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Lorca, muerte de un poeta - La residencia (1918 -1923) - ver ahora
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(EN ALTA VOZ) -Federico García Lorca.

Pasos que se acercan.

Amartillan los fusiles.

(EN OFF) Y no quiero llantos.

La muerte hay que mirarla cara a cara.

Silencio.

A callar, he dicho.

Nos hundiremos en un mar de luto.

Me habéis oído.

Silencio.

Silencio, he dicho.

Silencio...

Campanilla.

-Ay, señorito, siempre viene usted con bulla, siempre.

Pase usted. Buenos días, Dolores.

-Buenos días. Aviso en seguida a la señorita Emilia.

Gracias. -Pase.

-Buenos días, don Federico. Buenos días, Concha.

Buenos días, Emilia. -Buenos días, Federico.

Has traído el libro. ¿No te lo prometí?

¿Puedo leerte la dedicatoria? -Ajá.

A la maravillosa Emilia Llanos,

tesoro espiritual entre las mujeres de Granada.

Divina tanagra del siglo XX.

Cuánto sufro.

Con toda mi admiración y fervor.

Federico, 29 de agosto de 1918.

¿Lo leerás pronto? -En seguida.

Tengo gran interés.

Será precioso. -Vaya si lo leerá pronto

y en voz alta para que yo me entere.

Que una no sabe leer.

Ustedes disimulen si he faltado. (AMBOS RÍEN)

-¿Quieres que caminemos un rato o prefieres sentarte?

Como tú quieras. -Ven.

Daría cualquier cosa por que un día me trajeras algo nuevo tuyo.

Desde que publicaste el libro, tienes que haber escrito más.

Claro que he escrito, lo sabes.

-¿Vas a leerme algo?

Son... tristes.

-Da igual. Dime otra cosa.

Háblame de lo que vas a hacer.

¿Te vas a quedar en Granada?

Si hemos de hablar de eso,

prefiero leerte los poemas que llevo encima.

-¿Por qué?

Porque esa misma pregunta me la hago a todas horas

y nunca soy capaz de contestarla.

Tal vez la respuesta no dependa enteramente de mí.

Ahora que Melchor y los Montesinos y Miguel Pizarro se han ido,

nos hemos quedado un poco solos en el café de la Alameda.

Mora también se va a Madrid.

Y yo...

Yo no sé qué contestarte.

Tú...

¿Tú qué quieres que haga?

-Prefiero que me leas algo tuyo.

Después te contesto la pregunta.

(PASA LAS PÁGINAS)

¿Por qué estarán llamando sobre mi corazón

todas las ilusiones con ansia de llegar?

Si las rosas, que huelen a mujer,

se marchitan a mi lento sollozar.

Mi padre me ha propuesto ir pensionado a un colegio en Bolonia,

pero yo prefiero ir a Madrid.

Mis amigos me escriben y me cuentan lo que hacen.

En Madrid me sentiría...

menos solo.

Allí podría...

conocer a la gente que me interesa.

Podría trabajar.

-He hablado con tus padres muchas veces, Federico,

tantas veces como lo he hecho contigo.

Te daré cartas de recomendación para aquellos que puedan ayudarte

y que yo conozca, naturalmente.

Por lo pronto tienes una cita

con el director de la residencia de estudiantes en cuanto llegues.

Yo que tú no esperaría al próximo curso,

sino que haría las maletas esta misma primavera.

Eso es lo que pensamos todos.

Tú dirás lo que te parece.

Me iré esta primavera.

Cuando Federico García Lorca llega a Madrid,

una epidemia, la gripe española,

está asolando al país entero y a Europa

causando miles de muertos.

Hace un año que ha terminado la guerra mundial.

El impacto de la Revolución Soviética

y el miedo a su posible rebrote en países como España

hace pasar a la acción a todas las burguesías

y las clases medias nacionales y europeas.

Precipita a la Corona, en el caso de España,

hacia la alianza con los sectores civiles y militares

más contrarios a cualquier forma de progreso.

