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Para todos los públicos Los misterios de Laura - T2 - Capítulo 15 - El misterio de la abadía del crimen - Ver ahora reproducir video 01h 05 min
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Subtitulado por TVE.

Repican campanas

Cantos de monjes

¡Ah!

Hermano.

¿Se encuentra bien? -Sí.

Estoy bien.

Pero hay gente que no lo estará dentro de muy poco.

-Hermano, ha roto su voto de silencio.

-Mi voto ya no importa.

Lo único que importa es la verdad.

La verdad.

Voy a llevar algo a vísperas

que os abrirá los ojos.

Me vais a escuchar por primera vez.

Y os aseguro

que vais a ser vosotros los que vais a enmudecer.

Padre, ¿sabe a qué se refiere?

El hermano Remigio ha roto su voto de silencio tras 15 años.

-Tiene ser muy importante. -Y, conociéndole, muy devastador.

Como no ocurra un milagro

no nos vamos a librar de sus revelaciones.

No vas a impedir que se sepa la verdad.

No puedes hacer nada para que yo...

¿Qué haces?

¿Qué piensas hacer con eso?

Golpe

Repican las campanas.

¿Cómo sabes que el hermano muerto no se tiró desde la torre o se cayó?

Porque, al ver la autopsia,

Lydia vio que le habían extirpado un tumor del cerebro

y a raíz de eso, sufría unos ataques de vértigo horrorosos.

O sea, que era imposible que subiera hasta arriba por su pie.

Yo creo que lo mataron,

y que luego, lo tiraron desde allí arriba

para simular una caída accidental.

¡Cuánta paz!

Aunque, imagino que, ellos viviendo toda la vida aquí encerrados

tendrán sus rocecillos y sus envidias, ¿no?

Y encima, ellos mismos se quitan el único medio

para aliviar tensiones.

¿Y esto que es?

Pues es el reloj de los rezos.

Las sombras marcan las horas

en que los monjes acuden a rezar a la capilla.

Va marcando los maitines,

las nonas, las vísperas.

¿En serio? -Sí.

Y, ¿si está nublado no rezan?

Ríe

Afortunadamente,

aun en los días más oscuros

siempre es posible ver la luz.

Soy el padre Bernardo.

El abad de esta abadía.

Laura Lebrel, inspectora. Él es mi compañero Martín.

-Me sorprendió la llamada de su superior.

No me puedo creer

que al hermano Remigio lo mataran.

Es imposible.

Esta es una casa de Dios.

Pues, ha entrado alguien dispuesto a saltarse las leyes.

El hermano Remigio...

¿Hizo algo fuera de lo corriente el día que murió?

Pues sí.

Sí.

Rompió el voto de silencio

que llevaba guardando desde hacía 15 años.

Maldita cojera.

La última vez que le vimos parecía muy nervioso.

Iba corriendo a buscar algo

que quería llevar a las vísperas.

Dijo que cuando estuviésemos reunidos

nos lo enseñaría

y que nos íbamos a quedar sin habla.

Que íbamos, perdone.

Que íbamos a enmudecer.

Gracias.

Y...

¿No sabe qué secreto era ese?

Tenía que ser algo importante.

Llevó a una persona a romper su voto de silencio y a otra a matar.

Necesitaríamos una lista de todos los hermanos que oyeron la amenaza.

Inspectora,

dentro de unos días

vamos a canonizar a nuestro fundador Guillermo de Baskerville.

Le pido, por favor,

que sea muy discreta.

Por supuesto.

Cuente con ello.

No seré yo quién rompa la paz de esta abadía.

Golpe

Estruendo

¿Qué te pasa?

Estás muy raro desde que llegamos.

De pequeño estudié en un colegio de curas

y acabé de ellos hasta la coronilla.

Habrá de todo, como en todas partes.

Buenos religiosos

y malos religiosos.

Pues, el hermano Remigio debía ser de los malos.

O, al menos, era la opinión que tenía de sí mismo.

¿Eso es para...?

¿Hacer penitencia?

¿Esto? Sí.

Esto, el voto de silencio durante años...

Remigio debía ser el talibán de la orden.

El abad ha dicho que en la abadía, cada uno tiene sus funciones.

Pero el hermano Remigio se dedicaba solamente a rezar.

Y a leer.

Esto es una lista de libros.

Cualquiera de ellos podría matar.

De aburrimiento.

Mira qué bien.

Todos los hábitos iguales,

así uno no tiene que romperse la...

¿Qué es eso?

Un posible motivo para matar

del primero de nuestros sospechosos.

Todo esto prueba, que el hermano Remigio y yo

teníamos visiones distintas sobre cómo dirigir a los hermanos.

Eran tan distintas

que Remigio había escrito al...

Superior general de la orden, pidiendo su destitución.

¿Era eso lo que quería contar en vísperas?

El hermano Remigio quería llegar a Dios

a través del sacrificio.

Y eso iba en contra de lo que decía nuestro fundador,

Guillermo de Baskerville.

Él se quejaba de que usted, no sólo no imponía disciplina,

sino que también disculpaba las faltas de los hermanos.

El no acudir a misa, el no confesarse.

No quiero que ninguno de ellos haga nada por obligación.

Sino por convicción.

Y, fíjese.

Con mi sistema

ninguno de ellos incurrió nunca en falta.

Pero tenía bastantes seguidores.

Muchos hermanos guardaban voto de silencio como él.

A usted no le debió gustar

que un zorro le alborotara el gallinero.

Yo moriría por mis creencias.

Jamás mataría por ellas.

Entonces, no le importará decirnos

dónde se encontraba a la hora del crimen.

Me encontraba aquí, haciendo unos arreglos en la capilla,

para la canonización de nuestro fundador.

Dentro de unos días

van a bajar la urna que contiene sus restos para exponerlos.

Y, por cierto, hablando de esto...

¡No toquen ese cirio, por favor! ¡Déjenlo como está!

Padre, nunca ponemos tantos. Es un despilfarro.

Y rompe la simetría. El hermano Remigio decía...

