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Los jinetes del alba

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Los jinetes del alba - Capítulo 2 - ver ahora reproducir video 54.05 min
Transcripción completa

Bueno, ya está.

Puedes vestirte.

¿Bien?

Oye, como nunca.

Mano de santa. De santa callosa.

Tan bien que mañana iré al monte a por dos caballos para la feria.

Yo me quedaría en casa. No está el horno para bollos ni ferias.

¿Por qué, qué pasa? Demasiada gente buscando armas.

Lo sabes mejor que yo.

No le entiendo. ¿Qué es lo que yo sé?

Dicen que eres anarquista o al menos dado a los libros.

¿Y eso es malo? No, no. Cada uno en su afán.

En el fondo sois como nosotros

si no fuese por esa afición a las pistolas.

-Martín no tiene pistolas, padre. Solo libros.

Ni eso. Los alquilo en Oviedo.

Mira que...

(Puerta, se abre)

Martín.

(REFUNFUÑA)

No andará tu madre por ahí. Mi madre piensa en otras cosas.

No es mi madre quien me preocupa ahora.

Como me entere de que hay algo entre Raquel y tú... Déjame sitio.

¿De qué te ríes? Como sea verdad os saco los ojos a los dos.

¿Dónde te ha dado el masaje?

Si es como un médico.

Ni me mira.

Pero se pone las botas.

Ah...

Ven, bésame.

Más.

Mejor, más fuerte.

(RÍEN)

So...

Según veo, acerté con la receta.

¿Te vales del todo? Del todo, ya lo ves.

Pues ya pasaré a cobrarte. ¿No dijo que era gratis?

Es gratis conocer el mal, luego viene pagar la receta.

Vamos.

¿Ya sabe Adamina que andáis los dos así a caballo?

Pues dígaselo usted.

¿Adónde vais, desgraciados?

El mundo está ardiendo. Volved a casa y haceos perdonar.

(Murmullos)

-¡Maruja!

Una de sidra. -Dime, ¿quieres más?

-No, no.

-Lo importante es no romper las alianzas obreras.

-¿Quieres más? -No, hay bastante.

-José María Martínez ha dicho que sí y más de media CNT le sigue.

-Pero la FAI está en contra. -Aquí cuenta poco.

Además, cuando vean venir las cosas sabrán qué hacer.

-¿Y los del único? -Tendrán que apuntarse.

-No fue así la última vez. Nos dieron un chasco.

O sea que ya ves. Hay que tomar por las barbas...

-A cuenta de esos anarquistas. -Dicen que traman tomar la capital.

-¿Y cómo lo conseguirán sin armas?

-Más de la mitad de los fusiles siguen aún sin recuperar.

-Bueno, además está el arma minera: la dinamita.

-¿Y el Gobierno a qué espera? -El Gobierno ni se entera.

-Y si se entera, como si no. A verlas venir.

-Aquí la necesidad es siempre la misma: mano dura.

Mira qué pelo.

¿Tú cómo te llamas?

Me cago en la madre que te parió. Eh...

¿Qué te importa cómo se llame, cabrón?

¿Qué te pasa? Claro que me importa.

¡Me importa, me importa! Ya lo creo que me importa.

Yo soy el padre de esa mala puta. En mala hora, en mala hora...

Puta la madre, puta la hija. No, venga, vámonos.

Ahora va con su chulo por los caminos.

¡Dile a tu madre que iré a las caldas para matarla!

-Cállate ya. -¡Zorra!

-Que te calles.

(Música de tensión)

Con vosotros quería encontrarme, hermosos.

Tenemos que hablar. Al grano, ¿dónde están las armas?

¿Dónde las habéis metido? ¿De qué me habla? Yo no sé nada.

¡Ventura!

Los compañeros del balneario dicen que allí no hay armas.

Han encontrado esta. Dicen que es de la dueña.

¿Dónde vives tú? En el balneario.

¿Y ella?

Ahí al lado. Vamos a registrar tu casa.

En marcha.

Madre, quieren registrar la casa. ¿Por qué?

Buscan armas.

