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Subtítulos de Los misterios de Laura - Capítulo 18. El misterio de los diez desconocidos (1ª parte)

(Suspira) Soy Arturo. Creo que hemos cometido un gran error. ¡Porque lo sé! Todo es tan evidente, tan claro que... ¡Que tiene que ser falso! Mira, no quiero tranquilizarme, ¿no me vas a apoyar en esto? Ah, no te había visto. Venía a traerte un dibujo que he hecho hoy en el cole. Somos nosotros. -¡Ah! Muy bonito. Aunque tu hermana no ha salido muy favorecida. Es que siempre me está haciendo de rabiar. ¿Estabas riñendo por teléfono? -No, son cosas del trabajo, de la comisaría. Tengo la mala suerte que muchas veces nadie me cree. ¿Por qué? -No te preocupes. Él es inocente. ¿Sabes qué? Eres la detective más inteligente que conozco. Acabas de resolver un crimen muy difícil. A mí me gusta que juegues a ser policía y te diré un secreto para que seas la mejor. Muchos policías creen que lo importante, es aquello, que los ojos ven, pero no, los ojos se equivocan, ¿no ves como yo mismo llevo gafas? Nosotros somos Lebreles, para nosotros lo importante es el olfato. Él nunca miente. Y ahora vete a cenar, Laura. Puerta. No sabía que estabas aquí. Sé lo que tramas y lo que quieres hacer con esa gente. Quieres matarles. ¡Ah! -Te cosí un botón de la gabardina que se estaba cayendo. Por cierto, ¿por qué no la jubilas ya, hija? ¿Qué te pasa? ¿Acabas de resolver otro misterio o qué? No, no, todo lo contrario, acaban de invitarme a uno. (LEE) Querida inspectora Laura Lebrel del Bosque, tengo el placer de invitarla a un misterio. Ha sido elegida, junto a otros nueve participantes, para disfrutar de una velada muy especial. -Bueno, ya, una forma rarísima de hablar esa. En mis tiempos, cuando te decían algo así, lo acababas pagando a los nueve meses. (LEE) Si consigue descubrir el enigma que le propondré, recibirá la mayor recompensa que pueda imaginar. -Ya, eso es una martingala para que te cambies de compañía de teléfonos. No lo creo. Me han puesto el sobre directamente en el buzón y está escrito a mano. Tengo que confirmar mi asistencia en una página web. (SORPRENDIDA) No... No puede ser. Mamá, ¿tú tienes algo que ver en todo esto? -¿Yo? No, mujer. ¿Por qué? ¿Cómo te voy a mandar una carta si vivo enfrente? Mira, escucha. -A ver. (LEE) Sé que esta carta le puede parecer muy extraña, pero usted no es de las que se fía de lo que le dicen sus ojos. Fíese de lo que le diga su olfato, él sí que no necesita gafas. Y firmado, Sr. X. -¿Y? Un poco cursi, ¿no? Esto era lo que me decía papá de pequeña. ¿Cómo lo puede saber este señor? Yo que sé, hija. A lo mejor era amigo de tu padre o un compañero suyo de comisaría. ¿Quieres que les llame? Lo que, hace tanto tiempo ya, que... ¿Tú sigues acordándote mucho de él? No. Que no me hace falta recordarle. A veces creo que estoy loca. Yo sigo pensando en tu padre como si estuviese vivo. Pero si hay veces que me sorprendo a mí misma contándole mis cosas. Puerta y risas de niños. ¡Ay, venga, al colegio, que llegamos tarde! -Que te lo pases bien, mamá. Y vosotros también, cariño. -Y tú deja de preocuparte con esa invitación, al fin y al cabo, tú te vas con ese Ismael de fin de semana. (SUSURRA) No me voy con ese Ismael, me voy con Ismael. Vale, vale, si no he dicho nada, si a mí me parece bien que conozcas gente y que no estés sola, pero es que, por la cara que pones, parece que en lugar de irte de fin de semana con... con el hombre que te gusta, te van a hacer una colonoscopia. ¿Qué pasa? ¿A Ismael no le alcanzaba el presupuesto y os lleváis el hotel a cuestas? No, es que hacía tanto tiempo que no salía que no sabía qué llevar Así que has arramplado con todo, ¿no? ¿Y dónde te lleva? A un hotel en la montaña, con actividades al aire libre. Haremos zapping, o algo así, y vamos a una reserva de animales salvajes en estado. ¿Eso es lo que te ha preparado? Pues veo que te conoce a la perfección, ha clavado tus aficiones. Tú sí que las clavabas. Nos quedamos clavados al sofá de casa, sin movernos, durante años. Años. Que lo paséis muy bien. Y tranquila que no voy a seguirte ni a aparecer de improviso ni a estropear tu fin de semana. Lidia, me gustaría que le echarais un vistazo a esto. ¿Quién es? Un detective privado. Desapareció ayer por la noche. ¿No es muy poco tiempo eso? Su secretaria, en la denuncia, asegura que le ha pasado algo. Parece ser que estaba investigando un caso turbio y peligroso. Llamadla a ver qué os cuenta. ¡Hombre, Ismael! -¡Jacobo! Oye, quería agradecerte que hayas hecho todo lo posible por darle un par de días libres a Laura. Sé lo mucho que te ha tenido que costar. Bueno, no ha sido para tanto, además yo sé que necesitáis un tiempo a solas, sobre todo porque le tienes que explicar muchas cosas. -¿A qué te refieres? Por eso os he pedido que vinierais antes de iros. Sé que vives con otra mujer, cabrón. ¿Lo sabe Laura? ¿Ni siquiera lo niegas? Esta mujer es clave en una investigación. Me he tenido que acercar a ella de incógnito para sacarle todo lo que sabía sin que levantara sospechas, es parte de mi trabajo. Yo creo que más que sacarle cosas, te has dedicado a todo lo contrario. Me da exactamente igual, puedo explicar esto. Y, ¿sabes? Le digas lo que le digas a Laura, acabará creyéndome a mí. Tú sólo eres el ex marido que no deja que siga con su vida. Y yo... ¡Tú! Tú