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Los pazos de Ulloa - Capítulo 2 - ver ahora
Transcripción completa

(CANTA) "Tres, eran cuatro las hijas de Elena...".

A ver...

Rita,

Manolita,

Carmen

y Nucha.

Repollo, repollito, ¿con quién se va a casar el marqués?

¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás durmiendo?

Es que he tenido una pesadilla y no me puedo dormir.

Pero los sueños son sueños, lo que se sueña no pasa de verdad.

Sí, ya lo sé, pero tuve miedo y no sé por qué.

Era un sueño muy raro. Cuéntamelo.

Te digo que no lo entenderás, era sueño muy raro.

Bueno, aunque no lo entienda, tú te lo quitas de la cabeza

y dormirás tranquila.

Ven.

Es que no sé cómo contártelo.

Me lo cuentas como contabas los cuentos a Gabrieliño.

Verás, casi no me acuerdo.

Yo estaba en el pasillo y no había nadie.

Nadie más que yo.

Los vestidos de mis hermanas estaban tirados por los suelos,

mal colgados.

Era como si alguien estuviera llorando.

(Música misterio)

(Jadeos)

(Continúa música)

(LLORA)

Era como una mano que me apretara el corazón,

como cuando murió mamá.

Pero cuando murió tu madre tú eras muy pequeña,

no te puedes acordar. Me acuerdo.

¿Qué cosas pasan por tu cabecita?

(RÍE)

Dicen las chicas que vengas. ¿Qué chicas?

Ven, vamos a enseñarte algo. ¿Qué?

Anda, ven. Tú, ven. ¿A dónde?

Vamos.

-Ven, tú también tienes que disfrazarte,

sino no te dejaremos entrar en nuestro reino.

(AMBAS RÍEN)

Pero bueno... Tú ven y verás.

Esperad un momento.

¿A dónde me lleváis?

Uh, ¿cuándo cae en martes el Viernes Santo?

El miércoles, los sábados.

Te voy a dar yo a ti el Martes Santo, ya verás.

(Risas)

Que no, por favor, que yo no me visto de payaso.

Vas a hacerlo, porque se nos ha puesto

a nosotras en el moño. Vas a ver.

(GRITA) ¿Qué nos harás, fantasmón?

¿Fantasmón, yo? Ven aquí, ven aquí.

Mira, ven, corre. Damos toda la vuelta.

Yo por aquí, vosotras por allí. Vale.

(Música)

Cobarde.

(Continúa música)

(RÍEN Y GRITAN)

(Risas)

¿Cuándo cae en martes el Viernes Santo?

¡Ah, te pillé!

(LLORA)

Nucha, Nucha... Perdona, Nucha.

Perdona, me equivoqué. No creí que fueras tú, perdona.

Fuese quien fuese, parece mentira.

A una señorita no se la trata así.

Tu hermana me buscó y el que me busca, que no se queje

si me encuentra. ¿No quieres que hagamos las paces?

Vete. Bueno, perdóname, Nucha,

¿sabes que tienes una fuerza terrible? Pareces una fiera.

Oye, ¿qué pasaría si yo no me fuera? Si no te vas se lo diré a papá.

Porque no es normal que estés viviendo en nuestra casa

y seas capaz de hacer una cosa así. Pero mujer, lo dices como si fuera

cuestión de vida o muerte. Pues así es.

En fin, Julián, yo no pretendo que traiciones la confianza

que mi sobrino tiene en ti,

pero en esta casa se te ha tratado siempre como a alguien de la familia.

Y saber, tienes que saber algo.

Quema.

El señor marqués, no me ha comunicado aún

sus decisiones.

Y aunque así fuera, yo...

Pero tendrá suposiciones.

¿O no tiene suposiciones?

¿Cuándo cae en martes el Viernes Santo?

(Campanas)

Mira, cuando se tienen varias hijas, lo difícil es casar a la primera,

después es como las vueltas de un collar.