Un tratado con Francia, suscrito en 1912,

había repartido en dos zonas el territorio de Marruecos

al objeto de ejercer sobre el mismo un protectorado pacífico.

Con el tiempo,

un importante sector militar presiona para afirmar

y ejercer una presencia más agresiva y de prestigio en África.

Aparecen los primeros focos de resistencia en la zona del Rif.

La carta de presentación que Fernando de los Ríos

diera a Federico García Lorca para su amigo Juan Ramón Jiménez

decía sencillamente:

«Mi querido poeta:

Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos.

Recíbalo usted con amor, que lo merece.

Es uno de los jóvenes en que hemos puesto más vivas esperanzas».

-Me recuerda mi llegada a Madrid

hace mucho tiempo.

En la estación me esperaban

Salvador Rueda y Villaespesa,

la poesía de entonces.

Después, ese mismo día,

hablé con Valle-Inclán y con Rubén Darío.

Tenía entonces 19 años.

¿Qué edad tiene usted ahora? Veinte.

-Veinte...

A esta hora el ruido de la calle hace insoportable el jardín.

¿Ruido? Yo no lo siento.

-Es un rumor constante que impide trabajar.

Aunque yo soy más joven que usted.

Tengo apenas dos años, sí.

El 17 decidí romper todo lo que había escrito hasta entonces

y empezar de nuevo.

Esa es la fecha de mi nacimiento como poeta.

El 17.

¿Podría pedirle que me leyera algo de lo que ha escrito?

Sí.

Cigarra.

Cigarra, dichosa tú,

que sobre lecho de tierra mueres borracha de luz.

Tú sabes de las campiñas...

Un mes más tarde, Juan Ramón

contestó la carta de don Fernando diciendo:

«Su poeta vino y me hizo una excelentísima impresión.

Me parece que tiene un gran temperamento

y la virtud esencial, a mi juicio, en arte:

entusiasmo.

Me leyó varias composiciones muy bellas,

un poco largas quizás,

pero la concisión vendrá ella sola.

Sería muy grato para mí no perderlo de vista».

-Está muy bien.

Muy bien.

Gracias.

-¿Piensa quedarse a vivir en la residencia?

Así es. -Espero que no tenga problemas.

¿La conoce? Aún no.

-Cuando la conozca, verá como también se puede hacer poesía

plantando flores y haciendo jardines.

Los chopos, las adelfas, los lirios,

todas las plantas que verdean,

en ese sitio que era un páramo,

me encargué yo de plantarlas, todas.

La Residencia de Estudiantes,

una institución que brilla con luz propia en el sombrío panorama

de la cultura española de principios del siglo XX.

Creada en 1910 por don Alberto Jiménez Fraud,

era hija de la institución libre de enseñanza

y marcaría una huella profunda en la cultura española.

Concebida a imagen y semejanza de los colegios ingleses,

la Residencia no solo se proponía

ofrecer buen alojamiento a estudiantes acomodados,

sino formar una vanguardia intelectual,

educada en la cultura, la libertad,

el conocimiento y un sentimiento de amor a España.

A este lugar refinado,

lejos de las casas de huéspedes, a menudo tétricas,

donde se alojaban los estudiantes venidos de provincias,

llega Federico García Lorca

en demanda de plaza para el curso siguiente.

-¿No te he visto nunca? Nunca.

Es la primera vez que vengo aquí.

-Soy José Bello, me llaman Pepín.

Yo soy Federico, me llaman...

Federico.

-¿Has visto qué desolación?

¿No hay nadie más? -Sí, varios.

Están en la cama enfermos de gripe.

Otros han ido a pasarla a sus casas.

Hay quien está ingresado en el hospital.

Por eso la Residencia parece un cementerio.

¿Qué hacías? Curiosear por ahí.

Es posible que tenga plaza en octubre.

-Te enseño mi cuarto, ven.

Hago un poco de té y charlamos un rato.

Gracias.

Qué bonito.