eres el que se cree que yo soy tonta y sorda. Pues oigo perfectamente. Aunque ahora vas a ser tú el que me va a oír a mí. ¿Te importa? ¿Cómo estás? Ya no tendréis que preocuparos más por Ismael. Teníais razón. Sea lo que sea lo que haya hecho, no le dediques ni dos segundos. No. Por eso voy a aceptar esta invitación. Necesito tiempo para estar sola. ¿De verdad vas a ir allí? ¿Tú sola? Es que hay algo en esa invitación que me intriga. Ay, entretén a Jacobo, no podría soportar su cara de ya te lo dije. ¡Jacobo! Echa un vistazo a este documento de identidad. ¡Martin! ¿Tú qué haces aquí? ¡Esto ha sido cosa tuya! Sabías que picaría como una tonta. Yo no he hecho nada, sólo te he seguido porque no quería que fueras sola a casa de alguien que no conoces. Vale, muchas gracias, ya puedes dar la vuelta. Te he dicho que necesito estar sola. No te molestaré, lo prometo. ¿Inspectora Laura Lebrel? Sí. Sólo esperaba a una persona, él no puede venir. Él es mi compañero, si él no puede venir, yo tampoco. Sé que no debería llamar, pero ha surgido algo. Ha venido acompañada. Ajá. ¿Es usted Martín Maresca? Sí. Efectivamente, es él. De acuerdo. El Señor X ya había contemplado esta posibilidad. Pueden venir los dos. Y ahora, si son tan amables de darme su equipaje. He leído alguna cosa sobre esta casa. Pertenecía a un industrial que hacía ritos satánicos y pactos con el diablo. Un fin de semana aparecieron él, y todos su invitados, decapitados. ¿De verdad? No, de hecho no sé ni dónde estamos. Bueno, sí sé, que estamos a más de 100 km de ningún sitio conocido. Ya te digo. Llevamos hora y media metidos en un coche viendo árboles, montañas, hasta un lago. Si son ustedes tan amables de acompañarme. Creo que los muros están electrificados por arriba. Así nos aseguramos de que no entre ningún desaprensivo. El Señor X debe sentirse muy solo en una casa tan grande. Sí, sobretodo porque aquí no hay cobertura. No lo sé, yo no conozco al Señor X. Me contrató para traerles y para tener la comida a punto. Pasos. El Señor X, supongo. Supone mal, Francisco Quiroga. He venido a pasar el fin de semana. ¿Usted también viene a resolver un misterio? ¿Cómo que un misterio? no, yo he sido invitado para examinar unos incunables. Mire, es una carta como la mía. El Señor X le dice que tiene unos libros con... unos títulos en latín que le pueden interesar. ¿Es usted librero? No, fiscal. Y esos libros son códices y recopilaciones de leyes muy antiguas. Tengo una de las mejores colecciones de Europa, la empezó mi padre, que también era fiscal. -Hace un viento del carajo. He salido para ver si había cobertura fuera, pero nada. Bueno, qué bien, ¿no? Parece que ya estamos todos. ¿Todos? ¿Pero a cuánta gente han invitado? -Con ustedes, son diez. -Esta casa da un yuyu que te cagas. ¿Qué tal? Nicolás Trigo, informático. El Señor X me escribió para ofrecerme un puesto de trabajo en la empresa, pero me parece que nos la ha metido doblada a todos. Claro, claro. ¿Y ahora qué hacemos? -Ahí, encima del halcón, hay un sobre para usted. Vaya a la biblioteca, donde conocerá al resto de los invitados. Su habitación está marcada con su nombre. Recuerde que la comida es a las tres. Pero bueno, ¿cuándo vamos a conocer al Señor X? Sirena. -Es que nunca le vi la cara. Samuel le llamada el Señor X. ¿Por qué habla en pasado? Que sepamos, a su jefe no ha tenido por qué pasarle nada. Además, ha transcurrido muy poco tiempo desde su desaparición. -Desde que Samuel fue contratado por el Señor X, se comportó de una manera muy rara. Samuel era... Es, perdón, Samuel es uno de los detectives más conocidos de España, ha tenido clientes muy importantes. -¿Qué es lo que quería el Señor X que investigara Samuel? -Quería que le localizara a diez personas, pero no sé para qué. Miren, que ese Señor X se haya tomado tantas molestias para que no supiéramos su identidad es una cosa muy rara. ¿Y Samuel qué le dijo la última vez que habló con usted? -Me dijo que creía saber por qué el Señor X quería localizar a esas personas, pero que tenía que confirmarlo. Que me llamaría como en una hora, y han pasado casi quince. -Y por eso usted cree que... -Creo que mi jefe descubrió lo que el señor X se proponía y que por eso le han matado. Tranquilícese. Tranquila. Valla a su oficina y traiga todos los expedientes que crea que puedan servirnos de ayuda. Averiguaremos lo que le ha pasado a su jefe, no se preocupe. Hola. Yo soy... -Sé perfectamente quién es usted. Inspectora, ama de casa, separada recientemente, su madre vive en su mismo edificio y su ex marido es su jefe en su misma comisaría y su nombre es, por supuesto, Laura Lebrel del Bosque. Éramos pocos y parió la abuela. -¿Perdón? ¿Cómo sabe todo eso? Mi nombre y que soy inspectora puede haberlo leído en el sobre, pero, ¿y el resto? -Pues porque mi trabajo consiste, precisamente, en saber leer y he podido leer en usted como en un libro abierto. Me llamo Margarita Sandy, soy fundadora del periódico La gaceta del crimen, autora de varios libros sobre psicología criminal, pero bueno, supongo que ya habrá oído hablar de mí. Pues no, no tenía ni idea. Pero dígame, ¿cómo ha sabido todo eso? -Bueno, pues sé que se ha separado hace muy poco porque aún tiene la marca del anillo en el dedo. Sé que tiene mucho trato con su madre porque le ha cosido un botón de la gabardina de una manera