Desgraciadamente, no tenemos por qué preocuparnos

de lo que pudiese pensar el hermano Remigio.

¿Desgraciadamente o afortunadamente?

Padre. Diga.

Me temo que tendré que pedirle, que vengan a comisaría

todos los hermanos que escucharon las amenazas de Remigio.Pero...

Algunos de ellos guardan voto de silencio.

Y todos ellos llevan muchos años sin salir de aquí.

Tendrá que dispensarlos por esta vez.

Lo intentaré.

Pero no les prometo nada.

Eso es algo entre ellos

y su conciencia.

Haga lo que pueda.

Es, precisamente, esa conciencia

la que se interpone entre nosotros y el asesino.

¿Le has sonreído a Cuevas...

O me estoy perdiendo algo?

Tú ves visiones.

Pues sí.

La verdad es que sí.

Usted escuchó la amenaza de la víctima.

¿Dónde estaba en el momento del crimen?

Por hoy romperé el voto de silencio, es una excepción.

¿Qué relaciones tenía con el muerto?

Precisamente de eso no puedo hablar.

Es una cuestión de conciencia.

No puedo hablar sobre asuntos de la abadía con extraños,

sin el premiso de mi superior.

No se preocupe por problemas de lealtad hacia la orden.

Todo lo que hable será estrictamente confidencial.

Confié en usted desde el primer momento en que la vi.

Yo encantado de colaborar.

¿Sabe si últimamente le ocurría algo raro a Remigio?

Si se comportó de manera extraña.

Sí.

Pero no puedo juzgar la conducta de otro hermano.

Estaría cometiendo un pecado de envidia.

A ver, no se trata de pecados, hermano, sino de delitos.

Y si no colabora, incurrirá en uno de obstrucción a la justicia.

De acuerdo.

Pero antes de hablar, necesito hacer algo.

Rezar.

No hablaré mal de nadie sin antes encomendarme a Dios.

Aquí la autoridad del abad no vale. La única que vale es esta.

Será mejor que colabore.

Puede que vivamos alejados del mundo.

Pero no tan apartados como para no conocer nuestros derechos.

¿No tiene interés en saber la verdad de lo que pasó?

¿Quién es el asesino del hermano Remigio?

Me encantaría ser yo quién aporte la clave del misterio,

pero entonces incurriría en un pecado de soberbia.

Hemos repasado ya, toda la lista de los siete pecados.

¿No hay nada relacionado con la abadía, de lo que pueda hablar

sin incurrir en ninguno de ellos?

¿Le queda mucho, hermano?

Fue usted. Y no saldrá de aquí hasta que no confiese.

Cuevas, ¿qué haces? Claro que no habla,

lleva años guardando voto de silencio.

-¡Ah!, voto de silencio.

A ver,

le dirá a todos los hermanos

que los exonera de cualquier voto, obediencia, silencio o lo que sea.

Debe hacer que colaboren con nosotros.

No les obligaré a actuar contra su conciencia.

Son libres de elegir. Bien.

Y yo, libre de meterlos a todos en la cárcel.

Y menuda publicidad para su orden.

Es duro admitir

que uno de los hermanos a los que quiere tanto

a matado a alguien.

Pero si no me ayuda a encontrar al culpable

le está negando la oportunidad de asumir su culpa

y de arrepentirse por lo que ha hecho.

Les diré que colaboren.

No les pondrán ninguna pega.

Pero también le pido, que antes de realizar...

cualquier gestión o interrogatorio

hable usted conmigo.

¿Tengo que pedirle permiso para actuar?

Sé que me estás espiando.

¡Mamá!

¡Que te estoy viendo perfectamente el ojo, por favor!

Hija, es que has llegado muy pronto.

¿Y tu cena con Ismael?

Cuando iban a servirnos, ha venido sanidad

y ha cerrado el restaurante.

¡Espera!

¿Sabes? Todavía no me has presentado al...

Al Ismael ese.

Bueno, yo creo

que te has sentido aliviada cuando os han suspendido la cena.

Así no habéis tenido que llegar a los postres.

Pero ¿qué postres?

No pienso tener esa conversación contigo.

¡Mira! Otros que llevan años sin postre.

¿Qué haces con esto?

Es una investigación que estamos llevando.

Mamá, ¿qué te pasa, estás bien?

Sí, sí.

Es la alergia, que me ha dado fuerte.

Voy a por las pastillas. Espera, voy yo.

No, no. Si se me va a pasar.

Quiero estar sola.

Aunque mis convicciones me dicen lo contrario,

hoy volveré a romper mi voto de silencio.

El padre Bernardo nos ha dicho que debemos ayudarles.

Es usted el hermano boticario, ¿verdad?

Dicho así, parece que me dedico a curar con...

Helechos o raíces de mandrágora.

Pero mi botiquín les decepcionaría.

Sólo hay analgésicos, aspirinas efervescentes,

laxantes...

Sí. Hemos leído que era usted un médico prestigioso.

¿Cómo descubrió su vocación de fraile?

Descubrí que no tenía vocación de médico.

Quizá fue eso lo que descubrió Remigio.

Eso no era ningún secreto. El padre Bernardo lo sabía.

Quizá no sabe que pudo haber sido negligencia.

Casi terminó en juicio.

Y su conciencia no estará muy tranquila

si está aquí purgando sus culpas.

-Dijeron...

Que había bebido antes de la operación.

Pero jamás llegó a demostrarse nada.

Además, yo era partidario del proceder del hermano Remigio.

Era uno de sus seguidores.

Siempre he tenido una visión estricta de la fe.

La puerta de entrada al paraíso es estrecha.

¿Dónde estaba usted en el momento del crimen?

En el dispensario, atendiendo al hermano Javier,

que tenía roto el dedo de un pie.

Hay una cosa que no entiendo.

Cuando el hermano fallecido les amenazó

rompiendo su voto de silencio, estaban ustedes yendo a vísperas.

De hecho, él tenía prisa porque quería tener tiempo

para soltar el bombazo que tenía pensado.

