.

¡A esa tía la echan hoy!

-Un momento. Mamá, por favor.

-Ni momento ni nada. ¿Esperamos a que te tire por las escaleras?

-No lo hagas, por favor.

Huele esta maravilla.

¡Un espectáculo!

Pues ya verás cuando lo probéis. A ver si a Doménico le gusta.

Esto en compañía sabe mucho mejor.

Es que mi amigo está pasando por un pequeño bache

y Cristina le ha invitado a cenar.

A ver si entre todos le animamos un poco.

Si con este mi-cuit no se anima,

dalo por perdido.

¿Algo más? Nada más. Apúntamelo, por favor.

Hecho. Ya te diré si ha gustado, ¿eh?

Gracias, Jorge. "Ciao".

David.

¿Qué haces aquí? Tendrías que estar en el cole.

Hay un Somontano con los Riojas.

Pues es verdad, qué buen ojo.

Menudo espía, chaval.

No soy un espía. Solo ordeno las botellas.

Ya.

Oye, ¿y tu madre?

Ocupada, como siempre.

¿Quieres que te ayude con eso?

No, estas ya están bien.

Vale.

¿Sabes? El otro día, hablé con ella.

Qué suerte.

Conmigo ya no habla.

El doctor Alejo decía que podía hablar de lo que quisiera,

pero ella... no sé por qué se pone así.

¿Así, cómo?

¿Triste?

Ya.

Ella también echa mucho de menos a tu padre.

¿Te ha dicho eso?

Sí.

Verás, hay gente que necesita sacar lo que lleva dentro.

Y gente como tu madre que prefiere guardárselo.

Siempre que hablo de mi padre se le pone una cara de seta.

Y a mí me gusta hablar de mi padre.

Pues oye, si quieres, podemos hablar.

Habla conmigo. ¿Te parece?

Si tú no le conocías de nada.

Pues por eso, así me hago una idea de cómo era.

Vamos a hablar de lo que quieras. Tenemos hasta las nueve.

Yo solo tengo cinco minutos.

No te vayas, David, espera.

Vamos a aprovecharlos.

¿Qué le dirías a tu padre si lo tuvieras aquí delante?

Pues le diría que tenía razón,

que el Teide es un volcán.

¿Cómo?

El sábado que murió fuimos al Museo de la Ciencia, con mamá.

¿Y te gustó?

Sí, vimos la exposición de los volcanes.

Él no quiso venir.

Le dije que haría muchas fotos para verlas juntos,

pero nunca pude enseñárselas.

¿Y todavía las tienes?

Las subí a la nube para que no se perdieran.

Pero creo que las voy a borrar.

¿Por? Porque los muertos no ven fotos.

Bueno, pero seguro que son un bonito recuerdo, ¿no?

Oye, ¿por qué no le escribes una carta?

¿A mi padre?

Sí, cuéntale todo lo que aprendiste sobre los volcanes.

¿Lo del Teide y todo eso?

Sí.

No sé, dile cómo te sentiste cuando llegaste al museo

y no pudiste compartir las fotos como le habías prometido.

Que sepa lo mucho que le echas de menos.

¿Tú crees que valdría la pena?

Claro que valdrá la pena, David.

Seguro que te sientes mejor cuando lo hagas.

¿Y adónde se la mando?

Guárdala en la nube junto con las fotos.

O no, mejor aún...,

¿por qué no te acercas un día al cementerio y...

se la lees?

Toro.

Ahí.

-A ver, hijo, que tú no te mereces esto.

Ahora que empezabas a estar bien. -Y lo estoy, mamá.

Lo estoy. Que no es nada.

-Desde que esa chica anda por aquí, estás enfadado, de mal humor.

¿Te crees que no me doy cuenta? -Han pasado cosas.

-¿Qué cosas? ¿No me las puedes contar?

-No, no lo entenderías.

-Con lo que te ha costado y nos ha costado tirar para adelante,

no permitiré que una mosquita muerta te meta en el pozo.

-No hables con papá. -¿Por qué? ¿Qué pasa con esa chica?

-No pasa nada.

Solo que...,

bueno, tenerla cerca...

me hace feliz.

-No te entiendo, ¿te hace feliz que te hagan daño?

-Ha sido un accidente.

Así que, por favor, no hables con papá.

-No le pienso quitar ojo.

¿Y esto?

Nuestra parte del negocio con Sandro.

¿Y tú qué tienes que ver con Sandro? Yo vendo fruta,

no trapicheo con coches robados.

¿Entonces?

Tenía una conversación pendiente y acabo de cerrar cuentas con él.

Esto nos cubrirá

los honorarios de la Policía marroquí.

Esto,

para traer el camión de vuelta a España.

Y esto,

para que le compres un buen regalo a tu mujer,

que la tienes abandonada.

Supongo que Sandro no te habrá dado el dinero así, sin más, ¿no?

Primero se hacía el tonto,

pero cuando vio que no iba de farol, empezó a soltar la panoja.

¿De farol? Sí.

Le dije que o soltaba la pasta o que iba directo a la Policía.

Y como ya no trabaja para nosotros, no tenemos nada que perder.

¿Tú eres consciente de lo que acabas de hacer?

