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Subtítulos de Los misterios de Laura - Capítulo 12 - El misterio de los ocho hombres sin piedad

Subtitulado por Teletexto-iRTVE. -Muy bien... ¿tiene la acusación algo que añadir? -No, señoría, la acusación no tiene más que añadir. -¿Y la defensa? -Mi cliente querría dirigirse al tribunal, señoría. -Sea breve. -Solo quiero agradecer al tribunal su eficacia en este proceso confío plenamente en la imparcialidad del jurado. Por eso, y porque sé que soy inocente sé que llegarán a un veredicto justo. -Miembros del jurado, han oído los argumentos de la fiscalía para demostrar la culpabilidad del acusado Joaquín Miralles. Han escuchado también los argumentos de la defensa alegando que el acusado mató en defensa propia. Han visto los informes periciales y forenses y han leído las leyes. Ahora... deberán decidir ustedes solos si el acusado es culpable o inocente. Han asumido una gran responsabilidad y les doy las gracias por ello. Ahora pueden retirarse a deliberar. -Este tío no merece un castigo así. -No hablamos de matarlo solo de que pase unos años en la cárcel. -Unos años no, cadena perpetua. Ese hombre mató a otra persona a sangre fría. -¡Fue en defensa propia! -¡Lo que me faltaba por oír! Le pegó un tiro por la espalda. -Llevamos aquí una semana, necesitamos llegar a algún punto. Si no este juicio puede durar años. -Claudia... ¡Claudia!, anda por favor, échanos un cable, que tú tienes un poquito de cabeza. -Yo creo que ya le hemos dado muchas vueltas a esto, así que... por mi parte, podemos votar. -Encantado, cuanto antes salgamos mejor. -Deberíamos pensarlo, no podemos tomar una decisión a la ligera. -¡Vamos!, que yo tengo un montón de cosas pendientes, no puedo seguir perdiendo el tiempo. Culpable. -Culpable. -Inocente. -Culpable. -Inocente. -Culpable. -Inocente. -Inocente. -Empate a cuatro, tu voto decide el juicio, Claudia. La vida de este hombre está en tus manos. ¿Lo vas a mandar a la cárcel? (DOS A LA VEZ) ¡Bueno! -¿Y esto? -Lo que faltaba. -¡No se ve nada! -Si es que no hay ventanas. -Hay que llamar al de seguridad. Se oyen golpes en la puerta. (MUJER ADULTA) ¿Puede abrirnos, por favor? No hay nadie. -Ya vuelve. (GRITA) -¡Dios! (GRITA) Música. Sirena de policía. (RESOLLANDO) -¿Qué te pasa en el pie? Tengo el coche en el taller, he venido en autobús. Me he echado a correr, porque llegaba tarde... Tengo zapatos baratos, Martín. ¿Has hablado con los testigos? Bueno, testigos... el jurado no vio literalmente nada. Hubo un apagón y cuando volvió la luz, estaba muerta. -No voy a hacer ninguna declaración, por favor. Quiero a los periodistas fuera del edificio, que solo la policía pisa ese pasillo. -Abandonen el edificio inmediatamente. ¡Abandonen el edificio inmediatamente! ¡Vamos! Juez Cortázar, la inspectora Laura Lebrel del Bosque. -Encantado. Encantada. -Sígame, inspectora. -Mandé cerrar este ala en cuanto supe del asesinato. Nadie ha entrado ni ha salido. El juicio al que pertenecía el jurado era suyo, se habían retirado para dar un veredicto. -Es una vergüenza, en 30 años no había visto nada parecido y en uno de mis juicios... ¡Imperdonable, es algo imperdonable! ¿Dónde están los demás miembros del jurado? -Incomunicados en otra sala. ¿Ya les han tomado las huellas? ¿Para qué? ¿Cómo qué para qué? A la víctima le dispararon, habrá que cotejar las huellas del arma con las del jurado. Para eso no te habría hecho venir en tu día libre. ¿De qué estás hablando? -No hace falta tomar las huellas, sencillamente no hay arma del crimen. La víctima se llamaba Claudia López, era corredora de bolsa. Por la herida, le dispararon a unos seis metros de distancia, justo desde ahí. -No queda ningún periodista en el edificio. Del arma del crimen ni rastro, hemos registrado todo y ni hay huecos donde esconder un arma. -Yo registré a todos a fondo, uno por uno. ¿Cómo pudo el asesino meter un arma en una sala cerrada y después sacarla? ¿Y cómo provocó el apagón? Pudo usar un temporizador. ¿A quién juzgaban? -A Joaquín Miralles. Ah, sí... Es el empresario que disparó a un ladrón que entró a robar a su casa. Algo he leído. Fue en defensa propia... Mafioso, más que empresario, aún no se ha demostrado que fuera un ladrón. Y le mató de un disparo por la espalda, si esa es tu idea de defensa propia... ¿Usted estuvo aquí todo el tiempo? -Yo montaba guardia en el pasillo cuando ocurrió. No me moví de la puerta en las dos horas que estuvieron. ¿No? ¿Ni un ratito? ¿Ni para bajar al bar a comer algo? ¿Eh? Ese bocadillo especial que anuncian en el letrero ese que lleva la mostaza francesa. (RÍE) Cuando una es madre, distingue las manchas como si fueran de sus propios hijos. -Solo media hora, estaban deliberando a puerta cerrada. no iban a salir. -Pero, cómo es posible... ya hablaremos