Vamos a entrar. Aquí no entra nadie.

Antes tendríais que matarme. Está bien.

Que no quiero que entren. ¡Suéltame, cobarde!

¡Que no! Marian, no les dejes. Que aquí no hay nada.

Bueno... ¡Déjame en paz!

Quieta.

(EMITE SONIDOS INCOMPRENSIBLES)

Ah...

(SOLLOZA)

Soltadla.

Soltadla ya.

Nos vamos.

Te vienes con nosotros. Este asunto hay que aclararlo.

Los fusiles estarán en algún sitio.

¿Por qué te llevan? Despedíos.

Por favor, no le hagas caso.

No te vayas, Martín.

¡Vamos!

¡Sangre y fuego será a partir de ahora nuestra vida!

¡Sangre y fuego el pan de nuestros hijos!

"Durante el mes de octubre de 1934, el mes de la revolución,

hubo una gran transformación en cuanto me rodeaba".

¡Ya están aquí! ¡Salud, compañeros!

-¡Salud! -Hola, ¿cómo estáis?

-¿Qué pasa? -A ti te conozco del ateneo, ¿no?

-Sí, cuando las elecciones. -Salud, Paco.

-Quieren saber de vosotros. -Para empezar, haremos una foto.

-Estupendo. -¿Así?

-Agáchate, si no no cabemos. -No moveros.

-¿Ya?

"Mi madre, cada vez más triste y malhumorada,

se negaba a enterarse de lo que sucedía".

¿Le has dado de comer?

Toma.

Come.

Hártate.

Cada vez te pareces más al santero.

"Yo tenía que ocuparme de todo, incluso del balneario,

donde unos clientes se refugiaron creyéndose más seguros".

(Gorjeos)

(Bullicio)

"Con gran sorpresa para mí, Raquel participaba en aquello.

Sus padres y yo creímos que había enloquecido".

(HOMBRE) ¡A los burgueses! (TODOS) ¡Dinamita!

-¡Para los militares! (TODOS) ¡Dinamita!

-¡Para los curas! (TODOS) ¡Dinamita!

-¡Para los hijos de puta! (TODOS) ¡Dinamita!

(REPITEN) ¡Dinamita, dinamita...!

(HOMBRE) ¡Camaradas!

¡En este momento comienza el asalto a la fábrica de cañones de Trubia!

(GRITAN)

(MUJER) En las calles de España luchan vuestros camaradas,

vuestros padres, vuestras hermanas, por conquistar más pan,

más libertad, más justicia.

¡No disparéis, hermanos, no disparéis!

¡Viva la revolución, abajo el capitalismo!

¡Soldado, no dispares!

¡Ven con nosotros, deserta de las filas capitalistas!

¡Hermano, únete a nosotros! -¡Abran fuego! ¿No me oyen?

¡Disparen, coño, disparen!

¿No me oyen?

¡Disparen de una vez, mamarrachos!

-¿Qué quieren ustedes?

-Decirle que hemos tomado la fábrica por la revolución proletaria.

-No pretenderán que me rinda.

Pueden exponer sus condiciones siempre que sean honrosas.

(UNO RÍE) -Déjese de hostias, señor coronel.

¡Y dese preso!

Y dele gracias a su Dios de conservar aún el pellejo.

-Disparen.

Que coste que es en contra de mi voluntad.

-Su voluntad, a partir de ahora, puede emplearla en algo más digno.

Tendrá que barrer la nave de tornos.

Ocuparos de ese cañón.

Necesitamos armamento ligero.

Y obuses.

(Disparos)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

¡Salid, ratas!

(Disparo)

¡Dejad que os vea, hijos de puta!

¡Aquí hay un hombre! ¡Un capitán del Ejército español

que no se rinde porque tiene los cojones puestos en su sitio!

(Disparo)

¡Me cago en vuestra puta madre!

¿Solo tenéis huevos para hacer de macarras?

¡Traidores!

(Disparo)

¡Pájaros, habláis de revolución! Me cago en su puta madre.

(Disparo)

Me queda una sola bala en la recámara.