que se solía hacer hace mucho tiempo. Y sé que vive en frente de usted porque en el llavero tiene dos juegos de llaves casi idénticos, incluida la del buzón, supongo que para coger también el correo. ¿Y lo de Jacobo? ¿Cómo sabe que es mi jefe? -Porque sólo una persona muy cercana le hubiera dado permiso para estar hoy aquí, teniendo en cuenta, que hemos recibido la invitación con muy poco tiempo de antelación. Y se olvida que hace 2 meses estuvo en comisaría preguntando por ti. Quería hacer un reportaje sobre tus casos y Cuevas se lo soltó todo. -¡Falacias! Es normal que mentes de miras estrechas se sientan ofendidas ante intelectos superiores. -Hola, yo soy Vera y por lo que veo este fin de semana se pone muy interesante. Hola, yo soy Martín. -Hola, Martín. ¿Es usted investigadora, también? -No, no me avergüenza decir que no me dedico a nada. De pequeña recibí una herencia, así que mi única misión en la vida es vivirla al máximo. -Yo soy Felipe Losada, médico psiquiatra. ¡Ah! ¡Qué bien! A ver si luego tenemos un momentito y le comento unas cositas de mi madre. ¿De qué va este solitario? -No es un solitario, son cartas del tarot. Yo soy Elisa, adivina, espiritista y astróloga. ¿Y le dice algo el tarot de lo que vamos a comer? Porque tengo un hambre que me muero. -¡No puede ser! Esta tirada... Siento la presencia del mal en esta casa. Elisa, tiene que relajarse, no debería asustarnos. -Las cartas no mienten. Deberíamos marcharnos de aquí cuanto antes. ¿Hay algún invitado más? -Sí, Guillermo y Alfredo. Están en sus habitaciones. Ya estamos todos. Usted era la última que quedaba por llegar. Sí. Bueno, yo y el Señor X. Donde quiera que esté. ¡Cuánto lujo! Laura, es aquí. (HACE MUCHO ESTRUENDO) -¿Es que no se puede descansar en esta casa? Disculpe, no quería despertarle. Soy Laura Lebrel, una de las invitadas. Él es Martín Maresca, mi compañero... De trabajo. ¿Nos conocemos? -A ver si procuran recordar que en esta casa no están ustedes solos. Portazo. -Menos mal que han venido. Con las malas pulgas que tiene, pensé que me daría el fin de semana. No me gustaría ser uno de los delincuentes que detiene. ¡Ah!, ¿es policía? Nosotros también. -Se le ha debido caer cuando organizaba el terremoto. Gracias. -Soy Alfredo. Hola, yo Laura. Espero no haberle despertado a usted también. -No, no, que va, no. ¿Ustedes saben de qué va esto? El misterioso Señor X me mandó una invitación prometiéndome que escribiría el mejor reportaje de mi carrera, soy periodista. ¡Ah! Pues no, no tengo ni idea de lo que puede estar pasando aquí. Ey, Cuevas, tengo algo que decirte. -¿Qué hice ahora? Has llamado la atención de los de arriba. -¿Yo? ¿Llamé la atención de alguien? Bueno, me pidieron informe sobre alguien que supiera mucho de informática y ordenadores y les di tu nombre. -¡Ah, ya! Lo que pasa es que yo no me he hecho policía para poner antivirus y formatear discos duros. No se trata de eso, Cuevas. Se trata de la Brigada de Delitos Informáticos. Quieren que formes parte de ella. -¿Y eso significaría...? Eso significaría un ascenso y ganar el triple de lo que ganas. -Y cambiarme de comisaría. Y de ciudad. ¿No es más práctico meter la habitación en la maleta? Sólo hay una cama. Tranquila, creo que por una noche podré controlarme. Voy a ver el baño. ¡Uy, perdone! -No pasa nada, estoy colocando mis cosas. Creo que compartimos baño. ¡Ah, vale! Entonces usted puede utilizar ese lado y yo este de aquí. -Claro, sí. Caray, todas esas cosas le deben costar un ojo de la cara. -Pues la verdad es que no lo sé. Nunca miro el precio. Es una piedra pómez, para las durezas. Cuando quiera, se la dejo. (RÍE INCÓMODA) Laura, ¿te queda mucho? Hola. -Hola. Bueno, pues ya me voy. Esta noche dejaré la puerta abierta, así me sentiré... más segura. Pues mira, nosotros, creo que echaremos ocho cerrojos. Nos gusta la intimidad. ¿Qué pasa? ¡Qué raro! Juraría que había traído la pistola. La secretaria del detective dice que sea lo que sea lo que le encargó el Señor X investigar está en esas carpetas. Pero llevamos horas revisándolas y nada. -¿Por qué le has creído? Si no hay ninguna prueba de que a ese señor le haya pasado algo. Antes no te hubieras dejado llevar así por tu intuición. ¿Antes? ¿De qué? -Antes de lo nuestro. Pero que está muy bien que te empieces a abrir y dejarte llevar. Si la he creído es porque los investigadores privados suelen tener problemas a menudo. Y no llevamos tanto tiempo como para que me dejes una huella. ¿Por qué has apartado esos expedientes? Porque el propio investigador no los consideró importantes. Fíjate que el mismo los tachó. No los estaba tachando, los estaba marcando con el nombre de la persona que le contrató. -Señor X. ¿Quiénes serán estas personas? ¿Y por qué tienen tanta importancia para él? ¿Qué pasa? Que tenemos que hablar con Jacobo inmediatamente. El reloj da 10 campanadas. Disculpen. Es que no sabía qué ponerme. No me extraña. -¿Pero por qué suenan diez campanadas si son las tres? Hay que decirle al muchacho ese que nos ha atendido que ponga en hora el reloj. El Señor X me ha dado instrucciones para que empiecen a comer. ¿Y él cuándo viene? -Cuando llegue el momento. Yo ahora tengo que abandonar la casa. Espero que encontraran todo a su gusto. ¿Y la comida? La comida ya está servida. No me irá a decir que estas lonchas son la comida, porque me da