usted y yo. Así que alguien ayudó al asesino a meter y sacar el arma. Ya sé que estás muy ocupada con las manchas de mostaza, pero... dado que la víctima era un jurado, ¿no te interesa saber cuál iba a ser su veredicto? Inocente, culpable, culpable culpable, inocente... Aquí dos inocentes y un culpable. Empate a cuatro. Parece ser que nuestra amiga tenía la última palabra. ¿Y su veredicto? ¿Dónde están sus papeletas? ¡Ocho sospechosos! La que nos espera. No te quiero contar si hay un asesinato en una filarmónica. Nos vamos a pasar todo el día. Hoy tenía vez en la peluquería. Era mi primera tarde libre en dos meses. ¡Libre, sin niños! Menos mal que mi madre me va a traer los zapatos. Yo había quedado a cenar con una chica que conocí ayer. ¡Gimnasta! -Podemos empezar cuando queráis. He puesto un cacharrito en cada sala para que cojan turno, como en la carnicería. (RÍE) Le quitáis a uno las ganas de ser simpático. Alejandro Méndez. ¿Es usted el dueño de un invernadero? Espero que regara las plantas antes de venir de jurado. -Si no tuviese empleados se habrían muerto todas. Mire, llevamos una semana sin poder hacer vida normal. ¿Conocía usted a la víctima? -Nos han tenido todo este tiempo encerrados en un hotel, nos hemos conocido, sí. ¿Le oyó discutir con algún miembro del jurado? -No, no hablaba con nadie, no discutía con nadie. Era una chica muy... callada. -Creo que lo de jurado le venía grande. ¿A qué se refiere? -No participaba mucho, no hablaba con nadie, estuvo todo el tiempo mirando al vacío. Oiga, ¿usted y yo no nos hemos visto antes? -No, no lo creo, ¿por? No sé... me resulta familiar. (DA UN MAMPORRO) ¡Aún no sabemos qué motivó el apagón! Lo que sabemos es que uno de ustedes es un asesino un monstruo, capaz de arrebatar la vida a un ser humano. ¿Pablo Calvo, verdad? -Sí. En su declaración dice que no había visto a la victima hasta que la conoció en el jurado. -Eso es, se me hizo raro que una abogada formara parte de un jurado. No era abogada, era corredora de bolsa. ¿Se llevaba mal con alguien de ustedes? -Era difícil saber nada de esa chica, no hablaba mucho. Yo creo que era por la presión de tener que juzgar a un tipo. Me da que Claudia no lo llevaba muy bien. La deliberación estaba justita, cuatro inocentes y cuatro culpables. -Parece mentira, se ve a la legua que es culpable y hay cuatro personas que votan inocente. ¡Manda huevos! ¿Qué quiere decir? -Que Claudia iba a decantar la balanza. Habría votado culpable casi seguro, por eso tenía broncas con Asier cada dos por tres. ¿Con Asier, por qué? -Porque él piensa que ese tipo es inocente. Lleva toda la semana comiéndonos la cabeza a todos. Consiguió convencer a dos. Pero no a Claudia. -Uno de ustedes tuvo la sangre fría de disparar a oscuras y matar a una pobre chica inocente. Si descubro que esa persona es usted, voy a hacer que lamente el día que me conoció. ¿Queda claro? (NERVIOSA) Sí. Lo que está claro es que ninguno se conocía hasta hace una semana, por tanto no veo qué motivos podían tener para matarla. Por tanto uno de ellos miente. La chica era corredora de bolsa. Una vida normal, un trabajo normal. Todos coinciden en que era callada, tranquila... No, tranquila no, tenía el boli totalmente mordido, estaba hecha un manojo de nervios. Podía mandar a uno de los tipos más ricos del país a la cárcel. Yo también estaría nervioso. Oye, ¿a ti no te suena uno de los miembros del jurado un tal Asir no sé qué? El padre de la chica en coma. ¿Qué chica en coma? ¿Alguna vez lees los informes de los sospechosos? ¡Claro, por eso me sonaba! El tratamiento de la hija vale un dineral y este hombre no lo puede pagar porque es... vendedor ambulante, ¿no? Al parecer era él quien más defendía la inocencia del empresario. De hecho tuvo un par de enfrenamientos con Claudia. ¿Crees que lo de su hija puede tener que ver con el crimen? Aún es pronto para saberlo. Ronquidos. Ronquidos. Mamá... Mamá. (GRITA) ¡Niños a vuestro cuarto! (SUSURRA) Sí, hombre, encima despiértalos a gritos. -Perdona, no me he dado ni cuenta. Les estaba leyendo un cuento... me he quedao dormida. Les estabas leyendo la revista "Cotilla". -Pues eso, cuentos. Los suyos les aburren, Ayúdame a llevarlos a la cama. -Sí. (BOSTEZA) ¿Cómo has llegado tan tarde? El autobús, que ha tardado un montón. -¿Autobús? O sea que no has sacado el coche del taller. Pero si hace dos días que lo tienes arreglado. De momento me arreglo bien con el autobús. -¿No puedes pagarlo, verdad? ¡Por culpa de Jacobo!, ¿verdad? ¿No habrá dejado de pasarte la pensión? Tengo el coche retenido en el taller, nada más. De momento me arreglo bien con el autobús y punto. -Oye, yo tengo el dinero de la venta de mi casa. Si quieres... Y punto. Laura, es el despacho de un juez, no una tienda de recuerdos. Te va a pillar metiendo las