Claro. Va todo más fácil, ¿sabes?

Colocada Rita, con Manolita cargará don Víctor de la Formoseda.

El tonto ese de la levita a cuadros.

A Carmen espero que se le quitarán ciertas locuras de la cabeza

y siendo guapa como es, pues no le faltará quien se anime.

Nucha...

La verdad es que no me pesa en casa

y siempre necesitaré a alguien que me cuide.

¿No es así? ¿Eh?

Vamos, que ese cabrito no puede salir soltero de esta casa.

Quiero hablar con usted, tío.

Bueno, hijo, tú dirás.

El caso es que...

He decidido.

Las bodas son todas iguales, vista una, vista todas.

-Cómo me hubiera gustado ser la novia.

-La señorita está guapa, guapa.

Cuanto más ojerosa y más pálida, más guapa.

-¿Les gustó la tarta de don Obdulio, el pastelero?

-Mucho, no ha dejado ni pizca. -Muy bien.

-Y don Julián, qué simpático, me ha mirado y todo.

-Y el marqués, ¿está nervioso? -El marqués está empinando

el codo mucho, y eso no da resultado para la noche de bodas.

Yo no soy quién para decirlo, pero sí para saberlo.

-¿Y el señor? ¿Cómo está? -"Comme ci comme ça".

Oye, que te vayas, que te esperan tus señoritos.

-Entre que se van y no se van...

(SUSPIRA) -Por ser la novia hubiera dado cualquier cosa.

(TODAS RÍEN)

(Música)

Si levantara la cabeza tal día como hoy la señora,

que en gloria esté... -Y ahora el padre se queda solo.

(LLORAN)

-Qué pena, ¿y la señorita Rita?

-Se ha retirado a sus habitaciones, la pobre.

(Música)

(LLORA)

Julián, va a necesitar agallas con Primitivo,

es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cinco vueltas.

Dios me dio ante matar, no me matara.

No lo diga dos veces.

Si el señorito pudiese adoptar una buena resolución...

Eche a ese hombre de el Pazo, don Pedro, échele.

¿Qué dice? ¿Y la caza, y la gente, toda esa gente que solamente

él entiende? No, no se haga ilusiones.

Primitivo es el Evangelio para mí.

Sin él me sentiría perdido.

Además, si le echara por la ventana,

entraría por la puerta.

Julián, échele valor,

vuelva al Pazo y arreglárselas como pueda.

Le doy plenos poderes

(Música)

(Llaman a la puerta)

Vengo a darte un beso, señora marquesa.

Nucha, Nuchita, hija mía...

(Música)

(Pasos)

(Pájaros)

¿Qué hay, Primitivo? Buenas tardes. Buenas tardes.

¿Qué? ¿Ha hecho buen viaje? Sin novedad, gracias.

Permítame. No, deje, deje.

No, don Julián... -Señor, ¿me da una moneda?

¿Por aquí todos bien? Sí.

¡Perucho! Pero bueno, ¿no me das un beso?

Ah... ¿A que no me coges?

A que te cojo, que te cojo. Que no, que no.

Te cogí.

Hala, a casa que es tarde.

Ya me contarás qué has hecho estos días.

A la paz de Dios.

Arre, mula.

-Parieron 10 vacas de la finca de aquí, del Pazo.

Más tres terneros que nacieron en abril,

suman en total 13 terneros. Muy bien.

Ha sido un año bueno. Sí.

Esto son las cuentas de los árboles talados.

Mil, de madera, la pagaron a cinco reales.

5000, eso es.

Estos son los sueldos de los obreros que vinieron de fuera.

¿Y esto? Ah, esto son de los de la casa.

Ah, muy bien.

Muy bien.

Lo tiene todo apuntado muy clarito. Muy bien.

Vamos a ver.

Cinco y cinco, 10...

Por cierto, tenía que decirle también

que los señores han apalabrado una nueva cocinera allá en Santiago.

