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Libros con uasabi

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Para todos los públicos Libros con Uasabi  - 18/06/17 - ver ahora
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Suma y sigue.

Buenos días o buenas tardes o buenas noches,

según sean la hora, el lugar y el día

escogidos por cada uno de ustedes

aquí, en España, o en otros países

para seguir esta nueva entrega de...

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Todo, todo,

todo está en los libros.

En la literatura, como en todo lo demás,

la ropa, la gastronomía, el turismo,

la salud, la tele,

también hay modas que llegan, se imponen poco a poco,

acaparan la atención de los lectores, de los editores

y, lo que es peor, de los autores.

Y de nuevo poco a poco y gracias a Dios, se desvanecen.

Sucedió eso, por poner ejemplos recientes,

con la novela exotérica, con la histórica,

con la negra... Aún colean tales géneros.

Si dejasen de hacerlo, me alegraría.

Esto es solo una opinión personal.

Todo pasa y todo queda, como escribía Machado.

Pero vislumbro hojeando o leyendo las obras narrativas

que me llegan a raudales, dos tendencias,

dos líneas de fuerza, dos modas relativamente nuevas.

Una de ellas es lo que cabría llamar retratos de una generación

y, por lo tanto, retratos de una época.

Otra es la literatura que indaga con nostalgia, con afecto,

con curiosidad, con emoción, a menudo con dolor

y siempre a rastras de la búsqueda del "gnothi seautom",

del "nosce te ipsum", del conócete a ti mismo

en las relaciones familiares.

Y sobre todo, dentro de ese marco,

en las relaciones que el autor mantuvo o mantiene

con el padre o con la madre,

que son los dos mástiles, las dos velas mayores

hinchadas por el viento de la infancia y la adolescencia

que condicionan de por vida nuestra trayectoria existencial.

También pese a los abuelos, cierto, y los hermanos

y los tíos y los primos y los amigos

y los cónyuges y los hijos, cuando los hay.

Pero son sobre todo nuestros progenitores

quienes más huella dejan en la cera virgen del carácter

y en sus limitaciones y condicionamientos.

Los psicólogos nos dicen que a los cinco años

ya está todo decidido.

Ese tipo de literatura es, personalmente,

la que más me interesa. Novela autobiográfica, sí,

aunque en las autobiografías siempre hay mucho de invención.

Jodorowsky sostiene, y así tituló uno de sus libros,

"Donde mejor canta un pájaro", que todo transcurre

entre las frondas del propio árbol genealógico.

Lo mismo, más o menos, viene a decirnos la tragedia griega,

fuente incesante, no escasa medida, de la literatura posterior a ella.

Lean a Sófocles.

Mi invitada de hoy será Pepa Roma,

autora de esta novela intensa, dura, tierna, desgarrada,

casi clínica, cuyo título dice mucho:

"Una familia imperfecta".

¿Acaso hay alguna perfecta?

La ha publicado Espasa. Hablemos de ella.

Ajuste de cuentas, Pepa, con tu madre sin duda.

Tu conflictiva relación con ella es el eje

de la familia imperfecta que describe la novela.

Vienes a decir que siempre odiaste a tu madre

y que te sentías odiada por ella. Voy a leerte solo dos frases.

Una de ellas dice, es una pregunta: "¿Todas las madres

suscitan tanto recelo, terror en las hijas?

¿Tras el apego y el amor de tantas hijas

se esconde el temor a las represalias

que sufrirían de intentar una separación

o el mío, el tuyo, es un caso especial?".

Y la otra frase dice:

"Por lo menos me adelantaba en vida", tu madre,

"lo que me había prometido hacer cuando se muriera,

volver todas las noches para tirarme de los pies

mientras yo durmiera, castigarme por lo que había hecho con ella".

Este libro sí que es un ajuste de cuentas con la madre,

pero no soy yo, es Cándida, la protagonista.

¿No eres tú? No.

Aunque evidentemente,

yo parto de la necesidad

de decir algo, ¿no? Entonces, evidentemente,

hay muchas experiencias de esta Cándida

que se me pueden atribuir. Lo que pasa que luego

la parte argumental pues también manda

e introduce cosas que son pura ficción.

Este ajuste de cuentas con la madre

sí que lo hay y creo que refleja

el ajuste de cuentas de muchas hijas con la madre.

Ahora somos una generación que creo que por primera vez

nos atrevemos a desmitificar a la madre.

Esa figura de la madre cuidadora, bondadosa, etc.,

que todos los males de la familia proceden del hombre.

Los desajustes en las familias muchas veces proceden de las madres.

Y las madres nos han transmitido a veces mensajes contradictorios.

Por una parte quieren que triunfemos,

que hagamos lo que ellas no han podido hacer en la vida;

sobre todo cuando son madres que en la República

fueron mujeres emancipadas y creyeron que podían tener

una vida diferente y luego se vieron castradas

o sumidas en una vida de matrimonio cerrado

que las coartó también.

Entonces, pusieron esas expectativas en la hija.

Pero al mismo tiempo introducen en las hijas

una voz de mandato que las convierten en su tú.

Ante esto la hija, al final, tiene esa tarea pendiente

de lidiar con la madre en lo bueno y en lo malo.

Pepa, por lo que he recibido, por las conclusiones

a las que he llegado leyendo tu novela

y por lo que sé de ti, estoy convencido

de que en un 80% Cándida eres tú y voy a enfocar esta entrevista

como si efectivamente Cándida fueras tú.

Admitiendo, como dije al principio, que las autobiografías

contienen elementos de ficción.

¿Era esa madre de Cándida consciente

del daño que hacía a su hija? No.

No son conscientes porque son madres ególatras.

La egolatría te centra tanto en ti mismo

que todo lo haces girar a tu alrededor.

Y tienes poca empatía o poca conciencia

de lo que siente la gente a tu alrededor.

Eso se ha dicho siempre que sucede con los hombres,

que tienen menos sensibilidad, son menos capaces

de ponerse emocionalmente en el lugar del otro,

pero creo que también hay mujeres así;

hay madres tremendas que son así. Ajuste de cuentas sí lo hay

también con una de tus tías y con tu marido, el tedio conyugal.

Perdona que hurgue en los entresijos de tu intimidad,

pero tu novela no solo me autoriza, sino que me obliga a hacerlo.

Es un harakiri. Si digo que es desgarradoramente sincera,

me quedo corto.

Creo que la interpretas demasiado autobiográfica.

Hay elementos que no lo son

y Cándida tiene muchas diferencias conmigo.

Yo he querido hacer a Cándida como a un testimonio de la historia,

como alguien que se hace cargo del legado de su tiempo

y de la historia, a través de la historia

que le cuentan sus padres.

Y es una forma también de desmitificar

todo ese manoseo que se hace hoy en día de la historia.

Todo el mundo habla de cosas históricas;

se utiliza políticamente.

Y aquí se recoge el testimonio.

Entonces he querido hacer una Cándida

que, si te fijas, no ha estudiado.