-Sí, ¿y?

Porque, según me han dicho

las vísperas se retrasaron un poco, ¿no?

Entre media hora y 20 minutos.

No se retrasaron, nos equivocamos nosotros.

El reloj solar de los rezos es infalible.

Lo que pasa...

No sé. Por alguna razón interpretamos mal la sombra

Y pensamos que las vísperas serían en seguida.

Pero, en realidad, faltaba un rato.

El hermano Remigio salió en esa dirección

a buscar algo que quería mostrar en vísperas.

¿Qué hay por allí?

Se me ocurre que la biblioteca.

Hola.

Veníamos a hablar con usted.

No. Ya, ya.

¿No se ha comunicado con el abad?

Les ha dispensado del voto para poder ayudarnos.

¡Ah! Bueno.

Si se apaña bien con la pizarrita, a mí me da igual.

Hemos estado en la celda de la víctima.

Y hemos encontrado una lista con varios libros.

¿Usted podría decirnos por qué le interesaban tanto?

Buscaba libros indignos en la biblioteca.

El gran inquisidor.

¿Sabe qué quería hacer con esos libros, quemarlos?

Y eso a usted no debía hacerle gracia, imagino.

¿Y esto qué es?

Parece algo muy importante.

Niega

Son los pergaminos manuscritos del fundador de la orden.

¡Ah! Perdón. No iba a tocarlo.

Casi le hago romper el voto de silencio, ¿eh?

¿No lo ha roto nunca?

Nunca.

¿Ni por una enfermedad o por pedir ayuda?

Mamá.

Pero ¿qué haces tú aquí?

He pedido la dirección a Jacobo de la abadía.

Quería venir, porque... -Maribel.

No, no. Eso fue antes, no sé cuánto tiempo hace.

Cuando tenía la librería, ¿te acuerdas?

Cuando tenía la librería las cosas iban muy bien.

Hasta que Alfonso, mi socio...

Alfonso Rebolledo, tu vecino... Vecino no,

vivía en la misma calle, pero dos portales más allá.

Bueno, pues Alfonso empezó a estafarme.

Empezó y terminó estafándome de todo.

De manera, que me dejó sin un duro

y se largó por ahí, a no sé dónde, al extranjero,

a Argentina, creo. -Sí, es igual.

Llevarás años con el voto de silencio...

Pero lo has compensado en media hora, has cogido carrerilla.

También quiero saber cosas de ti.

¿Cómo decidiste dejar de hablar?

Las palabras están sobrevaloradas.

De hecho...

La vez que peor lo pasé en mi vida, unas palabras tuvieron la culpa.

Así que...

No me importó demasiado no usarlas.

-¿Y eso cuándo fue?

Cuando me dejaste.

Ahora soy yo la que necesitaría un voto de silencio.

¿Ves? Es que no...

No sé qué decirte.

Yo no quise hacerte daño.

Las cosas ocurrieron así y...

-Maribel, mira, he conocido a Laura.

Y no te equivocaste al dejarme por su padre.

Has hecho un estupendo trabajo durante todos estos años.

Oye, ¿y tú con lo ligón que eras cómo te has podido acostumbrar

a estar todos estos años aquí enclaustrado?

Pues mira.

Cuando pasó lo nuestro

necesitaba un tiempo para mí solo.

Me enteré de que aquí dejaban habitaciones para retiro,

me gustó la paz y tranquilidad que se respira

y, bueno...

Decidí quedarme.

Cuando vi tu foto...

Casi me da algo.

No sé.

Te reconocí en seguida.

Es que, has cambiado.

Pero en el fondo,

sigues siendo el mismo.

Pues yo voy a tener que ir a confesarme ahora mismo.

Porque he descubierto que hace años te mentí,

cuando te dije que no podías estar más guapa.

Por favor, anda.

Qué tontería.

Bueno.

Cambia el tóner, te estás poniendo perdido.

¿Qué haces?

-Son copias del manuscrito del fundador de la orden,

Guillermo de Baskerville.

Un tratado sobre la ironía como forma de predicar.

¿Es ése Guillermo de Baskerville?

Sí. Por lo visto, el bibliotecario

se puso muy nervioso cuando Laura quiso leerlo y quieren saber por qué.

No creo que fuera por el manuscrito. Era por Laura.

Mira, según Guillermo de Baskerville, tú serías una buena predicadora.

¿No? Tú y la ironía.

Si no te queda mucho, te espero.

Yo eso lo puedo acabar mañana.

Llevo horas estudiándolo

y sólo he hallado que el tal Guillermo era zurdo.

Lo sé por la caligrafía, que...

¿Qué pasa?

Que no lo era. No era zurdo.

Mira. Mira los dibujos de la época.

Mira con qué mano sujeta las cosas.

Y, entonces, ¿quién ha hecho este manuscrito?

Pues, alguien con acceso a pergaminos antiguos

y que escribe con la mano izquierda.

Pero ¿no era tan importante que firmara esa declaración?

Sí, para comprobar que usted es zurdo.

Como la persona que falsificó el manuscrito del fundador.

¿Fue eso lo que Remigio descubrió?

¿Que usted había dado el cambiazo?

No, él nunca lo supo.

Di el cambiazo pero fue un accidente.

Fue un accidente. Estaba restaurando el pergamino

y derramé un líquido sobre él.

Lo falsifiqué.

Pero no quise hacer daño a nadie.

De hecho, tengo el original guardado. Está hecho un Cristo...

Perdón.

¿Dónde estaba en el momento del crimen?

En la biblioteca solo.

No tengo coartada.

Pero la falsificación demuestra mis aptitudes para el crimen, ¿no?

No sé falsificar un documento, ¿cómo iba a matar a nadie?

Todo indica que Remigio se dirigía a la biblioteca

antes de romper su voto de silencio.

Si no era por el manuscrito,

¿qué podía interesarle tanto de allí?

Esos libro que iba a quemar,

¿sabe si falta alguno?

No. En teoría no se pueden sacar de la biblioteca.