algo. -No son lonchas, son fiambres franceses importados, muy caros. Y finísimos. -Les deseo que disfruten de su estancia aquí. Buenas tardes. Oye, Martín, si no contaban contigo, ¿por qué había una silla para ti? Ya oíste al chófer, el Señor X contemplaba esa posibilidad. Pero entonces, ¿por qué no te han dado un cuarto para ti? A lo mejor hay otro invitado que todavía no ha llegado. -Que muñequitos tan monos. -Son los diez negritos, de la novela de Agatha Christie. Diez desconocidos se reúnen en una casa y también encuentran diez de esos en el comedor. Un asesino comienza a matarlos uno a uno y cada vez que muere uno, una de esas figuritas aparece rota. Hasta que al final no queda nadie. Agatha Christie no contaba con la inspectora Lebrel. Le hubiera arruinado la historia en diez segundos. -La historia, la verdad, es que mola. ¿Sabéis si han hecho el videojuego? ¿Ninguno de ustedes tiene idea de quién puede ser el Señor X? -Que no le conozcamos no quiere decir que no sepamos quién es, porque por sus invitaciones podemos deducir muchas cosas. Es alguien vulgar, que quiere aparentar ser muy sofisticado, un nuevo rico, posiblemente. -¿Y usted cómo sabe eso? -Por la letra. Es exageradamente elegante, al punto de ser cursi. Y por el papel de la carta. Parece bueno, pero en realidad, se puede comprar en un todo a cien. -Se equivoca. Ahí, precisamente, el Señor X demuestra que no tiene ni un pelo de tonto. Si hubiera usado papel exclusivo, selecto, a la policía le sería fácil seguir la pista. Al ser papel corriente, es difícil localizarlo. -¿Localizarlo, para qué? -Os lo he advertido y no me habéis hecho caso, el Señor X es un ser diabólico. -No, el Señor X es un fantoche que nos está tomando el pelo. Desde luego, yo, en cuanto encuentre cobertura, pienso llamar un taxi y largarme de aquí. Yo no creo que sea ningún fantoche. Nos conoce perfectamente y ha sabido cómo engatusarnos para que acabáramos viniendo. A Margarita, a Guillermo y a mí, que nos dedicamos a investigar, nos ha prometido un gran misterio. A usted, Francisco, poder estudiar unos libros valiosos. A Nicolás un buen trabajo y a Alfredo un gran reportaje. -A mí me ofreció mucho dinero si le limpiaba su mansión de malos espíritus. -A mí me pidió consejo médico. -A mí no me pidió nada, pero nunca rechazo una invitación, y menos si viene de un hombre. -Sí, ¿pero cómo puede saber tantas cosas de nosotros? Nos habrá estado vigilando, él mismo o contratando un detective. -¿Y si los diez negritos son un mensaje? ¿Y si el Señor X se está poniendo en comunicación con nosotros? En la novela, el misterioso anfitrión les dejaba un mensaje grabado... En un gramófono. (GRABACIÓN VOZ MASCULINA) -Bienvenidos a todos. Les agradezco de todo corazón que hayan aceptado mi invitación. Aunque no he sido sincero del todo con alguno de ustedes. El verdadero motivo de haberles traído aquí es que quiero que resuelvan un misterio. A todos ustedes les une algo. Si adivinan qué es, ganarán algo muy valioso. ¿Pero de qué nos conocemos? Yo es la primera vez que les veo. ¿Ustedes se conocían antes de venir aquí? -Voy a mi habitación. Vuelvo en seguida. He traído un licor que me ayudará a pensar. (ATERRADO) -¡Ah! ¡Eh, aquí! Tienen que creerme, estaba muerto. Llevamos un buen rato buscando y no hemos visto nada en ninguna de las habitaciones. ¿No recuerda en cuál de ellas lo vio? -Es que me equivoqué, me metí en una habitación que no era mía. -Los muertos no suelen caerse encima de la gente y después desaparecer así como así. Al menos, no sin antes comunicarnos las penas que no les dejan reposar en sus tumbas. -¿Y el cadáver lo vio antes o después de coger la botella que fue a buscar? -Tienen que creerme. ¡Tienen que creerme! Lo vi con mis propios ojos. Y cayó encima de mí. -Lo que sí hemos visto es cómo se ha bebido usted solito toda una botella de vino en la comida. ¿Martín? ¿Tú crees que estará...? (SOBRESALTADA) -¡Ah! ¿Se puede saber qué quiere? Sólo queríamos saber si estaba... Viva. -Pues sí. Por cierto, he hablado con el resto de los invitados, no solamente no nos conocemos, si no que no tenemos ni familiares ni amigos en común. ¿Qué cree usted que se propone el Señor X al juntarnos aquí? ¿Qué le dice su experiencia? Pues mi experiencia me iba a decir algo... justo cuando entraron a molestarme. Así que si me dejan concentrarme, hallaré la solución a este enigma. (RONCA) (RONCA) Estoy con Francisco, el fiscal. En cuanto tengamos una oportunidad nos largamos. ¿Guillermo, qué hace aquí? -Hola, estaba viendo el perímetro de la finca, es enorme. Se ha manchado un poco, ¿no? -He intentado escalar la verja, pero casi no lo cuento, está electrificada. Y no ha habido forma de encontrar el generador. Antes, cuando le he dicho mi nombre, me ha parecido que me conocía de algo. -No sé de qué me está hablando. Bueno, usted también es policía, a lo mejor hemos coincidido en algún caso. No la conozco de nada. ¿Sabe de lo que debería preocuparse? Del hecho de que estamos aquí encerrados y como no consigamos encontrar ese maldito generador, no veo otra forma de salir de aquí. Desgraciadamente, tiene razón. Parece que al final sí que había alguien más en la finca con quien no contábamos. (LEE) Waldo Lydecker. ¿Quién será? No lo sé, pero seguro que tiene que ver con todo lo que está pasando aquí. Truenos. -Tal vez la imaginación