Aunque aparentemente budistas, los Pulong siguen respetando a los espíritus de la naturaleza, a los que veneran en un pequeño altar, junto a un viejísimo árbol sagrado. Entre su incesante actividad, podremos observar cómo una mujer intenta curar a un niño enfermo mediante la magia que trata de atrapar al espíritu que le abandonó.