Pediremos el inventario para saber si falta alguno.

Laura.

Pregúntaselo.

Pregúntaselo ahora.

Sólo una cosita más.

Usted y mi madre se conocían de antes, ¿verdad?

Sí.

Fuimos amigos hace tiempo.

Tiene que haber algo más.

Usted rompió su voto de silencio al verla.

Y ella está dispuesta a guardar uno ahora.

No dice ni mu, no quiere ni hablar del tema.

Usted es muy inteligente.

Sólo tiene que sumar dos y dos.

Lo nuestro terminó cuando conoció a su padre.

Vaya.

Pero ella se casó jovencísima.

No pensaba yo que había tenido novios antes.

Y menos uno con faldas.

¿Hemos terminado ya?

Sí.

¿Tú crees que se hizo monje por culpa de mi madre?

No lo sé.

Pero si es tan impulsivo

puede que haya actuado a la desesperada

para no ser expulsado de la abadía.

Padre, estamos intentando localizar al hermano Quintín

pero no hay manera de hablar con él.

No estará dándonos esquinazo, ¿no?

Me muero por saber por qué un hombre tan joven

y tan guapo a meterse monje.

¡Uy! Disculpe, padre reverendo.

El hermano Quintín no se encuentra demasiado bien.

Padre, si me permite...

Me gustaría volver a romper mi voto de silencio.

A este le gusta romper su voto más que a un tonto un caramelo.

Sufre de los nervios.

Desde el asesinato, quiero decir...

Esta muerte le ha trastornado por completo.

he tenido que administrarle calmantes.

Pero no es por la investigación, seguro.

Yo estoy empezando a sufrir de los nervios también.

No puedo estar perdiendo tiempo

ni pidiendo su permiso, padre.

¿Se encuentra bien?

Sí.

Pero hay algo que no comprendo. ¿El qué?

Nada. Me gustaría ir a comprobar algo.

Vaya, vaya, hermano.

Parece que ha tenido como una iluminación.

Voy a ocuparme de lo de hermano Quintín.

Le convenceré para que hable con ustedes.

Le acompaño. Muy bien.

Martín, estoy empezando a hartarme un poquito

de tener que pedir permiso hasta para ir al...

¿Martín?

¡Martín!

Con el voto de pobreza harías las maletas en un pispas.

No. Si no me voy de viaje. ¿Ah, no? ¿Y eso?

¿Esto?

Es lo que he encontrado más a mano para...

Lo siento.

¡Joder!

Se acabó la carrerita, hermano.

¡Será hijo de...!

¡Jacobo! Laura...

Justamente, me decía el padre Bernardo

que él hablará con el hermano Quintín

para que podáis interrogarle.

Eso será si Martín y él terminan su persecución por la abadía.

¿Cómo dice? Que el hermano Quintín

se está dando a la fuga.

Lo siento, hermano pero yo tengo a Dios de mi parte.

Y yo a un cuarentón con barba pero, ya me vale.

Vaya, padre.

Parece que al hermano Quintín le encantan los tatuajes.

Eso no es ningún pecado.

Eso no. Pero el motivo por el que se lo hizo, sí.

Estos tatuajes sólo se hacen en las cárceles.

¡Eh, chaval!

Alfonso Vázquez Martín.

Condenado por 12 asaltos a bancos,

furgones blindados y fuga de prisión.

Mucho pecado junto para un hombre de Dios.

Se cambió el nombre por Quintín,

patrono de los cerrajeros, ¿no?

Muy oportuno para un ladrón de cajas fuertes.

¿Alguna idea de cómo llegó a su abadía?

El hermano Quintín

llegó una noche, hace unos años.

Estaba muerto de hambre y de miedo.

Yo sólo quería empezar una nueva vida.

Los monjes me acogieron en la abadía sin hacerme preguntas.

El hermano Quintín ha trabajado duramente para purgar sus pecados.

Se ha ganado el perdón de la sociedad.

Pero no el del sistema judicial, padre.

Dar cobijo a un delincuente es delito.

Es un acto de compasión.

Remigio sabía que usted era un preso fugado, ¿verdad?

Sí.

Me oyó hablar con el abad, quería denunciarme.

¿Por eso tuviste que hacerlo callar?

En el momento del crimen

Quintín estaba...

arreglando las cañerías.

Tuvo que cortar el agua durante cinco minutos.

¿Eso qué tiene que ver con el crimen?

El agua

sólo se puede cortar en la caseta del jardín.

En cinco minutos

Quintín no tuvo tiempo de matar a Remigio.

Ya no soy el que era antes y tampoco un asesino.

Yo no he matado a nadie.

Deje que el hermano Quintín vuelva a la abadía.

Por lo menos, hasta que los restos

de nuestro fundador descansen en la iglesia.

Después,

haga usted lo que crea justo.

Y así le damos tiempo al hombre para que se escape.

Tiene mi palabra de que no se moverá de la abadía.

¿Me pide, de verdad, que me fie de un delincuente?

Le pido que confíe en mí.

Le pido

que tenga fe.

¿Qué hacemos con él?

Mucha penitencia y mucha historia pero es un delincuente.

La vida en la abadía parece haberlo cambiado de verdad.

Meterlo en la cárcel tiraría todo eso por la borda.

A no ser que sea el asesino que buscamos.

Empiezo a pensar que nunca lo encontraremos.

En esa abadía nadie se hace la puñeta.

Son una piña.

Como no recibamos una llamada del cielo.

Suena el teléfono

¿Dígame?

Hermana Laura.

¿Verónica? No, soy Damián, el boticario.

¡Ah! Damián.

Es que tengo una hermana

que se llama Verónica y hace tiempo que...

Que me he hecho un lío. Dígame.

Escuche, vengo de la capilla de la segunda planta.

¿Para eso rompe el voto de silencio?

Pero ¿no tienen un voto de silencio pero al revés?

o sea, uno con el que puedan hablar

y callarse cuando les venga en ganas.

Ahora no puedo hablar, tengo que ir a preparar la cena.

