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Para todos los públicos
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

(Puerta)

Soy yo, tranquilo. -Cada vez que se abre esa puerta

creo que vienen a por mí.

Esta maldita guerra ya ha terminado.

Cada vez falta menos para que vuelvas con tu familia.

-Debería esconderme en otro sitio, aquí te estoy poniendo en peligro.

¡Bah, tonterías!

Eres mi amigo, no te voy a abandonar a tu suerte,

pero si quieres hacer algo por mí, come algo de una vez.

Estás en los huesos. -Luego,

ahora no puedo distraerme.

-¿Me explicarás alguna vez qué es lo que estás haciendo?

Empiezo a pensar que estás tan loco como los demás.

Creo que he encontrado algo,

algo increíble. -¿El qué?

¡Estrellas!

¿Qué dices?

Si no has salido de este cuarto en meses.

Además, aquí sólo hay números.

-Hay más que eso,... muchísimo más.

Sí, sí. No, no puedo abrir las puertas,

porque necesito tiempo para examinar la escena.

¡Pues claro que me siento un imbécil habiendo dejado que alguien

cometa un crimen en mi despacho, delante de mis narices, hombre!

¡Vale, perfecto!

No entiendo cómo ha podido pasar. Estábamos ahí mismo, tú y yo.

-Sí, nosotros vimos pasar a Hugo, pero no vimos entrar a nadie después,

y Cuevas todavía estaba de espaldas, pero yo,... yo estaba ahí.

Si hubiera entrado alguien lo hubiera visto.

Los sospechosos ¿estaban... todos juntos en ese momento?

No creo. Además, les habíamos dado libertad de movimientos.

¡Ya!

Y uno de ellos se cogió demasiada.

Está muerto, ¿verdad? Claro que está muerto,

si no ¿qué crees que han estado haciendo durante todo este tiempo

ahí dentro? Ha sido él, ¿no?, el asesino.

Nos dijeron que aquí estaríamos a salvo.

¿Cómo es posible que hayan dejado entrar a un asesino en una comisaría?

-Porque el asesino es uno de nosotros.

¿Verdad?

Necesitamos saber dónde estaban exactamente en el momento del crimen

Yo había salido a por un café. Sus compañeros me podían ver.

-Yo estaba en el baño. Debí estar fuera de esta sala menos de un minuto

Yo salí a atender una llamada de trabajo.

¿De trabajo... a estas horas? -Sí, la bolsa de Madrid está cerrada,

pero la de Tokio está a punto de abrir.

¿Se puede saber dónde estabas tú? -Aquí mismo, con Sancho.

Me quedé mirando las fotos porque Hugo salió disparado

nada más verlas. -Sí, es cierto.

No me acuerdo de lo que hablaba, pero dijo que no nos dimos cuenta.

¿Saben cuál de estas fotos estaba mirando?

No, ni idea. El caso es que ni Sancho ni yo

hemos podido cometer el crimen. O han sido cómplices.

¿Qué? Pero, ¿esto qué es, una broma o qué?

Mi jefe, además de mi jefe, es también el padre de mis hijos.

Por lo que yo sé, él podría ser el siguiente.

Ahora mismo no tengo muchas ganas de bromear.

Jacobo, ¿tienes un momentito? Sí, sí, sí.

Sólo quería decirte que... me he equivocado.

Tú no tienes la culpa, Laura. ¿Cómo ibas a imaginar tú

que el asesino iba a actuar así, delante de nuestras caras?

¡No, hablo de Isabel! Si tú ahora estás así

es por mi culpa. Yo te animé a que la investigaras...

y me equivoqué. Bueno, todos...

todos cometemos errores. Pues yo últimamente estoy sembrada.

Sólo quería decirte que lo siento, y que luches por ella.

Si es que ya no sé si tengo algo por lo que luchar, Laura.

Pues lucha por lo que quede. Ella vale la pena.

Laura. ¿Qué?

¿Te importaría hablarme de esto...

cuando no haya un cadáver en mi despacho?

No sé si miente uno solo o todos a la vez.

¿Qué opinas? Opino que Hugo iba a contarme

algo importante, y lo único que he hecho es

enviarle directo al asesino. Pero, ¿cómo coño ha podido entrar

en el despacho de Jacobo sin que ninguno de nosotros lo viéramos?

¿Y qué había en esas fotos? Las hemos revisado cien veces

y no hemos descubierto nada. Ninguna huella,

ni en el suelo ni el tirador de la puerta.

El asesino no ha dejado rastro. Pues los interrogamos otra vez;

tenemos que descubrir quién es. Hay que dejarles ir.

¿Cómo los vamos a soltar si uno de ellos es el asesino, Isabel?

Y otro de ellos es amigo de alguien del Ministerio del Interior.

Le han escrito al móvil para decirle que les estamos reteniendo sin motivo

-También le he escrito diciendo que su incompetencia

ha causado ya una muerte. ¿Sabe que la puedo meter

en la cárcel por entorpecer una investigación oficial?

La cárcel será un sitio más seguro que una caja de pino.

-¿Se van a encerrar en sus casas? Nos han tomado las huellas,

nos han interrogado. Lo que tenían que hacer ya está hecho.

Si no tienen una orden judicial contra nosotros...

tendrán que dejarnos ir. Cuando quieran

pueden abrirnos la puerta, a no ser, claro,

que quieran recibir una llamada del Ministerio.

Los mantendremos vigilados.

Lydia, te he estado llamando esta tarde un buen rato.

Ya, estaba buscando huellas en el restaurante.

Oye, voy a recuperar ese dinero, ¿eh? No sé cómo todavía,

pero te voy a devolver hasta el último céntimo.

Justo lo que me dijo mi exmarido antes de que le abandonara.

Hola. ¡Vero!

