Serie de carácter biográfico sobre la vida del poeta granadino Federico García Lorca, basada en la reconstrucción que de ella hizo el historiador e hispanista Ian Gibson.

La figura de Lorca es tratada en toda su dimensión artística y humana; propone incluso una aproximación a la faceta ideológica y militante del poeta muerto durante la guerra civil.

El capitulo sexto y ultimo de la serie, titulado 'la muerte (1936)' concurrió al festival de cine y televisión de Montecarlo 1988, donde obtuvo el gran premio de la crítica.
Serie dirigida al público adulto. Rodada en estudio y escenarios naturales.

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Lorca, muerte de un poeta - Una guerra civil (1935-1936) - ver ahora
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¡Federico García Lorca!

Pasos.

Martilleo de armas.

Disparos.

Y no quiero llantos,

la muerte hay que mirarla cara a cara.

Silencio, a callar he dicho.

Nos hundiremos en un mar de luto.

¿Me habéis oído?

Sobre Europa se cierne la sombra de la guerra y la muerte.

Mussolini amenaza y la Sociedad de Naciones no sabe qué hacer.

Unos meses antes,

las tropas italianas habían invadido el territorio etíope.

En los primeros días de 1936, en España,

las fuerzas políticas de izquierda llegan

a elaborar un pacto que trae consigo la ansiada unión.

Desde el gobierno se convocan nuevas elecciones,

y el 16 de febrero de 1936,

el Frente Popular obtiene la mayoría creando la alarma

y el pánico en los medios monárquicos y de extrema derecha.

Las manifestaciones se suceden en todo el país.

Los militares empiezan a revolverse.

Desde la izquierda, se pide la libertad

de los presos políticos, la nueva vigencia

de la reforma agraria, reformas en la legislación social

y en la enseñanza.

Son muchos aristócratas que se marchan al extranjero

Unos días más tarde, Azaña forma gobierno.

La posibilidad de un golpe de Estado desde la derecha,

está en la mente de todos.

(TODOS GRITAN) ¡Prestes en libertad!

¡Prestes en libertad! ¡Prestes en libertad!

-¡Prestes en libertad!

(TODOS GRITAN) ¡Prestes en libertad!

¡Prestes en libertad! ¡Prestes en libertad!

-Y contra el imperialismo yanqui,

que extiende sus tentáculos por todos los países de América,

nuestra respuesta revolucionaria es la solidaridad internacional

con el camarada Luís Carlos Prestes

y esos 17000 trabajadores brasileños

que el dictador Getúlio Vargas tiene encarcelados

y a los que pretende asesinar.

¡Libertad para Prestes y sus compañeros!

(TODOS GRITAN) ¡Abajo el fascismo! ¡Abajo el imperialismo!

¡Abajo el fascismo! ¡Abajo el imperialismo!

¡Abajo el fascismo! -¡Abajo el fascismo!

(TODOS GRITAN) ¡Abajo el imperialismo!

-¡Abajo el...! (TODOS GRITAN) ¡Abajo el fascismo!

¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo el fascismo!

¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo el fascismo!

¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo el fascismo!

-Compañeros, habéis oído ya las palabras

de varios miembros de... de nuestro Frente Popular,

que nos han explicado con precisión

el significado político de este acto

de solidaridad internacional. Bien.

Yo quiero ahora que oigamos la voz de nuestros poetas.

La voz de los poetas del pueblo que están aquí hoy con nosotros.

-¡Libertad para el pueblo! -Que siempre están con nosotros.

-¡Abajo el fascismo! -¡Que siempre están con el pueblo!

Hablo de Rafael Alberti y de Federico García Lorca.

Aplausos. -¡Bravo!

(TODOS GRITAN) ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

¡Libertad! ¡Libertad! -Compañeros,

con todos vosotros, Federico García Lorca.

Aplausos. -¡Bravo!

Silbido.

Voy a leeros algo que seguramente muchos de vosotros ya conocéis.

A esos, por favor, les pido que me disculpen.

De todos modos, pienso que ahora no viene mal

escuchar este poema.

"Romance de la Guardia Civil Española".

-¡Abajo el fascismo! -¡Abajo!

-¡Adelante!

Murmullos.

-¡Adelante, Federico!

(RECITA) Los caballos negros son.

Las herraduras son negras.

Sobre las capas relucen manchas de tinta y de cera.

Tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras.

Con el alma de charol vienen por la carretera.

Jorobados y nocturnos,

por donde animan ordenan silencios de goma oscura

y miedos de fina arena.

Pasan, si quieren pasar,

y ocultan en la cabeza una vaga astronomía

de pistolas inconcretas.

-Dime una cosa, Federico.

¿Se remueve algo en ti ante la idea de la muerte?

¿La muerte? -Sí, la muerte.

¿Te preocupa la idea de la muerte,

del morir, del más allá?

Amigo Bagaría,

como no me he preocupado de nacer, tampoco me preocupo de morir.

-¿Qué esperas de la vida? Ah.

Vivir. Lo que más me importa, es vivir.

Salir, charlar con amigos... Disfrutar de la vida.

Naturalmente, escribir me produce placer,

pero yo nunca me propongo hacer literatura.

No me gusta publicar.

Mis poemas los hago para recitárselos a los amigos.

Eso es lo que me gusta. -¿Tú vives de tus libros

y de tus poemas? (RÍE)

No. Por suerte, no tengo que vivir de mis cosas.

Si así fuera, no sería tan feliz.

No, no, no. Tengo padres,

padres a los que a veces enfado,

pero son buenos, y al final, siempre me ayudan.

-¿Hablamos de tu arte? No.

El arte no tiene interés,

excepto en el momento en que se está realizando.

-¿Te consideras solo... un artista?

Un artista puro. Ah.

Ningún hombre verdadero cree ya en esa zarandaja del arte puro.

Arte por el arte mismo.

En este... momento dramático del mundo,

el artista debe llorar y reír con su pueblo.

Hay que dejar el ramo de azucenas

y meterse en el fango hasta la cintura

para ayudar a todos los que buscan azucenas.

En este mundo, yo siempre seré partidario

de los que no tienen nada,

y a los que la tranquilidad de la nada

de hecho, también se les niega.

Nosotros, y me refiero a los hombres

de significación intelectual y educados

en el ambiente confortable de las clases medias acomodadas,

nosotros estamos llamados al sacrificio.

Aceptémoslo. En este mundo, ya no luchan

solamente fuerzas humanas, luchan fuerzas telúricas.

Si a mí me ponen el resultado de esta lucha en una balanza,

aquí, tu dolor y tu sacrificio,

aquí, la justicia para todos,

aun con la angustia y el temor del tránsito

hacia un futuro que se intuye, que se presiente,

pero que se desconoce, y yo,

con toda mi fuerza,

descargo el puño en este último platillo.

Grillos.

En la noche del 12 de julio de 1936,

en casa del doctor Eusebio Oliver,

amigo y médico de los poetas de la generación del 27,

Federico García Lorca leyó a un grupo de amigos,

Jorge Guillén, Pedro Salinas, Dámaso Alonso,

Los Oliver, Rafael Rodríguez Rapún, entre otros,

su última pieza dramática, "La Casa de Bernarda Alba".

(RECITA) Martirio:

"Dichosa ella mil veces que lo pudo tener".

Bernarda: "Y no quiero llantos,

la muerte hay que mirarla cara a cara".

"¡Silencio!" A otra hija.

"¡A callar he dicho!" A otra hija.

"Las lágrimas cuando estés sola.

Nos hundiremos todas en un mar de luto.

Ella, la hija menor de Bernarda Alba,

ha muerto virgen. ¿Me habéis oído?

¡Silencio, silencio he dicho!

Silencio".

Grillos.

Telón.

(TODOS APLAUDEN) -Federico, qué maravilla.

-Bien, Federico. -Enhorabuena.

Gracias, querida.

-Es emocionante. -Federico.

una obra de alto valor dramático. -Federico.

(RÍE) -Estoy totalmente de acuerdo.

-Sin lugar a duda, tu mejor obra dramática.

Gracias. -El diálogo tiene

una perfección lacónica, escueta, en la temática.

-Magnífica. -Sí, porque el dramaturgo frenó

al poeta lírico, que aún en "Bodas de Sangre" o en "Yerma",

entrecortaba la acción. (RÍE)

-Tienes que estar orgulloso. Federico, es una obra maestra.

Lo que estoy es... muertito de sed. (RÍE)

Doctor, ¿dónde está el champán?

La ambrosía, la corona de laurel...

¡El arco de triunfo triunfalero!