-¿Hablaste con don Alberto? Sí, hasta hace unos minutos.

No pudo acompañarme porque tenía otra visita,

pero se empeñó en que lo viera todo sin prisas.

Ah...

Hay otro además de ti que no está enfermo.

-¿El atleta? Ajá.

-Es un estudiante aragonés. Se llama Luis Buñuel.

Siempre anda haciendo burradas.

También soy aragonés y no practico la cultura física.

¿Cuánto tiempo hablaste con don Alberto?

Muchísimo, hora y media o más.

-Entonces te tendremos aquí en octubre.

¿Qué es lo que haces? Nada.

-¿Nada, nada? Nada, algo.

Escribo poesía, estudio, toco el piano.

Ay, perdona.

-¿Es nuevo? Sí.

-Tienes... Un buen cabezón.

Ya lo sé.

-¡Luis, Luis, sube, rápido!

-Fíjate qué tontería dice este majadero. Lee.

-Lo que dijo de Nicanor tampoco tiene desperdicio.

-Qué va, qué va. -Venga, vamos.

-Se cree que tiene razón. -Vamos.

-Esto está frío como siempre.

-¿Y tú no te vas a levantar nunca? Pero ¿qué venís a hacer aquí?

Dejadme en paz. Tengo mucho trabajo.

Debo terminar esto en seguida.

Es mi primera obra de teatro.

Un encargo de don Gregorio Martínez Sierra

para Catalina Bárcena. -¿Cómo se llama?

Todavía no lo sé.

«La comedia ínfima», «La estrella del prado».

¿Qué se yo?

Pero estrenaremos en el teatro Eslava dentro de poco

y tengo que terminarla. -¡Eh, ya estoy aquí!

Dios mío...

-¿Qué me queríais? -Jugaremos a los anaglifos

para que Federico sepa lo que es bueno.

-Cuando vuelva, me leeréis el mejor

y lo superaré fácilmente. (TODOS LO ABUCHEAN)

Bueno, pero tendréis que explicarme de qué va.

-Un anaglifo consta de tres sustantivos.

El primero se repite dos veces.

El segundo es «la gallina» obligatoriamente.

El tercero debe tener unas condiciones fonéticas

sorprendentes e inesperadas.

-¡Tengo uno!

El búho, el búho, la gallina y el Pancreátor.

(TODOS RÍEN)

-El té, el té,

la gallina,

y el Teotocópuli.

-Muy bueno.

Propongo una variante.

En vez del tercer sustantivo una frase completa, por ejemplo,

La tonta, la tonta, la gallina,

y por ahí debe andar alguna mosca. (TODOS RÍEN)

Alto, alto.

Tengo uno buenísimo. Ahí va.

Guillermo de Torre, Guillermo de Torre,

la gallina,

y por ahí debe andar algún enjambre.

(TODOS RÍEN)

-Maldito perro andaluz.

(EN OFF) El estreno de «El maleficio de la mariposa»,

mi primera obra teatral, el 22 de marzo de 1920

en el teatro Eslava de Madrid

terminó con un pateo memorable.

A pesar del buen hacer del director Gregorio Martínez Sierra,

del talento de Catalina Bárcena,

de la gracia de la Argentinita en el baile de la mariposa,

con música de Greene,

de los decorados de Mignoni y del vestuario de Barradas,

al público no le gustó ni poco ni mucho

esa fábula poética de insectos, de escarabajos y mariposas.

Sí, me dieron un pateo enorme.

Enorme.

¡Zotal, zotal, zotal!

Que le echen zotal.

Eso ha sido lo más gracioso, ¿no os acordáis?

Cuando tú, Manolito, como el escorpión has dicho eso de

«Ahora mismo me acabo de comer un gusano

que estaba delicioso, blando y dulce.

Qué rico»,

alguien del público ha gritado:

«¡Que le echen zotal!»

Y el teatro ha explotado en una carcajada.

Risas.

-Pero ¿qué es zotal, Federico?