Yo tengo dos carreras, he estudiado inglés, francés.

Una Cándida que no ha viajado. Yo he viajado muchísimo.

He querido hacer una Cándida muy casera

para que no interfirieran ningunas ideas previas.

O sea, hay muchos elementos que son diferentes.

El papel que hace Cándida en la novela

es un poco diferente al que hago yo en la vida.

Te he visto, porque te conozco y somos amigos, Pepa,

no hay por qué esconderlo, que estabas continuamente

yendo de Madrid a Barcelona, de Barcelona a Madrid

para atender de una forma sacrificada,

para cuidar a esa madre de Cándida o de Pepa,

que poco a poco iba muriéndose de un cáncer

que se prolongaba y se prolongaba.

La madre se muere de vieja en una residencia.

Lo que hacen muchas mujeres ahora,

que por mucho que estemos liberadas y tal,

hay funciones que siempre...

Tenemos que asumir que es el cuidado

y el cuidado final de nuestros padres.

Es una madre a la que debe llevar a la residencia.

Lo que pasa que en ese proceso de derrumbe familiar,

es Cándida quien debe hacer frente a ese proceso de derrumbe familiar,

es su hermano el que enferma de un cáncer

que prolonga esa especie de derrumbe familiar

que empieza con los padres. Pero un hermano, Ángel,

que es un personaje positivo en el contexto de la novela,

pero cuya historia también es terrible.

Terrible, sí. Es decir, esquizoide,

con un trastorno de conducta paranoica

y con una infancia desdichada, infancia de toda la vida.

Dices que nunca le viste o le vio Cándida reír.

Sí, no le vio sonreír.

Bueno, esos niños marcados por la tragedia,

eso se ve ahora mucho por el bullying en las escuelas.

Este niño también ha sufrido bullying porque es un poco diferente.

Y Ángel... Si te fijas, es una novela de mujeres fuertes,

duras, que son las mujeres que han transitado la guerra;

que han vivido la guerra en sus carnes,

en la cotidianeidad; no a través de los libros de historia

y esas proezas en las batallas, que el padre sí.

Unos hombres que, aparentemente, son débiles.

Pero esos hombres tienen una luz interior,

tienen una riqueza interior; que son poco místicos,

se quedan en el aquí y ahora. Tienen principios,

son portadores de una ética y de una elegancia

y de una dignidad.

Y el hermano, con todos esos hándicaps que tiene,

al mismo tiempo hace de ángel, ángel guía.

Los ángeles son como una especie de guía, ¿no?

Pues una especie de guía hacia la luz

y quien enseña a través de la enfermedad

dónde está la dignidad y la elegancia,

que está más en la actitud que en esos atributos externos.

Hay un detalle relativo a Ángel, a ese hermano,

realmente estremecedor. Es cuando aún el niño

de cinco, seis, siete años está aprendiendo

a montar en bicicleta, le han regalado una bicicleta,

se echa a caminar con ella, tropieza contra un bordillo,

se rompe los dientes y la madre, esa madre,

le dice: "Ya nunca podrás besar a una chica".

Tremendo. Es tremendo.

Es un ejemplo de esas madres castradoras

que a las hijas las convierten en su clon...

¿Eso sucedió o te lo has inventado? (RÍEN)

Perdona, ¿eh? Esto no es un confesionario tampoco.

Eh...

A ver,

en este aspecto, sí hay muchos aspectos

de mi experiencia personal, pero no todos.

Sí, tenía una madre fuerte y dura

y con... Una madre fuerte. Mucho sentimiento de culpa

en el personaje central, en Cándida. Sí.

Mucho sentimiento de culpa.

Es decir, un sentimiento casi judeocristiano.

Sí. Yo me pregunto si nos lo transmiten los padres.

Pero eso se dice en la novela y, probablemente,

eso procede de mí también.

Las hermanas mayores o los hermanos mayores

cuando ven a un hermano pequeño,

sobre todo cuando es mucho más pequeño,

desdichado o con problemas, tienen la pulsión de salvarlo.

Eso se ve mucho en los casos de abuso.

Cuando hay una hermana, una niña, en este caso no es así...

Pero cuando no has podido defender a un hermano de algo,

de un maltrato que ves que ha ido sufriendo

y ha ido mermando su vida,

te sientes con la necesidad de salvarlo;

si no lo haces, te sientes culpable porque no lo llevaste contigo.

Tanto más en el caso de Cándida porque cuando ese hermano nace,

su madre lo arroja en brazos de Cándida y le dice:

"Ocúpate de él que yo tengo otras cosas en que ocuparme".

Está descargando la responsabilidad de la maternidad sobre su hija.

Exacto.

Entonces esa hermana mayor se siente como una madre

y responsable de ese hermano.

Eso también crea una relación íntima muy profunda entre los dos,

una complicidad porque en el fondo se sienten como dos huérfanos.

Eso pasa en familias, ¿no? Cuando los padres

tienen tanto desapego,

los hermanos se auto defienden entre sí

y se crean relaciones de mucha complicidad.

Es curioso, Pepa, el sentimiento de culpa

que impregna toda la novela y también la tentativa

de expiación de los posibles errores cometidos.

Eso sigue siendo muy judeocristiano. Digo que es curioso

porque en tu primera novela te marchaste

a la India de los jipis y publicaste tu primera novela "Mandala".

Hubo una segunda novela que no era la India de los jipis,

sino la India del turismo y que fue "Indian Express".

Sin embargo, el libro está, como decía hace un momento,

impregnado de sentimientos judeocristianos.

Esa idea de los judíos del hombre justo que se redime,

que se sacrifica por los demás;

que está en el cristianismo, no solo en el judaísmo.

Sí.

Yo siempre he tenido una posición muy libre

o he tenido la libertad, no el ansia de libertad,

y desde que soy jovencita me ha marcado.

De joven yo siempre quería viajar:

a Oriente, Francia...

Me parecía un poco mezquino, pobre el mundo en el que vivía;

era el mundo del franquismo, la posguerra ya muy adelantada.

Pero en Barcelona mirábamos hacia Francia,

hacia la modernidad.

Mi ansia de huir de ese presente, ese aquí y ahora,

siempre fue muy grande.

Pero hubo un momento en que precisamente eso

me hizo una especie de eterna adolescente.

No he tenido hijos porque profesionalmente

siempre he hecho de enviada especial, siempre buscando la libertad.

Pero hay una cosa de la que no puedes escapar.

Cuando tus padres se hacen mayores

y empiezan a tener unas necesidades y te das cuenta

de que ya no cuidan de ti; que ya no eres la adolescente

que cuidan; a la que sacan las castañas del fuego;

que tiene una casa paterna a la que volver;

sino que eres tú quien debe hacerse cargo de ello,

aquello de pronto te convierte en adulta de golpe

porque ves la enfermedad, ves la vejez,

ves cosas que no has querido ver antes.