¡Pero te la voy a meter en la sesera, niñato de mierda!

(Disparo)

¡Dispara, cabrón!

¡Atrévete a matar a un oficial del Ejército español!

Marica, ¡cobarde!

(Disparo)

Poco se ha perdido si se mantiene el honor.

Chiflado de mierda...

Y ahora a trabajar.

Los camaradas de Oviedo necesitan cañones.

(Gritos)

¡Vamos, venid para acá!

(GRITA)

¡Tened cuidado!

¡Venga!

(Explosión)

-Ha sonado aquí al lado.

(Disparos)

¿Dónde vas?

(Disparos)

¡Viva Oviedo!

(Disparos)

Apártate, sal de ahí.

(Disparos)

(LLORA)

(Disparos)

(Disparos)

Cuidado.

(Disparos)

-¡Viva Oviedo!

¡Viva la dinamita revolucionaria!

¡Pégale un tiro a ese!

¡Toma, para los curas!

-¿Qué haces? Ven aquí.

(Disparos)

(Disparos)

-Señores, excelentes noticias.

Esta pesadilla está a punto de terminar.

Companys se ha rendido en Barcelona

y el general López Ochoa está a punto de entrar en Oviedo

al mando de unas columnas de la legión y de regulares.

-Hombre, moros.

Que nos los traigan ahora cuando fue justo aquí

de donde empezamos a echarles hace más de mil años.

-¿Es usted un hombre de orden? -Sí señor.

De orden y republicano de toda la vida.

Bueno, republicanos lo somos todos ahora, así que alegre esa cara.

Esto merecería un brindis.

Hay que conseguir las llaves de la bodega. ¿Han visto a Adamina?

¡Adamina!

-¿De qué sirve sin municiones?

-Cojones no han faltado. Ni a las mujeres.

Huevos a la asturiana.

Y lengua a la catalana y conejo a la madrileña.

Porque nos han dejado más solos que la una.

Y lo peor empieza ahora, porque cojones no han faltado,

pero municiones y fusiles sí. Con la dinamita no se hace todo.

-Lo tenemos ahí fuera.

-¡Por culpa de traidores como este nos han jodido!

¡Y debemos echarnos al monte!

Aquí sobran hijos de puta. (ADAMINA) ¡No lo mate!

Que Dios te maldiga si lo matas. -¿Quién ha dicho eso?

¡Quién ha sido, que le reviento el alma!

-Yo lo he dicho.

Pagaré por él. Pagaré con todo lo que tengo.

Necesitáis dinero, ¿no? Pues yo os lo daré.

-¿Todo lo que tienes?

Aunque sean dos perras, ¡mucho es por una mierda como esta!

Haces un mal negocio.

(Disparo)

Y más ahora.

¿Te sigue interesando?

Puedes recoger los restos. Y ve a por el dinero.

Tenemos que comprar comida, bebida y tabaco.

Ahora que podemos pagarlo.

Espera, tengo que hablar contigo. ¿Has visto a Martín, dónde está?

Quién sabe dónde está nadie.

(Silbato de tren)

(LEGIONARIOS CANTAN) Soy un hombre a quien la suerte

hirió con zarpa de fiera.

Soy un novio de la muerte

que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera.

Cuando al fin le recogieron, entre su pecho encontraron

una carta y un retrato de una divina mujer.

Aquella carta decía: "Si algún día Dios me llama,

para mí un puesto reclama, que a buscarte pronto iré".

-¡Viva la legión!

¡Viva el general López Ochoa!

¡Viva la legión!

-¡Viva España!

-¡Viva España!

¡Viva España!

Hubieses podido apartar unos duros. Total, por ese...

A ti qué te importa.

(Música inquietante)

(SUSURRA) -Entra.

Mirad.

(LA CHICA EMITE SONIDOS) -Huele mal, pero tiene teticas.

-Seguro que le da gusto como a las otras.

(GIME)

Es todo lo que hay, no he querido pedir prestado en la tienda.

(Gemidos, gritos)

(CHICO) ¡Vámonos, venga!

¡Vámonos!

Salta.

