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Los camioneros - La escapada de un viejo corredor
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

Pum, catapún, pum, pum.

Cómo nos gusta el verano.

Pum, catapún, pum, pum.

Pa levantarnos temprano.

Ir a la playa solos para bañarnos tranquilos.

Y si no vamos solos...

(SUSPIRA)

Pum, catapún, pum, pum.

Ya se quitó el frío viento.

¡Fuera, fuera de ahí!

¡No se puede hacer eso, oiga!

¡Váyase usted de ahí! ¡Oiga, está prohibido!

¡Y, además, es peligroso! ¡Fuera de ahí!

¡Lárguese! ¡Lárguese!

Pero ¿será posible?

-¿Adónde va usted tan deprisa, abuelo?

Habrase visto...

¡Fermín! -¿Qué?

¿Has visto a ese? -Debe ser un marciano.

¿Quieres algo? ¡No, nada, nada!

-Así, muy bien, despacito. Vaya tranquilo, abuelo,

que no es usted el rey de la montaña.

(RÍE) Adiós.

Yo en su caso descansaría un poco.

Tómeselo con calma.

¡Fuera de ahí!

¡Fuera! ¿No me oye?

Claxon.

Claxon.

-Eh...

¿Qué pasa? Se me enganchó en la trasera.

-¿Y has parado por él? Sí.

-Pues parece que no necesita ayuda.

Ah...

-Uh...

(SUSPIRA)

-Buenos días. (HABLAN EN INGLÉS)

(SUSPIRA)

-Este es un buen sitio para comer, ¿eh?

¿Te duelen los riñones? Hum.

-Eso es que estás viejo. Oye...

¿No es aquel nuestro amigo, el ciclista?

Sí.

-De él tienes que aprender. ¿Has visto que...?

Damos una entrada, al 25 ó 30%, y el resto a plazos.

-El 30% es mucho dinero. Yo tengo mi parte. ¿Y tú?

-Podría conseguirlo, pero es empeñarse

para mucho tiempo. Además, con un quince toneladas

tendríamos que hacer paquetería, y ya sabes lo que es eso:

andar por libre y con las agencias en contra.

Ellas sí que van por libre, ¿eh? -Tampoco es para tanto.

Aunque hay que reconocer que están muy bien.

Bueno, a lo que íbamos. ¿Estás de acuerdo?

-Tenemos que conseguir un préstamo a más tiempo.

De alguna manera hay que empezar. El que no se arriesga, pues...

-Hala, arriésgate.

¿Es que a ti no te gustan? -Sí, pero las cosas

que no puedo conseguir, ni las miro.

Igual te pasa con el camión. -Casi, casi.

Pues vaya un socio que me he buscado.

-Hombre, ahí viene el rey de la montaña.

-Buen provecho, señoritas.

(HABLA EN INGLÉS) -No.

-Oh... (HABLA EN INGLÉS)

-Solamente hablamos español. (HABLA EN INGLÉS)

(RÍEN)

-Ah, mis sufridos compañeros de viaje.

¿Qué? ¿Dispuestos a reponer fuerzas?

-Pues sí, señor. -Bueno, ya que compartí su camión,

si me lo permiten les invito a compartir mi mesa.

¿Cuál? -Hombre, ¿cuál va a ser?

¿O es que siguen enojados conmigo por haberme agarrado del camión?

No, qué va, nada de eso. (RÍE)

-Bueno...

(HABLA EN INGLÉS)

Fulgencio Duque, pero todo el mundo me llama Ful.

(RÍE) -Ful.

-Hello, I'm Maggie. Paco.

-Maggie. -My name is Bonnie.

Paco. -Carlos Luis.

Bueno, Carlos Luis Fermín. Todo el mundo me llama Fermín.

-¡Camarero! -Fermín.

(RÍEN) (HABLA EN INGLÉS)

(RÍEN)

De veraneo, ¿eh? ¿Vais a algún sitio fijo?

(HABLAN EN INGLÉS)

-Dicen que sí, que se quedan aquí. ¿Y en qué sitio? ¿Dónde?

(HABLAN EN INGLÉS)

-España. (RÍEN)

-¿Te gusta esto, Bonnie, el sol y las playas?

(HABLA EN INGLÉS)

El Greco, Velázquez, Goya...

(HABLAN EN INGLÉS)

-Ah, las chicas adoran a los franceses y a los alemanes.

