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Los camioneros - Seis meses en punto muerto
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

-Sí. Está un poco alta.

-¿Y eso es grave, doctor? -Por ahora no.

Pero puede serlo si no se cuida. -Pues yo no noto nada.

Yo me encuentro divinamente.

-Tiene 18 y debería tener 14. Vigile sus comidas

de acuerdo con el régimen que le he puesto

y siga el tratamiento.

Es todavía joven y estoy seguro de que lo conseguirá fácilmente.

-Me está usted asustando, doctor.

-No hay motivo para asustarse, señora.

Pero es necesario que me haga caso.

-Ay, hijo. Así empezó tu pobre padre y...

Pero, madre, no tiene nada que ver.

Tienes que cuidarte un poco y nada más.

-Si me hace caso, dentro de pocos días estará como nueva.

-¿Es que me puedo morir? -Todos nos podemos morir, señora.

Pero usted está para vivir muchos años todavía.

-Ay, hijo, yo no me quiero ir de este mundo

sin que me hayas dado un nieto. ¿Quién se va a ir de este mundo?

-Vamos, señora, no piense esas barbaridades.

Siga el régimen y podrá conocer a sus nietos y a sus biznietos.

Hay que cuidarse esa tensión. Hay que procurar que baje.

-¿Hasta cuánto, doctor? -Pues a 14, por ejemplo.

Ese sería el punto ideal.

-Yo que me creía que tenía más salud que un toro.

Adiós. -Adiós. Venga el próximo sábado.

-Si vivo para entonces, porque sabe Dios

lo que me puede pasar a mí. No tiene importancia, ¿no?

-Si se abandona, puede tenerla. De momento, no hay motivo serio.

Gracias.

¿En el puesto de quién? -De Enrique Medina.

¿El novato? -Sí. Tiene hepatitis.

Ya sabes lo que supone eso. ¿No hay otro que pueda ir?

-Si lo hubiera, no te habría llamado.

El camión lleva más de seis horas esperando.

¿Ocurre algo, Paco? No me gusta llevar

el camión de otro. Y mi madre no se encuentra bien.

-¿Qué le sucede? Tiene la tensión un poco alta.

-Hombre, en ese caso... Bueno, déjalo.

Mañana habrá quien pueda hacerlo.

Gracias, señor Domínguez. -De nada, hombre.

Y que se mejore tu madre. Adiós.

Lo he pensado mejor, señor Domínguez.

Lo de mi madre no es tan grave

y tampoco se va a arreglar porque yo me quede.

-No te sientas obligado. No, no.

¿Dónde está el camión? -Unos 40 kilómetros

antes de llegar a Reinosa. Está bien.

-Ya ha terminado de cargar. Sí.

Lo miras como si fuera un bicho raro.

Es que no va conmigo esto de coger el camión de otro.

Y menos con tanta prisa.

No hace cinco horas que me atraparon

y a salir a escape hasta aquí.

Y encima sin tiempo para hacer un examen cabal.

Once horas llevamos aquí por culpa del bicho ese.

-Dejaros eso. Venga. Sube y vámonos ya.

Claxon.

Claxon.

Algo le ocurre a Paco. -¿Sí?

Claxon.

Me parece que se ha quedado sin frenos. ¿Qué hacemos?

-Hazle señales de que se arrime, a ver si le aguantamos.

Claxon. Tranquilo. Tranquilo.

Tranquilo. Tranquilo.

Ya está aquí. Reduce, reduce.

Frena. Frena. Aguanta. Aguanta ahí. Aguanta ahí.

Gracias. Me habéis salvado la vida.

-¿Qué querías, que te dejáramos caer?

Lo que habéis hecho no se paga con nada.

No digas bobadas. Hoy por ti, mañana por mí.

¿Y tu camión? Daremos parte.

Anda, echa una mano. Sí.

(ARREA A LAS VACAS)

-Quieta, vaca.

Paco, el jefe ha dicho que te esperes

hasta que quede arreglada la avería.

Nosotros nos vamos ahora. -¿Terminaron de descargar?

-Le indicaré dónde queda el único taller del pueblo.

