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Los jinetes del alba

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La acción comienza a finales del verano de 1922, en el balneario de las Caldas (Asturias),dónde Marian vive con la ambición de llegar a ser dueña del balneario. Pasan los años y los acontecimientos en la política española, primero con la revolución de octubre de 1934 y más tarde con la Guerra Civil iniciada en 1936

La historia arranca en 1922 en un pueblo asturiano, Las Caldas. El tranquilo pulso de esta pequeña localidad sólo se ve alterado por la existencia de un balneario regentado por una rica indiana. Su sobrina, Marian, la protagonista vive con la ambición de llegar a ser la dueña del establecimiento. Diferentes amores cruzados y los acontecimientos históricos marcan el ritmo del argumento junto a la llegada de los sucesivos veranos. La época estival da indirectamente a la serie su título. "Los jinetes del alba" alude a los caballos, de la especie asturcón, que con la llegada del estío bajan de las montañas.

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Los jinetes del alba - Capítulo 5 - ver ahora
Transcripción completa

¡Cabo!

-A sus órdenes, mi capitán. -¿Qué hace ahí ese hombre?

-Es el santero, mi capitán. -Le pregunto qué hace ahí.

-Los rojos le dispararon en sus partes, mi capitán.

-¡Responda! ¿Qué coño hace ahí? -Guarda una tumba, mi capitán.

Tiene enterrada una santina.

-¿Quién está enterrada ahí?

-Mi hija.

¿No era una imagen? -Sí.

De madera, mi capitán. -¿Una imagen consagrada?

-No, mi capitán. Un maniquí con cara de Virgen, mi capitán.

-¡Échelo de aquí!

-Quieto. Ahora es cuando los cielos se abren con estruendo.

Esta es la hora en que la Tierra vomita a los resucitados.

Escuchad.

Escuchad.

-¡Alerta! ¡Alerta!

-Son caballos, mi capitán. Caballos que bajan de la montaña.

-¡Es igual, que los maten a todos!

¡Fuego a discreción!

¡Cuidado, son caballos salvajes!

(Disparos)

Son los caballos. ¡Han bajado los caballos!

¡He dicho que disparen a dar! ¡Disparen a dar!

¿Han oído bien? ¡Disparen!

Quietos. Quieto todo el mundo y no pasará nada.

¡Libertad!

(Puerta)

La lista de detenidos.

(Puerta)

-Es para un enfermo.

-¡Atención! ¿Quién de vosotros es Ana María Vega?

Venga conmigo.

Solo ella.

¿Quién es? Ellos se ocupan del control político.

De las responsabilidades.

¿Y por qué se la llevan? Algo habrá hecho.

-¡Eh, basta de cháchara!

¡Adelante!

Puedes irte.

No te lo esperabas, ¿verdad?

Tengo más sorpresas para ti.

Otro.

Dice que es tu padre.

No le conozco de nada. Es la primera vez que le veo.

Nunca he visto a este hombre. ¿Pero qué dice esta hija de puta?

Allá vosotros, no es cosa mía. Ven, tenemos que hablar.

Siéntate.

Han ocurrido muchas cosas.

Lo más importante es que mi hermana y tu madre han muerto.

Intentaron pasar a la zona nacional y las descubrieron.

Mi hermana, que estaba loca, le dejó el balneario a tu madre.

No impugnaré el testamento, me conformo con el resto.

Así que, muerta tu madre, todo esto es tuyo.

A no ser que ese sea tu padre.

No lo es. Y yo te creo si tú me lo dices.

Pero me parece mejor que por ahora,

esto quedara entre tú y yo,

y yo siguiera apareciendo como dueño.

¿Por qué?

Ese hombre que dice ser tu padre nació en Trubia y se casó allí.

Esos bárbaros lo quemaron todo; el registro y la iglesia.

No hay documentos.

A pesar de todo, si él se empeña, y tal como están las cosas,

él es un camarada combatiente y tú has de demostrar tu inocencia.

Hazme caso.

Como usted diga.

Perfecto. Estamos de acuerdo.

Los tienen a todos presos.

¿Qué va a pasar aquí? A ti no te va a pasar nada.

¿Y a los demás?

Depende de qué hayan hecho.

Pero me parece que aquí nadie está libre de pecado.

Martín... me ha ayudado con lo del balneario.

Estaba enfermo, no ha hecho nada.

Veremos lo que se puede hacer.

(Música triste)

Diga su nombre en voz alta. -Leopoldo Martín Acuña.

-Pase al otro lado.

Diga su nombre. -Amador Sánchez Beltrán.

-Al otro lado.

¿Su nombre? -Rosario Gil Casanueva.

-Su nombre. -Saturnino Dimas Pino.