Ah, Argentinita,

corazón mío,

zotal es un desinfectante, un matabichos.

Pero eso no iba por ti.

La Argentinita ha bailado maravillosamente.

-El único momento en que el público estuvo callado.

-Gregorio tiene razón. No se ha podido escuchar la obra.

Si eso te sirve de consuelo, Catalina...

Pero recuerda, en cuanto vosotros disfrazados de escarabajos

habéis empezado a mover los élitros,

madre mía, la que se ha armado.

Risas.

-Bueno, ¿qué le vamos a hacer?

La obra no aguantará ni tres días más.

Un lindo fracaso. -Relativo.

Verás cómo la crítica reconocerá lo gran poeta que eres.

Pero es un fracaso, así que no veo por qué te ríes tanto.

Don Gregorio, esta risa de hoy

es mi risa de ayer. Tengo una sana risa para todo.

Es mi risa de infancia y de campo.

Es mi risa silvestre que defenderé siempre, siempre,

hasta que me muera,

aunque me maten con zotal. (TODOS RÍEN)

Los críticos de los periódicos madrileños

destacaron la poesía de la obra.

Lamentaron su falta de teatralidad

y la ausencia de elementos dramáticos.

Federico ocultó bajo un disfraz de indiferencia e ironía

el primer fracaso de su vida.

En la marcha hacia Granada en las vacaciones de aquel verano

tenía el propósito de meditar sobre sus estudios y dedicaciones,

sobre su propia vida.

Aquellos meses en la ciudad

le depararán la oportunidad de intimar con Manuel de Falla,

el poderoso músico gaditano,

que ha trasladado su residencia a la colina roja de la Alhambra.

-Solo te pedimos una cosa.

A cambio de tu estancia en Madrid,

de hacerme cargo de la edición de tu nuevo libro,

a cambio de aquello que pueda hacer por ti, que lo haré,

solo queremos que termines las carreras que empezaste.

Tú seguirás el camino que quieras seguir, es suficiente.

Tienes toda la libertad y nuestro consentimiento,

pero has de terminar los estudios, Federico.

-Paquito hace brillantemente su licenciatura.

Tiene tiempo de leer y cultivarse. Conoce a gente, escribe,

pero cumple cada año con su obligación.

Paquito es Paquito. -Ya.

Y yo soy un desastre, un fracaso,

pero voy a estudiar.

Me he matriculado en Granada y me examinaré en septiembre.

Durante el verano estudiaré.

Si me suspenden, me quedaré aquí estudiando durante el invierno.

No tenéis que pensar más en eso.

No pongas cara de no creértelo, mamá.

Estudiaré.

O mejor dicho, intentaré estudiar.

Te lo prometo.

¡Te lo prometo!

-Si en septiembre hicieras alguna asignatura,

te dejaría marchar a Madrid con más alegría

que si me hubieses hecho emperador. (LOS TRES RÍEN)

-¡Pero habrase visto!

Ay, virgen mía, si esto no se puede aguantar.

¿Pero quién me habrá cegado para tropezar contigo?

Cristo nuestro Señor en el Calvario no padeció tanto como yo.

Ay, virgen de las Angustias,

qué cáliz más amargo me estás haciendo beber.

Que te vayas, ¡que te vayas!

Que te vayas y no vuelvas. Que me dejes.

Que prefiero vestir santos al penacho de todos los días.

¡De todos los días, condenado!

Maldita sea la hora en que empecé a hacerte caso.

Vete, vete. Vete, garabato de candil.

Estafermo, corremundos, ¡judío colorado!

Tonta, ¡tonta!

Con los buenos pretendientes que una tuvo...

y hacerle caso a ese canijo.

(FEDERICO Y LLANOS RÍEN A CARCAJADAS)

¡Estafermo!

¡Corremundos!

¡Judío colorado!

-Siempre está así. El otro día me dijo

«He pasado tal sofocación, que hasta ha crujido la cómoda».