-Tendrá que verlo el jefe. ¿Dónde está?

-Ahí cerca. ¿Tiene prisa? Sí.

-No creo que tarde.

-Paco.

Muchacho, qué sorpresa. Hola, Esteban.

¿Qué haces aquí? -¿Que qué hago? Es mi pueblo.

¿Y tú qué haces? Tengo el camión en el taller.

-Pero si es mío. Bueno, y de un socio capitalista.

El que sabe, soy yo.

Ven, vamos a echarle un vistazo.

Aún sigues pensando que tuve la culpa.

Tú y todos pensáis lo mismo.

No hablemos de eso. -Sí, es lo mejor.

Son malos recuerdos. ¿Comprendes? -Para ti será solo eso:

un mal recuerdo.

¿Es el tuyo? No. Solo por 24 horas.

-¿Qué le pasa? Le fallaron los frenos

bajando el puerto.

Me salvé gracias a unos compañeros.

-Tuviste suerte. No siempre se portan bien los compañeros.

Mira, Esteban, yo quiero... -No, no te apures.

Ahora mi profesión es esta y tengo que arreglarte tu camión.

¿Qué? ¿Un latiguillo? No, la bomba.

-¿Necesitas una nueva? Claro.

-No tengo. Hay que pedirla a la capital.

Mañana a las 9 la tendremos aquí.

Si no hay más remedio...

-Ángel.

Acércate a la línea y di que nos traigan

una bomba completa para este camión. Ya sabes.

-Muy bien, Esteban. -Y no vuelvas hasta mañana.

Voy a cerrar. Tomaremos unas copas.

-Hasta mañana. Adiós.

-Hasta mañana.

¿Te gusta? Sí.

-Está bien, para quien le guste estar quieto.

Un buen sitio para ser niño y para la vejez.

Pero a nuestra edad... A mi edad es pronto para retirarme.

Tienes poco trabajo. -No es lo mío.

No sabes lo que son seis meses encerrado aquí.

-23.

28.

32.

-Hola. Buenas tardes. ¿Qué tal?

-¿Le gustan los bolos? Bueno, estos no los entiendo mucho,

pero sí, me gustan.

-Le vi con mi padre al mediodía.

Es hija de Esteban. Su padre y yo fuimos compañeros.

-Me lleva Etelvina. ¿Cómo?

-Etelvina.

He oído a mi padre

hablar mucho de usted. Ya.

-Hágame un favor, ¿quiere? Dígame.

-No le hable de camiones ni de transportes

ni de nada de eso.

Es que... vive obsesionado, claro,

y con su llegada ya no hay quien le aguante.

¿Me entiende?

Sí, la entiendo.

-Él está bien conmigo. Soy maestra en un pueblo

a pocos kilómetros de aquí.

Creo que puedo cuidarle como necesita.

No se preocupe. Nada de camiones ni de camioneros.

-Gracias.

Adiós. Adiós.

-Adiós, señor Esteban. -Hola.

-Adiós. -Adiós.

No, Paco. No se podía hacer otra cosa.

Luego vinieron con lo de la vista y esas mentiras.

Yo no estoy acabado.

Veo con estas gafas lo mismo que sin ellas.

Tengo que llevarlas un par de meses

y ni siquiera me las pongo.

Cuando veo pasar los camiones por delante de mi taller...

Fueron 32 años de carretera.

Pero si vives mejor que nadie.

En tu casa. Durmiendo siempre en tu cama.

Con tu negocio propio.

Y haciendo las digestiones como es debido.

-Todo lo cambiaría por volver a la carretera

y probarte a ti y a los otros quién soy.

¡Je! Y ni mi hija me cree.

Pero, Esteban, el famoso coche no apareció.

Y, además, está el reconocimiento médico.

-¡Ja! El reconocimiento médico...

-Calma, Esteban. No empieces otra vez.

-Vamos a otro lado.

Vamos.

-Sígueme tomando por mentiroso. Esteban, yo iba durmiendo.

-He jurado no irme de este mundo sin haber demostrado la verdad.