(TODOS RÍEN)

-Champán para el poeta.

Imaginen a Xirgu de Bernarda Alba.

Estará genial. ¿Conoce Margarita la obra?

Hija mía, ¿cómo va a conocerla, si cuando la terminé de escribir,

ya estaba ella en México. -Ah, claro.

Oh... ¡Traedme un botijo por caridad,

que el poeta se ahoga! -Tenga.

-Federico, para ti. Gracias.

Murmullos.

-Para ti también. -Gracias.

-¿Me disculpáis un momento? Por supuesto.

-Hasta ahora.

Murmullos. Uhm...

-¿Y tú? ¿No piensas ir?

Risas. ¿A México?

Antes lo pensaba. Bueno, aún lo pienso.

Murmullos.

Risas. Seguro que es un país fascinante.

Margarita está teniendo un gran éxito con mis obras,

¿lo sabías? Mira. -Claro que sí.

Fíjate. En este momento, teniendo en cuenta la diferencia de horas,

está representando "Bodas de Sangre" o "Yerma"

en el Teatro Bellas Artes. (RÍE) Qué maravilla.

Me manda telegramas y recortes, y me anima a ir a México.

Allí me quieren mucho. -¿Y dónde no?

Murmullos.

¿Sabes que me han amenazado? Y no es la primera vez.

Jorge, ya me estoy acostumbrando

a los anónimos. Ah.

Algo terrible está a punto de pasar. ¿No lo notas tú?

Hay en el aire como una enorme tensión eléctrica,

una tormenta de odio y violencia

que puede estallar en cualquier momento..

Oh, México...

Cómo me gustaría ir. Ah.

Foxá me ha dicho que si quiero estar tranquilo,

que me vaya a Biarritz.

¿Y qué hago yo en Biarritz?

Además, allí solo van los putrefactos.

(JORGE RÍE)

No. Lo mejor es que me vaya a Granada,

a la Huerta de San Vicente. Como hago todos los veranos.

Con mi familia. Mis padres ya se han ido.

Murmullos.

Allí, por lo menos, trabajo.

-Y dentro de unos días, el 18, San Federico.

Eso es, mi santo santorum.

San Federico, genial poeta lírico

y mártir. (AMBOS RÍEN)

Venid, venid todos adentro.

Vamos en busca del piano. -Ah.

Murmullos. -Vamos para allá.

Piano.

Vamos cuatro muleros.

De los cuatro muleros...

De los cuatro muleros que van al río,

que van al río, que van al río...

Grillos.

Anteayer, un teniente de la Guardia de Asalto,

el teniente Castillo,

muerto a tiros por unos pistoleros fascistas.

Ayer, en represalia, asesinan a Calvo Sotelo,

el líder de la derecha antirrepublicana.

Chicharras.

¿Lo ves? Todo parece a punto

para levantar el telón del primer acto

de una tragedia española.

Estos campos se van a llenar de muertos.

Chicharras.

Sí, Rafael,

se van a llenar de muertos.

Todo está a punto de explotar.

-¿Y tú qué vas a hacer? Granada es la tierra del Chavico,

donde actualmente, se agita la peor burguesía de España.

Tú lo has dicho hace bien poco, ¿recuerdas?

Y ha salido nada menos que en "El Sol",

que lee todo el mundo, e incluso en Granada.

(SUSPIRA)

Allí no lo olvidarán. Estoy seguro.

Y no te lo van a perdonar nunca. Me es igual.

Me voy a Granada. Que sea lo que Dios quiera.

Locomotora.

-Buen viaje, don Federico. Muchas gracias.

-De nada. Adiós.

-Adiós.

(RAFAEL RÍE) Te conoce hasta el gato.

Eso se llama popularidad. No, sabiduría. (RÍE)

Él sabe quién soy yo. Y yo, en cambio,

cuando viajo, no sé ni quién soy. (RÍE)

Es lo que yo llamo la inquietud de estación.

Ah, Rafaelito, me vas a hacer un favor.

Envía estos libros por correo.

Los he firmado y dentro van las señas.

Esto es para un gran hispanista, el noruego Gronborg.

Muy buena persona.

(RÍE) Veremos si llega hasta aquellas tierras.

Locomotora. Y esto, lo guardas,

por si me pasara algo. -Deja ya eso, por favor.

No, no, no, no. Guárdalo.