¿Lo dice usted por Sabel? Un momento, que me equivoco.

Perdone...

Es natural, allá se guisa de otro modo

y los señores tienen la boca acostumbrada.

Claro, claro.

Ya le iba a pedir yo que le escribiera al señor marqués

que trajese quién cocinarse. ¿Ah, sí? ¿Por qué?

Porque la hija se me quiere casar.

¿Quién? ¿Sabel?

Sí, Isabel, pues anda en eso, con el gaitero de Naya, el gallo.

Con el gallo, no me diga.

Y claro, quiere marcharse a su casa, así que les eche las bendiciones.

Bueno, pues que se haga la buena, Primitivo.

Por cierto, si ellos quieren,

yo mismo les echo las bendiciones. Muchas gracias.

Gracias, Dios mío.

Pues me has permitido realizar una buena acción.

Vuelvo trayendo al fin un matrimonio cristiano.

Yo, tu humilde siervo, he sido el agente de tu santa obra.

Dios mío, gracias.

(Risas lejanas)

(Música suspense)

(Risas diabólicas)

Fuera, Satán.

"Transcurrido algún tiempo de vida familiar,

con suegro y cuñadas, el marqués echó de menos su huronera.

Los altercados de don Pedro con su tío iban agriándose,

y vino a envenenarlos la discusión política,

que enzarza más que ninguna otra".

Para mí las normas de la convivencia están perfectamente claras.

Pregúnteselo si no a los que viven en el campo.

¿Qué campo? Allí no se andan con rodeos.

¿Cómo?

Aquí cada uno oye lo que le interesa.

No es cuestión de normas, sino de educación.

Usted confunde la educación con la hipocresía. En la aldea...

En las aldeas no entendéis nada de política. Os lo tragáis todo.

Os falta criterio, hijo.

Además, lo miráis todo a través de vuestro punto de vista,

y falta experiencia y sensatez.

Además, os fiais de los periódicos y de las lenguas.

Haz caso de este viejo moderado y quédate a vivir aquí.

Se te abrirán los ojos y la sesera.

Así que usted se figura que los que venimos del campo...

Pues puede que veamos cosas que ustedes no ven.

Créame usted, tío.

En todas partes hay bobalicones que se chupan el dedo,

no solo en el campo.

Y si callo a veces, ¡es porque estoy en casa ajena!

Parece que vienes de mala gana conmigo.

No.

Pero es natural que sienta dejar al pueblo y papá.

Y a mis hermanas.

Ya verás cómo te gusta el pazo.

Y no te creas que no hay gente fina allí.

Cerca de nuestra casa vive gente más importante

de lo que tú te puedes imaginar.

Están las señoritas Malenda, que son muy simpáticas.

Ramón Libioso, que es todo un caballero.

El cura.

El abad de Ulloa,

que es tan mío como los perros que tengo para cazar,

y no le mando que ladre porque no se me antoja.

Allí soy alguien.

Ya lo creo.

(Música emotiva)

No hay liebre que corra por esas tierras

que no me pertenezca.

Ya hemos llegado.

Señorita Nucha, esta es su casa.

¡Nucha!

(RÍE) ¡Nucha!

¡Ya estamos en casa!

Hay que ver, el señor marqués parece muy contento.

(RÍE) ¡So!

Burro. Burro, estate quieto.

Burro. Estate quieto, burro. Nucha, ven aquí.

(RÍE) ¡Ven aquí!

Deme, Primitivo. Yo me lo llevo.

Perucho.

¿Qué haces tú mirando a las personas mayores?

Anda, que te voy a dar.

Nucha.

Señor marqués.

Señor marqués, le dejo aquí el equipaje.

Vamos. Se lo dejo aquí.

¿Todo bien, señor marqués?

¿Qué hace, don Pedro? Don Pedro...

No me empuje. ¿Por qué sigue aquí Sabel?

Me prometió en Santiago quitármela de encima.

Primitivo me juró que el gaitero se casaría con Sabel,

pero aún no tienen los papeles.