Y eso también te hace sentir un poco culpable

por toda esa libertad, esas cosas que has disfrutado

que, en casa, nuestros padres enfermos

no tienen o un hermano en peores condiciones no tiene.

Entonces ahí te sale una culpa de la que te has querido librar

durante toda tu vida. Otro asunto que late

en el fondo de la novela, la familia como rémora del escritor,

que le impide ejercer la vocación para la que ha nacido.

Sí. Bueno, eso lo he hablado alguna vez contigo,

ese dilema: "Cuidarás de los demás o cuidas de tu obra y de ti".

Eso los hombres lo tienen más claro. Antes me preguntabas

por el marido de Cándida. El marido de Cándida

es alguien que vive volcado exclusivamente a su trabajo,

hasta el punto de que no va al entierro de la madre de Cándida

ni la acompaña en la enfermedad del hermano.

Eso no pasa tanto en las mujeres, que siempre hacemos

una llamada de atención hacia nosotras mismas

para decir: "Estoy aquí y debo ocuparme de mí".

Esa tendencia de nosotras por ocuparnos de los demás,

no sé, debe ser atávico femenino.

¡No sé por qué surge! El fracaso de la relación conyugal

está muy presente en el libro. "Cándida es una mujer

sedienta de caricias", dice, las que nunca le da su marido,

él se dedica a otras cosas. Claro.

Y que liga con una guatemalteca o colombiana.

Sí. Por aquí, por allá.

No se ocupa de nada en la casa, como suele ser usual.

En fin, todos reproches tan habituales en la vida conyugal.

Ahí sí que te tengo que decir que lo menos autobiográfico

es la relación matrimonial. Eso en todas mis novelas

que siempre se quiere ver, porque siempre hay un marido,

en las anteriores hay un marido que hace de contrapunto

y, además, de la vida rutinaria, pobre en la que está inmersa

la protagonista. Siempre he cuidado

de que no tuviera que ver con mi marido,

con mi marido que ha fallecido, porque estaba vivo...

Acaba de fallecer. Sí, acaba de fallecer.

Cuando escribí esta novela estaba vivo.

¿Leyó la novela? Sí.

Sí, sí. No, le gustó.

Lo único que hay de mi marido aquí, del que ha sido mi marido

que ha muerto ahora, desgraciadamente,

es la afición por los libros. Hay algo más.

Hay un paralelismo al que te has referido de pasada,

la protagonista no tiene hijos, tú tampoco tienes hijos.

No. El marido de la protagonista

quería tener un hijo. Te has inventado la historia

del abuso sexual, una violación sufrida cuando era niña,

y debido a la herida que le hizo aquel salvaje

que la violó pues no puede tener hijos.

Bueno, eso es una invención. Sí.

Una justificación de algo que va por dentro.

Que va por dentro, sí. Es porque hace referencia

a una herida interna grande de la protagonista.

Sobre todo esa herida viene por el daño

que se ha hecho a su hermano.

Y está ahí por dos razones, porque lo requería

el argumento de la novela, pero también

porque refleja mucho una época. Y quería reflejar con ello

un poco esa parte oscura que hay tras las puertas

de las casas de la burguesía. Sobre todo la burguesía barcelonesa,

que es una burguesía muy admirable, todo lo que es

el mantenimiento de las formas y la cultura y tal,

pero tiene también, como detrás de las casas,

sus partes oscuras. A mí me abrió la luz a esto

un libro que me gusta mucho que es el de Josep María de Sagarra,

que es "Vida privada".

Entonces, ves esa parte que no ves.

Y luego también porque refleja mucho aquella época

en la que esa precariedad de condiciones

en las que vivía la gente también permitía

o facilitaba esas situaciones de abuso;

esas situaciones un poco sórdidas de esa época del franquismo

en el que todo el mundo vive un poco de forma precaria,

precaria moralmente, no tanto o no solo materialmente.

Eso es lo que quiere reflejar esa novela.

A mí el pasaje de la novela en el cual revelas

este abuso infantil, esta violación, me pilló por sorpresa,

no me lo esperaba. Llega casi al final.

Y entonces me preguntaba por qué incluyes esto.

No es autobiográfico porque a ti nunca te sucedió,

pero es significativo que lo incorpores al relato.

Un psicoanalista de la escuela freudiana

tendría muchas cosas que decir al respecto.

Sí. Te voy a decir lo que tendría que decir

porque esta idea vino de algo que escuché a un psicoanalista:

que las relaciones de abuso en niños, eh...

A veces no hay tanta diferencia entre el abuso psicológico,

físico de pegar o sexual, o sea, es todo un continuo.

El daño que se hace a un niño es siempre

la violación de tu estructura psíquica,

de tu persona. Entonces, a veces...

Entonces el abuso sexual, evidentemente,

es un grado superlativo de ese abuso que, de todas formas,

se está dando o los personajes esos están preparados para sufrir

porque previamente han sufrido abusos psicológicos.

Si esos niños hubieran estado preparados

para defenderse como personas, con una madre menos egocéntrica,

probablemente no habrían sufrido otro tipo de abusos.

Es la culminación o la consecuencia de situaciones de abuso.

Dije al comienzo que tu novela, o he preguntado por ello,

era un ajuste de cuentas con la figura de la madre,

pero en realidad es un ajuste de cuentas contigo misma.

Un balance de tus errores; de tus titubeos como escritora;

de tus frustraciones;

de la sensación de que te has equivocado

demasiadas veces. ¿Te has quitado un peso de encima

escribiendo este libro y ahora te sientes como un globo

que ya no lleva lastre en la barquilla?

¿"Incipit vita nova"? La última frase de la novela es:

"Aquí empieza mi vida". Sí.

Hay quien dice que es una novela muy dura,

pero en realidad es una novela de liberación.

Es como un descenso a los infiernos para resurgir.

Todo, todo...

Para llegar al cielo hay que atravesar los infiernos.

Sí, la novela es un poco eso.

La verdad es que tenía necesidad de escribirla,

supongo que desde hacía tiempo, y al escribirla

supongo que me quité una especie de peso de encima

al verla culminada sobre todo. Llegas a decir:

"La euforia aparece en presencia de la muerte.

Me pregunto si siempre es así, una euforia loca

que, incomprensiblemente, cierra el nicho de mi madre.

No tiene nada que ver con la alegría siquiera".

Es un poco esa sensación, ¿no? De que te has quitado

un peso de encima y, por fin, vas a vivir tu propia vida.

Es que... Ya no vas a estar obligada

a llevar la vida de los demás. Dejas de ser huérfana,

porque el personaje de esta novela se siente huérfana desde que nace.

Exacto, sí. En realidad es una historia...

Y al morirse la familia deja de ser huérfana,

ya no lo puede ser, no tiene sentido.

Es otra cosa. Claro.

No lo había pensado así, pero es verdad.

Es cuando se convierte en el centro de sí misma.

Eso, si te fijas, está

en mis anteriores novelas de la India.