¿Y la maleta? He reservado habitación en un hotel

para esta noche, bueno, para lo que queda de noche.

No tienes que irte de casa. Lo que viste antes con David fue...

Una puñalada trapera.

Pero no necesito explicaciones, no he venido para eso.

Mira.

Creo que es del dueño del libro, y el sello podría ser

de una biblioteca. No es mucho, pero es un hilo del que tirar.

Adiós.

David y yo nos gustamos cuando nos conocimos, es verdad,

pero...

yo no he querido estar con él, no he querido verlo.

No te compliques, el hombre de tu vida

puede estar mucho más cerca de lo que tú crees.

Verónica...

Oye, al David ese, ¿lo conoces desde hace mucho tiempo,

sois amigos? Qué interés todos con David.

No, no lo conozco desde hace mucho, y no somos amigos, ¿por qué?

Porque hay algo que no me da buena espina.

Me parece que no es de fiar.

¿Qué tiene que ver un libro

de “Alicia en el país de las maravillas” con lo que pasa?

El dueño del restaurante tuvo que habérselas arreglado para meter

este ejemplar en mi bolso, y creo que eso es lo que busca el asesino.

Si este sello ha salido de una biblioteca u otro sitio

vamos a encontrar seguro de dónde es. Aquí sobra una ilustración.

¿Cómo dices?

Estos son los dibujos originales de... Alicia.

Los hizo John Tenniel. ¿Tú cómo sabes esas cosas?

Desde que tuve que trabajarme a una bibliotecaria.

Una morenita, con gafas... ¿Por qué sobra una ilustración?

Tenniel hizo 42 ilustraciones, aquí hay 43. Esta sobra,

está hecha a lápiz.

Lo tengo.

¡Un hospital psiquiátrico!

Esto está por la A-5, cerca de Deleitosa.

Pues venga, nos vamos de excursión.

Descansa.

Cuevas no nos dijo que estaba abandonado.

Está cerrada.

¡Vaya, Jacobo, a pesar de la tripita estamos en forma!

Ja, ja, ¡qué gracioso!

¿Se supone que yo tengo que hacer lo mismo?

Claro. Yo estoy aquí, Jacobo al otro lado,

¿qué puede pasar?

¡Anda, coño!

¡Ah!

¡Martín, me podías haber... avisado de que saltaba, Laura!

Laura, ¿estás bien, cariño? Sí.

¡Va... vaya porrazo! No pasa nada.

El dolor me ayuda a olvidar que no he dormido en toda la noche.

Mejor nos andamos con ojo; no se sabe si puede haber alguien por aquí

No. No hemos llegado hasta aquí como para ahora escondernos.

Ladridos

¡Ah! Tranquila, que no pasa nada.

¿Y si me da la alergia? ¡Perrito, perrito, perrito!

Mira, mira qué tengo. Suelta ese palo.

A Thor no le gustan los intrusos, así que más os vale tener

una buena excusa para entrar aquí.

No parece muy acostumbrado a recibir visitas.

Hace muchos años que no viene nadie por aquí,

desde que Bermúdez lo cerró; bueno, desde que se lo cerraron.

¿Bermúdez? El último director.

Una denuncia de Sanidad, y el juez los puso a todos en la calle

de un día para otro. A todos menos a usted.

Yo me he quedado aquí para vigilar que no entren los gamberros

para beber y pintarrajear las paredes.

Aunque en un par de días, yo también voy a ser historia.

¿Se jubila? No, me jubilan, a mí y al edificio.

Van a construir un centro comercial, no sé qué historias.

¿Sabe si... si... si este libro...? mire, perteneció a este lugar?

Lleva el escudo. Sería de la biblioteca.

Escuche, Agustín, ¿sabe si todavía se guardan los archivos?

No. Cuando cerraron esto el juez se los llevó todos.

Pero bueno, exactamente, ¿qué es lo que quieren saber?

Buscamos a alguien que estuvo aquí ingresado en 1939.

Lo único que sabemos de él es que era el paciente número 17.

Entonces ya se pueden volver por donde han venido,

porque aquí no ha habido nunca un paciente 17.

En este sanatorio siempre ha habido 16 habitaciones.

Pero tiene gracia, no son ustedes

los únicos locos que se han interesado

por ese paciente.

Todo esto se lo dejó el último paciente que ocupó la habitación.

¿Cómo se llamaba? Pues no lo sé.

Es que en esa época estaba yo en Madrid

haciendo rehabilitación, una pierna rota al caerme del tejado,

y cuando volví el sanatorio ya había cerrado.

Ese chaval debía de ser un caso perdido.

Un chico peligroso, no sé si me entiende.

Me alegro de no haberlo conocido.

Yo pensaba que todo esto se lo había llevado el juez.

Los papeles oficiales sí, los registros y todo eso,

pero como el cierre fue tan por sorpresa,

pues muchas cosas de los locos se quedaron aquí olvidadas.

¡Madre mía!

Este chico no es que preguntara por el paciente 17

es que estaba obsesionado con él.

Hay certificados de personas que estuvieron aquí en 1939

que creían haber visto al paciente número 17.

Dice que oían... pasos por la noche, que creían que eran...

fantasmas. Agustín...

Sí. Usted nos ha dicho

que no pudo haber un paciente 17 porque aquí sólo hay 16 habitaciones

Eso es. Pero entonces...

¿cómo es posible que este chico...

acabara por encontrarlo?

"El paciente 17 está en el corredor cinco”.

El edificio no lo han reformado nunca.

Está todo tal cual estaba entonces. ¿Y a qué viene esta anotación?

¿A qué va a venir? El chico ese debía de ser un enfermo

como pocos se han conocido. Si le hacen caso,

van a estar ustedes tan locos como él 1955,

54,

53,...

¿Qué haces, Laura? ...55...

