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Para todos los públicos Los conciertos de La 2 - Ciclo Coro RTVE (500 aniversario vuelta al mundo) - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(Música)

(Música)

Permitid que me presente.

Andrés de Urdaneta.

Vasco.

De Villafranca de Ordizia.

Fraile en este convento de la ciudad de México

y en un tiempo,

marino.

Soy, en efecto,

el Urdaneta que hizo el famoso tornaviaje.

Y participó en la evangelización de Filipinas.

Pero... no estoy aquí para hablar de mí.

Quiero dar fe

de la memoria del más grande marino de la historia.

El primer hombre en circunnavegar el globo.

Mi señor Juan Sebastián Elcano.

Precisamente, lo conocí en el segundo viaje

que emprendió tres años después de su hazaña

y en el que se disponía a volver a dar la vuelta al mundo.

Curiosamente, en este viaje iba de segundo de abordo,

a las órdenes de García Jofre de Loaísa.

Eso extrañó a todo el mundo,

pues tenía méritos más que sobrados para estar al mando.

Parecía que su destino fuera

estar siempre a la sombra de otros hombres,

como le sucedió en su viaje anterior, respecto a Magallanes.

Loaísa falleció en el Pacífico por la enfermedad del marino

el 30 de julio de 1526.

Y Elcano tomó su lugar para morir cinco días después

del mismo mal.

Fue en mis brazos donde exhaló su último suspiro.

Pero antes, empleó sus últimas fuerzas

en arrojar luz sobre las muchas habladurías

surgidas respecto a su primera expedición.

A él le hubiera gustado permanecer en cubierta

para morir viendo el mar.

Pero no fue posible, porque corríamos el riesgo

de que las olas nos arrastrasen por la borda.

Y buscamos refugio en la bodega,

donde los demás marinos imploraban la protección del Altísimo.

(Música)

(Música)

(Música)

(Música)

Elcano me habló primero de Fernando de Magallanes,

al que temió y admiró por igual.

Como súbdito de Portugal,

Magallanes participó en la conquista de Malaka,

desde donde partían los barcos

que surtían de especias Europa.

Lejos de enriquecerse, como soñaba,

don Fernando regresó a Portugal con una cojera de por vida,

resultante de un combate con los malayos.

Y una mísera pensión.

Quizá eso fue lo que lo animó a presentarse

ante Manuel I de Portugal.

"Alteza, ¿por qué nos conformamos con el puerto de Malaka

si es posible controlar por entero la producción

de esas especias más valiosas que el oro y las perlas?"

(Música)

Su atrevimiento arrancó primero carcajadas del rey Manuel,

pero cuando apreció que no bromeaba, estalló en ira.

"Vete ahora mismo de mi corte

y que no vuelva a tener noticias de ti".

Examinando el Tratado de Tordesillas

por el que España y Portugal se repartían el mundo,

Magallanes llegó a la conclusión de que el maluco

donde crecían las especias, correspondería a Castilla,

y no a Portugal como se creía.

Por otro lado, el astrólogo Rui Faleiro

le convenció de la existencia de un paso por el que era posible

navegar desde el Atlántico hasta el mar del Sur.

(Música)

De ser eso cierto,

los castellanos podrían llegar al maluco por el poniente,

evitando internarse en aguas portuguesas.

Era preciso que Carlos I de España

escuchara a Magallanes, pero ¿cómo podría?

Si era un enemigo repudiado por su propio reino.

Mas, era tal su persuasión,

que logró que don Carlos creyera en una aventura

que podría aportarle una fortuna en especias.

Y así, el rey lo puso al frente de una armada.

Magallanes capitanearía la Trinidad.

Las otras naos fueron: la San Antonio, la Santiago,

la Victoria y la nao Concepción,

donde viajaba como maestre Juan Sebastián Elcano.

La armada partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519.

Pero antes, entregó el estandarte real

a Magallanes en la Iglesia de la Victoria en Triana,

donde todos pusieron sus almas en paz con el señor.

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(HABLA EN LATÍN)

(HABLA EN LATÍN)

(CANTAN)

(HABLA EN LATÍN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

(Música)

Ya en octubre, Magallanes decidió cambiar el rumbo

sobre lo que se había acordado.

Eso confundió a todos

y ofuscó especialmente al capitán de la nao Victoria,

Juan de Cartagena, sobrino del arzobispo Fonseca

y veedor real.

"Vos y yo somos iguales en jerarquía, Magallanes

Mas aún, tened presente que yo soy español

y como veedor, mis ojos son los del rey en esta armada".