No lo hago expresamente, pero veo que todo me lleva ahí.

Es como una búsqueda de libertad en el fondo.

En realidad es una novela de búsqueda de libertad,

de salir de tanto sufrimiento, dolor, obligaciones.

Pero también hay un descubrimiento, y esto sí que me lo ha dado

el contacto con la enfermedad, y es que a veces es posible...

Por una parte la enfermedad de los seres queridos

y la muerte puede resultar una carga increíble,

insoportable incluso.

Pero otras veces esa enfermedad es soportable

precisamente porque intensifica mucho el aquí y ahora

y aprendes muchísimo; también de la relación

con el enfermo si es alguien que quieres

y el amor se intensifica con esa persona

porque se intensifica mucho la relación.

Luego, la vida deja de tener atributos,

todo queda al desnudo.

Es una experiencia enriquecedora a pesar de lo dura.

Esto que te voy a leer ahora sí que viene directamente

de la India, dices: "Aquí está nuestro karma,

nuestras vidas que, contrariamente a lo que muchos creen,

no está en anteriores reencarnaciones,

sino en las de quienes nos precedieron.

Ese karma que el inocente parece haber llevado en silencio

por todos nosotros. Sin quererlo, me he convertido en depositaria

de todo aquello que no sabían dónde dejarlo la familia;

de un pasado de dudosa autoridad como esta casa.

Y ahora, ¿qué hago yo con este legado?".

Pues escribir un libro.

¡Otro! ¡No, ese!

En este libro el tronco central es la relación

de la protagonista con la familia, pero hay dos ramas laterales.

Una de ellas es el peso de la Guerra Civil sobre tu familia

y el otro es, bueno, la personalidad, la historia,

incluso la historia urbanística, el carácter de esa ciudad

a la que otros llaman la ciudad de los prodigios.

Tú, como buena escritora catalana, adoleces de una especie de síndrome

que percibo muy a menudo en los barceloneses

y que, en cambio, los que no somos barceloneses

no lo tenemos, es la "barcelonitis",

la tendencia a explicar lo que ha pasado con esa ciudad

en los últimos cien años. Total.

En ese sentido me siento deudora de la gran novela,

deudora digo, no continuadora, que ya quisiera,

de la gran novela barcelonesa.

Es una ciudad fascinante y ejerce esa fascinación

sobre nosotros, qué duda cabe.

Sobre todo porque también a partir de esa fascinación

se ha escrito muy buena literatura.

Como decía antes, "Vida privada". Bueno, no sé.

Muchísima. Vamos.

Es una ciudad que como Nueva York, esa es una realidad...

Pero Marsé habla mucho de Barcelona,

en realidad habla del barrio de Guinardó,

que es donde nació y ha vivido, pero lo habla siempre

referido a cosas personales, no intenta trazar

la historia de la ciudad. Si te fijas,

esto es una saga de tres generaciones,

una saga familiar de tres generaciones.

Si te fijas, hay un recorrido por esa Barcelona

según las clases sociales.

Si te fijas,

hay un tributo a "Vida privada",

en esta burguesía que tiene detrás,

de puertas adentro; hay un tributo también a Marsé

en el sentido de la protagonista, en ese empobrecimiento,

en esa bajada a las clases medias, más menestrales,

está también el Guinardó.

Y diría que hay algo que no está en la novela barcelonesa

que yo he querido hacer. La burguesía barcelonesa

tiende a verse mucho como superior y aislada del resto del mundo

y del resto de Cataluña. Entonces, en esta novela

también hay algo de Jaume Cabré, en el sentido del cacique local

y cómo la Cataluña interior se ha mezclado

con la burguesía barcelonesa.

Y que, en el fondo, todos somos de pueblo

y todos son del pueblo. Última pregunta, Pepa.

Mi madre, que siempre fue una buena madre

a diferencia de la que aparece aquí, me decía en tono cariñoso

que no hay que contarlo todo. Creo que es un buen consejo

para vivir y a veces, no siempre, para escribir.

¿Lo has contado todo o quedan focos de metástasis aquí dentro?

Dentro de ti. ¡Hombre, metástasis!

Bueno, es una metáfora.

Pues sí, creo que sí.

No sé, bueno.

He contado lo que requería también la novela.

No hemos hablado de la Guerra Civil que es muy importante.

Ya no podemos hacerlo, quizá en el debate.

Vale. Te invito a que te quedes al debate.

Gracias. Y te invito también

a chocolate negro. Lo que más me gusta del mundo.

Y a wasabi. Las penas con chocolate y wasabi...

¿Lo tomáis junto? ¡Bueno!

El otro día me enseñaron que el chocolate

se toma con aceite de oliva.

A mí me gusta el aceite de oliva con todo

y el wasabi también me gusta con todo.

Ya lo probaré con wasabi. Que te aproveche

y nos vamos al debate. Gracias.

Todo está en los libros.

Todo está en los libros.

Madre tiránica o excesivamente protectora;

complejo de castración, de Edipo, de Electra;

pugna entre hermanos; desamor conyugal.

La familia, "Una familia imperfecta".

Sófocles y Pepa Roma, aquí la tenéis.

"Una familia imperfecta", las familias imperfectas

dan mucho juego en la literatura.

Si no tuviéramos una familia imperfecta,

habrían un montón de libros que no se habrían escrito,

en lo autobiográfico que puede tener cualquier libro.

Hombre, la Sagrada Familia

ha dado mucho juego en la literatura.

Claro, sí, también. Qué familia tan perfecta

la Sagrada Familia. Nos la venden al menos.

Claro, está lo del padre putativo... Eso ya es complicado.

Estoy ahora leyendo un libro sobre la escritura

que ha escrito Murakami y él dice

que ha tenido una familia tan perfecta,

que nunca ha escrito sobre ella

porque no tiene mucho más que decir.

Así que en tu caso, Pepa,

me imagino que una familia muy perfecta no has tenido,

como casi todo el mundo,

y eso te ha inspirado para escribir esta novela.

En todo caso, te quería preguntar, porque me ha interesado mucho

la parte de la entrevista en la que hablabais

del complejo de culpa, que también es otro elemento jugoso

para desarrollar en la literatura y en el arte en general.

¿No crees que este complejo de culpa

que tienes y que tiene el personaje

es algo que en realidad crece y florece

mucho más en el ámbito femenino que en el masculino?

Yo por ejemplo, personalmente,

tengo sentimientos de culpa por todo y hacia todos

y muchas veces me doy cuenta de que no tiene ningún sentido,

que tampoco me tengo que responsabilizar

del mundo entero. Es algo muy femenino.

Sí. Creo que es muy femenino y tal vez por eso

nos convertimos en cuidadoras al final

por mucho que te hayas liberado; por mucho que te hayas dedicado

a tu profesión; por mucho que te consideres

una mujer emancipada. Al final, ¿quién asume

las responsabilidades familiares? Pues la mujer.

En parte se hace por un sentimiento de culpa.