Intente estar aquí antes de que nos sentemos, por favor.

He descubierto algo importante.

Me gustaría enseñárselo.

Vale.

Mira, ahí está Damián.

Hemos llegado tarde, tendremos que esperar.

Bueno. Por lo menos no lo haremos con el estómago vacío.

¿Qué haces? Cenar, no creo que les importe.

La caridad cristiana.

Además, aquí deben de ponerse las botas.

Esta gente hace unas comidas caseras que quitan el hipo.

Anda, ya me ha tocado la pata.

Buenas noches.

No sé que tendrán de menú.

Pero, una cremita de verduras de primero, está bien.

Y luego una carnecita, la que sea, a la plancha.

Con patatitas.

Por lo menos el vino estará bueno.

Los monjes siempre tienen unos vinos muy buenos.

Eeeh...

A usted le ha tocado un poquito de ajo.

Qué pillín.

Laura.

Fíjate.

El boticario va a salir pegando botes.

Es verdad.

Sea lo que sea que ha descubierto,

se está poniendo muy nervioso.

Y también se está poniendo azul.

Damián.

¡Damián!

Hermano Damián.

¡Hermano Damián!

Está muerto.

¿Cómo es que no tienes a los gemelos?

Pensé que esta semana estaban contigo todos los días.

Los he mandado con Jacobo.

Así tenemos la noche para nosotros dos.

Espero que no nos pase como las otras veces

y podamos llegar al postre.

¡Ah, sí!

El postre.

Es lo que más me gusta de las cenas.

Fíjate, que yo pensaba que tenía hambre, pero...

Ahora me noto como llena.

Serán las setas del monasterio.

No pasa nada.

Te he mentido.

Hay algo...

que me gusta más que el postre.

¿Qué?

¿Café, una menta poleo?

Se abre la puerta

¡Hola! Hola, mamá.

¡Hola!

Pero, mis niños, ¿qué hacéis aquí?

¿No pasabais la noche con papá?

Sí, pero se han empeñado

en comprar pizzas y darte una sorpresa.

¡Ah!

¡Hombre!

Ismael, ¿no?

No sabía que andabas por aquí.

Seguro que no.

¡Venga, niños! Id a por los platos

que está la mesa puesta.

¿Qué es todo este jaleo?

Nada, nada. Pasa, mamá.

Sólo faltan los hermanos Marx.

Será mejor que lo dejemos para otro día.

Chao.

¿Qué le voy a hacer? Los niños insistieron y...

¿También insistieron en que me chafaras las otras citas?

He intentado cenar con él tres veces.

Y en todas, casualmente, Sanidad cierra los restaurantes.

Perdón.

He revisado la lista entera

de todos los libros de la biblioteca de la abadía.

¿Has visto algo? Sí. Falta uno.

Un tratado de herbología del siglo XV.

Lo escribió un tipo que se llamaba...

Adso de Melk.

¿Quién querría asesinar a Remigio por un libro sobre hierbas

escrito hace 500 años?

Pero, justo antes de morir estuvo en la biblioteca.

Estaría consultando algún libro.

Revisa otra vez los libros

a ver si es verdad que es el único que falta.

El informe de la autopsia del boticario.

Fue envenenado.

Tú estabas allí, ¿qué cenaron?

Pues... Unas setas más duras que unas alpargatas.

Y todos cenaron lo mismo.

Entonces, el cocinero envenenó el plato del boticario.

No lo creo. Damián dijo que le tocaba a él preparar la cena.

Y si no envenenaron las setas antes de cocinarlas,

¿cuándo lo hicieron?

Como no reservaran una ración especial para él.

¡Qué maravilla de flores!

También nos han dicho que cultiva usted

unas plantitas pequeñitas comestibles...

Achaparraditas.

Sí, donde vivían los pitufos.

Esta gente conocerá a los pitufos, ¿verdad?

Está usted muy callado hoy.

¿Está usted guardando voto de silencio desde hoy?

O sea, que cuando venimos a preguntarle

por unas setas envenenadas que mataron a Damián

y que casualmente usted cultiva

le da por hacer voto de silencio.

Qué oportuno.

O sea, usted no sabe nada de ningún veneno.

Ni tampoco de un tratado de herbología de la biblioteca.

O sea, que no sabe nada de nada.

Pues que bien.

Bueno, pues nada.

Muchas gracias.

Muy bien esta charla, o...

O lo que sea que hayamos estado haciendo.

Estos tipos usan el voto de silencio como les conviene.

Sí. Pero Damián lo rompió porque quería contarme algo.

Dijo que quería enseñarme algo que había descubierto.

¿Te dijo dónde?

En el mismo lugar al que se quedó mirando ayer

cuando hablaba con el abad.

No lo entiendo.

Esto es pequeñísimo.

Tendría que ser fácil descubrir lo que Damián vio.

Aquí no se puede esconder nada.

No hemos abierto la ventana.

No creo que quisiera enseñarnos las vistas.

Cuevas, ¿cómo llevas lo del tratado de herbología?

He registrado la abadía entera y ni rastro.

Estoy mirando en Internet

a ver qué tiene de especial el libro pero, nada.

¿Internet en el móvil? Costará un ojo de la cara.

No tengo Internet.

Alguien tiene el Wifi abierto, sin contraseña y lo pillo.

¿Se ha dejado el qué?

El Wifi, para conectarse a Internet sin cable.

¡Ah!

¿Y quién querría conectarse aquí a Internet

si las comunicaciones están prohibidas?

Señal acústica de conexión

No pensé que usaría esta aplicación del móvil en la vida.

Por aquí la señal es más fuerte.

Esto es como lo de buscar el agua con el palito ese.

Tiene que ser por aquí.

Tiene que ser aquí.

A uno de los hermanos le va la tecnología.

¿Puedes descubrir de quién es?

Miraré el historial y ver las últimas páginas visitadas.

A lo mejor eso nos da una pista.

¿Hemos visto esta flor en alguna parte?

Parece que a usted, eso de aislarse del mundo

no le convencía mucho.