Y mil gracias, Rafael. Eres un gran amigo.

Locomotora. Lagarto, lagarto

-¿Pero quién es? (JADEA) Un gafe, uno de Granada,

un mal bicho. Lagarto, lagarto.

De verdad, una malísima persona, Rafael.

(SUSPIRA) Bueno, vete ya, Rafael.

-No, no, no, no. Sí, sí, sí.

-Me quedo contigo hasta que el tren se vaya.

Dame un abrazo y vete.

Por una vez, no esperes a que el tren salga.

Voy a cerrar la puerta y a meterme en la cama.

Así, no me encontraré con ese putrefacto.

-No dejes de escribirme enseguida. Y sobre todo, trabaja.

Nada de irte a México, ¿entiendes?

No dejes que la Xirgu te convenza. No te preocupes, hombre.

En cuanto llegue a la huerta, nadie me va a sacar de allí.

Adiós, Rafael.

-Adiós.

(EL TREN SILBA)

-Federico, mira quién ha llegado, el tío Federico.

(RÍEN)

-Mira, mira quién está aquí. Uh, qué guapa estás.

(RÍE) Hola, Concha.

Conchita, como has crecido. (CONCHITA RÍE) Sí.

Dolores... -Señorito Federico,

qué alegría.

Manolito. -Qué bien que está aquí, ¿verdad?

-¿Qué tal, señorito? Gracias.

Mamá. -Hijo.

Las cosas de Federico...

(RÍEN)

¿Qué tal? Papá...

-¿Y en Madrid,

cómo van las cosas? Feas, papá,

muy feas,

como dando traspiés mortales,

todos los días cae alguien muerto a tiros,

pero... no hablemos de cosas tristes,

dejémoslo.

Mamá, Concha...

qué barbaridad, como está el jardín,

hay tantos jazmines y tantas damas de noche

que de madrugada nos dará a todos un dolor lírico

de cabeza, maravilloso.

(RÍEN)

-Señorito Federico, le llaman por teléfono.

Oh, virgen santísima, el Ku Klux Klan me ha descubierto.

-Ande usted, si es su cuñado don Manuel.

-Ay, Federico, ay...

Muy excelentísimo y reverendísimo compañero alcalde

de la muy noble y muy leal ciudad de Granada.

(RÍE) -Bienvenido, cuñado.

Me hubiese gustado mucho recibirte en la estación...

(RÍE) No,

la banda de música estaba en un bautizo de ringo rango, sí.

No, en serio, no podía dejar el despacho,

hay mucho trabajo. Discúlpame, eh.

Bueno, de acuerdo, haré lo posible para almorzar en la huerta, eh.

Sí, hombre, sí, sí... bueno, otro fuerte para ti, eh.

-¿Tienes confianza en esos informes?

-Absoluta. -No dicen nada

que no sepamos ya.

-Pero lo confirman, sin lugar a dudas.

Conspiran, conspiran contra la república,

sabe Dios desde cuando.

Desde hace meses. -Desde que perdieron

las elecciones en febrero pasado.

-Y mucho antes, desde siempre.

-Por un lado los jefes y oficiales de la guarnición,

por el otro la falange, todas sus jerarquías provinciales,

empezando por los hermanos Rosales.

-Y tienes que añadir además a los cabecillas

locales de la derecha,

de la CEDA, y su obrero amaestrado, ese tal...

Ramón Ruiz Alonso.

-¿Y el general Campins? -El general Campins

es un recién llegado como quien dice,

acaba de hacerse cargo de la guarnición hace una semana,

es un hombre honrado, un militar constitucional, pero...

pero un ingenuo,

no se da cuenta de lo que pasa a sus espaldas.

-O no quiere. -No, eso no,

no es eso.

En fin, no me llega la camisa al cuerpo,

sobre todo porque nosotros de izquierdas o republicanos

andamos cada uno por su lado,

eso es lo que más me preocupa,

no hay unidad,

ni hacemos nada, sólo esperar.

-Pues los militares no van a esperar más, estoy seguro.

-¿Y qué, no estaremos exagerando, tratando de sacar

las cosas de quicio?

También se sublevaron unos cuantos militares

con el general Sanjurjo a la cabeza en el 32,

15 meses después de proclamarse la república,

y todo quedó en agua de borrajas. -Esta vez no,

¿no te das cuenta? Puede ser peor,

un movimiento más profundo, más general,

mejor preparado.