Hombre de Dios, ¿no comprende que todo es teatro, idiota?

No me falte usted al respeto, don Pedro.

¿Qué, te gusta?

¿Sí? Sí.

Lo sabía. Sabía que te gustaría.

Aquí todo es tuyo. Todo.

Hasta las perdices que vuelan por los campos.

¿Estás cansada? No.

Aquí no tendrás que trabajar, Nucha. Para eso están los criados.

Estamos todos para cuidarte.

Quiero que sea como yo.

Le regalaré mi escopeta y mi caballo.

Todo.

Todo será para él.

Imposible.

Será un muchacho.

Los Moscoso siempre han tenido descendientes varones.

(Música romántica)

Hay mucho que hacer, doña Marcelina.

Mire, hay que adecentar la fachada, pintar las ventanas,

y además, la parra habría que... ¡Uy!

Cuidado, cuidado.

Lo dejan todo abandonado.

Hace falta un poco de orden y de limpieza.

¿Qué hay al otro lado? Las cuadras y las caballerizas.

Se las enseñaré después.

Vamos por aquí.

Si no está cansada, claro. Por mí, podemos seguir.

Este aire puro me sienta muy bien. Sí, sí.

El aire, lo que se dice el aire, es purísimo.

Alivia el espíritu y da salud.

Ah, la capilla. Vamos a verla.

No, todavía no está presentable, doña Marcelina.

No sabe el disgusto que tuve cuando la vi.

Confío en que con su presencia las cosas cambien.

Tenemos mucho que hacer, doña Marcelina. Sígame, sígame.

Estos son los corrales. Aquí están las gallinas,

las vacas...

¿Y eso?

Vaya, vaya, vaya.

Conque sí, ¿eh? Pues te cogí.

Mira tú por dónde,

ya sabemos quién es el zorro que se come los huevos.

Anda, niño. Vete. No. Déjemelo, Julián. Por favor.

Qué guapo es. Muy guapo, sí.

Y qué ojos.

¿De quién es esta criatura? ¿Esta criatura?

Pues de Sabel, creo. La muchacha que guisa aquí estos días.

Ah, de la criada. Sí, la criada.

¿Está casada esa chica? ¿Qué?

No, no, no. Casada no. ¿Con quién? No, no.

Pero estas aldeanas, usted ya sabe... Uf.

No tienen ningún recato. Paren como conejas.

Deme una moneda.

Sí.

Ten.

¿Cómo te llamas?

Perucho.

Uy, como mi marido. ¿Es ahijado?

Sí, es curioso. ¿Quién, el niño?

Sí, es el ahijado de don Pedro. ¿Para qué querías los huevos?

Los vendo. ¿Los vendes?

A las mujeres de por aquí.

¿Y a cuánto te pagan?

Dos cuartos. ¿Dos cuartos?

A partir de ahora, me los vas a vender a mí.

Vamos a ser amigos tú y yo. Sí.

Lo primero que voy a hacer es comprarte unos pantalones.

Julián. ¿Sí?

Hay que vestir a este angelito. Sí. Menudo angelito.

Lo que no he hecho yo para que aprenda a leer y escribir

y que se acostumbre a limpiarse.

Ya hablaré con su madre para que lo enjabone todos los días.

¿Con su madre? No, déjelo, señora.

Que aprenda él, que ya es mayor.

Bueno, pues me encargaré yo personalmente.

Me gusta este niño.

(Música emotiva)

"La melancólica imagen del pazo de Liñoso

oprimía el ánimo con la inexplicable tristeza de las cosas que se van".

(Música)

El problema de las casas es el mantenimiento.

Todo el dinero es poco. Dígamelo a mí.

Pasa, pasa.

Siéntate, Nucha. Ponte cómoda. Estás muy pálida.

¿Sabes que la mujer del boticario también está embarazada?

Está embarazada.

¡Oh! ¡Nucha!

¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?