¿Tú eres consciente? Está claro que Sandro es un pelele,

pero también es evidente que trabaja para una mafia.

Por mí como si trabaja para Al Capone.

¡Pues por mí no!

¿Y si estos se presentan aquí y vienen a por su dinero?

Lo tengo todo bien atado.

Además, no creo que Sandro vaya muy lejos.

¿Por qué? Porque a estas horas debe estar

de camino de los juzgados de la Plaza de Castilla.

¿Cómo? Ya le dije que no era farol.

¿Le has denunciado? Ajá.

Pero te ha dado el dinero.

El dinero es nuestro.

Ese cabrón se ha forrado a costa de los De la Cruz,

y si le llegan a pillar, que estuvieron a esto,

nos hunde para toda la vida. Pero le has dado tu palabra.

Sí, también le di mi confianza y un buen trabajo.

¿Y cómo me lo ha pagado? Robándome.

Por mí que se pudra en la cárcel.

Pues tú sabrás lo que haces.

Hola, guapísima. Hola.

Lo tengo todo cerrado y bien cerrado.

Yo no dejo cabos sueltos como tú.

Es que cada uno hace las cosas a su manera.

Pues la mía es 100 veces más provechosa que la tuya.

Nada más que hay que mirar la mesa.

Díselo tú, que a mí no me hace caso.

Así va la empresa.

Y por eso Jorge cree que debería escribirle una carta a papá,

para contarle lo que se me quedó aquí dentro.

¿Y lo vas a hacer? Yo paso de cartas.

Prefiero ir al cementerio y contárselo en persona,

aunque los muertos no sean personas.

Le pediré a la abuela que me acompañe.

¿No quieres que te acompañe yo?

Todo lo que tiene que ver con papá te pone muy triste.

Prefiero que no te agobies.

¿Te ha dicho Jorge que estoy agobiada?

Por eso siempre estás tan triste.

Si me dejas ir, no hablaré de papá al menos hasta Navidad.

Cariño, claro que te dejo ir, cómo no te voy a dejar ir.

Hazme un favor, espérame en la terraza de la pizzería,

que voy a hacer una llamada, ¿eh?

(RESOPLA)

Asunción.

Oye, mira, no he llamado para discutir contigo.

Mira, he llamado porque las dos hemos perdido

a la persona que más queríamos en el mundo.

Sí, ya sé que era tu hijo, pero David es el mío,

y por eso...

por eso te pido por favor que dejemos esta guerra absurda.

¿Te parece?

Por eso me gustaría contar contigo en todo lo referente a David.

Ahora, te digo una cosa: yo soy su madre

y yo voy a tener siempre la última palabra.

¿Hola?

¿Sigues ahí?

Pero, Asunción, claro que vas a poder verle siempre que quieras.

Si tu nieto te adora.

También quería...

Bueno, quería pedirte perdón

por todas las cosas que hice mal con tu hijo, porque...

porque yo sé que en muchos momentos no estuve a la altura.

Yo intenté que no se sintiera solo, pero no lo conseguí,

y lo siento.

Lo siento mucho, de verdad.

Quiero que sepas que...

que le quería con toda mi alma.

Gracias.

Gracias por tus palabras. Asunción, de verdad que sí.

Mira, quería pedirte una última cosa,

David y yo queremos ir

al cementerio a visitar la tumba de Manuel

y me gustaría mucho que nos acompañaras.

Bueno, no sé, pues...

esta misma tarde, por ejemplo. Cuando a ti te...

¿Sí?

Sí, sí, claro.

Pues si quieres, en un rato podemos ir a buscarte.

¿Te parece bien?

De acuerdo.

Gracias otra vez.

Hasta ahora, chao.

Te lo he dicho mil veces: pasa de él.

¿No ves que le encanta picarte? Y tú caes siempre en la trampa.

Y Germán hace lo mismo y tú ni te enteras.

¿Tú has visto cómo se comporta?

Parece que es el único dueño de la empresa.

Le da igual que me deje la piel pare que cada día vayamos a más,

¡le da igual! Pero es que ese es el problema.

Estás obsesionado con superar a tu padre.

Y os pasáis todo el día compitiendo como niños.

¿Has visto cómo se comporta?

Tirando billetes, como si solo él ganase dinero.

Deja de compararte con él.

Te pasas el día criticándole, pero sois los dos iguales.

Es que pareces su fotocopia.

Pues mira, llevas razón.

Y tú lo has dicho y lo has visto.

A lo mejor ese es el problema,

en que a lo máximo que puedo aspirar es

a ser una mala copia del original. No, no quería decir eso.

Ya, pero lo has dicho, lo has dicho. Lo has dicho.

Y es así.

Por mucho que me esfuerce, jamás le voy a hacer sombra

al gran Jesús de la Cruz.

Ay, Elías, por favor, no te tortures más

y disfruta de lo que él te ha dejado.

Mira, si no le gusta cómo llevas los negocios,

que se levante él a las cinco cada mañana como haces tú.

Ya verás cómo entonces no pone tantas pegas.

Bueno...

Por fin, ya estamos en casa.

¿Te hace efecto el calmante?