Estoy seguro de que lo tienen todo a punto.

Sólo falta la señal. -¿Cuál?

-Je...

Si lo supiera...

El asesinato de Calvo Sotelo puede ser el detonante, quizás...

-Dentro de un par de horas se hará el entierro en Madrid.

-Y va a coincidir con el del teniente Castillo.

Puede pasar cualquier cosa.

-Eso no es verdad, señor gobernador,

no puedo ni debo tolerar ese tipo de insinuaciones.

-General Campins, le ruego me excuse si he podido molestarle,

pero insisto,

la situación en todo el país sin ser grave, es inquietante,

vivimos momentos muy delicados.

Yo desde este gobierno civil

estoy en contacto permanente con el gobierno de Madrid

señor Casares Quiroga.

Por favor, general.

es necesario...

que el gobierno de la república sepa exactamente

cual es el sentir de su ejército y de sus fuerzas de orden público.

-Desde que me hice cargo de la comandancia militar

de Granada hace unos días,

he estado y estoy en continua relación

con todas las fuerzas a mi mando,

por tanto, señor Torres Martínez, puedo asegurarle

que el ejercito no saldrá a la calle salvo...

que se produzcan con carácter extraordinario,

graves desórdenes públicos.

-Y no se producirán, mi general, las ordenes

de Madrid son concluyentes,

aunque los sindicatos obreros las exijan,

nada de armas.

-En tal caso, señor gobernador,

yo le puedo garantizar que la guarnición de Granada

es y será leal a la república.

Tiene mi palabra de honor,

y también la palabra de honor de mis oficiales.

-El aeródromo, entradas y salidas de Granada,

la fábrica del pólvora del parque,

el cuartel de artillería,

el de ingenieros,

el gobierno civil...

la comandancia militar...

Todo lo que hay que tomar está señalado en el mapa.

Meteros bien en la cabeza que esto tiene que estar

en manos del ejército,

al mismo tiempo que se da a conocer le bando militar

declarando el estado de guerra.

A partir de ese momento hay que llevarse por delante

a toda esa carroña de republicanos y marxistas y revolucionarios

y masones y la madre que los parió.

¿Entendido?

Ahora vamos a ver quién se encarga de cada misión.

-Valdez, yo con dos escuadras...

-Mi gente puede... -¡A callar!

Aquí se hará lo que el jefe de milicias diga,

y el jefe de milicias de falange, soy yo.

¿Entendido, Pepiniqui Rosales?

El capitán Nestares y el capitán Álvarez,

se encargarán de la policía y de la Guardia de Asalto,

el teniente Pelayo a la Guardia Civil,

tienes que hacerte con ella, Pelayo,

y acabar de una vez por todas con ese teniente coronel

Vidal Pagán que es un republicano de mierda.

Los paisanos patriotas que logre levantar Ruiz Alonso

se encargarán de los locales de partidos del frente popular,

las escuadras de Miguel y Pepe Rosales,

de la radio y los periódicos.

Campanas.

Es fundamental que actuemos siempre con el ejército,

junto a él y apoyando todo lo que haga.

Que nadie tome iniciativas.

Y eso también va por usted, señor Ruiz Alonso.

-Valdez, ¿y ese bando que se va a leer?

-Ya está escrito.

-¿Quién lo firmará, Campins?

-El general Campins, sí, por las buenas,

cosa que dudo, y seguro que por las malas,

de él se encargarán en el cuartel de artillería,

no habrá problemas con Campins.

Pepiniqui, ¿qué pasa?

-Ha llegado el camarada de Sevilla.

-Está bien.

Pasa.

¿No te habrán seguido? -No, camarada.

-¿Te has cerciorado? -Sí, camarada.

-Tendrás que volver inmediatamente a Sevilla.

Allí te enteras en la Comandancia de Carabineros

si el general Queipo de Llano ha llegado.

Murmullos.

Y le das esto de mi parte.

Te hago responsable, ¿eh? -Sí, camarada.

¿Y luego? -Lo que te diga el general.

-¿Mandas algo más? -Suerte.

-¡A tus órdenes! ¡Arriba España!