Pasaban entonces por la costa de Guinea.

Estaba establecido que, cada noche,

los capitanes saludaran a Magallanes de la siguiente manera:

"Dios vos salve, señor capitán general y maestre,

de buena compañía".

Dios vos salve

señor capitán general y maestre.

De buena compañía.

Dios vos salve

señor capitán general y maestre,

de buena compañía.

(Música)

Dios vos salve

señor capitán y maestre.

Cartagena se limitó a decir:

"Dios vos salve, señor capitán".

Al día siguiente,

Magallanes ordenó fondear en la costa.

Al echarse a la cara Cartagena, lo prendió del pecho.

Y a pesar de su cojera y de ser más bajo que él,

lo zarandeó como a un peral.

"¿Con que tan solo 'Dios vos salve, señor capitán'?

Al cepo, bellaco.

Desde allí aprenderéis cuál es vuestro lugar y cuál el mío,

y por qué soy capitán general y maestre, aunque sea portugués".

(Música)

En mitad del Atlántico,

le sobrevino una violentísima tormenta.

A las gigantescas olas, se sumaron los relámpagos,

como anticipo mismo de los fogones del averno.

Creyendo que su fin estaba próximo,

recurrieron a una plegaria desesperada.

Hincadas las rodillas contra la cubierta,

las tripulaciones suplicaron al patrón de los marineros

morir en tierra como cristianos.

"Oh, San Telmo, no nos dejes perecer lejos de nuestras familias.

Apiádate de quienes solo han buscado descubrir la grandeza

de la creación de Dios".

(Música)

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

Entonces, un fuego maravilloso

brotó del palo mayor, permaneciendo un minuto

como pájaro púrpura,

batiendo sus alas encendidas en la profunda negritud del océano.

Cuando se hubo desvanecido,

los cielos aplacaron su ira y dieron las gracias al saber

que no estaban solos allá, en mitad de ninguna parte.

Brasil fue lo primero que avistaron del Nuevo Mundo.

Pero el paso hacia el mar de Balboa

debía estar mucho más al sur.

Para entonces, a la desconfianza general

hacia el capitán, se sumaron la escasez de víveres

tras la travesía oceánica y un frío que trocaba

en témpanos hasta los mismos pensamientos.

Más de dos meses transcurrieron navegando por unas aguas que,

Magallanes, aseguró correspondían a las del legendario paso

y a cuyo término les conduciría al mar de Balboa.

Si alguien osaba preguntarle si estaba seguro

de aquel era el rumbo correcto,

el general amenazaba a mandarlos al cepo, con Cartagena.

Esto no hizo sino acuñar un resentimiento que,

para la primavera, había madurado como un fruto cargado de rencor.

Ya nadie creía en la promesa de alcanzar el estrecho,

ni siquiera en su existencia o en que se encontraran

donde su capitán les decía que se hallaban.

Se pudo comprobar el día que un marino famélico

cayó por la borda.

Los que lo socorrieron,

sintieron el restallido de aquellas aguas en sus labios

y probaron el dulce regusto de la verdad.

Estaban en un río.

Magallanes les había llevado a morir dando vueltas por un cauce

que para nada era el prometido paso.

Lamentaron entonces no haber hecho caso de unos cánticos

que desde hacía semanas, parecían llamarles desde el sur.

Unas voces de mujer que identificaron con las sirenas,

o como decía Elcano,

lamías que Colón afirmaba haber visto en sus viajes.

(CANTAN)

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

Cuantos decidieron tomarse la justicia por su mano,

creyeron que no estaban sino obrando en nombre del rey.

Daba igual que Magallanes pareciera admitir

su equivocación variando la derrota una vez más.

Ahora hasta el puerto de San Julián.

Seguía sin desvelar sus planes a nadie.

En este contexto,

no fue difícil y que Cartagena ganara

para su causa a los capitanes Mendoza y Quesada.

En realidad,

era tal el clima de desconfianza general que la mayor parte

de los hombres estaban deseando que alguien

diera un paso al frente para parar aquello

y también entró en liza mi señor Elcano,

que juró lealtad a los rebeldes,

creyendo que así se mantenía fiel a Carlos I.

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

Por qué oculta sus planes.

Por qué, por qué, por qué.

Traidor, traidor, traidor.

Traición, traición, traición.

Era Domingo de Ramos y Magallanes ordenó desembarcar para la misa.

Cuando quiso darse cuenta, las naos Concepción,

San Antonio y Victoria estaban en manos de los conjurados.