Vaya personaje. Si alguna vez vuelvo a escribir

algo para el teatro, me acordaré de tu criada.

Suena un piano.

-Hemos llegado un poco tarde.

El maestro Falla está trabajando.

A partir de ahora y hasta el anochecer,

no se lo puede interrumpir.

¿Qué es?

Creo que le han hecho un encargo en París.

Él ha encontrado un motivo sacado del Quijote.

«El retablo de maese Pedro».

Sigue sonando el piano.

Suena una guitarra española.

-Muy bien. -Bravo.

Gracias, gracias. Ahora doy clases de guitarra con dos gitanos,

el Lombardo y Frasquito, el de la fuente.

Me enseñan a acompañar tarantas, bulerías y romeras.

Un día lo llevaré a conocer a mis maestros.

-Me gustaría mucho.

Federico, Miguel Cerón y otros amigos

me transmitieron una idea y la he hecho mía.

Se trataría de buscar donde se encuentren

a los mejores y más auténticos cantaores de toda Andalucía

para salvar el cante flamenco, que se pierde.

¡Fantástico!

Si alguna vez se le ocurre hacer algo así,

búsqueme donde esté, por favor. Le ayudaré en todo lo que pueda.

-No se me olvidará. ¿Qué hará este verano?

Ya se lo he dicho. Guitarra flamenca con mis maestros

y un poco de estudio por contentar a mis padres.

-Federico. Gracias.

Escribo de vez en cuando.

Y sueño constantemente. -¿Qué sueña?

Cosas buenas. Sueño que doy la vuelta al mundo

tocando y cantando, que escribo algo sobre...

Mariana Pineda.

Y que tiene un gran éxito.

Y también otras cosas.

-Brindemos por sus sueños. Gracias.

(TODOS) Salud.

La política española sigue su paso vacilante.

En Barcelona arde la guerra

entre la patronal y los cuadros del obrerismo.

Ya en febrero de 1921

Julián Besteiro había denunciado en las Cortes

la práctica de la ley de fugas

por la que perdieron la vida varios dirigentes sindicales.

A consecuencia de su apoyo a ese procedimiento,

muere en un atentado en pleno centro de la capital

el presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato.

La guerra de Marruecos es un desastre permanente

y las catástrofes se suceden.

Todo hace pensar en un cambio hacia una situación de fuerza.

Justo a la medianoche del último día del año 1921

Federico y su hermano Paco

le dieron una serenata a Manuel de Falla

para demostrarle su respeto y veneración

y por ser los primeros en felicitarle por el día de su santo.

Federico instrumentó la «Canción del fuego fatuo»

para trombón, clarinete, tuba y cornetín.

Cuatro músicos de la banda municipal se encargaron de tocarla

y salió una cosa endiablada y maravillosa.

Falla y su hermana María del Carmen

se llevaron una deliciosa sorpresa.

Un, dos, tres, un...

«Canción del fuego fatuo».

(AMBOS) ¡Felicidades, Manuel!

-Muchísimas gracias, amigos.

Oiga, Federico, ¿esa instrumentación es suya?

Sí, maestro. -Pues es realmente genial.

Ni el gran Stravinsky podría haberla soñado mejor.

-Hay que invitarlos.

-Ahora, si quieren pasar a esta su casa,

mi hermana y yo improvisaremos algo para festejar mi santo

y agradecerles la serenata.

Pasen, por favor, mi hermana les abrirá la puerta.

(TODOS) Gracias, don Manuel.

Cante jondo.

La vieja idea se hace realidad.

La convocatoria para el concurso de cante jondo

la hace Manuel de Falla.

Federico García Lorca es uno de sus principales colaboradores.

La cita es en Granada los días 13 y 14 de junio del año 22.

En el carro de la infanta

gasté un dineral

por venir a tu boda.

Se llevó la convocatoria al último rincón de Andalucía

y, llegadas las fechas señaladas,

Granada se fue preparando para recibir a los artistas,

pintores, poetas, músicos escritores y flamencos

que habían anunciado su visita

desde cualquier lugar de la geografía española.