...1939.

Estos de aquí son los médicos, ¿no?

Entonces, estos son los pacientes.

Dieciséis.

Si esta es toda la gente que vivía en el sanatorio en ese año,

¿quién es este de aquí?

Estas son las últimas habitaciones.

Ese muro ya da al exterior.

Vamos a tener que asegurarnos.

¡Pero, ¿qué hace!

¿Es que se han vuelto locos? ¡Esto es un psiquiátrico, ¿no!

¡Pero... qué coño!

Bienvenido a la habitación número 17.

Mirad esto.

Parece el diario del tipo este. “Se pueden descubrir estrellas

sin mirar al cielo”.

“Si quieres descubrir las maravillas de Alicia

tendrás que aprender a jugar como ella”.

Sea lo que sea lo que descubrió, tiene que estar en ese libro.

Tenemos que llevarnos todo esto a comisaría.

Vamos a necesitar unas cajas. Ah.

¿Qué haces, Laura?

Ayudadme, ¡venga!

Menos mal que van a demoler el edificio que si no,

me tocaba a mí recoger todo esto.

Ya tienen las cajas para...

¿Pero qué demonios es esto?

Meta en las cajas todo lo que vea y lo analizaremos en comisaría,

y después volveremos. Si viniera alguien...

Jacobo, ¿qué tienes ahí?

Una pieza de ajedrez.

Espera, yo he visto estas piezas antes.

Son iguales a las que hizo tu abuelo.

Son como las que tenemos en nuestra casa.

¿Qué quieres decir? Que mi abuelo era el...

el paciente número 17.

Así que el bebé de esa foto es tu padre.

Guadarrama, 17 de julio de 1939.

El día que nació.

Ese año tu abuelo se esconde en el sanatorio Arcadia.

Oye, Jacobo, en su día tú me contaste que... que el pobre...

bueno, pues había sido perseguido en la guerra

por cuestiones políticas, pero que un amigo suyo lo acogió.

Sí, lo lógico es pensar que ese amigo era el tal Bermúdez,

que lo.. lo escondió en el sanatorio donde él estaba trabajando, ¿no?

Sí, mientras él estaba escondido debió descubrir algo muy importante;

algo relacionado con las Matemáticas.

Creo que he encontrado algo, algo increíble.

-¿El qué?

¡Estrellas! Pero Bermúdez le traicionó.

Acabo de hablar con un familiar suyo que conocía la historia.

¿Cómo que le traicionó?

Cuando Bermúdez comprendió el secreto de tu abuelo, le delató,

pero tu abuelo ya había escondido la clave del descubrimiento.

¡En el libro de Alicia! El caso es... que mientras agonizaba

le encargó a su nieto que encontrara al descendiente del paciente 17

y le entregara el libro. Y la foto. Él no debía de saber

el nombre de mi abuelo, pero sí cuándo y dónde nació su hijo,...

mi padre. Sí, fue así como lo hizo.

Identificó a todos los niños que nacieron en Guadarrama

ese mismo día y localizó a sus hijos.

Entonces, ¿quién lo mató? Pues una persona que sabe

de la existencia de ese libro,

y también lo que el abuelo de Jacobo descubrió.

Ese paciente es uno de nuestros sospechosos.

Uno de ellos...

ha estado ingresado en ese psiquiátrico.

Que sí. También es mucha casualidad que entre todos los que estábamos

en ese restaurante, te diera a ti el libro.

Quería hacer una copia para darle una a cada gemelo y ahora...

Y ahora no va a tener de qué preocuparse.

La encontré en el suelo; iba a buscar ahora a su dueño.

¡Muchas gracias! Es un recuerdo de la familia de mi marido.

¿Quién es su marido? Jacobo Salgado.

No, no fue casualidad,

fue un despiste mío. ¡Mira, Jacobo!

En el restaurante a mí se me cayó la cadenita de tu abuelo, ¿ves?

Es la misma que lleva tu padre en la foto.

Y al verla, descubrió que el paciente número 17

era mi antepasado.

¿Me estáis diciendo que ha muerto ya un porrón de gente

por culpa de un libro de “Alicia en el país de las maravillas”?

No sólo por un libro, también por esto.

¿Esto qué es? Los números están muy relacionados

con el libro “Alicia en el país de las maravillas”.

Bueno, más que con el libro con su autor.

Lewis Carroll no sólo era escritor, era un matemático bastante brillante.

Estudió las paradojas, el cifrado de mensajes, la lógica...

¿Y qué hay de “Alicia en el país de las maravillas”?

Bueno, ese... ese es un libro que la gente piensa que es infantil,

pero es mucho más que eso.

Es un puzle hecho a partir de juegos de lógica, una especie de..

cómo les diría, una especie de guía para resolver secretos matemáticos.

¡Secretos!

¿Qué secretos? Pues les hablo de...

las conjeturas de Hodge y Poincaré,

de la hipótesis de Riemann, o del último teorema de Fermat.

Hablo de los siete misterios matemáticos

que están todavía sin resolver y por los que más de uno... mataría.

Así que ese libro podría ser el móvil de un crimen.

Miren, resolver cualquiera de esos enigmas

no sólo daría a la persona que lo hiciera un montón de dinero,

si no también le daría la inmortalidad.

Pero bueno, eso ustedes ya lo saben, por eso me han traído aquí, ¿no,

para acusarme de los crímenes. Bueno...

está cada vez más claro que detrás de todo esto hay uno de esos...

secretos... matemáticos,

y usted es la única que trabaja con números.

Ahí se equivocan, ¿ve?

Vamos a ver, la vida está hecha de números, pero no sólo la mía,

también la de ustedes dos,

y por supuesto, la de los demás sospechosos.