Como el maestre de la San Antonio, Elorriaga,

no quiso traicionar a Magallanes,

el capitán Quesada le atravesó inesperadamente un pulmón

de una cuchillada.

El fiel maestre tardó varias horas en morir,

ahogado en vómitos de su propia sangre.

En tanto, Elcano armó la artillería de la San Antonio.

Los amotinados, seguros de su triunfo,

ofrecieron a Magallanes parlamentar los términos de su rendición.

Este, se negó a ir a la San Antonio.

Prefirió enviar al alguacil Espinosa

a entrevistarse con los rebeldes en la Victoria.

(Música)

Capitán Mendoza.

Traigo un mensaje del capitán general.

Del capitán Magallanes.

Dígame.

(CANTAN)

Tres puñaladas.

Rápidas y certeras.

El último tajo le separó limpiamente la cabeza del cuerpo.

De inmediato, los hombres de la nao Victoria,

aterrorizados, rectificaron y se pusieron

del lado de Magallanes, igual que los de la Santiago.

Los atrincherados en la San Antonio y la Concepción,

sintiendo los huesudos dedos de la muerte

atenazando sus gargantas, decidieron negociar la rendición.

Magallanes mandó entonces a todos bajar a tierra y quiso explicarles

cuál era el destino de los traidores.

"Por si alguien no comprende mi castellano,

os lo mostraré con hechos".

y trajo el cadáver de Mendoza, al que mandó arrancar de cuajo

todos sus miembros.

Lo que, al carecer de caballos,

se hizo con gran dificultad, quedando a la vista,

como raíces retorcidas, sus tendones desgarrados.

Tan impresionados quedaron los presentes que ni los que estaban

más próximos, se atrevieron a limpiarse

la sangre del traidor, que salpicó sus rostros.

Quesada, tembloroso, aún tuvo fuerzas para protestar:

"Un caballero... no puede matar a otro de esa forma.

Dejaréis de serlo si procedéis así conmigo".

Magallanes se acarició la barba.

"Está bien".

y lo mandó ahorcar para, luego, descuartizarlo también.

A Cartagena no lo descuartizó,

Pero no se ahorró un ápice de crueldad.

"Querido amigo.

Desde ahora, quedaréis como veedor real

en estas tierras para siempre".

Y así, lo abandonó a su suerte en un islote infecto,

donde lo esperaba la lenta muerte del hambre.

Magallanes dispuso que los cuerpos destrozados

de Mendoza y Quesada quedasen expuestos durante los dos meses

que permanecieron en aquella playa,

pero también perdonó a 40 rebeldes, entre ellos a Elcano.

Para entonces, les inspiraba tal pánico

que le hubiesen seguido, sin dudarlo,

hasta el fin del mundo.

(Percusión)

(CANTAN)

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

(Música)

(CANTAN)

(Música)

(CANTAN)

(Música)

(Música)

En el río al que bautizaron "de la Santa Cruz",

una tormenta mandó a pique a la nao Santiago,

por fortuna sin bajas.

También se encontraron por entonces a un indio en San Julián.

Un gigante que se mostró amistoso.

Tan grandes eran sus pies, que Magallanes lo llamó "Patagón".

Bautizando así, sin pretenderlo, a aquella región.

Por fin, el 21 de octubre,

sus plegarias fueron satisfechas

al avistar Magallanes en el Cabo de las Vírgenes,

una bahía de unas cinco leguas de ancho.

Al poco, se cruzaron con una ballena,

señal inequívoca de que era una salida al mar.

El ansiado paso, al otro océano.

Fue parecer del portugués Esteban Gómez,

piloto de la San Antonio,

que regresaran en ese momento a España,

pues intuía que una vez llegados al mar del Sur,

no tendrían ni fuerzas para cruzarlo con vida.

Mas Magallanes se opuso.

Antes, me como las baquetas de cuero de las antenas.

Unos días después, envió a la San Antonio recorrer

uno de los brazos del estrecho.

No volvieron a verla.

No sabría jamás Magallanes que había puesto rumbo a España,

donde el traidor Gómez se atrevería a atribuirse

el descubrimiento del estrecho.

Pero eso no fue lo peor.

sino que la San Antonio se llevó consigo casi todas las provisiones.

Al poco,

se adentraron en una tierra misteriosa

en la que no hallaron rastro alguno de presencia humana.

¿Pero entonces quién había encendido los cientos de hogueras?