-Sí, lo voy notando, sí.

-¿Te apetece una tila o un té? ¿O un vaso de leche con miel?

-Lo siento mucho, Nacho. Lo siento, de verdad.

Cogí el cuchillo y no sé qué me pasó, me quedé parada como una tonta.

-Pero ¿en qué estabas pensando, Rosa?

-¿Tú te acuerdas de aquel verano en Tarragona

que Noa se cortó el pie con una botella rota?

-Sí, claro que me acuerdo. -Bueno, pues es que fue muy raro

porque, después de cortarme, me quedé mirando como una tonta

y entonces se me vino esa imagen, la del pie de Noa.

Y ahí estaba yo...

diciéndole que no se preocupara,

curándole la herida porque no era muy profunda.

-Sí, siempre que íbamos a la playa, se tocaba la cicatriz

y te lo echaba en cara.

-Bueno...,

algunas veces lo hacía de buenas...

aunque otras, no tanto.

-¿Qué hemos hecho tan mal con nuestra hija

para que solo recordemos sus reproches?

-Nacho,

en ningún momento he intentado agredirme.

-Dime la verdad.

Sabes que puedes contarme cualquier cosa.

-Claro que lo sé, mi amor, te lo juro.

Simplemente me quedé pensando en Noa, en su herida,

te prometo que solamente fue eso.

-No me engañes.

Mira, si por un momento, aunque solo sea por un segundo,

se te ha pasado por la cabeza quitarte de en medio,

tú tienes que contármelo. -Nacho...

No, no, ¿cómo puedes pensar que yo iba a hacer?

-No puedo más, Rosa.

Yo no puedo más. -Mírame, mírame.

Jamás... te haría una cosa así.

Me quedé paralizada, ya está.

Escuchaste a la doctora, ¿no?

Estas cosas pasan en momentos así como de mucho estrés,

y lo que está claro es que lo de Noa me está pasando factura.

-Pensé que te había perdido para siempre.

-Lo siento mucho, cariño. -¿Qué iba a hacer yo sin ti?

Tú eres mi vida.

-Y tú la mía, mi amor.

-Noa se ha ido,

¿eh, mi amor?

Eso, por desgracia, no lo podemos cambiar.

Ahora, solo estamos tú y yo...

y solo le pido a la vida...

poder abrazarte cada día.

¿Eh?

No me lo vuelvas a hacer, por favor.

No me lo vuelvas a hacer.

Hola, Cristina.

Hola. ¿En qué puedo ayudarte?

Mira, quería un ramo bonito para llevar al cementerio.

Pues te puedo preparar

uno de rosas, claveles y algún lirio.

Ay, no sé si a Manuel le gustaría eso. Fíjate.

Demasiado clásico, ¿no? Sí.

¿Sabes? Él era un poco de coger lo primero que encontraba.

Una vez, cuando estábamos con la moto en la sierra de Béjar,

paró, salió y al rato me viene con un ramo de espárragos.

Te lo juro, me lo plantó delante de las narices

como si fuera una cosa maravillosa.

Ya entiendo, entonces algo más... más silvestre.

Sí, esa es la palabra.

Pues no lo sé, déjame que piense.

Porque te aviso que espárragos no tengo.

Mira, mejor, porque me llevé un cabreo.

Le dije que cogiera dos huevos y me hiciera una tortilla.

No, en el fondo...

en el fondo, me encantó.

Estoy pensando que tengo unas flores muy bonitas

que me llegaron ayer y no parecen de floristería.

¿Las puedo ver? ¿Las tienes ahí? Las traigo, están dentro.

¿Qué estamos buscando flores, para celebrar o para recordar?

No me contestes que ya me ha quedado claro.

Hace unos días fue el cumpleaños de mi marido y, bueno,

dicen que los cementerios son menos tristes cuando hay flores.

Los cementerios no son tristes, ¿eh?

La tristeza la lleva la gente cuando va allí de visita.

Yo prefiero recordar a los míos

de una manera diríamos un poco más festiva.

Pues no sé cual es tu experiencia, pero yo no tengo ganas de celebrar.

No, hombre, no me malinterpretes.

Mi madre se murió hace tres años y no hay día que no la recuerde.

Pero yo, ¿ir a un cementerio?

Uf, no.

Si me tengo que acordar de ellos,

sobre todo, de ella,

me voy a la Casa do Percebe.

¿Perdona?

Es que mi madre... mi madre comía muy poco, ¿sabes?

Era como una hormiguita, pobrecita,

pero el marisco le encantaba, ¿sabes?

Entonces, el día de su cumpleaños,

en la Casa do Percebe reservaba, nos invitaba a toda la familia.

Y había que verla,

porque empezaba a comer marisco...

Los percebes, una bandeja, un kilo. Que no te exagero.

Un kilo. Y hasta que no paraba, no se levantaba de allí y se iba.

Gustos caros los de tu madre. Bueno...

Pues yo, el día de su cumpleaños, ¿sabes lo que hago?

Llamo a Casa do Percebe,

reservo una mesa para mí solo,

una mariscada y una botella de albariño,

o de Ribeiro, o dos, las que haga falta,

y hasta que no me lo tomo de allí no me levanto.