Por ejemplo, Ainara. Ella es una experta en Matemáticas,

como todos los arquitectos. Sin ir más lejos, ayer en comisaría,

me comentó que escribió su tesis doctoral

sobre la proporción áurea. ¿Perdón?

Es una fórmula que existe en la naturaleza;

aparece en los pétalos de las flores, en las conchas de los caracoles.

Los arquitectos las utilizan en sus obras;

y sin ir más lejos, también Mario es otro experto en Matemáticas.

Él trabaja para empresas que quieren multiplicar sus beneficios en bolsa,

¿no?

¿Y?

Pues que los inversores utilizan probabilidades;

cálculos avanzados para estudiar el comportamiento de los mercados.

Algo parecido a lo que hace Álex... para jugar a las cartas.

Bueno...

el póquer es cuestión de suerte y de echarse unos faroles.

Sí, pero también hay muchos jugadores profesionales

que utilizan algoritmos avanzados.

Estudian las leyes... que reducen las probabilidades del juego

a algo predecible. ¿Y...?

¿y Sancho?, porque bueno, él...

él solamente hace juegos de marcianitos.

Bueno, pero usted sabrá que la informática es una ciencia

basada en... en un sistema binario.

Unos y ceros.

¡Vaya que... ¿sin números, no hay marcianitos?

Eso es; porque la vida está llena de números,

lo que pasa que muy poca gente lo comprende.

Todos nuestros sospechosos podrían haber descubierto el secreto.

Pero sólo uno es capaz de matar por él.

Y ahora ustedes... deben despejar la incógnita.

Pero háganlo rápido y háganlo bien, por favor,

porque un solo error de cálculo

podría dejar un nuevo cadáver.

Si es que no me puedo creer que Laura y tú no os habléis

sólo porque te ha quitado el novio.

-Que no es por lo que ha hecho, mamá, que es por cómo lo ha hecho.

Además, te pedí que buscaras a David para presentárselo a Laura, ¿eh?,

que iba a ser para ella. ¡Qué?

¡Mira, mamá, de verdad, qué cosas dices!

David es una persona, parece que estás hablando de un perro,

o yo no sé de...

¿Qué haces aquí? ¡No, no me digas nada,

porque no pareces sorprendido de verme; o sea que ya sabías

que iba a estar aquí. Y la única persona que sabía que iba a venir...

-Yo no sé qué hago aquí, si esta no es mi casa.

¡Madre mía, David, es que no sé dónde tengo la cabeza!

Venga, pasa.

Llamé aquí y ella me cogió... Me... me dijo que...

que ibas a pasar a despedirte. -Sí.

Yo... no había planeado nada de lo que pasó.

-Y no habría pasado nada si no me hubieras mentido.

Intenté contarte lo que sentía por tu hermana,

pero Laura...

Laura no quería que tú y yo rompiéramos,

y ahora no quiere saber nada más de mí.

¿Mi hermana ha hecho eso?

Es su decisión.

¿Y ahora qué hago?

Pues quererla, y cuidarla mucho.

No, es tarde para eso.

Llévala a cenar a un sitio bonito. A Laura se le pasa todo con la comida

Eso sí, no la lleves a cenar al "Loro Azul", ¿eh?

¿Al... "Loro Azul"? ¿Por qué?

Por nada. Anda ve,

ve a buscarla y lo aclaras todo. Venga.

Gracias.

¡Ay, qué tontería! No, es que he salido a por el correo

y me he tropezado con el felpudo. -Hasta luego.

Ha ido bien, ¿eh? ¿Ves?, si las cosas hay que hablarlas.

Mamá, le he dicho a David que no lleve a Laura al "Loro Azul"

y me ha preguntado por qué. -¿Al "Loro Azul"?

Oye, ¿ese no es el sitio donde tu hermana estuvo investigando

un montón de asesinatos? -¡Precisamente!

Y si David ha cubierto todos los casos,

¿cómo es posible que no se acuerde de ese?

Tengo que irme.

Laura, ya estamos todos. ¿De verdad crees que es buena idea

llevar a los sospechosos al sanatorio para que vean los números?

Si esos números son el enigma, pues los necesitaremos a todos

para descifrarlo; el sitio va a ser derruido y no tenemos mucho tiempo.

Si uno de ellos estuvo ingresado en el psiquiátrico,

espero que dé un paso en falso y se delate.

Los que no nos podemos tropezar ahora somos nosotros.

¡Isabel!

Perdóname, no te he visto.

Lo siento.

¿Le tenías mucho apego? Bueno, lo pintó mi hermana.

Es el único regalo que me ha hecho en toda su vida.

¿Qué haces con esta caja? Me lo ha traído Jacobo.

Son las últimas cosas que quedaban en su casa.

Isabel, siento mucho haberle hablado mal de ti.

Toda la culpa es mía.

Lo importante es que lo has intentado arreglar.

Ya sé que has hablado con Jacobo para que pelee por mí.

Es que él te quiere; os merecéis estar juntos.

Pase lo que pase con él,

yo te agradezco mucho lo que le has dicho.

Nos están esperando.

Agustín no está, pero me ha dado las llaves.

Podemos entrar.

Las Matemáticas y la locura al final, siempre terminan asociadas.

Mi abuelo no estaba loco, vino aquí a esconderse,

los que estaban locos eran los demás.

Como Alicia; era la única cuerda en el país de las maravillas.

Qué mal rollo da este sitio, ¿no? Pues a mí me parece perfecto

para ambientar un videojuego de terror.

-Mientras no acabemos nosotros como uno de ellos.

Tranquilos, estamos aquí para protegerlos.

Sí, eso dice la poli siempre en las películas, y luego...

son los primeros en caer.

¿Qué demonios es esto? No tiene ningún sentido.

Para la persona que ocupó esta habitación, mi abuelo,

sí que lo tenía, aunque no sé muy bien porqué.