Que, como si fueran flores de fuego, encontraron diseminadas

a lo largo de aquellas orillas durante varios días.

Estaba claro que alguien tenía que alimentarlas,

pero por mucho que abrieron los ojos,

no lograron ver a nadie.

Como era tiempo de que alcanzaran ya el mar del Sur,

no quiso Magallanes detenerse en aquella tierra del fuego.

La tripulación suspiró aliviada,

pues no eran pocos los que creían estar bordeando

las puertas del mismísimo infierno.

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

Llegó un día en que el brazo de mar se ensanchó

hasta desembocar en el océano.

Un horizonte de un azul tan intenso

como debe ser el de los ojos de los ángeles.

Sus olas espumosas se asemejaban a alas de cristal,

de suave aleteo, cuyo arrullo los conmovió.

En ese delirio, creyeron que habían recibido

algún tipo de ayuda insospechada para llegar hasta allí.

Elcano me las describió así:

"Las lamías del mar, fueron ellas las que,

con su dulce canto, hincharon nuestras velas

hasta llevarnos a aquel Jardín del Edén de las aguas

en el que tan felices nos sentimos que no nos hubiera importado

ahogarnos de dicha.

(CANTAN)

(CANTAN)

Parecía que aquel horizonte prometía ya una travesía tranquila

hasta el maluco.

Según los cálculos de Ptolomeo,

afirmó Magallanes, quedaban tres días de navegación.

Mas pasaron esos tres días,

y luego otros tres,

y al fin una semana, dos, tres, cuatro...

Los ojos empezaron a salírseles de las cuencas

y las ropas se les escurrían por el pellejo.

a tal punto les devoraba el hambre.

hoy sabemos que Ptolomeo se equivocó, aunque a medias,

no eran tres días, sino tres meses.

5.900 leguas más de penalidades.

Como atravesar 15 veces la península ibérica.

(Música)

Fue un milagro que todavía quedasen almas

dentro de los cuerpos para manejar las naves cuando llegaron a Cebú,

tierra de floridas islas.

Fueron reconfortados por la amabilidad de sus indígenas.

Aunque no era allí donde crecían las especias,

estos les aseguraron que se encontraban muy cerca del maluco.

Y debía ser cierto, porque ya para entonces,

percibían, mezclado con el salitre,

el aroma punzante del clavo.

(Música)

Hay que preguntarse por qué quiso Magallanes inmiscuirse

en una absurda disputa entre tribus.

El rey Humabon de Cebú,

los recibió como si fueran dioses.

Aceptó la fe cristiana y se sometió al rey Carlos.

Inmediatamente, pidió a Magallanes ayuda frente a su enemigo,

el orgulloso jefe Silapulapu.

Y claro está, él no pudo negársela.

Desembarcó con 50 hombres en Mactán para apaciguar a Silapulapu.

La marea estaba baja y los esquifes

no podían acercarse a aquella costa rocosa.

"¿Veis aquel poblado?

Lograremos salir quemando sus chozas".

Pero detrás de ellas, le estaba esperando Silapulapu

con mil hombres.

Cincuenta hombres serán suficientes

vamos a demostrar a estos salvajes

nuestra forma de ver real.

Cincuenta serán suficientes.

Quedaos aquí los demás.

Vamos, mostradles nuestra forma de ver real.

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTAN)

(CANTA)

Una saeta había atravesado el cuello de un criado

al que Magallanes tenía en gran estima.

Entonces, lanzando un gran alarido,

don Fernando se había internado solo con su espada

en aquella jungla de bocas y brazos furiosos

que se aprestó a devorarlo como una hidra.

Al poco, su cabeza cortada asomó

por encima de aquella marabunta humana,

con los ojos parpadeando de coraje.

(Música)

(Música)

Se lo pregunté a Elcano en muchas ocasiones.

No podían haber batido a aquellos salvajes a arcabuzazos.

Al fin y al cabo, eran lanzas y flechas

contra ballestas y bombardas.

Pero los proyectiles disparados desde los esquifes,

iban a morir al agua,

sin rozar si quiera al enemigo.

Aunque los grandes navegantes sueñan

tener por tumba la inmensidad del océano,

el caballero que había en él pudo al marino

y eligió aquella noble muerte

en una remota isla de Cebú.

Incluso quienes lo aborrecían

se sintieron consternados

conscientes de que no volverían a verlo más.

(Música)

No vieron antes océano ni tierra

a por tal tan rico en arrojo,

que aún tullido de guerra, y para su monarca, despojo,

logró a fuerza de empeño que una más alta majestad

a sus pies pusiera España

para así cumplir el sueño, oh, insuperable hazaña,

de unir por mar a la Humanidad.