También porque hay un disfrute en el cuidado.

Cuando cuidas a alguien al que quieres,

el amor se intensifica; cuando cuidas por obligación,

ahí es cuando te sientes frustrado y es cuando lo rechazas,

rechazas ese papel de cuidadora como mujer.

O sea, hay ambivalencia. Pero sí,

probablemente la culpa es... Yo tengo que poner

una nota de disidencia a pie de página

porque yo más bien creo que el sentimiento de culpa,

lejos de ser propiedad casi exclusiva de las mujeres

como tú has dicho, es lo que las mujeres intentáis

dentro de la relación conyugal inducir en los varones.

No. Sí. Pero no vamos a hablar de esto

porque nos llevaría muy lejos. A mí la novela me ha parecido

una novela necesaria, muy dolorosa, Pepa, pero necesaria.

Iba a decir que he disfrutado, pero no es el término.

Pero me quedo, sobre todo... Os habéis quedado al borde.

"No hemos hablado de tal"...

Yo con lo que me quedo es con la descripción que haces

de los olores, de esos momentos de putrefacción

que la muerte trae consigo. No todo es literatura

en la muerte, sino que hay cosas escatológicas

y las cuentas tan bien, que para el que lo ha vivido,

si lo lee,

probablemente se le caigan hasta las lágrimas porque dices:

"Es que es así". Parece que estoy entrando

en esa habitación y estoy oliendo a orines;

esas colillas en el cenicero.

Y dentro de que es escatológico a la vez es muy bello

porque estás sellando lo tuyo. Yo creo que la mujer

sí disfruta cuidando, nos regocijamos a veces en ello.

Es que entro en esto de la mártir. La madre de Cándida es muy mártir:

el niño en el bautizo, la novia en la boda.

Y aunque el otro esté muriéndose, ella es la que está enferma,

que la cuiden a ella. Sí.

Y esta situación muchos españoles y mucho ser viviente,

no solo en España, pero es muy de España esto,

probablemente lo entiendan. Esa madre castrada.

Es una novela de olores. Muy dura.

Sí, es muy dura, eso dicen.

Pero creo también que es una novela que es luminosa.

Porque los pasajes más duros, incluso debajo de las bombas,

en medio de la Guerra Civil, es una novela de tres generaciones,

hay esos hombres. El abuelo encuentra ese minuto al sol,

ese minuto de luz, ese minuto como de iluminación.

Y son a veces hombres débiles los que parece

que no sirven o no están cumpliendo con su papel varonil y tal,

pero aportan siempre dignidad y algo de luz.

Todos aportan algo de luz en medio de la oscuridad.

Es como el yin y el yang,

dentro de la oscuridad siempre hay ese punto de luz.

La novela está muy pespunteada por esos puntos de luz

y, realmente, es una salida a la luz a través de ese infierno familiar

por el que atraviesan. Total.

Disculpa, Anna, no sé si habéis leído

ese libro que se llama "El padre",

de este autor del norte de Europa. Ese que ha escrito

un montón de volúmenes. Ha escrito muchos volúmenes.

Es casi como un diario. Yo lo puse en el cohete.

Yo también. Tú lo pusiste en el cohete,

pero claro, habría que esbozarlo porque en ese libro

hay una parte final, no sé si lo has leído, Pepa,

en el que él entra en la casa del padre que ha muerto

y se encuentra con una situación absolutamente dantesca

porque se ha dedicado a pasarse varias semanas

encerrado en esa casa bebiendo, todo lleno de basura, de olores...

Y a mí me recordaba también en lo sensorial

a esto que tú relatas. Y el oler la ropa.

Es un capítulo extraordinario de ese libro.

Ella lo relata en lo relativo al marido,

no al padre. Sí, bueno.

Quiero decir la sensación, literariamente hablando.

Mis novelas casi todas, y eso sí lo señalan,

son muy sensoriales. Están muy ancladas en los sentidos,

en lo sensorial. Ahí está un poco también

mi poética en mi literatura, eso me lo vienen señalando.

Entonces, está en lo bueno y en lo malo.

Está en lo malo en esta novela, como es más dura surge así.

Pero también hay esos paisajes, incluso en el cementerio,

que son bonitos y luminosos. Sí.

Pero también muy sensoriales. Estaban acostumbrados.

Antes de que intervenga Anna, ya que has sacado a relucir

la figura del padre, el padre en este fresco familiar

que has escrito, el padre está ausente.

El padre es una figura borrosa. De él lo único que sabemos

es que es un mitinero políticamente; que está casi siempre callado;

que asiste impávido a las injusticas que se están cometiendo

por parte de la madre hacia los hijos.

Y casi lo único que hay del padre es esa dentadura postiza

con la que se encuentra la protagonista

cuando al morir su madre abre una caja con viejos objetos.

Sí. Por eso os decía que es una novela

en la que hay hombres débiles. El padre...

Eso sí hace referencia a que las situaciones

de abuso familiar de las que ahora oímos hablar tanto,

el abuso de los hombres sobre todo porque ejercen la fuerza física,

una cosa que no tiene la mujer; porque la mujer ha tenido

otras formas de ejercer violencia interna,

violencia psicológica y tal.

Entonces esta novela lo que demuestra

es que las situaciones de abuso en el seno de las familias

se dan cuando se produce una descompensación de poderes.

Cuando hay un padre, que antes se llamaba calzonazos,

hace vejación de su papel

dentro de la familia, sancionador de lo que está bien o mal,

de lo que se puede permitir y de lo que no,

se produce esa situación de abuso. En este caso es la madre

quien ejerce una situación de abuso psicológico

sobre los demás, sobre el padre incluido.

El padre ha sido un combatiente de la República, un comunista,

un idealista que ha hecho la guerra en las trincheras,

pero que luego no sabe defender su posición en casa;

la posición que tendría que tener dentro de la familia.

Es un ser que vive un poco fuera de la realidad en cierta manera.

Un maestro de la República que no logra...

También vive con el miedo,

es un poco el miedo de esa gente que queda reculada.

Creo que se habla mucho del patriarcado,

incluso del heteropatriarcado, que ya me parece que es para nota.

Para mí una de las cosas que planteas en la novela

es el matriarcado. Tú dices matriarcado

y la gente se imagina lo que apuntaba aquí Fernando,

guerra de sexos. O sea, violencia psicológica femenina

contra violencia física masculina. Creo que el matriarcado

es un mecanismo más perverso y que funciona de esta manera,

esto en tu novela lo destripas como un reloj suizo:

la matriarca normalmente es una mujer

que renuncia a todo lo que no sea el poder familiar,

que ejerce de manera férrea con el control de los demás

y, sobre todo, a las mujeres. Nadie es más víctima de la matriarca

que la hija que no tiene vocación matriarcal,

la hija que quisiera ser y vivir de otra manera.

Pero tiene que pasar por esa piedra, ¿por qué?