Tampoco la de entregar sus bienes materiales a la orden.

Al parecer, el premio de 5.000 euros

lo ingresaron en una cuenta a nombre de su hermana.

¿Avaricia?

Un buen sitio para que los demás monjes no se enteraran.

O, ¿hubo uno que sí se enteró?

El hermano Remigio espiaba a los demás.

Para asegurarse de que se cumplían las normas de la orden.

Mire, Jacinto.

Sabemos que no podemos obligarle

a romper este voto de silencio tan oportuno.

Pero, en este momento, es usted el sospechoso número uno

de los dos crímenes.

Si el periquito no quiere cantar, lo meteremos en la jaula

hasta que le entren ganas.

Mi hermana iba a perder su casa.

Necesitaba el dinero mucho más que la orden.

¿Y Remigio?

Descubrió la carta que le escribí a mi hermana

con el cheque del premio.

Y dijo que lo olvidaría si donaba el dinero a la orden.

Si no, hablaría con el abad.

Con su muerte, se quitó usted un peso de encima.

Si insinúa que yo maté a Remigio, está muy equivocado.

Antes hubiera preferido que me expulsaran.

¿Y ese miedo ha hablar con nosotros de repente?

En el monasterio alguien mata a los que hablan demasiado.

Y yo aún debo purgar mis pecados antes de encontrarme con el Señor.

Siempre te he tratado como una basura.

¿Cómo dices?

Que...

Nunca te he sonreído ni he tenido una palabra amable.

Y, aún así...

Tú has seguido teniendo detalles conmigo.

¿Por qué?

No lo sé.

Pero creo que eres mucho mejor persona

de lo que te gusta demostrar.

Y siempre echas a la gente de tu lado

porque en el fondo te sientes sola.

Alguien debió tratarte muy mal para hacerte sentir así.

Es como los monjes estos.

Todos huyen de algo y se esconden en la abadía.

Tú te escondes en ese personaje que te has inventado.

Si quisiera una sesión de psicoanálisis barata,

me vería un programa de testimonios.

Cuevas... Alguien te hizo daño, ¿verdad?

¿Por eso te hiciste policía y te cambiaste el nombre?

Lo hice para que él no me encontrara.

¿Él? Él, ¿quién?

Mi marido.

Así que, si el libro que falta es tan importante

Jacinto sabrá por qué, es el jardinero.

Y, por ahora, el mejor situado para envenenar las setas.

Pero tenemos claro que Damián es una víctima colateral.

Lo mataron por descubrir al asesino de Remigio.

Eso parece.

Por eso, yo no descartaría a ninguno de los sospechosos.

Entonces, además del jardinero, tenemos a un abad

al que Remigio odiaba.

Y un bibliotecario metido a falsificador.

Y un preso fugado al que iban a denunciar.

Todos salían ganando con la muerte de Remigio.

Por eso, cualquiera pudo cometer cualquiera de los dos crímenes.

Por cierto, ¿sabéis si Cuevas a estado entrando ahí

cuando no estaba el bibliotecario?

¿Cuevas? Que yo sepa no, ¿por qué?

Porque Isidoro se ha quejado de que...

Encuentra las llaves en un sitio diferente

del cajetín donde las guarda.

O sea, que alguien se cuela en la biblioteca.

Quizá busca lo mismo que nosotros. El libro.

Otra vez el libro.

Vale. Así que, justo antes de que lo mataran

Remigio viene por aquí a toda prisa, porque se supone

que ha descubierto algo. Un libro especial.

El tratado de herbología, por ejemplo.

Más o menos aquí, se encuentra con Damián, el boticario.

Y le dice que en vísperas

hará público algo que causará un jaleo tremendo.

Voy a llevar algo a vísperas que os abrirá los ojos.

Me vais a escuchar por primera vez.

Y os aseguro que vais a ser vosotros los que vais a enmudecer.

Luego continúa hacia la biblioteca

para coger el libro.

Eso lo oyen cuatro monjes más.

El abad, el jardinero, el bibliotecario y el delincuente.

Cuando Remigio es asesinado no lleva el libro encima.

Por eso, el asesino todavía lo está buscando en la biblioteca.

Haya lo que haya en ese libro,

está desesperado por mantenerlo en secreto.

Deberíamos sellar la biblioteca,

y que los agentes lo pongan todo patas arriba.

¡No, Martín!

¿Y si lo escondió en otro sitio

justo antes de que lo mataran?

Es posible. Pero ¿donde?

Tenemos que ponernos en la piel de Remigio.

¿Dónde lo escondería él?

Vale, soy un monje extremista a punto de ser asesinado.

¿Dónde escondería un libro sobre plantas, medieval

que puede acabar con la vida de uno de mis hermanos?¡Exactamente!

Es un libro que tú quieres hacer público.

Pero sabes que te persiguen

y que, en pocos minutos, pueden matarte.

¿Cómo te aseguras de hacerlo público

a pesar de tu muerte?

¿Metido en papel de regalo para que lo abra un monje en su cumpleaños?

Bien.

Cuidado, son los restos de nuestro fundador.

Eso es.

¿Cómo? Claro.

Llama a Jacobo.

Dile que hable con el abad.

¿Por qué, qué pasa?

El libro es la clave del misterio.

Pues, creo que ya sé donde encontrarlo.

Llega tarde, hermano.

El libro que busca lo tengo yo.

Sabía que estuvo espiándonos esta tarde.

Así que se me ocurrió meterle prisa

con lo del registro de la iglesia.

Sentimos el tiempo que ha perdido buscando el libro en la biblioteca.

Aunque todos pensábamos que estaba ahí.

Fue el último sitio donde estuvo Remigio antes de morir.

Y como usted pensaba que el libro seguía en la biblioteca

no tuvo reparos en matarlo.

Le golpeó en la cabeza y lo arrojó desde la torre.

Fingiendo una caída accidental.

Pero, lo cierto, es que Remigio

escondió el libro en un lugar donde iba a salir a la luz

siguiera él con vida o no.