Oh, portugués legendario,

conquistador de trueno y galerna,

ya que no tuviste por sudario las olas que como a hidra de Lerna,

cual Hércules dominaste,

que por noble túmulo te baste volar en nuestra memoria

para que no olvide la historia tu lugar entre los titanes.

Descansa ya, Fernando de Magallanes.

(Música)

(Música)

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

(Aplausos)

Tras la muerte de Magallanes,

la expedición, abatida,

no sabía cómo proceder.

(Música)

Recibieron entonces una invitación del rey Humabon,

que quería despedirles con un banquete

en honor del fallecido.

Aceptaron.

Humabon pidió al esclavo Enrique como intérprete.

Había pertenecido este esclavo a Magallanes

y lo acababa de heredar su cuñado Duarte Barbosa,

hombre de naturaleza cruel, como Enrique había podido comprobar.

Esto dijo Humabon:

"Extranjeros,

vinisteis aquí a hacerme súbdito de un rey al que nunca vi.

Sabed que os creía de la estirpe de los dioses.

Pero ahora que os veo de carne y sangre,

os devuelvo a vuestro Cristo para que os reunáis con él".

Al instante, surgieron tantos hombres de las chozas,

como hormigas de un hormiguero en llamas.

Con la ayuda de Enrique,

los hombres de Humabon traspasaron a los capitanes con sus lanzas.

Y les arrancaron con las manos desnudas

los corazones aún humeantes del pecho.

Solo se salvó Juan López Carballo

que, oliéndoselo, había corrido a las naos

y ordenó levar anclas.

(Música)

Carballo, ahora al mando,

tomó la decisión de quemar la Concepción

pues ya no contaba con hombres suficientes

para tripular tres naos.

Quedaban ya solo la Trinidad y la Victoria.

Con ambas, pudieron llegar al fin a la isla de Borneo,

allá donde los labios del cielo y el mar

se cierran como parte de una misma boca.

Fue allí donde el avaricioso Carballo

les obligó a raptar al hijo del rey de la isla de Luzón

para solicitar un colosal rescate.

Indignada la tripulación por ser empujada al pillaje,

algo que no hubiera sucedido con Magallanes,

relevaron al indigno capitán.

Así pues,

Gómez de Espinosa tomó el mando de la nao Trinidad.

Y al frente de la Victoria pusieron a mi señor

el guipuzcoano Juan Sebastián Elcano.

Elcano, el de Guetaria.

Cuántas veces no soñó con verse capitán

de una nave surcando mares desconocidos.

(Música)

Poco antes de morir,

trató de rememorar para mí sus momentos más dulces.

O cuando retornaban los pescadores de cazar ballenas en Galicia.

Por unos días, eran tenidos en el pueblo

por poco menos que unos Ulises regresados de Troya.

(Música)

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

(Música)

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

Tras Borneo,

se vieron fascinados por la contemplación

de un archipiélago con más islas que estrellas hay en el firmamento.

Sin embargo,

resultó ser un laberinto por el que vagaron perdidos

durante meses.

Después fueron abordados

por una barcaza que en esas tierras llaman barangay.

Tras una escaramuza, rindieron a los indígenas

que aceptaron ponerse a su servicio y conducirlos al maluco.

En aquel barangay,

había cientos de cocos que los indígenas les ofrecieron

y de los que dieron buena cuenta.

Y acaso por la frescura de la carne de este fruto y su agua,

todos los dolores que venían arrastrando

desde hacía semanas y la hinchazón de sus encías

se desvanecieron como por ensalmo.

(Música)

Coco, coco, coco, coco. Dame coco para comer.

Coco, coco, coco, coco. Dame coco para beber.

Coco para comer, coco para beber.

Coco para seguir viviendo, coco para seguir soñando.

Coco, coco, coco, coco.

Coco, coco, coco, coco, co...

Coco.

Coco, coco, coco, coco. Lánzame coco para jugar.

Coco, coco, coco, coco.

Lánzame un coco para bailar.

Coco, coco, coco, coco. Lánzame coco para disfrutar.

Coco, coco.

Lánzame coco, lánzame coco, lánzame coco, me va a salvar.

Lánzame coco. Lánzame coco, me va a salvar.

Coco, coco, coco, coco.

Coco, coco, coco, coco.

Coco.

Señor,

bendice estos alimentos

que vamos a tomar.