Ah, turistas. (HABLAN EN INGLÉS)

-Ah... (RÍE) A Maggie le va bien

lo español. (RÍE)

¡Camarero! Pero, no tendréis prisa, ¿verdad?

(HABLAN EN INGLÉS)

-Dicen que sí, que tienen mucha prisa

y que aman la velocidad. Hum.

(HABLAN EN INGLÉS)

(HABLA EN INGLÉS)

-Adiós, nos veremos en Almería. Sí, sí.

(HABLAN EN INGLÉS)

(RÍE)

(RÍEN)

-Dos criaturas preciosas, ¿eh?

Viviendo así se mantienen en forma. (RÍE)

(HABLA EN INGLÉS)

-¿Qué quieren comer? ¿Filetes, huevos, hamburguesas...?

¿Tú? (HABLAN EN INGLÉS)

¿Hacia dónde va usted? -No lo he decidido todavía.

Pero va a ser un largo, largo viaje, se lo aseguro.

(RÍE)

¿Y de dónde viene? -De Gerona.

Bordeando la costa. Lo he hecho durante años

por estas fechas. Ajá.

Aprovecho el verano, tomo la bicicleta y huyo de casa.

-¿Cuántos años tiene usted? -Ah... sesenta.

Bueno, sesenta y... (RÍEN)

-Pero esta vez va a ser distinto.

Será un viaje sin retorno.

Pero para ese viaje hará falta mucho dinero.

-Hum, dinero... A mí no me preocupa.

A mí sí. -Ah, si ese fuera el problema...

Mire, fíjese.

Se toma el lápiz,

papel y se pinta.

-Qué bien lo ha hecho. -Y lo puedo hacer mejor todavía.

(RÍE)

¿Qué? ¿Qué os parece?

(RÍE)

Ah...

Dibujar no es nada difícil.

Bien, amigos, ha sido un placer compartir la comida con vosotros.

-Muchas gracias. -Tomad, esta es mi dirección.

Si me necesitáis para algo, no dejéis de acudir a mí, ¿eh?

Gracias. -Oh...

-Mire lo que le han hecho. -Vaya por Dios...

Mi pobre máquina. Oh... -Va a tener que cambiar la rueda.

-Sí, ¿y hasta Almería qué?

Le podemos llevar. -Eso, véngase con nosotros.

-De acuerdo.

Ah...

Oh, he comido mucho. Y no es bueno.

Como tampoco lo es el fumar. Ya, pero algo hay que hacer.

¿Sabe usted? Todos los camioneros tenemos el estómago estropeado.

Y no es de beber precisamente, no, señor.

Es por salir zumbando nada más haber comido.

Nunca hacemos bien la digestión. -Sí.

Además, con la tensión que hay en esto...

-¿Qué peso lleva el camión?

Trece toneladas por eje. -Ah.

Está prohibido cargar más.

Romperíamos el firme.

Y la carretera no es sólo nuestra.

-Me casé a los diecinueve años. ¿Enamorado?

-¿Es posible no estarlo a esa edad?

Sí, enamorado.

Y fui feliz, muy feliz.

Hasta que ella murió.

Luego, vino la soledad,

y me refugié en mis manías deportivas.

Créeme, es un buen refugio el deporte.

¿Tiene usted hijos?

-Sí, uno. A los treinta años se casó con una americana.

Nunca hubo un verdadero amor entre ellos, no.

Sólo los pequeños egoísmos mantienen el matrimonio.

¿Vive usted con ellos? -Sí.

Y a veces el ambiente de la casa me resulta insoportable.

Entonces, cojo la bicicleta y me largo.

Cóbrese, camarero.

-¿No tiene suelto? -No.

Yo sí. ¿Cuánto es? -Veintiuna.

Tenga, quédese con el cambio. -Gracias.

¿Nos vamos? -Vámonos.

Eh, ¿usted no tiene sed? -Sí, pero me aguanto.

Si bebo es peor, no hago más que sudar.

-Ah. -Paco.

¿Qué...? Un momento.

¿Qué quieres?

-La mochila del viejo está llena de billetes de mil.

Sí, ya lo vimos. -Pero son muchos.

¿Y a ti quién te manda meter las narices donde no te importa?

-Vamos, Paco, no seas tonto. Al viejo no le importa el dinero,

y a nosotros... Estás loco.

-Tú trabájalo. Lleva billetes para un sesenta toneladas.

Sube al camión. -Honradamente, ¿comprendes?

Un préstamo. Sube.