La urna

con los restos del fundador.

Esa urna que mañana se abrirá delante de todos.

Este libro era lo que él iba a hacer público.

Eso le dijo a Damián cuando se lo encontró.

Y al hacerlo,

otros cuatro hermanos lo escucharon.

Todos con motivos suficientes para desear

que guardara su voto de silencio para siempre.

Isidoro, el bibliotecario.

Remigio descubrió

que había falsificado el manuscrito del fundador.

Quintín,

el preso fugado que quería entregar.

Y el abad,

a quién Remigio quería destituir

por cómo dirigía la orden.

Y también teníamos a Jacinto, el jardinero.

Que entregó el dinero de las flores premiadas a su hermana.

Y no a los hermanos.

Todos tenían un móvil propio.

Pero solamente, uno de ellos tenía uno más.

Uno secreto, que tenía que ver con este libro.

El hermano Damián también era un buen candidato para ser el asesino,

hasta que usted lo envenenó.

¿Y dónde puso usted el veneno?

No estaba en las setas.

Y otros monjes habían comido del mismo pan y seguían con vida.

Fascinante.

En el mejor sitio posible.

A la vista de todos.

Sólo...

Un lado del filo del cuchillo

con el que cortó el pan,

estaba impregnado en veneno.

De modo que sólo era mortal

el pan cortado por ese lado.

Para asegurarse de que nadie más moría,

pasó el pan,

pero se quedó con el cuchillo.

Es duro admitirlo.

Pero la muerte de Damián ha sido en parte, culpa mía.

Ayer mismo,

justo antes de ser asesinado.

El reflejo del sol en mi reloj

le hizo comprender algo que ya vio el día del crimen.

Un reflejo en la ventada de la capilla del segundo piso.

Le vio a usted mover el cristal.

Recordó las prisas de Remigio

por llegar a tiempo para dar su anuncio en vísperas.

Todos los monjes estaban acudiendo ya.

Pero, aún pasaron varios minutos

antes de que sonara la campana anunciándolas.

¿Y por qué?

Porque el reloj de sol se retrasó.

Y, ¿cuándo se retrasa un reloj de sol?

Cuando el sol

incide desde otro ángulo.

Usted

utilizó la ventana.

para retrasar el reloj 20 minutos.

El tiempo que necesitaba para matar a Remigio.

Eso fue lo que descubrió Damián.

Y lo que le costó la vida.

Yo no tengo mucha experiencia en estas cosas.

Pero creo que para confirmar todo esto

hace falta alguna prueba.

Quiso evitar una sospecha sobre usted

fingiendo una cojera,

cuando todos los monjes nos han confirmado

que usted caminaba perfectamente

hasta que llegamos nosotros.

Pero además, tenemos...

La mejor prueba de todas.

El arma que utilizó

para su primer crimen.

Es curioso

que todos los cirios que se hayan puesto para la misa de mañana

sean nuevos...

Menos este.

Que está a medio consumir.

Un día más y se habría consumido del todo.

Destruyendo sus huellas

y los restos de la sangre de Remigio.

No puedes hacer nada, para que yo...

¿Qué piensas hacer con eso?

Curiosa manera de deshacerse del arma del crimen.

Hay que reconocerlo.

Por eso impidió a los hermanos que se la llevaran.

¡No toquen ese cirio, por favor! ¡Déjenlo como está!

Pero además, tenemos el móvil

para su asesinato.

El Tratado de Herbología.

Usted y yo sabemos que ese libro no es un tratado de herbología.

Ya, ya.

Ya sé que sólo son las tapas.

Por eso nadie lo había leído.

Hasta que Remigio lo descubrió.

Y vio que se trataba de las memorias de Guillermo de Baskerville,

el fundador de la orden.

Aunque lo vayan a canonizar mañana,

Guillermo no había sido, precisamente, un santo.

De hecho, todo lo contrario.

Había sido un criminal muy peligroso.

Nuestro padre escapaba de las autoridades

y buscó refugio en este edificio.

Entre estas cuatro paredes.

Y fundó la orden...

Para librarse de la horca.

Remigio iba a contar a todo el mundo que el fundador era un fraude

y que no merecía ser canonizado.

Y entonces, probablemente,

la orden tendría que disolverse.

De esta abadía han salido cosas muy buenas.

Y todas ellas

gracias a nuestro padre fundador,

criminal

o no.

Nuestros hermanos,

mis hermanos,

no tienen por qué pagar por sus pecados.

Para protegerlos, ¿mató a dos de ellos?

Tuve que escoger

entre salvar dos cuerpos

o cien almas.

Y creo que hice la elección adecuada.

Padre Bernardo,

queda usted detenido por...

Doble asesinato.

Espero que pueda encontrar un buen abogado.

No me hacen falta abogados.

El juez

que me ha de juzgar

ya tiene escrita su sentencia.

Si sólo os he perdido de vista un minuto,

¿cómo habéis hecho esto?

Dijiste que no pegáramos más pegatinas en la pared.

¿Y por eso os las ponéis por todo el cuerpo?

Pero ¿a quién habéis salido? ¡Por Dios!

Llaman a la puerta

Hola.

Pero ¿qué haces aquí?

Tenía unas pruebas médicas y he aprovechado para venir a saludarte

¿Son tus nietos?

Pues, no estoy muy segura.

Creo que mi hija los encontró en un bosque o algo así.

¿Eres el novio de la abuela?

Al otro novio se lo llevaron a la cárcel.

Venga, a la habitación.

Y os quitáis las pegatinas, vamos.

Pasa, pasa.

-Así que...

Esta es una de las cosas que me he perdido por no estar contigo.

Sí, pero no te has perdido gran cosa.

Mi vida ha sido

muy normal. No...

Vamos, te hubieras aburrido.

Por lo menos,

me habría aburrido a tu lado.

Me equivoqué dejándote escapar.

Isidoro.

Entré en esa abadía, porque pensaba

que así me dolería menos no estar contigo.

Pero que llegaras el otro día fue...