Escucha

estas nuestras súplicas.

(CANTAN)

Coco, coco, coco, coco. Dame coco para comer.

Coco, coco, coco, coco. Dame coco para beber.

Coco para comer, coco para beber.

Coco para seguir viviendo, coco para seguir soñando.

Coco, coco, coco, coco. Coco, coco, coco, coco.

Coco.

Coco, coco, coco, coco. Lánzame un coco para jugar.

Coco, coco, coco, coco. Lánzame coco para bailar.

Coco, coco, coco, coco. Lánzame coco para disfrutar.

Coco, coco, coco, coco.

Lánzame coco, lánzame coco. Lánzame coco, me va a salvar.

Lánzame coco.

Lánzame coco, me va a salvar.

Coco, coco, coco, coco. Coco, coco, coco, coco.

Coco.

Y al fin, divisaron el maluco.

"Mirad, extranjeros, he ahí Mean y Zoar.

Y aquellas son Ternate y Tidore.

Allá es donde florecen el árbol del clavo,

que embriaga dulcemente la brisa;

y la penetrante canela,

o la misteriosa nuez moscada".

El rey Decidore Almanzor

los recibió en su barangay.

"Sed bienvenidos.

Hace varias lunas que soñé que un día

arribaríais a estas tierras".

(Música)

Almanzor, de cuya amabilidad recelaron en un principio,

aceptó gustoso intercambiar

todo el clavo ya secado que tenía en su isla,

además de otras especias,

a cambio de los paños y la seda que le ofrecieron.

Pudieron así llenar ambas naos

de una fortuna superior a la de unos cuantos reyes europeos.

Almanzor les obsequió también

con un valioso aviso:

(Música)

Manuel I de Portugal

clamaba venganza por el desafío de Magallanes

y había puesto precio a sus cabezas.

Con afán de exterminarlos,

había enviado una expedición a Brasil

y otra al Cabo de Buena Esperanza.

(Música)

El 11 de diciembre de 1521,

se apresuraron a zarpar ambas naos.

Pero la carga de su rica mercancía

provocó que la Trinidad empezara a hacer aguas.

Espinosa decidió aceptar la ayuda de Almanzor

para reparar la nave.

Elcano decidió que su nave Victoria partiera ya.

Los hombres de ambas tripulaciones se abrazaron.

Nunca volverían a verse.

Partió la Victoria con 47 hombres.

1522 los sorprendió en la isla de Ambon.

En Sumatra,

una tormenta estuvo a punto de hundir la nao.

Algunos hombres, hartos de sufrir, desertaron en Timor.

En febrero, se dispusieron a cruzar el océano Índico

hasta el cabo de Buena Esperanza.

Navegando a unas latitudes

donde no los avistasen los portugueses.

Para entonces,

las enfermedades se habían extendido entre la tripulación.

A la súplica de avituallarse,

Madagascar primero y luego, Mozambique,

Elcano fue tajante:

"No podemos caer en manos de los portugueses".

Qué ironía, como dijo el sabio,

matarse de hambre para no morir a manos de otros.

(CANTAN)

En medio de este duermevela de hambre y desesperación,

un dulce canto, acaso el de la proximidad de Caronte,

el barquero de la otra vida,

vino a guiarles igual que la esperanza

que da nombre a aquel diabólico cabo

que yo también recorrería años después

viviendo similares penurias.

(Música)

(CANTAN)

Nueve semanas costó cruzar el cabo.

Con las velas plegadas la mayor parte del tiempo,

pues los vientos, primero del oeste y luego del noroeste,

no acababan de arreciar.

Pero no era esto lo que más les inquietaba:

por falta de sal,

se echó a perder toda la carne aprovisionada

en el archipiélago.

Solo quedó como alimento el arroz infestado de gusanos

y el agua de los barriles,

cuyo regusto y color pronto les reveló

que transportaban consigo otros pasajeros en la nao.

(Música)

(CANTAN)

(Música)

¡Ratones!

Lejos de causarles asco,

a estas alturas, los vieron como su única esperanza.

Y aquellas semanas en el cabo,

los buscaron con ahínco por las entrañas de la nao.

"¡Está allí! ¿No?

¡Ya le veo el rabo!

(Música)

¡Es mío! ¡Yo lo cogí!

¿Cuánto me dais por él?".

Y, de repente, allá,

en mitad de ninguna parte,

una de las criaturas más infestas de la creación

alcanzó un valor superior

al de cualquiera de las especias que llevaban consigo.