(Gritos)

(CHICO, SE QUEJA) -¡Déjame en paz! (GRITA)

-Mala bestia.

-¡Suelta! ¡Anda, suéltale!

¡Marian!

¡Déjame, suelta! -¡Quita! ¡Quita!

¡Quieta!

¡Quieta!

(AL CHICO) Vete ya.

(GRITA RABIANDO)

-Mi niña, ¿qué te han hecho? ¿Qué te han hecho?

(GIME Y GRITA)

-Gritaba mucho y por eso entramos.

Estaba oscuro y no sabíamos si era una persona. Queríamos ayudarla.

-Estaba encadenada y maniatada y la desatamos.

-Pero todo olía muy mal, estaba sentada sobre la mierda.

-La desatamos, pero la cuerda estaba húmeda,

olía todo a bacalao.

-Oiga, ¿conoce usted a Adamina?

¿Adamina Sánchez?

Tiene que acompañarnos.

(CHILLA)

-Suéltame.

"No quiso que la acompañara.

Parecía no importarle lo que pudiera sucederle.

La casualidad quiso que ese día me dejara también mi amiga Raquel".

-Luego dices que es culpa mía.

"Se fue a la ciudad a estudiar de enfermera.

Era una huida".

-Cuídate, Raquel.

¡Escríbenos! -¡Adiós!

"De Martín no sabía nada.

Me sentí muy sola".

¿Para qué sirven?

El doctor te lo explicaría mejor.

Ya estaban aquí en tiempos de los romanos.

Bebían su sangre para curar enfermedades.

No me cuentes historias, dime para qué sirven.

Para que tú los cuides.

Para que les des cobijo en los inviernos fríos como este.

Son un símbolo, traen suerte

y además quedan muy pocos ejemplares.

Cruzándolos con caballos normales podríamos venderlos como carne.

A nadie de aquí le gustaría eso. Pues tendrán que hacerse a la idea.

Allá tú, yo necesito un poco de tranquilidad.

¿A qué le llamas tú tranquilidad?

Me quedo en Oviedo.

Ven a verme cuando quieras.

(RADIO) "Ayer fueron detenidos en un cine

catorce jóvenes que se dedicaban a gritar a la imagen de Hitler

cuando aparecía en un noticiario.

En la comisaría se les puso una multa de 250 ptas. cada uno

por alterar el orden público.

Esta mañana se ha celebrado en Oviedo

el consejo de guerra contra la maestra Concepción Royo.

La maestra daba discursos

asegurando que el ejército cometía más crímenes que la Revolución.

La acusación ha sido promovida por el cura del pueblo.

Concepción Royo ha sido condenada a ocho meses de prisión".

Toma, Marian, es para ti.

-Tienes que cortarlo en cuatro partes.

(ADAMINA) "Querida hija,

la presente es para tranquilizarte y decirte que estoy bien.

He sabido que has entrado en el servicio del balneario,

de lo cual me alegro mucho. Yo me quedo en Oviedo;

la señora no está bien de salud y necesita quien la cuide.

El asunto de tu hermana tuvo buen arreglo.

Volvieron a admitirla en la casa de beneficencia...

-Marian, el señor quiere hablar contigo.

-¿A santo de qué?

-Pregúntaselo a él.

¿Se puede? Adelante.

¿Da Ud. su permiso? Ven.

Acércate.

Dice mi hermana que cuide de ti.

¿Cuánto hace que trabajas aquí?

Llegué ayer como quien dice. Desde la primavera.

Pues yo te he visto desde pequeña.

Vendría a traer algún recado.

Sí.

Tu madre es joven todavía. Y mi hermana...

Mi hermana está loca.

Loca es una manera de decir.

¿Qué harás cuando acabe la temporada?

Todavía no lo sé. Hasta septiembre no termina.

Para entonces se me habrá ocurrido algo.

A lo mejor me marcho.

¿Adónde?

A Oviedo, a servir.

Bueno, puede que a despachar. Allí hay mucho comercio.

Trabajan hasta las mujeres. ¿Tienes novio?

No.

Aquí siempre habrá sitio para ti.