A simple vista, esos números no siguen ningún patrón.

Por un enigma relacionado con las Matemáticas alguien mata.

-Imagínate que se encontrase una fórmula que predijese

las probabilidades de ganar en una mesa de juego.

-Hay fundaciones que pagan premios milmillonarios

a quien resuelva esos enigmas. Lo sé porque he invertido en una de ellas,

por motivos de desgravación fiscal. -¡Vaya, así que usted podía sacarse

una buena tajada de todo, ¿no?

No sé cómo logra concentrarse con toda esta gente hablando.

No, digo que no sé cómo puede concentrarse

con toda esta gente hablando. ¿Ha descubierto algo?

No, y si es verdad que van a demoler el sanatorio...

me temo que no habrá tiempo.

Puede que esto nos anime. Los pacientes tenían hilo musical.

En las habitaciones también suena la música.

La música ayuda a calmar a los pacientes.

Este sanatorio fue pionero en introducir la musicoterapia.

¿Usted ya conocía el sanatorio? Hoy parecía muy sorprendida

esta mañana cuando llegó. No, no.

Mi estudio intentó comprar estos terrenos

para rehabilitar el edificio y convertirlo en un hotel balneario,

pero yo nunca estuve aquí. Yo solo leí la historia del edificio

y vi los planos.

Aquí no suena la música.

Es en la única habitación en la que no suena.

Normal, no tiene altavoces.

Qué sitio más raro para poner una bombilla.

Todo lo que tiene que ver con este paciente es de lo más raro.

¿Solo lo que tiene que ver con este paciente? Todo lo que tiene que ver

con este sanatorio me pone los pelos de punta.

Disculpen. No vamos a resolver ningún acertijo,

¿por qué no nos vamos, por favor? ¡Solo de pensar en la cantidad

de gente peligrosa que ha estado aquí encerrada me estoy poniendo enferma.

Curioso que lo diga la persona que conocía el sanatorio.

-¡Perdone!, igual que usted. Nos ha traído en su coche

sin mirar el GPS ni una sola vez. Conocía el camino perfectamente.

Bueno, eso es porque de pequeño veraneaba por aquí cerca.

Conozco bien la región, pero no he vuelto desde entonces.

Ainara tiene razón, esos acertijos no nos llevan a ningún lado.

¿Por qué no nos vamos? ¿Y que se pierda algo tan importante?

No podemos hacer eso, sería un crimen -Igualitos a los que has cometido.

Tú a mí no me engañas; estás obsesionada con esas fórmulas.

Yo sigo sin verle el sentido, ¿eh? ¿Qué tiene que ver

“Alicia en el país de las maravillas” en todo esto?

¿Ustedes qué creen? Hay que jugar como ella,

pero ¿jugar a qué? En el dibujo aparece un espejo.

Yo he leído ese libro. Está lleno de adivinanzas y acertijos

que no tienen ningún sentido y que no nos llevarán a ningún lado.

Ya sé lo que son esos números.

He dado con la clave. Vamos fuera y se lo explico.

Aquí no, no quiero que el asesino se salga con la suya.

Ven.

Todo tiene sentido. Esos números son la demostración de uno de los siete

enigmas matemáticos. No hace falta que me lo expliques.

A mí me sacas de las tablas de multiplicar y no...

¿Qué ha sido eso, por que no se ve! Alguien ha hecho saltar los plomos.

¿Qué pasa? Hay que intentar abrir la ventana.

Voy a buscar los fusibles. Martín, que no se mueva nadie de aquí.

Demasiado tarde. Vamos a quedarnos aquí,

pegados a la pared. Sujétame fuerte la mano, ¿eh?,

hasta que vuelva la luz.

Los números. Todo tiene sentido.

Es como descubrir estrellas desconocidas.

Lo supe en cuanto me di cuenta de... En cuanto qué.

Sancho...

¡Sancho! ¡Ah, ah!

Los números...

son... los cuatro...

siguientes. ¡Sancho!

Falta uno. Natalia.

¿Creéis que ella es la asesina? No hay tiempo para eso.

Voy a buscar a Laura. Intenta localizar a Natalia.

Móvil

¡Natalia!

Móvil

¿Laura? ¡Martín, me he perdido!

¿Cómo?

¡Estás bien? ¡El asesino ha vuelto a actuar!

¡Ha matado a Sancho!

¡Oye, tienes que sacarme de aquí; no sé dónde estoy!

¿Ves algo para ubicarte? Al fondo del pasillo

están las celdas de aislamiento. ¡Ve para allí!

El pasillo hace ele.

¡Pero bueno, ¿aquí, ¿cómo curaban a los pacientes, mareándolos?

¡Te veo! ¡Yo a ti no te veo!

Martín...

levanta y agita los brazos.

Ya estoy haciéndolo.

La persona que me espera no se ha movido.

¡Laura, sal de ahí, sal de ahí ahora mismo!

¡Quieto!

¡David!

¿Qué haces aquí?

¡Ay, Dios mío, qué susto me has dado!

Recibí un mensaje tuyo, citándome. Decías que era muy importante.

¿Se puede saber qué pasa? No, yo no te he enviado nada.

Voy a llamar a Martín para decirle que estoy bien.

¿Qué pasa, a ti te... te envían un mensaje

de un psiquiátrico abandonado y te vienes aquí, como si tal cosa?

No sé, pensé que tendría relación con el caso.

Además, conozco el sanatorio.

Un famoso psicópata estuvo ingresado aquí.

Claro,

es normal.

Habiendo investigado... tantas muertes,

es lógico que...

¡Tú!

Tú...

tú sabías de todas esas muertes. Laura...

Las cubriste todas... para la "Gaceta del Crimen".

He cubierto miles de muertes; estas ni las recuerdo.