le jugó una mala pasada. -Sé lo que vi, ese tipo estaba muerto. -Y colgando dentro de una bolsa para trajes, ¿no? A lo mejor, este es el misterio del que habla la invitación. -El Señor X nos ah traído aquí para reírse de nosotros y ya está. Truenos. -¿Cree que pasará de largo? -La tormenta, me temo que viene directa hacia nosotros. -Y va a ser de las que no se olvidan en mucho tiempo. -Pues a mí no me va a encontrar aquí, tengo mejores cosas en las que perder el tiempo. ¿Y cómo piensa irse? Aquí no hay ningún coche. Bueno, en la casa tiene que haber algún teléfono, ¿no? Llamaré a un taxi, si cuando llegue, alguno quiere subirse, bienvenido y si no, disfruten de su aburrido fin de semana. Deberíamos hacer como él, seguir aquí es una tontería. No estoy tan segura, me da a mí que nuestro fin de semana no ha hecho más que empezar. Truenos. -Pero yo le dije que no hiciera caso de esto, además, la última noticia que yo tengo es que se iba de fin de semana con el Ismael ese. Sí, tuvieron una bronca en comisaría y después Laura desapareció. El sobre estaba encima de la mesa, así que yo creo que habrá ido aquí. -No sé. ¿Y los gemelos? Aquí vienen. -Ya hemos recogido la habitación. -¿Habéis cogido todas las lagartijas? Pues hasta que no lo hagáis no quiero veros por aquí. Venga, por favor, hala. ¿Harina y lagartijas? -No preguntes, no preguntes. El sobre no tiene sello y lo han dejado en el buzón, así que el que lo dejó debía conocerla. Si estás preocupado, llámala y así te quedas más tranquilo. Ya lo he hecho, lo que pasa es que no tiene cobertura, ni Martín. Si por lo menos se hubiera ido con Ismael, sabría dónde está. Oye, ¿crees que se ha metido en un lío? Maribel, estamos hablando de tu hija. Ya. Claro que se ha metido en un lío. Por favor, no me asustes, no me asustes, hombre. ¿Soy yo la única que se está quedando pajarito? -Prefiero helarme antes que volver a entrar ahí. No sé, siento la presencia... Del mal en esta casa. Sí, ya nos lo ha dicho. -Eh, ya sé que no juego muy bien, pero le agradecería que moviera sus piezas, es la quinta vez que coge una de las mías. -Perdone, no sé dónde tengo la cabeza. -En lo mismo que todos, a ver dónde coño está el menda ese que nos ha traído aquí. -Yo no me voy a quedar a esperarle, en cuanto llegue el taxi del fiscal, me subo con él. Por cierto, se ha dejado su pitillera. Ya se la llevo yo, y de paso, le digo que pida dos taxis más, creo que todos tenemos ganas de largarnos Te acompaño. Eh... Bueno, por despejarme un rato. -¿Qué me dice, inspectora? ¿Ocupa el sitio de Vera? Yo es que con el ajedrez no me aclaro, pero si tiene unas cartas nos echamos un cinquillo. Cogemos un ribeiro del mueble bar y hasta luego, Mari Carmen. Suenan campanas del reloj. -Este reloj funciona cuando le viene en gana. No ha sonado en las últimas tres horas. - Y cuando sonó dio las diez y eran solo las tres. Parece que va hacia atrás. Acaba de dar las nueve. -¿Los policías lleváis siempre la pistola encima? Sólo cuando estamos de servicio y yo este fin de semana libro. -Así que si te registro..., ¿no voy a encontrar nada que me asuste? Depende del empeño que le pongas. (RÍE) -Es aquí. ¡Francisco! Parece que va a tener compañeros en el taxi. ¿Francisco? (GRITA) -¡Ah! (JADEA) -¡No puede ser! ¡Dios mío! -Alguien habrá visto algo. -¡Oh! Quita, quita. ¿Cómo? Si estábamos todos en la terraza cuando este pobre se metió en la casa. -Ese es el momento que ha aprovechado él para cometer el crimen. -¿Él, quién? -Nuestro anfitrión, no hay nadie más en la casa. (GRABACIÓN) -Como han visto, el juego acaba de empezar. -¡Es él! (GRABACIÓN) -Y como han comprobado, es un juego muy serio. Nos está vigilando, todo este tiempo nos ha estado viendo. (GRABACIÓN) -Antes les dije que si eran capaces de resolver el misterio de por qué se encuentran aquí, recibirían un premio. Es más, les prometí un premio muy valioso. -Encontré este CD con la fecha y hora de hoy y de repente, salió esta voz. (GRABACIÓN) -¿Y qué hay más valioso que la propia vida? La única regla del juego es clara, nadie puede salir de la casa. Ya han visto lo que le pasa a los que rompen esta regla. Tengo ojos por todas partes, así que sabré si intentan escapar. No hay teléfonos ni casas en un radio de 40 km y la verja que los separa del exterior está electrificada. Así que, por si alguno lo dudaba, no tienen ustedes más remedio que jugar. -¡Maldito psicópata! (GRABACIÓN) -Resuelvan el misterio, damas y caballeros. Su vida depende de ello. -(ASUSTADA) -¿Vamos a morir todos? -Tenemos que descubrir el misterio, hay que saber por qué estamos aquí. -Ya lo hablamos antes, no nos conocemos de nada ninguno. -Y tenemos trabajos diferentes, venimos de ciudades diferentes, no tenemos nada en común. Yo creo que lo más sensato sería buscar al Señor X. Si él no quiere aparecer, nosotros haremos que salga de su escondite. -¿Pero se ha vuelto loca? Ese hombre es un asesino. Sí, tiene razón, es un asesino, pero nosotros somos nueve, si nos mantenemos unidos, nada malo podrá pasarnos. -¿Y si es más de uno? No podemos estar seguros. Lo que está claro es que no podemos seguirle el juego a este tipo. Tenemos que registrar la casa y encontrarlo. -¿Cómo? Esta mansión es enorme. Por grupos. Somos nueve personas, y tres policías. Que cada uno de nosotros elija a otras dos personas. -Deberíamos resolver el