Me gustaría ver todo esto lleno de esa juventud

que brinca gastando su salud en vez de querer recuperarla.

No tardará en verlo. Esto ha cambiado y cambiará más.

Cuando la gente ha salido del drama que hemos vivido

el cuerpo le pide...

Perdone.

¿Quién es? Una hetaira, Marian.

¿Una heta...? Una puta.

Fina, sí, pero puta. De las que se trae D. Erasmo cada semana.

(CARRASPEA)

Doña Elvira Rossi, Don Álvaro.

el doctor se ocupa de la salud de los clientes.

Encantadísima.

Siéntese, por favor.

Marian, deja eso y sube a servirle el desayuno a la señora.

¿Qué señora, esa pelandrusca?

Esa pelandrusca es la invitada de Don Erasmo.

O sea que andando. Porque tú lo digas.

A mí se me llama de usted, no lo olvides.

¡Fregona!

Será mejor informar a quien corresponda.

(TARAREA EL DANUBIO AZUL)

Tráelo aquí.

(SIGUE TARAREANDO)

Y abre las cortinas.

Con esa cara y esa planta no se está en estos baños,

sino en la capital, viviendo a lo grande.

No pensarás pasarte la vida de fregona, ¿verdad?

No te enfades conmigo. Ven, acércate.

Si no espabilas a tiempo, mal te veo, muchacha.

A los hombres les gusta la carne fresca, o sea que más a tu favor.

Y aquí solo hay abuelos.

Aunque si lo piensas bien, son los mejores a la postre.

¿Por qué?

Por lo que dejan, tontina.

Aunque los hay que duran más que el padre eterno.

(TARAREA)

¿Y ese cuánto cree Ud. que le durará?

¿Ese?

Ese sí que sabe de la vida, no se priva de nada.

Y al paso que lleva, acabará comiéndose lo suyo

y lo de la hermana, como no vuelva pronto.

Pues como vuelva pronto, Ud. tendrá que irse, ¿o no?

Yo me voy mañana.

Tranquila, no va a volver.

¿Y cómo lo sabes?

Porque mi madre trabaja en su casa.

¿Viven juntas las dos?

¿Dónde va a vivir?

Dormirán por lo menos separadas.

Veo que sabe Ud. chismes de lavadero.

Es lo que se dice, perdona. Está perdonada.

Oye, muchacha.

¿Cómo te llamas?

Marian.

Mariana.

Bien, Mariana, si un día quieres, puedes venir conmigo.

¿Qué haces tú aquí?

Ya me iba, si no desean nada más.

Sí, que no vuelvas a tirar platos a la cabeza de nadie.

No he tirado a dar. Es igual.

Pues si es igual, la próxima vez le daré.

¡Que no vuelva a pasar!

(RÍE)

El domador que la dome... Buen domador será.

¡Marian!

¡Marian!

¡Amorcito!

¿Estás durmiendo?

Abre, palomita, abre, que no quiero hacerte daño.

(DA GOLPES)

¡Abre, coño!

¡Te digo que abras!

¿Eres virgen?

Solo quiero saber eso.

Dime si eres virgen.

(Golpes)

¡Dime si eres virgen!

(Golpes)

Está bien, si quieres irte, vete.

Liquídenle lo que se le debe.

Pero aquí no volverás a poner los pies.

¿Me oyes? No volverás a poner los pies en tu vida.

Menuda pájara estás hecha.

No te importa estar a malas con él porque es flor de temporada,

que las riendas siguen estando donde están, ¿verdad, monina?

Ud. obedezca. Pague y calle.

Has tardado mucho.

No me quería pagar. Me lo imagino.

Vaya cara que habrá puesto Erasmo.

Vamos.

¡Detente!

El mundo está hecho para vivir sin compañía.

A solas venimos y a solas nos vamos.

No hay que ser esclavo de la carne. ¿Este loco quién es?

Yo mismo lo era, pero ahora con la ayuda de nuestra señora,

soy feliz.

Y estoy dispuesto a dar al señor la última gota de mi sangre.

¿Lo arrollo?