-Diga su nombre. Ventura Peña Santiago.

Al otro lado.

-Su turno, señor cura.

(SUSURRA)

-Esos dos. La pareja. (ELLA GIME)

-Digan sus nombres. -Juan García Barco.

(NERVIOSA) -Rebeca. Rebeca. ¡Rebeca! -Rebeca Schneider

(SOLLOZA) -¡Juan, no! ¡Juan, no! (LLORA)

Déjelos en paz. Son inocentes. Nunca se han metido con nadie.

Ni con nosotros ni con vosotros. ¡Corrompen la fe del pueblo español!

-Léales la sentencia.

(LEE) -"Leopoldo Martín Acuña.

Amador Sánchez Beltrán.

Rosario Gil Casanueva.

Saturnino Dimas Pino.

Ventura Peña Santiago.

Rebeca Schneider.

Juan García Barco.

Todos ellos están incursos en un delito de rebelión militar

establecido en el artículo 237 del código de justicia militar,

y penado en el artículo 238.

Con la agravante de perversidad que se señala en el artículo 173.

Autorizado por el jefe del Estado, este consejo de guerra,

ajustándose al procedimiento de urgencia sumarísimo,

los condena a la última pena.

La sentencia se cumplirá inmediatamente".

-Hagan pasar al siguiente grupo.

-¡Fuego!

¡Atención!

¡Saquen armas!

¡Apunten!

¡Fuego!

Lo más importante es que tú estás aquí, conmigo.

En cuanto las llevas puestas no te las quitarías jamás.

Te sientes otro.

¿Qué tal las chicas? Lo mejor que he podido encontrar.

Tienen cierta clase y poca experiencia.

Alguna ya trabajó para mí.

Le advierto algo.

A tres de ellas he tenido que sacarlas de la cárcel.

Aquí en Oviedo las putas nos salieron muy rojas.

(RÍE) No importa, les añade un saborcillo morboso.

Con tal de que estén de buen ver. Habrá que darles algún retoque.

Las habéis dejado un poco pachuchas. (RÍE)

Bien.

Pues vamos allá.

Ustedes esperen fuera. (AMBOS) A sus órdenes.

(Cierra la puerta)

A ver, desnudaos.

¿No habéis oído? Del todo.

(RADIO) "Recordaréis que en ella fue donde los marxistas

abrieron el vientre a una señora próxima a dar a luz.

Sacaron la criatura y la partieron en dos

a presencia de la madre, que aún vivía.

Allí fue donde se encontraron niños con el vientre abierto,

y colgados por los pies de las ventanas.

Contaban los falangistas llegados hoy

que la primera vez cogieron los marxistas

a un oficial de telégrafos, le cortaron los dedos en una red,

los ataron..." Daos prisa.

(RADIO) "Los dieron de comer..." Lo quiero como la plata.

(RADIO) "Entre ellos a uno que me lo ha contado.

Le pusieron una pistola al pecho". ¿Qué haces?

(ESCUPE) Límpialo.

Tu madre no solo parió un monstruo, sino dos.

¡Eh, eh!

(RADIO) "No han llegado las cosas a su culminación".

Límpialo si no quieres verte como esas.

Con las manos.

Con la lengua.

(RADIO) "Confirma que estas infamias se cometen obedeciendo

los mandatos que dicta Moscú por medio de sus asalariados..."

Venga, Marian, déjalas. ¿Dónde crees que estás?

¿En un cuartel? En mi casa. Estoy en mi casa.

¿Cómo se llamaba tu amigo? Peña.

Ventura Peña.

Ya es hora que dejéis descansar a los muertos.

Están en la gloria.

Todos confesaron y comulgaron antes de estirar la pata.

¿Tú a qué esperas? ¡Largo de ahí!

¡Eh, rojo!

Te voy a poner de palanganero.

De nada te va a servir ser el chulo de mi hija.

¡Un día te voy a agarrar por los cojones!

¿Qué quieres?

Estás loco. Hace tiempo que no ves a la santina.

Tiene un recado para esta noche, no faltes.

Dile que no estoy para hostias. No faltes te digo.

Ahora la santina y tú tenéis amigos comunes.

A mis amigos los han fusilado.

No a todos.

(Música triste)

Empiezas a odiarme.

Tus muertos son más importantes que yo.

(SOLLOZA) Martín, yo te quiero.

También estarías muerto si no fuese por mí.

¿Qué pecado he cometido? ¿Salvarte?

¿Defender el balneario? Yo he nacido aquí. Es mío.

Será mío.

He perdido dos guerras y puedo contarlo.

Es más de lo que merezco.

Uno se acostumbra a todo.

Hasta a la humillación.

(SOLLOZA)

Pasa, hijo.