narices en sus cosas. No entiendo lo que les da a los abuelos con esto de las escopetas. -Algunos preferimos disparar en los cotos de caza antes que en los juzgados. Disculpe, señoría, no quería yo... -Las grabaciones de seguridad del pasillo de la sala. La retiré inmediatamente. ¿Las ha revisado? -Nadie entró ni salió de ahí. Pero ustedes tienen más experiencia y pueden ver cosas que a nosotros se nos escapan. Hemos interrogado a los jurados ninguno parecía tener motivos para querer matar a Claudia. Lo que nos lleva a pensar que fue por su veredicto y... todo apunta a que iba a votar culpable. ¿Qué pasa con el juicio? -Acabo de anularlo. Se repetirá en un par de meses. Con un nuevo jurado. -Claro. Así que, si la mataron por su veredicto, el asesino se arriesga a que su plan salga mal. -Yo no soy quien les tienes que decir cómo llevar esto... pero sí, lo sensato es pensar que la mataron por su veredicto. Tiraremos de ese hilo, no se preocupe. -Tire de los hilos que haga falta, pero... encuentren al malnacido que coló un arma en mi sala y mató a uno de mis jurados. Y háganlo pronto. -¿Es necesario? Llevamos 24 horas recluidos sin contar con la semana del juicio. -Sí, y algunos tenemos cosas que hacer. Siento mucho que el asesinato de su compañera altere su rutina. -Nuestra sala es la otra, la de la planta. ¡Ah, qué tontería! Con tanta puerta igual, me lío. -Ayudaremos en lo que podamos, pero estamos un poco alterados por lo que ha pasado. Gracias, puede que la investigación lleve un tiempo. Terminaremos lo antes posible. Sé las ganas que tiene de ver a su hija. -Ya se ha acordado de qué me conocía. Vi la noticia de su pelea con el ministerio. -No sirvió de nada, no conseguí la ayuda que necesitaba. Por eso me ha extrañado verlo aquí. Si yo estuviera en su lugar, con una hija enferma rechazaría ser jurado, seguro que lo permitirían. Será mejor que empecemos. -Este sitio me da escalofríos. Vayan ocupando los mismos sitios que el día del asesinato. Sobre todo no toquen nada, cuando quieran. -No funciona el aire acondicionado, ¿no? ¿Por qué lo dice? -Porque ayer no hacía este calor. Muy bien, yo soy Claudia y estoy a punto de dar mi veredicto. Necesito que ustedes hagan los mismos movimientos que ayer cuando se fue la luz. ¿De acuerdo? ¿Preparados? Adelante. A ver... nos quieren hacer creer que se va la luz y nadie se mueve de su silla? No es lo que nos dijeron durante los interrogatorios. Venga, sin trampas, por favor. Vamos a repetir los movimientos. Pero esta vez con la luz encendida. -Yo me levanté, fui hacia la puerta. Estaba cerrada. (GOLPEA LA PUERTA) Y llamé. -Yo también me levanté. Y vine... y vine aproximadamente hasta aquí. Y aquí choqué con alguien. ¿Creo que fue contigo, no Álex? -Sí. Yo... también me levanté. Y Asier también estaba de pie, ¿no? -Yo quería ir hasta el interruptor. Pero, como no veía nada, me quedé aquí. Entonces, ¿estas eran las posiciones cuando volvió la luz? -¿Se ha quedado contenta, inspectora? ¡Uh! No lo sabe usted bien. Era más fácil de lo que parecía, la autopsia dice que dispararon a Claudia a unos cinco o seis metros de distancia. El forense ha dicho que cinco de los jurados no pudieron ser. Mira, estos cuatro... estaban demasiado cerca. Y ella... estaba aquí detrás. Así que hemos pasado de ocho sospechosos a tres. Asier, Pablo y Álex. Pues nos sobran dos, necesitamos un sospechoso, Laura. -Laura, he encontrado lo que me pediste, tenías razón. ¿En qué tenía razón? El dato sobre el padre de la niña enferma. Ya tenemos oficialmente un sospechoso. -Toma, guapa. La madre que me parió, no toquéis eso. ¡Javi, Carlos! Os he dicho que no os alejéis. -¡Inspectora! ¡Ah, Asier! Qué sorpresa, ¿qué hace usted aquí? -Este es mi trabajo, y ese era mi globo. Tendré que pagárselo, ¿qué le debo? -No se preocupe. Gracias. Por un segundo pensé que venía a hablar del asesinato. No, no. Pero mire... sí quería hablar de su relación con Joaquín Miralles. -No tengo ninguna relación con ese hombre. ¿Ah, no? Qué raro. En el hospital donde está su hija me han dicho que su médico es el mismo que de Joaquín Miralles. -Los médicos tratan a mucha gente, será casualidad. Puedo conseguir una orden para obligar al médico a que nos diga si esa casualidad fue provocada. Venga, niños, id a ver el guiñol. Mire, me da igual quién de los dos me diga la verdad, pero será más fácil si me la dice usted. No tenía dinero para pagar el hospital, pedí ayuda al ministerio pero no me la dieron. Y Joaquín Miralles le ofreció a su médico personal, a cambio de que convenciera al jurado de que era inocente. -Usted es madre, tiene que entenderlo. Claro que lo entiendo, y también que lo único que separaba a su hija del tratamiento era Claudia. -Estaba convencida de que Miralles era culpable, y no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer. Y