-¡Señorita Nucha! Vamos, levanta.

¿Qué te pasa? -¿Se ha hecho daño?

Vamos a ver, ayúdame. Nunca había ocurrido nada parecido.

-Cuánto me disgusta que te haya pasado en mi casa.

Ponte cómoda. Que traigan un poco de agua.

¡Sí, agua! ¡Rápido! Un poco de aire.

Sí, no te preocupes. ¿Te encuentras mejor?

Un poco de aire.

Bueno.

Muy bien, Primitivo.

Muy bien. Adiós. -Adiós.

-A su disposición.

-El marqués de Ulloa ha accedido por fin

a representar a nuestro partido en las elecciones

y presentarse como candidato a diputado.

Primitivo ha sido quien más ha hecho para convencerle,

pero hay que arreglar la capilla. -Está en un estado lamentable.

Indigno de un futuro diputado de la región.

-Estará de acuerdo, arcipreste, en que lo que el país necesita

son hombres rectos e hijos hidalgos como el marqués de Ulloa.

-Por supuesto, señor Barbacana.

-Hombre casado.

Moreno.

Don Pedro.

Señorita rubia.

La señorita Marcelina.

Moza soltera.

Yo.

¿Qué más has visto?

Tendrás amores de mucha duración.

¿Y el niño?

¿El niño nacerá sano?

Me dijiste que la señorita Marcelina moriría en el parto.

No morirá de parto.

Pero...

Pero...

No será niño.

¡Agua! ¡Agua! ¡Agua! ¿Ha parido ya?

¡Sí! ¡No! ¡Traigan agua!

Prepare el agua. Tú ve a avisar al médico.

¡Vamos, rápido! ¡Agua!

¡Agua! ¡Agua! ¡Que se den prisa, señor marqués!

¿Cree que el médico llegará a tiempo?

¿Que si llegará a tiempo? Naturalmente que llegará.

Estas señoritas tan finas son difíciles para todo.

Don Pedro, tómese un poco.

Melindres.

Estas señoritas de ciudad.

Tanto paseíto de mierda, tanta iglesia,

y luego van y se desmayan por nada.

Julián. Sí.

¿Sabe una cosa, Julián? No.

A veces pienso...

que mi hijo puede nacer afeminado.

No diga usted eso, don Pedro. Seguro que Rita...

Seguro que Rita habría parido sin tanta dificultad.

¿Rita?

No.

Rita...

Rita no.

¡Estúpida yegua!

Rita...

Paños calientes.

Paños calientes.

Máximo. Ya falta poco.

¿De verdad que falta poco?

Cuente, cuente. ¿Cree que mi mujer podrá criar?

Seguro que podrá criar, ¿no? Vamos por partes, don Pedro.

De momento nos basta saber que podrá parir.

La señorita es linfática.

No, no podrá criar.

Para eso son mejores las vacas.

¿Conoce a la hija de Felipe, mi casero de Castrodorna?

Sí, no está mal. No sé si la dejarán venir.

Es igual, que venga.

Quiero que mi hijo mame de buena teta.

(Gritos)

Máximo, por favor... ¿Preocupado, cura?

Pues suba y empuje usted también.

Dios se sirve hasta de los que no creen en él.

Me necesita a mí más que a sus oraciones.

Si no, ¿para qué me llamaron?

(Gritos)

A veces pienso que elegí mal, que me he equivocado.

Que esta será más virtuosa, pero Rita era mejor hembra.

No diga eso, don Pedro. No lo diga.

¡Tú, bruja! ¡Ven aquí!

¡Vamos!

Saca las cartas.

Quiero saber cómo va a ser mi hijo.

Será fuerte como su padre, un niño robusto.

Buen amo.

Fuerte como un roble.

Ha sido una niña.

¿Y ella está bien?

(SOLLOZA)

(GRITA)

(BALBUCEA)

(Ladridos)

Vamos, hombre de Dios, que su señora está bien.