Porque por un lado tiene a la matriarca a degüello

y por el otro lado tiene a los hombres

que les va bien el matriarcado porque les permite estar ausentes,

les permite no dar la cara y no cuestionar los roles.

Una cosa que me gusta mucho de tu novela es, a ver...

Las matriarcas perversas cuando cuidan a alguien,

por mucho sacrificio que hagan, lo hacen de asco;

lo hacen por afán de poder. Tú realmente,

todo el episodio del cuidado de Cándida por su hermano,

que lo hace por verdadero amor, por verdadero sentimiento.

O sea, cuidar a alguien desde el amor,

desde la verdadera voluntad y, cuidado,

no porque no tienes nada más que hacer en la vida...

Porque a veces es verdad en las mujeres que el cuidado,

por ejemplo la maternidad, suple otros horizontes.

No sé qué hacer con mi vida, pues me dedico a cuidar a los demás

y encima quedo como Dios. Cándida renuncia

a cosas que le interesan más, pero cuida a su hermano

por verdadero amor, no por impulso matriarcal

de dominio y de regodeo. Ella está rodeada de matriarcado

por todas partes y creo que las hijas del matriarcado,

en las que me incluyo, no de manera tan bestia como tú o Cándida,

somos las primeras víctimas. Y sí, quizá los hombres

deberían haber sido más aliados y más cómplices.

Otro tema que se ha planteado en la entrevista

y quisiera, bueno, libremente protestar

porque tiene tan poca credibilidad como tú y es por la "barcelonitis".

No sé por qué uno puede ambientar una novela

en los campos de Soria, en La Alcarria o en la India

y te pasas de cósmico y universal y optas al Premio Nobel,

pero si ocurre en Barcelona, eres pueblerino payés.

Creo que hay ese enfoque. No, no. Vamos a ver...

No, no. A ver, Barcelona es una ciudad

que casi es un personaje literario en sí mismo.

Dices: "Es que a mí me aburre". Quizá a mí me aburre...

Eso lo dices tú, que es un personaje literario.

Quizá a mí me aburren novelas perpetuamente inspiradas

en otros lugares. ¿Qué le vamos a hacer si me aburre?

Tengo derecho a que me aburra. El aburrimiento es un criterio

más subjetivo. No. A lo que yo llamo "barcelonitis"

es al exceso de presunción por parte de los habitantes

o de las personas nacidas en esa ciudad

y que te cuentan la historia de este barrio, aquella casa,

aquella fachada; de cuando vino el indiano...

Por ejemplo "Viaje a La Alcarria", ¿qué nos aporta?

A mí qué puñetas se me ha perdido en pueblos de mala muerte.

Sobre La Alcarria hay uno, novelas sobre Barcelona

y esa añoranza de lo que fuimos es el cuento ruso constante.

Un cuento ruso. ¡Venga ya!

Creo que hay un prejuicio previo. Y para acabar,

hay un prejuicio previo contra novelas

que aludan a la Guerra Civil escritas por mujeres.

Porque las escribe un hombre y qué bien, qué bien lo ha revisado,

qué bien que hemos vuelto al tema. En cambio de la otra forma,

dices: "Ay, ya cansa". Parece que hay un rechinar.

Yo ante esto me siento muy aludida. Se siente aludida.

He de decir que se ha de escribir de algo

mientras haya algo que decir sobre ese lugar.

Eso sí. Entonces,

nunca había pensado escribir sobre Barcelona,

pero sentí en un momento que tenía algo que decir

sobre ese lugar. Y creo que lo que hay allí

es precisamente de donde viene esa relación

con lo pueblerino, con la Cataluña interior,

de lo que no se ha hablado en la literatura

de la tradición barcelonesa porque siempre se ha presentado

a Barcelona y a su burguesía como algo separado

del resto del mundo, no solo de la misma Cataluña.

Y ahora mismo que Barcelona está tan impregnada

de esa Cataluña interior, quería romper una lanza por ahí,

creo que es algo nuevo. Si me permites una aclaración

para neófitos... Toda la literatura catalana

en español es Barcelona céntrica y de espaldas al mundo real catalán,

que solo se desarrolla en la literatura en catalán.

Ahora que Barcelona y los alrededores

se están pueblerinizando a lo bestia,

hay un agujero negro literario que en literatura española

escrita en Cataluña no estaba cubierta.

Yo digo que la "barcelonitis" que en ocasiones sucede,

no digo en este caso, Pepa,

es como cuando esos padres, que son legión,

que van por ahí enseñando la foto del niño

como si eso le interesara a alguien

y no es cierto. Las fotos de los niños no interesan,

es algo personal que te produce emoción a ti personal,

pero que no es trasladable a nadie. Y esto lo dices tú

que hace cosa de una hora en este mismo estudio

has exhibido una foto de tu hijo y nieto mío con orgullo materno.

Porque eres el abuelo. Pero no la he exhibido aquí.

También a quienes no son sus abuelos.

Dragó uno y Dragó dos, dicho con todo el cariño,

¿realmente creéis que vuestra familia

le interesa tanto a la gente? ¡No, claro!

¡No, no! Por las... Acabo.

Os sirve para hablar de otras cosas. Es un "pied-à-terre" que tenéis.

Efectivamente... Hay gente...

Depende. Estás comparando una persona

con una ciudad. En la ciudad

hay millones de personas. Pero siempre Barcelona y Barcelona

y los provincianos; que le hemos hecho daño al pueblo;

que Cataluña... Oye, seamos más amplios.

De cosmopolita no hay mucho en eso. Hay un prejuicio.

¿Por qué se puede ambientar una cosa en Valladolid

y nadie se queja? ¿Cuántas novelas hay ambientadas en Madrid?

¿En Roma, en París? Pero bueno...

Vamos a ver. Pepa, ¿te he dicho o no te he dicho antes sin cámaras

que en Madrid sucede lo mismo en contra de la fama

que tiene Madrid de cosmopolita? Sí.

Que Madrid también es muy paleto; que es un poblacho manchego

como lo definió Cela. Sí.

No sé si es un poblacho. Lo que estamos discutiendo

es literariamente pertinente... No. Una cosa...

O si se consideran horizontes ya agotados.

Vamos a ver, Anna. Porque uno se lee tres novelas

de Barcelona. Por eso.

Un ingrediente constante de la "barcelonitis"

es la penetración de lo rural en lo urbano.

Cosa que parece ser que en Barcelona sucede.

De hecho, tenéis todas un fondo rural.

Pero es que también pasa en Madrid. ¡Claro!

Si lo dicen de Nueva York no es verdad.

Cuando escribe "La Colmena" Cela, que imita el Manhattan Transfer

de Nueva York... La cuestión es,

¿por qué no se puede escribir de eso?

¿Por qué no se puede escribir de eso?

No digo que no se pueda escribir. Cuando te lees 20 novelas

en la que plantean eso, te hartas, nada más.

Es que es eso, tú escribes para el lector.

Entonces es tu gusto. Habrá que ver si hay gente

a la que le interesen las novelas de Barcelona.