por eso usted se llevó las papeletas de ella. -Tenía miedo de que las dieran por buenas, ¡pero yo no la maté! Además creo que ella sospechaba de mí. Antes de entrar en la sala le vi hablar con el guardia. ¿Qué le decía? Que quería salir, ir a hablar con la policía... no sé. Pensaba que les iba a contar lo que yo estaba haciendo. Pero supongo que ya nunca lo sabremos. (LOS DOS) ¡Hola, tío Martín! ¡Mira quién está por aquí! Dos presos peligrosos se han escapado. -¡Póngalos aquí, agente! Cuevas, las esposas. Dadme las manos. -Tenéis derecho a permanecer en silencio. Todo lo que digáis va a ser usado en vuestra contra. No podéis hablar ni delante de vuestra madre. (RÍE) ¿Cómo ha ido con el de los globos? No sé qué pensar. Pero ese hombre está desesperado. -Laura, está tu madre esperando en el párking de atrás. ¿Qué? -Tenía que enseñarte algo. Ni se os ocurra darles las llaves, ¿eh? (RIENDO) ¡No! ¿Tienes tú las llaves? Son tus esposas. Claxon. ¿Pero qué haces en este coche? Si no tienes carné. -Oye, que me he apuntado a una academia esta mañana. Así no tendrás que llevarme a todas partes... en tu coche nuevo. ¿Has comprado este coche para mí? -De nada, hija. Si no necesito que me des las gracias, lo único que necesito es verte feliz. Pero si yo ya tengo un coche. -Lo sé, al principio quería pagarte el arreglo, pero pensando, dije... mejor le compro uno nuevo. No, no, mamá... no puedes hacer estas cosas. Ya no soy una niña, tengo mi vida. -¡Ya lo sé! Yo lo que quiero es que la vivas sin problemas. Es que son mis problemas, ¿entiendes? Y tengo que salir de ellos yo sola. -La chica me pidió salir, pero el reglamento es inflexible. Un jurado no puede tener contacto con el exterior hasta que el juicio acabe. Se requisan los móviles... todo. -Así que Asier Fernández quería dejar a Miralles en libertad. y la chica se oponía. Sé que todo apunta a Asier, pero... me parece demasiado fácil. -Pero ha confesado haber cogido las papeletas de la chica. Pero si Claudia quería denunciar al impostor ¿por qué no se lo dijo a usted directamente? -No sé. ¿Pasó algo más? ¿Claudia habló con alguien, o fue a algún sitio? -Después de hablar con ella, acompañé al resto del jurado a la sala, ella llegó la última porque se quedó en el cuarto de baño. Es todo lo que sé. -Si no me necesitan más... No hace falta, ya les hemos molestado bastante, gracias. Seguiremos en contacto. Tú no crees que Asier lo hiciera. Haría cualquier cosa por salvar a su hija, pero no lo veo capaz de matar. Es la misma marca que la botella que tenía Claudia en la mesa. Busca la foto. (RÍE) En la sala había un montón de botellas y sin embargo vino hasta aquí a por una. Tendría mucha sed. Está cerrada, Martín. Si tenía tanta sed, ¿por qué no la abrió en esas dos horas? Entonces no quería la botella. ¿Por qué la compró? El guardia acaba de decir que llegó la última, porque había ido al servicio. ¡No quería el agua, quería el cambio! Pediremos el registro de llamadas. -Qué suerte que me hayan encontrado, no suelo estar en casa. Sí que es suerte, sí. ¿Viaja mucho? -Sí, no paro, soy azafata. ¿Conoce a Claudia López Leal? -¿A Claudia? Sí, claro, viví con ella varios años. ¿Ha pasado algo? Formaba parte de un jurado. Y le dispararon. -¿Qué? Ha sido asesinada. (LLOROSA) Ahí estamos juntas, compartíamos piso. Y de las tres solo quedo yo. ¿Qué quiere decir? -Que Aurora también fue asesinada hace cinco años. Por eso dejamos el piso. ¿Pero, cómo asesinada? ¿Qué ocurrió? -No lo sé. Aurora se veía con alguien, un hombre mayor, nosotras nunca supimos quién era. Ella se coló por él, se quedó embarazada... y al poco tiempo apareció muerta. ¿Nunca dieron con el asesino? -No. -Claudia y yo siempre pensamos que fue el hombre casado, para evitar problemas. Claudia le cogió el teléfono y habló con él varias veces. Decía que reconocería su voz si la volviera a escuchar. ¿Piensan que esto puede tener algo que ver con su muerte? ¿Puede ser el mismo asesino? Claudia llamó a esta casa desde el juzgado, antes de que la mataran. ¿Tiene contestador? -Sí, sí... (CONTESTADOR) Tiene dos mensajes. Martes, 20 horas, 37 minutos. Almudena, dame un toque cuando vuelvas y quedamos, un beso. Miércoles, 9 horas, 10 minutos. Almudena, soy yo Claudia. -Sí, es ella. No tengo mucho tiempo, tienes que escucharme. He encontrado al asesino de Aurora, al principio no estaba segura, pero ahora sí. Es él, es su voz. No me dejan salir ni hablar con nadie, estoy en un jurado pero en cuanto salga... Eh, tengo que colgar. ¡Por eso la mataron! ¡Reconoció la voz después de cinco años! Tono de llamada cortada. Así que Aurora es asesinada, y años después, Claudia reconoce al asesino entre el jurado y también la matan. Hay que buscar cuál de los sospechosos está relacionado con ese caso. Lo sé. He