Fue una especie de señal.

¡Isidoro!

No, hombre.

No. Dios no me mandó a mí a tu abadía.

Llámalo Dios o el destino, es igual.

Es igual.

Pero encontrarte después de 40 años...

No ha sido una casualidad.

Mañana al mediodía

puede que salga a pasear por la puerta de atrás de la abadía.

Si te encontrara allí,

a lo mejor podíamos dar ese paseo juntos

e irnos

lejos.

Así que si este libro sale a la luz

la orden desaparecerá.

¿Crees que hay posibilidades de que el juez no lo haga público?

Hay que creer en los milagros.

Mira tu madre, por ejemplo,

se reencuentra con un antiguo novio 40 años después, y monje.

Treinta y nueve. ¿Cómo?

Que hace 39 años que no se veían.

Anda,

justo la edad que tienes tú.

¡Eva!

¿Qué hace él aquí? -Acaban de detenerlo.

Es un ladrón muy conocido, se escondía en la abadía.

Eso lo sé, pero no entiendo por qué lo han detenido.

Yo no he presentado ninguna denuncia contra él.

No sé. Ha sido Jacobo, pregúntale a él.

Llaman a la puerta

¿Se puede saber por qué has mandado detener a Quintín?

No ha sido cosa mía, es una orden de arriba.Venga ya.

Sólo nosotros y Martín sabíamos

que ese hombre estaba buscado por la policía.

¿Qué importancia tiene?

Si casi todos sus delitos han prescrito.

Pronto estará en calle, podrá volver a la abadía

y a su castidad, su silencio, sus cosas.

Bueno, es...

Luis.

Soy Jacobo, tengo que pedirte un favor.

Sí, otro.

¿Puedes mirarme quién ha ordenado la detención de...

Alfonso Vázquez?

Ya sé que es información restringida, por eso te llamo.

¿Te recuerdo todos los favores que te he hecho yo?

Venga, sí.

Dame la clave que necesito verlo, es urgente.

Sí, si.

Ya sé que es confidencial.

No te preocupes, no se lo digo a nadie, seguro.

Seguro.

Repican las campanas

"En la abadía tienes la paz que no encontrarás conmigo."

"Por si otra vez rompes tu voto de silencio y me mandas un mensajito."

"Me ha gustado verte."

"Maribel."

(He venido a...

A denunciar un asesinato). -¿Pero no sabes por dónde vas?

¿Un asesinato? ¿De quién?

El mío.

No me acuerdo de nada.

Ni de mi nombre, ni de profesión, ni dónde vivo, nada.

¿Y cómo está tan seguro de que han querido matarlo?

No sabría explicarlo, es una sensación.

Así que habéis descubierto que sabe tocar el piano.

Pero él no sabía que lo sabía tocar.

Tocaba como un robot, como si estuviera programado.

¿Sabe usted cómo se llama o dónde vive?

La verdad es que no.

Venía dos días por semana, los últimos dos meses.

Nos llevábamos bien, ¿verdad?

Me transmites confianza.

¿La reconoces?

Se llama Rebeca, Rebeca Sarasate y vivís juntos.

Entonces, ¿dónde está Rebeca?

Mi hermano Máximo tenía dos obsesiones su mujer y su música.

En ese accidente se libró de las dos.

¿Qué es esto?

Rebeca te engañaba con otro.

Puede que su amante sea la persona que os quiso matar.

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  • C.15 - Misterio Abadía del crimen

Los misterios de Laura - Capítulo 15 - El misterio de la Abadía del crimen

22 mar 2013

Laura deberá investigar el asesinato de un monje. Todo parecía apuntar a un suicidio, pero la autopsia revela que el muerto tenía vértigo ¿Cómo suicidarse arrojándose desde un campanario? Laura averiguará que no todos los monjes son lo que parecen, ni siquiera el fundador de la congregación.

 

Histórico de emisiones:

20/06/2011

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  1. Camipia

    No se pueden ver los capítulos!!!! Cargarlos por favor, muchas gracias, me encanta esta serie, excelente!!!

    16 jun 2016
  2. Avatar de Marisol Vioque Marisol Vioque

    En ono se puede ver las temporadas completas incluso la 3a en lo de videoclub video bajo demanda series temporadas completas

    11 abr 2016
  3. Claudia R

    Ya no se puede ver casi ningún capítulo, por favor dejen que los veamos¿¿¿¿¿¿

    14 mar 2016
  4. Andrea

    No me cargan los capítulos, no he podido continuar viéndome la serie. No se qué podría estar pasando

    31 ene 2016
  5. Roxana

    Es un placer esta serie la miro por televisión internacional desde Buenos Aires...por favor que continúe con mas temporadas....ahora revivo las viejas por internet,un abrazo fraterno al pueblo español... Roxana

    23 ago 2014
  6. mjose71

    Me ha encantado este capítulo... El homenaje a "El nombre de la rosa" es perfecto!

    18 jul 2014
  7. Ana

    Estupendos esos guiños a "El nombre de la rosa": el nombre del padre fundador, la forma en que Cuevas se mancha al leer...

    26 mar 2012
  8. Tamarind

    No me canso de ver los capitulos de Los Misterios de Laura. Maria Pujalte merece un premio por su actuacion. La serie es fantastica y OJALA rtve considere que edta serie se merece, por lo menos una tercera temporada, no importa si sale al aire a cualquier hora y si es en invierno, verano, o cuando sea GRACIAS!

    22 feb 2012
  9. JC

    Is it me or does Maria Pujalte look like Kate Mulgrew?

    12 dic 2011
  10. BeS

    Dos meses después de la emisión de este capítulo falleció Jordi Dauder, que interpreta al padre prior. Por si a alguien le pasa como a mí, que desconocía algunas facetas de su vida, esta es su página web http://www.jordidauder.com Tiene un resumen de su trayectoria como actor y también participando en otros campos con los que conecta. Escribió una novela que tituló "El estupor". Le deseo que donde esté pueda seguir siendo un feliz actor

    19 nov 2011