Creo que hay mucha gente que le interesan

las novelas de Barcelona. Yo tengo que defender la mía

porque había algo nuevo que decir y he intentado decirlo.

Luego también he de decir que lo local,

toda la gran literatura se escribe desde lo local.

Aquí, aparte de Barcelona, hay un elemento

que para mí es central, del que no hemos hablado

que es el Valle del Sió.

Yo allí lo planteé o lo vi desde el primer momento

como una especie de Macondo en catalán, de la Cataluña interior.

Macondo, muy bonito. Porque es...

Es que de verdad, no sé, me enredo

en un papel de estos y me voy de la tertulia

y me escondo porque si no, tengo que hablar.

Venga, habla. No, perdona, Pepa.

Además, me da rabia porque me ha encantado la novela

y te abrazaría y me encanta todo. Es que tu novela no es eso.

Tu novela no es Barcelona. Es un ingrediente sin importancia.

Son las personas. ¿Se lo dices a la autora?

Sí. Un momento.

Si hablo de Macondo, me apetece hablar de los Buendía,

de Aureliano, de Melquiades. Pero a mí qué más me da

dónde esté Macondo, lo importante es el universo.

¡Es lo que te estoy diciendo! ¡No Macondo catalán!

De eso estoy hablando. Porque la mera expresión

de un Macondo catalán... (SIN ALIENTO)

Porque son muy pesados. ¡Son pesadísimos!

Lo peor que se puede ser en esta vida es coñazo.

A mí me parece un coñazo el punto de vista contrario.

No, no. ¿Estamos hablando

de la novela catalana en general o de mi novela?

Es que tu novela es genial, no es una novela catalana.

Han trascendido. No la veo una novela catalana.

En absoluto. ¿Os gustaría una novela catalana?

Siempre escribo para lo universal. La tierrita es muy catalana, sí.

De acuerdo. Escribo para lo universal.

Luego, lo logras o no. Las páginas que Pepa dedica

en su novela a la "barcelonitis" y a la Guerra Civil

me parece que distrae al lector. Es lo que sobra, sí.

Yo de hecho las leía... Habrá a quien le interese más.

En cambio, lo otro es muy bueno. En la entrevista dijiste

que era muy importante. ¿Por qué? Cada familia es...

Es un viaje a los orígenes del personaje.

Y en ese viaje...

va desmenuzando todo... No es una saga familiar,

es una tragedia griega. Sí, me lo han dicho.

Alguien me dijo: "Es una heroína que lucha contra su destino".

Una de las grandes virtudes de la tragedia griega

es que no se ancla en lo griego, los usos y costumbres,

habla de cosas universales. En la masa,

en el individuo que lucha contra las adversidades.

No se ampara la mitología en la masa,

no son Antígonas, no son Cassandras, son una.

Es una novela sociológica, es una novela muy existencial.

Efectivamente. Por eso lo sociológico sobra.

No es sociológico. Es igual, son unas cuantas páginas.

La novela permanece. Siempre tengo que enmarcar

al personaje en un lugar; si no, queda en el aire.

Todos existimos en un lugar, espacio y tiempo.

Y eso es lo que hace el decorado. ¿Crees que la gente

cuando lee a Sófocles sabe lo que era Tebas?

Efectivamente. Si la ambienta en Japón

no pasa nada. Pues me daría igual.

A mí me importa de Cándida que va de Madrid a Barcelona

y se da unas palizas fantásticas para ir a cuidar a la madre, etc.

Me da igual que fuera a Teruel o Sevilla.

Entonces no protestamos. Lo que pasa es cada uno

escribe de lo que sabe. Yo siempre tuve,

y aquí es donde más me he acercado. Yo siempre tuve la ambición

de escribir desde el punto de vista de un ama de casa,

pero sin estudios, lo más sencilla posible y tal.

Lo intenté con "Mandala", pero veía

que no podía explicarlo todo a través del punto de vista

de una ama de casa. Debía ser una persona viajada,

educada y tal. Lo mismo me pasó... Pero esas cuestiones

no solo distraen al lector del tronco central de tu novela,

sino que también a nosotros.

Solo nos quedan siete minutos. Ah, perdón.

Nos hemos puesto a hablar de aspectos laterales

de tu novela, en lugar de hablar del aspecto central.

Es fantástica. Es muy buena.

Es una tragedia griega, una heroína que lucha.

Me dijo alguien el otro día: "Es una heroína moderna

que lucha contra el destino de las mujeres de nuestro tiempo".

Dije: "Ah, pues me gusta". Es una heroína catalana

igual de universal. (RÍEN)

¡Es una mártir! Bueno, recomendaciones. Pepa.

¿Qué nos recomiendas tú? Yo recomiendo "Vida privada",

que antes ya la he mencionado,

de Josep María de Sagarra. Esta novela me gusta mucho

porque me abrió los ojos a lo que hay detrás

de esa fachada de la burguesía barcelonesa.

Fue una novela que causó escándalo en su época;

que está escrita en los años 30; que refleja esa especie de Barcelona,

lo siento por la "barcelonitis". (RÍEN)

¿Habla del Ensanche? Pues sí.

¡Habla del Ensanche! Entre otras cosas.

No, pero se ve un poco esa decadencia,

bueno, cómo incide aquí o en otras partes del mundo,

en este caso en la sociedad que retrata.

Bueno, esa crisis de la primera posguerra.

Me gustó mucho sobre todo por eso. Bueno, diciendo antes,

uno siempre piensa que las familias todas son perfectas,

menos la propia. Y entonces leyendo a de Sagarra

por primera vez me di cuenta de que no hay familia perfecta.

¡Esa parte es personal! Anagrama, ¿verdad?

Anagrama. Puedo prometer y prometo

que no nos paga Anagrama, continuamente sacamos libros

de Anagrama. Sale mucho.

Venga, Anna. Yo...

Hala, otra catalana, la segunda. De Pez de plata,

una obra de un asturiano universal, Ignacio del Valle,

que es conocido por su serie negra. Seguro que tenía

algún pariente lejano catalán. Fíjate.

Es muy guapo. Esta novela es un subidón.

Yo sé que a vosotros no os gusta mucho,

a mí me gusta mucho. Además, creo que Nacho del Valle

escribe unas novelas negras impresionantes con un toque vintage.

Esto va más allá, es una novela negra

en sentido de negra como el betún. Es desgarradora,

cuenta la peripecia de un escritor que se encierra a escribir.

Intenta huir de ese punto en tu vida que parece que debes elegir

entre mediocridad y seguridad, arriesgarte por arriesgarte

contra tu naturaleza. Luego la cosa va cogiendo

unos dramatismos envolventes y la verdad es que tiene...

Perdonad que me emocione. Tiene un final...

conmovedor que me recordó un poco a algunos dramas que tú describes.

Es un final terrible, pero lleno de amor y heroísmo

y que te reconcilia con la especie humana

en el epicentro del horror. Ignacio del Valle, "Índigo mar",

Pez de Plata, librazo. Menudo spot acabas de hacer.