Ojalá yo pudiera hacer algo así.

Pero no va conmigo.

Muchas veces es tan sencillo como cambiar de escenario.

No creo yo que sea tan sencillo como eso.

Celia,

a la muerte hay que enfrentarse con la vida.

Y si hace falta, a mordiscos.

Ojalá me pudieras transmitir un poco de esa vida.

Porque estoy tan cansada.

Mira.

Aquí están. Son bonitas, ¿verdad?

No hace falta que las pagues ahora, que sé dónde trabajas.

Muy bonitas, de verdad.

Gracias, Cristina. De nada.

Hasta luego. Hasta luego.

Oye, ¿y como está Rosa?

¿Qué le pasa Rosa?

Pues lo del accidente, ¿no lo sabes? ¿Qué accidente?

Esta mañana vino una ambulancia y se la llevó al hospital.

¿Cómo? Sí. Nacho y Lorena fueron con ella.

¿Qué dices?

Lorena, oye. ¿Qué le ha pasado a Rosa?

¿Dónde estás?

Hola.

¿Puedo pasar?

-Sí, claro, pasa.

Pero me he dejado los guantes de boxeo en casa.

-¿Cómo estás?

-Bueno...,

me duele un poco el cuello.

Pero tranquila, de cintura para abajo no siento nada.

-Perdóname, si es que se me ha ido mucho la olla.

-A mí se me fue la olla con lo de la "furgo".

Te dejé sin casa.

-La verdad es que te pasaste cuatro pueblos...,

pero me sabe mal, te podría haber hecho mucho daño.

-Soy un imbécil.

-He conseguido que me odies, lo contrario de lo que quería.

-No te odio, pero... -¿Pero qué?

-Pues que a mí nunca me ha pasado nada bueno, ¿sabes?

Y es por eso que que...

que siempre me pongo esta especie de...

de coraza, para protegerme de la gente.

-Siento que te hayan hecho tanto daño.

-Contigo pensé que sería diferente...,

me sentía cómoda

y... empezaba a sentir que...

que no tenía miedo.

Por eso me dolió tanto lo de la "furgo".

-¿Te puedo pedir un favor?

-Dime. -Conmigo no te la pongas.

La coraza, digo.

Es que te queda mucho peor que el traje de holandesa.

¡Ay, ay!

¡El cuello!

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

¿Dónde te duele? ¿Dónde te duele?

¿Qué pasa?

Oh.

-Es que tienes superpoderes. Ya no me duele. Mira.

Mira.

-Vaya tela.

¿Qué quieres cenar? ¿Qué hay?

Pues puedo hacer una ensalada de pasta, o...

crema de calabacín que sobró ayer.

Vale, la crema.

Le conté a papá que tú y la abuela hicisteis las paces.

Se habrá puesto muy contento.

No lo sé, pero Jorge tenía razón.

Me encuentro mucho mejor.

Ya no me duele la tripa.

Qué bien.

Aunque tú has estado muy callada.

Bueno, es que tú estabas hablando todo el tiempo con papá.

Porque tenía mucho que contarle.

Eres muy valiente, David, y tengo mucho que aprender de ti.

¿De mí? ¿Por qué? Si aún estoy estudiando.

Tengo que aprender a afrontar el dolor,

a ser más honesta contigo

y a llamar a las cosas por su nombre.

Y si no es por su nombre, ¿cómo las llamas?

Quieres saber cómo se murió papá, ¿verdad?

Por qué nos dejó tan solos.

Iba a preguntárselo a él, pero ¿para qué?

Si no me habría contestado.

Mira, David, yo no tengo todas las respuestas,

pero sé que te debo una explicación, hijo.

¿Quieres que nos sentemos y charlamos?

¿Sí?

¿Has pensado en lo que te dije?

Quizá lo encontraste fuera de lugar,

pero quería que supieras lo que siento por ti.

Me pareció lo más honesto.

-Y yo te lo agradezco, de verdad.

No sabes cómo me halagan tus cumplidos.

-Pero...

Hay algún pero, ¿verdad?

-Mira, Francisco,

yo también quiero ser honesta contigo.

Tú eres un ser excepcional:

eres culto, elegante..., guapo.

Un cañón de infantería, que diría mi madre.

-¿Pero?

-Pero yo no siento lo mismo que sientes tú por mí.

-Puede que haya sido todo un poco precipitado.

Si quieres, tómate un tiempo para pensarlo y...

-No insistas, por favor.

Por desgracia, no hay nada que pensar.

Pero vamos a quedarnos con lo bueno de todo esto, ¿eh?

Que sepas, y te lo digo de corazón,

que aquí tienes una amiga para toda la vida.

¿Amigos?

-Tengo que irme.

Me vuelvo a Santander.

-¿Ya?

-Lo que tenía que hacer aquí ya está hecho.

Si te parece,

te envío a tu casa el nuevo presupuesto.

-¿El nuevo?

¿Y qué le pasa al viejo?

-Los honorarios están desactualizados.

-¿Cómo que desactualizados?

-El precio marcado en un principio estaba vinculado

a la adjudicación posterior de las obras de rehabilitación.