Tú estuviste ingresado aquí, ¿verdad?,

sabías todo lo que pasó,

y lo del libro, que lo podía tener uno de nosotros;

¡Por eso te acercaste a mí, y a mi familia!

¿De qué estás hablando? Laura, yo me acerqué a ti

porque te admiraba, nada más. ¡Tú estabas en comisaría

cuando mataron a Hugo, y él te reconoció, ¿verdad!

¿También estabas en el restaurante... hace ocho años?

No sé de qué estás hablando. Yo no soy un asesino, tú me conoces.

¿Qué haces? ¡Suelta! ¡Quita!

¡Dámela!

¡Vero!

¡Ay, Laura!

¡Ya está! Vine siguiendo a David.

Dijo algo que me hizo pensar que no era quien decía que era.

¡Verónica! Mira...

parece que se me está pegando tu olfato.

No, no, no estoy segura de que fuera él quien me atacó.

No... no llegué a verle.

Hemos registrado su casa y hemos encontrado estos dibujos.

Son como los que había en el sanatorio.

David era el... el paciente joven, ¿no?

el que estaba obsesionado con mi abuelo.

Ninguno estáis en peligro ya, Natalia; todo ha terminado.

-Todo no. Todavía no se ha solucionado

el misterio de qué fue lo que encontró su abuelo.

Los cuatro siguientes, ¿qué?

Lydia, he estado revisando las cuentas del piso

y yo creo que podemos solucionarlo. ¿Qué es eso?

Las cuentas del piso. No te asustes por los números, ¿eh, mi amor?

Son grandes, son kilométricos, pero si...

Números kilométricos. ¡Eso es! Por eso no encontramos ningún patrón

Estos números no son muchos números, son cuatro,

uno por cada pared. Los cuatro siguientes,

a eso se refería Sancho antes de morir.

¡Son números primos! ¿De qué estáis hablando?

Las dos: ¡De la hipótesis de Riemann!

¿De quién? Estos números son números

de cientos de cifras, pero solo son cuatro números primos,

por eso son impares. Son los siguientes cuatro

números primos que en 1939 todavía no se habían descubierto.

Los números primos son uno de los enigmas más fascinantes

de las Matemáticas. No se sabe cuándo va a aparecer uno,

si son finitos o infinitos. No tienen lógica,

son misteriosos, impredecibles. Descubrir un nuevo número primo

es como... Es... es como descubrir

una nueva estrella.

Pero, ¿cómo puede ser tan difícil calcular un número?

El último número primo encontrado

tiene casi 13 millones de dígitos. Miles de ordenadores

conectados en red y trabajando simultáneamente tardarían años

en encontrar el siguiente. -¡La factura de la luz!

Riemann, un matemático, situó los números primos conocidos

en un eje de coordenadas tridimensional.

No, no, me pierdo, me pierdo. Verá,

Riemann estableció una hipótesis en la que daba una explicación

a la aparición de los nuevos números primos, pero era eso,

sólo una hipótesis, había que demostrarla.

Y el abuelo de Jacobo demostró esa hipótesis.

Una fórmula para calcular números primos.

Y además, hay un mecenas americano que ofrece diez millones de dólares

a la persona que sea capaz de demostrar esa hipótesis.

Pero si tu abuelo encontró esa fórmula,...

¿dónde la escondió?

La clave está en el dibujo: “Hay que jugar como Alicia”.

Pero ¿jugar a qué? Nosotros hemos visto esa peli,

y mola mucho. -Oye, ¿por qué no lo dejamos ya?

Es que le hemos dado mil vueltas. -¿Cómo que dejarlo?

¡Oye, esa fórmula que escondió el abuelo de Jacobo vale millones!

Si la encontramos, podemos retirarnos las tres;

así que... ¡Salud, vamos a por ella!

Oye, ¿y David, cómo está?

Aún está en el hospital. Le arreaste un buen porrazo.

Tiene conmoción cerebral y un hombro dislocado.

Los agentes lo están custodiando. Y lo de escribir con seudónimo ese...

D. W. ¿era sólo por acercase a ti?

Pero eso nos tenía que haber olido raro a todas.

Si quería decirte algo que se hubiera dejado de seudónimos

y de tonterías de esas. En mi época, cuando un hombre te proponía

ir a la era tú sabías a lo que... ¡Demasiada información, mamá!

No me puedo creer que estén con un libro.

¿Qué libro es? Es la continuación de Alicia.

Nos lo dieron en el curso pasado. A ver si os ayudamos un poco

con el tesoro ese.

Sí, se llama “A través del espejo”.

¡Pero bueno, yo no sabía que Alicia tenía una continuación!

“Alicia a través del espejo”.

Sí, nena, pero no... no malgaste tu tiempo en eso.

He estado con los niños echándole un ojo y es un rollo.

Alicia se pone a jugar una partida de ajedrez,

y así se tira media novela. El ajedrez.

¡Claro,... el ajedrez!

Martín, disculpa, tenía el móvil en vibrador y no lo he oído.

Espera.

Martín,...

que bien que me has llamado en este momento.

Acabo de entenderlo todo; se cómo resolver la fórmula.

Tienes que reunir a los sospechosos.

¿Es verdad que ha encontrado la fórmula?

Sí, sé dónde está, aunque ni sé lo que significa

ni sé interpretarla. Lo único que he hecho es

seguir las instrucciones que nos dejó el abuelo de Jacobo.

Él dijo que para encontrar la fórmula

teníamos que jugar como Alicia, y dejó tallado un ajedrez.

Así que supongo que tendremos que aprender a jugar al ajedrez

como “Alicia a través del espejo”, pero, ¿dónde jugar?

Sólo tenemos las piezas.

El tablero lo hemos tenido siempre delante de nuestras narices;

bueno, más bien... debajo.