(RADIO) Españoles, las circunstancias extraordinarias

y críticas por la que atraviesa España entera,

la anarquía que se ha apoderado de las ciudades y los campos,

con riesgo evidente de la patria amenazada por un enemigo exterior,

hace imprescindible el que no se pierda un solo momento

y que el ejército, si he de ser salvaguardia de la nación,

tome a su cargo la dirección del país

Lloriqueo. para entregarlo más tarde,

cuando la tranquilidad y el orden estén reestablecidos,

a los elementos civiles preparados para ello.

-Chica. Chiquitita mía, ¿qué pasa?

Lloriqueo. Chica.

(RADIO) Primero, queda declarado el estado de guerra

en el territorio de esta división. -Perdón.

(RADIO) Segundo. -Señora.

-Chis... (RADIO) Queda prohibido totalmente

el derecho a la huelga. -¿Se comerán la tarta?

-No, Angelina. Para tartas estamos. -Se la comerán las moscas.

¿Qué hago? -¿Cómo que qué haces?

-Que si quito la mesa o no. -Sí, quítala... y vete de una vez.

-Pues vaya un día de San Federico.

Ni fiesta, ni tarta, ni nada, ni nada.

Si ya te digo yo que...

(RADIO) En el día de mañana se prohíbe

la circulación de toda clase de personas y carruajes

que no sean de servicio desde las 9 de la noche en adelante.

Espero del patriotismo de todos los españoles,

que no tendré que tomar ninguna de las medidas indicadas

en bien de la Patria y de la República.

El general de la división, Gonzalo Queipo de Llano.

Toque de cornetas.

-¿Qué te parece? Una fanfarronada.

Mentiras. Aquí, en Granada, no pasa nada.

-No, ni pasará.

El general Campins es leal a la República.

Y la Guardia Civil y la Guardia de Asalto, también.

Si me lo dijo Manolo anoche mismo. -A mí me da miedo esa voz.

-Que no. Mamá, ¿miedo?

(VICENTA SUSPIRA) Es pura baladronada.

La República tiene fuerza suficiente para asfixiar

el lanzamiento de ese Queipo de Llano y sus amigotes.

-Oh... Solo es cuestión de horas, mamá.

-No, no, Federico.

Esto es el comienzo de una guerra civil.

(TODOS GRITAN) ¡Va a saltar el pueblo contra el fascismo!

¡Va a saltar el pueblo contra el fascismo!

¡Va a saltar el pueblo contra el fascismo!

¡Va a saltar el pueblo contra el fascismo!

¡Va a saltar el pueblo contra el fascismo!

-Intolerable.

¡La actitud de esa gente y la suya

me parecen absolutamente intolerables!

Venidme a mí con exigencias...

Yo, señores míos, tengo que atenerme exclusivamente,

exclusivamente, a las órdenes que recibo de Madrid.

Y las órdenes son concluyentes.

¡Nada de armas!

Naturalmente, ustedes son muy libres de creerme o no.

-No se trata de eso, señor Torres Martínez.

¡Nadie pone en duda sus palabras! -¡Yo tengo la conciencia

bien tranquila! ¡Cumplo con mi deber!

Yo rogaría a los señores periodistas

que pasasen por alto este desagradable incidente.

En tanto de gobernador civil,

mi declaración oficial es la siguiente:

El orden en Granada es absoluto

Gritos. y están tomadas todas las medidas

para evitar cualquier alteración del mismo.

Venga de donde venga. No lo duden un instante.

-Pero coño, hace falta estar ciego. -Cálmate.

-El coronel Cascajo se ha adueñado de Córdoba para los rebeldes.

¡De Córdoba! Y aquí se conspira abiertamente.

¡Y usted lo sabe, como lo sabemos todos!

-¡Cállese! ¡Fuera de mi despacho! -¡Deténgalos a todos ahora

y ya no habrá alzamiento en Granada!

¡A pesar de Queipo en Sevilla y de Cascajo en Córdoba!

¿Tiene que hacer algo? ¡Puñeta! -¡Por última vez, haga el favor

de salir de mi despacho o me veré obligado...!

-Insistimos en que podría... -¡Basta!

Gritos.

-Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir.

¡Fuera! ¡Por favor!

-Señores, tengan la bondad.

Gritos.

-Y llévense también a esa gente que grita en la calle.

¡Y que ustedes trajeron para coaccionarme!

Llévensela ahora mismo

o daré orden a los de Asalto para que despejen.

Gritos.

Qué estúpida provocación.

Eso sí que es hacerles el juego a los militares.