acertijo, buscarlo no va a servir de nada. Ya veremos. De momento usted, Margarita y Alfredo registren el exterior. Yo, con Vera y Felipe, nos ocuparemos del sótano. Laura, Elisa y Nicolás registráis la primera planta. ¿No sería mejor que uno de vosotros se llevara a Elisa? -Conmigo estarán seguros, veré antes que nadie la presencia... Del mal en esta casa, sí ya lo sé. Truenos. Truenos. Tiene que haber alguna manera de rastrear esa página y al que la colgó. No, el que hizo esto se tomó muchas molestias en no dejar huella. Rebotó la señal por redes de medio mundo y así no hay forma de encontrar el origen. -¿No podemos saber de Laura? Desde esta página no. Además, todo esto es muy raro. Primero aparece su nombre en los papeles del detective y luego desaparece. Hay otra cosa, en la agenda de Samuel Marzo hay una nota. Pone llamar al teléfono este, 616 999 9796. ¿De quién es este número? No tengo ni idea, no hemos llamado todavía. ¿A qué estás esperando, a una bula papal, o qué? Perdón, perdón. Estoy marcando ya. (RESOPLA) Móvil. -Parece que da tono. -Esta debe de ser Laura. -Otro tono. -Perfecto, he colgado, estupendo. Es que hacen las teclas tan pequeñas que le das a una, y le das a todas. -Me han colgado. Pues eso quiere decir que hay alguien al otro lado, prueba otra vez. Móvil. Trae. Móvil. ¿Sí? -Jefe, no me lo cogen, no sé si es que pasa algo... ¿Por qué has contestado tú? Cuevas. Samuel Marzo debía querer hablar con ella. -¿Conmigo? -Yo he leído alguno de sus libros, son buenos, algo truculentos. -Pues las noticias de dónde saco mis temas son todavía más crudas. -Esa puede ser la conexión entre usted y yo, igual usted ha escrito algo basado en alguno de mis artículos. -Guillermo, ¿todo va bien? -Mi cartera, se me habrá caído por el camino. -Vamos a buscarla. -No hace falta, estará entre aquellos árboles, allí fue donde me agaché. Sigan les alcanzo. Truenos. ¿Y qué tiene que ver la madre de Laura con el detective? -No tengo ni idea, pero el tipo tenía apuntado su número. ¿Lo está investigando Laura? -Laura no aparece por ningún lado. Ni ella ni Martín, nadie sabe dónde están. Ni siquiera cogen el móvil. ¡Ah! Así que los deseos se cumplen. Claro, que si a mí también me trasladaran de ciudad, nos perdería de vista para siempre. -Ey, ey, ¿qué ciudad? Es un poco pronto para hablar de eso, ¿no? ¿No me digas que te lo estás pensando? Llevas mucho tiempo detrás de un puesto como ese. -Sí, y también llevo mucho detrás de ti. Y ahora que te tengo, que me tienes, que nos tenemos... (RÍE) ¿Sabes lo que también tenemos? El cuartito ese de ahí al lado para nosotros solos. -Hay mucho odio en estas paredes. Eso es por el gotelé, hace las casas más tristonas. -No, no es eso. Hay algo aquí, no sé, mucho dolor, mucha rabia contenida durante muchos años. Me está empezando a poner de los nervios. ¿Y usted no es policía? ¿No tiene pistas de lo que está pasando aquí? Lo único que sé es que nuestro anfitrión se venga de nosotros. -¿A ver, ese tipo es de Cáceres? Porque nunca he salido de allí, soy informático, llevo una vida tranquila, no hago daño a nadie. -Otra vez en el comedor. -Esto es como los laberintos esos donde meten a los ratones para hacerles experimentos y cosas de esas. Hay que volverse. Aquí entra aire. -Vendrá de la chimenea. El tiro está cerrado, no viene de la chimenea. ¿Y qué más da? Esta casa, por lo menos, tendrá mil años. Habrá corrientes por todas partes, digo yo. El aire viene de aquí. Hay algo detrás de esta pared. A lo mejor tiene suerte y es el mal. -Bueno, pues nada, conseguimos un martillo pilón y nos liamos a dar golpes los tres, ¿qué os parece? Ojalá fuera tan fácil. Pero si aquí hay una puerta secreta me temo que vamos a tardar mucho tiempo en averiguar de qué forma se abre. -No pierda la esperanza, querida, la esperanza es nuestro mayor apoyo en la vida. -Esto está vacío, aquí no ha estado nadie. Te equivocas. En el armario tiene que haber una maleta con ruedas y ropa de hombre. -¿Cómo lo sabía? Hay unas marcas en la alfombra de una maleta con ruedas. -Podrían ser de alguien que se hubiera llevado la maleta. Esta esquina está levantada, como si hubieran tropezado al entrar. Si hubiera sido al salir, sería aquella esquina la levantada. -Sí, ¿pero cómo sabía que era ropa de hombre? Eso ha sido un poco más arriesgado. Este purito humeante, que todavía está en el cenicero, no tiene pintalabios. -Eso significa que la persona ha estado hace poco. -Sí, sí, sí, siento que nuestro anfitrión está muy cerca. Truenos. O sea, que no os habéis cruzado con el asesino por poco. Yo no estaría tan segura. En la habitación había ropa, una maleta, un cigarro, pero la cama estaba intacta y la silla del escritorio estaba bajo la mesa. Es como si lo hubieran dejado todo allí a propósito para que lo entráramos. Tiene que haber una manera para que el asesino se mueva por la casa. No puede darnos esquinazo a todos. -Si encontráramos el generador, podríamos desconectar la verja electrificada y marcharnos de aquí. -Entonces nos matarían a todos. -Podríamos hacer varios grupos otra vez, como antes. Unos podrían crear una distracción y otros podrían salvarse. Muy bien listo, y tú decides quién se queda y quién se va. -¿Y Guillermo? -Se marchó hace 30 minutos. Dijo que se le había caído la cartera se fue a buscarla, pero nunca volvió. Si le hubiera ocurrido