(Música)

Solo la muerte,

os aguarda.

Os aguarda

el mar y la muerte.

Solo la muerte,

os aguarda.

Os aguarda

el mar y la muerte.

Trece almas de hombres buenos

se llevó consigo la gesta de atravesar el cabo.

En ocasiones, les costaba distinguir a los vivos de los muertos,

pues acaso por el delirio del hambre

seguían viendo a los cadáveres en pie

entregados alegremente a sus faenas en la nave,

como si no fueran conscientes

de que habían dejado de pertenecer a este mundo.

Elcano consultó a la tripulación

si debían hacer escala en Cabo Verde.

Allí dirían

que era un barco castellano de regreso del Nuevo Mundo

arrastrado por la tormenta desde el Atlántico.

Esto es,

en sentido contrario al que estaban siguiendo.

Apenas hubieron fondeado,

les sorprendió enterarse de que era jueves,

ya que según sus cálculos, debía ser miércoles.

Y, desconcertadísimos,

trataron de hallar una explicación a aquel sortilegio.

Y solo se les ocurrió que Dios, en su infinita bondad,

había querido ahorrarles un día más de sufrimiento.

(Música)

¿Qué día es hoy?

Jueves.

No puede ser.

Jueves.

Yo conté bien.

Todos los días...

Todos los días.

¿Qué día es hoy?

Jueves.

No puede ser.

Jueves.

Jueves. Jueves.

Jueves.

No puede ser.

Jueves.

Este fenómeno

sería estudiado a partir de entonces por la ciencia,

que pudo constatar que, debido a la rotación de la Tierra,

viajando de Oriente a Poniente, se ganaba un día.

La tripulación adquirió víveres en Cabo Verde

y también se dispusieron a contratar trabajadores

para reparar la Victoria.

Pero ¿cómo podrían pagar todo aquello

si no les quedaba ni un real?

"Paguemos con el clavo", propuso Elcano,

asumiendo que era un riesgo. Acertó.

Poco después,

una barcaza de soldados portugueses se acercaba hasta la nao.

"Rindan vuestras mercedes las armas,

ya hemos apresado a vuestros 12 compañeros en tierra".

Elcano no tuvo más remedio que ordenar levar anclas,

abandonando a su suerte a estos compañeros.

"Perdónanos, oh, Señor, por tener que partir así".

Y el Señor debió de hacerlo puesto que los portugueses

no lograron darles alcance.

Ya solo quedaban 22.

El último tramo del regreso fue el más desesperado.

Tras tres años de viaje,

la Victoria hacía aguas por los cuatro costados

que era menester achicar noche y día.

A la altura de las Azores,

los vientos les impedían dirigirse hacia el este.

Hubo que desviarse una y mil veces de la ruta de regreso

hasta la mañana en que, extenuados,

como jamás lo ha estado hombre alguno,

divisaron, iluminado por los primeros rayos del sol,

el cabo de san Vicente.

El 6 de septiembre de 1522,

los restos de lo que en tiempos fue una nao

arribaron con 18 muertos en vida a Sanlúcar.

El 8, estaban en Sevilla.

Al verlos, los lugareños los tomaron por aparecidos

y les costó dar crédito a lo que contaban,

pues habían circunvalado por vez primera el globo,

recorriendo 14.700 leguas.

Los tres indígenas que los acompañaban

y los 414 costales de clavo

dieron fe de que cuanto contaban era cierto.

De inmediato, se ofreció la Casa de Contratación

a sanar sus heridas y darles alimento,

pero ellos rehusaron:

"Tenemos una promesa que cumplir primero.

Ea, vayamos descalzos

hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria,

que se lo tenemos prometido

por sacarnos del cabo de Buena Esperanza.

(Música)

(CANTAN)

"Primus Circumdedisti me",

ese fue el título concedido por su Alteza

a Juan Sebastián Elcano.

Lo único de lo que le otorgó que pudo realmente disfrutar.

Llamado por el rey,

le expuso el esfuerzo y la pérdida de bienes y vidas humanas

que comportó la gesta.

Relató también la heroica muerte de Magallanes

y cómo tuvieron que emprender el regreso

evitando el acecho de los portugueses.

Por todo ello, el emperador le concedió 500 ducados anuales,

que él jamás percibió.

Al igual que tampoco lo harían ni su madre ni su viuda,

que tan pacientemente lo había aguardado en Guetaria.

Que no se hicieran efectivos, quién sabe por qué razón,

ni la pensión ni los honores prometidos

llevó, entre otras cosas, a Elcano

a tener que emprender una segunda circunvalación del globo.