Otros acuden a Granada caminando desde muy lejos.

Unos días antes de la gran noche del flamenco

Lorca leyó en el Centro Artístico de Granada su conferencia

«El cante jondo, primitivo canto andaluz».

Suena una guitarra española.

Ay, era un día

señalado de Santiago,

ay, y de Santa Ana.

(EN OFF) Manolo Ángeles Ortiz

ha pintado un cartel precioso para el concurso de cante jondo,

que pudimos organizar gracias al maestro Manuel de Falla,

gloria de España,

entusiasmado luchador para salvar el genuino cante andaluz

de la basura de cuplés y flamenquerías.

Cante jondo.

Ignacio Zuloaga ha decorado

esta plaza de los Aljibes de la Alhambra de Granada.

Para realzar la magia de esta especialísima noche

muchas mujeres se han vestido

a la moda de la España de Prosper Mérimée

y de Théophile Gautier.

Ay, mi madre...

de azúcar...

De azúcar, corazón.

La más hermosa de todas

es sin duda mi querida Emilia Llanos.

Uno de los triunfadores del concurso

fue un niño de once años llamado Manuel Ortega, el Caracol.

Caray...

Falla preside el jurado

con Andrés Segovia y don Antonio Chacón,

emperador del cante jondo.

Ay, se clavó.

A un pozo tiré una piedra

y en el fondo se clavó.

Zuloaga además ha aportado mil pesetas para el primer premio,

porque el ayuntamiento no ha aportado mucho.

Por ejemplo, no ha querido invitar a Maurice Ravel

ni a Ígor Stravinsky. Menudo ahorro.

Y menudo disgusto que se ha llevado Falla.

Granada sigue siendo la tierra del chavico.

El primer premio de cante

va a ser para este hombre, Diego Bermúdez, el Tenazas,

un viejo cantaor que ha venido desde Puente Genil.

La experiencia de esta noche única

me confirma el sentido andaluz de los poemas que ahora escribo.

Mi nuevo libro lo titularé

«Poema del cante jondo».

Magino entre mí.

Magino entre mí...

que nada en el mundo quiero...

cuando me acuerdo de ti.

(EN OFF) Querido Melchor:

Decididamente este otoño no me moveré de aquí.

Espero examinarme en enero y, conseguido el objetivo,

mi padre, que insiste tanto con esto de los estudios,

me dejará correr tierra.

Otra vez he vuelto a acoplarme a esta vida de la tertulia,

los paseos hasta la puesta de sol del Generalife,

las discusiones y los proyectos que se amontonan en mi cabeza.

Escribo bastante.

Sin embargo, tengo añoranza de la Residencia.

¿Qué nueva diversión tendrán ahora?

¿Qué nuevo juego habrán inventado?

¿Quién será en este curso

el elegido que tenga que aguantar las bromas?

-Señor Dalí, don Alberto los espera.

Aquel otoño del año 22,

estando ausente Lorca de la Residencia,

solicita su ingreso en ella un joven catalán de Figueras

llamado Salvador Dalí.

Lo acompañan el primer día su padre y su hermana.

Salvador Dalí aparecía a los sarcásticos ojos de los residentes

como un ser lamentable o, en el mejor de los casos, pintoresco.

En efecto, nada podía formar un contraste más violento

con sus ternos a la inglesa y sus chaquetas de golf

que las chaquetas de terciopelo y las chalinas flotantes de Dalí.

Nada podía ser más diametralmente opuesto

que sus largas greñas

y los cabellos elegantemente cortados de los otros.

en que trabajaban con regularidad los barberos de Ritz o del Palace.

Dalí pensaba que estaban poseídos por un complejo de dandismo,

combinado con cinismo,

que manifestaban con consumada mundanidad.

Sus compañeros de la Residencia le daban pavor.

Si se dirigían a él, Dalí creía que se iba a desmayar.