Y esa adjudicación ahora mismo

es dudosa.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

Lo que te pasa es que no soportas que te den calabazas.

-No mezclemos conceptos, Valeria.

Una cosa es lo que yo pueda sentir por ti

y otra muy diferente, mis honorarios como arquitecto.

-Ah, ¿sí? Pues explícamelo porque no lo entiendo.

-He realizado un estudio detallado de la casa,

me he desplazado hasta Madrid,

por no hablar de las horas de digamos consultoría

que he tenido que emplear contigo. -Ah.

¿A intentar camelarse a una mujer lo llaman consultoría?

-No quiero discutir contigo.

Te mandaré en la factura detalladamente

el número de cuenta para que ingreses los 950 euros.

-¿Qué?

¿Qué pasa, también quieres cobrarme las entradas de la ópera?

-No mezclemos las cosas, por favor.

-¡No, no las mezcles tú!

¿Se puede ser más sinvergüenza? -Sí, sí que se puede.

Porque alguna está dispuesta

a pavonearse y a zorrear con ese viejo

con tal de sacarle todo el dinero.

-¿Perdona?

Aquí él único que está hablando de dinero eres tú.

Que si "mis honorarios", que si "mi estudio",

que si el viaje...

-Lecciones de ética, las justas, Valeria. Las justas.

Ah,

y otra cosa.

-¿Que también quieres esto?

-Si te gusta, quédatelo.

Ya sumaré el coste a los honorarios.

-Toma, desgraciado.

Y lárgate de mi vista.

-Adiós, Valeria.

Ya te llegará la factura un día de estos.

Nacho... Ahí está la lesionada.

Rosa, qué susto.

-Ya te digo.

-Que no, que ha sido mucho más aparatoso que otra cosa.

No hemos avisado a tu padre.

Como sabíamos que estabas en casa, no hemos querido preocuparle.

Habéis hecho muy bien. Ya sabéis lo pesado que se pone.

Ya, pero a mí sí podíais haberme avisado, ¿eh?

-Lo siento. Ha sido todo tan rápido que...

-Bueno...,

me siento tan ridícula, de verdad.

Hay que ver la que he montado por un cortecito de nada.

Bueno, para ser un cortecito de nada,

te han puesto la mano como Tutankamón.

Qué exagerado eres. -No, exagerado no.

El problema es que no te centras, Rosa, tienes que centrarte.

Ese es el problema. -¿Y cómo quieres que lo haga?

¿Cómo? A ver, Rosa.

No hace falta que te hagas la fuerte con nosotros.

Todos los que estamos aquí sabemos lo mal que lo estás pasando.

Bueno, lo mal que lo estáis pasando.

Así que hazte un favor y déjate querer un poquito.

Y es una orden.

Papá estaba enfermo,

estaba deprimido.

¿Por eso siempre llevaba el pijama?

Esa enfermedad no le permitía ser quien realmente era

y, poco a poco, pues fue perdiendo la ilusión por vivir.

Pues conmigo estaba siempre de broma.

Se escondía detrás de las cortinas para asustarme.

A veces pienso que estará detrás de alguna.

Yo también le echo mucho de menos.

¿Sabes por qué se escondía detrás de las cortinas?

¿Por qué?

Porque delante de ti quería trasmitirte alegría y fuerza.

En vez de la tristeza

y la inseguridad que sentía por dentro.

Tu padre sufría mucho, cariño.

Tenía muchas dudas.

Era un hombre muy sensible, demasiado sensible para este mundo.

Entonces, ¿papá era un PAS,

una persona con alta sensibilidad?

He leído que casi el 10% de la población lo es.

Él sufría mucho, David.

Y no podía evitarlo.

Todo le superaba, todo le preocupaba,

incluso la cosa más pequeña le llevaba a un callejón sin salida.

Siempre vivía angustiado, hijo.

Y yo no pude o no supe...

ayudarle.

¿Y yo? ¿También le angustiaba?

David, tu padre te quería con todo su corazón.

Pero sí...,

tenía pánico

a que te hicieras mayor, que nosotros nos hiciéramos mayores

y no pudiéramos cuidarte. ¿Cuidar de mí?

¿Sabes? Tú eras su principal preocupación.

Aunque, en el fondo, vivía preocupado por todo el mundo.

Y creo que fue eso lo que...

Era mucha presión,

y él no... no se sentía a la altura.

Yo creo que fue por eso por lo que decidió irse.

Ojalá estuviera detrás de alguna cortina.

Me alegría tanto de verle.

Escúchame.

Tu padre ya no está. Ahora está descansando.

Y nosotros tenemos que seguir adelante

y tenemos que vivir la vida con toda la intensidad que podamos.

A ti también te duele la tripa, ¿verdad?

(LLORA) Sí, me duele mucho.

Pero ya estoy mejor.

Me alegro.

¿He dicho crema? Creo que tengo más sueño.

Te quiero.

Vete a dormir, anda.

"Tengo mucha suerte de teneros a mi lado".

-A partir de hora, tienes que recitar

este mantra tibetano que te va a ayudar, ¿vale?

"Familia, sí.

Cuchillo jamonero, no.

Om".