hablado con la comisaría que lo llevó, van a enviar a alguien con los expedientes. ¿Y por qué no te los mandan por mail? -Porque te los quería traer yo en persona. ¡Ismael! ¿Qué haces aquí? -Yo llevé el caso de Aurora, no siempre he sido de la Secreta. Estos son todos los expedientes del caso. ¿Se autodestruirán en cinco segundos? (RÍE) ¡Qué bien! ¿Te quedas a cenar? -Claudia y la otra chica muerta trabajaban en el mismo bufete. Especializado en acciones civiles y accidentes laborales. ¿Pero cómo metió y sacó el asesino el arma de la sala? No lo sé, el guardia cerró con llave. Nadie entró ni salió, está en las grabaciones. Si el arma estuviera hecha de algún material plástico, podría haber pasado los controles. -Sería una buena explicación, para una película. Como en la Secreta vivís en una peli de espías, pensé que te gustaría. Además, esas armas existen... y nuestro trabajo es no descartar ninguna posibilidad. -¿Y si subió el arma atándola a una cuerda que hubiera descolgado por la ventana del servicio? He dicho posibilidad no tontería. Pero bueno, ¿qué os pasa? Que eso es lo primero que pensamos nosotros. Así explicaríamos cómo metió el arma pero no cómo la sacó. Cuando la chica murió, el juez y el guardia de seguridad corrieron a la sala, que estaba cerrada y se los llevaron a todos para registrarlos. -Como estaba a oscuras, tuvo que disparar con una mira infrarroja. Ismael... tú has dicho que Claudia era abogada, pero en este momento trabajaba como corredora de bolsa, así que todos pensábamos que era economista. pero había alguien que sabía que era abogada. Él mismo me lo dijo. -Se me hizo raro que una abogada fuera parte de un jurado popular. Pablo Calvo, el entrenador. Si sabía que era abogada, la conoció en época del bufete, ¡cuando mataron a Aurora! ¿Y tú cómo estás? ¿Mucho trabajo? Aunque no estarás autorizado a hablarme de ello. -No. Pero te puedo decir que es sobre el robo de documentos oficiales en una embajada. ¿Y tú? Algún criminal hemos metido en la cárcel, nada importante. -¿Nada importante...? He visto todos los casos que has resuelto, no seas tan modesta, cuélgate alguna medalla. (RIENDO) Qué va, no conjunta con nada de lo que tengo. (RÍE) Pensaba que estarías molesto. Por lo de mentirte y eso, cuando nos conocimos. -No, al revés. Oye, tú y yo tenemos una cena pendiente. Y esta vez en un sitio donde no se cometa ningún asesinato. ¿Te apetece? Claro. Siempre y cuando no desaparezcas en una misión secreta. ¿Cuándo? -Lo sabrás en su momento. Sabré dónde encontrarte. (RÍEN) -Te hago una llamada perdida, anotas mi número... y una noche que te venga bien me llamas. -¡No quiero más excusas, te he encubierto y tienes que pagarme! Quiero ver el dinero mañana por la mañana. No me hagas hacer ninguna tontería. ¡Es la última vez que te lo pido! Se oye un arma cargando. -Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos. Ahí, que duele un poco. ¡Hola! Estoy trabajando, no puedo atenderles, me van a hacer perder dinero. -Y a mi me van a hacer engordar. ¿Por qué no prueba a llevar estas bolsas todo el día? -¿Quieren hacerme perder la clientela? En la cárcel va a tener clientes de sobra. Hace dos días dijo que conoció a Claudia durante el juicio. ¿Cómo sabía que fue abogada? -Pues porque ella me lo dijo. Y porque ella y una amiga... Aurora Monterroso, ¿le suena? llevaron una demanda suya. Usted conocía a las dos y ahora las dos están muertas. ¿Qué deberíamos pensar? -Vamos a ver... Hace unos años, cuando vivía del tenis, la empresa que me patrocinaba puso un coche a mi disposición, para hacer publicidad de la marca. y ...tuve un accidente. Lo sabemos. Ellas denunciaron a la empresa patrocinadora. El coche estaba defectuoso, ganamos y ya está. No tengo motivos para querer matarla. ¿Ah, no? -No. El caso no llegó a juicio porque se llegó a un acuerdo pero de haber ido habría ganado el doble. Culpó a sus abogadas. Varios años después, coincide con la otra en un jurado y también la asesinan. Es mucha casualidad, ¿no? -Pues sí, esas cosas pasan. Es verdad que reconocí a Claudia, y es verdad que me la jugaron en el pasado. Pero yo no la maté. Me dio miedo decirlo porque no quería que sospecharan de mí. Pues se lo ha montado muy bien, pero es el favorito para estas pulseras. -¡Que yo no la maté, joder! ¿Pero saben, lo que les digo? Que me alegro de lo que le pasó, porque en esa sala se hizo justicia. Lo que no sale en sus informes es lo que me pasó en ese accidente. Como comprobarán mi carrera profesional se fue al garete. A la empresa patrocinadora se le habría caído el pelo, pero untaron a mis abogadas y les salió prácticamente gratis. Y lo peor es que cuando me vio ni se acordaba de mí. Pero yo no soy el único que les está mintiendo. Alguien de esa sala se acostaba con ella. ¡Qué trajín! ¿les dio