Un buen día, y aprovechando la ausencia de Dalí,

Pepín Bello se coló en la habitación de Salvador

y descubrió con admiración

pinturas y dibujos de extraordinaria calidad y factura.

La noticia de que el extraño catalán

era un pintor de talento corrió por la «Resi».

Desde entonces, el cuarto de Dalí se llenaba de compañeros

que iban a verlo dibujar

con esa pasmosa facilidad que causaba su asombro.

Dalí los conquistó definitivamente.

Ande, ande, ande, la marimorena,

ande, ande, ande, que vendrán los Magos.

Ande, ande, ande, la marimorena,

ande, ande, ande, que vendrán los Magos.

-En una casa cerca de aquí hacen teatro.

Nos invitan, si queremos ir.

-¿Dónde? -Yo sé dónde.

El que quiera venir, que venga.

Oigan, señores, el programa de esta fiesta para los niños.

Hoy, 6 de enero de 1923,

festividad de los Reyes Magos,

que pregono desde la ventana del guiñol

ante la frente del mundo.

Primero, el entremés de Cervantes, «Los dos habladores».

Con la música de Ígor Stravinsky,

«La historia de un soldado», para clarinete, violín y piano,

el cual toca el maestro Manuel de Falla.

(DECLAMA) Beatriz, Beatriz.

Después verán ustedes el viejo cuento andaluz...

(DECLAMA) Este caballero es soldado y primo mío.

Regaladle mucho que ha de entrar en la Corte.

-Ah, pues si usted va a la Corte,

quede advertido de no estar tan encogido,

porque el encogimiento es linaje de bobería.

El bobo está cerca de ser desvalido.

Y lo merece, porque el entendimiento

es luz de todas las acciones humanas y toda acción...

Oh, bien sé en qué consiste

la disposición de la naturaleza

porque la naturaleza obra por los instrumentos corporales

y va disponiendo de los sentidos, que son cinco.

Andar, tocar, correr, pensar y no estorbar.

El que estorba es ignorante

y la ignorancia es no caer en las cosas.

Quien cae se levanta

y al que se levanta Dios le da las buenas pascuas, que son cuatro.

Navidad, la de Reyes, la de Flores y la de Pentecostés.

Es vocablo exquisito. -¿Cómo exquisito?

Toda cosa exquisita es extraordinaria.

La ordinaria no admira.

La admiración nace en las cosas altas.

La más alta cosa del mundo es la quietud.

La más baja, la malicia, porque hay tres edades en todas las cosas:

el principio, el aumento y la declinación.

¿Declinación, dijo usted?

Dijo bien, porque los nombres se declinan y los verbos se conjugan.

Y la razón de esto... -¡Paso, paso, paso!

¿Qué es esto, marido?

¿Qué hombre es este que habéis traído a mi casa?

Por Dios, he hallado con qué desquitarme.

-¡Ah! ¡Pronto!

-Atención, atención.

Un resucitado que vuelve.

Un perdido que regresa a nuestro lado.

Aquel al que todos esperábamos.

¡Un momento!

Tatatán, tatatán.

-¡Hombre! -¡Federico!

Hola. -Hola, Federico, ¿qué tal?

Muy bien.

-Bienvenido. Gracias.

-Federico. Luis.

-¿Terminaste alguna carrera? Sí, Derecho, ¿y tú?

-De ingeniero agrónomo, nada. Luego Ciencias Naturales.

Ahora estudio Filosofía y Letras.

¿Y tú qué, Pepín? -No me gusta hablar de esos temas.

Cuenta lo que has escrito y lo que haces.

He escrito muchas cosas

Contad que os las leeré 50 veces.

Ahora estoy con Mariana Pineda.

Ya sabéis, la bandera de la libertad y todo eso.

Vengo a intentarlo todo.

¿Quién es? No lo he visto nunca.

-Salvador Dalí.

Lo llamamos el Polaco. Es un catalán que dibuja muy bien.

Tiene un padre notario y generoso,

pero carece por completo de sentido del humor.