algo, lo sabríamos. Aún no han sonado las campanadas. Eso quiere decir que todavía está vivo. -Me alegra ver que están todos reunidos. -¿Se puede saber por qué se ha separado de nosotros? -No quería levantar sospechas. Necesitaba estar solo para resolver el acertijo. -¿Pero ya lo ha resuelto? ¿Sabe por qué estamos aquí? -No sólo eso, también sé quién es nuestro misterioso anfitrión. -¿Quién es? -Reconozco que cuando llegué a esta casa y les conocí, había algo que no me cuadraba. Diez extraños, sin aparentemente ninguna relación, y aislados del resto del mundo. -Así que no somos tan extraños como parece. -Exactamente. El Señor X dijo que todos teníamos un motivo por el cual estábamos aquí. O sea, que hay algo que nos une, pero que no podemos recordar. ¿No se supone que esto de resolver los crímenes lo haces tú? Yo no hago entradas tan pomposas. A la gente hay que ponerla en situación, esto no se hace así, de cualquier manera. -Nuestro anfitrión planeó el fin de semana perfecto. Diez ratones en una ratonera y mil formas de matarles. Pero había dos cosas que el asesino no tuvo en cuenta. -¿Cuáles? -Primera, no se enfrentaba a un policía normal y corriente. Segunda, que cometió un error que me permitió establecer su relación con algo de mi pasado. Bueno, del mío y del de todos y cada uno de ustedes. -¿Pero va a acabar de una vez? -¿Pero quién es el asesino? -La respuesta a eso es muy sencilla. Nuestro anfitrión y asesino no es otro que... Truenos. -¡La luz! -Los plomos, han saltado por la tormenta. El cuadro de luces está en la esquina. -¡Voy yo, voy yo! Disparo y cristales rotos. Trueno. -¡Ah! -Apártense. -¿Pero cómo ha podido pasar? -¿Quién ha disparado? La bala ha entrado por aquí. Truenos. Nos estaba vigilando. Suenan ocho campanadas de reloj. (SUSPIRA) Puerta y risas. ¡Jacobo! Pensaba que habías salido a acompañar a Maribel a su casa. Pues se ha ido en taxi. -Podías avisar de que volvías, ¿no? Por hacer café. Habríamos tenido esto más recogido también. En fin, estaba intentando echarle un vistazo a la agenda de Samuel Marzo, pero... ¿Alguna pista de por qué quería hablar con tu suegra? Ex suegra. Y la verdad que no tengo ni idea de lo que pinta ella en todo esto. Laura y Martín no dan señales de vida y a mí está a punto de estallarme la cabeza. -Jacobo, yo he revisado la agenta esta un par de veces ya, y el único sitio en el que aparece el teléfono de la madre de Laura, es en la notita esta que ya conoces. (MURMURA) La notita. Cuevas, aquí no pone "llamar al", aquí hay un punto detrás de la a y otro detrás de la l. ¿Cómo que un punto? Sí, eso no es una palabra, son las iniciales de un nombre. Pero bueno, el teléfono es el de Maribel. ¿Por qué le puso otras iniciales el detective? Porque ella no es la persona con la que quería hablar. Dos cadáveres por ahora. Estaba a punto de decir el nombre del asesino, ¡por un segundo! ¿Qué haces? Buscar al que nos pueda ayudar. ¿También quieres desvalijar a Francisco? ¡Laura! ¡Martín! ¡El anillo! Le iba grande y el sello se le giraba hacia abajo, él tenía la manía de colocárselo todo el tiempo. Sí, me fijé, era un acto reflejo, ¿y qué? Que cuando lo vimos muerto, el sello lo tenía hacia abajo. Ahora está hacia arriba. ¿Quién se lo giró? Él mismo, después de fingir su muerte. ¿Qué? Laura, eso no tiene sentido. Martín, no sé cuál es la razón, pero el Señor X ha matado a este hombre después de hacernos creer que estaba muerto. ¿Estás bien? -Sí, mejor, gracias. Me he ido a refrescar un poco al baño. -Bueno, ¿y ahora qué hacemos? Resolver el misterio, no nos queda otra. -Aún así, nos va a matar a todos, como al policía. -Lo ha matado porque iba a descubrir su identidad y esa no era la regla del juego. ¿Has encontrado algo en la cartera del poli? No, tiene carnés, alguna tarjeta, tiques, dinero, pero nada relacionado... Espera. ¿Ese no es Guillermo de joven? ¿No reconoces al otro? No. ¿Debería? ¿Nunca te he enseñado una foto de él? Es mi padre. ¿Qué hace una foto de tu padre en la cartera de Guillermo? Pasos. -Escuchen. Pasos. Pasos. -No entiendo, estamos aquí todos. Entonces, la única persona que falta es... Es nuestro anfitrión. Truenos. (TRATAN DE ABRIR LA PUERTA) (LA PUERTA CHIRRÍA) (EXTRAÑADA) -¿Laura? ¿Tú qué haces aquí? -¿Se conocen? Les presento a Verónica, mi hermana. -¿Ella es el Señor X? Trueno. La persona que disparó al policía estaba dentro de esta misma habitación. El asesino es uno de nosotros. Maribel, A. L., Arturo Lebrel. El tipo que andamos buscando quería hablar con tu marido. Este nombre está ahí, en la lápida. -¿En la lápida? Sí, el autor está enterrado fuera, en el jardín. Nos están vigilando. Waldo Lydecker. Este autor dejó de escribir novelas justo en el año 1975. ¿Qué pasó ese año? Esta puede ser la clave que nos una a todos. Algo nos pasó ese año y por eso estamos aquí. -En 1975, papá investigaba un caso. Es igual que la escena del crimen del pobre Nicolás. Poco antes de morir, papá estaba muy preocupado. Seguro que era por este caso. Tenemos una ventaja respecto al asesino, sabemos que es uno de los invitados. Si alguien más se entera, adiós a esa ventaja. Trueno. Lo único que tenemos que hacer, es permanecer juntos. -Escuchad. -¡Callaos todos! No hagas ninguna tontería. -No, la única tontería sería quedarme de brazos cruzados esperando a que el Señor X nos mate a todos. Disparo.