Entre quienes lo conocían, nadie daba crédito a ello,

ni era capaz de comprenderlo, incluyendo a su mujer.

"Juan Sebastián, otra vez. Pero, ¿por qué?

¿Por qué?".

(Música)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTAN)

Los compañeros de este segundo viaje

no entendían su presencia allí.

Yo se lo pregunté.

"Ya que no se me ha pagado nada de lo prometido por el rey,

he de ganarme la vida de alguna manera", respondió.

Pero luego añadió, bajando la voz,

"En realidad, estoy huyendo de mis enemigos".

Nunca me quedó claro si se refería a los portugueses

o a compatriotas que, quizá, por alguna razón,

como la envidia, podían desear también darle muerte.

Tal vez por eso,

se llevó a este viaje a tres hermanos suyos

a fin de sentirse protegido.

Con el rostro completamente consumido

y las encías deformadas y sangrantes,

quiso ponerse en paz con Dios

para reunirse con Magallanes, al que ahora admiraba profundamente.

"¿Qué ha de hacer un hombre

para que algún día se reconozcan al fin sus méritos?

Un hombre al que todos han traicionado",

preguntaba sin parar.

Pero yo no sé

si se estaba refiriendo a Magallanes o a él mismo.

Le dije entonces

que la única manera de liberar su espíritu

de cuanto lo atormentaba era rezar por sus enemigos.

Y doy fe de que,

pese a lo profundamente religioso que era,

probablemente no hubo nada que le costara tanto en la vida.

Ni siquiera dar la vuelta al mundo.

Él comprendió que era el único modo de verse libre

y entrar libre de pecado en el paraíso.

Yo mismo le ayudé a hacerlo.

Repitiendo con él aquellas palabras

que el cuerpo no le daba ya para articular.

Y así,

oró a San Anselmo por sus enemigos.

(Música)

En el caso de que deseara

para ellos

algo contrario al precepto del amor...

(CANTA)

Oh, Señor de bondad.

Ni me lo concedas,

ni me lo reproches.

(CANTAN)

Dignifica sus almas.

Dignifica sus almas.

Dignifica sus almas.

Oh, Señor grande y bueno.

Oh, Señor de bondad.

Te pido por mis pares

que por mi causa

ofendan tu bondad.

Dignifica sus...

almas.

Dignifica sus...

almas.

Para que se reconcilien contigo.

Y se amiguen conmigo.

Según tu voluntad.

No por mí,

sino por ti.

Dignifica sus almas.

Dignifica sus almas.

Este, tu pobre pecador,

termina esta venganza,

para quienes

le han deseado el mal.

Amén.

Amén.

Amén.

Una vez hubo rezado,

abandonó entre mis brazos

este valle de lágrimas amargas como las aguas del mar.

Desde que existe el mundo,

trátanse en esta tierra con desprecio profundo,

sean de letras, mar o guerra,

a las gentes de gran talla.

Pues no hay quien haya de mi gallardo capitán

el mérito aún reconocido.

En memoria de todos están

el paso del infernal estrecho,

el día robado al Poniente,

los tres meses sin tocar puerto y otros heroicos hechos.

Decidme, pues, oh, gentes,

si sois de entendimiento abierto,

¿diose sola la victoria

en su errar por el cabo o alagar por el desierto?

¿O esa página de gloria que cada día de mi vida alabo

no será por ventura de vida

acierto ingenio despierto

de un vasco discreto cuya vida

discurrió con no poco tormento?

Suya hizo con gran trabajo

para beneficio del ser humano

del portugués la truncada gesta.

Surcar el globo sin buscar atajo.

Mas pronto fue olvidado Elcano

por causa de envidia abyecta.

Por eso concluyo mi relato

que el paso del tiempo no altera

para dar con la injusticia al traste,

con el lema que por real trato

grabado quedó en la esfera:

"Tú me circunvalaste".

(Música)

(CANTAN)

(CANTAN)

(Aplausos)

¡Bravo!

(Aplausos)

¡Bravo!

(Aplausos)

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Los conciertos de La 2 - Ciclo Coro RTVE (500 aniversario vuelta al mundo)

08 sep 2018

Juan Sebastián Elcano: Historia de la primera circunnavegación de la tierra. 5º Centenario Primera Vuelta al Mundo. Música Gabriel Loidi / texto Martín Llade. Solistas Orquesta Sinfónica RTVE y Coro RTVE. Director: Javier Corcuera.

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