Viví pendiente de los ultraístas porque me interesaban más que nadie.

Guillermo de Torre, Chabás, Rivas, Borges.

Guillermo quiere que me una a ellos, pero no quiero.

Yo soy yo. -¿Crees en Dios?

Qué pregunta. -¿Crees?

Me lo pregunto yo y te contesto más tarde.

Puede ser que no,

pero vivir sin la religión o lo religioso

me costaría mucho. -Espera.

Pero ¿qué haces?

¿Adónde vas? -Voy a mi cuarto.

Ven, oiremos jazz.

¡Tráeme mis zapatos!

Suena jazz.

¿De qué lugar es esto? A ver si alguien lo sabe.

Los mozos de Monleón

se fueron a arar temprano...

¡Ay, ay!

Se fueron a arar temprano.

-De Salamanca, eso se canta en la región de Salamanca.

¡Correcto!

Para oír la jota, la jota.

Para oír la jota de nuestro lugar.

-¡Viva Aragón! -¡Viva Huesca!

-¡Viva Calanda!

Ahí va un poco de producción propia.

Sobre el monte pelado, un calvario,

agua clara y olivos centenarios.

Por las callejas, hombres embozados

y en las torres, veletas girando.

Eternamente girando.

Oh, pueblo perdido en la Andalucía del llanto.

-¡Muy bien! -¡Bravo!

-¡Bravo!

Hubo un señor empeñado en difundir

nuestras canciones por el extranjero.

Tradujo muchas de ellas a todos los idiomas.

Este es el resultado del trasvase de unas sevillanas populares

al alemán.

(CANTA SEVILLANA EN ALEMÁN)

Dibujas como un ángel.

-He oído tus poemas y me impresionan mucho.

Creo que he descubierto la poesía. Gracias.

Pero la poesía también la tienes tú.

No hace falta que la busques fuera.

-Son dos formas distintas de poesía. Es cierto.

Cuéntame qué quieres decir con tus dibujos.

¿Cuáles son tus creencias?

¿Qué es lo que buscas?

-Nada.

O todo.

Creo en la geometría,

no en el sentimiento, ni en la emoción.

Solo en la geometría.

Entonces, ¿por qué te gusta lo que me oyes recitar?

-Porque tiene forma, una forma perfecta.

Me gustan tus dibujos porque tiene emoción

y sentimiento.

-Odio esas palabras. Pero es verdad.

-¿Conoces las últimas pinturas de Picasso?

No.

-Él es el más grande, el más grande de todos.

Risas.

-¿Lo ves? Puede que el sentimiento y la emoción estén en todas partes,

pero él no los usa ni se vale de ellos para nada.

Risas.

-¡Primo de Rivera nombrado jefe de gobierno!

¡Primo de Rivera nombrado... Niño, dame uno.

-Gracias.

Era el 15 de septiembre de 1923.

Nombrado jefe de gobierno por el rey,

el general Primo de Rivera suspende las garantías constitucionales,

disuelve las Cortes,

declara el estado de guerra en el territorio nacional

e inicia su mandato al frente de un directorio militar.

Así comenzaba la dictadura, destinada preferentemente

a reprimir los movimientos de la clase obrera organizada

y hacer frente a la sangría que suponía la guerra de Marruecos.

Cuando los intelectuales empezaron a crear problemas a la dictadura,

fueron deportados, como le ocurrió a Miguel de Unamuno,

o procesados, o expedientados,

como fue el caso de varios catedráticos

entre los que se encontraba Fernando de los Ríos.

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Lorca, muerte de un poeta - La residencia (1918 -1923)

11 ago 2017

Emilia Llanos, el gran amor de Federico, y Don Fernando de los Rios animan al poeta a viajar a Madrid. Allí conoce a Juan Ramón Jiménez y se instala en su Residencia de Estudiantes, donde conoce a Buñuel y Dalí, sus dos grandes e inseparables amigos.

Histórico de emisiones:
26/08/2012

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