(RÍEN)

-Rosa y yo hemos hablado

y me ha prometido que, a partir de ahora,

va a estar mucho más centrada. Los dos vamos a estar más centrados.

-Lo de Noa me está matando,

lo reconozco.

Por lo que estoy pasando no se lo deseo a nadie.

Pero os prometo...

que no voy a dejar este mundo, así que podéis estar tranquilos.

Si yo, mientras no dejes el bar, lo demás...

Yo también te quiero mucho, hermanito.

-¿Qué iba a hacer yo sin ella? ¿Eh?

-Idos a un hotel ya, cochinos.

-Ay, qué tonta eres, Lorena. Bueno, os quedáis a cenar, ¿no?

Venga, yo me ocupo. ¿Qué quieres cenar, cariño?

Te echo una mano. De eso nada. Cocino yo.

Vosotras, tomaos un vino tranquilamente.

-¿En serio? Mañana me corto el dedo gordo del pie.

Pero mira que eres bruta. Mi hermana ha vuelto.

-Y tú, ¿qué?

¿Te quedas, míster ocupado?

Sí, claro que me quedo, un rato; después, tengo cosas que hacer.

Ese es mi hombre. ¿Quieres que llame a tu padre?

No, ya me encargo yo.

"Amore mío?".

-Mmm. -¿Quieres otro?

-Tú sí que sabes hacerme feliz.

-¿Has oído, Doménico?

Yo sí que sé cómo hacerla feliz.

Amigo mío, ¿tú también otro?

-Está todo, no bueno, buenísimo, pero no puedo más.

Gracias. -No, deja algo de hueco,

porque todavía falta la sorpresa final.

¡Tachán!

-¿Nocino?

-¡Nocino "fatto" en casa!

-Claro.

-¿A que yo sé hacerte feliz a ti también?

-Es verdad, es verdad.

"Grazie".

-Por nuestro reencuentro.

-Salud.

Ah.

Paolo, hacía años que no probaba un nocino como este.

-Claro, porque me tenías olvidado, ¿eh?

-¿Se puede repetir? -No, no, no, no.

No se puede repetir.

Es obligatorio repetir.

"Qui Dome!".

¿Te acuerdas de las fiestas que nos pegábamos en casa de Luca

cuando venía de "Nápoli" con la comida de su madre? ¿Eh?

-Aquello fue en otra vida. -Sí.

Y qué vida.

Uy.

¿Cómo se llamaba...

la rubia aquella

con las tetas grandes? -¡Eh!

-"Amore mío", de esto hace años.

Y yo todavía no te conocía.

-Sí, pero ¿qué rubia?

-Sí, la compañera de piso de Giuliana.

Aquella que se bebía el nocino como si fuera agua. ¿Te acuerdas?

-¿Todo bien?

-Sí. -Claro que bien, sí.

Se ha puesto un poco melancólico.

¡Eh, "Da", amigo mío!

¡Eh! "Equole qua!".

¿Qué tal tu cita, Casanova?

-Bien. Yo creo que bien.

-¿Bien de "nos hemos reído mucho"

o bien de "nos hemos comido la boca desde el minuto uno"?

-¡Papá, tío! -¡Ay, Paolo! No le hagas caso.

Vente aquí. -Bien de bien, de normal. Yo que sé.

-Va, tómate un nocino con nosotros y nos cuentas.

-Que no me apetece. Gracias. -"Ma!".

Me juego que con María no has estado tan tímido, ¿eh?

Habrás seguido mis consejos, ¿no?

-Pues no mucho, la verdad.

Bueno, he hecho lo que ha dicho Doménico.

Relajarme y no esperar a que pase nada.

-Ah.

Entonces, has jugado el papel del hombre misterioso interesante.

Un clásico "di" Doménico.

-Bueno, más o menos. -Andrea, no hagas caso a tu padre.

El mérito es todo tuyo. -Eso sí.

Además, has hecho bien al cambiar de táctica.

La mía es demasiado simple:

consiste en hablar, hablar y hablar.

Díselo a tu madre.

Siempre he conquistado a las mujeres por agotamiento.

-A mí, por KO técnico.

-Pero Doménico es más como tú,

él habla poco y calla mucho.

Y eso le convierte en ese hombre

irresistiblemente atormentado que tienes delante, ¿eh?

Va, hacemos un brindis. -Sí.

-Por mi hijo...

y por mi amigo...,

dos hombres irresistibles.

(ANDREA TOSE)

-¡Qué maravilla! -Está bueno, ¿eh?

-El nocino.

Uy, ¿dónde vas tan solita?

¿Y tu novio?

-Mi novio, como tú dices, va camino de Santander.

Y espero por su bien que no vuelva por aquí.

-¿Problemas en el paraíso?

Así vas como alma en pena.

-Bah, si en el fondo

solo estábamos tonteando.

La cosa no se ha dado, pues no se ha dado.

Punto pelota. -Di que sí. Esa es la actitud.

Entre nosotros, te voy a decir una cosa.

De cerca no era tan guapo.

-Pues también es verdad.

-Y eso de llevarte a la ópera...

Bueno, hay gustos para todo.

Pero hacerte pasar hambre

en uno de esos restaurantes de pitiminí,

eso no tiene perdón de Dios.