tiempo a hablar del caso Miralles? Unos días antes, me senté al lado de Claudia, por error cogí su libreta y al abrirla alguien había escrito "espero volver a verte esta noche en tu habitación." ¿Quién era? -Yo que sé. Pero si han hablado con todos y no les han contado nada es que alguien miente y tiene buenas razones para hacerlo. Suena un móvil. Dime. ¡Jacobo! Sí, voy para allá. ¡Eh, mi merluza! Es mi compra. Gracias. ¿Por qué lo habrán matado? Pues no sé. Puede que fuese cómplice del asesino. Y así pudieron meter y sacar el arma de la sala. Uno de los jurados mató a Claudia, y le entregó el arma al guarda para que la escondiese. Y se deshizo del único cabo suelto, el propio guardia de seguridad. Pero hemos revisado las cámaras y no se ve a nadie. y no hay ningún registro de entrada. Probablemente la víctima le dejó entrar, tenemos que ver si tenía relación con algún miembro del jurado. Voy a echar de menos esto. ¿Qué dices? El puesto de Félix ha quedado vacante y... me han ofrecido ser comisario principal. ¡Pero si es lo que siempre habías deseado! La verdad que me gusta estar aquí a pie de calle, no estar en un despacho revisando presupuestos y comiéndole la oreja a un político a ver si me da fondos. No creo que acepte, no. Oye... ¿Y esta mancha de sangre? Da la impresión de que la hizo la víctima cuando agonizaba. Parece un 11. Ajá. O un dos, de números romanos. Ah, sí. Probablemente intentaba decirnos algo. Puede ser. Oye, Jacobo... ¿No te parece raro que un guardia se gaste dinero en bonsáis? Un poco raro, la verdad. O a lo mejor no. Porque un miembro del jurado se dedica a cultivarlos. A... miga. ¡Hola! -Hola. ¿Viene a por unas plantitas para la comisaría? Esto es enorme, ¿eh? -Somos uno de los invernaderos más importantes de España. Proveemos de plantas y semillas a clientes muy selectos. Nada de transgénicos, claro. ¿Conocía a Ginés, el guardia de seguridad de los juzgados? -No. ¿No? ¿Y por qué tenía en su garita dos bonsáis como estos? Hasta son las mismas macetas. -Ah, Ginés, sí. Sí, es que durante el juicio me daba tabaco, y hacía la vista gorda cada vez que salía a fumar. Y usted se lo agradeció... La madre del cordero, ¿Con dos bonsáis de 300 euros cada uno? ¡Qué agradecido! -¿Van a detenerme por hacer regalos o qué? Sé dónde quieren ir a parar. ¿Creen que si cometiese un crimen pagaría a mi cómplice con bonsáis? Por favor. Sí, o quizá quería tener un detalle con él por no contar a nadie que se acostaba con la chica asesinada. -¿Qué está diciendo? Claudia trabajaba en una empresa de inversiones, Invernes. Curiosamente, la página que tiene abierta en su ordenador. -Eso no prueba nada. Cuando murió la chica hablamos con esta empresa Para acceder a esa página hace falta contraseña que solo tienen los empleados, como Claudia. Está usando una clave secreta para acceder a información privilegiada Eso es un delito. A lo mejor Claudia se enteró e iba a denunciarle. -No, eso no pasó. Ella me dio la clave, ¡me la dio ella! Quiso ayudarme con mis inversiones. Una de las veces que vinieron a buscarnos al hotel, Ginés, el guarda, me vio salir una mañana de la habitación de Claudia. Le di los bonsáis para agradecerle su discreción. Estoy a punto de casarme con la hija de un socio importante ¿Sabe por qué Claudia se puso tan nerviosa el día del juicio? No. Bueno, creo que tenía que ver con... con la muerte de una amiga suya hace años. Era abogada. Claudia quería consultar en el juzgado todos los casos en los que había intervenido. Decía que la clave de su muerte estaba en ellos. ¿Niños, pero qué os ha pasado? -Estamos jugando a los médicos con la abuela. -Sí, nos lo estamos pasando muy bien, ¿a que sí? La abuela ha ido a recogernos al cole así y ahora todos los niños quieren jugar con ella. Claro, venga, dadle un beso. Que tenéis que ir a hacer los deberes a la habitación. -¡Besito! El otro besito. (RIENDO) ¿No te parecen...? Mamá, deja de cojear, que ya se han ido. -Si es todo de verdad, les he dicho que me he disfrazado para no asustarles. ¿No te habrás vuelto a pelear con otro niño? -No, fui a devolver el coche al concesionario no vi un semáforo y me la pegué. ¿Qué? -Sí. ¿Te saltaste un semáforo? ¿Chocaste con alguien? -No, Laura, ¿ves como no me escuchas? No vi el semáforo y me choqué contra el propio semáforo. No me he hecho nada grave, solo un esguince en la muñeca y contusiones leves. ¿Seguro que estás bien? -Sí, sí. ¿Y el coche? Si tú no tienes carné. -Para el arrastre, hija. Yo solo te quiero ayudar y sentirme útil Y termino siempre empeorándolo todo. Venga, mujer, que sí que me ayudas mucho. -No. ¡Claro! ¿Cómo me iba a organizar? Con la casa, los niños... -¿De verdad que te soy útil? Muy útil, mucho. Nena... ¡Ay! Y me voy a ir a casa, que tengo la cabeza un poco... ¡Claro! Descansa, ¿eh? ¡Ay, mamá! Llaman