-Me gusta mucho su profesión. Yo también siempre fui

de un lado para otro. No sé estarme quieto.

En cambio, mi hijo y mi nuera... Son todo lo contrario.

Apenas salen de casa. A lo mejor, en estos momentos

estarán preguntándose dónde estoy.

No sé cómo me aguantan. (RÍE)

¿Así que Fermín y usted piensan comprarse un camión?

Ajá. -No me importaría nada

asociarme con ustedes.

No nos vendría mal un socio capitalista.

-¿De veras? Tenemos unos ahorros,

pero no son suficientes. Además, el trabajar

por cuenta propia tiene riesgos.

Si no cuentas con las agencias, no consigues portes.

Y si trabajas con ellas, hay que pagar comisión.

Si a todo esto le añades los plazos del camión, pues...

-Claro, claro, sí. Por eso, cuando antes dijo usted

que el dinero no tiene importancia...

-Naturalmente que no la tiene.

Alguien que sabía más que nosotros dijo una vez:

"No se es rico por lo que se posee,

sino por aquello a lo se es capaz de renunciar."

Ya, pero si a mi edad empiezo a renunciar voy listo.

(RÍE)

-Usted tiene mucho dinero, y por eso no le da importancia.

Pero en cambio Paco y yo somos pobres y honrados.

Total, que usted nos podría resolver el problema.

¿Que cómo? Muy sencillo.

Nos deja usted el dinero para comprar el camión

y todos tan felices.

Se lo devolveríamos en el plazo de dos años,

y con un interés módico. O en pequeños plazos,

como usted prefiera.

¿Está usted de acuerdo?

Es un gran tipo.

Pum, catapún, pum, pum.

Cómo nos gusta el verano.

Pum, catapún, pum, pum.

Pa levantarnos temprano.

Ir a la playa solos para bañarnos tranquilos.

Y si no vamos solos vamos con tos los amigos.

Tacatacatacatacatacatá, tacatacatacatacatacatá.

Tacatacatacatacatacatá...

-Qué... qué tío más raro...

No sirves para nada.

Yo hablaré con él. Ajá.

-Madre mía... (SILBA)

No tuve que trabajármelo, me lo dio por las buenas.

-Qué tío más grande eres. ¿Cuánto?

Cien mil para cada uno, pero es un préstamo.

Se lo tenemos que devolver en año y medio y con interés legal.

No quiso escribir nada, pero le di mi palabra.

Y aunque no me prestes atención, la cumpliremos.

-Como un solo hombre. Bien, aunque no sé...

-¿Alguna pega? No dejó de insistir

que era un regalo, pero de repente te encuentras a un tipo

que lleva ochocientas mil pesetas en una mochila y te presta

o regala doscientas mil por las buenas, sin conocerte.

¿No te parece raro? -Rarísimo.

Sí. -¿Crees que está loco?

Por ejemplo. -Déjame ver el dinero.

Nunca vi tantos juntos. ¿Por qué no te pones en lo mejor?

Es una buena persona que quiera ayudar, puede y lo hace.

Como los Reyes Magos, ¿verdad? -No hay quién te comprenda, Paco.

Cuando alguien te ayuda, no le pongas ningún reparo.

Además, no le estamos robando. Esto es un préstamo, y con interés.

-¡Eh, vengan! -Vamos, que nos está llamando.

Y no se te ocurra devolvérselo, que te conozco.

Déjamelo, que está más seguro en mis manos.

-¡A bañarse! ¡No tengo con qué!

-¡Aquí hay un bañador!

-Oye, oye, que si el viejo dice de bañarse, tú te bañas.

Vamos.

-¡Vamos!

Póngaselo.

Para usted no tengo, lo siento. -No se preocupe.

Además, alguien tiene que cuidar de la ropa.

-Bah... (RÍE)

(RÍE) -¿Ha visto? (RÍEN)

-Con sesenta años puedo bucear. Mucho mejor que yo.

(RÍE) -Oh, sí.

(RONCA)

-Vamos, hombre, ya está bien de dormir.

No he pegado un ojo en toda la noche.

-¿Qué es lo que te quita el sueño? Ese dinero.

-No seas tonto, Paco. Es un préstamo que nos ha hecho

el viejo así, por las buenas. No hace falta darle tantas vueltas.

Trae, voy a devolvérselo.

¿Dónde está?

-¿Y yo qué sé? ¿No lo has visto?

-Se ha debido ir antes de salir el sol.