-Qué malo eres.

-Ya sabes que es mi fuerte.

Entonces, ¿qué?

¿Cuándo hacemos un homenaje tú y yo

para lamernos las heridas?

-Cuando quieras.

Tú pagas, tú eliges.

-Perfecto.

Pero nada de óperas, ni tonterías de esas.

Para oír gordas chillando tenemos a Angelines la del pescado.

-Es verdad, cada día está más jodida.

-Oye, ¿qué te parece si vamos a un vasco

y nos metemos un chuletón de buey?

-Pero, hijo, ¿un chuletón?

Si me paso el día entre chuletones.

Búscame algo más ligerito.

-Sí, hombre, a un vegetariano de esos vamos a ir.

A comer puerros con escarola.

-Pues vamos a la Nacional II

y donde veas que paran los camioneros a comer, ahí nos metemos.

Además, esa zona seguro que la conoces muy bien.

Está llena de güisquerías.

-¿Te puedo confesar algo?

Me gustabas más deprimida,

eras más fácil de llevar.

-Que te crees tú eso.

-Ya lo tengo, ya está.

Te voy a llevar a un sitio con poca gente y muchas velas.

-Por ahí vamos bien, De la Cruz.

Por ahí vamos bien.

(CANTAN EN ITALIANO)

-"Vai", Doménico, baila con Cristian.

-No, por favor. -Venga.

-Aún no estoy tan mal.

-¡Andrea, va! -Yo paso, nada, a mí no me líes.

Me voy y os dejo hacer el ridículo.

-Eh, pero dame un beso. Ven, ven, que te como.

-Pero ¿cómo te vas a ir tan temprano? -Estoy cansado, papá, tío.

-Anda, va, nos vamos para casa

y volvemos con guitarra y maracas. -Deja la guitarra.

-¡Anda ya! -Que te conozco, ¿eh?

-¡Ay, qué pena!

Ahora entiendo a la muchacha de las tetas grandes.

-¿Cómo?

-La amiga de Giuliana. La que le gustaba tanto el "nocino".

-No sé cómo Paolo se puede acordar de todo eso, de verdad.

Hace casi... 20 años, creo.

-¿Y Giuliana era muy amiga vuestra? Nunca había oído hablar de ella.

-Fue algo más que una amiga.

Ella tiene la culpa de que hoy esté aquí.

-Ah, pero ¿ella es italiana? Creí que era española, por el nombre.

-Era... era napolitana.

De mi mismo barrio.

Nos encantaba pasear juntos

y bajar a la bahía a ver el humo del Vesubio.

No hace falta que te diga dónde nos dimos el primer beso.

-Ay, qué historia más bonita.

¿Y cómo acabasteis aquí?

-Ella quería abrir horizontes y se vino aquí.

Le gustó la ciudad, y se quedó.

-Ah, pero entonces, ¿no vinisteis juntos?

-Lo dejamos el mismo día que ella se vino a España.

Bueno..., lo dejó ella.

Fue llevarla al aeropuerto y...

allí cortó conmigo.

-Ya.

Pero no entiendo. Entonces, ¿tú te quedaste en Italia?

-Yo me vine a Madrid por ella.

Dejé mi trabajo en Nápoles, mis estudios.

Vine para recuperarla, pero no pudo ser.

Giuliana tenía una nueva vida y ya...

no había hueco para mí.

-Ay, qué pena, ¿no?

-Ya.

Es la vida.

-A Paolo también le gustan mucho

las vírgenes y las imágenes religiosas.

-Sí.

-Nada, no ha habido manera de convencerle.

Es más cabezota que su padre.

Y ahora, ¿qué?

¿Pasamos a los gin-tonics?

-Claro.

-Eh.

¿Y vienes a...

que te dé la dirección de la marisquería?

No.

Me conformo con que me invites a una copa de vino.

Bueno...,

entonces espero que este escenario esté

a la altura de tus expectativas.

La verdad es que no vengo con ninguna expectativa,

vengo con la mente muy abierta.

Muy bien.

Pues...

entonces, estás...

en el lugar adecuado.

Este es mi lugar en el mundo, ¿sabes?

Aquí nadie me controla,

puedo hacer lo que quiera con total libertad.

Yo...,

y las personas a las que invito.

Gracias.

¿Te importa que recoja un poco esto?

No me gusta mezclar el trabajo. Sí, claro. No, claro.

Es que, al final...,

ni... trabajas, ni disfrutas.

Ya hemos trabajado bastante por hoy. Claro.

Y cuéntame, ¿la mercería como va?

Eh... ¿consigues remontar el vuelo? ¿No?

¿Ahora estás trabajando o disfrutando?

No lo sé, dímelo tú.

¿No brindamos antes por nuestra nueva amistad?

¿Quién ha dicho que seamos amigos?

Venga despierta ya, vámonos.

Anda, que ya te vale.

No ha quedado ni una copa limpia.

-Cuando Paolo organiza algo, lo organiza a lo grande.

-Míralo.

Mira al anfitrión.

Durmiendo la mona.

-Está borracho de nostalgia.

Y no es el único.