-¡Atención, el general! ¡Guardia, a formar!

Pasos.

Toque de corneta.

Toque de corneta.

-¡Coronel Muñoz, preséntese inmediatamente!

¿Qué significa todo esto?

¿Quiénes son esos paisanos? ¿Qué hacen aquí?

-Significa que también nosotros estamos con el Movimiento Nacional,

que estamos sublevados, como el general Queipo de Llano.

en Sevilla y el coronel Cascajo en Córdoba.

-Coronel Muñoz, Caballeros,

depongan su actitud. ¡Es una locura!

Pájaros.

Coronel Muñoz, ustedes y todos los oficiales

que les acuden, quedan arrestados. -Ya está bien, Campins.

No diga tonterías, o le dejo seco.

Ahora pregunto yo. ¿Con quién está usted, con nosotros

o con la...? -Con la República.

-Está bien. ¡Teniente!

Pasos.

-A sus órdenes, mi coronel. -Conduzca bajo escolta

al general a la Comandancia Militar.

-¡Vosotros 4!

-Luego nos veremos, Campins. -¡Revengan!

(CARGAN ARMAS) -¡Media vuelta! ¡Eh!

¡De frente! ¡Eh!

Pájaros.

-Valdés, Velasco, en marcha.

-¡Izquierda! ¡Eh!

Redoble de tambores. -¡De frente! ¡Eh!

¡Derecha! ¡Ah!

¡Cuelguen armas!

(CARGAN ARMAS)

¡De frente! ¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah! -¡Eh!

Tambores.

(TODOS GRITAN)

-¡Venga, venga! -¡Vamos!

-¡Ah! -¡Vamos, hay que verlo!

-¡El señor! -¡Viene!

Murmullos.

Tambores.

-¡Dirección derecha! ¡Eh!

¡Eh!

¡Eh!

Gritos.

¡Ah! -Eh.

-¡Ah! -Eh.

Gritos.

Aplausos. -¡Bravo!

-¿Pero qué coño aplaudís, imbéciles?

-Vienen a defender la república,

son nuestros compañeros y nos librarán de los fascistas.

-Corneta, toque de carga.

Trompeta. ¡Adelante, fuego...!

Disparos.

Trompeta.

Disparos.

Bullicio.

Contra la pared, vamos.

-Seguidme.

Adelante.

-Nos atacan, a las armas... -A las armas.

-Vamos, alerta. -¡Ametralladora!

-Estáis locos, nos van a freír a tiros.

-Compañeros...

Bullicio.

-Viva España, viva España.

-Arriba España.

(TODOS GRITAN)

-Vamos, contra la pared he dicho.

-Cállate o te pego un tiro. -¿Quién es el gobernador civil?

-Yo soy, y protesto. -¡A callar!

-Le hago responsable si alguien ofrece resistencia.

-¿Y usted mi teniente coronel? -Correré la misma suerte que él.

-La Guardia Civil está con nosotros.

-Algunos, yo no. -Venga, todos a la comisaría.

-A este excelentísimo de los cojones

encerrarlo por ahí, por la casa.

-Firme esto, Campins.

-¿Qué es?

-El bando militar proclamando el estado de guerra

en granada y su provincia.

-Yo no lo he escrito, ¿por qué he de firmarlo?

-Porque oficialmente es usted la máxima autoridad militar...

por el momento.

-¿Autoridad? (RÍE)

Soy su prisionero, me niego a firmar.

-Piénselo, Campins, estoy decidido a levantarle

la tapa de los sesos.

¡Firme! Será mejor para todos.

-Está bien,

todos ustedes son testigos de que lo hago coaccionado

y bajo amenaza de muerte,

sólo para evitar ser asesinado.

-Misión cumplida, mi coronel, acaban de telefonear,

la Guardia de Asalto y la Guardia Civil están con nosotros.

El comandante Valdez ha tomado el gobierno civil.

Aplausos.

El ayuntamiento es nuestro, así como la fábrica de pólvora

y el aeródromo, no hubo resistencia ni bajas.

-Lo hemos conseguido. -Viva España.

Risas.

-Aquí tiene.

-Espero que algún día se me haga justicia y se sepa por qué firmé.

-No lo dude, general.

Capitán Marqués, acompañe al general al aeródromo,

que preparen un aparato para su traslado a Sevilla,

una vez allí, usted mismo lo pondrá a disposición

del general Queipo de Llano.