¡El protervo nos amontona... No, déjeme a mí.

para que las faltas de unos se perdonen con las de otros.

Vas encontrar en la ciudad tentación y escándalo.

Olvida ese viaje. Tu madre que es más sabia que tú

te diría lo mismo.

¡Apártate, capón!

Capón, ¡sí, como San José!

¡Por la gloria de la Virgen Santísima!

(GRITA) ¡Va!

Oye, estáis todos muy locos en este pueblo.

Ese y mi madre están locos.

Yo estoy conforme con servir, nada más.

Claro que sí. Harás lo que tú quieras.

Mi maleta. No déjalo, ya se ocupa él.

¡Antonia! Marian.

¿Qué haces tú aquí? -Lo que tú. Tendrás ayuda.

Marian.

Aquí hay mucho trabajo, ¿no?

Menos que en el balneario.

Pero allí hay más gente.

Ven.

¿Qué es esto?

¿Esto? Es una casa de putas.

¿Y las putas? Como no seamos tú y yo... Aquí no hay nadie.

Es una casa de putas sin putas.

No lo entiendo.

Ven.

Cierra la puerta.

Mira, funciona así. Un señor llama, dice lo que quiere

y avisa cuando vendrá, entonces, doña Elvira abre este cajón

y avisa a una chica.

La chica se mete en esa habitación y a la hora fijada llega el señor.

¿Y las chicas tienen teléfono? No, las chicas no.

Cada día pasan por un sitio y preguntan si hay algún recado.

Es la mar de sencillo.

Mira, aquí está la lista de las personas de Oviedo

que tienen teléfono.

Díaz Villa.

¿Cómo se hace?

Le das vueltas a la manivela,

sale una voz y dices el número de la persona.

¿Qué haces? Probar.

A Doña Elvira no le gustaría.

Bueno, como no nos ve.

"¿Con qué número quiere hablar?" Con el 2345.

(RÍE)

Déjalo, que viene Doña Elvira.

¡Marian, Marian!

"¿Quién es?"

"¿Con quién quiere hablar?"

"Oiga". -Disculpe, es una equivocación.

¡"Senti, ragazza"!

No me gusta que juegues con este aparato.

¡Me cuesta mucho!

¿Ya te ha contado Antonia tus obligaciones?

-No me ha dado tiempo.

-Bueno, hazlo ahora.

-¿Llamabas a tu madre? ¿Para qué?

Para decirle que por su culpa estoy en una casa de putas.

Aquí lo importante es mirar como si no vieras,

escuchar como si no escucharas y mutis.

Tú limpias las habitaciones,

recoges la propina de la mesilla de noche, si dejan,

que no veas lo agarrados que son esos señores.

Si al barrer te encuentras la sortija del obispo,

haces como si nada. Se la entregas a Doña Elvira

y ya se la hará llegar.

Muy sabia pareces tú.

Ay, chica, es que lo que no se aprenda en este oficio,

ni en Santiago.

Ah, pero, ¿tú también? No, yo no. Yo tengo novio.

Cuando haya ahorrado suficiente, dejo todo eso,

nos casamos, montamos una tabernita...

Él es camarero.

¿Te importa si apago la luz?

No.

¡Ah, oye!

¿Conoces a alguien en Oviedo?

Aparte de mi madre tengo a una amiga estudiando,

pero no sé dónde.

Si quieres, el día que tengamos la tarde libre,

llamo a mi novio, que se traiga a un amigo y salimos los cuatro.

Así conoces todo esto. Además, quién sabe...

Yo también tengo novio.

Pero no sé dónde está. Se metió en eso de la revolución.

Pues si no sabes dónde está...

(RISITA)

Los jinetes del alba - Capítulo 2

08 mar 2016

Raquel cuida la espalda de Martín. Marian, levemente celosa, desconfía de esta relación. Comienza la Revolución de Octubre y Martín se une a los revolucionarios. Unos muchachos del pueblo entran en el sótano donde han oído que hay una tonta. La Revolución termina. .

Histórico de emisiones:
16/01/1991
14/04/2009
25/08/2013

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