¡Venga! La conversación,

como ha ido por estos derroteros, me viene como anillo al dedo.

"Afrodita desenmascarada". Os envié un email esta semana

y os decía: "Estoy peleándome con el libro de María Blanco".

Algunas veces me muevo en el sofá, así como me pongo yo, tan intensa,

que me viene fatal porque me da ansiedad y me enfado.

Y decía: "¿Cómo puede decir esto?". Y al rato decía: "Me encanta".

Y al rato: "¡Pero esto...!". En realidad lo que hace

es un canto a la coherencia. Probablemente la que no es

coherente con mis principios feministas soy yo.

¿De qué habla? Pues de la independencia de la mujer

sin estar a expensas de la masa, de ir todas en colectivo.

Las grandes mujeres, las que hicieron grandes proezas

han ido de manera exclusiva, ellas solas.

Lo que decimos, el mito. Mujer deseada, mujer temida,

pero siempre el hombre de por medio. La propia Afrodita

nace de los testículos de Urano, eso es muy significativo.

Para los griegos la mujer no tenía alma;

para los cristianos, imagínate, que mordimos la manzana.

Al final hay una anécdota que es el rapto de las sabinas.

Acordaos cuando Rómulo le dijo a los romanos:

"Sí, estas sabinas que son muy guapas,

pues os traéis unas cuantas". Es como hacer la escena

de tus memorias. Quiero decir que al final Cándida,

como no tiene hijos... Las sabinas se quedan asaetadas

en medio de tanta flecha luchando hermanos y padres

contra los maridos y la mujer en medio.

Eso sucede todavía hoy. Debo interrumpirte

porque, como de costumbre, nos quedamos sin tiempo

y no puedo recomendar ningún libro;

no puedo poner en el cohete este, se queda para la próxima ocasión.

Quería recomendar esta deliciosa "Historia palindrómica universal".

¿Sabes lo que es un palíndromo, hija?

Sí, pero no sabría explicarlo. Son palabras y expresiones

que pueden leerse igual de izquierda a derecha

que de derecha a izquierda. Muy bien.

Y como sé que te gusta mucho el juego,

hagamos a toda velocidad el juego de adivinar.

No recomiendo mi libro, llevo intentándolo recomendar

varios días. Podéis participar en @librosconuasabi.

A todos los que nos estáis viendo, se trata de descubrir

cuál es el principio de esta novela que va a leer Dragó

y entre todos los que acertéis, pues uno de vosotros

se ganará un libro de Dragó. @librosconuasabi.

¡No vale mirar en Google! Estamos pensando en la posibilidad

de organizar como premio una cena. Eso, sí.

Pero no es seguro. Una cena con todos.

¿Eh? Con todos:

con las tres chicas del "Uasabi" y conmigo.

Ah, pues está bien. Sí.

¿Y esto quién lo paga? (RÍEN)

Esa es la gran cuestión.

Vamos a vender el móvil de Ayanta y con eso pagaremos la cena.

@librosconuasabi. No vais a adivinarlo esta vez, ¿eh?

Así que os daré algunas pistas extra.

Comienza así una novela que a mí me gusta muchísimo

de un autor fraterno para mí, uno de mis maestros.

Y transcurre, y esta es la pista que os doy,

en un convento ambientado en la Edad Media

en algún lugar no identificado de la Europa Central.

Esto ya es una pista importante. Dice así:

"Ante la puerta de entrada del convento de Mariabronn,

un arco de medio punto sustentado en pequeñas columnas geminadas,

alzábase en el mismo borde del camino un castaño,

solitario hijo del mediodía que un romero había traído

en otro tiempo, árbol gallardo de robusto tronco".

Un poco más adelante, a ver si esto os ayuda, dice:

"Algunos se quedaban allí. Se hacían novicios, luego monjes.

Eran censurados; vestían hábito y cordón;

leían libros; doctrinaban a los muchachos;

envejecían, morían". Hay otra novela de este mismo autor

que transcurre en un escenario semejante

y que es, como esta, una de mis dos novelas favoritas

en la historia de la literatura del siglo XX.

¿Quién es? ¿Umberto Eco? No.

No, no. ¿"Sinuhé, el egipcio"?

¿"Sinuhé, el egipcio"? No, no esta.

Debo admitir que la obra no la reconozco,

pero me suena a Italo Calvino. Me suena...

Frío, frío. Elia. Es que no, no.

Pepa. Siento reconocer que no.

Ayanta. No tengo ni idea.

Por favor, qué frustración. Hermann Hesse,

"Narciso y Goldmundo". ¡Oh!

La segunda novela que mencioné

es "El juego de abalorios". ¡Dios!

Tú sabes de sobra que son dos de mis novelas favoritas.

Sí, qué tontería. Habría podido sacarlo.

Hemos estado torpes. Sí, hemos estado torpes.

Anna, tu poema. Bueno, no es por fastidiar,

pero es de un catalán. Es un catalán...

¿Está dedicado al Ensanche? Es en castellano

y no lo voy a leer entero porque es muy largo.

Voy a leer solo una parte.

"Banco de sangre" de Carlos Zanón,

un viejo amigo de este programa. Carlos.

"La magia no existe, solo los magos

y los chicos de Bangladesh llamados Rashid

y los taxistas que no paran de dar vueltas

a esta ciudad, que no es la nuestra, pero es imposible

que todos los bares cierren tan pronto

y que nunca más vayamos a estar juntos.

Pero esos son los titulares y la prensa nunca miente.

No sabías cómo guardar mi secreto antes de que te lo contara.

No sabía cómo decir tu apellido y luego tu nombre

antes de tratar de olvidarte.

Conseguiste subirte a un tren sin mí y dejarme atrás

amontonado entre cien estaciones y cambiarme las palabras

y decir abierto en vez de enamorarse.

Me dejaste sentado en la lona. Me atravesaste como un rayo.

Te rompiste contra mi cuerpo

con la testarudez de un coche sin frenos.

Tus lágrimas en un eco contra mi barriga

como puñetazos de un niño que no acepta

que se han ido todos sin pensar que si falta alguien,

ese alguien siempre puede ser uno mismo.

Me dejaste encerrado en un banco de sangre,

mirando las bolsas a contraluz, a oscuras,

revelando las fotos como antaño.

La bolsa con tu sangre, la bolsa con la mía.

Rh positivo, Rh negativo. Universal.

Puedes dar a cualquiera,

pero no cualquiera puede hacerme esto

ni suturarme la herida antes de herirme

ni derramar coagulante.

Son los versos aún no escritos". Etcétera.

Qué bonito. Nos vemos en Las Ramblas

la semana que viene. (RÍEN)

Todo está en los libros.

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Libros con Uasabi - 18/06/17

18 jun 2017

Hoy entrevistamos a Pepa Roma con la presentación del libro, "Una familia Imperfecta"

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