a la puerta. -¡Inspectora! ¿Todo bien? Creerá que estoy loca, pero los lugares del crimen, me inspiran. Parece que me dijeran cosas del asesino que mató en ellos -¿Y este le dice algo? No, no me dice nada en absoluto. Estas salas son tan frías, tan impersonales. -Como el propio sistema judicial. Pero son las personas que aquí deliberan las encargadas de darle vida. Y sin embargo a una de ellas se la quitaron. -Aquí tiene sus expedientes, hice lo posible por agilizar los trámites. Gracias. El día que murió, Claudia había pedido ver los archivos de todos los casos de una amiga suya abogada, Aurora Monterroso. También fue asesinada hace unos años. -¿Y cree que tiene que ver con el caso? Es lo que intento averiguar. -Entonces no le entretengo. ¿No quiere verlos en un lugar más agradable? No, aquí está bien, gracias. ¿Por qué no revisamos los expedientes en comisaría? Porque aquí en la cafetería del juzgado, hay unas magdalenas riquísimas. No sé, los he mirado con lupa. Todos los casos en los que intervino la amiga de Claudia son casos civiles, por daños y perjuicios, incluido el de Pablo, el jurado deportista. A lo mejor deberíamos ir por ahí, es la única conexión entre las dos chicas muertas. No lo sé. también he mirado los números de los expedientes. He buscado un dos o un 11. Por el número que marcó el guardia cuando lo mataron. Pues ya me dirás qué hacemos. Yo me voy a pedir una magdalena, que el azúcar me ayuda a pensar. ¿Quieres algo? ¡Ay! Me llevo una de estas, ¿vale? Hum. Oye, Martín, ¿y si los números... ¿Y si los números son los de los jurados? Yo vi una película en la que los jurados se llamaban por números. Así que podría estar queriendo acusar al dos... o al once. No, al once, no, porque son nueve. (RIENDO) Uy, qué tontería, como todas las mesas son iguales. Todas las mesas son iguales... ¿Y si el guardia no quería dibujar un dos o un once... sino... un signo de igual. ¿Igual? ¿Cómo en las sumas? (ASIENTE) ¿Igual a qué? Eso complica las cosas. ¡Al revés!... Puede que esto... lo aclare todo. A ver los expedientes. Claro. Claro, claro. Sí, sí, sí. No, pero... ¡Sí! Sí. No digas nada. ¿Convoco a los sospechosos? -¿Y la inspectora? Esto es algo inusual. Debe estar al caer, señoría. Perdone, señoría. Los controles no paraban de pitarme. Hola, ¿qué hay? Llevo siempre tantas cosas... -No se preocupe. Cuando quiera puede exponer sus conclusiones. Gracias. Claudia fue asesinada en una sala cerrada a cal y canto y con un arma del crimen que entró, no se sabe cómo y que luego se evaporó, como por arte de magia. ¿Pero qué pasó en esa sala que provocó que la asesinaran? ¿Fue porque le había hecho una mala pasada a alguien y había llegado el momento de pagar por sus errores? ¿Fue porque había descubierto que un miembro del jurado estaba comprado? ¿O tal vez se dio cuenta de que alguien estaba utilizando sus claves para acceder a información privilegiada de su empresa e iba a denunciarla? Estos podían ser los móviles del crimen, pero la razón fue otra. La mataron... porque descubrió la identidad de la persona que había asesinado a su mejor amiga y compañera de piso hace algunos años. -Pero si lo descubrió, ¿por qué no dijo nada? Porque no estaba segura, solo reconoció su voz. al estar incomunicada por ser un jurado no podía cerciorarse. hasta que no terminara el juicio. Por eso... pidió ver los expedientes de los casos de su amiga, que era abogada. En ellos estaba la clave que iba a confirmar sus sospechas. Pero Claudia no pudo ver estos documentos porque pasó algo con lo que no contaba. Y es que el asesino también la reconoció a ella. Y decidió matarla. El mayor misterio que planteaba este caso era cómo habían logrado meter el arma en la sala y sacarla. -Fue el guarda de seguridad, eso está claro. Eso fue lo que pensamos al principio, hasta que me di cuenta de lo que quería decir el dibujo que había dejado marcado en el cristal antes de morir. El signo de igual. Me di cuenta de que todo había sido como un gran truco de magia. ¿Se acuerdan de que cuando hicimos la reconstrucción ustedes se quejaron de que hacía calor en la sala? -Sí y en esa sala siempre había hecho frío. ¿Por qué hacía calor en una sala en la que siempre hacía frío? -¿Nos va a decir cómo metió y sacó el arma el asesino? Muy sencillo. El arma nunca entró ni salió de la escena del crimen porque el arma nunca estuvo allí. Todas las salas de ese pasillo son iguales. Eso era lo que nos quería decir el guardia. La sala en la que estaban cuando asesinaron a Claudia y en la que la vimos nosotros, la policía, no son la misma sala. De ahí la diferencia de temperatura. Una tiene una rejilla de ventilación, desde la que disparar desde fuera Y la otra no. El asesino hizo saltar los fusibles. Y haciendo uso de un dispositivo de visión nocturna, disparó