Teléfono.

Teléfono.

Arreglado,

a ese, juicio sumarísimo y luego al paredón.

Menudo es Queipo.

Disparos.

-A ver quién me ayuda a mí. -Vamos, rápido, rápido.

-Cerrad la salida. -Darse prisa.

-¡Rápido!

(GRITAN)

Bullicio.

Teléfono.

-¿Qué pasa?

-¿El alcalde? El alcalde es nuestro prisionero,

¡arriba España!

Marcha militar.

¿Qué pasa? -Han cogido a Manolo.

¿Qué dices, quién ha cogido a Manolo?

-No lo sé, alguien me dijo que era su prisionero.

(LLORA) Mamá...

Mamá...

Marcha militar.

(RADIO) Atención granadinos, atención, granadinos.

A partir de este momento entra en vigor el bando militar

que voy a leeros a continuación,

y que Radio Granada repetirá de hora en hora.

Don Miguel Campins Aura,

general de brigada y comandante militar de esta plaza.

Hago saber; Artículo 1”:

En vista del estado de desorden imperante

en todo el territorio de la nación desde hace 3 días,

ausencia de acción del gobierno central,

y con el objeto de salvar a España y a la República

del caos existente, se declara en este momento

en todo el territorio de la provincia

el estado de guerra.

Artículo 3”: Todas las autoridades...

-¡Eh! -¡Ah!

-¡Frena! ¡Eh! -¡Ah!

-¡Frena! ¡Eh!

¡Ah! -¡Cuidado!

Disparos.

Grillos.

Disparos.

-Y tenemos la otra batería situada allí.

Desde donde se domina también todo el Albaicín.

-Listos para abrir fuego, mi coronel.

(SUSPIRA) Demasiado tarde.

Enseguida se hará de noche.

Habrá que esperar hasta mañana para reventar

a esa gentuza del Albaicín.

Gritos. -¡Qué lástima!

(TODOS LLORAN) -¡Hijo de mi vida!

¡Hijo de mis entrañas! ¡De mi corazón!

Gritos. (TODOS LLORAN)

-¡Hijo de mi vida! ¡Mi hijo!

Disparos.

Gritos.

Disparos.

-Ah... -Ay.

(ALGUIEN CANTA) Ah, ay...

Ay...

Ay, ah...

Disparos. Ay...

Si mi corazón...

tuviera mil...

-Agachaos, agachaos. (ALGUIEN CANTA) Ay...

Eh, ah...

Disparos. -¡Cuidado!

(ALGUIEN CANTA) Oh...

Eh, ah...

Si mi corazón...

oh...

oh, tuviera mil.

Ah, eh...

Eh, ah...

-Granadinos,

por la paz perturbada, por el orden,

por el amor a España y a la República,

por el reestablecimiento de las leyes del trabajo,

espero vuestra colaboración a la causa del orden.

¡Viva España! ¡Viva la República!

Granada a 20 de julio de 1936.

Firmado: Miguel Campins Aura,

general de brigada

y comandante militar de esta plaza.

Grillos.

Música militar.

Grillos.

Explosión.

Disparos.

-¡Que se muere! ¡Que se muere!

(LLORA)

-¡Ah! (LLORA)

-Ah...

-Oh... (LLORA)

Disparos.

Gritos.

-¡Ah! -¡A por ellos!

(TODOS GRITAN)

-¡Vamos! -¡Venga, contra la pared!

-¡Ah! -¡Eh!

(TODOS GRITAN) -Ahí, sentada.

-Venga. -¡Ah!

Disparo. -¡Ya!

Grillos.

Quiero dormir un rato. Un rato.

Un minuto, un siglo,

pero que todos sepan que no he muerto.

(EN VOZ BAJA) Pero que todos sepan que no he muerto.

Grillos.

-Federico. Ah.

-¿No vas a dormir? Sí, mamá.

Ahora voy.

-Ya no se oyen los cañonazos. No, mamá.

Hace mucho que se callaron.

Cuando salió la luna.

-Anda hijo, no te quedes ahí.

Sube a acostarte. Sí, mamá.

Quiero dormir un rato. Un rato.

Un minuto, un siglo,

pero que todos sepan que no he muerto.

Grillos.

Disparos.

Lorca, muerte de un poeta - Una guerra civil (1935-1936)

16 ago 2017

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