Diez toneladas de carga a las espaldas.

La curva con la casilla del peón.

Los camiones que venían de frente.

Y el coche que se metió entre ellos.

Solo tú lo viste. -Pero estaba.

Y créeme. No se podía hacer otra cosa

más que lo que hice.

No se podía hacer más, Paco.

¿Qué quieres? ¿Que te dé la razón

como a los borrachos? -Conferencia con Madrid.

-¿Has visto cómo bebemos aquí?

En España sabemos beber.

¿Y allí?

-En Méjico también toman mucho. -Ponme otra.

Estoy entero.

Podría pasar 20 toneladas por el puerto del Escudo.

-Dos copas bien llenas, como usted las pide.

Mi madre, que no está bien.

Tiene la tensión alta y estoy preocupado.

-¿Muchos años? 59.

-Es joven todavía.

Bueno, vamos a casa.

Mientras cenamos, Etelvina te preparará una cama.

No, no quiero molestar.

-Calla, calla. ¿Qué se debe, Lucita?

-Cinco vino y la conferencia con Madrid.

La conferencia es mía. -No te preocupes.

Eres forastero.

¿Cuánto? -43.

-Como estas. -Gracias.

-Paco.

No quiero darle trabajo a tu hija. -¿Trabajo?

Ahora no tiene nada que hacer.

Cenaré por ahí y dormiré en el camión.

Estoy acostumbrado.

-Oye, ¿no será que te aburre mi compañía?

¿No es que te molesta que te hable de...?

Es inútil. No vas a conseguir nada.

-Tengo que hablarte, ¿entiendes? Tengo proyectos.

¿Qué habías pensado? ¿Que me iba a quedar tapado,

conforme sin que nunca se sepa la verdad?

Escúchame. En cuanto el médico

me dé el alta, reclamo el carné

y volveré a la empresa por la puerta grande.

Si tú hubieras apoyado mi declaración...

¿Por qué?

-Éramos compañeros. Yo iba dormido.

Cuando desperté, estábamos en la casilla del peón.

No había un coche en cinco kilómetros a la redonda.

Te venció el sueño, te falló la vista. ¿Qué se yo?

-Sabes que digo la verdad.

Lo sabes. Ya está bien.

¿Pretendes hacer de este encuentro una entrevista?

¿Necesitas propaganda?

¿Qué quieres, que haga de confesor o de juez tuyo?

-Es que quizás tú... No me va ese papel.

-Es que tú aún puedes ayudarme. Oye.

Las cosas hay que tomarlas como vienen.

No se puede estar manoseándolas siempre.

-Tú no tenías que haber dicho que ibas dormido.

Los dos declarando... Admítelo de una vez.

También yo con el tiempo perderé facultades.

-Pero yo estoy joven y lo de la vista

no tiene importancia.

Aquello... Aquello...

No se podía hacer otra cosa, te lo juro.

Anda, Esteban. Nos veremos mañana.

Te conozco y sé que podemos terminar mal.

-Vamos a tomar una ronda con un amigo.

Nos llevará a la estación. No.

-Se está bien de noche. No.

-Si está solo a 10 minutos en coche.

Que no. -Si solo son 12 kilómetros, hombre.

Hasta mañana, Esteban.

-Ha cogida esa pequeña manía.

A mí también me hicieron daño fuera. En Méjico.

Los pequeños problemas no los entienden por ahí, hijo.

Solos los pueblos saben de estas cosas.

-No comprendo que viviendo en Comillas,

venga todas las noches aquí a beber las últimas copas.

-Y lo hacíamos en pandillas, en verano.

Hace 30 años. Entonces no teníamos coches.

Sí. Pues tendríamos tu edad.

Nos tomábamos un par de cajas de sidra entre cuatro amigos.

Tu padre casi siempre nos ganaba a los bolos.

-Sí, le gustaban mucho.

-Esteban era tan bueno como tu padre.

Ahí donde le ves, se tiraba jugando

desde las 10 de la mañana hasta que anochecía.

Y siempre nos ganaba.

-Hola, Etelvina. -Hola. Buenos días.