-Bueno, me has dejado alucinada con tu historia.

Qué pena lo tuyo con Giuliana, ¿eh?

-Es la vida, ya te lo he dicho.

-¿Y no mantenéis el contacto por lo menos?

-Ya hemos hablado bastante de Giuliana.

No se lo merece, de verdad.

-De lo que no te libras es

de que te dé las gracias por cómo has tratado a Andrea.

Le has leído el alma solo con mirarle.

-El pobre está enamorado.

Los adultos no le damos importancia,

creemos que son cosas de chicos...,

pero el primer amor lo es todo.

Sé de lo que hablo.

-Es que está en una edad muy difícil.

Menos mal que te va a tener cerca para una segunda opinión,

porque si tiene que depender de la de su padre, lo lleva claro.

-Paolo es muy grande. Mucho. De verdad.

A veces, habla demasiado. Pero él lo sabe,

tú lo sabes, yo lo sé, todo el mundo lo sabe.

Pero...

es la mejor persona que he conocido en mi vida.

¿Te ayudo con el bulto?

-Ay, sí, gracias, así recojo yo un poco.

-Retirada, maestro.

Ven aquí.

Hora de volver a casa.

-Puedo caminar solito. -Sí, sí, sí,

puedes caminar, pero ahora no.

Vamos, va.

¿Estás bien?

Sí, muy bien.

Si no tienes prisa, podíamos tomarnos esa copa de vino.

La verdad es que tengo muchas cosas en la cabeza

y prefiero irme a casa.

¿Dónde está el zapato?

Gracias.

Bueno, pues...

pues queda pendiente.

Ya sabes que es fácil encontrarme.

Queda pendiente.

¿Te llamo a un taxi? No. Tengo la moto abajo.

(SUSPIRA)

¿Hortuño?

Sí, soy Elías de la Cruz.

Sí, claro, he visto tu llamada.

No, era para ver cuándo nos reunimos para hablar del Mercado Central.

Te lo voy a servir todo en bandeja.

Eso sí, tendremos que hablar.

Eso es.

Tendremos que ponernos de acuerdo

en cuántos ceros va a haber de por medio.

Muy bien,

pues espero tu llamada.

Voy a tener que cortarme el dedo de vez en cuando

para ver a mis hijos juntos. Ese chiste ya está hecho.

-Además, que no es verdad, que no está Elías.

-Ya he hablado con él.

Que tiene trabajo, dice.

Cuando vivía tu suegra,

ya podía arder Troya en la empresa que yo, a las nueve en punto,

estaba aquí viendo el telediario y cenando con ella.

-Bueno, quien dice a las nueve, dice nueve y media, diez,

diez y media, tres de la mañana. Ahí, ahí.

-No te fastidia la niñata esta.

Pero ¿tú que sabrás?

Si estabas siempre en la India o en una pocilga llena de jipis.

Bueno, no os embaléis, que os conozco.

Recojamos esto y dejemos descansar a Rosa.

No, ya recojo yo luego. Si entre todos...

Si es un momento. -Adela, te tomo la palabra.

Si no os importa, me voy a ir a la cama.

Gracias por venir.

Esta noche, os necesitaba cerquita.

Os quiero un montón. -Volved cuando queráis.

Esta es vuestra casa. -Eso es lo que pienso hacer.

Como mi padre, a las 21:00, cada día, a ver el telediario y a cenar.

-Ten hijos para esto.

(Timbre)

Seguro que es Elías.

-Noa.

Luego, te instalas en la habitación.

Está como la dejaste.

-Mamá, no me voy a quedar.

-¿Cómo?

Hazme rico.

Y yo te haré rico a ti.

Es ahora o nunca.

Quiero que esta semana acabes siendo el presidente

de la Asociación de Comerciantes.

Nos tienes a mi marido y a mí para lo que necesites.

Gracias otra vez. Yo casi siempre estoy en el puesto

y Elías está a mil cosas, pero si le pides un favor,

seguro que te lo hace. Está bien saberlo.

Eso sí, ándate con ojo, que seguro que te lo quiere cobrar.

Que mi marido no da puntadas sin hilo.

Dime tú a mí, si no me encargo yo, ¿quién se encarga?

Dímelo tú. Yo qué sé. No lo sé.

Bueno, ahora estoy un poquito más libre;

si quieres, te echo un cable. Que no, gracias, hermano, de verdad.

La chica no estaría enamorada y le dio puerta.

Fin de la historia.

La que parece estar enamorada eres tú, ¿eh?

¿A qué viene eso?

Es que estás todo el rato: "Doménico esto, Doménico lo otro".

A ti te pone un poquito, ¿eh?

Reconócelo. ¡Anda, mujer!

Que no, que no, que no.

Ah.

"Non che la madonna".

-¿Otra vez?

-Lo que me faltaba.

-Te dijo el fisio, que hicieras los ejercicios de espalda.

Y como el que oye llover.

Si te importara una mierda lo que me pasa,

no habrías ido a hablar con Carmen para que me echara.

Eso que le he ahorrado. Porque me acabas de demostrar

que sigues siendo el mismo irresponsable de siempre.

Mercado Central - Capítulo 20

18 oct 2019

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