A ver si se va a morir usted. Volveré esta tarde.

¡Juncal!

Una niña...

No, no, no. Eso no es lo mío.

Yo de política no entiendo ni una sola palabra.

Y si...

estoy interesado en política, es porque tú me has metido en ello.

Le conviene, señor marqués.

Le conviene. Ya.

Pero no sé si me conviene más a mí o a ti.

¡Perrito, aquí!

(SILBA)

(Ladridos)

¡Aquí! ¡Aquí!

¡Ven aquí! ¡Quieto!

Ven aquí. Muy bien. Señor marqués,

cuando ganemos las elecciones, nos convendrá a los dos.

(MURMURA)

Haga algo útil. Ayúdeme a llevar a la marquesa a la cama.

Va a peor. Sí, sí. Dios mío.

(RESPIRA AGITADA)

Pobrecita.

Santa Señora...

¿Y se va a morir? No me extrañaría.

Todos hemos de morir.

¿Dónde está el señor marqués? Cazando perdices.

Los hombres son más brutos que los animales.

¿Dónde está la doncella?

Hace una hora que le pedí que subiera algo de comer.

(RESPIRA AGITADA)

Doña Marcelina.

Mi nena.

Doña Marcelina. ¡Mi nena!

Sí.

La niña, por favor.

Rápido.

Tenga.

(Llanto)

Perucho.

Adiós, me voy.

Uy.

Uy, uy, uy.

Pobrecita, pero ¿qué tienes?

(SILBA)

Toma.

Y tú también.

Toma.

Mándale estas perdices a Barbacana,

a ver si hay suerte y se le atragantan a ese bribón.

Los papeles para la boda de tu hija, ¿cómo van?

Despacio.

Hay que pensar en los arreglos de la capilla.

El arcipreste ha insistido en ello.

Despacio, Primitivo. Despacio.

(SILBA)

(Truenos)

Y te ruego también que ilumines esta casa con tu misericordia.

Y que, por favor,

apartes del mal a este pobre pecador.

Uy.

Con el miedo que le dan a doña Marcelina los truenos.

Por eso, Señor, no te olvides de consolar a la sufriente madre.

Víctima inocente de la maldad del demonio

que ha tentado en la carne a estos seres sin...

A estas criaturas sin vergüenza.

Quiero decir sin moral, Señor.

Sin...

En fin, Señor,

ilumínalos, que tú ya sabes, con tu infinita bondad.

(Gritos)

¡Dios mío, doña Marcelina!

(Trueno)

(Gritos)

¡Ah! ¡No!

¡Que se escapa! ¡No, no, no!

(Llanto)

Tanto alboroto por una araña.

Cómo se ve que en la ciudad os crían con mucho mimo.

Señorita Nucha, ¿se le pasó el susto?

Sí, aunque todavía estoy no sé cómo.

Antes era muy valiente, pero, desde que nació la niña,

no sé lo que me pasa. Parece que me he vuelto medio tonta.

No.

Debe ser una enfermedad, una mancha.

De noche, cuando me quedo sola con la niña,

tengo mucho miedo y me cuesta dominarme.

La ropa que cuelga me pareció un hombre ahorcado.

O difuntos con su mortaja.

Doña Marcelina, no debemos creer en aparecidos ni en brujerías.

No, si no creo. Por eso digo que debo de estar enferma.

El señor Juncal dice que hay que fortalecerse y criar sangre.

Lástima que la sangre no pueda comprarse en las tiendas.

O que los sanos...

O que los sanos no se la podamos regalar a los que la necesiten.

(Música créditos)

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Los pazos de Ulloa - Capítulo 2

16 dic 1985

Nucha (apodo de Marcelina) sufre una pesadilla que cuenta a la criada en el desván. Las primas del Marqués juegan con éste al escondite y Rita le provoca, pero es a Nucha a quien abraza y con quien se casa. Julián vuelve al pazo donde Primitivo le presenta las cuentas.

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