Mirad.

En cada baldosa hay números y símbolos matemáticos grabados

muy ligeramente ¿Los veis?

Son... estos.

Pero esto no significa nada. Porque hay que saber

qué baldosas elegir para obtener la fórmula, y para eso...

Vamos a colocar las piezas en el tablero, bueno en el suelo,

como las tenía colocadas Alicia

en “A través del espejo”. Lo haremos con nosotros mismos.

Jacobo, tú eres el rey, allí; Isabel, tú ahí.

Ainara, ahí, y tú, Natalia,...

aquí.

¿Y ahora? Ahora...

Ésta... es

la fórmula que se obtiene

con las baldosas en las que estamos.

Esta fórmula es correcta. Calcula los números primos;

funciona al menos con los primeros. ¡Algo que parecía imposible!

Esta es la fórmula que durante tantos años

ha estado buscando nuestro asesino. Pero para acabar esta partida,

nos queda una pieza por colocar; saber su verdadera identidad.

Pero ¿no era David? Eso es lo que el verdadero asesino

ha intentado que pensáramos.

Aprovechó que él había escrito varios artículos

sobre crímenes para citarlo aquí a través de un mensaje;

luego dejó varios dibujos en su casa para que creyésemos que...

él era el joven paciente que había residido aquí.

Pero lo cierto es que el joven paciente

que se obsesionó durante años con la fórmula...

es alguien que no necesita un altavoz

para escuchar la música ambiental,

alguien para quien colocaron una bombilla encima de su puerta

para poder avisarle de los posibles recados y visitas.

Alguien... que tiene que girarse

para leer mis labios.

Alguien que no puede oír.

Tú, Natalia.

Pero ¿qué está diciendo? Lo sabes perfectamente.

Fue así como te enteraste que Sancho

había descubierto el misterio, ¿verdad?

He dado con la clave. Si vamos fuera se lo explico.

Leyendo sus labios.

Tú estuviste ingresada aquí...

por los trastornos que te provocó la pérdida de oído

a causa de la diabetes. La misma diabetes

por la que tienes que tomar azúcar en tus momentos de crisis.

Claro que está muerto. -Ha sido él, ¿no?,

el asesino. Nos dijeron que aquí estaríamos a salvo.

La misma diabetes que no te permite beber alcohol.

Pero bueno ¿qué es esto? ¡Ay, perdón, creí que era el mío!

Es que me gusta darle un poco de cuerpo, por eso...

Hay algo que un diabético siempre lleva encima:

inyecciones de insulina.

Esas jeringuillas vacías pueden servir para inyectar aire

y provocar una embolia pulmonar.

Fue aquí donde conociste la historia del paciente 17,

y fuiste tú quien mató a Alberto Bermúdez en el restaurante

porque no querías que entregara este libro,

pero él se te había adelantado.

Luego, empezaste a matar a todos los que estaban en ese restaurante,

para después comprar sus libros, porque pensabas que alguno de ellos

tendría este ejemplar.

Si tardaste tantos años en hacerlo es porque tuviste una recaída

y tuvieron que ingresarte de nuevo. Además,

conocer a tus víctimas, acercarte a ellas,

ganarte su confianza, es algo que lleva tiempo,

y tú sabes esperar.

Mentiste cuando escribiste el lugar y la fecha

de nacimiento de tus padres. Tú eras la única

que no había sido invitada al restaurante aquel día.

Perdone, pero pero están diciendo tonterías. Verán, vamos a ver...

El asesino me atacó aquí en el sanatorio, y en comisaría,

cuando murió Hugo, hubo testigos que vieron que no me aparté

de la máquina de café.

Porque siempre has contado con un cómplice.

La persona que Hugo reconoció en comisaría,

bueno, más bien su reloj,

y fue eso lo que firmó su sentencia de muerte.

Este reloj...

es el mismo que aparece en la fotografía.

Pero ¡cómo no nos hemos dado cuenta!

Pero ¿qué tontería es esa?

¿Por qué querría yo ayudarla a ella? No tiene ningún sentido.

Porque sois hermanas, Isabel. Yo no me di cuenta al principio,

pero me llamó mucho la atención que una persona tan escrupulosa

como Natalia... Ni comparto vasos ni tomo alcohol,

así que la próxima vez tenga más cuidado, ¿quiere?

...aceptara beber de tu mismo vaso de agua.

No sé, por su corpulencia podría ser él; el golpe fue fuerte, pero...

No lo sé, lo siento. Fue eso lo que os delató.

Una hermana siempre aceptaría un vaso de agua,

y el cuadro que me dijiste que te había regalado, el paisaje...

es el mismo paisaje que se ve desde la ventana de la habitación

que ella ocupo aquí. Además,...

¿cómo podías saber tú la conversación

que yo había tenido con Jacobo sobre ti?

No, él nunca te la habría contado.

Solamente podías saberlo si ella había leído nuestros labios,

y luego te lo había dicho a ti.

Tenéis diferente apellido porque sois hijas de la misma madre

y de distinto padre. Gracias a ti

se pudo cometer el crimen en comisaría,

porque tú mentiste;

viste perfectamente a tu hermana ir al despacho de Jacobo

para matar a Hugo,

y juego viniste aquí, al sanatorio, para golpearle,

para desviar las sospechas sobre ella.

No es exactamente como tú dices.

-¡Isabel calla! ¡Calla, no digas nada, no tienen suficientes pruebas!

¡Calla!

-Te he cubierto demasiado tiempo.

Eres mi hermana, no podía entregarte,

pero yo he hecho todo lo que he podido por ti,

y ya no aguanto más. Ya no tengo fuerzas para seguir mintiendo.

Yo no sabía lo que se proponía mi hermana;

quise evitar desde un principio que le hiciera daño a alguien,

por eso fui al restaurante, porque quería impedir

lo que finalmente ocurrió.