La santina está muy contenta.

Nunca había tenido tantas visitas como ahora.

Pasa.

Ya sabes lo que ha pasado. (SOLLOZA) ¿Por qué?

¿Por qué, si ellos no han hecho daño a nadie?

(LLORA) Mis padres nunca han hecho daño a nadie.

-"Soltaros" ya y pasemos a las cosas serias.

Quiero irme con vosotros. Ya no quiero volver a ese pueblo.

Pues te jodes.

Nos haces más falta allí.

-Sí, Martín, allí eres mucho más útil de lo que puedas serlo en el monte.

(TITUBEA) -Me voy, hablad tranquilamente cuanto queráis.

A la santina le gusta la música,

pero no le interesa la letra.

Quincelibras, pídeme perdón otra vez.

-Perdóname, Padre Santo, pero no sabía lo que me hacía.

-Te perdono porque del mal viene el bien y su contrario.

Yo soy santo por el mal que me hiciste.

-Martín, ven conmigo.

Acércate, Martín.

Mira, dinamita.

El pan nuestro de cada día del minero.

Se nos ha metido entre ceja y ceja el balneario

con sus coroneles y sus generales.

(ELVIRA HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(EL MILITAR HABLA EN ITALIANO)

-¿Qué está contando? -Que se la folló Mussolini.

-Ah... -(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO) -¿Qué dice ahora?

-No lo sé, habla de Julio César me parece.

-Bah, estos italianos...

Que si Colón era italiano, que si Julio César...

Si Julio César nació en Zaragoza. -No se trata de dónde nació.

Al parecer, era maricón. -Eso es mentira.

-"Per il Ducce, per il Caudillo".

"Per" la eterna amistad entre nuestras dos naciones.

"Auguri".

Arriba España. (TODOS) Arriba España.

-¿Y las señoritas?

"E' una sua idea, signora?"

-Bueno, señores, empezamos el juego.

Cada una de estas lindas muchachas lleva pintada en el trasero

un número de estrellas; de una a cuatro.

Ustedes apuestan, ellas se la enseñan,

y si aciertan, la han ganado.

Lo entienden, ¿verdad?

-Repítalo, por favor.

(CANTAN) "Cuando yo me muera tengo ya dispuesto

en el testamento que me han de enterrar.

Que me han de enterrar en una bodega

al pie de una cuba

con un grano de uva en el paladar.

En el paladar.

A mí me gusta el pipiribipipí

con la bota 'empiná' paparabapapá.

Con el pipiribipipí, con el paparabapapá,

al que no le guste el vino es un animal.

Es un animal o no tiene un real".

-¡Ah de la casa! -¿Pero qué coño pasa?

-Nos han dicho que hay mujeres. -¿Sois analfabetos, joder?

¿No sabéis leer?

(CANTAN) "El Ejército de Franco, rumba la rumba la rumba la.

El Ejército de Franco, rumba la rumba la rumba la.

En la cama es un león. Ay, Carmela. Ay, Carmela.

En la cama es un león. Ay, Carmela. Ay, Carmela.

Despatárrate, bonita, rumba la rumba la rumba la.

Despatárrate, mocita, rumba la rumba la rumba..."

-Alegría.

(Cantan afuera)

Hazme una sonrisita. Sonríe.

Eso. Tú también haz un esfuerzo. Sonríe.

Sonríe.

Qué seria, mujer. Sonríe.

Tú también, sonríe.

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

Empieza usted.

-Cuatro.

(RÍEN TODOS)

Ahora usted.

(Cantan afuera)

-¡Oh! (RÍEN)

(HABLA EN ITALIANO)

-¿Qué tengo que cobrar? -Ha dicho que vayas a mirar.

(Cantan afuera)

-Le toca a usted, mi general.

-(CARRASPEA)

Tres.

(HABLAN EN ITALIANO)

-Mi general, son nuestros soldados que quieren entrar.

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

-Que pase uno. Y si es italiano, mejor.

-Bien, coronel.

(HABLA EN ITALIANO)

(HABLA EN ITALIANO)

(Golpes)

(HABLA EN ITALIANO)

-De Puente Sampayo, provincia de Pontevedra.

No quería subir, mi general, pero me obligaron...

-No importa.

(HABLA EN ITALIANO)

-La perdí en Torrelavega. Un moro que se equivocó

y me sacudió un trallazo. -No importa.

Pero dime, soldado, ¿conservas lo que te cuelga?

-Y que no falte, mi general. (RÍEN)

-"Bene", entonces señálame a la mujer que hay aquí que más te gusta.

-Venid, chicas, venid. Ven, tú también.

(HABLA EN ITALIANO)

Por ser un caballero mutilado.