Martillazos.

-Vamos, rápido.

¿Qué hay? Hola.

-Os podéis ir a comer, vamos a tardar bastante tiempo

en descargar esa máquina. Adiós. ¿Dónde tenéis el teléfono?

-Allí, al fondo. -¿Para qué quieres un teléfono?

Voy a llamar a la familia de Ful para decirles

que les envío el dinero. -Los he visto idiotas,

pero como tú ninguno.

Teléfono. -¿Luis?

¡Luis!

Teléfono. Luis, ¿no oyes el teléfono?

-Sí, darling, ya voy.

Teléfono.

-¿Aló? ¿Oiga?

Oiga, ¿vive ahí don Fulgencio Duque Díaz?

-En fin, tanto como vivir... Digamos que pasa temporadas.

Pero ¿no es ese su domicilio? -Sí, soy su hijo.

Dígame de qué se trata. Pues verá usted, ayer...

-¿Ayer? Hace muchos días que no sé nada de él.

¿Es que lo vio usted ayer? Sí.

-¿Dónde? En Mojácar, cerca de Almería.

-¿Con la bicicleta? Sí. Mi compañero y yo

tuvimos que ayudarle, porque un coche se la estropeó.

-¿Quién es usted? Un camionero.

-¿Es que tuvo un accidente? No, una avería.

-¿Qué sucede? -Nada, uno que pregunta

por mi padre. -¿Y por qué quería ver a mi padre?

Pues verá usted, me prestó un dinero.

Y quería ver la forma de devolvérselo.

-Ah, ya, ¿cuánto? Doscientas mil pesetas.

-¿Cómo? Doscientas mil pesetas.

-¿Y no se conocían de antes? No, era la primera vez

que nos veíamos. -¿Qué sucede?

-Nada, que mi padre ha dejado doscientas mil pesetas

a unos señores. Y, dígame, ¿ese dinero

era en concepto de pago o préstamo? No, no, señor, me lo dio.

-Ah, ya, se lo dio. Es mayorcito, está en su derecho.

(RÍE)

Pero, oiga, mire que yo...

Yo quiero ver la forma de... ¡Oiga!

-Doscientas mil pesetas, y en billetes de los suyos.

(RÍE)

Pobre camionero... -Eres tan estúpido con él.

Esta manía nos va a costar cualquier día un disgusto.

-No es la primera vez que los emplea.

-Estoy harta de ese hobby sin sentido.

-Tiene su mérito. Son perfectos. La selección del papel,

de las tintas... -Ah, cállate.

Estás orgulloso de tu padre, un falsificador

que ni siquiera busca el lucro. Si no fuera por esa herencia...

-¿Qué te han dicho?

Di algo, Paco.

Ganaste. -El dinero es nuestro.

La familia debe ser como él. ¿Qué te parece sacarte el calor

con una botella de champán francés? -Estupendo.

-Es igualito, exacto, parece auténtico.

-Sí, pero mira la firma. Qué gracia.

Oigan, ¿nos pueden atender? -Ahora mismo.

Fíjese, fíjese. ¿Qué le parece?

Un billete de mil pesetas. -Sí, pero...

no es auténtico. ¿Cómo que no es auténtico?

¿Es que es falso? -Hombre, falso... ¿No ve la firma?

Mira. (LEE) -Ful.

Oiga, ¿y estos?

¿Estos son falsos también?

-Por supuesto que son legales. -Naturalmente.

-¿Por qué me lo pregunta? No, por nada.

-Es que hemos visto este y nos hemos puesto

un poco nerviosos. Veníamos a hacer un ingreso.

¿Y este billete cómo llego a su poder?

-Me lo dio un caballero que es socio de la caja.

-¿Es un hombre alto, flaco, con el pelo blanco?

-Un caballero, ¿eh? -El señor Duque.

No, si nosotros somos amigos suyos. ¿Y este billete se lo dio él

de verdad? -Sí, acostumbra a regalarme

algún billete cuando hace algún ingreso.

Francos, marcos, dólares... Firmado "Ful".

¿Sabe dónde podríamos localizarle Queremos agradecerle...

-Oh, cualquiera sabe dónde estará ahora.

-Esta vez se ausentó por mucho tiempo.

(RÍE)

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Los camioneros - La escapada de un viejo corredor

28 ene 1974

Paco tiene problemas con un veterano ciclista que se empeña en subir las cuestas agarrado a su camión.

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