-¿Qué tal? ¿Qué?

A descansar con todos los chicos lejos, ¿no?

-Tengo clases particulares. -¿Y eso?

-De cateados no me libro ningún verano.

-Vaya por Dios, hija. -Hasta luego.

-Adiós. Hasta luego, maja.

-Buenos días. Hola.

-Oiga.

Mi padre va a pedirle que le lleve.

Está empeñado en ir a Madrid.

No lo haga.

Ya tiene bastante para tener que llevarse más desengaños.

Su padre cometió un grave error y ahora va a cometer otro.

-Le he visto en el taller, ocupado en el camión de usted

como si fuera suyo. No le exponga a un nuevo ridículo.

Cuando éramos... Bueno, cuando íbamos de compañeros,

él siempre llevaba una foto suya en el tablero.

Tendría usted 14 o 15 años. La chica de las gafas.

-Siempre las he llevado.

Desde los 8 años. Le sientan muy bien.

Me daba la gran tabarra con el ascenso

de su equipo a primera. -Ahora ni el fútbol le interesa.

El Racing y su hija que sacaba siempre sobresalientes

eran sus dos temas en los viajes.

-¿Tuvo la culpa? No lo sé.

-Lo sabe.

Sí, tuvo la culpa.

-Ángel. -¿Sí?

-Dame la llave del 14.

Súbete y mira a ver cómo anda. -Voy.

-Déjalo. Así está bien.

Está nuevo. Hecho un tigre.

No necesito llevarlo para saberlo.

¿Cuánto es? -620.

Si le quieres dar una propina a Ángel, se la das.

¿No lo pruebas? No.

-Oye, Paco, ven.

¿Cuándo estarás en Madrid? No lo sé.

Ya me conoces. Desde luego, cenaré en casa.

-Podríamos quedar para pasado mañana.

Tengo que ir a Madrid.

Tomaríamos un chato en aquel sitio de Embajadores.

¿Cómo se llamaba? Merche.

-Eso es, Merche.

Cierra este mes. -Bueno, en cualquier otro sitio.

Por ejemplo, aquel... Te gustaría que te llevara.

-Bueno. Si quieres saber, te lo iba a pedir ahora mismo.

Pero no me salía.

Pues no quiero llevarte.

No quiero llevarte.

Aunque te voy a llevar.

Porque soy un estúpido.

Y porque no quiero que me cuentes más la historia de las gafas.

Y de que me digas que el médico te espera mañana.

Y por no oírte más. -Gracias.

¿Has hablado con Etelvina?

Venga. Si quieres hacer algo

de equipaje, debes darte prisa.

Ángel.

Ángel, ¿qué pasaría si me fuera ahora mismo?

Pues que haría lo que hay que hacer.

Ni más llantos ni más problemas

ni más tristes recuerdos.

Y no pegues los chicles en el camión.

Los tiras por la ventanilla.

-No he traído chicle. Mejor.

Tampoco me hables de ese equipo tuyo.

-Es como si volviera a empezar.

Hay días que me meto en un camión cualquiera

y me hago ilusiones como cuando era chaval.

Ya ves tú qué tontería.

Llevábamos tres días y tres noches sin parar. ¿Recuerdas?

No, no. Voy a intentar dejarlo.

Diez toneladas de carga a la espalda y aquella curva.

¿No te acuerdas, Paco?

Ya sabes dónde iba yo.

-Yo era el veterano de la empresa.

32 años en la carretera y apenas una rozadura en la chapa.

Si te molesta, me callo.

A mí me da igual.

Claxon. -¡Paco!

¡Cuidado!

Esteban. Esteban.

¿Estás bien? -Sí. Sí.

Ven. Dame la mano. -Ayúdame.

Sí.

Despacio. Despacio.

-¿Y tú cómo estás? Bien, bien.

Esteban.

No pude hacer más de lo que hice.

Perdóname.

(RÍE)

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Los camioneros - Seis meses en punto muerto

25 feb 1974

Bajando un puerto de montaña cántabro, el camión de Paco se queda sin frenos y solo puede detenerse con la ayuda de otro.

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