a través de la rejilla de ventilación que había en la sala donde estaban deliberando. Y después de que se los llevaran para interrogarlos, retiró las cosas de la mesa y sacó el cadáver de esa sala que tenía rejilla de ventilación, para luego colocar las cosas y el cadáver en una sala que no tenía rejilla. una sala herméticamente cerrada. Y así hacer creer que el asesino era uno de los miembros del jurado. Uno de ustedes. -¿Y cómo no nos dimos cuenta cuando hicimos la reconstrucción? Por un fenómeno de sugestión colectiva. Y porque la sala donde se reunían tenía una planta en la puerta. El asesino solo tuvo que correr la planta y colocarla en la puerta de la sala que le interesaba. -Nuestra sala es esa, la de la planta. Fue sencillo confundir al jurado con tantas salas iguales. Con tanta puerta igual me lío. Pero... solo una tiene una rejilla de ventilación que da precisamente al despacho del asesino. A su despacho, señoría. -¿De qué está hablando? Hablo de que me mintió, cuando me dijo que no conocía a Aurora, la conocía. (RÍE) Y mucho. En estos expedientes está todo. Usted fue juez en muchos de sus casos. En todos los casos, falló a su favor, al fin y al cabo eran amantes. Cuando se quedó embarazada su historia podía hacerse pública así que la mató. Cinco años después, cuando todo parecía olvidado, aparece una testigo que le reconoce. Claudia. Y eso le costó la vida. Tras dispararle hizo que se llevaran al jurado, para incomunicar el pasillo y cambiar el cadáver de sala. Manipuló las grabaciones de las cámaras comprando al guardia. Y por eso también tuvo que matarlo después. -Espero por su bien que pueda demostrar todo esto, ¿eh? Está demostrado, hemos registrado su casa. -¿Qué? Y hemos encontrado varias armas y unas gafas de caza nocturna. Usted es aficionado a la caza. Yo vi las plaquitas, los trofeos... y las fotos, con la escopeta. Hemos analizado las armas, las muestras de balística de una de ellas coinciden con las balas que mataron a Claudia y al guardia. -Tengo amigos influyentes, políticos... abogados y fiscales que me deben favores y me van a ayudar. Siento decirle que no creo que pague por lo que hice. Pero no son sus amigos quienes van a decidir, ¿verdad? Sino personas normales, como este jurado. Usted mismo me lo dijo. El sistema judicial es frío, son las personas que deliberan las que le dan vida. -Inspectora, si lo que usted dice es cierto, desde luego, por mi parte, este hombre es culpable. -Yo también, culpable. -Y yo, culpable. -Culpable. -Culpable. -Culpable. -Culpable. -Culpable. Con la venia, señoría. Queda arrestado por el asesinato de tres personas. Se levanta la sesión. -Menuda exhibición, me has dejado impresionado. Parecías una abogada de verdad. (RÍE) Lo he copiado de la tele. -¿De "Perry Mason"? No, de "Desheredada". En una temporada acusaban a la protagonista de haber matado a su marido, y estiraban aquello como el chicle. -¿Por qué no me lo cuentas cenando? No voy a poder, tengo un montón de cosas que hacer. Tengo que arreglar un lío que ha montado mi madre... dar de cenar a los niños... ¡Por cierto! ¿No conocerás a alguien que tenga un desguace? -(RÍE) No. Pero puedo pasara buscarte cuando termines. ¿Tan tarde? ¿Quién nos va a dar de cenar tan tarde? -No te preocupes, tengo mis contactos. A no ser que estés muy cansada. ¡No! No, no estaré cansada. ¿Y todos los días andas así de liada? Este es uno de los buenos, imagínate los fines de semana cuando mis hijos no van al cole. -¿Pero qué pasa? (LADRA) -En el último mes se han robado 27 perros. ¿Y pastores alemanes cuántos? -Nueve. -¿Crees que los robos tienen que ver con el centro? No lo sabemos, a veces aparecen cosas muy turbias. -Como ese perro se quede, la que se va soy yo. -¿Nos lo podemos quedar? Bueno, vale. (LOS DOS) ¡Bien! -Adiós. ¿Qué hacías allí? ¿Allí te abandonaron? (LADRA) Rufo nos lleva hasta su dueño. ¿Ves los nerviosos que está? Porque a los perros les encantan los huesos. -Nadie sabe lo que pasó, nos imaginamos que subió abrió la ventana... y se resbaló. Así que todos ustedes estaban solos. -Sí, ¿qué importa eso? -Se presentan en la sala de subastas, ahora aquí, ¿qué buscan? Lo mismo que usted, la pieza que falta. Digamos que Rufo es testigo de un asesinato. ¿Cómo me lo dejas a mí? Dáselo a la policía, a ver si me pasa algo. ¿Por qué va a venir aquí? Ya te lo he dicho. Porque tenía algo más que enterrar.

Los misterios de Laura - Capítulo 12 - El misterio de los ocho hombres sin piedad

19 mar 2013

Una joven es asesinada mientras formaba parte de un jurado. A puerta cerrada y después de un apagón, la chica aparece asesinada y no hay arma del crimen pero sí unos sospechosos evidentes, los otros miembros del jurado.

 

Histórico de emisiones:

30/05/2011

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