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Los misterios de Laura - Capítulo 18. El misterio de los diez desconocidos (1ª parte)

27 mar 2013

Laura recibe una invitación para acudir a una mansión y resolver un enigma. Curiosa, acude acompañada por Martín y descubre a 9 personas que, como ella, han recibido la misma carta. El señor de la casa, que no aparece, les hace saber que tienen que resolver un asesinato cometido en el pasado.

Histórico de emisiones:

11/07/2011

 

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  1. mjose71

    Es una magnífica serie... pero sería de agradecer que en los comentarios no se anticipara quién es el culpable. Si por casualidad te da por leerlos, te fastidian la historia del todo. Gracias!

    18 jul 2014
  2. Claudia

    Excelente serie, me encanta el carácter de la protagonista, ojalá se esté pensando en una nueva temporada

    02 abr 2013
  3. Luxmundi

    Serie estupenda, la única desde hace tiempo que vale la pena en RTVE: inteligente y con un buen guión. Para colmo te hace pensar. Felicidades a todo su equipo.

    27 mar 2013
  4. Paula

    La verdad es que margarita fue la asesina del pasado mato al padre de Laura de un infarto ahhh y otra cosa que si se dan cuenta en el capitulo 9 de la 2aT es la misma matricula la del Citroen de Leticia es la misma que la del coche del señor x el mercedes negro 5500 BRM

    10 jun 2012
  5. luci

    han tenido un error a vera dice ke la invita el señor x pero ke ella nunca desaprobecha la invitacion de un hombre por eso me di cuenta de ke ella era el señor x

    13 may 2012
  6. Nury

    La culpable es vera que ya he visto la 2 parte y no matan a Laura ni a su hermana

    29 mar 2012
  7. andresito

    me encanta la serie, siempre la veía cuando la echaban. a ver si llega ya la 3ª temporada, que me gustó muchísimo el misterio de los 10 desconocidos. anda que ser la mala ella... siempre son las de ese color de pelo las malas.

    05 dic 2011
  8. Veronica

    Yo me llamo Verónica, y no soy Lebrel, soy alergica al polen del Olivo y no soy asmática, como me han calvado mis caracteristicas no lo entiendo

    28 ago 2011
  9. Isabelle

    Cuándo vendrán más capitulos, ya quiero ver más. Qué serie más buena!! Sería genial que de vez en vez la inspectora Lebrel tuviera que viajar a otros paises no? Saludos

    04 ago 2011
  10. los misterios de laura

    Yo creo que a sido vera

    31 jul 2011
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