-Pues la verdad, si puedo elegir, como mi general dice,

la verdad es que a mí la que más me gusta es esa rapaza.

¿Yo?

(HABLA EN ITALIANO) (CHASQUEA LA LENGUA)

Es imposible, otra. -Si he dicho algo malo, lo retiro.

También me gusta la señora. -(RÍE) (HABLA EN ITALIANO)

Un cretino es lo que es. Qué manía.

Se ha empeñado en emporcar mis propiedades.

Ni hablar, tiene que ser una de las cuatro.

¿No pueden ser dos? -(RÍE A CARCAJADAS)

¡Martín!

¡Martín!

¿Martín?

¡Martín!

D. Erasmo quiere que lo acompañes a la ermita, no conoce el camino.

¿A la ermita? ¿Para qué quiere ir a la ermita?

No lo sé.

Dile que no voy. Martín...

Que no.

¡Marian!

Dile que sí, voy a ir a la ermita.

¿Le rezo a la santina?

Déjala en paz.

¡Un, dos! ¡Un, dos!¡Un...! (SIGUE)

¡Alto, ar!

¡Derecha, ar!

¡Flechas, saluden a don Erasmo!

(TODOS) ¡Viva don Erasmo!

Bravo, muy bien. ¡Izquierda, ar!

¡De frente, ar!

¡Un, dos! ¡Un, dos!¡Un...! (SIGUE)

¡So!

¿Has visto aquí a hombres armados? Sí.

¿Cuándo?

Ahora. No seas idiota.

Déjelo, don Erasmo, él es así.

(SUSPIRA) El bufón de la ermita.

Tú puedes decir que estás vivo porque estás loco.

¿O lo haces ver?

¡Cabo, que registren la ermita!

Don Erasmo.

-Ahí están los santitos. ¿Qué coño dice?

Las imágenes de la capilla.

Las quitaron cuando empezó la guerra, Froilán las trajo.

Para que no les hiciesen maldades. Cabo, abra esa caja y examínela.

Esta también.

Mi madre la bordó con sus propias manos.

Carguen con ellas, son propiedad del balneario.

Hay que tratarlos con mucho cuidado, son santitos muy voladores.

Suben al cielo solos. Tú dale que dale.

(Pájaros)

¿Le digo que vamos derechos a la capilla?

Mejor será.

Martín, voy de compras a Oviedo, ¿quieres algo?

¿No?

(Música de suspense)

¡Eh, fuera de ahí! ¡Apartaos!

(ARREA AL CABALLO)

¡Fuera de ahí!

(ARREA AL CABALLO) ¡Vamos!

(Explosión)

(Música triste)

¡Martín!

¡Martín!

(Música militar)

Te toca.

¿Qué quieres mover?

Alfil 3, rey.

Muy bien, jamás habría imaginado que pudieras ser diestro en esto.

Además a ciegas, doble mérito.

¿Sabes? Nunca he creído que fueras un héroe.

Lo tenías preparado.

Una vez más, te hubiera podido denunciar.

Pero bastante castigo tienes.

Te comprendo, si mi mujer se acuesta con otro yo hubiese hecho lo mismo.

Reina en 2 de rey. Quieto ahí.

Mejor no mirar.

-Así que tú eres el famoso D. Erasmo, el terror de los guerrilleros.

Asesino.

Déjamelo a mí.

(GIME)

(Llaman a la puerta)

Bueno, ya puedes empezar a desnudarte.

Ese pañuelo...

-Otro hijo de puta.

Dentro.

-¡Mátalo, mátalo!

¡Más, más!

Entonces Quincelibras echó mano del cuchillo y sin mediar palabra

le metió un viaje en el cuello que le hizo caer.

Le eché mano debajo del brazo,

y según reclinó la cabeza, en un minuto,

chorreaba sangre como cuando se sangra un cerdo.

Pisé el banco para sujetalo y ver cómo era la herida.

Se me ocurrió tomarle el pulso y no tenía.

Le llamé y no me contestó.

¿Ve los dedos?

Los dos le cabían en la brecha de la garganta.

¿Hace sol? Sí, ¿dónde quieres ir?

Acompáñame a la ermita. Muy bien.

¿Sabes una cosa? ¿Qué?

Todo hubiese podido ir por otro camino,

pero no nos podemos quejar.

¿Es aquí? Aquí es.

No creo en nada, pero por dar las gracias, te las doy a ti.

¿Qué dices? Le doy las gracias.

Le pedí tres cosas y ha conseguido las tres.

Tu hermana es muy poderosa. Más de lo que crees.

Te ha dado algo que no habías pedido: el balneario.

Vámonos.

Los jinetes del alba - Capítulo 5

29 mar 2016

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