En cuanto a los demás, yo te juro Jacobo

que no sabía que mi hermana estaba matando a esas personas,

hasta que entré en la sala de interrogatorios

y vi todas esas fotografías.

Por eso quisiste encontrarme, ¿por ese libro?

Al ser policías ella me... me pidió que me acercara a ti y

y le ayudara a encontrar el libro.

En el proceso de ello me... me enamoré.

Te he estado protegiendo en todo momento, Jacobo,

por eso golpeé a mi propia hermana, porque no quería que te hiciera daño.

Isabel, te he metido en mi casa, con mis hijos.

¡Lo sé! Yo quería entregarla, ¡Dios mío!

Quería hacerlo; lo intenté mil veces, pero no fui capaz.

¡Ella es mi hermana... y está enferma!

Isabel, Isabel, no le mires.

¡Mírame, Isabel, mírame!

¡Tú sabes que desde pequeñas te he estado siempre cuidando, ¿sí?

Esto lo he hecho por las dos;

de verdad, por las dos. Niégalo todo, niégalo, niégalo.

-Voy a firmar esa confesión.

Lo siento mucho, mi niña.

Jacobo,...

nunca te he mentido en lo que siento por ti.

¡Ninguno de vosotros...

ninguno de vosotros puede...

puede entender...

¡la grandeza de esa fórmula!

Han muerto casi diez personas por esa fórmula.

Nada, nada vale tanto como eso.

Tú eres como la reina de corazones de Alicia,

no te importa matar a todo el que se interpone en tu camino.

Los.. los números primos...

son el caos, son... son la locura de las Matemáticas.

Yo con esa fórmula solo... solo quería acabar con la locura!

¡Isabel, solo quería acabar...! Natalia, Natalia...

Natalia Palazón,...

queda arrestada...

por asesinato múltiple.

¿Me acompaña?

¿Dónde estabas? En el lavabo.

¿Te encuentras bien? Sí, sí, no es nada.

Bueno, pensé que te alegrarías después de conocer la noticia, ¿eh?

Que hayan cogido al timador del piso y hayamos recuperado nuestro dinero

no sé si, aclara mucho las cosas entre nosotros.

Lydia, te aseguro que puedes confiar en mí,

no va volver a ocurrir algo así, y te lo puedo demostrar.

Llevo meses preparando esto.

Y si mi Lydia se fuera con otro la seguiría por tierra y por mar,

si es por mar en un buque de guerra

si es por tierra en un tren militar.

¡Basta! ¡Basta! Gracias.

¿Se puede saber por qué me haces esto? ¡Me muero de vergüenza!

Lydia, yo... yo solo quería darte esto.

Pensé que con música te haría ilusión.

Lo tengo comprado desde hace un montón de meses, pero lo perdí

en la escena de un crimen, y me ha costado un pastón recuperarlo,

he tenido que pagar una fianza. Bueno, pues eso,

que qué si quieres casarte conmigo, por mí fenomenal.

Me pillas un poco... Dame un par de minutos, ¿vale?

Y si Lydia fuera mi mujer le compraría un vestido de seda...

para llevarla a bailar al cuartel.

Pero, ¿entonces qué vas a hacer con la fórmula?

Está más que corroborado que funciona,

¿y llevas semanas dándole vueltas?

Lo sé, pero por mucho dinero que valga,...

ha costado la vida de mucha gente. Jacobo...

ese descubrimiento...

Tú sabes perfectamente lo que tienes que hacer.

Ese libro era para él.

¿Papá?

Sí, sí, soy yo.

Sí, sí, ya sé que ha pasado mucho tiempo,

casi diez años.

Venía a despedirme, me vuelvo para Barcelona,

y para decirte de nuevo que...

lo siento.

Siento lo que ha pasado. Bueno, yo también me lucí.

Por un momento pensé que eras tú.

Lo tengo bien merecido por meterme entre Lebreles.

La única verdad en todo esto es que me enamoré de ti

mucho antes de conocerte, al leer las crónicas

que D.W. escribe sobre ti.

No, yo no soy D.W.

Me hice pasar por él para estar con tu hermana.

¿Por qué no me lo dijiste entonces? Cuando te conocí...

fui incapaz. Lo siento.

Tienes que encontrar a D.W.

La manera en que están escritos esos artículos...

Ese hombre o te admira muchísimo...

o está enamorado de ti.

Adiós.

¿Qué pasa?

¿Has visto? Ha llegado esta mañana.

¡Quieto ahí!

Oiga, ¿va a grabar? ¿Con imagen?

-Sí. Pues eso se avisa, hija.

¡Ay!

Ya los he encontrado.

Subtitulación realizada por Yolanda Fernández Gaitán.

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Los misterios de Laura - Capítulo 32 - El misterio del número 17 (2ª parte)

08 abr 2014

Laura y Jacobo dan con la pista de una serie de misteriosos asesinatos. Todas las víctimas tienen algo en común: coincidieron casualmente en el mismo lugar, a la misma hora, y todas ellas presenciaron un suceso al que no dieron importancia. Pero alguien parece dispuesto a borrar todo rastro de lo ocurrido ese día. ¿Qué sucedió allí que está costándole la vida a esas personas? Laura tendrá que correr contrarreloj para resolver el enigma, ya que tiene mucho en juego: ella y su familia estuvieron allí el día en el que se originó todo. Tanto ella como los que le rodean pueden ser objetivos del asesino.

Las cosas no van bien para Lydia y Cuevas: este último, por intentar convencerla de su amor, hará algo que puede acabar provocando el efecto contrario.

Y todo parece haber terminado entre Isabel y Jacobo... Aunque puede que ahora los dos sientan hasta qué punto se necesitaban el uno al otro.

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